Intemporal

Muón, tau, neutrinos... Leptones, quarks, bosones... Protones, neutrones, electrones... Átomos, moléculas... Materia...
Ingrávido, en la oscuridad, avanzando sin rumbo, como flotando en un océano de estrellas... De repente no sé dónde me encuentro, pero frente a mí veo... ¡un sistema solar binario! Dos pequeños soles, uno amarillo y otro más pequeño y blanco, bailando juntos en armonía, como si de un vals ancestral se tratase. ¡Con planetas circumbinarios! ¿Cómo es posible que en un sistema solar binario puedan “sobrevivir” planetas? Las órbitas tienen que ser completamente diferentes a lo conocido para no llegar a ser fagocitados por las estrellas gemelas.
Al ser humano ni se le habría pasado por la cabeza que eso fuese posible, un sistema solar como este no debería ser estable. Tal vez sea porque ambas estrellas son de tamaño pequeño y eso permite esta grandiosidad. ¿Habrá vida de alguna clase ahí abajo? Quién sabe. Me gustaría ser optimista y pensar que Enrico Fermi, Frank Drake y Carl Sagan tenían razón, y que tan solo la falta de desarrollo tecnológico, el poco o escaso conocimiento sobre el universo o nuestra limitación, temporal, por falta de evolución, sobre todo cerebral, nos impiden ver más allá de lo que alcanzan nuestros ojos y nuestro pensamiento.
Pero... ¿Qué ocurre? Siento... que me estoy moviendo... ¿Qué...? Aaaaaah!!
Un golpe de luz y una fuerza desconocida me desplazan rápidamente. ¡Duele! Es como... si me costase respirar. El dolor me obliga a cerrar los ojos y cuando los abro veo... ¡Una galaxia!
¡Oh! Si las estrellas binarias eran bellas, esta visión lo es más aun. No es una galaxia como las que todos imaginamos, con sus brazos en espiral y su núcleo central. Al estar observándola desde un lado no puedo alcanzar a ver porqué me resulta extraña, es como si estuviese deformada. Si pudiese moverme un poco hacia arriba, pienso. De repente, me desplazo en un plano ascendente con relación al plano de la galaxia. Ha sido como si mi solo pensamiento permitiese el movimiento.
¡Ahora lo veo! Son dos galaxias unidas. Puedo ver cómo una más grande, que originariamente era en espiral y que todavía conserva la mayoría de sus brazos en una forma perfecta, está chocando con otra más pequeña que podría haber sido elíptica pero a la que el impacto con uno de los brazos de la galaxia espiral ha convertido en una masa informe de estrellas de las cuales solo se distingue el núcleo. ¿Hay algo más hermoso que ver cómo se transforman dos galaxias en una sola?
¡Ah! ¡Ese maldito dolor otra vez! ¿Qué me está ocurriendo? ¡Dioses!
Oscuridad, negro absoluto, o tal vez no... Unos puntos luminosos parpadean a lo lejos. No son estrellas, o eso creo. Mi vista está turbia tras el acceso doloroso y todavía no logro centrarme. Miro a mi alrededor y veo que me encuentro en la cara oscura de un planeta, ya que a ambos lados puedo ver las estrellas. Las luces parpadeantes parecen... ¡artificiales! ¡Ahí abajo hay vida! ¿Estaré en casa? Intentaré acercarme. Tras controlar mi pensamiento, me acerco a gran velocidad y puedo distinguir una enorme cantidad de luces, como si fuesen ciudades. Sin embargo, no consigo dirigirme a ellas sino hacia una gran masa de agua entre unos continentes... ¡que no reconozco!
Dentro del océano distingo gran cantidad de vida. Es increíble, ¿a quién se lo voy a contar? Nadie me creerá...
Pequeños seres nadan como si se desplazasen por una autopista acuática, mientras otros más grandes nadan majestuosos y tranquilos por los grandes espacios que hay entre las líneas que forman las vías creadas por los pequeños. Uno de los grandes, similar a una gigantesca ballena azul, pasa cerca de mí y con un deseo irrefrenable mi mano roza su cuerpo. Es una sensación plácida, suave, de paz plena. La enorme ballena, por denominarla de alguna forma, se vuelve ligeramente y me mira con uno de sus grandes ojos llenos de vida y calma. ¿Me puedes ver?, pienso.
La ballena vuelve a mirarme y puedo distinguir cómo su mirada ha cambiado, como si me diese a entender que me ve y comprende. De repente se para y noto cómo en mi mente puedo escuchar unas palabras: «Tranquilo, no tengas miedo. Estamos aquí para ayudarte. Tan solo déjate llevar y todo irá bien.»
Confío en ti, le digo con el pensamiento.
«Volveremos a vernos», me asegura la ballena.
Nada más decir eso, una luz intensa ahoga mis sentidos y vuelvo a sentir un dolor insoportable. ¡Algo me arrastra con fuerza! Intento gritar pero no consigo que salga nada de mis cuerdas vocales. Un pasillo con la forma de un... ¡agujero de gusano! me arrastra velozmente...
Luz intensa... Pitidos... Abro los ojos.
—Estupendo, tenemos pulso de nuevo. Bienvenido de regreso al mundo de los vivos 
–dice el médico.
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