UNIVERSO INFINITO

Las 6:00 am, suena el despertador, apenas he dormido. Toda la noche pensando en una hipótesis tras varias semanas trabajando en el Observatorio Internacional de Baleares con el telescopio más potente del planeta. Me ducho rápidamente para coger mi bicicleta de cinco piñones y subir hasta el monte más alto de Mallorca, 1595 m o 22 km. Cada día dedico el camino a pensar en las miles de galaxias, constelaciones y planetas que estudiamos. Los agujeros negros son los protagonistas, cada vez que alguien distingue uno nuevo se le premia gravando su nombre en una chapa que se cuelga en lo que llamamos la pared de lo desconocido. Me asaltan las dudas que estuve discutiendo con el director del observatorio. La subida está llena de paisajes rocosos con formas geológicas curiosas. A mitad del recorrido empiezan a aparecer esas cosas que a los geólogos les gustan tanto, los pliegues. Es precisamente al ver un pliegue lo que hace que la duda que no me deja dormir me asalte de nuevo ¿Por qué todas las galaxias son gigantes? Me bajo de la bicicleta para verlo mejor. A medida que me acerco es como si esa estructura formada hace millones de años se hiciera pequeña y pudiera ver su representación a diferentes escalas, cada vez más pequeña. Recuerdo entonces la teoría fractal de mi época de becario, muy físico-matemática, la invariancia al cambio de escala, es decir, algunos elementos naturales no varían su geometría con la diferencia de escala. Eso no se ha podido demostrar en elementos astronómicos como galaxias o constelaciones. La galaxia más pequeña conocida es 500 veces menor que la Vía Láctea y mil veces menos pesada. Se llama M60-UCD1, menudo nombre para una galaxia, yo lo pondría el de una guapa diosa griega. Sigo observando ese pliegue y veo un liquen sobre él. La percepción es la misma que con el pliegue; cuanto más me acerco veo la misma geometría, pero más pequeña, parece fractal. Eso es lo que me ha tenido despierto toda la noche: ¡por qué sólo buscamos galaxias gigantes! Pero claro, para buscar pequeñas necesitas un telescopio invertido o un microscopio gigante; pero si la idea es posible, ¿Cómo se lo explico a mi jefe? Pensará que estoy loco. Y si me creyera, ¿Qué microscopio puede observar elementos de ese tamaño? Llego por fin al observatorio sudando como si acabara una etapa del Tour de Francia. Siempre llevo colonia y una camiseta para pasar desapercibido, aunque nunca lo consigo. Al entrar veo mucha gente rodeando a alguien. No me acordaba, ¡hoy venía el físico más famoso del mundo.!. Alberto Estine, un crack en teorías como la relatividad, la mecánica cuántica o la relaciones espacio-tiempo universales. Por desgracia, mi colonia no causa el efecto deseado y al acercarme me mira y dice: buenos días joven; veo que llega tarde. Lo siento Dr. Estine me he entretenido observando un pliegue y un liquen, diferentes pero iguales. El Dr. contesta, interesante observación. Y ¿Qué has visto en elementos naturales tan diferentes que se parezca? Dr. ambos parecían invariables al cambio de escala y eso me lleva a otra duda que hace días tengo; en las grandes estructuras del universo ¿pasa lo mismo? El ilustrísimo científico se toca el bigote y dice: a ver joven, la velocidad de la luz es constante para cualquier observador, la cuestión es qué, cómo y con qué observamos. Si mi fórmula de la relatividad, que relaciona masa y energía, es cierta, solo nos hace falta lo contrario de lo que tenemos, un súper microscopio y creo que lo tenemos. Por cierto, no olvides que la gravedad ya no es una fuerza o acción a distancias, como afirmó Newton, es una consecuencia de la curvatura del espacio-tiempo. Yo estaba pálido y él siguió su discurso: en ciencia no debe asustar expresar una idea, todo lo contrario, está para que las ideas inunden nuestras mentes. Así que vamos a comprobar tu hipótesis. Llamó al director del laboratorio, que al pasar delante murmuró, no importa que hinches las ruedas, hoy te irás volando. El Dr. dijo, si invertimos las ópticas de forma que cambiamos el campo de luz tendremos el súper-microscopio, debería funcionar. Y así fue, en media hora estaba preparado. Ahora hay qué saber qué mirar dijo el Dr. Sugieres algo jovencito. Pensé unos segundos y dije: el espacio exterior, si se ve algo debería estar ahí como indican sus propias teorías. Bien pensado amigo mío. Dicho y hecho, estuvo mirando durante una hora, moviendo el gigante instrumento hasta que dijo “Eureka”, ahí está tu microgalaxia. Puedes ponerle un nombre, pero por favor, que no sea un código alfanumérico. ¿Tienes novia? No Dr. Pues piensa en una Diosa griega que ese será su nombre. Y de repente suena el despertador, las 6:00 am.
  • Visites: 24

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN