Terluna

Abrió su correo electrónico y leyó el asunto del nuevo email: “aire acondicionado”. El secretario del Centro de Investigación les comunicaba que el sistema de aire acondicionado del edificio ya estaba disponible. “Menos mal” pensó Alma. Los veranos en la Tierra eran cada vez más calurosos. Durante los meses de julio y agosto se alcanzaban los 50 ºC prácticamente todos los días.

En su laboratorio estaban trabajando en el desarrollo de una raza de ovejas que pudiese adaptarse a las condiciones de explotación ganadera de la Luna. La nueva raza de ovejas se llamaba Terluna. La apariencia era parecida a la del resto de ovejas, pero eran capaces de producir leche de muy buena calidad a partir de los pastos que crecían en los invernaderos lunares.

En su grupo trabajan modificando genéticamente a la raza de ovejas Assaf y los resultados hasta el momento eran muy prometedores.

El técnico del aire acondicionado llamó a la puerta del laboratorio y preguntó por su supervisora, pero Alma le aclaró que no se encontraba ese día en el Centro y que no tenían acceso a su despacho. De todas formas, debería comunicarse con ella pues su aparato de aire acondicionado era un modelo antiguo, del año 2150 y hacía un ruido extraño después de un rato funcionando.

Alma consultó la hora y decidió que era el momento de hacer su pausa para comer. Le comentó al operario que ella se iba a ausentar durante veinte minutos para salir a comer algo, el chico se quedó refunfuñando pues se quejaba de que tenía mucho trabajo que hacer y poca ayuda. Ella salió por la puerta e inició una videollamada para hablar con su madre y su abuela.

Las dos tenían una conversación animada...o más bien una discusión. En un vídeo que habían recibido de una de sus fincas en la Luna les había parecido ver dos puertas en lugar de una. Este hecho las había confundido pues la parcela se había cerrado hacía unos años y les habían dicho que les construían un cierre y una puerta. Sin embargo, en el video se veían claramente dos puertas. Su madre estaba tratando de hacer que su abuela recordase cómo era de grande la finca para dilucidar si el cierre que había hecho el gobernador lunar años atrás abarcaba solo su parcela o si se habían confundido y quizás habían construido el cierre alrededor de parcelas de otros propietarios.

- No me acuerdo...yo sé que mi finca era grande. Era la herencia de mi padre y era una buena parcela. De hecho, la idea era construir allí una vivienda después de la segunda Gran Pandemia y también poder cultivar- su abuela intentaba hacer memoria, pero había pasado demasiado tiempo desde la última vez que iba por allí.

- Pues tendremos que consultar el catastro lunar o ver las imágenes vía satélite y llamar al señor que está llevando allí a sus cabras a pastar...porque si está invadiendo la finca de un vecino podemos tener problemas. Sabes que estos temas me ponen muy nerviosa...

Las últimas palabras de su madre le recordaron a Alma el proyecto en el que estaban trabajando sus compañeros del labo de enfrente: una aplicación informática que permite que las obsesiones y problemas de los usuarios se transformen en relatos.

- Abuela, mamá, se me ha acabado la pausa para comer. Vuelvo al trabajo. En cuanto nuestras ovejas estén listas las podremos llevar a pastar a la finca de la abuela en la cara vista de la Luna. ¡Os quiero!
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