AMOR: ¿Magia o Ciencia?

¿Es magia o la ciencia puede explicarlo? La explicación de este sentimiento parece dividir a la gente. Hay quien piensa que se puede explicar a través de unas fórmulas químicas, que incluso se han publicado en Internet. Y por supuesto, a través de ecuaciones como por ejemplo, las del matemático Ian Stewart. Pero, también, hay personas que creen que no se puede explicar. Simplemente pasa, aparece o te toca, como por arte de magia.

Matilde, es de aquellas personas que se incluyen en el primer grupo. Para ella, el amor es una fórmula científica más y por eso, día tras día, pasaba todas las horas que podía, encerrada en su despacho del laboratorio Lamun. Hoja tras hoja, pizarra tras pizarra, intentaba encontrar la fórmula exacta que demostrará al mundo entero, que la ciencia podía explicarlo y que además, la magia del amor no existía.

Tantas horas concentradas entre fórmulas y hojas, no dejaban ver a Matilde, algo que podría cambiar su vida e incluso, su forma de ver el amor. Tras el otro lado del cristal, que separa el despacho y el laboratorio, Tobias observaba a su compañera con una mirada dulce.

A él se le podía incluir en el segundo grupo, aunque en un primer momento pensará como ella, como su amada. Porque si, Tobias había sido tocado. Estaba totalmente enamorado de Matilde. En cambio, ella ni siquiera lo había notado. Pero, pronto lo iba a notar, porque, a veces este sentimiento tan especial, es así. En cualquier momento, alguien podía encontrar a su media naranja. Aquella persona con la que pasar el resto o gran parte de la vida. Todo dependía de la persona, como el número en una fórmula o ecuación. Si no es el adecuado, no funciona, no se podrá avanzar.

Matilde cogió su taza de café, pensando que estaba vacía y salio del despacho, con la intención de rellenarlo con más liquido marrón. Iba caminando tan perdida en sus pensamientos, que ya fue demasiado tarde cuando se dio cuenta de que tenia delante a Tobias. Sin poder remediarlo, los dos chocaron y el poco café que había en la taza se derramó en la impoluta bata blanca de Tobias. Los dos se quedaron mirándose, con una sonrisa nerviosa y ojos brillantes en la cara, mientras el liquido se iba derramándose por la bata de él. Poco a poco, la mancha iba ampliando su terreno color marrón.

Al menos para Matilde, el amor había llegado, ese día, de una forma mágica y pringosa a la vez. Los dos estaban tocados y no había vuelta atrás. Solo les quedaba avanzar juntos.

¿Quizás es verdad que ese misterioso sentimiento para tantos, puede escapar a las fórmulas creadas por Einstein o Rosalind Franklin?¿Y a las ecuaciones de James Clerk Maxwell? Pues, de momento, para Tobias y Matilde parece que si.
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