Gotita

De repente, la luz emerge. Un nuevo día comienza en la vida de Gotita. Su cuerpo, como hace mucho tiempo se desvanece y asciende. Se despide de su pasado para comenzar una nueva vida. Vuelve a ser vapor como lo fue, se reencuentra con sus padres. Gotita había echado en falta su antigua vida, y, aunque pensó en que tendría que volver en poco tiempo, se limitó a saludar a sus padres, H2 y O. Pasaron los días y se dio cuenta de que recobraba su forma líquida. Como había sido siempre, se dirigió a los senderos del cielo donde encontró a miles de pequeñas gotas como ella. Gotita se sintió feliz por un segundo antes de ver cómo dejaba cada vez más lejos a su familia.
En poco tiempo, ya había llegado a la gran plaza. Miles de pequeñas gotas venían de todas las direcciones. Gotita no dudó en acercarse a sus compañeros de viaje. Aunque sabía que pronto los dejaría, quería, al menos, sentirse acompañada durante su trayecto.
Pasada una semana, las gotas en la plaza, formaron una masa blanca, una nube. Esta nube creció y creció, pero en su vida abundaba la soledad que muchas de las gotas ya habían sentido en su trayecto. La nube, se vio en el reflejo de las aguas. Estaba tan sola y a la vez llena de tantas cosas que rompió a llorar.
Entonces, Gotita se dio cuenta de cómo caía al vacío. No sabía donde acabaría ni que la deparaba el futuro, solo podía continuar. Recordó su antigua vida en el mar, cómo recorría un río, como exploraba las profundidades de la tierra…
De repente, sintió como su pequeño cuerpo chocaba conta algo frío y duro. Todo a su alrededor era sólido, blanco y frío. Más tarde se dio cuenta de que había caído nada más y nada menos que en la cima de una montaña, una fría montaña. Gotita se dio cuenta de que poco a poco se congelaba y su cuerpo se volvía un pequeño granito de hielo. Pensó en todo lo que había vivido hasta entonces. Esto era algo nuevo para ella. No sabía que la sucedería.
Pasaron unos meses, lo que parecía que iba a durar poco ya se había vuelto algo más bien largo cuando gotita recuperaba su forma habitual. Gotita estaba triste. El frío solo acompañó al sentimiento de soledad que abundaba en ella. Echaba de menos su vida en el mar. De repente, empezaba a volverse líquida de nuevo. Su cuerpo volvía a formar una pequeña gota como otras. Se dio cuenta que todo a su alrededor era como ella. Todo lo que había pensado que era fijo, inerte era como ella. Todas esas gotas comenzaron a formar un pequeño riachuelo. Las gotas saltaban y continuaban su trayecto. Gotita se dio cuenta de que poco a poco iba descendiendo.
Pasaron algunos días, Gotita estaba feliz en el río hasta que se empezó a hundir. Se dio cuenta de que era tragada por la tierra. Esto ya la había pasado varias veces. No le gustaba. Gotita no podía saber si se quedaría bajo la superficie por algunas semanas o bien, durante años.
Por suerte para Gotita, en unos meses fue absorbida por un nogal. Gotita se sentía útil por una vez en su larga vida. Su cuerpo ascendía por unos finos tubos. Por ellos circulaban muchas otras cosas, cosa que a Gotita le gustaba. No le gustaba estar sola.
Sin embargo, en unos días Gotita empezó a salir por las hojas de este. Gotita pensaba que iba a volver al mar, pero se dio cuenta de que ya era algo más de la atmósfera y su ciclo iba a volver a comenzar.
Gotita ya no añoró su pasado en el mar ni a su familia, aprendió que los finales que podía tener su historia eran infinitos y siempre estaría acompañada tarde o temprano.
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