• Inspiraciencia

    IX CONCURSO DE RELATOS DE INSPIRACIÓN CIENTÍFICA

INSPIRACIENCIA es una iniciativa que relaciona ciencia y escritura de una manera lúdica, un espacio abierto para pensar e imaginar la ciencia desde la ficción

  • ADULTO

    HFD1, la rata obesa

    HFD1, la rata obesa

    HFD1 era una rata marrón bien criada, sana y esbelta; al menos hasta que el Criador le trasladó a una caja nueva con seis compañeras cuyas etiquetas iban desde HFD2 hasta HFD7. En su nueva caja, el Criador cambió completamente su dieta sana y equilibrada por una mucho más sabrosa pero claramente más insana, consistente en bollería industrial ad libitum. En la caja vecina se divisaban otras ratas menos afortunadas que seguían con una dieta sana y equilibrada, cuyas etiquetas decían CED1 a CED7. Más allá había otras cajas, pero HFD1 no era capaz de distinguir ni sus dietas ni sus etiquetas.
    Ni HFD1 ni sus compañeras comprendían por qué el Criador les había cambiado de dieta, pero HFD1 era una rata creyente y, por tanto, no se cuestionaba las decisiones del Criador, ya que se consideraba indigna de comprender sus inescrutables designios. Sus compañeras, especialmente HFD3, no estaban de acuerdo con la resignada postura de HFD1; de hecho, HFD3 se oponía a comer la insana bollería industrial porque valoraba mucho su salud. HFD3 se definía como agnóstica; es decir, pensaba que, si el Criador existiera, las ratas no podrían saber nada acerca de él. Para HFD3, todos los sucesos se debían al azar. Aplicando este criterio, el cambio de dieta podría explicarse si hubiese un inmenso número de cajas con ratas en las que las dietas podrían variar en tantas combinaciones que la suya era solo una más de las muchas posibles.
    Siendo coherente con sus creencias, HFD1 comió la bollería industrial sin plantearse ningún límite, sino que devoró hasta duplicar su peso corporal y sentirse realmente obesa, torpe y enferma al cabo de dos meses. Por el contrario, las demás ratas controlaron sus apetitos; particularmente, HFD3 apenas comió lo necesario para no morir de hambre y, en consecuencia, no aumentó significativamente su peso. La convivencia se fue complicando durante los dos meses de dieta alta en lípidos, llegando a causar tensas discusiones entre HFD1 y HFD3 en las que, ocasionalmente, intervenían las demás ratas.
    Súbitamente, la dieta cambió en la caja, de manera que una mañana apareció una harina de maíz negro en vez de los acostumbrados bollos. Las siete ratas se sintieron muy sorprendidas con el nuevo cambio. Ninguna era capaz de explicar el suceso. Por supuesto, HFD1 se limitó a decir que era la voluntad del Criador y que rechazarla era una blasfemia. Por su parte, HFD3 volvió a aplicar su razonamiento para decir que el azar había causado este cambio de dieta entre las infinitas cajas existentes. De nuevo no hubo acuerdo en la explicación del suceso, y tampoco hubo unanimidad en la reacción ante la dieta. En efecto, HFD1 hizo de tripas corazón para hincarle el diente a la insípida y poco estimulante dieta, mientras que las demás ratas apenas comieron lo necesario para sobrevivir hasta que el hambre doblegó su voluntad. Por su parte, HFD3 decidió que esta dieta era más conveniente para su salud y que, en consecuencia, podía comer una cantidad razonable.
    Transcurridos los 90 días pautados, una mañana las ratas no despertaron. HFD1 se durmió con la extraña sensación de olor a cloroformo. Su peso había disminuido significativamente y se sentía menos obesa, más ágil y más sana que antes, aunque no tanto como al principio. En su última mirada, alcanzó a ver a sus compañeras yaciendo en el suelo con sus estilizados cuerpos y su saludable aspecto.
    HFD1 no vivió para ver su nombre publicado en un artículo sobre los efectos beneficiosos de la ingesta de maíz con elevado poder antioxidante en ratas obesas. Por su parte, el Criador lamentó la inconveniente variación en peso y en las demás variables morfológicas y fisiológicas que observó entre las ratas y que causaban elevados coeficientes de variación que dificultaban la identificación de diferencias significativas entre tratamientos.

    “Por sus descubrimientos de los factores de crecimiento” (1986, Estocolmo)

    “Por sus descubrimientos de los factores de crecimiento” (1986, Estocolmo)

    Es de noche en Florencia, una noche de otoño de 1944. Rita está cansada, en el espíritu y en el cuerpo. Se sienta precariamente a la esquina de una mesa desde donde ve la inmensa sala, demasiado pequeña para toda esa gente, todo ese dolor que huele a enfermedad y guerra. En un momento de respiro Rita escribe, una carta que quizá nunca envíe. Sabe que Paola, su hermana, la comprende mejor que nadie.

    Queridísima Pa,
    Tú sabes cuánto he querido esto, después de tanta indecisión y tanto trabajo, cuánto me ha costado convertirme en médico. Tú sabes cómo hemos decepcionado los planes que nuestro padre, con todo su cariño, tenía para nosotras. Su amor cuando de niñas nos enseñaba a ser “libres pensadoras” no se cruzaba con esto, con la persecución, la guerra y mi dedicación a la ciencia.
    Soy médico y tengo todo lo necesario para demostrarlo.
    Aunque aquí, ahora, muy pocos se curarían de eso, de los papeles en regla, de las normas de las universidades, de la raza, de esos roles victorianos de esposa y madre que me resultan tan antinaturales. Sabes cuánto adoro a nuestra madre, pero hace mucho tiempo que decidí no ser como ella, no casarme, no obedecer, no ocupar un segundo plano por cuanto el primero se lo lleve un hombre de indiscutible intelecto y moral como nuestro padre. Si el mundo prefiere verlo así, en realidad sí estoy casada, solo que no con un hombre. Estoy casada con la ciencia, con la medicina, conmigo misma.
    Quiero entender el mundo, no creo que nunca me curaré de esa curiosidad. Nada me va a hacer más feliz que ayudar a los demás, no obstante mis limitadas capacidades. Y lo voy a hacer.
    Sin embargo, como ya sospechaba, me voy dando cuenta que mi sitio no es la sala de un hospital, no es estar al lado de los que comúnmente se llaman pacientes o enfermos en su día a día. En estas jornadas sin fin comparto todo con ellos. A las personas que llegan al campo y a mis cuidados muchas veces no les queda mucho más que su vida, pendiente de un hilo. El tifus se ceba con ellos sin esfuerzo y sin distinciones. Los veo caer a decenas frente a mis ojos, incluso cuando consigo cerrarlos. Hago todo lo que puedo, pese a que no hay mucho que pueda hacer. Espero seguir teniendo la suerte de no caer yo también. Pero su dolor me entra en el cuerpo. Y más en la mente, tanto que no puedo dejar de pensar ¿qué hay en el cerebro de la especie humana que la empuja a alejarse tanto de la razón? Si únicamente fuera mi cuerpo quizá lo aguantaría, pero mi mente, el acto mismo de pensar que nunca se apaga, me impide cesar de buscar el origen de tan bajos instintos, que llevan al odio, a la persecución, a la guerra…
    ¿Recuerdas de cuando tuve que dejar mi trabajo en la universidad en Turín? ¿Y luego escapar de Bélgica al acercarse de la invasión? La memoria del laboratorio que monté en mi habitación al volver a nuestra casa me hace brotar una sonrisa en los labios. Aquel carísimo microscopio y aquellas agujas que habían pasado de zurcir calcetines a operar embriones de pollo, mientras buscaba como se diferencian los centros nerviosos en ellos. Me acuerdo de aquellos paseos, el rocío en el verde de las colinas, mientras iba a la búsqueda de esos huevos imprescindibles para mis experimentos y nuestra alimentación. Sigo sintiendo un profundo orgullo por mi profesor, mi maestro, convertido en mi asistente en esas investigaciones, por cuanto su tamaño a cada movimiento ponía en riesgo la integridad de mis precarias instalaciones científicas.
    Sí, voy a dedicarme a los demás, voy a ser científica. Ahora sé que lo había decidido hace tiempo. Ése va a ser el viaje en el que embarcaré con tenacidad, aunque no sepa cuánto va a durar, sin miedo a las dificultades. Las miserias de la exclusión y la persecución sin lógica que nos han acechado me han afectado hasta cierto punto, pero el futuro no me da miedo. Pienso constantemente en ello y solo tengo curiosidad. La única cosa que voy a necesitar son mis capacidades mentales, y sé que las mías son las mismas que las de cualquier otro, hombre o mujer. Lo que haya hecho y que haga con ellas es lo que va a quedar de mí. ¿De qué voy a tener miedo?
    Paola, todavía no tengo todas las respuestas, así que seguiré buscándolas a esas, y a más preguntas. Esta epidemia de tifus y de locura pasará, y yo estaré lista para que no se me pase el tiempo sin aprovecharlo hasta el final.


    Con todo mi afecto,

    Rita

    Los titiriteros de Cronos

    Los titiriteros de Cronos

    Desde la época de la Ilustración, los seres humanos se han obsesionado con el progreso.

    Sintiéndose solos en un mundo inclemente, se han convencido de que la solución es seguir hacia adelante, y atreverse a pensar por sí mismos.

    Qué estúpidos han sido.

    Nosotros siempre hemos estado allí, detrás de los hilos.

    Y no tienen ni idea de lo delicioso que es ir para atrás.

    Somos los Dashasseira'Teloth, aunque, en terrícola y comparando sus figuras mitológicas con las nuestras, seríamos los "Titiriteros de Cronos".

    Nuestro árido planeta jamás tuvo nada que aprovechar. Perdido en los confines de una galaxia sin nombre, nuestro pueblo fue testigo de cómo otros planetas cercanos eran engullidos por aquellos monstruos, aquellas "manchas" negras de destrucción gravitatoria conocidas como Agujeros Negros. Era casi irónico: los mismos soles que, en forma de luz y calor, habían dado la vida a los habitantes de tales planetas, se habían transformado en tenebrosas fauces insaciables. Ahora, estaban dispuestos a devorar las últimas ruinas de civilizaciones ya extintas, que habían perecido congeladas y en la oscuridad a merced de una estrella apagada, o abrasadas por la Supernova.

    Sabíamos que, tarde o temprano, nos esperaría el mismo destino que a nuestros vecinos, y adoptamos una postura existencialista. Ya que nuestra especie estaría condenada a desaparecer en unos siglos, en unos milenios siendo optimistas, dejamos atrás todo lo que nos había caracterizado. Abandonamos las artes, la religión, el culto a las relaciones sociales o la ética. Como animales enjaulados, nos consagramos a lo único que podría liberarnos de nuestras ataduras, antes de que nos estrangularan: la ciencia.

    De hecho, fue gracias a los intelectuales que descubrimos que estábamos cerca de enormes masas de Materia Oscura, pero que no correspondían a Agujeros Negros: estábamos rodeados de Agujeros de Gusano. Teníamos una infinidad de portales espacio-temporales al alcance de nuestra mano. Y, a diferencia de otras civilizaciones galácticas, tuvimos la suerte de poder estudiarlos en profundidad.

    Somos oportunistas por naturaleza, y hemos actuado en consecuencia.

    Hemos puesto todos nuestros medios en perfeccionar máquinas reductoras que pueden hacer que adoptemos el tamaño de un virus, y así hemos desafiado la Conjetura de Protección Cronológica. Hemos sabido detectar y esquivar los Anillos Romanos, y hemos descifrado todos los misterios de las Curvas Cerradas de tipo Tiempo. Hemos echado por tierra la Paradoja del Abuelo con respuestas que el simple cerebro humano ni es capaz de imaginar; y, en nuestros viajes por el espacio-tiempo, hemos creado toda la divergencia de líneas temporales que han dado origen al Multiverso, cuya existencia los terrícolas se han negado a creer.

    Pero, sin que lo supieran, ni ellos ni ninguna civilización galáctica, nos hemos convertido en los dioses de todos los universos.

    Nos hemos alzado de nuestras cenizas, y nos hemos convertido en conquistadores.

    Nuestro método de actuación es fácil. Cuando vemos que algún planeta en alguna época tiene algo que deseamos adquirir o cambiar, comprobamos si alguno de nuestros millones de Agujeros de Gusano puede llevarnos hasta ese momento y lugar. Y, si es así, manipulamos la Historia a nuestro antojo. Hacemos cualquier cosa que nos permita llegar hasta nuestro objetivo. La línea temporal alterada y la intacta se separan, y formamos dos nuevos universos. Después, está en nuestras manos destruir todo el universo original, para conseguir forjar un único cosmos sometido a nuestros deseos... tenemos la tecnología necesaria para ello, y mucha experiencia haciéndolo.

    Como es de esperar, algunas civilizaciones galácticas son más temerosas que otras, y se han "protegido" en sus propias mentiras. Los humanos son expertos en eso. Se han dicho a sí mismos que, en caso de haber viajeros espaciales, ya los habrían conocido, y que no hay nada que temer. Que alguien ya habría venido a enseñarles las maravillas del futuro, hablando de los prodigios de una "máquina del tiempo". Parecen no darse cuenta de que hemos hecho caer reyes, inventado algunos de los muchos dioses que siguen adorando, y provocado catástrofes naturales; todo a la sombra de su escéptica mirada. Además, al fin y al cabo, los "supervivientes" de nuestras incursiones temporales no son más que proyecciones paralelas de quienes las vivieron en realidad, y sus descendientes jamás tendrán la manera de saber que hubo otra "versión" de la Historia original.

    Somos los Dashasseira'Teloth. Somos infalibles, somos imparables, somos inmisericordes.

    Somos eternos, y permaneceremos mucho después de que tú te hayas ido.

    Ahora mismo, tienes suerte. Tienes suerte de que tú, con tu patética vida y tus patéticos seres queridos, viváis en el universo vigente, uno que nos interesa tal y como está, cuya Historia no es necesario cambiar.

    Pero dime, humano...

    ¿Qué te hace pensar que eso va a seguir siendo así para siempre?
    JOVEN

    El Inicio De Todo

    El Inicio De Todo

    Lo que os voy a contar hoy es una historia sorprendente, e incluso difícil de creer. Todo empezó una tarde de primavera en mi habitación, como de costumbre. No era una habitación muy exótica, no tenía adornos con los que decorarla, ni una biblioteca especialmente grande. Tan solo tenía un escritorio, una cama con un par de libros apilados y una butaca. Sin embargo, era un mundo entero para mí. Podía pasar horas metida allí sin percatarme del tiempo que pasaba mientras leía libros y libros sentada en la butaca color verde oscuro. Ese fue el inicio de todo, un libro, el libro que daría un giro de 180 grados a mi vida.

    Me dirigía a la librería un 6 de mayo de 2019 por la tarde a coger un nuevo libro, ya que el que me estaba leyendo lo terminé ese mismo día. No serían más de las siete de la tarde y hacía un calor abrasador. Llegué, tras diez minutos andando, a la biblioteca municipal. No era muy grande, más bien pequeña, pero a mí me gustaba debido a su familiar y acogedor ambiente. Me dirigí a la estantería de ciencia ficción y encontré un manual con un título curioso “Como Usar la Teoría de las Cuerdas en la Vida Cotidiana”. Me pareció extraño puesto que los manuales debían estar en la sección de informes, pero, imprudente de mí, lo cogí de la estantería y me lo llevé a mi casa.

    Nada más entrar en mi habitación comencé a leer. En las primeras páginas estaban escritas las distintas definiciones de la “Teoría de las Cuerdas” o “Teoría de la M”. No muy tarde comencé a leer el título más interesante: como ponerlo en práctica, sin embargo, no llegué a leer ese apartado aquella noche ya que mi madre me distrajo y me sacó de esa cúpula que se me formaba en la cabeza al leer diciéndome “ Meg hija, tendrías que irte a la cama que mañana tienes que madrugar”. Rápidamente me percaté de mi error: hoy no era viernes, sino lunes y al día siguiente había colegio. Me fui a la cama inquieta de no poder leer un poco más, pero minutos después me dormí sin siquiera pensar en el manual.

    Esa semana fue, probablemente, una de las más largas de mi vida. Mi inquietud porque fuera viernes no me permitía más emociones y por tanto no prestaba, a pesar de que era una alumna de buenas notas, atención a las clases.

    ¡Por fin!, por fin viernes por la tarde. Me encerré en mi cuarto a leer el manual que creía mío y puse en práctica esa teoría. No mucho más tarde empecé a controlar ese “poder” que me había otorgado aquel manual. Los libros de la cama empezaron a moverse por el aire a mi antojo. Me maravillaba poder hacer flotar las cosas. Sin embargo, no mucho después de mover aquellos libros, me empezaron a ocurrir cosas muy extrañas, las cosas que tenía a mi lado comenzaron a flotar sin que yo lo ordenase. Al principio no era muy molesto, se levantaba un lápiz o una goma de mi escritorio. Luego el problema empeoró, se levantaban edificios enteros y techos de casas. Pasé dos años desastrosos, pero por fin tenía una posible solución.

    Con este problema me fui a la biblioteca puesto que todavía no la había estropeado. Me fui al sitio exacto donde encontré ese manual y encontré otro con el mismo formato, pero con distinto título “Como Usar la Teoría de la Relatividad en la Vida Cotidiana” rápidamente y sin pensar lo cogí y empecé a leer allí mismo, no tenía tiempo de ir a mi casa. Me salté las definiciones y me fui directamente a ponerlo en práctica. Solo había un problema, se necesitaba una mente fuerte y yo no estaba segura de tener una. Pero, a falta de eso, me dispuse a viajar dos años y cinco días al pasado. Leí las advertencias de este viaje que iba a emprender y hubo una bastante interesante “tenga en cuenta que esto es un viaje al pasado y puede causar la perdida de los “poderes” que usted ha adquirido durante estos años. No obstante, le quedará el recuerdo”. Cargada de una sensación agridulce, comencé mi viaje. El destino no era ni más ni menos que al 6 de mayo de 2019 a las seis y cincuenta y nueve de la tarde. Lo único que tenía que hacer era evitar coger aquel manual. No me dirigí a la biblioteca para evitar tentaciones y así, por fin, tener unos dos años gloriosos.

    Y así es como acaba una de mis muchas e increíbles historias. Como una vez, que viajé a la India en segundos por la teletransportación, pero eso es para otro día.

    Las Piedras Del Infinito

    Las Piedras Del Infinito

    Eran ya las 12:00 cuando sonó el despertador. Estaba asustado y no estaba seguro de hacerlo, pero era mi obligación. Cogi todos los utensilios, herramientas y todo lo que necesitase para ir allí. Más tarde cuando llegué al aeropuerto, me preguntó un compañero mío de la misión en qué consistía esta, yo le respondí:

    -La piedra del infinito es una combianción entre obsidiana, jade, diamante, rubí y zafiro. Hasta ahora, se pensaba que era imposible conseguir una combinación de esta magnitud, pero en una cueva, un minero encontró esta piedra. Antes de cogerla, avisó de su existencia a los demás mineros, la cogió y nunca se volvió a saber de él y de los demás mineros que la tocaron. Según uno de ellos que vió cómo su compañero se desvanecía, afirmó que esa piedra contenía poderes místicos. Nuestra misión es encontrarla y ponerla a salvo de cualquier maleante que quiera conseguirla. Luego la investigarán, pero esa no es nuestra misión.

    -Vale, gracias.

    Me dí media vuelta, y me dirigí a mi asiento en el avión, despegamos y nos dirigimos hacia nuestro destino, la selva del Amazonas.

    Ya allí, nos acercamos a la cueva, la cual no era muy profunda y se podía observar todo lo que había dentro de ella gracias a la luz del Sol. Los alrededores estaban llenos de camiones, coches y construcciones, y para mi sorpresa, había una gran cantidad de soldados con armas de fuego. Nosotros sólo íbamos para coger la piedra y llevarla a la sala de investigaciones, que estaba llena de protecciones, tanto de soldados como de barrotes, ventanas fortificadas y demás. Cuando llegamos al lugar de la piedra, estaba desprendía un aura que tenía un movimiento hacia la piedra, y una luz de varios colores, aunque el color en mayor parte era el amarillo. Nadie se atrevió a acercarse, y como era nuestro trabajo, nos acercamos con una caja y varias pinzas, que parecían hechas de una aleación de oro, cobre, níquel y zinc, que según mi conocimiento científico, era oro blanco. Cogí la piedra con las pinzas, mi compañero me acercó la caja, pero de pronto, él se cayó al suelo, y empezaron a dispararnos desde arriba. La caja me golpeó y la piedra salió volando, y me cayó en mi reloj, que era de oro, con una esmeralda. De pronto, la piedra se desvaneció en la esmeralda, y sentí que mi cuerpo se activó, me miré las venas de la muñeca y las tenía de diferentes colores. De pronto, caí al suelo, y abrí los ojos, estaba en otro sitio, pero era demasiado extravagante para ser La Tierra. Aparecían auras de diferentes colores, y unas personas se acercaron a mí, llevaban cascos de minar, y pensé que serían los mineros desaparecidos. Ellos me miraron, sin decir ni una sola palabra, y yo no me atreví a hablar, entonces fue cuando sentí un dolor en el pecho, y este era más intenso cada segundo, hasta que caí al suelo. Vi en mi mente disparos, guerras y un desastre mundial, tan solo por una piedra. Cerré los ojos.

    Cuando los abrí, estaba tumbado en mi cama. Eran las 12:00. Cuando fui a mi laboratorio, le dije a mis amigos todo lo que había pasado, pero no había pasado nada. En ese momento, pensé en todo lo que me pasó, pero solo fue un sueño, que algún día, podría convertirse en real.

    ¿QUIÉN ERES…? ¿DÓNDE ESTOY…?

    ¿QUIÉN ERES…? ¿DÓNDE ESTOY…?

    Me llamo Cara y cuando tenía 13 años, vivía en una pequeña ciudad con mi familia: mis padres, mis hermanos (Talía de 8 años y Saúl de 3), mis abuelos, mis primos y mis tíos. También tenía muchos amigos.
    Hasta que un día sucedió lo peor…
    Era una mañana de abril, hacía más frío de lo normal y me abrigué bastante para ir al instituto. Noté algo extraño. Mis padres estaban más serios de lo normal, aunque la verdad llevaban un tiempo un poco raros, como tristes y preocupados. No le di importancia y se me olvidó porque Saúl se había puesto un tazón de leche con cereales en la cabeza y se había manchado entero. Mi hermana se rió tanto que le salió leche por la nariz. Nunca olvidaré ese día.
    Después de lavarle y cambiarle fuimos los tres de camino al colegio que estaba al lado de mi instituto. El día me fue genial: me dieron un examen en el que había sacado un 9,5 y las bromas de mis compañeros siempre me ponían de buen humor y me hacían reír. Pensaba que ese día iba a ser un día bastante genial, pero las cosas se torcieron cuando menos lo esperaba.
    Al salir del colegio me fui a mi casa, hice mis deberes y decidí ir a casa de mis abuelos. Cuando llegué sólo estaba mi abuelo en casa y en la mesa había una nota que decía:

    ME HE IDO A COMPRAR EL PERIÓDICO, ENSEGUIDA VUELVO

    ¡Claro!, mi abuela había ido a comprar el periódico. Una vez me contó que cuando era pequeña (cómo yo) era lo que más le gustaba leer. Pero, ¿cómo sabía que iba a venir?, si yo lo había decidido ya en la calle y sólo había avisado a mis padres de que iba a venir. Me sorprendió, pero me acerqué a saludar al abuelo:
    - ¡Hola abuelo!, ¿qué tal estás? - dije. Como no me escuchó dije más alto:
    -¡Hola abuelo!, ¡¿QUÉ TAL ESTÁS?! - repetí. La respuesta que me dio me impresionó tanto que me tuve que me sentar.
    - ¿Quién eres…? ¿Dónde estoy…? - dijo él, con un tono asustado.
    - ¿Cómo? - dije yo más asustada que cuando vi “El Exorcista” con mis primos hace 4 años.
    - ¡GLORIA, AYUDA, hay una ladrona en casa! - gritó.
    Yo me quedé con la boca abierta y a punto de llorar. ¿Gloria?, ¡Si la hermana mayor de mi abuelo había fallecido hacía muchísimos años!
    Justo en ese momento entró mi abuela:
    - ¡Dios mío, Cara!
    - ¿Qué le pasa? - pregunté yo.
    - ¡PACO, otra ladrona, SOCORRO! - gritó el abuelo.
    La abuela me explicó que el abuelo tiene la enfermedad de Alzheimer, un problema degenerativo del sistema nervioso. Se caracteriza en su forma típica por una pérdida de la memoria inmediata y de otras capacidades mentales (tales como las capacidades cognitivas superiores), a medida que mueren las neuronas y se atrofian diferentes zonas del cerebro. La enfermedad suele tener una duración de 10 años aunque esto puede variar en proporción directa con la severidad de la enfermedad en el momento del diagnóstico. También me enseñó fotos de resonancias magnéticas de mi abuelo, cuando alguien tiene Alzheimer parece que el cerebro se desinfla y eso me hizo pensar que el abuelo lo estaría pasando mal.
    Desde ese día toda mi familia (mis hermanos, mis tíos y primos, mis padres y yo) ayudábamos como podíamos a mis abuelos. Asignamos turnos de visita y todos los días alguien les iba a ver, aunque más de una vez nos hemos juntado casualmente algunos, porque nos apetecía ver cómo estaban.
    Con el paso del tiempo tuvimos que recurrir a gente especializada en cuidar a estos enfermos y recibimos gran ayuda de la Asociación de Enfermos de Alzheimer. Aunque no todo el mérito era nuestro, sino que era en gran parte de estos expertos, habíamos aprendido una gran lección:
    ¡EL AMOR HACE MILAGROS!
    Y aunque el abuelo se fue hace ya tiempo, conseguimos que recordara pequeños fragmentos de su casa, sus amigos, su infancia, canciones…, y volvimos a enseñarle a jugar al ajedrez, cosa que le hizo que pasaran unos 15 años desde que le diagnosticaron la enfermedad de Alzheimer hasta que nos dejó.
    Ahora tengo 33 años y me marcó tanto que me he propuesto descubrir cómo ayudar a combatir esta enfermedad, junto con mis hermanos.
    Yo, soy científica y trabajo en un centro de investigación para descubrir cómo curar el Alzheimer. Talía tiene 28 años y después de hacer medicina se está especializando en neurología para poder ayudar a personas con enfermedades neurodegenerativas. Saúl está pensando en hacer geriatría, y es voluntario para acompañar a gente con Alzheimer en residencias de ancianos.
    Mi madre dice que somos “sus superhéroes”.

    SALVANDO ELMEDIO AMBIENTE

    SALVANDO ELMEDIO AMBIENTE

    “Salvando el Medio Ambiente”

    Hoy 5 de Junio, día mundial del Medio Ambiente, me he despertado con muchísima energía y super contenta, pues la noche anterior había visto en las noticias de la primera cadena que una joven de 20 años, de la Comunidad Valenciana, llamada Nuria Serrano, que se dedica a la investigación de cuidar el medio ambiente, había conseguido construir con materiales reciclables y no perjudiciales para el medio, una máquina para que los miles y miles de botellas de plástico, bolsas y demás artículos de este material que ha día de hoy están destruyendo el medio, dejen de acumularse en los mares, ect…

    Yo quiero conocerla y ofrecerle mi ayuda, pues para mí el medio ambiente es algo muy importante, pues en los días que vivimos hay altos niveles de contaminación en las ciudades causados por nosotros los seres humanos, aunque no solo hay eso, hay varios factores naturales que también perjudican como algunos animales con su manera de obtener su alimento, los volcanes, cuando hay demasiada vegetación esta absorbe los minerales, pero está claro que lo más perjudicial es la mano del hombre, como por ejemplo, cuando causa incendios intencionados hace que el terrero tarde mucho tiempo es estar bien para todos los seres vivos que necesitan de sus minerales, ect., cuando con las empresas contaminamos el ambiente, y hacemos que las personas enfermemos, que los animales mueran o se enfermen, que el aire que respiramos no sea beneficioso.

    Pero actualmente para mí con todo lo que veo por la televisión, redes sociales, ect…. Es la cantidad de plástico que tiramos, y que por lo que sea no reciclamos adecuadamente, y por eso me interesa conocer a Nuria, pues yo me dedico a estudiar lo mismo que ella y seguro que juntas podemos hacer grandes cosas por el Medio Ambiente.

    Por eso hace un momento mirando en internet he conseguido que el medio de comunicación en el cual vi la entrevista que le habían realizado a esta chica después de mucho insistir, me facilitara la forma de ponerme en contacto con ella.

    Después de unos días esperando noticias, alguna respuesta o algo, cuando estaba en la Universidad, recibí un email de Nuria Serrano, dándome las gracias por las hermosas palabras que le había dedicado, y de que ella estaría encantada de conocerme y de que ambas expusiéramos nuestras ideas para tener un mañana mejor.

    El único problema es que ambas vivíamos en comunidades autónomas distintas y por nuestros estudios iba a ser complicado juntarnos, por lo que seguimos hablando por email, nos dimos nuestros números de contactos, de vez en cuando hablábamos hasta las tantas de la noche por Skype.

    Después de varios meses de hablar, escribirnos, ect…. Decidimos conocernos personalmente, y lo hicimos en la ciudad de Madrid, la primera impresión fue maravillosa pues ambas deseábamos lo mismo y de conocernos pues teníamos ideas geniales, eso era lo que nosotras pensábamos claro, hijo.
    Decidimos que una vez al mes nos juntaríamos para hablar de nuestros proyectos, una de nuestras ideas era entablar conversaciones con los responsables del Medio Ambiente de todas las comunidades de España, para realizar un trabajo de recogida de todo el plástico almacenado en las playas, estercoleros, los cuales no son reciclados, para destruirlos con la maquina construida con Nuria, la cual trasformaba dichos materiales perjudiciales en materiales beneficiosos, los cuales podían ser repartidos en España, al igual que al resto del mundo, poco a poco fuimos hablando uno a uno con aquellas personas y conseguimos que los ciudadanos comenzaran a reciclar el plástico, usando papel o cartón.

    También queremos conseguir que aquellas empresas que en las ciudades contaminan, vehículos, ect…. Pasen un riguroso estudio de porque contaminan, y comiencen a ser más beneficiosos, en la actualidad ya existen vehículos que no contaminan, y con el tiempo seguramente la mayoría de las empresas que se dedican a esto hagan lo mismo.

    Como veis tenemos muchas ideas, pero nos queda mucho camino por recorrer para conseguir un mañana mejor, pues no quita que somos dos chicas de 20 años las cuales estamos estudiando una carrera, ojala todos nuestros sueños de un mañana mejor se consigan, por el bien de todos los seres humanos, seres vivos, ect.

    De momento nos quedamos con la satisfacción de habernos conocido Nuria y yo, que las dos tengamos los mismos pensamientos, de que Nuria construyera la máquina que ayuda a conseguir que un producto perjudicial se convierta en otro beneficioso para los demás, de que las comunidades autónomas de nuestro país hayan comenzado a reciclar y de porque no intentar que en años próximos todo el país pase a ser uno de los países de la Comunidad Europea más sano, como siempre me decía mi madre hay sueños que se pueden cumplir, y de momento así ha sido.




    Relato hecho por:
    Lucía Otero Espeso 1ºESO-B

    SORPRESA EN SATURNO

    SORPRESA EN SATURNO

    Era una cálida mañana de verano. El sol entraba a raudales por la ventana de mi habitación, mientras yo estaba sentado en mi escritorio, absorto en mis pensamientos, mordisqueando un lapicero. Pero … un momento, ¿era realmente verano? Eché un vistazo al calendario de mi escritorio. Era 30 de marzo de 2047 y sin embargo ni llovía ni hacía frío. ¿Qué estaba pasando con las estaciones? ¿Será que la Tierra ya no se traslada alrededor del Sol? O, ¿es que lo hacía más despacio? En fin, que aquel día de primavera-verano en el que debido al calentamiento global todo estaba cambiando decidí que había que ser más empático con nuestro planeta Tierra. Dado que esta palabra está tan de moda habría que aplicársela a nuestro planeta ¡ya! Por cierto, creo que no me he presentado todavía. Soy un astrónomo de la NASA, un científico loco e idealista, un poco despistado, que ya desde niño me interesaba por curiosear los mecanismos de las máquinas, investigar sobre el espacio y los planetas. Es algo fascinante. Aún no he descubierto nada interesante pero yo sigo investigando y no ceso en mis intentos, porque la curiosidad y el esfuerzo son la base de todo éxito.
    He dirigido varias misiones espaciales y he investigado mucho acerca de diferentes elementos químicos y su distinto comportamiento, así que presiento que esta vez será diferente. Pocos minutos después recibí una llamada holográfica desde la base científica de la NASA. Era uno de mis mejores compañeros, con aspecto también despistado y algo despeinado. Sus ojos brillantes expresaban una profunda alegría. Me transmitió de manera entusiasta un nuevo descubrimiento. ¡Tenía que ir allí inmediatamente! Al llegar vi a todo mi equipo de científicos esperándome con impaciencia y ya en la sala de pruebas pude comprobar que habíamos creado un material indestructible especialmente resistente a la presión: el grafectrum. Así fue como lo llamamos. Junto a otro grupo científico con una preocupación parecida conseguimos lo que queríamos. Seguro que todos queréis saber de qué se trata. Poder viajar a la velocidad de la luz con un nuevo propulsor que con una nave de grafectrum podría atravesar diferentes atmósferas a través del espacio y llegar a la superficie de Saturno.
    Para no correr riesgos, mandamos primero una sonda que logró atravesar la densa atmósfera de Saturno y que se posó en su superficie. Tras unas horas de reposo la sonda despegó y volvió al planeta Tierra.
    La semana siguiente comenzaron los preparativos del primer viaje tripulado a la superficie de Saturno
    Por fin llegó el gran día, ¡qué emoción! Tras meter en el maletero comida, agua y trajes especiales para soportar la presión atmosféricas nos montamos en la nave. Los mecánicos revisaron que todo estuviera en orden y, entonces comenzó la cuenta atrás. Diez segundos más tarde, la nave despegó. Al salir de la atmósfera terrestre nos adentramos en el hiperespacio por primera vez. Un tiempo más tarde, nuestra nave atravesaba la atmósfera de Saturno y se posaba en su superficie.
    Bajamos de la nave y… ¡fuimos los primeros humanos en poner los pies en Saturno! Al llegar observamos un paisaje árido y desolado con unos extraños seres que se inflaban y se deshinchaban lentamente. Más tarde descubrimos que esto ocurría al respirar hidrógeno.
    Organizamos un campamento para tomar muestras del aire y del suelo. Después cenamos y nos fuimos a dormir. Cuando nos despertamos, faltaba alguna botella de agua. Al día siguiente ocurrió lo mismo y entonces decidimos montar guardia. Entonces vimos algo que nos llamó la atención. Exploramos la zona con gran ilusión y cual fue nuestra sorpresa, vimos a unas delicadas criaturas que parecían enfermas. Les dimos un poco de agua pura,a ver cómo reaccionaban y comenzaron a hablar con un extraño lenguaje. Con un traductor dedujimos que eran aliens climatólogos y que estaban enfermos por culpa del cambio climático terrestre. ¡Es más grave de lo que pensábamos; afecta a la Tierra y al Sistema Solar! Teníamos que hacer algo Metimos a los más aventureros en nuestra nave con unas ganas infinitas de frenar este desastre.
    Cuando llegamos fuimos recibidos como héroes: salimos en todos los medios de comunicación y lo aprovechamos para que los aliens transmitiesen su importante e impactante mensaje. Al verlos tan tristes, pálidos y enfermizos todos los humanos se conmovieron y sintieron pena por los aliens así que, para ayudarles, empezaron a cuidar la Tierra de verdad.
    Otros astronautas fueron a Saturno a recoger al resto de los aliens climatólogos para traerles a nuestro planeta para seguir con la lucha contra el calentamiento global y ayudar a la población.
    El aumento del nivel de los mares cesó, el incremento de las temperaturas se frenó y el cambio climático poco a poco se fue reduciendo.
    Recuerda: parar el cambio está en ti, está en nuestras manos
  • ADULT

    La dona de la balma

    La dona de la balma

    L’Anna s’assegura de tancar bé la porta del centre d’interpretació. Camina cap al cotxe amb el pensament ja en una altra banda. Alguna cosa la sorprèn. Li sembla veure una ombra que es belluga sota la balma.
    No pot ser, pensa. A veure si he deixat el reixat obert. Potser l’últim visitant s’ha quedat a dins embadalit mirant les dones ballant de les pintures. S’apropa, i sí. Pot veure una figura. Crida des de la distància.
    —Hola! Què fas a dins de la balma? T’has quedat tancat abans? Ara vinc!
    Mentre s’apropa, l’Anna comença a veure més nítidament. És una dona. No s’ho pot creure, va vestida amb una faldilla llarga, cenyida a la cintura. Nua de cintura en amunt, amb una mena de bossa a coll i un collaret. Té la pell fosca i els cabells lligats, igual que les dones que dansen. Les dues es miren sorpreses.
    —Però...tu qui ets? Què hi fas aquí dins? D’on has sortit? —Li pregunta l’Anna.
    L’Anna mira cap a tot arreu. Deu ser una broma de mal gust. Es belluga nerviosa i alerta. La noia sembla com acabada de sortir d’una màquina del temps.
    —He baixat de la foranca —diu— a mirar les pintures des de sota la pedra.
    —Però... no pot ser, de la pintura dius? L’Anna se la mira amb cautela. No sembla perillosa. La tanca de separació ajuda a mantenir la distància.
    —Sí. Sóc una de les dones que està dibuixada. He desitjat moltes vegades baixar a contemplar l’escena del ritual del dia més llarg. Tu, qui ets?
    Mare meva! Pensa l’Anna. Està pitjor del que m’esperava.
    —Jo... jo sóc l’Anna, la responsable del centre del Cogul. Cuido les pintures, es pot dir.
    —Cuides les pintures? —diu contenta— Que bé! Així ningú més les podrà repintar o esborrar. Recordo que n’hi havia moltes per aquesta zona del riu Set, però han desaparegut.
    —Moltes més, dius?
    —Sí, delimitant el pas dels cérvols i cabres que cacem per quan fem alguna cerimònia. Tu continues caçant en aquesta zona?
    —Jo no gaire, la colla d’homes del poble ho fan sovint els caps de setmana.
    —Caps de setmana? Tu no caces? No t’agrada?
    —No està ben vist, és una tasca d’homes. Jo cuino després el que portin.
    L’Anna va rumiant de pressa què ha de fer, mentre li contesta a les preguntes. Està clar que no està bé aquesta dona. Agafa el mòbil dissimuladament i marca un número.
    —Tasca d’homes? No aneu junts? Per nosaltres, és un dia especial en què tota la tribu participa. No cacem sovint grans peces. Normalment atrapem conills, que són més fàcils. El dia del cérvol però, que és el dia més llarg, el matem per donar les gràcies a la natura i commemorar l’arribada de la calor, els fruits, les arrels i les plantes.
    —Albert, sóc l’Anna. Truca als mossos que vinguin al centre. —diu fluixet. —No, no passa res, però que vinguin, estic bé, he de penjar.
    La noia se la mira.
    —Què és això?
    —Res, un telèfon.
    —Telèfon?
    —Serveix per comunicar-nos —l’Anna li segueix la conversa desconcertada—et trobes bé? No recordes com has arribat? He trucat perquè ens vinguin a buscar.
    —A buscar? Jo he d’esperar la meva tribu. Demà és el dia que el sol es pon més tard i nosaltres l’acompanyem fins que desapareix. Cacem un cérvol aquest vespre, a la vora del riu, i demà ho celebrem.
    L’Anna continua al·lucinada. Si és una boja, en sap molt de com vivien els pobles de l’Epipaleolític. Ai mare, que diu que vindrà més gent. On són els mossos i l’Albert, que no ve?
    —Ah, feu la dansa fàl·lica demà?
    —La dansa què?
    —L’home de la pintura... El del penis...
    —Aquest? No el vam pintar nosaltres, va aparèixer un dia del no res, algú d’una altra tribu, que volia protagonisme. I amb això tan gran...ja li agradaria!. Aquesta pintura la van començar a dibuixar les nostres ancestres, per representar el dia de la gran cacera. Totes juntes ens dirigim a la gran festa, i les dones de la tribu cuidem i venerem la pintura.
    L’Anna es queda parada. El que ella explica al centre és una altra teoria. L’home, la dansa fàl·lica, l’acte procreador amb les dónes que dansen al seu voltant, la virilitat... què és això del solstici d’estiu?
    Del no res, un grup de dones i homes s’apropa. Són una vintena de persones. On són els mossos? I l’Albert? L’Anna corre cap al cotxe i es tanca. La noia surt de la reixa amb l’agilitat d’una gata, i s’afegeix al grup. Baixen cap a la vall del riu. Ella tremola, veu com s’allunyen. La noia mira enrere, somriu i aixeca la mà. L’Anna fa el mateix. Els perd de vista, té el cor desbocat. Ara no veu ningú, no pot reaccionar.
    S’escolten sirenes. No sap quant de temps ha passat. Només pensa que ha d’escriure tot el que li ha dit la noia, la història és diferent!. Està molt excitada, què li explicarà ara a l’Albert? I als mossos?
    JOVE
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    Casiopea

    Casiopea

    Nunca vira tal cousa. Augamares cabeza abaixo axitando as súas extremidades hacia arriba, turrando contra o fondo dun acuario! O luar filtrábase dende a superficie do mar a través da claraboia. Abondo para comprobar que era medianoite co meu reloxo de man. O acuario agochábase no medio da parede do gran salón.

    Nese intre avanzou alguén entre as sombras. A presenza sobresaltoume mais axiña recoñecín de quen se trataba. Aquel home prendeu un dos seus cigarros de algas e comezou a falar:

    -Velaquí a Casiopea, a augamar invertida. Estes especímenes recollímolos na nosa derradeira visita ó Caribe. Son criaturas moi especiais.
    -Abofé que si. Nunca imaxinei augamares puxando no chan e contravindo de modo tan desconcertante a súa condición.
    -O comportamento de Casiopea é absolutamente normal querido profesor. Para entendelas deberá fixarse nos seus pés, tinxidos dunha intensa cor verde. Agora poderá observar mellor do que lle estou a falar.

    Cun resorte oculto debaixo do acuario alumou o volume do mesmo, que puiden calcular en non menos de oitocentos ou mesmo ata mil litros.

    -Ese verdor procede dos infusorios que medran no interior das augamares. Coa fotosíntese fabrican o alimento que precisa o seu hóspede para sobrevivir. É por iso que Casiopea adoita mostrarse invertida: para favorecer a súa proliferación.
    -Nunca deixa vostede de sorprenderme. Son fermosas e agora que me revelou a súa natureza non podo máis que admirar o inxenio e agarimo co que manteñen as algas. Coma nunha horta. ¿Pero qué sacan elas mesmas de proveito?
    -Non seña inxenuo. Os infusorios poderían vivir libres a mercé das correntes, mais tamén dos depredadores! As augamares ofrecen refuxio e alimento xa que os detritos do seu metabolismo posúen nutrientes esenciais para a fotosíntese. Só esixen un pouco de dedicación por parte do hóspede, que vive o revés para que poidan dispor dunha boa dose de luz.

    -¿E o seu nome? Casiopea é unha constelación do ceo boreal. Seguramente saberá vostede tamén se existe algunha conexión entre augamares e estrelas.
    -En efecto. Na mitoloxía grega Casiopea foi castigada por Poseidón quen a amarrou a unha cadeira, de xeito tal que cando rota a bóveda celeste fica a metade do tempo cabeza abaixo.

    Dito isto deu por rematada a conversa. O home apagou a luz, esmagou o cigarro nunha cuncha e afastouse entre as sombras. Fiquei alí, mirando as augamares afanadas en manter os pés cara arriba cun anhelo que xa non me semellaba infrutuoso…
    MOZO

TALLER

NUEVAS NARRATIVAS DE CINE. GÉNERO Y CIENCIA FICCIÓN

4 de junio 2019, 17:00 horas

Residencia de Investigadores (anfiteatro)
Hospital, 64, Barcelona

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