La probabilidad de éxito es minima

Hemos calculado las opciones estadísticas de completar satisfactoriamente nuestra misión y el desaliento ha cundido entre nosotros. Mientras escribimos estas letras, avanzamos a una velocidad indeterminada a simple vista. No tenemos puntos de referencia para saber si vamos muy rápido o muy despacio. Todo a nuestro alrededor es oscuro, sin principio ni final, sin brillo ni sombras. Absoluto, como el valor de nuestra carga. El objetivo que se nos encomendó es claro. Debemos alcanzar el estado de máxima probabilidad que nos permita cumplir satisfactoriamente nuestro propósito.

Venimos de un sistema extraño y complejo cuyo centro jamás hemos visto. Siempre en movimiento, siempre sin descanso, nos movemos en espacios orbitales, siguiendo trayectorias imposibles. Somos y no somos. En movimiento adquirimos nuestra razón de ser, pero la eterna pregunta asalta a nuestra compañía durante esta travesía. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón de este eterno peregrinaje en el aparente desierto exterior? Desde que tenemos memoria, siempre hemos debatido sobre la verdadera naturaleza del mundo a nuestro alrededor, y para muchos, el propósito de este viaje dará significado a nuestra esencia. Nos avisaron de que las reglas del tiempo no se cumplirían. Nos avisaron de la confusión, del cansancio. Nos dieron una cifra: once ordenes de magnitud. Una lista de once ceros que a duras penas recoge el significado de avanzar a través del espacio infinito.

Nuestros sistemas confirman que nos aproximamos al término. Avanzando en este vacío, por fin nos acercamos a C3H7NO. Cuanto más nos acercamos a este nuevo territorio, más imprecisas son las entradas en nuestros sistemas. Nos ha parecido observar una señal avanzando a altísima velocidad en nuestro límite de detección. A ratos se comporta como una onda, a ratos como un corpúsculo. Algo ha ocurrido en este rastro durante nuestra aproximación. Estamos aterrados. No sabemos si ha desaparecido, o si ha alcanzado nuestra misma posición. Todo este montón de chatarra parece ahora inútil. Las discusiones entre nosotros han sido largas y acaloradas. Nadie sabe lo que está ocurriendo. Nadie parece saber que aspecto tiene el destino de nuestra misión. Recibimos órdenes claras de incorporarnos a la trayectoria orbital de baja energía mas cercana. Este mensaje suscitó sorna entre nosotros. Nunca hemos visto un orbital y peor aún, no entendemos el concepto de baja energía. Solo sabemos que fuimos arrojados desde un extremo de nuestra realidad hacia el otro y que llegar hasta el final es de vital importancia para nuestra civilización. Con la imaginación por bandera, esperábamos un recibimiento apoteósico. Una puerta brillando por el reflejo de rayos C, una luz derramada desde una supernova en colisión. Esperábamos, tal vez, que con nuestra llegada se desplegaran majestuosos halos en nebulosa, que nos recibiera una infinidad de naves hermanas acogiéndonos como salvadores. Pero no ha sido nada parecido.

Algo ha cambiado, dentro y fuera de nosotros. La transformación pareció llegar cuando los sistemas de navegación nos confirmaron nuestra nueva posición, cuando el silencio y una vibración recorrieron toda la nave. Sutil al principio, poco a poco el aire se hizo más denso. Hemos conectado con esta nueva realidad con una familiaridad inesperada. Nos sentimos diferentes y parece que todo lo que ocurre, acciones y reacciones, tiene eco dentro de nosotros. Una cascada de sensaciones nos invade. Sabemos que formamos parte de algo más grande que está cambiando. Somos uno con todo lo que nos rodea. Ahora sabemos que Serina es el nombre de nuestro nuevo sistema y se nos revela poco a poco con toda su elegancia y magnifica belleza. Serina no está sola. Forma parte de una cadena de cientos de unidades de extraños nombres que se relacionan intercambiando naves como la nuestra. Una cadena que gira sobre si misma, permitiendo que cada unidad se relacione con sus semejantes. ¡Ojalá pudierais ver como miles de mensajes se entrecruzan en este espacio! Las respuestas a nuestras eternas preguntas estaban dentro de nosotros. Nunca estuvimos solos. Decenas de naves similares nos han acompañado hasta este nuevo hogar, llamado Fosfato. Nuestras dos realidades han venido a unirse como parte de un gran proceso llamado fosforilación. Al recibirnos, esta impresionante estructura llamada Proteína se ha transformado. Estos cambios han hecho girar monumentales espirales que se dirigen hacia el infinito y Proteína se encuentra ahora en estado activo. En un baile perfectamente coordinado, se unirá a otras como ella, transmitiendo señales que se expandirán hacia los limites conocidos de esta galaxia. Un flujo de señales que alimenta la vida.

Todo comenzó como un viaje imposible, recorriendo una distancia equivalente a la que separa la Tierra y el Sol. Una pequeña nave llamada electrón, parte de un átomo de oxigeno, desprendido y despedido desde una molécula de fosfato. Una reacción altamente improbable, en el más absoluto de los vacíos. Una misión hacia ninguna parte que ha cambiado el universo.
  • Visites: 3

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN