Arnold

Estábamos solos entre la maleza, ocultos de la luz por el dosel arbóreo de la jungla. Absorbíamos los nutrientes de nuestra liana hospedadora, cuando una mosca se posó sobre nuestros pétalos, atraída por el olor a carne podrida y el calor. "Ven, pequeña. Lleva nuestro polen lejos de aquí". Pero el díptero no se quedó mucho tiempo, espantado por un temblor. Un segundo temblor siguió al primero, así como un tercero. El cuarto temblor agitó los helechos de las inmediaciones, y reveló a un hombre, que se acercaba con una mascarilla hacia nosotros. Se acuclilló, sacó unos guantes de su mochila, un rotulador permanente, una cámara de fotos, un cuchillo y una caja de plástico transparente de gran tamaño. Con su cámara empezó a hacernos fotografías. "¡Qué inoportuno!", pensamos. "Con lo que tardamos en hacer crecer nuestra preciosa flor y viene este hombre y nos espanta las moscas". Cuando acabó, guardó la cámara, se puso los guantes y con el cuchillo comenzó a hurgar en la liana. Sentimos cómo el vínculo que teníamos con nuestro huésped desaparecía, pero nuestra forma sésil no nos permitía tomar represalias. Ni siquiera podíamos utilizar nuestras toxinas por la mascarilla que llevaba. Nos metió en la caja de plástico, escribió algo en una etiqueta de la tapa y nos cubrió con una tela negra. Y así permanecimos, sintiendo los vaivenes de la caja mientras nos llevaba a saber quién donde. Nos metió en una estructura que vibraba y emitía calor. Al cabo de un buen tiempo, dejó de vibrar. El hombre nos sacó de ahí y destapó la caja.
Una criatura peluda de 4 patas se acercó a nosotros y comenzó a olfatear nuestra flor. Sentimos cómo nuestras esporas comenzaban a metérsele por el hocico y pensamos: "Quizá podamos aprovecharnos de esto". Nos introdujimos más y más profundo en sus vías respiratorias y llegamos al torrente sanguíneo. Unas células intentaron atraparnos, pero conseguimos escapar y atravesar la barrera hematoencefálica hacia el sistema nervioso. Y allí, por sí solas, nuestras esporas germinaron. Podíamos notar cómo nuevas ramificaciones de nuestra esencia se entrelazaban con los nervios del cánido. Si el hombre hubiera estado presente en la sala hubiera visto como su preciada mascota sucumbía ante nuestro control, ante el poder de la Rafflesia. Nuestras células reemplazaron las de nuestro nuevo huésped, pero manteniendo algo de su identidad animal. Por primera vez, podíamos movernos.
Esperamos pacientemente a que el hombre volviera al laboratorio, escondidos bajo una mesa enfrente de la caja de plástico. Los recuerdos del perro nos indicaban que ese ser tenía mucha más inteligencia que podíamos aprovechar para expandirnos. No tuvimos que esperar mucho, pues los aullidos del perro habían llamado mucho la atención. El hombre entró corriendo y comenzó a buscar por la habitación. Se detuvo en la caja de plástico donde antes estábamos, de espaldas a nosotros. Nos acercamos a él, se giró y saltamos sobre su cabeza. Liberamos nuevas esporas que recorrieron el mismo camino que en el perro. Una vez en el tejido nervioso, sentimos cómo su resistencia era superior, pero pudimos vencerla. Reemplazamos sus células con las nuestras y admiramos nuestro nuevo cuerpo. Cogimos nuestra flor original y nos guardamos otra vez en la caja. El perro seguía bajo nuestro control, pero el hombre todavía tenía algo de poder de decisión. "No pasa nada", pensamos. "Sus intereses se alinean bastante bien con nuestra causa". El hombre nos proporcionó incluso una mayor comprensión de la situación de nuestra especie. "¿Cómo se atreven esos hombres malvados a destruir nuestro hogar para poder plantar palmas?". Qué suerte que este científico quería estudiarnos o nunca habríamos sido conscientes de esta conspiración. Pero no podremos actuar si nos tratan como monstruos, tendremos que conseguir que la sociedad nos acepte, a nosotros, a Arnold, anteriores expertos en Rafflesia. Acabaremos con la deforestación de Indonesia y luego, con la del mundo entero. La humanidad va a entender la importancia de las plantas. Y si no podemos convencerlos con sus propios medios, se unirán a nosotros...
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