MEMORIAS DE UN HALCÓN PEREGRINO

(29 de octubre de 1963, Fairbanks, Alaska)
Los primeros rayos de sol se empiezan a ver a través de los árboles de los bosques, donde he pasado cuatro meses. Echaré de menos esto, ya que me dirijo hacia unas ciudades sucias y ruidosas con muchos humanos. Salgo en busca de alguna presa que comer antes de partir, y tras algunos minutos encuentro un lagópodo indefenso y no dudo en lanzarme a por él.
Soy un halcón peregrino de cinco años que migra, como muchos de mi especie desde Alaska hasta Montana en invierno. Durante mucho tiempo fui el halcón más rápido y fuerte de la zona, y, aunque ahora más jóvenes me ganan, los halcones somos temidos por la mayoría de aves, ya que somos el ave más veloz. Algunos humanos dicen que podemos alcanzar los 300 km/h cuando caemos en picado hacia un pobre animal para matarlo.
Después de dejar sólo un manojo de huesos en el suelo, tras mirar por unos segundos mi “hogar”, salgo volando hacia el sur.
(31 de octubre de 1963, sureste de Alaska)
Llevo tres días de viaje pero mis fuerzas siguen intactas. Estoy pasando por encima de grandes bosques y encuentro a varias aves que recorren un camino muy similar pero una pareja de felices halcones me llama la atención y me entristezco enseguida. Aunque lo intento evitar mi mente empieza a recordar:
Fue hace algo menos de un año, yo era muy feliz viviendo con una preciosa halcón hembra que estaba conmigo desde años atrás y que se había convertido en una amiga inseparable. Un horrible día, mientras volábamos a punto de iniciar el traslado, ella empezaba a encontrarse mal, y, mientras yo había ido a estirar las alas, ella descansaba a la sombra de un huerto que nos servía muchas veces de reposo. Cuando volví, estaba muerta y, después de destrozar todos los cultivos de aquellos humanos me fui tan lejos como pude, pues enseguida me di cuenta que había sido por uno de esos pesticidas que usan en exceso para ahuyentar a los animales.
(1 de noviembre de 1963, Dawson City, Yukón)
He conseguido yo la presa por la que estábamos luchando pero ahora veo su sombra perfectamente en los campos de debajo. Está encima de mí y me persigue. Es un águila furiosa que me intenta arrebatar la comida y estoy a punto de rendirme. Cuando la voy a soltar algo me golpea en la espalda. Caigo como un peso muerto y me quedo malherido en el suelo.
Unas horas después algo me mueve y todo de repente se vuelve oscuro. No sé cuánto tiempo estoy así, pero más tarde me tocan, y me alumbran los ojos; entonces me doy cuenta. Son ellos. Humanos. Me inspeccionan, yo intento evitarlo, sin embargo, es imposible. Apenas han pasado unos segundos, me pinchan y me adormezco.
Cuando me despierto, estoy solo. Así paso varios días, en la oscuridad, y de vez en cuando me pinchan o me sacan de la jaula pero luego, todo es diferente. No tengo noción del tiempo. Poco a poco me voy sintiendo mejor hasta que un día dejan abierta la jaula donde me encontraba, y cundo salgo, me encuentro en un espacio abierto, que aunque no tiene nada que ver con el exterior, ya que una red cubre todo, es mil veces mejor que estar entre rejas.
Después de estar unos segundos en estado de shock, despliego las alas por primera vez en mucho tiempo e inspecciono el lugar. Hay varios árboles. Veo un pobre búho con una pata destrozada pero no peleo y me poso en un árbol. El lugar no está mal, aunque huele a humano. Al ver que han dejado carne cerca de mi bajo a comerla. Presiento que mi estancia aquí no será tan mala como pensaba.
(30 de noviembre de 1963, centro de protección de aves en Dawson city)
Llevo varios días aquí y se está muy cómodo. A veces un joven humano entra y se me queda mirando, pero en seguida se va.
Un día deja unos pedazos de conejo en el suelo frente algunos arbustos. Voy hacia ellos y de repente todo está negro. Estoy cubierto con algo e intento liberarme de sus extrañas garras sin resultado. Me meten en una caja y en unos minutos me abren la tapa. Al comprobar que estoy al aire libre decido irme, pero veo que llevan otra caja. Espero en un árbol y otro halcón sale disparado. Es una hembra.
(14 de octubre de 1964, Fairbanks, Alaska)
Estamos a punto de migrar. Estoy seguro de que mi nueva vida con ella va a ser fantástica.

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