Ser diferente

Me apuntan con una pistola y me dicen que me ponga las manos detrás de la nuca, lo hago. Me dicen que me arrodille al suelo, lo hago. Me dicen que deje las armas en el suelo, me quedo de piedra. Me vuelven a decir que deje las armas en el suelo pero esta vez les contesto. Me disparan en el pie, de golpe siento unas sirenas y un fuerte estruendo. No sé de donde provienen todos estos ruidos, veo un fuerte flash y caigo al suelo desmayado.
Veo una serie de imágenes en mi cabeza pero me faltan piezas de la historia para poder encajarlas todas. No lo acabo de entender. Noto como alguien me llama, mis pensamientos se desvanecen, todavía no he abierto los ojos. Me parece que es mi mujer que me llama, pero cuando abro los ojos veo que no lo es. Veo un hombre alto y robusto, vestido de uniforme y armado. Entonces me acuerdo, miro donde estoy sentado, un banco de madera en una celda larga y estrecha, oscura y con unos barrotes que me separan de aquel hombre. Por último me miro el pie, antes de hacerlo deseo que sólo hubiera sido un sueño, pero veo que no. El hombre me ordena que me ponga de pie, lo hago me dice que me ponga las manos detrás de la espalda, lo hago. Me esposa, me abre la puerta y me ordena que salga. Sigo pensando, no entiendo nada. Que hago yo aquí? No lo sé. Porque me dispararon? No lo sé. Porque me tienen arrestado? No lo sé. Lo último que recuerdo es que estaba comprando en el supermercado. Trabajo once horas al día, estoy casado, tengo dos hijas, tengo tres bocas para alimentar en casa y no tengo suficiente dinero para todo, eso es lo único que sé.
Cuando vuelvo a la realidad estoy sentado delante de un hombre diferente al de antes. Ante mí hay una mesa y al otro lado un hombre de mediana edad vestido de uniforme. Me mira y me dice que porque lo hice. No sé qué responderle. Aquí los minutos pasan muy lentos, parece que un segundo sea
una eternidad, que el reloj colgado en la pared no quiera avanzar, que todos los relojes paren de contar, que el mundo me caiga encima. Pero yo simplemente les digo la verdad. Yo no hice nada.
Cuando el hombre que llevo dentro está a punto de abandonar y aceptar lo que aquel hombre me está diciendo, un hombre entra corriendo en la sala. Le susurra algo al oído al otro hombre, este coge su chaqueta y marchan las dos corriendo como si yo no estuviera. Sin decirme nada me dejan solo, esposado a la silla. Pasan horas y horas, nadie me viene a ver, nadie me dice nada, nadie me viene a dar comida, nadie hace nada, parece que esté solo en este mundo, pero de golpe la puerta se abre. Entran los dos hombres que antes habían marchado me los miro y me preguntan que si conozco otro hombre que ha entrado con ellos. Lo miro, un hombre de pelo negro, de ojos azules, alto, bien vestido, y blanco de piel. Les respondo que no y me dicen “quedas libre”. No entiendo nada. Me quedo sentado en la silla, me desatan, me levanto y antes de salir por la puerta me giro, miro por última vez a estos tres hombres. Tres hombres blancos, sentados uno en cada silla, dos en un lado y uno al otro y pienso que el que está solo nunca sería capaz de hacer nada. Grabo esta imagen en mi memoria. Salgo de la sala y cierro la puerta. Cuando salgo veo un hombre también vestido de uniforme que me explica que es lo que ha pasado. Cuando termina le doy las gracias y me voy. Cuando llego a la calle me siento en el primer banco del parque, me pongo a mirar a la gente como pasea, a mí me miran con caras de desprecio como si yo fuera una historia de miedo, pero yo los veo a ellos felices y como unos aman a los demás.
De camino a casa cojo el metro, veo como un asiento libre a mi lado nadie se sienta. Prefieren ir de pie que a mi lado. Ahora lo veo, el mundo está del revés. Antes paseaba y nadie se fijaba en mí. Ahora todo el mundo me intenta evitar, me apartan las miradas y se alejan de mí. Lo único que he hecho ha sido tener más melanina que ellos. Ser diferente.