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El Viajero

Todo comenzó un 19 de abril, cuando empezaron a registrarse extraños mensajes a través de la Voyager 11. Los datos recibidos en el centro espacial de la NASA en Pasadena se analizaron por los mejores científicos de La Tierra. Eran realmente extraños. La sonda en aquel momento se encontraba a más de 1.600 años luz de la tierra, más allá de Orión, por lo cual la comunidad científica no alcanzaba a comprender cómo habían llegado esas lecturas aleatorias a través del espacio interestelar en un entorno de alta radiación.

El primero en desentrañar parte del misterio fue el prestigioso Doctor honoris causa en física teórica del Trinity College, el profesor Bastián Lalarge. Según su hipótesis se trataba de un mensaje repetitivo que parecía indicar un camino que conectaba otro mundo con nuestro planeta, una especie de autopista en el cielo, y así lo bautizó en una conferencia en Dublín.

Al cabo de unos días, diferentes científicos fueron aportando más datos al misterioso puzle de los mensajes inter espaciales. El segundo gran hallazgo saltó a la luz en la Universidad de Bolonia. Según los profesores Sizilia y Tran, todos los mensajes provenían del mismo lugar o, dicho de otra manera, tenía la misma firma; y por increíble que pudiera parecer, el nombre de los firmantes podría traducirse como Los Primeros Humanos.

Todo el mundo estalló en júbilo. El último siglo había azotado a la humanidad con terribles pandemias, desastres naturales e inexplicables guerras; de tal modo que podría afirmarse, que la esencia del ser humano estaba en entredicho, que la misma existencia humana parecía pender de un hilo, en definitiva, que los humanos sentían que sus días estaban contados.

Las fiestas y el jolgorio se sucedieron por todas las ciudades al interpretarse que la salvación estaba cerca; que alguien o algo, quién sabe quién, quién sabe qué, iba a sacarles del sumidero de heces en el que se habían metido. Los creyentes interpretaron que era el mismísimo Dios, cada uno el suyo, el que había escuchado sus plegarias; los no creyentes agradecieron a la ciencia la salida de aquel atolladero vital, y el resto, se conformaban con no morir antes de tiempo.

Lo que pasó los días sucesivos marcó trágicamente la historia de la humanidad. Hoy no es el momento de contarlo, basta decir, que el profesor emérito de la Universidad de Medellín, Don Martín Machuca, se estremeció cuando descifró la última comunicación proveniente de la Voyager 11. El texto decía lo siguiente: ABANDONAD LA TIERRA.
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