EL PRINCIPIO DEL FIN

Los Borlons son animales del tamaño de planetas. Tienen el aspecto de gigantescas ballenas, recubiertas de cabeza a cola por un armazón

Gracias al calor que desprende su cuerpo, posee una atmósfera rica en gases aptos para la vida. Tal que así, que a lo largo de eones se han desarrollado civilizaciones enteras sobre sus armazones.

En este Borlons, Alpha-1, habita en falsa simbiosis, los vestigios de una sociedad moribunda cuyas entrañas están ya podridas.
Existe un ambiente de tensión en las calles de todas los pueblos y ciudades de las zonas civilizadas, se está fraguando el hilo conductor de lo que va a ser una revolución. La pólvora, de lo que puede ser el estallido de la mayor revuelta social hasta el momento, está candente. Es cuestión de tiempo que la mecha prenda.

En La Gran Aleta, están los inmensos desiertos. De ellos depende la vida en la superficie del coloso. Cuando la mueve, comienza la estación del viento. Imprescindible, ya que la arena en suspensión se desplaza transportando nutrientes que fertilizan las grandes selvas del Borlons, y al TETYS. Todo suceso tiene su razón de ser.

Es aquí, en el Promontorio del Tetys, donde están los tres hermanos. Observan el acantilado y las olas romper. El cielo está teñido de colores rosáceos.
Al final del acantilado, a pie de playa, está el puesto de observación. Ahí habita Muijha, un anciano de la tribu de los SIMIOIDES. Es quien mejor conoce el Tetys. Da el aviso cuando se aproxima la época del Tsunami soplando un cuerno.

-Hemos de hablar con Muijha, el mar está cambiando. Es Lemhur quien habla.
-¡Mirad! Sus ciclos de olas son más largos y fuertes.
-Bajemos-. Se encaminan, especulando sobre la posible causa del asunto, hacia un pasillo horadado en la pared. Da directamente a los pies del acantilado.
-Las paredes están llenas de musgo.
-¡Nunca había estado hasta tan arriba! Miren su parte inferior, es azul... Falta poco, el nivel del mar subirá. Afirma Amhur con voz trémula.

Cuando llegan al final del pasillo…
- ¿Habéis visto? Todas las paredes…el musgo entero…son azules-. Saltan a la blanca arena.
- ¿Qué son esas cosas en el agua Lemhur? Pregunta Arborihan.
-Son meduzoos, dan corriente.
-¡Hay cientos de ellos! Exclama Arborihan después de sumergir la cabeza.
Avanzan, a los pies del acantilado, atravesando la peligrosa orilla.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, en la gran cadena montañosa de la Aleta y territorio de La tribu de Los MONDARHIS…
KRiaCK está en su cueva. Cuelga de la rama de un tronco ya seco que da al precipicio.
Perdido en sus recuerdos de juventud, observa anonadado a lo lejos, el río de la vida, el ANCÂRA. Esta melancólico.
- ¿Qué ha sido eso abuelo? Pregunta Taranthuel.
-Esa profunda vibración... Es un aviso querido Taranth.
- ¿De qué?
- ¿Sientes el viento bajo las plumas de tus alas?
-…NO.
-Hace ciclos que dejó de soplar, siquiera silbar. Ha llegado el momento de aceptar lo inevitable-Kriack tiene los ojos anegados de lágrimas. -Nuestro mundo zozobra…
-Tranquilo abuelo, ¿Cómo estás tan seguro?
-Me lo dijo el viento con su ausencia.

Escasos minutos antes, en la costa…
-¡Bienaventurados muchachos! ¿Qué les trae por aquí? Hace ya mucho que no bajáis a saludar al viejo Muijha. ¡Entrad, acomodaros!
-Hemos venido por petición de Padre. Dice Lemhur. –Está angustiado por el mar, teme su llegada.
Muijha se echa la mano al peludo mentón. -Huummm… Sí que ha estado diferente.
- ¿Qué has notado?
-Algo está afectando al Borlons. Todo indica a que se aproxima…
En ese momento, una profunda vibración proveniente del interior del Coloso les interrumpe. Todo tiembla, la casa entera parece quejarse bajo el incesante traqueteo de la caprichosa tierra.
- ¿Lo habéis notado?. -pregunta Arborihan.
- ¿A ti que te parece joven? Dice Muijha desde el suelo. – Es peor de lo que había previsto. Ya está aquí. ¡Corred sin tregua! ¡Encended la almenara, y huid a Aldea! El tiempo juega en nuestra contra.
-Peeeeeeero…. ¿Y tú? rebate Lemhur.
-¡Váááááyaaaansee!-. Grita Muijha empujándolos al exterior. -Ya soy demasiado mayor para subir, solo les retrasaría.
-¡Vendremos a por ti, viejo testarudo!

Al salir, cientos de meduzoos relucían sobre la arena.
-El mar…se recoge. El anciano tenía razón.

Llegaron al promontorio. La vista era desoladora. El mar se había retirado kilómetros dejando tras de sí miles de animales agonizando. Al levantar la vista, la imagen no era más esperanzadora. Cientos de animales volaban con frenesí. Huían espantados del lugar como si un depredador invisible fuera a darles caza.
Aún el cielo estaba teñido de colores rosáceos, al igual que el mar y los acantilados. A lo lejos, en el puesto, Muijha les decía adiós con la mano.
Encendieron las maderas.
La almenara prendió bajo el fulgor del rosa atardecer… Se unió a sus colores.

Era el principio del fin.
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