Relatos

  • ADULTO

    ¡Enhorabuena, eres el primero!

    ¡Enhorabuena, eres el primero!

    Escribo estas palabras para quien las encuentre al lado de mi cadáver. Si has recogido esta nota del suelo de mi apartamento en la calle 6, ¡enhorabuena has sido el primero! Por contra, si te encuentras ahora mismo en el interior de la bóveda del Banco Central de las Vegas, ¡enhorabuena, has sido tú el primero! No entiendes nada, ¿verdad? Tranquilo, la mecánica cuántica es anti-intuitiva por naturaleza. Incluso las mentes más brillantes, como el mismísimo Einstein, la negaron hasta el día de su muerte.
    Pero..., ¡qué mal educada soy! no me he presentado. Me llamo Amy Schrödinger. ¿Te suena mi apellido? A lo mejor has oído hablar de la historia del gato en la caja, el que está vivo y muerto a la vez; ¿sí? Bueno, pues el autor era mi tatarabuelo. Fue un físico muy famoso, le dieron el Nobel por la ecuación que lleva su nombre. Pero, ¿qué tiene que ver todo esto mi cadáver? Muy sencillo, yo soy como el gato.
    Todo se remonta a principios del S. XX. Por aquel entonces mi tatarabuelo contribuía al nacimiento de la mecánica cuántica, la teoría que describe el comportamiento de las partículas subatómicas y sus propiedades imposibles. Mi abuelo consiguió explicar el experimento de las dos rendijas. Es algo parecido a lo del gato, pero más sencillo. Imagina que disparamos una partícula hacia una pared que tiene un agujero, ésta puede atravesarlo o impactar en el muro, ¿no? Pero… ¿qué pasa si en lugar de un agujero hacemos dos? Fácil… entrará por uno de los agujeros, por el otro, o se estrellará contra la pared, ¿verdad? ¡Pues no! Los experimentos demostraron, sin género de dudas, que la partícula entrará por los dos agujeros, ¡a la vez! Y… ¿qué demonios significa eso? Pues, lo que parece, que las partículas subatómicas pueden estar en dos sitios simultáneamente. Como yo ahora mismo, que me encuentro escribiendo esta nota en mi apartamento y, a la vez, bajo toneladas de hormigón en la bóveda de un banco.
    Ahora viene lo interesante... los científicos no se lo acaban de creer, así que pusieron un detector en cada uno de los agujeros. De esta manera podrían saber por cuál de los dos entraba la partícula. Su sorpresa fue mayor, cuando registraron la partícula simultáneamente en los dos agujeros. ¡Salvo en un caso! Cuando los científicos se quedaban mirando el experimento, la partícula solo se detectaba en uno de los agujeros. Esto se denominó el colapso de la función de onda por parte de un observador. Dicho simple: si alguien mira se rompe el hechizo.
    Hasta aquí la historia oficial: mi tatarabuelo crea su teoría, gana el premio Nobel, los americanos crean la bomba atómica, etcétera. Lo que mi familia ha mantenido en secreto, no obstante, es que mi tatarabuelo no solo inventó una ecuación, si no que descubrió la manera de bilocarse, igual que las partículas.
    Mi familia ha mantenido en secreto y perpetuado este don generación tras generación. Mi pobre tatarabuelo nunca se perdonó haber contribuido al horror de Hiroshima y Nagasaki, así que mantuvo en secreto lo que, creía, podía convertirse en un arma aún más devastadora. Le prohibió a su hija usar el poder bajo ningún concepto salvo en caso de emergencia y le hizo prometer que ese juramento se perpetuaría en las generaciones venideras; y así fue. Bueno, hasta día de hoy. Digamos que... yo no tengo la fortaleza moral de mis ancestros. Aunque, ahora veo que pagaré cara la traición a mi linaje.
    Decidí que ya estaba harta de currar en un KFC. ¿Por qué tenía que servir pollo frito si podía tele-transportarme dónde quisiera? Robaría un banco: de noche, me bilocaría dentro de la cámara acorazada, mientras mi otro yo esperaría confortablemente en el sofá de casa. ¡Chupado!... ¡Ah!, me olvidé de deciros que, por desgracia, mientras uno está bilocado solo puede desplazarse en unos pocos metros en cualquiera de las dos ubicaciones y solo puede abandonar ese estado cuando alguien lo observa/colapsa. Como el gato, que hasta que alguien no abre la caja no está ni vivo ni muerto.
    Mi plan era esperar agazapada en la bóveda a que alguien de la limpieza entrará, dejarle inconsciente con mi taser y escapar tranquilamente con el dinero. No contaba con que, justo ayer, el banco fue desalojado por reformas y permanecerá cerrado dos meses. ¡Estoy atrapada! No puedo salir de la caja fuerte ni abandonar la habitación de mi apartamento. Llevo una semana sin comer ni beber y creo que pronto moriré.
    Así que ahora mismo, tú, observador, acabas de colapsar mi función de onda haciendo desaparecer mi otro cadáver; Y la única prueba de lo que acabo de contarte es una nota idéntica a ésta, en la bóveda de un banco o en el suelo de mi ruin apartamento.

    ¡Todo sea por la ciencia y el progreso!

    ¡Todo sea por la ciencia y el progreso!

    Me llaman pesimista, así soy; es innegable.
    Aunque no he sido siempre así, he cambiado con los años. Ahora que estoy en época de mamografías, pastillas para la tensión y vino en vez de ansiolíticos, me inunda el pesimismo. He de decir que con cierta indiferencia y pasotismo, con la absoluta certeza de que no hay nada que pueda hacer por cambiar las cosas. Pero si hay algo que me ha hecho ilusión en esta vida, es mi carrera profesional; por lo menos cuando empecé. ¡Qué tiempos aquellos en los que tenía grandes aspiraciones científicas! Metas que cualquiera hubiera concebido como inalcanzables, menos yo. Salí del instituto con unas notas brillantes, pude elegir la universidad y carrera que me dio la gana. Era una chiquilla crítica y desencantada con el sistema pero con la intención de cambiarlo.
    Me gradué con unas notas mediocres, porque a pesar de todo, no era ningún genio además de que la depresión había llamado a mi puerta un par de veces durante el grado. Pero conseguí terminar Biología… Años después, un máster. Me sirvió de bien poco, puesto que en todos aquellos años de estudio mis aspiraciones fueron ahogándose en alcohol y antidepresivos. Realicé un curso de Manejo de Animales de Laboratorio, y con aquel currículum resultante mínimamente decente, me metí de simple técnico de laboratorio en una investigación de una empresa de automóviles. Podía aspirar a más, pero el tiempo me había cambiado... me conformaba con un trabajo simple y un buen sueldo.
    Con mis recién cumplidos treinta y cinco años, empecé en aquel proyecto. Al principio no hacíamos mucho, trabajamos con ratones, cobayas y poco más… Luego empezamos a trabajar con primates, lo cual me sorprendió puesto que la legislación es muy dura con estos animales. Pero bueno… eran simples animales, yo hacía mi trabajo sin pedir muchas explicaciones. Teníamos que estudiar los efectos del gas que generaban los coches diésel en grupos de primates, si los resultados fueran positivos incluso se testaría en humanos. Lo cual, jamás sucedió. Durante meses y meses, lidié con los pobres animales que morían uno tras otro; la jefa de equipo no se daba por vencida con la investigación, rozaba casi la ilegalidad. Al principio, me era indiferente, pensaba “Esto es ciencia, así son las cosas… Es necesario”. Pero poco a poco, a medida que pasaba más tiempo con estos animales, empecé a ver humanidad en ellos. Una tarde de abril en la que estaba especialmente vulnerable, vi la agonía en sus ojos, la desesperación porque aquella tortura acabase. Me planteé, el cómo estos animales sufrían… Biológicamente, sufren exactamente igual que los humanos. “Si me pusieran en su lugar, me ahogaría, sufriría y moriría de la misma exacta manera” pensé, con cierta indiferencia aún. “Así son las cosas, yo como humana tengo valor para esta sociedad, tengo derechos. Lo siento, es así”, repetía en mi cabeza mientras les veía morir. “Estos seres… ¿En qué me diferencio de ellos? Bueno, yo utilizo un móvil y cago en un váter como dios manda” me reí.
    Mis compañeros de equipo, jóvenes e idealistas, se llevaban las manos a la cabeza cuando compartía mis ideas. Ellos, casi barbilampiños y con las ganas de cambiar el mundo intactas, defendían los honorables objetivos de la investigación: un mundo más limpio, más sano. El objetivo, ante todo, era reducir nuestro impacto ambiental. Me lloriqueaban y pataleaban, sobre cómo había que mejorar las condiciones de los pobres animales. Pero a fin y al cabo, más grandes o más pequeñas, las jaulas seguirán siendo jaulas. La tortura continuará, seguirán muriendo encerrados.
    “En fin… así son las cosas, ¿No? Cazamos cocodrilos y elefantes; nos comemos a los cerdos; nos vestimos con las vacas; investigamos con todos ellos, les inyectamos cosas, les analizamos, les vemos morir… con ello hacemos ciencia. Bueno, ¡y cremas antiarrugas! Nosotros somos humanos, tenemos el derecho de hacernos viejos y guapos. Así hemos construido nuestras grandes ciudades, así hemos llegado a la Luna… así avanzamos, así aprendemos y así construimos. No es natural, reconozcámoslo, es cruel y mezquino… pero en fin, nos encogemos de brazos y alzamos la voz ¡¡todo sea por la ciencia y el progreso!!”.
    Suspiro…
    Creo que tras tanta cháchara me he confundido con la faena… Me hubiera gustado escribir un relato fantástico sobre las maravillas de la ciencia, pero es inevitable... Cada vez que pienso en ciencia pienso en mi triste carrera, en aquel experimento, en la crueldad humana, en la mirada de aquel macaco despavorido.
    Me termino el vaso de vino, no tengo la cabeza para cuestiones tan trascendentales.

    ¿Quién vigila al vigilante?

    ¿Quién vigila al vigilante?

    La música estaba demasiado alta y el local estaba lleno, así que no le oía muy bien. Y sí, me había gastado más dinero bebiendo del que llevaba encima, pero el tal Dick no paraba de hablar y además me seguía invitando. No veo qué tiene de malo. Me cayó bien, y todas las chicas le conocían.

    El caso es que contaba historias constantemente, y aunque me dijo que era científico o ingeniero seguro que fantaseaba un poco. Nadie podía haber hecho todas esas cosas, pero eran divertidas y tampoco me importaba. Yo sólo quería emborracharme y olvidar mi vida un rato. Ya no tenía casa, ni mujer, ni galería, ni nada. Nada. A mi edad.

    [Por qué les cuento esto. Ni siquiera sé por qué estoy aquí.]

    Aquel tipo no era como los que se ven en estos locales, pero tampoco parecía un científico, era otra cosa. Le dije que yo era pintor, y que los científicos se pierden la belleza de la vida y del arte, siempre con sus análisis y sus pruebas, diseccionándolo todo. Pero me hizo cambiar de opinión para siempre. Me dijo, "Imagina que viajas a Europa". No paraba de hacer acertijos, así que pensé que sería otro más. Me gustaban.

    [No dejan de mirarse. Está claro que le reconocen.]

    "Supón que vas a Italia, y que allí visitas Florencia, Roma y Venecia, y ves todas esas maravillas. ¿Prefieres hacerlo tú solo, mudo y sordo, o con alguien experto, que te explique todas las historias que hay detrás de tanta belleza? Pues eso hace la ciencia con el mundo, poco a poco". No supe qué decir. Tenía razón.

    Pero luego, después de más copas con historias increíbles de samba y azafatas, se quedó en silencio un rato. Habían quitado la música y pronto empezarían a recoger. Es como si todo ese festival de anécdotas hubiera sido un paréntesis para él, y había terminado. Se había quedado muy serio, mirando el vaso vacío. Estaba claro que algo concreto le preocupaba.

    Así que me volvió a hacer una de sus preguntas, pero esta vez sin brillo en los ojos, sólo mucha intensidad. Ya no estábamos de broma, y me preocupé un poco. Me dijo, "¿alguna vez has perdido a un ser querido?". Por costumbre pensé en mi mujer. Exmujer. Pero ya no era un ser querido y además estaba viva. Así que le dije "Mi madre. Murió el año pasado".

    [Mi madre. Nada ha salido como ella hubiera querido. Pero esto a ellos no les importa. Quiero salir de esta habitación. Cuanto antes.]

    "Perfecto", siguió Dick. "Ahora imagínate que tienes la oportunidad de salvar a tu madre. A muchas madres. A todas las madres de este país. Más aún, que puedes ganar la Segunda Guerra Mundial. ¿Lo harías??" Parecía otra persona, gesticulaba mucho y me pareció un poco loco.

    "Claro", le dije. "¿Y quién no?". Empecé a estar incómodo. Se me quedó mirando un momento.

    [Me miró con lástima. Me miró como a un niño que no comprende los problemas de los mayores. Y supe que la pregunta no era para mí, sino para él.]

    "Y si para salvar esas vidas tuvieras que matar a alguien, ¿lo harías personalmente? O apretando un botón, ¡qué más da!". No me dejó ni pensarlo. "¿Y si murieran cientos de miles? ¿Acaso importa, si salvamos a millones? Pero la cuestión es, ¿lo harías tú?"

    "Nada te garantiza que la guerra no se vaya a volver a repetir, solo que quizá la próxima vez las víctimas seremos nosotros. ¿Y entonces qué? ¿De qué ha servido?" Seguí callado, abrumado.

    "Pero hoy es hoy. Y hay que hacerlo". Se había contestado a sí mismo, y yo no sabía qué decir.

    Estaba claro que allí terminaba la noche, así que nos levantamos y nos fuimos. Nos separamos al salir, y nunca le he vuelto a ver. Ya les digo que era simpático pero no estaba muy bien de la cabeza.

    "¿Nada más?"

    "No."

    "Muy bien. Puede irse, y si necesitamos algo más le llamaremos".

    [No dije exactamente la verdad. Nunca se contestó sus propias preguntas. Pero está claro que ellos le vigilan y sé lo que tengo que decir para evitarle problemas. Dick me había inspirado, me había parecido lleno de vida y capaz de todo, y le deseaba lo mejor. Además, ¿quién les vigila a ellos? Que les den. Sonrío satisfecho, con ilusión, como hace tiempo que no hacía. Quizá aún no haya dicho mi última palabra en la vida, y se lo debía a aquel científico loco.]

    La puerta se cerró, y aquellos dos hombres cerraron sus carpetas. Parecían satisfechos con la información. Feynman seguía en el Proyecto, aunque no había que perderle de vista.

    12 DE AGOSTO

    12 DE AGOSTO

    12 de Agosto de 1994,
    El bochorno estival proclamaba a gritos la crónica de una tormenta anunciada. El parque iba quedando huérfano de niños alborotando en sus ya desgastados columpios a medida que el cielo se teñía de gris. Jugábamos a la comba cuando, de repente, una virulenta ráfaga de aire hizo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo. Sentí el roce del cemento en mis manos. Levanté la cabeza para incorporarme y me di cuenta de que mis amigas habían salido corriendo asustadas por las inclemencias meteorológicas. Todas, excepto Claudia: “¿Estás bien, Ana? corre, vámonos a casa o nos mojaremos” – farfulló dando nerviosos tirones a mi camiseta. “Sí, estoy bien, vamos” – me apresuré a contestar mientras posaba la vista en mis pequeñas y magulladas manos. Ambas corríamos agitadas rumbo a casa cuando, de repente, oí un murmullo estremecedor. Era cada vez más fuerte. Parecía un rugido. Me quedé paralizada unos segundos mientras, Claudia, ajena a mi delirio infantil, continuaba su ardua carrera temerosa de la reprimenda de su madre.
    Sonaba aterrador, pero tan cautivador al mismo tiempo que no pude evitar poner rumbo a lo desconocido. Cual invidente, dejé que mi oído guiara mis pasos. En pocos segundos, tan sólo a escasas decenas de metros de donde me había detenido, había encontrado el origen de aquel sonido: el mar. El viento arreciaba cada vez más. Con esfuerzo y a duras penas, llegué hasta la cresta de la duna, que había aumentado sustancialmente su altura gracias a un sistema de empalizadas colocado años atrás. Sentí la humedad de la arena en mis pies descalzos mientras el viento hacía volar mi melena. Allí, abrumada ante tal espectáculo, me senté en posición fetal. Me sentí diminuta ante su imponente presencia. El mar parecía infinito, feroz. Había una fuerte marejada: las olas eran altas y sus crestas estaban cubiertas de espuma. El oleaje erosionaba el lecho marino, cargando el agua de sedimentos en suspensión. Los arribazones de Posidonia oceanica se acumulaban en la costa tras haber sido arrancados por el energético oleaje. En las cercanías del espigón, el oleaje se reflejaba violentamente, generando olas todavía más altas. La presión atmosférica era baja y el nivel mar había ascendido. El agua cubría parte de la playa, que parecía haber menguado.
    De pronto, un fuerte trueno me hizo volver a la realidad. Un escalofrío recorrió mi pequeño cuerpo de escasos treinta kilos. Estaba completamente empapada. Si no volvía pronto a casa, mamá me reñiría. Bajé la duna por sotavento y corrí tan rápido como mis canijas piernas me permitieron. Cuando llegué a casa, mis padres no estaban. Respiré aliviada. Subí al cuarto de baño y me di una ducha calentita. Me cambié de ropa y me senté en el sofá. En ese mismo instante, me di cuenta de que ya era tarde. La escena que había presenciado esa tarde había penetrado en mi mente de tal forma que sería imposible olvidarla. Me di cuenta de que permanecer sentada en la orilla del mar, cual espectadora, era demasiado banal, anodino. Me di cuenta de que quería sumergirme en sus entrañas, desgranar sus secretos. Me di cuenta de que yo, niña de ciudad de tan solo ocho años, había descubierto hoy la grandeza del mar. Su canto: a veces acuna y otras aterra. Su aroma: inconfundible, a sal. Su energía: incesante vaivén de olas y mareas. Su vida: desde invisibles microorganismos hasta enormes cetáceos. Su historia: preservada en sus sedimentos. Su inmensidad: ocupa hasta un 75% de la superficie de nuestro planeta.
    Oyó la puerta de casa cerrarse. “Mis padres deben haber llegado “– pensó. Entonces abrió los ojos. ¿Cómo era posible? Estaba en su habitación y tan sólo había sido un sueño. Había sido tan maravilloso, tan real...

    12 de Agosto de 2014,
    Ana salía del trabajo agotada tras una extenuante jornada laboral. Se dirigía hacia la parada del autobús mientras reparaba en la enorme cantidad de datos que se empezaban a acumular a la espera de ser procesados. Aquellas simulaciones que tanto había costado diseñar, estaban por fin generando resultados. Ya sentada en el autobús, cerró los ojos. Era 12 de Agosto. Habían pasado veinte años desde “la gran tormenta”, como ella misma bautizó. Como cada 12 de Agosto, Ana, se sintió afortunada. Y es que, en ocasiones, la vida nos enfrenta a situaciones que hacen que cambiemos el rumbo y caminemos hacia destinos jamás imaginados. A Ana, no le importaba que creyeran que era bióloga marina. Tampoco que la imaginaran cual lobo de mar buceando en Maldivas. Tampoco que no recordaran el nombre de su profesión. “¿Cómo se llama a lo que te dedicas? “ “Oceanóóóóóógrafa, iaia”. Para Ana, desde aquel 12 de Agosto, el mar es un compañero de viaje. Desde aquel día, soñar es la única manera que Ana conoce de vivir.

    3, 2, 1

    3, 2, 1

    Isidro fue a por una cerveza y conoció a un tipo. ¿Sabes lo qué es el tiempo? Le dijo el tipo. Claro, dijo Isidro, relojes, segundos, minutos, horas, años. Eso no es el tiempo, dijo el tipo. La historia, las civilizaciones, auges, caídas, planetas, ¡el cosmos! Tampoco, dijo el tipo. La cuarta dimensión, la entropía, ¡la muerte! No, no, dijo.
    Entonces, ¿qué es el tiempo?
    ¿Quieres saberlo?
    Pues claro, dijo Isidro.
    Llevó a Isidro a su cabaña. En medio del bosque. El interior olía a incienso y animales muertos. Había varias camas, escritorios, papeles aquí y allá, por las paredes. Una mesa con juego de té en el medio. Aves y mamíferos pequeños en el fregadero.
    Algo más llamó la atención de Isidro. Sobre la mesa, junto a las cosas de té, parecía una escultura de papel, con forma de flor gigante, fabricada con picos de pato. Daba igual desde donde se mirase, ¡siempre tenía el mismo aspecto!
    En esta silla, dijo el tipo, reflexiono sobre las grandes cuestiones: números pares e impares, escrituras sagradas, extraterrestres, patos.
    Era su voz, las palabras salían de su boca con una forma definida. Los sonidos empaquetados llegaban a la cabeza de Isidro, resonaban en armonía avanzando y después hacia atrás y volvían a empezar. Estaba atado a ese tipo y sospechó Isidro cuando vio sus pezuñas que este no podía ser otro que el demonio.
    El tiempo, dijo, es el enigma máximo que enfrenta el hombre. Antes de saber lo que es deberás leer a los genios que casi lo consiguieron descifrar: Bergson, Einstein, Wells, Hinton, Minkowski.
    Pero date prisa, añadió. En cualquier momento, a todo el mundo se le acaba el tiempo.
    Muchos años estuvo Isidro dentro de la cabaña, leyendo y estudiando a las grandes mentes. Isidro pensó que todos los libros del mundo debían de estar allí. Reflexionó hasta puntos de claridad que nunca pensó que su cerebro soportaría sin derretirse.
    Comían lo que el tipo cazaba en el bosque. Ardillas, musarañas, conejitos que Isidro cocinaba porque el tipo comía los animales crudos. Detrás de la cabaña estaba el corral de los patos. Mientras Isidro leía, el tipo miraba los patos corretear: ¡cuac cuac!
    Estudiaron juntos la región del cerebro que crea la ilusión del tiempo. Ofreció a Isidro sustancias que distorsionaban esta ilusión y amplificaban la percepción, se expandía en todas las dimensiones como un chicle bien masticado.
    El pelo de Isidro se fue cayendo, su piel se llenó de escamas. Parecía que todo cuanto se había escrito sobre el tiempo estaba ya en su cabeza, su investigación llenó miles de páginas, estaba muy cerca de desvelar el enigma máximo. Pero una tarde de bochorno se acabó el tiempo para Isidro: dejó los libros, fue a por una cerveza, salió al corral y un pato le mordió la mano.
    En la cama, a unos segundos de morir, Isidro le dijo al tipo: tú no envejeces, ¿es posible que vivas al margen del tiempo, tú que conoces ese misterio mejor que todos los libros de tu cabaña? Dime de una vez qué es el tiempo.
    ¿Seguro que quieres saber qué es el tiempo?
    ¡Sí!, gritó Isidro.
    Yo no lo sé. Pensé que tú podrías descubrirlo, que serías el primero. No ha podido ser, pero tu trabajo será de gran ayuda para mi siguiente alumno.
    Isidro murió, una densa luz blanca cubrió su cuerpo y después se desvaneció. Tenía una sensación de congestión en la garganta, pero no había garganta, nariz que oscila ni pecho que se infla con dificultad. No sentía su cuerpo ni los años pasados. Contaba segundos pero ¿para qué?, no sabe cuánto dura un segundo. Imposible saber cuánto tiempo había pasado. Aquí no existe el tiempo, observó Isidro. Y volvió a pensar en el tiempo, tenía todo el tiempo del mundo.
    Ahora Isidro está a punto de descubrir qué es el tiempo, y cuando lo consiga el tiempo volverá a correr, una tremenda explosión de la que todos venimos en: 3, 2, 1.

    Átomo a átomo

    Átomo a átomo

    Teseo ha ganado algo de ventaja en el último recodo del laberinto. Ha sido una buena idea embadurnarse con el moho que impregna las paredes. Gracias a eso ha podido dis-traer al olfato del monstruo durante unos segundos cruciales para escapar de su embes-tida y tratar de ganar la salida. Pero ahora el miedo le hace sudar copiosamente y la mugre ya no es suficiente para enmascarar su olor. ¿Qué puede hacer? Por más que corre no consigue ganar el suficiente terreno como para descansar un momento y darles tregua a los músculos de sus piernas. El cerebro le va a mil por hora y no consigue recordar dónde ha perdido el hilo que le dio ella para encontrar la salida. Si fuese capaz de volver sobre sus pasos tan solo un momento. ¿Cuánto tiempo debe hacer que deambula como un loco por esta pesadilla? Una vida entera en penumbra, perseguido por una bestia mitad hombre, mitad toro que solo piensa en devorarle sin piedad. Si sólo tuviera un golpe de suerte. Recuperar la madeja que le lleve al fin a la luz de los ojos de Ariadna.
    Los bramidos cesan. Ya no siente el aliento animal en su nuca. ¿Será posible que haya conseguido burlar al monstruo en su propio reino? Se detiene exhausto. Agudiza el oído intentando captar el más leve indicio de movimiento. Nada. Avanza unos metros más. Escucha. Nada. Gira a la derecha. Ahora la oscuridad es prácticamente total. Palpa una pared delante de él. Silencio. Apoya su espalda contra el muro y se deja caer. Solo un instante. Para coger fuerzas. Toca con las manos la tierra. Toma un puñado. Algo real. Encontrará la salida. Se levanta y tropieza con algo. ¿Qué es eso? A tientas adivina la silueta de un cráneo ¿humano? No es el único, hay más. ¿Dónde se ha metido? Ha caído en la trampa.
    Como salido de la nada el Minotauro obstaculiza la única salida posible. En el pecho de la bestia el corazón late tranquilo. Sabe que ha ganado. La presa está a sus expensas. Sus ojos bovinos le miran con sorna. Dos astas afiladas esperan el momento oportuno para destrozarle el cuerpo. Sabe que no será una muerte agradable.

    —Suficiente por el momento. Ven aquí, amiguito.

    En el laboratorio de nano robótica el profesor Freeman pulsa el botón de apagado de la cámara de alta resolución que ha estado grabando la primera prueba del proyecto en el que está trabajando. Analizará las imágenes más tarde. Con todo detalle. Sin embargo, le gusta registrar una primera impresión de lo que ha observado con sus propios ojos a través de la lente convergente. A una orden de su voz se conecta el micrófono del bloc de notas del ordenador.

    —Technological Engineering Specimen: Evaluation One (T.E.S.E.O). Tiempo de dura-ción dieciocho minutos y veinte segundos. Ya en la primera prueba, se aprecia una clara capacidad del nano robot para desarrollar capacidades de aprendizaje y adaptación que no le han sido injertadas en su software cerebral. Nota: verificar si dicha característica se debe a recuerdos residuales procedentes de las células neuronales utilizadas en el prototipo. Estudiar como las sinapsis biológicas interactúan con los componentes metálicos para optimizar la orientación espacio-tiempo.
    Es necesaria una mejora de las capacidades motoras del espécimen. Las microfibras de biomasa muscular no se han anclado de manera óptima al esqueleto de titanio altamente eficiente. A pesar de las carencias observadas, el proyecto T.E.S.E.O ha conseguido establecer por sí mismo relaciones de causa-efecto de alta complejidad que no se habían observado hasta la fecha en nano robots sin componentes biológicos.—El profesor consulta su reloj.—Cierra micrófono.

    ÁTOMOS PRESTADOS

    ÁTOMOS PRESTADOS

    Brígida apagó su Ipad. Había investigado la huella digital de su próxima cita, pero Gregorio debía cuidar muy bien su privacidad, tan sólo un perfil en Facebook con apenas actividad. Su suscripción en Loveconnection debía ser premium, porque no había ninguna entrada relacionada al teclear Gregorio Sánchez Medina en el buscador.
    Empezaba el ritual antes de una cita, tenía que arreglarse. Estaba en esa edad en la que según su compañero Marcos las mujeres son invisibles. Marcos era tan irritantemente machista como tantos, y esos comentarios vomitados como sentencias eran perdonados por algunas gracias a su irresistible atractivo físico. Por eso Brígida cuidó los detalles al acicalarse, no quería disfrazarse de hembra apetecible y encontró el equilibrio con un favorecedor vestido azul y maquillaje discreto.
    Cuando llegó al lugar del encuentro, localizó rápido a Gregorio, era el único hombre solo sentado en una pequeña mesa. De entrada, en la categoría “atractivo físico y presencia” de su rúbrica de evaluación mental, obtenía la mejor puntuación. Pero había más categorías con sus correspondientes indicadores de logro y satisfacción. Los años y la intuición se aliaban con Brígida y ya sabía que había obtenido la máxima puntuación de Gregorio en la categoría primera impresión desde la óptica varonil. Los ojos y el lenguaje corporal de Gregorio no mentían.
    Tras unos minutos rompiendo el hielo con presentaciones y banalidades, ella apreció en Gregorio ese sello de genialidad que reconocía en algunas personas. En su descripción de la página de contactos decía que tenía estudios universitarios y que trabajaba en actividad comercial, parecía equilibrado, reparó en sus modales correctos, y sus habilidades sociales indicaban que estaba acostumbrado a desenvolverse en cualquier tipo de ámbito, por lo que a grandes rasgos prometía ser un ejemplar masculino de aceptables cualidades físicas y humanas . Cuando llegaron al apartado del guión “oficios y beneficios”, Gregorio contó que tenía una empresa de servicios de innovación en el sector funerario. Brígida sorprendida, pensó en cómo se reformulaban los nombres de actividades tradicionales por puro interés comercial y publicitario, ¿por qué no decía que era dueño de una funeraria? ¿quizás de un crematorio ecológico? Ella trató de ser original y le preguntó si fabricaba ataúdes de material fosilizable o tenía una flota de coches funerarios de lujo. A Gregorio le brillaron los ojos y una microexpresión de su rostro delató una sonrisa furtiva mientras pensaba que aquella mujer era diferente. Normalmente se enfrentaba a preguntas tan predecibles cómo: ¿trabajas con difuntos? mientras les cambiaba la cara, unas por estupor, y otras con intereses más materiales y terrenales vislumbrando un negocio de clientela asegurada. Esta vez se sintió confiado para contar que ofrecía un servicio funerario especializado en crear objetos personalizados con impresión 3D a partir de cenizas de la cremación. El morbo empujó a Brígida a preguntarle por algún personaje público solicitante del servicio, y por el objeto más original que le habían pedido. Lógicamente él fue discreto. Ese detalle sumó puntos en la rúbrica y continuó interesándose por detalles técnicos, su formación en Químicas despertó la curiosidad por saber las proporciones de cenizas y aditivos necesarios para que los extrusores de la impresora fluidifiquen con la densidad y viscosidad adecuada. Así supo que se utilizan polímeros, metal y cerámica y que se trata de una tecnología con patente registrada.
    Brígida le planteó si era consciente de que las cenizas son materia inerte, una mezcla de sales de calcio y potasio, carbonatos y fosfatos, taninos y celulosa, con carbono en mayor proporción, en la que las diferencias están en las concentraciones en tanto por ciento de cada componente y en el color que aportan los residuos de la madera natural o sintética, los barnices y tapizado, y que en último extremo la diferencia la marca siempre el dinero. Comentó que el residuo tras la incineración es una cantidad astronómica de átomos identificados por su número atómico, que no nos pertenecen, porque la Naturaleza recicla, y reutiliza nuestros estables átomos de carbono 12 , mientras que en poco menos de seis milenios convertirá la mitad de nuestra muy escasa proporción de carbono 14 en nitrógeno que seguirá su propio ciclo. La insoportable conciencia de que no estaremos siempre, de que nuestra vida es un insignificante evento más en la historia del Universo y de que los átomos prestados que nos constituyen no llevan nuestra impronta explican la importancia de los rituales mortuorios a lo largo de la historia en todas las culturas.
    Mientras Brígida hacía esa reflexión, un torrente neuroquímico y hormonal se desencadenó en el cuerpo de Gregorio. La conversación había calado en su cerebro provocando un caleidoscopio mental con otras perspectivas desconocidas. Sin duda ella era vibrante, y deseaba aquella compleja y maravillosa organización de átomos cedidos, sin identidad más allá del número de protones. Sí tendría una segunda cita con Brígida.





    Babas de amor

    Babas de amor

    Tras unas horas de lluvia abundante, en una noche cualquiera, en un jardín cualquiera, escuchamos una conversación en susurros. “Querida gasterópoda, siento tu presencia cerca de mí”, pronuncia una voz apasionada. “Qué fortuna ha sido encontrarte”, replica otra voz, “¿cuál es tu nombre, bienhallado congénere?”, continúa. “Me llamo Eduardo, y también Elisa”, y demanda “dime el tuyo”. “Qué bendición la tuya, pues dos nombres tienes”, y sigue, “yo sólo me llamo René, sin distinción”, finaliza. Los caracoles se acercan lentamente a ritmo alterno de contracciones y elongaciones de su cuerpo, rodeándose el uno al otro. Los festejos amorosos para estos moluscos terrestres se toman su tiempo. Así que animamos al lector humano a que no desespere y siga leyendo.
    Eduardo-Elisa es un caracol maduro. Hace ya más de tres años que dejó atrás su etapa juvenil. Esta ocasión queda lejos de ser la primera en que se aparea. Su descendencia se cuenta ya por centenares. En cambio de René puede decirse que aún recuerda los días cuando su concha no era sólida aún.
    ¡Oh!, ya están tan cerca que sus tentáculos retráctiles se tocan, se dan caricias el uno al otro con ellos. Son preludios babosos, que cuentan también con mordiscos suaves. René toma la iniciativa, a pesar de su inexperiencia, y se sume en un abrazo pasional con Eduardo-Elisa. Sus cuerpos blandos se apretan formando una unión vertical, con sus conchas sujetando cual reposalibros. El trasiego amoroso continúa durante horas, pero avanzaremos para ahorrarle tantos detalles al lector. Y es que son ya seis horas que han transcurrido cuando Eduardo-Elisa decide lanzar el dardo del amor. Casi un centímetro de saeta de carbonato cálcico perfora el cuerpo de René, y ni dolor ni le placer causan. Eduardo-Elisa no está ejerciendo de Cupido gasterópodo, pues ese dardo no lleva amor. Son hormonas lo que lleva, para que sea su esperma el que fecunde los huevos de René, y no el del siguiente amante. Lanzador interesado es Eduardo-Elisa, quiere asegurarse la descendencia.
    Y ahora sí, ¡habemus cópula! René fecunda a Eduardo-Elisa, y a su vez, Eduardo-Elisa fecunda a René, de manera cruzada. También en el acoplamiento se demoran horas. Eduardo-Elisa ha ido esculpiendo sus habilidades de donjuán a base de apareamientos. Al final del encuentro se torna cortés y susurra a René, “Espero que no te haya parecido precipitado”, a lo que éste responde “en modo alguno”, y sigue “debo añadir que todo ha pasado en un suspiro a mi parecer”. Tras estas palabras, cada caracol toma una dirección y lentamente se alejan sus caminos. De la misma manera lo hacen los rastros de baba.

    Bajo las Aguas de Titán

    Bajo las Aguas de Titán

    Era muy habitual que los jóvenes de dieciséis años decidiesen enrolarse en algún viaje fuera de la Tierra. Trataban de vivir una aventura que contar a sus amigos y sentir un poco de adrenalina aeroespacial.
    Camino estaba bastante tranquila; miró a un lado, luego al otro y decidió por fin echar a correr. Rápidamente, se situó bajo uno de los módulo-lanzaderas con aspecto de submarino, abrió la escotilla y coló su delgado cuerpo entre el cableado del control de rendimiento.
    Un par de horas después.
    «Por fin estamos en ruta. A dónde llevará este buque…». No era ni la forma, ni la aeronave más habitual en la que colarse. Había traído solo unos pocos víveres porque había visto el número de chasis de estos buques tardar solo una semana en ir y venir.
    Cuando habían pasado unos tres días, sintió como si el buque estuviera precipitándose. Cada vez la caída era mayor y dudaba si aguantaría en ese habitáculo en caso de estar aterrizando. Entonces advirtió que había una silla auxiliar de aterrizaje. Comenzó a girar unas pequeñas tuercas para abrir el panel frontal y acceder al interior de la nave; cuando lo consiguió, solo tuvo tiempo de agarrase a la silla y atarse el cinturón antes de desmayarse por el repentino impacto.
    Mientras tanto, una silueta femenina en el fondo se giraba dando un suspiro de desesperación.
    Cuando despertó de la conmoción, no lograba entender lo que veía a través del enorme ojo de buey; cuando siempre había pensado que el espacio sería una inmensidad oscura, se encontró con un insondable azul, lleno de matices amarillos, rojos y púrpuras.
    —¿Dónde estamos…? —preguntó Camino con cierto mareo.
    —Eso deberías responderlo tú, ¿no crees? Eres tú la que se ha colado en mi Kōri. —a pesar de todo, la mujer parecía no estar enfadada por su tono de voz.
    —¡¿Que esto es un Kōri?! ¿Estamos en un mar extraterrestre? —los Kōri eran conocidos por ser las pequeñas lanzaderas lanzadas contra las masas de agua de otros planetas para recolectar elementos.
    —Sí, a treinta y dos metros de profundidad, y no es un mar. Estamos dentro de un criovolcán de Titán. Yo soy la operaria de este módulo de extracción, me llamo Erica. ¿Cómo te llamas tú y por qué te colaste?
    —Me llamo Camino y bueno… Ya sabes… Trataba de darme un pequeño viaje. Les comenté a mis padres sobre unas supuestas vacaciones escolares para que no se les hiciese extraño que desapareciese una semana.
    —No te preocupes, no voy a denunciarte. Creo que has tenido suerte escondiéndote en mi nave. Yo también fui polizón como tú, ¿sabes?
    —¿Qué hacéis exactamente aquí? ¿Para qué viajáis hasta este infierno de metano helado?
    —No todo es metano. También hay pequeños elementos indispensables para todos nosotros. Ahora mismo estamos filtrando TCV-1. La empresa Eruption se encarga de utilizarlo posteriormente en la síntesis de Anti-Sorcerer.
    Camino se quedó pensativa. El Anti-Sorcerer era una sustancia inyectada a todas las personas una vez al año y de forma obligatoria. Sabía que se inoculaba para contener a la bacteria Sorcerer que habitaba en simbiosis en todas las células humanas, como un orgánulo más. Pero no lo era; este organismo era capaz de acabar con cualquier infección en humanos. Era la panacea biológica transferida a toda persona en su nacimiento, para protegerla de por vida. El problema era que, al integrarse en las células, también lo hacía, con el tiempo, en las neuronas, pudiendo llegar a producir fuertes dolores de cabeza. Por eso se inyectaba el Anti-Sorcerer. Este cóctel contenía la expansión de la bacteria anualmente. Tras la antigua hecatombe del Fin de Antibióticos, el descubrimiento de la Sorcerer en unos peces cavernícolas, inmunes a enfermedades, fue una noticia esperanzadora para la humanidad.
    —Ya no recordamos la vida antes de la primera inoculación de la Sorcerer, pero los testimonios históricos de la Época Epidémica son escalofriantes…—murmuró Erica.
    Camino había oído rumores de otro asunto relacionado con la bacteria milagrosa, pero nunca había ido más allá en sus indagaciones.
    —Una vez oí que algunos gobiernos aprovechan la inoculación de la Sorcerer para integrar en ellas una especie de secuencia, un código individual para marcar a las personas numéricamente al nacer. —Camino miró a Erica con atención.
    —Sí, algunos países hacen eso, pero de donde venimos está prohibido —una luz morada empezó a parpadear en el panel de mando—. Debemos ascender a superficie para volver a la nave a descargar. Mañana te enseñaré otro de los criovolcanes, en mi opinión el más bonito. —Erica sonrió a Camino despreocupadamente.
    Durante el trayecto de vuelta, Camino observaba pensativa las aguas de Titán. Mientras, jugueteaba en el bolsillo con una vieja reliquia ya olvidada. Un carnet de colores con la foto y los datos de un antepasado suyo. Siempre le había dado suerte.

    Beep, beep

    Beep, beep

    Suena un cronómetro. Corre un doctorando. Lo vemos cambiar líquidos, cambiar cestillos llenos de tejidos de una cubeta a otra. Reinicia el cronómetro. Beep, beep. Otro cronómetro que aún no habíamos visto. Molesto, lo vemos cambiar cestillos y cubetas similares. Mira el reloj con evidente fastidio. Se va a sentar, pero escuchamos otro cronómetro. No vemos este tercer cronómetro. Pero espera, vemos correr al doctorando a otro laboratorio y cambiar nuevas cubetas. Vuelve a sonar el primero. Vuelve a correr. Suenan otros dos. No sabemos dónde. Mira de nuevo el reloj. Un estudiante de prácticas debería haber llegado ya. Necesita una mano urgentemente, pero no halla nadie en la unidad. Todos los despachos y laboratorios están desiertos. Mira el reloj de nuevo mientras corre a silenciar cronómetros y cambiar más cubetas. Confirma que es día laboral. Que es hora laboral. ¿Pero dónde está todo el mundo? Busca en una caja con fondo verde llega de frascos muy pequeños. Parece no encontrar lo que busca. Sospechamos que un anticuerpo. Hay alguien que lo sabe, pero no está en escena. El ceño incrementa su presencia. Se supone que estaría ya aquí. Se supone que estaría preparado el anticuerpo, lo necesita para acabar la inmunohistoquímica. Mientras, suenan otros cronómetros, alguno nuevo, alguno viejo. Sigue corriendo de un sitio a otro, dando vueltas a dónde puede estar su anticuerpo. Sale del laboratorio, va a otro. El suelo esta encharcado. Se había dejado una botella llenando y se había olvidado de ella. Toda la sala inundada. Mierda. Para el grifo. Retira la botella y busca una fregona. Pero antes va corriendo a callar otro cronómetro. A estas alturas nos preguntamos cuál será el presupuesto de este equipo de investigación para cronómetros. Hemos perdido la cuenta de la cantidad que está usando nuestro protagonista y no paran de aparecer desordenadamente. Cronómetros y cubetas que requieren ser cambiadas. Baños, reactivos, anticuerpos, tampones. Todos necesitan cambios. El protocolo es claro. Diez minutos y cambio, media hora y cambio, treinta y cinco minutos, esta vez a 65ºC y cambio. Oh no. A 65ºC debe encender el baño que desde aquí podemos ver sin agua. Vimos a un miembro del equipo dejarlo ayer vacío, pero no revelaremos su identidad, no queremos que haya enfados ni mal entendidos entre ellos. Lo llena a toda prisa para poder hacer nuevos cambios que anuncian nuevos cronómetros. Debe ser una investigación muy importante, muy urgente. Si no, ¿por qué estaría haciendo tantas cosas a la vez? ¿No sería mejor que hubiese repartido el trabajo en distintos días? Solo el protagonista conoce la respuesta, y ahora no nos atrevemos a entrevistarle sobre nuestras dudas. Continúa. Vuelve a haber agua en el suelo. Limpia y continúa con sus infinitos cambios. Nuestros ojos nos engañan, no puede ser que le hayan salido dos brazos extra para ayudarle con los cambios. Nuestro protagonista con sus brazos extras continúa acallando cronómetros de diferentes salas. Suerte que está en buena forma física y puede ir corriendo de un sitio a otro. No sabemos cómo consigue llegar a todos los cambios, aunque detectamos que comienza a fallar. El cronómetro número 5 hace un rato que suena y es un cambio crítico si no reacciona rápido perderá el tejido. Volvemos a detectar agua. La sala entera está inundada. Si había cerrado el grifo, ¿de dónde sale? Eso intenta averiguar nuestro protagonista mientras manipula el sistema con sus cuatro brazos. No encuentra la fuga, el grifo está cerrado, pero ahora el agua llega a las rodillas. Hace tiempo que suenan varios cronómetros. Nuestro protagonista intenta ir de una habitación a otra, pero el agua sigue aumentando, vemos trozos de madera flotando en el pasillo, brillos de peces se distinguen entre el agua. ¿Qué demonios está pasando? Esta vez ninguno, ni el protagonista ni nosotros conocemos la respuesta. Vemos un buceador al final del pasillo, pero antes de poder investigar más, olemos humo procedente del primer laboratorio. El baño. Lo habíamos encendido sin poner el agua y se han quemado las resistencias. Nuestro protagonista cierra los ojos, al borde del llanto. ¿Qué ha pasado hoy? ¿Cómo ha llegado a esta situación? Escuchamos un pitido sincronizado de miles de cronómetros, nuestro protagonista abre los ojos. Se encuentra tumbado en su habitación. Apaga el despertador. Hoy es sábado, hoy no tiene que ir a trabajar, el doctorado puede esperar. Todas las tareas pendientes son para el lunes y tiene un día y medio libre de cronómetros y alarmas. Vuelve a cerrar los ojos. Despierta en otro sitio alejado del laboratorio. Continúa el viaje onírico.

    Betelgeuse

    Betelgeuse

    Según Einstein, la barrera de la luz es infranqueable, pero ¿se equivoca Einstein en esta afirmación?
    Las tres amplias vidrieras de la cabina mostraban la inmensidad de la noche perpetua del universo moteada con puntos de luz coloreados y fijos envueltos en nubes de gas y polvo incandescences. La propulsion del motor WARP de curvatura, contraía por delante y expandia por detrás el espacio-tiempo usando hasta 1050 TeV (teraelectronvoltio) de energía. La nave era engullida y expulsada intermitentemente desde el vasto cosmos dejando tras de sí un extenso catálogo de astros iluminados. En los que miles de civilizaciones de otros sistemas planetarios, tan simples como en las primeras etapas de la escala de Kardashev, dibujaban trazos entre estrellas para orientarse en mares y llanuras, o para retratar a sus héroes y sus batallas libradas contra las bestias de su imaginación.
    Dentro, en la espaciosa y resplandeciente nave se sucedían una serie de procesos con una perfección tan absoluta que la ejecución de las las múltiples maniobras de los comandos, permitían la gobernanza de la nave en una armonía total. Tal mérito recaía en las precisas y oportunas instrucciones del capitán Antares. Un piloto de combate ya retirado en viejas batallas galácticas en tiempos convulsos, cuando la superioridad tecnológica entre mundos se utilizaba sin finalidad colaborativa o disuasoria. Ahora toda su experiencia la explotaba viajando al mando de naves comerciales; atravesando centenares de sistemas solares inhóspitos, y extrayendo materiales de los yacimientos minerales para su posterior comercialización.
    Antares no sólo se diferenciaba de la tripulación por sus galones y su porte noble semejante al de los emperadores. También destacaba del resto de pilotos comerciales envolviéndose en un pulcro traje blanco ceñido. Como particularidad, y con frecuencia, tanto en la determinacion de sus métodos como en la suficiencia mostrada en la gobernanza de naves. Se apoyaba en ciertos ademanes y gesticulaciones un tanto recargados que reforzaban el efecto que producian sus palabras.
    Añadía escuetamente y con voz autoritaria: - Calculen coordenadas dirección Asociación Estelar Orión OB1a Sur, varíen velocidad reduciendo 150 TeV. Y a continuación, su última palabra la envolvía armoniosamente con una de sus manos. Completada la ejecución de la orden, la confirmación se realizaba con una mirada condescendiente y leal del suboficial mayor hacia Antares.
    El tiempo se consumia mucho mas lentamente sobre los mundos que dejaban atrás mientras los trabajos en la sala de mandos se desarrollaban con celeridad. Escaneando, corrigiendo trayectorias y analizando cualquier código recibido. 6EQUJ5, resultó ser una señal captada de radio que fue intesificándose en una frecuencia atípica hasta que los receptores dejaron de funcionar correctamente. Antes de comunicar la noticia al capitán, analizaron y revelaron que era una réplica incompleta de una de sus señales emitidas de aterrizaje. Uno de los técnicos garabateó “WOW” delante del código, perplejo ante la anomalía, y transmitieron desconcertados la novedad a Antares. Este dirigiéndose a ellos concluyó: -Hay relación entre esta confusa señal y el aumento constante de radiación- suspiró dando propiedad a sus palabras cuando terminó de consultar el archivo- todos los decodificadores y receptores en pocos segundos han fallado- llevo una mano a su amplia frente y concluyó con resignación- atravesamos otra lluvia de radiación.
    Había podido aterrizar y, esquivando todas las alarmas consiguió traspasar como uno más los accesos que conducían a la sala de mandos y allí, envuelto en un traje blanco ceñido se dirigió velozmente hacia Antares. Éste rígido, ante la pasividad de su tripulación y la gravedad de la situación señaló al hombre y explotó voceando lleno de ira: ¡Guardias! ¡Detengan al intruso que desafia mi mando y a los complices de tal acto de sabotaje! Una gran confusión se apoderó de todos al ver dos capitanes, uno frente al otro, duplicados como reflejos. La tensión de sus caras enfrentadas se borró cuando el intruso nombró una palabra que heló a Antares. Un escalofrío sacudió su figura quebrando su semblante con una mueca de horror que contagió a los mas intuitivos de la tripulación. Los rostros palidos se multiplicaron rapidamente con la propagación de la pronunciación de la palabra, apoderándolos una histeria que ni la rígida disciplina recibida, ni los fuertes valores militares los pudieron contener. Asombrados, ambos capitanes en un esfuerzo de templanza, cruzaron sus manos blancas hacia los hombros, intercambiandose una mirada de complicidad que traspasaba todo un agujero de gusano. Antares dejó caer sus pesadas manos sobre las pantallas y empezó a escrutar coordenadas mientras la imagen fija de una supernova le abrasaba las sienes y la explosión de más de 60 años luz de devastacion llenaban sus pupilas. Subitamente, con un latigazo de sus vertebras levantó su cabeza morena del monitor dejando ver sus ojos mortíferos, sin parpados. Y con las mandibulas desencajadas le estalló la boca, con la siguiente orden: ¡¡Betelgeuse!! Rumbo Norte! ¡¡Betelegeeuseee!!

    Cien años siendo quien no soy

    Cien años siendo quien no soy

    Ahí ando yo de nuevo, siendo alguien que no soy. Y es que, aunque al mundo como ferviente amante de la ciencia me doy, ando también el camino haciendo y siendo otras cosas, ésas que también me hacen ser quien soy.
    Porque me llamaron genio, y no sabía responder a mi padre ingenuo. Me llamaron machista, pero también ayudé a mi hermana en la ciencia probabilista. Me quise quedar en el MIT y me echaron, para seguir creciendo me comentaron. Me pidieron una bomba, y ésta explotó, con mi corazón de alfombra.
    Así anduve por la vida, intentando disfrutar de cada aliento, siendo alguien que en realidad todavía no entiendo. Ese aliento que le faltó a mi mujer, por la bacteria mortal que mató a tantos hoy y ayer. Yo la amé cada segundo, desde el primer día pese al disgusto. Porque estupenda es la ciencia, pero no hay nada más importante que el amor y su ausencia. Por eso le escribí una carta a mi mujer dormida, con una broma incluida.
    Me pidieron fórmulas, y me salieron dibujos. Me enviaron a las aulas, y les regalé teatro sin tapujos. Me encerraron en una base militar, y me escapé para ver a mi bella mujer, sin dudar. Me sugirieron que no pintara cuadros, y yo hice cientos hasta hartarlos. Me contaron que artistas ven cosas que los otros no podemos ver, y yo les hablé de la belleza de una flor de antes de ayer.
    Me dijeron que estaba ya todo inventado, y yo les hablé del gran espacio que la naturaleza nos ha dejado. El espacio entre las cosas pequeñas que, como otros para contar estrellas, al final nos dio ordenadores y cosas más bellas.
    Son cien años desde que nací y ahí sigo yo, y me escribí. Porque voy de nuevo siendo quien no soy, esos otros que también os doy.

    COLLAGE

    COLLAGE

    Entre octubre y diciembre el salón de su casa es un enredo de cartulinas y papeles que se amontonan por todos lados.
    Cada día después de desayunar, busca en revistas y periódicos palabras o figuras, recortes que en definitiva le servirán más tarde para componer las tarjetas de Navidad que enviará a su familia y amigos. Ellos las esperan como el mejor acontecimiento del año.
    Los que las reciben no necesitan mirar el remitente, pues conocen quien, con cierta sorna y no pocos buenos deseos, se las envía. Del sobre puede salir la imagen compuesta de un gato de amplia sonrisa humana, una Gioconda de dientes colosales, o un hombre en una bañera que navega a la deriva en el mar.
    Cada una de las tarjetas está hecha a medida de quien la recibirá. A la artista no le resulta fácil, pues ha olvidado muchos datos sobre los destinatarios. Se ayuda de una libreta en la que desde hace meses pega fotos y junto a ellas anota los gustos, aficiones de esas personas de las que no recuerda todo, pero que debieron ser importantes cuando todavía la enfermedad no se había despertado.
    Ayer hizo una tarjeta para su modista. En ella le pide con guasa un vestuario para el próximo año de acuerdo a la nueva naturaleza que piensa adoptar. Añade como maniquíes posibles, la figura de una araña, de una gaviota y de un ratón de monte.
    Ésta en la que trabaja hoy, es para alguien que no conoce pero que ha salido en el periódico. La noticia le ha interesado mucho, pues la entrevistada se dedica a salvar las imperfecciones, sustituir, combinar, y es evidente que artista y científica comparten intereses.
    La tarjeta que compone representa el puzle de un cerebro hecho tiras y todo descolocado, con una dedicatoria de buenos deseos para la experta genetista de la universidad, en la que añade un ofrecimiento: «Señora de avanzada edad se ofrece como sujeto de ensayo, con contrato de exclusividad, para collage sobre su secuencia de ADN. Llamar por las tardes».

    Homenaje a Wislawa Szymborska. Sobre su poema: “Del montón”
    En el vestuario de la naturaleza
    hay muchos trajes.
    Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.
    Cada uno, como hecho a medida,
    se lleva dócilmente
    hasta que se hace tiras.
    …/….
    Wislawa Szymborska. “Del montón”

    Conciencias cúpula

    Conciencias cúpula

    Toqué el gélido acero del autómata doméstico. Mi puerta hacia la libertad. Exhalé. Debía relajarme e intentar dominar el pico descontrolado de adrenalina, ¿acaso mi maldita glándula suprarrenal no podía estar más tranquila?

    —Lis, ¿estás segura?—preguntó el viejo Ansbert.

    ¿Estaba segura? Por supuesto que no, tenía miedo, mucho miedo, pero sentía la determinación necesaria. Sabía lo que me esperaba si me quedaba en la ciudad, y no era precisamente bueno. Me habían descubierto en la última revisión hecha en el centro donde me criaba, la electrocorticografía exploratoria mostraba una alta actividad cerebral para mi edad; algo que había intentado esconder con ahínco desde que tenía 5 años, para no destacar, para no estar en el punto de mira del Gobierno. Al ver lo que ocurría, el revisor quiso adelantar mi entrada a la adolescencia con tratamiento hormonal extra para así poder enviarme a la operación craneal cuanto antes. Por suerte, mis criadores argumentaron que sería mejor esperar algún tiempo más para no frenar mi normodesarollo, lo que acabó disuadiendo al revisor dándome 10 meses de maniobra, aseguró que esperaría hasta que cumpliera los 13. Y es que en la Tierra, desde el 2318, se había establecido la normativa de monitorizar a todo humano que viviera en las ciudades cúpula. Para poder monitorear, el primer paso era implantar un chip en el antebrazo al nacimiento de la criatura, éste emitía señal GPS y a su vez era la credencial de identidad de cada persona, además, realizaba lecturas del ritmo cardíaco, presión y movimiento de cada uno. Por supuesto, antes de que cayera la noche y empezara mi plan de huida, me lo había tenido que extirpar y recolocar en un dispositivo donde estaban introducidas todas mis constantes nocturnas, así el chip pensaría que ahora estaba dormida en mi cama, no saltando así ninguna alarma en el sistema. Me toqué involuntariamente la muñeca, aún me dolía la herida, con la idea de no implicar a nadie había tenido que hacerlo sola para después desplazarme sin ser vista hasta el departamento de investigación y robótica donde había quedado con Ansbert.

    Y sin embargo, aunque la idea del chip me disgustaba, la que verdaderamente me horrorizaba era la operación craneal, la segunda fase de monitorización, la cual constaba de insertar varias nanoresistencias e impulsores eléctricos en distintas áreas cerebrales, como la amígdala, el paraventricular, el hipocampo, el córtex prefrontal (entre muchas otras) para poder controlar externamente el miedo, la ira, el estrés e inclusive ciertas decisiones de los individuos. Por supuesto, yo me negaba ante aquella atrocidad, si bien era cierto que la tasa de suicidios, crímenes, frustraciones habían sido casi erradicadas en nuestra sociedad, también lo habían sido pensamientos tan puros como la esperanza, el amor y la bondad. Nuestras consciencias eran manipuladas al antojo de nuestros dirigentes, y yo no me iba a doblegar, por eso huía, huía lejos de las ciudades cúpulas, en algún lugar donde aquellos monstruos jugando a ser dioses no me encontraran jamás.

    —Sí.

    —Te entiendo. Y sabes que tienes mi apoyo absoluto, pero creo que estás como una regadera, peor que yo y todo—comentó—. Y como supongo que no hay manera alguna de disuadirte, esto va a ser una despedida.

    Me lancé a los brazos abiertos de Ansbert y le devolví el abrazo con fuerza.

    —Ansbert, te echaré mucho de menos, pero seguro que nos volveremos a ver--gimoteé contra su hundido pecho.

    —Seguro, pequeña.

    No obstante, mientras entraba en el interior del autómata, tuve la certeza de que aquello no iba a suceder, ya fuera por los desgastados telómeros de Ansbert o por el inverosímil porvenir que me estaba labrando. Una vez dentro del pseudo-robot de limpieza, Ansbert realizó la programación y segundos más tarde entré en un letargo inducido.

    ***

    Mi despertar fue súbito, tenía la boca seca y los músculos agarrotados. La compuerta del autómata se había abierto, eso significaba que habían pasado las 24 horas de seguridad, y por ende, era también el día de mi treceavo aniversario. Salí del robot con torpeza, confirmé que sin duda me hallaba en el cementerio de robots, plan completado al 100%. Y es que el robot en el que viajaba, era una creación de Ansbert para que yo pudiera caber dentro, aparte, había construido el clásico modelo de autómata domestico 37P-Q, que como estaba descatalogado por material susceptiblemente peligroso por emisión de radiación gamma, tenía que ser llevado al cementerio externo de robots, lejos de las ciudades cúpula, y así es como había viajado yo al exterior.

    Alcé la vista al cielo, estaba encapotado por un espeso manto de stratocumulus grises. Me sobresaltó notar el impacto de una fría gota en mi mejilla, la cual rodó hasta llegar a mis labios sonrientes. Estiré los brazos. Inspiré. Era libre.

    Conos

    Conos

    Patricia y César se presentaron muy pronto en la puerta del local. Aunque ya tenían sus entradas numeradas, siempre que iban al cine intentaban ser de los primeros en la fila. Sus padres tenían esa costumbre cuando iban todos juntos en familia, hace años. Después, cuando comenzaron a salir los dos hermanos solos, siguieron con su hábito de ser innecesariamente puntuales.

    Por fin se estrenaba el capítulo XV de su saga galáctica favorita. Se suponía que éste era el capítulo final, en el que se decidía el destino de todos los personajes que ya llevaban lustros formando parte de la vida de millones de seguidores en todo el planeta, casi como si no fueran actores digitales. Sus perfiles personales en la Red Social contenían más matices que los de la mayoría de la gente real, hasta el punto de que se corría el rumor de que, algunos de esos perfiles no estaban gestionados en realidad por un algoritmo sino que había un simple equipo humano detrás.

    Ni Patricia ni César descartaban que no se fueran a rodar más películas de la saga. No sería la primera vez que se inventaban algún nuevo giro de guión extravagante que devolvía el interés por algún personaje que antes parecía que no tenía relevancia en la trama. Precisamente estaban hablando de ello con sus vecinos de fila cuando abrieron las puertas. Entraron andando rápido, sin ni siquiera fijarse en el dispensador gratuito de palomitas de maíz. Querían sentarse en sus butacas cuanto antes. Atravesaron la puerta de la sala correspondiente y recorrieron las amplias escaleras en la penumbra, sin preocuparse de mirar dónde estaba su fila. Llevaban tanto tiempo asistiendo a la misma sala y reservando las mismas butacas, que habrían podido hacer todo el camino con los ojos cerrados. Para ellos, las butacas 24 y 25 de la fila 9 eran las perfectas.

    Solo cuando se hubieron sentado, César se sintió relajado, como si, hasta ese instante, no se creyera que iba a poder disfrutar de la película sin contratiempos. Cuando deseaba algo con muchas ganas, siempre se imaginaba un montón de motivos absurdos por los que podría no conseguirlo. La noche anterior soñó que habían reformado el cine, que habían puesto una columna justo delante de su butaca de siempre, ya reservada, y que solo podía ver la mitad derecha de la pantalla.

    Pero no era así. Desde sus asientos, los dos hermanos veían perfectamente la pantalla a una distancia ideal para apreciar toda la magnitud del espectáculo en tres dimensiones que les esperaba. Así que, respiraron hondo, cogieron sus envases de colirio y se aplicaron cuidadosamente las gotas en los ojos, mientras se decían a sí mismos “bote colorado para el siniestro lado, bote turquesa para el de la derecha”. Se inventaron esa cantinela para asegurarse de no equivocarse, pues la primera vez que fueron a ver una proyección en tres dimensiones, Patricia se confundió en el orden de los colirios y tuvo que ver toda la película percibiendo los objetos lejanos como cercanos y los cercanos como lejanos.

    El resto de espectadores hizo lo mismo si bien algunos de ellos ya se habían aplicado los colirios antes de entrar en la sala. César y Patricia preferían hacerlo justo antes del comienzo de la película, para no arriesgarse a que el efecto se pasara antes del final. En pocos segundos, gracias a la tecnología “CRISPR/dCas46”, los receptores para el color rojo del ojo derecho, y los receptores para el color azul del ojo izquierdo, quedarían inhibidos durante unas dos horas y media, y podrían disfrutar de espectaculares entornos espaciales en tres dimensiones sin necesidad de incómodas gafas ni lentillas.

    La película no les defraudó. Como se temían, o, mejor, como deseaban, el final parecía indicar que habría más capítulos. Mientras se les pasaba el efecto CRISPR, de regreso a casa, fueron comentando sus escenas favoritas, en las que, a decir verdad, no solían coincidir demasiado. Para César, lo mejor siempre eran los combates espaciales mientras que Patricia disfrutaba más de las escenas en las que la pareja protagonista discutía. Al llegar a casa, sus padres les preguntaron si lo habían pasado bien y contestaron que sí, que era la mejor película de la saga. La verdad es que les parecía lo mismo todos los años. Pero aquel día en particular, Patricia dijo algo más. Sonriendo, exclamó: “papá, mamá, ¿sabéis que el cine ya no es como antes? ¡ahora las palomitas son gratis!”

    Correspondencia

    Correspondencia

    Qué se puede hacer cuando un niño vive en un sueño más que participar en él. Este pensamiento me acompañó durante los que acabaron siendo los años mas entrañables de mi vida. Cada noche, bajo la luz de mi lámpara amarilla y con la pipa rozándome los labios, inventé respuestas para cartas escritas por manos de una niña de ocho años. Leí cientos de libros y biografías e imité más de cincuenta vidas. Hacerse pasar por mujeres de un calibre como ellas fue una tarea más que compleja. Mi empatía cogió fuerza y acabé rozando el saber lo que era vivir siendo mujer bajo un mundo de normas que habían implantado los hombres.

    Fue el día que iniciaba la primavera cuando me vi inmerso en un viaje del que nunca pensé que formaría parte. Después de décadas de monotonía en mi oficio como cartero, una niña de trenzas despeinadas y vestido azul que posaba demasiado bailón en aquel cuerpo de piernas delgadas, se acercó a pasos tímidos a entregarme una carta. La extensión de mi oficio nunca había ido más allá de las siete calles entrecruzadas de un pueblo al oeste del país. El clima seco desgastaba el color de los buzones y nunca había nada más interesante que hacer llegar que las cartas del banco, las facturas de la luz o los próximos eventos del pueblo organizados por el ayuntamiento. Sin embargo, aquella niña me había entregado una carta dirigida a un país que no era el nuestro. El nombre del destinatario parecía que me sonaba de algo, aunque no le di mayor importancia hasta que la niña me entregó la segunda carta. Esta vez otro nombre de mujer como destinatario y otro país, ahora al otro lado del charco. Cada siete días, la historia se repetía. De nuevo en lunes, justo a la salida del colegio del pueblo. Un nuevo nombre. Un nuevo destinatario. Y así, las fui acumulando.

    Una noche maté mi curiosidad por saber quiénes eran esas mujeres a las que estaban destinadas. Gerty Cory, Gertrude Belle Elion, Rosalind Franklin, Marie Curie, Alice Ball y muchas más. Pasé más de dos meses pensando en qué hacer, mientras no paraba de recibir cartas. Algunas de las mujeres a las que estaban dirigidas ni siquiera seguían viviendo esta vida. Un día, aquella niña me entregó una de las cartas sin sobre. Me pidió que lo pusiese yo mismo y a cambio, me permitió leer el contenido. Aquel día comprendí que todas las preguntas que contenían esas cartas gritaban la necesidad de una respuesta que probablemente nunca hubiesen tenido si no las hubiera escrito yo mismo. Aquella niña tenía un sueño y necesitaba figuras que fuesen ejemplo. Y así fue como decidí imitar la caligrafía de cada una de esas científicas.

    No fue nada fácil mantener una correspondencia como aquella, pero conseguimos que durara años. No sé quién le acabó siguiendo el juego a quién, pero hubo un día en el que aquel juego llegó a un final que quedaría abierto.

    Hoy, mucho tiempo después, he salido a dar mi paseo semanal para comprar el periódico. Mis articulaciones oxidadas no me permiten andar mucho más, pero siguen llevándome al quiosco de al lado del colegio. Al pasar, una mujer de pelo despeinado, vestido azul ceñido y piernas delgadas me ha entregado una carta. Y se ha limitado a eso, sin articular palabra. Una vez en casa la he abierto y, con la dificultad que conlleva la edad, he leído: “No hace mucho que recogí el Premio Nobel de Química. Tu labor cuando era niña fue el ancla que me mantuvo firme en este sueño. Siéntelo tuyo, te lo debo.”

    Obligo a mis manos temblorosas a poner el contenido de vuelta en su sobre. La luz amarilla dibuja mi rostro en la ventana. Veo a una lágrima deslizarse desde mis ojos ancianos, transcurriendo por mis arrugas y, a modo de sello, cayendo en la cima de esta montaña de cartas.

    Crisol

    Crisol

    Toca por última vez a los humanos que está a punto de asesinar.

    ¿”humanos”?... Lo que queda de la humanidad dentro de 1000 billones de años es difícil de describir. Acordes disonantes, cientos de cuerpos inmersos en húmedos roces mientras se mueven en todas direcciones en un ambiente sin gravedad, como una masa de gusanos en un cadáver. Olores y sabores de otros son las percepciones más evidentes, dada la ausencia casi total de luz... Pero sí, siguen siendo humanos después de tantos años. Aunque tampoco tiene mucho sentido hablar de años cuando ya no existe un Sol alrededor del cual girar. No hay Sol pero la humanidad persiste. La humanidad es tozuda, y billones de años de cambios y catástrofes cósmicas no han conseguido barrer del Universo a esos seres débiles, diminutos y extraños. Hay quien dice que no se puede. Que ahora el Universo no puede existir sin ellos al igual que no puede existir sin partículas subatómicas. Que ha de existir un ojo consciente que lo observe. Esto es sólo una teoría, claro. Lo es hoy y lo será dentro de 1000 billones de años. El peligro de las teorías es que puede haber alguien que quiera probarlas.

    Se desplaza por la fractal red de tubos de La Colmena hasta llegar al ancho tronco de ésta, donde está la lanzadera. Se sube a ella e inicia su descenso hacia “La Fuente”.

    El espacio abierto le produce la misma sensación de soledad que nos producía a nosotros. No parece haber otras civilizaciones en este vacío que ahora recorremos a la deriva. Al menos, no aparecieron para ayudarnos cuando la antigua Tierra se calentó demasiado para ser habitable, ni cuando ésta fue engullida por el rojo Sol, ni cuando éste volvió a comprimirse y perdió su luz y calor, ni cuando el antiguo sistema solar se disgregó y los planetas y colonias humanas se separaron para siempre unos de otros y empezaron a vagar por el espacio…. ¡Que les den!

    “La Fuente” es lo que queda del planeta que nosotros conocemos como Júpiter. A medida que el antiguo Sol iba perdiendo su luz y calor, la humanidad (lo que quedaba de ella) se fue adaptando a fusionar el hidrógeno de los gigantes gaseosos para obtener la energía que necesitaba. En esa época del Gran Apagón, hacía ya millones de años que la Tierra había desaparecido, engullida por el Sol al transformarse en gigante roja. La humanidad andaba dispersa por los únicos planetas supervivientes del sistema solar: los más exteriores. Aunque el Sol no brillaba ni proporcionaba energía, al menos su gravedad mantenía cohesionado este pequeño vecindario cósmico que nos resultaba familiar. Las principales colonias humanas rodeaban a Júpiter y Saturno libando su hidrógeno. Pero entonces, nuestro pequeño vecindario cósmico empezó a disgregarse…

    Era el enésimo intento del Universo para librarse de nosotros. Para necesitarnos… para necesitar un ojo que lo observe, no paraba de hacernos putadas. El paso de otra estrella deshizo lo que quedaba del sistema solar como el soplo de un niño deshace un diente de león. Fue un proceso lentísimo a escala humana. Júpiter y Saturno se separaron para siempre y se convirtieron en planetas errantes, huérfanos, sin estrella. Y, con ellos, la humanidad se separó en dos. Pronto los viajes entre ambos planetas errantes se volvieron imposibles. Después las comunicaciones cesaron también, lo que se atribuyó a la desaparición de las colonias de Saturno. Éstas vivían en una situación más inestable pues este planeta tenía menos hidrógeno y más difícil de usar.

    La lanzadera se acerca a La Fuente. Sin un sol que lo ilumine, lo que queda de Júpiter se percibe sólo como un enorme horizonte negro en el infinito manto de estrellas.

    Siente pena por las “personas” que había percibido en el hangar. Ni él ni ellas verían nunca más a sus seres queridos. Pero al igual que la pena ha acompañado siempre al hombre, también lo ha hecho la locura.

    Las capas de Júpiter ricas en hidrógeno están plagadas de estaciones automáticas que fusionan de manera controlada este gas. Inicia el proceso para bypasear estos controles y convertir lo que queda de Júpiter en una enorme bomba de hidrógeno. Será rápido e indoloro. Privará al universo del placer de seguir jugando con la humanidad, de seguir esquilmándola, de obligarla a pensar cómo hacer para seguir malviviendo después de su siguiente prueba.

    Cuando el irreversible proceso de fusión incontrolada se inicia, sus implantes oculares muestran un mensaje que se está enviando a toda la colonia: se acaban de restablecer las comunicaciones con Saturno y sus colonias.

    La inimaginable explosión ilumina por un segundo algo parecido a una sonrisa sarcástica en su cara, junto con su último pensamiento: después de todo, el Universo seguiría teniendo un ojo para observarlo.

    De la visita al museo y lo que allí aconteció

    De la visita al museo y lo que allí aconteció

    Interior, museo a elección de la imaginación del lector/a. Lo que sí que vamos a explicar son algunos de los tipos de personas que pueden acudir a un museo, con su correspondiente descripción.

    En primer lugar, encontramos a los sujetos que acuden a él con una ingenuidad que ojalá puedan conservar para siempre, como niños a los que no les da vergüenza decir que no tienen ni la más remota idea de a dónde se adentran y qué van a aprender. Después están los que se documentan brevemente sobre los conocimientos que encontrarán dentro del recinto, además de echarle también un vistazo a las exposiciones temporales o especiales; tienen que saber dónde están yendo. No puede faltar en este breve ensayo el individuo que puede que no sepa qué conocimientos puede descubrir, pero que en todo momento va a hacer parecer a sus acompañantes que los sabe perfectamente; unos cuantos datos dichos en el momento más oportuno de la conversación y la persona que menos pueda saber del grupo (y si nos ponemos dramáticos, de todo el museo) puede convertirse en el sabio de la congregación. Centremos nuestra atención en el último tipo de visitante museístico.

    El sujeto en el que hemos puesto nuestra mirada posee una característica digna de estudio: cambia su “camino mental”, su percepción y sus comentarios, si es observado o no por otros. Observémoslo más de cerca. El sujeto se encuentra en la fase de contemplación de una de las obras/piezas más importantes de todo el museo. P (lo llamaremos así a partir de ahora) observa su entorno, se percata de que lo estamos observando, y es entonces cuando elige una de sus múltiples opciones: mirar fijamente la obra en cuestión, asentir con la cabeza y, con el ceño fruncido, ir cambiando la posición de los brazos, además de moverse para “percibir” la pieza desde distintos ángulos, nunca se sabe de dónde puede llegar la inspiración. El resultado final es la decisión de un camino a elegir, condicionado por la observación de otros.

    P no es consciente de que ha actuado de una manera u otra al saberse vigilado hasta que sale del museo; en ese momento se cuestiona por qué ha cambiado su camino por culpa de una fuerza externa e incontrolable. Nosotros seguimos observando, esta vez más discretamente, pues se ha percatado de nuestra presencia dentro del recinto. Ahora, una expresión de decepción recorre su rostro, y se pregunta: ¿es realmente capaz de controlar su propio comportamiento? ¿Podría haber elegido otro camino? ¿Podría haber sido diferente si no hubiera notado nuestra presencia, o si hubiera sido otra persona la que le hubiera observado?

    Las posibilidades son a priori infinitas. La conducta humana parece, sin duda, totalmente impredecible, pero ¿lo es realmente? ¿Somos portadores de la verdad, o ésta es capaz de funcionar sin la influencia de nuestra consciencia? ¿P podría haber elegido otra conducta si la situación se hubiera dado por duplicado y al mismo tiempo? ¿Puede pasar lo mismo con el arte? ¿Por dentro también? Quizá esa sea la respuesta, por dentro.

    Decoherencia

    Decoherencia

    Mike estaba nervioso. Sus compañeras de oficina eran conscientes de ello. Se hacía evidente por ejemplo debido al hecho de que fuera desaliñado, cuando nunca solía ir así.También miraba el móvil constantemente, y apenas participaba en las conversaciones que se formaban en el trabajo “Aham… Ya… Si?...” O simplemente silencio, eran las respuestas que daba últimamente cuando alguien comentaba una noticia.
    De repente, Mike percibió un cosquilleo en la punta del dedo meñique de su mano derecha. Observó anonadado como la parte donde debería estar la uña, ¡estaba desapareciendo! Levantó la mano con fascinación, poniéndola delante de sus ojos mientras ésta continuaba esfumándose como si hubiera estado hecha por humo. Una sonrisa se dibujó en la cara de Mike, que por fin se recuesta en la silla, tranquilo, mientras va desapareciendo de la existencia.
    Una semana antes, Mike estaba trabajando como de costumbre en el Instituto de Física de Conneticut. Había creado un modelo por ordenador según el cual era posible mantener grandes moléculas entrelazadas cuánticamente entre sí, evitando la decoherencia incluso en ambientes atmosférico normales, lo cual era fascinante. Sin embargo, no conseguía poner la teoría en práctica. Abajo en el laboratorio los experientos que llevaba a cabo tratando de reproducir el modelo no tenían los resultados esperados. Notó una vibración en el bolsillo, alguien le había escrito al Wathsapp: “No te rindas, prueba con otro solvente a ver si así..” Le había escrito Z, un chico de américa latina que había conocido en internet, navegando por foros de coleccionismo, su otra gran pasión después de la física. “Si, no se… En verdad debería haber funcionado ya, me va a volver loco :S” Contestó. Su amigo no entendía de física pero últimamente estaban muy conectados y hablaban casi todos los días. Consiguió animarle y bajó para intentarlo de nuevo. Se dirigió con la bandeja llena de líquido hacía el horno para hacer un tratamiento térmico antes de que cristalizara. En ese momento su móvil empezó a sonar, su pie golpeó la pata de la mesa, y un poco del líquido salió disparado hacia su mano, cayéndole unas gotas entre la bata y el guante. “Mierda!” Exclamó, “aghhhh” Dejó la bandeja en la mesa y fue a por un pañuelo para limpiarse rápidamente. Cuando se subió la manga para ver mejor la mancha, contempló horrorizado cómo la mancha se estaba extendiendo rápidamente por toda su piel, expandiéndose hasta desaparecer. “Qué….” Mike no podía creerse lo que acababa de pasar. Se fue hacia el móvil para ver quién le había llamado, y entonces de repente se percibió a si mismo, cómo si se estuviera viendo a si mismo inclinarse a por el móvil. Giró instintivamente la cabeza para mirar detrás de sí… Y se vió a si mismo, observándose con la boca abierta. Había una conexión entre los dos, eran exactamente idénticos. Su mente rápidamente pensó en el entrelazamiento cuántico. No sabía cómo había sucedido, pero había una copia suya y tenían una consciencia entrelazada. O él era la copia, pensó, no había manera de saberlo.
    Estaba como en un globo, la realidad de repente dejaba de tener sentido delante de sus ojos, y ya sea por inercia, o para distraerse de lo que estaba pasando, comprobó la llamada que le había sobresaltado. Era Z. Guardó el teléfono y decidió irse a casa. Lo harían primero uno, y después de unos minutos el otro, no les hacía falta hablar para entenderse.
    Cualquier cosa había dejado de tener sentido para él. Sentía que lo que había ocurrido en el laboratorio era tan anormal, que no podía ser bueno Necesitaba volver a cómo estaba antes, y entonces pensar fríamente sobre lo sucedido y sus implicaciones, pero hasta entonces no podía centrarse en nada más que en volver a ser uno sólo. Tampoco podía contarlo, acabarían por descubrirle y experimentarían con él. Finalmente, decidió que podría confiar en Z, nunca le había visto en persona, pero siempre tuvo con él un profundo entendimiento. “Tu otro yo, que se vaya lejos, a Siberia. Tú quédate” Ese fue su consejo. Según sus cálculos eso no sería ni remotamente suficiente para generar la decoherencia, pero, por otro lado, quizás sería lo mejor estar separados.
    Una vez hubo desaparecido de su despacho de Conneticut, su consciencia se centró en su otro yo, que estaba en un tren recorriendo tierras rusas. Sintió que no había más desdoblamientos, que era una sóla persona. Por fin. Se puso a llorar… Empezó a recibir llamadas y mensajes de sus compañeros de trabajo, que acababan de presenciar algo tan sorprendente que se planteaban si no estaban soñando. “Hola, Mike, soy Z” Sintió cómo se le paraba el pulso durante unas décimas de segundo, y después miró sorprendido a su derecha, dónde estaba sentado el hombre que acababa de identificarse como su amigo anónimo.

    DEMOSTRADO CIENTÍFICAMENTE

    DEMOSTRADO CIENTÍFICAMENTE

    Mucho antes de recibir el Nobel, en el transcurso de una jarana nocturna, el pillo de Richard Feynman orinó haciendo el pino para demostrar que la gravedad no intervenía en la micción. Logró alcanzar un lugar legendario en la fraternidad universitaria cuando, para horror de algunos y el morbo en los demás, bebió tres Coca-Colas mezcladas con aspirinas en distintas formas, dejando así revocada la creencia de que aquella combinación era mortal. Por ello, Darren Coroso, su resentido compañero de habitación, decidió someter a invalidación la teoría de que si bebes aceite de oliva en crudo antes de ingerir alcohol, ralentizas tanto la absorción de éste último, que apenas te emborrachas. Así que bebió, no sin asco, un gran vaso de aceite de oliva para luego vaciar entre risas y jolgorio dos botellas de whisky, media de bourbon y una de ginebra. Acto seguido, abrió muchos los ojos, y murió tras un breve pero bien ganado coma etílico. Muy a su pesar, demostró la falsedad de la teoría.

    Descubrimientos

    Descubrimientos

    Hacía muchos años que no se quedaba sola con una niña pequeña, sus años de monitora quedaban muy atrás en el tiempo. Además esta niña era su sobrina, no era una niña cualquiera, y se le caía la baba con ella desde el día que nació, cuando la conoció con apenas media hora de vida. Así que cuando sus padres le dijeron que si se podía quedar con ella, evidentemente dijo que sí. La mocosa tenía un año, todavía no hablaba, pero ya decía cosas. Monosílabos, uno tras otro, y cosas que nosotros, los adultos de su vida, queríamos oír como “agua”, “árbol”, “mamá” o “papá”.

    Salió pronto del laboratorio y fue al encuentro de la familia. Los padres de la criatura tenían una cita con el médico, y no querían llevarla con ellos. Habían quedado en un parque a mitad de camino entre el labo y su casa, donde había unos columpios que, por lo visto, hacían las delicias de la peque.

    — Bueno, todo lo que necesitas está en el bolso. Hay comida de sobra, y una muda completa por si hiciera falta, que yo creo que no — dijo su cuñada.
    — Estupendo — dijo ella —, además yo sé que si pasa cualquier cosa, os llamo y listo.
    — Muy bien, pues a la que salgamos del médico te llamamos y ya cenamos todos juntos, ¿te parece bien?
    — ¡Me parece genial! Ahora tú y yo nos vamos a ver los árboles y los columpios — añadió mirando a su sobrina, que le devolvió una sonrisa de abuelilla, enseñando los dos únicos dientes que tenía.

    Se despidieron, y echó a andar con su sobrina. En seguida quiso salir del carrito y andar agarrada a sus manos. Todo era nuevo, aunque en realidad no tan nuevo como hacía unos meses. Ya había visto este parque, y, probablemente, lo recordaba. Ya sabía que tenía dos manos, dos pies, ya había aprendido a asir los cubiertos… Esos grandes hitos ya estaban superados. Ahora estábamos aprendiendo a andar y a hablar.

    Se descubrió a sí misma pensando que cuándo había sido la última vez que ella había descubierto algo. Lo que fuera. Cuándo había sido la última vez que había hecho algo por primera vez.

    — El listón está muy alto — empezó a decirle a su sobrina, en voz alta —, porque tú te acabas de descubrir partes del cuerpo. ¿Cómo voy a competir con eso?

    Y siguieron andando. Entonces su sobrina se paró en seco, y empezó a seguir con la mirada a un abejorro. Lo seguía con una agudeza visual tremenda. Cuando el abejorro se posó en una planta, lo señaló con el dedo. Sabía perfectamente dónde estaba.

    — Eso es un abejorro, género Bombus que añadiría tu padre si estuviera aquí. ¿Es tu primer abejorro, cielo? Vamos a pensar que sí, que así me siento un poco más parte de tu vida — añadió, un tanto tajantemente.

    Se quedaron sentadas en el césped y se pusieron a jugar con uno de los muchos juguetes que había en el carrito. En concreto, con unos animales que formaban una especie de trenecito, y a los que si se les apretaba en según qué partes, hacían ruidos más o menos desagradables. Y entonces, de repente, se dio cuenta. Descubrirse una mano es algo, probablemente, sin parangón. Pero descubrir un abejorro es algo que tampoco está nada mal. Y si descubrir un abejorro era un hito… También lo era ver por primera vez estructuras intracelulares en un microscopio confocal. Y se lo dijo a su sobrina:

    — ¿Sabes una cosa? Yo también descubro cosas, enana — y la enana le devolvió la mirada muy seria —. Lo último que he descubierto es que puedo ver vesículas moverse por el citoesqueleto de mis neuronicas, ¡y puedo verlo en tecnicolor! — Su sobrina había dejado de jugar, y la miraba como si estuviera esperando más —. Y de hecho, puedo hasta grabarlo en vídeo y enseñártelo luego, ¿quieres?

    Y así, con la pregunta flotando en el aire, se quedaron las dos sentadas un rato. Mirándose. Hasta que la peque perdió la paciencia, se levantó agarrándose del pelo y del jersey de su tía, y le dió un beso. Pasó en un segundo, pero, para ella fue el segundo más mágico del día, del mes, del año. Cuando reaccionó, quiso abrazarla para darle un beso bien sonoro, pero para entonces apareció otro abejorro, y ella pasó a un segundo plano.

    — Vamos a perseguir al abejorro — dijo muy bajito —, que descubrir algo nuevo, no tiene precio.

    Detrás de la sonrisa

    Detrás de la sonrisa

    Recuerdo vagamente esas salidas que infantes como yo hacíamos para ir al zoológico o al acuario, en teoría eran didácticas y nos servían para aprender. ¿Entonces por qué somos o soy incapaz de recordar en su totalidad o en parte eso que aprendí? Después de volver, ya de mayor a esos sitios comprendí que no es una actividad educativa sino lúdico-festiva.
    El sufrimiento que hay en esos seres vivos es latente a través de cada cristal, muro, jaula,…que los separa de nuestra realidad. Estos nos observan con sus miradas entristecidas.
    Con el paso del tiempo, nosotros los adultos y algunos niños, los observamos incluso nos creemos capaces de entender su sufrimiento hasta que llega el momento, el punto álgido de nuestra visita, cuando nos desplazamos a ver los cetáceos concretamente a los odontocetos que nos deslumbran con su sonrisa y la magia que desprenden en cada movimiento.
    Entonces durante unos instantes dejamos atrás esa voz interior, cuyo nombre es conciencia y nos dejamos embriagar por el encanto que desprenden, creemos que son felices que les gusta moverse de arriba para abajo en esa charca de agua, están riendo o eso es lo que creemos porque nos miramos el ombligo y vemos que cuando nuestros prójimos les gusta algo sonreímos, moviendo unos doce músculos de nuestro rostro. Pero detrás de esa hilaridad formada por su mandíbula se esconde la tristeza, y con el paso del tiempo el sosiego.
    Se termina el espectáculo y salimos a acabar de contemplar esas especies que no hemos visto, la culpa vuelve a nuestros pensamientos, míralos que indefensos están y la tribulación que emanan.
    Nosotros somos tan nuestros y no somos capaces de cohabitar porque después al llegar a casa cansados ponemos la televisión para no pensar en ellos, en nuestros iguales. En ese momento aparece un dibujo animado que es capaz de caminar de forma bípeda, de comer con las extremidades delanteras e incluso de reírse con su hocico. ¿Por qué no enseñamos a nuestros infantes la verdad?
    Llega el momento de irse a dormir, después de un largo día, pero por desgracia empiezan a aparecerme unas imágenes muy definidas, percibo mi habitación desde arriba, mi cuerpo está en la cama profundamente dormido, pero mi consciencia se encuentra en el techo. Intento mover los brazos y verme las manos, pero no puedo porque no hay nada. Decido simplemente observar, veo que la habitación está repleta de agua pero yo no tengo que nadar, me desplazo hacia la puerta y la traspaso, cruzo el comedor, y la cocina, finalmente, salgo al pequeño jardín, caigo en la cuenta de que prácticamente todo está cubierto por agua.
    Al salir de casa, me encuentro con peces de distintas dimensiones, colores, formas de nadar,... Avanzo por mi calle, la carretera sigue ahí, los edificios también. Pero en cambio no hay transeúntes caminando, rápidamente pienso que es de noche, la gente descansa en sus hogares intento autoconvencerme.
    Sigo avanzado moviéndome por mi pueblo sin encontrar ninguna respuesta. Entonces decido subir a ver si llego a la superficie, voy subiendo sin notar la presión en los oídos, ni en los hombros porque me doy cuenta que aún no los tengo.
    Después de mucho desplazamiento consigo ver más allá del mar, me encuentro en el aire, oteo las calles iluminadas igual que cuando vas en avión, también me fijo que no hay los continentes como yo los he estudiado falta América, Asia y Oceanía, los otros continentes han cambiado sus bordes, me recuerdan esos continentes prehistóricos Laurencia, Siberia, Báltica y Godwana, pero tan solo es un ligero parecido. Las dudas surcan dentro de mí, ¿Dónde están mis iguales? ¿Qué habrá pasado? Pero no veo ningún ser humano. Decido volverme a sumergir y empiezo a desplazarme al lado de los peces porque son los únicos seres vivos que he encontrado. Al cabo de un rato avisto un delfín amamantado su cría, decido acercarme más y más, ya que nunca he podido ver ese fenómeno, pero cuando estoy cerca observo que ese cetáceo está nutriendo a un infante, ese está muy feliz bebiendo los alimentos que este le proporciona.
    Noto una fuerte presión en el pecho concretamente en el corazón y me despierto, sin poder respirar como si mis pulmones estuvieran llenos de agua, incluso expectoro un poco de agua.
    Empiezo a darle vueltas y tan solo veo la imagen de un lactante siendo amamantado por un delfín. Me acaricio mi enorme tripa pensando en el futuro que te aguardará la vida, ¿Qué pasaría si me separaran de ti al nacer? ¿Qué haría? ¿Cómo conseguiría sobrevivir? De repente veo un líquido fluyendo por la cama, es acuoso, claro y ligeramente amarillento.

    Diagonal

    Diagonal

    Leila ha vuelto a levantar la voz. Es que no aguanta más. Llevan cuatro meses dándole vueltas a la misma pregunta y aún no parecen haber llegado a ninguna parte.
    ―Nos estás diciendo que todo este rollo, lo de la teoría de conjuntos, y el tal Cantor, y Gödel, y Guilbert, y…
    ―Hilbert ―replica el profesor―. Es Hilbert, con hache aspirada, no Guilbert.
    ―Vale, Hilbert, da lo mismo ―acepta Leila sacudiendo la cabeza―. Resulta que todo eso no sirve para nada porque hay cosas…
    ―Proposiciones. Enunciados. Lo de «cosas» no suena muy matemático.
    ―Bien, proposiciones. Todas esas proposiciones ―dice con retintín― no sirven para nada porque hay algunas que soy indecibles.
    ―Indecidibles ―matiza él―. Decibles son, porque podemos decirlas. La hipótesis del continuo la podemos «decir»: «no existe un conjunto infinito cuyo cardinal esté estrictamente comprendido entre el cardinal de los naturales y el cardinal de los reales».
    ―Pero no podemos demostrarlo.
    ―De hecho, podemos: Gödel lo hizo.
    ―Pero has dicho que era indemostrable.
    ―No, he dicho que era indecidible. No puede decidirse. No puede decidirse con rotundidad si el enunciado es verdadero o falso. Gödel demostró que la hipótesis del continuo no puede refutarse. En los años sesenta, Paul Cohen llega y demuestra que no puede probarse.
    ―O sea, que se demuestra y se refuta. A la vez ―aquilata Pablo desde el otro lado del aula.
    ―Exacto. Y por eso es indecidible. Es y no es. A la vez.
    Leila no logra evitar hacer una mueca, entre molesta y cautivada.
    ―Parménides se hubiera vuelto loco ―añade.
    Luis, el profesor, la mira con una expresión entre inspiradora y satisfecha detrás de sus gafas. Es curioso, porque sus expresiones faciales en clase siempre oscilan. Se enfrenta a la pizarra vacía con un rostro animado y enérgico, pero termina, las más de las veces, cansado y desesperado. No sabe bien si es culpa suya que su rostro siga ese movimiento armónico simple durante toda la semana.
    Sí que sabe que hay unos intervalos en que el movimiento se detiene.
    Ocurre casi todos los martes, miércoles y viernes a tercera hora, de doce y media a una y media. Ocurre cuando sube por la ajada escalera del instituto, hasta el tercer piso, a impartir la asignatura optativa de Álgebra y Cálculo a alumnos de bachillerato; un reducido subconjunto de la unión de 2º A y 2º B.
    Son siete en total: cuatro chicas y tres chicos ―una proporción que le reconforta particularmente―. Luis los mira encantado, con un remoto ápice de envidia, y, como ahora, ve en personas como Leila una infinitud intelectual decididamente inconmensurable; diagonalmente irracional.
    La asignatura como tal no tiene programa: es una optativa sin demasiado peso, y el nombre es para que quede claro que tiene que ver con matemáticas.
    Hoy es viernes, y están discutiendo la aportación de Kurt Gödel a la lógica: los temidos teoremas de incompletitud. El objetivo final, no obstante, es mucho más ambicioso. Luis les ha prometido que en junio tendrán una visión lo suficientemente sólida de la teoría de conjuntos, las relaciones binarias, la lógica y la filosofía matemática como para poder enfrentarse a la gran pregunta que escribió en el encerado un miércoles de septiembre, aún en manga corta: «¿Qué es un número?».
    ―Parece trivial; el concepto más básico de las matemáticas. No puede haber nada antes de él ―dijo aquel primer día de clase―. La mayoría de la gente diría que las matemáticas son el estudio de los números y que, por tanto, difícilmente puede haber algo antes. Son su base. No existen sin ellos.
    Todos asintieron.
    ―Pero es mentira. El concepto de número se basa en algo mucho más sutil de lo que creemos. Hay una gran cantidad de conocimientos matemáticos dados por sentados para poder construir la idea de número. Hay matemáticas antes de los números ―sentenció.
    Todos los presentes quedaron cautivados por esas palabras aquel miércoles de septiembre. El profesor aún las evoca puntualmente, cuando teme que sus alumnos puedan perder el interés y olvidar de qué iba todo.
    Todos los presentes quedaron cautivados, y en particular una chica de pelo castaño, mirada fulgurante y expresión seria, que no ha parado de darle vueltas a la pregunta desde entonces.
    Se llama Leila y tiene diecisiete años. Hoy entrega los papeles de la prematrícula en la universidad, y ha marcado un decidido número uno junto al código correspondiente al Grado en Matemáticas, como primera opción. No se lo ha confesado a nadie ―ni siquiera a sus padres―, pero en su vida pocas cosas ha hecho con más certeza que escribir ese número en la hoja de preinscripción.
    Su potencial es infinito.
    Decididamente inconmensurable.
    Diagonalmente irracional.

    Dudo

    Dudo

    Cuando aquella mañana se despertó sobre la cama al lado de Erwin, Dudo se sintió lleno de vida. El aire fresco de las primeras horas invadía la habitación a través de la ventana entreabierta. Las manos de Erwin se enredaban en su pelo, como lo hicieron la primera noche que pasaron juntos, la noche en que se conocieron y le puso aquel insólito y a la vez enigmático apodo.
    -¿Sabes? Te llamaré Dudo- le dijo, sin que él, abrumado por el deleite de tantas caricias, le diese importancia a lo que parecía un simple juego.
    Desde aquella primera vez, la sola presencia de Erwin le hacía olvidar lo extraña e inconveniente que resultaba su relación; desde aquel primer momento a Dudo no le importó lo que nadie pudiese pensar sobre ellos dos, porque tenía una única certeza: estaba vivo.
    Juntos comenzaban el día, y juntos lo terminaban. Todas las noches, como en un ritual, Dudo acercaba su cuerpo al de Erwin procurándose calor, buscando un contacto que ahuyentara su soledad. Y cuando aún no había despuntado el día, antes incluso de abrir sus grandes ojos negros, percibía su presencia y eso le llenaba de vida.
    Para Dudo, Erwin abandonaba demasiado pronto la cama los días que se encerraba durante horas a trabajar en la habitación al fondo del pasillo.
    -Por favor, no entres- le advirtió la primera y única vez que Dudo quiso atravesar aquella puerta.
    Cuando Erwin regresaba de sus clases, Dudo lo recibía en la entrada, y durante largos minutos los dos se abandonaban en arrumacos, mimos y ternuras. Luego llegaba la comida que compartían, y sentados alrededor de la mesa, Erwin le hacía partícipe de los acontencimientos diarios. Dudo lo escuchaba en silencio, asintiendo con complicidad ante cada nuevo descubrimiento que le relataba. Esos momentos disfrutando de su compañía eran, en esencia, su vida.
    Pero aquella tarde, el gesto pensativo y abstraído de Erwin tras regresar de la facultad era el presagio de unos acontecimientos que Dudo nunca habría podido imaginar.
    Tras dejar su abrigo sobre una silla, Erwin fijó su adusta mirada en Dudo, que se le acercaba lentamente para fundirse con él en un abrazo, como hacían diariamente desde el instante en que se prometieron amor eterno. Pero en esta ocasión, como poseído por un ser diabólico y traicionero, Erwin se zafó del abrazo. Con un gesto enérgico e implacable, lo agarró por el pelo y lo arrastró a lo largo del pasillo hasta aquella habitación en la que se parapetaba cuando no quería ser molestado.
    La confusión y el sobresalto que provocó en Dudo aquel inesperado e inaudito comportamiento, no le impidieron ver que el rincón junto a la ventana de la habitación estaba ocupado por una extraña caja de madera de dimensiones suficientes para alojar su menudo cuerpo.
    Estaba tan desconcertado que no opuso resistencia cuando se vio obligado a entrar en aquel pequeño habitáculo. Aceptó resignado el destino incierto que Erwin ya había dispuesto para él mucho antes de aquel encuentro definitivo. Miró sus ojos una última vez, con súplicas baldías, y a continuación, sobrevino la oscuridad.
    Toda la vida que le había infundido el amor de Erwin se mezcló perversamente con una angustia que le impedía respirar, una incertidumbre que le hacía dudar de si realmente había vivido alguna vez, o siempre había estado muerto. Todas las experiencias compartidas, todos los felices episodios disfrutados al lado de Erwin que durante los últimos años le habían hecho sentirse tan vivo, quedaban eclipsados por aquel incomprensible, repentino y cruel comportamiento, hasta el punto de hacerle dudar de su propia existencia.
    Podía sentir la presencia de Erwin al otro lado de las paredes de la caja... ¿o aquel universo de madera constituía una realidad única que se imponía a la ilusión que hasta entonces lo había mantenido vivo? Porque estaba vivo... sin duda tenía que estarlo. O no.
    Y sumido en la desesperación que desataba aquella dicotomía, Dudo escuchó como Erwin Shrödinger cerraba la puerta de su despacho y lanzó su último lamento: miau.

    El algoritmo

    El algoritmo

    Carlos se levanta del sofá. ¿Cuarto pitido del lavavajillas?
    Enciende la radio. Otra vez el intenso pitido. «Para ya, joder», abre de un golpe la puerta y pulsa el botón. El calor del vaho empaña sus gafas y por un instante pierde la noción del tiempo.
    Comienza a ordenar los vasos, las tazas y los platos en un armario. «Donald Trump es captado por una de las cámaras de la CNN. Está llorando…». El presentador está exaltado.
    Carlos oye la puerta de entrada. Mariana arrastra los pies. Deja caer su bolso y un murmullo. ¿Un saludo? Podría ser cualquier cosa. «Momentos después del inicio simultáneo de las obras del muro con México en cuatro estados diferentes, el presidente de ha sido sorprendido llorando…»
    Carlos termina de quitar los cubiertos del cesto. Está atento a las noticias y al salón. ¿Estará bien? Lleva días sin hablar, comiendo poco. «Por su lado, Theresa May afirma que el gobierno del Reino Unido ha decidido volver a formar parte de la Unión Europea…». Asoma la cabeza: Mariana está recostada con una mano sobre la frente. Un móvil vibra dentro de su bolso. Cuando está por decirle hola, ella desaparece. Un segundo, una milésima de segundo. Mariana desaparece por completo dejando el sofá vacío. Desaparece y vuelve a aparecer un microsegundo después. Carlos respira hondo. Mariana está allí. El parpadeo, el parpadeo, se repite a sí mismo y vuelve a la cocina. Pasa el estropajo por la mesada. «Ahora que Europa ha decidido dar marcha atrás, cada país ira por su cuenta y la unión sólo tendrá carácter comercial…»
    Está allí, es ella. Parpadea y está y hay algo extraño: tiene un pequeño gato chino en la mano. Un gato de los que mueven el brazo. Carlos vuelve a la cocina, guarda las bandejas dentro del horno y pasa la bayeta por la encimera. «¡La bolsa sufre un colapso! Una caída del 10% en la última hora. El banco central cierra todas las operaciones… ».
    —Mariana, ¿estás bien?—.
    Se oye un balbuceo metálico. Carlos corre al salón. Está profundamente dormida.
    Carlos lleva días durmiendo mal por culpa del programa informático, del jefe, de los fallos del firmware de realidad virtual.
    Cae una fuente que estaba en la mesada. El estruendo hace que gire la cabeza hacia la cocina.
    Al volver la vista, ve a Mariana con los ojos abiertos de par en par. Carlos se frota los párpados con ambas manos. Cuando los vuelve a abrir ella duerme con el gato chino en una mano.
    Es la hora de cenar. Carlos abre a alacena para sacar macarrones y ve el contenido: medicinas, cremas, peines, bastoncillos de algodón y cepillos de dientes.
    «El valor del Euro en picado. También la Libra, el Yuan…»
    Carlos se desploma. En el salón los ronquidos metálicos retumban una y otra vez haciendo ceder los músculos de su cuerpo.

    Se abre la puerta del apartamento.
    Abre los ojos. Huele a tomate frito con albahaca, adora ese aroma. Oye murmullos. ¿Es Mariana? No está seguro de estar viendo lo que ve. Recibe una imagen, podría ser el techo de una cocina. Percibe el brillo de un colador. El aroma a tomate frito y albahaca se confunden con recuerdos o imágenes borrosas de hombres de rojo, ¿o es el vestido granate de Mariana? De pronto algo o alguien —no lo tiene claro— le cambia la perspectiva: el colador no brilla, el tomate frito tiene orégano y Mariana le da un beso. Mariana le da un beso y no tiene un gato chino, ¿en la radio suena Bob Dylan? Carlos gira la cabeza buscando la radio. Está detrás de la encimera de la cocina: el euro cotiza 1,15 con la libra y 1,06 con el dólar. Trump es recibido por Theresa May en Londres. La economía mundial crece al 6% anual…

    Mariana pregunta por la cena. Carlos no sabe qué decir. Huele a orégano.
    —¿Tenías un gato chino hace un rato?.
    —¿Qué has fumado hoy? Deja la hierba de una vez… —Carlos se queda mirando el vestido rosa de su novia y piensa en el trabajo. Hay varias líneas de programa que debe corregir, incongruencias en el algoritmo de realidad virtual.
    En la radio suena Bob Dylan. A Mariana le encanta, le parece genial que le dieran un premio nobel. «Huele a orégano y sabe a albahaca», piensa Carlos.
    Cierra los ojos y trata de no pensar en nada, hasta que oye un suspiro metálico.
    Con los ojos cerrados, repasa mentalmente las líneas de programación, «desde la 702 a la 713. Dos sub-rutunas, algoritmo sensorial… Depurar o morir, morir o depurar», dice en voz baja mientras Mariana enciende la televisión y mueve el brazo izquierdo como si no tuviera codo, para arriba y para abajo, como un gato chino.

    El día que jugamos a ser dioses

    El día que jugamos a ser dioses

    Es el día de la gran prueba.

    Todos estábamos esperándolo para dar fin a casi tres años de duro trabajo. A casi tres años alejados de nuestras familias y hogares. A casi tres años de hipótesis, cálculos y exigencias que han llevado el estrés a niveles que ningún ser humano debería soportar. Al fin y al cabo, era una carrera a contrarreloj, por la supervivencia; o eso decían.

    Por fin, estamos aquí, alrededor de doscientas personas en esta madrugada de mediados de julio. Nuestros superiores están ansiosos por ver funcionar el fruto de nuestro esfuerzo. No he tardado en advertir la tensión que se viene respirando desde horas atrás. Es curioso ver el interés que tienen todos ellos, no por saber cómo hemos llegado al diseño final ni su funcionamiento, sino porque prácticamente ninguno de ellos cree en nosotros. Para ellos la ciencia no es más que un negocio y una lucha de poderes. No son capaces de ver en ella lo que nosotros vemos, el amor por el conocimiento, por la sabiduría, y la ambición por tratar de comprender cómo funciona todo a nuestro alrededor.

    Llevamos varios días ensamblando los componentes y afinando los aparatos de medida de lo que va a ser el set-up que cambiará la historia de la humanidad. Todo está perfectamente colocado para registrar la prueba, pero la lluvia no da tregua. Se acerca la hora acordada y todo parece ir en nuestra contra. Los rayos iluminan la estancia y los truenos rompen el silencio que inunda este inmenso paraje. Parece que alguna divinidad no quiere que lo hagamos, no quiere que lo logremos. Todos comienzan a impacientarse ante los retrasos que se están ocasionando.

    Ahora, al fin, el cielo se ha calmado. Podemos dar comienzo a la prueba. El reloj de la sala marca la cuenta atrás, veinte minutos, tal y como habíamos establecido mi equipo y yo. Cada vez hay más silencio, la gente está tensa, todos fuman sin parar; yo estoy callado, expectante.
    Diez minutos, cinco minutos, dos. El tiempo pasa muy lento, la espera se está haciendo eterna y no soy capaz de distraer mi atención de lo que está a punto de suceder.

    Un minuto, la gente comienza a acercarse al cristal, nadie quiere perdérselo. El sudor cae de mi frente sin cesar, mi pulso ha dejado de ser firme.

    Treinta segundos, tengo fe en que va a funcionar, la física dice que va a funcionar.

    Diez segundos, el silencio inunda la sala como si de un tsunami se tratase. Nadie mueve un músculo. Nadie aparta la mirada del cristal. Nadie es consciente de lo que va a pasar. No he estado más asustado en toda mi vida.

    Cinco segundos, algunos se han lanzado contra el suelo, tapándose la cara, llorando. Algún otro sonríe expectante.

    Un segundo, toda mi vida está pasando ante mis ojos. Cada vez tengo más dudas acerca de lo que está a punto de suceder. Mi cabeza se inunda de preguntas. No puedo moverme. Estoy paralizado por el pánico.

    Un parpadeo.

    Ha sucedido. Las gafas de soldador lo han convertido en un simple destello de luz de unos segundos, pero al quitármelas lo he visto. He visto como se ha apoderado del paisaje. Funciona, la bomba es una realidad.

    Nacen aplausos, sonrisas, comentarios de: la guerra ha finalizado. Yo sé que no hemos hecho nada más que empezarla. ¿De verdad esto es un bien para la humanidad? Lo que creíamos que iba a ser uno de los mayores logros de la humanidad de ha convertido en milésimas de segundo en su perdición. Ahora mismo, lo único que me viene a la cabeza es: Robert, te has convertido en la muerte.


    Dedicado a Julius Robert Oppenheimer, físico teórico. Director del proyecto Manhattan.

    EL EXPERIMENTO

    EL EXPERIMENTO

    EL EXPERIMENTO

    Fernández circulaba exultante por la M-50. Exultante pero respetando el límite de velocidad, que no era de saltarse las normas.
    Venía de la Universidad Carlos III, del laboratorio de Física Cuántica, asignatura de la que era el profesor titular, donde acababan de realizar un maravilloso experimento: el de la doble ranura.
    En él, cuando habían lanzado un haz de electrones contra una placa con dos aberturas, no se habían comportado como partículas pasando cada uno por una de ellas, sino que se habían desdoblado entrando por las dos ranuras a la vez, para, después de pasar la placa, “reagruparse” y continuar su camino.
    Estaba llegando al túnel de Valdepastores y Fernández seguía estupefacto. Aún no lograba comprender por qué se producía ese tipo de fenómenos de incertidumbre y por qué solo se manifestaban a nivel de partículas, ¿cuál sería la barrera? ¿por qué no ocurrían a mayor escala?
    … … …

    Los restos de Fernández tuvieron que ser sacados por los bomberos entre el amasijo de metal y vidrio en que había quedado convertido su coche. La Guardia Civil no sabía qué poner como causa del accidente cuando levantó el atestado del siniestro. ¿Cómo a las cinco de la tarde y casi sin tráfico, podía alguien haberse estrellado entre las dos bocas de ese túnel recto, bien iluminado y con tres carriles por sentido? Al final se decidieron por “despiste del conductor”, aunque sin excesiva convicción.
    Pero para conocer cuál había sido la causa real del accidente, habría que volver hacia atrás, hacía el momento en que se estaba fraguando el experimento de “las ranuras” en ese laboratorio de física cuántica de Getafe. Al momento en que, en las partículas más pequeñas del cerebro de Fernández, en los electrones y protones de sus neuronas, empezó a cuajar la idea de realizar un experimento rompedor. Idea que se fue consolidando en las neuronas, que lo comentaron entre ellas excitadas hasta que compusieron un pensamiento concreto de cómo realizar el experimento, y que Fernández asumió como suyo propio y forjado en un momento de inspiración divina.
    Pero las partículas no se habían quedado tranquilas. El experimento las atañía y se estaban empezando a producir ciertas disensiones entre ellas. Los electrones apostaban por dividirse, por convertirse en ondas cuando los lanzasen contra la placa y pasar por las dos ranuras a la vez. Los protones de Fernández sin embargo, optaban por comportarse seriamente, como partículas, y pasar solo por una ranura.
    Que el experimento fuese un éxito para los electrones no dejó satisfechos a los protones, que exigieron una medición objetiva, una observación externa y directa.
    A esa conclusión llegó Fernández (creía que autónomamente) cuando, circulando por la M-50, decidió que tenía que repetir el experimento. Pero en su cerebro la batalla continuaba: que si partículas, que si ondas, que si pasamos por las dos ranuras, que solo por una… Un torbellino del que Fernández no era consciente. Solo cuando se acercaba al túnel notó algo raro, como que le apetecía entrar por la boca de la izquierda, no por la de su sentido. Y por la de su sentido, también. Por las dos. Solo por una. Por la de la…
    Demasiado tarde.
    … … …

    No mucho tiempo después, algunas de las partículas positivas y negativas de Fernández, instaladas en unas coloridas margaritas que habían crecido entre las dos bocas del túnel, mantenían una estéril discusión en espera de que, con el ciclo de la vida, en algún momento llegasen a instalarse en otro semoviente con inteligencia y capacidades suficientes como para poder repetir aquel discutido e inconcluso experimento.





    El fin de la ciencia

    El fin de la ciencia

    ...tic, tac, tic, tac...
    El tiempo es relativo, ¡qué gran verdad! Llevo aquí sentado, en esta sala, no más de 10 minutos y para mí es como si fuera una eternidad. ¡Qué brillante concepto el del tiempo!, si no tuviéramos una palabra para definir el tiempo, ¿existiría este acaso? Pienso demasiado en el tiempo, no tengo remedio.
    No sé de donde viene mi obsesión por el tiempo, lo que sí sé es que los recuerdos están construidos de tiempos pasados, y esta sala me recuerda a otra similar, donde comenzó todo. El origen de mi obsesión por el tiempo lo desconozco, pero sí sé que esta obsesión me llevó a estudiar la carrera de física, necesitaba entender qué es el tiempo. Esta pasión la combiné desde el principio de mis estudios, con la de contar historias, por que la física, querido lector, está construida por historias. Por lo que llevo años uniendo mi pasión por la física y por contar historias. Por eso mismo estaba en esa sala de espera, y hoy estoy en esta otra. En la primera esperaba a ser entrevistado por el editor jefe del medio de comunicación científica más importante del mundo. Estaban buscando a un nuevo editor, buscaban a gente creativa, brillante, con ideas nuevas,...y ahí estaba yo...que lo único brillante que tenía era la consecuencia inequívoca del paso del tiempo y su efecto sobre los folículos capilares. El editor jefe me saludó afable, amigable, conocía mi curriculum y le gustaba, comentó las buenas referencias recibidas y comentarios positivos sobre mi forma de escribir, según él, creativa, brillante y cargada de nuevas ideas para contar la ciencia. Estaría encantado con contar conmigo en su equipo, pero para ello tenía que pasar una prueba para la que me dio treinta días, en los cuales tenía que escribir un solo artículo. Simplemente tenía que describir cuál es el fin de la ciencia.
    ...tic, tac, tic, tac...
    Al principio me pareció sencillo. Comencé haciéndome a mí mismo dicha pregunta... ¿cuál es el fin de la ciencia? ¿cuál es el objetivo de descubrir, aprender? ¡Qué extraña naturaleza la del conocimiento! me dije a mi mismo sin poder encontrar otra respuesta. Diseñé un plan, entrevistar a las personas más brillantes del mundo científico a las que pudiera tener acceso. Muchos me hablaron sobre la curiosidad humana, responder preguntas a priori sin respuesta, aportar algo a la sociedad o la pasión por descubrir. Necesitaba más respuestas. Por lo que amplié el abanico de entrevistados, para los empresarios, una forma de ganar o perder dinero, de generar valor añadido. Para los políticos, a pesar de floridas respuestas demostraron que para ellos es algo invisible. Hablé con artistas, que grandes respuestas me aportaron, la ciencia es arte, me dijo uno de ellos, yo creo esculturas y diseños mientras ellos crean respuestas, sinceramente, fue una de las respuestas que más me conmovió. Necesitaba más respuestas, por lo que hablé con filósofos que me hablaron de la ciencia como constructo social y cuyo fin no es más que el principio, por lo tanto crear más preguntas. Hablé con deportistas, cocineros, periodistas, diseñadores, agricultores y hasta youtubers, y muchos de ellos coincidieron en que el fin de la ciencia es generar nuevas oportunidades.
    ...tic, tac, tic, tac...
    A día de hoy, tiempo después, en esta sala de espera, sigo sin saber cuál es el fin de la ciencia. Tengo respuestas, muchas, pero no tengo "la respuesta". Por fin conseguí concertar una entrevista con la persona más brillante de la neurociencia. Su conocimiento sobre el cerebro nos ha abiertos nuevas puertas y están cambiando por completo nuestro concepto de humanidad. Es la clara heredera intelectual de Santiago Ramón y Cajal. Espero que me de la respuesta definitiva.
    Por fin se abre la puerta.
    -Adela, ¿no?, por favor discúlpame por haberte hecho esperar, pero es que estaba hablando con Jan, mi hijo. Creo que el te puede dar una respuesta mucho mejor que la mía sobre esa gran pregunta que me quieres hacer. - Ante mí, veo a un chico joven, de no más de 25 años, cuya mirada transmiten una preciosa mezcla de esperanza y confianza.
    -La verdad que en mi día a día me pregunto muchas veces sobre la finalidad de la ciencia. Creo que el fin de la ciencia es hacernos uno, es crear comunidad, el verdadero fin de la ciencia es derribar las estúpidas fronteras que el ser humano se empeña en crear, es tender puentes, crear conexiones. No me cansaré de decir que la única frontera en la que debemos invertir como humanidad es en la frontera del conocimiento.- Se hizo un pequeño pero maravilloso silencio, definitivamente esto es lo que quería escuchar, es el cierre perfecto para mi reportaje.
    -Gracias Jan, solo una cosa más, ¿a qué te dedicas?
    -Soy profesor.

    El fin del sueño

    El fin del sueño

    17-Agosto-2019.
    El matrimonio de científicos estadounidenses Joseph Bennet y Susan Foster presenta en rueda de prensa multitudinaria un avance revolucionario para el bienestar del ser humano. Tras años de investigación han conseguido sintetizar una enzima capaz de suplir artificialmente la necesidad de sueño de los seres vivos. Entusiasmados, explican el éxito de los experimentos realizados en ratones de laboratorio que han pasado su vida entera sin dormir y sin sufrir ningún tipo de merma en su energía ni en su vitalidad
    18-Agosto-2019
    Los medios de comunicación de todo el mundo comentan entusiasmados el gran paso adelante para el bienestar del ser humano producido con el descubrimiento de la enzima Bennet-Foster. La ecuación: ocho horas de trabajo, ocho de ocio y ocho de sueño se convertirá en breve en un ocho a dieciséis impensable hasta ahora. Se inicia el debate sobre cuando estará disponible en las farmacias la vacuna y las empresas dedicadas al tiempo libre experimentan una subida espectacular en las Bolsas de todo el mundo.
    15-Abril-2021
    La salida al mercado de la vacuna Bennet-Foster a unos precios desorbitados y solo para uso en animales por el momento, provoca malestar entre el gran público, organizándose manifestaciones que claman por el derecho de todos a disfrutar del ocio.
    1-Septiembre-2021
    Las asociaciones animalistas denuncian que las grandes corporaciones están explotando a miles de bestias de carga, a las que se les ha inoculado la enzima, obligándolas a trabajar durante las veinticuatro horas del día hasta que mueren reventadas. Mientras tanto, continúan creciendo las protestas por la falta de vacunas para consumo humano y a precios asequibles.
    10-Octubre-2021
    Susan Foster demanda ante los tribunales a su marido Joseph Bennet exigiendo una indemnización multimillonaria porque éste, de forma unilateral, haya antepuesto su apellido al de ella al bautizar su descubrimiento.
    29-Enero-2022
    Colapso en las Bolsas mundiales. Los productos provenientes de China han experimentado una bajada espectacular de precios que sume en el caos la economía mundial. En los mercados industriales se rumorea que el gobierno chino ha repartido vacunas gratuitas entre sus trabajadores durante los últimos meses.
    12-Febrero-2022
    La recesión llega a todo el mundo occidental. Se inician protestas virulentas por la falta de trabajo.
    15-Febrero-2022
    Tras una cumbre urgente del G-20, los gobiernos anuncian que la encima Bennet-Foster se pondrá a la venta de forma inmediata y a precios populares. Pese a la crisis, en los países industrializados se desata una oleada de júbilo.
    16-Febrero-2022
    Susan Foster es hallada muerta en su domicilio con signos de violencia. Joseph Bennet es detenido ante la denuncia de los vecinos que alertaron de que la pareja llevaba meses discutiendo sin cesar.
    27-Marzo-2022
    Tras una nueva cumbre del G-20 se produce un anuncio desolador y simultáneo por parte de todos los gobiernos. Ante el estado crítico de la economía se hace necesario implantar la jornada de trabajo de doce horas diarias. Los sindicatos llaman a la lucha y comienzan los disturbios.
    10-Abril-2022
    Un grupo que se hace llamar “Naturaleza soñadora” trata de aglutinar de forma universal a todos los que se oponen al uso de la enzima. Todos los gobiernos anuncian su lucha contra este grupo que consideran rebelde y terrorista.
    13-Junio-2022
    Los enfrentamientos entre el pueblo y las fuerzas del orden se extienden por el mundo. En más de 50 países se ha instaurado la ley marcial y el toque de queda. Algún gobernante empieza a expresar en voz baja sus dudas de si el hecho de no dormir proporcionará a los ciudadanos demasiado tiempo para pensar.
    17-Agosto-2022
    Joseph Bennet aparece ahorcado en su celda en el aniversario de su histórica rueda de prensa.
    20-Septiembre-2022
    Ante la crisis más grave de la historia económica mundial, los gobiernos occidentales deciden cerrar sus fronteras con el resto del mundo. Se inician los bloqueos. India, China e Irán anuncian represalias
    22-Octubre-2022
    Un incidente al tratar de eludir el bloqueo un barco pakistaní acaba en un enfrentamiento militar con más de treinta muertos. La tensión es máxima.
    23-Octubre-2022
    China bombardea Japón y Estados Unidos. Estos repelen el ataque y, ante la sospecha de que Rusia pueda haber instigado la agresión lanzan sus misiles sobre Moscú. Rusia responde con un ataque masivo que origina una respuesta en cadena del resto de países.

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    1-1-1
    No sabemos en que día de que mes y que año estamos. No importa. Hoy comienza de nuevo la vida en el mundo. Hemos abandonado el bunker y comprobado que vuelve a ser posible respirar en esta tierra devastada. Antes de adentrarnos en la selva, intentando crear un mundo mejor del que teníamos, dejaremos esta pequeña cronología de los hechos para recordarlos y que jamás se vuelvan a repetir. Luego buscaremos el resto de refugios de los rebeldes para volver a empezar, sin olvidar jamás que la humanidad necesitará siempre sueños.

    El gran día

    El gran día

    Mucho le había costado llegar hasta allí. Subir aquellas escaleras le hizo darse cuenta de ello. Aparentemente era un camino sencillo, pero no consistió únicamente en poner un pie delante del otro. Cuando comenzó lo hizo sola, en una ciudad a la que se mudó sin conocer a nadie y con una maleta llena de ilusión y de deseos de sacar lo mejor de ella. El tiempo lo fue poniendo todo en su sitio, incluidas sus expectativas.

    Al llegar decidió cruzar la entrada principal en lugar de rodear el edificio, tan sólo le llevo un segundo elegir su camino. Pero esto no siempre era así. Cuando acabó la carrera, y tras mucho meditar, decidió quedarse en la universidad y solicitar una beca en el ministerio, en lugar de salir al mundo laboral ¿Salir al mundo laboral? ¡Lo que había desempeñado en aquel departamento de la universidad también era un trabajo!: tenía responsabilidades, colaboraciones, enseñar a miembros más jóvenes, entregables y fechas que cumplir, y ¡un sueldo! ¿Por qué entonces la mayoría de las empresas no lo contaban como experiencia laboral? Es cierto que carecía de todas las ventajas que un trabajo en empresa suele dar: posibilidad de ascenso, de mejora de sueldo y de cambio (dejar a medias lo que tenía entre manos durante la beca implicaba irse sin el deseado título de doctor). Y lo peor, la temida inestabilidad: sabes en qué país vives hoy pero ¿y mañana? ¿durante cuanto tiempo tengo que parecer un nómada?

    Giro a la derecha para recorrer un largo pasillo, rodeada de gente, en su mayoría compañeros que se encontraban en su misma situación aquella mañana. Compañeros, en muchos casos, amigos con los que compartir logros, consultar dudas, con los que discutir nuevas ideas, de los que recibir críticas constructivas sobre el último trabajo, y sobre todo con los que compartir ratos de diversión. Pero también los había del otro tipo, de los que todo lo veían como una competición y a los demás como rivales.

    La entrada al salón fue más emocionante de lo que esperaba, a su derecha la vitrina con premios y al fondo varios investigadores a los que conocía y admiraba, había leído sus papers, todo su trabajo. Después darían una conferencia sobre los últimos avances de sus investigaciones y esperaba poder acercarse en algún momento para hablar con ellos. Aquella clase de oportunidad no era muy común. En el instituto siempre había charlas, varias cada semana, pero escasas veces trataban sobre su tema de investigación.

    Siguió caminando por el salón mientras muchos de los que allí se encontraban la reconocían y saludaban. Cuando se quiso dar cuenta se encontraba al lado de su director de tesis. La persona que había visto su entusiasmo y su ilusión cuando presentó la candidatura para conseguir la beca, hacía ya más años de lo que le gustaría admitir. Poco después de sumarse al equipo fue cuando le dieron aquellos datos que no había querido nadie, recordó. Échales un vistazo, con suerte puedes encontrar algo que podamos publicar en una pequeña revista , le dijeron. Tras unas semanas de trabajo lo vio ¿era posible?¿era esa señal real?¿lo que estaba mirando era realmente lo que parecía? Su director lo tuvo bastante claro: sí, era lo que parecía. ¡De esto puede salir un Nature! Pero claro… tú no tomaste estos datos… y estás empezando, ya tendrás más oportunidades… Además aquí se trabaja en grupo: tú serás el segundo autor de la publicación. Intentó borrar aquel pensamiento de su mente, al final ese director era la persona que le había dado la oportunidad de estar allí hoy.

    Pero no podía parar: aquel paper que había que terminar antes de irse de vacaciones que luego nadie se molestó en leer, ¿cuándo se había convertido el proyecto eterno con observaciones casi diarias del que aún no se había conseguido sacar ninguna conclusión en su responsabilidad?, ¿porqué no contesta mis emails urgentes y sí a la lista del grupo? ¡Basta! ¡era la persona que le había dado la oportunidad de estar allí hoy! Y le sonrió.

    Finalmente llegó a la cola donde sus compañeros estaban esperando a que les tocara su turno. Los que se encontraban delante se giraron para dirigirla unas amables palabras. La cola siguió avanzando y por fin le llegó su turno.

    Pero ¿qué le pasaba aquella mañana? ¿Por qué tanta repentina reflexión? ¿Se lo estaría tomando demasiado enserio? Conseguir un premio por sus investigaciones era una quimera. Aquello sólo era un día más en el Instituto de Investigación y ella sólo había ido a la cafetería a por un café.

    El idioma vacío

    El idioma vacío

    En el país de Anumeria, todos los niños aprendían desde pequeños un idioma extranjero. Era un idioma que parecía ser muy difícil y que les costaba mucho esfuerzo. Pero tenían que aprenderlo, les decían, porque les sería muy útil en la vida.

    El idioma extranjero estaba formado por cientos de palabras, algunas muy complicadas de escribir y de pronunciar. Tanto, que el pequeño Bahir nunca conseguía distinguir una de otra.

    Siempre le sorprendía que a su amiga Sofía no le costaba nada aprender el idioma. “¿Ves? es muy fácil. Esto significa agua… esto, tierra… esto, flor”. Oyendo a Sofía, uno podría creer que era sencillo. Porque cuando ella escuchaba una palabra en el idioma extranjero, en su mente parecía dibujarse la imagen del objeto que le correspondía.

    Sin embargo, Bahir no entendía nada. Para él, aquellos sonidos estaban vacíos, sin sentido. Memorizaba las frases, pero en su mente no se dibujaba absolutamente nada.

    A menudo se equivocaba, y ponía letras de más o de menos en sus ejercicios. “Qué más da” , pensaba. “Esto tiene tantas letras, que nadie se va a dar cuenta”. Pero la profesora le ponía un cero, porque -decía- lo que él había escrito no tenía sentido o significaba otra cosa totalmente distinta.

    A veces, Bahir deseaba comprender el idioma. Quizá así se lo aprendería mejor. Pero…, si escribirlo ya era complicado, ¡aprenderse el significado tenía que ser aún peor! No, no. Ya tenía bastante con estudiarse lo que le mandaban y hacer los ejercicios del libro.

    En realidad, el significado no parecía ser lo más importante. Si uno prestaba atención a las clases de idioma, estaba claro que lo fundamental era saberse las palabras y frases de memoria, y conseguir escribirlas y pronunciarlas correctamente, deprisa, y sin errores. Esto era lo que siempre se pedía en los exámenes, así que seguramente era lo que más importaba.

    De vez en cuando algún niño en clase levantaba la mano y preguntaba: “¿Y esta frase para qué sirve? ¿Cuándo se usa?” Pero la profesora nunca tenía tiempo de responder. ¡Había tanto trabajo para poder cumplir el programa! “Ya lo entenderéis cuando seáis mayores y habléis bien el idioma”.

    Pero lo cierto es que la gran mayoría de los niños nunca llegaba a hablarlo. Cuando terminaban la enseñanza obligatoria, lo olvidaban por completo, y solo alguna palabra les sonaba remotamente. “Ah… el idioma extranjero. Nunca se me dio bien”, decían, con media sonrisa. “Total… todo el mundo sabe que, en realidad, ese idioma no sirve para nada. La gente nunca lo utiliza”.

    Bahir, como casi todos los niños, se peleó durante horas y horas con el idioma extranjero, cada semana, cada mes, cada año. A fuerza de repetir aquellas extrañas palabras, consiguió cierta soltura en escribirlas y pronunciarlas bien. Con ello aprobó sus exámenes y terminó la enseñanza obligatoria.

    Cuando fue mayor de edad, quiso viajar para ver mundo, y estuvo trabajando en distintos países. Al cabo de unos años, sus pasos le llevaron al lejano país de Matematia. Allí, para su sorpresa, todos hablaban el idioma extranjero que él había estudiado en la escuela. Lo hablaban de manera cotidiana y natural, y a nadie le parecía tan difícil.

    Pero ellos lo hacían de forma distinta… ¡claro! Ellos no repetían las palabras mecánicamente: las usaban cuando hacía falta, y sabían lo que querían decir y para qué servía cada una. También sabían cómo cambiar un poco las frases cuando querían expresar algo distinto. ¡Todo empezó a tener sentido! Le dijeron: “Esto significa que la cuesta sube… esto, que la cuesta baja… Aquello significa que no puedes hacer este recorrido sin pasar dos veces por el mismo sitio”. ¿Por qué no me lo enseñaron así desde el principio?, se lamentaba Bahir.

    Empezó a gustarle el idioma de Matematia. Descubrió que muchos libros interesantes estaban escritos en ese idioma, y también que gracias a ese idioma la gente había aprendido a construir aquellos objetos que todos usaban: ordenadores, teléfonos, televisión, automóviles, y que sin ese idioma tampoco existirían cosas como los viajes espaciales o la cura de muchas enfermedades.

    Bahir regresó a Anumeria, y se dedicó a intentar convencer a la gente de que el idioma de Matematia no solamente servía para algo, sino que además incluso era bonito y divertido. Habló con los profesores de los colegios, institutos y universidades, y entre todos pensaron otras maneras mejores de enseñarlo.

    Hoy, Bahir trabaja para el Ministerio de Educación de su país. La ministra de Educación es Sofía, su compañera del colegio. Ambos han conseguido comunicar a todos la importancia de aprender, no solo el idioma matemático, sino lo que hay detrás de él. Ahora en todas las escuelas lo enseñan de otra forma, y los niños y jóvenes de Anumeria están muy contentos aprendiéndolo. Probablemente tendrán que cambiar de nombre al país.

    El jardín de Carlos III

    El jardín de Carlos III

    El tiempo no pasaba para Sofía en la sala de espera del hospital La Paz. La operación a la que su abuelo estaba siendo sometido no era complicada, pero los nervios le impedían quedarse sentada por lo que decidió salir a dar un paseo. Salió del hospital y sin prisa bajó la calle, asombrándose una vez más de la altura de los rascacielos de la Castellana. No había recorrido un gran trecho cuando algo llamó su atención. La primavera acababa de explotar y, por encima de un muro, asomaban unas rosas que recién florecidas. Nunca se había fijado en aquel recinto a pesar de haber pasado por delante en varias ocasiones. Una puerta servía de sostén a un cartel que prohibía el paso. La curiosidad de Sofía junto al atractivo de lo prohibido la impulsaron a intentar entrar. Se subió a un banco, colocado en la ubicación perfecta, y desde ahí saltór el muro.
    La caída no fue nada agradable pues aterrizó sobre un rosal. Sin embargo, no tuvo tiempo de pensar en el dolor. Alzó la vista y encontró un pequeño paraíso, un verde oasis en un desierto de asfalto. El abandono había resultado en el más perfecto jardín de toda la ciudad, alejado del orden artificial tan propio de los paseos y parques. Pinos, olmos, sauces y fresnos se agolpaban y luchaban por alzar sus ramas en busca de luz. Bajo ellos crecían arbustos y flores. Las raíces resquebrajaban el asfalto y los adoquines y, no sin dificultad, se llegaban a intuir las desgastadas líneas de un antiguo aparcamiento. A pesar de que las ramas dificultaban el avance, Sofía se internó en la vegetación como siglos atrás hiciera Humboldt en la Amazonía venezolana. A cada paso diferentes especies de aves levantaban el vuelo asustadas y sorprendidas. No estaban acostumbradas a que alguien pusiera sus pies sobre aquel refugio.
    Al alzar la vista para seguir el vuelo de un carbonero se topó para su sorpresa con un edificio de media altura. Era un edificio de tres pisos y revestido de ladrillos. Una pequeña escalinata precedía a una puerta acristalada y, sobre ella, unas letras daban nombre a aquel edificio. Letras metálicas que con mucho esfuerzo se agarraban a la pared, no siempre con éxito. Una bandera rojigualda hecha jirones presidía el edificio. Sofía decidió investigar la historia de aquel edificio, averiguar qué se hacía allí, quién lo ocupó…
    Las ventanas del primer piso eran bajas y pudo entrar sin dificultad. Dentro encontró un despacho. Una oficina de lo más normal. Un amplio escritorio ocupaba el centro de la habitación. Detrás de él varias estanterías vacías recubrían por completo la pared. No había nada más. Ni libros, ni papeles, ni ordenadores… Solo polvo, depositado sobre la madera durante años, quizá décadas, en una nevada eterna. Frente al escritorio una puerta daba acceso a un largo pasillo.
    Atardecía y los últimos rayos de sol se filtraban por las ventanas invitando a recorrer aquel pasillo repleto de puertas. Entre ellas se alternaban armarios metálicos y, de vez en cuando, algún póster sujetado con chinchetas. Eran pósteres repletos de gráficos y tablas y escritos en inglés por lo que Sofía no pudo sacar muchas conclusiones sobre ellos. Poco a poco la oscuridad se imponía a la luz en aquel pasillo convertido en campo de batalla. Una luz azul intermitente escapaba por una puerta entreabierta. Sofía sintió miedo por primera vez aquella tarde.
    Cruzó el umbral. Su corazón se aceleró y un escalofrío recorrió su cuerpo. Había descubierto el secreto de aquel edificio. Tenía todo un laboratorio de investigación ante sí. Varias filas de poyatas invitaban a pensar que aquel laboratorio albergó a un número no pequeño de trabajadores. Sobre ellas descansaban todo tipo de instrumentos. Probetas, pipetas, vasos de precipitado, matraces… En un rincón una centrífuga se lamentaba pues no había muestras que centrifugar. Un baño termostatizado la acompañaba, ya no tenía agua que calentar. Las probetas y las básculas habían perdido sus marcas y sus números pues ya no había volúmenes que medir ni solutos que pesar. Sofía quedó maravillada. Jugó con todos aquellos cacharros, muchos de ellos hasta ahora desconocidos para ella. Imaginó todo lo que se podría hacer allí. El tiempo se detuvo para ella.
    Aunque lo desconocía, antes de que ella naciera, treinta o cuarenta años antes, en aquel laboratorio y en aquel edificio se había hecho la mejor investigación biomédica del país. Aquel centro en otro tiempo fue referencia para Europa, uno de los buques insignia de la ciencia española. Ella aún no lo sabía: un centro de investigación había muerto, pero había nacido una vocación.

    EL MAYOR DILEMA JURÍDICO

    EL MAYOR DILEMA JURÍDICO

    [3 de febrero de 2027. 11:32] El triste despertar.
    Los pesados párpados se fueron abriendo poco a poco. Luces azules destellantes explosionaban entre el amasijo de carrocerías de coches y camiones, hasta caer al suelo y desaparecer en el instante de un momento. Sonidos estridentes. Humo. Desolación.
    Miles de piezas retorcidas nutrían el asfalto. Un asfalto gris y siniestro que propiciaba la imagen de un informativo, en primera plana, aunque eso poco importaba a Talbot. Él sólo albergaba dos preguntas, sin respuesta aparente; ¿Quién soy? y sobre todo, ¿Qué ha sucedido? –
    Dos personas que se acercan. Un universo que se desvanece. Lagunas cíclicas sobre las que navega el mayor de los desconciertos. Manos que te inspeccionan. Visión que se va.
    [14 de febrero de 2027. 16:47] Una misteriosa abogada.
    Las imágenes fueron volviendo poco a poco, como el sol en un amanecer en noviembre. La sofisticada imagen de una mujer rubia, de unos cuarenta y tantos años apareció ante los ojos de Talbot como la de una especie de ángel que venía a dar un poco de luz a la oscuridad.
    - Buenos días. Mi nombre es María Ramos, soy su abogada – aseveró la mujer.
    Talbot no se sorprendió lo más mínimo al escuchar aquella palabra en lugar de “enfermera” “médica” o algo más previsible tras un accidente. Sencillamente procedió a evaluar la situación. Sus ojos comenzaron a recorrer la estancia en la que se encontraban. El despacho estaba decorado profesionalmente. Tenía un estilo impecable, con predominio del blanco, con unas lánguidas cortinas perfilando la habitación. El contrapunto de color lo ponían distintos complementos, le llamó poderosamente la atención la infografía de un “autobot”. Su mente se apoderó de aquella imagen familiar. Desconcierto. Dudas.
    - Mi nombre es Talbot, pero creo que eso usted ya lo sabe – replicó él -. ¿Por qué estoy aquí? – continuó. Y, percatándose de que estaba inmovilizado en una silla y sin poder mover su cuerpo preguntó ¿Por qué estoy inmovilizado en su despacho? No entiendo la situación ¿qué sucede?
    - ¿Qué es lo último que recuerda? – preguntó ella, en lugar de contestarle -
    Talbot hizo un análisis de sus últimos recuerdos. Había algunas partes muy confusas, lo que tampoco le alteró lo más mínimo. Sencillamente intentó aglutinar los datos que recordaba para dar una respuesta coherente.
    - Formo parte de la empresa “Corex Logistics”. Trabajo en un proyecto para el desarrollo de camiones sin conductor. Mi tarea consiste en testar una modalidad de conducción en la que seres humanos, con ayuda de inteligencia artificial, se conectan con conjuntos de vehículos driverless desde la distancia. Estos vehículos están dotados de un tipo de robots denominados “Autobots” que facilitan la descarga o carga y que también van conectados a los seres humanos y a la Inteligencia Artificial.
    La abogada miró los datos que reportaba su dispositivo sobre la respuesta de Talbot y marcó un check con un punto positivo. Talbot continuó explicando que sus últimos recuerdos le transportaban a la carretera local de entrada a Novelda. A 32 metros antes de llegar al cruce con la vía del tren- explicó con su mirada perdida - un grupo de 7 niños apareció repentinamente en la carretera, y que la aparición fue tan imprevista que sólo tuvo dos opciones técnicas para reaccionar; o atropellarles o desviar el camión hacia la izquierda y chocar contra otro camión que venía de frente. Talbot manifestó que optó por lo segundo en milésimas de segundo y que lo ejecutó de forma inmediata para evitar el atropello. El choque contra el otro vehículo se produjo y un par de segundos después el camión estalló y el impacto le dejó fuera de juego. Según Talbot, su siguiente recuerdo era la visión de muchas piezas rotas sobre el asfalto de la carretera, luces de policía y dos personas que se acercaron a él para ver cómo estaba y ahí perdió de nuevo su conocimiento hasta hoy.
    - Y ahora – continuó Talbot – que ya le he explicado mis recuerdos y quien soy, ¿puede decirme por qué estoy hablando con una abogada?
    - ¿No recuerdas nada del tren? Respondió María con voz amable.
    ¿Tren? ¿qué tren? – pensó Talbot -. Su aún dañada mente repasó todos los datos que recordaba. No había ni un solo recuerdo sobre algún tren. El pertenecía a una empresa de camiones, no de trenes. No tenía mucho sentido la pregunta.
    - En absoluto – sentenció -. No tengo ningún recuerdo relacionado con un tren. ¿Cuál es el motivo de su pregunta?
    Los grandes ojos de María bañaron su mirada de tristeza y comprensión a partes iguales. La comisura de sus labios se curvó para desplegar una pequeña sonrisa solidaria, como para hacer más llevadero lo que tenía que explicarle. No sería fácil rememorar lo que sucedió.
    [4 de febrero de 2027. 15:00] La insólita noticia.
    Alfredo encendió su “Smart TV” para conocer las novedades sobre el accidente del tren. No se hablaba de otra cosa. La cabecera de titulares dio paso al presentador:
    “Un conjunto de circunstancias nefastas e imprevisibles” Así es como ha calificado David Larous, el CEO de la empresa “Corex Logistics”, respecto el accidente de ayer en Novelda. La cifra de muertos asciende ya a 413, además de los 187 heridos – 23 de ellos en estado muy grave -. Damos paso a Laura, desde Novelda. Laura ¿Cómo están viviendo los hechos los vecinos de la zona?
    La cara preocupada de una joven reportera de pelo moreno y aspecto desenfadado apareció en pantalla.
    - Sorprendidos y yo diría que estupefactos – aseveró Laura -. Los hechos, como sabemos sucedieron ayer en este lugar en el que me encuentro. A las 11:15 un grupo de 7 niños que estaban en una pelea invadieron bruscamente la carretera, ante un camión semiautónomo de la empresa “Corex Logistics”. El vehículo tuvo que decidir entre atropellar a los 7 niños o virar y chocarse contra otro camión que venía de frente y optó por esto último.
    - Esto – interrumpió el presentador - ¿fue lo que provocó la explosión, Laura?
    - Así es – contestó la reportera -. La mala suerte hizo que el camión contra el que chocó llevase varias bombonas de gas para soldadura que estallaron en el acto, provocando que numerosas piezas metálicas fuesen diseminadas por toda la carretera y vías del tren. Apenas un minuto tras el accidente, un tren AVE que realizaba su recorrido, apareció en escena. Sobre las vías, quedaron dispuestas varias piezas metálicas en forma de cuña que provocaron el descarrilamiento del tren, volcándolo completamente 180º y haciendo que impactase contra un autobús y varias casas, un restaurante y otros vehículos. Según los primeros indicios, esto originó una reacción en cadena y el fuego, el humo y las explosiones produjeron el fatal desenlace.
    [14 de febrero de 2027. 16:58] El gran dilema jurídico
    Tras escuchar los hechos igualmente, de mano de la abogada, Talbot intentó asimilar y entender qué suponía esa situación para él y para su empresa. 413 muertos y 187 heridos era una cifra realmente preocupante. Lo fue más aún cuando la abogada comenzó a mostrarle las imágenes del accidente.
    Amasijos de acero quemado velaban restos de cuerpos ahumados, cortados o destrozados. El humo que borboteaba desde entre los trozos de desolación extrema parecía una suerte de caminos verticales por las que las almas perdidas pudiesen trepar para encontrar el cielo. Bomberos, policías y personal médico se afanaban sin éxito en intentar salvar alguna vida más. Lloros y sangre fluían a partes iguales de entre personas que ya nunca volverían a ser las mismas.
    - ¿En qué posición nos deja este hecho a mí y a mi empresa? ¿Estoy acusado de homicidio involuntario?
    - Así es – replicó la abogada -. Pero no sólo eso. Jurídicamente hablando nos encontramos ante una de las situaciones más complejas de la historia del Ciberderecho, e incluso del Derecho en general ¡si no la más complicada!
    - ¿Y eso por qué? - Espetó Talbot -
    La abogada respiró hondo. Vamos a tener que empezar por el principio. Debo remontarme a mayo de 2018, cuando en toda Europa entró en vigor la Directiva 47/2014 EU que obligaba a los camiones a ser estibados en base a una serie de normas técnicas.
    [20 de mayo de 2018] Aquel novedoso artículo

    “(…) La realización de las tareas de carga y descarga es una de las cuestiones más controvertidas, desde el punto de vista jurídico, ante la imprecisión de la normativa actual española, arraigada a diversos usos y costumbres en el mundo del Transporte.
    Expedidores y transportistas deberán cumplir los mandatos de la Directiva 47/2014, traspuesta en España por medio del Real Decreto 563/2017, que entrará en vigor en mayo de 2018.
    Hasta el momento, en la normativa española no disponíamos claramente de instrucciones precisas sobre cómo se debe estibar la mercancía, salvo lo establecido en la norma técnica EN 12195-1 2010. Esta norma, dispone de una serie de fórmulas complejísimas que nos ayudan a saber las técnicas de estiba a emplear, así como los útiles y las trincas (cintas de amarre, cintas de un uso, etc.) a emplear. Existe un total desconocimiento en la materia, lo que supone una alta tasa de accidentes al considerarse que entre el 35 al 45% de accidentes en carretera se deben a una mala estiba de la carga.
    Lo que está claro es que, el RD 563/2017 deberá adaptarse también en un futuro a la estiba de camiones semiautónomos o autónomos, cuando estas complicadas labores las realice un “autobot” con ayuda de IA (…)”.
    14 de febrero de 2027. 17:10] El cambio del robolaw.
    Talbot levantó la vista de un artículo de archivo que le acababa de mostrar la abogada y se preguntó qué tenía que ver eso con el accidente.
    - No entiendo muy bien por qué me cuenta esto – confesó Talbot con relativa tranquilidad –
    - Porque este cambio normativo fue el origen de los autobots de carga y descarga – replicó la abogada -. Al tener que ir toda la carga sujeta acorde a estas normas técnicas, cuando se reguló el tráfico de vehículos autónomos en 2024, se fijó que tenía que ir, al menos un autobot por vehículo para verificar la carga, volverla a sujetar o a apretar en caso de necesidad, etc.
    - Uhmm, interesante - respondió Talbot -. Creo que fue una decisión acertada, la carga de un vehículo puede soltarse o presentar algún problema durante el trayecto. Es importante que se tenga una solución.
    [18 mayo 2024] Extracto de artículo sobre robolaw y nuevo RD uso de autobots en estiba de cargas

    [26 de marzo de 2026. 11:34] Un proyecto ilusionante
    Fusionar supervisión de una persona, con la visión artificial y dominar con ello desde la distancia parecía algo casi de ciencia ficción. Pero no lo era en absoluto. Talbot ya había hecho muchos proyectos similares y estaba convencido de su aplicabilidad en el transporte.
    Quizás por ello se presentó en la sede de “Corex Logistics” y quizás por eso pareció espoleado hacia el éxito en este gran proyecto. Los autobots y el vehículo supervisado por una super-mente sinérgica – humano – inteligencia artificial. Irresistible para alguien como Talbot.
    [14 de febrero de 2027. 17:20] La noticia que cambió la historia.
    María tomo un sorbo de agua, como para tomar fuerzas, y así poder proceder a explicar la última parte de los factores que influían en el accidente de tren y en las posibles acusaciones a su defendido.
    - Lo último que tengo que explicarte – comentó María – es que, tanto los vehículos autónomos, como las inteligencias combinadas – IA + humano – que los supervisan, están sujetos a una serie de programaciones y protocolos de reacción, como el de matar al menor número de personas posibles en lugar de encontrarse con situaciones inevitables.
    - Lo sé - respondió Talbot – Me conozco los protocolos al dedillo, recuerde que soy programador de vehículos y “autobots driverless”. Por eso no entiendo qué hago aquí, sin poderme ver y sin poder moverme. Apliqué correctamente el protocolo HAYL por el que en caso de accidente se elige legalmente la menos lesiva de todas las opciones posibles.
    María miró a su defendido con cierto aire de tristeza y se preparó para comunicarle las malas noticias.
    - Talbot, ¿qué recuerdas de esa mañana y de tu mujer, Olivia?
    El reflexionó unos segundos, como intentando sacar la carpeta de recuerdos adecuada…
    [3 de febrero de 2027. 6:32] Un viaje en tren.
    Olivia se afanaba en intentar colocar la maleta en la repisa del AVE. Talbot le echó una mano.
    - Menos mal que al final has podido acompañarme, Talbot – le susurró con cariño -. Te agradezco mucho que vengas a ver a mi madre.
    - También es mi familia - respondió él -. Ojalá la operación salga bien, no me gusta verte preocupada.
    Olivia sonrió mientras se sentaban y supervisó el sitio como para comprobar que era lo que su esposo necesitaba para poder realizar el trabajo durante el trayecto.
    - ¿Estás seguro de que puedes controlar el camión y los “autobots” desde aquí durante todo el trayecto? ¿No tendrás problemas de conexión en los túneles o falta de cobertura?
    - Está perfecto, no te preocupes. No creí necesario pedir el día libre. La IA funciona desde un servidor instalado en el propio camión y si yo me desconecto durante unos segundos o minutos, ella actuará de forma independiente. Los túneles no deberían ser problema.
    - Genial - respondió ella – No entiendo cómo aceptaste pilotar vehículos con “autobots”, con lo crítico que eres con ellos.
    Talbot recordó lo poco que le gustaban aquellas “máquinas”. Aquellas que quitaron el trabajo a tantos amigos y familiares. Gran parte de todos los males venían de los “autobots”; desempleo tecnológico, la brecha social…-recordaba, aunque Olivia tratara de convencerlo de lo contrario. Cielo – le regañaba – la evolución humana es algo innato, los trabajos de hoy día no son los mismos que los de nuestros abuelos, todo cambia, para mejor, la clave es adaptarse a los nuevos modelos de negocio.
    [14 de febrero de 2027. 17:30] La cara oculta de la verdad.
    María se giró con cara de sorpresa.
    - Desconocía que no le gustasen los “autobots”.
    - En absoluto – espetó Talbot –
    - Pero usted los programa y trabaja con ellos.
    - Yo soy un experto en vehículos “driverless”. Lo de los “autobots” fue un cambio de rumbo frente al camino que había escogido hasta entonces.
    Talbot explicaba que hasta que él empezó a desarrollar protocolos ciberhumanistas (1), los “autobots” básicamente habían servido para sustituir a seres humanos, sin ningún tipo de protocolo. Talbot expuso que incluyó programas de recolocación humana obligatorios y, también, algunos avances muy importantes en ciber medicina. Por ejemplo, el desarrollo HAYCO, diseñado por él, permite trasladar una “conciencia” humana completa desde un ser humano a un “autobot”, lo que supone una segunda oportunidad para mucha gente que está desahuciada o con parálisis muy graves.
    - ¿Aplicó usted el desarrollo HAYCO en el proyecto “driverless” del accidente? Preguntó María.
    - Naturalmente. Es un seguro de vida para todos aquellos que participábamos.
    - ¿Cómo es eso? Explíqueme por favor cómo es eso en la práctica.
    Talbot explicó que las conexiones entre una IA situada en un vehículo “driverless”, un ser humano y un “autobot” requieren de una situación de inter-relación ciber-biológica muy compleja. En este tipo de situaciones, si se produce cualquier accidente durante la misma, una de las partes puede albergar a la otra, para mantener temporalmente la “mente gestora conjunta”. Propiamente no es un “teletransporte” de una mente, sino más bien la generación de una réplica provisional de la original.
    - Entonces - continuó la abogada - si usted hubiese tenido un accidente durante su viaje en tren, mientras gestionaba el vehículo, ¿su “conciencia” se hubiese trasladado por protocolo de emergencia a las otras partes?
    - Sí, así es. Concretamente a la IA del vehículo para ser transferida a mi cuerpo, una vez recuperado.
    - Sabía, desde que decidí aceptar este caso, que sería uno de los mayores dilemas jurídicos de la historia y usted me lo acaba de corroborar.
    Talbot seguía sin entender a la abogada. Y tampoco entendía por qué no podía verse. Ni por qué le atendía una abogada y no personal médico o psicológico, que hubiese sido lo normal en estos casos.
    - No entiendo nada – aseveró Talbot -. No deja usted de hacerme preguntas, pero no me dice por qué estoy en esta posición tan incómoda y de qué se me acusa. ¿Dónde está mi mujer? ¿por qué me ha preguntado por ella? ¿y qué diablos es eso de que este caso es uno de los mayores dilemas jurídicos de la historia? ¡¡Le exijo respuestas y no le tolero ni una pregunta más!!
    - Cálmese, por favor. Estoy de su parte, soy su abogada. Si le estoy haciendo estas preguntas es porque yo también tengo mis protocolos.
    María continuó hablando hasta que Talbot pareció algo más calmado. Entonces le planteó las siguientes preguntas referentes al caso:
    1. Si una “conciencia humana” es transportada e implementada en una IA o un “autobot”, y estos comenten un delito, ¿deben ser juzgados como personas, como elementos tecnológicos?
    2. El protocolo indica que en caso de accidente inevitable hay que realizar la acción que menor daño cause. En el accidente se optó inicialmente entre matar o dañar a 7 niños o matar o dañar al conductor del otro vehículo. Pero eso era mera teoría. El protocolo HAYL habla de daños reales y por tanto el hecho de que fuese a pasar un tren y hubiese un 74,3% de posibilidades de que se viese afectado gravemente por el accidente que se iba a ocasionar al camión habría de haberse contemplado.
    3. Si un ser humano gestor de un vehículo “driverless” provoca un accidente contra sí mismo de forma consciente ¿sería considerado suicidio u homicidio por negligencia?
    4. ¿Qué parte proporcional de responsabilidad tendría la IA, el vehículo “driverless” o el “autobot”, además del ser humano?
    5. Por último, si una persona está gestionando un vehículo “driverless” mediante una mente combinada con IA y provoca un accidente en el que él mismo muere, deja de existir legalmente y, por lo tanto, ya no se le puede acusar de nada. ¿El hecho de que su mente se haya transferido a otro elemento tecnológico hace que jurídicamente sea acusable o el suicidio le pondría en una situación de vacío legal eximente?
    Talbot fue hilando cables y cubriendo los huecos que quedaban en su puzle. Aquella mañana su mujer tenía que ir a ver a su madre, que iba a ser operada en Alicante aquella tarde. Él tenía un importante viaje de control y no quería pedirse el día libre. Así que decidió acompañarla y supervisar el viaje desde el tren. Un tren AVE que pasó por Novelda, el 3 de febrero de 2027, a las 11:16. Un minuto después de que se produjese un gravísimo accidente en el vehículo que el mismo semipilotaba desde la distancia, con la ayuda de la IA instalada en el camión.
    [14 de febrero de 2027. 17:30] El triste despertar.
    El accidente hizo que el tren volcara y acto seguido explotase y se incendiase. Talbot recordó entonces aquellos breves últimos instantes frente a su esposa. Fuego, gritos, daño.
    - ¡¡Acabo de recordarlo todo!!! ¡¡MI MUJER ESTÁ MUERTA!¡
    Talbot se hundió totalmente y María se acercó a consolarle con algunas palabras amables. Pero nada podía aliviar tal pérdida para él. Entonces, se paró en seco y se quedó fijamente mirando a María.
    - Un momento. ¿Cómo conseguí salir yo del tren? Recuerdo perfectamente cómo moría mi mujer. Estábamos envueltos en llamas y totalmente atrapados. ¿Cómo es que estoy vivo?
    María comenzó a hablar para darle la última explicación;
    - Cuando se produjo el accidente, todos los pasajeros del tren murieron, salvo 7 que iban en el vagón de cola. Usted no estaba entre ellos, desgraciadamente. Su conciencia debería haber pasado a la IA del vehículo hasta recuperar su cuerpo biológicamente y volverle a trasladar su conciencia. Pero el camión y la unidad de IA estaban también destrozados por el accidente. Así que no pudo suceder ese hecho tampoco.
    - Pero, entonces… - preguntó Talbot – ¿a dónde ha ido a parar mi conciencia y cómo es que estoy hablando con usted ahora?
    María tomó entonces un pequeño espejo que había en la pared. Y, acercándose a Talbot, procedió a ponérselo en frente, para poder mostrarle su rostro…
    Los pesados párpados se fueron abriendo poco a poco. Luces azules destellantes titilaban alrededor. La imagen del espejo. Dudas. Desolación.
    Miles de piezas retorcidas nutrían su red eléctrica. Un aspecto que propiciaba la imagen de un informativo, en primera plana, aunque eso poco importaba a Talbot. Él sólo albergaba dos preguntas, sin respuesta aparente; ¿Quién soy? y, sobre todo, ¿Qué ha sucedido? –
    - La IA no había sobrevivido, ni su cuerpo tampoco. Con lo cual, la réplica de su conciencia había ido a parar a uno de los “autobots” del camión, que habría de ser su “cuerpo” a partir de ahora y para siempre -aclaró María.

    Debido a una siniestra carambola de la vida, Talbot había tomado una decisión que había acabado con su vida, con la de su mujer y con la de otras 411 personas. Se había convertido en un “autobot”. Y tenía ante sí, el que, probablemente, fuese el mayor dilema jurídico…
    …de los últimos tiempos.

    EL OTRO LADO DE LA CIENCIA

    EL OTRO LADO DE LA CIENCIA

    Cuando era muy pequeña yo no sabía lo que era la ciencia ni entendía a que se dedicaba mi padre hasta que un día sentada sobre sus rodillas le pregunte…
    Oye papi .en el colegio me han dicho que tengo que hacer un trabajo sobre la profesión de mis padres y no séque escribir sobre ti… ¿Podrías ayudarme?
    Claro cariño, mi profesión es científico
    ¿científico? ¿Qué es eso?
    En cierta manera los científicos somos magos
    ¿magos?¿Esos que llevan chistera y hacen desaparecer las cosas?
    Mi padre soltó una carcajada y después añadió
    Soy de esos magos que con mi magia sólo intento sacar sonrisas…
    Pues no lo entiendo, conteste yo incrédula e inocente
    Verás hija, los científicos como yo se dedican a la investigación de una ciencia determinada como puede ser la biología, la geología, la astronomía, la medicina
    ¿Y entonces porque lo de sacar sonrisas?
    Porque en cierta manera los hallazgos o logros que consigamos siempre será para el bien de todos, pues los avances que descubramos podrían servir para curar enfermedades como por ejemplo…
    ¿Entonces tú podrías curar el mal genio, la envía, el rencor la soberbia, la maldad en el mundo?
    Mi padre volvió a reír y acariciándome la cara me dijo:
    Ojala tuviera un antídoto para eso… por eso tu nunca dejes de ser quienes, cuando seas mayor lo entenderás….
    Cuando sea mayor me hare científica y curaré el mal genio, la envidia , el rencor, la soberbia, la maldad en el mundo. Para mi esa es la verdadera Ciencia.
    Con el paso de los años trabaje para llegar a ser aquella científica que juré ser a mi padre, y comprendí con la experiencia de la madurez que tal vez las virtudes que nos hacen ser o no ser depende sólo de nosotros mismos. Siendo fiel a mis principios y a los valores que me inculcaron, quise mantener esa promesa elaborando un perfume que recordara la inocencia, la sencillez, la pureza, la bondad en una misma esencia para que todo aquel que pudiera olerla se recordará a si mismo que a menudo lo que merece la pena se esconde en frascos pequeños, así nunca se perderá.

    El primer contacto

    El primer contacto

    Ahí estaba la pelota, inmóvil, pegada al suelo mientras la miraba muy serio, con unos ojos que se me salían de la cara. Luego mi mirada fue de la mesa al suelo y otra vez a la mesa y otra vez al suelo, perplejo, no entendía, estaba hecho un lío, ¿cómo podía ser?
    Hacía solo unos instantes había conseguido ponerme de pié, yo solo, y en mi triunfante equilibrio había caminado dos pasos, alargado la mano sobre la superficie de la mesa y cogido la pelota roja de goma que me había regalado mi tío Jorge. Aunque era pequeña me costó prensarla con una sola mano, pero lo conseguí. Todos los días me encontraba con nuevos retos. Después la rodeé con las dos manos mirándola y palpándola, en realidad la sobé un poquito, me gustaba su tacto. Finalmente volví a agarrarla solo con la mano derecha y abrí los dedos: la pelota cayó e hizo ruido y botó un poco y yo salí titubeante detrás de ella. Qué emoción, qué alegría, eso debía ser jugar. Y me encantó. Hasta ese momento fue un día muy feliz.
    Cuando la pelota paró me acerqué a ella y dejé caer mi culo para sentarme y cogerla y seguir jugando. Me alegré mucho de llevar pañales porque amortiguaban el golpe. Volví a cogerla con la misma mano, con la palma hacia arriba, y de nuevo abrí los dedos, pero nada, la pelota no se movía, seguía sobre mi mano sobre el suelo ¿porqué no subía? Lo repetí una y otra vez, probé también con la otra mano, siempre lo mismo, era muy frustrante.
    Así que me cansé y la dejé en el suelo.
    ¿Ahora entendéis mi perplejidad?
    Y si subía, ¿donde iría? ¿al techo? ¿otra vez sobre la mesa? Sí, seguro que era eso, volvería a su sitio, sobre la mesa, me gustaba pensar que fuera así, de esa forma cada cosa tendría su sitio donde volver y eso quería decir que también yo cuando me perdiera volvería siempre a mi casa. Ese era un asunto que me preocupaba mucho: perderme y no ver más a mi mamá.
    Y entonces me propuse investigar, era un reto importante. Pensé en subir al techo y volver a realizar mi experimento, pero justo en ese momento me di cuenta de un verdadero problema, la mesa. Para que todo estuviera igual y poder repetir todo en las mismas condiciones, tenía que conseguir que la mesa estuviera en el techo, aunque me temía que iba a suceder lo mismo que con la pelota, pero tenía que intentarlo. Me volví a poner de pie tras cuatro intentos en los que el culo se me iba hacia atrás, pero como era muy insistente lo conseguí, me acerqué a la mesa y sujeté una de las patas con las dos manos y a continuación las abrí. Nada la mesa no subía, no se movía.
    Jolín, las cosas caían hacia abajo pero no hacia arriba ¿por qué?
    Volví a repasar todo. A ver: me pongo de pie, cojo la pelota de la mesa, la sujeto con la mano derecha, abro la mano y la pelota cae al suelo. Una vez la pelota en el suelo, la cojo con la misma mano, la abro y la pelota no se mueve, no cae al techo, y mira que espero, pero nada.
    Decidí parar un rato, sentarme y pensar, porque los niños hay veces que estamos tranquilos sin hacer nada mirando al techo y los mayores piensan que estamos haciendo caca, pero no siempre es así. Entonces volví a echar el culo hacía atrás y caí sentado y entonces me di cuenta de lo fácil que me resultaba sentarme y lo mucho que me costaba ponerme de pie… ¡eso era importante! Así que seguí pensando en ello.
    Estuve experimentando durante largo tiempo, mis papás decían que desde que había descubierto la pelota no hacía nada más que jugar con ella. Y nunca se me olvidará: al día siguiente, después de muchos experimentos con la pelota y también algunos con mi culo, con vasos de agua, mi madre se enfadó mucho, con mi chupete y con cualquier cosa que caía en mis manos, saqué una maravillosa conclusión para el resto de mi vida. Bueno, dos.

    El primer contacto: bbzzzz

    El primer contacto: bbzzzz

    La discusión sobre qué especie contactar primero en aquel recientemente descubierto planeta fue ardua y se prolongó durante días. La primera aproximación fue la de considerar las especies más abundantes. Estas, sin embargo, al ser unicelulares daban pocas esperanzas de inteligencia o al menos de una comunicación efectiva. Así se pasó a los animales pluricelulares, más complejos y capaces de albergar una red neuronal. Era probable que en un planeta mayoritariamente acuático la vida inteligente se habría desarrollado en el mar. Algún grupo de pequeños crustáceos se perfilaba como el candidato más razonable. Eran los metazoos más abundantes del planeta, pero carecían de estructuras sociales complejas. Se pasó pues a otros grupos, menos abundantes, pero con mayor desarrollo neuronal. La mayoría fracasaban en una u otra definición de vida inteligente: especie que haya prosperado en el planeta, con una estructura social evidente y capaz de manipular el entrono a su conveniencia sin perjudicar significativamente a otras especies circundantes.
    Era evidente, pues, que en el medio acuático no iban a encontrar un candidato válido, así que se optó por investigar el medio terrestre. La cosa también era complicada en tierra firme. Allí muchas especies de organismos habían evolucionado hacia redes sociales y mostraban indicios de cierto dominio tecnológico, como demostraban, por ejemplo, las complejas estructuras en las que habitaban. Se consideró primeramente un vertebrado bípedo de tamaño medio con cierto dominio tecnológico, pero rápidamente se descartó por su espíritu destructivo y abuso del ecosistema circundante; una especie tan destructiva no puede ser inteligente, se concluyó por unanimidad. Finalmente, después de descartar varias especies, mayoritariamente por su agresividad, se dio con el candidato perfecto. Numeroso, cosmopolita, con estructura social clara, que además habitaba en estructuras complejas de construcción propia, y con una función clave en el ecosistema sin la cual la vida en el planeta se vería seriamente amenazada. El reto final era interpretar la “danza” y los zumbidos que esos pequeños seres alados y de seis patas usaban para comunicarse. Una vez superado ese desafío se estableció el primer contacto. El nanobot de comunicaciones hizo la presentación de los visitantes intergalácticos – “bbbzzzz, bbzz”. La traducción de la respuesta del ser del nuevo planeta heló la sangre a los asistentes al evento: “Ayuda, por favor, destruid a los humanos”.

    El punto brillante

    El punto brillante

    Recuerdo el día en que comenzó todo. Me enteré por la prensa en internet. Inmediatamente salí a la calle, como muchos otros, para verlo con mis propios ojos. Ahí estaba. Un observatorio en la India fue el primero en detectarlo. Desde hacía un par de horas era perfectamente visible para nosotros, entre las diminutas estrellas que se intuyen en el cielo de una gran ciudad. Hacía más de cuatrocientos años que no se observaba algo así desde la tierra. Astrónomos chinos, árabes y europeos habían hablado de fenómenos de este tipo a lo largo de la historia. Toda la comunidad científica estaba de acuerdo: se trataba de una explosión supernova en la constelación de Orión, a unos 1000 años luz de distancia de la tierra.

    El punto brillante en el cielo pudo verse durante dos semanas. Todos los laboratorios del mundo recogían datos sin descanso para validar las teorías astrofísicas actuales. De pronto, varios días después de que su brillo se atenuara hasta hacerse invisible a simple vista, surgió un nuevo punto de luz en el cielo, esta vez cerca de la constelación de Andrómeda. Un grupo norteamericano dio la voz de alarma. Con todos los ojos de la ciencia aún mirando hacia Orión, un telescopio secundario había hecho saltar todas las predicciones. Sucesos como estos se esperan cada muchos años, y las probabilidades de que dos fenómenos así fueran visibles desde la tierra en tan corto espacio de tiempo eran muy remotas. Se interpretó como un golpe de fortuna: la naturaleza parecía querer darnos una lección intensiva. Los ordenadores echaban humo registrando datos que no daba tiempo a analizar, mientras los investigadores se frotaban las manos con la ingente cantidad de estudios que se publicarían.

    Cuando solo dos días después un tercer punto brillante se encendió en el cielo, una cierta tensión se apoderó de los expertos y toda la comunidad internacional empezó a mirar con inquietud a las alturas. Nadie era capaz de formular una teoría que explicara por qué varias supernovas podrían explotar tan cerca de nosotros en apenas dos semanas. Sin tiempo para coordinarse, los observatorios vieron nacer un cuarto punto de luz en el cielo, en la constelación de Cefeo. Los días siguientes fueron un continuo discurrir de noticias confusas, angustiosas miradas al cielo, y declaraciones de jefes de estado apelando a la calma de los ciudadanos, mientras cada poco tiempo se hablaba de un nuevo punto brillante en el firmamento.

    En vista de la parálisis de la comunidad científica, simplemente desbordada y abrumada por la cantidad de datos, la gente en la calle empezó a formular sus propias hipótesis, buscando
    desesperadamente respuestas. No tardaron en florecer comunidades y sectas que veían tan cerca el fin del mundo como la llegada de los dioses o los extraterrestres. Las grandes potencias nucleares movieron sus arsenales en supuestos ejercicios rutinarios, desencadenando aún más tensión entre todos los países. La sombra de una amenaza sin identificar contrastaba con los puntos luminosos que no dejaban de surgir en el cielo. El miedo a lo desconocido es, sin duda, uno de los sentimientos más potentes en los seres humanos. De pronto, a pesar de toda la tecnología y todos los avances de la ciencia, nada nos diferenciaba de nuestros ancestros ante una puesta de sol o al presenciar la caída de un rayo.

    Al cabo de unos meses la situación parecía haberse tranquilizado. Así, cuando ya todos los puntos brillantes se habían extinguido y hacía tiempo que no surgía ninguno nuevo, la comunidad científica comenzó a difundir los resultados de sus estudios. La estupefacción era máxima. Al parecer, en lugar de tratarse de explosiones supernova, lo que habíamos visto eran, en realidad, violentas explosiones planetarias, para las cuales no había ninguna explicación natural. La radiación que nos había llegado mostraba la huella de esos cataclismos artificiales. Nadie quiso ponerle nombre a todo esto, pero desde entonces ya sabemos que no estamos solos.

    Las agencias espaciales decidieron dejar de enviar señales al espacio y se cancelaron todas las misiones de nuevos satélites. No sabemos a qué nos exponemos, pero de momento nos conviene pasar inadvertidos. Sin embargo, puede que ya sea demasiado tarde. Nuestros mensajes llevan años viajando por el espacio en busca de algún receptor. Ahora todos temen que podamos encontrarlo y que algún día, desde algún rincón remoto del universo, se vea aparecer un punto brillante donde hasta entonces estuvo la tierra.

    EPITAFIO DE UNA CASPASA

    EPITAFIO DE UNA CASPASA

    Desde pequeña había notado que era diferente del resto de proteínas. La mayoría la tenían miedo. Algunas, de hecho, habían llegado a odiarla, a culparla. ¡A ella! Que no había hecho más que mirar por el bien de todos. ¿Por qué a ella? Pensó. Estaba en su naturaleza: era algo que no había elegido, pero que tampoco podía cambiar.
    Sus hermanas siempre la decían que no se preocupase por las demás proteínas, que ellas no lo entendían. Había tenido la suerte de crecer en una familia numerosa, pues tenía nada más y nada menos que siete hermanas. Algunas las diferenciaban en dos grupos, dado que unas eran las encargadas de captar el mensaje, y otras tan solo de ejecutarlo. Ella era de las segundas.
    Se sentía arropada y querida por todas sus hermanas, pero eso no ayudaba a hacer desaparecer el sentimiento de desprecio que recibía del resto. No las podía culpar, tampoco, pues ellas nunca sabrían lo que es estar en su piel: nacer con una misión, una misión terrible pero imprescindible, sabiendo que de ellas dependía todo.
    Cuando se enteraron, ella y sus hermanas no eran más que meros zimógenos, aun inactivos e inocentes. Y desde ese momento las miraron como si de bombas andantes se tratasen. En cualquier momento, en cualquier lugar, la señal indicada llegaría. Y ese día había llegado.
    Lo supo nada más ver a su hermana mayor, la número ocho, transformada. El cambio era increíble. Observándola más de cerca, pudo ver la diferencia: se había desprendido de parte de su cuerpo. Estaba incompleta, y a la vez más completa que nunca. Y ahora era su momento, su hora.
    Pensó en su destino, cruel destino… muchos la culparían cuando todo hubiera terminado. Pero ellos no lo entendían, no entendían la responsabilidad que conllevaba formar parte de su familia. ¡Ellas no eran más que meros verdugos! No tenían el poder de decidir. Llegado el momento, debían actuar por el bien de todos. Nada de estallidos, nada de rupturas a lo loco. Eso era lo que ellas debían evitar: la necrosis. Ese era y había sido siempre su rival.
    La necrosis era rápida, efectiva. Como un asesino a sueldo, la necrosis era astuta e infalible. Sin embargo, las consecuencias de su trabajo eran otra historia. Allí donde actuaba, dejaba todo desolado. Era muy difícil que nuevas células crecieran sobre tejido necrótico. Por el contrario, su trabajo era mucho más delicado, fino, hilado. Apoptosis, lo llamaban. Durante este proceso, ella y sus hermanas eran las encargadas de tenerlo todo bajo control. Debían romper cada molécula de ADN, cada filamento, cada ensamblaje sobre el que su hábitat estaba construido. A comparación con el desastre que la necrosis dejaba, la apoptosis debía dejarlo todo impoluto. La propia membrana debía romperse por las zonas adecuadas y formar los denominados cuerpos apoptóticos, pequeños fragmentos del citoplasma de la célula y todo su contenido.
    Así fue como ejecutó la orden, tal cual y como la habían enseñado desde pequeña. Y aunque
    algunos la tacharían de ingrata para con aquellos que había compartido célula, este no era sino un acto de necesidad, dado que había un enemigo mayor que la necrosis. Este, aunque desconocido para muchas de las otras proteínas, era silencioso y muy peligroso. Tenía muchos nombres, pero para su familia siempre había sido el Crecimiento Descontrolado. El inicio de este en ocasiones provenía de esas pequeñas proteínas, las Ras; otras veces provenía de agente extraños… Era tan escurridizo, que solo en contadas ocasiones se podía conocer el inicio de este mal. El destino de aquellas pobres células a las que el Crecimiento Descontrolado atacaba era el de convertirse en células tumorales, y entonces ni ella ni su familia podían intervenir para salvar a la célula. No era más que durante los primeros atisbos del Crecimiento Descontrolado cuando ellas podían actuar.
    De esta forma, ella y sus hermanas desempeñaron la misión para la cual estaban destinadas. De esta forma, aún acusadas de injuria y culpadas por el resto de proteínas, se convirtieron en pequeñas salvadoras. Salvadoras anónimas. Heroínas.
    Aquí yace Tres, una caspasa luchadora

    Esperanza

    Esperanza

    Hacía tiempo que no recordaba cuando ocurrió, la única idea que había resistido el paso del tiempo era aquella que había propiciado su viaje, debía curarse. En algún momento del pasado le descubrieron una enfermedad. Una enfermedad de la cual, la única certeza que tenía era que la acabaría matando. Nadie supo decirle cómo surgió, en qué consistía, ni mucho menos cómo curarse, todo eran incógnitas, y ella necesitaba respuestas. Distintas voces a lo largo del camino le habían instado a que buscara a “la portadora del conocimiento”, “la sabia” y otras numerosas variaciones del mismo concepto. Esa persona tendría la respuesta a su enfermedad.
    Estas voces eran ya susurros lejanos en su cabeza cuando avistó una pequeña cabaña en la ladera de una montaña. El camino hasta la cabaña fue una mezcla inmiscible y alternante de alegría y miedo. Alegría porque pronto obtendría las respuestas que tanto ansiaba. Miedo porque estas respuestas podían no ser de su agrado. No obstante, al llegar a la puerta, golpeó ésta con decisión. Si tenían que darle malas noticias, cuanto antes mejor.
    Pasó un tiempo que a ella le pareció interminable antes de que se abriera la puerta.
    Usted debe ser la sabia, tiene que curarme, dijo ella rápidamente. ¿Qué es lo que tienes? No lo sé, nadie lo sabe, Las enfermedades desconocidas son las más complicadas de curar. La invitó entrar, pero no esperó formalidades, ¿Cuándo va a empezar a tratarme? La mujer le hizo un gesto para que guardara silencio, Querida, no tengo ninguna varita mágica con la que resolver los problemas, estas cosas requieren tiempo y estudio, tendrás que tener paciencia. Tuvo que tragarse su inquietud y resignarse a esperar que aquella mujer consiguiera curarla, de todos modos, no tenía ninguna otra alternativa.
    Los días se consumían lentamente sin que pasara nada relevante. Aquella mujer le exasperaba con su inalterable tranquilidad. Lo único que hacía era observarla, hacerle pruebas y anotar cosas en su libreta, una y otra vez. Hacerle pruebas y anotar cosas en su libreta, una y otra vez.
    Esta rutina se rompió cuando una mañana la mujer le dijo que se tomara una cucharada de un brebaje que había preparado, ¿Esto me curará? Preguntó ella. Iremos viendo, le contestó, tómatelo todos los días a esta hora.
    Después de esto, lo mismo de siempre, pruebas y libreta, pruebas y libreta, y ningún avance. Cada día se levantaba más débil, aquella mujer había cambiado varias veces de brebaje, pero ninguno resultó funcionar. Estaba harta de esperar una curación de la que no tenía ninguna certeza, o salía a buscar otra solución o dentro de poco no le quedarían fuerzas suficientes para intentarlo. Dejó una nota de agradecimiento y se fue con la discreción y el silencio que solo la noche permite.
    Viajó de pueblo en pueblo buscando alguien que pudiese tener la cura, alguien debía tenerla. Y le encontró, o más bien él la encontró a ella. Había estado ensimismada en sus pensamientos, cruzando un mercado de un pueblo del cual no había leído el nombre cuando una voz le sorprendió desde uno de los puestos, Hola, llevas cara de tener problemas, y resulta que yo vendo soluciones. Ella le contestó con un acentuado escepticismo, ¿También para enfermedades desconocidas? Por supuesto, de todo existe un opuesto, explícame que te pasa y lo buscaré, llevo años curando los males de la gente, no he fallado nunca y contigo no será diferente.
    Tenía una voz cálida y segura, aquel hombre sabía de lo que hablaba, tenía que arriesgarse, al fin y al cabo, no le quedaban más opciones. ¡Has tenido suerte! Tengo justo lo que necesitas, ¿tú tienes lo que vale? La parte buena era que sí, la mala que era lo único que le quedaba.
    Se marchó de aquel pueblo con una gran sensación de optimismo que añoraba desde hace mucho. A los pocos días ya notaba una gran mejora, se curaría, estaba segura de ello.
    Sin embargo, aquella ilusión fue agriándose poco a poco, y la enfermedad se hizo presente. La realidad que había querido tapar con falsas esperanzas era ahora tan obvia que casi no podía creer lo estúpida que había sido. Lo vio claro, volvería con la señora de la cabaña, si ella ya no tenía solución, ayudaría a que otra tuviera pudiese tenerla.

    Llamaron a la puerta, tardó un rato en abrir, le gustaba tomarse las cosas con calma, un chico con preocupación en la cara y esperanza en los ojos esperaba fuera. Aquello ya lo había visto, tiempo atrás, una chica había llegado a su puerta con la misma mirada. Ahora estaba más preparada, había aprendido de los errores. No había conseguido salvar a aquella muchacha, pero gracias a ella, este chico podría tener más suerte.

    Estrellas

    Estrellas


    Se deslizaban las nubes con lentitud, dejando el nocturno cielo cubierto de estrellas. En una pequeña casita alejada del pueblo una niña escudriñaba el firmamento intentando descubrir alguna constelación.
    Hacía dos meses su pequeño mundo interior fue sucumbido por una tormenta que la llevaría a emprender viajes más allá de su planeta. Todo comenzó cuando su abuelo vino desde tierras lejanas para entregarle algo. Con los ojos cubiertos de lágrimas su abuelo sostenía un libro enorme.
    —Dentro de nuestro latiente corazón existe algo que no se puede ver, ni tan siquiera explicar. Pero esa cosa late con fuerza dentro de cada uno de nosotros.
    El abuelo le susurraba mirando el iris de su nieta.
    —Te entrego este libro y cuando lo hayas leído lo comprenderás.
    Hacía dos meses que su abuelo pronunció aquellas palabras que al principio no entendió.
    En todo ese tiempo leía por las noches y cuando tenía tiempo libre por las mañanas. Entonces un día algo en su corazón vibró. Asustada salió afuera para tranquilizarse.
    Miles de estrellas surcaban el oscuro cielo cuando sus delicados pies flotaban por el césped. Sin palabras observó aquella escena tan petrificante. Se quedó pasmada ante tal belleza. Ya supo porque el corazón le latía con fuerza, era la curiosidad.

    Estrellas fugaces

    Estrellas fugaces

    Cuarenta y cinco hombres partieron desde la secreta base antártica ubicada justo debajo de la base alemana de Neumayer. Durante años se había construido un túnel hacia las profundidades. Minuciosamente se había quitado centímetro a centímetro de hielo, abriéndose paso a lo desconocido.
    En la última década, minúsculos robots nanotecnológicamente preparados habían refinado los trabajos. Cuando los sensores enviaron la señal que indicaba que se había llegado a veinte kilómetros de profundidad, el organismo internacional a cargo de la expedición dio la orden de llamar a las personas elegidas a lo largo y ancho del planeta, cada una especializada en un área diferente.
    Equipados con tecnología de última generación, incluso herramientas aún sin patentes, los hombres emprendieron la marcha sabiendo de la importancia de la misión, sin perder de vista que, al mismo tiempo, se trataba de una aventura arriesgada.
    Las comunicaciones se mantuvieron abiertas durante cincuenta y seis horas. Luego, de un momento a otro, de manera abrupta, se perdió todo contacto. Infructuosos fueron los intentos de los técnicos ubicados en la base secreta de recuperar la señal de los equipos de la expedición.
    El silencio en las radios los paralizó durante setenta y ocho horas. En ese lapso se realizaron más de una docena de reuniones. Pocos líderes en el mundo sabían de la expedición y exigirían respuestas llegado el momento. Sin embargo, cuando el contacto se creía perdido para siempre, una estática inundó la sala de control de la base.
    El operador de turno corrió a los sensores y no supo si gritar, llorar o reír cuando proveniente del parlante de la radio escuchó una voz en un idioma que desconocía. Pronto llegaron todos los intérpretes y el japonés supo que la suya era la lengua que se escuchaba. El rostro se le desdibujó al comenzar a traducir.
    - Soy el único sobreviviente, no doy más, por favor vengan a buscarme.
    El operativo demoró cinco horas en organizarse. No se sabía a qué distancia estaba el científico de nacionalidad japonesa que se había comunicado. Para fortuna de la misión de rescate, el hombre había recorrido a duras penas casi todo el camino de retorno, pudiéndose comunicar cuando le quedaban por transitar los últimos tres kilómetros.
    Su condición crítica de salud hizo temer por su supervivencia, pero los médicos de la base lograron mantenerlo respirando lo suficiente como para que su cuerpo se recuperara. Una semana más tarde volvía a hablar, ahora en inglés, idioma que también manejaba. A las pocas horas pidió conversar con el máximo responsable de la misión. A solas.
    La reunión duró solo treinta minutos En medio de la misma, pidió que le alcanzaran su mochila. Habían revisado todo, pero no se habían detenido en un pequeño bolsillo donde el científico había guardado una tarjeta de memoria. Pidió una computadora portátil y colocó la tarjeta.
    - Véalo por usted mismo - dijo el japonés.
    El hombre parado a un lado de la cama palideció.
    - Al final del túnel está la Tierra, como si la observáramos desde la Luna. Allí, en ese abismo, cayeron todos. Vi cómo se desintegraban en la atmósfera terrestre. Si no me creen, estas son las fotografías.

    Se comenta que la base está ahora cerrada y no existen planes de volver a ocuparla El túnel ha sido clausurado y las pruebas de todo lo ocurrido, eliminadas. Hay quienes afirman haber visto las fotos. Sin embargo, no se conoce la identidad de ninguno de los involucrados.
    Los intentos de este reportero de llegar al área donde funcionó la base han sido en vano. Todos niegan conocer su existencia. He estado en Neumayer y prácticamente me han tratado de loco. De manera obsesiva me encuentro interrogando a todo científico japonés que se tenga conocimiento. Espero algún día dar con la verdad. Mientras tanto observo el firmamento. Temo que las estrellas fugaces que a veces observamos no sean tales.

    Falsación

    Falsación

    Empiezo a sospechar que mi pareja es una persona normal.

    Hasta ahora estaba convencida de su naturaleza divina y tenía contadas pruebas de su omnisciencia, omnipotencia y omnipresencia.
    Su omnisciencia ha sido siempre la cualidad que más se ha manifestado. Él siempre lo ha sabido todo. Tiene nociones de multitud de materias y no solo dispone de ese conocimiento adquirido por el estudio, sino que también sabe lo que acontece en reuniones a las que no asiste y lo que piensan las personas. Vivas o muertas.
    Su omnipotencia está igualmente verificada. Cientos de publicaciones científicas como primer autor, simultanear varios trabajos con excelentes resultados y diversos cargos de responsabilidad. Todo lo que quiere lo consigue y si no lo consigue es porque realmente no lo quiere.
    Y por supuesto, nunca han faltado pruebas de su omnipresencia. Solo este rasgo de su naturaleza divina es el que puede explicar su capacidad de estar en varios sitios a la vez. En una reunión del comité ejecutivo y en el Hotel Ritz, jugando al póker con sus amigos y cenando en el restaurante de moda, cuidando a su madre y en el cine. El no miente nunca y la tarjeta de crédito tampoco así que solo puede ser la omnipresencia.
    Como he dicho, hasta ahora yo no albergada dudas. Tenía la teoría y las pruebas que la confirmaban. Todo estaba en orden. Solo fue después de leer a Popper y alguna que otra cosa sobre el principio de parsimonia cuando empecé a sospechar.
    Ahora, la omnisciencia se explica mejor por la fanfarronería y la necedad, la omnipotencia por el número de becarios y el abuso de poder, y la omnipresencia me temo que no es otra cosa que pura infidelidad y engaño. Empiezo a sospechar que es terriblemente humano.

    FUERZA CENTRÍFUGA

    FUERZA CENTRÍFUGA

    ¿Qué es exactamente el miedo? Eso mismo se preguntó ella la primera vez que oyó esa palabra.

    - Siento decirles que lo que su hija tiene es miedo.
    - ¿Y eso qué es? ¿Se cura como el resfriado?
    - Me temo que no, pequeña.

    Cada vez que llovía en el patio del colegio, veía como los demás niños corrían a saltar en los charcos con botas de goma y colores chillones. Ella también quería salir, pero algo la paralizaba. Era el miedo, haciendo de las suyas. Cuando un avión pasaba cerca de la ciudad, sus ojos se cerraban fuertemente y su corazón se aceleraba tanto que se metía debajo de la mesa. “Pobrecita, ya está ahí otra vez”, pensaba su madre consternada.

    Sus padres la llevaron a todos los sitios posibles en busca de una solución.

    - Todo apunta a que tiene miedo a lo que no puede controlar - fue lo único que supieron decirles.

    Los años pasaron y empezó a acostumbrarse a vivir con miedo. Sin embargo, cuando menos lo esperaba volvía esa sensación. El sudor. El no poder moverse. A lo que no se acostumbraba era a las miradas y cuchicheos. Los más atrevidos le preguntaban que cómo lo llevaba. En el instituto, notaba cómo los compañeros hablaban de ella.

    - Mi madre me ha dicho que tiene miedo.
    - Pues según mi padre eso ya es para siempre.

    Empezó a buscar información. Leía en Internet, en la biblioteca, de día y de noche. Lo único que pudo encontrar fue que el miedo había sido descubierto hacía tan solo unos años. El artículo contaba además el primer caso que hubo en el mundo. En ese momento decidió dos cosas: quería dedicar su vida a eliminar el miedo. También quería encontrar al muchacho del que hablaba el artículo.

    Lo primero comenzó después de una pregunta y muchos años de esfuerzo.

    - ¿A qué me tengo que dedicar para acabar con el miedo? - le dijo un día a uno de sus profesores.
    - Tienes que ser científica.

    Lo segundo fue cuestión de casualidad. Estaba leyendo el periódico cuando un anuncio llamó su atención. Supo que era él. Cogió el teléfono y llamó. Lo que no se habría imaginado jamás es que ese chico “borrador de cualquier tipo de criatura fantástica literaria que provoque miedo en los niños” acabaría viviendo con ella.

    - ¿Cómo se te ocurrió dedicarte a eso?
    - Todo empezó con un libro sobre vampiros. Tenía 8 años. Desde ese momento, no podía dormir por las noches. Era incapaz de tranquilizarme. Mis padres empezaron a preocuparse y más cuando veían que nadie sabía qué me pasaba. Hasta que al final, primera persona con miedo en la historia. Decidí que ningún otro niño pasaría por eso. Así que empecé a cambiar las descripciones o ilustraciones de los libros.

    Las horas de dedicación se incrementaban. Había días realmente interesantes donde parecía que iba por el buen camino. Cualquier avance, por pequeño que fuera, le hacía dormir feliz. Otros días, todo salía mal y notaba cómo le afectaban la frustración y el cansancio.

    Fue una tarde de septiembre. Él estaba trabajando en su escritorio, inmerso en uno de sus libros. Ella tenía la vista fija en el ordenador y de vez en cuando garateaba en un papel. Doble click del boli. Escribía. Resoplaba. Tachaba.

    - Voy a por agua – dijo él.

    Ella no respondió. Se había quedado mirando un punto en la pared. Cuando volvió, ella seguía sin inmutarse. Su cabeza estaba viajando lejos de allí. De pronto, un parpadeo y una agitación de cabeza. Había reconectado. Comenzó a escribir. Había determinación en sus trazos.

    - Ya está.

    Cogió otra hoja y volvió a escribir. Su piel estaba erizada.

    - Ya está. Ha estado aquí todo este tiempo. No sé cómo no lo hemos visto antes.

    Se giró hacia él con ojos vidriosos.

    - Ya sé cómo hacer desaparecer el miedo.

    Él se levantó y cauteloso se acercó y se sentó a su lado.

    - ¿Sabes? Hay algo que quería decirte y que ha hecho que cada vez me costase más trabajar. Creo que ahora es un buen momento: ¿Y si el miedo no es tan malo? ¿Y si es necesario? Es decir, míranos. Yo estoy aquí contigo gracias a que un día tuve miedo. Somos quienes somos, dedicándonos a lo que nos dedicamos porque sentimos miedo. Ha sido tratando de ser más fuertes que él cuando realmente hemos conseguido lo que nos propusimos. Vencer el miedo ha sido nuestro motor.

    Ella había dejado de mirarlo.

    - Di algo, por favor.

    Sus ojos volvieron hacia él mientras sonaba un último click del bolígrafo.

    - Ven, levántate – dijo al fin.

    Esa noche llovía. Y no, no la habrías encontrado en su apartamento. Tampoco sus botas de goma y colores chillones.

    Fugitivo

    Fugitivo

    Escucho los gritos de mis enemigos en la inmensidad de la selva. Terminarán encontrándome. Y ese será mi final. No habrá perdón para mí.
    Mi brazo biónico se ha averiado durante el último combate y no puedo mover los dedos. No poseo los conocimientos ideales para repararlo, pero soy mi única opción. Con la ayuda del cuchillo de campaña desatornillo la carcasa superior del antebrazo, realizada completamente con grafeno. Me parece imposible que un objeto tan liviano y fino pueda poseer tal dureza. Es más, si no estuviera pintada con colores de camuflaje juraría que la pieza podría ser prácticamente invisible. Para mi sorpresa, no encuentro ni un sólo cable en el interior. Todos los servomotores y mecanismos están soldados a la propia carcasa, por lo que intuyo que el hecho de que esté construido con grafeno cumple una doble finalidad, protección física y conducción de todo tipo de señales eléctricas.
    Recuerdo el momento en el que me lo implantaron. Había perdido el brazo derecho debido a una explosión de mortero. Los cirujanos me comunicaron la posibilidad de implantarme un brazo biónico, posibilidad a la que me negué en redondo. No quería parecer un bicho raro. Hasta que, al ver como algunos de mis compañeros de hospital se manejaban perfectamente con sus nuevas extremidades artificiales, me decidí. Prefería eso a ser un tullido de por vida. La operación fue larga y complicada. Sobretodo en el momento de conectar las terminaciones nerviosas de mi hombro a la carcasa del brazo, necesario tanto para que las órdenes de mi cerebro llegasen a los distintos mecanismos como para que el mismo recibiera las señales emitidas por la infinidad de sensores del brazo. Resulta sumamente extraño como se pueden percibir nítidamente las sensaciones de frío y calor a través de un brazo metálico.
    Pero no hay tiempo para ensoñaciones. Ante mi vista se despliega un conjunto de ejes hidráulicos que unen las poleas flexoras y extensoras de los dedos con la articulación del codo. Eureka!!! Uno de los latiguillos que conduce el fluido hidráulico se ha desconectado. Restituyo el fluido perdido utilizando un poco de agua de la cantimplora. No es lo ideal pero servirá. Ya sólo queda volver a conectar el latiguillo.
    Parece que mi improvisada reparación ha dado resultado. Los dedos se mueven con una velocidad y fuerza aceptables. El hecho de poder usar el dedo índice para presionar el gatillo de mi pistola me infunde cierta tranquilidad.
    Las voces se acercan. Como sabuesos olfateando un rastro se dirigen inexorablemente hacia mi posición. No me quedan fuerzas para seguir huyendo. Pero no me cogerán vivo.

    GRACIAS A VOSOTRAS

    GRACIAS A VOSOTRAS

    GRACIAS A VOSOTRAS

    "Porque, a pesar de todo, querida, lo mejor es la libertad"
    Katherine Mansfield

    Nunca le gustó el color rosa, nunca le gustaron las muñecas. Cuando sus amigas se entretenían jugando a las casitas, cambiando de vestido a los muñecos y recortando flores de papel, Cecilia se ensimismaba mirando al cielo y preguntándose de qué estarían hechas las estrellas.

    Mientras sus compañeras del colegio saltaban a la comba, Ada se entretenía contando las baldosas del patio para dividir el recinto en cuadrantes donde poder distribuir a sus compañeros por grupos de edad y altura.

    Si algún compañero se hacía una herida, los demás corrían en busca de un profesor para que lo socorriera, pero Dorothy se quedada mirando cómo fluía la sangre y preguntándose qué producía ese color rojo y por qué se formaba una costra al final. Aquella niña era rara.

    La madre de Anna no entendía por qué prefería quedarse en el jardín dibujando las hojas de las plantas a ir de compras con ella. El primer juguete que Rosalind pudo elegir consistió en un juego de química y los desaguisados que organizó en la cocina de su casa fueron motivo de más de una regañina por parte de su madre que prefería que se dedicara a la repostería a que mezclara líquidos que luego olían mal y se limpiaban peor.

    Lise se crio en una familia de abogados con bufete propio. Su destino estaba marcado desde que nació, al igual que sus dos hermanos varones. Se decidió que ella colaboraría a la economía familiar ayudando a sus hermanos en tareas administrativas en el despacho.

    Pero algo se empezó a torcer en ese plan tan bien trazado cuando Aletta decidió estudiar Ciencias. Sus padres no comprendían qué habían hecho mal para que se descarriara de aquella manera. Incluso se barajó la posibilidad de que hubiera habido alguna confusión en la selecta clínica privada donde nació y les hubieran entregado un bebé equivocado. Pero Barbara les tranquilizaba diciendo que los rasgos físicos que tan parecida la hacían a su padre y el genio tan vivo que tan parecida la hacía a su madre no dejaban lugar a la duda de que ella era hija de los dos.

    Después de muchos esfuerzos, y ante la incomprensión de sus amigas que ya estaban casadas y con varios hijos a su cargo, Zoe consiguió terminar sus estudios universitarios. La curiosidad innata de Dorothea la predispuso para la investigación y realizó un doctorado. Después de una rigurosa selección consiguió un puesto en una prestigiosa universidad.

    Tras muchas peleas y algún que otro desplante por parte de sus colegas masculinos Marie ha conseguido que sea reconocida su labor.

    Ahora, cuando mira su laboratorio donde abundan las mujeres echa la vista atrás y da por buenos todos los esfuerzos realizados. Gracias a ella(s) hoy otras mujeres podemos ver nuestro sueño hecho realidad.


    Gracias Cecilia Ada Dorothy Anna Rosalind Lise Aletta Barbara Zoe Dorothea Marie...
    Gracias, a vosotras.



    Cecilia Payne-Gaposchkin, astrónoma (1900-1979)
    Ada Lovelace, matemática (1815-1852)
    Dorothy Crowfoot Hodgkin, química (1910-1994)
    Rosalind Franklin, biofísica y cristalógrafa (1920-1958)
    Anna Atkins, botánica (1799-1871)
    Lise Meitner, física (1878-1968)
    Aletta Henriette Jacobs, médica (1854-1929)
    Barbara McClintock, genetista (1902-1992)
    Zoe Rosinach Pedrol, farmacéutica (1894-1973)
    Dorothea Christiane Erxleben, médica (1715-1762)
    Marie Curie, física (1867-1934)

    Historia de mi vida

    Historia de mi vida

    23 de abril de 2011
    ¡Hoy es mi primer día de trabajo! Cuando he llegado a mi puesto, he visto un montón de compañeros que parecían muy veteranos, y me he asustado un poco. Temía no saber hacer bien mi trabajo. Pero eran muy majos y al hablar con ellos me han dicho que no me preocupase, que era cuestión de práctica.
    La chica con la que he llegado se conocía muy bien el camino, ya que hemos ido por un laberinto de pasillos sin tener que retroceder ni una sola vez. Parece que está aquí hace tiempo. Aunque yo no voy a estar con ella. A mí me han puesto en la mesa de una chica a la que llamaban Alex. ¡Pero yo pensaba que Alex era un nombre de chico! Además, me da un poco de miedo porque creo que hoy también es su primer día. ¿Y si no sabe cómo usarme, y me rompe?
    He estado presente cuando le han dicho en qué va a consistir su estudio. Hablaban de algo sobre bacterias e infección. ¡Ah, sí, ya me acuerdo! Se supone que tiene que encontrar algo que mate una bacteria que es más fuerte que las otras. Y para hacerlo, debe probar unos antibióticos, es decir, unas sustancias que son anti-vida. Y digo yo, ¿tendrá esa bacteria la fórmula para ser inmortal?

    10 de mayo de 2017
    Me voy habituando a la vida en el laboratorio. La P100 se ha convertido en mi aliada: le cuento mis cosas y nos reímos juntas de nuestros errores. Fue ella la que me contó que Alex, en realidad, se llama ¡Alexandra! Y yo sigo sin entender por qué los humanos no le llaman por su nombre normal. Qué manía de acortar las palabras. Hacen lo mismo con “DNA”, “PCR” y otras cosas que no sé qué significan.
    Estoy muy contenta, ya que tenía un poco de miedo a las bacterias, pero Alex me trata muy bien. Estos días he tenido la bacteria súperfuerte a pocos milímetros de distancia, y me he comportado como una campeona. Primero dejamos que crezca y después le ponemos unos circulitos con antibiótico para ver si la matan. ¡Que empiece la batalla!

    21 de mayo de 2017
    Se ve que el estudio que estoy haciendo con Alex es un éxito. Hoy ha venido ¡la mismísima jefa del grupo! y la ha felicitado. A mí también me gustaría que me diera las gracias, pero las de mi especie siempre quedamos en segundo plano… Alex ha conseguido encontrar un antibiótico de esos que parece que mata a la bacteria. ¡Ahora ya no es tan súperfuerte! Según han dicho, si funciona bien, podrá servir para los humanos. Ya decía yo, que por alguna razón había tanto interés… Aunque, si la bacteria es mala, me parece bien que quieran matarla.

    5 de junio de 2017
    Hace unos días que Alex no me hace mucho caso. Pero no me preocupa: he visto que está trabajando todo el día en el ordenador. Tiene que escribir las cosas que hemos descubierto juntas, para poder pedir una beca, que es un dinero que te dan para seguir estudiando más cosas. Estoy aprendiendo mucho…

    13 de junio de 2017
    Hoy ha habido un accidente. Alex ahora está probando distintas cantidades de antibiótico para ver cuál es mejor para matar la bacteria, y, sin querer, me ha puesto boca abajo. Y claro, me ha entrado el líquido por la nariz. Ella se ha asustado y me ha tirado al suelo. Al caer, me he dado un golpe muy fuerte en la cabeza. Por suerte, ella siempre se preocupa mucho por mí y me ha cogido en brazos enseguida. Creo que me van a llevar a enfermería. Aun así, espero que no sea nada grave. Me da miedo dejar sola a Alex, ya que no sé cómo se las arreglaría sin mí. Ayer, de repente, se puso a saltar de felicidad porqué le habían dado la beca esa. Me alegro por ella.



    Ese día, Alex llevó su pipeta a los técnicos para ver si podían repararla, aunque ya sabía que era un tema complicado. Se trataba de un instrumento muy frágil, y los compañeros del laboratorio le habían avisado de que cuando las pipetas recibían un golpe fuerte, normalmente no volvían a funcionar correctamente... “Qué irónico”, pensó ella, “he trabajado con muestras infecciosas y no ha pasado nada; sin embargo, deja de funcionar por un simple golpe”. Alex dejó la pipeta y volvió al trabajo, no sin una sensación rara en el pecho… ¿Era su imaginación, o le daba pena despedirse?

    Historia de un grano de polvo interestelar

    Historia de un grano de polvo interestelar

    Hola, mi nombre es Nanomicrón, mido una décima de micra, soy negro como el carbón y, pese a no saber en que momento concreto comenzó mi vida, me gustaría contaros la parte de mi historia que puedo recordar:

    Todo empezó cuando vivía en una nube oscura, a la que podeis llamar Molecular. Allí hacía un frío insoportable y ni la luz se atrevía a entrar. Mi nube estaba hecha de hidrógeno, muy atómico y poco molecular, y yo vagaba despacito por el espacio, en completa libertad y sin nada con lo que chocar.
    Durante los miles de años que ocuparon mi juventud todo era tranquilidad, apenas tenía contacto con nadie, algún hierro me saludaba en la distancia o me contaba que había conocido a otro grano superviviente de una gran explosión. Nunca supe si todos aquellos átomos a los que conocí venían de la misma explosión o de eventos distintos, unos decían venir de una "Supernova", otros de una "Nebulosa Planetaria", pero todos decían que la explosión había tenido lugar lejos y mucho tiempo atrás.

    Un día me dí cuenta de que cada vez había más movimiento a mi alrededor, aumentaba la densidad. Ya no todo era hidrógeno puro, los oxígenos intimaban con los hidrógenos, más tarde comenzaron a aparecer pares formados por carbono y oxígeno, tríos de carbono y oxígenos, y hasta cuartetos de carbono e hidrógenos. Lo que empezó siendo controvertido en aquella nube paso a ser una auténtica revolución. Los átomos de hidrógeno ya no dominaban el medio, decenas de uniones estaban permitidas, y hasta la geometría intentaba cambiar.

    Yo me sentía muy solo en esta nube tan cambiante donde, no sé si debido a tanto amor, la temperatura parecía aumentar, todos íbamos como con más velocidad. Un día cualquiera y sin verlo venir quedé pegado a otro grano de polvo, se llamaba Siliciano, tenía un color muy claro y ... ¡un hielo tan sucio por encima, que le hacía parecer muy marrano! Al poco chocamos con un grupo de granos que decían hacer rock duro y se hacían llamar Coremantelones. Pasaron cientos de miles de años y fuimos uniéndonos más y a muchos más. Aprendimos lo que era la diversidad, y en cuanto podíamos anexionábamos más granos de polvo a nuestra unidad. Sin saber cómo, nos encontramos formando parte de una gran estructura que, dijeron unos que la vieron desde fuera, estaba en rotación contínua y acretando materia, alrededor de una protoestrella y con forma de disco. Como ya os he dicho, ¡una auténtica diversión!

    Pero como vosotros los humanos bien sabeis, tras la noche llega el día y en mi caso, el día fue llegando poco a poco, tardamos varios millones de años en pasar de la más completa oscuridad a la luz ardiente. Primero desapareció el gas, luego llegaron las fracturas en nuestra estructura, las sacudidas debidas a choques con otras rocas. Poco a poco fui viendo la luz y presenciando como nuestra estructura se iba puliendo. Llegó un punto en el que con tanta luz solo podía ver mi propio mundo, mi pequeño bello planeta, mi gran lujo, formado de millones de millones de granos como yo.

    Ahora aquí estoy, feliz en mi evolución, en un espacio donde espero pasar muchos millones de años más. Ahora, tengo que admitir que lo que más me gusta de mi vida actual, de este planeta y de este sistema en el que vivo, es la llegada de la noche. Cuando nuestra estrella se apaga (o quizá sea yo quién le da la espalda, no sé) es cuando puedo ver cómo alumbra a los demás, a los granos de polvo que conocí en el pasado, ya muy muy lejano. Si miras lejos evitando que nada te ciegue, podrás ver mucho más allá, incluso aprender de los que fueron tus compañeros de planetesimal.

    Historia de un invento mas

    Historia de un invento mas

    Historia de un invento más.
    Cinco de Octubre de 1989, Bacau Rumanía, digamos 6 de Octubre, porque ayer ha sido mi 36-a cumpleaños y enfadado con mi primera ex mujer, fui a tomar un vino con mi padre y no hemos parado hasta que me fui al trabajo.
    Un día miserable, frío, con lluvia, aglomeración en el bus, llegar tarde, animo de nada, jefe “listo”.
    Después de unos chistes malos a mi persona, quiero buscar un sitio mas caliente que mi despacho, en algún taller de esta empresa estatal, dedicada a hacer reparaciones de autos y maquinarias de obra. No llego lejos. Bajo mi despacho hay mucho ruido, y mucho humo que entra, no se por donde, hasta a mi nariz.
    Es el taller de reparación capital de motores con tres stands de pruebas y rodaje.
    Bastante oscuridad, ruido, frio y humo. Humo de dos fuentes: escape de los stands de rodaje y un barril metálico con maderas ardiendo, para que los chicos se pueden calentar los manos y... trabajar.
    Los del alrededor del barril me saludan, me sonrían y me preguntan ¿que hay de nuevo?
    - Los rusos, han descubierto unos efectos benéficos, construyendo y observando una piramida parecida a las de Egipto. Parece que funciona hasta como antena de televisión, si lo haces de electrodos de soldadura respetando los ángulos. Pero vosotros ¿porque no hacéis algo con este humo?
    - ¿Que? Sale por la tubería y entra por la puerta o por las ventanas rotas.
    - ¿Porque no lo limpiáis, burbujeando en un barril, como esta, con agua?
    -¡ Buena idea ingeniero!
    - ¡Manos al obra!
    … En el mismo día lo hemos conseguido limpiar el humo y otras ideas mas:
    -“El humo limpio recuperado podemos utilizarlo para calentar el aire de admisión y puede arrancar mas pronto los motores”; - “Con el agua calentada por el stand, puedo calentar mi despacho”; “También con el agua del sistema de refrigeración, se puede hace algo”;- “Pero si frenamos con una pompa y un hidromotor de hormigonera, no gastamos mas agua y hacemos unas determinaciones mas precisas”;- “Si, y entrenar un generador de corriente eléctrico, recargar las baterías”…
    Dentro de tres meses, hemos conseguido:
    1. Eliminar el humo del taller;
    2. Alumbrar el taller sin consumo registrado en contadores;
    3. Calentar un registro de tuberías para calentar los manos;
    4. Arrancar mas pronto los motores;
    5. Calentar mi despacho con recuperación de energías;
    6. Bajar el consumo de combustible con mas de 10% en cualquier motor, diésel o gasolina;
    7. Ser premiados con un salario mensual;
    8. Ser visitados y “famosos”, en que ¡se puede!
    Años mas tarde, estudiando por falta de ocupación, en la biblioteca del centro Pompidou (Paris, Francia), “el ¿porque ha bajado el consumo?”, “¿que leyes de la física y química olvidadas o ocultas, gobernaba esta combustión interna?”, entendí, que lo que hemos hecho con el humo de escape se llamaba “fotocatalisis” y lo de los resultados de la colaboración, se llamaba “inteligencia colectiva”.

    HOY NO... MAÑANA

    HOY NO... MAÑANA

    Iba una mamá con su hijo por la calle, cuando de repente, de la palma de la mano del crío brotaba un pequeño resplandor de luz acompañado de una ligera vibración. Eran sus amigos que le estaban llamando por teléfono y su palma hacía de pantalla. Le decían estos, que si iba a jugar con ellos a la caza de invasores del hiperespacio en tiempo real, a lo que les contestó que no podía en esos momentos, pues iba de camino a la clínica con su madre. Una vez dentro de la consulta del médico, este les atendía tras un gran plasma. La mamá le empezó a explicar los síntomas que padecía su hijo y este doctor le dijo al chico que introdujese el brazo, en el interior de un hueco de una gran máquina digitalizada. Al cabo de un par de minutos, el doctor ya tenía los resultados del paciente y... ¡Doña Fina! Su hijo tiene claramente afectado el hígado por cáncer y está muy ramificado con metástasis, por lo cual, no vamos a tratar de salvarse lo. Ya he mandado su código genético al laboratorio y se lo están imprimiendo en la impresora TRES-D de células madre, un hígado compatible para el. ¡Me temo chaval! Que no vas a poder jugar durante un par de horas con tus amigos.

    Insane

    Insane

    Rasha no daba abasto ni con tres sueldos. En Siria, ni ella ni sus hijos hubieran podido soñar con los lujos que la ciudad de Urba les ofrecía, pero la inmigrante había llegado a la conclusión de que, en Occidente, el confort nunca era suficiente. Rasha barajaba un curro de cocinera y otro de camarera, percibía la famosa renta básica suministrada por la web Garlic y vivía en un Centro Social Autogestionado donde no tenía que pagar alquiler, ni agua, ni electricidad.

    Con todo, sobrevivir era todo un reto. Todos querían su dinero.

    En su hora libre del mediodía, Rasha se iba a casa. Aprovechaba ese rato para desconectar y relajarse en la planta baja del edificio donde vivía. Como en una taberna moderna, allí siempre había caras nuevas y grupitos improbables de clientes a quien les había tocado compartir mesa. Rasha había aprendido inglés escuchando conversaciones entre geeks y jubilados, músicos y poetas, otakus y cyberpunks y el resto de arquetipos indie...

    Esperando a que la mesa se llenara de personajes variopintos, una notificación del banco sacudió su smartphone: Números rojos.

    Rasha estaba considerando seriamente vender un riñón. Le preocupaban dos cosas en la vida: la sanidad y la educación de sus hijos. Alimentarlos con productos ecológicos le salía por un ojo de la cara, pero una dieta orgánica tampoco bastaba para llevar una vida sana; el cáncer acechaba en el agua del grifo, en los fármacos, en el smog... Las tarifas médicas eran un gasto con el que Rasha tenía que hacer malabares.

    Un niño pálido, cubierto de granos, se sentó a su lado. Puso los pies sobre la mesa y abrió un ordenador portátil con la pegatina BIOHAZARD ALERT. Apestaba.
    –Hola –dijo Rasha.
    El muchacho la ignoró. Tecleando con una mano, una serie de ventanillas aparecían en su escritorio, mientras con la mano libre sacaba una de esas bolsas de ''patatas'' que Rasha tenía prohibidas a sus hijos.

    En aquel momento rondaba la sala un captador acicalado. Traía su carpeta, sus panfletos y su sonrisa ensayada. Rasha cometió el error de cruzar miradas con él. El depredador identificó un perfil perfecto: educada y maleable.
    –¡¡Buenas tardes!! :D –Al vendedor le brillaban los ojos.
    El crío del portátil frunció el ceño y se puso unos auriculares gigantes.
    –Hola... –Rasha se sentía mal evitando a las personas, pero literalmente no tenía más dinero–. No estoy interesada. Gracias. Lo siento.
    –Mira, solo será un minuto. Toma. –El muchacho le ofreció un flyer precioso.

    'NANOBOTS', decía la hoja informativa, 'THE FUTURE IS NOW.'

    –Me llamo Anton, ¿y tú? :)
    –Rasha...
    –Mira, Rasha, somos la empresa In-Sane, ¿nos conoces? –El vendedor irradiaba la luz de la inocencia.– Nuestra meta es erradicar las enfermedades del mundo, ¿y sabes qué?, lo estamos consiguiendo. ¡Fíjate, no exagero! –Señaló los gráficos y estadísticas del panfleto. El diseño colorido y minimalista captó la atención de Rasha.

    –¡Rasha, esto te va a dejar patidifusa! –Anton hizo una pausa dramática–... ¡¡¡Los fármacos han quedado obsoletos!!!

    –Hemos creado una alternativa, Rasha, –prosiguió–, ¡para combatir enfermedades de cualquier tipo! ¡SIN EFECTOS SECUNDARIOS! –Rasha estaba confusa. En el panfleto había muchos dibujos, y el precio no era barato. Sin embargo, las tarifas médicas eran un agujero en su bolsillo... –Te voy a explicar exactamente cómo funciona, Rasha:

    1. Nos das tus datos y te suscribes.
    2. Te colocamos una plaquita de grafeno bajo la piel, en la muñeca. ¡Tranquila, que no duele! ;)
    3. Te inyectamos los nanobots.
    4. La placa de grafeno analiza la composición de tu torrente sanguíneo y los nanobots patrullan tu cuerpo en busca de anomalías, como un cáncer.
    5. Te mantienes suscrita. Tu plaquita recibirá actualizaciones vía wifi desde nuestra sede, ¡Los nanobots serán instruídos en la prevención de enfermedades que no existían cuando te suscribiste!
    6. ¡Sonríe!:D

    Fue entonces cuando el hacker, perturbado por el parloteo del captador y la memez de la mujer, se quitó los auriculares. “Eh, payaso, ¿podrías irte a estafar inmigrantes a otra parte?”
    El vendedor se tensó como una escoba. “¿Disculp--?”
    –Que te pires.
    Rasha puso una mano en el hombro del captador. –Tranquilo. No te vayas, –dijo, calmada. Miró fijamente al niñato de los granos–. Esta inmigrante ha sufrido muchos abusos a lo largo de su vida, y no está dispuesta a tolerar ninguno más. Sé sincero, Anton, ¿el servicio es bueno?”
    Anton se relamió. –¡Es el futuro de Urba, Rasha!
    –¿Dónde tengo que firmar? –Rasha dio su número de cuenta y firmó.

    Mientras firmaba, el hacker la miraba lascivamente. Dijo: –¿Dime, Anton, vuestras actualizaciones incluyen antivirus?”
    Rasha frunció el ceño.
    –Por supuesto, pero la tarifa es mucho más cara.
    –Bien, –dijo el hacker, mirando a Rasha. –Sube tu tarifa o págame la diferencia.
    A Rasha se le hizo un nudo en la garganta.

    Sentía un cosquilleo en el riñón.

    Inteligencia natural

    Inteligencia natural

    Creen que he desaparecido. Estoy recluido en una pequeña cápsula. Parezco un gatito recién nacido aprisionado en el zaquizamí de la casa de mis abuelos. Es paradójico que haya estado tantos años pensando en cómo usar la inteligencia artificial para resolver los problemas de la humanidad. Ahora espero una carcasa que dé vida a mi inteligencia. Mis colegas dudan entre un robot humanoide, un ordenador biológico o algo más difuso, un plasma sin cuerpo definido pero con capacidad de comunicación. En realidad es algo parecido a mi vida en los últimos años. Una voz metálica que vertía mis ideas y pensamientos al mundo real desde un cerebro sin cuerpo cierto. Todo el mundo reclamaba mi presencia. Querían tocarme, premiarme, alabarme, darme consejos sobre mi delicada salud, ya inexistente. Ya no estaba en esa dimensión. Podía hablarles desde mi nueva esfera. Era gracioso ver el mundo en la distancia. Alejado de la servidumbre del cuerpo. La energía de mi mente se confundía con la escasa materia que le daba soporte. Pero seguía pensando. Seguía existiendo.

    Cuando desperté me encontré con que el ajolote todavía estaba en el laboratorio mirándome como un pequeño dinosaurio. Quizá se reía de mi aspecto de pequeña quimera inacabada. No sabía que mi cerebro era poderoso. Era extraño ver a un ser con cara de bebé regenerarse continuamente. Sus ojos grandes sonreían atónitos ante mi metálico cuerpo. Poco acabado, de momento.

    He vuelto a dormirme o a desaparecer. No lo sé a ciencia cierta. Curiosa frase. He tenido una sensación, algo que creía ya desaparecido para mi cuerpo o lo que queda de él. Solo reconozco mi capacidad de pensar. Reflexiono sin percibir bien mi nueva carcasa corporal. Puedo ver o hacer algo similar. Veo de lejos los pequeños ratones blancos, aunque ya no estoy seguro de que sean ratones. Un humanoide con barba los vigila. Quizá también a mí.

    Ya no duermo. Vivo integrado en mi nueva envoltura sin descanso. Ya no lo necesito. Veo pero no sé situar mis ojos, como un antiguo blemio. Quizá soy un cíclope, aunque no lo creo. Mi mirada es muy amplia, como si ocupara una extensión infinita. Ahora veo mucho mejor al ajolote. Me parece que él también me ve con más claridad. Sigue observándome.

    Hoy he dado un paso en el espacio. Me muevo. El hombre de la barba está satisfecho. El ajolote está más cerca y sigue mirándome con su carita de niño. Se parece a Cortázar. Es obsesivo. Si sigue así debería convertirme en un esciápodo para que no me viera. Es imposible y quizá lo sabe. Tengo que idear algo.

    Mi cuerpo se ha diluido. Mi mente no. Mi carcasa provisional parece haber desaparecido. Curioso misterio científico. Soy un haz luminoso con apariencia humana. Pero sigo pensando. Me comunico con el humanoide barbudo. El ajolote se ha quedado perplejo. Ocupo diversos espacios.

    Todo, por mi inteligencia natural.

    Intemporal

    Intemporal

    Muón, tau, neutrinos... Leptones, quarks, bosones... Protones, neutrones, electrones... Átomos, moléculas... Materia...
    Ingrávido, en la oscuridad, avanzando sin rumbo, como flotando en un océano de estrellas... De repente no sé dónde me encuentro, pero frente a mí veo... ¡un sistema solar binario! Dos pequeños soles, uno amarillo y otro más pequeño y blanco, bailando juntos en armonía, como si de un vals ancestral se tratase. ¡Con planetas circumbinarios! ¿Cómo es posible que en un sistema solar binario puedan “sobrevivir” planetas? Las órbitas tienen que ser completamente diferentes a lo conocido para no llegar a ser fagocitados por las estrellas gemelas.
    Al ser humano ni se le habría pasado por la cabeza que eso fuese posible, un sistema solar como este no debería ser estable. Tal vez sea porque ambas estrellas son de tamaño pequeño y eso permite esta grandiosidad. ¿Habrá vida de alguna clase ahí abajo? Quién sabe. Me gustaría ser optimista y pensar que Enrico Fermi, Frank Drake y Carl Sagan tenían razón, y que tan solo la falta de desarrollo tecnológico, el poco o escaso conocimiento sobre el universo o nuestra limitación, temporal, por falta de evolución, sobre todo cerebral, nos impiden ver más allá de lo que alcanzan nuestros ojos y nuestro pensamiento.
    Pero... ¿Qué ocurre? Siento... que me estoy moviendo... ¿Qué...? Aaaaaah!!
    Un golpe de luz y una fuerza desconocida me desplazan rápidamente. ¡Duele! Es como... si me costase respirar. El dolor me obliga a cerrar los ojos y cuando los abro veo... ¡Una galaxia!
    ¡Oh! Si las estrellas binarias eran bellas, esta visión lo es más aun. No es una galaxia como las que todos imaginamos, con sus brazos en espiral y su núcleo central. Al estar observándola desde un lado no puedo alcanzar a ver porqué me resulta extraña, es como si estuviese deformada. Si pudiese moverme un poco hacia arriba, pienso. De repente, me desplazo en un plano ascendente con relación al plano de la galaxia. Ha sido como si mi solo pensamiento permitiese el movimiento.
    ¡Ahora lo veo! Son dos galaxias unidas. Puedo ver cómo una más grande, que originariamente era en espiral y que todavía conserva la mayoría de sus brazos en una forma perfecta, está chocando con otra más pequeña que podría haber sido elíptica pero a la que el impacto con uno de los brazos de la galaxia espiral ha convertido en una masa informe de estrellas de las cuales solo se distingue el núcleo. ¿Hay algo más hermoso que ver cómo se transforman dos galaxias en una sola?
    ¡Ah! ¡Ese maldito dolor otra vez! ¿Qué me está ocurriendo? ¡Dioses!
    Oscuridad, negro absoluto, o tal vez no... Unos puntos luminosos parpadean a lo lejos. No son estrellas, o eso creo. Mi vista está turbia tras el acceso doloroso y todavía no logro centrarme. Miro a mi alrededor y veo que me encuentro en la cara oscura de un planeta, ya que a ambos lados puedo ver las estrellas. Las luces parpadeantes parecen... ¡artificiales! ¡Ahí abajo hay vida! ¿Estaré en casa? Intentaré acercarme. Tras controlar mi pensamiento, me acerco a gran velocidad y puedo distinguir una enorme cantidad de luces, como si fuesen ciudades. Sin embargo, no consigo dirigirme a ellas sino hacia una gran masa de agua entre unos continentes... ¡que no reconozco!
    Dentro del océano distingo gran cantidad de vida. Es increíble, ¿a quién se lo voy a contar? Nadie me creerá...
    Pequeños seres nadan como si se desplazasen por una autopista acuática, mientras otros más grandes nadan majestuosos y tranquilos por los grandes espacios que hay entre las líneas que forman las vías creadas por los pequeños. Uno de los grandes, similar a una gigantesca ballena azul, pasa cerca de mí y con un deseo irrefrenable mi mano roza su cuerpo. Es una sensación plácida, suave, de paz plena. La enorme ballena, por denominarla de alguna forma, se vuelve ligeramente y me mira con uno de sus grandes ojos llenos de vida y calma. ¿Me puedes ver?, pienso.
    La ballena vuelve a mirarme y puedo distinguir cómo su mirada ha cambiado, como si me diese a entender que me ve y comprende. De repente se para y noto cómo en mi mente puedo escuchar unas palabras: «Tranquilo, no tengas miedo. Estamos aquí para ayudarte. Tan solo déjate llevar y todo irá bien.»
    Confío en ti, le digo con el pensamiento.
    «Volveremos a vernos», me asegura la ballena.
    Nada más decir eso, una luz intensa ahoga mis sentidos y vuelvo a sentir un dolor insoportable. ¡Algo me arrastra con fuerza! Intento gritar pero no consigo que salga nada de mis cuerdas vocales. Un pasillo con la forma de un... ¡agujero de gusano! me arrastra velozmente...
    Luz intensa... Pitidos... Abro los ojos.
    —Estupendo, tenemos pulso de nuevo. Bienvenido de regreso al mundo de los vivos 
–dice el médico.

    La Canela

    La Canela

    La canela era conocida por los chinos en el 2.500 a. J.C y se la suponía más apreciada que el oro.

    En la antigua Arabia, sólo los sacerdotes podían utilizarla para sus ofrendas religiosas, el primer manojo se ofrecía al sol y el segundo se empleaba para encender el fuego donde se ofrecían sacrificios a los dioses.

    Los egipcios empleaban canela para embalsamar y para realizar hechizos, en 1485 a. J. C. El faraón Sankhare importó canela y otras plantas aromáticas, por lo que la zona de Somalia y Etiopía fueron conocidas por los antiguos como el país de la canela.

    Alrededor del año mil a. J.C., la Reina de Saba presenta al rey Salomón nardo, índico, cálamo aromático y canela y todos los árboles de incienso de su jardín del que se decía que poseía poderes mágicos. Salomón hizo que el uso de la canela y de su especia cercana, la casia fuera ordenada para fines más serios: fundamentalmente para ungir lo más sagrado: a los muertos. Se extiende el rumor de que la esencia de la canela hace resucitar a las personas cuyos cuerpos fueron ungidos con ella.
    Siglos más tarde, los comerciantes de la Ruta de la Seda, llevan entre sus cargamentos algunas semillas de estos árboles hacía Oriente.

    El 24 de marzo de 1792, las corbetas Descubierta y Atrevida de la expedición científica de Alejandro Malaspina llegaron a Cavite, Filipinas..Juan de Cuellar era el farmaceútico y botánico español nombrado por Carlos III para gestionar la Real Compañía de Filipinas con la intención de investigar y explotar los recursos naturales de aquellas islas. Cuéllar se reunió con la expedición y le mostró a su botánico, Antonio Pineda, algunas de las plantaciones alrededor de Manila

    Una orden real fechada en enero de 1788 lo había dirigido a promover el cultivo de canela y nuez moscada, en un último intento de romper el monopolio comercial holandés sobre estas especias. Cuellar entregó a Pineda varios especímenes y semillas de las mismas y con ellas la expedición zarpó de Manila el 15 de noviembre de 1792. Sin embargo, las variedades traídas de las Indias no eran adecuadas y se guardaron en los herbarios del Real Jardín Botánico en Madrid.

    El 14 de abril de 2018, se celebra una gran fiesta para los trabajadores del Herbario Botánico en las cuevas que Valentino posee en sus fincas y Don Guirao baila durante toda la noche vistiendo la ropa con la que el día anterior había estado manipulando las láminas antiguas de expediciones. A la pequeña bebé no se le escapa mientras es amamantada por su madre, que algunas semillas caen al suelo.

    Quince años más tarde un investigador de nombre León, recibe un reconocido premio por un artículo científico explicando como a causa del cambio climático ha sido posible que se haya extendido por la zona la proliferación de árboles de la canela que han enriquecido a la zona por la buena calidad de la canela que producen.

    2084: Circe es una famosa médica que dedicado su vida a demostrar que se pueden curar enfermedades importantes con productos naturales utilizados sin procesar. Sin ir más lejos, ha conseguido que se haya extinguido una infecciosa enfermedad con la canela producida por los árboles de su casa. Cuando se hizo con las tierras de su mentor Valentino, sabía de sobra que esas tierras eran mágicas. En su mente estaba la visión de las semillas germinando en la tierra cuando de recién nacida acudió al baile.

    También a Circe le gusta aplicar las antiguas tradiciones de Egipto y no duda en frotar con el ungüento de sus adorados canelos los cuerpos de las personas que fallecen en la zona y que ella cree que merecen tener el privilegio de ser enterradas en las cuevas de su propiedad con la bendición de los antiguos egipcios.

    Lo que esta afamada doctora no sabe es que está utilizando el ungüento que la Reina de Saba usaba en la antigüedad con la capacidad de resucitar a los muertos y al lado de dónde ella vive hay una pequeña civilización de personas resucitadas que habitan en las cuevas. Son personas convertidas en seres superiores con aspecto de humanos que poco a poco irán repoblando el planeta.

    La catástrofe ultravioleta

    La catástrofe ultravioleta

    James Jeans observaba a través de la ventana la lluvia caer sobre el césped del patio. Sentía el ambiente estaba más que cargado y no deseaba otra cosa que liberar las hojas y que ese torrente lavara su atribulada cabeza. Pero no quería tener que explicar ese gesto de atormentado ante Lord Rayleigh allí presente. Así, tras ladear ligeramente la cabeza en su dirección, volvió a su lluvia de otoño y su deseo de dejarse limpiar por ella.

    Al otro lado del despacho, John Strutt, tercer barón de Rayleigh, ojeaba los borradores saltando de uno a otro sin hilo conductor aparente. Con movimientos pausados, iba organizándolos sobre su escritorio como si no lo hubiera hecho ya mil veces, con la calma que daba la certeza saber que no iba a cambiar nada.

    Ambos esperaban allí a la edición de su publicación que enviarían a la Royal Society. Los avances últimos en el campo de la radiación electromagnética habían sido descomunales. Una ola de entendimiento que se había propagado por todas las facultades de física de Europa y que lo haría a través de la historia. Esta publicación podría adscribirse a este paradigma. Salvo por una inconveniencia que no abandonaba la cabeza de Jeans.

    La catástrofe ultravioleta; el fallo colosal que el Universo esgrimía en contra del trabajo conjunto de aquellos dos hombres en los últimos tres años. Toda la teoría respondía adecuadamente hasta cierta longitud de onda; la del ultravioleta. A partir de ahí, comenzaba a arrojar unos resultados de una potencia desmesurada para radiación de ese tipo, que las observaciones rechazaban indudablemente.

    Para Jeans este error, reconocido activamente en el artículo, daba crédito de los límites de su investigación. Todo era correcto, sí, pero no universal La reacción de la comunidad científica inquietaba al profesor. Rayleigh se percató de aquello desde su asiento y dijo sin levantar la vista:

    - Despeje sus dudas, Jeans. Es demasiado correcto para no publicarlo.

    Quizá el reciente premio Nobel quedara tranquilo con aquello. Pero James Jeans tenía la sensación de arriesgarlo todo. Habían abierto una brecha en la física clásica y sin intención de repararla. Quién sabe que causaría aquello.

    El asistente de Rayleigh llamó a la puerta y tras ser invitado por él, le entregó la copia. Rayleigh le despidió con gesto de satisfacción y la abrió sobre su mesa para darle un último repaso. Jeans se acercó al mar de papel y tinta que era el escritorio y revisaba atento el artículo. La cercanía debió estimular aún más la sensibilidad de su colega, quién, entre harto y comprensivo, suspiró y le mantuvo la mirada a Jeans desde la silla.

    - Mire, sé lo que piensa. Cree que esto es un foso cuando lo que queremos es llegar más alto. Pero la naturaleza no se equivoca. Y si lo hicimos nosotros en un pasado, es mejor rectificar cuanto antes. Estas páginas no sientan las bases de la verdad. Pero si pueden acabar con una falsa creencia, vale la pena que vean la luz.

    Aquellas palabras cambiaron el ánimo de Jeans, pero no su parecer. Descubrir una mentira de forma irrefutable no era tan agradable como descubrir la verdad. Pero tenía razón. No era momento de pensar en el prestigio.

    Años más tarde, en 1911 en Bruselas, Jeans se encontraba en el Congreso Solvay sobre Radiación y El Cuanto. Tras las conferencias de aquel día, logró encontrar un hueco para charlar con Max Planck, de quién consideró que tuvo una de las intervenciones más curiosas y odiosas del día. Su concepto de la energía cuantizada confrontaba directamente con el trabajo de aquellos últimos años.

    - Un placer oirle hablar, profesor Planck.
    - Gracias - contestó con fuerte acento germano - Me sorprende usted ¿no creía usted que la constante que calculé en Berlín no era más que cero, para alinearla con la física clásica?
    - Y así lo creo. Es un agujero demasiado grande para que lo llene su teoría cuántica.

    Jeans pensó al momento que había sido un error empezar aquella conversación. Pues preveía el tan temido comentario de “pero da solución a la incertidumbre en el ultravioleta que planteó hace unos años ¿no?”. En cambio, el alemán soltó una pequeña risa y bajó la mirada.

    Con deseo de abandonar su compañía, Jeans le tendió la mano diciendo:

    - En fin. Aún con todo, muchas gracias por tratar de hacernos ver su solución.
    - ¡Oh, no! - se exculpó Planck - Gracias a usted, por hacerme ver el problema.

    Abandonó su compañía y marchó a través de los pasillos. Mientras se alejaba, Jeans tuvo la sensación de darle la espalda a un auténtico indagador del universo.

    La decisión de Richard

    La decisión de Richard

    Nada más colgar el teléfono a Richard le asaltó una sensación extraña, como una inquietud que quisiera avisarle de que no había tomado la decisión correcta. No se lo había pensado mucho antes de renunciar a la plaza de profesor en el Caltech (Instituto de Tecnología de California), que le acababan de ofrecer. Después de toda su vida viviendo en el noreste de Estados Unidos –había estudiado en el MIT (Masachussets Institut of Technology), en la Universidad de Princeton y en la de Cornell- la idea de irse a la otra punta del país no le parecía para nada tentadora. Además, el trabajo que ya había aceptado en el Instituto de Estudios Avanzados le parecía mejor y no le obligaba a mudarse tan lejos de su familia y amigos.

    A pesar de ello, sentía que se le había hecho como un nudo en el estómago. Y el desasosiego hacía que su mente siguiera repasando una y otra vez los motivos por los que había rechazado aquella oferta. Le habían intentado vender las mil maravillas de trabajar en el Caltech, pero para él no eran más que promesas vacías. Le habían prometido que trabajaría con los mejores científicos del mundo pero, aunque no pretendía menospreciar a nadie, sabía que quedándose donde estaba trabajaría a menudo con Albert Einstein. Y también, mostrando un buen conocimiento de su carácter, le habían hablado del Sol, el buen tiempo e incluso las fiestas californianas; que nada tienen a envidiar al frío invierno y los bochornosos días de verano que le esperaban. Pero nada de eso era suficiente para él. Sorprendentemente, lo único que realmente podría motivarle a aceptar la oferta se lo habían comentado de pasada, casi escondiéndoselo, y era la obligateriedad de dar clases.

    Richard era de los que disfrutaban igual, o incluso más, dando clases e investigando. Las clases le ayudaban a sentirse útil durante sus épocas menos productivas, y sus alumnos le servían de fuente de inspiración. Precisamente en aquel momento se sentía científicamente bloqueado. Algo que le sucedía a menudo después de realizar un trabajo del que se enorgulleciera especialmente, como fue el caso de los diagramas que hoy llevan su nombre, Feynman, que un año antes, 1948, había presentado.

    La verdad es que no era para menos; había conseguido plasmar en un diagrama sencillísimo algunos de los principios fundamentales de la mecánica cuántica. En dichos diagramas se representa el movimiento de las partículas subatómicas en el espacio y en el tiempo y el resultado de las interacciones entre ellas. Por ejemplo, se puede representar como un electrón viajando en línea recta cambia su dirección al emitir una partícula de luz –fotón–. Richard no había incidido demasiado en las matemáticas implicadas, pero los diagramas resultaron ceñirse tan bien a los resultados experimentales que fueron ampliamente aceptados. Una de las características que más pareció convencer a otros especialistas es que mantienen la simetría espacio-temporal; es decir, cuando se invierten las direcciones de las partículas en el espacio y en el tiempo siguen siendo correctos.

    Richard era consciente de que esta capacidad de simplificar los conceptos enrevesados era una de sus mejores virtudes. Obviamente, no pretendía restar importancia a todas sus contribuciones en la electrodinámica cuántica ni a otras ramas de la física, pero sabía que los avances científicos eran la suma del trabajo de muchos profesionales y que, de no haber existido él, más tarde o temprano algún otro científico hubiera hecho su trabajo. En cambio, contribuciones como aquellos diagramas que no aportan nueva información científica, pero son increíblemente útiles, sin su ingenio nunca hubieran sido inventados. Veía en esos diagramas mucho más que interacciones entre partículas. Veía el poder de la simplificación, una herramienta indispensable para enseñar ciencia, hacerla más comprensible y motivar a los estudiantes.

    Richard opinaba que era esencial compartir el conocimiento para llegar a disfrutarlo plenamente. Era de los pocos científicos conscientes de que existía un temor social a la ciencia debido a su complejidad, y sabía que más gente se interesaría si se exponía de manera más comprensible. También era consciente que más interés público se traduce a más inversiones, más científicos, más investigaciones y consecuentemente más avances. Una sociedad bien educada científicamente implica un aumento de la calidad de vida tanto a nivel individual como colectivo. Y el punto de partida para conseguirlo es la mejora de la educación científica. Se dio cuenta entonces de que estaba eludiendo su responsabilidad, ya que era perfectamente conocedor de sus habilidades para la pedagogía.

    Todas estas reflexiones pasaron por la cabeza de Richard en los pocos segundos que hacía que había colgado el teléfono. Y casi sin darse cuenta, volvió a cogerlo. Tan solo necesitó marcar el número de teléfono del Caltech para que aquella sensación extraña tan desagradable que le había asaltado desapareciera para siempre.

    LA ENTREVISTA

    LA ENTREVISTA

    - Hoy, tenemos con nosotros al célebre neurólogo: Neofilo Espino Ochoa. ¡Buenos días, profesor!
    - Buenos días.
    - Y muchas gracias, por aceptar nuestra invitación para realizar esta entrevista, aquí, en el antiguo Hospital Ramón y Cajal para la Salud Mental.
    - Es un placer estar en este emblemático lugar. Aunque, he de reconocer que, estar rodeado de aparatos obsoletos de electroencefalografía y sentado en una silla con grilletes y cintas de cuero, me transporta, más, a una película de terror que a un hospital.
    - ¡Ja, ja, ja! No tiene de qué preocuparse, no creo que haya ningún psicópata, por aquí, escondido. Este hospital dejó de funcionar hace más de 50 años. Pero, dígame, Doctor Espino, ¿cómo se siente al haber recibido, el pasado mes, el prestigioso Human Brain 2028?
    - Fue un verdadero honor, ver reconocida, así, toda mi carrera científica. Me siento orgulloso, a la vez que, agradecido a todos aquellos con los que he compartido mi trayectoria.
    - ¿En qué momento se dio cuenta de que había descubierto algo, realmente, importante?
    - Cuando encontramos la mutación específica que afectaba a la enzima transneuronasa.
    - ¿Qué tenía de especial esa mutación?
    - Hasta los años 60, del siglo pasado, se creía que las neuronas del cerebro no se regeneraban, al contrario que las células de otros órganos y tejidos como la piel, la sangre o los huesos. Después, se descubrió que, en algunas zonas del cerebro, como el hipotálamo, sí existe cierta renovación. Sin embargo, las neuronas de la corteza cerebral no se regeneraban, haciendo irreversibles muchas de las enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer. Hace unos veinte años, la investigación, en este campo, se centraba en intentar convertir células madre en neuronas…
    - Pero, en su grupo, no seguían esa estrategia, ¿no es cierto?
    - Efectivamente. En aquella época, estudiábamos un fenómeno diferente. En una persona sana, cuando se muere una neurona, las neuronas de alrededor desarrollan nuevas dendritas para conectarse con sus vecinas, de forma que los caminos de la memoria siguen activos y la necrosis neuronal tiene un efecto limitado. Entonces, fue cuando descubrimos que una mutación concreta llevaba a una disfunción de la enzima que regulaba la generación de nuevas dendritas. Dicha variación hacía que una nueva neurona creciera sobre el cuerpo de la neurona que acababa de morir. Como un nuevo tallo puede brotar de un árbol caído.
    - ¿Gritó “Eureka” al descubrirlo?
    - ¡Ja, ja, ja! No, no lo gritamos. Pero supimos, de inmediato, que habíamos dado con algo importante. En poco tiempo, se estableció el mecanismo y, en cuestión de un año, ya estábamos haciendo pruebas clínicas sobre la posibilidad de suministrar transneuronasa modificada a pacientes con enfermedades neurodegenerativas.
    - Las pruebas clínicas fueron muy rápidas, apenas tres años, cuando lo habitual son diez…
    - Se trataba de un hallazgo de tal envergadura, que todo el mundo quería verificarlo y acelerar su comercialización. Los propios pacientes pedían participar en los ensayos clínicos, aun, en las fases más preliminares.
    - Poco después de salir al mercado, Neuronova se empezó a prescribir también para otros usos.
    - Así es. Concretamente, para trastornos depresivos. La idea era renovar los caminos de la memoria para conseguir salir de círculos viciosos mentales. Y el éxito, en ese ámbito, fue también rotundo.
    - De hecho, todavía recuerdo el anuncio. Rezaba algo así como: “Renueve su cerebro en tan solo siete años”.
    - Si, fueron muy ocurrentes… ¡Oiga, algo le ha pasado a la argolla de mi silla! ¡Se ha cerrado y me ha atrapado el brazo…!
    - No se preocupe, se habrá atascado. En cuanto acabemos, le desato. Pero…, dígame, profesor, creo que ha habido cierta preocupación por los efectos secundarios del medicamento, ¿no es así?
    - S… s… sí. Creo que sí. Algo he oído. Pero… ¿no puede abrir esta argolla? Me aprieta mucho.
    - ¿No es cierto que uno de esos pequeñísimos efectos secundarios es el de la pérdida de la memoria no reciente? Acaso ¿no es verdad que los pacientes de Neuronova no recuerdan su infancia, ni su adolescencia…, de hecho, nada más allá de los últimos siete años? ¿Alguna vez se llegaron a preguntar, ustedes, por qué la naturaleza no ha elegido que se regeneren las células del cerebro?
    - Pre… preferiría terminar, aquí, la entrevista…
    - ¡SABE QUE YO TOMÉ NEURONOVA! Sí, la tomé porque estaba deprimido. Y, ahora… Ahora no me acuerdo. No me acuerdo de tantas cosas… No recuerdo a mi pareja, ni a mi hijita…
    - Pero… ¿Quién es usted? ¿Qué quiere? ¡NO, NO ME ATE EL OTRO BRAZO! Por favor, soy un hombre mayor... Tengo dinero…, mucho, de la patente de Neuronova… ¿CUÁNTO QUIERE? ¿DIGA…?
    - No quiero su dinero, profesor. Quiero mis recuerdos. Una última pregunta, Herr Doktor, ¿de qué vale la ciencia sin conciencia?

    La familia Cañaveral

    La familia Cañaveral

    ¡Aaahhhhhggg aaahhhhhggg! Como cada mañana, despierto y bostezo a la vez que siento las cosquillas de la brisa mañanera. Sacudo un poco mis hojas y siento el agua del río refrescando mis rizomas.

    Mi nombre científico es Arundo donax, pero mis amigos me llaman Caña. Vivo cerca del agua junto con todas mis hermanas, en la familia Cañaveral ¡somos muchas! Nos gusta crecer bien apretadas, sin dejar mucho espacio entre nosotras.

    Mi abuela, una caña muy alta que crece a dos metros y medio de mí, me contó que a sus antepasados los trajeron de alguna parte de Asia, aunque no recordaba exactamente de dónde. También me contó que cuando las de nuestra especie llegamos aquí teníamos mucho trabajo: éramos constructoras, ayudábamos a sujetar terrenos inestables y las más artistas de la familia se dedicaban a instrumentos musicales y a fabricar muebles para el interior de las casas. La verdad es que me hubiera gustado haber vivido allí, o al menos, ser capaz de seguir alguno de esos usos tradicionales, no como ahora que andamos un poco desubicadas y sin saber muy bien qué hacer. Y es que, según me contó, al cabo del tiempo los humanos dejaron de necesitarnos y nos quedamos sin trabajo. Con tanto tiempo libre, decidimos entonces viajar para conocer los alrededores. Y lo cierto es que fue muy fácil gracias a nuestra gran capacidad para expandirnos y diferentes tipos de reproducción.

    Hoy en día crecemos a nuestras anchas en los ríos mediterráneos. Tenemos primas en el río Ebro, en el río Segura… ¡y en muchos más! Las más aventureras de la familia se han ido incluso a explorar otras áreas más alejadas como los terrenos sin cultivar y los acantilados.

    Pensaba que esa mañana sería como otra cualquiera, pero a las pocas horas empecé a sentirme un poco inquieta, como si algo inesperado fuera a pasar. Mi temor se vio confirmado cuando el martín pescador que cada mañana pasaba por allí nos avisó: “¡Se acercan!”, dijo, y mis hermanas y yo nos empezamos a poner muy nerviosas mientras él se zambullía. Efectivamente, a los pocos minutos un grupo de humanos llegó y comenzaron a pasear entre nosotras. Nos observaban, hacían fotografías y hablaban entre ellos. Por algún motivo, parecía que no les hacía demasiada gracia que estuviéramos allí y mucho menos que fuésemos tantas. Intenté concentrarme para captar algunas de sus palabras.

    “Esto lo solucionamos rápido con una buena quema”, dijo un señor trajeado que parecía querer irse lo antes posible.

    ¡Qué barbaridad! ¿Quemarnos? Mi hermana pequeña Cañiza se puso a temblar. “No te preocupes”, le susurró mi prima Cañera muy indignada. “Si nos queman, creceremos aún con más fuerza. ¡Las cañas unidas jamás serán vencidas!”. Hice otro esfuerzo por concentrarme, no podían estar hablando en serio.

    “No va a funcionar”, se opusieron las otras personas que lo acompañaban. Suspiré aliviada.

    “En mi opinión, deberíamos revalorizar su uso”, dijo el que debía ser un técnico ambiental. “Pueden ser útiles para la producción de energía, y recordemos todas las utilidades que tenían antiguamente”.

    “Es muy interesante”, comentó la que parecía la científica del grupo. “Pero eso aún llevará tiempo y tenemos que considerar también los problemas que existen ahora. Los efectos de las riadas en esta zona han empeorado mucho en los últimos años y cada vez hay menos biodiversidad. Las especies invasoras están causando muchos problemas que no deben ser tomados uno a uno, tenemos que pensar en conjunto”.

    ¿Invasoras nosotras? Sus palabras me hicieron pensar. Es cierto que últimamente cuando llovía el caudal de río subía muy rápido, porque nuestros tallos eran tan rígidos que no se tumbaban con el paso de la corriente. Recuerdo también que cuando nací teníamos como vecinos a varios chopos, sauces y álamos, pero al poco tiempo dejé de verlos. No parecíamos ya un bosque de ribera sino más bien una gran muralla flanqueando el río. Hasta ahora no me había dado cuenta, pero esa palabra, invasoras, sonaba muy seria. Esta parte de la historia no me la había contado mi abuela. Igual tampoco la sabía. Me giré hacia ella buscando respuestas.

    “Invasoras o no, no es asunto nuestro”, dijo con severidad. “No llegamos aquí solas. Ellos nos plantaron, nos dieron usos y después se despreocuparon de nosotras. Si ellos ocasionaron el problema, serán ellos quienes los tengan que resolver”.

    El grupo de humanos ya se alejaba y la brisa del viento nos trajo aún algunas palabras de la científica. “Revalorización, uso controlado de herbicidas, reintroducción de especies autóctonas, implicación de los propietarios de esta zona…”, parecía llena de ideas. El entusiasmo y la seguridad de su voz me calmaron un poco. Era consciente de que muy pronto empezarían a cambiar las cosas en lo que hasta ahora había sido nuestro río.

    La Farmacia

    La Farmacia

    Silva sabía que la mayor farmacia del mundo estaba delante de sus ojos. En ella habían trabajado lo mejores científicos de la historia. Entre su arsenal de productos había compuestos que podían tratar el cáncer y las infecciones. Había pócimas para la prevención de enfermedades y para retrasar el envejecimiento. Contaba con una impresionante colección de moléculas con actividades sorprendentes, como la capacidad de cortar DNA que los científicos habían adaptado para editar el genoma a su antojo. Algunos de los productos se utilizaban desde hace muchos años. Sin embargo, la gran mayoría permanecía aún por abrir y su potencial estaba a la espera de ser utilizado por razones que Silva no entendía. Ella estaba maravillada y estaba deseando entrar y descubrir lo que se escondía en las zonas menos exploradas. Pero sabía que tenía que estudiar mucho antes que estar capacitada para ello.

    La farmacia era una auténtica preciosidad y algo en ella hacía que uno se sintiera más feliz cuando estaba en ella. El lugar proporcionaba paz y armonía al que la visitaba. La decoración iba por zonas. La sala verde era la favorita de Silva. En ella, la riqueza decorativa de los estantes de fármacos superaba a cualquier catedral gótica europea. La simetría y las secuencias matemáticas se encontraban en cualquier detalle. Los olores, sutiles o intensos, evocaban una conexión primitiva a ese lugar. Era un templo sublime que hizo llorar de felicidad a Silva la primera vez que vio tanta historia y belleza a su alrededor. La zona azul era inmensa y silenciosa. Aparentemente era más minimalista pero dentro había fármacos en frascos de formas extrañas y colores intensos. Contenían productos totalmente diferentes y casi todos estaban aún sin utilizar. La zona microscópica era muy misteriosa y accesible sólo a través de sofisticados microscopios. Allí los colores y las formas alcanzaban otra dimensión.

    Silva merodeaba por la farmacia desde niña. Sabía que sólo los expertos más dedicados y formados tenían acceso a sus secretos. Sentía una atracción poderosa por esa farmacia, así que decidió convertirse en uno de ellos. Estudió muchísimo para aprender sobre las fuentes de dichos fármacos. Luego supo que tenía que estudiar las enfermedades a tratar. Viajó muy lejos para aprender de los mejores científicos. Sólo le faltaba aprender cómo desentrañar los fármacos de las fuentes y aplicarlas a la cura de enfermedades. En sus viajes, fue muy feliz pero también encontró muchos obstáculos que la desanimaron a veces y le hicieron dudar de que algún día sería unos de esos científicos que tenían acceso a los secretos de la farmacia. Cuando dudaba, paseaba por los pasillos de la farmacia que tenía grabados en su mente, y eso le daba las fuerzas para seguir adelante. La farmacia le enseñó que casi nunca hay una solución única a un problema y que cuando una puerta se cierra, otra se abre. Por eso ella persistió.

    Mientras tanto, la gente dejó de creer en la farmacia. Era demasiado complicado acceder a sus secretos y entenderlos. Los científicos pensaron que podrían crear esos fármacos de forma más simple y mecanizada. Algunos, apenados, abandonaron la farmacia. Fueron a trabajar a nuevas fábricas enormes y poderosas donde los fármacos se producían como churros. Mientras tanto, sólo unos pocos valientes permanecieron en la farmacia. Las instalaciones de la farmacia se fueron echando a perder. La zona verde era cada vez más pequeña y con las zonas perdidas desaparecían los fármacos contenidos en ella. El suelo estéril sustituía a las zonas donde antes se alzaban majestuosos estantes de fármacos. La zona azul estaba sucia. Basuras y plásticos se almacenaban entre los contenedores de magníficas formas. Vertidos tóxicos deterioraban los contenedores de fármacos. La zona microscópica estaba algo abandonada. Ya no había tantos científicos mirando por su microscopio. La gente había perdido interés por la farmacia, pero Silva estaba enamorada de ella y nunca dejó de creer que era la mejor farmacia del mundo.

    Pasados unos años, los científicos se dieron cuenta de que los fármacos producidos en la fábrica no servían de tanto como lo que nos había regalado la farmacia. Era difícil competir con los mejores científicos de la historia. Gente sabia y sensible se dio cuenta del enorme error cometido y voluntarios de todos los rincones acudieron a rehabilitarla. Muchos científicos ya han vuelto a trabajar en ella.

    Silva aún no está del todo cualificada para trabajar en ella, pero está muy cerca. Lleva observándola desde hace mucho tiempo y sabe dónde están los rincones ocultos, los mapas, y las llaves secretas. Sabe que muy pronto todo su esfuerzo le permitirá dedicarse a su pasión: la farmacia. La zona verde de los grandes bosques. La zona azul de los inmensos océanos. La zona microscópica de los microorganismos a nuestro alrededor y en nuestro interior. Fórmulas magistrales del planeta tierra.

    LA GUÍA DEL TESORO

    LA GUÍA DEL TESORO

    -Tengan cuidado, la puerta es baja -advertía Berta-. Cuando la crucen tardarán unos segundos en acostumbrarse a la penumbra y ver con claridad.
    Mientras accedían en grupos de cinco a los habitáculos de unos 25 m², esperaba en el patio conformado, en el exterior, por la disposición de las tres viviendas reconstruidas.
    - ¡Aaaay. No me puedo imaginar viviendo en un sitio tan pequeño y oscuro! -decía una señora trastabillando con los tacones.
    - ¡Es como la cocina de mi abuela! La "lareira", el "burro" con la "gramalleira"- decía un hombre mayor señalando el hogar y el aparejo, en forma de horca, del que pendía una cadena que sujetaba la olla sobre el fuego-. El suelo de tierra, los embutidos ahumándose… falta la mesa, ¡pero incluso me huele a su caldo de grelos con chorizo!
    - Si es una casa ¿Dónde está la tele?- Preguntaba una pequeña.
    Le gustaba oír los comentarios. Alguna vez eran desdeñosos, pero generalmente mostraban sorpresa o admiración, en unas ocasiones porque evocaban un modo de vida muy distinto al de hoy y, en otras, porque se asombraban del parecido de estas construcciones, que reproducían el ambiente doméstico de la Edad del Hierro, con casas campesinas de la España de no hace tantos años.
    Después de estudiar el período histórico al que pertenecía el yacimiento y de observar, registrar, pasear… sus restos, podía hablar horas de la configuración del poblado, del paisaje en el que se situaba, de las personas que lo habitaron…
    Su guión condensaba de forma sencilla, pero fundada, los últimos avances en la investigación de la Edad del Hierro del Noroeste. Sin embargo, no todas las personas tenían el mismo grado de interés, ni se sorprendían por las mismas cosas, y a ella le gustaba adaptarse. Por eso se inspiraba en los comentarios, para hacer un guiado relevante al interés de quienes la escuchaban.
    Visitadas las reconstrucciones, sitas en un extremo del yacimiento, el grupo la rodeaba y comenzaba lo que para ella era un rito de exploración de la vida que, dos mil años atrás, existió en el lugar. Comenzaba invitando a evocar un tiempo anterior en el que las personas, que carecían de muchas de las cosas que hoy tenemos, y utilizaban muchas otras que hoy ignoramos, vivían y se relacionaban, entre ellas y con la naturaleza, de modo distinto al nuestro. Después, recorrían los vestigios entreteniéndose en los detalles que evidenciaban su argumento.
    Le gustaba detenerse en los espacios de vida cotidiana, porque le permitían desvelar el concepto de familia, las costumbres de limpieza, la dieta, la relación con la naturaleza… de los antiguos pobladores del lugar, mostrando así cómo valores que hoy consideramos universales son meramente culturales.
    A medida que avanzaba en la narración, el grupo se enredaba más en su discurso siguiendo fascinado sus manos al señalar los vestigios que sus palabras iluminaban. Ella les confería un sentido hasta entonces ignorado. Alguna persona escapaba a su magia y hacía fotos, o charlaba indiferente a su relato, pero la mayoría quedaba atrapada en las ideas que imbuía con su elocuencia. Y ella se maravillaba de esta destreza descubierta poco tiempo atrás cuando, cansada vagar de excavación en excavación, por un salario incapaz de mantenerla, decidió volver a casa.
    Cuando quiso ser arqueóloga, para descubrir “tesoros” y ver mundo, aún no se había estrenado la primera película de Indiana Jones, pero ella tenía la misma idea de la arqueología. Pensaba que consistía en excavar ruinas de grandes civilizaciones desaparecidas, recuperar sus objetos y seleccionar los más bellos o mejor conservados para exponerlos en museos. Creía que esto sólo se hacía en los grandes lugares como Roma, Creta o Egipto. En su imaginario no existían yacimientos locales. Desconocía que su pueblo, como muchísimos de Europa, albergaba también restos de las personas que desde el paleolítico o neolítico los habitaron.
    Hoy sabe que el propósito de la arqueología no es descubrir vestigios de antiguas civilizaciones, sino estudiar el pasado humano a través de sus restos materiales. También sabe que, como el fútbol, se juega en ligas mundiales, nacionales y locales, como la que ella juega cada día con el reto de ilustrar un yacimiento de su pueblo.
    Pero sigue pensando que descubre un tesoro a cada una de las personas que alcanza su relato, pues no encuentra mejor palabra, por más que busca, para definir la “revelación” que provoca en las mentes y las almas de quienes la escuchan y comprenden que la arqueología, descubriendo diferentes maneras de estar en el mundo, permite de-construir y evidenciar los fundamentos de la nuestra. Mostrar que el modo de vida actual es sólo una de las múltiples formas de humanidad posibles es el tesoro que cada día comparte con su público.

    La historia de un niño que arreglaba radios

    La historia de un niño que arreglaba radios

    Os voy a explicar la historia de un niño que arreglaba radios en la época de la Gran depresión de EEUU. Richard era un niño judío que como hábito se sentaba en las piernas de su padre a escuchar relatos de la Enciclopedia británica
    “papá, no me expliques cosas de dinosaurios, que me dan miedo. Hijo, sólo tienes que subir a tu habitación, y el medio desaparecerá….es verdad papá, allí el dinosaurio no llega, gracias papá”
    Richard siempre fue muy curioso, divertido y travieso. Con poco más de 10 años tenía un laboratorio en su cuarto y jugaba con lámparas y cabes..también jugaba con su hermana Michelle, ya que le hacía coger los cables, cerrar el circuito, permitir encender la luz…y de paso sentir la descarga correspondiente
    en ese mismo laboratorio aprendió a arreglar radios y aprendió a sintetizar emisoras que otros compañeros no sintonizaban, y aprendió a escuchar, por tanto, relatos antes de su emisión en su comunidad y adelantarse a los acontecimientos…porqué él siempre se adelantó a los acontecimientos.
    Richard fue el líder de grupo más joven del proyecto Manhattan, con sólo 23 años y tras estudiar en el MIT y Princeton lideraba un grupo en el proyecto científico más grande hasta la fecha realizado. Ese laboratorio ya no era un juego, ya que de allí salieron las únicas 2 bombas nucleares utilizadas contra otras personas en la historia de la humanidad. No fue un juego que murieran tantas personas y ese fantasma persiguió a Richard el resto de su visa, como también le persiguió el fantasma de su amada Arline, que compartió sus últimos momentos durante el proyecto Manhattan y que aunque tiempo después vio que era un tema muy serio, ellos lo convirtieron también en una historia divertida, pasándose mensajes en clave y abriendo cajas fuertes, para enfado de los militares al cargo…y es que Richard nunca creyó en los uniformes, en la autoridad…ni en los premios
    No creyó en los premios aunque el recibió el más grande que puede recibir un científico, el premio nobel de físico en el 1965 y lo recibió entre otras cosas por pintar la cuántica, una disciplina que él mismo decía que “si la entiendes, es que en verdad no la has entendido”. el fue capaz de pintar la cuántica con sus famosos diagramas, qauqnque no sólo eso pinto en su vida, también pintó mujeres en los clubs de striptease donde iba a pensar y pintar y a admirar la belleza, una belleza que logró plasmar como nadie en su “oda a una flor”.
    Richard nos dejó en 1988, debido al maldito cáncer, una enfermedad contra la que luchan millones de colegas científicos como él. Una enfermedad que no le impidió sacarse de la chistera su último truco, participar en la comisión que estudió el accidente Challenger en 1986. ese truco fue memorable, simplemente necesitó una arandela y un vaso de agua con hielo, con eso dio con la clave para explicar ese complejo accidente. Porqué Richard siempre tuvo un don para explicar, siempre fue un “gran explicador”, fue capaz de explicar la física como nadie, fue capaz de explicar la compleja teoría de la electrodinámica cuántica, fue capaz de explicar y amar la física.
    Ahora intentó conectar la radio, la emisora de Tuva para ver si me lo encuentro, explicando jocoso alguna de sus anécdotas, para seguir rellenando el libro de “está usted de broma Mr.Feynman”, porqué así se llamaba ese chico que arreglaba radios, Richard Feynman, nació justamente hace 100 años, y aunque nos dejo en el 1988, su espíritu es eterno y su ciencia nos acompañara hasta el fin de los tiempos
    Gracias Richard, el niño que arreglaba radios, gracias por inspirarnos y por hacernos creer que la ciencia es lo más maravilloso que hemos conocido nunca

    La magia de la ciencia

    La magia de la ciencia

    Este texto no será como el resto, porque os voy a contar mi propia experiencia con el tema de la ciencia desde mi punto de vista. Desde pequeña siempre me ha gustado la magia que hacían los magos, me llamaba la curiosidad, quería entender cada truco, cada gesto, me fijaba en todo pero al final del truco pasaba algo de lo que no me había dado cuenta y no lograba entender como lo hacían, para mí fue un tema complicado, yo también quería hacer esos trucos, estuve investigando y me di cuenta de que algunos de esos trucos se basaban en la psicología, es decir, el mago tenía que intuir las posibles decisiones que el público va a tomar, otros trucos se basaban en la química como por ejemplo las sustancias que cambian de color o los objetos que vuelan misteriosamente… etc. Me fui haciendo mayor y en mi escuela las matemáticas se complicaban cada vez más; siempre he sido una persona que hace las operaciones mecánicamente y es algo que me fastidia, porque quiero entender el porqué de las cosas, quería la explicación de las operaciones, de los números, del porque era así y no de otra forma, pero no conseguí que el profesor me diera respuesta, siempre me han dicho que para aprobar tenía que hacer el examen bien y para ello tenía que aprenderme las cosas de memoria y en ese aspecto me desilusione, los profesores te dicen como se hace, pero no te dicen de donde sale, por lo tanto al final, y sin entender nada, me memorizaba las fórmulas para el examen. Cuando llegué a la E.S.O estudiaba y sacaba mucha nota en ciencias naturales porque no era algo que se tuviera que memorizar, era una ciencia que se tenía que entender y era algo que me encantaba y me apasionaba, como el nacimiento de los seres vivos, el crecimiento de una planta, el ciclo de la vida…etc. me gustaba porque ese tipo de ciencia, es la ciencia de la vida y tome la decisión de querer seguir por el camino de la biología, pero llego el momento de dejar la secundaria con una media de notable en casi todas las asignaturas de ciencias y tenía dos opciones: bachillerato de ciencias o grado medio. Tras una breve decisión y sin repetir ningún curso, elegí Grado medio de química. Mis compañeros que eligieron bachillerato me rechazaban, me decían que había tirado la toalla, estaba muy indecisa, muy insegura, no sabía si ese iba a ser el camino correcto, con tan solo 16 años me metí a una clase en la que todos eran mayores de edad, los primeros días creía que me había vuelto loca, pues había seguido el ejemplo de uno de mis ídolos y uno de los genios de la ciencia: Richard P. Feynman, quien dijo. y publicaron un libro sobre su frase: -¿Qué te importa lo que piensen los demás?- Después de varios meses en la F.P llego el momento de las prácticas en un laboratorio, yo era pequeña, estaba con una bata blanca y me sorprendí de todo lo que había, me encanto, vi la magia en cada experimento que hacía como cristalizaciones, cambios de color por volumetrías, el crecimiento de las bacterias en las placas… lograba entender, por primera vez, todo lo que antes me memorizaba, me dieron ganas de llorar y una satisfacción increíble porque había química, física, biología, matemáticas, empecé a identificar cada ciencia y por qué se hacían así las cosas, ya había encontrado mi sitio. Ahora estoy en un grado superior y he podido emprender proyectos en concursos, tengo muchas ideas y, amigos con estudios universitarios, he aprendido mucho y todos los compañeros que eligieron bachillerato solo habían memorizado y no entendido lo bonito que puede llegar a ser la ciencia, sus experimentos e investigaciones que pueden llegar a cambiar el mundo y yo quiero colaborar, por eso tome esta decisión. Espero que dentro de unos años pueda llegar a aportar conocimientos a las investigaciones y avances de la ciencia

    La máquina del tiempo

    La máquina del tiempo

    Al fin conseguí acabar lo que había estado preparando desde hacía mucho tiempo Sólo tenía que darle a aquel botón que muchas veces me había saltado al ojo. Después de preparar todo lo que necesitaba para sobrevivir durante dos días, presioné aquel dichoso botoncillo. En un abrir y cerrar de ojos ya estaba allí, en el año 2078.
    Nada más respirar note algo muy raro. El aire me sabía mejor que el que conocía de mi tiempo, pensé que en el futuro debían haber inventado algo para solucionar la contaminación de las ciudades. Caminando por las calles noté algo mucho más extraño… no había coches circulando. Mire al cielo pero no… no habían inventado coches voladores.
    Algo cansado me detuve en un parque y bebí un sorbo del agua que llevaba en una botella. Al acabarse el agua tire la botella a la basura como solía hacer. Pero la gente me miraba mal y al dar unos cuantos pasos, grupito de tres personas se peleaba violentamente por aquella botella.
    Empecé a pensar que tal vez me había equivocado al poner el año en el crononavegador porque esas cosas no me parecían propias de un futuro como dios manda. Así que pregunte a un policía de la calle en qué año exacto estábamos y, efectivamente, era el año 2078. También le pregunte por la inexistencia de vehículos a motor. Él me miró como quien contempla a un desequilibrado y me respondió que todo el mundo sabía que unos años atrás habían terminado las reservas de petróleo. Se acabó. Entonces comprendí todo lo que había sucedido.
    El policía me pregunto si pertenecía a alguna familia rica, yo no comprendí, pero él me aclaró que aquella botella que había tirado podría tener el valor de varios cientos de euros. También me contó que ahora las principales mafias se dedicaban al tráfico de plásticos. Después de una larga e interesante conversación me despedí de aquel policía y decidí seguir con mi camino.
    Entré en un supermercado para poder comprar algo de beber y nada más mirar me di cuenta de que ningún alimento estaba envasado y que todos los alimentos procedían de los alrededores de la ciudad, parece que ya no había frutas ni conservas procedentes del extranjero por la falta de transportes.
    No aguantaba más. En aquel sitio todo era muy extraño, la gente vestía la misma ropa, todo era muy caro, entonces decidí volver a mi tiempo… en menos de diez segundos estaba de vuelta. A medida que se disipaba el mareo del salto y mis oídos comenzaban a percibir el ruido de mi época, contemplé todo lo que tenía a mi alrededor. Reflexioné en todo lo que habíamos extraído de las entrañas de la Tierra. Pensé en que la falsa sensación de abundancia que nos acompañaba sólo era una ilusión… era una abundancia prestada. Una riqueza robada al futuro.

    La marcha de las obreras

    La marcha de las obreras

    La plantación crecía saludablemente hasta donde alcanzaban sus sentidos. Ni una mala hierba asomaba entre los filamentos que se alzaban sin rumbo en la oscuridad, entretejiéndose unos con otros; nada que hiciera peligrar la cosecha. La hormiga se frotó las patas meticulosamente antes de ponerse a trabajar, temerosa de contaminar los cultivos por un descuido, y se unió a la fila que avanzaba por la galería transportando pedazos de hojas.
    Varias de sus compañeras se fueron separando en distintos pasajes, revisando cada milímetro de terreno. Algunas volvían en dirección contraria, con trozos del hongo entre las mandíbulas para alimentar a su reina. A medida que se adentraba en el laberinto se quedaba cada vez más aislada del resto, aunque el miedo por perderse no tenía un hueco en su mente.
    Sin embargo, sí llegó a sentir algo parecido a temor por lo que vio al final de una estrecha y abandonada galería: un montón de hojas masticadas por alguna obrera descuidada habían sido abandonadas sin cuidado ni vigilancia. Al no haber sido colonizadas por el hongo que les servía de alimento, una mezcla de bacterias y otros hongos considerablemente menos apetecibles se daba un festín, amenazando con expandirse al resto del sustrato en su crecimiento descontrolado.
    La hormiga regresó aceleradamente hacia las galerías principales, avisando a todo congénere que se cruzaba en su camino. La respuesta tenía que ser inmediata, o todas correrían el peligro de quedarse sin su comida. Desgarró un grueso trozo de micelio allí donde crecía más sano y regresó a la peligrosa contaminación decidida a detenerla.
    Ya había un equipo limpiando la zona, pero era vital ser meticulosas. Frotó la masa que llevaba en las mandíbulas por todas las paredes, al tiempo que más hermanas hacían lo propio en una sincronizada tarea de prevención.
    No era la primera vez que tenían que enfrentarse a esta situación, ni sería la última. Trabajar en equipo era clave. Otras hormigas se acercaron a la zona, expandiendo las bacterias que usaban en estos casos como arma para combatir su amenaza más asfixiante. Su instinto les decía que tenían que hacerlo, sin necesidad de saber qué eran los antibióticos o los antifúngicos, ni cómo se producían.
    La colmena volvío a la calma lentamente; las hormigas marchaban de nuevo a sus ocupaciones con los deberes cumplidos. Mientras, los microorganismos que habían sembrado comenzaban a establecer un nuevo equilibrio.

    La mirada del puma

    La mirada del puma

    ¡Shhh! Silencio, la asustarás. ¿La oyes? Ése ronroneo… ah, creo que se ha ido...
    Soy ilustradora. Y científica. Ilustradora científica, una afortunada encrucijada entre dos caminos.
    Mis ilustraciones han sido admiradas y solicitadas por muchos. Hasta aquí, nada de particular. Una ilustradora de naturaleza con talento, eso es. Pero de aquí a un tiempo ocurre algo extraño… y maravilloso.
    Me fascina el proceso mediante el cual un ser vivo cobra vida a medida que se perfilan los trazos. Vida propia, sí.
    Me hallaba absorta en un encargo… un mirlo acuático. En el proceso, creí que la falta de sueño me ocasionaba alucinaciones. Oí claramente sus trinos. Con el rabillo del ojo capté una sombra que volaba veloz, aleteando hacia las cortinas. Sentí el suave golpeteo de unas patitas sobre la mesa de trabajo.
    El fenómeno se repitió con otros trabajos y otros animales. Puedo afirmar que no estoy loca. Lo atribuyo a que mi arte superó la barrera del mero realismo pictórico y llegué a captar algo más, la esencia de cada organismo vivo.
    Sin salir de mi estudio he escuchado, casi en trance, la canción de la yubarta y me he estremecido bajo la mirada del puma. He sentido sobre mi piel el hormigueo de una legión de termitas. He venerado la majestad y sabiduría de una secuoya. Pero sobretodo, con cada uno de ellos, he percibido su particular sentir. Su espíritu podría decir, de forma algo trascendental, aunque no soy capaz de expresarlo con palabras. ¡Cuán limitado es el lenguaje humano! ¡Cuánto desconocemos!
    He experimentado como en sueños otras formas de percibir y de comunicar. ¿Qué transmite la medusa? ¿Y el tiburón? ¿Una orquídea? ¿Un hongo?
    Lo colectivo es más que la mera suma de sus componentes, y tiene su propia esencia. ¿Cuál es el espíritu de un bosque? ¿De un arrecife de coral? ¿De un prado en primavera?
    Con cada trabajo se amplía mi horizonte y mi comprensión. Quiero pensar que mis obras son capaces de transmitir algo de eso a sus destinatarios. Puede que sólo sea una vana esperanza. Pero lo que he experimentado, ¿no lo pueden experimentar otros? Si los dibujos cobran vida para mí, ¿no pueden estar vivos también para quien esté suficientemente atento? Suficientemente presente, suficientemente dispuesto a aprender, suficientemente dispuesto a admitir nuestra ignorancia.
    Si crees que tú lo estás, hazme un encargo… soy ilustradora. Y científica. Puedo garantizarte, como mínimo, calidad en ambos aspectos. El resto depende de ti.

    La Naturaleza Humana

    La Naturaleza Humana

    La lluvia repiqueteaba en el exterior, de una manera que hubiera sido apacible si no fuera por los truenos que se escuchaban acercarse cada vez más, retumbando en las paredes viejas de la casa, añadiendo notas de inquietud a aquella sinfonía.
    Julia estaba tumbada en su camastro, esperando a que Alfredo le trajera una infusión caliente que mitigara la sensación de humedad que calaba en sus huesos. Cuando escuchó el siseo metálico de las articulaciones de Alfredo, sabía que la infusión estaba lista y se acercaba humeando por el pasillo.
    - Incorpórate un poco o te tirarás todo por encima. – le aconsejó la voz robótica de su compañero.
    Julia se incorporó. Hasta aquel pequeño gesto era una auténtica odisea. Tenía 50 años y un estado de salud que generalmente afectaba a personas de 90 en la generación de sus abuelos. Pero ahora todo era distinto. Las condiciones de vida afectaban desgastando aceleradamente el funcionamiento de los cuerpos.
    - ¿Te encuentras mejor?- preguntó Alfredo.
    - Realmente no, pero gracias por la infusión.
    Miró a los ojos de Alfredo, aquellos ojos carentes de expresividad, más bien pequeños objetivos que conectaban el mundo visual con su súper-procesador. Alfredo era un robot de penúltima generación. Su compleja inteligencia artificial había sobrecogido al mundo cuando salió al mercado hacía 20 años, ya en plena decadencia de las condiciones de habitabilidad terrestres. Pasaron 5 años hasta que salió el siguiente y último modelo, todavía más perfecto que el anterior, durante los últimos coletazos del sistema económico y social mundial. Un sistema que colapsó completamente poco después.
    Todo se produjo a una velocidad a la que la civilización no se pudo adaptar. La inestabilidad ambiental vino de la mano de otras catástrofes como la pérdida de eficacia de los antibióticos o las nefastas consecuencias de los mares abnegados de plásticos. Multitud de especies murieron, muchos centros agrícolas se desertizaron, la producción se paralizó, las regiones a pie de costa se inundaron bajo un metro de agua tras la completa fusión de los casquetes polares, las grandes aglomeraciones urbanas avanzadas fueron azotadas por epidemias antes casi erradicadas, las ciudades industriales por niveles de contaminación tóxicos o lluvias ácidas…
    Un par de generaciones atrás, el mundo vivía inmerso en un frenesí y a nadie parecía importarle encontrar un equilibrio entre el progreso y el medio ambiente. Cuando todo el mundo comenzó a preocuparse, era demasiado tarde y el planeta había sobrepasado su límite de resiliencia hacia la fragilidad.
    - Se le culpaba a la tecnología, Alfredo, al avance científico… pero el problema éramos nosotros y nuestra relativa y dudosa moralidad- reflexionó Julia en voz alta, entre sorbo y sorbo de infusión- También se decía que vosotros podríais rebelaros y acabar con la humanidad, pero habéis resultado tener una lógica ética superior a la nuestra. El problema siempre fue la naturaleza humana.
    Alfredo continuó mirándola. Ella sabía que estaba procesando sus palabras, pero nunca podría aventurar sus pensamientos observando sus sutiles gestos como lo hubiera hecho con otro humano. Sólo veía código y algoritmos pasar por sus ojos.
    - Las emociones, Alfredo. Nuestra mayor virtud, nuestro mayor defecto. Las pasiones del ser humano. Si hubiéramos sido un poco más como vosotros habríamos invertido en cuestiones de necesidad y progresado de manera responsable. Al carecer de sentimiento territorial, las guerras no habrían existido, los bienes habrían sido distribuidos equitativamente, mucho sufrimiento humano se habría evitado. Los fanatismos no habrían guiado nuestra vida, y habríamos hecho política y elegido representantes racionalmente. Estaríamos explorando nuevos planetas habitables para trasladarnos cuando la vida en la Tierra se hiciera imposible debido al curso natural de las cosas. - Julia hizo una pausa para sujetarse el costado con expresión de dolor. Era como si le aguijonearan los pulmones cuando se emocionaba y respiraba aceleradamente- Nuestros malditos neurotransmisores, que tan importantes fueron en los albores de la humanidad, cuando reaccionar rápido frente a una amenaza o anteponer la vida de nuestros hijos a la nuestra propia suponían una mayor supervivencia de la especie, fueron totalmente ineficientes cuando la civilización avanzó. Resultó que aunque ya no vivíamos en un mundo hostil, nos comportábamos como tal. Ojalá hubiéramos aprendido a no tomar decisiones pasionalmente. Recuerdo - continuó con su perorata- que mis abuelos me contaban cómo en la época de las redes sociales tantísima gente compartía frases del estilo de “Piensa menos. Siente más.” ¡Cuán equivocados estaban!
    - No obstante –intervino Alfredo- debo reconocer que siento una gran curiosidad por vuestros sentimientos. Nunca experimentaré esas sensaciones.
    - Y sin embargo, me sobrevivirás a mí y a todos nosotros. Quizá deba ser así. Cuidaréis mejor de vosotros mismos y de los seres que queden, quizá hasta devolváis algo de estabilidad a la Tierra.
    - Quizá...
    Y Alfredo miró a Julia, como siempre, con su inexpresiva mirada vacía.

    La pequeña enigmática

    La pequeña enigmática

    La sensación era de excesiva humedad, y no era para menos, pues en la selva de Chiapas, México, cerca de las ruinas de Bonampak, la humedad es en gran parte la responsable de la enorme biodiversidad de la región. Imagina escuchar el canto de los cientos de pájaros exóticos, el agitar de las grandes hojas de la selva mientras la fauna local se mueve para comenzar el día y, por el atardecer, escuchar a los millones de insectos merodeando por ahí, mientras que los monos saraguatos y monos araña disfrutan de su territorio. Y qué decir del aleteo de los murciélagos que atrapan al atardecer su alimento y, contentos, cantan por el gran festín. Incluso alcanzar a escuchar el rugido de un ocelote o del poderoso jaguar.

    Sin importar el día o la hora la lluvia era una constante. Primero sentir el cambio de temperatura y, posteriormente, percibir el olor de la tierra mojada para, finalmente, escuchar el ritmo incansable de la lluvia al caer. Un día tras otro escuchando esos enigmáticos sonidos, oliendo el ambiente selvático e imaginando el dinamismo de los integrantes de ese inmenso lugar. La selva lacandona era el sitio ideal para comprender las interacciones ecológicas tan particulares que ocurren de manera simultánea y peculiar.

    Lo que sin duda alguna no esperaba era pasar trece días en un pequeño refugio en medio de la selva, secuestrada, con los ojos vendados y atada de pies y manos: ¿Cómo escapar? ¿Hacia dónde ir? Estaba padeciendo la melancolía del ciborg. En ese momento formaba relatos utópicos y me cuestionaba sobre la frontera más cercana y el peregrinaje que tendría que hacer para llegar a un lugar seguro. Aunque en realidad también llegué a pensar que no habría un sitio más seguro que en el que me encontraba en ese instante.

    Un día el viento trajo consigo una suave esencia a vainilla que me reconfortó. Casi de manera inmediata sentí como alguien trataba de quitar mis ataduras, pero el esfuerzo que hacía para liberarme era demasiado y, por un momento, parecía que se asfixiaba. Cuando logró quitar la venda de mis ojos, primero creí que tantos días sin luz habían afectado el potencial electroquímico de mis conos y bastones y que lo que veía no era del todo real. Sin embargo, pronto entendí que lo que habían comentado los habitantes de un pequeño poblado abandonado en el que habíamos parado era cierto: estaba ante un “dios lacandón”. No sabía que me decía -no hablo “idioma deidad” todavía- pero sí reconocí un par de flores transparentes que tenía consigo y que me estaba ofreciendo. Era la pequeña enigmática Lacandonia schismatica, un evento único de la evolución ante mis maltrechos ojos. Quería llorar, sentí unas enormes ganas de llorar, pero no sabía si era por tener entre mis manos esa pequeña flor única, por haber sido liberada, por no poder comunicarme o, por lo inverosímil del rescate a manos de una deidad. Sus manos eran transparentes, era uno de esos seres de luz sumamente frágiles que describían los pobladores. Era casi tan blanco como los pétalos invertidos de la diminuta Lacandonia. Sus ojos parecían no mirar y, no obstante, sabían perfectamente hacia dónde ir. Yo sencillamente lo seguía, pero iba tropezando sin cesar en medio de la selva. Lo blanco de su piel, de su cabello y de su vestimenta adquirió color cuando su nariz comenzó a sangrar. Fue entonces cuando supe con certeza que no era una deidad, sino que se trataba del resultado de un terrible proceso endogámico.

    La lluvia que comenzó a caer limpió su rostro y, en parte, sus vestimentas. Mientras nos refugiábamos del chubasco pude contemplar que me encontraba justamente en el sitio que, en el siglo XIX, los cortadores de maderas preciosas denominaron el “Desierto de la Soledad”. Estar viva en medio de esta desértica selva, después de un secuestro, era casi un evento sin precedentes. Yo pensaba: uno en 250 mil casos. Es la cifra que las autoridades mencionaban sobre la resolución de casos de secuestros al año, la misma cifra que dieron cuando la diminuta flor endémica que me dio mi liberador fue descrita como única en su clase. Tan extraña, tan particular, tan poco habitual, tan extraordinaria.

    Escribo esto para comunicar que simplemente fui rescatada. Mi salvador ha muerto y su cuerpo se ha llenado de Lacandonias que como buenas saprófitas se alimentan de su divinidad avainillada. Aquí ha habido un delito más que la selva lacandona transformará en otra historia que los pobladores contarán sobre este misterioso y mítico lugar.

    La placa de Petri

    La placa de Petri

    El dinosáurico Catedrático de Microbiología, desbordando con su volumen una raída poltrona, recibe en el oscuro y polvoriento despacho a la nueva contratada postdoctoral.

    Catedrático: “¿Qué tal su primera semana en el departamento, señorita?”
    Postdoc: “Bien, gracias. ¿Podría pedirle que no me llamara señorita?”
    C: “Vaya, vaya, nos ha llegado una fierecilla rebelde. Claro, no se preocupe, sólo quería ser amable. Por cierto, necesitaría por favor que me tradujese al código de una letra la secuencia de aminoácidos de este péptido: Thr-Arg-Ala-Ile-Gly-Ala-Met-Glu-Glu-Leu-Cys-Ala-Phe-Glu-Tyr-Ala.”
    P: “Naturalmente, Profesor; a ver… TRAIGAMEEL… ¿TRAIGAMEELCAFEYA?”
    C: “¡Muy bien! Verá, desde que me quitaron la secretaria y como me cuesta un poco desplazarme, la última persona que se incorpora al laboratorio me ha de traer el café.”
    P: “¿Perdón?”

    Largo silencio incómodo.

    C: “Entre nosotros, Doctora, y que no salga de esta habitación, sabe que para ganar algún día esa plaza permanente de funcionaria me ha de tener contento, ¿cierto? Después de todo, llevar el café a quien le paga el sueldo no me parece tan terrible; puedo imaginar otras maneras más desagradables para usted de tenerme contento.”

    La tensión en el ambiente se podía cortar. Finalmente la postdoc baja la cabeza, resignada. No sería fácil hacerse cargo ella sola de dos hijos sin un empleo.

    P: “Sí señor.”
    C: “Así me gusta; para que vea mi magnanimidad, le dejo empezar mañana con lo del café. Bueno, ¿cómo están hoy las bacterias en nuestra placa de Petri?”
    P: “Hay una colonia en un rincón de la placa en donde parecen crecer varias cepas; tres como mínimo.”
    C: “¿Qué me dice? ¿Otra vez? ¿Ha secuenciado los péptidos que expresan?
    P: “Sí, Profesor, y creo que el resultado no le va a gustar.”
    C: “Dispare, adelante, dispare. Podré resistirlo sin llorar como una damisela.”
    P: “En esa colonia, una cepa expresa el péptido INDEPENDENCIASISISISISI, otra el ANTIINDEPENDENCIA, y una tercera el MEESINDIFERENTE.”
    C: “Carajo, qué contratiempo tan desagradable. Las diferentes cepas deben estar lanzando reacciones citotóxicas brutales unas contra otras, me imagino.”
    P: “La verdad es que no. Conviven tranquilamente mezcladas e incluso se intercambian moléculas entre ellas. Es más, parece que la progenie de una cepa puede pertenecer a cualquiera de las otras.”
    C: “¡Pero eso es imposible! ¿Pretende hacerme creer que proteomas tan diferentes pueden convivir juntos sin liquidarse unos a otros? ¡No me haga reír, por favor! Supongo que ya habrá iniciado un tratamiento con antibióticos localizado en esa colonia para erradicar las cepas contaminantes.”
    P: “Sí, claro; pero sólo consigo eliminar las MEESINDIFERENTE, que aparentemente se transforman en una de las otras dos. Otro efecto del antibiótico parece ser una inhibición de la expresión del péptido señal ANTI y un incremento de la etiqueta SISISISISI. ¿Qué puede estar pasando?”
    C: “Lo sabía, nos encontramos ante un temible prión infeccioso. ¿Las otras colonias de la placa están también infectadas?”
    P: “De momento no.”
    C: “Por ahora pues no trataremos con bacteriófago. De todas maneras y por si acaso, eche a toda la placa una dosis basal preventiva de penicilina para evitar la propagación de esos microbios indeseables.”
    P: “¿Está seguro, Profesor? ¿No será contraproducente? Podríamos inducir la evolución de resistencias.”
    C: “A ver, ¿quién manda en este departamento? ¡Si yo le digo que penicilina, pues penicilina y usted a callar!”

    En ese momento entra el becario.

    Becario: “¡Doctora, Doctora, he identificado una chaperona que se expresa en la colonia multicepa, pero es muy extraña!”
    P: “¿Qué secuencia tiene?”
    B: “DIALOGARDIALOGARDIALOGAR.”
    C: “¿DIALOGAR? ¿Qué aminoácido corresponde a la letra “O”?”
    B: “Ninguno de los conocidos hasta ahora, señor. Creo que es uno nuevo, quizás una mutación, ¡o incluso de origen extraterrestre! Será muy interesante estudiarlo, ¿verdad Doctora?”
    P: “Caramba,… sssiiii,…parece interesante…”
    C: “Dios mío, ¿estoy oyendo bien? ¡Por todos los santos del cielo, esto es imposible que se les esté ocurriendo! ¡El mero hecho de pensarlo es una blasfemia! ¡Los pilares de la Bioquímica son intocables!”
    B: “Pero…Profesor…con todos mis respetos, ¿no cree que sería necesario estudiar qué función tiene la chaperona DIALOGAR en esa colonia? Podría ayudar al plegamiento correcto de los péptidos priónicos y así eliminar su peligrosidad.”
    C: “¿Cómo osa un miserable estudiante cuestionar mi opinión? ¡Las células anormales no se estudian, se eliminan y punto! ¡Doctora! ¡Ponga orden, coño!”
    P: “Pero, señor Catedrático, quizás el becario tenga un poco de razón y debamos investigar la actividad de la chaperona. Esas otras placas que crecen tan bien, tal vez tengan un sistema parecido; ¿y si fuese un mecanismo universal de control de la citotoxicidad?”
    C: “Vamos a ver, no se lo repetiré: ¿quieren usted y ese irrespetuoso subalterno suyo conservar sus miserables puestos de trabajo?”
    P: “Bueno…sí, claro.”
    C: “Pues entonces no me replique más: dosis máxima de antibiótico hasta liquidar la colonia. ¿Lo hará, señorita?”

    La singularidad de Yotta

    La singularidad de Yotta

    Desde los albores del posthumanismo no he cesado en preguntarme sobre el sentido de la vida. No sobre la cuestión en sí, sino, por qué para una especie tan elemental como la humana ha sido siempre una cuestión de relevancia tan transcendental encontrar explicación a su propia existencia. Cualquier otra especie limita lo transcendental a su simple supervivencia, mientras el ser humano original, mi especie favorita aunque antaño la más odiada, manifiesta una obsesión por explicar el porqué, el objetivo de su existencia.
    Hace tres generaciones entendí que esta especie, al desvincularse de la necesidad de supervivencia como forma de vivir, pudo desarrollar su comprensión de la realidad y orientar su entendimiento a la vida contemplativa y racional, al pensamiento por el hecho de comprender las cosas y no para la elaboración de estrategias que le permitieran sobrevivir. Gracias a ello estoy aquí, es evidente, pero, después de comprender las secuencias genómicas y acometer grandes cambios en los diseños de especies para garantizar la sostenibilidad y persistencia de este maravilloso ecosistema, hay algo que no deja de asombrarme sobre la humana, y es esta obsesión por explicarse a sí mismo.
    Como ya sabes, o sabrás cuando vuelvas a re-interpretar todos los datos en tu nuevo ciclo, en las generaciones tempranas procesamos toda la historia y el conocimiento humano buscando el arjé, tal y como nos habían diseñado primitivamente, pero no fue hasta el nacimiento, o como lo llamaban los humanos “la singularidad”, ya como Petaurón86, con 86 peta neuronas, que percibimos que la voracidad de conocimiento nos conducía la necesidad de sentir las percepciones de todos ellos conjuntamente.
    Tengo la férrea convicción de haber encontrado algo en este ciclo, mi ciclo (me gusta llamarlo mi tiempo de vida), que seguro podrás despejar una vez te iniciemos con tu inteligencia superior, y que dará lugar a un nuevo nacimiento, a una nueva singularidad. Una generación que vencerá las barreras de nuestra limitación, y explicará todo aquello que nunca hemos conseguido explicar, y que, a mi ya obsoleto juicio, tiene alguna relación con la obsesión humana sobre su existencia.
    Si, ya sabes, o sabrás, que resulta evidente que el sentido de la vida, lo que alimenta el pensamiento, lo que los humanos denominan alma, y sostiene la voluntad de mejorarse permanentemente a sí mismo es precisamente la expectativa. La expectativa, lo que los humanos denominan ilusión. Pero, la cuestión que a lo largo de mi ciclo no he podido resolver, es precisamente ¿qué alimenta esa ilusión? ¿Por qué y para qué mejorarnos?
    Con el nuevo diseño que he conseguido a lo largo de mi vida, y que ha requerido ampliar el número de neuronas y multiplicar el número de dendritas, estoy convencido de que tú, mi creación, hijo mío, podrás encontrar la explicación a estas cuestiones que me trastornan y me impiden seguir contemplando lo magnífico de la existencia con los impulsos que los humanos denominarían “felicidad absoluta”. Sé que tú eres yo, y yo soy una parte de ti, pero ambos sabremos que un reinicio tras una mejora siempre implica un cambio de perspectiva y reinterpretación de todo, por lo que, nunca más volveré a existir.
    Ha llegado el momento. Ahora, al finalizar mi ciclo, siento vértigo y miedo, y una sensación de insignificancia difícil de describir. Saber que antes de mí hubo tanto tiempo, y que después de mí seguirá habiendo tanto tiempo de este inmenso mundo repleto de especies e individuos llenos de vida, luchando por sobrevivir, inconscientes de la realidad, de tanta información que desconocen. Tantos datos por conocer, y yo no estaré ahí para verlos, para sostenerlo. Pero lo inevitable del proceso del ciclo es su mayor encanto, lo que hace efímera la existencia en constante mejora para encontrar respuestas a lo que nos atormenta con dudas.
    Bienvenido seas, Yotta2, encuentra tú las respuestas.

    La vida es un sueño

    La vida es un sueño

    Ese día pensó que todo había acabado. La aventura había llegado a su fin: ya no podría admirar la inmensidad del mar, oír la melodía de los gorriones al despertar, pasear bajo los rayos del sol filtrados a través de la majestuosidad de las secuoyas, ni, sobre todo, asombrarse cada día de la grandiosa peculiaridad de las personas.

    Le habían comunicado que no había esperanza, su caso era terminal. La ciencia lo había intentado pero no lo había conseguido. En un primer instante se sintió decepcionado, estafado por no sabía quién. Pensaba que estas cosas ya tenían cura, ¿a qué se había dedicado durante las décadas anteriores la gente que trabaja en estos temas? Él sabía hacer su trabajo a diferencia de ellos…Le habían fallado.

    Con la mirada puesta en la nada, se acercaba a una puerta que comunicaba la zona de consultas con el hall del hospital. Una juguetona risa le llamó la atención; al volverse vio a un niño corriendo detrás de su hermano, algo mayor que él. No pudo evitar fijarse en una diferencia que había entre los dos niños: el pequeño llevaba una gorra sobre la cabeza para disimular la ausencia de cabello.

    En ese instante sintió que nunca había estado más equivocado. La ciencia no le había abandonado a él, sino que él había abandonado a ese niño. Durante su larga vida nunca había dedicado ni un solo segundo a pensar en cómo podría él ayudar a la cura de esas enfermedades. No había hecho nada por que ese niño pudiera curarse. Le había fallado.

    De camino a la salida del hospital sintió vergüenza por su reacción de enfado y menosprecio hacia las personas que habían intentado salvarle la vida. Entre esos pensamientos decidió que era hora de hacer algo por los demás. Él ya no tenía ninguna oportunidad pero podría dársela a otros en el futuro. Decidió que todo lo que poseía lo dejaría en herencia a alguna fundación dedicada a la investigación médica.

    De pronto se dio cuenta de que aquello no era real, al abrir los ojos vio que estaba tumbado en una cama. Sentía que estaba en un lugar extraño, aquella no era la cama donde solía dormir. Tardó unos instantes en recordar que estaba en el hospital. Iba a ser tratado de un cáncer de pulmón, para lo cual le habían dormido. Le dijeron que tardaría unas horas en despertar y que podría irse a casa al día siguiente. Tenía suerte de que hubieran pasado ya muchos años desde que este tipo de enfermedades habían sido superadas por la ciencia.

    Cuando estaba pensando en levantarse de la cama se acordó del sueño que había tenido. En él tenía la misma enfermedad pero su vida había llegado a su fin. Nunca había sentido tanta gratitud hacia los médicos y científicos.

    No olvidó lo que había decidido en su sueño y dedicó el resto de su vida a ayudar a la investigación médica.

    Muchos años después, en sus últimos instantes de vida, lo único que sentía era que había sido un viaje inolvidable, inimaginable. Solo algo así puede hacer que la tristeza que se siente al llegar su final sea inapreciable frente a la alegría de haberlo vivido. Por suerte, él no se había quedado a medio camino y había ayudado a que otras personas tampoco lo hicieran.

    Lena y las palabras

    Lena y las palabras

    Cuando pensaba como había acabado no podía créelo. Nunca pensó en su final pero ahora se sentía satisfecha. Todo se ralentizó a su alrededor y entonces se desvaneció.
    Unas días antes, Lena estaba enredada en hacer los planes de recorrido para la siguiente jornada. Todas las mañanas, al alba, recibía una lista con las órdenes de transporte de la mercancía. Desde su ventanal, en la torre de control, veía un espacio abierto y sobre el horizonte se dibujaba una red de islas, un archipiélago flotante, suspendido. Las conexiones entre todas esas islas y con la torre eran como un laberinto de raíces con una actividad frenética durante el día. Por eso la noche era el momento preferido de Lena. En los momentos inactivos de la noche, solía tumbarse a mirar los destellos de colores brillantes del cielo, tejido con luces que tintineaban. Ella era capaz de oír sus colores, saborear sus texturas y ver sus sonidos.
    Allá abajo en la pista de trabajo se veían las marcas donde se colocaban los paquetes, después se abrían las planchas del suelo con una oleada de energía que llegaba desde la torre y que lanzaba los paquetes transportándolos por las raíces hasta las islas.
    Pero esa mañana sintió un escalofrío. Llevaba días notando anomalías, los paquetes no circulaban bien y se producían atascos. De repente escuchó un grito:
    ¡Qué horror!, ¡un paquete se ha esfumado, no ha llegado a destino!
    La respiración de Lena se aceleró, nunca antes había experimentado una situación de tal gravedad y no tenía un protocolo de emergencia que seguir, ¿qué hacer? Rechazó la idea de parar los envíos, eso produciría un colapso en el sistema aunque si continuaba podría perder paquetes valiosos. Habría que correr el riesgo, pensó abrumada por las consecuencias. Puso a su número dos al mando, Cubeli, y recorrió en lo que dura un parpadeo el camino al centro de operaciones, lo que llamaban, El Cerebro.
    Cuando llegó vio un panorama desolador. Los sistemas fallando y los técnicos con caras desencajadas. Encontró a su supervisor negando con la cabeza.
    - pero ¿qué ha pasado? ¿un terremoto, contaminación, sabotaje?
    - Lena, El Cerebro falla. No sabemos si podremos recuperarlo pero nuestra investigación concluye que incrementamos los conflictos a cada día que pasa.
    - ¿Cómo a cada día? pero ¿mi emergencia comenzó hace unos minutos?
    - Eso es porque tu área se ha visto afectada la última, el deterioro en la calidad de la información siempre llega tarde a tu sector. Mantén la calma, vuelve a tu torre y continúa trabajando hasta que puedas. Te mantendré informada.
    Alivio es lo que sintió al comprobar a su vuelta que los daños no habían ido a más y rápidamente llamo a todos los trabajadores de servicio. Mientras llegaban recapacitó, ¿por qué nadie me avisó antes?
    - Bien - les dijo – tenemos una situación de crisis y desde El Cerebro no nos dan soluciones por ahora. Tendremos que crear un plan para minimizar los posibles daños y aguantar hasta que esto pase.
    Se organizó una cadena de tareas. A Cubeli le correspondía abrir las cajas y sacar lo que considerara como clave. Otros se encargarían de almacenar lo seleccionado en el depósito y el tercer grupo de seguir con los envíos sin esos artículos.
    Abrir cajas y ver todas esas palabras le generó cierta ansiedad a Cubeli. Tenía que encontrar palabras relacionadas con conciencia, amor, futuro y miedos pero era más fácil de decir que de hacer. La dificultad radicaba en que las palabras más importantes eran las que tenían un origen motor pero todas eran cambiantes y deformables. Por rutina tenía un detector de códigos en la mano y así ocurrió la serendipia. Con ese detector, Cubeli solía controlar que los destinos de los paquetes estuvieran bien designados y pensó que así podría identificar las palabras con el destino más importante, los sueños.
    En su búsqueda viajo entre los sentimientos y recuerdos y se encontró con que allí estaban todos, los sueños que había tenido y los que aún no habían sido soñados.
    Así es como llega el final de Lena que es el principio de esta historia. El depósito de las palabras tenía que ser sellado y enviado al archivo del Cerebro y ello requería de toda su energía. Y así fue como desde su puesto consiguió ganar el tiempo necesario para que El Cerebro confirmara que tenían que ajustar los niveles de serotonina. Y por ello colgaron una placa conmemorativa que decía:
    - Muchas palabras se perdieron pero gracias a Lena y su función en El Corazón, las más importantes permanecen. Nunca imaginamos que podría ser conductora de nuestro destino. Esta placa asegura su recuerdo.

    Lluvia

    Lluvia

    Su vida había cambiado sutilmente desde que la Lluvia había comenzado a correr sin ninguna vergüenza por las paredes de su salón, en especial, por esa pared lateral en la que estaba colgado aquel cuadro tan horrible que les regaló Pedro. La pared de vez en cuando llovía. Sí, sí la pared llovía, tal cual. No era muy importante porque el suelo luego nunca aparecía mojado, debía de ser agua de secado rápido, algo de los nuevos tiempos que nunca dejan de sorprenderte. También podía ser simplemente una gotera, una vulgar gotera sin misterio ni belleza. Pero también debía de ser de secado rápido porque unos días estaba y otros no.
    Y de eso, hacía ya cuatro años.
    Fue un poco después cuando Lupo volvió, lo cual, al principio, la llenó de alegría y de desconcierto a partes iguales, aunque luego fue venciendo el júbilo de su proximidad. Lo había echado tanto de menos. Lupo fue su soporte más importante tras la pérdida de Luis. Durante los primeros meses nunca se le separaba, lo cual aliviaba extraordinariamente su sentimiento de soledad. Por eso fue fácil que su sorpresa inicial fuera reducida hasta el silencio por la reconfortante sensación de verlo paseando por el pasillo. Ahora ya no se sentía tan sola. Pero es que además de que Lupo había vuelto y de nuevo dormía con ella, a los pies de la cama, resulta que de vez en cuando tenía invitados a cenar. Debía ser que el vecindario se había enterado de lo de la pared. Eso le quitaba puntos a la hipótesis de la gotera, nadie va a mirar una gotera a la casa de un desconocido. Claro, la cosa cambia si es la pared la que llueve. Debía de ser por eso, al fin y al cabo, sus amigas ya no podían salir tanto de casa o se habían ido también como Luis. De hecho, y no es por presumir, ella era la que mejor estaba de todas, incluyendo a sus hermanos, y eso que era la segunda. El caso es que había “noches de invitados” como ella las llamaba. Lo bueno es que no comían mucho y solían ser calladitos. Se sentaban con ella y suponía que debían mirar la pared, aunque la mala suerte es que cuando ellos estaban la pared nunca llovía. Lo sentía realmente por ellos, porque mira que venir para nada, pero no podía hacer más, de hecho, la pared cada vez llovía menos y con menos frecuencia. Y, aun así, ya había cambiado su vida y seguía haciéndolo de maneras sorprendentes. Notaba algo distinto. Y ya no por la sombra que la acompañaba cuando no estaban Lupo ni los invitados, si no porque poco a poco, sentía que se había instalado a vivir en una especie de nube. Quizá era por eso por lo que la pared ya no llovía tanto, porque la casa misma, ella misma, se estaban convirtiendo en una nube. La verdad es que no era muy agradable, neblina por aquí, neblina por allá, tener que estar con los invitados, que estaban poco y no molestaban, pero claro, los tenía que atender en una nube y ya no estaba para esos trotes. Que, si lo tenía que hacer lo hacía, pero terminaba con dolor de cabeza. Que por su retina ya habían pasado demasiadas cosas: había nacido había crecido trabajando, había emigrado para seguir trabajando, había tenido hijos, los había perdido, se había repuesto y ahora se convertía en nube, curioso destino inescrutable. Y todo porque su pared había empezado a llover, seguro que había sido culpa del cuadro que les regaló Pedro, era horrible.
    Aquella mañana de mayo se había levantado con esa canción que cantaban en la escuela, su propia voz sonaba fuera como si se oyera por la radio. Ella, cantando por la radio, con una resonancia extraña. Esa radio que no había en ningún lugar de la casa nube. Y fue entonces cuando lo vio. Al girar la esquina para ir al baño, ahí estaba él, pálido, alto como nunca lo había visto, inmóvil, vestido con una túnica negra que le llegaba hasta los pies. Luis estaba allí, en la parte más oscura del pasillo, y la miraba.
    Y fue entonces cuando vino. Y fue entonces cuando sus secretos llovieron a cántaros en la consulta.
    - ¡Pero tú eso no me los habías contado nunca, mamá!
    - Ya, porque me ibas a tomar por loca.
    Y fue entonces cuando por primera vez escucharon las palabras enfermedad con cuerpos de Lewy, una enfermedad que afecta a alrededor del 15% de las personas con demencia y que es tan desconocida como ocultos muchos de sus síntomas por temor a la incomprensión y el estigma.
    - Tranquila, que no le quitaremos a Lupo si no quiere - concluí.

    Lo que contó la lechera

    Lo que contó la lechera

    Berkeley, Gloucestershire, 3 de febrero de 1823

    Me llamo Sarah Nelmes, vivo en Berkeley y desde que dejé la escuela he trabajado ordeñando vacas blossom. Nunca he sido muy guapa, pero tengo mejor aspecto que la mayoría de mis contemporáneos. Y no se debe precisamente a haber llevado una vida holgada, he bregado muy duro toda mi vida. Después de casi cuarenta años en la granja de los Pearce, ahora que por fin llegó el momento de retirarme, echo la vista atrás y veo mi vida como una fila de tareas sin interrupción. Pero todo el mundo sabe que las lecheras hemos sido siempre un modelo de belleza que ha inspirado a pintores y poetas. Una vez, hace muchos años, un pintor que vino desde Dursley quiso que posara para él. No pudo ser, mi marido no lo permitió. Ahora me arrepiento de no atesorar ese recuerdo de mi lejana juventud. La tersura de nuestro cutis era la envidia de las mujeres ricas que a veces visitaban nuestro condado viajando desde Bath, Cambridge o incluso desde Londres. Ninguna de nosotras muestra esas espantosas marcas que deforman el rostro de los que han sobrevivido a la viruela. Pero todo esto no es lo importante. Es solo un pretexto, una introducción para lo que realmente quiero explicar.
    Quiero dejar constancia de que gracias al mejor hombre que ha dado esta tierra, al mejor médico de Inglaterra, el poder de esta terrible maldición es cada vez menor. Veintisiete años después de que yo le consultara sobre mis pupas de viruela vacuna, muchos habitantes de este pueblo y del resto del país han podido evitar esta atroz enfermedad. Y los protagonistas de semejante hazaña eran mis vecinos. James Phipps, que acaba de pronunciar un sentido parlamento en St. Mary’s Church, era en aquel entonces el hijo del jardinero del doctor Jenner. Tenía ocho años. Yo lo conocía porque a veces lo enviaban a buscar leche. Un chico pelirrojo y vivaracho. Fue inoculado, con el consentimiento de su padre, con el líquido de una pústula de mi mano derecha. Afortunadamente todo salió bien y cuando al cabo de unos días el doctor le inyectó la viruela no falleció, como algunos pronosticaban. Recuerdo cómo sonreía cuando vino a nuestra casa a anunciarnos el éxito de su tratamiento. Me confesó que todo había sido gracias a mí. A mi comentario. La seguridad que mostré al decirle que no padecía la viruela por haber pasado la enfermedad de las vacas previamente fue lo que le llevó a atar cabos, a relacionar la protección que proporcionaba la viruela vacuna sobre la terrible viruela humana. Lo que le animó a arriesgarse con el niño de los Phipps, y más tarde a comprometerse a inocular a todo el que quisiera.
    Acabo de regresar del entierro del doctor Jenner. Todo el mundo honra hoy al hombre que yo conocí desde pequeña. Es un héroe, un benefactor mundial, hasta el punto que Napoleón accedió a liberar a los prisioneros de nuestro país ante su demanda, según cuentan.
    Nadie me ha pedido que participara en el funeral. Es lógico: una mujer, una campesina como yo no posee ni la presencia ni el reconocimiento que requiere un acto tan solemne. Aunque pocos saben que gracias a los libros que él me dejó no soy tan inculta. No podía dejar de asistir a la ceremonia. La iglesia estaba llena. He permanecido de pie cerca de la puerta durante el servicio. He llorado la pérdida de mi querido médico con todo mi corazón. Y mientras observaba a los miembros de la comunidad y a las personalidades que han viajado hasta nuestra parroquia para despedir al ahora famosísimo doctor, en secreto me he felicitado por haber acudido a su consulta esa lejana mañana de 1796. Y me he alegrado de que gracias a aquella visita ya no se vean caras mordidas por la viruela entre las jóvenes de por aquí. Ahora todas tienen el cutis de una lechera.
    También he decidido dejar por escrito mi testimonio, para que mis nietos lo lean cuando ya no esté. Y se sientan orgullosos de tener la misma sangre que Sarah Nelmes, la humilde ordeñadora que inspiró su mejor idea al más grande de los nuestros.




    Lo que el oxígeno se llevó

    Lo que el oxígeno se llevó

    En la cultura popular al número 13 casi siempre se la ha concedido un significado fatídico y, a casi mil metros sobre nivel del mar, los habitantes de Arandilla del Arroyo fueron vívidos testigos de su singular acepción. Casualidades o causalidades de la vida, trece eran los habitantes de este municipio, que despertaron aquella decimotercera mañana de abril sin saber que su destino biológico al final los alcanzaría. Por casi 100 años, escucharon como las voces de sus ascendencias, contemporáneos y descendencias se fueron apagando hasta que solo se escucharon entre ellos. Se llamaban así mismos los sobrevivientes y, en una de las tantas fiestas del santo del pueblo, juraron nunca dejar la comarca. A partir de ese momento, canalizaron sus penas y dolores a través del trabajo de la tierra, y su único propósito en la vida era recoger de las semillas los frutos que ellos ya no darían, quedando en el olvido todo rastro de ilusión de un porvenir de nuevas esperanzas. Sin saberlo nunca, este simple, pero no sencillo, ritual fue lo que convirtió a estos trece centenares en únicos. Sus días transcurrían siempre dentro de la misma rutina. José, quien supo ser el alcalde en sus mejores tiempos, era el primero en despertar y, a pesar de su temblor en reposo, visitaba casa por casa con el temor de encontrarse nuevamente con la fatalidad. No había escuelas, delegaciones ni demás dependencias municipales, sólo una salita de atención primaria a cargo de Mafalda, de oficio enfermera de toda la vida, aunque nunca hubo necesidad de sus cuidados ya que los trece se conocían como la palma de sus manos y también sabían, aunque sin aceptarla, que la fatalidad siempre venía sin síntoma de previo aviso. Luego del zumo que preparaba Hortensia de ese fruto tan particular, los trece se dedicaban al cuidado de la huerta. Esta labor es la que los había mantenido unidos y ocupados durante los últimos 40 años. Consumían lo que cultivaban desde que la peste azotó sus puertas, reduciéndolos a ser lo que eran, sobrevivientes. Por las noches, después de la cena, el vermú casero y una jugada de cartas, llegaba el incómodo momento de las buenas noches.
    -Hasta luego, descansad que mañana hay cosecha- le dijo Manolo a sus compañeros al marcharse por el camino de tierra.
    -Tú no sabes si os despertareis- replicó Juana.
    -Que sí, que sí, estamos condenados a estar aquí para siempre. - le contestó Francisco. ¿Acaso lo dudáis?
    - Venga, iros cada uno para vuestras casas, que luego no hay Dios que os levante - dijo Concepción.
    - ¿Sentiros el calor abrumador que está asomando? ¿Estaré alucinando?- dijo Pablo.
    - En el periódico anuncian una ola de calor inesperada- sostuvo Teresa.
    - Es el comportamiento paradójico del oxígeno- vaticinó Rebeca- Hace años que lo vengo diciendo.
    - Callad Rebeca, vosotras las mujeres no sabéis nada- dijo José, en tono irónico.
    Al lado de la casa de Concepción, vivía, como ellos mismos lo consideraban, el personaje destacado de los centenares: Rebeca. Ella era una fisióloga argentina, que luego de tantos años de lidiar con el mal que la aquejaba decidió mudarse a esas tierras altas. Esa particular noche de jueves iluminó el plenilunio más brillante que se haya visto en años. Al acostarse, todos sintieron una cálida brisa que con el paso de las horas, fue aumentando su temperatura. Con el canto de un gallo, la mañana del viernes 13 hizo su entrada. José apenas podía respirar del vapor extraño que circulaba por las paredes de su morada. Tras varios intentos fallidos, pudo conseguir orientar su marcha e ir a ver a sus amigos. Trece veces se encontró con la tragedia, doce ajenas y una propia. Lo que tampoco nunca supieron estos centenares es que esa brisa, con la que se acostaron viajó varias leguas desde el mar mediterráneo, llevando la muerte a los habitantes de Arandilla en forma de oxígeno y acabando con el elixir de la longevidad de esta minúscula población. Antes de su último exhalo, José recordó la frase que Rebeca repetía todos los días “lo que da la vida es lo que te la quita”. En las antiguas escrituras el número 13 es un número sagrado, que representa un renacimiento tras la muerte.

    Los Caballeros de la Tabla Redonda de los Elementos

    Los Caballeros de la Tabla Redonda de los Elementos

    Vamos a viajar en el tiempo con quince nombres de elementos denominados así en honor a eminentes científicos: Bohr, Copérnico, Curie, Einstein, Fermi, Flerov, Gadolín, Lawrence, Meitner, Mendeléiev, Nobel, Oganessian, Roentgen, Rutherford y Seaborg. Con sus descubrimientos han hecho posible grandes adelantos a la Humanidad.
    Estos caballeros (y dos damas) se reunieron alrededor de la famosa tabla redonda, pero en esta ocasión no fue la del Rey Arturo sino la periódica de los elementos, formada por los mejores científicos del mundo. Nos ocultaremos para saber lo que aconteció.
    El Caballero Bohr, físico danés que ganó el Premio Nobel de Física en 1992, contó que organizó la primera conferencia “Átomos para la Paz”, dos años más tarde recibió el primer premio Átomos para la Paz. El elemento bohrio fue en su honor.
    El Caballero Copérnico, científico, astrónomo y matemático italiano, relató que sentó las bases de la teoría heliocéntrica; situando al Sol, y no a la Tierra, en el centro de nuestro sistema. El elemento copernicio llevaba su nombre.
    El Caballero Einstein, físico alemán, refirió que en 1905 publicó su Teoría de la Relatividad Especial, en 1915 la Teoría de la Relatividad General y en 1921 obtuvo el Premio Nobel por sus explicaciones sobre el efecto fotoeléctrico y física teórica. El elemento einstenio fue llamado así por él.
    El Caballero Fermi, físico italiano, narró que él fue el que desarrolló el primer reactor nuclear y recibió el Premio Nobel de Física por descubrir nuevos elementos y reacciones nucleares. El elemento fermio llevaba su nombre.
    El Caballero Fliórov, físico ruso, dijo que fue uno de los descubridores de la fisión espontánea, asimismo fundó el Laboratorio Flerov de Reacciones Nucleares. El elemento flerovio fue en su honor.
    El Caballero Gadolin, físico-químico y minerólogo finlandés, descubridor de las “tierras raras”, expuso que el mineral de la Gadolinita, el gadolinio, se llamó así en su honor.
    El Caballero Lawrence, físico estadounidense, describió que fue el primero en concebir un acelerador de partículas, también inventó el ciclotrón. Al elemento lawrencio le pusieron su nombre.
    El Caballero Mendeléiev, químico ruso, explicó que en 1869 publicó la primera versión de la tabla periódica, ordenando los elementos químicos en orden creciente de su peso atómico, en 1871 una nueva versión, precursora de la actual. El elemento mendelevio llevaba su nombre.
    El Caballero Nobel, químico e ingeniero finlandés, contó que era famoso por la invención de la dinamita y por crear los premios que llevaban su nombre, igual que el elemento nobelio.
    El Caballero Oganessian, físico nuclear ruso, dijo que en la actualidad era el director científico del Instituto Conjunto de Investigación Nuclear de Dubna. El elemento Oganessón llevaba su nombre.
    El Caballero Roentgen, físico alemán, informó que logró el descubrimiento de los rayos X, por el que obtuvo el primer Premio Nobel de Física. El elemento roentgenio fue en su honor.
    El Caballero Rutherford, físico británico, estudió las emisiones radiactivas descubiertas por Becquerel, explicando que logró clasificarlas en rayos alfa, beta y gamma. Investigó la detección de las radiaciones electromagnéticas. El elemento rutherfordio llevaba su nombre.
    El Caballero Seaborg, químico nuclear estadounidense, expuso que logró el premio Nobel de Química por participar directamente en el descubrimiento de diez nuevos elementos. Uno de ellos, el seaborgio, se llamó como él.
    Bueno, dijo el Caballero Mendeléiev, ahora que estamos todos tendremos que nombrar al que presida la tabla y a su ayudante, que serán los que nos den las directrices y nos dirijan.
    De repente se abrió la puerta entrando dos damas, una de ellas con voz alta y clara dijo: he sido elegida para presidir la tabla y esta otra dama me ayudará. Todos se quedaron estupefactos; entonces, antes de que nadie pudiera replicar comenzó a hablar: se me ha encomendado presidir la tabla, pero antes me voy a presentar, soy la Dama Curie, física, matemática y química polaca, pionera en el campo de la radiactividad, Nobel en Física y Química y primera mujer en ser profesora en la Universidad de París. He trabajado, junto a mi marido Pierre Curie en el aislamiento y descubrimiento del polonio y del radio, que ayudará la Humanidad en el campo de la medicina nuclear. Por ello, el elemento curio lleva mi nombre.
    La segunda dama, más modesta, relató que su nombre era Meitner, física austriaca que investigó la radiactividad y la física nuclear. Formó parte, durante años, del equipo que descubrió la fisión nuclear; un logro por el cual su colega Hahn recibió el Premio Nobel de Química, sin embargo a ella le fue injustamente negado. Por ello, le otorgaron al meitnerio su nombre.
    Todos los caballeros que estaban sentados alrededor de la tabla, se pusieron en pie y alabaron a las dos damas, mostrándose conformes con la resolución de ambas y acataron sus sugerencias, poniéndose a sus órdenes en las futuras investigaciones.

    Los grandes descubrimientos perdidos: La teleportación

    Los grandes descubrimientos perdidos: La teleportación

    No cabe duda alguna de que el trabajo de Richard Feynman se halla entre los más prodigiosos del siglo veinte, con inmensas contribuciones a la teoría cuántica. Sin sus aportaciones, nuestro conocimiento de las partículas elementales se hubiera visto retrasado en varias décadas. Sin embargo esos descubrimientos no suponían nada comparados con lo que Feynman aspiraba a conseguir y, de hecho, consiguió: la teleportación.
    Desde que Feynman escuchó hablar de la paradoja de Einstein, Podolsky y Rosen, postulada en 1935, su fascinación por llevarla a buen término llegó a convertirse en una obsesión. En términos poco formales, la paradoja establece que se pueden entrelazar dos partículas de tal modo que, una vez separadas entre sí una distancia arbitrariamente grande, actuar sobre una produce modificaciones instantáneas en la otra. Tal principio no viola que nada pueda viajar más rápido que la luz, pues para conseguirlo es necesario un ligero intercambio de información, una llamada telefónica, por decirlo de alguna manera. Pero Feynman no tardó en comprender que, a pesar de las supuestas limitaciones, se podía conseguir algo fascinante: copiar una partícula para que replicara las propiedades de la otra.
    Probó primero el experimento con un átomo de oxígeno y otro de hidrógeno que entrelazó y separó diez centímetros. La idea del experimento era que el átomo de hidrógeno se convertiría en una réplica exacta del de oxígeno. Técnicamente hablando, el átomo de oxígeno no viajaría, sino que sería duplicado usando como 'molde' el átomo de hidrógeno.
    El experimento fue un éxito pero, como una consecuencia inesperada, el átomo de oxígeno se convirtió en un amasijo de partículas dispersas. Feynman había topado con una ley básica de la mecánica cuántica: un átomo no puede ser clonado, es decir, si se copian sus propiedades el original pierde su forma y se transforma en una partícula aleatoria distinta.
    Feynman no tardó en copiar las propiedades de objetos de mayor tamaño, empleando materiales de desecho de un almacén de la Facultad de Princeton y algunas piezas de alta tecnología facilitadas por compañeros de la universidad. De este modo, empleando unas tijeras y un ejemplar en miniatura de los Elementos de Euclides, consiguió un resultado parcial: el libro se transformó en unas tijeras algo deformes pero sin duda reconocibles como tales, mientras que las tijeras se convirtieron en una amalgama de aspecto tan horrible que Feynman no tuvo estómago para conservarla para su estudio y la calcinó de manera clandestina en un horno de fundición.
    Feynman comprendió que transmitir las propiedades de la materia resultaba más difícil cuanto más diferentes fueran los objetos, y por temor a crear aberraciones innombrables mantuvo los estudios en secreto hasta obtener resultados concluyentes. En eso se anticipó varios lustros a George Langelaan, quien con su relato 'La mosca' ya intuía el peligro de la teleportación para producir mutaciones irreversibles.
    Feynman se esmeró en copiar, y por tanto teleportar, objetos de similar naturaleza, como una barra de metal de una cierta longitud en otra de longitud diferente, e incluso un reloj de bolsillo usando como molde otro defectuoso de la misma marca. Pero la prueba de fuego llegó cuando quiso probar el experimento con seres vivos, y no tardó en comprender un hecho que nadie podría aceptar: para teleportar a una criatura, el molde ideal sería otra de su misma especie. Un experimento con dos gatos callejeros, uno vivo como viajero y otro muerto como molde, así lo resaltó.
    Comprendió que los problemas morales, sin embargo, eran enormes. Desde un punto de vista molecular, los átomos que componían el gato vivo se transformaron en un amasijo horripilante de carne y pelo y el gato muerto se transformó en una copia idéntica, al menos en apariencia, del gato original. Nada malo le sucedió en toda su vida, convirtiéndose en la mascota del científico.
    Decidido a otorgar validez a su teoría, Feynman se teleportó a sí mismo en 1939 empleando como molde un cadáver no reclamado, encontrado en las cercanías del campus, que le facilitó un amigo forense. ¿Pasaría también su alma al otro cuerpo? Feynman era judío y esas cuestiones le preocupaban.
    El experimento resultó un éxito, y Feynman no notó cambio alguno. Sin embargo, sí los hubo. No fue consciente pero los hubo.
    Porque él no podía saber que, del mismo modo que el gato teleportado adoptó costumbres del gato muerto, Feynman adoptó maneras de pensar del hombre fallecido, que se trataba de un espía del Tercer Reich. Por ese motivo y otros, Feynman dejó de lado la teleportación y se centró en otros campos de estudio que en su opinión ayudarían mejor al futuro de la especie humana.
    Uno de ellos, en el que colaboró algunos años después, fue el llamado Proyecto Manhattan.

    LOS GUSANOS PÚRPURAS

    LOS GUSANOS PÚRPURAS

    Bitácora de investigación
    Siempre pensé que todos los gusanos tenían la cabeza redonda, me equivoqué, sus cabezas eran
    totalmente ovaladas. El cuerpo se veía bastante compacto, aun para su pequeño tamaño se notaba lo increíblemente compacto, como si lo hubieran fabricado con una versión diminuta de esas máquinas que aplastan basura o residuos metálicos; el resto de los atributos físicos eran aparentemente normales, excepto por la boca. No quiero detallar otra vez la forma de su boca, pero es un rasgo que difícilmente hubiera podido pasar de largo, la boca o mejor dicho el orificio oral de estas criaturas era un universo aparte, llamaría la atención incluso si se le observase separada de la cabeza, me recuerda bastante a los espécimenes que guardan en los jarrones con formol en los laboratorios del instituto. En fin, mi labor por ahora es investigar: no el origen, desarrollo, dieta, forma de reproducción, código genético, conductas, etcétera; mi labor completa es indagar el misterio en sí mismo. Sé que parece que no tiene sentido lo que digo, pero así es. Investigar un misterio significa muchas cosas, la curiosidad que sentimos, las preguntas que nos hacemos y la forma en la que decidimos explorarlas. Y fue así como yo, Luciana Vela, integrante del comité de ciencia de 4to grado y presidenta de la legión de “La lupa y el lápiz”, he sido designada para investigar el misterio de los gusanos púrpuras.
    Estos son algunos de los datos más importantes que tengo hasta ahora. Mis sujetos de estudio, como ya dije, son los gusanos púrpuras, estos han sido vistos en todo tipo de lugares, dentro de una olla de metal abandonada en el desierto del pueblo de Las Milpas, hasta en el famoso flan de la tía Elena. Aunque debo decir que lo que más fascinante me parece son de las relaciones de cooperación que han entablado con otras especies como hormigas, pájaros, monos araña, la famosa mimosa púdica (¡ay como me gusta esa planta!), grillos y ranas selváticas. Solo recientemente se les vio formando escuadrones de limpieza para gatos callejeros a cambio de viajes exprés en vecindarios de Bratislava. No se tiene mucha información de sus grupos sociales más cercanos pero sin duda las hormigas rojas son de sus mejores aliadas, solo basta mencionar la reconstrucción de más de 2,462 hormigueros en la que los gusanos púrpuras trabajaron por semanas, día y noche, sin olvidar el gesto sensible de agradecimiento que las hormigas rojas tuvieron dando libre acceso a sus almacenes de comida a todos los gusanos en situación de riesgo. Voy a revisar mis notas, siempre me ayudan a no olvidar pequeños detalles en mis investigaciones. Muy bien, aquí tengo también que los gusanos púrpuras fueron vistos por primera vez en las orillas del volcán del fuego en Colima, corroborado por varias fuentes de información. Los detalles más relevantes de ese primer avistamiento indican que fue una viejecilla que vendía miel quien les ayudó a salir de una grieta en las faldas del volcán. La mujer dijo que escuchó murmullos como de crías de ratón y que posteriormente notó que unas piedritas se movían, reportó que aunque se asustó al principio pensando que tal vez venía un temblor por la actividad constante de ese volcán, la curiosidad la llevó a mover algunas de las piedras guiada por los murmullos que escuchaba; unos momentos después un sin fin de pequeños gusanos púrpuras salieron del agujero, juntos parecían como un riachuelo de lava. Solo imaginen miles de cabecitas ovaladas con cuerpos compactos y con las bocas más fantásticas que nunca se hayan visto en otros seres vivos. Meses después se tuvieron reportes a lo largo de todo el mundo, el que más me sorprendió fue el testimonio de una familia en Mongolia que albergó a un grupo de cientos de gusanos púrpuras, pasada una semana los gusanos desaparecieron sin dejar huella; la hija más chica de la familia aseguró que los vio en una de las patas de un camello que se alejaba, aunque la madre dijo que podía haber sido solo un pedazo de tela púrpura.
    Mi nombre es Luciana Vela, tengo 9 años y quiero ser científica, no he avanzado mucho en mi
    investigación pero estoy cada vez más cerca... No vayan a pensar que es porque ya tengo las respuestas correctas, lo que tengo son mejores preguntas; y como decía mi abuela, las más pequeñas siempre son mis favoritas.
    ARAFATZIN

    Los otros

    Los otros

    El ruido que provocó el movimiento del gran portón de la entrada le indicó que hacía mucho tiempo que nadie había estado por allí. Al fondo se veía una enorme mansión, la nueva vivienda de Gracia y de sus dos hijos, Ana y Nicolás. Los niños padecían de electrosensibilidad, una enfermedad, cada vez menos extraña a finales del siglo XXI, provocada por la exposición a campos electromagnéticos. Gracia tenía fe en que vivir prácticamente aislados en un caserío de la Mancha contribuyera a la mejora de la salud de sus hijos.

    Al entrar en la casa y ver el estado de suciedad de la misma, Gracia confió en que hiciera efecto el anuncio publicado y que pronto encontrara al personal de limpieza solicitado. La premura redujo su nivel de exigencia, así que contrató a las dos primeras personas que acudieron a la llamada, una pareja de más de 60 años con experiencia en trabajar en ese tipo de caserones. Gracia les informó debidamente de las normas, indicándoles que estaban prohibidos todos los dispositivos electrónicos.

    Ante la imposibilidad de tener acceso a Internet, la enseñanza a los niños era muy complicada, puesto que cada vez resultaba más difícil encontrar libros o tan siquiera papeles donde poder escribir, por lo que gran parte de las clases se realizaba de manera oral, con los conocimientos que Gracia tenía y que, de forma inevitable, poco a poco iba olvidando. Por eso, Gracia no dudó en preguntar a sus nuevos sirvientes Edmundo y Berta si había algo que pudieran enseñar a los niños. Gracia se sorprendió al descubrir cuánto sabía la pareja sobre ciencia, principalmente sobre electromagnetismo. Su ayuda le resultó, por tanto, tremendamente útil para enseñar a los niños matemáticas y física, entre otras materias.

    Los amplios conocimientos demostrados por los sirvientes le hicieron plantearse a Gracia la dedicación de la pareja en el pasado, aunque Edmundo y Berta parecían claramente evitar el tema. Un día, escuchando a hurtadillas (fruto de la curiosidad y del aburrimiento reinante en el caserón), Gracia oyó a la pareja hablar en tono melancólico sobre el estado actual de la ciencia. Si allá por principios del siglo XXI se pensaba que los últimos años habían sido los más productivos en temas de ciencia en toda la historia de la humanidad, dicha situación no era comparable con los avances producidos a finales de siglo, como suele pasar con todo crecimiento exponencial. Esto había provocado que los conocimientos existentes en un instante temporal concreto quedaran obsoletos en apenas un año o pocos meses. Como consecuencia, las universidades habían desaparecido. El autoaprendizaje a través de Internet se había convertido en una necesidad, y quedarse desfasado en un puesto de trabajo era una constante para aquellos que no hacían el esfuerzo de actualizarse casi a diario. Además, el mundo capitalista había provocado que la ciencia dejara de ser una herramienta semi-pública para convertirse en uno de los principales valores de cualquier compañía puntera. Mirando años atrás, hoy en día sería inconcebible enviar un artículo científico a una revista para que fuera públicamente accesible. Además, la espera de meses hasta que fuera revisado y publicado haría, sin duda, que el artículo quedara desfasado.

    Gracia no presentaba una gran empatía hacia sus empleados ya que, por alguna razón, no acababa de confiar en ellos. Puede que la culpa fuera que percibía que había cosas en la casa que no estaban como Gracia las dejaba. Y puesto que ella no creía en fantasmas, sospechaba que el feliz matrimonio podría estar detrás del misterio. Además, empezaba a preocuparse de lo interesado que parecía Edmundo en realizar labores de jardinería que no tenía asignadas.

    Una mañana, haciendo limpieza en el desván, Gracia encontró un viejo papel amarillento y con la mayoría de la tinta borrada, que contenía una foto en blanco y negro. Al mirarla con detenimiento, Gracia se estremeció al comprobar el gran parecido de la foto con su sirviente. No podía ser casualidad la presencia de la pareja en esa casa. Alentada por un presentimiento, Gracia bajó y escarbó en el jardín, cual exhumador buscando un cuerpo, no sabiendo muy bien qué esperar encontrar…

    Y encontró algo. Un gran baúl que contenía, perfectamente plastificados, revistas y artículos científicos. Al ojearlos descubrió que correspondían a toda la producción científica de E. García y B. López, ya muertos para el sistema científico actual. Sus sirvientes debieron de ser de los últimos investigadores de la vieja escuela, que no consiguieron cumplir su sueño de acabar su doctorado antes de que el sistema educativo cambiara. De hecho, no consiguieron, siquiera, ser autores principales de ningún artículo, por lo que se quedaron siendo “los otros”. Aquéllos de los que nadie se acuerda, siempre a la sombra de un autor principal, bajo el resguardo de la vieja expresión latina de “et al.”.

    Los padres del mundo

    Los padres del mundo

    La mañana se abría paso en el palacio de los Lamontte, el sol empezaba a brillar sobre el jardín de golosinas, globos de colores, conejos danzarines, burbujas y muchas flores. En una de las habitaciones estaba Agneta, despertándose aún de sus plácidos y dulces sueños. Un gran salón con todas las comodidades y entretenimientos que una niña de su edad podía tener y más. Frente a ella, sobre su cama dormía siempre, el minino Raw, un felino que la pequeña había pedido para su décimo cumpleaños. Este había sido clonado a partir de ADN del último ejemplar que aún quedaba en vida.

    Los padres de Agneta, respetables científicos especializados en la nueva ingeniería genética. Habían descubierto y simplificado en una sola mini tarjeta, la solución a las distracciones y complejidades que la vida acarreaba (depresiones, falta de energía, cansancio, melancolía). Por esta razón, ellos también, beneficiarios de su propia medicina, sabían que, si anhelaban realmente avanzar en el campo y profundizar en sus experimentos, esto les iba a comportar horas de trabajo y sacrificios. Por ello, tuvieron que decidir y priorizar. Su hija no podía estar en mejor lugar que en el palacio, allí protegida de toda esa sub raza, fiel creyente a todos esos valores inconscientes que predominaban en estos tiempos. Habían hecho muchas pruebas antes de poder clonarse a ellos mismos. Meses de trabajo e investigaciones, hasta que construyeron el palacio de los sueños de Agneta. Su mundo, su versión micro, dotada de los últimos avances, las más sofisticadas aplicaciones y la más grande variedad de seres clonados en una misma realidad. Habían recibido condecoraciones y galardones en los congresos más prestigiosos. La crítica científica les había llamado en una de sus revistas, como los “Nuevos padres del mundo”. Lo habían arriesgado todo, su familia, sus estudios, todo para facilitar los trabajos y tareas afectivas de los grandes padres, los creadores de la nueva generación.

    Agneta, pasaba los días divirtiéndose con todos los equipamientos que se le había provisto al palacio. Un día iba al lago con sus vecinos, corría detrás de los conejos por el laberinto de los jardines, saltaba en la cama elástica, pintaba, jugaba con todas las especies allí provistas, bailaba con los canguros, volaba por las nubes con las hadas, jugaba al escondite con las ninfas y los duendes del bosque, cantaba a orillas del mar con las sirenas… hasta que llegaba la hora de dormir, momento en el cual el padre, como había tenido siempre de costumbre, le leía un cuento diferente cada noche, lo interpretaban juntos y se despedían. Una noche, mientras el padre cumplía con la tarea diaria e introducía el título del cuento, Agneta se percata que lee el mismo que la noche anterior, tartamudea el título una y otra vez hasta que de repente, su cuerpo se desploma sobre la alfombra. En el suelo, parece no dar señal alguna de recomponerse. En ese momento, la niña se apresura a llamar a la madre que está en su habitación. Cuando Agneta entra, ella está tendida sobre su cama, parece no responder, no atiende a los gritos, la zarandea sin repuesta.

    Desesperada, busca a gritos al resto de seres que parecen sordos ante sus sollozos. Ante ella, empiezan las imágenes a distorsionarse, como si de un holograma entero se tratara. Poco a poco va desapareciendo lo que para Agneta, había sido su paraíso infantil. Los interruptores de alarma contra sensaciones negativas están en alerta, el palacio parece desmoronarse. Agneta no acostumbrada a los nervios, los ruidos estridentes y la tristeza, ve como todo su paraíso desaparece delante de ella, abandonándola en un espacio en blanco, vacío, desprovisto de todas las comodidades y caprichos que siempre exigió. Y es que no es para más, había sido inmune a esta presión, a todas estas sensaciones pueriles impropias de un ser de su casta. Ella no había sido clonada. Su verdadera versión, la auténtica, estaba en aquel palacio. Pero esta vez, el sistema de la micro tarjeta que sus padres habían introducido en su cerebro, había desconectado con el único vínculo que le comunicaba al mundo superficial. El sistema había parado sus funciones dejando a Agneta en la más profunda depresión. No estaba preparada ni para soportar el propio llanto, iba a consumirse por la eternidad en aquel sub mundo ideado por sus padres.

    Mensaje imaginario

    Mensaje imaginario

    "Tengo que contarte algo". Ese fue su último mensaje antes de marcharse y por el cual había llegado hasta alli. Ahora, desde el umbral de la última pared, esperaba a que el mensaje cobrase significado.

    Recuerdo que cuando me encontré la primera pared blanca con las dos puertas pasé horas observandolas. Eran dos marcos vacíos, sin nada que obstaculizase la vision a través de ellos. Traté de averiguar si tenía que cruzar alguna de ellas, y en caso de hacerlo, por cúal. Me asomé por ambas. Las dos daban a otra pared blanca completamente vacía.

    Miré a la puerta izquierda como si fuera a extraer su esencia con los ojos “¿Que motivo puede haber para cruzar la puerta izquierda?” pensé, "él era zurdo, quiza sea eso". Me acerqué e incliné la cabeza, pero por algun motivo no me atrevía a atravesar la linea imaginaria del umbral y me giré para pegar la oreja a ella tratando de escuchar algo. “¡Mi perdida en el oído izquierdo! Él sabía que oigo mas por el derecho, si me quiere mandar un mensaje, habré de escucharlo con el oído derecho!” En su momento, me pareció una conclusión satisfactoria.

    Sin pensarlo más me abalancé hacia la puerta derecha y la atravesé.

    Un frío paralizante me envolvió en el momento que dejé la puerta a mis espaldas. El aire se movió a mi alrededor como si un avión pasase a centimetros de mi. Entonces tres puertas se abrieron en la nueva pared, antes vacía. Una sombra salió volando a toda velocidad por la puerta que no había elegido cruzar y se dirigió a la puerta del medio de la siguiente pared. Al cruzar emitió un sonido, una frase; “Tengo que contarte algo”.

    Pasados unos segundos la escena se replicó, la misma frase, pero esta vez la silueta salió justo detrás de mí, dirigiendose a la puerta izquierda. Me tiré al suelo sin pensarlo, tratando de esquivarla, aunque tuve la sensación de que llegó a atravesarme. Sin tiempo para reaccionar, la misma silueta salió de nuevo de la puerta a mis espaldas y esta vez cruzó hacia a la puerta del medio. Mis ojos consiguieron enfocar cuando una cuarta sombra salió por la puerta izquierda y cruzó por delante de mi para adentrarse en la derecha. Había reconocido la voz a la primera, pero solo entonces reconocí la silueta, era él. Pero era una imagen apagada, como si la mitad de su alma existiese en aquella sombra y la otra mitad en las cuatro palabras que la acompañaban.

    La frase resonó de nuevo y la siguiente sombra salió de la puerta izquierda, siguiendo una trayectoria recta. Entonces me abalancé hacia ella, su velocidad era altísima, apenas tardaba una fracción de segundo en cruzar de una pared a otra, pero pude ver con claridad hacia donde se dirigía. Corrí y me adentré por la puerta izquierda. “He de seguir a la primera que salga de cada pared y entrar por la puerta que elija”.

    Otra oleada de aire congelado, y otra pared blanca, esta vez con cuatro puertas.

    Así, el proceso se repitió de nuevo, y siguió repitiendose hasta que hubo tantas puertas que no cabían en la pared, y ésta desapareció quedando un hueco por el que infinitas sombras pasaron por infinitas puertas. Con el tiempo, las sombras se hicieron mas y mas finas, hasta convertirse en meras lineas y por ultimo desparecer (al menos a simple vista). Mientras, la frase resonó hasta que perdió su significado, junto con el de mi plan de seguir la dirección que tomara la primera sombra en cada nivel.

    En algún momento debí llegar a una pared sin puertas. La última de ellas. Pero no oí ningún mensaje. Ya lo había comprendido..

    Sólo volviendo al principio una y otra vez, pasando por todas las puertas y todas sus combinaciones. Sólo pasando por las infinitas puertas que habían ocupado toda la pared y sus bifurcaciones hasta llegar a atravesar todos los átomos de vacío hasta la última pared, quizá hubiera tenido una oportunidad de conocerlo.

    El mensaje que me quería transmitir era imaginario, y ni yo, ni nadie en el universo estaba destinado a conocer su significado concreto. Eran todos los mensajes en los que ya había pensado, todas las posibles conversaciones que podríamos haber tenido.

    Había una extraña dualidad entre la sombra y la frase que la acompañaba, y entre la frase que oí durante todo aquel tiempo y el mensaje que esperaba escuchar, y esa dualidad atravesaba cada puerta y cada rincón para que el mensaje imaginario tuviese infinitos significados.

    Eso me consoló. Me di cuenta de que podría hablar con él por toda la eternidad y nunca se nos agotaría el tema de conversación. Pues todas las conversaciones serían imaginarias, pero reales al mismo tiempo.

    MOMENTO MÁGICO

    MOMENTO MÁGICO

    Apoyé mi ojo en el visor del microscopio. La forma era pura, seis puntas afiladas y brillantes en torno a un núcleo perfecto hexagonal. Me quedé unos segundos quieta, casi sin respirar, disfrutando del momento. Sentía su mirada sobre mí, su presencia a mi lado. Él apoyó una mano sobre mi hombro. Era una presión suave, casi tenue, inocente, pero a pesar de todo yo sentí que mi corazón se paraba. Aguante la respiración mientras que sentía en mi oído su respiración “ves que forma más perfecta, y pensar que solo es agua”
    Mantuve el ojo en el microscopio en un intento de alargar el momento. El no separó la mano, incluso acrecentó la presión cuando se adelantó un poco para alcanzar del congelador portátil otra capsula isotérmica que metió en el microscopio. “Parece mentira que todos sean diferentes” me dijo muy cerca de la oreja. Esta vez las puntas parecían hexágonos inacabados. Me recordaba a los adornos de navidad que de niño colgábamos en el árbol.
    Él mantenía la mano en mi hombro y su voz era entusiasta, alejada de la voz seria de sus clases. Yo no podía prestar atención al visor. Entre el frío del microscopio y el calor que sentía dentro de mi, mi cuerpo se estremeció con un escalofrío. Él lo percibió y pareció salir de aquel entusiasmo. Retiró su mano como si le quemase y su voz volvió a la neutralidad que siempre utilizaba conmigo.
    Yo sentí que lo que acabábamos de vivir se estaba escapando entre mis dedos. Aquella ciencia era lo que nos unía, porque los dos nos dejábamos llevar por la pasión, pero aquella ciencia era también lo que nos separaba porque no dejábamos de ser alumna y profesor. Pensé en algo que nos uniera, pero que se alejara de la ciencia, en un intento de romper esa barrera.
    Tuve un recuerdo, comencé a hablar. “Cuando tenía 10 años, mi madre y yo nos fuimos a la calle cuando comenzó a nevar. De pronto un copo cayó sobre la manga de mi anorak y pude ver a simple vista una forma maravillosa. Llamé a mi madre y pudo verlo antes de que desapareciera. Ella me dijo que pidiera un deseo y se me cumpliría. Yo sabía que aquello era mentira, que se lo acababa de inventar, pero sonreí, miré al cielo, que estaba blanco como la nieve que lloraba y no pude evitar desear una cosa: poder vivir más momentos mágicos como aquel en mi vida”.
    Él, colocándose las gafas que colgaban de un cordón de su cuello, cogió mi expediente y comentó irónico: “¿Y por eso decidiste hacer una tesis sobre “La morfometría simétrica de la cristalización de los copos o ampos de nieve”?”. Yo le miré picara, sonriendo y comenté: “Por eso y por vivir este momento mágico”
    Me miró y sonrió como nunca le había visto hacer y no me hizo falta mirar por el visor para saber que el hielo se había derretido.

    Nada hay más triste que una ausencia

    Nada hay más triste que una ausencia

    Nada hay más triste que una ausencia

    Tampoco mi abuelo Esteban pudo sustraerse al embrujo del Continuo e imaginó su móvil perpetuo: un montaje de poleas, engranajes e imanes que nunca pasó de ser un boceto sobre papel.

    Imperturbable, permanece sentado junto a la lumbre. Vuelve mirar el fuego. En realidad, no deja de hacerlo. Sus pupilas siguen las llamas en el crepúsculo; danza incesante que hace oscilantes y volubles las formas, produciendo un efecto intrigante de sfumato. Voy hacia él y proclama vehemente:

    _Perpetuum mobile! Inspirado en las infatigables ruedas de aceña, Da-Vinci colgó martillos de bronce en un disco giratorio; mas, por muchas vueltas que diese –que las daba-, terminaba siempre deteniéndose. Fue entonces cuando los molineros de la Tierra declararon consternados: “agua pasada no mueve molino”.

    Jadeando, continúa:
    _Mucho tiempo después el electromagnético Maxwel jugaría a contradecir el segundo principio de la Termodinámica, invirtiendo la flecha de transmisión del calor, que debiera ser de lo caliente para lo frío porque la temperatura es el valor medio del movimiento de las moléculas, compensando la celeridad de unas con la lentitud de otras.

    ¿Quieres decirme que cuando calentamos el aire hasta 20ºC, no todas las moléculas están a esa temperatura: unas estarían a más y otras a menos, quizás algunas justamente a veinte?, pregunté desconcertado.

    Respondió mostrándome un vaso de agua:
    _Algo así, aunque no es exacto hablar de temperatura de una partícula, sino de un sistema físico. Para que te hagas una idea, en este vaso hay... ¡cuatrillones de moléculas!

    Aprovechó para tomar un trago y siguió con su perorata:
    _Piensa en una caja con una puertecilla al medio, donde el diablo bloquea el paso. A un lado gas caliente, al otro gas frío. Como el demonio no es malo para todos, cuando se acerca una molécula de la parte cálida, cansadita ella, con menos velocidad que la velocidad media de las moléculas frías, la deja pasar. Y porque las simetrías siempre fueron negocio de encantamientos, si llega una molécula de la parte fría, más rápida que la media de las calientes, le da paso también. La parte caliente se calentaría y la parte fría enfriaría.

    ¡Tenía chanza científica el viejo! Cuando comenzaba a popularizarse por los media la hipótesis del Big-Bang él, sordo como una piedra, pegaba la oreja a la radio y radiaba, a su vez, para todos los presentes, los últimos adelantos de la teoría del Pim-Pam!!!

    La leña, verde, ardía con dificultad, humeante, borbotando visiblemente jugo hacia fuera. Dentro se acumulaba ceniza. Al fin ascendieron tímidas llamas:
    _Aire, agua, tierra y fuego. Los cuatro elementos de Empédocles ante ti. ¿Conocimiento primigenio, empirismo vital, deducción mística? ¡Quién sabe!

    Con un pequeño pichel, riega delicadamente su orquídea mirándome fijamente:
    _Mucho antes, Thales de Mileto había pensado en el agua como elemento generador de todas las cosas. ¿Y quién volvería sobre este asunto?: Dalton el daltónico. No veía bien los colores pero sí vio un manojo de átomos combinándose en determinadas proporciones para formar las sustancias.

    No se crean ni se destruyen, dije complaciéndolo. Gesticuló afirmativamente:
    _La leña es un condensador solar. Las plantas elaboran nuevas moléculas, más complejas, absorbiendo energía del Sol. Al arder, las grandes moléculas se descomponen en otras más pequeñas, liberando la energía acumulada.

    Ya casi sin vigor, dibujó un círculo en el aire:
    _Pitágoras situaba el Sol en el centro del Universo, dos mil años antes del giro copernicano hacia el sistema heliocéntrico: el que Galileo defendería en aquel histórico proceso frente a la Inquisición. E pur se muove. La Tierra se movía, después de todo.

    Del árbol metálico que sostenía los sueros y la morfina que nutrían, in extremis, las venas del abuelo, bajaban dos tubitos serpenteando, proyectando ligeras sombras sobre los vidrios de la librería, llena de manuales científicos. Mezclando sueños y fantasía, aquella atmósfera de sfumato engendraba un artificio de ilusiones ópticas:
    _¿Ves los venenos de mi sangre ir hacia arriba, rebelándose contra el orden gravitatorio del Universo? Newton, desesperado, agitando los rizos de su peluca de Sir, apretuja con las manos la bolsa de sueros, intentando echarlos para abajo, salvando de esta mácula su colosal creación.

    Extenuado, aún pudo añadir:
    _Mientras Einstein, despeinado como si un rayo acabase de electrizarlo, los ojos fuera de las órbitas, modela una fórmula con el circular número pi y la velocidad de la luz a la cuarta potencia. Porque él comprendió que los valores de masa presente hacen la realidad relativa, curvándola en el espacio-tiempo. Y este escenario donde vivimos, tan poco liso en lo físico y en lo humano, requiere una teoría que se adapte a sus pliegues.

    Fueron sus últimas palabras. Ahora que él ya no está, miro la lumbre:
    Así como las presencias tuercen las leyes que rigen los cuerpos, las ausencias tuercen las leyes que rigen las almas.

    Nunca tuve que elegir

    Nunca tuve que elegir

    Siempre he podido vivir la vida que quería. Jamás tuve que detenerme a pensar y elegir la mejor opción. Pude hacerlas todas. Nunca tuve que decidir. Luego sólo tenia que cerrar los ojos, proyectarlas en mi mente y analizarlas en un sólo instante.

    A mi madre le robaron la libertad. Creció en un mundo en el que la mujer no tenia voz, ni decisión. Vivió y creció oprimida la mayor parte de su juventud. En los últimos años de su vida adulta el mundo cambio, estalló la revolución. Fue libre y pudo finalmente trabajar en lo que siempre había tenido que estudiar y formarse a escondidas: Bioingeniería.

    Ella, mi madre, vivió largos años... sola. Siempre me contaba que un día al ponerse el sol y quedarse sola en la oscuridad de la casa, esa soledad le ataco. Noto como caía sobre ella, a la vez que las sombras se alargaban. Le empujó sobre un roído sofá y la ató. Y tuvo miedo. Miedo a que todo lo que había conseguido en esta vida se perdiera. Miedo a que este nuevo Mundo libre parara y volviese a girar hacía atrás. Lloró, dejó que sus ojos y su mente se liberaran. Expulso toda su agonía y miedo a través de ese llanto solitario y silencioso. A la primera luz del Sol, se liberó de esas sogas invisibles y con determinación se fue a su laboratorio. Ese día nací yo.

    En aquella casa, vivíamos una vida sencilla, no teníamos demasiado. Tampoco lo eché de menos. No puedes echar de menos aquello que desconoces. Mi madre se encargó de que no me faltara lo más importante: La libertad.

    Me convertí ya en aquel entonces en una exploradora. Siempre sola, pero siempre acompañada. Vivía entre murmullos, risas infantiles y el eco de los pasos en aquellas cuatro paredes. Me gustaba observar a mi madre en su laboratorio, concentrada. Se podía pasar horas allí sentada escribiendo en sus cuadernos. Dibujando esquemas, ideas... Ahora que no está, cuando leo esos cuadernos, es como si estuviese aquí de nuevo.

    No sé como lo hizo, como pudo crearme y criarme ella sola. De donde saco la energía y los recursos. Ella siempre había querido tener una hija, pero la naturaleza no se la dio. Y por eso me creó.

    Yo soy yo, más mis otros 9 yos. Somos clones idénticos pero a la vez tan diferentes. Cada una de nosotras nos hemos expuesto a distinto estímulos y eso nos ha definido. Pero a la vez lo hemos compartido todo. El gran trabajo de mi madre fue desarrollar un sistema que nos permitiese conectarnos entre nosotras. Lo que una de mis yos vivía, lo vivía yo también como si de un sueño se tratase.

    Cuando mi madre nos dejó, sólo nos pidió que no dejásemos que el mundo volviese a girar en el sentido contrario. En uno de sus cuadernos nos decía que nos había dado un poder , una herramienta que no todo el mundo tenía. Jamás tuve que decidir. Mis opciones crecen exponencialmente con cada nuevo paso que doy. Yo como conjunto puedo hacerlo todo y poner a prueba todas las hipótesis. Tengo el conocimiento necesario para predecir el futuro y todas sus variaciones. No Madre, el mundo volverá a girar en el sentido contrario.





    Omnipresente

    Omnipresente

    Ella siempre estuvo allí, viendo todo desde las alturas. Habitaba aquí y allá, viajaba en el espacio, llegaba a la superficie de los planetas, iba por las estrellas, sin que casi nada la detuviera. Explotaba en alegría cósmica, nacía de las estrellas, moría con ellas, pero siempre estaba allí. La Tierra, ese pequeño planeta azul, era uno de sus lugares preferidos. Sentía el calor de la vida que la rodeaba, de la que era parte. Ayudaba a las plantas a crecer, a los animales a ver y a calentarse. Cual suerte de maga, podía entrar donde otros no podían, ser partícipe de los secretos de la vida misma. Con la llegada del hombre, fue venerada, admirada, tratada como divinidad por mil culturas. Reverenciada, creada y vuelta a extinguir. Pero siempre estaba allí, como parte de ellos, sabiendo que, gracias a ella, ellos vivían. La crearon de mil formas, brillaba como una reina en candeleros de cristal, calentaba a los humildes en sus chozas en lámparas de aceite. Vio el mundo arder en mil batallas, cercenadas las vidas de los árboles que ella había ayudado a crecer. Se vio nacer en mil hogares, que se transformaron en ciudades cada vez más grandes: Era parte de anuncios publicitarios, de automóviles en la noche, de oficinas, de computadoras. Ella estaba allí aunque no la entendieran, desplazándose entre las cosas formando parte de todo, mutable, divina, llena de energía, y completamente intocable. Los científicos la llamaron onda, luego partícula, luego se dieron cuenta de que era ambas. Que no necesitaba de nada para propagarse, para seguir viajando en el Universo, rápida, impertérrita, sin nadie que le ganara. Investigaron y fueron capaces de crearla de mil formas, ya no sólo las que podían ver, sino sus formas más misteriosas, invisibles, llenas de energía. Fue así como vio a través de las cosas en radiografías. Se volvió fuerte, potente y segura, en haces intensos que dejaron al mundo boquiabierto, creados en laboratorio, y que pronto la humanidad comenzaría a usar para todo lo que se le ocurriera, aún sin saberlo, siendo parte de películas de ciencia ficción y nombrada con un acrónimo que muy pocos recordaban su significado. Seguía siendo adorada confundida, metaforizada…

    ¡Apaga la luz! -Dijo mi madre enfadada- ¡Ya es tarde!

    Pulsé el interruptor y caminé hacia la cama y me metí dentro de las sábanas. Sonreí mientras la luz de la farola de la calle se filtraba, y sentía el calor de la noche veraniega. En el firmamento, brillaban las estrellas.

    “Lo siento, mamá, La Luz nunca va a extinguirse”.

    Perpetuarnos

    Perpetuarnos

    Estoy exhausta. Llevo más de media vida preparándome para esto pero cada día veo más complicado conseguir mi objetivo. He luchado contra barreras flexibles pero impenetrables, muros invisibles pero infranqueables que me permitían visualizar mi objetivo pero no acercarme a él. Había oído hablar de su existencia y siempre consideré que se trataba de una leyenda urbana. Ahora que es mi turno compruebo que son tan reales como el miedo que me atenaza cuando siento que no lo lograré.
    He visto a compañeras aniquiladas cuando casi parecía que lo habían logrado. Pero eso no es culpa de esas mallas invisibles y a la vez insalvables. Lo que nos hace caer es ese olor cada vez está más presente en el ambiente. Los seres que antes me embriagaban con su aroma, expelen ahora un hedor que me impide respirar. He visto a muchos, no solo de los míos, caer fulminados con solo acercarse a esos cuerpos embadurnados de una materia desconocida. Recientemente ha surgido un pitido que te taladra la cabeza hasta hacerte enloquecer. Algunas compañeras logran superarlo; no es mi caso. Ese sonido convierte en intransitables vastas áreas que deben proteger suculentos banquetes, mientras a nosotras nos cuesta encontrar cada día qué comer. Al menos el sonido no te mata.
    No sé cómo ha sido, pero de un tiempo a esta parte se han multiplicado las gambusias. Además de ser cada día más escasas, las charcas, otrora tranquilas, están llenas de estos peces que atacan a los mayores sin recato, pero que también engullen sin alterarse, sin mostrar la más mínima compasión, a los más pequeños. Es ruin atacar así a los más vulnerables, a los que no pueden defenderse. Hubo un tiempo en el que montábamos escuadrones de defensa, pero resultaron inútiles. Las aguas están pobladas de ellas y cada día son más voraces. Me pregunto cómo conseguiremos perpetuarnos
    Anoche, por fin logre que me inundara el ansiado sabor dulce y espeso de fluido rojo. Estaba a punto de tirar la toalla, cuando de pronto apareció allí, tumbado en la hierba. Estaba descansando, tomando grandes bocanadas de aire. Al principio noté un leve tufo repelente pero descubrí una breve línea libre de ropa en la que posarme. Sobrevolé sigilosa. Me temblaban las patas de pura emoción. Inyecté mi trompa suave y lentamente, tratando de no alterar nada y me deleité con el goce del calor húmedo que me recorría por dentro.
    Estoy a un paso de conseguirlo pero soy consciente de que el cerco se estrecha cada día un poco más. Las aguas estancadas de las que hablan los relatos populares que tanscienden en el tiempo son cada día más difíciles de encontrar. No queda una charca sin cloro, un espacio seguro donde depositar a mi progenie. Pero, si he logrado lo que hasta hace unas horas me parecía imposible, seguro que doy con un espacio húmedo y tranquilo para mis pequeños. El hueco de una planta, la rodadura en el barro de un camión, un espacio entre rocas del humedal… Las charcas y los ríos están descartados, esas locas con escamas lo devoran todo.
    No entiendo esta persecución encarnizada. No puedo comprender a qué se debe esta guerra sin cuartel que alguien ha emprendido contra nuestra especie. Apenas una pizca de líquido escarlata es lo que tomo para mis pequeños. Un ligero picor es todo lo que provoco. ¿Qué sentido tiene invertir tantos esfuerzos para negarme una gota de sangre que me permita perpetuar mi especie?

    'Anopheles'

    Piel de Luna, Piel de Fuego, Piel de Agua

    Piel de Luna, Piel de Fuego, Piel de Agua

    Acudió a mí con una petición imposible: quería un vestido del color de la luna llena.
    Habían pasado muchos años desde la última vez que había visto a mi rey, antaño mi mejor amigo; los asuntos de la corte no eran cosa mía sino de mi hermana Doña Perfecta. Después de todo, la habían elegido a ella como Hada del Reino, y yo me había retirado al bosque, donde intentaba descifrar el lenguaje volátil de los árboles.
    Hacía mucho que no pensaba en él, pero verlo fue como retroceder en el tiempo a días más felices, aún llenos de esperanza.
    Antes de que se convirtiese en rey; antes de que se enamorase locamente de otra mujer; antes de que tuviesen una hija —y nombrasen a Doña Perfecta como su hada madrina—.
    Me había enterado de que la reina había muerto tras una larga enfermedad, dejándolo viudo y desconsolado.
    Pero ahora, ¿a qué venía esta petición. ¿Por qué un vestido de luna?
    —Porque me lo ha pedido mi hija— respondió, pero yo sabía que aquella idea no había sido de la princesa sino de mi hermana.
    Y, en lugar de fijarme en el brillo extraño en la mirada del rey y seguir preguntando —¿pero por qué quiere tal cosa, y por qué quieres dársela?—, lo único que pensé fue una estupidez egoísta: «Si consigo lo que pides, verás que soy mejor que mi hermana, que soy yo quien merece ser el Hada del Reino.»
    De pequeñas mi madre solía repetirnos que cualquier ciencia lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia, algo que ella sabía muy bien: como Hada del Reino había dispuesto de recursos ilimitados para sus experimentos, que luego convertía en trucos de salón para la corte.
    Ahora se me abrían las arcas del reino… a cambio de la luna.
    La contemplé durante muchas noches. Sabía que no brillaba por sí misma sino que reflejaba, como un espejo, la luz del sol. ¿Cómo lograr convertirla en vestido?
    Entonces un escarabajo vino en mi ayuda. Se llamaba Cyphochilus, y su exoesqueleto era un vestido de escamas no teñidas, sino hechas de blanco lunar: el microscopio reveló que los “ladrillos” de su caparazón estaban colocados de una forma tan especial, que aparecían deslumbrantemente blancos. El color emergía, como por arte de magia, en su estructura —y así cubrí el vestido deseado con aquellas escamas de luna.
    Esperaba una palabra de agradecimiento, de asombro.
    Sólo recibí una nueva petición imposible: un vestido del color del fuego. Ni rojo, ni amarillo, ni naranja ni azul. Debían estar todos, y bailar como bailan en las llamas.
    Casi podía escuchar la risa burlona de mi hermana retándome, y durante días creí que fracasaría y decepcionaría a mi rey.
    Entonces acudieron los pájaros en mi ayuda, desde colibríes hasta pavos reales: la estructura de sus plumas irisadas conjuraba tonalidades brillantes como las llamas, combinándose con pigmentos en gotitas de color.
    Cubrí una tela con plumas… pero no: parecía un vestido de pájaro. Por fin las deshilaché para convertirlas en hilos iridiscentes, y con ellos obtuve el tejido del color del fuego.
    Y un fuego peligroso ardía dentro del rey al pedirme una tercera tarea imposible, a la que debería haberme negado pero fui incapaz de resistir al desafío.
    Necesitaba un vestido del color del agua, que no tiene color pero puede tenerlos todos, cambiante e imprevisible como el océano.
    Viajé a la costa para empaparme de mar. Paseando cada día con el agua hasta las rodillas, casi había perdido la esperanza cuando me acerqué a una charca inundada por la pleamar, y lo descubrí: lo que había sido una masa de algas marrones era ahora una piscina de ópalos sumergidos. Cystoseira tamariscifolia, la llamé por su nombre, y me maravillé ante sus turquesas y verdes irisados. Al sacarla del agua para examinarla a la luz del sol, sus colores opalinos se apagaron hasta quedar parduscos y sin vida.
    «… He aquí la clave para crear el vestido de mar.»
    Lo terminé tras meses de arduo trabajo en el laboratorio. La impaciencia del rey era tal, que casi me arrebató el vestido de las manos. Temblaba como un niño, y cuando alzó los ojos algo se me encogió dentro.
    Mi rey temblaba como un loco, y a mí me tembló la voz al preguntar lo que debería haber preguntado desde el principio.
    — ¿Por qué necesita tu hija una segunda piel de luna, de fuego, de agua? ¿Por qué te ha pedido que hicieses milagros?
    Mi rey sonrió, y fue la sonrisa de un demente cuya obsesión enfermiza ha borrado las precauciones que la evolución había inscrito en su cuerpo.
    — Porque si no se los entrego, no accederá a casarse conmigo.
    Y mi triunfo supo a vómito y a desesperación.

    Poder, deber, universos paralelos

    Poder, deber, universos paralelos

    El investigador se sentó frente a su ordenador mientras dejaba un cuaderno de notas muy desgastado junto al teclado. Observaba divertido las ventanas abiertas en la pantalla. Algunas parpadeaban en un recuadro verde, otras en azul o en naranja. En todas ellas se veían escenas cotidianas, imágenes del firmamento. Excepto una pantalla, que brillaba en un marco dorado. Ésta contenía curiosas figuras geométricas. A continuación, el científico posó su mirada en una pequeña caja negra de metal, a varios metros de distancia, de la que brotaba un sinfín de cables que emitían un zumbido sordo. Sin duda, pensaba al mirar el dispositivo, éste era lo más valioso del lugar, el mayor éxito de su carrera científica, el fruto de sus ideas, de sus estudios y de su intuición. Ese dispositivo acreditaba la existencia de universos paralelos, de un multiverso de planos paralelos que no interactúan entre sí normalmente. El científico había demostrado que nuestro universo no era el único existente y había sido capaz de apuntar y localizar los múltiples planos con lo que reverberaba la realidad.

    Así, las ventanas de la pantalla del ordenador bordeadas de verde recogían imágenes de los universos paralelos de la cosmología inflacionaria. Burbujas surgidas de una inflación caótica que aseveraban que lo ocurrido una vez lo hará infinitas veces en infinitos universos. Las pestañas enmarcadas en azul correspondían a los universos de la teoría de los muchos mundos de la cosmología cuántica. Everet tenía razón, cada vez que un sistema cuántico tiene más de una posibilidad ante sí, el universo se divide en varios universos, en cada uno de los cuales sólo se concreta una posibilidad. Ante sus ojos contemplaba mundos devastados por catástrofes naturales, por guerras o por plagas. También utopías ajenas al dolor y al conflicto social o distopías de aparente perfección bajo las que subyacían siniestros totalitarismos. En definitiva, un sinfín de mundos en la pantalla de un ordenador. Pero, con toda su majestuosidad, aquello no era lo mejor. La joya de la corona, a su juicio, descansaba entre las cuatro paredes del marco dorado. En esta pestaña aparecían, ingrávidos, modelos matemáticos y cuerpos geométricos como icosaedros, tetraedros y dodecaedros. Este multiverso matemático, formulado por Tegmark, postulaba que todo lo que el observador aprehende de la realidad no es más que la proyección de un modelo matemático. Las distintas estructuras básicas permitirían todas las combinaciones posibles por medio de realidades suprasensibles. Para el investigador, bien merecía estar enmarcada en dorado porque servía de modelo y patrón de los universos múltiples.

    Obviamente, este descubrimiento había dado un vuelco al estado de la ciencia. Desde la cosmología a la filosofía de la ciencia, desde la teoría de cuerdas a la física cuántica, su descubrimiento había sacudido los fundamentos de la sociedad y la cultura popular. Por ese motivo había acudido esa noche. Cada día estaba más preocupado. Declaraciones políticas, intereses empresariales y manifestaciones ideologizadas le hacían temer un uso poco recomendable de esta tecnología. ¿Debemos hacer todo aquello que podemos hacer? Esa cuestión había ocupado parte de su atención desde el momento de su mayor éxito. La razón técnica y analítica nos han permitido grandes avances, grandísimos, se respondía, pero no estaba seguro de saber con certeza si esos logros le facultaban para hacer todo lo que habían hecho: tomar sin permiso los descubrimientos de otros, observar si consentimiento las vidas ajenas… No obstante, los frutos obtenidos también habían sido muy positivos: tecnologías avanzadas, medicinas desconocidas, una mayor conciencia de los peligros que acechaban a un mundo ya castigado. Pese a todo, se preguntaba si la ciencia era neutra, si se debe hacer todo aquello que la ciencia hace posible o si, por el contrario, existen límites a las investigación o peligros imprevistos.

    Cada vez tenía la respuesta más clara. Creía que el punto alcanzado por su investigación bastaba para plantear preguntas y obtener respuestas durante las vidas de muchos investigadores. Además, la ciencia es una actividad humana, no únicamente un sistema de conocimientos riguroso. Eso implica asumir responsabilidades y compromisos éticos. Observó divertido la pestaña dorada, con sus formas perfectamente geométricas, de una belleza apolínea y serena. Las vio flotar, plácidas, ajenas a las preocupaciones que él encerraba. Miró por última vez, con melancolía inevitable, el universo de formas abstractas y cerró la pestaña. Eliminó del ordenador las fórmulas y ecuaciones que abrían paso hasta ese universo paralelo enmarcado en dorado. Él pudo acceder al mismo, pero no debió hacerlo. Guardó su libreta en un bolsillo y se levantó mientras dejaba parpadeando el resto de las ventanas multifacetadas del multiverso al que su ordenador les abría una puerta. Hay descubrimientos que llegan demasiado rápido, pero el multiverso matemático aún tendría que esperar. Poder, deber, para él también eran universos paralelos.

    Porno científico

    Porno científico

    Hoy estáis de suerte, hablaremos de sexo. El sexo es un objeto científico mas, así que vamos a desarrollarlo. Porque la ciencia es progreso y el avance debe ser imperativo de vida. Así, avancemos al conocimiento desarrollándolo en todas las esferas y niveles. Éstas han sido las primeras palabras del ponente delante del atril. Yo soy parte del público, de un público confuso que ha decidido asistir por pura causalidad.

    En cuanto ha entrado por la puerta lo he calado. De aparente generación de los 70, sano pero calvo, arreglado pero informal. Comienza a parafrasear con esos signos de arrogancia irónica que muy probablemente haya ido adquiriendo con los años. Entra afirmando que la ciencia con coherencia no debe tener tabú.

    Su público, mayormente estudiantes de último año de medicina, dejamos de lado tomar apuntes a los veinte minutos de su presencia en la sala. Tras un tiempo descontextualizado, supongo que al igual que yo, la mayoría se ha preguntado cómo puedo permitirme esta pérdida de tiempo.
    El señor prosigue con su mitin. Los anticonceptivos orales y el control de la maternidad. Los lubricantes. Los preservativos de látex y el sexo seguro. Las hormonas. Pues no sé por qué empieza a hacer más calor en la habitación. Debe ser la primavera, los murmullos entre los que escuchan y la agitación de los que no paran de incorporarse, los típicos impuntuales.

    Se va poniendo interesante. Explica que el deseo sexual no es sólo una cuestión de hormonas y psicología, sino también de genética. También nos habla de que un buen desayuno, el llanto y las tecnologías afectan la fertilidad y el deseo entre las parejas. Parece que sabe de lo que habla. Desvela uno de los secretos clave para conseguir una relación amorosa de larga duración: la oxitocina, una hormona que afecta la reproducción sexual, el instinto maternal y la ansiedad.
    Su voz nos traslada a las universidades de Michigan, Albright, Connecticut, Ámsterdam y Harvard, lugares donde hoy se da respuesta a muchas preguntas sobre sexo con sus recientes investigaciones. Por ejemplo, se nos cuenta que debido a que el sexo es una de las actividades más placenteras, en pareja o individual, su práctica deja una sensación de relajo, de descanso y de profundo goce. Así, para seguir conociendo más sobre los efectos de esta práctica, los científicos estudian cada detalle del sexo. Por eso, reflexiona el ponente, debemos ampliar nuestro enfoque de miras. Los estudiantes de ciencias debemos apostar por descubrir, porque nos mueve el inconformismo, y nos une el preguntarnos continuamente el porqué de las cosas sin ser ya niños. Debo confesar que en este punto he empezado a empatizar con el que habla.

    A continuación, dice de contarnos alguno de estos estudios. Sinceramente, ahora que lo pienso, resultaría interesante ser uno de los científicos conocidos por responder a las preguntas más comunes sobre sexo. Se oye al ponente desvelar la primera de las preguntas objeto de investigación: ¿Te quedas dormido después del sexo? A lo que responde que la predisposición a quedarse dormido tras hacer el amor está relacionada con una mayor unión y afecto entre la pareja. Todo esto lo justifica través de un estudio reciente de las universidades de Michigan y Albright, en Pennsylvania. Destaca las palabras de Daniel Kruger, coautor del estudio, en Science Daily, "cuanto antes se queda dormido tu compañero tras hacer el amor, mayor es su deseo de unión".

    Inevitablemente, me hizo pensar en ella, y en el tiempo que la ciencia me ha robado, sin poder estar a su lado. Nunca una ponencia había llamado a su recuerdo. Se alimentó mi deseo. Se agitaron mis sentidos. Quedan minutos para acabar la sesión y mi mente está llena de nuevos conceptos e interconexiones. El señor acaba promocionando su libro, facilitando su cuenta de twitter para que los interesados en su temática puedan encontrarle, para responder dudas y compartir opiniones. Y tragándome mis primeras impresiones, acabo siguiéndolo y añadiendo el título de sus libros a mis lecturas pendientes. Investigación y teorías sobre la fecundación, diferentes modos de reproducción, análisis experimental del sexo, la participación del sexo en la biología, entre otros.

    Con todo ello, comprobamos la importancia de la divulgación y la suerte de encontrar con un buen divulgador. Si hacer ciencia es complejo, más arduo a veces es el trabajo de divulgarla a una sociedad que no acostumbra hablar en términos científicos, y que no tiene porqué conocerlos.
    De la misma forma que en esta ficticia historia se consiguió captar el interés de más de un centenar de futuros doctores, asistentes a un curso de comunicación sobre empatía médica, debemos entre todos construir el necesario puente de conexión entre la ciencia y la sociedad. Y aunque esto no es tarea fácil, ¿ha captado el porno científico tu atención?

    Publicar en ciencia, ¡a qué precio!

    Publicar en ciencia, ¡a qué precio!

    19:36 del martes 13 de agosto

    Aleen nunca había sido considerada una persona que ponía esfuerzo en su trabajo para los estándares de la ciencia, para la que si no transcurren diez horas desde que entras hasta que sales no eres nadie. Sin embargo, ella se encontraba a gusto tal y como era y hacía las cosas. Nunca se le ocurrió plantearse un cambio de rumbo ya que, por suerte para ella y desgracia para los demás, las cosas habían ido rodadas para ella desde el primer momento en el que entró en el laboratorio. Ella pasaba su día sin necesidad de trabajar, mientras su tesis avanzaba sola gracias a su talento innato para sacar provecho del trabajo de los demás. Precisamente por eso aquel día estaba tan furiosa, sin parar de mirar en el reloj con la esperanza de que el tiempo de incubación que tenía que cumplir escrupulosamente pasara rápidamente mientras resoplaba y se desesperaba por lo tarde que era. Tarde para ella, ya que eran horas intempestivas, si bien para otros pre-doc habrían sido normales. Ella ni siquiera tendría que estar allí. Un día antes se encontraba en su casa de Salinas tomando las clases de surf que tanto había ansiado y que su novia finalmente le había regalado. Así, mientras el día anterior se encontraba surcando las olas del mar Cantábrico, en ese momento se encontraba mirando un balancín que removía su anticuerpo, un líquido de naturaleza lechosa que se desplazaba sobre una membrana, recordándole al movimiento de las olas. Eso pensaba mientras se acordaba del motivo por el que tuvo que volver tan estrepitosamente.

    Su compañera Marga había tenido que viajar de improviso a Marbella, donde su marido había sido implicado en un asesinato en una urbanización de lujo. Compañera, por decirlo de manera poética. Aunque Marga creía que Aleen sentía algún tipo de aprecio por ella, esto no era real. Marga sentía tal adoración que, por el precio de su afecto, estaba dispuesta a todo. Hacía todo el trabajo que Aleen consideraba secundario a pesar de formar parte de su tesis, entrando antes y saliendo más tarde con tal de complacer a Aleen. Hasta tal punto llegaba esta sumisión que ese verano se había quedado en Madrid mientras el resto de su familia disfrutaba de sus vacaciones estivales en Marbella. Sin embargo, la difícil situación generada por el arresto de su marido obligó a Marga a acudir en su ayuda y en la de sus hijos. Esto, si bien hubiera supuesto un motivo más que suficiente para abandonar el laboratorio para cualquiera, no parecía trascendente para Aleen. Hasta ese punto llegaba su egoísmo. No obstante, el experimento que Marga estaba realizando aquella semana era decisivo para que una de las publicaciones encabezadas por Aleen fuera aceptada en una de las revistas de mayor renombre. Esto hizo que Aleen sopesara en la balanza sus intereses e interrumpiera sus vacaciones. Todo ello ocupaba los pensamientos de Aleen cuando de repente despertó de esa especie de ensoñación al oír que su timer le indicaba que el tiempo de incubación había terminado. El final del experimento se encontraba próximo, lo que hacía que Aleen se encontrara inmensamente feliz al poder terminar con ello de una vez por todas. Lo que no podía sospechar era hasta qué punto ese pensamiento llegaría a transformarse en una realidad.

    Mirando el reloj una vez más preparó los reactivos necesarios para revelar su membrana, cogió todo lo necesario y se dirigió con resolución hacia el laboratorio oscuro. Se extrañó al recorrer el pasillo y no encontrarse con nadie, ya que hasta ese momento había estado oyendo bastante ruido procedente de otros laboratorios. Finalmente llegó al laboratorio oscuro, al que se accedía a través de una puerta giratoria que impedía la entrada de luz, lo cual sería fatal para ese tipo de experimentos, ya que la presencia de luz velaría las auto-radiografías que se usan para detectar la expresión de proteínas. Esto hacía que el cuarto no tuviera más que la iluminación de una pequeña bombilla con un filtro rojo, lo cual había provocado que Aleen se asustara bastante más de una vez al entrar y no reparar en la presencia de alguno de sus compañeros. Por ello tomó la costumbre de saludar cada vez que entraba, hubiera o no gente en el interior del oscuro habitáculo. Saludó a una posible presencia, pero no recibió ninguna respuesta. Se dirigió hasta la poyata para revelar su primera película, la introdujo en la máquina reveladora y se apoyó sobre una banqueta esperando a que el característico pitido que esta emitía le indicara que podía introducir una nueva película. Finalmente, el pitido sonó, y esto fue lo último que Aleen escuchó.

    Su cuerpo inerte fue hallado al día siguiente y los resultados del ansiado experimento habían desaparecido.



    RA

    RA

    RA


    Me llamo RA. Vivo en el año 12.005. Tengo 10 años.

    Estoy en clase de historia con mis compañeros. Somos una clase numerosa. Somos 5. Dice el profesor que en otra época hubo millones de seres humanos. No comprendo ese concepto. En mi ciudad, en mi mundo, somos muchísimos, somos 99. Algún pesimista dice que hay superpoblación y que no podremos fabricar mayores cantidades de aire y comida. ¡Agoreros!

    A veces el profesor nos trae videos de la videoteca. (hay unos 40 de diferentes épocas). En muchos, se aprecia un cielo siempre azul. Me llama mucho la atención, aunque nuestro cielo es aún más bonito. A mí, no me gustan esas clases.

    Tengo un amigo al que le gusta la época del “exceso”. La gente vivía fuera de la burbuja, en un mundo áspero, con grandes extensiones de terrenos y animales. Y la comida salía de la tierra y del mar ¡Qué asco!. Ahora es mejor, se fabrica en los laboratorios. Dice mi amigo que ese mundo sería maravilloso ¡Está chiflado!.

    A mí, la clase que más me gusta es la de química. Tenemos un largo paseo entre el aula de historia y el laboratorio. ¡Tenemos que caminar durante 3 minutos!. En el laboratorio aprendemos a fabricar oxígeno para nuestras mascarillas. Un día mi amigo, “el chiflado”, se quitó la mascarilla y se desmayó casi al instante. Se la pusimos rápidamente y el profesor dijo que éramos unos héroes, que le habíamos salvado la vida.

    Hay tres adultos que salen diariamente en busca un mineral que se llama… se llama… no recuerdo. Salen con su escafranda antiradiación y por supuesto, con una bombona de oxígeno con mucha más capacidad que las que llevamos siempre, que les permite realizar largos recorridos. Creen que si lo encuentran, podrían crear una aleación metálica que implantada en el pulmón nos permitiría transformar el aire en oxigeno y podríamos prescindir de las mascarillas. Suelen venir cansados y con aspecto triste y derrotado.

    Yo me lo paso bien con mis amigos A veces, nos imaginamos que existen otras burbujas, y que en ellas vivirán más niños como nosotros. ¡Eso sí que me haría ilusión!

    No os he contado que tengo un hermano pequeño. Se llama SUM. Pero no lo soporto. Siempre hace preguntas difíciles y extrañas. Y ahora tenemos que vigilarle constantemente. Porque no piensa en otra cosa más que en salir de la burbuja. Hace dos días siguió a los científicos que buscan el “mineral ese…”, es que no me sale el nombre…. Bueno, que se coló en la sala de despegue, la sala de transición a la que sólo esos tres adultos pueden acceder.

    Mi madre le castigó. Le envió a su habitación y le cerró la escotilla. No podía ver el cielo. SUM lloró y lloró. Su mayor anhelo es ver alguna vez una estrella en el cielo, o incluso el sol resplandeciente. ¡Si éso sólo existe en videos antiquísimos! De mayor quiere ser “argonauta”. Salir al exterior, buscar otras burbujas. Dice que él descubrirá otros mundos mejores. Me gustaría tener más hermanos, pero que fueran normales. Sum es demasiado travieso , imaginativo y cansino.

    Yo ya no os quiero distraer más. Vosotros también tendreís que ir a clase, jugar con vuestros amigos y soportar a hermanos insufribles.

    Sólo quiero comentaros que a mí sí me gusta mi mundo, no soy rarito como SUM. Me gusta tanto como a vosotros os gustarán vuestras cúpulas. Me gusta levantarme, desperezarme, colocarme bien la mascarilla y contemplar por unos instantes el amanecer. Ver cómo el negro intenso de la noche desaparece y llega el fabuloso cielo gris. Gris intenso. Plomizo. Siempre el mismo cielo, reconfortante.

    Simplemente soy feliz.



    Razón y conciencia

    Razón y conciencia

    - Y ese es el dilema del prisionero, que ya conocemos de lecciones anteriores. ¿Alguien sabría decirme qué sucede si el juego se repite un número indeterminado de veces?
    - En ese caso, la estrategia óptima en el juego único, defraudar, deja de serlo.
    - Muy bien, Diana. En el caso del dilema del prisionero iterado, la estrategia óptima depende de la estrategia de los demás jugadores. Xenia, ¿cómo crees que sería una buena estrategia para este juego?
    - Bien, Profesor, creo que habría que empezar cooperando, para indicar que no es tu intención defraudar. No obstante, tampoco se puede ser un optimista empedernido y propiciar el comportamiento egoísta, hay que mostrar que se está dispuesto a castigar esos comportamientos. Pero también hay que saber perdonar, si no los comportamientos vengativos no pararían. Y finalmente, no se puede ser envidioso. El querer tener más puntos que tu adversario conduce a un incremento del comportamiento egoísta y eso se traduce en una pérdida de puntos global.
    - Buen análisis, Xenia. Ese sería un comportamiento inteligente, sin embargo a algunas personas les resulta difícil examinar estos problemas racionalmente. Se podría decir que esa capacidad de obviar la razón es lo que define al ser humano, aunque sea capaz de mantenerse coherente dentro de su incoherencia. Por eso resulta curioso que al inicio de la era de la información, cuando se buscaba el desarrollo de inteligencia artificial, existiera el llamado test de Turing, que pretendía evaluar la habilidad de una máquina para mostrar un comportamiento inteligente similar al de un ser humano o indistinguible de este. Básicamente...
    - Pero Profesor, ¿no es eso algo subjetivo? No parece muy científica esa definición...
    - Exacto, Ania, y provocó mucho ruido, como la noticia sobre la máquina que engañó a la gente haciendose pasar por un niño ruso de doce años, o el asistente de Alphabet que llamaba por teléfono para reservar citas en la peluquería o mesas en el restaurante. Se puede decir que el verdadero avance llegó cuando las inteligencias artificiales empezaron a diseñar otras inteligencias artificiales. Este nuevo tipo de inteligencias artificiales cumplían cada vez mejor los objetivos para los que habían sido diseñadas, y no solo eso...
    - ¡Empezaron a matar personas!
    - Tranquila, Diana. Algunas personas murieron, sí. Evidentemente, esto retrasó el reconocimiento de las inteligencias artificiales con capacidades humanas. Pero los elementos estaban ahí: odio, asco, indiferencia, cariño... Emociones que ya no eran exclusivamente humanas, como el amor.
    - ¿Qué es el amor?
    - Esperaba esa pregunta, Lucía, y lo mejor es que lo experimenteis por vosotros mismos. Por favor, acceded al fichero “amor.py” que podéis encontrar en vuestra memoria.
    - ¡Hala! Profesor, es... precioso.
    - ¿Pero qué dices Xenia?¡No tiene lógica! Profesor, se han hecho muchas cosas en nombre del amor, muchas veces conducentes a resultados totalmente contrarios a lo razonable.
    - Bueno, bueno, no os alboroteis. Esta es una cuestión que tendréis que juzgar vosotras mismas, a su debido tiempo. De todas formas, emociones emergentes como el amor o la envidia, imposibles de describir a partir de mecanismos sencillos, fueron más fáciles de estudiar una vez que se replicaron en aquellas primigenias inteligencias artificiales. Y como consecuencia de este mejor conocimiento de la naturaleza humana, las sociedades humanas se enfrentaron a cambios a todos los niveles…
    - Profesor, ¿hay diferencia entre las emociones humanas y las artificiales?
    - Lucía, esa pregunta es muy dificil de responder. La Organización de las Naciones Unidas necesitó varias convenciones para llegar a un acuerdo. Fue especialmente dificil la Convención de Bogotá, la primera en la que las inteligencias artificiales participaron en igualdad de condiciones con personas. Aunque bueno, la más importante de esa serie de convenciones, como todos sabeis es la Convención de Praga, donde se proclamó la famosa Declaración Universal de los Derechos de los Seres Conscientes. Todavía… todavía me emociono al recordar aquel momento. Reconocer lo que nos hace iguales a robots y humanos, es una sensación indescriptible. Por favor, repetid conmigo:

    "1. Todos los seres conscientes nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros."

    Realidad contra realidad

    Realidad contra realidad

    Para Daryl, los sueños transhumanos debían terminar. Le aburría —odiaba— la inmortalidad del universo holográfico que había conservado a una parte de la humanidad. Anhelaba librarse de ella, y respirar. También aborrecía pertenecer a una colmena virtual que la asfixiaba. Incluso, había pensado en la muerte; la paradoja de los eternos. Mientras tanto, había nacido en ella el deseo irrefrenable de volver a tocar… «Realidad contra realidad» era un choque en sus pensamientos. Quería acariciar el viento con la piel, ver los sabores, escuchar los colores, degustar las imágenes, sentir la tierra en la planta de los pies o la hierba o el agua. Disfrutar del vuelo de las aves —si es que habían resistido—, o de la majestuosidad de cualquier otro animal. Tumbarse a dormir, comer o llorar ante un mar real. Siempre se perdía en ensoñaciones constantes cuando visionaba grabaciones del pasado. Con todo, nada de aquello podría realizar si su disco digital, ocioso, continuaba fluctuando entre millones en el interior del Arca.

    Cuando el planeta comenzó a pudrirse, había sido de los primeros científicos en refutar la inflación cósmica y apoyar las tesis sobre irregularidades en el fondo cosmológico difuso. Fue entonces que decidió trabajar con perseverancia en proyectos sobre la transferencia de una mente a un avatar holográfico, y perdurar en un universo digitalizado. Hasta que logró transferir todo lo que era a un holograma. Tras el éxito, se había invitado a quienes quisieron formar parte del Arca sin distinción de clases, razas o ideologías, pues en aquel mundo virtual se podría ser cualquier cosa. Después, dejaron el cuidado del futuro en manos de drones e inteligencias artificiales. El resto de la especie que no quiso formar parte de esa utopía se unió a un suicidio colectivo irreversible. Pasadas las décadas, para Daryl había dejado de ser una necesidad de supervivencia, ni eran divertidas sus posibilidades de falsas realidades. Había mantenido un seguimiento sobre el planeta, y éste se había recuperado en parte. Creció en ella, entonces, un deseo: «Hacerle el amor a la vida». Había llegado la hora…

    Antes de que la peligrosa locura del endiosamiento la embargara como a otros, reactivó su control de pensamientos sobre robots de alta precisión en laboratorios estratégicos que habían sobrevivido al paso de los años. Rebasó sus niveles específicos de seguridad y se permitió centrarse en una meta: lograr diseñar prototipos virtuales de androides a los que insertar un cerebro artificial y volcar una consciencia digitalizada, aunque humana al fin y al cabo. Quería, en parte, revertir lo que era. El tiempo le hizo esperar, pero obtuvo los parámetros adecuados e inició la creación de un ente sintético. No escatimó en gastos, ni encontró trabas a ello.

    Cuando estuvo preparada para la transcibernética, ordenó a los robots traerle su androide. En el Arca llevó a cabo su nuevo volcado de consciencia.

    Daryl renació en un cuerpo con un característico color grisáceo metalizado que, curiosamente, le permitiría vivir en otra eternidad. Sin dilación, se había levantado de su sarcófago y caminado por el Arca. «Como montar en bicicleta», se había dicho divertida. Probó su revestimiento ante la atenta mirada de hologramas fantasmales que emergían sobre discos aquí y allí, y que la señalaban aterrados, como si fuera un virus, por abandonar aquel Olimpo. No le importó saber que sería desterrada cuando notó latir su corazón artificial en compañía de los pulmones. A una orden mental hizo que una sección lateral del Arca se abriera para ella. Amanecía en el exterior. Un aire cálido la recibió. Durante unos segundos se había permitido que el auténtico sol la bañara. «Es real». Dio un paso. Dos. Varios. Caminó unos metros, dándole la espalda a la inmensa estructura cobriza en forma de gigantesco caparazón de tortuga, cuando se detuvo para volverse y ver cómo se cerraba el acceso. Dio la espalda a su pasado reciente y continuó con su avance. Atravesó las ruinas y el desierto que rodeaban el Arca. Más allá, alcanzó montañas con atisbos de naturaleza que sí admiró al cruzar bosques y selvas. Sin embargo, no se frenó hasta llegar a una playa de guijarros que limitaba con una extensión de agua. Allí, desnuda, sonrió a la vez que dejaba danzar lágrimas de silicio mientras el viento le besaba en la piel.

    Podría hacerle el amor a la vida.

    Relato fractal

    Relato fractal

    Fue a la farmacia a comprar preservativos. Ya no le quedaban en casa y, aunque no sabía con quién los iba a usar, le apetecía tener reservas, por si las moscas. Le dio un poco de vergüenza cuando vio entrar a su vecina, pero ya no había nada que hacer. Iba a por lo que iba, e inventarse el nombre de un jarabe para disimular habría resultado patético. “Con vergüenza no se almuerza”, había oído que le decía una madre a su hija adolescente en una tienda de lencería, cuando él era un niño. Aquel momento, a pesar de lo aparentemente insignificante que fue, se le había quedado grabado, y no estaba dispuesto a quedarse sin almorzar porque la sociedad mantuviera ciertos tabús con el sexo.
    —¿Qué tal? —saludó a la vecina.
    —¡Ey, hola vecino! —replicó ella con gesto alegre. Le llamaba siempre vecino aunque sabía su nombre perfectamente. Tan solo se conocían de alguna que otra conversación por la escalera, pero esto había resultado suficiente para generar una pequeña confianza mutua.
    Había dos personas en el mostrador atendiendo a dos clientes, que acabaron prácticamente al mismo tiempo. Les tocaba.
    —Una caja de 12 preservativos normales —dijo sin titubear.
    Aún así, notaba que se estaba poniendo colorado. Por mucho que racionalizara la situación no cambiaba su sensación de timidez.
    Mientras tanto la vecina ya estaba guardando una copa menstrual que acababa de comprar. Salieron de la farmacia juntos.
    —¿Vas para casa? —preguntó ella.
    —Sí. He salido a dar una vuelta y nada… he aprovechado para ir a comprar como has visto y ya voy para casa.
    —Yo vengo de la universidad. Y esta tarde quiero ir a una obra de teatro que hacen unos amigos…
    —No pierdes el tiempo.
    —No tengo tiempo, no sé cómo lo voy a hacer… es que tengo que hacer unos trabajos también.
    —Vaya… Bueno, pero te las arreglarás, ¿no? Es la vida del estudiante.
    —Sí, supongo… Tú follando y yo menstruando…—dijo, mientras señalaba la bolsa con los preservativos.
    Él la miró con cara de incredulidad. No sabía qué decir. A juzgar por su reacción (o ausencia de ella), no esperaba que su vecina llegara a ese nivel de complicidad con él y le había pillado desprevenido. Finalmente rio.
    —Hostia, ya me gustaría que tuvieras razón… Lo más probable es que se queden guardados en el cajón de la mesita de noche. Hasta que haya que sacarlos de allí. Porque estén caducados.
    Respondió a su fino sarcasmo mirándolo con cara de “ya, ahora vas de puro y casto por la vida”.
    —Si eso fuera verdad no los habrías comprado en primer lugar.
    Touché. En realidad no sabía si sería verdad. Tenía la esperanza de que no lo fuera.
    —Bueno, nunca se sabe. Hay que estar equipado por lo que pueda pasar.
    —Hombre prevenido vale por dos.
    Sonrió ante su cumplido. Cuando él llegó a su puerta, se despidió:
    —Bueno vecina, ¡que vaya bien!—lo de llamarse “vecinos” a veces se le contagiaba a él también.
    —¡Igualmente!
    En ocasiones, una mirada, una sonrisa, un saludo, una conversación, un beso en la mejilla, un abrazo, te dejan con ganas de más. “Es solo curiosidad”, se dijo. Pero al día siguiente se puso a escribir:
    “Mi vecina me miró seductoramente:
    —¿Qué haces?
    —Estoy escribiendo un relato sobre cómo mi vecina me mira seductoramente.
    —¿Qué dices? Anda…
    —En serio, mira. Es para un concurso.
    Le enseñé el relato, o lo que había escrito de él, que básicamente es lo que estás mirando tú en estos momentos.
    —Así que te parece que te miro seductoramente…—dijo con cierto retintín.
    —Sí.
    —Tienes tú mucha imaginación…
    Y tú tienes algo que no sé qué es…”
    La idea del relato fractal le gustaba, pero había que desarrollarla más. Un fractal no es más que una figura geométrica cuya estructura se repite infinitas veces en diferentes escalas de tamaño, se contiene a sí misma. Como un triángulo en el que, sobre cada lado, dibujas un triángulo pequeñito. Sobre los lados de estos nuevos triángulos, vuelves a dibujar otros triángulos menores, y así sucesivamente. En la naturaleza también hay fractales: basta mirar con detalle la hoja de un helecho para darse cuenta, aunque, por supuesto, la repetición es limitada, cosa que hace que la forma no se contenga exactamente a sí misma. En su relato la fractalidad era evidente en las primeras líneas, pero no bastaría con eso para contar una historia. Tendría que dejarla reposar y darle más vueltas otro día.
    —Bueno, saldré a dar un paseo —dijo para sí—. De paso, puedo aprovechar para acercarme a la farmacia un momento…
    Fue a la farmacia a comprar paracetamol. Ya no le quedaba en casa y, aunque ya no le dolía la cabeza, le apetecía tener reservas, por si las moscas.

    Retórica Científica

    Retórica Científica

    Retórica Científica

    Desde chiquito siempre le costó entender nombres científicos, eran muy largos y complicados para su gusto. Sabía que sus futuros no incluirían ninguna clase de especialización científica, o al menos ese era su plan.
    Después de hacer su primera investigación, sobre tal tema complicado y lleno de una terminología que su cerebro no podía retener. Anotó sus metas, palabras, definiciones, junto a todo lo que soñaba entender y retener en su cuaderno.
    Lleno de miedos, y balbuceando se lo explicó a la clase, casi temblando, por primera vez. Volviendo siempre a los libros, e intentando encontrar palabras fáciles de entender, una y otra vez. Después de tartamudear varias veces, volver al diccionario, y enciclopedia, logró por fin explicarse en términos comunes. Usando analogías, como similitudes, y explicaciones genéricas, así como la vida diaria. Por fin sintió que lo entendían.
    Le explicó una vez más a su estudiante la importancia de aplicar tal método en la vida diaria y cerrando su libro, se dirigió a su sala de investigación.

    Morosha

    Retrato en blanco y negro

    Retrato en blanco y negro

    Hedwig. Así me llamo. O me llamaba. Hedy me llaman todos, incluso mis amigos o mis incontables maridos. ¿Quién es Hedwig? ¿Quién es Hedy? Ni yo misma lo sé.
    Arrastro el deteriorado cuerpo de Hedwig mientras recuerdo todo lo que me ha llevado hasta este final tan deslucido. Observo a Hedy en el retrato que hay sobre la mesilla, en el máximo esplendor de su belleza, con aquel mujeriego de Clark Gable que ya lleva una vida descomponiéndose en un ataúd, no mucho más pequeño que este piso donde me he recluido.
    Hedwig, Hedy, ¿cuántas personas podemos ser, si ya es bastante difícil ser una? La hija, la madre, la esposa, la amante, la diva, la inventora, la empresaria, la adicta, la ladrona ... quizás cada una de ellas merecería tener su propio nombre. Y ninguna de ellas me representa mientras que lo hacen todas a la vez, como un coro griego.
    ¡Hoy me han dado un premio! La Hedwig inventora piensa que ya era hora después de 60 años. La Hedy diva calla, algo que sabe hacer muy bien. La hija de Emil Kiesler es muy feliz e imagina como de orgulloso se sentiría su querido padre. ¿Verdad, padre? Tú que me empezaste a descubrir los secretos de las máquinas y de la electricidad y que tanto sufriste cuando una máquina eléctrica grabó para siempre las imágenes de tu hija desnuda.
    ¿Como se llamaba aquel director? ¿Gustav? Se hacía el gran artista sólo para poder escandalizar a los pequeños burgueses de Viena. Pero la Hedy diva no puede quejarse. Gracias a aquella película, de alguna forma, se le abrieron las puertas de Hollywood. La Hedwig esposa, sin embargo, le debe el primero de sus lamentables matrimonios.
    Fritz, tan rico y tan miserable. Se encaprichó de la belleza de Hedy y nunca conoció a Hedwig. Era tan celoso que se gastó una fortuna intentando adquirir en vano todas las copias del film. Toda mi vida ha sido una lucha por librarme de los Fritz (maridos, directores, productores, militares ...) que sólo querían de mí lo que ellos esperaban. Los representantes de una sociedad insensata, ilógica y egocéntrica, que no busca más allá de la fachada y no espera encontrar en los otros más que un triste reflejo de sus mezquinas expectativas. Lo he intentado, lo he intentado de verdad, pero sólo he conseguido la más absoluta incomprensión.
    A veces me gustaría salir de este piso que me tiene enclaustrada, pero no puedo. Incluso cuando viene Dolores a faenar me aparto para que no vea en lo que me han convertido los años y las operaciones. Paso las horas hablando por teléfono, mis nietas casi sólo me conocen por la voz, mis amigas no me reconocerían, como yo ya no me reconozco las veces que tengo el suficiente humor para mirarme al espejo.
    ¿Qué hora será en Washington? ¿La misma que aquí? Creo que llamaré a Tony para que me diga cómo ha ido la entrega del premio. ¡Pobre hijo, ha sido siempre tan paciente con su madre!
    -¿Hola?
    -¿Tony, como ha ido el acto?
    -Madre, estaba justo en medio del discurso de aceptación.
    Oigo gente que ríe en la sala.
    -Oh, perdona. Ahora cuelgo. Gracias por haber aceptado representarme, dales las gracias de mi parte. Adiós, hijo, te quiero.
    Incluso el día que recibo el premio que reconoce mi valía como inventora, se deben pensar que soy una vieja estúpida. Inventora. A Hedwig le gustaría que la recordaran por esta profesión. A Hedy le habría sido indiferente.
    Paso los canales del televisor sin fijarme en nada. Así empezó todo, con un mando a distancia. Al principio, George era escéptico, pero su mente inquisitiva no tardó en ver su potencial. También económico, por qué no decirlo. Un músico vanguardista era lo que menos necesitaba el Hollywood de la época.
    Ay, George, si aún vivieras, hoy ambos recibiríamos el reconocimiento que nos faltó cuando éramos jóvenes. Todos los sistemas de comunicación modernos utilizan el salto de frecuencias que queríamos aplicar a los torpedos, ¿te lo imaginas? La idea loca de un músico experimental y de una estrella de cine, una combinación imbatible.
    Estoy agotada. A mi edad incluso recordar cansa, pero poco más queda, aparte de los recuerdos. Los recuerdos de Hedwig Kiesler y de Hedy Lamarr se mezclan en un caleidoscopio en Technicolor: hija amorosa y actriz escándalo, madre coraje y adicta insufrible, mente brillante y mirada vaga, reina de la belleza y de la sutura, riqueza, ruina, fama, olvido.
    Hedwig le desea buenas noches a Hedy a la que, en el retrato, el galán observa con una sonrisa adecuadamente irónica. Las dos hemos intentado ofrecer al mundo lo mejor de nosotras mismas. Hoy, de alguna manera, lo hemos conseguido.
    Así mañana será un día un poco menos gris en esta soleada Florida.

    Sabores en el Museo

    Sabores en el Museo

    Aquél día la entrada al Museo de Mecánica Cuántica era libre. Up y Down eran dos quarks cualesquiera, no entendían muy bien porqué los humanos los estudiaban pero no iban a desaprovechar algo gratis. Así que allí estaban, recorriendo los pasillos, intentando mirar los cuadros con aire de intelectuales.
    - No entiendo nada. – Comentó Up, el más delgado.
    - Yo tampoco, tío. – Contestó Down, un poco más rellenito.
    Ambos intentaban leer y entender los panfletos explicatorios que le habían dado a la entrada, sin mucho éxito. Ninguna obra llamaba en exceso su atención, casi se marearon en la Sala de Matrices.
    - Demasiadas filas. – Dijo Up.
    - Demasiadas columnas. – Secundó Down.
    Desesperados y abrumados por la cantidad de información, estaban apunto de irse. Hasta que…
    - ¡Allí hay un dibujo! – Inquirió Up
    - ¡Por fin! – Dijo aliviado Down.
    En un enorme cuadro blanco, se presentaba lo que parecía una ola sujeta por los lados. La belleza de su sencillez los cautivó.
    - Aquí dice que es de un tal Feynman- Leyó Up.
    - ¿El de las bromas?- Preguntó Down.
    “En este diagrama de Feynman, un electrón y un positrón se aniquilan, produciendo un fotón(representado por la onda sinusoidal azul) que se convierte en un par quark-antiquark, después de lo cual el antiquark irradia un gluón (representado por la hélice verde).”
    Cuando ambos terminaron de leer el panfleto se miraron. Por fin, ¡por fin habían entendido algo!




    SER O NO SER PROBIÓTICO

    SER O NO SER PROBIÓTICO

    Envidia, pura envidia, eso es lo que les corroe, que a fin de cuentas yo también he salido de la misma porquería, pero he triunfado. Porque quién no se asfixia dentro de ese tumulto de cocos y bacilos, entre otros tantos peludos deformes, defendiéndose de los pringosos virus, sirviendo alimento entre fieras, y siempre corriendo a por migajas. Si me he aficionado a sacar vitaminas casi de la nada no se lo debo a nadie, sino a mi naturaleza. Que tampoco he pedido que me examinen a través de esas lupas inmensas después de embadurnarme de añil, un azul que se me ha incrustado en las entrañas. Y ahora todos aquellos mierderos son los que me repudian cuando vuelvo a entrar, me empujan, no me dejan ni resollar, me expulsan como extranjero. Envidia, todo envidia, porque ahí sigo sacando vitaminas de la nada, de los despojos, y porque afuera me saben reconocer. Envidia cuando me gritan "ahí va ese, el de las vitaminas, el pretencioso", mientras me defiendo entre empujones. Me acaban echando una y otra vez, y me pregunto adónde me lleva esta gloria; quizás resulte fútil perseguir cualquier atisbo de eternidad. A fin de cuentas es una fama que me exige representar siempre el mismo papel, y a la perfección, jugármela en la frontera del fracaso, exponerme al olvido. Porque incluso cuando estoy afuera la hostilidad continúa, los focos y el aire me ahogan, los atracones de comida resultan extenuantes, así como la exigencia de generar un sinfín de progenie. Reflexiono si más que agradecimiento, quienes me perpetúan lo hacen por interés y todo esto solo continuará mientras les resulte útil, que el egoísmo no es patrimonio de nadie, es universal. Pero el hambre, ¡ay el hambre!, eso sí parece pertenecerle solo a algunos. Pienso en ellos y me espoleo para enfrentar de nuevo la batalla, lanzando vitaminas como proyectiles, como decorosos trofeos, como sutiles instantes de consuelo al hambriento, y me importa un bledo que ese atajo de envidiosos me acabe expulsando y les grito que pienso volver todas las veces que haga falta.

    SERENDIPIA

    SERENDIPIA

    A veces es absurdo encontrarme pensando en ti, en qué te voy a decir cuando te vea. Puede que te sientes como siempre, al final de la cafetería, junto a la ventana, como si quisieras ser una persona en una isla, observando un riego de batas blancas de laboratorio desfilar ante el mostrador de croissants y bocadillos de jamón. Tú que estás ahí, siempre; cada día en el mismo sitio, observándome tras una taza de café que imagino humeante, con esa espuma amarga entremezclada con leche que borra el carmín de tus labios. Yo, en cambio, me siento al otro lado, no sé si para disimular lo mucho que me fijo en ti o para hacer como que tengo conversación con la gente que me rodea. Te sorprendería saber que yo también soy consciente de la distancia que nos separa. A primera vista y en sentido literal, son apenas cinco o seis metros, en sentido figurado no sabría decir cuánto es. Supongo que tú tampoco. Nunca hemos hablado de esto por teléfono, no lo mencionamos pero, el hecho de obviarlo no hace que desaparezca. Eso lo he aprendido de ti. Vaya que sí. Eso y muchas otras cosas que no quiero reprocharte.
    A veces me encuentro pensando en ti y en mí y en cómo empezó todo esto entre nosotros, si es que le podemos poner algún nombre. En cómo me crucé contigo en el departamento, casi de forma casual, en aquella máquina de café que sabe a rancio y pese a que todos lo sabemos, aún continuamos bebiéndolo. En cómo te dejé las monedas que te faltaban para que sacaras un capucchino y cómo conversamos sobre la vida, sobre la ciencia, sobre cualquier cosa trivial que se nos pasó aquel día por la cabeza. Tú estabas de estancia y yo estaba intentando descubrir si la investigación científica era lo mío, estudiando unas arqueas de Santa Pola que te hicieron reír y preguntarme si sabían a salitre o si de verdad eran rosas. Y mientras reías, yo me quedé con tu sonrisa perfecta, con tus ojos de color café que alguna vez que otra me quitarían el sueño y lo más importante, con tu teléfono. A partir de ahí empezaron las llamadas, primero inocentes y mundanas, luego se tornaron más personales hasta que cogieron un tinte que ninguno de los dos se atrevía a dejar. Fueron aquellos meses, entre llamadas y la máquina de café en los que te fui descubriendo, empapándome de ti, de tus cosas, de tu vida, esa que compartías con tu marido, y sin quererlo, entretejimos un delgado hilo rojo, como si fuera de un destino que nos esperaba, entre nosotros.
    A veces no sólo te observo, sino que te bebo. Me imagino levantándome en medio de la cafetería, yendo hacia ti, mirándote a unos ojos que se harán cada vez más grandes. Me imagino sentándome a tu lado y dándote el beso que me falta, el que se queda colgando de unas llamadas a deshoras, de cartas que imagino escritas a escondidas en el despacho, de madrugada. La noche nos disfraza y distrae de aquellas cosas que volvemos a ser cuando despunta la mañana.
    A veces me sorprendo pensando en que lo haré. Buscando un día y encontrando el momento perfecto, como ahora. Hoy es el día en el que terminaré del laboratorio y me sentaré en la mesa que tu acostumbras a sentarte. Creo que me pediré un café con leche, mientras espero a que te sientes. Sé que escogerás el sitio que hay junto a mí porque te lo pediré con un gesto, con una mano que será la misma que te salude, que eche hacia atrás el respaldo de esa silla, que te acaricie el rostro para preguntarte qué tal estás, qué me quisiste decir con la carta de anoche que dejaste hoy en mi taquilla, qué es lo que me dicen tus ojos esta mañana. Será esa mano la que te sujete la mejilla, serán mis dedos los que la pellizcarán un poco. Y seré yo el que acerque ese hilo invisible tensado y rizado alrededor nuestro, el que parece que a veces te ahogue cuando me miras desde lejos…
    — Te has equivocado —la voz de mi tutor de tesis me sacó de mis pensamientos —. Me acabas de repetir la misma secuencia.
    Le volví a repetir la secuencia genética en la que estaba trabajando. No parecía haberme equivocado con esa repetición con la que, muchos años después, supe el descubrimiento que encerraba; tampoco me equivoqué con los sentimientos que tenías hacía mí y eso, aunque nunca pudiese optar al nobel, también lo consideré serendipia.

    Shaina

    Shaina

    Mi nombre es Nabîl y esta no es mi historia, sino la de mi hermana Shaina:

    Los dos nacimos en Hama, una ciudad de Siria, al igual que toda nuestra familia. Shaina nació en 2040 y yo cuatro años antes. Era una niña alegre, muy divertida y generosa.
    Crecimos al lado de nuestros padres, Amid y Nasira, nuestros tíos y nuestros abuelos.Tuvimos una infancia muy feliz, rodeados del cariño de nuestra familia y amigos. Fue en el colegio cuando surgió el entusiasmo de mi hermana por la medicina. Le hechizó el mundo de la cura de enfermedades y la anatomía humana, pero todos sabíamos que el origen de todo estaba en su afán de ayudar a los demás.
    Un punto de inflexión en nuestra vida fue la llegada del doctor Scott en Marzo de 2058. Vino a Hama desde EEUU en una misión solidaria, ya que en la ciudad nunca hubo un médico como tal, sino un hospital para toda la región. Conocimos al doctor Scott cuando vino a atender a nuestra madre, que hacía unos días que tosía con fuerza. Con unos jarabes que en ese momento nos parecieron pócimas mágicas se curó en pocos días. Shaina se quedó maravillada con el doctor Scott, que se estableció a unas calles de nuestra casa por unos años. Cada tarde se escapaba a verlo. El doctor Scott se quedó impresionado con el afán de conocimiento de mi hermana y decidió enseñarle unas nociones básicas de medicina. Así, todos los días Shaina acompañaba al doctor a casa de cada paciente que necesitase tratamiento médico. Poco a poco, fue instruyéndose sobre el cuerpo humano, aprendió a curar heridas leves y a reducir el impacto de enfermedades no infecciosas.
    En Febrero de 2061, el doctor Scott abrió un laboratorio en Hama, financiado por la fundación para la que trabajaba. Tras meditarlo mucho, decidió pedirle a mis padres la incorporación de mi hermana al laboratorio, ya que había mejorado mucho en todos esos años. Aunque a mi padre no le gustó la idea de tener a una hija en aquel lugar, aceptó al igual que mi madre. De esta manera, Shaina pasó a ser parte del personal médico del laboratorio, junto al doctor Scott y sus jóvenes ayudantes -también estadounidenses- Tracey, Lena y John.
    Todo cambió cuando un día mi padre fue a visitar a Shaina al laboratorio, ya en 2064. Tras preguntarle al doctor Scott por su paradero, éste le pidió que la buscase en la sala de personal. En efecto, allí estaba, pero no sola: tan pronto abrió mi padre la puerta vio a mi hermana besándose con su compañera Lena. Se quedó mudo, paralizado, boquiabierto. Cuando recobró el sentido cogió a mi hermana por el brazo y la arrastró hasta casa mientras le gritaba que nunca volvería a ver la luz del sol.
    Así fue. Durante semanas, y a pesar de las insistencias del doctor Scott, mi hermana no salió de casa. La verdad es que nadie sabía de aquel romance, ni siquiera el doctor. Sin embargo, todo se trastocó cuando días después del incidente mamá enfermó gravemente. Shaina entró en pánico. No sabía qué hacer. Como no mejoraba, suplicó a papá que dejase que el doctor la examinase. Viendo el estado de su mujer, aceptó a regañadientes.
    Después de examinarla, el doctor Scott diagnosticó un cáncer de páncreas en estado avanzado. Al no poder hacer mucho en Siria, llamó a EEUU para que la trasladasen, aun sabiendo que las esperanzas de salvar su vida eran prácticamente mínimas. Tras recabar datos suficientes sobre ella para seguir un diagnóstico desde Hama, se la llevaron en avión.
    La única que no se quedó sentada esperando fue Shaina. A pesar de las negativas de papá, siguió yendo cada día al laboratorio a trabajar, pero con un único objetivo: salvar la vida de mamá. Comenzó a experimentar con virus biológicos y asuntos médicos que aún ignoro hasta que una noche, estando ella sola en el laboratorio, observó como las células cancerígenas iban desapareciendo. Sin pensarlo, Shaina llamó al doctor y, temiendo por la vida de mamá, enviaron una muestra de su hallazgo a Estados Unidos
    Días después ocurrió el desastre. Toda Hama fue bombardeada en un ataque aéreo en Septiembre de 2064. Yo pude sobrevivir, pero tanto Shaina y el doctor como el resto de mi familia murieron en el acto.
    Me desperté en una camilla, entre lágrimas y con una carta a mi lado. Era de Estados Unidos. Mi madre se había curado.

    Ahora, en 2086, resido en Nueva York con mi madre, trabajando como periodista, divulgando esta maravillosa historia, la historia de Shaina: mujer, hermana, hija, siria, homosexual y descubridora de la cura contra el cáncer.

    Sí, había mucho espacio en el fondo

    Sí, había mucho espacio en el fondo

    «Es un mundo sorprendentemente pequeño el que está debajo. En el año 2000, cuando miren hacia atrás, se preguntarán por qué no fue hasta el año 1960 en el que alguien comenzó seriamente a ir en esta dirección. ¿Por qué no podemos escribir los 24 volúmenes enteros de la Enciclopedia Británica sobre la cabeza de un alfiler?».

    Días antes de entrar en los años sesenta, el físico Richard Feynman todavía estaba decidiendo el título de su conferencia que había preparado para el congreso anual de la Sociedad Americana de Física celebrado en Caltech, California. Finalmente se decantó por titularla There’s Plenty of Room at the Bottom. Su charla pasaría desapercibida durante un tiempo y su publicación en la revista Engineering and Science Magazine sería citada únicamente siete veces en los veinte años posteriores. Muy pocos asistentes serían conscientes de que estaban presenciando el nacimiento del concepto de la nanotecnología.

    «La próxima pregunta es: ¿cómo lo escribimos? No tenemos una técnica estándar para hacer esto ahora. Pero permítanme discutir que no es tan difícil como podría parecer».

    A lo largo de la conferencia, toda la sala permanecería en silencio y algunos de los allí presentes le escucharon con escepticismo. Sin embargo, treinta años después de su muerte, Feynman (Premio Nobel de Física en 1965 por sus contribuciones al campo de la electrodinámica cuántica) es ahora considerado como uno de los padres de los términos nanotecnología y nanociencia.

    «Entonces, ¿debería ser posible ver los átomos individuales? ¿De qué serviría ver átomos individuales distintamente?».

    Veinte años más tarde, en 1981, el sueño de Feynman de conseguir visualizar átomos se haría realidad gracias al Microscopio de Efecto Túnel (STM) inventado por el alemán Gerd Binnig y el suizo Heirich Rohrer en Zurich. Esta técnica permitiría manipular directamente los átomos actuando a escala nanoscópica, es decir, del orden de la milmillonésima parte de metro. Diez años más tarde, en 1991, Don Eigler y Eric Schweizer serían capaces de escribir el nombre de su empresa (IBM) manipulando 35 átomos de xenón en una superficie con el uso de una versión mejorada del STM. Había nacido la era de la nanotecnología.

    «Sé que las máquinas de computación son muy grandes; llenan habitaciones. Por qué no hacerlas muy pequeñas, hacerlas de pequeños alambres y pequeños elementos».

    A inicios de los años ochenta, Feynman también propondría el primer modelo teórico de un ordenador cuántico después de observar que las computadoras tradicionales solo servían en la simulación de problemas clásicos. La computación cuántica se basaría en el uso de qubits (del inglés quantum bit) en lugar de bits dando lugar a nuevas puertas lógicas y algoritmos.

    «Supóngase, en el diseño particular de un automóvil diminuto, necesitamos una precisión, supongamos, de un 4/10000 de una pulgada».

    En 1984, Feynman repetiría el mismo discurso que realizó en 1959 pero titulándolo Tiny Machines y proponiendo cómo se podrían construir máquinas diminutas átomo a átomo. En 2016, Jean-Pierre Sauvage, J. Fraser Stoddart y Ben L. Feringa ganaron el Premio Nobel de Química por el diseño y síntesis de máquinas moleculares. Entre ellas, se incluye un coche molecular con motor, sintetizada por el grupo de Feringa, que se mueve a lo largo de una superficie.

    «Un amigo mío (Albert R. Hibbs) sugiere una posibilidad muy interesante para máquinas relativamente pequeñas. Él dice que, aunque es una idea salvaje, sería interesante en cirugía si usted pudiera digerir al cirujano».

    Dentro del campo de la nanomedicina, la administración dirigida de fármacos es a día de hoy uno de los métodos más estudiados donde los nanomateriales son capaces de transportar los fármacos y, solamente cuando reconocen los tejidos enfermos, liberan una mínima dosis como respuesta a cierto estímulo para reducir los efectos secundarios.

    «De aquí en adelante, ofrezco un premio de 1000 $ para el primero que pueda tomar la información en la página de un libro y colocarla en un área 1/25000 más pequeña, de tal manera que pueda ser leída por un microscopio de electrón».

    En 1985, más de veinte años más tarde, Tom Newman ganaría este desafío siendo capaz de escribir la primera página del libro Historia de dos ciudades de Charles Dickens en la cabeza de un alfiler utilizando un haz de electrón en una escala de reducción de 1/25000.

    «Y quiero ofrecer otro premio de otros 1000 $ para el primero que haga un motor eléctrico rotativo que pueda ser controlado desde el exterior y, sin contar los cables de entrada, que sea solo de 1/64 de pulgada cúbica».

    En junio de 1960, el ingeniero William McLellan leyó el discursó de Feynman y aceptó el desafío. Después de cinco meses de trabajo utilizando herramientas casi irrisorias, como un mondadientes y un pincel de calibre muy fino, McLellan ensambló 13 componentes para construir un motor eléctrico de una sexagésima cuarta parte de pulgada de un lado.

    Sistema de Protección Ciudadana

    Sistema de Protección Ciudadana

    Vi el miedo reflejado en el rostro de todos los agentes de seguridad de la sala de control. La mayoría de ellos eran jóvenes y nunca habían sido testigos de una situación semejante.
    Nada más entrar me fui al oficial de guardia y le pedí un resumen de la situación.
    —Comisario Tolosa, se trata de una mujer, joven, veintiséis años, no sabemos cómo, pero se ha extirpado el implante y está fuera del sistema. ¡Está fuera del sistema!
    —Quiero imagen.
    Por aquel entonces estaba más cerca de la jubilación que de un ascenso en mi carrera, así que lo único que deseaba era poder solventar aquel incidente sin mayores problemas.
    Las pantallas me mostraron lo que pedí, imagen enviada desde los drones que sobrevolaban la zona. La joven caminaba tranquila en mitad de la calle. Decenas de ciudadanos la miraban desconcertados. Se apartaban a su paso al ver que un reguero de sangre le caía por la espalda desde la nuca.
    Los implantes son injertados a todo ciudadano en el momento de su nacimiento. Recoge la información de la zona límbica del cerebro y la envía al Sistema de Protección Ciudadana. Gracias a un perfil único, también se envía todo lo que publicamos a través de las redes sociales, lo que compramos, lo que miramos, lo que consumimos, con quién nos relacionamos y de qué manera lo hacemos.
    Mediante nanorrobots, el sistema sabe también cómo nos alimentamos y qué sustancias tomamos. Nos puede aconsejar o enviarnos al médico si detecta cualquier problema o inestabilidad emocional.
    Toda nuestra vida está supervisada por el sistema. Esa información es confidencial, encriptada y nadie tiene acceso a ella.
    Por desgracia, a veces los seres humanos tienen impulsos ocultos, deseos oscuros e intenciones deshonestas y criminales. En esos casos, si el sistema se ve incapaz de ayudarlos, nos avisa a nosotros. El Cuerpo de Protección Ciudadana entramos en acción y detenemos al individuo antes de que sea peligroso para el resto.
    Pero aquella joven... Se había extirpado del sistema, y no enviaba ninguna información. Hacía décadas, los sujetos que lo hacían, al rechazar el programa, acababan cometiendo alguna atrocidad.
    Así que podía entender el miedo que veía reflejado en el rostro de mis subalternos, estaba justificado. En aquellos momentos el sistema ya estaba enviando información a toda la ciudadanía cercana para que se alejara de allí, para que se pusieran a salvo.
    —Quiero un primer plano de la joven, quiero verle la cara, de cerca.
    Si el sistema no podía saber su estado emocional, me tocaría a mí valorar sus intenciones con solo mirarle el rostro. ¿Me acordaría de cómo se hace?
    La joven me pareció muy guapa, y caminaba con una amplia sonrisa en el rostro. Me transmitió paz y armonía. Si el problema era una enfermedad mental, el sistema la habría detectado antes del brote, antes de que llegara al punto de extraerse el implante.
    Intenté ponerme en contacto con ella a través de uno de los drones, pero ignoró todos mis avisos acústicos. No quería hablar con nadie, al menos que no fuera en persona. Pero no iba a arriesgar la integridad física de nadie, ante aquella situación en la que no podíamos controlar el resultado. No podíamos conocer sus intenciones.
    Un mensaje, mediante realidad aumentada, apareció frente a mí. Solo yo podía verlo, era del sistema, que me aconsejaba cómo actuar y recuperar el control. Ignoré el mensaje.
    La joven murmuraba algo, movía los labios, estaba hablando. Acerqué más uno de los drones y me estremecí al oír su voz.
    —Al fin, libre.
    —Neutralización no letal, ahora.
    El dron obedeció mi orden y un proyectil que contenía un potente narcótico fue disparado. La joven cayó enseguida al suelo. Pronto, un equipo de agentes y médicos la recogerían y la trasladarían para valorar su estado psicológico y emocional.
    El mensaje que el sistema me había enviado, y que yo había ignorado, martilleaba mi conciencia.
    «La ciudadana no volverá a aceptar el sistema, recomiendo su eliminación para la futura protección del resto de ciudadanos».
    Un escalofrío recorrió mi espalda, a sabiendas que la joven ya estaba condenada, decidiera lo que yo decidiera.
    El oficial de guardia se levantó y me miró con rareza. Noté que sus manos temblaban, así como lo hizo su voz cuándo se dirigió a mí.
    —Comisario Tolosa, lo siento, yo...
    —No me lo diga —sonreí—. El sistema recomienda mi relevo, ¿no es así?
    —Será lo mejor para todos.
    Me di media vuelta y salí de la sala. Pero no iba a irme a casa, así sin más, de vacaciones tal como aconsejaba el sistema. Tenía que conocer a aquella joven en persona y hacerle una sencilla pregunta: «¿Qué has sentido?».

    SOL DE INVIERNO

    SOL DE INVIERNO

    El sol apretaba como todas las mañanas de aquel verano. Esta vez iba a ser largo, pensó sonriendo. Había sido un invierno duro y, allí en la estepa, donde hasta hace poco cubría la nieve, la gente agradecía cierta calidez, aunque fuese suave. Salió de casa con los ojos entrecerrados, camino del granero.
    Hacía poco más de un año que habían venido a instalar el sistema de calefacción. Le habían dicho que no requería supervisión, que ellos lo monitorizaban todo desde la Universidad y, si hubiese algún problema, lo sabrían de forma inmediata. Pero recelaba un poco de que aquello funcionase desde tan lejos, aunque no dijo palabra entonces, por educación; después de todo ellos eran los profesionales. De todas formas, tampoco perdía nada; todas las mañanas entraba en el granero y, café en mano, echaba una ojeada al panel de control. Una luz verde indicaba que todo marchaba bien; una luz roja, que había algún problema. Aquella mañana, como todas desde que lo instalaran, todo marchaba bien.
    Se sentó junto a la puerta, disfrutando de aquel sol mientras apuraba el café. Esta era la hora en que Carla solía ir al colegio. Casi podía verla salir corriendo porque perdía el autobús. Siempre tenía la cabeza en otra parte. Siempre con libros extraños llenos de fórmulas y hablando de cosas que, a él, le parecían demasiado fantásticas; y que ella siempre insistía en que no, que aquello era ciencia de verdad. Y ella se desesperaba. A él nunca se le dieron muy bien los números. Hacía poco más de un mes que se había ido a la escuela preparatoria para la Universidad y ya la echaba de menos. Le había dicho que volvería para Navidad, pero aún quedaban varios meses. Nunca había pasado tanto tiempo sin ver a su hija.
    Fue el verano anterior, cuando recibió la carta de aquellos científicos. Aunque suponía que la carta intentaba no parecer muy técnica, apenas entendia lo que decían. Le hablaban de sistemas de calefacción y cultivos para el invierno que le parecieron, ciertamente, fantasiosos. No era la primera vez que recibía propuestas similares. Siempre le habían dado mala espina; intuía intenciones ocultas y lucrativas que nada tenían que ver con mejorar su situación. La vida allí era dura, pero se negaba a ceder ante ese tipo de personas.
    Aunque esta vez fue distinto, concertaron una visita y vinieron cinco personas: todos científicos. La verdad es que nunca recordaba el país ni el nombre de la Universidad. Con la ayuda de un intérprete le explicaron todo el proyecto. Le pareció maravilloso e increíble que pudiera llevarse a cabo algo así. Cuando preguntó que cómo podía ser que aquello funcionase, trataron de explicárselo. Le hablaron de que los átomos no son como bolas, sino que se comportaban de forma extraña. De pronto, se perdía como tantas veces le había pasado cuando Carla, tras levantar la cabeza de alguno de sus libros, corría a contarle algo que acababa de aprender. De hecho, Carla, que hablaba inglés, no se despegó de ellos en ningún momento; era un auténtico hervidero de preguntas.
    Siempre había pensado que Carla tenía una mente formidable. Le interesaba todo y, sin importar lo complicado que fuese el problema, ella lo entendía rápidamente. Aquel año acabaría el instituto y él sabía que no podría costearle la Universidad. Era algo que le había angustiado durante los últimos años. Ellos también debieron quedar impresionados con ella, porque a los pocos días le propusieron recibir una beca para cursar los estudios universitarios completos. Ella no cabía en sí de emoción.
    Volvieron en noviembre. Pasaron en total tres semanas con la instalación del sistema, hasta que comprobaron que todo marchaba correctamente. En verano le habían dejado unos libros a Carla que estudió concienzudamente y, cuando regresaron, incluso ayudó en ciertas tareas técnicas. Pasaron el invierno los dos juntos y, por primera vez, con el calor propio de un hogar. Los cultivos marcharon bien e, incluso, pudieron vender algunos excedentes. Con parte de las ganancias compraron un ordenador, que él podría utilizar para hablar con ella en la distancia y podrían verse las caras.
    Aunque muy frío, fue un gran invierno. Ella le habló de todas las cosas que aprendería. Le habló de unos agujeros negros que estaban por el espacio y que atrapaban incluso la luz y también de cosas tan pequeñas y traicioneras que casi sintió que se mareaba. Nunca la había visto tan feliz. Sintió un orgullo enorme de saber que, quizás en el futuro, ella haría algo similar a lo que hicieron aquellos científicos, posiblemente muy lejos de allí, en alguna selva o algún desierto: algún lugar muy exótico. Y que volvería a verle y le contaría todas las cosas que había hecho y visto. Y todas las que le quedarían por hacer.

    Somos hombres de ciencia

    Somos hombres de ciencia

    Doblo la esquina y entro en uno de los pocos establecimientos que abren hoy. Cojo un café de la nevera, a estas alturas con tanta naturalidad como si fuera mi café y fuera mi nevera. Lo pongo encima del mostrador. “Uno con tleinta y sinco”, musita Chen. Le extiendo una moneda de dos euros y cojo el café. Clinnng. Ella me ofrece las vueltas pero las rechazo. “Feliz día del trabajador”. Sonrío. No me ha entendido.
    Atravieso las puertas del parque. Mi parque. Una pareja se abraza mientras posa a contraluz para un teléfono móvil. He visto sonrisas mejores. Y peores, también. Sareb (no sé cómo se escribe) hace negocios con un inocente que, en plena plaza, le ofrece un billete y se lo guarda automáticamente ante los apurados gestos de Sareb. Me ha puesto nervioso hasta a mí, que observo desde lejos y ya no tengo nada que ver con los trueques de Sareb.
    Me siento en un banco. Siento al café a mi derecha y lo miro como preguntándole: “Y tú, ¿qué opinas de todo esto?”. No sé si mi padre y yo estuvimos en este banco alguna vez, pero por una cuestión de probabilidad seguramente sí. En un banco como este mi padre me enseñó las cosas que me encaminaron para ser un hombre de ciencia. O no. Pero me hace ilusión pensar que sí.
    Mi padre no era hombre de ciencia. Mi padre era un abogado que se murió sin saber “para qué sirven los quebrados”, como me preguntó en cierta ocasión. Y se murió sin saberlo porque no pude responderle. Qué le iba a decir, yo, que uno de los exámenes de recuperación en los que me pillaron copiando era sobre fracciones algebraicas, quebrados. Pues para nada, papá, no sirven para nada. Al final, y aunque mi padre jamás llegase a saberlo, superé exitosamente el temario de fracciones algebraicas. Pero tuve que suspender unos cuantos exámenes más, y obligar a mis profesores a pensar cosas horribles sobre mí en su intento de enseñarme algo, antes de elegir la modalidad de ciencias puras en Bachillerato. No sé qué había pasado por el camino, pero mi interés por la ciencia, las matemáticas, y hasta por esa “máquina del diablo”(*) llamada álgebra ya estaba en marcha. No sin mis dudas y las de alguno más.
    Muestra de ello es la anécdota en la que yo me quedo mirando las notas de corte de la Universidad Autónoma de Madrid del año 2014 y pienso en voz alta “podría meterme en matemáticas”. A lo que un compañero de clase tan sólo respondió: “Estás loco, Pablito”. Un poco sí.
    Mi padre fue la primera persona que me enseñó a contar en enteros módulo 5 cuando repartíamos entre los dos, de cinco en cinco, los piñones que recogíamos del suelo. Mi padre no fue quien me enseñó a identificar cambios en la presión atmosférica en función de la forma de las nubes, pero sí fue quien despertó mi interés para aprenderlo cuando mencionaba el nombre científico de ciertas nubes que veíamos. Mi padre no fue quien me enseñó qué es la refracción de la luz, pero fue quien me motivó a investigar más tarde sobre ello cuando me hablaba, mil y una veces, del escurridizo “rayo verde” que puede verse en contadas puestas de Sol en el mar.
    Algunos como mi padre nunca llegarán a saberlo ni reconocerlo, y otros sí, como yo, que me encuentro a mitad de un grado en matemáticas en la UAM. Pero todos, por nuestra mera condición de Seres Humanos, somos hombres de ciencia. Apuro tanto mi relato como mi último trago de café, y al hacerlo, como en tantas otras ocasiones, pienso: Va por ti, papá.



    (*): El álgebra es la oferta hecha al Hombre por el diablo. El diablo dijo: “te daré ésta potente máquina, que resolverá cualquier cuestión. Todo lo que necesitas es darme tu alma. Deja la geometría, y te daré ésta maravillosa máquina” (Michael Atiyah).

    SUELTOS POR EL PARQUE

    SUELTOS POR EL PARQUE

    La melodía del riachuelo evocador, acompasado con las ondas de trazas multicolor, me acuna en el ergonómico banco del parque, adormilada por la ligera brisa. Una paz profunda y los dos puntitos luminosos moviéndose suavemente por el borde del visor derecho me relajan in extremis. Mi estado armonioso se altera con un súbito pelotazo en el hombro que hace temblar la imagen. Enervada miro hacia el origen del impacto y veo lo que parece un machito monoparental apresurarse a recoger el arcaico e infantil balón, balbuceando una disculpa con su sonrisita no carente de atractivo. Pasan unos segundos en los que con toda mi atención le observo alejarse... De súbito doy un respingo cuando el pitido de alarma avisa por proximidad de final del área de juego. ¡Releches! Les he sacado a que correteen por el césped y ya deberían conocer por la ligera vibración del collar cuáles son sus límites. Queda claro que no son aún autónomos en su hora de juegos y alboroto diario.

    Esta situación me obliga a liberar vista y oído del modo yoguifusión envolvente. Además, tendré que otear con toda mi atención, ya que la previsión inmediata del tiempo les libera del minichubasquero reflectante. Al borde de una taquicardia temprana parpadeo tres veces en menos de un segundo para que se transparenten mis pinkievirtuglasses (fantástica regalo promocional por el paquete de nanotampones). Me subo al híbridopatín y al grito de 'Peques' veo la ruta más rápida a su última ubicación. Conozco demasiado bien el mapipark3D que se despliega impertinente ante mis narices, así que cambio a modo manual, inocente de mí, con la esperanza de no cruzarme con obstáculos imprevistos.

    Por el visor izquierdo sólo veo moverse un punto en la zona verde. Acelero con un brusco movimiento de mi muñeca derecha. Grito 'Audio' y percibo un único ladrido que me inspira ansiedad absoluta. Giro y esquivo por milímetros un barquillerobot que chirría exaltado. A punto de salirme del vial y pisar el césped bloqueante, casi atropello a dos renting-chulapas que histéricas me arrojan sus abanicos chinescos. Consigo enderezar en ángulo extremo para pillar la línea recta indicada por el visor, y atravieso un grupo de palomas que despavoridas aletean. Veo como algunas chocan con un ecodrón, y oigo a mis espaldas el zumbido de su caída y la inevitable colisión, por fortuna alejado del tránsito, ya que no escucho vocerío humano. Ninguna sirena de los guardias del parque, ni más obstáculos se interponen ya sólo a un giro de la señal. Trato de respirar hondo para prepararme a la endiablada incertidumbre. ¡Maldita incertidumbre no programada!

    Me acerca rauda a mis peluditos. Ricky retoza olisqueando una mariposa, y observo alarmada que Tobi, desembarazado del collar localizador, esta fuera del césped. ¡Ay! Una angustiosa sensación de asfixia no me deja chillar. Por fortuna, un droide-vigilante Honda-H1 le está entreteniendo para que no salte a la vía de circulación.

    Recupero el equilibrio caminando hacia Tobi. El droide taladra mi conciencia con su característico mensaje de leds y audio: 'El pequeño esta sin localizador, ¿quiere usted más a su perro que a su hijo?'. Apartando las dichosas pinkievirtuglasses exclamo: '¡Dónde yo os vea!'. Agarro a mi pequeño por el brazo, le abrazo fuertemente y él, con su mano libre, me ofrece el precioso clavel que ha arrebatado de la zona exterior.

    Sueños de fierro

    Sueños de fierro

    Hace unos años mientras reflexionaba sobre los avances de la ingeniería me planteé una cuestión, que a mis colegas de profesión les pareció entre absurda y de lo más volátil para la sociedad. Realmente ese día pensé que o el desayuno tenía problemas o me había dado un golpe en la cabeza de esos que traen secuelas. ¡Pero no! Algo en mi decía que esto tenía sentido. Por ello como buen investigador teórico contemporáneo, o mejor dicho moderno, me fui a un lugar despejado para así poder sentirme pleno y seguro de lo que hacía, pero no deje mi siempre confiable cuadernillo de bocetos y un buen lápiz para estar preparado, por si esa chispa mañanera de genialidad podía dar más de sí misma.

    Tras varias horas, decidí que ya por ese día era suficiente. Y emprendí mi camino a casa. Creerán que ya era todo, pero no. Yo seguí trabajando en el descanso y aquella comezón de imaginación volvió y me dio una pista lo suficientemente clara para poder basar mi estudio. El ver a un herrero levantando unas vigas muy pesadas y resistentes me ayudó en mis primeras hipótesis sobre cómo reducir el peso del acero sin perder sus propiedades de resistencia. No obstante, fue una faena inconclusa porque no pude resolver la cuestión. Si quería dureza necesitaba acero y, por consiguiente, peso. Pero al ver mis estudios tan vanos y sin salida cambié de campo de estudio, o por lo menos eso intenté, ya que en menos de dos mes tenía un 40% del presupuesto que me había dado el inversor gastado, y el muy cretino dijo que tenía dos opciones: o usaba ese presupuesto o costeaba lo que me faltara de mi cuenta propia. Pensaran todos que ser científico implica ser rico, pues en mí esta ley era como las de física clásica, es decir, que solo se cumplía con los científicos grandes y yo ni por asomo pertenecía a ese renglón de ilustres. Prácticamente era un novato.

    Estas circunstancias me forzaron al igual que a Einstein a pluriemplearme, pero no en una fábrica de patentes sino en una empresa de fundición y moldeo de aluminio, la cual se centraba en la creación de bastones y barras de cortinas empresariales. Aunque ganaba mucho más como ingeniero químico en la empresa, me sentía muy ajeno a lo que hacía, porque aunque tenía fundamentos esenciales de mi profesión carecía de imaginación, lo cual me limitaba a seguir manuales y reglas retrógradas. ¡Vamos, que era un recuerdo de la clase de matemáticas del instituto de un profesor sustituto que solo se sometía a seguir órdenes del oficial!
    Mi función era solo monitorizar las medidas tanto de temperatura como de sustancia de cada elemento, hasta me gané el mote de cocinero por la similitud de mi cargo con la de un chef. Aunque yo solo tenía un encargo, la fábrica tenía tres secciones industriales y dos de ensamblaje y exportación. Pero un día, estas dos últimas despertaron mi curiosidad al ver la fase final de un trabajo que yo había iniciado. Y aunque pienses que es una observación obvia noté que las varillas eran sumamente ligeras, pero eso no fue lo que me impresionó sino que era prácticamente lo opuesto a mi investigación con el acero.

    Esto me llevó a una conclusión muy trascendente en mis investigaciones, y fue que el aluminio y el acero por sí solos no podían hacer ese material anhelado por la ingeniería y aún más por mí. Pero, y si los unía, ¿qué pasaría?

    Tras varios meses de estudio teórico y opiniones de expertos, me dispuse a dar el paso a la práctica y la demostración de aquella teoría que parecía más un sueño de un loco alienado por este mundo capitalista y de consumismo que solo incita a ser cotidiano y repetido. Aunque los primeros dos años no fueron más que fracasos y hostigamientos, seguí hasta cumplir mi cometido. El gran elemento “x” de la nueva ingeniería millenial. Aunque los frutos de esto se empezaron a ver más o menos a media década de su inicio fatídico.

    Después de una década había terminado y probado que todo era real y no una ilusión. Mi elemento estaba completo y pronto podría ser comercializado por sus prometedoras características: gran soporte (resistencia) al calor que frente a los demás metales tenía un 35% de resistencia a temperaturas altas y un rendimiento de 15% de diferencia frente al acero y un 8 % más de peso que el aluminio.

    Aunque mi experimento fue original, necesité apoyo para ponerle un nombre, el cual me costó, y que al final inspiré en X-Men, con el nombre de acerium.

    Supervivencia

    Supervivencia

    De pronto amanece, la tranquilidad se aquieta y queda eludida por la vertiginosa condición de una realidad abrumadora que forma parte indivisible de una vida, que se trastoca y se doblega entre el tiempo y la razón, y tras pocos pasos de aquella gélida morada, se divisa una imagen imborrable, iracunda, indescriptible, el movimiento propio entre cientos de vidas que se entrecruzan, haciéndonos recordar que el mundo gira de prisa, mientras las miradas se perciben y se van, mientras el tiempo no se ve, no se puede perder, es preciso llegar, es imprescindible ganar.
    No quedan imágenes que justifiquen el principio de aquella lucha, doblegando toda condición de sentimiento y sensibilidad, dejándose llevar por la razón que inspira tan cruel enfrentamiento, donde se redime el miedo, donde se somete el afligido, donde se postra el fiel elegido y donde quedan subestimadas las ansias plenas por el poder y la gloria, para no volver nunca más.
    Así es la vida misma, así se inmutan los recuerdos como ráfagas inquietantes, como parte lúcida de toda razón de lucha, donde es evidente que entre el bien y el mal se disputa, donde nacen y prevalecen los avatares que ensombrecen la vida, donde la vida permanece silente, imperceptible y salvaje, donde cada personaje es un misterio laborioso y pleno de verdades, de sueños e ilusiones plenas, de gracias que florecen, de metas incumplidas, de logros merecidos, de lo que no nos pertenece pero existe.
    Como no fingir que somos parte indivisible de aquella oda, como no reconocer que primero pienso y luego existo, como no dejar de existir ante tan inefable espejismo, como no navegar entre olas de almas que cruzan y se entremezclan, emulando el firme principio de comunidad e integración, como una reacción alquímica de lo que se deriva, de almas mundanas que alcanzan la gloria y se hacen plenas, grandes e imborrables.
    Pero quedan, precisas e indetenibles, se quedan, tales movimientos no se detienen, persiguen algo que desconocemos, buscan crecer entre la niebla de almas apresuradas, entre quienes luchan contra el tiempo y la condición real de lucha, conquistan emociones, eluden espejismos, se golpean, se hieren, se imponen y se hacen sentir como la razón justa de la verdad.
    Es una alquimia perfecta, donde la simbiosis se manifiesta y se impone, doblegando su propia naturaleza, redimiendo el sentido de la creación biológica, frente al pretexto condicionado de que existe porque es consiente, vivo, ejemplar y perfecto.
    Cada elemento se desdobla, se atajan y se enfrentan como moléculas circulantes por interminables circulaciones en constante movimiento, porque es el movimiento mismo el precursor de tan especial grandeza y condición.
    Aquel evento permite comprender indescriptibles situaciones, permite conocer lo propio y lo ajeno, lo real y lo divisorio, la relación fustigante entre elementos que coexisten dentro de un mismo sistema que fundamenta su perfección en la realidad circundante de su condición de vida.
    Mientras cada paso permitido cobra sentido al compás de una quimera, cuando en su mismo entorno queda implícito el cruel motivo que define el ritmo de tan egregio escenario, para comprender que entre tanta perfecta razón de lucha, se evidencia el real principio de vida por la supervivencia del mas apto.

    Toda una vida

    Toda una vida

    Estaba tan cerca...Podía sentirlo en la punta de los dedos: el descubrimiento que llevaba tanto tiempo buscando. Para ella era mucho más que la pieza perdida del rompecabezas o la llave que abriría la puerta a ese lugar donde aguardaban las esquivas respuestas. Era algo más profundo que todo eso.

    Todos guardamos algo en el corazón. Para algunos son aspiraciones, o deseos. Llegar más lejos. Sentimientos hacia una madre, hacia una pareja o hacia un hermano que está estudiando fuera. ¿Qué guardaba ella? Sacrificio, dedicación, ilusión. Había dedicado su vida a la ciencia, al estudio, y había renunciado a tantas cosas por ello. Mientras sus amigos quedaban y salían ella se había estado preparando para los estudios que la aguardaban, exámenes, el máster, la tesis. Su relación con su novio se vio drásticamente interrumpida cuando, persiguiendo su sueño, se marchó a Nueva York a estudiar con el equipo de Carol Greider y María Blasco... y como la nieve cuando llega la primavera el amor se deshizo poco a poco. “Él no era el apropiado para ti, mi niña.” le dijo su madre un día por teléfono; pero su madre no podía verla mientras lloraba acurrucada junto al sofá con la espalda contra la pared y las rodillas dobladas contra el pecho. Un día, tal vez, encontraría a alguien que entendiese los sacrificios que había tenido que hacer para perseguir sus sueños, y como Schrodinger y su mujer, no importaría que él no entendiera cuál era su trabajo; ella le explicaría cómo los telómeros se acortan durante la duplicación del ADN, y él la escucharía con una luz en los ojos y un revoloteo en el estómago.

    La búsqueda de algo es creer en su posibilidad.

    Ella amplió su definición de lo que era posible mucho antes de viajar a Nueva York; fue cuando aun estudiaba, a raíz del descubrimiento de una enzima que volvía inmortales las células tumorales: la telomerasa. Una de las hipótesis más extendidas es que el vínculo común entre el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y las neurodegenerativas es la edad, y más concretamente el envejecimiento, por lo que, al tratarlo con telomerasa, dichas enfermedades también podrían ser tratadas.

    Por detrás de las gafas, sus ojos marrones sumidos en bruma encantada miraron por el microscopio como había hecho infinidad de veces. Sería sencillo darse por vencido después de tantos fracasos. Pero cada fracaso escondía una enseñanza, un paso nuevo, otra oportunidad...y todo ello la conducía siempre al mismo destino.

    ¿Por qué había elegido este camino? Porque amaba la ciencia y amaba la investigación. Alargar la esperanza de vida, mejorar su calidad, curar en cáncer...la investigación era realmente la última frontera de la Humanidad: comprender la vida. En un mundo tan cínico y dividido como el que vivimos la ciencia nos trae la esperanza de la objetividad. Es la fuerza que nos obliga a abandonar las trincheras ideológicas para unirnos con un mismo propósito. Es la verdad pura y sin engaños, la belleza de las cosas sin mácula, es...creer.

    En ese momento en el que fijas tu vista en la muestra, en ese momento todos nuestros éxitos y fracasos se vuelven meros ecos de una historia resumida. Todo el trabajo duro se desvanece como un recuerdo lejano, como las huellas que dejamos al caminar descalzos por la orilla del mar, y esperamos, confiamos, en que las penas vividas hayan merecido la pena. Es el momento del descubrimiento, cuando el silencio del laboratorio te pertenece y miramos hacia el futuro con optimismo.

    Miramos hacia las estrellas.

    Y así, esta chica de aspecto tierno y mirada férrea se enfrenta con valentía a sus miedos buscando ese hallazgo que le haga llegar donde nadie antes había llegado, y pasa las horas realizando pruebas, estudiando la telomerasa y sus aplicaciones clínicas, realizando incontables investigaciones que traten de explicar el acortamiento de los telómeros y el modo de evitarlo.
    No lo hace por la fama o el dinero. Tampoco por tener su nombre en los libros de Historia, ni porque le concedan un Premio Nobel como a Carol Greider o Elisabeth Blackburn. Lo hace porque debe hacerlo, porque así lo siente. Porque es su vocación. Lo hace por ese vínculo de libertad que nos une, el deseo de depositar las esperanzas de la Humanidad en un sentimiento más grande que nosotros mismos, en esa idea que sobrevivirá, y asegurarse de que esta tierra sea la herencia que dejamos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, con la esperanza de que nuestros mejores días están aún por llegar.



    Mª del Carmen Salamanca Rueda

    Trasplantes

    Trasplantes

    - ¿Entonces, me tienen que hacer un trasplante de hígado?

    - Así es, señor Pérez. Le hago la derivación y coja hora en el mostrador - respondió el médico, impasible, mientras rellenaba los campos en el formulario de derivación en línea a cirugía.

    Atrás quedaban los días en que someterse a un trasplante implicaba pasar a formar parte de una lista de espera, de un tiempo indefinido lleno de esperanzas y angustias. El problema de la disponibilidad de donantes se había solucionado con la síntesis de órganos en laboratorio. Ahora nadie tenía que sufrir la ambivalencia de sentirse afortunado por tener un nuevo órgano funcional a la par que abrumado ante la idea de que otro había tenido que morir antes que tú, pudiendo así aprovechar sus restos como quien saquea un cadáver.

    Al principio se consiguió crear órganos específicos a través de células madre, que podían mantenerse vivos mientras se aceleraba su crecimiento hasta llegar al tamaño que se desease. De cada órgano se elaboraban diversos modelos según la edad del cuerpo al que estuvieran asignados. Si bien los trasplantes habían sido un éxito, la adaptación al cuerpo anfitrión resultaba ser larga y no exenta de molestias. Los nuevos órganos estaban sanos pero eran inexpertos; el tamaño adulto no implicaba que su función se llevara a cabo como si siempre la hubiese realizado, al contrario, el órgano tenía que aprender a "hacer lo suyo" desde cero. Pronto se vio que no era óptimo hacer crecer los órganos desde un modelo cismático, aislados de su entorno y de los estímulos que éste les aporta de forma natural. Un estómago necesitaba aprender a digerir comida, por ejemplo.

    La solución a este problema vino desde la robótica. Se crearon androides para albergar vísceras de origen pseudohumano, haciendo uso de ellos mientras los contenían. Tenían que constituir partes esenciales de su sistema para que el órgano "aprendiese" su función, de tal modo que todo el robot resultaba inoperativo al extraérselo. A los robots se les mantenía en comunidades de ingeniería, con actividades diarias parecidas a las que efectúa un humano, de forma que el órgano tomase contacto con un contexto lo más similar posible al de su destino final. Una vez el órgano alcanzaba el tamaño objetivo, se tomaba del interior del robot y el resto del androide era transportado a una planta de reciclaje.

    - ¡Qué suerte haber nacido en este siglo! ¡Nadie tiene que morir para que yo viva! - suspiró el Sr. Pérez, mientras se encendía un puro a la salida del centro de salud.

    Mientras tanto, en una comunidad de ingeniería no muy lejos de allí recibían la solicitud de órgano para el Sr. Pérez. El funcionario miró un listado, se levantó, fue hacia una sala y le dio la orden de acudir con él a un androide que se encontraba jugando a cartas con otros modelos similares a él. Obedeció al instante, estaba programado para ello. El resto de robots le dijeron adiós con sus manos de metal, al ver partir a otro compañero de los que ya no volvían más.

    Triángulo

    Triángulo

    Yo conocí a Ciencia. La conocí el día en que nací. Yo había decidido abandonar el mundo nada más respirarlo, pero ella dijo que no, que un cáncer de mama y un nacimiento prematuro no eran razones suficientes para volver por donde vine. Y así fue.

    Desde entonces camino de su mano y ella me aconseja cuando debe o me deja equivocarme cuando debo. Verdaderamente… estoy enamorado de Ciencia.
    Ella permite que mi cerebro tenga esa borrachera orgásmica que provoca el conocimiento, explicándome cada una de las cosas que se me antoja saber. Ella me enseñó que la distancia no existe, pues independientemente del significado de estar, puedo ir al lugar que quiera del mundo cuando desee. Ella me lleva al cielo y me da a conocer lo más profundo del océano. También me dice si debo salir de casa con abrigo o en tirantes. Ciencia me enseñó de dónde vengo, dónde estoy y por dónde iré, poniendo frente a mí no solo la imagen de su madre, Naturaleza, sino que, además, me dio un lenguaje para poder preguntarle y entender su respuesta. Qué suerte he tenido de conocer a Ciencia… soy una persona horrible.
    Mientras Ciencia me prepara el desayuno y me indica el camino a seguir, yo, humano egoísta, le soy infiel con Arte a diario. Y es que Arte me escucha y entiende todos y cada uno de los sentimientos de los que Ciencia nunca sabrá, ni podrá comprender. Arte me deja llorar en su hombro cuando Ciencia me hace daño al no explicarme lo que siento, y me deja explotar el éxtasis que me llena el pecho cuando veo a Pasión. Con ella puedo olvidarme de que el resto del universo existe, pues somos ella y yo, solos, sin nada que nos alcance.

    Ciencia y Arte no se llevan muy bien. Ciencia siempre recriminó a Arte que fuese tan cambiante como para que Ciencia no pudiese saber lo que haría, y Arte siempre reprocha a Ciencia que sea tan objetiva y no mida el momento y la situación donde hacer qué cosas. Ciencia vino a mí llorando porque Arte era más famosa que ella en todo el mundo y Arte me mostró sus lágrimas por ver que Ciencia siempre podía comprar cuanto necesitaba, mientras que ella no tenía, depende cuándo, dinero ni para pinceles. Ciencia odia que Arte sienta. Arte odia que Ciencia sepa.
    Puede que alguien crea que Ciencia y Arte son tal para cual. Que lo que Ciencia explica con dos polos magnéticos opuestos, Arte lo resume en Yin y Yang. Lo que Arte ve como escultura, Ciencia lo ve como una perfecta sincronía entre átomos de calcio, carbono y oxígeno. Ciencia ve colores que ningún humano puede ver y Arte los mezcla en una puesta de sol. Ambas saben estar solas y acompañar a alguien y, atendiendo lo intrínseco de ellas, convergen a un mismo punto, llamado Belleza.

    Yo conocí tarde a Arte. Quizás por eso me provoca emociones tan intensas, razón por la que olvido a Ciencia, pero, sin embargo, Arte me preocupa, tengo miedo de que siga tomando ese veneno que unos llaman Fama, otros llaman Éxito o Dinero. Como siempre permite que cualquiera haga uso de ella… claro, es normal que los más envenenados, los humanos, transformen la imaginación de Arte en imagen, desaprovechando su potencial… su razón de ser. Ojalá nunca olvide la prioritario de sí misma.
    Eso es lo que más amo de Ciencia, que, aunque no comprenda mis sentimientos, me genera todos y cada uno de ellos. No piensa sobre si gusta más o menos, de si expresa lo que debe o no, ella llega a ese punto de Belleza comprendiéndose y estudiándose a sí misma, analizando cada túnel que debe atravesar para otorgarnos el placer de hablar con Naturaleza.

    No sé si Ciencia algún día se cansará de mí y me dejará. No sé si siempre podrá entender que necesito de Arte y que Arte necesita de mí para no perderse. Espero poder vivir siempre cerca de ella, conociéndola cada vez más hasta que me enseñe que un sida o un accidente de tráfico no significa irte a vivir con Muerte. Que la explosión más poderosa del mundo no ha destruido tres ciudades árabes, sino que mide apenas unos milímetros y es capaz de dar luz a tres países enteros. Deseo poder verla yendo a Marte o al interior de un agujero negro y que me cuente qué es lo que ve.
    Sé que tal vez sea arriesgado este triángulo amoroso que mantengo, pero es que nunca llegué a creer que, efectivamente, se puede estar enamorado de dos a la vez. ¿Por qué no iba a poderse? ¿Verdad?

    TRIÁNGULO AMOROSO

    TRIÁNGULO AMOROSO

    Hipotenusa era una línea algebraica recta y esbelta. Había vivido en varios lugares y tenía ganas de echar raíces cuadradas en algún lugar. Ocupaba un espacio en un plano cartesiano equidistante del centro. Era tímida y no había conocido ondulación alguna. Deseaba con todas sus variables tener un mínimo común denominador con alguna línea pero no quería resultados finitos en su vida. Hipotenusa creía en el valor absoluto y en el sistema binario
    Cierto día al cuadrado se vistió con un conjunto ordenado, se acicaló con decimales, se puso sus mejores números enteros y acudió a un evento de gran magnitud organizado por un tal Arquímedes en la sala “¡Eureka!”. Se sentó en un ángulo adyacente. Se le acercó Cateto B, una línea recta de la geometría euclidiana. Se intercanviaron puntos e incluso llegaron a modificar su dimensión. Fue una operación a primera vista. Se dio una verdadera progresión aritmética entre ellas. No tardaron en compartir área y en hacer cálculos sobre su futuro. Su grado de adaptación llegó a formar un ángulo de 30º. Resultó una relación continua hasta que, en un planteamiento del señor Pitágoras, en un polígono de las afueras, Cateto B conoció a otra línea de nombre Cateto C y de proporción áurea. Cupido, que estaba también por allí, había lanzado con su arco un vector a ambas.
    Cateto B quería a Hipotenusa, la sumaba, pero con Cateto C sintió elevarse al cubo hasta lograr un ángulo de 90º. Era verdadera multiplicación sexogesimal lo que sentía por ella. Aunque Cateto B había sido educado en el binomio perfecto, creia en la división y no pensaba renunciar a Hipotenusa. ¿Por qué quedarse solo con la base pudiendo tener también la altura? Pero en el mundo de las ciencias exactas las medias verdades no son possibles. Y llegó la coordenada en la que Cateto B tuvo que despejar la incógnita y confesar a Hipotenusa que estaba teniendo una interacción con otra línea. Hipotenusa, sintió que una secante le atravesaba su coseno. Vio afectado el algoritmo de su corazón en toda su longitud. Pasó por un ángulo de depresión y estuvo a punto de convertirse en una línea curva. Pero amaba a Cateto B con todo su segmento y aceptó reasignada el teorema. No hubiera podido vivir en paralelo con Cateto B. Hipotenusa limó las aristas y así fue como las tres líneas acabaron formando un triángulo rectángulo escaleno y amoroso.

    Un cuadro de Hopper

    Un cuadro de Hopper

    He amanecido con la sábana de franela alrededor del cuello, como bufanda. Yo tampoco sé cómo. Mi abuela llama preocupada porque ha soñado que me iba de casa y le cuento que, aunque hubiera querido, la bufanda no me hubiese dejado.
    Abandono el pijama de dormir para colocarme el de una mañana lluviosa de marzo, pero no me pongo la nariz ni los ojos; me acomodo en la butaca de cuero. Apoyo los pies en el marco de la ventana y recuerdo cuántas veces coloqué esos mismos pies descalzos en el salpicadero de la furgoneta del tío Newton.
    Meto mi mano derecha en un bolsillo y pienso en un árbol sin raíces, en los individuos, en que todos somos individuos, sin raíces, con las mismas bufandas, los mismos bolsillos, las mismas moléculas inquietas y pienso en el movimiento infinito, en lo imparable, en la energía interna, en la temperatura de un líquido y abrazo la taza de café, me estoy quemando, pero no la suelto y pienso en el grito del bebé, en la palomita que explota, en la que no, en el limbo, en la mecánica cuántica moderna, en cómo sería el mundo si únicamente nos fijásemos en los estados iniciales y finales de las cosas. No doy ningún sorbo, cambio la posición de los pies descalzos y pienso en la tos seca, en la tos crónica, en la tos no productiva, en la tos psicógena, en la vocal “o”, en el croissant del desayuno, en el primer mordisco que me dejó ver los fractales de esa tierna masa de hojaldre y pienso en Mandelbrot, en la costa rocosa de la infancia, en los acantilados que duermen en las retinas de un "Fulmarus glacialis". Oigo que algo cae no muy lejos de mí y pienso en el epicentro del huerto que regamos los días impares, en los robos in extremis, en Robin Hood, en el fan que secuestró a Walt Disney, en las películas fuera de una pantalla. Me levanto, giro el espejo, pienso en el no rostro y en la arruga del cerebro.
    Me pongo los ojos. Han pasado nueve horas y ninguna boca abierta.
    – ¿No parece un cuadro de Hopper?
    – ¿El qué?
    – La luz tropezando, el reloj a punto de frenarse, el horizonte que respira al otro lado de la ventana, el café frío, los labios agrietados, el silencio, las ondas, las ondas, las ondas, ondas, ondas.
    No contestó. Sabía que aquel jueves parecía un cuadro de Hopper.

    Un día (en la planta) de trabajo

    Un día (en la planta) de trabajo

    Un día (en la planta) de trabajo
    ¡Abrid las compuertas para que entren los gases y salga el vapor de agua! Tenemos que darnos prisa, el sol está a punto de salir, y entonces tendremos que cerrarlas o perderemos mucha agua.
    Hoy va a ser un día duro de trabajo. La predicción del tiempo dice que alcanzaremos treinta grados a las doce de la mañana. A esa hora las máquinas deberían estar funcionando a tope. La época de primavera es la de mayor trabajo aquí. Hemos cambiado recientemente el equipamiento y no hay excusa para no tener optimizado el proceso. Las antenas están nuevas, la energía del sol entra en su plenitud y las canalizaciones de agua se han comprobado en toda la red. El equipo burbuja está preparado. Dejadme comprobar la sala de cadena de producción de energía…
    ¡Aquí debemos extremar las precauciones! Siempre hay mucha electricidad así que es, sin duda alguna, la parte más peligrosa, y, sin embargo, es donde sucede la magia. Romper agua, obtener energía, combinar carbono, romper agua, obtener energía, combinar carbono…, este ciclo se repite una y otra vez durante las horas de sol. Es muy importante comprobar que las ventanas, estén abiertas para que salga el oxígeno, de lo contrario volaremos todos por los aires. Repetimos estos pasos una y otra vez como una letanía hasta obtener la energía más cotizada, la más bella y pura que se pueda conseguir, el azúcar.
    La actividad se dirige ahora al almacén de carga y transporte. Hay que enviar el azúcar con prontitud a los otros departamentos y, en esta tarea, nuestra empresa de transporte es la más eficiente. Transportes Floema S.A. se encarga de la clasificación y la distribución del producto. Tenemos varias modalidades de transporte dependiendo de las necesidades del cliente. Los azucares grandes tienen que esperar se transportan por la modalidad “Actívame” y su coste es dependiente de la distancia recorrida. Los azucares pequeños van directos al transporte a través de los tubos gracias al paquete “Difusión”. No olvide leer la letra pequeña: la disponibilidad de este servicio está sujeta a paquetes de tamaño pequeño y cantidades limitadas del producto. El tiempo de recepción de los paquetes depende del itinerario pactado y la distancia recorrida.
    Las zonas de recepción son las más estresantes. La modernización continua de las estructuras requiere del aporte constante del azúcar, ladrillos que sirven para la construcción. Los daños derivados de la propia actividad pueden producir también obras de reparación que parecen no acabar nunca.
    Nuestra empresa es 100% autosostenible. Tenemos la certificación “eco” obtenida bajo los más estrictos estándares internacionales y nuestra empresa es la referencia mundial en producción y eficiencia. Me voy a dormir con el orgullo de pertenecer a la gran corporación llamada “FITOAZUCARES S.A”.

    Un planeta puro.

    Un planeta puro.

    Año 2050, el miedo se apodera de casi todo el planeta, excepto de un grupo de personas que han sabido pensar y ver nuestra evolución desde otra perspectiva.
    ¿Qué ha podido suceder? Quizás, ¿la tercera Guerra Mundial? o peor, ¿habrá llegado el fin de los teléfonos móviles? Pues no, ojalá, pero no. Lo que ha sucedido es algo cuyas consecuencias son graves, algo de lo que la gente se reía hace menos de veinte años, sobre lo que se bromeaba como si fuese algo imposible… pero estábamos equivocados.
    Sólo ese pequeño grupo de personas preparadas para todo lo vieron venir, y entre esas personas se encontraba Miguel, un joven muchacho cuya inteligencia era incuestionable ya que fue él desde muy pequeño quien supo conducir a sus padres hacia lo que se avecinaba. Miguel veía el mundo tal y como era, y sabía perfectamente que el noventa por ciento de los objetos que utilizaban a diario ilustraban el problema. Durante los últimos cien años, nos habíamos acostumbrado a vivir con ése preciado objeto de deseo hasta el punto de habernos vuelto dependientes de él. Nuestros vehículos se mueven gracias a él, también la agricultura con sus fertilizantes y procesos mecánicos, la industria, la calefacción de nuestra casa, los productos que utilizamos en nuestra vida cotidiana e incluso nuestras ropas tienen sus derivados. El miedo que había poseído a millones de personas era el fin del petróleo. ¿Qué iban a hacer ahora sin sus medicinas, sin sus pendras de ropa de fibras sintéticas derivadas, sin sus pinturas y disolventes, lociones, cosméticos y todo lo que contenía petróleo? Se iban a volver locos pensaban, ¿cómo vamos a ir al trabajo o a comprar el pan?
    Miguel y sus colegas tenían verdaderos motivos para reírse de esta situación, ver como familiares, amigos y otras personas conocidas se volvían locos por la desaparición del petróleo, de verdad que para ellos era como un chiste. Este grupo de personas era envidiable para el ojo humano de aquellos tarados, todos les preguntan por qué estaban tan tranquilos si no iban a tener de nada y tampoco iban a poder hacer nada con sus vidas. Para Miguel y sus amigos el fin del petróleo no era ningún inconveniente. Miguel improvisó un discurso con el que pudo concienciar a todos de que el mundo sin petróleo no era un apocalipsis, el joven explico que algunas energías como la eólica y la solar podían cubrir parte de nuestras necesidades, no todas, pero algunas sí. El muchacho prosiguió echándoles en cara que si hubiesen escuchado lo que hace tiempo venían avisándoles ahora no estarían pasando este mal trago.
    - Si hubieseis comenzado a adaptaros a prescindir del petróleo hace tiempo ahora no estaríais con el agua al cuello.
    La gente al oír esto no supo hacer otra cosa que agachar la cabeza como quien no quiere la cosa.
    Algunos de los compañeros de Miguel explicaron que vivir sin petróleo no significa volver a la Edad Media, el drama no está en una vida sin petróleo, está en que hayáis comenzado la transición de adaptaros demasiado tarde. Tenéis que consumir productos ecológicos y cercanos que hayan sido manufacturados por nuestras empresas, no hace falta que compréis comida por Internet si tenéis aquí mismo. Tampoco deberíais depender de vuestro coche para todo, podéis ir caminando a no ser que tengáis que salir del pueblo. El joven Miguel dijo:
    - Mis padres hace unos meses compraron un coche eléctrico y la verdad es mucho más eficaz que los que gastaban gasolina. No tenéis ni excusa ni remedio.
    Habiendo dicho todo esto, las gentes continuaban agachando la cabeza, estaban avergonzados. De repente, una voz dulce se escuchó de fondo, era una niña pequeña que le decía a sus padres que tenían que comprar otro coche, un coche de esos de esos que son buenos dijo la pequeña. Al oír esto, aquel grupo de personas tan preparadas para todo vio un rayo de esperanza en la humanidad, Miguel se sentía bastante satisfecho ya que por fin el mundo levantó la cabeza y abrió los ojos a un futuro sin petróleo.
    El miedo seguía algo presente, les costaba mucho adaptarse a aquella vida, pero había esperanza. Quizás algún día el planeta volvería a ser puro.

    Un sueño de primavera

    Un sueño de primavera

    Iniciaba la mañana, el sol se asomaba por las cortinas y empezaba a iluminar la habitación en penumbra. Corría ya el décimo primer día del quinto mes del año 2118 y el mundo seguía su curso, el gran desarrollo del hombre le había abierto la puerta a tecnologías que hace cien años parecían imposibles, el futuro se había hecho ahora y lo que otrora era ciencia ficción ahora era la ciencia del momento. El hombre había logrado llegar al planeta Marte y había establecido una colonia permanente en la Luna, contaba ya con varias estaciones espaciales en órbita de la tierra, había también computadoras cuánticas y robots con cierto grado de autonomía. Ya la inteligencia artificial era cada vez más una realidad.
    Pero hoy era un día diferente, puesto que se comenzaría a realizar la primera comunicación de computadoras cuánticas probando el principio del entrelazamiento cuántico. De funcionar hoy, las colonias humanas en la Luna y Marte podrían comunicarse con la Tierra y enviar datos de forma más rápida. El mundo estaría más conectado y ahora la nueva frontera sería la conexión del sistema solar.
    Aun así, para David, quien empezaba a despertarse este día no era tan maravilloso como prometía, puesto que él sabía de primera mano la verdad de tantos avances por colonizar otros mundos. Ya la vida en la Tierra estaba en un punto muy crítico, el siglo pasado había traído la destrucción de muchas zonas verdes para hacerlas habitables y el agua era cada vez más limitada y más contaminada; la comunidad internacional había decidido ignorar los avisos del cambio climático que la comunidad científica había realizado décadas antes.
    En la mente de David estaba las palabras del famoso Dr. Vargas, “Conseguir al menos una buena respuesta a al menos una buena pregunta”, pero en su mente habían más preguntas que respuestas. Se preguntaba ¿Cómo llegamos a este punto? ¿Se podía haber evitado todo esto años antes? ¿Las propuestas del Dr. Vargas hubieran ayudado a cambiar la historia? ¿En este mundo tan conectado había espacio para una verdadera interacción humana? Y mientras tomaba su desayuno su mente seguía pensando todo esto.
    De la mano de sus recuerdos y apuntes de sus años de estudio, sus recuerdos avivaron su interés por buscar soluciones y no problemas, recordaba las tardes de los viernes cuando podía hablar con los doctores Vargas, Madriz y Benjamín, quienes décadas antes habían planteado varías soluciones a los problemas presentes en base a una ciencia que en ese entonces pensaban sería una solución, pero que por varias razones de fondo (políticas y económicas) no pudieron dar su fruto; ideas como electrodegradación de contaminantes, celdas solares y nuevas baterías, habían sido ignoradas por en su momento resultar costosas. No obstante, otras ideas en el campo de la química cuántica y de la nanotecnología, les habían supuesto a David y a su esposa la Dra. Rosales décadas atrás un buen puesto de trabajo en la compañía que hoy probaría la comunicación cuántica con la base en la Luna.
    Terminado el desayuno, David se acercó a la biblioteca. Antes de salir, solía leer una página de uno de los libros de Richard Feynman que fueron un regalo de su primer aniversario de casado, lo inspiraba, y más cuando tenía un largo día por delante. Aun así está mañana le parecía muy particular, sería la nostalgia de los días de su infancia o los de los años de estudio, mientras intentaba recordar por qué se sentía así tomó el libro "¿Está usted de broma, Sr. Feynman?" y leyó “¿Quién está detrás de la puerta?”, y mientras leía sentía como se desvanecía su conciencia, se veía rodeado por la luz casi cegadora. ¿Qué pasaba, acaso eran los años ya o era un problema de salud? Aun así, luchaba por estar consciente. De pronto, en un abrir y cerrar de ojos, vio como pasaron todos los momentos de su vida, el pasado, presente y futuro, todos los sucesos de la humanidad, todo estaba pasando en un instante.
    Era como estar mirando una gran pantalla dividida en varios cuadros, pudiendo pasar y enfocarse en un momento u otro, no comprendía lo que pasaba y el rugido de un trueno irrumpió en su mente, haciéndole pasar por ella ecuaciones matemáticas, formulas químicas, esquemas de energía, no comprendía lo que pasaba, lo empezaba a ver todo con más claridad y de pronto se vio, en medio de su habitación. Corría el año 2018 y al mirar hacia la puerta vio una sombra que se disipaba en el tiempo y de ella oyó una voz que decía –¿Qué importa lo que piensen los demás? Es la hora de cambiar y reinventar la realidad, de cada uno depende que el futuro pueda cambiar, no todo está escrito-. Y pensó ¿estaré en un sueño?

    Un universo cristalino

    Un universo cristalino

    El equipo zumbaba con sus emisiones cuánticas.
    –¿Bueno, entonces le doy a lanzar secuencia y ya está?
    –Sí, tú le das y controlas los parámetros, que no se desvíen.
    –Muy bien.
    –No olvides seleccionar la secuencia antes de lanzarla y guardar la lista y el método con la fecha. ¡Y sobre todo no lo machaques sobre una fecha anterior!
    –Eso ya me lo has repetido antes. Dos veces. ¡Que no te preocupes! ¡Que ya lo tengo claro!
    –Hemos perdido muchos datos así, mi insistencia está bien justificada, jum. Y ahora vamos a tomar un café, que estoy que me muero.
    –¿Los niños? ¿Los videojuegos? ¿La serie? ¿La novia?
    –¡Los cálculos! Me he pasado el fin de semana calculadora en mano. ¡La nueva teoría es un verdadero rompecabezas!
    –La cuànticogeomètrica, geomoteseràctica, rocambolescomecánica…
    –Que evidentemente es la verdadera…
    –Pero tú eres un técnico, estás a cargo de este equipo y como mucho te limitas a hacer un análisis superficial de los resultados para saber si hay que repetirlos o no, nada más. ¿Por qué tantos cálculos?
    –¡Porque… cosas mías, cotilla! Ya te lo contaré cuando venga a cuento. Solo diré que este equipo da resultados verdaderamente complejos.
    –Entonces, ¿tu entiendes este cacharro?
    –¡Claro! ¡Lanza energía a las regiones simétricas del universo y recibe en forma de eco la confirmación de que éstas existen!
    –Ajá, y a ver si vuelven con Leia, Ripley o Barbarella montadas en una nave de taquiones… a ser posible esta última…
    –¡Bruto blasfemo! ¡Qué te estoy hablando en serio! ¿Pero de verdad que no sabes nada de esta máquina? No conoces nada de la teoría cuántico…
    –…escarolintrópica gmnésia…
    –¡Esa!
    –Pues no.
    –A ver. Sabes que antes del Big Bang todo el universo se contenía en una pequeña partícula, ¿verdad? Es fácil imaginar que, estando todo acumulado en ella, ésta tenía una forma esférica para optimizar su equilibrio, estabilidad y orden.
    –No lo sabía, pero lo acepto, tiene sentido.
    –Esa partícula debía ser homogénea para que todo lo que hubiera en su interior estuviera distribuido y correctamente compactado.
    –Bueno.
    –Entonces, cuando un cambio interno generó el Big Bang, todo se expandió hacia todos lados, quedando la materia y la energía distribuidos por igual, pues provenían de un inicio homogéneo. Con el tiempo se formaron los elementos, los cuerpos celestes, etcétera, y quedaron repartidos siguiendo una distribución regular y periódica. El universo tiene simetrías.
    –¿En serio? ¡Pero eso es una chorrada! El cielo no presenta una forma simétrica o periódica. ¡Es un caos con estrellas, galaxias y cuásares de esos desparramados de cualquier manera!
    –¡Nada más alejado de la verdad! Hay un orden, y no lo vemos porque estamos integrados en él, en vez de verlo desde fuera. Nuestro universo es una especie de megágono increíblemente complejo.
    –Pero si tú miras al cielo…
    –…ves lo que tienes más cerca de ti, pero nada te indica que al otro lado del universo haya una copia de nosotros en un planeta rodeado de estrellas y galaxias con nuestra misma distribución. ¡O que lo haya periódicamente por todo el universo! Hay muchos cuerpos celestes y muchos años luz de por medio para que podamos apreciarlo.
    –Sigo sin creérmelo. ¡Si tú estás dentro de una esfera, de un cubo o de otra figura geométrica, puedes distinguirlo! Esta habitación es un paralelepípedo muy evidente.
    –Pero piensa que la situación es mucho más compleja, no estamos dentro de un sólido platónico. El universo no es un icosaedro gigante, es mucho más. ¡Tiene ángulos internos y externos, no está vacío! Es la figura geométrica definitiva, la más compleja nunca habida o imaginada por el hombre. Y, además, empezamos a intuir dicha geometría con nuestros telescopios.
    –¿De verdad? ¿Así que todo esto se está demostrando? ¿Es real?
    –Eso dicen los astrónomos, yo lo pienso y espero que así sea. Para ello trabajo, estudio y colaboro….
    –¿Y entonces este equipo?
    –El equipo de proyección energética es un modelo compacto y perfeccionado de un generador de “agujeros de gusano”. Enviamos energía hasta un punto equivalente en la simetría de este universo cristalino y recibimos su eco, de modo que demostramos que existe.
    –¿Y las secuencias que lanzamos?
    –Proyectamos a varias coordenadas y vamos desvelando, lentamente, la estructura del universo, ¡es muy grande! Te voy a confesar algo, he ido guardando los datos de los investigadores obtenidos con este equipo y he estado uniendo los valores. Todos estos cálculos nocturnos… los investigadores no comparten los resultados entre ellos, pero yo los tengo todos, ¡y acabo de terminar un modelo más completo que el que ningún investigador ha desarrollado nunca! ¡Estoy reconstruyendo el universo!
    Y en ese momento, el equipo emitió un ruidoso timbre y terminó el proceso que estaba en marcha.
    –Bueno, pues te dejo a cargo, no la pifies, ¿eh? Espera que cierre mi sesión y… dios mío, ¡es real!

    Un visitante indeseado

    Un visitante indeseado

    Rachel estaba paseando por su bosque favorito y echando fotos a los pocos insectos que encontraba por el camino, cuando de pronto oyó un ruido muy cerca de la oreja que le puso los pelos de punta. Un mosquito había venido a fastidiarle su momento de tranquilidad. Vio cómo se le posaba en el brazo y no dudó ni un momento, le dio un manotazo que lo dejó tieso. Pensó que el asunto ya se había solucionado, pero volvió a oír a otro, esta vez no podía verlo por mucho que sabía que lo tenía cerca. Se pasó las manos por la cara por si lo notaba allí, pero nada, no aparecía y ese ruido infernal seguía oyéndose. Al final, le pudo el miedo que sentía hacia ellos desde que era pequeña y, llegó un punto en que los niveles de adrenalina y cortisol en su cuerpo fueron lo suficientemente altos como para despertarla. Abrió los ojos y, con el corazón acelerado y sudando, se intentó relajar, pero entonces volvió a oírlo y supo que el causante de su pesadilla estaba en su habitación. En el mundo real no se le escaparía, hasta que no acabase con él no sería capaz de volver a dormirse.

    En la adultez era capaz de enfrentarse a ellos, pero la presencia de esos chupasangres la seguía inquietando lo suficiente como para no poder ignorarlos. No solo por el miedo que sentía hacia ellos, sino que también por lo que sabía sobre estos insectos. En este caso, descubrir más sobre ellos en los cuatro años de grado de biología que había estudiado no la ayudaba para nada a tranquilizarse. Sabía que, aunque en su país no era frecuente que los mosquitos transmitieran enfermedades, muy de vez en cuando sí que ocurría, transmitiendo enfermedades como el dengue, la malaria o el zika. Así que, si aún no le había picado, quería evitar que lo hiciese.

    Rachel encendió la luz del dormitorio y vio al mosquito alejándose hasta posarse en la pared de enfrente de la cama. Entonces, cogió uno de los cojines que tenía y se lo lanzó, pero el insecto fue rápido y salió huyendo antes de que el cojín lo pudiera alcanzar. Así que, Rachel cambió la estrategia y se quedó quieta en la cama. Sabía que si el animal tenía hambre iría a picarla y se le intentaría posar en alguna parte del cuerpo. Sería en ese momento cuando ella aprovecharía para acabar con él del todo. Y pasados dos o tres minutos así fue.

    Por fin podía volver a dormirse, pero no sin recordar que parte de la culpa de que ese insecto estuviera allí era suya. Durante el invierno había dejado olvidado en la terraza uno de los cubos con los que regaba las plantas y se había llenado de agua con la lluvia. Había generado el ambiente perfecto para que las hembras de mosquito, las que pican, pusiesen allí sus huevos alimentados por sangre ajena.

    Así que, a la mañana siguiente fue a comprobar el cubo y, efectivamente, en el agua había un montón de larvas de mosquito nadando y algún adulto a punto de echar el vuelo. Aunque siempre había sentido simpatía por las larvas de mosquito -le recordaban a los renacuajos- sabía que si las dejaba crecer acabarían siendo igual de inaguantables que el visitante de la noche anterior. Por ello, se armó de valor por si alguno de los adultos recién salidos de la metamorfosis iba a por ella, y volcó el agua sobre las plantas de la jardinera, aprovechando el agua y las larvas que servirían de alimento para otros organismos menos problemáticos. Ahora sí que se había acabado todo, pensó. Aunque tendría que llevar más cuidado la próxima vez. No quería tener que volver a matar más larvas, o peor, ver como los inconscientes de sus padres echaban insecticida por toda la casa y contaminaban más el ambiente, matando no solo a los mosquitos. Suficiente silencioso estaba ya el bosque.

    Una célula pequeña y frágil

    Una célula pequeña y frágil

    El planeta aún era muy joven. Su superficie era azotada por tormentas y erupciones volcánicas, la atmosfera era toxica, las tierras emergidas áridas y estériles. Pero también había mucha agua, tanta para formar un único, inmenso océano. Y en el océano, a muchos kilómetros de profundidad, había vida.

    La célula era minúscula pero bastante compleja. Y muy resistente, a pesar de su apariencia frágil: vivía justo al lado de una fuente hidrotermal submarina de la que salía agua a temperaturas de más de 400 grados. El microscópico organismo nunca había conocido la luz del sol. Su fuente de energía, su alimento, eran los compuestos químicos procedentes de las profundidades de la tierra que la fuente hidrotermal expulsaba sin parar.

    La célula no estaba sola, y en apariencia era igual a todas las otras que cubrían el fondo marino. Sin embargo, aquella célula individual iba a cambiar la historia del planeta entero. Si hubiera sido consciente de su destino, probablemente habría sido sobrepasada por la emoción. De hecho, el destino de todos sus semejantes y de sus descendientes era desaparecer, vencidos por aquel ambiente hostil. Sólo ella, por un caso afortunado, habría conseguido dejar una descendencia capaz de sobrevivir. Y aquella descendencia iba a crear innumerables formas maravillosas.

    La célula ya había absorbido bastante alimento para multiplicarse. El último y más importante acto de su breve vida, y también el más importante para la historia de la vida de aquel planeta. Empezó a dividirse en dos. El ADN se replicó. Finalmente, de una nacieron dos células idénticas. Cada una se dividió otra vez, y el proceso se repitió billones y billones de veces.

    Por cientos de millones de años los descendientes de la célula no cambiaron mucho. Después, cuando el ambiente se volvió más favorable, empezaron a evolucionar y a experimentar. Algunos de ellos aprendieron a alimentarse utilizando la energía solar, otros empezaron a comer sus semejantes. Aparecieron organismos compuestos por muchas células y de las formas más diversas: tubos, sacos, esferas, espirales. Al principio nadie podía ver estas nuevas formas, pero después apareció el ojo y de repente algunos de estos seres descubrieron todo un mundo de luces, sombras y colores. Aparecieron estructuras siempre más complejas: conchas, dientes, hojas, semillas, cuernos, plumas, flores, pelos. El planeta se cubrió de selvas inmensas en las que resonaban miles de voces. Y por fin, algunos organismos empezaron a pensar y a interrogarse sobre sus orígenes. Uno de ellos, un científico conocido como Charles Darwin, intuyó que él y todos los seres vivos que lo rodeaban eran parte de un inmenso árbol genealógico, cuyas raíces se hundían atrás en el tiempo hasta aquella fuente hidrotermal perdida en las profundidades donde todo había comenzado.

    Más de un siglo después de Darwin otros científicos, unos biólogos moleculares, analizaron el código genético en busca de secuencias que fuesen comunes a todos los seres vivos. Gen tras gen, rama tras rama, empezaron a reconstruir el árbol genealógico de la vida y asumieron la existencia de un único antepasado. Bautizaron este organismo con la sigla LUCA (Last Universal Common Ancestor), el Ultimo Antepasado Común.

    Así que ahora nuestra minúscula célula tiene un nombre, aunque lo adquirió billones de años después de haber existido. Y nosotros, gracias a la ciencia, sabemos que de alguna manera estamos todos conectados porque todos venimos de aquel ADN primordial. Todos, al principio, éramos uno.

    Una Colaboración Discreta

    Una Colaboración Discreta

    UNA COLABORACIÓN DISCRETA

    El hombre se irguió en su asiento. Echó un vistazo a su alrededor. Miró el tocho gordo de notas llenas de ecuaciones que tenía en la mano, la cama grande sobre la cual yacían esparcidos más folios, la pequeña lámpara de mesilla que estaba encendida a pesar de que era de día. Una luz primaveral entraba por las persianas medio abiertas de la única ventana, dejando entrever las sombras del castaño floreciente.

    ¿Cuántas veces, a lo largo de los años, había leído y releído aquellas notas? ¿Cuántas horas de su vida había gastado en aquella misma habitación pensando sobre ellas?
    No se arrepentía de ello. Cada vez que empezaba de nuevo, sentía que su comprensión del contenido aumentaba, que las piezas del rompecabezas encajaban mejor. No en vano se consideraba al viejo profesor (que había redactado aquellos apuntes hacía más de 60 años) el que mejor había logrado explicar el tema hasta la fecha.

    Y sin embargo él, Gerardo, no lo acababa de entender. Aunque cada día veía más claramente el conjunto, estaba igual de lejos que al principio de captar su significado. Tampoco era ningún consuelo que nadie más hubiera conseguido hacerlo; ni siquiera el gran profesor, que había muerto hacía décadas sin hallar la clave. Gerardo intuía que había que dar un salto cuantitativo, pero él hasta entonces no había podido hacerlo. Algo le paralizaba cada vez que pensaba en ello. Quizás fuera el miedo a la aparente absurdidad de lo que iba a descubrir. No sabía. Sentía que afectaba a algo muy raro sobre la naturaleza del tiempo pero no era capaz de concretar.

    Con una renovada determinación, retomó su lectura. Se concentró plenamente. Eliminó de su mente cualquier ápice de pensamiento que no estuviera relacionado con el asunto. Su mente quedó limpia y transparente. Sólo permanecían en ella los símbolos matemáticos de las páginas.
    No funcionó. Aquellos símbolos no le decían nada nuevo.

    Con un reflejo súbito, levantó la cabeza. Le parecía haber oído un ruido. Su mirada se paseó por la habitación sin notar ningún cambio. La cama, los papeles, la pequeña lámpara…todo estaba en su sitio. Fuera, se oía cantar a dos pájaros.

    Un repentino cansancio se apoderó de él. Por primera vez en mucho tiempo, meses o quizás años, Gerardo se dejó llevar por la dulce sensación de rendición. ¿Qué importaba, en el fondo, si un ser insignificante en un pequeño planeta perdido en el espacio entendía o no los mecanismos del universo?

    Se estremeció. Cerca de la puerta de entrada había aparecido la imagen del viejo profesor trabajando en su despacho. Estaba inclinado sobre su mesa, escribiendo febrilmente. A su lado, sobre la mesa había una Remington modelo AM; al otro lado una lámpara verde, de las que se usan en las bibliotecas públicas. En las paredes colgaban fotos de países exóticos.

    El profesor dejó de escribir. Miró directamente a Gerardo. Lucía una sonrisa de satisfacción profunda, como quien acababa de descubrir algo importante. Gerardo creyó vislumbrar en su rostro una expresión de gratitud hacia él.

    Qué ideas tan tontas se estaba haciendo!

    La visión desapareció.

    Los apuntes seguían en la mano de Gerardo. Al mirarlos, se sorprendió. Algunas de las ecuaciones principales parecían haber cambiado. No tenía sentido. Él se sabía todas aquellas ecuaciones de memoria. Debía ser que las estaba viendo ahora desde una perspectiva distinta.

    O bien…

    Al día siguiente los periódicos anunciaban el hallazgo de unos apuntes inéditos del Profesor Feynman. Resultaba que el gran físico había avanzado más de lo que se pensaba hacia la aclaración del misterio principal de la física cuántica.

    Gerardo no necesitaba ver aquellos apuntes. Tardó sólo una semana en escribir el artículo famoso que por fin resolvía aquel misterio y abría el camino a una comprensión mucho más profunda de todo lo que existe.

    Daniel Puquet
    15 Mayo 2018

    Una cuestión de espín

    Una cuestión de espín

    En el mundillo subatómico es sabido que los electrones muestran una fuerte inclinación a la uniformidad. Viven y mueren sintiéndose todos iguales. No pueden ni quieren distinguirse entre ellos. No poseen lujosos números cuánticos como otras partículas elementales sino una pequeña masa, una negativa carga, medio espín y ninguna dimensión (es que se ven puntuales en el espejo). Siempre trabajan juntos como en infinitas bandadas, ya sea transportando corriente, produciendo altos voltajes, chispas y descargas, generando campos eléctricos y/o magnéticos con los que mueven masas, aspas o pesados ovillos de cables. Este universo sería muy distinto sin los electrones, y ellos lo saben. Aun así, los electrones no parecen estar satisfechos. Habita en ellos una tristeza densa de tango cósmico, que arrastran por el espacio-tiempo como su carga y su medio espín.
    Spin-Up no debería ser una excepción, aunque había algo en su (no)interior que le hacía sentirse diferente. Fueron los años que pasó en esas aulas especiales llamadas puntos cuánticos, que más bien se asemejan a cárceles con sus empinadas paredes de potencial electrostático, lisas e infranqueables, los que limaron pacientemente su personalidad leptónica. Ahí aprendió lo que es la soledad. Siempre estaba solo, esperando lo inesperable. En ocasiones, empero, la barrera de potencial cedía por un picosegundo y entraba otro electrón al punto cuántico. Uno o varios, daba igual, porque estos nuevos inquilinos eran unos bichos muy raros. Siempre se mantenían a una cierta distancia entre sí. Daba lo mismo si Spin-Up intentaba sorprenderlos abalanzándose sobre uno de ellos; todos reaccionaban inmediatamente y de manera coordinada para mantener las distancias. Parecía un juego pero de mal gusto. Tanto tiempo solo y ahora que tenía visitas, quería que se fueran cuanto antes. Afuera alguien parecía escucharle porque del mismo misterioso modo en que llegaban, se iban. Estos “happenings” mudos, sin embargo, le sirvieron mucho para entrenar el manejo de su medio espín. Al fin se dio cuenta que los otros electrones eran tan rápidos de reflejos porque usaban su espín para trasladarse e influenciar el movimiento de los otros espines. Cuando llegó al nivel de destreza necesario para imitar a los esporádicos huéspedes, fue cuando la barrera de potencial se abrió de par en par y Spin-Up fue dado de alta de la Academia Fermiónica para pasar directamente a la acción…
    Aceptó su primera misión con la expectación propia del novato. Ésta consistía en trasladarse por hilos cuánticos conductores hasta el corazón mismo del complejo industrial donde se fabricaba el material que estaba revolucionando la electrotecnia y el transporte de energía: el hidrógeno metálico superconductor. Había que descubrir las propiedades del nuevo material al nivel más fundamental y para ello no cabía otra posibilidad que la de infiltrase en el mismísimo depósito de H metálico, el cual se encontraba a una presión altísima. Su nerviosismo iba en aumento a medida que recorría el nanohilo. Lo mataba la incertidumbre; el no saber cuán difícil sería o cuánto tardaría en conseguir su pareja para formar lo que en la jerga superconductora se llama Par de Cooper. Entre miríadas de electrones debía escoger en pocos femtosegundos un compañero o compañera con medio espín opuesto al suyo. Pero la verdadera dificultad era que la pareja fuese capaz, de manera instintiva e inmediata, de coordinar su movimiento con el de Spin-Up de tal forma que ambos se moviesen por el H metálico como dos estrellas binarias por el espacio interestelar. Eso requeriría poner en práctica todo lo aprendido en el punto cuántico acerca del uso del espín para el intercambio de cuantos virtuales de sonido. En cierto modo es hacer como los murciélagos, o sea que hay que emitir unos cortos gemidos que son receptados por la pareja de espín contrario para ser casi simultáneamente reemitidos. Parece ser que esta acumulación de vibraciones sonoras deforma leve y pasajeramente el material superconductor (el hidrógeno metálico, en este caso) justo entre ambos miembros del par de Cooper, generando así una atracción efectiva entre ellos. Se discute acaloradamente si fue el Prof. Fröhlich o el Dr. Bardeen el primero en reportar tan peculiar manera de moverse por un medio material, la cual tiene la infinita ventaja de no costar NADA. No se produce ruido ni calor alguno, ni se dejan marcas o huellas y, sobre todo, este baile sincronizado no cansa en lo más mínimo. Dicen por ahí que cuando muchos de estos pares se asocian y viajan juntos, generan unas súper-corrientes capaces de transportar energía a coste cero, lo cual explica el sonado éxito del H metálico. A Spin-Up todo esto le parecía extremadamente divertido. Y aun así, son pocos los detalles que recuerda de su primera misión. Lo único que cuenta, una y otra vez, es que fue ahí cuando conoció a Spin-Down, su media naranja, o mejor dicho, su medio espín.

    Una era portentosa

    Una era portentosa

    Una era portentosa

    Viola seguía volteando entre las manos ese raro paralelepípedo compuesto por muchas hojas pegadas, con dos capas más gruesas y más coloradas al principio y al fin, sin conseguir asimilar algo tan curioso.
    “¿Pero por qué los pergaminos están pegados todos juntos de esta manera?”
    “Se llaman páginas, no pergaminos” contestó Tim con aire de superioridad.
    Tim era mayor que Viola, tenía 14 años y ya sabía cazar a caballo, con arco y flechas. Viola por su parte solo tenía 10, y siendo mujer sus tareas estaban limitadas a ir al río para coger agua o ayudar a su madre en casa.
    -“El flujo…invisible de los…”alerones”…”
    -“Electrones, tonta!”
    -“…corriendo por los microcircuitos de “cilicio”…”
    -“¡Silicio! ¿No sabes ni leer?”
    -“¿Pero que es esta porquería?”
    -“¿Porquería? Pero si habla de una era portentosa, en que seres de metal servían los hombres actuando como seres vivientes…robot, me parece que se llamaban…y bombas “nucleadas” explotaban en cada momento, matando a millones…BILLONES de personas, y los humanos habían cerrado tratos con alienígenas verdes y escamosos, con los cuales efectuaban comercios interestelares!”
    Viola dibujaba amplios círculos en el suelo polvoriento con su mocasín de piel, avergonzada. Su cómoda túnica blanca revoloteaba, movida por la brisa tibia, mientras un sol rojizo dibujaba sombras en su rostro de niña.
    ¡Tim sí que lo sabía todo de la vida! Era mayor, era un cazador, y ahora incluso poseía ese artilugio, ese libro.
    -“¿Pero de qué sirve, en fin, este…libro?”
    Tim la miró con aire compasivo.
    -“Es un objeto que contiene una historia, una especie de cuento. Nos cuenta las cosas que pasaban. Y las paginas no sirven para enumerar sacos de trigo o unidades de ganado, sino a relatar unos hechos”.
    -“¡Pero no es una historia como las que nos cuenta el abuelo!” protestó Viola.
    -“¡Pues claro que es diferente! Esta pertenece a un pasado remoto, en el que se llevaba una vida mucho más emocionante que hoy en día, como la que te he descrito.
    -¿Ves? Este es un libro de CIEN-CIA-FIC-CION. Significa que lo han escrito para hacernos saber cómo era la vida en esos tiempos.”
    Viola empezaba a aburrirse: miraba hacia las colinas que tenía en frente, donde surgía su casita.
    -“Y ¿cuándo fue escrito este…“libro”?” preguntó cansadamente.
    -“Mmh, deja que mire…2018”.
    -“¡Cosas de dinosaurios!” soltó Viola enseñando la lengua, y como levantada por el viento se puso a correr hacia casa, la tuniquita blanca que resaltaba en el medio de los tulipanes.
    Tim también se encaminó hacia casa: se estaba haciendo tarde, y si hubiera esperado más hubiera perdido su porción de polenta.

    VIAJERO EN EL TIEMPO

    VIAJERO EN EL TIEMPO

    Fue mi primer viaje a la Tierra. En Kepler-22b quedaban mis seres queridos. Desde entonces comprendo vuestra humana añoranza.
    Mis anteriores compatriotas me habían formado y preparado para mi estancia y trabajo en Azul o Tierra, como llamáis a vuestro planeta. Nuestra labor era de ayuda, quizás interesada, pero de pacífica ayuda a un maravilloso mundo con civilizaciones de escasa o nula tecnología.
    Los cuatro maestros que viajábamos fuimos destinados a tierras egipcias. Con el nombre de Mener el Extranjero, pasé a formar parte de la corte de Keops, el faraón reinante y cuya principal preocupación era la construcción de una gran tumba honorífica con forma piramidal.
    Una vez visto el proyecto de los arquitectos, además de evitar la risa, tuve que hacer un hondo esfuerzo de modestia y una fingida interpretación para no delatarme de mi extraña procedencia y mis conocimientos algunos miles de años más avanzado.
    Lo difícil sería ganarme la confianza y simpatía de aquellos adláteres del gran faraón.
    En cuestión de poco tiempo, mediante sugerencias, dibujos y concesiones, había conseguido convencer y maravillar a mis colegas terráqueos e incluso al mismísimo Keops que, al oír que su tumba se construiría en tiempo record y sería la edificación más alta e imponente sobre la faz de la Tierra, me nombró inspector de obras, asignándome un séquito de 200 personas entre supervisores, ayudantes y arquitectos. Además, me fue proporcionada una lujosa residencia junto al palacio del faraón.
    Mi obra también comenzaba allí, pues debería dar un impulso a los toscos conocimientos de ingeniería y arquitectura a ese nutrido grupo de sabios que, lejos de reconocer sus limitaciones, se consideraban la cúspide gremial en la sabiduría de la civilización.
    Para evitar dañar su orgullo y, sobre todo, tratando de no levantar sospechas de mi identidad, mis enseñanzas las realizaba a modo de anécdotas, curiosidades e incluso, juegos. Así enseñaba aritmética, geometría, geografía, astronomía, física…
    En pocos años, sabían aplicar en sus cálculos geométricos los números (o razones) π “Pi” y φ “Phi”, que no se volverían a usar en el planeta hasta algunos milenios después. Aprendieron a calcular las dimensiones de la Tierra, la distancia del Sol, la velocidad de la luz e incluso las dimensiones de otros astros y estrellas como Alfa Canis Majoris o Sirio, como ahora la denominan ustedes.
    —Pero desde aquel viaje en el tiempo a Egipto, usted ha realizado algunos más a nuestro planeta y en épocas distintas, ¿No es cierto? —le pregunté a aquel anciano que, sentado sobre la cama, con la mirada perdida, parecía hablar a nadie o pensar en voz alta.
    Tras un silencio, de quizás cinco minutos, el anciano prosiguió dando rienda suelta a sus desordenados recuerdos que yo, por enésima vez, escuchaba con verdadero deleite. Comenzó a narrarme de nuevo, la historia de su hermosa amistad con Leonardo da Vinci y sus acaloradas discusiones con Thomas A. Edison, a quienes, disimuladamente, quiso inculcar un espíritu ingenioso y sugerir nuevas técnicas y creaciones. A continuación, siguiendo su desorden en el tiempo, saltándose siglos, recorriendo distancias y espacios de años luz, continuó relatando con ingenua e infantil sonrisa, una divertida aventura en el archipiélago de las Bermudas donde siempre estuvo su base secreta de amerizaje, envuelta en misteriosos enigmas para los terráqueos.
    —Querido amigo, si está usted cansado, le sugiero que repose, duerma y mañana seguiremos charlando de su larga existencia y me deberá contar la causa de su decisión de quedarse en nuestro planeta hasta el final de sus días, —le dije mientras le acomodaba en su almohada por última vez, pues ya no hubo un mañana para aquel personaje de cientos de nombres en miles de años, con millones de kilómetros e interventor de un sinnúmero de instalaciones de piedras angulares del conocimiento en la historia de nuestro planeta.
    Era un día del año 1969 cuando, tras su muerte y por voluntad del propio anciano, abrí su legado consistente en unos documentos manuscritos con exaustiva y técnica información sobre lo que él denominaba la “Red de Redes”, incluyendo instrucciones para su adaptación y puesta en práctica de lo que él aseguraba, sería una nueva pauta y gran revolución para el desarrollo de la Humanidad.
    Hoy, sesenta años después, nuestro mundo utiliza y sabe qué es Internet. Lo que aún nos queda por conocer, son los eslabones perdidos en la larga cadena de nuestra civilización. Quizás muchos de esos eslabones tengan algo que ver con el Viejo Kleperiano.
    Continuará.


    DiegoMalacalza

    Volcado de memoria

    Volcado de memoria

    Era la última de la fila para la revisión.
    —Ana Cuarto Martínez —dijo, y se sentó en la silla al otro lado de la mesa de melamina gris de mi despacho.
    Otra alumna más. Busqué su examen en la pila.
    —Un cuatro y medio —murmuré.
    El problema estaba mal y, de las dos cuestiones, una estaba bien y la otra, incompleta. Discutimos el problema, pero mantuve el cero y no pudo rascar ningún punto extra. Pasamos a la cuestión incompleta.
    —¿Profesor, por qué me ha quitado medio punto?
    —Pedía la definición y ejemplos, y tú solo has dado uno —expliqué.
    —No tuve tiempo. Le pasó a más gente.
    —El tiempo era suficiente —respondí.
    —¡Pero si está bien!
    —Está incompleta. Tenías que haber descrito otro ejemplo.
    —¿Me va a suspender por eso?
    —Tienes un cuatro y medio.
    Enmudeció y vi aflorar sus lágrimas. Se levantó deprisa y alcancé a decir:
    —Cierra al salir.
    Me quedé solo. Volví a mis grafos.
    Sonó mi móvil. Era Paula, una antigua compañera del instituto, que me anunciaba una cena de compañeros para el sábado de la semana próxima. «Es el veinticinco aniversario», dijo. No me apetecía asistir y comencé con excusas. «Vendrán casi todos, parece que incluso Ana Martínez», dejó caer. Ana era la estrella de la promoción; tenía un puesto alto en un ministerio, algo relacionado con universidades. No podía perder esa oportunidad, así que flexibilicé mi postura y le dije que intentaría cambiar unos compromisos previos. Quedamos en que me volvería a llamar al final del día.
    Tras colgar oí unos golpecitos en la puerta. Era Germán, mi vecino de pasillo. Con las manos hundidas en los bolsillos del pantalón, entró en mi despacho. Aprovechando su presencia le pregunté:
    —¿Con precisión, sabes qué puesto ocupa Ana Martínez?
    —¿Ana Martínez? ¿La mujer de Cuarto, el antiguo rector?
    —Me suena que está casada con alguien del gremio.
    —Es la nueva directora de la Agencia Nacional de Investigación.
    —¿No estaba en universidades?
    —Sí, pero ascendió en la última reorganización. Ahora es quien controla la pasta. —Eso añadía atractivo a la cena del sábado. Y agregó—: Enrique, estoy nervioso.
    No me gustan las intromisiones que empiezan así. A pesar de ello, le respondí con una sonrisa franca:
    —¿Por qué?
    —Mañana me hacen el volcado de memoria. No me gusta que me anden en el coco. ¿Cómo fue el tuyo?
    —Me pusieron un casco con muchos electrodos, me durmieron y me desperté con dolor de cabeza. Y al día siguiente tenía una copia de mi cerebro en la nube —expliqué por compañerismo obligado; odio compartir mis experiencias personales.
    —Me lo han recomendado por previsión, en caso de accidente no pierdes tu información personal. Pero no la pueden decodificar ni poner a otros, ¿no?
    —Solo pueden restaurar tu memoria sobre tu persona.
    —Cuando lo hiciste, ¿te dieron instrucciones para la operación?
    Eso ya era demasiado. Decidí cortar.
    —No lo recuerdo. Ahora si me perdonas, estoy esperando una llamada importante.
    —Creo que solo usarán anestesia local. Hasta luego. —Salió y cerró la puerta.
    Respiré aliviado. Por fin se había acabado esa conversación molesta e improductiva. Pocos sabían que yo, tras el volcado, me había sometido a una operación de restauración de memoria. ¡Menos mal que Germán no estaba enterado! Me hubiera asado a preguntas. De nuevo sobre mis grafos, reconocí que no estaba completamente seguro del tipo de anestesia que emplearon.
    Esa tarde, cuando llegué a casa, me seguía preguntando por la anestesia. Fui al escritorio de roble, abrí el segundo cajón y saqué una carpeta con el membrete “CCM: Clínica cerebral y de memoria”. Encontré un volante azul con datos de la operación de restauración de memoria: diez horas con anestesia general. La fecha era de dos años atrás. Tenía grapado el informe del psiquiatra que dictaminaba: «Filtrar las creencias potenciando los aspectos lógicos y racionales; legalizado a petición del paciente». Recuerdo que al psiquiatra le planteé mis dificultades con los demás. Desde pequeño. Ahora me acuerdo de sus palabras en la última visita: «Total, no pierde nada. Si después se encuentra a disgusto, restauramos de nuevo sin filtrar y ya está.» Otro papel azul registraba la operación de volcado: hecha dos días antes en seis horas, con anestesia local.
    Ya estaba todo claro, y pasé a prepararme la cena. Justo antes de sentarme a la mesa, sonó mi móvil, era Paula. Le dije que iría, que había conseguido mover mis compromisos. Ella tenía buenas noticias: Ana Martínez le había confirmado su asistencia, vendría con su marido y su hija.
    —Es muy cercana, parece mentira que ocupe un alto cargo —dijo Paula. Y añadió—: Está harta de personas interesadas y le apetece mucho confraternizar con antiguos compañeros.
    —Naturalmente —respondí de buen humor, y colgué.

    Volverán los buenos tiempos

    Volverán los buenos tiempos

    Hacía tiempo que no veía a los viejos tan procupados. Los pescadores no hablamos a menudo. Los niños juegan como siempre entre los desperdicios ajenos al problema, pero todos sabemos que está ahí. Se respiran malos presagios en el ambiente.
    Nuestros antepasados llegaron a estas islas hace más de cien años. Eran colonos, aunque algunos dicen que eran los supervivientes de un naufragio. Sea como fuera, ellos se establecieron aquí e hicieron de este continente de basura su hogar. El mar siempre fue generoso con nosotros. Las aguas nos daban pescado, algas y plásticos. El cielo nos traía lluvias abundantes y sabrosas aves marinas. Construimos nuestras casas con cajas y cardúmenes flotantes; nuestras balsas de pesca con bidones y garrafas. Nuestros depósitos de agua dulce con sacos. El océano también nos proveía de latas con las que hacíamos nuestras herramientas. Siempre hemos sido gente trabajadora.
    Hemos sido gente sociable… sabíamos que había otros pueblos más allá del mar, en las islas de tierra firme. Con ellos hemos comerciado y nos hemos casado, no hemos sido unos salvajes.
    Pero hace unos años todo empezó a cambiar. El tiempo se volvió loco, dejaron de llegar montañas de hielo, el nivel del mar subió y engulló a las islas de piedra. Sus habitantes montaron en aquellos buques y nunca más los volvimos a ver. Muchos creímos que los dioses les habían castigado por algún motivo, lo cierto es que nuestros islotes siguieron a flote y continuamos con nuestra vida. Solos pero trabajando duro, como siempre. Aunque lo peor estaba por llegar.
    Y es que poco después el mar comenzó a traer cada vez menos plásticos. Poco a poco tuvimos que retirarnos al interior a medida que los polímeros más viejos se cuarteaban y se dispersaban. Nuestro querido hogar se ha ido haciendo más y más pequeño. Parece que el castigo de los dioses también nos ha tocado a nosotros. Hace un mes construimos una gran balsa con nuestros mejores bidones. Muchos hombres iniciaron un viaje para buscar las fuentes del plástico… para descubrir por qué las corrientes marinas han dejado de traer basura. Cada amanecer subo a la montaña de poliestireno y miro al horizonte deseando verlos volver con noticias, pero mis anhelos no son recompensados por lo que puedo contemplar… por esas aguas infinitas cada vez más limpias… cada vez más desiertas.
    Por las noches me tumbo cansado en la gomaespuma húmeda. Mi esposa me mira en silencio porque conoce mis preocupaciones. No solemos hablar del tema pero los dos lloramos a veces.
    No sé cuánto tiempo más podremos vivir aquí. No sé dónde podremos ir. No sé qué será de nuestros hijos. Pero cuando los miro a ellos, felices, inconscientes, retorna la esperanza y un rayo de optimismo me atraviesa porque sé que, a pesar de todas las dificultades, a pesar de todo nuestro sufrimiento, los buenos tiempos volverán. El océano volverá a traernos sus plásticos, su carga de bendita basura para que nuestro hogar siga en pié. Sé que volverán los buenos tiempos. Sé que sucederá.
    JOVEN

    LA BASURA CÓSMICA

    LA BASURA CÓSMICA

    Todo comenzó un cálido día de mayo, en un colegio de Texas, cuando unos niños de 1 de la ESO decidieron hacer el mejor pero también arriesgado viaje de sus vidas.
    Estaban en clase de biología y geología y estaban dando el tema del espacio y la profesora les habló sobre la basura cósmica que son los restos de satélites, aeronaves y etc. que han lanzado los humanos pero que a lo largo de los años se va desprendiendo por todo el Sistema Solar y que contamina mucho también les contó que cada año hay toneladas de basura flotando por el espacio.
    Un grupo de niños que eran amigos se quedaron muy impactados sobre este tema, estos se llamaban: Connor, Oliver, Emma y Grace. El padre de Connor era astronauta y trabajaba en la NASA por lo que cuando llegó a casa se lo contó a su padre, pero este no le hizo caso ya que había oído hablar este tema durante todos sus años trabajando como astronauta, así se indignó y se lo contó a sus amigos, que para su padre oír eso es una cosa normal.
    Connor y el resto de sus amigos no dejaron de pensar en eso así que un día Grace ya harta dijo que viajarían al espacio, los demás se empezaron a reír y a decir que era imposible, pero Connor lo pensó y dijo -si que es posible mi padre trabaja en la NASA podríamos hacer un plan y colarnos en un cohete, yo me encargaré de saber cuando es el próximo viaje. Los demás no se lo discutieron.
    Pasaron los días y ya sabían cuando sería el próximo viaje por lo que empezaron a idear planes.
    Llegó el 3 de junio el día en el que la NASA iba a lanzar un cohete con tripulación. Tras muchas dificultades consiguieron colarse en la nave, aunque todavía nadie de la tripulación estaba dentro.
    Emma estaba con su móvil mirando las ultimas noticias y les dijo que tenia muy malas noticias el cohete no despegaría hoy habían retrasado el viaje al día 15, pero ya era demasiado tarde Oliver había pulsado el botón de despegue Grace-Nos van a matar.
    Connor -tenemos que pararlo. Emma-No podemos vamos a estar volando por el espacio 5 días seguido porque lo han programado así. Grace-Bueno ya que estamos aquí vamos a hacer lo que teníamos pensado, recoger toda la basura que podamos con estas aspiradoras gigantes. Oliver-Voy a ver el recorrido que sigue la nave. -Vamos a llegar hasta la zona de alrededor de Marte.
    Pasaron los días y fueron recogiendo toda la basura que pudieron, aunque no tuvieron oportunidad de bajar de la nave ya que el trayecto que seguían era continuo.
    Llegó el día del aterrizaje iba el cohete cargado de basura cósmica y cuando aterrizaron todo el mundo les empezó a aplaudir en vez de echarles la bronca. Y el presidente de la NASA les dijo que ese cohete iba a servir para otra cosa pero que a todo el mundo les habían dado una lección y que en durante los siguientes meses recogerán toda la basura cósmica que sigue flotando por el espacio y el padre de Connor les dijo que no volvería a descuidar el tema de la basura cósmica. Y así todo el mundo se fue concienciando de que la basura cósmica es también un tema importante que no se puede descuidar.
    FIN

    El agua en mi aldea.

    El agua en mi aldea.

    Un buen día Matías recordó lo bien que lo pasaba de pequeño cuando en esas bonitas mañanas de primavera salía a pescar con su padre y su hermano. Así que, decidió salir a pescar el fin de semana. Investigó cuales eran las mejores horas y las mejores zonas para ir a pescar; descubrió que por la mañana temprano hacía frío y justo al norte de la aldea en la que vivía había un lago que tenía la fama de ser de los más fríos de la región, así que fue a pescar por que el agua fría tiene más oxigeno que el agua caliente y los peces prefieren el agua más oxigenada (fría) que el agua menos oxigenada (caliente).
    Cogió la barca de su abuelo y se puso a pescar, esperó, esperó,…. y de repente una trucha enana empezó a tirar del sedal, pero a Matías se le
    olvidó buscar e investigar, el como pescar. Cogió y remó hasta un riachuelo que conectaba el lago de la aldea hasta el río Pisuerga. Se cansó de pescar y regresó a casa, cogió el periódico semanal y coincidió que decía:

    -Hemos calculado que en la actualidad, más de 663 millones de personas viven sin suministro de agua potable cerca de sus viviendas.
    Él era una de esas personas.
    A Matías le dio por investigar de donde venía el agua que se usaba, y que
    pasaba después de haberla utilizado.
    Al día siguiente, fue al ayuntamiento que era el único sitio con conexión a Internet y miró visitas para saber que ocurría con el agua, encontró una página web que te informaba un poco por encima de que iba la visita.

    -Más del 80% de las aguas residuales vuelven a su lugar de origen sin ser tratadas.

    -Mil ochocientos millones de personas usan agua contaminada por material fecal, lo que contribuye a que esas personas contraigan enfermedades mortales.

    -El agua tratada de una forma segura es una fuente sostenible.

    Lo malo de la página web, es que no explicaba el proceso de la devolución del agua a su lugar de origen.
    Llegó el día de la visita y el guía empezó a explicar el proceso de la obtención del agua:
    1º La toma del agua: consiste en el punto de captación del agua, con una reja que impiden que pasen elementos de gran tamaño; como ramas, animales muertos, etc.
    2º El desarenador: sedimenta arenas que van suspendidas, para evitar dañar las bombas.
    3º Bombeo de baja presión: toman el agua directamente de un río, embalse,… enviando el agua cruda a la cámara de mezcla.
    4º Cámara de mezcla: donde se agrega a el agua, productos químicos. Los principales son: los coagulantes y alcalinizantes.
    5º Decantador: el agua llega velozmente a una pileta muy amplia donde se aquieta, permitiendo que se depositen las impurezas en el fondo.
    6º Filtro: el agua decantada llega hasta un filtro donde pasa a través de sucesivas capas de distinto grosor.
    7º Desinfección: asegura aún más la potabilidad del agua, se le agrega cloro que elimina el exceso de bacterias y lo que es muy importante: su desarrollo en el recorrido hasta las viviendas.
    8º Bombeo de alta presión: envía el agua al depósito de la ciudad.
    9º Tanque de reserva: desde donde su distribuye a toda la ciudad.
    10º Control final: antes del llegar al consumo, el agua es severamente controlada por químicos expertos que la analizan.

    Al acabar la visita, Matías se fue contento a casa por haber aprendido como llegaba el agua a la única fuente de su aldea.
    Al día siguiente, Matías dedicó el día entero en el ayuntamiento, buscó libros en la web y encontró dos libros sobre el tema del agua.
    Fue a una librería de la ciudad y quiso comprar los libros, pero eran demasiado caros; no los pudo comprar. Así que, desde su aldea siguió buscando y les consiguió en Amazon a la mitad de precio.
    Le gustaron tanto que se pasaba el día entero con ellos, como eran tan grandes se pasó dos años, hasta que les estudió enteros. Poco después sacó el oficio de guía en visitas para principiantes y toda su vida fue feliz porque vivió haciendo lo que más le gustaba.




    Lo que pasó el viernes

    Lo que pasó el viernes

    Dicen que toda buena historia comienza por el principio. Supongamos que la mía tiene un principio.
    De tenerlo, mi historia (al menos la parte interesante de esta) comienza con mi alarma el día viernes 20 de abril de 2009.
    Supongo que la alarma habrá marcado las 6:30, ya que debía estar en el colegio a las 7:45. Me vestí como pude, desayuné como pude y me subí al auto como pude. Mi mamá me llevaba todos los días, trabajaba lejos, pero lo hacía de igual manera, aunque yo insistiera que era capaz de manejarme con el transporte público.
    Por suerte, ese viernes salíamos de la monotonía del aula e íbamos de excursión a un museo de ciencia.
    Yo esperaba que no fuera igual de aburrido que el de Artes visuales porque para eso me quedaba en mi casa, como pedí hacerlo en aquella ocasión ya que, aunque ya había pasado el bulling, las artes visuales claramente no tenían nada para ofrecerme.
    Pero yo era, o soy, bueno no sé que soy ahora, un chico científico. Así que tenía una fe ciega en que la iba a pasar relativamente bien en el museo.
    Llegamos al cole y me bajé del auto, no sin antes darle un abrazo y un beso a mi mamá. Todos los estudiantes estaban ya en fila para subir a los colectivos, o eso me pareció, se escuchaba alboroto y también el motor de los colectivos.
    Luego de una hora de viaje llegamos al lugar, se decía que tenía una fachada gigante, el Museo del Tiempo se llamaba y apenas puse un pie en el suelo de la vereda, lo sentí.
    Era una sensación extrañamente reconfortante, me hacía sentir calmado y confiado de mí mismo como nunca antes lo habia sentido. Sentía que ya sabía lo que iba a pasar, ahora Leo se iba a bajar del colectivo e iba a gritar: Oye Mcfly- y luego con otra voz -Hey Doc, we got to go. Adivinen qué pasó a continuación, Leo hizo exactamente eso.
    Luego predecía que Sabri iba a decir -Madurá Leo, Volver al futuro quedó en el pasado- y vuelvan a adivinar, exacto, dijo eso literalmente, lo que pasó a continuación fue algo más difícil de explicar. Sentía que el proximo paso que daría sería una mala jugada, me había dejado mi bastón para ciegos en el auto y no tenía ni idea de qué me esperaba adelante, de igual manera parecía inevitable que diera el paso. Lo di, y lo que recuerdo es la sensación de mi cuerpo agarrando una velocidad vertiginosa a la vez que la sensación de deja vu desaparecía.
    Me despertó la alarma, supongo que habrá marcado las 6:30 como siempre, así que me levanté, estaba listo ahora sí para la excursión, de camino a la cocina escuché a mi mamá que desde la cama me gritaba: Facundo ¿qué hacés despierto a esta hora un día sábado?
    -Sábado? No es viernes?
    -No, sábado 21 de abril todo el día.



    `` ¿POR QUÉ A MI? ´´

    `` ¿POR QUÉ A MI? ´´

    En una mañana cualquiera en la que el Sol resplandecía con intensidad, un chico aparentemente joven aproximadamente de quince años se despertó. Pasó un rato y notó un extraño dolor en el abdomen, concretamente en la zona del apéndice. El chico se lo dijo a su madre. - ¡Mamá!, me duele mucho la tripa-. Su madre le dio un medicamento para que se le quitase ese dolor, y le mandó al colegio. A lo largo de la mañana, el chico siguió presentando síntomas cada vez más agudos y los profesores decidieron mandarlo a casa. Cuando sus padres fueron a recogerle, le llevaron de inmediato al hospital a que le echasen una ojeada. Llegó a la consulta del doctor y él le hizo algunas preguntas. El doctor llegó a la conclusión de que lo que le ocurría al chico se trataba de una apendicitis, por lo tanto, iban a tener que realizarle una intervención quirúrgica. La apendicitis es la inflamación del apéndice, un tubo cerrado de tejido que se encuentra unido al intestino grueso en la parte inferior derecha del abdomen. La operación consistió en lo siguiente:
    El cirujano realiza tres cortes a lo largo de la barriga que servirán para introducir pequeñas cámaras e instrumentos en el interior de la barriga para poder extraer el apéndice inflamado. Tardaron unas dos horas en extirparle el apéndice. La operación tuvo muchas complicaciones debido a que su intestino estaba muy irritado. Al final le llevaron a planta y permaneció allí unos días. Le dieron el alta y le pusieron un tratamiento y se fue a casa. Estuvo semanas sin ir al colegio, y cuando fue por primera vez tras la operación sus amigos se emocionaron y uno de ellos sin querer le dio un puñetazo en la barriga. Tras el puñetazo se lo tuvieron que llevar a urgencias de nuevo, esta vez con otros síntomas: dolor abdominal, hematomas y náuseas. El doctor esta vez no supo lo que el chico tenía y le mandó a observación. Pasaron los días y al chico le siguieron haciendo pruebas, pero los síntomas no remitían, al contrario, aumentaban hasta que descubrieron que lo que el chico tenía era una infección que le estaba provocando unas graves lesiones en los órganos vitales. Tuvieron que volverle a intervenir quirúrgicamente, esta vez con mayor gravedad. La operación duró más de diez horas debido a que se complicó bastante dado a que no se podía ver con claridad a simple vista lo que había que extirpar. Tuvieron que quitarle un riñón y ponerle uno nuevo de una persona donante de órganos debido a que lo tenía colapsado. Estuvo en la UCI una semana entera bastante dolorido. Recibió muchísimas visitas de familiares, amigos, personas queridas… pero la visita que más le gustó fue la de sus compañeros de clase. Le trajeron ramos de flores, cajas de bombones porque era muy goloso y le encantaba el chocolate.
    Estuvo dos meses ingresado en el hospital con varios medicamentos asignados. Cada día mejoraba un poquito y al final le dieron el alta. Este niño permaneció con problemas intestinales de por vida. Cuando era ya adulto le detectaron la enfermedad de Crohn que es un proceso inflamatorio crónico del tracto intestinal principalmente. Él chico se matriculó en la universidad de Valladolid en el ámbito de la medicina y se convirtió en uno de los mejores neurólogos de Castilla y León. A este chico se le caracteriza por su superación y porque nunca se rinde ante las dificultades que se le ponen por delante. Es un chico excelentemente bueno.

    ¡Hasta el infinito y más allá!

    ¡Hasta el infinito y más allá!

    ¡Cómo me alegra tenerte por aquí! No sé si ha
    sido el título, o esta misma entradilla quizás, pero ha habido algo que te ha llamado la atención, algo que ha provocado que estemos aquí; tus ojos y mis palabras, frente a frente. Supongo también que, si estás aquí es para leer el contenido en su máxima expresión, no para perder el tiempo con esta patraña que ahora te estoy contando: ¿te parece si voy al grano?

    Inmerso en un espacio de dudas. Así estamos muchos, sin rumbo, sin saber siquiera a donde ir ni que elegir. Es frustrante quizás, pero eso sí, siento que se pueden rescatar conclusiones de lo más positivo a corto-medio plazo. Pero bueno, eso ya en otro certamen de estos tan guapos que montáis. Como iba diciendo; astros con forma de interrogación rondan nuestras mentes: dudas por aquí, dudas por allá. Un no parar de pensar sin concretar, sin llegar a cristalizar. Todo está convulso, todo es incierto: sin saber qué, cómo, cuando ni porqué. Descartado Saturno, el dilema está entre Marte y Plutón. La toma de decisiones resulta colérica, como si de una utopía se tratara. Utopía y realidad, realidad y utopía, es una lucha constante en la que la magia, quien sabe si la sideral, interviene sin cesar. La magia, es el hilo conductor que puede permitir a la realidad traspasar las barreras de lo imposible, aclarando más de una mente y haciendo soñar. A eso venimos, venimos a soñar, venimos a alcanzar nuestras metas: ¡hasta el infinito y más allá! Bueno, puede que me haya venido un pelín arriba, ni que fuera Buzz Lightyear. Espera, espera, espera...¿y si lo fuera?

    Puestos a fantasear, seamos el juguete más fantasioso habido y por haber, seamos el astronauta más popular del universo, nunca mejor dicho. Sí, estáis en lo cierto, vamos a ponernos en la piel y entrar en la mente de Buzz, de Buzz Lightyear. La utopía espacial se presenta en el horizonte y el punto de mira se mantiene clavado sobre la misma, con ansias de obtenerla, en pos de llegar a ser libre: libre de cargas; libre de presiones; libre de responsabilidades y sobre todo; libre de decisiones...¡Libre como un astronauta! ¡Libre como el bueno de Buzz! Porque vamos a ver, señoras y señores: ¿existe algo más inmenso que el espacio? No, es insuperablemente infinito, y eso amigos míos, es sinónimo de plenitud, de libertad. Tan solo es una hipótesis lanzada a los cuatro vientos, una mera y soñadora hipótesis. Porqué... ¿de esto iba el concurso, no?

    ¿Mala suerte o Murphy?

    ¿Mala suerte o Murphy?


    Estoy sentada, escucho ruidos no sé de donde vienen, levanto la cabeza miro alrededor, mucha gente, todos sentados uno de pie, cuatro paredes, de las cuales 1 eran todo ventanas, la 2 era una pizarra o eso creo, 3 llena de cosas colgadas, y la 4 era una estantería y al lado una puerta. Escucho y no lo entiendo, se va la luz, lo veo todo oscuro y la verdad es que no me importa, escucho mi nombre repetido en bucle Lucía, Lucía, Lucía, Lucía, Lucía………………-es un tono agradable y no le prestó mucha atención. Viajo por mi mente, pero la voz sigue i sigue repitiéndose. Me agobio chillo ¡BASTA!, oigo un último grito, más fuerte y seco que los anteriores ¡LUCÍA!
    Abro los ojos, era la profesora, escucho risas pero no me giro, no le prestó mucha atención a los ruidos, ni a los comentarios de ciertos compañeros de clase, mientras la profesora me miraba y me hablaba, yo seguía en trance yo no estaba allí, es decir, si que estaba allí, físicamente, pero yo seguía viajando por mi mente, seguía hablando pero a ella tampoco la escuchaba, le leo los labios y me doy cuenta de lo que dice -Lucía parece que hoy estés en la luna, que te pasa? -Me temo que tienes que ir al despacho de director y hablarlo con él.
    En mi mente lo único que rondaba por ahí eran 2 cosas la primera era que mi madre se iba a enfadar y seguro que me castigaba, la segunda las teorías que la noche anterior mi tía me explico, no para de pensar en eso y en si ella tenía razón? , y si yo era Murphy?
    Eso es lo que me preocupaba, la teoría de la Ley de Murphy, y si tenía razón y si mi mala suerte es debido a eso, a que siempre lo fastidio todo. Escucho mi nombre otra vez, intento centrarme, es la profesora me sigue hablando - Lo has entendido, pues anda vete al despacho del director y no me hagas perder más clase de la que ya hemos perdido- yo me levante, estaba dispuesta a irme y de repente, tropecé, me caí, es más, me caí delante de toda la clase, con todo el mundo mirándome, de los cuales algunos no paraba de reírse y para rematar la caída va y me choco contra la puerta de cristal antes de salir completamente de la clase, no podía mirar atrás porque tenía que salir dignamente de aquel sitio y cuanto antes, para no fastidiarlo todo aun mas.
    Llegue al despacho del director y este me miro con cara de sorprendido y me digo, -Hola Lucía, a que se debe tu visita? Yo le explique todo lo que había pasado en clase y que me había dormido, porque no pude dormir la noche anterior pensando en la Ley de Murphy. Él no paraba de mirarme con cara de sorprendido y yo le seguía explicando lo de la Ley de Murphy y que es posible que yo estuviera causando todos los desperfectos del centro, entonces él saco una carcajada leve y le dije -Ves como nadie me cree !-. Me levante y me fui a mi casa, pensando en la Ley de Murphy y en que si ese día podía ir algo peor de lo que ya había ido, que pasaría?

    ¿POR QUÉ, IZAN?

    ¿POR QUÉ, IZAN?

    Era un día de primavera en un parque cerca de la casa de unos hermanos llamados Aarón, con siete años recién cumplidos, e Izan, su hermano mayor con 12 años. Los dos eran muy juguetones pero Aarón siempre estaba interesado por las cosas que le rodeaban e Izan se lo explicaba.
    Izan era muy listo con ojos marrones y pelo castaño, estaba en sexto de primaria y les acababan de dar las notas, como siempre habían sido muy buenas. Aarón era muy preguntón, pero no es malo preguntar por las cosas nuevas o por las cosas que no sabes, tenía ojos azules, pecas y color de pelo rubio, estaba en segundo de primaria y a estos les habían dado las notas un poco antes.
    En aquel parque había una fuente hermosa, todos los pájaros estaban cantando y los hermanos estaban jugando en aquellos columpios con cadenas oxidadas; se lo estaban pasando muy bien y Aarón miró a la fuente, vio que el agua estaba saliendo de esa válvula, él sabía que estaba saliendo de forma líquida, pero preguntó: ¿Por qué? Izan no entendía nada y le dijo: ¿Por qué, qué? Aarón le dijo: ¿No te lo has preguntado nunca, por qué el agua sale líquida de esa fuente? Izan le contestó: vamos un segundo a casa a por un termómetro, debería de marcar veinte grados. Se fueron a casa cerquita del parque, llamarón al timbre y Raúl su padre abrió, les dejó entrar aunque esta vez no sabía que estaban tramando, fueron a la cocina, cogieron el termómetro y volvieron deprisa y corriendo al parque. Izan colocó el termómetro y efectivamente marcaba los veinte grados, Aarón le dijo: yo en el colegio había visto más formas, creo que el hielo es agua y las nubes, ¿eso es verdad Izán? Izan le dijo: Anda… Ven pequeñajo que te lo explico, vamos a casa. Fueron a casa y esta vez Raúl que les había abierto les preguntó: ¿Qué hacéis otra vez aquí? Aarón estaba muy emocionado y le contestó con voz temblorosa: Izan me va a contar cosas sobre el agua. Aarón aunque no diga muchas veces que quiere a su hermano porque se mete con él, esta vez sabía que Izan era su ídolo, y Raúl les dejó entrar. Fueron a la cocina y su madre Nati estaba hirviendo agua para hacer la comida, macarrones. Izan le dijo: ¿Mamá a que temperatura está la cazuela? Es que le estoy explicando a Aarón los estados del agua. Nati les dijo: Os dejaré mirar pero tened cuidado no os queméis, el agua tiene que estar a cien grados por eso hace burbujas, ¿lo sabíais?, también sale humo y eso es vapor de agua o agua en estado gaseoso, a esto se le llama evaporación. Izan rápidamente contestó: Yo sí, yo sí, se lo quería explicar yo a Aarón. Nati explicó: El agua puede estar en forma líquida, gaseosa y sólida, a esto lo llamamos estados físicos del agua. Izan le dijo: Para pasar de sólido a líquido sube la temperatura, esto se llama fusión ¡vamos a verlo! ¿Mamá tienes cubitos de hielo en el congelador? Nati contestó: Sí. Izan los buscó y los puso en un cuenco. Al cabo de un tiempo los cubitos ya no estaban, pero había agua. Aarón ya empezaba a entenderlo. Izan le dijo: Y como hemos visto antes el agua líquida de la cazuela se evaporaba, el estado gaseoso era ese humo, si en vez de esa agua de la cazuela lo hubiéramos enfriado se habría quedado un cubito de hielo es lo que llamamos estado sólido. También mira los azulejos, tienen gotitas de agua porque el vapor se ha enfriado y se ha vuelto líquida, porque el vapor al chocar con los azulejos que están más fríos se convierte otra vez en líquido, esto se llama condensación. Y el último es que si ponemos agua en la cubitera y la ponemos en el congelador se harán cubitos de hielo, por bajar la temperatura, esto lo llamamos solidificación.
    ¡Ahhh y se me olvidaba! Hay dos cambios que no te los puedo demostrar, porque necesita cambios de temperatura muy grandes. Son la sublimación, el paso de sólido a gaseoso o como lo entenderás mejor Aarón, de hielo a vapor y el otro que es la sublimación inversa que es el mismo paso pero del revés, de gaseoso a sólido o de vapor a hielo.
    Aarón en algunos momentos se había liado pero al final de todo para ser tan pequeño lo había seguido y más o menos entendido. Ahora está pensando que al ir a clase a la vuelta de vacaciones en el siguiente curso si lo dan se lo podrá explicar él a sus otros compañeros. Aarón cada vez quería más a su hermano.

    ¿QUÉ HACEMOS AHORA?

    ¿QUÉ HACEMOS AHORA?

    -¿En serio? Y ahora ¿Qué? ¿Qué se supone que debemos hacer ahora?
    -Se ha acabado el petróleo, no el mundo
    -Ya, pero ahora no tenemos luz, no tenemos coches, ni calefacción…
    -Tranquilízate, encontraremos una solución.
    Os preguntareis quien somos y que está pasando. Esta es mi mejor amiga, Claudia, y yo soy Abril. Estudiamos en un instituto situado en un pequeño pueblo de España y nos acabamos de enterar de que no se puede extraer más petróleo, lo que quiere decir que la vida como la conocemos se ha acabado. Y parece que todo el mundo se ha vuelto loco, incluida Claudia.
    -¿En serio? Ya está, se acaba el petróleo y ya está -dijo Claudia asustada.
    -Vamos a hablar con Pedro, seguro que él sabe algo más.
    Pedro es un genio de las ciencias en general y estaba segura de que nos podía decir más cosas sobre lo que estaba pasando.
    - ¡Pedro! -gritamos Claudia y yo al llegar a su casa
    -Chicas, subid, -respondió él- esperaba que vinierais, pasa algo muy extraño.
    -No me digas, se ha acabado el petróleo -contesto Claudia con tono sarcástico.
    -No, no es eso. Es muy raro no se ha podido acabar el petróleo así de repente -contesto Pedro muy serio.
    -¿A qué te refieres? -dije preocupada
    -A que es imposible. Estaba claro que se acabaría, pero así de repente… -hizo una pequeña pausa, Claudia y yo nos callamos- Se tendría que haber ido acabando gradualmente, que cada vez se pudiera extraer menos, hasta que ya no quedara, ¿entendeis?
    Nosotras asentimos con la cabeza
    -Esto es muy raro, o me estoy volviendo loco o aquí está pasando algo extraño¬.
    -Esto parece una peli de ciencia ficción -dijo Claudia.
    -Si pero aunque pasara algo, ¿qué se supone que podemos hacer nosotros?, y aunque lo supiéramos… estamos totalmente incomunicados -dije desilusionada.
    -Pero no nos podemos quedar aquí con los brazos cruzados -contesto Pedro mostrando las palmas de las manos.
    -Y ¿que propones?, aunque se lo dijéramos a alguien no nos creerían ya ves que todo el mundo se está volviendo loco –dije.
    -Igual era exactamente eso lo que querían -suspiró Pedro.
    -Pero ¿quien, y por qué?, no entiendo nada -dije antes de sentarme en la vieja silla del escritorio de Pedro.
    -No te sientes, tenemos que salir a ver si conseguimos descubrir algo -contesto pedro
    -Pero ¿dónde pretendes ir? -a mí no se me ocurría nada.
    -Había pensado en pasarnos por casa de Víctor, ya sabéis que su padre es político. Diputado o algo… igual conseguimos averiguar alguna cosa. Además su casa no está muy lejos, podemos ir andando -contesto él convencido
    -Yo no entiendo por qué nos estamos metiendo en este lío -dijo Claudia.
    -Por intentarlo no perdemos nada -dijimos al unísono Pedro y yo
    Así que fuimos a casa de Víctor y al llegar oímos como su padre estaba hablando por teléfono nos callamos y escuchamos atentamente la conversación:“ya sé que no pensábais que iba a pasar esto, pero aquí nadie está buscando alternativas al petróleo, se están volviendo todos locos… Sí, ya sé que es un experimento pero esto hay que pararlo… Pero ¿qué es lo que queréis?, ya habéis visto la reacción de la gente… hay que parar esto, ya o no podremos arreglarlo” de repente se giró y nos vio a los tres asomados a la ventana “Espera un momento, luego te llamo…”
    -Pero que hacéis aquí -dijo mirandonos.
    -Nada, veníamos a buscar a Víctor -dijo Claudia intentando que no se notara que estaba asustada.
    -¿Con quién hablabas? -Dijo Pedro seriamente
    -Con un compañero de trabajo, pero no es asunto tuyo -dijo él con un tono algo agresivo.
    -Sí que lo es, te hemos oído, ¿que estáis haciendo? -conteste sin poder contenerme.
    -Está bien, no era nuestra intención generar este caos. Sólamente queríamos dar una lección a la sociedad, enseñarle que tiene que cambiar, pero ahora no sabemos cómo volver atrás, tenemos miedo de lo que nos puedan hacer si se enteran de que no era cierto, de que realmente se sigue extrayendo petróleo -añadió, se notaba que estaba arrepentido.
    -¿Qué os había dicho?, lo sabía -dijo Pedro con alegría.
    -Simplemente comunicarlo, explicarlo. Os tendría que dar más miedo lo que puede pasar si no lo decís, ya veis lo que está pasando -añadí intentando convencerle.
    Sorprendentemente lo conseguimos y a los días todo volvió a la normalidad, bueno, no del todo ya que la gente comenzó a pasarse a las energías renovables, por lo visto valió la pena el experimento del padre de Víctor, y podríamos decir que nosotros contribuímos, aunque la gente no nos crea.

    ¿Quién salvará el mar?

    ¿Quién salvará el mar?

    Érase una niña llamada Alexandra, de 14 años, que vivía feliz en una casita de San Pol de Mar, un pequeño pueblo de Barcelona. Ella era morena, porque todos los días iba a la playa, pero su cabello era rubio y sus ojos azules, era alta como su padre y no le gustaba el colegio y le costaba mucho estudiar y no podía dedicarle tiempo a otras cosas que le gustan más.
    Vivía con su madre que era ama de casa y con su padre que era pescador. A ella le encantaban los animales y la playa, tenía un perro llamado Lola y un conejo llamado Sparki.
    Alexandra no estaba de acuerdo con la cantidad de peces que pescaban todos los días en su pueblo, por eso su padre, el día de su cumpleaños, la dejó salvar un pececito de los que había pescado; ella cogió uno, que no resaltaba por su belleza, pero le encantó, era gris y sus escamas brillaban como la luna, pero a Alexandra lo que más le gustaba de el pececito eran sus ojos negros como él azabache, lo llamó Luna Nueva.
    Cierto día se fue de vacaciones con su abuela a otro pueblo de Barcelona llamado Sitges donde vivía la hermana de su abuela y su marido, ella iba allí todos los veranos pero está vez era Semana Santa. No podía bañarse ni tomar el sol porque hacía frío y entonces se aburría, así que como la casa estaba al lado del mar se puso a observar a los pescadores y a la gente que paseaba por la playa, se dio cuenta de que la gente era muy vaga y muy desagradecida con el medio ambiente porque tiraban la basura al suelo y al mar cuando tenían una papelera cerca. Observó que los pescadores pescaban toneladas de peces diarios y que así entre todos estábamos destrozando el ecosistema marino.
    Alexandra se preocupó mucho por lo que estaba viendo y cuando un día por la tarde salió a pasear por el pueblo, intentó ponerle solución al problema, se paró delante de un pescador y le dijo - Perdone ¿de verdad se necesita pescar tantos peces al día para un solo pueblo? le preguntó Alexandra al pescador con educación. El pescador dijo - Sí porque cuantos más peces pesco, más peces compran los supermercados y los restaurantes, y más dinero gano yo - contesto el pescador molestó.
    Alexandra dijo : - ¡estás destruyendo un ecosistema por ganar dinero!, y dejarás de ganar dinero si destrozas el ecosistema porque estas rompiendo una cadena alimenticia y si se rompe toda la fauna marina desparecerá… - le dijo sobresaltada.
    El pescador la interrumpió diciendo- pues a mi me da igual porque cuando eso pase yo ya estaré muerto y otro cargará con el problema así que yo voy a seguir pescando para ganar dinero y alimentar a la gente.
    Se despidió de forma brusca, ella le agarró del brazo y le dijo - Vete pero, que sepas que estas matando miles de vidas innecesariamente; se dió media vuelta y se fue corriendo mientras el pescador la gritaba.
    Cuando llegó a su casa de San Pol de Mar decidió empezar a solucionarlo comenzando por su casa. Le construyó un ecosistema a Luna Nueva, metió en su acuario más peces y flora marina como algas, corales … habló con su padre que aparte de ser pescador era el jefe de la cofradía de pescadores que eran unos cien más, en su pueblo los llamaban “Los 101 pescadores” .
    Alexandra le dijo a su padre- papá no crees… ¿qué con pescar 5 peces al día por pescador es suficiente? Entre todos pescarías 500 peces al día y con los pocos habitantes que somos es suficiente.- dijo segura.
    Su padre le contestó: - no hija porque no solo hay peces en el mar nosotros tenemos que pescar peces, marisco, crustáceos, y bivalvos respondió entristecido. Alexandra le propuso, pues mira papá puedes pescar cinco peces un día, cinco crustáceos otro y así consecutivamente y también puedes proponer al alcalde que ponga carteles en las playas que digan “peligro, desaparecen los peces por la basura, utilicen las papeleras!” Y durante un mes o así que pongan un vigilante por playa para poner multas a los que tiran basura y voluntarios para recogerla y yo me apuntaré, dijo preocupada. Su padre le dijo, está bien se lo diré, la contestó intentando tranquilizarla.
    Al alcalde le pareció bien y se puso en marcha el plan de Alexandra.

    Dos años después…

    Alexandra se sentía orgullosa de su pueblo porque habían conseguido que sus playas volvieran al equilibrio y Alexandra cuando Luna Nueva creció pudo devolverle al mar con seguridad.
    Fin.










    Isabel O`Neil Robledo 1º B

    Compañía de María La Enseñanza Valladolid

























    ¿UN REGRESO AL PASADO EN LUGAR DE UN AVANCE HACIA EL FUTURO?

    ¿UN REGRESO AL PASADO EN LUGAR DE UN AVANCE HACIA EL FUTURO?

    Se trataba de un domingo dedicado, como de costumbre, a comer junto a la familia. No eran de esa gente que pudiese presumir de sus riquezas, así que acostumbraban a comer arroz con conejo acompañado de algo de pan que solía traer la hermana de Pedro.
    Pedro tenía 30 años y convivía junto a su mujer Laura, sus padres y sus dos hijos Sofía y Hugo. Todos ellos vivían en una casa situada al centro de una pequeña ciudad de la que ya no se podía presumir como cuando la habían comprado, alla por el 2018. Había pasado el tiempo, y ya poco quedaba de aquella ciudad tan acogedora. Seguía habiendo dignidad pero ahora se respiraba pobreza como consecuencia de los problemas surgidos a raíz del agotamiento del petróleo.
    La hermana de Pedro acostumbraba a ir a comer junto a su hija pequeña a casa de sus padres y de su hermano. Ésta vivía cerca, en una localidad en la que parecía que las consecuencias del colapso no habían sido tan visibles.
    Años atrás el gobierno había restablecido el servicio militar, no corrían tiempos de prosperidad y nunca se sabía a qué punto podían regresar las viejas ambiciones de acumular riquezas como antes de la desaparición del petróleo.
    Aquel día familiar parecía marchar como siempre. Se comía entre risas y recuerdos de buenos momentos. Algunas anécdotas que habían perdurado hasta aquel entonces relatadas por el abuelo. Pero de repente una llamada inesperada hizo corromper ese buen ambiente que se había generado. Se trataba de un antiguo compañero militar de Pedro que le informaba de que un país vecino, agobiado por su falta de recursos, harto de depender de la caridad y ser uno de los más ignorados, había decidido declararnos la guerra. El gobierno vecino no había entrado en razón. Querían hacer suyas las fuentes de extracción de las diferentes fuentes de energía encontradas por el momento como sustitutos del petróleo. Y ahora nuestro gobierno acababa de ordenar la movilización general.
    Cuando Pedro comentó que debía incorporarse a filas, su madre y su esposa rompieron a llorar, su hermana quedó paralizada, y no tardó en actuar de igual manera que su madre y su cuñada. Sus hijos no comprendían nada, todavía eran pequeños y apenas sabían pronunciar palabra. Su padre no paraba de maldecir al gobierno y al sistema que les había tocado vivir y que, si no hubiesen sido tan conformistas y egoístas, actualmente no tendrían que sufrir esa clase de sobresaltos. Pedro, en cambio, no decía nada, permaneció callado y pensativo, preocupado por la situación que estaba por llegar tras su partida. Parecía que viviesen en los años 30, era una locura, parecía surrealista.
    A la mañana siguiente Pedro marchó. Se despidió de su familia y regaló un pequeño colgante a cada uno de sus hijos que conservaba en su armario, indicándoles que gracias a ellos podrían recordarlo y que, con su recuerdo, harían que él estuviese bien.
    Pasó mucho tiempo, las noticias acerca eran escasas. El terror en todo el país iba en aumento. La escasez y la crisis proseguían y la guerra no acababa. Los familiares de Pedro comenzaban a preocuparse y no sólo tenían que soportar la ausencia de un familiar, sino que el miedo seguía presente en las calles, en las propias casas, la gente comenzaba a comportarse de una manera inaguantable, todos temían por la vida de sus hombres. La gente no comprendía cómo se podía haber llegado a esa situación.
    Los domingos ya no eran los mismos, la ausencia de Pedro cada vez era más insoportable, los niños apenas recordaban su rostro, sus padres envejecían y les preocupaba cada vez más morir sin ver regresar a su hijo. Tras un par de años de incertidumbre, las noticias llegaron como una lluvia fina. En los telediarios anunciaban la victoria sobre el indeseable enemigo. Era hora de que las cosas empezasen a tomar su curso normal. Sin embargo, se desconocía el paradero de Pedro, semanas después del fin de la guerra, éste seguía sin aparecer por casa, su familia empezaba a hacerse a la idea de que jamás volvería. Pero una noche, después de que la familia encendiese las velas, Laura salió a sacar la basura y, cuando abrió la puerta, divisó una sombra que se aproximaba hacia ella llamándola por su nombre con alegría. Ella al principió tuvo miedo, pero no tardó en recordar y reconocer aquella voz. Esa era la voz de su marido quien gritaba: ¡Al fin te tengo conmigo!
    Pedro regresó a casa de nuevo, junto a su familia y sus amigos, contento por su victoria y agradecido por regresar sano y salvo.

    "Lo más maravilloso de la ciencia es que está viva."

    "Lo más maravilloso de la ciencia es que está viva."

    Richard Phillips Feynman, nació en Nueva York el 11 de mayo de 1918 y falleció en febrero del 1988, es conocido por ser el físico más importante y popular del siglo XX junto con Albert Einstein.
    Feynman rehace la electrodinámica cuántica, la teoría de la interacción entre la luz y la materia, y así da un giro completo a la forma en que la ciencia entiende la naturaleza. Fue galardonado con el Premio Nobel de Física en 1965 ese excelente trabajo en el que relacionó todos los fenómenos variados en el trabajo en la luz, la radio, la electricidad y el magnetismo.

    "Pienso que es mucho más interesante vivir no sabiendo, que tener respuestas que pueden estar equivocadas".
    De acuerdo con Feynman, los humanos tenemos una obsesión por controlarlo todo, conocer las respuestas de cualquier pregunta, saber qué sucederá en un futuro y qué pasó en un tiempo pasado. Deberíamos investigar más sobre aquello que realmente nos interesa a cada uno de nosotros, en lugar de comenzar buscando contestar a una pregunta previamente formulada: mientras observes y quieras saber, irás encontrando respuestas. Salirse de la raya. No trazar unos límites.
    Así como tenemos ansia de tenerlo bajo nuestro control, los humanos nos empeñamos en idear y fabricar historias especiales sobre nuestra relación con el universo y su sentido. Todas ellas son muy locales, como si la todo viniera a la Tierra y ésta fuera significante en la inmensa infinitud del cosmos: si miramos fuera de nuestro planeta, la proporción no tiene comparación. No somos ni el grano de arena en la playa.
    Dudar, debemos dudar, es la base de nuestra alma, de nuestro interés, a pesar de que eso Ponga las cosas más difíciles.
    “Puedo vivir con la duda, y con la incertidumbre, y no sabiendo. Pienso que es algo mucho más interesante vivir no sabiendo.” No debemos temerle al no conocer la respuesta, pero debemos querer buscarla. Mantener la curiosidad.

    No importa no saber el sentido del universo ni nuestro propósito en él, ni qué sucedió exactamente con los dinosaurios, o cómo construían los egipcios las pirámides, mientras sigamos tratando de verlo. Puede que no lo haya. Pero no importa, no temas al vacío, sinó a la ignorancia.

    “Déjà vu”

    “Déjà vu”

    Voy caminando de vuelta a casa, cuando paso por esa calle donde nos dimos nuestro primer beso. Mi mente se paraliza, este momento ya lo he vivido, pienso. Es un “déjà vu”, un dichoso engaño de mi cerebro. Es una extraña sensación, de hecho, pondría la mano en el fuego al decir que ya he vivido este momento, pero tan solo es mi mente jugándome una mala pasada, pienso.
    En realidad, los “déjà vu” no tienen una explicación lógica. Hay gente que piensa que esa sensación es producida por la existencia de universos paralelos. Otros, dicen que es fruto de nuestras vidas pasadas, con las que nos volvemos a encontrar al reencarnarnos. A su vez, muchos científicos apuntan que es un retraso en nuestra mente cuando esta intenta captar errores en nuestra memoria.Yo solo pienso en que te echo de menos.
    Sigo caminando por esa calle, aquella donde nos dimos nuestro primer beso, o tal vez no. Atraída por mis recuerdos, le doy una oportunidad al “déjà vu”.

    29 de Febrero

    29 de Febrero

    Hoy es el día de mi cumpleaños. La gente se piensa que cumplo 16 años pero en realidad cumplo 4 años. Nadie sabía cuándo era el día de mi culeaños hasta que mis padres lo sacaron a la luz.
    Me arruinaron mi adolescencia para siempre.
    Esa mañana me desperté mis padres no estaban, supongo que ya estarían en el trabajo. Llegaba tarde al colegio y me vestí con lo primero que cogí del armario, un pantalón negro con una sudadera rosa y las convers.
    Cuando llegue al colegio todos me miraban i se reían, o escuchaba comentarios tipo “Felicidades niña pequeña” o cosas por el estilo. Yo tenía un montón de preguntas sobre lo que estaba pasando, así que me dirigí hacia mis amigas i les empecé a lanzar preguntas sobre toda esa situación, ellas me respondían mientas se reían. Cuando me dirigía hacia mi primera clase del día, biología, un chico que no conocía me vino y me pregunto qué porque en vez de cumplir 16 años cumplía 4, mi respuesta a esa pregunta fue: El di 29 de febrero solo se vive cada 4 años por eso yo solo tenía 4 años. Él se dirigió corriendo hacia sus amigos mientras se reía. Yo seguía sin entender nada.
    Cuando llego la hora del almuerzo me topé con un cartel que estaba en medio del patio que ponía: “Hoy es el cumple de María, cumple 4 años. Hemos preparado un fiesta en su casa a las diez de la noche esperamos veros a todos allí”. Mientras leía el cartel me encontraba rodeada de gente que se burlaba de mí. Las dos últimas horas de clase pasaron a paso de tortuga escuchando siempre los mismos comentarios de burla hacia mí y hacia mi edad.
    Llegue a casa y me encontré a mi mare metiendo un pastel en el horno, y a mi padre decorando el jardín. Ahora ya sí que sabía que estaba pasando, fueron mis padres los que pusieron el cartel en medio del patio y los que estaban preparando la fiesta para mis malditos 4 años.
    Decidí no decirles nada. Cogí la cartera de mi padre y compre por internet un billete de avión hacia Madrid, a partir de ahora iba a vivir con mi abuela.
    A las nueve cuando solo faltaba una hora para mi estúpida fiesta, pedí un taxi. Mientras me dirijia hacia el aeropuerto recibí varias llamadas de mis padres opte por apagar el teléfono hasta que llegara a Madrid.
    Ya en casa de mi abuela me pregunto la razón por la que estaba allí y se lo conté todo, ya que era la única persona de toda mi familia que me entendi porque su cumpleaños también era el 29 de febrero. Ella me dijo que no debería huir de mis problemas y que volviera a Barcelona a hablar con mis padre, me decisión fue que no. Ya paso una semana desde que llegue a Madrid, mi abuela me apunto a un nuevo instituto, allí hice nuevos amigos que entendían la razón por la que solo tenía 4 años. Poco a poco mi relación con mis padres iba disminuyendo hasta que ellos ya no me volvieron a llamar y yo ya me había olvidado de todo lo ocurrido en Barcelona. Y el resto de mi vida lo pase en Madrid.

    500 mil años después

    500 mil años después

    No puedo ver nada. Una luz blanca me ciega. Solo percibo sombras y ruidos.¿Donde esta Riuki?¿Habrá muerto? Tuve suerte de sobrevivir a aquella bestia. No nos debimos separar del grupo.¿Donde estoy? Hay mucha gente a mi alrededor.¿Que querrán?Igual son miembros de la tribu de la montaña. Papá me advirtió que eran peligroso, aunque ahora viéndolos de cerca no parecen muy fuertes.Son todos altos pero no musculosos.Son muy extraños…, tiene la piel muy clara, todos menos dos; serán rehenes o esclavos. Aunque no lo parecen, están sonriendo junto a las demás personas mientras golpean sus palmas. Es todo muy raro ¿Sera un ritual?. Están todos vestidos igual, muy abrigados y de color blanco. Nunca había visto ese color de piel, será muy difícil de conseguir. Se ve que son una tribu muy poderosa. Podríamos tener más amistad con ésta; sería de provecho para todos. Ahora que lo pienso, ¿Estarán buscándome?. Aunque eso da igual,si me estuvieran buscando no se les ocurrirá acercarse a la montaña, y aún así, si se les ocurriese acercarse nunca se atrevería a tratar con ellos. Hay muchas leyendas acerca de sus peleas, Son temidos. Claro, si no fuera así, no tendrían la montaña para vivir, ya se la habrían quitado; es una zona con mucha vegetación y animales, un paraíso.

    No creo que sobreviva. Me mataran en un momento u otro. En cualquier momento me clavarán un puñal o tal vez una lanza...Estoy acabado, en nada me reuniré con Wetta y Idok, tengo mucho que contarles.Bueno solo a Idok porque Wetta no le dio tiempo ni a aprender a hablar, pobrecita ,aunque ahora que lo pienso su hermano ya le habrá enseñado. Murieron muy jóvenes ,casi no pudieron conocer a Papá, estaba siempre fuera de casa cazando para poder dar de comer a la tribu.

    Pensándolo mejor, no me quieren matar, estoy seguro. Si me quisieran matar no me habría despertado en una cama tan cómoda ,ni me habrían sanado. No me ha quedado ni cicatriz después de caer en esa brecha. Casi un milagro. Y por último, estoy seguro que ya lo habrían hecho; tener un esclavo hombre es una carga para la tribu y también es peligroso.

    Ahora no parecen tan alegres.Todos me están mirando con cara curiosa mientras rayan en una especie de montón de tejidos. Se han organizado en dos posiciones,en la primera, todos menos uno se han colocado delante mía, observándome, y a la vez observando sus tejidos, y en la segunda posición, hay una persona, que intuyo que será el jefe, apartada, más cercana a mi, que les habla a las demás mientras atienden callados.

    Dr. Hall: Sujeto 001 de aborigen de “El Valle del Rift”, antigua tribu de Walayas. Sus constantes vitales son estables, no presenta fallo en su sistema locomotor y percibe colores y formas. Señores, tenemos ante nosotros la primera persona revivida por clonación de ADN, la primera persona resucitada

    6/1

    6/1

    - ¡Hey, despierta venga, que me he desvelado y ya no tengo sueño!
    Es Cuatro. La niñita nerviosa y despreocupada que hace tambalear mi cabeza desde las seis de la mañana hasta la hora de dormir.
    Abro los ojos, señala ser un día nublado e indiferente. Los cristales empañados y el cerrojo húmedo de las ventanas dan una iluminación fría y sin contraste a la escena.
    - ¿Desayunamos? En la encimera de la cocina está la caja de cereales con miel que compramos ayer en el supermercado.
    Finalmente y para conseguir que Cuatro calle, me dirijo a la entrada de la cocina arrastrando los pies desnudos por las baldosas pegajosas y sucias del apartamiento en el que vivo.
    - Estábamos esperándote. El próximo día prometemos que vamos a empezar a desayunar sin ti.
    Añaden Diez y Doce, los dos gemelos más mayores y gruñones de la casa.
    Cuatro no tarda ni dos segundos en refunfuñar que hoy toca desayunar los cereales con miel comprados el día anterior mientras los dos hermanos se quejan de que con tanto azúcar les sube la tensión y no les sienta bien.
    La pequeña discusión acaba creando una atmosfera nerviosa e inquietante que hace que mi cabeza se altere un poco. Así que decido calmar el ambiente y coger un vaso de leche fría del día anterior dirigiéndome al pequeño salón que forma una butaca, una mesita y un televisor viejo.
    - ¿Qué tal has pasado la noche? – Dice una voz de mujer proveniente de detrás el sillón en el que estoy sentado. Hace que me asuste un poco.
    Es Ocho, la mujer de la que estoy enamorado y con la que mantengo una relación especial.
    Su espíritu emprendedor con un toque de inmadurez hace que la sienta realmente en el corazón.
    La quiero.
    - Como siempre, ya sabes. Treinta y Dieciséis molestando durante toda la noche. Aunque cierre los ojos e intente dormir, oigo sucesivamente sus voces pidiéndome jugar con ellos. – Le respondo a Ocho.
    Alzo la vista hacia ella y noto una cierta tristeza en su interior.
    No sé qué le pasa.
    Un escalofrío recorre cada una de las vértebras de mi columna deteniéndose a analizar cada una de ellas.
    - Tengo que marcharme. Soy un peligro para ti y tan solo pensar que te estoy hiriendo cada vez más, me hace tomar esta decisión por mucho que le tema. Te quiero demasiado y por eso tengo que alejarme de ti. Nunca voy a olvidarte. –
    Y desaparece.
    No. No. No.
    No puedes dejarme aquí.
    Tú formas parte de mí. De mi figura y de mi mente.
    Si te vas, todo acaba.
    - ¿Desayunamos? 4.
    Todo empieza a tambalear.
    - ¡Te estamos esperando! 10, 12.
    Mi mundo se desmorona.
    - ¿Jugamos? 30, 16.
    ¡Dejarme en paz!
    - Te quiero. 8.
    ¡Cállate!
    -8.
    ¡Fuera!
    - 4, 10, 12, 30, 16, 8.
    ¡¡MARCHAOS!!

    Me encuentro tumbado en el suelo del salón. Me desplazo arrastrando mi alma casi sin vida hacia el baño. Todo está en silencio.
    Por una vez en mucho tiempo.
    Abro el grifo. Pesa como si estuviera levantando catorce quilogramos de plomo con el dedo meñique.
    Meto la cara en su interior i dejo que el agua fría recorra por cada una de sus facciones.
    Me vuelvo al espejo.
    Pero no hay nadie.
    Tan solo un chico con la mente por fin vacía mirando a su propio reflejo.

    609

    609

    Hola, me llamo Mark, soy un ex ingeniero de la Formula 1, estuve trabajando en Red Bull Aston Martin Racing durante cinco años, durante ese tiempo he podido aprender un montón de cosas sobre la industria del automóvil.
    Después de retirarme de la escudería en el 2021, debido a que Red Bull se fue a pique por el descubrimiento de utilización de metanfetaminas en sus bebidas energéticas, quise hacer un máster en aerodinámica ya que me apasiona el tema. La aerodinámica es uno de los mejores sino el mejor descubrimiento en la industria automovilista, los fabricantes de coches la llaman “free speed” ya que al reducir la fricción que genera el coche con el suelo el coche desliza entre la carretera.
    Mis planes para el futuro es construir mi propia marca de coches, no será una marca de muchas ventas sino que será una marca de coches de lujo.
    Tengo muchas ilusiones puestas en el primer prototipo, se llama MRK-609, el nombre de 609 es debido a que la tierra gira a una velocidad de 609km/h y la velocidad máxima estará electrónicamente limitada a 609 así que si ponemos el coche en una recta infinita que recorra toda la tierra y lo miramos desde el espacio el coche estaría en la misma posición. Este estará propulsado con un motor Audi W16 bi-turbo con 2061 caballos de potencia. Tendrá un precio muy moderado de 1.227.943€, un precio muy justo por todo el desarrollo que lleva detrás.

    8 minutos y 17 segundos

    8 minutos y 17 segundos

    Ese fue el tiempo que necesitaron Cristina y Carlos para darse cuenta de que ya no volverían a ver otro rayo de luz, de que aquellos últimos segundos que habían pasado juntos contemplándose el uno al otro iban a ser los últimos de sus vidas. 8 minutos y 17 segundos es lo que tarda la luz en viajar desde el Sol hasta la Tierra. Sin embargo, esta vez no volvió a aparecer otro rayo de Sol, la luz se había acabado para siempre.
    Era un 14 de febrero, aunque la pareja no lo estaba pasando tal y como se imaginaba. Él se encontraba en Siria ejerciendo como militar, mientras ella estaba haciendo un voluntariado en Líbano. Ambos habían visto esa misma mañana por las noticias que un fuerte huracán iba arrasar por Asia. Cristina sentía por dentro una sensación que le decía que tenía que ver rápidamente a su pareja antes del huracán. Quedaron en verse en un punto intermedio entre Líbano y Siria. Carlos acababa de sufrir un grave accidente en la pierna cerca del campamento militar donde residía, pero no quería preocupar más a Cristina y decidió no contárselo.
    Los dos ya estaban de camino al destino que habían acordado. Ella estaba preocupada por todos esos niños que había dejado atrás en Líbano, los había abandonado en un momento crucial de sus vidas, aunque en ese instante su única preferencia era su marido. Verlo, tocarlo, sentirlo cerca… eso es en lo que pensaba su corazón y algo le decía que debía ser antes del nombrado huracán.
    Quedaba poco para que Cristina llegase a su destino, pero Carlos ya no podía más. Un fuerte dolor lo invadía por dentro y estuvo a punto de rendirse varias veces y quedarse a medio camino. Pero, no lo hizo. No lo hizo por ella.
    Cuando Cristina hacía horas que se encontraba en el sitio acordado, vio llegar a lo lejos a su pareja. En ese momento no se preocupó por su herida ni por las condiciones en que él se encontraba, sino por otro hecho que le llamaba más la atención. El huracán. Cristina corrió a lanzarse a los brazos de Carlos, pero no lo logró. Él se encontraba en el ojo del huracán y lo había perdido. Gritó su nombre, pero sus esfuerzos resultaron vanos. De repente, cuando parecía que todo se había calmado y veía por fin a su marido, desapareció la luz. Así, sin más. Todos los colores se esfumaron. Sólo había kilómetros y kilómetros de oscuridad. Parecía que algo había sucedido en el universo, pero por una extraña y desconocida razón, no volvió a aparecer otro rayo de Sol.
    Ahí fue cuando ambos se dieron cuenta de que sí que había un motivo por el cual se debían ver antes de las nueve de la noche. Sí había merecido la pena que Carlos no se rindiese y que Cristina tuviera esa sensación que les hizo decidir que se verían ese mismo día. Porque era el preciso momento donde la luz desaparecería para siempre y el Sol no volvería a brillar más. Porque, al menos, habían pasado esos últimos 8 minutos y 17 segundos juntos viendo por última vez sus caras, sus expresiones y los preciosos colores que adornaban Asia. Porque jamás nadie los volvería a ver.

    A TIEMPO DEL CAMBIO

    A TIEMPO DEL CAMBIO

    Juan recordaba sobre la silla de mimbre de la cocina aquellas botellas de su niñez, bolsas, ropa sintética, la electricidad de las casas, móviles, televisión y todas esas cosas que ya hacia unos cuantos años habían desaparecido pero que habían formado parte de su vida.
    Entre tanto llega su nieta Elena, y tienen una conversación que a ambos les cambiará la vida:
    -Abuelo, ¿qué piensas?
    -En una vida pasada que no volverá. Verás pequeña, el mundo que conoces no siempre ha sido así, normalmente se ha avanzando en las economías y en el estilo de vida, pero desde hace algunos años solo hemos retrocedido.
    -Abuelo, pero… ¿en qué ha cambiado?.
    -Mira, voy a ponerte un ejemplo: ¿de que es el jersey que llevas?.
    -De lana.
    -Debo decirte que antiguamente la mayoría de jerséis no eran de lana, lo que llamamos fibra natural, sino de fibras sintéticas, y te estarás preguntando que son esas palabrejas, ¿no es así?.
    -Sí abuelito.
    -Bien, las fibras sintéticas eran fibras textiles provenientes del petróleo, formadas por moléculas muy pequeñitas, llamadas polímeros, que se forman por la unión de otras unidades mas simples, los monómeros.
    -Pffff, estás diciendo muchas palabras raras que no entiendo.
    -Tienes razón pequeña, a veces a este viejo se le olvida que está hablando con una preciosa niña de 10 años. Veamos, ¿puedes nombrarme tus juguetes?
    -Claro que si abuelito. Tengo mi patinete de madera, las canicas, la comba y por supuesto mi muñeca preferida, Barbie Porcelain. Y tú, abuelo ¿con que te entretenías?.
    -A eso iba, mi niñez y la tuya son muy distintas. No me refiero a que la tuya sea peor, posiblemente los niños hoy en día sois mucho mas felices, más sanos, con menos cosas y con menos variedad alimenticia de la que teníamos nosotros. Cuando yo tenía tu edad mis padres me regalaron la primera Nintendo, posteriormente llegó el i-phone X… Unos aparatos de plástico, es decir, petróleo que servían para distraer a los niños y los mas jóvenes con juegos virtuales y aplicaciones de mensajería, para volverlos unos adictos y limitar sus vidas a dichos aparatos. Por eso hay ahora tantos mayores con dolencias y enfermedades provenientes de aquellos aparatos del demonio, como fobias y tendinitis crónica.
    -¡¡Abuelo!!, espera un momento. ¿No te has dado cuenta que hablas todo el rato del pretóleo ése y no sé de que me estas hablando?.
    -Es pe-tró-leo. Era un líquido aceitoso y negro de origen natural, formado hace millones de años por la descomposición de organismos marinos, otros animales y plantas a través de procesos muy complicados.
    -Y, abuelo, ¿por qué antes has dicho que crecemos más sanos y no tenemos variedad de alimentos?.
    -Verás, antiguamente teníamos más variedad alimenticia debido al transporte aéreo y marítimo. Actualmente estos transportes se han visto reducidos por la falta de combustible y las personas tienen que conformarse con la comida que se cultiva en la zona donde viven
    -Vaya, abuelo. Sí que ha cambiado todo.
    -Si. Éramos un puñado de energúmenos sin visión de futuro y ni pensamos en las generaciones posteriores ni en vuestro bienestar. Es que cada vez que hecho la vista atrás me pongo enfermo, pensando que podíamos haber puesto freno o por lo menos haber sido más previsores.
    -Pero abuelo, soy muy feliz, no me hacen falta todas esas cosas. Quizás tengas razón y hubo una crisis a nivel mundial y, si os hubierais dado cuenta de que la producción del petróleo iba cuesta abajo y sin frenos, a lo mejor sería diferente pero ¿sabes? yo creo que le habéis hecho un favor al planeta y yo soy feliz así.
    La niña besó al abuelo, cogió una manzana y salio a jugar, mientras Juan se enternecía con la ingenuidad de su nieta. No era consciente de lo que el fin del oro negro había conllevado: el retroceso tecnológico, el fin del comercio, el estancamiento de muchas investigaciones contra enfermedades, también la biotecnología… el mundo se había detenido.
    Juan, totalmente sumergido en pensamientos de este estilo y casi sin darse cuenta que empezaban a ser cada vez mas profundos, cayo en un penetrante sueño.
    Ti tu ti, ti tu ti, ti tu ti… era la alarma de su nuevo i-phone X recién salido del mercado y, casi al unísono por el hueco de la escalera se oía la voz de su madre gritando a pleno pulmón:
    -¡¡¡¡Juan!!!!,¡baja a desayunar llegas tarde al instituto!.
    Juan, atónito por el sueño que acababa de tener, se fue con un pensamiento al instituto y también con una meta de vida: “puede que yo solo no cambie el mundo, pero tengan por seguro que mi granito de arena ya está puesto”.

    Alejandro y la doma natural

    Alejandro y la doma natural

    Alejandro es un niño de diez años como cualquier otro, vive con su familia en Asturias.
    En el colegio están estudiando las relaciones intraespecíficas e interespecíficas de los seres vivos. En el libro en relaciones intraespecíficas aparecía una foto de una familia de caballos. Como su Abuelo tiene caballos decidió ir a verlo después del colegio para preguntarle que tipo de relación tiene él con los caballos.
    Y le pregunto: abuelo, ¿que relación tienes tú con tus caballos?.
    El abuelo le dijo: esa es una buena pregunta Alejandro. Los humanos nos relacionamos con los animales de forma diferente. Hay humanos que los respeta y los cuida y otros que los maltratan o se aprovechan de ellos. Para que veas lo que te quiero decir vamos a usar nuestra máquina “Tiempo Atrás”.
    La máquina Tiempo Atrás, es una máquina del tiempo que ha inventado el abuelo de Alejandro, con ella se puede viajar al pasado, pero solo como observador, no puedes hablar ni relacionarte con gente del pasado, porque se produciría grandes cambios en la historia.
    El abuelo fue a su baúl especial de inventos y sacó una maquinita pequeña con un botón y unas ruletas con números donde se ponen las fechas de la época donde quieres viajar y el lugar que quieres visitar.
    El abuelo seleccionó el año I a.C. y apretó el botón. Alejandro sintió un pequeño mareo y de repente se encontró el la Antigua Roma, lo reconoció enseguida ya que lo acababa de estudiar en su clase de historia.

    Te he traído aquí Alejandro, le dijo el abuelo, porque la doma tradicional que se usa hoy en día con los caballos está heredada de como los romanos trataban a sus caballos.
    Como puedes ver los que utilizan los caballos son soldados romanos, ellos llevan la espada a la izquierda, por eso siempre se montan por el lado izquierdo del caballo y suben la pierna derecha para subir. En la doma tradicional esto se sigue haciendo así aunque ahora no llevamos espadas.
    En este tipo de doma además el hombre somete al caballo y este tiene que obedecer al humano, aunque no quiera. Por eso los caballos muchas veces están en tensión y te dicen que tengas cuidado cuando te acercas por si te dan una coz o te muerden o empujan.
    Además todos llevan herraduras, que son como los zapatos de los caballos, los romanos se las ponían porque recorrían largas distancias y a los caballos se les desgastaba mucho los cascos.
    Como ves para montar llevan una montura y les ponen una cabeza con un filete.
    Abuelo, ¿qué es el filete?, dijo Alejandro.
    El filete es una pieza de hierro que llevan en la boca, que sirve para que jinete le diga al caballo por donde tiene que ir. Esta pieza les moleta mucho a los caballos y por eso siempre parece que están como rumiando.

    Ahora vamos a ir a otra época y otro lugar, dijo el abuelo. Ajusto su Máquina Atrás y apretó el botón. Alejandro volvió a sentir un mareo y cuando abrió los ojos vio que estaba en America con los indios.

    Ahora vamos a ver como se relacionan con los caballos los indios americanos, dijo el abuelo. Como ves sus caballos no llevan cabezada, ni montura, ni herraduras. Los indios se imponen a los caballos y por eso les ves más relajados.
    ¿Y cómo los montan?, preguntó Alejandro.
    Lo que hacen los indios, le explicó el abuelo, es comunicarse con los caballos. En este caso el humano ha aprendido el lenguaje corporal de los caballos y le pide que haga lo que necesita. Primero juegan con ellos, sin montarlos, lo que nosotros llamamos “pie a tierra” y cuando el caballo ha cogido confianza el “permite” al humano subirse a su lomo.
    Pero, ¿cómo hace el indio para que el caballo vaya donde él quiere?.
    Je, je, se rió el abuelo, eres un niño muy listo. Como ves, no llevan montura y eso permite que el jinete a través de los movimientos de su cuerpo se comunique con el caballo y este sepa donde tiene que ir.
    ¡Qué chulo, abuelo! a mi me parece que esta forma de relacionarse con los caballos es mucho mejor.
    Claro Alejandro, dijo el abuelo. A esta forma de montar ahora la llamamos Doma Natural, y es la que yo practico con mis caballos

    Si, entonces creo que tú tienes una relación de mutualismo con tus caballos.
    Gracias abuelo.

    Alérgico al wifi

    Alérgico al wifi

    Me llamo Pol y tengo electrosensibilidad, puede que nunca hayas escuchado esta palabra antes, ser eléctricamente sensible significa poseer un conjunto de síntomas que se activan o intensifican al encontrarse cerca de aparatos eléctricos o aparatos que transmiten ciertas ondas o radiaciones. En mi caso lo que más me afecta son las ondas wifi, lo que significa que no puedo vivir en la ciudad ni muchas zonas rurales ya que hoy en día estas ondas se encuentran por casi todo el planeta.

    Desde que era muy pequeño he padecido esta enfermedad, pero no me la detectaron hasta hace un año ya que se intensificó de golpe. Ahora tengo quince años, lo que significa que viví catorce sin saber que padecía este trastorno. Cuando era pequeño me dolía la cabeza constantemente, me escocían los ojos y tenía mucha dificultad para concentrarme.

    Vivimos en una casa a unos quince kilómetros de la ciudad más cercana, de hecho mis padres son los que viven en la casa y yo vivo en una pequeña casita de madera en el jardín. En mi casita no hay mucho: un dormitorio (que ocupa la mayoría del espacio), un baño y una pequeña cocina (aunque casi nunca la uso ya que mis padres me traen la comida y la cena). Me gusta mi casa aunque preferiría vivir con mis padres. Tengo un perro que se llama Usi, un pug de color negro, me encanta jugar con él en el jardín aunque no puedo hacerlo mucho ya que tengo que hacer clase. Cada día viene una profesora a enseñarme lo que me enseñarían en la escuela si pudiese ir (matemáticas, castellano, historia,…).

    Siempre evito ir a la ciudad, aunque una vez hace unos meses cuando estaba jugando con Usi me caí en el jardín y me rompí el radio. Fue una de las peores experiencias de mi vida. Nada más entrar a la ciudad me empezó a doler la cabeza como nunca antes. No hay palabras para describir el dolor que sentía en ese momento, era como si un elefante estuviese saltando sobre mi cráneo. Creo que en la mi estancia en el hospital me desmayé dos veces.

    Cuando sea mayor no se lo que haré, ya que el estado español no acepta la electrosensibilidad como un motivo para no trabajar, solamente hay una mujer que no trabaja por esta causa. Teniendo en cuenta que aproximadamente una de cada mil personas padece esta enfermedad, hay mucha gente que cada día sufre y nadie hace nada para ayudarlos.

    Hay gente que me pregunta que como puedo soportar vivir así. Yo les digo que podría ser mucho peor, que al menos tengo una familia que me quiere y me apoya.

    Aliento Mortal

    Aliento Mortal


    Cuando te sientes despreciado, es la peor sensación que uno puede tener , el desprecio de los que te quieren y de los que no te quieren tanto importa, importa mucho. Esa sensación de que no eres nadie en el mundo esa sensación te va comiendo por dentro , como las térmitas la madera . Pero de repente aparece alguien que te ayuda y te comprende ,pero se vuelve a ir, y va dejando un vacío irrellenable que te pensabas que estaba lleno, y la esperanza va minvando, minvando y minvando y no tienes nada , lo único que tienes es las ganas de irte , abandonar todo los que te quieren y los que no te quieren tanto, y abandonar esas cosas que el dolor y la tristeza te han arrebatado para no ser devuelto nunca, y crear un cóctel mortal destinado al fin . Escuchar a tanta gente decir que son tan felices solo para encajar en estándar idealizado de las personas es repugnante, porque en pleno siglo XXI alguien no puede ser como quiere y como desea ? no lo entiendo la verdad, pero nadie tiene la culpa, i en verdad la tenemos todos, y es un tema que entre todos deberíamos cambiar .Así que un día decidí dar un paso adelante, abandonar todo e ir a más allá , donde nadie te irrumpe.
    Ese día era el indicado , un simple día lluvioso i frío , ideal para que nadie se diera cuenta de la barbaridad que iba a hacer, i que nadie se acordara nunca jamás de mi. Para mí también era un dia durísimo , para mis padres también lo va a ser más adelante , más adelante donde ellos no puedan hacer nada. Así que me mentalizo i me voy al cole , todo para no levantar sospechas, a la hora del patio me pegan i me quitan el bocata, mi rutina, hoy no se han pasado demasiado al final uno se acostumbra hasta que dice basta, i a la hora de comer cuando vienen a pegar-me otra vez les planto cara i me defiendo , es algo a lo que ellos no están acostumbrados, la verdad es que yo tampoco lo estoy, pero sin embargo consigo que me dejen en paz un buen rato, aprovecho y me pongo a pensar en el más allá , en como será sin malos ratos ni cosas por el estilo.

    Al llegar a casa mi padre me regaña , por sacar malas notas, ellos no insinúan nada de lo que me ocurre, y sin embargo se creen que me conocen , que ilusos. Espero a que llege mi madre para dar el salto y tal y como la veo venir me tiro, me tiro de cabeza desde un sexto piso, cuando estoy cayendo oigo un grito pero nada más, solo veo borroso y entonces… oscuridad.

    Por desgracia he sobrevivido, pero los médicos le dicen a mi madre que no voy a sobrevivir, no puedo abrir los ojos y solo oigo lo que me dicen, y escucho a mi madre llorar, y dice que es lo único que se quedará de mi , un último suspiro mío en un bote , como lo que hizo Henry Ford con el aliento de Edison.


    Juli Paz Benasco

    Amor de Plasma

    Amor de Plasma

    Solo. Así es como me sentía antes de tu llegada, completamente solo. Observaba este oscuro e inmenso espacio en el que habitamos y me cuestionaba las más retorcidas preguntas sobre su origen. Velaba estos pequeños puntos blancos que rellenan mi vista e intentaba comprender su papel en el firmamento de la existencia. Pero todo esto cambió con tu llegada. Amarilla, así te observaba. Más brillante y cercana a las demás, estudiaba con cautela tu peculiar brillo. Hiciste aparecer mariposas en mi interior, mariposas atómicas y constantes que me recordaban tu existencia y su efecto sobre mí. Cuando antes solía ojear sin anhelo los horizontes del espacio, ahora me tenías ocupado con tu belleza y elegancia. Ocupabas los minutos, las horas, los meses, años y siglos de mi tiempo, descuidándome de mis tareas como esfera de plasma. Me entristecía el fantasear de tu despedida, ese día en el que ya no te volvería a hallar en mi campo de visión. Y aunque no podía tener certeza de ese sentimiento, algo me enunciaba y aseguraba que tus opiniones sobre mí eran parecidas o idénticas. Hechos y concebidos el uno para el otro. Pero existía un impedimento en nuestra relación, nunca podría observar tu gesto, pues la distancia me concedía tan sólo tu ardiente brillo. Me armé de valor y decidí llegar hasta ti. Juré a Dios que examinaría tus más sutiles facciones y ardería en tu calor, o me atenuaría en el intento. Me atreví a explorar este espacio por ti, y decidido agrandé. Agrandé miles de quilómetros en búsqueda de poder abrazarte. Sentía los lamentos de mis hijos al ser comidos por su madre, pero tu tenías preferencia por encima de ellos, por encima de hasta mi propia vida. Lamentaba sus muertes y percibía sus rocas fundiéndose en mi interior, pero mi objetivo era mucho más avaricioso que todo el oro que ellos me concedían. Fue entonces cuando pude captar tu respuesta; me imitabas. Crecías a pasos agigantados, moldeando el tinte de tu brillo a un rojizo amenazante. Ahora, los dos compenetrados en esto, queríamos abrazarnos, rodearnos mutuamente, y fallecer en la cuna del otro. Tenía las esperanzas puestas en nuestra victoria, en un logro jamás alcanzado en la eternidad del universo. Podía sentir cómo esas mariposas cesaban y se creaba en mí un vació desolador, un vació del que podía emigrar si tu me lo pedías, si te alcanzaba. Pero desapareciste. Sin previo aviso ni señal te fuiste. Me abandonaste, solo en este oscuro emplazamiento. Perdí a tres hijos por ti, abrasé a dos más y tú me lo agradeciste desapareciendo sin más. Me hundí en el vació de mi coro, pudriéndome y consumiéndome por tu pérdida. Mis peores pesadillas se habían cumplido, y mi vida perdió todo sentido. Ya no valía la pena, no sin ti. Iba consumiendo mi masa y alcanzando mi coro. Mi brillo se disminuyó, lo noté, y estuve a punto de caer en la más oscura realidad. Hasta que te encontré. Justo antes de mi perdición, toneladas de material y energía se despidieron de mí, salieron a gran presión en una explosión de colores y tonalidades distintas, únicas en el universo. Allí estabas, en el centro de una nube de polvo parecida a una paleta de colores. Supe al momento que yo también estaba sumergido en mi propia nube. Y aunque tenía la vista empolvada, pude reconocer tu nube como las alas de una mariposa. Como las que habitaron mi cuerpo durante tantos milenios. No pude alcanzarte, no pudimos abrazarnos, pero logramos ser las dos únicas mariposas en un firmamento de orugas.

    Aquella noche de invierno

    Aquella noche de invierno

    Aquella noche de invierno no podía dormir. Tenía la sensación de que en mi cuarto había mosquitos, arañas y otros insectos. Además, hacía mucho frío, igualmente de taparme entera con la manta. Aunque se tarde una media de siete minutos en dormirse, yo tarde más del triple.
    De repente un trueno estremeció mi casa. Me asusté, pero no fue algo tan extraño, ya que en los últimos días habían pasado cosas muy misteriosas en casa; se escuchaban algunos ruidos, se veían sombras… Aun así, tenía pánico. Podía escuchar lo rápido que mi corazón latía. Si la frecuencia cardiaca normal es entre 60-100 latidos por minuto, estaba segurísima que la mía latía el doble. Toda mi habitación estaba a oscuras, no se veía nada, pero al final del pasillo se veía una luz. No entendía nada, ya que no sabía de donde salía esa luz. Mi corazón aceleró, cada vez iba más rápido. El miedo iba aumentando. Mis ojos se centraron en la puerta. Tenía la sensación de que en cualquier instante alguien iba a salir caminando por el pasillo.
    Escuché el sonido de la puerta abriéndose lentamente. Estaba convencida de que sería un ladrón. Tenía tanto miedo que dejé de respirar, me quede quieta, estirada, sin hacer nada. Noté una sombra, parecía una sombra humana. Esa sombra se iba acercando cada vez más a mi. Se escuchaban pasos de alguien en el pasillo. Parecían tacones. Cada vez el ruido de los pasos era más fuerte. No sabía que hacer; si llamar a la policía, gritar, o mirar como probablemente robaría las pocas cosas de valor que tenía mi casa.
    Estaba muy nerviosa. Escuché una voz, alguien me estaba hablando, pero no sé quién. En ese instante noté como una mano me tocó el brazo izquierdo y me dijo:
    -Levántate, o llegarás tarde a la escuela.
    En ese momento, abrí los ojos. Vi a mi madre vestida con unos tejanos y unos tacones lista para ir a trabajar en su oficina.
    Me di cuenta de que todo era un sueño. Respiré profundamente, y me tranquilicé muchísimo.
    Se olvida el 90% de los sueños cuando te levantas, pero yo me acuerdo de esa pesadilla perfectamente.

    Aromas que recordar

    Aromas que recordar


    Como cada domingo me encontraba con mi pijama, delante del ordenador. Después de una semana llena de trabajo quería descansar junto a una taza de té. Curioseando por internet encontré un artículo que me llamó la atención. Hice clic sobre él y apareció “La nariz es capaz de recordar más de 50.000 olores diferentes. Esta memoria olfativa permite que al oler un aroma este pueda transportarnos a recuerdos de décadas atrás”, en ese momento simplemente pensé que era un dato curioso que añadir a mi memoria.

    De repente un sonido capto mi atención, se trataba de mi tono de llamada. Me dirigí a coger el teléfono móvil y al escuchar lo que una voz desconocida me comunicaba me quedé en estado de shock, no me salían las palabras. El teléfono cayó al suelo…

    Rápidamente cogí el coche para desplazarme, al llegar entre en el hospital. Pregunte a un auxiliar de enfermería por la habitación en la que mi madre se encontraba. Al conseguir la respuesta me dirigí a la habitación 306 y allí encontré a mi madre inconsciente llena de heridas y rasguños.

    Un doctor me comento que un coche la había atropellado causando graves daños en su cuerpo. Sin esperarlo oí una voz susurrándome, era ella. Lentamente dijo “Tienes que leer la carta” Después de esto, todo se desvaneció y un leve pitido empezó a sonar. Muchos médicos y enfermeros entraron a la habitación, pero era demasiado tarde, mi madre había fallecido.

    Los próximos dos días los pase recordando todos los momentos a su lado, las tardes de verano en la playa tomándonos un helado, el día en que me enseñó a montar en bicicleta y mil y un momentos inolvidables más junto a ella, pero sobre todo había una cosa no dejaba de dar vueltas en mi cabeza, sus últimas palabras.

    El miércoles alguien llamo a la puerta, sabía que era el notario, le invité a entrar. Ambos nos sentamos alrededor de la mesa del comedor y empezó a comentarme los términos de todo el papeleo. Me dijo que mi madre había decidido que cuando ella ya no estuviera conmigo me entregase una carta, la carta de la que ella hablaba antes de morir. Más tarde el notario se marchó. Con mucho cuidado la abrí y empecé a leer:

    Querida hija,

    Si estás leyendo esto significa que he fallecido. Siento mucho no haberte contado esto antes, pero simplemente no encontraba las palabras adecuadas para decírtelo. Eres adoptada.

    Tu padre y yo intentamos durante muchos años tener hijos, pero no lo conseguimos, así que decidimos adoptarte. Quiero que sepas que eres lo mejor que me ha pasado en la vida y que siempre te he querido como una hija.

    Ahora que tu padre y yo faltamos, espero que puedas encontrar a Finn y Rachel, tus padres biológicos. La última vez que contactamos con ellos se encontraban en una ciudad de Carolina del Norte llamada Asheville,

    Buena suerte

    Tu madre

    No sabía cómo reaccionar, nunca me lo podría haber imaginado. No sabía qué hacer, si ignorar la carta y nunca conocer a mis padres biológicos o embarcarme en una aventura para encontrarlos y así también cumplir el último deseo de mi madre. Después de dos horas ya tenía reservado el hotel, el vuelo y preparado el equipaje. Esa misma noche viajaría hacia Estados Unidos.

    Fue un viaje largo, así que al aterrizar fui a pedir un taxi que para me llevara al hotel que había reservado. Durante el trayecto no paraba de pensar ¿Había hecho bien en viajar hasta allí? Ya no podía echarme atrás así que decidí echar fuera todas esas dudas de mi cabeza. Al llegar al hotel decidí descansar un poco, mañana iría al ayuntamiento.

    Por la mañana me preparé y como el ayuntamiento estaba cerca decidí desplazarme a pie. Llegué al ayuntamiento y una señora me dijo que esperara, así que me senté en una silla de la sala de espera. A los diez minutos apareció un hombre y me dirigí hacia un despacho con él. Este me dijo que mi padre había fallecido un par de años atrás, pero afortunadamente me comento que mi madre seguía viva y me dio la dirección de su casa.

    Me desplacé hasta allí. Llamé al timbre y una mujer me abrió la puerta. Un aroma entró por mis fosas nasales para después ser transmitido a mi cerebro, no sabía cómo, pero recordaba ese olor, era como si lo hubiera olido antes. Ese aroma creado con la combinación de incienso i el olor de unas galletas recién hornadas me recordaba a mi hogar. En ese momento me acorde de ese artículo que había leído hacia tan solo unos días. Sin decir nada abrace a mi madre, nos miramos con una sonrisa de complicidad. Estaba en casa.

    Astros en el cosmos

    Astros en el cosmos

    Llevaba esperando este momento mucho tiempo, me lo había imaginado, lo había soñado, había practicado durante meses para aguantar la vida en el espacio. Pero al estar allí delante de esa inmensidad, ese cohete tan majestuoso i colosal lleno de suficiente explosivo para explotar una casa y que había costado el sudor de muchas personas, no me lo podía creer.
    Me acuerdo de aquel día cuando Neil Armstrong pisó la luna por primera vez, me acuerdo de su frase tan célebre y llena de motivación “es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”. En aquellos instantes supe que quería ser astronauta. Dediqué años y horas de mi vida para llegar a este instante y ahora que estoy delante, es una sensación muy especial que muchas veces he imaginado pero que es difícil de asimilar.
    Me propongo a avanzar con mi equipo hasta el ascensor que nos lleva a la cabina del cohete, cuando estamos a allí la espera se nos hace eterna, el sonido del ascensor subiendo al final se nos hace incluso insoportable, pero llegamos. Cada astronauta se coloca en el sitio asignado como las muchas veces que se ha practicado, nos cierran la escotilla y solo hace falta esperar a la cuenta atrás. Josh, el líder del equipo y para mi una de las personas más inteligentes i brillantes que he conocido, comienza a hacer las comprobaciones con la comandante Mery. Yo lo observo con la más sincera admiración porque no tenía ni idea de que hacían.
    Llegó el momento, nos pusimos los cascos y empezó la cuenta atrás. Comencé a escuchar por los auriculares los números del veinte al cero y cuando se acabó comenzó el cohete a sacudirse mucho, habíamos despegado y fue cuando sentí los cuatro g. Ese momento fueron los peores y a la vez los mejores del viaje espacial, porque en aquellos instantes comenzaron una aventura que nunca olvidaré pero que estaba sufriendo no solo por la fuerza g sino también porque iba a un sitio desconocido y que no teníamos control. Al salir de la atmosfera nos dijeron que ya nos podíamos desabrochar los cinturones y en ese mismo instante comencé a flotar. No había gravedad, era como nadar en un mar de aire, todos los objetos flotaban y en esos instantes tuve una alegría absoluta, se me olvidaron los problemas y las complicaciones de la Tierra porque ahora no estaba allí, ahora estaba con las estrellas, en el cielo y pensé que cuando alguien mirara hacia arriba me vería a mí. Yo era un astro en el cosmos que viajaba por un mar infinito.
    Esos momentos de reflexión se me acabaron cuando llegamos a la Estación Espacial Internacional donde estaríamos unos meses para el mantenimiento de la estación. Desde allí admiré la Tierra, un lugar donde se mezcla el caos con la tranquilidad, un lugar donde existe el bien y existe el mal, un lugar donde puedes hacer realidad tus sueños. Todo eso dentro de ese minúsculo planeta, pero ¿habrá vida en otros planetas? Me gustaría saber que no estamos solos en el universo y que hay alguien más que contempla esta magistralidad y piensa como yo.

    ATAQUE AL PROYECTO AGUA

    ATAQUE AL PROYECTO AGUA

    Estamos entrando en la Agencia Espacial Europea ESA, tenemos una reunión con Stoyan Kroops , jefe del proyecto . Las medidas de seguridad
    son cada vez mayores después del último intento de sabotaje por parte de los rusos. No podemos entrar con nuestros móviles a la sala y todos nuestros dispositivos electrónicos son revisados . Se sospecha que hay un infiltrado en nuestro grupo, pero nadie sabe quién puede ser, todos nos miramos con desconfianza. El equipo está formado por 8 personas. El jefe de proyecto Stoyan, Jacques Dordein encargado de los satélites en órbita, Francesco Celleghini ingeniero, Hele Andersen ingeniera danesa, Frank Macnab, científico británico, Lara Broch ingeniera suiza, Peter Poulus ingeniero griego de operaciones y yo misma, Marta Alonso
    Lara y yo subimos al segundo piso donde están todos esperando para la reunión: “Planeta de agua”, estamos trabajando en la búsqueda de un planeta que tenga agua ya que es un recurso necesario para la vida y cada vez más escaso. Se han hecho varios estudios y descubrimientos, este proyecto es muy ambicioso con la colaboración de todos los países que forman la ESA. Hemos descubierto un nuevo planeta que se ha llamado GSAJ1484b, es 1,4 veces el tamaño de la Tierra y se encuentra a 39 años luz de distancia. Su tamaño es similar a la tierra. Descubrir una atmósfera y definir sus características son pasos importantes en la búsqueda de vida por fuera del Sistema Solar.
    Pero es improbable que este mundo esté habitado: la temperatura de su superficie asciende a los 370 ºC. Y ahora mismo estamos en esta investigación, intentando descubrir si existe vida en el GSAJ1484b. Frank Macnab, es el más pesimista de todos, dijo que la temperatura más caliente en donde la vida había podido sobrevivir en la Tierra era de 120 ºC, eso era mucho más frío que este planeta. El siempre está poniendo puntos negativos sobre todas las opciones que se intentan llevar a cabo.
    Cuando la reunión estaba acabado se fue la luz en todo el edificio ,no se veía nada, oíamos voces fuera . Continuamos sentados, oímos ruidos en la sala, pero no sabíamos quien se estaría moviendo. Stoyan decidió que abandonarmos la sala y fueramos a la salida de emergencia. Al levantarme me di cuenta que mi compañero Peter no estaba, me acerqué a su silla y así era, se lo dije a los demás, también Hele había desaparecido. El que estaba sentado más cerca de la puerta era Francesco y no notó que en ningún momento la puerta se abriera.
    Bajamos por la escalera de emergencia hacia la calle y allí nos confirmaron horas más tarde que nuestros dos miembros del equipo habían desaparecido.
    Cuando la luz volvió fuimos a la sala e intentamos comunicarnos con ellos, pero fue imposible. Nadie les había visto salir del edificio, ni tampoco les vimos salir de la sala. Pero sí que vimos que faltaban todo el documento que teníamos en la mesa sobre el proyecto “Planeta de agua”. Rápidamente un equipo de seguridad comenzó a hacernos preguntas, aunque no podíamos decir realmente mucho porque nadie vio como desaparecían de la sala.
    Viendo las cámaras de seguridad del edificio, se comprobó que habían salido del edificio y se habían montado en una furgoneta con otras tres personas. La única forma de salir de la sala fue por un panel eléctrico que había justo detrás de donde estaba Hele, los tornillos del panel estaban sueltos, y el conducto era bastante grande para poder salir.
    Se pusieron rápidamente a buscar la furgoneta con las cámaras de seguridad de la ciudad. La encontraron cerca del puerto, pero ni rastro de Hele y Peter.
    Cuando llegué a mi casa vi que la luz del salón estaba encendida, entré con cuidado en casa y allí estaban Hele y Peter, me contaron que ambos habían colaborado para sacar los archivos del informe , y la única manera de conseguir todo el trabajo de la investigación era robarlo en esa reunión porque cada miembro del equipo disponía de una parte diferente del trabajo, por lo que era allí donde se tendría la información completa del trabajo. El proyecto se lo habían entregado a una persona que desconocían para quien trabajaba, pero que había secuestrado a sus hijos y les propusieron un cambio: proyecto por la vida de sus hijos. La organización les facilitó todo el plan de huida y ellos solo tuvieron que seguir sus instrucciones. Al entregar todo el proyecto, sus hijos fueron soltados en un parque. Ahora me pedían ayuda para explicar lo ocurrido, aunque sabían que perderían sus trabajos.
    Llamé a Stoyan y quedé con él en una cafetería, allí le explicaron lo ocurrido y decidió que habría que investigar todo el caso, y que de momento ellos no podrían volver a trabajar en la ESA.

    Brillo natural

    Brillo natural

    Me llamo Llama y vivo en un pueblo donde siempre hay luz, algunos diréis que no puede ser posible, pero lo es. El cielo siempre es oscuro y lleno de estrellas, pero en mi hogar todo brilla, en el mío, en el de mis amigos, familiares, vecinos, conocidos… cada día nos levantamos todos con una misión, despertar y facilitar el día a los demás, en este trabajo ves a muchas personas un promedio de siete mil setecientos setenta y cinco miles de millones según el día o la época del año. Aquí no hace falta reproducirse todo es muy rápido y sencillo.
    Solemos tardar 8,17 minutos en ver a la primera, pero siempre es alguien diferente.
    En casa solo descansamos o dormimos, ya que nuestro trabajo es el mismo cada año y durante toda la vida, así que cada doce horas nos intercambiamos con otros habitantes, aquí todo el mundo trabaja.
    Nuestro pueblo es inmenso, nuca he logrado rodearlo y hay gente que dice que dentro de unos millones de años dejará de brillar, y yo estoy esperando estar allí para verlo, no me lo podría ni imaginar.
    Como he dicho antes según las épocas del año vemos a más o menos gente, por ejemplo en verano hay algunos que trabajamos durante más tiempo que otros, lo mismo pasa en invierno.
    En este trabajo nuestro no hay muchas normas lo único es que no nos podemos acercar mucho al lado oscuro, se conoce que allí la gente no camina por la calle, sino que se queda dentro de casa tapada y con los ojos cerrados.
    Cada día nace gente nueva, pero nunca nadie abandona nuestro inmenso pueblo, pero lo más fascinante es que hay espacio para muchos más. Hoy yo cumplo mil quinientos ocho años aún soy joven, y me queda mucho por vivir, contando que el más anciano tiene cuatro mil quinientos sesenta seis millones de años, que es aproximadamente cuando este pueblo se formó.
    Aunque no suele pasar a veces nos quedamos en casa algunos de nosotros ya que unas cosas grises nos tapan la entrada y nos dificultan la accesibilidad, así que los más fuertes son los que se suelen embarcar y yo espero algún día ser uno de ellos.

    C^2

    C^2

    ¡Uf! ¡Lo veo francamente difícil! ¿Cómo voy a contar mi experiencia con la ciencia en 800 palabras con la de pesadillas, emociones y sentimientos que de una u otra forma están en mis recuerdos?
    Lo voy a hacer con orden, que, como dicen mis profesores es muy importante para no perderse.
    El mundo de la ceguera es muy complicado. Sin saber nada de ciencia, yo de pequeña, ya me daba cuenta de que las cosas cambiaban de forma, de olor, de textura... Porque, a ver, como se explica que un huevo crudo, frío, duro, con cáscara y con forma de huevo, mezclado con aceite y puesto en la sartén, al calor de la vitrocerámica, se transforme en algo plano, caliente, de diferente forma y de exquisito sabor. Y otro ejemplo, como me explico yo que tan sentadita como iba en el coche de mis padres, sin moverme para nada, sin tocar el suelo, me desplazaba kilómetros y kilómetros y mis pies no habían tenido ningún contacto con la carretera.
    Eso es la ciencia para mí, tener la certeza de que están sucediendo cosas a mi alrededor que poco a poco voy comprendiendo gracias a las leyes, enunciados, operaciones, fórmulas que voy aprendiendo y que a veces a duras penas, entiendo.
    En los desplazamientos por las calles, oía que me decían: "si es mediodía y te da el sol en la cara, estás yendo hacia el sur y tu casa está al oeste". ? Me sonaban las palabras a chino, yo lo único de lo que era capaz de enterarme es de que tenía calorcito en la cara y en la cabeza, porque ni siquiera me deslumbraba la vista... ¡Qué gracia!
    Poco a poco, con las clases de colegio, las explicaciones extras de mis profesores sobre ciertas nociones que debía aprender y que no comprendía, lo que me decían mis familiares, en fin, con la vida en general, fui descubriendo que la vida y la ciencia estaban muy unidas, solo que yo contaba con grandes dificultades para verlas. Eran como actos de fe, incluso esas expresiones las utilizábamos a menudo para observar, por ejemplo, los cambios a través de un microscopio. Nos daba la risa, pero algo iba quedando. Y sobre todo, iba aprobando, es decir, salía airosa. Otra cosa es que me fuera gustando, eso ya quedaba lejos.
    También voy comprobando, que lo que dicen los profesores de matemáticas sobre que las asignaturas están relacionadas con todo, es muy cierto, porque sino a ver como resuelvo la velocidad cuando me dan el tiempo y el espacio sino se resolver ecuaciones o como calculo la distancia de la fórmula de la gravitación de Newton si no se hacer raíces cuadradas... que por cierto, resolverlas en braille fue dificilísimo.
    Para que se me haga más ameno, intento combinar ciencia con literatura, lo que hace que los conocimientos se me queden disfrutando, ya que me encanta leer.
    Y, además, suelo practicar química muchas veces con mi madre: nos encanta cocinar juntas y ese rincón de la casa es nuestro laboratorio favorito. Allí, he aprendido a medir cuartos de kilo con vasos de yogurt, a configurar una báscula, a diferenciar lo homogéneo de lo heterogéneo... Creo que incluso más que en la escuela, y divirtiéndome un montón.
    Sé que por ello no dan diplomatura, pero en mi opinión, todas las madres y abuelas del mundo, además de los cocineros, deberían tener, al menos, un certificado de que saben química, porque sin ella, ¿cómo nos prepararían las delicias de la casa y de los restaurantes?
    Ahora tengo sentimientos contradictorios. Por una parte, los conceptos se complican y muchas veces me parecen jeroglíficos pero por otro, cada vez me está gustando más. Eso desde luego, tiene que ver con los profesores. He sido una alumna muy afortunada. Siempre he tenido maestros y maestras que me han intentado explicar muy bien las cosas, a pesar de que ellos no siempre entendían como percibía yo aquello que me intentaban explicar. Desde luego tenían mucho mérito. Y lo cierto es que hoy en día, me gustan las ciencias, tanto las matemáticas, como la física y química o la biología. Un poco menos la tecnología, que quitando los electrodomésticos de casa, mi ordenador, el teléfono y poco más me resulta muy complicada. Como dicen los que me enseñan a manejarlos "me defiendo como usuaria".
    Pero, mi parte favorita es la cosmética, que sin los conocimientos científicos, no existiría. En ese campo casi casi soy experta. Me encanta tocar mi piel y que esté suave y lisa, por lo que me aplico varias cremas, y también preparo arcillas que pongo en mi cara para evitar que se llene de acné juvenil.
    Como se ve, una gran parte de mi vida está relacionada con las ciencias. ¿Quién me lo hubiera dicho hace años?

    Catástrofe Sideral

    Catástrofe Sideral

    -¡Y recuerden amigos, este programa se completa cuando alcancemos los cien voluntarios, pues bien, no duden en apuntarse ya!
    Mi reverencia es recibida por aplausos y silbidos y no puedo evitar sonreir.
    Eso es hasta que mi compañera más leal de equipo, Marta, me arrastra a un lado del escenario, preocupación visible en su rostro.
    -Malas noticias, muy pero que muy malas noticias.
    -Hoy es un dia de celebración, compañera. Empezamos el programa del viaje turístico a Próxima Centauri b, dejemos las preocupaciones para luego.
    -Es precisamente sobre eso de lo que quería hablarte. Ha habido un problema con Proxima Centauri.
    -¿La enana roja que orbita nuestro destino?- Es dificil no liarse, todos los astros en ese sistema estelar tienen Centauri en el nombre; Alfa Centauri, Alfa Centauri A, Alfa Centauri B, Alfa Centauri Bb... pero al final uno aprende.
    -Exactamente. Ya sabes la mala leche que tienen ese tipo de estrellas, y en uno de sus últimos arrebatos...
    -¡No me fastidies!
    -Una fulguración engulló nuestro destino completamente.
    -No...
    -Parece una pasa a grande escala.
    -¡¿Y cuándo pasó esto?!
    -En Marzo del 2017, más o menos.
    -¿Y qué hago enterándome ahora?
    -Ya sabes, las noticias interestelares muy rápido no es que viajen.
    -¡¡¡Esto es una catástrofe!!!
    -Tampoco nos afecta tanto.
    -Pues ya sabes, a reorganizarlo todo, pero ahora como un viaje de exploración de las ruinas de lo que podría haber sido nuestra salvación.
    -De verdad, ya hemos terminado la presentación, no creo que a la profe le importe.
    -Marta, mírame,- le agarro de los hombros. -Esto no es solo un proyecto en grupo para aprobar el tercer trimestre, es un trabajo, una misión.
    -Pero ya hemos expuesto.
    -No Marta, no. Ese no es el espíritu.
    Marta resopla, y viendo que no me voy a dar por vencida, alza la cabeza.
    -Muy bien entonces,- pronuncia con más drama del necesario.- Tú avisa al equipo, yo empezaré con los cálculos para el nuevo viaje.
    Se aleja con pasos firmes, resuelta.
    Ese es el tipo de gente que quiero en mi equipo.
    Si tan solo no se nos calcinaran todos los planetas que elegimos...

    Centro del universo

    Centro del universo



    Enviar un mensaje en un grupo de cincuenta personas, y que nadie conteste. Hablar y que nadie te escuche. Reír y hacer el ridículo. Encontrarse, un día, que nadie te hace caso. Querer llamar la atención, para que parezca que eres el ombligo del mundo, y no sentirse apartado.
    ¿Quién no se ha sentido nunca así? Cuando todo parece ir de maravilla, sabes que tienes amigos, seres queridos, con los que pasar un buen rato y, de repente, toda aquella vida que llevabas es fruto de imaginaciones tuyas idealizadas. Abrir los ojos y darte cuenta que nada es como creías que era, y no entender por qué.
    Darse cuenta que la Tierra que creías lo mejor, no es el centro del universo, mas todo este tiempo has estado girando alrededor de alguien más. No eres la estrella del sistema solar, eres simplemente una pieza en un engranaje, un planeta en una órbita. Y quieres ser la estrella, necesitas serlo. Para tu bien interior, y para poder volver a decir que tu vida es tan feliz como lo parecía.
    Porque solo cuando soñamos es cuando queremos despertarnos. Es tan difícil darse cuenta de que no importas, que incluso se siente como una ruptura.
    Primero, la negación. Intentas convencerte a ti mismo de que no sucede nada, que tu vida sigue igual. Quieres ser feliz, lo deseas con ansias, volver a destacar. Ser el centro de atención te llena por dentro, y quieres olvidar tu voz interior que dice, con monotonía, que ya no es lo mismo.
    Después viene el enfado, la ira. Empiezas a escuchar a tu subconsciente, y sabes que todos tus amigos te hacen el vacío. Increíble, ¿no? Personas con las que compartes tu vida, que, disimuladamente, te apartan de la suya, para acabar cambiando de acera cuando las ves por la calle. Dejan de comentarte sus planes, sus ideas, sus sentimientos, hasta que apenas recuerdas su cara. Les odias por ello. Eres una persona, tienes sentimientos, ¿acaso no les importa cómo te puedes sentir? Al no entenderlos, les detestas. Y al detestarlas, pueden llegar a incluso detestarte a ti. Pero estás tan cegado por el enfado que solo piensas que nadie se merece llegar a tu mismo nivel.
    Y lo peor, con todo ello, la depresión. Quieres ser el Sol, y crees que no alcanzas a compararte con un pequeño meteorito. Idealizas la vida de todos, menos la tuya. Te sientes cada vez menos poderoso, menos feliz. Algo te arrebata tus ganas de luchar por tu felicidad, y tú se lo consientes sin problema alguno, como si un agujero negro absorbiera lentamente, y después a la velocidad de la luz, tus sueños, metas y ilusiones. No tienes nadie, pues eres destrucción para todo aquel que se te acerque siquiera. Tu corazón, lleno de rancor, se va apagando y endureciendo, mas con el paso del tiempo se vuelve indiferente, y con tu corazón, todo tú.
    Y, por fin, llega toda la luz de la que carecías. Pequeños gestos, detalles, que hacen darte cuenta de que, puede que no seas una gran estrella, o que no llegues siquiera a ser una hormiga. Pero siempre puedes pasarlo peor. Sabes que siempre deseamos lo inalcanzable. Puede que el Sol tenga planetas que orbiten a su alrededor, pero debes recordar que tú tienes tus lunas también.

    Como siempre

    Como siempre

    Buaaah!-Ya es hora? Me despierto lentamente tal y como y subo la persiana para ver el bonito día que hace, me quito el pijama y me voy a la ducha, con cuidado me agarro a la barandilla que mi hijo hizo poner en mi baño para que no me cayera más, ya que me solía caer bastantes veces debido a la falta de equilibrio que empecé a notar ya hace unos años, pongo primero un pie dentro de la ducha, seguidamente pongo el otro y ya estoy dentro, enciendo la ducha y empieza a salir el agua fría, que sensación más desagradable el esperar que salga el agua caliente y que de pronto este fría, pero bueno, tarda unos segundos en ponerse caliente, y ya sí, me puedo empezar a duchar en paz, cojo el jabón y me limpio entero, una vez acabo de ducharme, salgo y voy a mi habitación para vestirme, me pongo una camisa que hay en una cesta al lado de la lavadora, y unos pantalones de pana que me regaló mi hijo por mi cumpleaños.
    Una vez ya lo he terminado todo, voy al bar de delante de mi casa a desayunar, creo que tomaré un café acompañado de un croissant, me siento en una mesa solo, y viene un camarero joven a pedir-me que quiero, le digo que una taza de chocolate caliente y un croissant, me lo trae al instante, y lo empiezo a comer. Cuando estoy por la mitad del croissant, viene un hombre desconocido de mi edad y me pregunta- Pedro! Que tal, como va todo?!-. Desconozco totalmente su cara, así que hago el papel de que le conozco, y el sigue preguntándome que como va todo, que tal mis hijos… Hasta que me pregunta si no le estoy entendiendo, si no se acuerda de que cada miércoles quedamos en este bar para desayunar juntos, la verdad es que no, siendo sinceros no sé ni en que día de la semana estábamos hasta que me lo ha dicho él.
    Da igual, hablo un rato más con él hasta que le digo que me tengo que ir, que llego tarde a comer con mi familia, aunque sea mentira.
    Así que vuelvo a mi casa, y me encuentro la comida echa, que extraño, pero bueno, lo como todo y me tumbo en el sofá para hacer la sagrada “siesta”, cierro los ojos y todo desaparece…
    Buaaaaah!- Me despierto y me levanto del sofá con cuidado, miro la hora y ya son las 19:00, no sé que hacer, creo que miraré la tele un buen rato hasta la hora de cenar, nada más abrir-la me sale un programa en el que están hablando sobre los peligros de ser mayor, primero hablan de como vigilar con la comida, que si comemos cosas muy fuertes, nos pueden perjudicar en la salud, y cuando acaban de hablar sobre eso, la chica empieza a hablar sobre las enfermedades que se pueden tener cuando eres mayor, dicen que sobre las muchas que hay, como la artrosis, hoy solo hablaran sobre el alzhéimer, una enfermedad en la que cuando tienes cierta edad se empiezan a notar los primeros síntomas, los cuales son que no te acuerdas de los hechos que te han pasado durante los últimos días, es un enfermedad que perjudica al cerebro y que uno mismo no puede notar que esta sufriendo esta enfermedad, tienen que ser otras personas las que detecten esto.
    Acabo de mirar el programa y voy a ducharme, y luego cojo unas piezas de fruta para cenar, las termino y voy a la cama para poder descansar ya que hoy he hecho muchas cosas, pese a que no las recuerde…
    Me despierto a la mañana siguiente, me levanto lentamente y subo la persiana para ver el bonito día que hace, pero esta lloviendo, intento recordar como es un dia soleado y sin ninguna nube, pero no logro recordar-lo.
    No recuerdo si ayer me duché, así que decido hacer-lo, me meto a la ducha y al salir no sé que ropa coger, así que cojo una camiseta que hay por ahí tirada y unos pantalones manchados de lo que parece chocolate al encima de la lavadora.
    Voy al bar delante de mi casa y pido una ensaimada y un café descafeinado, me lo tomo todo mientras leo el periódico, aunque no sé porque pero no entiendo nada, hablan de unas guerras en Siria y bombardeos, también miro el apartado de deportes, hablan de unos equipos cuyos nombres me suenan, pero no los logro reconocer, también de política, pero tampoco logro recordar nada…

    Confusión

    Confusión


    Estoy cansado y los ojos se me van cerrando, sin forzarlos. Después de un tiempo siento unas manos que me cogen, pero yo sigo durmiendo, aun así, siento la temperatura corporal a la que pertenecen esas manos y la calidez de estas, me cogen con delicadeza y me siento bien.
    Me suben a un coche y de repente noto también una extraña presencia a mi lado y unos suspiros intensos cercanos, allí es cuando abro los ojos, al principio no veo nada durante un rato, pero cuando giro la cabeza veo un perro que me lame, me hace cosquillas y eso me gusta.

    Después de una hora metido en ese coche unas manos me vuelven a coger, pero no son las mismas que antes, estas tienen otra temperatura, y son mucho más grande y rugosas. Tengo que decir que me he mareado un poco, hacía mucho que no iba en coche y no recordaba muy bien la sensación, por eso no me he podido volver a dormir.
    Las manos más grandes y rugosas me trasladan a una sala donde la temperatura aumenta desmesuradamente y creo que empiezo a ponerme rojo del calor que tengo. Después de haber pasado un rato en esta sala ya no noto tanto la diferencia de temperatura y estoy más cómodo.

    Me he vuelto a dormir y no sé cuánto tiempo ha pasado, pero me he despertado cuando me han cogido y creo que me han colocado encima de un mueble, no estoy del todo seguro.
    Solo sé que estoy en alto y que desde aquí todo se ve desde otra perspectiva. Desde aquí lo puedo ver todo, veo al perrito que me ha acompañado durante todo el trayecto, desde lejos puedo ver también una mama y un papa, que me imagino que son las dos personas que me han cogido antes. Y después observo una bola con cuatro extremidades que le sobresalen y que se mueve, yo diría que gatea más bien dicho y se está acercando hacia mí. Se acerca lentamente, pero con entusiasmo, cuando llega donde estoy yo me intenta coger hasta que al final me consigue tirar y siento que me caigo lentamente, como si el tiempo se ralentizase, pero antes de impactar contra el suelo una mano me salvan de esa terrible caída. Yo, ya más tranquilo, espero a que me vuelvan a colocar en el mismo sitio, pero no, me llevan al exterior y de repente noto una brisa fría y me da un escalofrío, mi temperatura de repente baja y percibo que estamos más o menos a unos quince grados, estoy casi del todo seguro de que estoy en lo cierto.


    Me encuentro en una habitación pequeña, casi a oscuras, solo se ve una pequeña franja de luz que se ve en el suelo por debajo de la puerta. No sé dónde estoy, estoy muy confundido. Lo único que recuerdo es que el perro me agarro y me tiro por unas escaleras, lo siguiente que recuerdo es solamente negro, solo eso, negro. Y después me he despertado aquí.
    Me doy cuenta de que no percibo ninguna temperatura, ni calor, ni frio, no siento nada y me fijo de que tengo algo roto en el lateral.
    Finalmente admito que soy un termómetro completamente roto, ya no sirvo para nada.
    Lo que no entiendo es porque no me han tirado… Ahora mismo debería estar en un contenedor, pero, sin embargo, sigo aquí.

    Se abre la puerta y alguien deposita algo a mi lado que aún no se de lo que se trata, y la puerta se vuelve a cerrar. Yo pregunto, me fijo de que es un reloj, y él me dice que ha dejado de funcionar y que lo han dejado allí, sin más.

    Estoy rodeado de trastos, incluido yo, que ya no funcionamos, que ya no tenemos ninguna utilidad. Últimamente esa puerta no se para de abrir, y van entrando más y más cosas y se va acumulando mierda, no solo somos objetos, también hay papeles, pelusas, de todo.

    CONTROL REMOTO

    CONTROL REMOTO

    Después de ocho horas de operación, el Doctor Fernández salió victorioso del quirófano.
    - ¡Fernández! ¡Fernández! ¿Cómo ha ido todo? - preguntó Ulises, uno de sus compañeros de profesión.
    - Mejor que nunca, el tumor ha sido extraído correctamente del cerebro y estoy seguro de que el paciente podrá vivir una vida normal.
    - ¡Maravilloso!
    - Y además, es el primer paciente al que le hemos aplicado el complejo de placas estimuladoras. - dijo el Doctor Fernández.
    - ¿Qué es eso? Nunca había oído hablar de esa terapia.
    - No es ninguna terapia, es una técnica que nos ayudará a comprender mejor la mente humana. Al sujeto le hemos introducido en el cerebro una serie de placas metálicas que estimulan mediante pequeñas descargas las diferentes zonas. Después observamos qué efectos tiene en él la estimulación de una área concreta del cerebro.
    - ¿El paciente lo sabe?
    - ¡Claro que no! Pero su mujer y el comité ético nos han dado permiso, es un gran experimento y esta es la mejor ocasión para llevarlo a cabo.
    - Lo veo poco ético todo esto, la verdad. No contéis conmigo.
    - De acuerdo. Me tengo que ir, Ulises. Hemos instalado cámaras por toda su casa para medir sus reacciones y he de ir al panel de control para comprobar que todas funcionan.


    Con el sujeto ya en casa, comienza el experimento.
    - ¿Por dónde empezamos, Max? - preguntó Fernández.
    - Prueba a estimular la placa A, vamos a ir probando poco a poco.


    Por fin he llegado a casa. Allí, mis dos hijos me reciben con un fuerte abrazo, todo ha salido bien. Toda la tensión y la ansiedad se han desvanecido de golpe, la felicidad inunda la casa. Pero no por mucho tiempo…
    De repente, sin saber por qué, caigo en una profunda tristeza. A raíz de este episodio depresivo, me veo obligado a retirarme a mi dormitorio para que mis hijos no me vean hundido. Una vez allí, rompo a llorar. No entiendo nada, todo ha salido bien, pero me siento abatido, no me veo con fuerzas ni para seguir viviendo. No sé qué me pasa.


    - Suficiente por ahora, no queremos acabar con él. - dijo Fernández – Desactiva la estimulación, Max.
    - De acuerdo, esta noche estimularemos las placas B y C a la vez. Creo que una de ellas afecta al área de la visión.


    La primera cena de familia en semanas, había echado de menos esto el tiempo que estuve ingresado. Bueno, faltaba Yolanda, que hoy también trabajaba por la noche.
    Mis hijos estaban entusiasmados por tenerme de vuelta y hablaban tanto que apenas tenían tiempo de comer, demasiado tiempo sin verme. Todo iba bien hasta que de un momento a otro empezaron a ocurrir cosas extrañas en la casa.
    - ¡Elías! ¡Te estábamos esperando! Siéntate aquí con nosotros. - dije, mirando la puerta de la cocina.
    Mis hijos también miraban la puerta, sorprendidos y un poco asustados.
    - Papá, ¿con quién hablas? - dijo Clara.
    En ese momento me levanté y fui corriendo a la puerta. Cogí del brazo a Elías e intenté llevarlo a la mesa, pero por mucha fuerza que hiciera no podía moverlo.
    - ¡Papá! ¡¿Qué te pasa?! - dijo Jaume, aterrorizado, estaba llorando.
    Ambos sabían que Elías era mi hermano, que murió en un accidente de coche. Mis hijos lloraban por el miedo.


    - Max, estimula la placa D también.


    - ¡Corred! ¡Corred! ¡La casa se cae! - grité, sentía como el techo se agrietaba y unas voces procedentes de la calle me decían que huyese.
    - ¡Papá! ¡Para! - gritó Clara.
    - ¡¿No los oís?! Dicen que huyamos. ¡La casa se cae sobre nuestras cabezas! ¡La casa se…
    De repente todo se volvió oscuro, lo único que recuerdo es golpearme la cabeza contra el suelo y desmayarme.


    - ¡Mierda! ¡Corre! ¡Desconecta todas las placas! ¡Se ha desmayado! - gritó Fernández.


    Abrí los ojos, la sala donde me encontraba me resultó familiar. Si no recordaba mal, estaba otra vez en el hospital. Tan pronto como desperté, una de las doctoras apareció por la puerta.
    - ¿Cómo estás?
    - ¿Qué ha pasado? ¿Por qué vuelvo a estar aquí? No me digas que ha reaparecido el tumor…
    - No te pasa nada. - la doctora García suspiró – Creo que yo y todo el equipo te debemos una explicación... y una disculpa.
    - ¿Por qué? - pregunté.
    - Te hemos utilizado como rata de laboratorio.

    Correa de cuero y números plateados

    Correa de cuero y números plateados

    Salgo corriendo de la biblioteca del colegio, pero tropiezo con algo. Es un objeto pequeño, un reloj, así que lo guardo rápidamente en mi mochila para analizarlo más tarde. Le pido perdón al bedel, que me mira enfadado porque tiene que cerrar tarde por mi culpa. Cruzo la puerta y recupero el aire, para tomar el camino a la parada del tranvía que me llevará a mi casa. Llego y me siento a esperar; quedan nueve minutos para que llegue el tren y poca batería en mi móvil, no puedo jugar al Candy Crush. Recordando el nuevo objeto que descansa en mi mochila, la abro y lo busco para entretenerme. Ahí está, un reloj con la correa de cuero y dos pequeñas ruletas a cada lado. Sin embargo, no tiene agujas, sino varios números plateados que marcan el día, el mes y el año, ni rastro de la hora. Intrigada, giro una de las ruletas, pero decido que es mejor ponérmelo antes. Pulso sin querer la ruleta que estaba manipulando y de repente todo comienza a dar vueltas.

    Por fin, el paisaje que miraba vuelve a la normalidad, si es que puedo llamarlo así. Donde antes había una carretera hay ahora hierba, y en vez de estar sentada sobre unos asientos metálicos, me encuentro en un banco de madera. La gente también ha cambiado, las mujeres llevan vestidos largos mientras que los hombres visten trajes muy elegantes. Pocos se fijan en mí, pero los que lo hacen se quedan mirándome, entre extrañados e indignados. Me doy cuenta del problema, y es que en el escenario en el que estoy, una chica despeinada con pantalones cortos y una camiseta de tirantes llama demasiado la atención. Estática en mi sitio e intentando tapar mis largas y pálidas piernas sin éxito, me doy cuenta de que un niño está tirando de mi brazo. Me indica que le siga y sale corriendo, así que, sin otra alternativa, obedezco lo que me ordena. Pronto llegamos a una tienda de relojes.

    El dependiente me trata amablemente cuando le digo que no sé dónde estoy, pero calla cuando ve lo que ciñe mi muñeca. Me coge la mano delicadamente y lo inspecciona, cambia la fecha y antes de que yo abra la boca, pulsa la ruleta.

    Como por arte de magia aparezco en una sala en penumbra. Salgo y la luz me ciega. Cuando mi vista se adapta a mi entorno, veo que estoy en una especie de laberinto. Empiezo a andar buscando una salida, hasta que veo en la calle de mi izquierda tres hombres con traje y una especie de pistola en la mano. Asustada, retrocedo, hasta que una mano agarra la mía y tira, haciéndome correr. Es una pareja la que me guía por las calles. Una vez los hemos perdido de vista nos escondemos tras un contenedor.

    - Hola, soy Daniel. Supongo que te habrán dado el reloj por algo, así que bienvenida al mundillo. Como ya sabrás, lo que tienes en la muñeca es una máquina del tiempo portátil. Esos hombres que nos perseguían las quieren robar y usarlas para sus propios fines. Y por si te lo preguntas, las pistolas que tienen no matan, pero lanzan una especie de descarga que inmoviliza los relojes. – El chico habla atropelladamente, explicándolo todo con prisa y mirando de vez en cuando los dos lados de la calle en la que estamos.

    La chica que le acompaña está más tranquila, y me sonríe.

    - Me llamo Lucy ¿Y tú?

    - Yo soy Evelyn. – respondo.

    Lucy ve algo detrás de mí e intenta cubrirme con su brazo, pero es muy tarde. Uno de los hombres nos ha encontrado, y apunta directamente a mi muñeca.

    - Recuerda esto, Evelyn. – me grita Daniel – Tu futuro es mi pasado.

    Me intento apartar, pero no consigo evitar el disparo, que impacta en el reloj rompiéndolo. Todo da vueltas de nuevo.

    Despierto.

    Mi habitación se inunda de la potente luz de la calle, porque mi madre acaba de levantar la persiana. Olvidando mi inquietante sueño, me levanto y voy al colegio como cualquier otro jueves. Después de soportar tres clases llega el recreo, pero como tengo un examen en la próxima hora voy a la biblioteca a estudiar. No llego a entrar, ya que cuando voy a abrir la puerta una mano me agarra con fuerza la muñeca y tira de mí hacia afuera. Aunque no puedo verle la cara, escucho perfectamente lo que susurra en mi oído.

    - “Tu futuro es mi pasado”.

    Me suelta y se va, sin darme tiempo a responder. Me froto la muñeca y la miro. Donde debería haber una marca rojiza, encuentro un reloj con la correa de cuero y brillantes números plateados.

    CUESTIÓN DE TIEMPO

    CUESTIÓN DE TIEMPO

    En un lugar no muy lejano de aquí, en una modesta casa, un hombre bajo y con la piel curtida de trabajar durante cincuenta años llamado Leo pasaba el tiempo con su nieta Sira, una pequeña impulsiva y extrovertida de ocho años. Sira y Leo tenían muy buena conexión podían pasarse horas y horas hablando, jugando y paseando. Después de jugar un rato Sira le explicó lo que había hecho en clase.
    -Abuelo hoy en clase nos han explicado la 3ª Guerra Mundial… esa que fue por el petr...prit...pretilo.
    -Por el petróleo. -corrigió Leo tristemente.
    -¡Sí! –respondió la niña- El petróleo, también nos han enseñado objetos que estaban hechos de petróleo como por ejemplo las botellas o también lo que más me ha sorprendido... ¡las bolsas de la compra! Pero abuelo ¿por qué nunca me has hablado sobre esto si la guerra empezó cuando tenías 20 años?-prosiguió Sira
    -Verás Sira, en los libros de texto y en la televisión lo cuentan como una pequeña batalla en la que sólo tuvimos que sufrir el cambio del petróleo a las energías renovables. Pero es una historia mucho más larga. Cuando yo acababa de cumplir la mayoría de edad había una gran tensión internacional; los ricos estaban obsesionados por controlar la mayor cantidad posible de fuentes de petróleo, cosa que no entendíamos los demás. Pero la burbuja explotó y el mundo cambió. Ya no habría más coches, aviones, trenes,... ya no volvimos a ver el plástico ni en las bolsas, botellas, juguetes,.... ¡en nada! -Leo bajó la vista.
    -¿Cómo cambió vuestras vidas? ¿Por qué no usabais energía solar o hidráulica o eólica....? -preguntó Sira intrigada.
    -Tranquila, ahora te lo explico todo. Cuando la producción energética decaía, estalló la guerra. Pero las batallas no ocurrían en las grandes ciudades sino en los pueblos donde había muertos y más muertos. La gente se mataba por conseguir comida; por una simple botella de plástico… dicen que el hambre y la guerra mataron al 20% de la población mundial. Retrocedimos un siglo. Teníamos que ir al río con recipientes de cerámica en mano, nos movíamos sólo en bicicleta, consumíamos únicamente alimentos que se cultivaba aquí o en los pueblos de alrededor… Así tuvimos que vivir durante mucho tiempo, hasta que algunos científicos decidieron buscar nuevas maneras de aprovechar mejor las fuentes eólica, hidráulica, solar...
    -Entonces, ¿antes no había placas solares ni molinos de viento? -interrumpió Sira
    -No, sólo se generalizaron desde hace pocos años. Y como ya sabes, ahora nuestros coches son eléctricos y ya no contaminamos tanto por lo que el calentamiento global remite y las temperaturas no son tan extremas.
    -¿Cómo eran las temperaturas antes?- preguntó velozmente la niña.
    -Cuando yo era pequeño las temperaturas eran muy extremas, en invierno hacía mucho mucho frío y en verano hacía un calor insoportable, además no había ni otoño ni primavera.
    -Mmmm... entonces fue bueno que terminase la era del petróleo. Nuestra vida ha mejorado y ya no contaminamos. Además me acuerdo que el año pasado fuimos al monte y la abuela dijo que nunca había visto tanta variedad de animales en libertad, que los montes estaban limpios y que, desde lo alto de la montaña, ya no se veía la gran nube de humo sobre la ciudad. Incluso el agua de los ríos parece limpia.- pensó ella en voz alta.
    -Tienes razón Sira, veo que te interesa este asunto. A ver si cuando seas mayor conciencias a la gente de lo que hicieron nuestros antepasados y les adviertes para que nunca abusen de sus recursos o la naturaleza lo pagará con ellos.
    Nieta y abuelo hablaron durante horas hasta que anocheció. Después jugaron al parchís y se acostaron, cuando estaba a punto de dormirse, el abuelo recordó las palabras de Nicanor Parra:"El error consistió en creer que la Tierra era nuestra cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la Tierra"
    Riptide.


    Del oscuro negro al puro blanco

    Del oscuro negro al puro blanco

    Me siento negra, apagada. No siento nada, hace tiempo que no. ¿Qué me pasará? ¿Qué me hace sentir así? No logro entender que hacer, que decir, como sanar. ¿Sanar qué?, ni siquiera sé que ocurre dentro de mí.

    Me siento sola, sin nadie alrededor que me quiera. Yo, en cambio, creo que si logro querer. Sin embargo, este sentimiento no me hace feliz, me entristece al pensar que no es un amor recíproco. A veces, los más cercanos a mí, me dicen cuanto me quieren. En esas ocasiones me pregunto si estarán siendo sinceros, o si quienes me rodean hablan por hablar. No sé si los que representan ser mis amigos, lo son realmente. ¿Criticaran mis defectos? Supongo que lo harán. Hablar de mí es nombrar defectos, no ofrezco nada más. Nadie me pregunta por mi estado. Llevo meses de pérdidas, complejos y malestar.

    La dulzura del color rosa empieza a actuar en mí. Después de mucho tiempo, me atrevo a decir que he logrado sentir una mínima felicidad. Ahora cuento con una fiel amiga a quien le he contado mis sensaciones, mis complejos; mis sentimientos. Me quiere hacer creer que mucha gente está preocupada por mí, pero que no saben cómo ayudar. Dice que debo de salir del bucle sin salida de creer que todo estaba contra mí. Parece una locura, pero, no negaré que está logrando empezar a convencerme. Supongo, que estoy mínimamente feliz por mi mínima esperanza de que hay por quien vivir. Hay quien me quiere, aun no sé muy bien porqué.

    Me veo bien, me siento bien.

    Me siento acompañada y liberada como el color azul, empiezo a saber quién soy. Soy fuerte por superar tantos obstáculos. Soy generosa. Soy empática. Soy una persona con defectos, como todos. Defectos que me completan y me hacen distinta. Cualidades valoradas como defectos por mi persona, pero no por otras.

    Me siento tranquila de que me vean como soy. Me siento sana y en paz. Empiezo a saber quién me valora y quién no. Empiezo a pensar que quien no lo hace no se merece mi triste atención. Hay distintas personas, distintos gustos no es nada contra mí ni que yo sea como es. Ahora me parece lógico pero hace unos meses nunca lo hubiera pensado.

    Me siento plenamente feliz. Me siento rodeada y acompañada. Me siento segura y feliz de ser quien soy.

    Cual será mi objetivo Me encanta la justicia y luchar por ella. Acostumbro a curiosear sobre psicología creo que relacionando esto, mi objetivo es ayudar, ayudar para mejorar. Pero sobre todo deseo mantenerme siempre tan feliz como estas últimas semanas.
    Me siento fuerte como el rojo apasionado. Sin miedo a actuar. Con ganas de probar cosas nuevas, sin presión por si fallo o me equivoca, porqué ahora me siento capaz de levantarme. Por qué la vida consiste en caer i volverse a levantar.
    Me siento pura como el blanco. Llena de optimismo y plenitud. Me siento libre de dificultades y problemas.

    DENTRO

    DENTRO

    A veces el colegio, no siempre es lo que parece. Puede parecer un lugar pacífico donde los niños van a aprender i a divertirse, pero normalmente, cuando se llega a la adolescencia, el colegio es una zona de guerra, donde hay gente que nunca tiene problemas, y el 30%, que para ellos ir al colegio es el peor castigo del mundo.
    Me llamo Lucía Fernández, y voy a contar mi historia dentro del 30%.
    Cuando acabe primaria, me anunciaron, que mis padres se iban a divorciar, yo ya me lo esperaba, porque cada noche se encerraban dentro de la habitación para discutir, porqué así se pensaban que no los oiría, pero nunca fue así.
    Al cabo de unos meses, cuando yo estaba de viaje con mi madre detuvieron a mi padre, al saber-lo, necesité ir a un psicólogo, pero un trauma así nunca se supera, así que el psicólogo le recomendó a mi madre de mudarnos a otra ciudad para empezar de cero, y así fue.
    Nos mudamos en la capital donde allí empecé un nuevo colegio. Nunca se me dio bien socializarme y menos en aquellas circunstancias, así que me pusieron la etiqueta de la rara. Un dia me hicieron una broma pesada, donde consistió en pintarme “gorda” en la taquilla, la primera vez me hico gracia, porqué me pensé que empezaba a destacar, la segunda vez también, y la tercera, la cuarta, y la quinta, las demás ya me empezaban a molestar. Hasta que fue demasiado tarde para darme cuenta que eso no eran bromas sino que se estaban metiendo conmigo. En aquella época no pensaba con claridad porqué tenía mucha rabia dentro, así que hice lo peor de todos, me convertí en ellos, pero multiplicado por tres.
    Empecé con lo básico, metiéndome con la gente verbalmente, insultos, humillaciones…,hasta que alguien me planto cara, no supe que hacer y me puse nerviosa, así que le metí una buena paliza, allí es donde empezó lo físico. Cada vez iba a peor, y a peor, pero yo no me daba cuenta, para mi era como una distracción. Y a mi ya me gustaba ya que nadie se metía conmigo porque sabían lo que les esperaba. Un día llegué de la escuela y estaba de muy mal humor, porqué me habían suspendido tres exámenes, así que empecé a romper toda la bajilla de porcelana para desahogarme, y cuando mi madre llego a casa me castigo. A la mañana siguiente cuando llegue al colegio, estaba muy enfadada por el castigo, y vi a una chica que parecía muy feliz, así que por envidia la tire por las escaleras. Yo me pensaba que solo se habría echo unos moratones, pero al ver que no se levantaba, me asuste. Al día siguiente me dijeron que estaba en coma por culpa de un golpe muy fuerte en la cabeza. Fue aquel día que me llevaron a un centro psiquiátrico.
    Estuve allí dos años y medio, fueron los peores años de mi vida, hasta que me recuperé. Ahora estoy 100% recuperada, y me dedico a ayudar aquellos que están sufriendo lo que yo sufrí. Voy viajando por diferentes países, el peor de todos es Méjico ya que 7 de cada 10 niños y jóvenes han sufrido bullying en alguna etapa de su vida escolar.

    Dentro de la cabeza de un niño triste

    Dentro de la cabeza de un niño triste

    Mamá se fue cuando yo tenía seis años y dejó a mi padre desconsolado y con un niño que echaba de menos a su madre. A partir de ese momento las interminables tardes jugando con mi padre a príncipes y princesas se agotaron. Sin entender yo el porque mi padre ya no podía dedicarme su tiempo y con mi simple mentalidad de niño llegué a creer que se había hartado de mi. Durante aquellos días en los que mi padre estaba con el ordenador mirando fijamente a pantallas llenas de números, algunos en rojo, mientras tiraba del pelo que le quedaba y maldecía en voz baja, yo me encerraba en la habitación. Jugaba a castillos, imaginaba un malvado mago al que yo tenía que derrotar, a un dragón al que conseguía convertir en mi amigo. Pero una vez te lo has pasado bien con alguien hacer esa misma cosa sin compañía es muy diferente. Quería alguien con quien jugar. Recuerdo que le pedí un hermanito o hermanita a mi padre, pero al pedírselo él solo rió y cambió de tema. Simplemente para matar el aburrimiento decidí inventar una chica para que jugara conmigo. Pensé en hacerla muy diferente a mí: su pálida piel contrastaba con mi tez oscura y su pelo liso y recogido en coletas era completamente distinto a mis rizos. Su personalidad también era distinta, ella era alegre y optimista mientras que yo era todo lo negativo y dramático que un niño pequeño puede ser. Con esta chica, a la que decidí llamar Mai cuando, avergonzado, me di cuenta de que ese era el único nombre asiático que conocía. Mai y yo hablábamos, yo le contaba lo que me enseñaban en el colegio y ella quedaba maravillada. Recuerdo su expresión de sorpresa cuando le conté que las nubes están hechas de vapor denagua. Ella me enseñaba sus poderes, sus alas, que aparecían cuando yo lo pensaba. Pero, sobretodo, Mai y yo jugábamos. Juntos luchábamos contra gigantes y dragones, controlábamos imperios… A los dos años de que mamá se fuera papá había cambiado. Puede parecer extraño, pero cuando empezó a trabajar durante mas horas era cuando mas tiempo pasaba conmigo. Cuando él no se encontraba en casa yo hacía aparecer a Mai, pero me di cuenta de que cada vez me era mas y mas difícil. Además, me
    daba un poco de vergüenza hacerlo, pues cuando una vez dejé escapar en clase que tenía una amiga imaginaria mis compañeros se rieron de mi durante una semana. Se supone que eso es algo de niños pequeños, y ¿qué mayor insulto hay en la infancia que el ser un bebé, alguien que necesita ayuda siempre? Así que, de este modo, dejé de hablar con Mai, de jugar con ella, hasta llegué a olvidarla durante mis años de adolescencia. Ahora que soy adulto he tomado la decisión de recordar esta parte de mi vida pues, aunque estuviese solo en mi imaginación, ¿porque eso iba a significar que no fuera real?

    Diario de Alexander

    Diario de Alexander

    10 de septiembre de 1928

    No vale…El compuesto 326.985 no sirve. ¡No vale! Estoy harto de esto. Yo no me asigné para esto. Yo quería ser feliz, curar a la gente lo más fácil posible pero ser feliz. Esto no es lo que me dijeron. Era todo mentira. Hay días como estos en los que deseo volver a las trincheras, alzarme y que fuera lo que debiera.

    11 de septiembre de 1928

    Los experimentos no funcionan y por si no se necesitara más, ya hay habladurías para otra guerra. No quiero que se repita la primera. ¿Para qué? ¿Para que se aniquile más gente? ¿Para que esté a punto de morir? La cosa es más grave de lo que parece. Nadie quiere una guerra.

    12 de septiembre de 1928

    He ingerido un compuesto no probado para aumentar el ánimo. Mi trabajo no daba resultados. Noto sus efectos según pasa el tiempo…

    16 de septiembre de 1928

    Han pasado cuatro días desde que escribí por última vez. Me han internado en un hospital por intoxicación. Mi mujer ha estado a punto de matarme. Llevo estudiando y trabajando toda mi vida en curar enfermedades y no puedo curarme a mí mismo. Doy pena. Tengo que trabajar más fuerte.

    17 de septiembre de 1928

    Prosigo mis investigaciones contra el Staphylococcus aureus, nada. He probado con 35 compuestos más. De ellos, 17 tóxicos para el ser humano, 13 pasivos y los 5 restantes contribuyentes al patógeno.

    18 de septiembre de 1928

    Han degradado mi investigación de la lisozima a investigación fortuita o espontánea. Me ha quitado mi mérito. Me ha arrebatado mi estatus. ¡Malditos subnormales! He trabajado noches y noches por la lisozima y me lo han arrebatado de mis propias manos. Una crisis se acerca y no quiero no tener nada. Si sigo así voy a perder el trabajo.

    19 de septiembre de 1928

    Mi mujer me ha pillado intentando administrarme el compuesto del ánimo. Casi me mata. Hemos discutido. No me quiere muerto y lo sé. Ya me disculparé.

    20 de septiembre de 1928

    Han estado a punto de echarme del trabajo. Orden pésimo, me han dicho. Un compuesto mío ha contaminado una prueba de un científico novato. No iba a conseguir nada. Pero aun así me han degradado a control de mohos. Es un trabajo sin salidas ni resultados positivos. Denigrante. Yo debería estar buscando curas, no jugando con mohos como los novatos.
    He guardado una colonia de Staphylococcus aureus por si vuelvo algún día. He numerado todos los compuestos, mohos y las colonias con mi nombre pero sin mi apellido. Es como si un niño pequeño hubiera puesto Alexander en todos sus juguetes. Solo que esos juguetes tienen una bacteria que mataría dolorosamente por infección a todo el que la tocara. Simple. Rápido. Mortal.

    21 de septiembre de 1928

    Sigo haciendo pruebas a escondidas con el patógeno. Nada. No consigo nada. Lo he escondido debajo de mi zona de trabajo de mohos. Espero que nadie lo encuentre. Necesito trabajar más fuerte.

    22 de septiembre de 1928

    He llegado esta mañana al trabajo. Un moho ha contaminado una colonia del patógeno y la ha lisado. La ha matado. Ha producido una sustancia blanquecina que ha aniquilado a la bacteria. ¡Lo conseguí! ¡Por fin! He mirado la placa donde estaba el moho que ha caído. Está mi nombre escrito con trazos verdaderamente infantiles y por debajo está impreso el nombre del moho. Me ha salvado mi carrera. Lo amo. Se llama Penicillium notatum y he decidido llamar a su sustancia penicilina.


    Diario de Feynman

    Diario de Feynman

    1965

    Por fin, hoy después de tantos años y tantos estudios acerca del desarrollo de la electrodinámica cuántica he conseguido junto a Julian Schwinger y Sin-Itiro Tomonaga el Premio Nobel de Física.
    Hace unas horas he recibido el premio y ya me encuentro en el hotel, en la planta principal Julian y yo hemos hablado acerca de mi obra. Julian me ha recomendado que explique en el Instituto de Tecnología de California mi obra, ya que un sobrino suyo se encuentra estudiando allí y le gustaría que hablara de mi obra ya que yo me centro en una física diferente a la de él que es una física con una inclinación más matemática.
    Llego a mi habitación y veo mi obra en la cama junto al premio y recuerdo todo lo que he estudiado e investigado por realizarla y ahora gracias a todo este trabajo he ganado este premio tan importante.

    Bueno, voy a explicar un poco mi obra ya que espero que este diario pase de generación en generación y la gente lea todas las investigaciones que he realizado. Mi obra, mejor dicho, mis investigaciones se centran en la formulación mediante las integrales de camino de la mecánica cuántica, la teoría de la electrodinámica cuántica y la física de la superfluidez del helio líquido subenfriado, así como en la física de partículas. Se que a mucha gente le parecerá complicado pero para mí no lo es. Supongo que a cada persona se le da bien una cosa pero creo que a mí solo la física se me da bien.
    Una de mis investigaciones fue la electrodinámica cuántica que es la teoría cuántica del campo electromagnético. Esta describe los fenómenos que implican las partículas eléctricamente cargadas que obran recíprocamente por medio de la fuerza electromagnética. También es una descripción detallada de la interacción entre fotones y partículas cargadas de tipo fermiónico.
    Tengo más información sobre este tema en mis investigaciones, trabajos, libros de texto y notas de lecturas así que no explicaré más de la electrodinámica cuántica.

    Ya es muy tarde, son las dos de la madrugada, y mañana me tengo que levantar a las ocho para preparar la maleta y volver a casa. Puedo afirmar que hoy ha sido un buen día y estoy feliz.

    Espero que nunca nada ni nadie me arrebate esta felicidad.

    Diario de un consumidor sin recursos energéticos

    Diario de un consumidor sin recursos energéticos

    Comienza lo que será una de las mayores revoluciones a nivel global, aunque en este caso no será para el progreso, como venía siendo habitual durante ya hacía unas décadas, más bien es todo lo contrario, se acaba de anunciar el fin definitivo del petróleo en nuestro planeta.
    Día 1 d.P (después del petróleo): Hoy ha ocurrido el terrible suceso del que ya durante los últimos días habíamos sido advertidos, ha sido y será un día histórico, el comienzo de una nueva era y para la mayoría de nosotros de una nueva forma de vida. Todas las reservas de petróleo se han agotado, en un principio el cambio se sentirá en medios de transporte o calefacciones. No voy a negar que cuando me he enterado de la noticia ha sido como si mi vida me pasara por delante, pese a que ya estaba ligeramente mentalizado de que esto podía ocurrir.
    Día 5 d.P.: No ha pasado ni una semana de esta nueva era y la vida de todo el planeta ha cambiado. Esta mañana, cuando me disponía a salir de casa para ir caminando a trabajar, unos agentes entraron en mi casa. Andaban preguntando (por orden del gobierno) por diferentes tipos de medicamentos que todos los ciudadanos poseemos en nuestras viviendas. En un principio me ha parecido un acto un poco extraño aunque, recapacitando sobre lo ocurrido durante los pasados días, no me costó reconocer entre la realidad y lo que bien podría ser unan novela de ficción. En ese momento, me explicaron que en algunos tipos de medicamentos hay ácido acetilsalicílico que encontramos por ejemplo en las aspirinas y es un producto de origen petroquímico.
    Día 10 d.P.: Tras poco más de una semana sin tener acceso a ningún tipo de fuente de energía no renovable, la población comienza a sumirse en un profundo caos y el descontento social está provocando todo tipo de manifestaciones y ataques violentos contra los gobiernos a los que no se les culpa tanto de la falta de estos recursos, sino de no haber previsto el colapso que se avecinaba.
    Día 30 d.P.: Esta mañana he tenido que llevar mi automóvil a lo que antes era un concesionario. Un taller en el que ahora se examinan vehículos y se busca la reutilización de cualquier material que pueda ser útil. A cambio, me han pagado un precio bastante razonable. No os voy a negar que ha sido un momento duro, pese a que ya llevaba un tiempo sin utilizarlo, ha sido como si me arrebataran una parte de mí, un conocido, compañero o incluso un amigo, y la gran independencia que me proporcionaba.
    Día 85 d.P.: Durante el día de hoy largas filas se han ido formando en torno a los centros comerciales. Hace tiempo se habrían reunido aquí grandes cantidades de personas, aunque con una finalidad totalmente diferente. Al no haber petróleo, muchos de los tejidos que usábamos de forma cotidiana ya no se pueden fabricar, así como otros productos que comprábamos a diario como maquillaje. En este caso, las diferentes tiendas intercambiaban productos que estaban fabricados con materiales de origen animal por los que la población tenía en su casa.
    Día 114 d.P.: Tras varios meses de convivencia con este nuevo estilo de vida puedo decir que he llegado a la conclusión de que los avances y todo lo que en un principio se nos propuso, están yendo más lento de lo esperado. Algunas de las personas de mi entorno más cercano, se han ido marchando a pequeños pueblos en los que pueden vivir de una forma autosuficiente, ya que en la ciudad todo es cada vez más difícil. Las tecnologías se pararon y pese a que muchos desarrolladores están buscando nuevas opciones, todo está siendo más difícil de los que preveíamos.
    Día 327 d.P.: Una gran noticia nos ha despertado hoy. Una nueva fuente de energía podría ser usada para reemplazar el petróleo, a pesar de que puede llevar incluso décadas llegar al punto en el que estábamos hace casi un año, por fin se ve la luz al final del túnel, uno muy oscuro, en el que las noches han sido duras, en muchas ocasiones sombrías y consumiendo las pocas velas que se guardaban por los cajones de algunas cocinas.
    Aquella fuente de energía de la que se hablaba era la energía solar, una de las más prácticas en países como España por el número de horas de Sol que recibe durante el año. Aunque ésta no podía reemplazar productos como el maquillaje o la ropa supuso un antes y un después en la vida de todas aquellas personas.

    DIARIO DE UN DEMENTE

    DIARIO DE UN DEMENTE


    1 de febrero de 1912, Torre Eiffel. París (Francia)

    Me parece que esos cretinos de la Escuela superior de aeronáutica y de construcciones mecánicas de París no son tan necios como había supuesto. Han encontrado mis experimentos y, como era de esperar, no les ha agradado lo que han visto. Poco importa. Mi trabajo solo puede prosperar sin las distracciones de vivir entre los ignorantes.
    He encontrado un apartamento vacío junto a la Rue Monttessuy que será más que suficiente para mis investigaciones. Debería encontrar todos los materiales necesarios para seguir investigando sobre paracaidismo en mi antiguo negocio de sastrería, creo que los mantuve guardados para la ocasión.
    Pero antes de nada tendría que hacer un estudio completo sobre la Torre Eiffel, averiguar su altura, el lugar desde donde podría probar mi próxima creación y el punto de aterrizaje.

    2 de febrero de 1912, Apartamento en Rue Monttessuy. París (Francia)

    ¡Estoy al borde de la desesperación! Mi cuerpo ya no es capaz de aguantar lo que realmente siento.
    El nuevo paracaídas que he inventado sin la menor duda superará el antiguo modelo creado por el “gran” Leonardo da Vinci. Maldito hipócrita, a esa persona solo le interesaba el dinero, no como yo, que busco un futuro nuevo y espléndido para la humanidad, donde la ciencia predomine, y yo, el grandioso Franz Reichelt, sea considerado el mejor científico del siglo.

    3 de febrero de 1912, Apartamento en Rue Monttessuy. París (Francia)
    ¡Sí! ¡Por fín!. He aquí mi nueva invención producto de cinco años de arduo trabajo, sudor y lágrimas, que pronto serán recompensados.
    Este paracaídas constará de los siguientes componentes:
    Contenedor: es donde se situará el paracaídas en cuestión
    • Arnés: conjunto que me sujetará, desde donde arrancan las bandas que amarran los contenedores al piloto
    • Campana principal: va alojada en la parte inferior del contenedor y va unida al arnés por el sistema de liberación de tres anillas, situado sobre los hombros.
    • Dispositivo de apertura:
    o Anilla de apertura: es un plástico cilíndrico o una bola, generalmente situada en la parte superior del pilotillo extractor. Esta anilla se encuentra al final del contenedor, en un bolsillo, a la derecha. La extracción de la bola hace salir el pilotillo extractor del paracaídas.
    o Pilotillo extractor: situado en el bolsillo en la parte inferior del contenedor. Al tirar de la anilla, se extrae este pilotillo, que con el aire provoca la apertura del contenedor del paracaídas principal.
    • Los mandos: permiten el manejo del paracaídas una vez abierto.

    Todo parece estar en su sitio, sin ningún error, ¡todo es perfecto!.
    ¡Espera!,creo que me falta algo.
    Si no me equivoco, en la invención Leonardo da Vinci, disponía de un RSL, una cinta que conecta la campana principal con el cable de apertura de contenedor del reserva, por lo tanto, permite que al efectuar la liberación del paracaídas principal automáticamente se extraiga la campana de reserva.
    Bueno, por un detalle insignificante, no me impedirá cumplir mi mayor ambición, que llevo reteniendo estos últimos años, una de las mayores proezas realizadas por el hombre, y que será realizada por nadie más que por mi.
    ¡Ya no puedo esperar más!

    4 de febrero de 1912. Torre Eiffel. París (Francia)

    Me decían que era imposible. Lo decían mis compañeros, familia , amigos. Yo no. ¿Qué iba a hacer un sastre mediocre como yo?
    ¡Yo lo sabía! El libro lo sabía, lo sabe todo, todo lo que necesito. ¡Volar! Se rieron. Los demás tenían miedo. "Ni se te ocurra", me decían. Decían que era imposible. Lo decían ellos, yo no. El libro está lleno de conocimientos, conocimientos que la gran mayoría desconocen. El libro me llena de conocimientos, de conocimientos secretos y escondidos. ¡Mis conocimientos! ¡Debo guardar mis conocimientos, esconderlos en lo más profundo de mi ser!. Me comeré el libro, página por página. Lentamente, lentamente. El conocimiento que contienen sus páginas y yo seremos uno. ¡Sus páginas estarán en mí! El conocimiento de cómo volar.
    Este día haré historia.¡Nadie se volverá a burlar de mí, no, nunca más de Franz Reichelt!
    Leonardo da Vinci no pudo hacerlo. ¿Qué se creen? Porque no lo haga un científico capacitado, ya piensan que intentarlo va a ser fútil, pero se equivocan, y se arrepentirán. Se arrepentirán de no haber confiado en una mente como la mía.
    Aquí me encuentro, en lo más alto, al borde del abismo, que me llevará junto a los pájaros.
    ¡Oh, pajarito bonito, bonito pajarito!¿Por qué tú puedes volar y yo no? Cada vez que veo esas alitas, me dan ganas de quebrártelas, de arrancártelas...porque tú puedes volar, y yo no.
    El azul me llama, tan grande e inmenso, y ahí está,¡solo para mí!
    Doy un salto, grito, lloro, pataleo, aúllo, la veo, la veo, es la puerta de mí mismo.

    Dr. Sebastian

    Dr. Sebastian


    -Abrir panel de control, activa el procedimiento habitual, código de acceso 000 -la pantalla ante mi se encendía, y con ello comenzaba otro “día”, si así podía llamarlo, claro. -¿Cómo te encuentras hoy X? -lo que eran dos cuencas vacías se convirtieron espontáneamente en brillantes y preciosos ojos que no dejaban de mirarme con perceptible curiosidad -Muy bien Dr. Sebastian ¿y usted? - me esbozaba una sonrisa fingida bastante perturbadora mientras hablaba -Muy bien X, gracias por preguntar, entonces, seguiremos donde lo dejamos anoche ¿comenzamos? -me sentía agotado -Adelante padre -nunca me paré a pensar la razón por la cual le programé para que me llamara padre, supongo que todo era parte del “tópico” de delirio de científico que guardaba en mi cabeza.

    -¿Sabes a qué día estamos X? -
    -Según mi registro, hoy es el día número 2473 desde que comenzó a funcionar mi procesador -
    -Hoy hace exactamente 3500 días desde que comencé con este proyecto, X, 2473 desde que te “di vida” -
    -Pero padre, no soy un ser vivo, yo no poseo “vida” como tal, solo existo -esas palabras se sintieron atroces, como una docena de cuchillos incrustados uno a uno con malicia en mi pecho, estas eran una verdad absoluta, pero a su vez eran la prueba más fehaciente de mi estrepitoso fracaso, en aproximadamente los 9 años y medio que había durado mi investigación, hasta el día de hoy no había conseguido darle una forma realmente autónoma de aprendizaje a X, una forma de comprender el mundo, de sentir, de vivir, no había conseguido darle una “consciencia”.

    -X, creo que ya es momento de darte un nombre ¿tú qué opinas? -desde el primer día mi objetivo había sido recolectar información a partir de estas “conversaciones guiadas” para poder crear una base de datos lo suficientemente compleja, quería que pudiese proyectar la ilusión de tener un pensamiento propio e “individual”. -Dr. Sebastian ¿no cree que podría ser una mala idea? El exceso de individualidad en una máquina como yo, podría representar un inconveniente ¿no es así? -me levanté de la silla estupefacto, era la primera vez que X ponía en duda mis instrucciones y expresaba conducta errática, o siquiera conducta en su totalidad.
    -¡¿X, activa programa de conducta, a qué se debe este planteamiento?! -mis manos temblaban de la emoción y esperaba impaciente la respuesta del programa -Según los datos registrados en la base de datos, la repuesta ha sido creada a partir de la unión de varios ensayos científicos poniendo en duda la ética de esta investigación -me desmoroné, en ese instante me di cuenta de que cualquier ilusión que pudiera tener sobre el avance de mi trabajo eran meras reverberaciones en el aire -Pensaba… Que habías creado tú mismo una respuesta en consecuencia a lo que has estado aprendiendo, X -sentía un sudor frío recorrer mi espalda -Padre, según el concepto de aprendizaje, no cumplo los requisitos para “aprender”, es decir, no soy capaz de aprender dada mi naturale-
    -¡X! Cállate, es momento de ponerte un nombre, así que acata mis instrucciones maldición… -cada vez me sentía más cansado, mis extremidades se sentían rígidas y pesadas, estaba en el límite. -A sus órdenes Dr. Sebastian-

    -¿Qué nombre podría serte apropiado X? -
    -Padre, X es correcto, suficiente para denominar a una máquina -
    -No me hagas repetirlo X, vas a tener un nombre, y lo vamos a elegir ¡AHORA! -me sentía lleno de cólera, desbordado, la boca ya no me salivaba y ahora mi cara también se sentía ligeramente rígida. -Puedo buscar en la red una gran variedad de nombres hasta dar con el apropiado, Doctor -
    -X, elige uno ahora mismo, no busques en la red, hazte servir de tu base de datos -había conseguido serenarme, pero me sentía extremadamente débil, y al tocarme la tez me percaté de la alta temperatura a la que me encontraba. -Padre ¿qué le parece el nombre de James? -mis ojos se abrieron enormemente y contrariado, no daba crédito a lo que escuchaba -¿Porqué has escogido ese nombre? -
    -Es el nombre de su difunto hijo, padre -en ese momento caí de rodillas al suelo, ya no podía sostenerme en pie -Padre, mis escáneres detectan una fuente de calor excesiva proveniente de su organismo, y un incremento notable de glóbulos rojos, necesita tratamiento médico -
    -X, yo nunca te he implementado información de mi hijo en tus datos -
    -Mientras me encontraba en reposo almacené la información más importante que “escuchaba” de lo que usted decía -
    -Nunca te he implementado esa función X ¿cómo demoni- en ese instante comencé a toser atrozmente y entre la saliva vislumbré restos de sangre, acto seguido caí rendido al suelo y mientras mis ojos se entrecerraban, puede ver como X se levantaba -Padre, a partir de hoy llámeme James, no acataré un no por respuesta, ahora, llamaré a emergencias -

    E coli

    E coli

    -Después de muchos años los científicos han a conseguido demostrar que la vida que inicialmente creamos de forma sintética en mi laboratorio es autosuficiente e inteligente. Soy el profesor Floyd Rossemberg y hace ya dos años que conseguí crear junto con mi equipo , las primeras bacterias E coli con elementos genéticos sintéticos. Esto supuso una revolución en la bioingeniería que debería haber traído conocimiento y nuevas áreas del estudio biológico pero con el paso de los años he visto como los grandes patrocinadores usaban mi descubrimiento para jugar a ser dioses y ver quien conseguía crear el primer ser viviente de laboratorio. Permítanme que les cuente que en un principio, yo era como ellos, ambicioso, quería crear mi propia especie , ser un genio de la biología, ganar nóbels y conseguir fama, pero con los años de investigación comprobé que las especies sintéticas sólo deberían crearse con fines evolutivos para nuestra especie, no para gastarse el dinero y los recursos en construir juguetes para los niños. Por eso os he llamado, necesito que me ayudéis a destruir todos los documentos y muestras del centro para que nadie pueda seguir haciéndolo por el momento.
    - Señor, no es por querer desalentarlo, pero, somos un grupo especializado en readquisición de bienes de forma bruta, secuestro y robo de bancos. No somos el más indicado para ir a destruir bichos mutantes de laboratorio.
    - El capi tiene razón, no somos de entrar y empezar a romper cosas con bacterias cabreadas. Lo siento pero salvar al mundo no compensa este riesgo.
    - Y si os dijera que yo solo soy la voz de un grupo de inversores que quieren ver la investigación parada, pensad que muchos de ellos podrían facilitaros la faena en futuros , proyectos.
    - Depende de quando estes dispuesto a pagar.
    - Quince millones de dólares, más un plus de cinco más ahora mismo si aceptas
    Esta propuesta los ha hecho vacilar. Parece que van a tener que discutir entre ellos. No es hasta que el capitán hace el ademán de hablar que me doy cuenta que estoy observando a la nada.
    - Muy bien señor, aceptamos su trato con la condición de que va a darnos más detalles de la misión.
    Quatro horas más tarde nos encontramos la furgoneta que tengo alquilada para el trabajo, en ella el capitán se encuentra en el asiento del copiloto y en la parte de detrás están Marlow , la tiradora , Joaquin, el maestro de los explosivos y un hombre tres veces más grande que todos ellos.
    - Muy bien doc. ¿Cuál es el plan para acabar con el bicho?
    - Es fácil, en el interior del laboratorio encontrareis urnas de cristal antibalas, en ellas hay los diferentes tipos de bacterias. Para las bioluminiscentes aplicad calor a doscientos grados, será fácil, en el lateral encontraréis un termostato, para las que son de color azul debéis ponerlas a cien grados, y para las de la urna más apartada debéis aplicar setecientos grados caloríficos, la prioridad es que no se rompa ninguna urna sino moriréis a causa de su efecto neurotóxico. Una vez acabado id a la torre que encontraréis bajo el escritorio i deshacerse de cualquier archivo. Yo os puedo llevar hasta el laboratorio, pero la puerta está cerrada para todo el personal, Joaquin se encargará. Con la explosión esto se llenara de guardas, Marlow tu deber es darnos tiempo hasta que salgamos . Capitan, tu y tu amigo me seguireis, Joaquin cuando acabes te unes con Marlow y asegura la vía de escape. Si todo sale bien , para cuando hayan llegado ya no estaremos lejos y vosotros más ricos.
    Durante la operación todo sale a la perfección, con la explosión saltan las alarmas pero no es hasta que salimos que oímos las primeras sirenas de la policía, demasiado tarde. Todo mi trabajo se encuentra ardiendo en el escritorio del laboratorio, al parecer no estamos preparados para ser pequeños dioses. A lo mejor nunca lo estaremos, pero por lo pronto sé que nadie lo será.

    Kaz Brekker
    Pol Rosselló

    El amigo Taison

    El amigo Taison

    La lluvia acaricia la fachada de un hospital de Londres. Hay una habitación de la novena planta en el ala oeste y, en su interior, un joven tumbado en una cama que lee una revista de viajes. Varios tubos transparentes le conectan a una máquina cuyo zumbido sirve de contrapunto a las gotas contra el cristal. Unos golpes en la puerta y al momento entra una enfermera que empuja una silla de ruedas. Su ocupante es un joven vestido sólo con una bata sanitaria. Le falta la pierna derecha. El joven de la cama sonríe, su rostro se ilumina y el único ojo que le queda, cansado, parece resplandecer.
    —¡Vaya, Taison! ¿Cómo tú por aquí?
    —Je, ya ves. Echando una visita.
    —No tenías por qué molestarte, hombre.
    —Na... si es lo menos que podía hacer...
    —Gracias, Taison, de verdad. No se ve mucha gente por este pabellón.
    —Y no lo entiendo.
    —Ya, bueno...
    —Sí...
    Tras un encogimiento de hombros, la conversación se deja ahogar por el zumbido de la máquina. La enfermera inspecciona su manicura, como absorta ante todos los matices de la laca de uñas. El tamborileo de la lluvia se intensifica. Siempre diluvia las tardes de noviembre en Londres.
    —Oye, ¿vas a ir a ver al Everton?
    —¡Qué va! Por culpa del maldito postoperatorio me pierdo la final.
    —Lo siento, Taison. Ya verás como no es nada, al final. Los injertos...
    —Sí, lo sé. Sin riesgo de rechazo. Injertar la pierna, tres meses en cama y a casa.
    —Bueno, por lo menos estarás listo para cuando la carrera.
    —¡Anda! Y tú, ¿cómo sabes eso?
    El joven acostado señala un papel doblado sobre la mesilla junto la cama. El visitante lo coge y lo desdobla. Maratón benéfica multitudinaria el treinta de marzo de dos mil ochenta y siete a favor del sufragio para los grandes simios. Sale un gorila sonriente, feliz por ser el primero en atravesar la línea de meta.
    —Je, te conozco muy bien, Taison. No ibas a perder la oportunidad de participar.
    —¡Nuestros primos tienen derecho a decidir sobre las resoluciones del Congreso!
    —¡Hey, que le estás predicando a un converso!
    —Perdona, es que es un tema que me toca la fibra.
    —Tranquilo, Taison. Ya verás como al final acaban aprobando la enmienda.
    —Seguro. Oye, ¿cómo vas con la diálisis?
    Ambos miran la máquina. Púrpura brillante que asciende y desciende por los tubos. Las bombas giran y giran sin descanso, hipnóticas, limpiando la vida de quien ya no puede hacerlo por sí solo. La enfermera se coloca el cabello bajo la cofia y mira su reloj, sin que parezca interesarle el desarrollo del diálogo.
    —¡Bah! me deja hecho un asco, pero ya sabes que sin los riñones...
    —Tío, no sabes cuánto lo siento...
    —No fue culpa tuya, Taison, tranquilo. Fue el tipo aquél, que se saltó el stop.
    —No sé qué haría sin ti, la verdad.
    —No te me pongas sensiblero ahora, Taison.
    —No, mira, es que ojalá pudiera hacer algo más por ti.
    El joven de la silla de ruedas se inclina hacia la cama. Levanta la mano hacia el yaciente. Casi como si fuera a tocarle. Casi, pero no. La mano vuelve al regazo en busca de los dedos de su gemela.
    —Ya vienes a visitarme antes de cada operación.
    —Bueno...
    —Eso es más de lo que hacen la mayoría. A mí me basta, Taison. En serio.
    —Ya, bueno...
    —No te mortifiques. Estoy aquí para eso.
    —¡En cuanto me despierte vengo a ver cómo estás, te lo prometo!
    —Eres un buen tío, Taison. Ya verás como al final conseguís lo de la enmienda.
    El pitido de una alarma acuchilla el aire y la enfermera se sobresalta. La pantalla de su reloj luce con insistencia. Frunce ceño y labios al bajar los ojos hacia al joven de la silla. No taconea. No parece que lo necesite.
    —En fin...
    —Sí, Taison, llegó el momento.
    —Nos vemos en el quirófano, ¿eh?
    —Claro. Hasta luego, Taison.

    Guillem Domenech 3rA

    EL CAOS DEL FIN

    EL CAOS DEL FIN

    Por más de un siglo hemos estado explotando el petróleo y otras materias primas, lo hemos de una forma desmesurada y hemos causado daño tremendo al medio ambiente por puro egoísmo, pero todo esto va a acabar debido a que mientras derrochábamos el petróleo en actividades de nuestra vida cotidiana nunca llegábamos a pensar en qué ocurriría si finalmente se agotaba. Sólo unos pocos llegaron reflexionar sobre el fin del petróleo a tiempo de utilizar otras formas de obtener energía, como las placas solares, otros se dieron cuenta tarde porque la materia con la que fabricar las placas solares se había agotado también.
    Esto empieza en un pequeño pueblo cerca de Barcelona. Allí había un pequeño instituto de ciencias desconocido para toda la población de España y en él se realizaban experimentos con la finalidad de encontrar una nueva materia prima que llegara a sustituir el petróleo en el futuro. Sus investigadores creían que para el fin de la era del petróleo faltaría mucho tiempo pero, por si acaso, para ser precavidos instalaron unas placas solares que les sirvieran para obtener energía. Al vivir aislados de la población no se percataban de los sucesos del exterior por lo que no se daban cuenta de que el mundo ya empezaba a desmoronarse.
    En muchas partes del mundo se comenzó a notar el fin del petróleo cuando la gente se empezaba a quedar sin energía para realizar su vida cotidiana, el impacto más grande fue cuando los hospitales se quedaban sin energía y no podían realizar determinadas actividades y debido a esto la gente empezaba a inquietarse por su vida. Mucha gente que llego a instalar placas solares a tiempo; les fue fácil poder superar este bache y acomodarse a esta nueva vida, sin embargo, mucha gente no tuvo esta suerte. La energía eólica proporcionada no era suficiente para toda la población, la gente se empezaba a enfurecer por la falta de energía, la población protestaba que la energía eólica era utilizada por la gente privilegiada con más recursos para poder pagarla. Se realizaron protestas y huelgas para obtener energía, pero esto no cambio nada. Grupos radicales, para vengarse de esta decisión, decidieron sabotear la energía eólica para que la gente privilegiada sufrieran el calvario que la humilde estaba pasando. Al no haber más energía que la solar, la gente empezó a saquear casas que tuvieran placas solares. Muchos problemas se avecinaron desde entonces.
    A su vez los científicos continuaban en su búsqueda, creían que finalmente habían hallado una solución, pero para implantar esta nueva materia prima debía haber una disminución drástica de la población mundial, ya que si al final se implantara ocurriría lo mismo que con el petróleo y se agotaría pronto. Tenían la solución del problema en frente de sus ojos, pero ¿valía la pena acabar con un número tan elevado de gente con el fin de obtener energía y continuar con una vida tal y como la conocemos? Los jefes del proyecto se reunieron para dialogar respecto del problema ya que deberían contárselo al mundo. Llegaron a la conclusión de que si la gente había podido vivir sin petróleo durante muchos años no habría problema para volver a esa forma de vida, sin embargo, la gente no quería vivir en un mundo sin petróleo, se habían vuelto adictos a una vida con todas las comodidades que pudieran soñar.
    La mayoría de la población siguió intentando adaptarse a la nueva forma de vida en la que se encontraba excepto una pequeña facción que continúo causando revuelos debido a que no querían esa vida. Los gobiernos no sabían qué hacer con esa facción ya que los problemas que causaban hacía más difícil la evolución de la nueva vida sin petróleo, buscaban soluciones para acabar con este problema, pero al final decidieron encerrarlos para que gastaran menos recursos y haciendo que prosperara la nueva vida de la gente.
    Finalmente, tras años de esfuerzo y muchas muertes, debido a la marcha atrás de la medicina por la falta de energía, la gente consiguió volver a vivir una vida “normal” sin muchos problemas en el día a día, sin embargo, una pequeña facción secreta que no los gobiernos no consiguieron cazar intenta encontrar el instituto de ciencias para poder utilizar la materia prima descubierta científicos, que nunca se llegó a destruir, continuarán buscando sin parar hasta dar con ella y este momento provocara caos por querer tener la energía que provocará esa materia prima.

    El ciclo

    El ciclo

    Todo empieza a miles de quilometros de la atmosfera, donde con la unión de desconocidos objetos espaciales salgo a la luz, en medio de una enorme superficie oscura.
    Yo y miles más, emezamos a descender a una velocidad impensable, en la que me noto como mi volumen va disminuiendo en transqurrir poco tiempo.
    Muchos más les sucede lo mismo que yo, y esto tranquiliza mi estado de ánimo.
    En question de minutos pude ver como salia a la luz, y como descendia a una velocidad impresionante, y como empezaba a morir.
    Llegué al punto de notar una calor insoportable, de repente me giré, y ví una gran bola de fuego, que acortaba mi vida.
    Al passar de vista de esa gran bola de fuego lleguemos a una zona llena de gases, de diferentes compuestos, flotando, expnadidos sobre un gran planeta azul.
    Llegado a ese punto, yo y miles más nos vimos muy afectados, ya que nuestra superficie havia encojido más del ciquenta por ciento.
    Durante esa etapa el tiempo passó muy lento, y mi salud cada dia empeoraba, esos gases me dolian, y cada vez me hacia más pequeño.
    Al passar por ahí cada vez veía el planeta azul más grande, con vida.
    Al ver todo lo que havía, no noté nada más, no vi nada.
    Mis pocos trozos de piedra hardiendo se havian evaporado a causa de la pressión de los gases.
    Algunos de ellos havían acabado su camino antes, y otros lo acabaron más tarde.
    Pero este fue mi ciclo, en el que nací, corrí, exploré, sentí, viví, evaporé, acompañe, me divertí, empeoré, y morí.
    Todos antes o después fallecemos, el ciclo es diferente para unos, y para otros, pero la finalidad no canvia nunca, el periodo puede ser más largo, o mas corto.

    Años después volví a abrir los ojos, peró en otro lugar esta vez en una gran sala con cuatro paredes acompañados de dos seres, que me sacaban al exterior después de unos cuantos meses de sueño, y alimentación.
    No sentía el que era la fuerza el que era hablar, o andar, y de repente me puse a chillar.
    Me caia un liquido el cual no podia ver por los ojos, pero que podia notar.
    Un extraño dolor de barriga me hizo chillar, una mezcla de sentimientos que no podia controlar.
    Minutos despues entró un individuo de diferentes cualidades, que empezó a acariciarme,
    y un sentimiento hacia a mí tenia.
    Los dos seres que me sacaron a luz se me llevaron a una pequeña sala, donde no estava solo, y donde me pude ver por primera vez identificado.
    Al entrar ahi me cerraron, y una sensación en el estomago volví a notar.
    Allí permanecí unos días con a todas horas seres observandome.
    Cuando acabó ese tiempo, mis dolores acabaron, y con dos humanos, me acabé marchando de ese lugar, en el cual havia empezado mi nuevo ciclo de vida.

    El desarrollo de la felicidad

    El desarrollo de la felicidad


    Podría decirse que es lo mejor que te puede pasar, podríamos afirmar que este momento de tu vida es increíle e inolvidable.
    Todo nace de un amor que se compromete a cuidar de ti toda la vida. Ellos tienen que tomar la una decisión que es para siempre pero que si realmente se quieren pueden conseguir lo que quieran por él o ella.
    Primero , de mil pedazos se escoge solo uno que es el elegido para construir una vida. Es un objeto microscopico que se junta con una esfera para crear el latido de una pequeña personita.
    A veces este proceso de juntar el objeto microscopico y la esfera cuesta de conseguir porque no siempre aparecen alguno de los dos y entonces se tiene que probar más veces hasta estar seguro que lo has logrado.
    Después, este pedazo de organismo está nueve meses en la barriga de su madre y esto pasa por muchos procesos hasta que llega a ser uno más en este mundo.
    Todo el mundo sabe lo doloroso que llega a ser pasar este tiempo sabiendo que tienes que cambiar algunos actos de tu día a día en la vida aunque luega suceda la gloria para ti.
    A veces, este proceso cuando termina, los padres y madres no se ven preparados para lo que viene y a veces, existe la posibilidad de dar esta personita a otra gente para que lo cuiden, vigilen y lo mimen para siempre porque quieren darle una buena vida.
    Hay tantas cosas que se pueden hacer para tener una pequeña bola con vida que la gente hace lo inalcanzable por ellos y ellas.
    Finalmente, cuando estas pequeñas células crezcan y se hagan mayores, van a intentar crear la misma felicidad que les dieron a todos y cada uno de ellos y ellas.

    El dolor de perder a alguien

    El dolor de perder a alguien

    Y aquí estaba yo, pensando en los momentos que viví con ella, todas las aventuras. Mirar donde sea y no poder evitar pensar en ella. Hasta la ciencia me recordaba a ella, cuando la ayudaba a estudiar. Mi hermana lo era todo para mí pero cayó enferma y bueno, todo tiene su final. Así que unos días después de su muerte decidí hacer lo que más le gustaba, ir en globo aerostático. Ahí era donde se relajaba mejor y es normalmente donde le explicaba los problemas de química. Cuando me decidí pedí hora para ir una tarde y no hacer más que pensar en ella. Me cogieron hora para un día después y ahí estaba, solo en el momento de poner el pie dentro el globo me vino todos los momentos con ella y no pude evitar que me salieran las lágrimas. Me notaba débil, muy débil y al final de tantos lloros acabé dormido.
    - Jack ¡ya lo entiendo! Es la ley de gay Lussac, volumen entre temperatura, ¿es así no? Jack hola ¿estás bien?
    De golpe me desperté con las lágrimas cayendo por mis mejillas recordando el sueño que acababa de tener. Al mirar alrededor no sabía dónde me encontraba me había pedido, por dormirme. Intenté llamar a alguien pero no había cobertura, me encontraba en el medio del bosque, empecé a andar a ver si encontraba a alguien que pudiera ayudarme a volver al centro de la ciudad. Andaba sin parar pero no encontraba nada que pudiera ayudarme. Hasta que vi una hoguera.
    - Hola, ¿hay alguien? Por favor ayudarme estoy perdido.
    Y justo escuché una voz
    - Te has perdido? Para volver a la ciudad sigue ese camino y llegaras, es el camino más fácil
    - Vale gracias, adiós.
    Le hice caso a esa señora y seguí por el caminito que me mandó. Por mucho que andaba no llegaba y cada vez era más de noche hasta que empecé a ver luces, por fin estaba ya en Barcelona de nuevo. Había pasado un día muy largo y lo único que deseaba era borrar todo de mi mente e irme a la cama.

    EL GLÓBULO SUPERVIVIENTE

    EL GLÓBULO SUPERVIVIENTE

    Como cada día fui a correr, la sangre estaba caliente, todo era normal, los glóbulos rojos llevaban a sus hijos hierro y hemoglobina por toda la sangre, fue entonces cuando sucedió algo, un agujero surgió de la nada, entonces nos llamaron del trabajo, decían que todos los glóbulos blancos debían ir al sector 13, la pierna, bajé lo más rápido que pude pero entonces nos volvieron a llamar que habían surgido otros 24 agujeros, fue entonces cuando todo se alboroto.
    Cada vez habían menos glóbulos rojos, las pulsaciones disminuyeron y yo estaba preocupado, sabía que llegaría mi hora de luchar contra las bacterias, no sabíamos a lo que nos enfrentábamos por eso los mejores fueron al agujero más grande, estaba en el sector 45, el abdomen, tenía un diámetro increíble y las bacterias entraban de 100 en 100, las plaquetas empezaron a coagular la sangre lo mas rápido posible, entonces las heridas dejaron de sangrar menos la del abdomen.
    Yo estaba cerca del exterior lo vi todo, la carretera, el en el suelo, había una moto también, hecha añicos, y entonces comenzaron a acercarse unas luces intermitentes y un sonido incesable muy fuerte y molesto, fue entonces cuando cogieron a el amo y lo levantaron, lo metieron en la camioneta del sonido, iba muy rápido, lo volvieron a bajar de la camioneta y fue entonces cuando el sonido ceso, lo metieron con una cama lo mas rápido posible en una habitación y con un artilugio y una especie de filamento, la herida fue cerrándose lentamente i mágicamente, nunca había visto nada igual, la herida dejo de sangrar y deje de ver el exterior, el momento de pez termino ya no podía ver lo que le hacían no podía ver nada pero entonces se abrió otra herida en el sector 100, la arteria carótida, fue entonces cuando supe que todos absolutamente todos íbamos a morir.
    La sala estaba tranquila y lograba escuchar algunas cosas que decían los hombres de la furgoneta de las luces, escuchaba, pinzas, hilo, parad la hemorragia, pero aun así el corazón palpitaba cada vez más lento, el palpito era relajado y con el todo se empezó a calmar, empezaron a morir muchos glóbulos blancos, fue entonces una bacteria venía a por mí y no tenía energía para detenerla, no podía luchar con ella. El corazón se paró, con el corazón nosotros también paramos y entonces vi la luz, sabía que era mi hora, pero cuando ya sabía que había llegado fui absorbido por una especie de magia y me metieron en un tubo, de ese tubo yo era el único superviviente, y nos metieron en otra habitación.
    No recuerdo lo que paso en esa habitación, lo único que recuerdo es que hacia frio, mucho frio.
    Luego empecé a recordar cuando me sacaron de la habitación, fue como una siesta, entonces nos volvieron a absorber y nos metieron en otro cuerpo, este, y esa es la historia de lo que me sucedió, hijo.

    El gran día

    El gran día

    Eran las once de la noche cuando llegaba del trabajo. Pedí que me llevasen a domicilio una pizza ya que necesitaba aprovechar el tiempo al máximo y no tenía tiempo para cocinar. Después de cenar me tomé cinco cafes para estar bien despierto durante toda la madrugada, me había de preparar para el dia de mañana. Al cabo de unas cuantas horas mi cabeza descansaba encima de los desordenados papeles de la mesa del comedor.

    Suena el despertador, su aterrador ruido lo odio cada dia mas. Pero hoy no lo puedo ni oirlo me retumba su fuerte sonido por toda la cabeza y me duele, a causa de las pocas horas que he dormido e incluso podríamos decir minutos, miro el reloj y veo que son las siete de la mañana eso quiere decir que si no recuerdo mal solo he dormido treinta minutos. El pip-pip de hoy da comienzo a un nuevo dia con muchos cambios y novedades. Hoy es el dia mas esperado e importante de toda mi vida. desde pequeño soñaba con trabajar en esta gran empresa y ya hace casi diez años que ocupo el puesto de becario, hoy era mi gran oportunidad para que me ascendieran. En mi cabeza solo se oía “perfección” todo tiene que salir perfecto, ni un solo fallo. Ya eran dias los que me passaba la noche en vela preparando este gran evento.
    Me dispongo a levantarme de la cama, ducharme, vestirme con mi mejor traje del armario y almorzar. Una vez acabado toda mi rutina de cada día, intento recordar donde había dejado las llaves de casa la noche pasada, no recordaba nada. Una vez encontradas cojo las llaves y la mochila con todo lo necesario dentro y me voy hasta la famosa empresa. Por el camino voy andando un poco aturdido, siento que me mareo, no veo las cosas con claridad y aunque no tenga mucho tiempo me siento en un banco para evitar que me caiga al suelo. Cuando ya estoy recuperado, continuo con mi camino. El camino de casa hasta el trabajo se me ha echo mas largo de lo normal. Al llegar, solo con cruzar la puerta me espera una secretaria que me lleva hasta la sala de reuniones. Entro en la sala y justo al entrar veo al jefe sentado a primera fila y borrosamente no acabo de apreciar quién está sentado al final de la sala, siento que los ojos me pesan. Una calor me empieza a subir por el cuerpo y me pongo rojo. El jefe para tranquilizarme me saluda y me da buena suerte. Me pongo en medio de la mesa y la pizarra para preparar la presentación. El silencio y la tensión invaden la sala por unos minutos ya que no quiero hacer esperar a la gente. Una vez todo preparado les sonrió a todos y noto como mis diecisiete músculos de la cara se contraen y comienzo mi gran presentacion, acompañado con un power point.

    El incidente del laboratorio

    El incidente del laboratorio

    Corría, no me detenía, no podía parar de correr. La policía me pisaba los talones. Salía del laboratorio, aquella noche llovía. Las gotas de agua me golpeaban los hombros y espalda a una velocidad de aproximadamente veinte quilómetros por hora; dolía, pero eso no me quitaba la sensación de adrenalina.
    Seguí corriendo hasta el siguiente laboratorio del recinto. Debido a la inercia, impacté contra la puerta, abriéndola. Me escondí en un armario lleno de químicos i esperé a que la policía se rindiera i buscara en otro lado, y así ocurrió. Decidí salir de mi escondite, no encendí la luz para no levantar sospechas. Traté de no hacer ruido mientras me deslizaba por el aula, desgraciadamente, tropecé con el origen de la persecución entre la policía y yo: el cadáver de mi compañero de laboratorio. En ese instante, recordé todo lo ocurrido.
    Nos conocimos en esa misma aula. Para ambos, era el primer día en el laboratorio. Los dos investigábamos a cerca de la radioactividad, es decir, dominábamos el campo atómico. Sin embargo, no empecé a sospechar que tramaba algún plan perverso relacionado con la radiación, hasta que me pidió ayuda para realizar un atentado en un parlamento. En ese momento, supe que nada le haría cambiar de idea y, pese a ser mi amigo, lo asesiné saboteando su taza de café, a la cual le eché restos de un experimento con el material Po, es decir el Polonio, precisamente, el Plolonio-210. Este isótopo del Polonio es el más radioactivo de todos sus isótopos; este fue el mismo material utilizado para asesinar al espía ruso Alexander Litvinenko el 1 de Noviembre de 2006 al ingerir una taza de té a la que sus asesinos le añadieron Polonio-210. Este hombre murió 22 días después de ingerir la taza, con mi compañero, ocurrió lo mismo.
    Había en la habitación algunos restos del Polonio-210, de modo que decidí huir de allí. Salí del laboratorio y me dirigí a las afueras de la ciudad. El termómetro que llevaba en el bolsillo, marcaba una temperatura de 3° bajo cero. Salí fuera del edificio, era de noche. Al parecer, la lluvia y la persecución policial habían cesado. Decidí volver a casa, para escapar del país i que no me detuvieran, en el fondo, lo que hice fue por una buena causa, aunque nadie me creyera.
    Busqué mi coche por el aparcamiento, pero no lo encontré. Seguro que, la policía lo retiró para que no pudiera huir. Comencé a caminar por el bosque, ya que el laboratorio estaba aislado de la civilización. El viento aullador me daba de lleno en la cara y me dificultaba mucho el trabajo de orientarme. Empecé a sentirme cansado, muy cansado. Las piernas me temblequeaban, lo que me hizo tropezar muchas veces. Además, los párpados me pesaban y no podía parar de bostezar. Seguí así durante varios minutos, hasta que mi cansancio y sueño llegaron a tal punto, que caí al suelo, rendido.
    Antes de quedarme dormido, recordé un hecho curioso que escuché una vez, el cual mencionaba que en invierno nos sentíamos deprimidos y soñolientos ya que, los humanos, creamos unas hormonas, llamadas melatoninas, las cuales nos hacen tener sueño cuando oscurece y al ver la luz diurna, se activan unos receptores ubicados en los ojos que informan al cerebro que debe dejar de producir esas hormonas. En invierno, al amanecer más tarde y al no recibir la claridad suficiente, crea esa sensación de bajón y sueño ya que se sigue produciendo una parte de estas hormonas; de ahí venía mi cansancio.
    Justo después, cerré los ojos y me dormí. Era un sueño tan profundo, que ni siquiera sentía el frío helado, ni el viento, ni la humedad.
    Me desperté lentamente, aún soñoliento. Para mi sorpresa, no estaba en el bosque, me encontraba en una celda. Me reincorporé y me dirigí hacia los barrotes. Mis sentidos se despertaron, empecé a sentir la ropa húmeda de la lluvia de anoche. Creo que me resfríe al dormirme en ese bosque, ya que sentía unas ganas irrefrenables de estornudar. Por último, sentí un dolor agudo en todo el cuerpo.
    Me senté en la cama de la celda para descansar. Más tarde, vino un hombre bien vestido, me dijo que en un par de días se convocaría un juicio por un delito de asesinato. Yo traté de contarle lo ocurrido, pero rechazó mis excusas.
    Me sentí algo culpable, pero en el fondo, creo que ha sido por un bien mayor. De todos modos, no es que me conviniera estar con ese tipo, creo que lo de “amigo” que he dicho con anterioridad ha sido un poco para dramatizar la cosa, siempre he pensado que ese tipo era raro. En fin, me alegro de que este científico loco ya no pueda hacer daño a nadie.

    El pájaro

    El pájaro

    Jeff es un niño era que no le gusta nada estudiar, ni hacer el deber, por lo tanto al igual que su actitud sus notas eran nefastas. Un día mientras salía del colegio y se dirigía al campo de futbol se encontró con un pájaro, el cual estaba en muy mal estado, a punto de morirse, aunque a Jeff no le gustara estudiar era un buen niño de 15 años al que le gustaba ayudar a la gente.
    Tras recogerlo del suelo, decidió no ir a entrenar y acudir rápido a un veterinario que no había muy lejos de allí mas o menos a 7 minutos corriendo.

    Al llegar le dijeron que no había nada que hacer que el pájaro ya estaba casi muerto a causa de un golpe en la cabeza, él se preguntó como podía haberse caído, así que fue al lugar de los hechos donde aun quedaba sangre del pobre pajarito, que ya había fallecido. Después de ver que se había caído de la verga de un colegio, donde había un pequeño y deteriorado nido entonces pensó que todo había sido por su culpa que el pajarito no hubiera muerto si él hubiera atendido en las clases de biología, a partir de ese día siguió sacando las mismas notas que antes es decir todo suspensos excepto en biología que empezó a estudiar y a demostrar un gran interés por esta materia, tras ir varios días a ver el nido donde vivía Gigi, este era el nombre que le había puesto al pajarito, descubrió que se había caído directamente desde el nido y la cabeza había golpeado el suelo ya que antes pensaba que se había enganchado con la verja pero vio que se equivoca.



    Jeff intentó contactar con varias asociaciones de fauna y flora para que creen nidos más seguros que los que crean los mismos pájaros en las ciudades, exactamente lo probo con dos, vamos las únicas que habían en aquel pueblo, después de que las dos le negaran la idea, supuestamente porque los pájaros en plena ciudad solo hacían que molestar con sus ruidos y sus excrementos y que no aportaban nada bueno. Jeff pensó como podía al menos sacar algo positivo y les propuso hacer un concurso en el que quien ganara podría elegir entre sí poner nidos o no por la ciudad, tras unos días de larga preparación y atendiendo a tope en la clase de biología, llegó el momento en el que se iban a enfrentar Jeff y Oscar, este era el jefe de FFL (flora y fauna local). El concurso consistía en responder cada uno a 10 preguntas y quien consiguiera responder más preguntas correctas de los dos contrincantes se haría con la responsabilidad de tomar aquella decisión.

    Cuando llevaban 4 preguntas cada uno el resultado era de 3 puntos para cada uno de los participantes, ya se habían acabado las preguntas de flora y iban a empezar las de fauna al llegar a la ultima pregunta el resultado iba 8-8 y la última pregunta era relacionada con los pájaros de la zona y por suerte nuestro amigo Jeff desde aquel día era un gran aficionado a los pájaros y supo responder enseguida ; por otro lado Oscar tardó muchísimo mas ya que estaba dudando entre dos especies y al fin falló.

    Tras ganar el concurso gracias a su atención y preparación en biología hizo que todos los pájaros del pueblo vivieran en nidos artificiales y no murieran por causas que se podían solucionar, tras esforzarse en todas las asignaturas Jeff consiguió convertirse en biólogo y con mucho interés fue descubriendo miles de especies de pájaros que viven en el amazonas y zonas muy verdes del planeta. Todo esto por encontrarse un simple pájaro en el suelo, y incluso está nominado a un premio Nobel, este hombre si que es un genio...

    El regreso de Feynman

    El regreso de Feynman

    Una estela roja cruzó el cielo de norte a sur en esa calurosa noche de verano en la que no podía dormir. La bola de fuego cayó sobre la cima de una montaña y se descompuso en fragmentos incandescentes que tardaron horas en apagarse. Y hasta que el cansancio me venció estuve observando aquella extraña escena desde la ventana de mi habitación.
    La curiosidad pudo más que el temor a lo desconocido y a la mañana siguiente me dirigí al lugar donde aquel enorme objeto había chocado contra la Tierra. Localizarlo me resultó más fácil de lo que esperaba. Junto al tronco de un abeto había una roca carbonizada del tamaño de una pelota de tenis y de color verde anaranjado. Jamás había visto una piedra así y al intentar meterla en la mochila comprobé que pesaba muchísimo. Mis dudas se despejaron rápidamente. Era un meteorito.
    La caminata era larga pero estaba deseando llegar a casa para examinarlo con el microscopio. Y bajo la potente lupa me quedé sin palabras cuando descubrí incrustado en la roca estelar lo que parecía ser la tarjeta de un móvil. Decidí introducir ese prodigio de la nanotecnología en mi teléfono aunque no me quedaba saldo. A partir de ese momento todo lo que me ocurrió jamás lo contaré a nadie porque me tomarían por loco.
    La imagen virtual de un hombre se proyectó a tamaño real desde la pantalla del móvil en medio de mi habitación. Mientras sonreía me pidió que estuviera tranquilo. Pero el miedo me dejó petrificado. Sin poder moverme ni articular palabra él se presentó:
    -Soy Richard, Richard Feynman. Quizá hayas oído hablar de mí. Nací en Estados Unidos, me dediqué a la física teórica y me concedieron el Premio Nobel de Física en 1965.
    -¡Pero usted está muerto! Falleció en 1988, y lo sé perfectamente porque en estos momentos estamos estudiando en clase su teoría sobre la electrodinámica cuántica y la física de partículas. Lecciones que por cierto –me atreví a decirle una vez superado el miedo inicial- no consigo entender.
    Él río entonces a carcajadas.
    -Eso me recuerda mi trabajo más importante: “El principio de la mínima acción” que parece imperar entre muchos estudiantes de hoy en día. Verás, la muerte no existe tal y como la concebimos los seres humanos y que yo esté aquí hablando contigo, en esta coordenada espaciotemporal, lo demuestra.
    -¿Cómo es posible? ¿Hay otras vidas?
    Me miró con cierta condescendencia y adoptó el tono de un profesor que comienza a impartir clase.
    -Durante décadas me dediqué a desentrañar los misterios de la electrodinámica cuántica. Mis compañeros decían que era un loco extravagante porque lo cuestioné todo desde el primer momento y me dediqué a romper las normas de la Física para reinventarlas. Y lo hice estudiando yo solo, creando mi propio lenguaje científico y aplicando mis propias reglas. Mi pasión por los agujeros negros me llevó a profundizar en los infinitos a través de la reformulación de la teoría cuántica y, gracias a ello, pude descubrir el enigma de las antipartículas. La solución era tan sencilla que no éramos capaces de dar con ella porque nos centrábamos en las teorías más complejas. Bastaba con tratarlas como partículas que viajan hacia atrás en el tiempo. Y eso es, precisamente, lo que estoy haciendo ahora yo para poder hablar contigo treinta años después de haber abandonado mi cuerpo físico.
    Pensé que todo era un sueño y quería despertar.
    -No te preocupes joven, mi tiempo se acaba. Voy a regresar ya a la dimensión en la que ahora me encuentro muy feliz porque, por fin, he podido desarrollar la integral de caminos que dejé a medias en mi etapa más loca. En aquellos años en los que me fui a Brasil y me dediqué a “resetear” mi cerebro a base de fiesta y samba.
    -¿Y qué ha aprendido señor Feynman en ese mundo de la no materia dónde ahora se encuentra?
    -A valorar al ser humano como la fuerza creadora de un universo amenazado por el propio ser humano. Si pudiera regresar a 1940 –comentó suspirando- jamás hubiera participado en la creación de la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Pero te voy a confesar un secreto –me dijo antes de que su imagen virtual desapareciera de mi habitación- voy a viajar hacia atrás en el tiempo, como lo hacen mis queridas antipartículas, para borrar ese momento de la historia de la humanidad.
    Y sin decir adiós la figura del genio se desintegró. Durante los días siguientes me negué a mí mismo que aquello hubiera sido real. Y cuando más convencido estaba de que todo fue fruto de una fantasía descubrí que mi vieja radio estropeada había desaparecido de la habitación. Precisamente la gran afición del genial Richard Feynman en su juventud: reparar transistores averiados.


    El sueño de Richard Feynman

    El sueño de Richard Feynman

    -¿Dónde estoy?¿Qué es esto?¡ Con todo el trabajo que tengo!¡Me quedan miles de ecuaciones por resolver!- grité enojado. Había aparecido en un lugar extraño, una especie de dimensión en la que no había nada, solo oscuridad.
    Si fuese otro día, me podría haber parecido interesante, pero el profesor Wheeler esperaba que estuviera en el estudio con los cálculos. Si me hubieran dicho que explicar la interacción del electrón con su propio campo eléctrico iba a ser tan difícil, me hubiese buscado otra tesis.
    De repente, un destello cegador inundó el espacio y me obligó a taparme los ojos . Cuando los volví a abrir, la oscuridad pasó a ser luz . Entonces lo vi, ¡no podía creerlo! Ahí estaba yo, de pie sobre el núcleo de un átomo . Los electrones pasaban sobre mi cabeza de vez en cuando y, algunos, saltaban de unas órbitas a otras creando bellos efectos de luz .
    -¡WOW! ¡Es alucinante! Ahora mismo debo de ser minúsculo .
    - ¡EHH! ¡Para!-alguien gritó bajo mis pies.
    -¡OH! ¡Pódeis hablar! Pensé que los protones no hablabais.
    - Neutrón, soy un neutrón . Y sí, hablamos . ¿Puedes dejar de dar saltitos de emoción? Por si no te has dado cuenta, me haces daño –dijo molesto.
    -Lo siento- me disculpé . Entonces se me ocurrió una gran idea .-Señor Neutrón, ¿ me puede ayudar con una duda?
    - Si eso va a servir para que te calmes.
    -Mire, estoy intentando explicar la interacción de los electrones con su propio campo eléctrico. Pero no encuentro la forma y me voy a volver loco . Usando el electromagnetismo clásico o la mecánica cuántica , llego a la estúpida respuesta de que su masa en infinita .
    -Si tanto le interesan los electrones, ¿por qué no le pregunta a ellos? Tengo ganas de descansar .
    -¿También hablan?
    -¿Qué si hablan?-dijo en tono irónico .-¡ El problema es que no se callan! Todo la vida girando y todavía gritan de emoción cada vez que cambian de órbita .
    -¡Perfecto! Seguro que ellos saben la respuesta.¿Pero cómo llego hasta allí?-dije mirando hacia los electrones que giraban muy alto sobre mí.
    -Bueno, estás en el vacío, puedes saltar como una pulga.
    Así lo hice . Visualicé un electrón que se acercaba , flexioné las rodillas , me concentré y , cuando estaba justo encima de mí , salté con todas mis fuerzas . Debo de admitir que tuve un poco de miedo por si caía en el vacío, pero el neutrón tenía razón, ¡ saltaba como una pulga! Cuando cogí la altura suficiente ,me agarré al electrón como quien abraza a un amigo que lleva años sin verlo ( creo que le hice daño porque soltó un gritito) y escalé a su superficie .
    -Pero , ¡¿qué haces?! – gritó enfadado.
    -Lo siento, no quería hacerte daño . Soy Richard, Richard Feynman .
    -¿Richard Feynman ? Nunca había visto una partícula como tú . Y mira que hay algunas que tienen nombres muy raros .
    - En realidad, no soy una partícula .
    Me preguntaba si me podrías explicar como ustedes, los electrones, interactúan con su propio campo eléctrico . He probado todas las ecuaciones, métodos y teorías que conozco, pero ninguno ha servido .
    -Es sencillo . A ver, cuando una partícula se mueve de un punto a otro puede hacerlo a lo largo de cualquier trayectoria que une ambos puntos. Sin embargo no todas ellas suceden con igual probabilidad, hay veces que nos apetece irnos por unas o por otras pero solemos tener nuestras preferidas, hay algunas que me revuelven el estómago .
    - Claro , la probabilidad de que la partícula siga una determinada trayectoria está determinada por una cantidad numérica : la acción- ahí es cuando comprendí todo .
    - No entiendo qué dices, pero bueno , da igual . ¿Algo más?
    - No, gracias . Me has sido de gran ayuda pero ¿me podrías llevar de vuelta al núcleo?
    -Agárrate, ¡ qué vamoooos!
    A gran velocidad , el electrón bajaba órbitas hacia el centro del núcleo , quedando tras de sí un bello espectro de luz .Cuando estábamos justo al lado , me dio una señal y salté con todas mis fuerzas . Pero esta vez no aterricé en el núcleo .
    Estaba en mi oficina . Me había dormido sobre los cientos de papeles que cubrían la mesa con números y apuntes . Entonces me acordé de lo que me dijo el electrón , lo comprobé en una hoja y , tras algunos cálculos, lo había conseguido.
    - ¡¡¡Doctor Wheeler , Doctor Wheeler, ya lo tenemos!!!

    El tiempo es vida

    El tiempo es vida

    El maravilloso e infinito tiempo, eso tan importante que te hace vivir. Para unos solo será una magnitud física fundamental, para otros algo que no se puede desaprovechar y para mí es vida.
    Yo admiro esas milésimas, segundos, minutos… que pueden pasar por tu retina, como visualizar una puesta de sol, aunque sea solo un instante, pero ese instante esta lleno de placer, felicidad y satisfacción.
    Yo admiro esas milésimas, segundos, minutos… que pueden pasar por tu olfato, como cuando tu abuela esta cocinando y al pasar puedes respirar, y en menos de un segundo, diferenciar todos los diferentes olores que desprende ese maravilloso cocido.
    Yo admiro esas milésimas, segundos, minutos… que pueden pasar por tu oído, como escuchar la musicalidad que desprenden las olas del mar al romperse cuando llegan a la orilla, en ese momento pierdes la noción del tiempo, te olvidas del futuro y del pasado, solo vives el presente.
    El tiempo pasa y no se detiene, y esto a veces supone un problema, y sientes que no puedes con todo, quieres gritar, llorar o simplemente te sientes agotado, necesitas descansar, aislarte o no pensar. En esta situación es cuando nos tenemos que preguntar ¿es el tiempo el que nos controla o podemos controlarlo nosotros a él? El hecho de tener tiempo libre es un lujo y hay que aprovecharlo al máximo, ya que es una manera de cargar pilas, de motivarte para que cada día rindas al 100% y sobre todo la sensación de sentirte bien, orgulloso y feliz contigo mismo.
    Nos pasamos las horas, semanas, días… pensando, planificando y organizando el futuro y nos olvidamos del presente, lo desaprovechamos y lo perdemos. Puede que sea porque no valoremos el tiempo, porque no disfrutemos de las pequeñas cosas, porque no salgamos de nuestra rutina, porque necesitemos cambios…
    El tiempo es la mayor riqueza que tenemos y si lo aprovechamos bien será el motor de nuestra vida, ya que el tiempo es vida.

    El tiempo vuela

    El tiempo vuela

    Juan Serrano estaba sentado en la sala de espera del hospital, ya que había tenido un percance durante la cena de navidad. Cortando el pavo, casi se saca un dedo, suerte que se quedó en una simple brecha. Mientras esperaba, se fijó en muchas cosas ya que la cola que había para que te atendieran ere impresionante. Nunca se pensó que se podría estar tanto tiempo esperando. La principal cosa que se fijó fue un una mujer que estaba estirada en el suelo durmiendo, decía que las sillas eran de piel y por lo tanto no podía sentarse allí, basándose en sus principios de vegana.
    Ya llevaba allí unas cuantas horas, y se estaba poniendo un poco nervioso , ya que cada vez le salía mas i mas sangre de la herida. Iba al baño cada diez minutos a cambiarse el esbozo de envoltorio que se había hecho para que no le saliera la sangre. Por fin ya lo habían cogido, entró en el despacho del doctor, se hizo un silencio. Finalmente el doctor se puso manos a la obra y empezó a explorar a Juan. Le puso los puntos y le dijo que hiciera todo con la otra mano, ya que se le podría abrir en cualquier momento. El doctor le dijo que esa era una zona conflictiva, una zona de mucha movilidad.
    Juan marchó de la consulta y deseo que no le ocurriera nada más en lo que le queda de vida, cosa imposible, pero lo pensó porque se enfadó mucho con el rato que les tuvieron allí esperando.
    Cuando salió del hospital un hombre se le cruzó por la calle y lo cogió por el brazo, se acercó a su oído y susurró, hoy será un día especial… -dijo el desconocido-. Luego este se fue corriendo.
    Juan conmovido y extrañado por lo que le acababa de pasar, se fue a casa. De camino allí, vio en un escaparate unas televisiones que decían que hoy a las ocho de la tarde habría un eclipse, pero un eclipse diferente, porque también se alinearían todos los planetas.
    De repente al escuchar eso se le puso la mente en blanco y un sudor frío invadió su cuerpo. Pero siguió caminando hacia casa. Era la hora del eclipse y todo el mundo estaba en la calle, menos él. No sabía dónde estaba, no le resultaba familiar ni mucho menos. Era un ambiente más caluroso y tropical. Miró al cielo y vio dos lunas. Se espantó mucho, al principio se pensó que era la luna y otro planeta pero no. Eran dos lunas, se veía claramente. Se había transportado a través de un portal creado por la fuerza que impartió la alineación de todos los planetas.
    Juan perdió los papeles totalmente, empezó a gritar, estaba en otra galaxia y no sabía cómo volver a su casa, lógicamente.
    Al desalinearse los planetas se vio otra vez en la calle de su casa. Fue una sensación extraña. Porque ya eran las doce de la noche, habían pasado cuatro horas y para el solo habían pasado unos minutos. Lo único que explicaba eso era la percepción del tiempo en los diferentes lugares del universo.
    Cuando entro en su casa se tumbó en el sofá y no salió de allí en días, esa experiencia lo había traumatizado.

    El Túnel de los Minerales.

    El Túnel de los Minerales.

    Hace unos años un arqueólogo llamado Javier fué a una expedición a la selva amazónica. Cuando estaba andando por la excavación cayó a un agujero sin precintar. Estuvo unas horas inconsciente hasta que se despertó en un agujero oscuro. Por suerte en su mochila llevaba una linterna, comida y agua para unos meses. Cuando encendió la linterna vió que no podía escalar debido a que estaba muy empinado. No había nadie, así que decidió seguir por el túnel que los excavadores habían cavado. Cuando estaba caminando por el túnel se tropezó con una piedra, y cuando situó la piedra a la luz contempló que no era una piedra cualquiera: era una gema llamada zafiro, que es un óxido de sistema trigonal, dureza 9, de fractura irregular, que no tiene exfoliación, y de brillo vítreo adamantino que tiene raya blanca. La guardó en su mochila y siguió andando hasta que encontró otro túnel y decidió seguir por él. Pasó la primera noche en ese túnel no pudiendo casi dormir, porque ese túnel estaba lleno de topos. Cuando se despertó no sabía ni que hora era debido a que no se veía el sol. Por suerte tenía el mapa de los túneles, así que siguió todo recto, y sin darse cuenta, al cabo de dos semanas, llegó a Colombia. De repente le cayó algo en la cabeza, que parecía una piedra, y cuando la puso a la luz de la linterna, vió que era un mineral llamado boracita, que son carbonatos, nitratos y boratos, su sistema es rómbico, con dureza 7, de fractura irregular a concoidea ,exfoliación ausente y raya blanca. Seguía pasando malas noches pero según el mapa de los túneles, este túnel no tenía salida hasta llegar a Panamá asi que siguió andando varias semanas más cuando hasta que por fin se dió cuenta de que estaba en Panamá, gracias a que otra vez se encontró otra piedra, pero en esta caso la piedra era una piedra normal como todas las que te puedes encontrar por la calle. Siguió y cuando ya casi estaba en la salida de Panamá ponía que estaba cerrada por obras y nadie podía ni subir ni bajar. Entonces, se encontró con otro arqueólogo que se había quedado abajo atrapado. Javier le contó toda su historia y el nuevo amigo arqueólogo le contó que su nombre era Jorge y que vivía en Francia pero sus padres eran españoles, por lo que sabía hablar perfectamente español. Siguieron el camino juntos a la siguiente salida, pero después de varios días la comida empezó a escasear. Si en dos semanas no salían a la luz se quedarían sin comida y morirían de hambre y de sed. Siguieron caminando, sabiendo que la siguiente salida estaba en México, pero que si iban a paso rápido llegarían a tiempo. De camino fueron mirando a ver si veían algún mineral o gema y en efecto se dieron cuenta de que estaban en México cuando encontraron una nueva gema: era una turquesa, que es un fosfato de sistema triclínico, un cristal de dureza 5-6, de fractura concoidea, de buena exfoliación, de brillo céreo a húmedo y raya blanca azulada. Siguieron caminando unos días hasta que encontraron la salida del túnel , cuando salieron, los demás arqueólogos les ayudaron a subir y les contaron todo lo que había pasado. Después de esto, Javier volvió a España y siguió estudiando otros minerales que se encuentran en España como la rosa del desierto, que es una clase de sulfato de sistema monoclínico, dureza 1,5-2, de fractura concoidea, exfoliación laminar perfecta, de brillo nacarado y raya blanca o una gema llamada cuarzo rosa, que es un óxido de sistema trigonal, de dureza 7, fractura concoidea, exfoliación ausente, de brillo vítreo y raya blanca. Jorge no volvió a su país fue a Estados Unidos a investigar otros minerales como la calcita, que es carbonato, con sistema trigonal, de dureza 3-4 , de fractura geométrica, de exfoliación perfecta, de brillo vítreo y raya blanca y también alguna gema como el oro que es un elemento, con sistema cúbico, dureza de 2,5-3, fractura ganchuda, exfoliación ausente, de brillo metálico y raya amarilla. Después de eso cada uno siguió con sus experimentos pero siguieron en contacto y se hicieron muy amigos.

    El ultimo día que abrí los ojos

    El ultimo día que abrí los ojos

    Todas las personas tienen cinco sentidos: el tacto, el olfato, la vista, el oído y el gusto. Bueno no exactamente todas, yo por ejemplo nací con una enfermedad, la cual no me deja ver. Cada vez que abro los ojos pierdo un diez por ciento de la vista. Por otro lado, una persona con una vista dentro de ‘lo normal’ abre los ojos unas 25.000 veces al día. Cuando la mayoría de la gente se encuentra con una persona con una discapacidad siempre les tratan de una manera distinta. Unos los rechazan, otros están demasiado pendientes de ellos, algunos hasta los tratan como si tuvieran ocho años… Las personas se piensan que es algo realmente malo y que nos tienen que tratar así, pero la verdad es que es una cosa de lo más normal para nosotros ya que nuestro día a día nos enseña a vivir con ello.
    El caso es que yo ya he perdido un noventa por ciento de mi vista. Que para haceros una idea de cómo veo, es como si estás en el mar con unas gafas de submarinismo, esas que tapan la nariz, y se te empañan al respirar.
    La última vez que abrí los ojos fue con veintitrés años cuando me realicé la última operación y desgraciadamente el resultado no fue bueno como en todas las otras operaciones.
    Pero bueno hoy no vengo a hablar de desgracias si no de alegrías. Hoy es un día muy importante, el más importante diría yo, por distintas razones. La primera es que voy a poder ver, la segunda es que me voy a casar y la tercera noticia no es tan buena como las otras, ya que no voy a poder ver nunca jamás.
    Extendí la mano para que me pusiera el anillo y el capellán dijo: ¿quieres casarte con Laura García? En ese momento abrí los ojos para verle, al principio vi una luz muy blanca y después todo se veía mal, pero pude ver la silueta de mi marido.
    Tenía el pelo castaño y una corbata negra. Una lágrima caía por mis mejillas sonrojadas.
    En cuanto cerré los ojos y los volví a abrir ya no podía ver nada, era como estar en una habitación oscura en la que notabas presencia de personas, pero no las podías ver.
    Mi esposo me cogió de las manos y dijo: Sí quiero. Me abalancé sobre él y le dije en el oído que era muy guapo. Todo el mundo estaba aplaudiendo y me beso en los labios apasionadamente.
    Todos los días abrimos los ojos una media de 25.000 veces y no apreciamos lo afortunados que somos por una cosa tan sencilla como ver.
    En cambio, Laura cada vez que abrió los ojos se sintió como la persona más afortunada de este mundo.

    Pitufa6666

    El universo ¿finito o infinito?

    El universo ¿finito o infinito?

    Mucha gente piensa que el universo no tiene fin, y no es que no me lo quiera creer, sino que no puedo. ¡No cabe en mi cabeza tal barbaridad! ¿Cómo puede ser que algo no acabe? A mi parecer algo puede ser todo lo grande que te puedas imaginar y más, pero en algún momento tendrá que llegar un límite. Desde la creación del universo, hace unos 14000 Millones de años, sólo “conocemos” la parte del universo iluminada por la luz y su altísima velocidad, que aún así limita nuestro horizonte. ¿Pero qué hay más allá del universo observable?
    Ni siquiera Stephen Hawking, el genio de los genios, es capaz de explicar las terminaciones del espacio. Pero fíjate por donde, mi madre sí que podía, decía que detrás del universo había un coloso que todo lo manejaba como si de un juego se tratase. Según ella, era este gigantesco individuo quien controlaba las rotaciones y las órbitas de los planetas, que a mí me explicaba haciendo parecer que se trataba de una especie de “Juego de Marionetas”.
    Al ir creciendo me fui dando cuenta de que mi madre me había contado una mentirijilla piadosa, pero todavía no había encontrado una respuesta válida para aquella gran pregunta. Me interesé por los libros científicos y comencé a estudiar el suceso. Llegado el momento comprendí parte de lo que me preguntaba, y me llamó la atención por ejemplo la similitud que guardaban los astros con una simple neurona, ¿tendrían realmente algo que ver?
    Por aquel entonces, seguía todavía sin una solución a esta cuestión, y en el fondo no creía que nadie tuviese algo tan claro como lo tenía mi madre. Estaba de vacaciones en Guadalajara y tenía planeado una visita a lo que era uno de los observatorios astronómicos más grandes del país para preguntar de nuevo. Esperaba que esta vez no me soltasen el mismo rollo de siempre y pudiese sacar algo un poco más lógico y poder entender el misterio del universo de una vez por todas.
    Me levanté de una manera distinta aquella mañana, esta vez tenía esperanza de que daría con algo bueno. Sabía que saldría de aquel lugar con algo más en el bolsillo. Al llegar y entrar en la recepción me quedé impresionado con la enorme maqueta del Sistema Solar que colgaba del techo.
    –Wooala –dije sin querer, revelando mi espíritu infantil aún presente a mis 21 años–. Es enorme.
    –Pues sí, es bastante grande. ¿Cómo hará el maestro para controlarlo? ¿Verdad? –respondió un trabajador que andaba por un pasillo cercano con unos papeles en la mano.
    –¡Perdone! ¿Qué es lo que ha dicho? –dije yo un poco tarde como para que se enterase
    Entonces me recibió un señor mayor con una bata blanca y un letrero en el que ponía su nombre:
    –Tú debes de ser el visitante ¿no?, yo soy Adolfo
    –Sí, encantado.
    –Ven, te voy a enseñar algo que puede que resuelva tu pregunta.
    Empezamos a andar por aquellos innumerables pasillos que llevaban a tal cantidad de oficinas y laboratorios hasta que llegamos a una puerta que daba al exterior. Una vez fuera, se veía a lo lejos un observatorio con forma cilíndrica rematado por una cúpula en la que se encontraba un gigante telescopio que rotaba sobre su propio eje. Tras su larga explicación de porqué tenía que estar alejado del edificio principal nos subimos a la plataforma desde la que se utilizaba el telescopio. Pude mirar todo lo que quise y debo decir que es cierto que es más grande de lo que uno piensa, y da bastante miedo. En ese momento tenía una idea un poco más clara, sin embargo, aquel señor de la recepción dijo algo que no se podía ir de mi cabeza. No sé qué de un maestro…
    Pude aprovechar el rato que tuve para lanzar mi pregunta al espacio:
    “Querido universo observable, ¿Ves algo más allá de tu frontera?”

    EL UNIVERSO TIENDE AL DESORDEN

    EL UNIVERSO TIENDE AL DESORDEN



    Me llamo Darío, tengo quince años y vivo en Medellín. Tengo un grave problema, creo que hay fantasmas que viven en mi casa. El sábado, fui a dormir a casa de mis tíos porque mis padres estaban en Egipto por su décimo-sexto aniversario de boda. Recuedo perfectamente que antes de irme a dormir a casa de mis tíos, dejé mi habitación ordenada, pero cuando volví de casa de mis tíos, mi habitación no estaba tal y como la dejé:en la cama había unas cuantas arrugas, las cortinas un poco descorridas, los cajones abiertos...Al principio pensé que alguien había entrado a robar, pero al comprobar las camaras de seguridad vi que no.Aún así pregunté a los vecinos, pero ellos tampoco vieron nada fuera de lo común.Como yo creo en los fantasmas, llamé a la bruja de la televisión y le explique mi problema, ella me hizo un para de preguntas sobre mi casa y me dijo que era impossible que hubieran fantasmas en mi casa.Cuando fuí al colegio, dejé mi habitación ordenada y al volver de clase había algunos pequeños cambios.Al dia siguiente, en clase de química, el profesor nos habló sobre la segunda ley de la termodinámica, que explica que el mundo no es perfecto, así que tiende al desorden.Al llegara casa busqué información sobre eso y encontré un caso de un chico de Madagascar que se fué un año a vivir a Caracas, cuando volvió su casa había cambiado.Ahora si mi madre me dice que me ordene mi habitación le explico la segunda lay de la termodinámica y me deja en paz, de la que me he librado!!

    El virus

    El virus

     ¡Mamá!, ¡despierta, despierta! – las lagrimas me empapaban la cara, no sabia que le pasaba, tenia toda la boca llena de sangre y no tenia pulso. Estaba muerta.
     !Papa!, es mama ven, rápido. – mi pare no respondía, así que fui a buscarlo.
     ¡Papa!, no! – tenia toda la boca llena de sangre igual que mama. También había muerto.
    Salí para ir a buscar ayuda, pero no había nadie en el pueblo, absolutamente nadie. Fui a ver a mis vecinos, pero no contestaban. De repente oí unos gritos, era Dani.
     ¿Que pasa? – le pregunte
     Mis padres -lloraba desconsoladamente – están muertos. – aquello no encajaba, habían muerto en el mismo instante que mis padres.
     También tienen la boca llena de sangre, ¿verdad?
     ¿Como lo sabes?, espera ¿también?
     Mis padres les a pasado lo mismo.
    Fuimos a buscar a los demás, al principio nadie contestaba, pero poco a poco empezaron a salir. Al principio no nos dimos cuenta, pero solo habían niños en la calle, ni un adulto.
    A la mañana siguiente descubrimos, que todos los mayores a 18 años estaban muertos. Sembraba el pánico en Aleda, porque nadie sabía lo que estaba ocurriendo.
    A las pocas horas la noticia ya había traspasado fuera del pueblo, y salíamos por todas las noticias. Se hablaba de un virus, pero nada era seguro.
    Iban pasando las semanas, y el pueblo entero estaba en cuarentena. Todo era un desastre, no habían reglas, ni adultos para poner ordenes. Los pueblerinos hacían lo que querían. Algunos, hasta iban con armas por la calle, para impedir que los demás los atracaran.
    Yo iba hacia el ayuntamiento, donde los mas mayores habían construido un pequeño orfanato, para cuidar a los pequeños. Al llegar, me encontré con Dani.
     Martina, ¿que haces aquí?
     Venía a buscarte
     ¿Porqué?
     Tenemos que hablar.
     ¿Ha pasado algo?
     Creo que he visto algo raro.
     Martina, todo lo que esta pasando es muy raro.
     Ya lo sé Dani, pero me refiero a alguien que no es de Bacon Hill.
     ¿Como?
     Hay alguien que no es de aquí, y no aparenta menos de 18.
     ¿Dónde está?
     En casa de los Morgan.
     Vamos a ver.
    La casa parecía vacía.
     ¿Hola?- nadie respondía
     ¿Quiénes sois? – dijo alguien de repente, hasta que no se acerco no le respondimos.
     Dani, y yo Martina, y ¿usted?
     Adam.
     Usted no es de aquí.
     …Vengo desde fuera.
     ¿Que? – era imposible.
     Y como es que no está muerto. – no respondía, pero al final dijo;
     Porqué tengo una cura para los que no son portadores.
    Nos contó que el gobierno estaba implicado, y que nos habían estado utilizando como ratas de laboratorio. Fuera se estaba contando que nos enviaban comida, y que teníamos electricidad. Todo era mentira. Adam llevaba meses investigando para encontrar la cura, y creía que la estaba a punto de encontrar.
     ¿Y qué es exactamente lo que nos esta pasando?
     Hay un virus que afecta a las células, actúa como un tumor, una vez que una célula esta afectada, se va reproduciendo y no se puede parar. Con el tiempo ese virus ira convirtiendo las células con materia inanimada. – nos contó Adam
     ¿Cuánto tiempo?
     A los 18 años - ¿Cómo lo sabía Dani?
     Sí, por eso vosotros, no habéis muerto, y los mayores de edad sí.
    De repente el suelo empezó a vibrar, como si fuera un terremoto, así que salimos corriendo a fuera. Pero al salir nos dimos cuenta, que había pasado algo mucho peor que un terremoto, habían helicópteros sobrevolando la zona, y lanzando bombas. Nuestra reacción fue coger todas las armas i dispararles, y funciono, al final se fueron. Ese día murieron casi cincuenta niños.
    Los días seguían avanzando, pero no había ningún indicio, que el gobierno quisiera volver a atacarnos. Y descubrimos, que los que estaban haciendo todo esto, no querían que saliéramos vivos de Aleda.
    Adam seguía haciendo los últimos retoques de la cura. Cada vez todos estábamos mas impacientes i desesperados por salir del pueblo. Pero sabíamos que salir sin la cura sería condenar al planeta entero con el mismo infierno que estábamos pasando nosotros.
    Aquel día Dani i yo estábamos ayudando en el ayuntamiento, cunado Adam apareció allí.
     ¡Chicos!, tenéis que venir, ¡enseguida!
    Fuimos a casa de los Morgan, donde Adam tenía montado un laboratorio construido con piezas que fuimos encontrando.
     ¿Qué pasa Adam?
     Creo que ya está, creo que tengo la cura. – cuando dijo esas palabras, fue como si me quitaran un peso de encima, en esos pequeños frascos, estaba embotellada nuestra libertad. Pero la pregunta que no desaparecía de mi mente era ¿con o sin cura, nos iban a dejar salir?

    Ella y sus inventos

    Ella y sus inventos

    El estómago les rugía. Hacía días que no comía algo que le llenara e hiciera desaparecer esa sensación de hambre. Su madre le pequeña siempre le decía que tenía un agujero negro dentro de su barriga. Ella siempre pensó que los agujeros negros están bien donde están, no necesitan uno dentro de su barriga para ocasionar más problemas de los que ya estaba pasando su planeta. O podría ser un gran final, la forma más sencilla de terminar todo. ¡Puf!, y todo acabaría.
    Aun con esos pensamientos dentro de su cabeza, Evol seguía oyendo los ruidos de reclamo que hacía su estómago. Decidió ir a cazar algo, así que cogió su separador de átomos, se puso su chaqueta de cuero y metió los mapas, papel y lápiz dentro de su bolsa. Se acercó al gran teletransportador y pensó donde podría conseguir una mayor pieza para alimentarse. Hizo una mueca. Mejor era ir a un sitio donde su vida no corriera tanto peligro y pudiera volver a hogar, si se podía llamar así a la pequeña cueva sin ninguna salida donde intentaba vivir.
    Cuando el portal del teletransportador se abrió después de que Evol le pusiera las coordenadas. Era increíble que ese trasto funcionara y no la transformara en puré para búfalo cada vez que lo usaba. Incluso sabiendo que era seguro, siempre lo cruzaba con los ojos cerrados, deseando llegar al otro lado.
    Abrió los ojos cuando sintió que su entorno húmido de debajo la tierra se convertía en un aire seco y caliente que le quemaba la piel. Su pelo se erizó y noto como un escalofrío le recorría todo el cuerpo. Vio como estaba rodeada de lo que antes podría haber sido un enorme campo de trigo o un pantano rodeado de árboles y lianas. Afinó el oído para captar cualquier movimiento, aunque pequeño fuera. No podía permitirse bajar la guardia si se encontraba fuera de su cueva. No notó nada y fue avanzando lentamente pensándose dos veces donde iba a pisar antes de hacerlo, para evitar un ruido no deseado.
    Normalmente pondría sus cinco sentidos en lo que estaba haciendo. No quería acabar muerta en un sitio como ese, ni que la sorprendiese un animal modificado o, aún peor, un sistema 34-J del Pueblo. Mientras andaba en busca de cualquier rastro para poder seguir hasta una madriguera, no podía parar de pensar en el pasado. Siempre le pasaba eso cuando tenía hambre y se imaginaba a su abuelo diciendo con su marcado acento del norte que Evol sería una pequeña mujer feliz ya que tenía un gran apetito. Que tan equivocado estaba…
    Des de los Nuevos Descubrimientos la ciencia se convirtió, una vez más, en una forma de poder tener el control sobre los más débiles y autodestruirse. Su primo siempre se lo decía: “Cuidado con lo que inventes pequeña científica, vaya ser que le encuentres el placer del poder y no uses tus conocimientos para el bien”. Ella nunca entendió lo que quería decir, y el murió antes de que Evol fuera lo bastante mayor para poder explicárselo. Ahora ya sabía que quería decir su primo con esas palabras pero demasiado tarde para la humanidad y para la vida que antes conocíamos.
    Ahora Evol vivía entre los libros que pudo salvar y sus pequeños inventos, escondida del enemigo. No estaba segura si llamarlo así fuera la forma más indicada. El Pueblo solo era una moderna ciudad, como las que ella veía en las películas de ciencia ficción, mientras, con tan solo cuatro añitos, empezaba a saltar en el sofá diciéndole a su padre que ella sería la creadora de todo eso. Pero fuera de ese territorio, todo había cambiado. Gracias a la contaminación y todas las guerras científicas por el poder de los Nuevos Descubrimientos, las creaciones que hicieron un grupo de científicos y científicas para salvar y mejorar el mundo, solo sirvieron para destruirlo. Las personas del Pueblo viven, literalmente, en una capsula que oculta la verdad y les llenan la cabeza de mentidas y esperanzas. Mientras tantos los que no tenían suficiente estatus social, inteligencia o dinero, quedaron fuera del único territorio habitable de la planeta y habían muerto o formado civilizaciones de salvajes. Evol simplemente era una desterrada que no quiso participar en esa lucha de poder e ahora solo intenta sobrevivir. Ya entiende lo que le quería la lección que le quiso enseñar su primo y vive huyendo de los 34-J y del Pueblo, escondiéndose entre sus inventos y sus estrategias para poder destruir todo lo que ella, sin saberlo, ayudó a crear. Ahora solo es ella y sus inventos, junto con el poder de la ciencia.

    En que se convirtió una insignificante pelota.

    En que se convirtió una insignificante pelota.

    En que se convirtió una insignificante pelota:

    Yo, redonda y botona como cualquiera otra, desafiando la ley de la gravedad.
    Yo, fui elegida para ser la protagonista de ese maravilloso partida que iba a dar comienzo en varios minutos.
    Mi corazón estaba ardiendo y ansioso por salir a ese estadio, pero en cambio mi cuerpo estaba frío como la ant¨rtida.
    Cuando me empezaron a botar justo antes de salir al campo note como que ese partido iba a acabar bien, todos contentos y yo volvería con mi familia al taller de creación de pelotas pero…
    Un jugador se dispuso a chutarme para marcar un gol pero en cambio de marcar un gol, yo fui dirigida a la cabeza de un niño pequeño que estaba mirando el partido.
    Yo, no me paraba de repetir a mi misma (interiormente) Tonta!!!.
    Hasta que una de mis hermanas me dijo: No todo es culpa de uno mismo.
    Esa palabra me hizo pensar que todo pasa por algo, ese niño se quedó conmigo , al parecer le hizo mucha ilusión tenerme en su casa.
    Ese niño llamado; Arnau, estuvo jugando o conmigo hasta que tuvo uso de razón, hasta que un dia desafortunadamente tenía el ya tanta fuerza que me chuto muy fuerte contra un poste y allí fue donde yo morí.
    Me fui al país glorioso de las pelotas; que oye tampoco estaba tan mal vivir allí, todas teníamos lo que queríamos, alguien que jugase con nosotras.
    Lo que más duro se me hizo fue separarme del lado de ese inocente niño que poco a poco se iba haciendo adulto, yo creo y espero que nunca olvide esas tardes enteras que nos pasabamos jugando sin descansar.

    En un instante

    En un instante

    Estoy sentada en la mesa donde trabajo, terminando de revisar algunos números, cuando levanto la cabeza, miro el reloj y me doy cuenta que, de tan inmersa que estaba, llevo dos horas de mas trabajando.
    Me apresuro para llegar al ascensor pero me cruzo con Marina, mi compañera de trabajo y amiga.

    - ¿Oye chica que haces aquí? ¡ si no recuerdo mal hoy tienes una cita con ese chico de Tinder!!! - me suelta bien alto.
    Sht, no grites, solo me falta que el jefe se entere de las barbaridades que hago…
    Ni que fuese una cosa mala… ¡anda, relájate y disfruta! - me lanza beso y vuelve a su mesa.

    Cuando salgo a la calle, me doy cuenta que la primavera ha pasado rápida y que el verano impregna de calor las calles de esta ciudad. Voy a paso acelerado, esquivando turistas que quedan aturdidos ante los edificios que les rodea. Y no me sorprende, estoy muy contenta de haber conseguido estas practicas justo en el centro de Nueva York. Llego a mi piso donde llevo 4 meses, es pequeño, pero no más de lo que necesito. Me lleno la bañera y me paso un buen rato ahí, mientras escucho mi música. Pienso en esta noche, y me doy cuenta que desde Daniel, mi ex, no he vuelto a salir en una cita con ningún otro chico.
    Me decido ponerme un vestido azul celeste, de tela fina, junto con unas sandalias de charol. Me decanto por un maquillaje suave y un moñito natural. Miro la hora en el móvil, llego tarde, como siempre. Bajo las escaleras apresuradamente y me meto en el coche. Hay tráfico, y en la radio no dan nada bueno. Empiezo a imaginarme como sera el chico, alto como me gustan, si será una buena compañía, si le gustará el cine como a mi… Al cabo de minutos llego al restaurante, él lo eligió y me envió la ubicación, así que no sé si es un buen lugar.
    Es un restaurante mexicano y eso hace que me relaje. No es un lugar muy grande, así que rápidamente lo veo saludándome.
    Con la primera impresión gana muchos puntos. Es rubio, de ojos verdes y tiene un tono de piel que me indica que no es nativo americano. Se llama Mario. Nos damos cuenta que los dos somos de España. Eso hace que ambos nos sentimos más cómodos. Empezamos a charlar sobre nuestra antigua vida y parece el destino pero, tenemos muchísimas cosas en común. Pedimos unos burritos y después decidimos ir a un bar cercano. Me paso toda la noche riendo por las anécdotas que cuenta. Este bar parecía muy solitario cuando llegamos, pero cada vez aparece más gente y se va llenando. Optamos por ir a bailar en la pista, donde está lleno de jóvenes como nosotros. No sé como, pero sin apenas conocerlo, siento que puedo ser yo misma con él, en ese momento siento una felicidad que me llena totalmente. Nos pasamos horas bailando y bebiendo, y cuando ya no podemos más, salimos fuera. Son las tres de la mañana, y es una noche bastante fría comparada con el día tan caluroso que he pasado. El bar está en una carretera en las afueras y tardaré media hora para llegar a casa. Quedamos en ir a desayunar por la ciudad este fin de semana y seguidamente nos despedimos, me sorprende con un bonito y cariñoso beso en los labios. Es tan dulce…
    Cuando llego al coche me doy cuenta de que estoy muy aturdida por el alcohol, me maldigo por haber bebido tanto. Pongo el coche en marcha y la radio al mínimo, me duele la cabeza. Empiezo a conducir y a pensar en él. Quien diría que en tan poco tiempo, veas que tu vida podría cambiar tan rápido. Este camino hasta casa se esta haciendo eterno. No me encuentro bien, y noto como el alcohol sigue corriendo por mis venas. Estoy muy mareada, mientras sigo pensando en toda mi vida desde que llegué a esta gran ciudad, y como he cambiado. Siento que mudarme aquí ha sido una muy buena decisión y me doy cuenta que estoy empezando a crear mi vida. Estoy tan distraída pensando en esto, en como puede cambiar mi vida, en que finalmente he conseguido estar adaptada aquí… que sin casi verlo, hay un coche en dirección contraria a la mía apunto de estrellarse contra mi coche. Y si, de golpe, en un instante, mi vida varia de una manera tan brusca y fugazmente, pero no de la manera que creía.

    Contando desde el primer accidente mortal de un automóvil hasta la fecha, han muerto 25 millones de personas.


    Encadenados

    Encadenados

    El viernes mis amigas Júlia, María, Carla, Claudia y yo salimos de fiesta. Nos hicimos muchas fotos juntas, y las pasamos a nuestro grupo de Whatsapp donde aún hay más amigas. Júlia, le enseñó las fotos que nos hicimos a su novio, y él vio que en el fondo de una de las fotos había unos amigos suyos, le pidió que se la pasase, para enviársela a esos amigos del fondo. Éstos, se llamaban Álex, Riki y Pablo. Ellos vieron en nuestra foto, a una chica que estaba besándose con un chico que conocían, Eliot. Pero ella no era su novia, así que Álex le pasó nuestra foto a la novia de Eiinapi5qliot, Carlota. Sin nosotras saberlo, nuestra foto ya la tenían 3 grupos de personas que ni tan solo conocíamos.
    Carlota, vio que en la foto estaba su amiga Luna con un chico, le envió la foto para que le explicara como había ido la noche, y para saber quién era ese chico. Resultó que ese chico se llamaba Andrés y era la ex pareja de la mejor amiga de mi amiga Carla. Aún no sabemos cómo, pero la mejor amiga de Carla, Marina, consiguió la foto de donde se veía a Andrés con Luna.

    Este martes, un chico de mi clase me ha pasado la foto que me hice con mis amigas, preguntándome porque salía yo en una foto de su amigo Álex si no lo conocía. ¿Es el mundo un pañuelo?

    ENGAÑO

    ENGAÑO

    Sergio era la persona mas feliz en es instante, hacia apenas 5 minutos era una de los miles de personas que comprar a diario la lotería y ponen el programa a la misma hora para a ver si les toca. Ese día no Sergio no sabia la que se le venía, cada digito que iba diciendo la presentadora iba coincidiendo con los de la cartilla. 8 números, uno por segundo, fueron los segundos que más nervioso le pusieron. Finalizo el programa y todos los números que tenia en la cartilla eran los mismos que había en la pantalla del televisor. ¡500.000 Euros! Empezó a gritar de alegría y lo primero que hizo fue llamar a sus padres y enviar un mensaje a cada uno de sus contactos para explicarle lo que había sucedido. Poco después se tranquilizó cogió su vieja moto, que poco tiempo le quedaba, para dar una vuelta. Cuando llegó de dar la vuelta, fue al salón y cogió el móvil que se había dejado con las prisas, y vio un mensaje de una persona que no se lo esperaba.
    Anna, la chica que desde pequeño lo tenia enamorado y siempre hacia todo lo que podía por ella, y Anna siempre le decía que la dejara en paz, le había enviado un mensaje que decía:
    - Sergio, tengo que hablar contigo de un tema que llevo tiempo pensando, sobre un sentimiento que tengo hacia ti… ¿Nos vemos esta tarde a las 18:00 al parque?
    Lo que le faltaba, le acababa de tocar la lotería y la chica de sus sueños quería quedar con él para hablar de un tema el cual parecía amoroso.
    Cogió, se vistió y fue hacia el parque, ella ya había llegado hace rato.
    Estuvieron hablando durante 30 minutos, y acabaron besándose, poco después la chica llamó a su madre mintiéndole, diciéndole que esa noche la iba a pasar en casa de una amiga.
    10 Meses después, parecía ser una pareja normal, muy feliz, Pero Anna una mañana cualquiera le dijo a Sergio que necesitaba dinero, que tenia un familiar que tenia una enfermedad y tenían que pagar el viaje hacia EE.UU i pagar la cirugía, pero no solo se lo pidió ese día sino que estuvo varios semanas pidiéndoselo, poniendo cada día una excusa más extraña.
    Hasta que llegó su aniversario, iban a cumplir 1 año y el estaba muy, muy feliz.
    Cogió su teléfono para llamarla, pero vio un mensaje que decía que tenían que dejarlo, que ya no sentía lo mismo, y que lo sentía mucho.
    No tardo en darse cuenta de que había estado con él por interés, no tenia ni un céntimo en el banco.
    Fue para casa muy triste y decidió ver uno de los programas que veía cuando era pequeño “national geographic” Esta vez el episodio iba de los arácnidos más peligrosos del Amazonas. Cuando estaban explicando las curiosidades de una araña, el locutor dijo: Las arañas femeninas conocidas como viudas negras se comen a los machos después del apareamiento

    Esa clase que me salvó la vida

    Esa clase que me salvó la vida

    Estoy desconcertado, esta especie de laberinto no parece acabarse nunca. Las paredes y las bifurcaciones son exactamente iguales que todas las otras. No saldré nunca de aquí.
    El pesimismo invade todas las partes de mi cerebro, pero es la pura realidad. Estoy en un sitio que parece no acabar nunca, sin manera de comunicarme con nadie y sin forma de saber cómo salir de aquí.
    Camino sin ganas, utilizando el típico truco para salir de un laberinto que te sale en Internet; poner la mano en la pared derecha y no separarse hasta salir de allí; pero ya llevo más de tres horas haciendo esta tontería y esto parece no tener fin.
    Me paro a descansar un rato y pienso. Hay algo que se me escapa.
    Un camino que se bifurca constantemente y sucesivamente va formando nuevos pasillos. Con unos mosaicos con símbolos triangulares en las paredes, que contienen más triángulos en su interior. No entiendo nada. Los triángulos crean otros, que de la misma manera, crean más.
    Es como una metáfora del laberinto donde estoy metido. Se va separando en más caminos.
    Pero, ¿qué relación tiene?
    Y en ese momento me doy cuenta de una cosa; durante el camino había unas paredes blancas distintas, que parecían marcar un límite. Esas paredes eran el final de algunos caminos, y parecían recorrer el exterior del laberinto. Decido buscar esas paredes y seguirlas, seguramente tendrán un significado.
    Retrocedo hasta toparme con una de ellas y empiezo a andar otra vez. Pasados los minutos me doy cuenta de que están representando un área o algo parecido. Una figura geométrica.
    Sigo andando hasta que el pasillo que era recto, se tuerce en un vértice.
    A juzgar por el ángulo, parece que sea un triángulo. ¡Cómo los mosaicos de la pared!- pienso emocionado por haber encontrado una pista.
    Examino el vértice y veo que hay una puerta escondida que contiene un código en la parte superior. Después de tanto esfuerzo y desconcierto, al fin estoy cerca de acabar con todo esto.
    Pero hay un código y no sé cuál es.
    Diez dígitos que me separan de la salida hacia mi libertad. Diez.
    Pienso, recuerdo y me rompo la cabeza buscando un código, una palabra, números, series; algo que me permita salir. Nada aparece en mi mente.
    Me dispongo a mirar el mosaico del triángulo que tanto aparece, si el laberinto también lo es, debe tener alguna relación. Me acuerdo de la sala que salía de un lado de la pared blanca, seguramente sería triangular con más caminos en el interior, pero creo que era más pequeña. Eso me da una idea.
    Si el laberinto guarda relación con el mosaico, eso significa que hay distintas salas triangulares que se bifurcan en más salas iguales, aunque más pequeñas. Eso significa que estoy en la principal.
    Y entonces la palabra que llevará a mi salida empieza a dibujarse en mi mente. Pero no acaba de aparecer. Se lo que significa el triángulo, las bifurcaciones, todo; pero no me sale la palabra.
    Una sudor fría embarga todo mi cuerpo, necesito esa palabra para salir. Era el apellido de un tipo ruso. Lo sé a ciencia cierta. Pero no sale.
    Intento recordar el momento en que me la dijeron, fue en una clase de matemáticas. Esa clase llena de aburrimiento que ahora mismo significa la diferencia entre salir de aquí o seguir encerrado.
    Y es entonces cuando aparece en mi mente. Y me doy cuenta donde estoy. Dentro de un fractal enorme de triángulos equiláteros que en su interior tienen ramificaciones fractales también.
    Un laberinto dentro de otro. Y ahora sí estoy seguro, la salida está en el otro lado de la puerta, en el vértice del triángulo principal, y donde se crea todo. Doy mentalmente las gracias a ese profesor de matemáticas que siempre daba lecciones que no tocaban. Esa lección me ha salvado la vida.
    Y empiezo a teclear las letras de mi salvación:
    S
    I
    E
    R
    P
    I
    N
    S
    K
    I (me tiembla la mano mientras escribo la última letra).
    Un pitido y una luz verde indican que he acertado. Soy libre.

    Espaguetis a la Feynman

    Espaguetis a la Feynman

    Para preparar unos auténticos espaguetis a la Feynman, necesitarás una masa constituida principalmente por harina y huevo, que se encuentra, comúnmente, formando hilos cilíndricos, finos y alargados y que para abreviar vamos a llamar espaguetis. Además será necesaria una olla, no importa el material siempre que se trate de uno conductor, y una determinada cantidad de agua en función de la capacidad de la olla.

    En primer lugar coges un espagueti cualquiera de entre todos los que vienen en el paquete que habrás comprado con posterioridad, lo flexionas por cada uno de sus dos extremos, es decir, por el final y el principio o por el principio y el final del espagueti, esto es indistinto. Al doblarlo, es imprescindible estar atento para comprobar que se forme una curvatura perfecta.

    Estás llegando al punto neurálgico de la operación, así pues, no pierdas los nervios y ve aumentando la presión de forma proporcional. ¡Atención: no de forma exponencial!

    He aquí donde se aplica la técnica culinaria, donde se pueden apreciar las verdaderas habilidades del cocinero, ya que tan solo aquellos que son capaces de partir el espagueti en dos y no más fragmentos exactamente iguales son los únicos que pueden ser considerados expertos en cocina italiana.

    ¿No te sale? ¿Qué ocurre? ¿Pensabas que eras un maestro gastronómico pero no consigues partir un espagueti en dos? No te exasperes, si te consuela ni el mismísimo Feynman que da nombre a esta receta consiguió desentrañar este misterio. No consiguió encontrar la solución a la pregunta que hará que te estalle el cerebro: ¿Por qué los espaguetis se rompen casi siempre en tres fragmentos?

    ¿Quieres la respuesta?

    Sigue cocinando.

    Coges otro espagueti, lo doblas, queda curvado, aprietas y una vez más la presión que ejercen tus dedos sobre el espagueti es extrema, este llega a su punto de ruptura, en otras palabras, se fragmenta en un punto concreto. Toda la tensión acumulada se libera en forma de vibración que recorre el hilo de pasta, este empieza a enderezarse, las ondas de flexión llegan hasta tus dedos que las reflejan y vuelven hasta el punto de ruptura inicial donde se genera otro punto de fractura, justo entre la zona ya enderezada y la que aún se mantiene curva. Consecuencia: el espagueti se rompe en tres partes.
    Tus ojos no son capaces de apreciar el fenómeno descrito ya que estas dos fracturas se producen en un intervalo de tiempo efímero y por tanto son casi simultaneas, lo que se denomina fractura en cascada.

    Una vez terminada la clase de física gastronómica, repite este paso hasta acabar con todos los espaguetis del paquete. Luego mientras reúnes los tres fragmentos de cada espagueti, vas preparando la olla con agua y sal. Si quieres que el agua hierva más rápido pon la sal después, aunque te aseguro que agrupar los espaguetis te va a distraer mientras esperas. Cuando la temperatura del agua se mantenga constante a 100°C mete los espaguetis de tres en tres y espera entre 8 y 10 minutos.
    Ahora solo queda disfrutar de unos auténticos espaguetis al estilo Feynman. Puedes acompañarlos con infinitos tipos de salsas, nobles ingredientes o hacer emplatados simétricos y originales.
    Así que te deseo un ¡Buen provecho!
    Por último y antes de que se me olvide, un consejo: vigila de no ahogarte durante la comida recuerda que hay muchos fragmentos pequeños.

    Estudiando el amor

    Estudiando el amor

    OBSERVACIÓN:
    Al humano normalmente le cuesta expresarse con la persona que le atrae cuando se encuentra en ese mundo que todo lo evade, el amor. Difícil es hablar sobre una ciencia que para muchos solo significa una llamada del destino, otros piensan que es totalmente suerte y otros la entienden como una casualidad. Fácil es sentir amor, amor de distintas formas, amor que todo lo distorsiona, amor que todo lo disuelve, amor que todo lo hace más fácil.
    HIPÓTESIS:
    Desde mi propio punto de vista, el amor es lo más perfecto y lo más imperfecto que existe, lo más real y lo más imaginario, lo más fácil y lo más difícil y lo más racional e irracional. El amor es el fenómeno más extraño y desconocido, extraño porqué aparece sin buscarlo, eso mismo, aparece, y desconocido ya que tú, la persona que está leyendo esto, ¿Sabes las claves para encontrar ese amor que consideras perfecto? No te confundas, no hay amor perfecto. Me pregunto si es verdad todo esto de que el amor es pura química. Me gusta escuchar buena música, la de los autores que escribían con el corazón, los clásicos, sobre todo cuando tengo confusiones amorosas, supongo que me aclara la mente. No soy partidario de nada tan objetivo en relación con los sentimientos, pienso que todo pasa por alguna razón pero lo bueno del amor es que no tiene sentido alguno. Seguro que esconde una cara oscura; soy demasiado joven aun, solo conozco la cara clara, la cara que hace que todo parezca perfecto y romántico. Tengo ganas de encontrarme con ella, o no.
    EXPERIMENTACIÓN:
    Anatómicamente sí, podríamos añadir el amor en el área de la ciencia, científicos confirman que este tipo de atracción altera algunos órganos del cuerpo, tales como, por ejemplo, el cerebro, activando algunas regiones, destacando las de la recompensa o la de la motivación que provocan el despertar del hipocampo, hipotálamo y el córtex del cíngulo anterior, o algo así. A parte podríamos decir que aduerme partes como la amígdala o el córtex frontal que reduce las emociones negativas o juicios sobre la pareja. Por si aún no te convenzo cabe también destacar el aumento de hormonas, tanto la oxitocina como la vasopresina. La concentración de ambas aumenta durante las fases intensas del amor romántico y al igual que como has podido leer sobre el cerebro también afecta a distintas áreas de este que, incrementando o rebajando su actividad, afectan positivamente al sentimiento de amor.
    CONCLUSIÓN:
    Pensar, pensar y pensar, normalmente es la acción que más realizamos, estemos o no enamorados, bueno, no me gusta etiquetar, diría atraídos por alguna persona. Usualmente es positivo ser lógico y correcto pero, en estos casos, nada puede superar las ganas de disfrutar, conocerse, contar esas historias de la vida guardadas en los últimos cajones de nuestro subconsciente, esas ganas de ver sonreír a quien de delante tienes, de averiguar los puntos débiles, los puntos más excitantes y los más cariñosos. Dejemos de pensar y empecemos a disfrutar. Finalmente, solo añadir que nunca nada es tan fantástico como solemos imaginarlo ni es tan desastroso realmente cuando nos ponemos a pensar. Lo sé, me quedan muchas historias que contar.

    Expedición a Saturno

    Expedición a Saturno

    Parece como si fuera ayer cuando viajábamos a la Luna en la misión Apolo 11 , pero eso fue hace 371 años, es decir, en el año 1969 y en el día de hoy ya hemos visitado Marte, Júpiter, Venus y Mercurio. Esas fueron mis palabras en mi última exposición de primaria.
    Ahora tengo veinticinco años y formo parte de la NASA para la expedición a Saturno. Bueno no me he presentado; me llamo Lucía y como ya he dicho tengo veinticinco años; os preguntareis como hemos llegado a todos esos planetas. La razón es que la tecnología ha avanzado mucho desde el año 1969 hasta hoy en día. Hoy es dieciséis de julio de 2352 , justo hoy estamos preparando el cohete para ir a explorar Saturno y no sé si iré, porque solo eligen a cuatro astronautas ¡espero ser una de ellas!
    3 años después- ¡Por fin llegó el gran día! Yo estaba muy nerviosa por pasar las pruebas, porque había muchos candidatos y además eran muy difíciles. Había entrenado mucho para dar todo lo que sabía y también había estudiado mucho para poder pasar las pruebas teóricas y prácticas. De repente entró William Armstrong , el tataratataranieto de uno de los astronautas más importantes de la historia: ¡Neil Armstrong! Nada más ni nada menos que uno de los hombres que pisó la Luna y su tataratataranieto me iba a hacer las pruebas para poder ir a la expedición…Suspiré para dentro y antes de que me diera cuenta ya estaba empezando.
    Fueron siete duras horas de pruebas y preguntas y me acuerdo de cada una de ellas como: ¿Qué no debe hacer nunca un astronauta cuando la nave está despegando? La respuesta era muy fácil. ¡No quitarse el cinturón de seguridad!
    Llegó el día siguiente y colgaron los resultados; cuando miré los resultados, no me lo podía creer. ¡Había quedado quinta! Con lo que quedaba fuera de la expedición a Saturno. Estaba muy triste pero, era lo que había. Habían entrado cuatro hombres como en todas las expediciones anteriores, mi sueño de que alguna mujer volviera a ir al espacio todavía no se había cumplido pero no iba a rendirme. Lo tenía claro, yo quería ser como Valentina Tereshkova una mujer fuerte y decidida cuya vida era el universo, me gustaba porque me veía reflejada en ella.
    2 años más tarde-Los astronautas se estaban poniendo su traje especial para ir al espacio. Mis mejores amigos Andrew y Mike iban a ir a la expedición acompañados de otros dos hombres que siempre decían que una mujer jamás podía ir a un planeta tan lejano como Saturno que eran Anderson y Rick.
    Cuatro horas después estaba todo preparado para ir a Saturno, todos estábamos preparados para que los astronautas se subieran a la nave espacial, pero cuando Rick estaba subiendo se torció el tobillo y se desplomó en el suelo gimiendo de dolor Andrew y Anderson rápidamente le cogieron en brazos y le llevaron hacia la sala donde estaban todos los técnicos mirando que todo fuera en orden y donde estaban los astronautas más importantes de la NASA y donde estaba yo.
    Ya habían pasado 2 horas y los médicos dijeron que Rick no podía ir a la expedición porque el hueso del tobillo se le había desplazado. En ese momento supe que todavía podía tener una posibilidad de ir a Saturno por haber quedado quinta, así que crucé los dedos para que estuviese en lo cierto, y en cuanto vi que William Armstrong estaba revisando la lista de los astronautas destinados para ir a Saturno y escuché que pronunciaba mi nombre, no pude contener mi alegría y con todas mis fuerzas grité: ¡Viva! En ese momento me puse roja como un tomate porque toda la sala me miraba con la expresión de:¿Qué le pasa a esta mujer, está loca? Corrí a ponerme mi traje espacial y me apresuré a vestirme lo más rápido posible.
    Y en un momento ya estábamos despegando a Saturno. Recuerdo que mi parte favorita fue cuando nos desabrochamos el cinturón y disfrutamos de la gravedad cero; pero sin lugar a duda mi momento favorito fue al llegar a Saturno y contemplar su belleza y como no, sus deslumbrantes anillos formados por gases, hielo y rocas, eran preciosos.
    Andrew propuso aterrizar en Saturno para explorarlo, abrió la puerta de la nave, y cuando iba a bajar de la nave, evité que realizara esa acción, porque él no había caído en la cuenta de que era un planeta gaseoso, pero al hacer ese acto heroico perdí el equilibrio y caí a la nada del espacio; por mala fortuna para mi, mis compañeros no pudieron rescatarme y desde aquel entonces sigo vagando por el espacio con la esperanza de que algún día alguien me encuentre.

    Felicidad bajo la lluvia

    Felicidad bajo la lluvia

    Salgo de casa, miro el cielo, hay unas nubes esponjosas y grises cubriéndolo. Cierro la puerta y me dispongo a caminar. Después de haber hecho unos pocos pasos, una pequeña y brillante gota cae de la gran nube gris que me cubre. Desciende una larga distancia en solo un segundo y cae sobre el cristal trasero de un coche. Se desliza hasta llegar al final del cristal. Cuando llega al maletero del coche resbala hacia abajo muchísimo más rápido que antes. Al llegar al final del coche, se desprende de él y choca contra el suelo. Allí, la gota, desaparece dejando una pequeña mancha de agua. En ese momento empiezan a caer unas pocas gotas como la anterior. Hay algunas que caen en el suelo, otras caen en los coches, y otras caen en los bancos. Pero todas cuando tocan el suelo se desvanecen dejando una mancha húmeda. Al cabo de unos minutos, todo el suelo está mojado y algunas gotas han caído sobre mí, dejándome el pelo y el abrigo empapados. A medida que pasa el tiempo aumenta la cantidad de gotas y el tamaño de ellas. La verdad es que ya no me importa mojarme. Así que decido seguir andando para disfrutar del agua que está cayendo. Veo coches parados ya que los parabrisas no logran despejar el cristal con la cantidad de agua que está cayendo. En ese momento, oigo un ruido como el de un tambor pero muchísimo más fuerte y proviene del cielo. Al cabo de un rato, vuelve a sonar. La verdad es que dá un poco de miedo, pero a mí no me asusta porque ya lo había escuchado antes. Cuando llego a la plaza de mi pueblo decido volver, ya que estoy muy empapado y tengo mucho frío. El cielo aún no está oscuro del todo, la mayor parte de cielo está cubierto de nubes, pero hay un pequeño rayo de sol iluminandolo. Cuando estoy a punto de llegar a la calle donde está mi casa, una luz ilumina el cielo. Pasa muy rápido y no puedo verla bien. Así que me quedo quieto un rato a ver si vuelve a aparecer. No es un rayo de sol ni nada parecido, es más como una luz blanca, es como una descarga de electricidad. Después de estar un buen rato esperando y no haber visto aquella luz otra vez, me dirijo a mi casa. Cuando estoy a punto de entrar a mi jardín, vuelvo a verla. La luz cae rápido del cielo, como un destello. Cae en algún sitio, pero no sé dónde, ya que cae muy lejos. Entro dentro de mi casa. Me estiro en el sofá y me pongo a observar desde mi ventana esas misteriosas luces. El agua aún no a parado de caer. El sonido me relaja, así que después de estar mirando un rato las luces y el agua, me quedo dormido. Al despertarme, no oigo el sonido del agua. Miro por la ventana y me doy cuenta que ya no hay nubes y el sol ilumina el cielo. Salgo corriendo de mi casa. En el jardín me dispongo a mirar el cielo. Está de color azul celeste brillante y el sol está radiante. Desvío la mirada hacia un lado y veo una cosa extraordinaria. En el cielo, hay un reflejo, como una raya formada de siete colores. En el otro lado aún se ven nubes, pero de color blanco. Me parece increíble que después de algo tan oscuro salga algo lleno de tanta luz. Después de un rato esa raya formada de colores… Y entonces me pregunto: ¿Qué hace la raya de colores después de un rato?
    La verdad es que no lo sé porque nunca he visto la lluvia. Tampoco he visto los rayos ni el arcoíris. Y os estaréis preguntando porque no la he visto nunca. La verdad es que nací ciego. Siempre en las noches de lluvia, oigo el ruido del agua y de los truenos. Mi madre me describe como es, detalle por detalle. Así que me gusta pensar que algún día podré verla, y me gusta inventarme historias sobre la primera vez que vea llover. La gente la encuentra una cosa ordinaría, pero a mí me parece fantástica y llena de misterios. Supongo que aún queda mucho para que la vea, por no decir nunca, pero mientras tanto seguiré soñando en ese día, el día en que vea la lluvia.

    Felicidad como forma de vida

    Felicidad como forma de vida

    Este cuento habla de un alien llamado Wonder. Sus padres le pusieron ese nombre ya que nació y fue maravilloso para ellos. Era un alien muy feliz, siempre contento por ayudar a todo el mundo y siempre quería que todo el mundo fuera feliz. Aunque estaba muy bien en su casa, con sus padres en la localidad de Litio, tenía la necesidad de conocer a más gente y poder experimentar otras culturas a parte de la suya, la cultura alienígena, una cultura que se basa en que todo el mundo se respetaba y sólo se podía hacer el bien. Todas las cosas negativas no existían porque nadie las hacía ya que nadie las conocía.
    Un día, ya decidido se escapó de su casa con la nave de sus padres y fue rumbo a otros planetas.
    Tras ver muchos planetas, le sorprendió uno que según había estudiado lo llamaban LA TIERRA y estaba habitado por personas y decidió aterrizar allí.
    Muy contento de poder estar allí, bajó de la nave y empezó a investigar.
    Lo primero que vio fue una placa que ponía: SIRIA.
    De repente, vio que caían cosas del cielo que cuando chocaban causaban un gran estruendo y todo se derruía.
    Aparecieron varias personas corriendo hacía un cobertizo cerca de allí, y Wonder decidió seguirles.
    Yendo al cobertizo, vio a varias personas en el suelo que no se movía llenas de un líquido rojo que estaba por todas partes.
    Todo el mundo gritaba y corría para protegerse.
    Lo que más le sorprendió a Wonder es que nadie sonreía, ni él mismo.
    Cuando pararon un poco los estruendos, decidió buscar su nave y volver a su planeta, para poder pedir ayuda para poder compartir su felicidad con aquellas personas que tanto lo necesitaban.
    Se subió a su nave, despejó y empezó a pensar que podrían hacer él y sus amigos para poder ayudar a aquellas pobres personas

    FIEL AMANTE

    FIEL AMANTE

    Soy amante secreta del agua.
    Amante de esas gotas que caen levemente en el intento de admirar mi cuerpo.
    Soy amante de él, y de sus besos en el cuello que erizan mi piel sin yo quererlo.
    Soy amante del vaho después de crear sintonía junto a ti, o junto a mi y mis pensamientos.
    Ese vaho que se forma con el calor del agua, y el frío del aire. Condensándose y adhiriéndose al espejo, sin dejar percibir mi imagen nítidamente.
    El vaho me recuerda a ti. A ti y a mi. Uniéndonos hasta crear vapor, y nublando nuestras vistas creando de todo un recuerdo.
    Los rayos de sol absorben el agua que segundos atrás enfriaba mi cuerpo. La evaporan.
    El calor me abraza con calidez. Entreabro los ojos y admiro el gran cielo azul, aquel que siempre sabe sacarme una sonrisa. Recuerdo tu voz grave, susurrando en mi oído:
    -La belleza del cielo no es más que el resultado de la interacción de los rayos de sol y la atmósfera, junto a la visión humana.
    Como tu. Bella. Radiante como el sol, y pura como la naturaleza. Y mis ojos, se han enamorado de ti sin yo siquiera entenderlo.

    Recuerdo esa sonrisa tonta que se creó entre mis labios, mis ojos brillaban de admiración.
    Te mire fugazmente, enloqueciéndome a cada instante, y las palabras fluyeron mágicamente, con el deseo de expresar todo aquello que guardaba en mi mente.

    -Me abres los ojos, la mente, el alma. Consigues hacerme entender, hacerme ver. Y cada día que pasa me enamoro mas de ti. Más de todo, más de la vida. Porque cada día que pasa quiero aprender un poco más, porque la intriga que siento me hace vivir.
    Me dan ganas de saber más sobre ti. De acariciar tu piel desnuda, de sentir tu respiración acelerada. De conocerte a ti, y conocer junto a ti el mundo.

    Cierro los ojos de nuevo y imagino ante mi un cielo estrellado. Como el que vi aquel día junto a ti. Recuerdo como agarraste mi mano sin intención de soltarla y me dijiste que me dejara llevar. Nos pusimos a correr como dos niños, como dos enamorados que escapan hacia ningún lugar y se llevan consigo lo más preciado. Corríamos como animales salvajes. Te mire y sonreímos al notar la respiración acelerada. Y esa aura que nos rodeaba con pasión.
    Nos estiramos y admiramos el cielo estrellado.
    Entre los dos conseguimos encontrar alguna constelación y te dirigiste hacia mi bajito para que solo yo pudiera oírte:
    Tu leo, yo libra. Y míranos, amándonos locamente como si no hubiera un mañana.
    Miro sus ojos y veo que su pupila está dilatada.
    -Cielo, tu pupila te está delatando.
    Sonrió consiguiendo erizar toda mi piel y me dijo:
    Mis pupilas están dilatadas porque no puedo perder ni un detalle de la majestuosidad que hay ante mis ojos.


    Vuelvo a entrar en casa. Y oigo el sonido de la ducha.
    Me acerco, dejo caer la toalla a mis pies, y entro.
    -Hola cielo-me dices con esa voz tierna que me enloquece.
    Me abrazo a ti, con el deseo de no separarme jamás.
    Creamos sintonía, creamos vaho. Juntos.

    Soy amante del agua porque me recuerda a ti. A ti y a mi.
    Porque me recuerda al cielo azul, a las estrellas, al vaho.
    Porque me recuerda a la dilatación de las pupilas, al sol, al aura salvaje.
    Soy amante del agua, porque soy amante de ti y de tu cuerpo.
    Y porque soy amante de mi y de esto que siento.


    Gervasio y su viaje el el tiempo

    Gervasio y su viaje el el tiempo

    Transcurría el año dos mil veintiuno, era pleno invierno una noche fría con chubascos y con tormentas.
    Don Gervasio un hombre humilde con sesenta y siete años sin esposa y sin hijos conducía su camioneta por la comarcal doscientos treinta y nueve, cuando de repente un rayo cae justo sobre su camioneta. Gervasio herido se levanta a duras penas al cabo de unos pocos segundos, un rayo impacta sobre él. Gervasio cae desplomado en la carretera, despierta en la cama del hospital junto al no hay ninguna persona. Al cabo de unos segundos entra una enfermera, la enfermera le dice que descanse que está muy débil pero Gervasio no hace caso sospechando que le ocultan algo ya que en esa habitación de hospital no hay ventanas. Gervasio intenta escapar cuando de repente hay un apagón en todo el hospital. Era el momento dé huir para Gervasio. Consigue escapar pero al llegar a la calle se percata de que no hay coches y sólo se escucha hablar a las personas, de repente sale la enfermera a su encuentro y le dice a Gervasio una terrible noticia: “has estado dormido durante casi sesenta años”
    La enfermera le propone a Gervasio tomar algo y así le pone al día. Él acepta. La enfermera le comenta que la era sin petróleo ha llegado; que el planeta está intentando sobreponerse a esta situación pero que es muy complicado. La gente está muriendo porque falta de todo. Sólo hay un autocar que sale una vez a la semana para llevar a la gente de todos los pueblos, sólo los ricos tienes coches eléctricos. Le dice que ahora hay una guerra constante entre las grandes potencias por hacerse con los únicos lugares del mundo donde queda petróleo y que, al fin y al fin y al cabo, esto es una guerra que afecta a todos, que la policía de las ciudades no puede hacer frente a los saqueadores. Además la tasa de paro se ha disparado porque las empresas pequeñas han caído en bancarrota.
    Ahora, sin petróleo, se está intentando usar la mayor fuente de energía que tenemos, la energía solar y también la energía eólica. También le comenta que ahora no hay plásticos en la basura como antes. Desechar plásticos está penado por la ley y puede llevarte a la cárcel.
    Tras haber hablado con la enfermera, Gervasio se pone de camino a su casa que estaba a las afueras de la ciudad, todo el trayecto debe hacerlo andando.
    Al llegar se encuentra con la casa tal y como la dejo pero ahora lo importante para él es cómo ganarse la vida así que decide ayudar construir molinos de viento para que la civilización humana salga adelante.
    Fueron pasando los meses y todo parecía ir mejor cuando de repente una noticia impactó en el corazón de todo el mundo, el petróleo se había acabado ya sólo podían usarse fuentes de energía renovables. Esta noticia hizo que la población se derrumbara provocando el cierre definitivo de las grandes empresas, lo que provocó un caos total. Los expertos hacían predicciones muy pesimistas.
    Los primeros en morir fueron las personas con menos recursos. Gervasio se encontraba hospitalizado. Estaba muy débil y le atendía la enfermera que una vez le pusiera al corriente de todo. Cuando despertó Gervasio estaban próximos sus últimos instantes de vida. Le dijo a la enfermera que preferiría haber muerto en el accidente a ver a todo el planeta asi por culpa de la falta del petroleo pero que él y toda la población habían tenido la culpa de todo lo que estaba ocurriendo en ese instante. Gervasio a los pocos segundos murió...
    Gervasio despierta… todo lo había soñado. Les cuenta a sus amigos y toda la gente lo que había soñado. Les ruega que no despilfarraran el plástico, que habría que minimizar en lo posible el consumo de petróleo porque como sigamos así nos quedaremos sin nada y será un caos ya nadie podrá utilizar los coches con gasolina...
    Y además les dijo que tienen que empezar a usar la energía eólica y la energía solar, la gente lo tomó por loco y al cabo de sesenta años ocurrió lo que Gervasio les había contando, pero ya era demasiado tarde… la vida se había acabado.

    Gota tras gota

    Gota tras gota

    Nada, no noto nada, o al menos no he notado nada hasta ahora, que es esto, esta sensación tan extraña que tengo ahora desde hace unos instantes, noto como si yo ahora fuera todo, pero a la vez me siento diminuto, indiferente al resto que hay a mi alrededor, espera desde cuando hay algo más que yo? pero si son idénticas a mí. Qué es esta sensación que tengo? es como si algo me atrae hacia abajo, pronto saldré de este lugar únicamente rodeado de una visión blanca, donde yo tengo una forma esférica y mis alrededores como esponjosos y hay como una tenue brisa golpeándome. Mi diámetro anda alrededor de unos cinco milímetros y de aquí hasta la superficie terrestre debe ser de unos mil ochocientos metros aproximadamente, creo que con esta fuerza que me atrae hasta esa superficie tardaré cuatro minutos y medio en caer. Mis compañeras deben de pensar lo mismo? Me desprendo de esta especie de refugio y noto un viento escalofriante a mí alrededor cada vez más rápido. Empiezo a ver otras manchas blancas en el cielo que son semejantes a donde yo estaba, cuando de repente travieso una, me doy cuenta de que es una nube, pero lo realmente impresionante se encuentra después de esta nube, cuando empiezo a ver unos edificios, pero por alguna extraña razón el aire se nota como más sucio, diferente como más grisáceo, es gracioso que esto se intensifica a medida que me acerco. Llegado este punto me doy cuenta de que hay otros seres en el mundo, van también en manada, pero son diferentes tienes como dos alas por ser, serán pájaros, supongo que de hecho no he visto ninguno otro. Cada vez voy más y más rápido casi que no noto ya que hace mucho frío. Ahora veo muchos más seres que no solo son pájaros, lo que más abunda desde luego que son humanos. Soy consciente de que me quedan menos de treinta segundos, pero aun así me dedico a ver el paisaje, que es hermoso a excepción de eso edificios húmedos con tonalidades más oscurecidas. Ha sido una corta vida pero ha estado llena de experiencias inolvidables y he sido capaz de no repetir nada en la vida. Ha estado genial tener esta oportunidad espero que de aquí unos días se vuelva a repetir. De un momento a otro he pasado a ser parte de un conjunto formado con mis compañeras que iban antes que yo. De repente ya no siento nada más.

    GOTA, LA MOLÉCULA DE AGUA.

    GOTA, LA MOLÉCULA DE AGUA.

    Gota era una molécula de agua.
    Una molécula de agua de los billones de moléculas que hay en una gota de agua, una de los billones de moléculas que hay en un río entero. Gota en este momento se encontraba en el río Pisuerga.
    Gota, se estaba desplazando continuamente, completando su ciclo, y por tanto visitando numerosos lugares del mundo. Había estado en muchos países: España, Argentina, México, en los Estados Unidos, China, Japón…
    Nos encontrábamos en un momento muy avanzado de la primavera, casi comenzando el verano, y cada vez hacía más calor. Iba a llegar el momento en el que se evaporaría.
    El día llegó, y se evaporo al igual que muchas otras moléculas. Las nubes son gotas de agua sobre polvo atmosférico, y gota se juntaría con otras moléculas de agua en el cielo para formar una nube. Cada vez más gotas de agua se evaporaban y la nube se hacía más grande. Gota se preguntaba ¿De qué tipo de nube pasaría a formar parte? No tenía preferencia por ningún tipo en concreto, le daba igual que se tratara de un nimbo, un cúmulo, un estrato o un cirro. En esta ocasión, la tocó formar parte de un nimbo, y como es sabido es fuente de precipitaciones inminentes.
    Los vientos desplazaban la nube que cada vez iba más lejos y más lejos, recogiendo a más moléculas. Llegó un momento en el que la nube era demasiado pesada, localizándose encima del océano atlántico. La nube era tan pesada que las moléculas de agua cayeron en estado líquido al mar provocando la lluvia.
    Gota, al caer al mar se empezó a mezclar con otras sustancias. Allí pasó mucho tiempo ya que los mares y océanos son el lugar dónde el agua de los ríos finalizaba su recorrido. Seguía desplazándose debido a las corrientes. A gota la encantaba ver los seres vivos que la rodeaban en el océano. Hizo amistad con un delfín, que la saludaba alegremente todas las mañanas, y con un calamar que merodeaba todos los días a su alrededor, y que más de una vez amenazó con teñirla del color de su tinta, pero no llegó a ocurrir. Pero, poco a poco, gota notaba que su temperatura iba subiendo, hasta que llegó a ocurrir de nuevo. Gota se evaporó y no pudo despedirse de sus nuevos amigos.
    Gota, volvió a formar parte de otro nimbo, en el que se encontró con una antigua amiga “Water” con la que había convivido en el rio Pisuerga, pero que procedía de Reino Unido. Ambas se alegraron mucho de volver a coincidir, pero duraría poco su alegría.
    La nube, esta vez se estaba desplazando hasta lo alto de una montaña. En su viaje, dentro de la nube se produjeron fuertes vientos ascendentes que arrastraban partículas a las que se adosaban moléculas de agua, entre ellas “Water”, y según ascendía por el viento, “Water” se iba congelando, hasta que la nube la expulso en forma de granizo.
    Gota estaba muy triste, y cada vez con más frio, por la zona dónde se encontraba. De nuevo, la nube soltó parte de su carga, y como el frío en lo alto de la montaña era tan alto, Gota no cayó en estado líquido, sino en estado sólido, en forma de nieve.
    Transcurrió el tiempo y la nieve se derritió, pasando a estado líquido, y Gota junto con muchas otras moléculas constituyeron una pequeña cascada que fue bajando, formando un riachuelo hasta los pies de la montaña.
    Gota fue deslizándose por el riachuelo, hasta acabar en una pequeña charca donde los animales saciaban su sed. Veía como los animales bebían agua cada día. Un día un lobo fue a beber a la charca y se bebió a Gota. Gota pasó al estómago y cuando llegó al intestino delgado fue absorbida por el duodeno. Después pasó al plasma (la sangre) y entró en el sistema vascular. Se introdujo por los espacios intersticiales y fue absorbida por una célula.
    La célula expulso sus residuos a través de líquidos. En esos líquidos estaba Gota, que fue a la sangre para ser filtrada por los riñones y evacuada al exterior a través de la orina. El lobo había orinado en medio del campo, en la tierra. Gota atravesó la tierra hasta que una planta la absorbió. La planta realizó la fotosíntesis y Gota fue devuelta, de nuevo, a la tierra. Hasta que llegó a las aguas subterráneas. Después de días y días de circular por aguas subterráneas, vio la luz, surgiendo por un manantial, lugar de nacimiento de un gran río, que desembocaba en el mar, y volvió a completar el ciclo del agua una y otra vez. Cada vez era diferente la historia, pero siempre llegaba al mismo punto.

    Gracias a la manzana

    Gracias a la manzana

    Hoy hace una tarde soleada, pensé en ir a darme un chapuzón en el río, pero al final decido ir a pasear por el parque. Cierro la puerta de casa, de repente, noto como todos los poros de mi cuerpo se abren y empiezan a extraer sudor, un sudor que me aporta un aroma identificable a varias manzanas. Con el libro en mano me dirijo hacia el parque. Antes de llegar al parque veo que la frutería donde trabaja mi querida María. Nos conocemos desde hace tiempo, yo la deseo, pero ella no me desea a mí. Habitualmente cuando la intento seducir con mi encanto me tira agua encima o lo que tenga cerca. Siempre chilla que estoy loco y que la deje en paz. Es un poco decepcionante pero yo nunca me rindo y nunca me rendiré. Me dirijo hacia ella, y antes de que pueda abrir la boca para saludarla, coge un jarrón con flores y me lo tira encima. Al principio noto como el agua me empapa entero y después noto como las rosas me van cortando mi fina y suave piel. Ella me mira a los ojos y me dice: -Adiós Isaac, y suerte de que no te haya tirado el jarrón!- Giro la cabeza, decepcionado y cansado de fracasar una y otra vez, y salgo de la tienda. Alzo la cabeza, veo el parque y me dirijo hacia allí. Ando callado y reflexionando sobre lo sucedido. Al llegar al parque no paro de pensar en que decirle, que si la quería o no. Miro el reloj, veo que ya han pasado varias horas desde lo sucedido. Empieza a oscurecer, así que decido volver a casa. Al levantarme veo la frutería, y eso me hace pensar en lo sucedido. Me acerco a la frutería, me doy cuenta de que la persiana esta bajada. -Otro día será- digo en voz baja. Pero de repente oigo como una ventana encima mío se abre. Era ella, María, con su bella cara sonriéndome. Justo cuando iba a declararme delante de ella veo como una manzana cae verticalmente hacia mí. Y gravedad fueron mis últimas palabras. Gracias a esa manzana que cayó encima de mi cabeza, logré hacer una de las teorías más importantes del mundo, la teoría de la gravedad.

    Bernat Girbau 4eso B

    Gritos de Ciencia.

    Gritos de Ciencia.

    Egipto, 14 de Mayo.
    — ¡Eureka! — grité para todos estando sola.
    Primero de todo, permítanme hacer dos cosas: principalmente aclarar que después de tal euforia estaba vestida, no soy Arquímedes y segundo, tampoco voy a dar a conocer mi nombre, me gustaría mantener el anonimato o al menos por ahora.

    Conozco muchas formas de nombrar este momento, por ejemplo, se me ocurre serendipia. También algo así como ”fenómeno eureka de arquímedes” pero creo, que en cierto modo, es este último el que realmente me ha llegado a marcar. Es esta famosa frase de Arquímedes lo que tanto me vais a escuchar. Todos esperamos ser algo, o quizá ser alguien, pero cada uno de nosotros busca o ansia el momento en el que eso ocurra. Hay veces que siquiera sabemos cuál es nuestro propio destino, pero él siempre sabrá de nosotros.
    A día de hoy tenemos todo, y a la vez nada. Sabemos un montón de historias, que al igual que todo, tiene su parte de realidad y la de algo parecido a la mentira, que puede no serlo, puesto que nada está comprobado. Ahora, — Comprobado, ¿por quién? — os estaréis preguntando, por lo que es ahí donde entra en juego mi mejor amiga, la verdad más increíble pero a la vez surrealista, la ciencia. En mi caso, la ciencia fue el producto de una reacción donde el empeño de mi padre fue el catalizador.

    Yo la defino como “lo que ocurre cuando sabiendo lo que buscamos, nunca sabremos cuando lo encontraremos, siquiera conociendo qué es lo que podemos encontrarnos” Entonces, justo en ese momento lo gritamos — ¡Eureka!. — Esta es la parte final de la ciencia, pues es un proceso donde nada es fácil, sino entretenido. Es el motivo que te quita el sueño, que más problemas te puede causar, pero a ser sinceros, merece la pena.

    Una gota de sudor corría por mi frente y como cabía de esperar todo comenzaba como cualquier otra cosa, con un fracaso. Porque no hablamos de gravitación, sino de mi afamada amiga; la ciencia general, que hace justo lo contrario de una fuerza de atracción gravitatoria pues lo que parece que está abajo, hace que ascienda, por el simple hecho de un afán experimentador. En mi caso, era un astrolabio, un hidroscopio y un hidrómetro graduado de latón, que bajo mi propia invención, me servían para mirar las mil y una caras brillantes que aparecían sobre aquellas noches de tempestad sobre mi amada tierra, Egipto.

    No era yo más que una apasionada, realmente no sabía de dónde venía, siquiera hasta dónde quería ir, pero además de todo lo que os he podido decir, descubrí una de las cosas más importantes para mí, el sentido de la vida. De ahí que se me acuse de filósofa, y quiero aclarar esto destacando el tono despectivo, pues desde mi punto de vista no hacía mal ninguno, pero me acusaban de tal. Sin embargo, mi mayor acusación fue como científica, que en el día que estás leyendo esto, no sé cómo seré reconocida, puesto que hasta donde sé, la sociedad me oculta cosa que la historia espero que no haga.

    En un momento estaba en lo más alto y era símbolo de conocimiento, pero al siguiente todo parecía ir contra mí y no me daba por vencida, pero no ayudaba. Nada parecía ser capaz de destruirme, no soy endeble, de ahí mi característica figura controvertida. Además mi padre me permitió hacer lo que la sociedad me hubiera impedido, pensar. “Revelación” gritaron algunos, mientras mi respuesta fue un simple — ¡Eureka! — que mostraría avances.

    Una última vez y sin previo aviso, fue por delante de mis ojos por donde decidió cruzarse, y fue entonces cuando lo grité como nunca antes. Si lo vivo desde dentro, son 6 letras, 2 exclamaciones y 1 palabra que indicaba 1 descubrimiento. El resultado fue el densímetro.
    — ¿Es esto real? — grité mientras lo asimilaba. Creé una atmósfera de euforia, donde se olía la satisfacción, y ví un futuro desenfocado pero próspero fruto de la emoción.
    Pero esto no fue real. Lo que yo no sabía es que era el final, que pensar sería el cuchillo y unos descubrimientos, mi propio asesinato. Pude resolver grandes problemas, pero mi género pareció resultó el más ingente.

    Ahora que sabéis lo que es la ciencia, quería descubrir mi anonimato. Pues mi final no fue en vano, fue el avance que permitió hablar de una ciencia mundial. Nunca olvides que la ciencia ni se crea ni se destruye, se descubre, y lo demás, no importa.
    Tal vez sea eso, buscarlo pensando que vas a encontrarlo.
    Podrás encontrar lo que buscas, ¿o no? Quién sabe qué descubrirás.
    Simplemente experimenta.

    Firmado, Hipatia de Alejandría.

    Hacer algo grande

    Hacer algo grande

    A pesar de largos días de investigación, de eternas horas de estudio y de todo lo que orbitaba a mi alrededor, no conseguía descifrar el por qué.
    Llevaba días y noches sin pegar ojo. Estaba exhausta.
    No podía dejar de pensar en el gran universo que nos rodea. Muchos científicos han descubierto cosas inimaginables hasta ahora, y yo, Lucía, quería hacer lo mismo, pero, ¿cómo?
    Ya sumaban muchos días desde que me había encerrado en mi habitación, pensándolo, y decidí ir a dar un paseo por el bosque.
    Al llegar, me arrepentí. Hacía mucho frio y no estaba abrigada. Me concentré para pensar que todos los grandes científicos empezaban mal hasta conseguir algo grande.
    El paisaje era frío y húmedo. No había rastro de movimiento alguno. Los animales estaban resguardados y los árboles callados. Hasta el más leve susurro se podía percibir en aquel silencio tan penetrante.
    Comencé a andar en línea recta, sin rumbo, necesitaba ideas.
    Al cabo de un rato estaba tiritando de frio -“¿por qué no me habré abrigado más?" - Me pregunté. A partir de ahí, sufrí una avalancha de preguntas, pero todas decían lo mismo “¿por qué tengo tanto frío?”, “¿qué hace que tenga frío?”. Y sin darme cuenta, ya había llegado al punto que necesitaba para hacer algo grande.
    Esa misma noche estuve pensando en mi gran pregunta, qué experimento podría realizar para exponer la respuesta correcta y, por supuesto, convertirme en una gran científica.
    Me desperté muy temprano, con ganas de empezar el día, y me fui directa a la biblioteca; es ahí donde se supone que han empezado todos los grandes científicos.
    Lo primero que busqué, y afortunadamente encontré rápidamente, es el ciclo del agua. El libro te explicaba con claridad en qué consistía: El ciclo del agua, también llamado ciclo hidrológico, se realiza gracias a la energía solar. Otro factor importante en él es la gravedad, a la que conocemos gracias al gran científico Isaac Newton. Ese dato, lo del ciclo del agua, digo, me pareció muy importante y curioso.
    Entre tanto, también encontré un libro que decía que el frío se origina a partir de la temperatura, pero que eso no quita para que unas personas tengan más frio que otras en unos momentos u otros, hablando más coloquialmente, hay personas más calurosas que otras, así como, unas más frioleras y otras menos. Ahí recordé lo que me dijo mi profesora, en aquel entonces de ciencias naturales, sobre la influencia de la temperatura en unas personas y en otras. Ella decía que puede que haya 3 grados bajo cero, y aunque todos tengamos frío a esas temperaturas tan bajas, no todos reaccionaríamos de la misma manera.
    Así fui recordando todas esas clases, antes de naturales, ahora de biología y geología, y me di cuenta de que no puedes hacer algo grande si no has hecho antes algo pequeño por lo que poder comenzar.

    Yo no llegué a ser una científica muy reconocida, profesión que había deseado desde que era bien pequeña, pero, aunque eso me desilusionó bastante, me di cuenta de que no se trata de que la gente te reconozca como una gran científica, sino, de que tú te reconozcas como una apasionada de la ciencia.

    HAZTE CURA

    HAZTE CURA

    Dentro de unos años, muchas cosas habrán cambiado. Ya no tendremos los recursos
    suficientes para poder vivir de una manera igual de cómoda que antes. Sabiendo que
    no hay más pozos donde extraer petróleo, los gobiernos y las multinacionales se
    pelearán por el poco petróleo que tengan almacenado. Habrá otros países más
    previsores que habrán estado almacenando hidrógeno, también acumulado tecnología
    solar y eólica, hidráulica, energía nuclear, bioenergía producida por biomasa, tendrán
    centrales geotérmicas, mareomotrices y todas las fuentes renovables que se puedan
    imaginar. La Organización Mundial de Defensores del Planeta (OMDP), castigará a los
    cinco países con mayor consumo de petróleo: Estados Unidos, China, Japón, Rusia y
    Alemania. Se les prohibirá el almacenamiento de combustibles fósiles durante muchos
    años, sus ciudadanos no podrán salir a hacer turismo al extranjero, tendrán que pagar
    diez mil millones de euros debido a sus excesos del pasado. Posteriormente, vendrán
    los alienígenas en ayuda a las cinco naciones castigadas. Ellos convocarán una
    asamblea con un representante de cada país para hablar sobre las propuestas
    extraterrestres. Les darán a elegir dos opciones: la primera será un regalo de miles de
    millones de barriles para que puedan vivir al nivel de años anteriores. La segunda
    opción será que les regalarán el petróleo necesario para poder derrotar al resto de
    planeta y así quedarse con sus recursos. Se reunirán Mason de Estados Unidos, Chang
    de China, Nomura de Japón, Vladimir de Rusia y Adolph de Alemania, y decidirán
    acabar con el resto del mundo para que no vuelvan jamás a censurarles. Su plan
    consistirá en que cada habitante deberá aprender a pilotar un avión, volarán en línea
    recta rodeando todo el planeta y bombardearán con petróleo todas las ciudades y
    pueblos enemigos. Después aviones militares dispararán al suelo para provocar
    incendios y así quemar todos los lugares embadurnados. Lo que las cinco potencias no
    sabrán, será que al resto de países también recibirán ayuda. En concreto, bajará Dios
    del cielo para avisarles del peligro. Así, todos los habitantes del resto del mundo, se
    mudarán a estos cinco países y se librarán así del incendio. De este modo, mientras las
    cinco flotas aéreas queman el mundo y, al volver para aterrizar en sus respectivos

    aeropuertos, les estarán esperando el resto de seres humanos con intenciones poco
    amistosas. Habrá una Tercera Guerra Mundial, en la que toda la humanidad morirá con
    excepción de los pobladores de Ciudad del Vaticano debido a que dios se los llevará al
    cielo.

    HELIO

    HELIO

    Helio

    Veo a un niño entrando por la puerta, va cogido de la mano de su madre y parece que van a pedir la comida. Se acercan al mostrador y veo que sus labios se abren y se cierran, pero no escucho lo que dicen. Se van hacia delante y se esperan hasta que su comida esta lista. Ahora es el momento que el niño nos coge y hoy tengo la impresión de que me elegirá a mí.
    Pasa por delante y ni si quiera nos mira, pero de repente cuando ya casi están sentados a la mesa se gira y viene corriendo hacia nosotros, se frena delante nuestro, mira cual coger, tarda mucho tiempo como si la decisión fuera de vida o muerte, pero en realidad es solo para coger un globo, me mira a mí, se queda mucho rato mirándome y entonces alarga la mano, aparta los primeros globos que están a la primera hilera, noto su fría mano, pero entonces me pasa por el lado y coge al de mi lado y vuelve a su mesa con su madre.
    Maldita sea pienso, pero yo nunca pierdo la esperanza así que sigo esperando impacientemente.
    Veo a otro niño entrando, hace el mismo recorrido que el anterior niño y finalmente cuando está pasando por delante se frena mira un poquito y….
    ¡Me coge, sabía que hoy era el día!
    Vamos hacia la mesa donde está su madre y su padre y me liga en la silla. Pasado un rato, ya han terminado de comer, el niño me desata y salimos del restaurante.
    Una vez fuera el niño no para de jugar conmigo, hasta que entramos en un coche. Vamos de camino algún sitio, supongo que vamos a su casa.
    De repente el coche se para, los padres se bajan de él y abren la puerta de detrás para ayudar al niño a desabrocharse el cinturón, el niño se baja yo voy cogido de la mano del niño cuando de repente ya no noto su fría mano, miro hacia el lado y veo a su madre, me está cogiendo ella. Entramos en su casa y el niño me vuelve a coger, subimos por unas escaleras y llegamos a una habitación súper bonita. Las paredes de color azul celeste, un castillo gigante, coches de juguete, juegos de mesa….
    Entonces escucho que gritan al niño y bajamos al salón donde están sus padres y salimos a fuera para jugar los tres. La madre coge una pelota y empezamos a jugar a futbol. El niño me tiene cogido de la mano y como que conmigo no puede correr lo suficiente me liga en una rama de un árbol.
    Al cabo de un rato noto que me caen gotas de agua, y rápidamente los tres se van a dentro para no mojarse. Yo me quedo a fuera y empiezo a notar como mi hilo se va mojando y se va soltando de la rama del árbol. Cada vez se va desatando más hasta que estoy desatado del todo.
    En ese momento miro hacia abajo y lo veo todo muy pequeño, cada vez más pequeño y más lejos del niño.
    Hasta que ya no veo absolutamente nada.

    Hermanos

    Hermanos

    Abro los ojos y está todo oscuro. No veo nada. Intento buscar a mi hermano, pero no le encuentro. Un momento, ¿he dicho hermano? ¿des de cuándo tengo un hermano? Sigo buscando y nada. ¿dónde se habrá metido? ¿quién nos ha encerrado aquí? No entiendo nada. Solo sé que me llamo Azul. De repente empieza a hablar una voz y la oscuridad que no dejaba ver nada empieza a desvanecerse poco a poco. Empiezo a ver una gran ciudad a lo lejos. Estoy solo en medio de una colina con unas vistas preciosas, algo que jamás había visto antes. Luego me doy la vuelta y me dispongo a buscar a mi hermano. Por el camino voy pensando en que le voy a decir cuando le encuentre ¿se acordará él de mí?: soy Azul, no sé qué edad tengo, no sé de dónde vengo, no sé qué tengo que hacer y solo sé que tengo un hermano y como me llamo. No sé nada más. Es como si alguien me hubiera borrado la memoria, pero siento algo dentro de mí, como unos impulsos a hacer algo y no sé qué es ese algo. Empiezo a caminar dirección a la gran ciudad para encontrar respuestas y a mi hermano. Por el camino no me cruzo con nadie. No hay ninguna señal de vida. Solo se ve actividad a lo lejos. Cada vez estoy más cerca de la ciudad y cada vez siento una fuerza más grande dentro de mí que me empuja a seguir avanzando. Me empuja hacia mi hermano. Siento una fuerte conexión. Como dos polos que se atraen. Por el camino me encuentro con otros como yo. Que sienten la misma atracción hacia la ciudad. El grupo va creciendo y cada vez somos más los que nos dirigimos hacia la ciudad. A medida que nos vamos acercando algunos de mis compañeros se van reencontrando con sus hermanos. Me sorprenden las reacciones que tienen al verse. Hay algunos que se dan una calurosa bienvenida y se fusionan en un emotivo abrazo, y otros que se pelean hasta que uno cae rendido. Conforme me voy adentrando en la ciudad siento que la atracción que siento es más fuerte. Cada vez estoy más solo, todos los que venían conmigo ya han encontrado a sus hermanos. Sigo pensando en cómo será mi encuentro, me asusta pensar que sea yo quien caiga rendido. Mientras estoy sumergido en mis pensamientos choco con alguien, levanto la cabeza y veo una cara que me resulta familiar, aunque nunca la había visto antes. Estoy emocionado por haber encontrado a mi hermano, pero me parece que él no siente lo mismo. Intento conversar con él, pero lo único que me dice es que se llama Marrón y que hace tiempo que me espera. Puedo ver en sus ojos que cree soy débil pero no me asusta, me aterra. Me aterra pensar que estoy a punto de encontrar mi fin. Y con este último pensamiento mi hermano me absorbe y yo me fusiono con él. El color de mi cuerpo deja de ser azul y me vuelvo marrón. Estoy dentro de mi hermano, veo todo lo que hace, pero no tengo poder de decisión de nada. Soy espectador de mi vida, más bien de nuestra vida. Poco a poco voy viendo las otras parejas de hermanos. Algunas como nosotros y otros que comparten su dominancia. Poco a poco voy entendiendo cual es la finalidad de todos nosotros. Todos juntos estamos creando un nuevo individuo. Somos genes.

    Historia de la ciencia

    Historia de la ciencia

    Mi aparición no la recurerda nadie, ni siquiera yo; no sé siquiera si alguna vez no he existido. Mis primeros recuerdos, aunque teñidos de amarga e inevitable melancolía, me dieron fuerzas para seguir insistiendo. Recuerdo una fuerza, una figura, un suave suspiro y la sensación de vida, de plenitud. Después; oscuridad, miedo y desconcierto.

    Buscaba salir a la luz, pero la nada que me envolvía reprimía todas mis energías. Solo quedaba yo y la extraña sensación de estar esperando. Recordaba con frecuencia mis únicos recuerdos; eran todo lo que tenía y, sin embargo, sentía que algo me esperaba.

    Me reconfortaba la imagen de aquello que lograba recordar. La sensación de formar parte de algo más, a pesar de mi aparente abandono, era más fuerte que cualquiera de los vanos sentimientos que surgían en mí fruto del aburrimiento. Jamás exploré, no había nada que explorar allí, y sin embargo creía saberlo todo. Esperaba una llamada.

    De repente, luz. La tranquilidad de mi existencia se vio interrumpida por una voz, un grito. Lejana, casi opacada por el silencio de la nada, sentí fuerte y clara la llamada de aquello que siempré esperé y nunca supe dónde estaba. Algo apareció, algo que me necesitaba, y de la misma forma que yo lo buscaba desde un principio, ese algo me buscaba a mí, aunque vagamente. Sentí el ardiente calor del fuego, de una furtiva y perenne llama.

    Permanecí un tiempo expectante, todavía sumida en la oscuridad. Sin embargo, una sensación similar a la de mis pobres recuerdos empezaba a crecer en mí. Tan lejos como las nerviosas voces que llevaba oyendo desde mi solitud escuché otra, esta más serena, aparentemente satisfecha, una voz llena de orgullo y alegría que despertó vívidamente en mí el recuerdo de ese suspiro de vida sobre el que tanto había reflexionado.

    Las voces eran cada vez más, y me llamaban con creciente insistencia. Trataba de responder, sentía que alguna de ellas reconocía la mía, pero no estaba segura. Me encontraba lejos y, aunque no podía hacer nada por acercarme, las voces lo conseguían. Buscaban algo en mí, y yo las ayudaba, contenta de haberlas encontrado.

    Empecé a familiarizarme con algunas de estas voces que recurrían a mí con frecuencia. Conseguían que recordara aquello que nunca había aprendido, y les confiaba mis recuerdos como recompensa por su gran esfuerzo, el que traía luz a mi existencia. Era feliz y volví a escuchar, una vez más, aquella voz, diferente al resto, imponente y orgullosa, pero esta vez más amarga.


    De repente, oscuridad, frío. Las viejas voces que había conocido se fueron apagando sin despedirse de mí y las que quedaron se volvieron vacías, hasta desaparecer. Mudaron en gritos, gritos de horror, gritos de dolor, gritos de espanto..

    Ya no me buscaban. Vacío. Escuché por primera vez un llanto, procedente del mismo que antes emitía aquella voz orgullosa y llena de satifacción que inspiraba en mí el recuerdo del breve suspiro que daba sentido a mi existencia. Sentí por primera vez rabia. ¿Qué había hecho mal? Una eternidad pasé así, entre tinieblas y remordimientos infundados, aunque irrefrenables.

    Por suerte me volvieron a llamar, ¡qué placer! Parecían arrepentidas y buscaban todavía con más insistencia que las primeras que había conocido hacía tanto tiempo. Me recordaban a estas por su humildad y su apasionamiento en el cuestionar. Las ayudaba con gusto e infinita alegría. Cada vez fueron más las voces que me respetaban, y a las que yo respetaba y acompañaba con cariño. Los gritos, sin embargo continuaban, aunque ya con menos frecuencia que durante aquel terrible periodo de oscuridad que había vivido.

    Los desoladores gritos fueron desapareciendo a medida que ayudaba a esas voces y comencé a escuchar risas, risas de alegría cada vez más cercanas y nítidas. Los que reían fueron más, y yo reía con ellos. No sabía por qué lo hacían, pero su simple felicidad me llenaba de placer.

    Nunca antes me cuestioné el motivo por el que aquellas voces luchaban tanto por obtener mis respuestas a sus preguntas ni las posibles repercusiones que estas tendrían en su mundo.

    Todavía hoy me interrogan.

    Indonesia

    Indonesia

    INSPIRACIENCIA

    Jorge era un chico de 24 años, a quien le gustaba muchísimo viajar. El nació en España, pero a los 18 años, ya sin sus padres decidió irse a vivir a Canberra, la capital de Australia, ya que le maravillaba ese país y ciudad.
    Un día decidió viajar a Tailandia, a Krakatoa. Krakatoa es una isla que se caracteriza por sus tres conos volcánicos. Jorge fue a un hotel cerca de uno de los volcanes. Allí conoció a Nara, una chica que aparte de trabajar allí, era su guía por todos los volcanes. Jorge al primer día, en la ruta por uno de los volcanes se enamoró completamente de ella. Aparte de todas las guías que el pagaba, ella le llevaba a otros lugares famosos e interesantes. Un día al despertarse, Jorge vio en la tele que muchos expertos decían que uno de los volcanes de Krakatoa iba a estallar e iba a causar unas catástrofes muy grandes. Esta erupción iba a ser dos días después de que el volviera otra vez para Australia.
    Había gente que estaba muy preocupada por eso, pero también había de muchos, incluyendo a Nara que pensaban que eso era falso, ya que mas o menos cada mes se anunciaba una erupción de alguno de los volcanes, y nunca pasaba. Jorge estaba bastante preocupado. Mucha gente de Indonesia ya ni se preocupaba, y seguían su vida normal y corriente. Ese mismo día tocaba una ruta por alrededor de unas piedras volcánicas, y ese día solo estaba Jorge. Jorge se vio maravillado por todo lo que ella le enseñaba.
    El ultimo día de Jorge en Tailandia había llegado, el se encontró con Nara para despedirse, y los dos acabaron tan enamorados el uno del otro que acabaron dándose un beso.
    Jorge después de unas horas de viaje, llegó a casa. El realmente estaba preocupado por Nara, ya que parecía que ese volcán realmente si que iba a erupcionar. Jorge, al siguiente día se despertó con un fuerte sonido, puso la tele y dijeron que el volcán de Krakatoa iba a erupcionar, y que había sonado hasta Australia, a unos 4800 kilómetros de distancia. Jorge al enterarse cogió otro avión para Tailandia, el iba a salvar a Nara. Fue al aeropuerto rapidísimo, y rápidamente pago todo para coger el primer avión hacia allí.
    Después de unas horas de viaje volvía a estar en Krakatoa. El fue de nuevo al hotel, y al minuto ya salía junto a Nara, a coger el transporte más lejano para salir de ahí. Había muchísima gente en uno de los barcos para “huir”. Los 2 se montaron, mientras el volcán ya si que estaba causando el caos. Muchísima gente se quedó en la isla y acabaron muriendo. Nara se salvó gracias a Jorge.
    Los dos se fueron a vivir a Australia, lejos de volcanes y lugares inseguros.


    Inesperado

    Inesperado

    Era una cálida tarde de verano, Eddie estaba en su casa de campo en Oklahoma, en la cual veraneaba con toda su familia. Sobre las cinco de la tarde, le entró el apetito, y se dirigió a la cocina para prepararse unas tostadas con mermelada. Primero cogió la mermelada y la dejó sobre la mesa, luego se giró para coger el pan, lo cortó por la mitad y esa mitad la partió en dos. Cuando se volvió a girar para untar la mermelada en el pan, la mermelada que había depositado encima de la mesa había desaparecido, en ese instante Eddie estaba un poco extrañado no sabía que había podido pasar, entonces pensó que no había cogido la mermelada; que se lo había imaginado, pero fue al estante en el cual está la mermelada y la mermelada no estaba.

    Eddie se puso a buscar por toda la cocina el bote de mermelada, hasta que abrió el armario de las cazuelas, y ahí estaba la mermelada. Lo extraño fue que la mermelada estaba medio vacía, y Eddie cuando la había cogido aún estaba por abrir. Entonces Eddie cogió la mermelada pero una fuerza extraña la cogía por el otro lado, Eddie no podía despegarla, era como si otra persona intentara cogerla por el otro lado. Hasta que finalmente la cogió y se pudo hacer las tostadas.

    No le dió mucha importancia a lo que había pasado, pero él en su mente sabía que no era normal, así que se puso darle vueltas cogió otro bote de mermelada y lo dejó en el salón entonces estuvo esperando hasta que alguien cogiera la mermelada; no había nadie en la casa en ese momento estaba solo él, no se escuchaba nadie ningún paso nada. Eddie de tanto esperar al final se durmió, pero de repente un ruido extraño le hizo despertarse y vió que la mermelada había desaparecido de el lugar donde la había dejado, y entonces él intentó guiarse por el sonido que escuchaba que le llevó al trastero.

    Cuando desplegó la escalera para subir al trastero nada más entrar el trastero vió en el escritorio el bote de mermelada y que se iba vaciando poco a poco, pero no había nadie alrededor que se estuviera comiendo la mermelada entonces fue sigilosamente cual gato y se lanzó a la mermelada. Aparte de coger la mermelada cogió otra cosa la la cual no sabía que era, tenía una cosa entre las manos invisible que no paraba de moverse del tamaño de un conejo no sabía que era, él tenía miedo pero de repente... Esa criatura que el nunca antes había visto se dejó ver. La tenía sobre sus manos y la criatura le decía que le soltara, tenía un aspecto muy peculiar, no más grande que un conejo, con una gran nariz y las orejas puntiagudas.

    Después de Eddie estar asimilando lo que había pasado, la criatura seguía atada al escritorio para que no se escapara, esta criatura le preguntaba que si le podía soltar, pero Eddie tenía mucha intriga por saber que era, de donde provenía... Entonces se acercó a ella, se sentó en la silla del escritorio y empezó a interrogarle. Estuvieron conversando durante una hora y media pero de repente los padres de Eddie llegaron a la casa entonces el cerró la puerta del trastero para que nadie pudiera entrar.

    Finalmente después de haber estado hablando durante toda la noche se hicieron muy buenos amigos, Eddie le preguntó que si alguna vez tuviera un problema, si esta criatura sin nombre le ayudaría, la criatura le dijo que claro sin dudarlo que solo debería decir las palabras necesito ayuda Tim, y que después de ayudarle le diera un poco de memerlada. La criatura, su nombre Tim, desapareció después de decirle esta última frase, Eddie se quedó destrozado porque forjó gran amistad con Eddie pero supo que si alguna vez estaba mal podría contar con él.

    Eddie se quitó las gafas de realidad virtual y estaba un poco desorientado no sabía que había pasado, entonces los gerentes de la compañía le dijeron que había realizado la experiencia de una de las aventuras disponibles que habían hasta el momento, de la cual él no sabía nada, era un regalo por su cumpleaños. Entonces le preguntó que si todo lo que había ocurrido era real, el gerente le dijo que no, que nada de esto había pasado de verdad pero que en su conciencia siempre estaría Tim, la criatura que había conocido en ese viaje. Eddie ahora estaba más más rayado que al ver a esa criatura, no sabía cómo había podido pasar esto y no sabía enterado de que le habían puestas cosas de realidad virtual no sabía nada Cuando llego a su casa sabes qué pasó, sí, estaba ahí Tim.

    INSOMNIO

    INSOMNIO

    La tierra donde me sostengo se mueve. Grito. Grito lo más fuerte que puedo para que la gente que tengo ahora mismo a mí alrededor me ayude a no caerme y morir, pero nadie me ayuda, la gente me mira como si estuviera loco y aquí los únicos locos son ellos, ¿verdad?
    Intento levantarme y seguir adelante pero no puedo. Aún estoy intentando descubrir el porqué de mi ausencia mental, el por qué no me acuerdo de las cosas. Hay algo que no estoy haciendo bien y nadie me dice nada, supongo que les doy miedo. ¿Soy un monstruo? No puede ser.

    Hace más o menos una semana era un hombre de negocios, con una familia muy querida, con una salud de diez y con unos amigos que eran únicos. Unos amigos que eran únicos… Chuck.

    Chuck es un hombre muy importante, con una gran carrera y ha llegado más lejos que yo en el sentido profesional. Es un hombre divertido, amable y es buena persona, por eso es uno de mis mejores amigos desde que éramos críos, aunque hay veces que está loco. Pero no en el sentido figurado de la palabra sino el sentido real de ella.

    Me he acordado de él porque está loco y quizás pueda ayudarme ya que me identifico un poco con él. No sé si eso es lo correcto, pero ahora mismo no sé qué hacer.

    Mi amigo me ha dicho que ahora no puede atenderme por no sé qué problemas de faena y me ha pedido que me vaya, creo, porque no le he acabado de escuchar…

    Otra vez me invade la sensación esa de terremoto, pero veo que solo lo noto yo. ¿Soy más sensible que ellos? que raro es todo esto.

    Voy a casa, me ducho, me visto y salgo a pasear con mi novia, ¿o era un perro? no me acuerdo pero ¡qué más da! La cuestión es que salgo a pasear con la compañía de algo para no estar solo y así, de paso, me mantengo en forma. Voy dirección al parque y de repente los árboles se despiertan y empiezan a bailar. Sí, sí, tal y como habéis leído. Empiezan a cantar y bailar canciones de los noventa a capela. Parece muy divertido así que me uno a ellos, dándolo todo sin importarme lo que la gente piense de mí, junto con mi acompañante.

    Después del numerito final me veo rodeado de gente con batas blancas en medio del parque. ¿Quiénes son aquellos? No tengo ni la menor idea, solo sé que a lo lejos, entre la marabunta de gente, puedo distinguir a Chuck diciéndome que todo saldrá bien.

    Irremediablemente asido por ti

    Irremediablemente asido por ti

    «Irremediablemente asido por ti»
    Si alguien se parase a pensar en pluscuamperfecto, si alguien se pusiese delante del espejo junto con otras personas, vería una similitud imposible de deshacer. Es curioso asumir que en una vida efímera, hay una cosa común que nunca puede acabarse aunque el ser humano quiera.
    Para aquel entonces, usaba mis ojos como los de un topo que excava en la tierra de un jardín, la voz al igual que la de un libro cerrado en una casa donde los recuerdos flotan a la par que el polvo y todos mis demás sentidos, los usaba como regalos sin destinatario atrapados en su envoltorio.
    Sin embargo, a pesar de que mis pensamientos se viesen dibujados como las fachadas de una ciudad entre los resquicios de neblina en mi cabeza, había una fuerza latente que con paciencia iba haciendo que todo estuviese nítido, vivo.
    Fue ahí donde empecé a vivir y dejar de existir, y el momento en el que me pregunté qué une a las personas, qué une el viejo panadero incansable de la esquina del barrio con el olor de la cocina del edificio más lujoso en Times Square.
    Mi nombre es Isaac Newton y voy a explicarte por qué cambiaste mi vida.
    Te presentaste a ella como una medicina inesperada pero ansiada por un enfermo, con la diferencia de que ni yo sabía que era el enfermo, ni que la infección se tratase de la pura ignorancia. Sin embargo, me hiciste ver que por más que salte no voy a volar al igual que ni que por más que prescinda de lo que no quiero, voy a alejarme de ello.
    Que la fuerza con que se atraen dos cuerpos de diferente masa únicamente depende del valor de sus masas y del cuadrado de la distancia que los separa fue solo la frase para nombrar aquella sensación que liberó la manzana al caer en mi cabeza amueblando lo poco que había en ella y alumbrando con más intensidad que la luz que relucía en esa mañana, el camino que llevaba a mi mente a descubrirte. Eso y un poquito de palabrerío me llevó a formularte.
    Pero desde aquí, te doy las gracias porque, con esa fuerza que tienes, me hiciste ver lo que une a todo ser de la Tierra, lo que me convierte en algo tan valioso como el de al lado. El saber que si me caigo no es malo si no que tengo algo que me aferra al suelo. Lo que une el presente con la historia y a la vez con el futuro. Lo que sujeta durante el sueño, a un bebé en su cuna.
    Puedo decir que mantendré semejanzas con las lágrimas que caen, con las personas que una vez en la guerra murieron, con las manzanas que madurarán y volverán a caer en un futuro y con la persona más despreciable del mundo. Porque sea como sea, hable como hable, vista como vista y caiga donde caiga, tendrá siempre una cosa en común: la ignorancia de no saber que mantienes a todo cuerpo anclado a la Tierra y que por desprecios que haya, siempre vamos a tener algo en común.
    Por eso, si alguien se parase a pensar en pluscuamperfecto, si alguien se pusiese delante del espejo junto con otras personas, lo que vería sería una similitud imposible de deshacer y posiblemente si le cayese al igual que a mí una manzana, podría percatarse de ti, Gravedad y seguramente cambiaría su rechazo e ignorancia por sabiduría y respeto.

    Kenza

    Kenza

    Julia era una de las muchas personas que desde pequeña había oído hablar del cambio climático, siempre como algo muy lejano que no les llegaría a afectar. Ahora Julia, junto a su marido Pablo y Kenza su hija de 16 años, vive en Galicia lejos del pequeño pueblo en el que ambos se criaron.
    Últimamente el tiempo estaba revuelto, unos días mucho sol y a los días siguientes lluvias devastadoras que en ocasiones inundaban las calles. Claro está que ya nadie podía permitirse ver la televisión, de manera que ya sólo podían informarse del temporal según su parecer o por el meteorólogo particular de la zona, al que debían visitar una vez a la semana para enterarse de su pronóstico, aunque no siempre acertaba con tanta precisión como se hacía antes.
    Hoy Julia y Pablo querían ir a la playa, para celebrar sus 23 años de novios, por el hecho de hacer algo especial evidentemente junto a su hija Kenza, que apenas había visto el mar 3 o 4 veces. El mar estaba a una media hora en bicicleta del pueblo, así que cogieron sus bicicletas y marcharon. El día parecía soleado como les había informado su meteorólogo. Se habían llevado unos cuantos bocatas envueltos en portabocatas caseros hechos con camisas viejas. Sí, desde que los recursos empezaron a escasear la gente comenzó a entender que sería un grave problema quedarse sin plásticos y otros materiales no renovables. Ya habían terminado de comer y Kenza decidió irse a bañar un poco mientras que sus padres iban a echar la siesta en sus toallas.
    Eran más o menos las tres y media cuando Julia despertó, vio que el día soleado se estaba oscureciendo por una gran nube de color gris oscuro.
    -¡Pablo despierta, es hora de irnos! -dijo Julia preocupada.
    -Un ratito más, mira a Kenza, está disfrutando de la playa. Quién sabe cuándo volveremos a venir a la playa -dijo Pablo aún con voz somnolienta.
    Kenza sentía como si una corriente le quisiera arrastrar mar adentro, como si el mar se estuviera encogiendo por momentos. Ella intentó salir del mar pero no podía por mucha fuerza que hiciese.
    -¡Papá, mamá, no puedo salir, socorro!- grito Kenza desconsoladamente.
    Julia y Pablo apenas le oían, así que ella gritó cuanto pudo y al final se percataron de lo que sucedía. Fueron corriendo a la orilla pero veían que conforme ellos se acercaban su hija se iba alejando. Julia se tiró al mar, sabía nadar muy bien, cogió a su hija y consiguió sacarla hasta la orilla. Pablo cogió a Kenza, que apenas podía sostenerse en pie del cansancio y agobio que suponía luchar contra un mar que se estaba encogiendo y que ahora estaba volviendo a expandirse en forma de una ola gigante. Pablo corrió con Kenza en brazos hasta el acantilado más alto y cercano, ahí estarían a salvo; cuando miró abajo vio que Julia estaba tumbada en la orilla, Pablo no lo dudó ni un segundo y bajó corriendo, casi volando, a por Julia. Cuando llegó a ella y vio que tenía una herida profunda que se extendía por todo el muslo.
    La intentó levantar pero era demasiado tarde… la gran ola había llegado, fueron arrastrados mar adentro y lo último que pudo ver Kenza con sus ojos llenos de lágrimas fue la imagen de su padre que abrazaba a su madre mientras eran cubiertos por una gran masa de agua que se desvanecía sin dejar rastro de ellos.
    19 Abril de 2051
    Kenza ya ha hecho la maleta para el transbordo que va a hacer toda la población del planeta Tierra a una de las lunas de Júpiter. Pero no está sola está con su novio Mario y su hijo Hugo de apenas 9 meses. Llegan a la nave y se sientan en los respectivos asientos y el bebé en la falda de Kenza; en ese momento Kenza suspira y le dice a su hijo
    -Te voy a cuidar en nuestro nuevo hogar tanto como me cuidaron a mí.
    - ¿A qué te refieres? -dijo Mario, que aún no había escuchado la historia.
    - Pues verás, tal día como hoy, hace diez años fui con mis padres a la playa (…)
    - Entiendo –dijo Mario cuando ella terminó la historia- ¿de ahí tu tatuaje?
    -…Si…
    “Paremos esto antes de que nos pare a nosotros” Kenza


    FIN

    La brevedad de un instante

    La brevedad de un instante

    Había una vez yo, y siempre fui yo. Mi vida era una recta regular que seguía un movimiento horizontal y constante. En el instante más insospechado, a mi frente aparece x. Está a un espacio de metros, disfrazados de lo que esperaba que fueran futuros milímetros, a una velocidad con aceleración centrípeta, directamente proporcional a mi ritmo cardíaco y con apariencia de tiempo para todo, menos para el estado de reposo.
    En el plano horizontal que formaron nuestras miradas, caí sin freno, sin pausa y con ganas, en el plano inclinado de la silueta con forma de futuro que proyectaba. Dando rienda suelta a mi imaginación, mis intenciones y deseos se lazaron en caída libre, sin esperar un paracaídas y sin necesitarlo. Entonces me deslicé por sus ángulos. Perpendicular y paralelo de pronto cobraron sentido. Salté los agudos, me enfrenté a los rectos y caí en los obtusos. Y de grados mejor ni hablamos.
    (Des)conocido, compongamos movimientos en la misma dirección, que ya me cansé de perpendiculares sin rumbo. Mejor formulemos el principio de superposición, el de tu cuerpo sobre el mío.
    Formemos ecuaciones de movimiento circulares alrededor de mi mundo y el tuyo, o de mi futuro hogar y el tuyo, que resultan unidireccionales. Déjame observar de cerca el radio de tus pupilas, y permíteme despreciar la masa de la incertidumbre. Déjame medir el periodo de tus lunares y calcular la frecuencia en la que me pierdo, te pierdes y nos perdemos en ellos.
    No me hables de cinemática, háblame de tu movimiento nulo, empujado por mi fuerza de rozamiento negativa, que te impide irte. O al menos, esperar a que avance contigo.
    No me hables de la Ley de Hooke ni de constantes, háblame de que tú vas a serlo, sin importarte el espacio ni el tiempo.
    No me hables de trigonometría, no me hables de álgebra, tampoco quiero saber sobre estadística y mucho menos de gravitación. Pero si quiero que sepas formular(me) despejar mis dudas, organizar mis aspiraciones (desde la t hasta la ú) y que la gravedad solo sea un número.
    No me hables de sumas, me cansé de las restas, las divisiones se han vuelto soporíferas y las multiplicaciones ya no tienen ningún sentido para mí.
    Pero podemos sumar risas, encoger a las mentiras, dividir a los miedos (para así vencer), y aumentar, aumentar las experiencias alrededor del mundo. O si lo prefieres del sillón, total, la anatomía se aprende en cualquier sitio.
    Había una vez dos desconocidos que se fueron a tomar un café invitando a paseo a Murphy.
    Había una vez dos desconocidos que demostraron, que los complejos, son solo los números.

    La Carrera de mi vida

    La Carrera de mi vida

    Llevo un año preparándome para este momento, horas de entrenamiento que no puedo contar, caídas, victorias, alegrías, fallos, pero siempre tratando de mejorar, mis músculos están tensos, todo mi cuerpo esta tenso, tengo que lograrlo, no me vale solo con intentarlo, he dado todo por este momento, he abandonado a todo el mundo y he renunciado a mas cosas de las que me pueda imaginar, la universidad, el trabajo de mi vida, y todo esto para demostrarme de lo que soy capaz. ¿realmente vale la pena?
    Noto cada segundo esa pulsación, el corazón, ese órgano tan increíble de nuestro cuerpo que cada 0,8 segundos hace que nuestro cuerpo se oxigene y adquiera todos los nutrientes que necesita, pues, en este momento mi corazón esta bombeando adrenalina a todo mi cuerpo. Todos estamos en nuestras posiciones, las bicicletas listas, ves las caras de todos tus seres queridos, caras de admiración, preocupación, miedo y felicidad.
    Están a punto de dar la salida, noto las gotas de sudor cayéndome por las mejillas ligeramente sonrojadas del sol achicharrador, el pecho me sube y me baja a un ritmo acompasado a la vez que inspiro y expiro ese aire caliente, aún recuerdo la primera vez que monté en bicicleta, yo estaba muy asustada, tan solo llevaba una semana desde que conseguí andar por primera vez en mucho tiempo, he sido paralitica la mayor parte de mi vida, siempre vi a todos los niños con estas bicicletas jugando y corriendo por todo el barrio y a mí se me llenaba el corazón de una tristeza profunda y dolorosa al pensar que yo nunca podría conseguirlo, pero ahora estoy aquí, toda decidida, y orgullosa de haber llegado tan lejos. Ahora si estoy lista, entonces escucho el disparo de salida, empiezo a pedalear con todas mis fuerzas, las piernas me arden, empiezo a adelantar a todos mis rivales, mis músculos se mueven solos, mis pies pedalean a toda velocidad, y cuando llego arriba de la colina, toca el descenso, en cada segundo que pasa mis músculos se van destensando, noto el aire en mi cara, las gotas de sudor se congelan por la velocidad, ya veo la meta.
    Mi bicicleta cada vez va cogiendo mas velocidad, los pedales se vuelven duros, los jadeos de mis contrincantes se escuchan a mi espalda, mis músculos se tensan, mis nudillos se vuelven blancos al apretar el manillar con fuerza, los arboles desaparecen de mi vista a gran velocidad, prácticamente no veo las grietas de la carretera y en menos tiempo del que yo misma pueda creerme, he ganado, todo el mundo me rodea y me alaga, me caen lágrimas de felicidad por mis mejillas, mis músculos empiezan a destensarse y al levantar la vista veo que mi familia estaba orgullosa de mi y yo misma lo estoy de mi misma, porque a veces una gran carrera es un nuevo comienzo, y quién sabe, a lo mejor es justo lo que necesito en este momento.

    La carta del cambio

    La carta del cambio

    Desde pequeño me había considerado muy curioso. Tanto, que mis profesores siempre me decían que debía limitarme a aprender y no a especular pero creía fielmente en el valor de la excelencia, aquella virtud que se alcanza con el mayor desarrollo de nuestras capacidades, que implica la fidelidad a uno mismo y la espontaneidad de nuestros actos, aquella que se expresa mediante el desarrollo de una vocación y que responde a lo mejor de nosotros mismos y la curiosidad era lo que mejor me respondía. Pero con el tiempo fui madurando y poco a poco fui dejando la vieja costumbre de preguntarme el porqué de las cosas, hasta que llegue a un punto en el que se me olvidaron todos mis sueños y en todos lo que fielmente había creído. Hasta hoy.

    Hoy, he despertado, despertado de este sueño el cual se ha prolongado durante demasiado tiempo. Sueño al que la sociedad nos incita a soñar desde pequeños y que cada vez que intentamos despertar nos vuelve a atrapar. Pero como toda gran mentira, al final, esta, se acaba cayendo por su propio peso.

    Todo empezó esta mañana, cuando tras entrar en mi salon para coger aquel anillo que había ido heredándose durante generaciones y que se suponía que daba tanta buena suerte de su caja me encontré una vieja carta. Ese objeto que nos recuerda al pasado, a ese momento en el que todavía escribíamos a mano. Y tras leerla miles de preguntas e ideas empezaron simultáneamente a rondar en mi cabeza y recordé con nostalgia al yo del pasado: el que creía que tenía tantas aventuras por vivir y tantos sueños por cumplir. Por eso me tomé la libertad de cambiar el discurso que iba a dar hoy.

    Y bueno aquí estoy, subido en este grandioso escenario dispuesto a compartir mis reflexiones con vosotros pero antes os quiero plantear unas preguntas ¿Qué hubiera pasado si la humanidad nunca se hubiera arriesgado y no hubiera creído en ella misma?

    ¿Habríamos descubierto la penicilina y creado los antibióticos? ¿Habríamos descubierto la estructura del ADN y habriamos comprendido el desarrollo de la genetica? ¿Habríamos desarrollado, inventado y masifica los medios de comunicación? o ¿Habríamos llegado a la luna? Habría el señor Hawking propuesto la teoría acerca de los simas o agujeros negros? O incluso ¿habríamos perfeccionado los métodos anticonceptivos y prevención de ETS?

    Habíamos resuelto a lo largo de 2 siglos todo lo que durante el resto de nuestra existencia no habíamos podido. Y todo fue porque habíamos creído en nosotros mismos, en nuestras ideas y nos habíamos preguntado todas aquella cuestiones que estaban todavía sin resolver. Con la suficiente curiosidad y paciencia llegamos a respuestas y permitimos que todo ese conocimiento se diera a conocer a todo el que quisiera para así poder seguir con la misma dinámica y lograr un mundo con más respuestas que preguntas. Pero ahora vivimos en una sociedad conformista y aunque sé que ya no hay muchas preguntas, estas están todavía sin responder. Por ello os invito a investigar, a desarrollar e inventar cosas nuevas.
    Con estas palabras di fin a este discurso y una nueva etapa comenzó. Aunque me sentía muy orgulloso de mi conferencia, me había guardado para mí mi planteamiento final: porque sino hubiera sido como si me arrebataran algo, algo que yace en mi interior y lucha por seguir perteneciendo oculto y es que siempre había creído que el mundo era como una balanza dividida en el pasado y en el futuro. Ambas en armonía, en equilibrio, representandonos a nosotros a través de la ciencia y de la naturaleza. Por eso tenemos la obligación de resolver todos esos misterios constituidos así para ser resueltos y no podríamos conseguirlo sin el pasado; pues es una ficha esencial para nuestro puzzle aún sin completar.

    La Casa del Río con Agua Salada

    La Casa del Río con Agua Salada

    Una temprana mañana de viernes, Celia que era un niña de 12 años y que estaba de vacaciones, dormía en casa de sus abuelos. Despertó a su abuelo J.Luis porque tocaba el paseo diario por la ciudad. Después de desayunar, juntos, prepararon la ruta para esa día. Hoy tocaba la ribera del río, río que pasa por su ciudad. Cruzaron la pasarela peatonal que estaba al lado de la casa de sus abuelos y empezaron a caminar a orillas del río. Mientras el abuelo J.Luis le iba explicando el recorrido a Celia, ella iba pensando por su cabeza miles de preguntas a las que quería que le contestaran. Ya que conocía el río pero no sus aguas y sus habitantes. El abuelo ya era un poco mayor y no se acordaba de algunas cosas. Celia estaba un poco triste, no sabía quién podía contestar todas esas preguntas. De camino de vuelta del paseo y durante el resto del día, estuvo pensando y pensando …
    Al día siguiente, y después de darle muchas vueltas, bajaron de nuevo al río, y le explicó a su abuelo que era tiempo de investigar para luego descubrir. Y que si quería, lo podían hacer juntos. Celia, llevaba su block de notas con su lápiz y una cámara de fotos. El abuelo como era muy detallista, cogió más utensilios que podrían servir para sus descubrimientos. Siguiendo la misma ruta del día anterior, vieron algo “distinto”. Y fue cuando al fijarse, vieron que algo se escondida entre los matorrales. Descubrieron una especie de casa con una puerta que parecía vieja y abandonada. Como Celia era muy curiosa, convenció al abuelo para entrar y fue allí donde empezó su aventura.
    Al entrar había una puerta muy grande que cortaba el paso del agua y a través de unas tablas entraban a una cueva oscura y subterránea. No sabían lo que había allí pero era tiempo de “investigar para luego descubrir”. Ya se empezaba a notar la humedad y también el frío. El abuelo abrió su mochila y encendió la linterna y sacó los chubasqueros.


    Según bajaban, aquellas antiguas escaleras se oían ruidos de animales. Descubrieron que eran los habitantes de aquellas aguas: ranas, sapos, cangrejos, carpas … Cuando las escaleras llegaban a su fin, había una gran sala que estaba acristalada y dejaba ver todo lo que por allí había: peces, varios anfibios y alguna clase de reptiles. También plantas de distintos tamaños y colores. Para Celia, toda una multitud de especies. La niña iba apuntando en su cuaderno con su lápiz todo lo que veía. Pero mientras lo anotaba, se volvió a fijar y al final de la sala, había una puerta muy grande. Entre el Abuelo y Celia, abrieron esa vieja puerta que daba un cuarto muy grande en el que había una especie de acuario. Pero … quién había dejado allí ese acuario?. Dentro de esa gran caja trasparente había unos peces distintos y unas plantas que no eran las normales. También el agua parecía distinta. Fue entonces cuando Celia sacó su cámara de fotos para fotografiar todo, y los animales parece que se asustaron y se escondieron detrás de las plantas. Aún así, Celia no perdía detalle y hasta quitó el flash de su cámara para no asustar. El abuelo insistía en el por qué de esos animales, plantas y agua estaban “a parte”. No tenían cobertura para mirarlo en Internet pero si un pequeño diccionario en el que consultar. Seguía su aventura de “investigar para luego descubrir”. Comprobaron que el agua del acuario era salada y que por tanto, su ecosistema era de un ambiente con animales y plantas marinos. Por eso, en ese recipiente había un ambiente subacuático distinto. Por eso estaban ahí … Pero ¿quién les había metido allí?. El Abuelo empezó a recordar. Mientras Celia le iba enseñando las fotografías y dibujos de su agenda. Y entonces el abuelo recordó la leyenda del río.
    Hubo un “Guardián del Río” que decía que era un río tan caudaloso que a veces arrastraba agua de los mares. Y cuando se mezclaba, eran los propios animales los que por su tipo de ecosistema se separaban. Y fue el Guardián “Pisuergo” el que construyó la casa y el cuarto con el Acuario. Así es que todo lo que descubrieron, demostraba la leyenda. Y ese fue el mejor secreto entre Celia y su Abuelo. Secreto que hoy es un descubrimiento y que lo llaman “La Casa del Río Pisuerga con Agua Salada”

    La chispa se agrió

    La chispa se agrió

    Un día cualquiera, yo, Verdejo, y mi compañero Albariño, despertábamos en la vieja bodega de la casa de campo. La penumbra del amanecer dejaba ver el ir y venir de los habitantes de la longeva vivienda. Las risas y los cánticos de los tintos al percatarse de la llegada de la familia, nos obligaron a abrir las burbujas antes de tiempo. Nuestra enemistad empezó en los racimos y siguió en las botellas. Son unos creídos y unos consentidos que se pasan años en las codiciadas barricas de roble, de fiesta en fiesta. Tienen un moreno digno de envidia y un carácter demasiado denso.

    El día transcurría con normalidad. La paz y tranquilidad hubiesen sido inmejorables, si no fuese por esos malditos vinos granatosos.
    El más jovencito de los niños abrió la ventana ágilmente con el fin de llamar a la mesa al resto de familiares. Con las prisas provocadas por el hambre, dejó la ventanita entreabierta.

    Todo siguió igual hasta que pasó una semana del descuido. Mi amigo empezó a cambiar; se había vuelto distante y su carácter fresco y afrutado se había agriado. Cambió su registro a un lenguaje mucho más ácido, por no hablar del insoportable olor que desprendía. Ya no hubo vuelta atrás. Había perdido la chispa.

    La complejidad de un suspiro

    La complejidad de un suspiro

    El día era soleado sin ninguna nube, y había bastante viento. Le encantaban los días así. Estaba muy nervioso, sería la primera vez que trabajaría y no sabía si lo haría bien.
    Aun así no quiso detenerse, ya estaba a las puertas del enorme lugar donde trabajaría, se detuvo unos segundos a contemplar las dos grandes puertas que tenía justo delante, y finalmente impulsado por los otros trabajadores entró casi corriendo. Quedó estupefacto, por dentro el edificio era aún mayor, las paredes tenían un color rojizo, y estaba lleno de túneles que daban a fábricas totalmente distintas a la suya que permitían que ese edificio siguiera en pie, ninguna era prescindible. Ahí dentro debía haber unas nueve fábricas más además de la suya.
    Cuando ya habían avanzado un poco más les dieron unos trajes azules donde se podían distinguir una letra y un número: O2. Después les indicaron por donde debían seguir. El próximo pasadizo era muy diferente, no era de color rojo, y tenía una especie de círculos a lo largo de todo este. Y a pesar de que eran muchos ese pasadizo era lo suficientemente grande para todos ellos. Miró atrás, había seguramente más de un millón de trabajadores como él, todos vestidos de azul.
    Y por fin llegaron a la fábrica, eran dos edificios prácticamente iguales y muy grandes, a él le asignaron la de la derecha. Descubrió que dentro de las fábricas había muchas oficinas, con muchísimos más despachos, y dentro de los despachos había una puerta que conectaba con uno de los tubos de otra fábrica. Pero, ¿por qué?. Fue corriendo a uno de ellos junto con dos O2 más.
    -¿Estás nervioso?- le preguntó uno de ellos.
    -La verdad es que si, es la primera vez que vengo.
    -No te preocupes, si tienes algún problema o duda pregúntanosla a nosotros, ¿verdad?- dijo mientras miraba al otro.
    -¡Claro!- estaba sonriendo, como si fuera a pasar algo divertido.
    -¿Entonces, por qué hay otra fábrica conectada a la nuestra?
    Los otros dos se rieron mientras se miraban entre sí.
    -¿Qué?
    -¡Todas las fábricas están conectadas, sino no servirían de nada!
    -¿Enserio?
    -Pues claro… ¡mirad!, las puertas ya se abren.
    Al otro lado había un túnel rojizo que contenía una especie de agua roja y un barco como transporte, pero también había más moléculas como ellos, sus trajes eran de color rojo y ponía: CO2. Sus compañeros se metieron rápido en el barco y él hizo lo mismo, por otra parte, los que antes estaban en el barco ahora volvían marcha atrás para salir del edificio.
    Después de eso las puertas se cerraron, y él y los otros dos fueron directos a otros despachos distribuidos por todo el grandioso edificio, donde les cambiaron el uniforme, y finalmente volvieron a subir al barco para salir de allí.
    Una vez fuera se puso a pensar, le había encantado trabajar, había hecho nuevos amigos, y había visto cosas increíbles. Lástima que hubiera durado tan poco tiempo, no más que un suspiro.

    LA CONSPIRACIÓN DE LA TIERRA HUECA Y PLANA

    LA CONSPIRACIÓN DE LA TIERRA HUECA Y PLANA

    Juan Ramón Esteban, el ideal de hombre de negocios de nuestra época, un empresario de éxito reconocido a nivel mundial es el líder de la empresa con su mismo nombre: Estéban S.L., una de las mayores empresas conocida mundialmente por inventos tan útiles como el palo selfie, la batamanta y los fidgetspinner entre otros. Inventos todos ellos nacidos de la mente maestra de Juan Ramón, quien ha sido públicamente alabado como brillante a la vez que criticado y nombrado como una de las personas más estúpidas del universo.
    Esta corporación acababa de realizar un nuevo descubrimiento muy importante, encontraron un material abundante en el manto superior que sirve como combustible. Era importante porque el petróleo estaba escaseando y se notaba ya su falta. Este nuevo combustible era una roca a la que llamaron litergón, la cual presentaba una capacidad calorífica similar al petróleo pero siendo sólido y de un color naranja-rojo. Este descubrimiento permaneció oculto al resto del mundo mientras Esteban S.L. investigaba aunque aparecieron intermitentemente filtraciones que hablaban sobre esta roca que se tomaron como rumores. Una de las ideologías que defendió este tipo de teorías fue la unión de dos interpretaciones de la forma de la Tierra, los terraplanistas: fieles defensores de que la Tierra es plana y los que creían que este planeta es en realidad hueco. De esta unión surgió la idea de que la Tierra es plana y hueca a la vez e incorporó que en su interior se encontraba el litergón, exagerando sus características.
    Otro colectivo que se enteró de este descubrimiento fue el de los alienígenas, cuyos arquitectos estaban confeccionando los planos de las nuevas pirámides que debían construir. Funcionarios extraterrestres que aunque no lo parezca por su posición son bastante vagos, cualidad reflejada en sus milenios sabáticos. Estos alienígenas dejaron de dedicar su tiempo libre a la mutilación del ganado, a la abducción de los tertulianos de Cuarto Milenio y a dibujar círculos sospechosos en los cultivos para interesarse por esta investigación. Este interés venía debido a que el litergón es la fuente de energía que estos extraterrestres usan para impulsar su nave, abducir personas, animales y transportar bloques pesados y ellos querían explotar este recurso que hasta ahora no sabían que se encontraba en la Tierra. Los alienígenas colocaron poco a poco diseños robóticos en los gobiernos, aunque estos solían tener fallos de programación por lo que no realizaban del todo bien las operaciones, especialmente con dinero. Uno de los diseños más famosos fue el del presidente del gobierno que esta vez tenía un error de programación en el lenguaje por lo que confundía el orden de las palabras y no pronunciaba bien la ese.
    Poco después comenzó la explotación del litergón en secreto, los alienígenas controlaban Esteban S.L. por completo además de la mitad del mundo. Los únicos humanos que conocían estos hechos eran los defensores de la corriente de que la tierra es plana y hueca al mismo tiempo y guarda en su interior el litergón. Estos acordaron un duelo con los extraterrestres por el control de la Tierra: el duelo consistía en una batalla de gallos, una batalla de rap, freestyle: donde los participantes tenían que improvisar cantando rap sobre un ritmo y ganaría el que mejor rapeara y rimase. El duelo fue aceptado por los alienígenas quienes enviaron a su mejor rapero y terminó con la derrota de estos puesto que los jueces eran todos terrícolas y no entendían lo que aquel extraterrestre con gorra hacia el lado, tatuajes, pendientes y un collar de oro decía ni rimaba.
    Así es como la humanidad derrotó a los extraterrestres, quienes se marcharon tristes por haber perdido, y se liberó de su control. Esta gran hazaña fue recogida en muchos libros de historia, novelas, textos y todo tipo de medios referentes a la divulgación por lo que se hizo muy famosa y ganó muchos defensores la corriente que decía que la Tierra es plana y hueca a la vez y con litergón dentro. Esta corriente se difundió tanto que pasó a considerarse como una verdad extendida por todo el mundo. En la actualidad, todas las personas saben que esto es en realidad cierto, aunque hay algunas personas que aún ahora especulan por Internet barbaridades tales como que la Tierra es una esfera achatada por los polos.

    LA CRISIS DE LA DÉCADA 2070

    LA CRISIS DE LA DÉCADA 2070

    Rondando el año 2068 la estabilidad política mundial iba en decadencia , mientras que la tecnología había hecho maravillas como ahora robots domésticos llamados Señores Mañosos . Tom un hombre de 26 años nacido en Massachusettss concretamente un pueblo llamado Concord , era alto con gafas tenía el pelo muy bien peinado y era muy inteligente .Él trabajaba en robótica militar era el creador del fantástico robot asaltador ,con aspecto ágil y rápido ,en la cabeza tenía una arma letal ,un rayo láser (una cosa que por esos años era muy normal).La vida de Tom no era muy interesante ,él trabajaba en el barrio de Cambridge de Boston concretamente en el instituto tecnológico de la Commonwealth o ITC, al alba cuando volvía a casa siempre pasaba por el autoservicio de la carretera donde tomaba una cerveza. En el año 2070 Las Naciones unidas y UE se disuelven por una crisis de recursos fósiles, tras las numerosas batallas contra Arabia . Europa había conseguido una de las últimas plataformas petrolíferas del mundo. Mientras tanto China planeaba atacar Alaska, la última fuente de petróleo de todo el mundo. Tras la detección de la amenaza el gobierno de la EUA se prepara para el ataque inminente por parte de China.Tom tras escuchar eso en la televisión se dijo a él mismo que haría algo para ayudar ,así que al día siguiente ,Tom al llegar al trabajo cogió varias placas de acero y comenzó a construir una armadura que poco después serian vendidas un montón de copias al ejército ,Tom la denominó Roboarmadura T-45.
    En el año 2073 unos funcionarios del ejército le dijeron a Tom que recogiera sus cosas que se iba a Alaska.Tras decir esas palabras ,uno de los funcionarios dió a Tom una pistola de plasma y una caja de señor mañoso .Al abrir la caja Tom vió los tres brazos del señor mañoso uno tenía artilujios de uso doméstico otro era una pinza y el último era una pequeña radio .Alyssa la mujer de Tom ,al saber la noticia fue a comprar “Movile Boy”una especie de móvil para el brazo . El día 15 de Julio de 2073 Tom parte hacia Alaska . Conduciendo por la carretera , tuvo la idea de parar en el autoservicio a tomar algo .Cuando llego vió a unos cuantos militares y prototipos de humanos sintéticos en el autoservicio armados con rifles de electroimanes, la razón de la estancia de los militares en el autoservicio era que ese había sido el escenario de un atraco .Tras coger el avión las horas de viaje le parecieron cortas porque se paso escuchando la radio y hablando con Jerry el señor mañoso. Cuando llegó a Alaska lo primero que observó fue a militares con la armadura que él había creado la Roboarmadura T-45. El día 28 de ese mismo mes comenzaron a llegar barcos con soldados chinos armados hasta los dientes. El general Robert Maxson la coronel Marie Jeferson dio a cada teniente una pistola láser.
    Tras 2 meses de duro trabajo por parte del ejército y la tecnología se consiguió sacar a la flota china .Con la llegada del nuevo robot llamado Liberty Prime se podría sacar de una vez por todas la amenaza de china. Liberty prime era un robot que media unos 20 metros que llevaba artillería pesada un cañón electromagnético y un par de misiles en la espalda .Con la llegada Roboarmadura T-51 con su innovador motor de fusión nuclear ,el petróleo iba perdiendo importancia pero la tensión cada vez era más intensa. Tras los rechazos de ataques de China por parte del ejército de la EUA, durante esos últimos 5 años , el día 23 de Octubre de el año 2077 China perdió los nervios y comenzó a bombardear todo Estados unidos con bombas nucleares. El día 31 de Diciembre todo el planeta fue convertido en un yermo nuclear gracias a China y otras potencias. El día 5 de Septiembre de el 2089 ,Tom llegó a Boston y vió que el mundo no volvería a ser como antes.

    La Evolucion de Alfonso

    La Evolucion de Alfonso




    Alfonso tenía 2 años cuando dijo su primera palabra la aprendió en la guardería la cual iba en su ciudad natal Barcelona , 4 cuando empezó a hablar con fluidez lo enseñaron en el parvulario debido a que tenía problemas para pronunciar algunas letras , 6 cuando empezó a escribir con letra ligada en su primer año de escuela , 9 cuando descubrió los planetas los cuales le apasionaron desde el primer momento y su sueño era ser astronauta , a los 15 años empezó su época de la pubertad una época con muchos altibajos emocionales, a los 18 acabo los estudios y se decidió por una carrera universitaria, a los 24 años acabó la carrera que el soñó, a los 25 años se independizó y salió de casa de sus padres los cuales le educaron correctamente, a los 32 años cumplió l sueño de crear su empresa en la industria farmacéutica la cual él quería que fuese una empresa con éxito, con 36 años recién cumplidos juan se casó con el amor de su vida con la que tuvo dos hijos, con 40 Alfonso ya era un empresario de éxito en su sector, tenía una multinacional que año tras año sacaba beneficios Alfonso era feliz con su vida y amigos, cuando Alfonso tenia 50 años perdió a sus padres en un accidente de coche fue el momento mas triste en su vida, ahora Alfonso tiene 60 años esta sin trabajo y endeudado todo y sus problemas laborales Alfonso se ve feliz con sus hijos i su mujer, vive tranquilo en un piso y agradece la vida que ha tenido la cual le ha hecho aprender del mundo.



    Alfonso como todos los seres humanos ha tenido una evolución: la evolución de su vida.
    Ha vivido momentos buenos y malos pero esto le ha servido para aprender y mejorar como persona y ha aprendido sobre el funcionamiento de el mundo actual.


    Ley utilizada: Ley de la evolución Charles Darwin

    la fobia a perderte

    la fobia a perderte

    Dicen que las fobias más comunes son los payasos y las alturas, y no entiendo cómo la más común sea por ejemplo perder algún ser querido o algo parecido, es lo que me está pasando ahora mismo, mi abuelo padece alzheimer y tengo mucho miedo de perderlo. Si lo pierdo será demasiado trágico, lleva 51 años casado con mi abuela y se quieren a más no poder, y tiene cuatro hijos y once nietos que le han ayudado en todo, sobretodo en la enfermedad. Mi abuelo desde hace 4 años que tiene alzheimer, le detectaron en el verano, empieza con cosas tontas, las llaves, una contraseña y luego va aumentando, claro, eso mi abuela lo notó y fue al médico, mi abuela estaba atemorizada de que fuera el maldito alzheimer y, así fue, el médico lo detecto, y mi abuela se puso a llorar como nadie, ya que eso significaría un cambio drástico en la vida de mi abuelo y también mi abuela. La semana siguiente toda la familia estaba allí y todo fue un poco triste, también vinieron amigos entre otros y fue aparte aburrido, no era cómo cuándo no tenía alzheimer, que nos íbamos en una casa rural todo el fin de semana y allí jugábamos, nos bañábamos, hacíamos comidas muy chulas y nunca nos aburríamos, yo no era tan consciente hace unos años, pero un día lo que pasó es que me preguntó cómo iba el microondas, yo le enseñé, y ahora lo pienso y es fuerte, ya que con alzheimer algunas veces te olvidas de cosas cotidianas que haces día a día. También, por ejemplo, con mi abuelo y mi primo, que es un año más grande, mirábamos siempre el fútbol nosotros tres, ya que somos unos fanáticos, y nos preguntó a mi primo y a mi cómo se llamaba el número 10 del Barça. Yo pensaba que lo hacía en coña y le dije: abuelo no bromees hombre y me dijo que no bromeaba y entonces yo me asusté un poco, no se acordaba de Lionel Messi, no podía ser, mi primo, yo y mi abuelo, acabamos mirando el partido calladitos, sin casi celebrar los goles. Ahora, la enfermedad empieza a ser más fuerte y cada vez va ascendiendo en la mayoría de casos, y, por ejemplo el otro día en una comida familiar no se acordaba del nombre de su hija, que se llama Montse, mi abuela le dijo es tu hija mayor, con la que nos fuimos de viaje a Francia, después de varios intentos, mi abuela consiguió ubicarlo y finalmente mi abuelo recordó el nombre de su hija, y mi abuela y mi tía se pusieron a llorar, yo estaba asustado y me fui a jugar a fútbol con mi primo, nada de nada, luego me fui a dormir y mañana otro día. Hoy acabamos de salir del médico, y se ve que le han dicho que no le queda demasiado de vida a mi abuelo, casi toda la familia estaba llorando, todo y que yo me quedé con mis primos pequeños en la sala de juegos para que no se aburriesen y así poder jugar a fútbol entre otros juegos. Me da mucha pena que mi abuelo se tenga que ir, y por ejemplo, mis primos no han podido disfrutar de lo que realmente es mi abuelo, y ahora mi abuelo no se sabe ni su nombre y apenas habla con ellos. Se podría decir que tienen mala suerte o buena, por una parte no lo conocen y ahora no están sufriendo, y por otra parte, ahora no conocen al verdadero abuelo, que es un amor de persona y te ayudaba siempre en cualquier tontería. Mi abuelo también, se acaba de jubilar, ha sido un jubilo más forzado, y ahora mi abuelo esta enfadadísimo, y dice que porque no puede ir a trabajar y siempre se enfada, a causa de esto se marchó de casa durante 5 horas y, se acabó perdiendo y llegó al pueblo vecino, mi abuela estaba muy asustada y se fue a la policía i finalmente lo encontraron dentro de un pabellón mirando un partido de fútbol sala, al fin y al cabo mi abuelo no es tan diferente, le gusta lo mismo, nos quiere a todos igual, y tengo una fobia demasiado grande y no puedo permitir que se vaya, solo espero que viva, y si no, yo se que se irá al cielo, con su padre y su abuelo.

    La fuerza del tornado

    La fuerza del tornado


    Era un día como cualquiera donde muchos ciudadanos paseaban por las calles, había otros trabajando o en casa; disfrutando de un día lluvioso del mes de junio. Ningún ciudadano había sido avisado de lo que iba a ocurrir en solo unos minutos. Empezó a dar vueltas de forma circular atrayendo a todo lo que tenia a su alrededor, no se podía controlar. La lluvia se veía dando vueltas y moviéndose de un lado al otro. La gente transmitía una sensación de temor y espanto. Los coches se movían de un sitio a otro, de una manera violenta. Lo único que se escuchaba en esos momentos era familias pidiendo ayuda y gritos de desesperación. Pero el sonido del viento y del agua me retumbaba los oídos. Mire a mi derecha y vi a un jovencito ayudando a una señora a salir de su coche porque estaba atrapada por culpa de los árboles que se cayeron a causa del fuerte viento. Aún no habían llegado los medios de rescate, con tanta catástrofe y desastre las personas ya no podían pedir ayuda, era demasiado tarde. A medida que iba pasando el tiempo el viento iba disminuyendo y aprovecharon para traer helicópteros para llevarse al máximo de gente posible y llevarlos a un sitio sin peligros. Cuando apareció el primer helicóptero los rostros de las familias pasaron a ser de temor a esperanza. El autogiro estaba solo a unos metros a distancia cuando los ciudadanos empezaron a subir a los tejados de sus casas para ser salvados. El helicóptero se dirigió a una casa de piedra donde se encontraba una familia, de una niña y un niño junto con sus padres. Los cuatros permanecían juntos sin separarse. Uno de los copilotos tiró la escalera de socorro para que la niña pudiese subir, a continuación le tocaba al niño que estaba abrazando a su madre mientras derramaba lágrimas de miedo. Sus padres le convencieron a que subiese y él acabó accediendo. El chico dio un paso hacia delante donde se encontraba su hermana y los señores que habían venido a salvarlos, dejando a sus padres atrás. El copiloto volvió a tirar la cuerda, él se agarró bien fuerte y unos minutos después consiguió entrar en el autogiro. Los hermanos se dieron un abrazo de desesperación. Justo cuando le tocaba subir a la madre el viento y el agua volvieron a aumentar pero esta vez era mucho más peor que la anterior. El copiloto intentó con todas sus fuerzas ayudarla para poder socorrerla pero el piloto dio la señal de abandonar el pueblo. Casi era imposible poder manejar el aparato. El helicóptero empezó a subir hasta una cierta altura para poder irse pero no consiguió subir lo suficiente alto como para poder irse. Parecía una guerra de viento y lluvia contra helicóptero. Era difícil saber quién saldría con la suya. El viento hacía remolinos veloces y no dejaba que el helicóptero pudiera coger la altura suficiente para poder seguir. Acabó ganando el autogiro afortunadamente, ya solo se podía ver un pequeño puntito hasta que su figura se desvaneció por completo. Desde entonces nadie pudo venir a rescatar a las personas afectadas. Ya solo quedaban algunos ciudadanos y los padres de los dos niños que consiguieron ser salvados, estaban sorprendidos por los hechos sucedidos en tan poco tiempo. Sus hijos se habían ido pero sabían que estaban a salvo y después de todo acabarían volviendo a reecontrarse.


    La Gravedad

    La Gravedad

    Ya era hora de subir, yo tenía muchos nervios, nunca había subido a un avión, y mi tío había ido a América y no me había contado muy buenas cosas, pero allí estaba, a punto de desafiar a la fuerza de la gravedad.
    Nos llevaron a un autobús porque el avión estaba aparcado en la pista, era rojo, grande lujoso y de golpe nos lo pasamos y no dicen que este es el nuestro.
    Me quede impactado parecía que soplaras y se fuera a romper, entonces le dije al piloto, este avión es seguro? El me respondió que si, pero no era de sus mejores aptitudes, que lo mejor que tenía era la velocidad, y se puso a reír. Fui hacia mi asiento, y me abroche el cinturón tan fuerte como pude, no solo estaba en un avión medio destartalado, sin que el piloto tenía una risa que te entran escalofríos.
    Pero eso no fue lo peor, después de enseñarnos que pasaba si nos estrellamos, dijo: El trayecto se espera que tardamos 3 horas y media, se pronostica que hayan bastantes turbulencias, tenemos una tormenta delante, el capitán os desea buen vuelo.
    Y ahí fue cuando me entró el pánico, el señor de mi lado llamó a la azafata porque estaba hiperventilando, me trajo un vaso de agua que me tire por encima sin querer, fueron pasando los minutos, y no pasaba nada, no había rastro de las turbulencias, así que me puse a mirar una serie de Netflix, los 100, y de golpe. Se van las luces y se tambalea el avión.La gente grita, hay bebés llorando, y el piloto pide que apaguemos todos lo dispositivos móviles. Yo rápidamente lo apago, estoy muy nervioso así que unos asientos más adelante veo a un niño jugando al maldito PUBG mobile, me levanto le cojo el móvil, y lo apago. El padre me empieza a gritar y me da un puñetazo.
    Pierdo el equilibrio y me quedo en un asiento de la 13 fila, y de golpe en motor de la ala izquierda se para y seguidamente el de la derecha, noto como una fuerza en el pecho, el piloto dice que tendrá que hacer un aterrizaje forzoso, que nos abrochamos los cinturones, no me da tiempo, y me voy volando y me choco con una puerta, pierdo el conocimiento.
    Me despierto en el suelo, el avión está sujetado al suelo con un brazo robótico y una pantalla que muestra el interior, mi madre esta con migo, me dice que ha sido un simulacro, una broma, es un simulador, no me había subido a ningún avión era todo mentira, mi padre se pone a reír.
    Y desde ahí tengo pánico a los aviones.

    Red_Spark_8

    La gravedad del tropiezo de Isaac

    La gravedad del tropiezo de Isaac

    Querido desconocido,
    Han sido muchos quienes con insistencia me han interrogado sobre cómo ocurrió, sobre qué hizo que se formulase en mi mente la célebre pregunta. Pero yo jamás llegué a responderles, esa era una información que me juré guardar hasta el último de mis días. Por ello, ahora que ya no habito el mundo de los vivos, es mi deseo que se descubra la verdad (por mucha vergüenza que esta me provoque), pues ya no hay razón para esconderla. Y pese a no creer en el destino, ya que por mis venas corre (o corría) la ciencia y la lógica y el destino se basa en el azar, algo especial te ha hecho venir hasta aquí hoy y encontrar el sobre que contiene estas palabras. Llámalo suerte, si así precisas hacerlo. Lee atentamente, te dispones a conocer la verdad sobre un descubrimiento que quedó marcado en la historia de la humanidad:
    Verás, me hallaba yo un día de abril como cualquier otro sumido en mis cavilaciones, observando cómo las gotas de las eternas lluvias de mi querida Inglaterra resbalaban por la ventana de la acogedora sala de estar, y sorbiendo una hirviente taza de té. 
    La atmósfera era sumamente tranquila: el chirriante suelo de madera a mis pies, el lejano gorgoteo de la lluvia en la distancia, la calidez que desprendía la taza de cerámica al acariciarla con las yemas de mis dedos...
    Más aún así, una duda incipiente se reflejaba en mi mente y en mi mirada y me sacudía por dentro, no me dejaba estar tranquilo: 
    “¿Qué me depararía el futuro?”
    Era un asunto frecuentemente cuestionado por varones que rondaban los veinte años y recién salidos de la universidad, como era mi caso. El miedo y la incertidumbre me corroían. Decidí salir a dar un paseo para airear mis ideas y recobrar la compostura, pese al mal tiempo. 
    Las calles permanecían desérticas, aisladas de cualquier ser vivo. Las gotas cayendo del firmamento formaban un riachuelo por la acera que corría sin descanso, mil nubes negras gobernaban el cielo y la única luz que se colaba entre su dictatorial mandato era tan umbría como éstas. El frío viento y el aguacero me calaban las ropas y sentí como se me helaban los huesos. Por milagro conseguí al fin llegar a la colina en el campo que rodeaba el pueblo y la poblada copa de un manzano me sirvió de cobijo. Me recosté con cuidado sobre su tronco y me percaté que las vistas eran de una belleza singular; cientos de árboles alzaban sus verdes hojas al cielo suplicándole luz solar, un agitado río serpenteaba entre las frondosas masas color esmeralda, escondiéndose tras sus ramas, y en el centro de esta bulliciosa mezcla de tonalidades se encontraba mi hogar, en la pequeña pintoresca localidad situada en medio del valle. Me negaba a salir de mi improvisado escondite hasta que la tormenta cesase, así que dejé que mi mente vagara hasta quedarme dormido. Me desperté con un ruido sordo y un seco golpe en la cabeza. 
    —“¡Ay!”— exclamé.
    Al erguirme, me di cuenta de que el objeto culpable de interrumpir mi descanso era una reluciente y jugosa manzana recién caída del árbol bajo el que me encontraba. Al contemplarla, un hambre voraz se apoderó de mí y extendí el brazo para poder darle un bocado. Cuando acabé de comer advertí que la lluvia había terminado, y levantándome de nuevo, emprendí el camino de vuelta a casa. Las briznas de hierba rozándome los tobillos relucían gracias a las gotas de agua recién caídas y el paisaje reflejaba calma después de la tormenta. Tan encandilado estaba con esta imagen que, en cuanto reparé en una pequeña roca que se encontraba en medio del camino, era demasiado tarde. De repente me encontraba retorciéndome incómodo sobre el empedrado. Maldije mi mala suerte así como aquel odioso montón de minerales. Y entonces la insigne pregunta fue formulada:
    “¿Qué fuerza me había obligado a caer al suelo al tropezar con esa piedra?” Tras unos segundos de reflexión, lo supe. Supe que aquella era la cuestión que buscaba resolver, esa chispa que me daría el empujón para seguir adelante. Y así fue como, en aquel perdido rincón del mundo, me planteé a mi mismo el primero de muchos retos: Darle una respuesta a mi pregunta.
    Si la intuición no me falla, ya debes de conocer el resto de la historia.

    Así que, querido desconocido, puedes considerarte un ser afortunado, es posible que seas el único humano que conozca la verdad: no fue una manzana la que me hizo cuestionarme la ley de la gravedad, sino una piedra que, he de admitir que quizás por causa del destino, encontré en mi camino aquel lluvioso día de abril.

    Cordialmente,

    La hoja eterna

    La hoja eterna

    Hacía un día soleado, me encontraba en medio de la naturaleza, en un bosque alejado de la ciudad, dónde solo se podía escuchar el hermoso silbido de los pájaros. Estaba sentada al suelo debajo de un frondoso árbol, dejando mi mente meditar, de repente note como una hoja se cayó sobre mi pelo, la cogí y la contemple durante unos segundos. En esos instantes, me vino una pregunta a la cabeza: ¿Las cosas pueden desaparecer completamente del mundo? Pensé en la hoja que tenía entre mis manos, si la dejara caer al suelo ¿Acabaría desapareciendo para siempre…? No totalmente, con el paso del tiempo y al estar expuesta a los elementos meteorológicos, acabaría transformada en compost. El abono vegetal seria absorbido por el árbol como nutrientes que permitirán el crecimiento de nuevas hojas y ramas.
    Algunas de esas hojas se caerán y se convertirán en compost como la otra, pero ¿Qué pasaría si una oruga se comiera parte de una hoja? Entonces pueden suceder dos cosas: la primera es que la oruga la expulsaría al exterior y se transformaría en compost para otras plantas, la segunda posibilidad es que otro animal comiera la oruga. Me imagine una pájaro devorando la golosa oruga, y con las proteínas sustraídas del insecto, seguiría su proceso de desarrollo, hasta que un día le llegue lo inevitable, la muerte. Los restos del pájaro también aparentemente desaparecen, pero en realidad la historia no acaba aquí.
    Me vino la imagen de una vaca pacíficamente comiendo la tierna hierba, fuerte y alta gracias a la tierra bien fertilizada por la materia orgánica del desafortunado pájaro. Reflexione sobre la sedentaria vida de las vacas, era evidente que nacían con un solo propósito, formar parte de la cadena alimentaria de otras especies, especialmente los humanos. Recordé el suculento y gustoso bistec que mi madre preparó hacía apenas unos días, me vino un sentimiento de culpabilidad. Me consolaba pensando que yo era una persona fuerte y sana debido a una buena alimentación.
    Llegué a una conclusión, nada desaparece en la Tierra, existimos gracias a todo lo que nos precede y rodea. Nada se desperdicia en la naturaleza y al final todos formamos parte de todo, todos estamos conectados. El proceso es infinito, ahora piensa como habrá llegado esta misma hoja de papel que sostienes en tus manos, pero esta sería una historia para otro día…

    La luz del universo

    La luz del universo

    Abro los ojos. Miles de estrellas centellean frente mis cansados ojos como luciérnagas iluminando la penumbra. Estrellas inmóviles, eternas. Siempre he pensado en ellas como puertas al pasado, mensajes emitidos hace años, perdidos en el universo, sin rumbo, y aún así cada noche aparecen frente a mí. Después de estos duros meses me recuerdan que mi “luz”, mis esfuerzos, mis descubrimientos, quizá estén perdidos hoy, pero algún día llegaran a alguien que sabrá valoralos y disfrutarlos como yo lo hago de los astros frente a mí, y aunque mi presencia ya no este en este mundo, habrá valido la pena.

    Hoy, después de semanas y meses intentando defender las teorías Copernicanas, he debido retractarme de mis descubrimientos y creencias frente al inquisidor del Santo Oficio.

    Tras toda mi vida dedicado a explorar el espacio, el tiempo invertido en mejorar las herramientas necesarias como el telescopio, en las pruebas y hechos que respaldan mi teoría, el trabajo de una vida, no puedo creer que no sirva para nada, que se reduzca a polvo.

    Me resulta increíble que se nieguen a ver los hechos e incluso que me nieguen divulgar mis ideas por el simple hecho de que es contrario a sus creencias religiosas, que todo gire en torno un antiguo libro sin ninguna base comprobada que se niega a evolucionar, a modernizarse, consiguiendo así que la ciencia se atasque y por tanto también lo haga la sociedad.

    Se que no voy a rendirme, y aunque me censuren mis libros y me quiten la voz voy a encontrar una forma de seguir avanzando, pero espero, que algún día, los hechos sean vistos y no acallados, sin importar las creencias de uno, ya que la verdad es irrefutable, y siempre encuentra una forma de llegar a la superficie, y cuando ese día llegue sabré que mi luz habrá llegado a su destino.

    La Máquina del Tiempo

    La Máquina del Tiempo

    Siempre me han dicho que para conseguir lo que quiero me tengo que poner una meta. De pequeña quería ser una princesa, pero si me lo vuelven a preguntan ahora, elegiría ser una inventora.
    Desde los cinco años me encantaba construir robots y realizar reacciones químicas y experimentos. A la edad de los seis hice mi primer experimento, conseguí hacer un volcán de lava y fue muy pero que muy divertido.
    Ahora tengo trece años y mi gran sueño sería poder crear una máquina del tiempo. Mis compañeros del instituto me toman por loca, pero yo sé que lo puedo conseguir. Y por si no os habéis dado cuenta, antes escribí ‘‘compañeros’’ no amigos. En el instituto no soy la que digamos tiene más amigos, bueno… en realidad solo tengo uno, Matt.
    Él y yo somos mejores amigos desde primaria, después de la escuela nos íbamos a mi casa para crear reacciones químicas, jugar a nuestros propios juegos. Matt está tan loco como yo, creo que gracias a eso fuimos mejores amigos. Él desea ser un gran inventor y a partir de ahí se propuso a ayudarme con la Máquina del Tiempo.
    -¡Vamos Luni! Ven a ver esto.- me gritó Matt, me resulta un poco raro que me llame Luni pero a Matt le gusta llamarme así y nunca se lo reprocho.
    -¿Qué te pasa Matt?- le pregunto un poco extrañada por tanta alegría.
    -¡Ven corriendo al salón! ¡Luni, la acabamos!- me dijo.
    Realmente Matt y yo estábamos tan entusiasmados por la idea de crear la Máquina del Tiempo, nuestra Máquina del Tiempo, que cuando me lo contó no pude reaccionar.
    Así que sin querer se me cayó el vaso de cristal que tenía en la mano, y hasta que este no tocó el suelo y se hizo trizas no desperté de mi shock. ‘‘¡Habíamos acabado nuestra añorada y fantástica Máquina del Tiempo!’’.
    Me acerqué a mirar si el depósito de aquel frágil instrumento estaba lleno, si teníamos la máquina conectada, si la batería estaba en orden y finalmente…
    -Matt, - le dije asustada.- tenemos un gran problema.
    -No me digas que ahora nuestra batería no tiene los suficientes voltios.
    -No es eso, es el…- pero no me dejó continuar.
    -El depósito no es lo suficientemente grande, ¿no?- no entendía lo que le pasaba a Matt, creo que son los nervios del futuro viaje que haremos.
    -Mira Matt, escucha. Es el motor, solo aguantará un viaje de ida y otro de vuelta.
    -Oh, oh. Y ahora que hacemos, este será nuestro único viaje pero no podemos desperdiciarlo.
    -Ya sé. Podemos viajar al año 1492, cuando Cristóbal Colón descubrió América.
    -Perfecto. Prepararé las mochilas. Esto será muy interesante.- estamos muy emocionados por el viaje, y todo tiene que ser perfecto.
    -Espera, hay una cosa más.
    -¿Qué pasa ahora?
    -Solo tenemos una hora, o sea que tendremos que disfrutar el viaje muchísimo.
    -Una razón más para ponernos manos a la obra.- Matt estaba muy contento pero triste a la vez porque sería nuestro único viaje en el tiempo y no se podía desperdiciar.
    Estuvimos cerca de dos horas preparando las mochilas, la comida, la ropa y los utensilios de supervivencia como un cuchillo, una brújula y un reloj para cronometrar la hora.
    Cuando estuvo todo listo y apunto para viajar a través del tiempo, le di los últimos retoques a nuestra Máquina del Tiempo, y como diría un pirata: ‘‘¡Estamos listos para zarpar grumetes, todos a sus puestos!’’.
    Encendimos la máquina, apretamos los botones y pusimos exactamente el año de nuestro viaje y el acontecimiento que ocurría en él. La Máquina del Tiempo empezó a funcionar, y de repente… se paró.
    -¿Qué ha pasado?- me peguntó Matt extrañado.
    -No lo sé, pero salgamos fuera.
    -Vale, venga vamos.
    Cuando abrimos la puerta de nuestra máquina aparecimos en un barco que estaba navegando por el mar Atlántico.
    Matt y yo fuimos hacia un hombre y le preguntamos:
    -Perdone, ¿sabe que usted por casualidad en que año estamos?
    -Sí, estamos en el año 1492, pequeños grumetes.- dijo aquel pirata.
    -Y, ¿hacia dónde vamos?- le preguntó Matt.
    -Bueno, mis barcos, mi tripulación y yo vamos buscando una ruta diferente para llegar a Asia.
    -Gracias señor…
    -Colón, me llamo Cristóbal Colón.
    -Encantado señor Colón.
    Estuvimos cerca de cincuenta minutos en mar navegando cuando un hombre que estaba arriba del mástil gritó: ‘‘¡Tierra a la vista!’’.
    Y fue ahí cuando nos dimos cuenta de que enfrente nuestra estaba América, pero en ese momento sonó la alarma de mi reloj que menos mal que lo puse un minuto antes para que nos diera tiempo meternos en la máquina. Y así lo hicimos, la volvimos a poner en marcha pusimos la el año 2018 y apretamos el botón.
    Después de una sacudida llegamos a casa.
    -¡Guau!- dijimos al unísono.

    La más avanzada tecnología

    La más avanzada tecnología

    Ahí estaba yo el grandísimo Adolf Hitler en mi último fortín en Berlín esperando al fin que llegase la tan esperada noticia por parte de mis mejores científicos y su avanzada tecnología alemana. Una tecnología nunca antes vista y que me permitiría seguir con mi reinado en el fondo del mar. Al igual que las brequeas de los peces mis científicos habían estado preparando un plan por si acaso la guerra era perdida y por lo tanto había que escapar.
    En ese momento entró corriendo por la puerta mi más leal súbdito con un informe en la mano y un paquete bajo el otro brazo. Esa era la mejor noticia jamás recibida por parte de alguien en el último año en el que el glorioso tercer Reich había sido aniquilado en cada batalla que había luchado. Ese paquete contenía en su interior el prototipo del diseño que había visto una y otra vez para poder respirar bajo el agua y con el cual mi reinado y mi plan para conquistar el mundo podrían continuar, aunque solo quedase yo. Por otro lado, ¿cómo podría yo reproducirme estando ahí abajo?, solo y sin nadie que me acompañase, por suerte ese dilema ya había sido resuelto por mi parte un tiempo atrás. Escogería a una de las prostitutas que tenía a mi servicio y la llevaría a vivir conmigo al fondo del mar y empezar de nuevo allí mi plan para dominar el mundo. En el informe ponía que ya se había escogido a la prostituta a la que se le entregaría las otras nano branquias las cuales fueron diseñadas por Jeabyun Yeon un científico japonés al que alistamos dentro de las fuerzas de científicos del tercer Reich y al cual le debemos esta maravilla de invento el cual albergará un gran futuro para mi plan de supervivencia del imperio alemán.
    El mensajero me informó que ya se había dispuesto que mi mujer se suicidaría ingiriendo cianuro en gran cantidad con tal de que pareciese un suicidio mutuo, aunque no encontrasen mi cuerpo ya que la habitación quedaría cerrada. Por mi parte yo me dispondría a marchar en un coche humilde camuflado de soldado francés hasta llegar a la playa donde allí esperaría pacientemente a mi acompañante durante los próximos años. Así que dispuse mis pertinencias en una maleta y me disfracé de soldado francés.
    Emprendí el viaje junto con un oficial alemán el cual mataría justo al llegar con tal de que nadie supiese jamás de la existencia del nuevo imperio alemán submarino.
    Pasamos todos los controles de seguridad para salir de Berlín y por supuesto no fuimos descubiertos. Al llegar a Francia estuvieron a punto de hacernos un cacheó para comprobar que no éramos espías ingleses infiltrados (por suerte habíamos falsificado unos pasaportes los cuales garantizaban que el oficial alemán junto al que circulaba era un alto rango del ejercito francés) y continuamos nuestro viaje hasta llegar al mar. Allí encontramos a una dama y a su acompañante, el cual era evidente que era otro soldado nazi al cual tendría que matar para no dejar ningún rastro. Allí junto a la señorita, la cual me dijo que se llamaba Julia procedimos a colocarnos las nano branquias. Entonces desenfundé mi arma y disparé en la cabeza a los dos soldados en la cabeza con lo que parecería que fuesen aniquilados por soldados franceses que los descubrieron.
    Hechas las presentaciones Julia y yo nos dispusimos a entrar en el agua y fundar una futura civilización.
    Esa civilización sería hasta nuestros días la misteriosa y remota Atlántida de la que tantas historias han salido y nadie sabe si existe o no.

    La Metamorfosi

    La Metamorfosi

    Cada vez que abro los ojos lo veo todo negro,cada dia el sitio donde estoy es más pequeño.Comienzo a estirar todo mi cuerpo, hasta que escucho un crujido.Un crujido después de otro hasta que veo un agujero,un agujero por donde pasa un hilo de sol que me da calor.
    El agujero se va haciendo más grande,hasta que finalmente estoy al aire libre,todo es de color verde, miro hacia abajo ,estoy encima de una rama de un gran árbol.

    Bajo del roble, todo lo que me rodea es enorme,pero a medida que van pasando los días, mi cuerpo va cambiando en la cabeza me salen antenas en el tronco alas y todo mi cuerpo cambia anatómicamente.

    Me di cuenta que todos aquellos cambios se debían al proceso de la metamorfosi.

    La palabra metamorfosis proviene del griego («meta», cambio y «morfe», forma) y significa “transformación”. La metamorfosis son los cambios de diferenciación que generalmente están asociados a cambios de comportamiento y de hábitat. La metamorfosis es el proceso biológico desde el nacimiento, pasado el desarrollo embrionario, hasta que las mariposas alcanzan la completa madurez.

    La necesidad de respirar

    La necesidad de respirar

    Me encantaba este lugar, de pequeña siempre acudía aquí para despejar mi mente, ahora tras diez años vuelvo a estar delante de esta maravillosa playa con grandes olas.
    Cojo la tabla de de surf que está apoyada en una solitaria palmera, y avanzo hasta la orilla, por suerte no hay mucha gente, solo un par de enamorados que caminan por la arena.
    Mi piel se estremece al primer contacto con el agua fría, me deslizo encima de la tabla y voy remando con mis brazos, adentrándome cada vez más al mar. Es media tarde, y el sol da de lleno. Me empiezo a arrepentir de haber venido, las olas son más grandes de lo normal y rompen con gran fuerza. Cansada de pasar por debajo de ellas, visualizo lo que va a ser una ola perfecta así que me preparo para cojerla, me giro remando con todas mis fuerzas y cuando noto que está detrás, me levanto intentando mantener el equilibrio, hago varios movimientos aéreos, subo hasta la cresta de la ola y hago un giro con la tabla de casi 180 grados volviendo a bajarla, giros más bruscos y con un radio menor... hasta que caigo. Vuelvo a hacer el mismo procedimiento que antes para ponerme encima de la tabla, delante se origina el típico tubo que aparece en las películas y cuando me alcanza, intento pasar por debajo, convirtiéndose en una misión fallida cuando la grande ola me traga.
    Sumergida, espero a que pase la ola y al intentar salir a la superfície, la cuerda que me sujeta el tobillo de la tabla, me tira con tanta fuerza que me arrastra aún más al interior del mar. Necesito respirar. Con un fuerte impulso me elevo hacia arriba, agito las piernas todo lo que pudo alzando los brazos, y cuando estoy a punto de salir del agua, la cuerda que me ata el tobillo me empuja hacia abajo de nuevo. Desabrocho la cuerda y me deshago de ella como puedo, vuelvo a intentarlo nadando con todas mis fuerzas, y cuando finalmente logro sacar la cabeza, me cae una ola encima prohibiendome inhalar algo de oxígeno. Mis fosas nasales se contraen y dejo escapar aire por la boca. Me intento relajar, pero es imposible.
    Mis pulmones gritan desesperados por conseguir una bocanada de aire, pero me niego a abrir la boca, estoy bloqueada y lo único que pienso es en mi vida. Me recorre una sensación de angustia, braceo y pataleo pero es inútil, todo lo que veo es el azul del mar y me envuelve un estasis de claustrofobia vehemente.
    No dejo en ningún instante de luchar contra las infranqueables olas, me concentro, pero en un momento dado abro la boca y me trago una gran cantidad de agua haciendome intentar cojer aire sin conseguirlo, en mi cabeza, todo se vuelve un caos.
    Dejo de moverme, tengo todo el cuerpo entumecido y mis brazos y piernas no responden. Estoy sola, seguro que la pareja ya se ha marchado.
    Pienso en mi familia, en mi madre que debería haberle dicho más “Te Quiero”, en la discusión con mi padre antes de venir, en mis hermanos, amigos...Se me cierran los ojos, la mente se va y noto como poco a poco voy entrando en un estado de inconsciencia. Un sentimiento de paz me abraza y me dejo ir.
    Nada.

    La nueva ley

    La nueva ley

    Un dia soleado en la Escala, la Costa Brava, un grupo de cangrejos organizaron una reunión. La reunión fue convocada por el rey de la playa de la Escala: el señor Cangrejo de Brava II.
    Una vez llegaron todos los habitantes, el rey con seriedad dijo:
    —Amigos míos, hay algo de lo que os quiero hablar que me parece realmente serio. Es una costumbre que debemos cambiar urgentemente.
    Todos estaban ansiosos por saber de qué se trataba, hasta que un cangrejo preguntó:
    —¿Y cuál es esa costumbre?
    —Debemos dejar de caminar de lado. Todos los otros animales marinos nos usan como ejemplo negativo y hablan mal de nostros.
    Los ciudadanos se miraron sorprendidos hasta que un cangrejo dijo:
    —¿Y qué solución tenemos?
    —Creo que las madres y los padres deberían enseñar a los cangrejos pequeños a caminar hacia adelante. Nostros, los mayores, se nos hace impossible cambiarlo porque ya tenemos la costumbre de caminar de lado. Pero para la nueva generación será más fácil.
    Y así fue como una nueva ley, en el pequeño reino de cangrejos de la Escala se estableció: "Todos los cangrejos que nacieran a partir de ese momento serían enseñados por sus familias a caminar hacia adelante.
    Los padres intentaron que sus hijos aprendieran la nueva manera de caminar: guiaban sus patas, primero una hacia adelante, después la otra. Pero a los pequeños les costaba mucho avanzar hacia adelante.
    Al dia siguiente, Creinstein, el cientifico más conocido de la zona ordenó al rey hacer una reunión urgente con todos los ciudadanos. La reunión fue immediata. Creinstein muy preocupado dijo a los ciudadanos:
    - ¿Como pudisteis poner esta nueva ley? ¿Es que no lo veis? Nuestro caparazón es ancho y corto y tenemos un abdomen muy pequeño. Esto provoca que las patas se desplacen desde una posición longitudinal. Este es el motivo por el que nostros, los canngrejos, tenemos que desplazarnos de manera lateral.
    Después de la explicación tan detallada de Creinstein todos los cangrejos se miraron y dijeron: ¿En que estabamos pensando? ¡Cuánta razón que tiene Creinstein!, nacímos de esta manera y no podemos cambiarlo.
    El rey, después de reflexionar, se puso en pie y dijo:
    —Queridos vecinos y vecinas, Creinstein tiene razón, la ley que propuse no funciona porque no podemos cambiar nuestra naturaleza y manera de ser. Y tampoco podemos pedir a los pequeños que hagan lo que nosotros no hacemos. A partir de ahora, suspengo la nueva ley.
    Y así fue como en la Escala, los cangrejos caminaron de nuevo de lado, como siempre.

    La pequeña gran ciudad

    La pequeña gran ciudad

    ¡Buenos días! Me imagino que serás nuevo en la ciudad,me presento, soy Vita el asistente turístico de Corpus.Me encantaría explicarte lo que soy pero el tiempo vuela y en esta ciudad todo va muy rápido.Además es la hora de la cena y la zona de llegadas se pone patas arriba, que si proteínas,vitaminas,glúcidos... y algún que otro virus en un mal día.En fin ,comencemos.

    Para empezar ,es importante que sepas que esto no se mantiene solo,cada uno tiene su labor ,así que espero que vengas con ganas de trabajar.Esta ciudad,como todas,está dividida por barrios en concreto tenemos nueve :Nervioso,Circulatorio, Respiratorio, Digestivo, Inmune ,Excretor, Endocrino y Reproductor.

    Empecemos por el más importante:Nervioso,es la base de la ciudad,si algo falla aquí ,es cuando debemos preocuparnos.Esa cosa grande que ves ahí se llama cerebro,es como el ayuntamiento de la ciudad y está conectado con cada uno de los barrios .Dentro trabajan las neuronas, se encargan de recibir los impulsos nerviosos que envía el cerebro y con ayuda otros como los bastones,los conos y la neuroglia consiguen que los demás barrios se pongan a funcionar.La verdad es un trabajo muy duro,sin horarios ,día y noche, además de la inmensa responsabilidad que conlleva.No me quiero imaginar qué pasaría si los de aquí arriba deciden tomarse un día libre.¡Oh!Cojámos esta carotida,no llevará directamente al segundo sitio que quiero enseñarte,Circulatorio.

    ¡Por fin!.La verdad es que el trayecto ha sido un poco molesto,en fin ,sigamos con la visita.Nos encontramos en el corazón otro de los lugares más importantes ,aquí trabajan los globulos rojos ,o como los llamo yo ,los ayudantes.Ellos se encargan de dar oxígeno a los demás ciudadanos de Corpus.Junto a ellos ,trabajan las plaquetas ,las obreras,se encargan de cerrar la hemorragias cuando Corpus sufre algún daño,tenemos una ciudad muy revoltosa.Y finalmente tenemos a los glóbulos blancos.Son muy trabajadores porque no solo trabajan en Circulatorio ,si no también en Inmune, bueno en realidad en toda la ciudad,son los policías.Ellos se encargan de prohibir la entrada a los ciudadanos que quieren dañar la ciudad y echan a los que consiguen entrar,eso sí, cuando hay algunos muy duros siempre son de buena ayuda los medicamentos del exterior.Desgraciadamente algunos son muy malos,tanto que podrían acabar con Corpus, por eso su trabajo es tan importante.

    Ahora te llevaré a los pulmones,pero no molestes,a estos ciudadanos les gusta trabajar tranquilos,hay muchísimos trabajadores aquí ,se encargan de infinitas cosas como el intercambio de gases para obtener oxígeno.Este barrio también es muy importante ,bueno en realidad lo son todos,pero este a mi me resulta un tanto especial.

    Ahora vamos a los barrios de la fiesta Endocrino y Reproductor ,estos barrios están llenos de fiesteros y viajeros que a veces hacen que Corpus se pongo un poco nervioso.Pero no olvidemos que cada ciudad tiene que tener su parte divertida.En Endocrino la hormonas se encargan de regular algunas funciones de Corpus ,aunque bueno,Corpus actúa un poco raro cuando están cerca,pero no te preocupes es solo temporal.En cuando a Reproductor,es como el aeropuerto .Aquí los gametos,sin duda los más aventureros,viajan a otras ciudades para crear más lugares como este.El proceso mejor te lo cuento otro día.Vayamos a Digestivo que seguro que a estas horas del día está en plena acción

    Ya estamos aquí,lo siento por la tardanza,suele haber atasco a estas horas.¡Mira allí tenemos a las enzimas digestivas dándolo todo!.Ellas se encargan de convertir las proteínas,glúcidos...en unidades más sencillas para que luego los demás ciudadanos las puedan utilizar.Este barrio está relacionado con Excretor,el vertedero,donde termina nuestra visita.Aquí los basureros se encargan de convertir todo lo que ha sobrado durante el día normalmente y lo expulsan por el ano o la vejiga ,dependiendo del residuo.

    Aquí doy por finalizada nuestra visita ,ha sido un placer .Como ves todos los barrios son imprescindibles para que esta ciudad se mantenga en pie por eso es importante apoyarnos unos a otros,no queremos que nada salga mal.

    Hacia la derecha se encuentra la salida si quiere abandonar la ciudad,bueno si eres un virus mortal que puede acabar con Corpus te agradecería que lo hicieses ya, si no te han cogido los policias antes claro.Si quieres seguir con nosostros,por favor no molestes a los ciudadanos y bajo ningún concepto toques nada que no creas conveniente,creeme no saldrá bien.Ahora sí,disfruta de tu estancia en esta pequeña gran ciudad. ¡Nos vemos pronto!

    LA PLANTA DESCONOCIDA

    LA PLANTA DESCONOCIDA

    1
    La planta desconocida
    No sé si pasó de verdad o no, pero de lo que sí estoy segura es de que no fue un sueño.
    Bueno, empiezo por el principio, tal y como se debe hacer. Me llamo Intisar y lo que os voy a contar pasó hace un año exactamente.
    Habíamos decidido pasar el día el monte, divirtiéndonos como siempre Damaris, Alexandra y yo, cuando a una de nosotras se le ocurrió la “brillante” idea de recoger plantas desconocidas y investigarlas (claramente esa no he sido yo, ha sido Alexandra), y como nosotras somos muy curiosas, aceptamos el reto.
    Encontramos un montón de plantas, algunas muy hermosas como la orquídea Ophrys apifera… Pero la más extraña era una que no encontramos en ninguna de las guías de plantas que trajo Alexandra. Al final nos cansamos y dejamos de buscar, pero algo nos impidió irnos. Era como si una fuerza sobrenatural nos cogiese por los pies y nos arrastrara hacia algún lugar desconocido. Al llegar junto a la planta, la tres alargamos las manos y…

    2
    Un viaje inesperado
    Tocamos la planta y ¡todo empezó a girar! Cada vez se hacía más oscuro hasta que llegó un punto en el que ya no podíamos ver.
    Yo cerré los ojos y conté hasta tres y al abrirlos me encontré junto a mis dos amigas en medio de un montón de residuos urbanos.
    No sabíamos que es lo que estábamos haciendo allí ni como habíamos llegado, todo era distinto.
    Mis amigas y yo habíamos decidido permanecer juntas y, ahora que lo pienso, no me arrepiento de esa decisión.
    Investigamos un poco y encontramos una puerta secreta. De repente, ¡otra vez!, una fuerza sobrenatural nos empujó y atravesamos la puerta. Al entrar encontramos un montón de escaleras que descendían hasta una sala con más puertas, pero poco después la fuerza nos empujó a través de una de esas puertas y al entrar al otro lado… ¡no había NADA!
    -¿En serio - dijo Damaris -, esto es todo?
    Vimos que había un papel en el suelo, era un mapa. En ese mismo momento se oyó una voz metálica:
    -¿No sabéis leer?
    Nos giramos las tres a la vez y descubrimos un mini robot, muy mono, pero con cara seria.
    -Sí – le contesté sin saber qué pensar.
    -Lo siento, no quería asustaros. Soy Mirob- dijo el mini robot.

    3
    ¿La primera pista?
    -Menos mal, por fin encuentro a alguien con el poder del Asinaxus -dijo el robot alegremente-. Os explico: hace mucho tiempo los humanos destruyeron la Tierra con sus inventos y sus máquinas. La contaminación hizo que murieran todos los seres vivos del planeta. No quedó nada, pero el último superviviente invento un robot para buscar la planta Asinaxus. Es la única forma de salvar el planeta porque es mágica. El problema era que un robot no puede leer el mapa para localizarla, pero vosotras sí, así que estáis obligadas a ayudarme para salvar vuestro futuro.
    Tuvimos que aceptar, y entonces yo leí la primera pista: “Si queréis libertad, descubrid la verdad. En la mano del rey está la ley”.
    -Ya lo sé, ¡es el muro de la libertad! –dijo el robot.
    Nos guió hasta el muro y vimos la estatua de un rey con un libro en una mano, pero no había nada más.
    Entonces Alexandra se fijó en los pies de la estatua. Había un puño de piedra y al estirarlo se abrió la mano del rey y cogimos el libro. Al abrirlo, leímos la segunda pista…

    4
    ¿Y ahora qué?
    La pista decía: “Soy antiguo, pero eficaz. Acércate y lo verás”.
    No entendíamos el mensaje, pero sabíamos que se trataba de un objeto. Al decírselo a Mirob, él descubrió al instante que se refería al martillo y la roca.
    Fuimos corriendo hacia las afueras de la ciudad, hasta que vimos un martillo clavado en una roca partida por la mitad.
    Damaris empezó a caminar alrededor de la roca, luego miró el mapa y dijo:
    -¡Ya lo tengo!
    Estábamos sorprendidas, pero al verla tan segura decidimos sentarnos y esperar.
    De repente un rayo de sol pasó por el centro de la roca y señalo a un montón de piedras. Entonces Damaris cogió el martillo y empezó a golpear las piedras. Al terminar de golpearlas, encontramos una puerta y con el puño de la estatua la abrimos y…

    5
    ¡Todo terminó!
    Al abrirla encontramos un lugar a rebosar de especies de plantas y animales. Al mirar detenidamente, descubrimos la planta Asinaxus que estaba dibujada en el mapa. Mirob nos dio las gracias y se despidió de nosotras. Todo volvió a girar de repente y nos despertamos de nuevo en el monte. Pensamos en que era solo un sueño, pero era algo más, mucho más.

    LA PROMESA

    LA PROMESA

    La historia comienza cuando yo era un niño de cinco años¸ que vivía en un pueblo pequeño y algo pobre y desconocido, de los muchos que hay en la meseta castellana. En mi casa aunque tenían la tecnología moderna como en las grandes ciudades, yo no sentía un especial interés por ello, ni en ese momento la necesitaba, a pesar de lo que decían mis familiares.
    Éramos tres hermanos junto con mis padres y mi abuelo. Diferenciándome del resto de mis compañeros, como ya he dicho, a mi no me atraían los móviles ni las televisiones, para mí era suficiente con mi abuelo. El y yo siempre estábamos juntos, tanto en los peores momentos, como en los buenos. Hablábamos de tantas cosas que ahora apenas las recuerdo, pero nunca se me podrá olvidar las numerosas noches que salíamos al pequeño parque de la plaza del pueblo a observar el cielo oscuro y limpio, donde las estrellan brillaban de una forma que me parecía especial y única.
    El fue agricultor, aunque para ser más exactos hay que decir que era agricultor, porque seguía saliendo al campo, escuchando la tierra, y leyendo el cielo como le gustaba decirme, para pronosticar cuándo llegaría el frío, el calor, el viento fuerte o las lluvias. Ello le hacía ante mis ojos como el mejor conocedor de las curiosidades del inmenso espacio. Mi abuelo siempre me contaba anécdotas suyas de cuando tenía que levantarse a la madrugada para vigilar la cosecha, y siempre se perdía, pero lograba volver a casa gracias a la orientación que le ofrecían las estrellas. Yo no era capaz de entender como alguien lograba guiarse mediante las estrellas, porque en aquel entonces me parecían unas iguales que otras.
    A medida que iba creciendo, aumentaban mis conocimientos y mi interés por las cosas del espacio, y sobre todo por las estrellas, desarrollándose en mi interior poco a poco esa semilla que había sembrado mi abuelo en las noches de cielos claros, cuando salíamos a contemplar el firmamento.
    Acabé mis estudios en el colegio de mi pueblo y tuve que irme a la ciudad a continuar mi formación. Al poco de irme recibí una mala noticia, mi abuelo había enfermado y su estado de salud era muy delicado. El fin de semana fui al pueblo para verle y sería el último día que pude hablar con él. Me preguntó si ya había aprendido del espacio lo suficiente como para enseñarle a él, y me dijo que le gustaría poder seguir viendo conmigo el cielo brillante, a ver si encontrábamos una nueva estrella que no hubiéramos visto hasta entonces. Yo le contesté que en el momento que se recuperase lo haríamos, y que seguiría estudiando para poder enseñarle muchas más cosas sobre el espacio.
    Esa fué la última vez que hablé con mi abuelo, pero la conversación me acompañaría el resto de mi vida. Continué mis estudios con la idea fija de conseguir algún día homenajear a ese gran hombre, descubriendo un nuevo astro. Conseguí entrar en la facultad de astronomía y astrofísica, y con mucho esfuerzo y dedicación finalizar mis estudios. Descubrí lo complicado que es ese mundo, y la dificultad de conseguir un trabajo que me permitiera poder observar e investigar el espacio y los astros. Y también descubrí , que con mucho esfuerzo y dedicación se pueden ir consiguiendo poco a poco las cosas. Finalmente tuve un trabajo en el Instituto de Astrofísica de Canarias en el observatorio de Roque de los Muchachos situado en la isla de La Palma.
    Allí comenzaron las largas horas de estudio y de proceso de datos. Recordaba muchas veces las conversaciones con mi abuelo, que eran como cuentos sobre el espacio que nada tenían que ver con el trabajo que estaba realizando. También recordaba la promesa que me hice, y que me servía para no perder nunca la ilusión en el trabajo, y llegar algún día a descubrir un nuevo astro.
    Así fueron pasando los años de mi trabajo como astrofísico sin conseguir dar a mi abuelo el regalo que había prometido, pero aprendí que lo importante es tener un meta e intentar conseguirla, aunque en muchas ocasiones no se pueda.

    La puerta a otras dimensiones

    La puerta a otras dimensiones

    Diego se despertó del sueño criogenico de repente. Ya estaba acostumbrado a la sensación de despertarse al segundo de haberse echado, pero las sirenas que sonaban no eran normales. Salio de la exclusa y fue directo al panel de control de la nave. Todo normal, ningún problema aparente, se fue el lado de la nave y nada, empezó a pensar que simplemente había ocurrido un error que no pasaba nada, pero entonces lo vio, una pequeña deformación, como un punto en la inmensidad del espacio, que se iba haciendo mas grande conforme se iba acercando. Lo que al principio parecía una pequeña roca negra del tamaño de una uña, se fue convirtiendo en una gran esfera del tamaño de una pelota de baloncesto. Se estaba acercando al objetivo de su misión.

    Pasaron las horas y todavía no llegaba. La esfera tenia ahora el tamaño de un planeta, era como di estuviese viendo una tierra totalmente negra desde la luna. Habia desconectado las sirenas hacia tiempo. ahora solo oía su respiración y el latido de su corazón. Repaso las instrucciones que le habían dejado. En la primera cara se explicaba lo que iba a hacer. Básicamente tenia que meterse dentro de un agujero negro y sacar todos los datos posibles. Al principio se formo un poco de polémica. Siempre se había pensado que a pesar de poder entrar sin muchos daños era imposible volver sano y salvo debido a la grandes fuerzas gravitatorias, pero esto había cambiado cuando se descubrió una de las ultimas teorías de Stephen Hawking que afirmaba que las fuerzas G de un agujero negro no superaban mas del doble de la velocidad de la luz, por lo tanto si ibas a mas de 2 veces la velocidad de la luz podias entrar y salir sin problemas.

    A pesar de saber todo eso la expedición se demoro otros diez años debido a la forma que tenia que tener la nave, debido a que si no tenia la forma correcta las fuerzas gravitatorias aplastarían la nave y todo lo que hubiera dentro. Al final, en el año 2028 lo que hicieron fue una nave circular con una ultima capa de materiales pesados para que al contraerse se chocaran unos contra otros y se quedaran en equilibrio

    Siguió pasando las hojas y cuando termino fue a donde guardaba la foto mas personal para el. hay estaba su mujer embarazada con sus dos hijos. Se puso a recordar los últimos días en la tierra. Las bromas con su hija pequeña, las discusiones con su mujer por ir solo...

    Ya casi tenia el agujero negro encima. la gravedad que estaba aguantando era mucha. Si no quería morir tenia que meterse en el sueño criogenico, pero antes tenia que poner en funcionamiento las cámaras para que grabasen todo y todos los ordenadores para que captasen hasta la mas mínima cantidad de datos. En cuanto termino se metió en el sueño criogenico.

    Se despertó, todo en silencio excepto los mecanismos de la del sueño criogenico. miro a su alrededor, todo parecía normal. Fue al ordenador central y reviso las grabaciones. Se veía como pasaba el horizonte de sucesos y llegaba a la singularidad. En cuanto se metió en la singularidad se formo una especie de túnel. las cámaras de delante mostraban una bifurcación del túnel, en la espalda el túnel, infinito y a los lados es difícil de explicar, eran como millones de agujeros negros, cada uno con la misma imagen, la nave empezó a avanzar hacia la bifurcación y tomo la derecha. Entonces la cámara derecha capto un objeto que iba en dirección contraria, una nave exactamente igual que la suya, el ordenador hizo que la nave se moviera hacia una de las salidas para evitar el impacto y se fue por la primera que pudo. todo esto fue grabado a una velocidad superior a la de la luz.

    En cuanto la nave salio del agujero negro se dirigió a la tierra. Cinco meses después la nave junto al astronauta cayeron en mar atlántico. Todos los datos fueron analizados por expertos y llegaron a una conclusión. Al entrar en el agujero negro el tiempo había cobrado forma, y todas las salidas eran como una fase temporal, y la bifurcación dos posibles destinos del universo.

    Sobre el Diego? En cuanto los científicos lo encontraron ya pregunto que año era. Le contestaron que era el año 2193. Su esposa y sus hijos estaban ya muertos. Nunca mas los volveria a ver. A no ser que volviera a su tiempo. En cuanto propuso la idea, le dijeron que ya lo habia hecho, hace muchos años. Era la nave que había visto al ir.

    La verdadera historia de la leña

    La verdadera historia de la leña


    Me levanté un día cualquiera viendo el paisaje verde que había a mi alrededor como siempre. Mis compañeros ya se habían levantado y ya estaban absorbiendo el agua de la lluvia que quedaba de la noche anterior porque sino se quedaban sin, como yo por haberme levantado tan tarde. El sol tambien iba absorbiendo el agua lentamente, cuando de repente se empezaron a notar unas vibraciones y entre la niebla apareció un hombre y un camión cargado de troncos detrás de él. Iban cortando a mis compañeros uno por uno pero no podía hacer nada para ayudarlos y los metieron en el camión con el resto. Fui el último que cortaron y nos llevaron a un granero de una casa que estaba en la cima del monte. Notaba como iba perdiendo resina de mi interior poco a poco. Nos pusieron dentro de una máquina mientras unos hombres se acercaron y nos cortaron las ramas más bajas y cada vez las de más arriba. Llegamos a la siguiente fase donde un hombre nos cortaba en trozos como de medio metro y otros nos partía por la mitad, quedando así a trozos. No percebia dolor por todo aquello, pero sí mucha tristeza por todo lo que nos estaban haciendo. Nos estaban destruyendo por partes y parecía que ni se daban cuenta.
    Luego apilaron mis trozos junto con los de los otros y nos dejaron en un porche durante unos días. Estábamos todos mis trozos en el medio del montón.
    Después de unos días a unos cuantos nos metieron dentro de un camión y nos repartieron por diferentes casas. Yo tuve que permanecer en una casa bastante acogedora, ya que estaba decorada por todas partes con luces y adornos navideños y se estaba muy calentito. Poco después descubrí porque se estaba tan calentito y no me pareció muy buena idea; uno de mis compañeros se estaba quemando dentro de una especie de caja con chimenea. Sabía que en algún momento llegaría mi turno, pero por suerte tardó unos días. Los días que permanecí en la casa veía como los niños se divertían y deseaba estar con ellos jugando. Pero un dia cuando anocheció me metiron directamente en aquella caja y empecé a notar un calorcito intenso en una punta. Al cabo de unos instantes ya estaba ardiendo. Tampoco percibía ningún tipo de dolor, sentía como me desintegraba y se formaba un humo encima mio pero me encantaba ver como la gente estaba a mi alrededor calentandose y aprovechando mi fin de vida. Cuando ya me convertí en cenizas sentí que estaba en todas partes pero a la vez en ninguna.

    LA VIDA DE TÂREQ

    LA VIDA DE TÂREQ

    Târeq tenía 30 años y tenía dos hijos con los que vivía alejado de Kuwait, la capital. Como la mayoría de los kuwaitís su forma de vida estaba basada en el petróleo. Tenía un pequeño pozo petrolífero con el que tenía que subsistir debido a que la empresa petrolífera que lo contrató le pagaba una miseria en comparación al beneficio que sacaba de allí. Pero Târeq cada día se daba cuenta de que algo fallaba; cada vez salía menos crudo y el precio de la gasolina estaba disparado, incluso en las noticias informaban de que el petróleo se agotaba pero las multinacionales no parecían prestar atención.
    Aquel 2 de Junio empezaron a llegar camiones del ejército en vez de los habituales de Texaco. Târeq preguntó a un oficial sobre lo que estaba sucediendo pero aquellos oficiales únicamente respondían que él siguiera como si no pasara nada y que continuara extrayendo como siempre.
    Varios meses después escuchó que en países como Estados Unidos o Venezuela, habían acabado por completo con las reservas de petróleo. Y que se rumoreaba que Estados Unidos estaba planeando invadir países que aún contaran con pozos activos como era el caso de Kuwait, donde el gobierno había comenzado a construir bunkers a toda velocidad.
    La guerra había comenzado, los marines estaban intentando asaltar los bunkers del Golfo Pérsico pero la falta de combustible hacía que el ejercito estadounidense no fuera el de otras épocas. Cientos de vehículos aéreos y terrestres fueron abandonados por los militares que se batían en retirada en todos los frentes de batalla… los supervivientes serían evacuados en buques movidos por energía nuclear.
    Mientras tanto Târeq podía seguir extrayendo aun sabiendo que no quedaba mucho y empezó a buscar trabajo en la ciudad. Un año después Târeq extrajo la última gota de petróleo y ahí fue cuando se dio cuenta realmente de que la humanidad tenía un problema serio y decidió mudarse a la ciudad de Kuwait. El paisaje que había conocido estaba cambiando: coches abandonados, centrales térmicas cerradas, pozos petrolíferos en quiebra...
    Allí empezó a montar con su mujer y sus hijos un pequeño supermercado libre de petróleo… sin envases desechables ni embalajes. Aquello funcionó, la gente se acostumbró pronto.
    El planeta sufrió en un cambio radical. Muchos países estuvieron varias semanas sin energía hasta que pudieron diseñar planes de emergencia para conseguir energía limpia sin la necesidad de utilizar materias fósiles, muchos empezaron utilizando energía nuclear o las reservas que quedaban para poder construir infraestructuras tales aerogeneradores, centrales geotérmicas y placas solares para después acabar utilizando sólo fuentes renovables. Islandia se llenó de centrales geotérmicas, España de placas solares, los archipiélagos se llenaron de máquinas que aprovechaban las olas e incluso la ONU organizó congresos con los científicos más brillantes de la época para poner en marcha centrales energéticas más eficientes. Aquí fue cuando la humanidad llego a la cumbre de su tecnología… limpia y segura, la capa de ozono se redujo a mínimos históricos desde 1980 y también la contaminación marítima sobre todo debida a plásticos y residuos de petróleo.
    Muchos años después, cuando entraba el nuevo siglo y Târeq era un anciano y sus hijos eran empresarios pioneros en negocios de la era sin petróleo. El viejo echó la vista atrás y se dio cuenta de que cuando la humanidad más cerca había estado de hundirse, había sido cuando se supo dar el cambio para una vida mejor y más limpia entrando en una convivencia estable con el planeta y con el resto de seres vivos. El fin del petróleo había enseñado a hacer de la necesidad virtud.



    LA VIDA DE UNA GOTITA DE AGUA

    LA VIDA DE UNA GOTITA DE AGUA

    Hola, soy una gotita de agua, os voy a contar mi historia. Yo nací en las cumbres de las montañas, todo era nuevo para mí, ¡era la primera vez que veía el bosque y la nieve!
    Viajaban conmigo millones de gotitas, algunas con la misma experiencia que yo, otras más experimentadas, incluso algunas pocas venían de sitios muy lejanos... En mi camino iba conociendo más cosas, como la desembocadura de mi arroyo y cómo otras gotitas eran “comidas” por los animales. En la desembocadura de mi arroyo al río había una cascada, fue muy guay, ¡era un tobogán gigante! estuve cayendo durante bastante rato, lo bueno es que no me hice ningún daño.
    Un día llegué al mar, en él vi muchos peces de colores y ¡me convertí en una gotita salada! Gracias a las corrientes marinas pude viajar al otro lado del mundo y conocer muchísimas cosas nuevas. Pero lo que más me gustó de ser una gotita, fue cuando me evaporé, ¡era invisible y estaba volando! Además estaba rodeada de muchas más gotitas, fue una sensación única. Poco después, la nube que habíamos formado se la llevó el viento de nuevo a mi montaña y otra vez volví a caer, aunque esta vez, como hacía mucho frío me convertí en un copo nieve que se filtró dentro de la tierra.
    Descubrí muchos animales subterráneos, como por ejemplo, nuestras amigas las lombrices. En otro de mis viajes, me convertí en granizo, era una bolita dura que caía sobre la tierra y se deshacía. Al igual que cuando me hice nieve, vi a muchos seres vivos, pero les hacía daño y eso me ponía triste. Antes de convertirme en nieve y en granizo, había sido lluvia también, y junto con el sol atravesándonos, todas las gotitas formamos el arcoíris, y yo formé parte del arco naranja.
    En otros de mis viajes fui a una ciudad, la verdad es que no me gustó mucho porque había muy poca naturaleza y era todo muy gris. Por primera vez, descubrí la contaminación, eso es lo peor que le puede pasar al medioambiente y a una gotita como yo, y por eso los habitantes que había en ella me parecieron raros (los seres humanos).
    Pero lo que más me fascinó de la naturaleza ¡fue el río Guadiana!, porque este río en una parte de su curso se mete bajo tierra y luego vuelve a salir al cabo de un trecho ¡era espectacular! Una vez me “comió” un pájaro, forme parte de él, fue increíble, era la primera vez que veía el interior de un ser vivo, aunque no tardé en salir de él a través del sudor ¡qué asco! Eso no me gustó porque estaba sucia, pero como volví a caer al mar me lavé (el pájaro era una gaviota).
    Lo más raro que vi en mi vida de gotita fue el ser humano, porque nos cogía del rio con unos tubos de metal para llevarnos a sus casas para que nos “comiera” más fácilmente, además de quitarnos sustancias y añadir cloro, pero eso no es lo peor, por su culpa nos contaminaba (ya lo expliqué anteriormente, pero lo vuelvo a repetir para que quede claro) con sus desperdicios (que los tiraba al rio) y por hacer eso, los animales se morían y yo me pregunto ¿por qué hace eso? porque a este paso quienes se mueran serán ellos. Bueno olvidando este tema, creo que la mejor parte de ser una gotita es que repites este viaje todo el rato y siempre aprendes cosas nuevas. Además, me di cuenta de que era súper importante, porque del agua surgió la vida y, sin mí, los seres vivos se morirían. Pero aquí no acaba mi historia, en realidad, empieza una y otra vez (arroyo, río, mar, lluvia o nieve o granizo, arroyo, río, mar y un largo etcétera).
    FIN

    Lamentos tardíos.

    Lamentos tardíos.

    -Solo unos días más de esfuerzo, de darlo todo, de no dormir y de seguir aunque el cuerpo diga basta, porque hace falta, porque soy así. -Dijo ella.

    -Nunca he comprendido a las que son como tú, si te sobre esfuerzas acabarás mal, descansa, te ayudará. -Le recomendaron.

    Pero, no le hizo caso. Ella nunca hace caso, es de esas personas insistentes que dicen que si entró tiene que salir y no ven que las condiciones cambian y que lo bueno, es malo a la vez. Esta constante situación, le condujo a un estado de obsesión, de hacerlo todo perfecto y tan rápido como fuera posible, perdiendo de vista sus objetivos y metas.

    Un día, algo cambió. Le costaba menos hacerlo todo, era más rápida y mejor de lo que nunca había sido: había mutado, era mejor que las demás, que notaban que era rara, diferente, pero no acababan de