El sueño de Nova

Tres, dos, uno… Iniciando proceso de actualización.

Un espasmo eléctrico recorre el circuito implantado en mi bulbo raquídeo, dejando un ligero cosquilleo por todo mi cuerpo sintético. Una vez instalada la nueva versión del software que hemos diseñado, me desconecto del sistema, desenchufando el cableado de la parte anterior de mis orejas.

Desde que nuestros antepasados se vieron prácticamente abocados al exterminio, la vida en el planeta tierra ha cambiado mucho. En la actualidad, el año 4020, ya no conservamos nuestros cuerpos de nacimiento, si no que a la llegada a la madurez física, nuestro cerebro es traspasado a estructuras sintéticas con una avanzada nanotecnología, capaz de conectar la mente a su nuevo recipiente artificial, sin perder nuestra esencia humana, forjada en la personalidad y recuerdos. De este modo es como conseguimos poder salir a la superficie.

Para llegar a desarrollar completamente nuestras capacidades mentales hasta el trasplante, debemos pasar nuestros primeros años de vida en una burbuja, aislados de las radiaciones externas que quedaron remanentes después de la “Gran Guerra” hace 1.800 años.

La supervivencia se dio gracias a los búnkeres que recogieron diferentes especies vivas, así como su material genético, para posteriormente poder reproducirlas de nuevo bajo las nuevas condiciones. Pero esto es algo que aún no se ha conseguido y donde la esperanza ya se ha desvanecido.
Durante siglos, vivimos bajo tierra. Evidentemente, los refugios no estaban preparados para albergar la vida durante tanto tiempo, por lo que la robótica se convirtió en nuestra aliada y mientras buscábamos soluciones a como sobrevivir en un exterior que nos podía matar, desarrollamos ciborgs que pudieran salir a la superficie.

Lo que al principio fue una mera herramienta más, acabo convirtiéndose en nuestra propia evolución. Los primeros ciborgs eran algo rudimentario, con las funcionalidades básicas que ya existían en ese momento. Pero con el tiempo, pasaron de ser ordenadores con patas, a madurar, resolviendo problemas cada vez más complejos. Su programación era autoevolutiva y eso permitió avanzar en lo que antes nos parecía imposible. Gracias a su ayuda pudimos llegar a fabricar lo que hoy en día es la maquinaria de nuestro cuerpo.

- ¿Qué tal el chispazo hermanita? – me dice Nova dedicándome una sonrisa – ¿Les ha gustado a tus neuronas mi última idea?
- Puede que si… solo tengo que asimilar el concepto y, por supuesto, salir a probarlo – le devuelvo la sonrisa de medio lado y le guiño un ojo.

Nova, mi mano derecha, mi hermana. Que haría yo sin ella y sus ideas. Como buen ciborg es mi amiga más pragmática y lógica con una mente brillante. Pero ella tiene algo más allá que el resto, una profunda curiosidad de conocer el pasado de nuestro mundo para poder restaurar parte de la vida en el presente.

Ella conoce la historia a través de millones de datos almacenados en sus memorias. Pero siempre dice que necesita más que imágenes, números o letras, que los bosques se deberían de sentir, oler, palpar. Dice que esa sensación no se puede transmitir en datos logarítmicos y creo que tiene razón.

Salir al exterior ofrece una visión gris y cenicienta. Un paisaje de edificios ruinosos y desgastados por el paso del tiempo, se entremezclan con las torretas de cableado y antenas erigidas para el control de lo que pasaba fuera. Un sistema perfecto de obtención de información de todo tipo que va desde las alturas hasta el subsuelo de nuestro planeta.

Caminamos hasta el extrarradio de la antigua ciudad y nos dirigimos hacia una de las torres centrales para poder conectarnos al servidor de red que se extiende por todas partes.

Ambas nos miramos nerviosas y conectamos los neurotransmisores activando el software. Nuestras mentes, humana y robótica, empiezan a viajar al unisonó por la red de datos en el que tantas veces habíamos estado, pero con un nuevo fin...

De repente detectamos un flujo de información que nunca habíamos notado. Esto no proviene de la red habitual, si no de las subcapas del planeta, de un lugar donde es imposible la información porque nada hay allí…o eso se suponía.

Un cumulo de sensaciones se agolpan en mi cerebro sin poder determinar con claridad que son o de dónde vienen. Siento a Nova a mi lado exactamente igual. Lo que estamos experimentando no es solo una simple descarga de datos… es comunicación. ¡Comunicación en el subsuelo!

Todo lo que habíamos leído, en lo que se basaba el nuevo software era real y estaba allí. La comunicación entre materia viva en un planeta aparentemente muerto. Todo un entramado de diferentes microecosistemas existía bajo nuestros pies y ahora teníamos la capacidad de recibir su información. La esencia de nuestra vida pasada aún se mantenía latente, esperando a resurgir ante el comienzo de un nuevo futuro…
  • Visites: 82