"La curiosidad mató a la humanidad"

Cómo empezar a hablar de un concepto tan complejo. Un sistema de conocimientos que a su vez, su significado se acompleja más cuando profundizamos en él. Esa palabra es ciencia. La manera por la cual el ser humano ha querido darle razones a todo lo que nos rodea. Al principio, fue un tabú, incluso castigado y ridiculizado, llegando hasta la muerte en las personas que la defendían. Pasaba el tiempo y eran más los que confiaban en los datos, lo físico, lo que se puede demostrar.
La ciencia no es algo nuevo. En la prehistoria no habían laboratorios, es verdad, tienes razón, pero sí existía esa curiosidad y ese comienzo del raciocinio humano, el despertar del deseo del saber, ¿por qué el sol se pone y vuelve a salir cada día?, ¿por qué si pongo esta semilla en la tierra sale una planta? Preguntas muy básicas que nuestros más alejados antepasados se preguntaban, pero ha sido la base para poder estar hablando hoy de si puede llegar a haber vida en otros planetas, entre otras muchas cosas.
El ser humano, destaca y se diferencia de los demás seres vivos por su capacidad de razonar y el interés por saber más, investigarlo todo, porque somos una especie muy curiosa. Con la ciencia hemos podido explicar incluso el funcionamiento de nuestro cuerpo, el de otros seres, nuestros orígenes, los de La Tierra, todo lo que está a nuestro alcance lo queremos saber. No obstante hay muchas cosas que no son a ciencia cierta, ya que son diferentes teorías que quedan en el aire, y es cuestión personal el creerse una u otra. El no poder explicar algo tal vez sea un fenómeno que nos inquieta, e incluso que nos puede llegar a causar estrés, miedo…, es el caso de algunas enfermedades que nos amenazan, ¿existirán ovnis?, ¿el cambio climático tal vez?
Hemos sido capaces de alcanzar metas incuestionables. En el siglo XII, nadie pensaba poder pisar la luna, ni poder curar ciertas enfermedades, ni descubrir elementos…
Quién sabe qué podremos llegar a ser capaces de hacer en un siglo, diez años, un milenio, el mes que viene, mañana…
Nos hemos otorgado el propio poder incluso de acabar con nosotros mismos. Comenzando con la Revolución Industrial. La avaricia de nuestra raza se tapó los ojos con billetes y no miró atrás ¿y si lo hubiese hecho?, no habría encontrado mucha diferencia tal vez, pero tampoco podía saber lo que le esperaba delante, ya que dos ojos tapados no pueden ver más allá. No se equivocaba la frase que decía “quiso jugar con fuego y se quemó”. Sí, tenemos el poder, y cada vez son más los que pueden llegar a él, pero si jugamos con una cosa tan peligrosa como somos nosotros mismos, recordemos que fuimos nosotros los que descubrimos el fuego.
Usemos nuestra capacidad para mejorar como comunidad en la que La Tierra, nuestra casa, en su conjunto pertenezca a ella. Exprimamos cada gota por saber lo que nos falta, que no es poco, pero sin dejar atrás ninguna vida. Usemos esta poderosa herramienta pero con cuidado, que más de uno quiso clavar un tacha y el martillo acabó en el dedo.
No hace falta tener probetas, tubos de ensayo, un mechero Bunsen, ni un microscopio para hacer ciencia. Todos podemos aportar cosas y no pienses que tu cerebro no es potente. Pregúntale a Alexander Fleming, ¿acaso pensaba él descubrir la penicilina? O Wilhelm Röntgen, con los rayos X, no pensaba ver su mano reflejada en aquella pared. Investiga, indaga, nunca sabrás si lo que hagas servirá para salvar miles de vidas, aunque seas torpe, puede que se te caigan elementos químicos al suelo y descubras una cura. ¿Por qué no?
Sin la curiosidad no sabríamos de la existencia ni de nuestro cerebro. Increíble, no saber que lo que te hace pensar, exista.
Pero aunque sea fuerte oírlo, puede que se le haya dado el arma perfecta a la especie equivocada. Este poder ha sido abrir un portal muy difícil de cerrar y como dijo Gloria Fuertes: “A la ciencia hay que temerla: por un lado te cura la tos y por el otro te manda un avión a tu pueblo y te tira una bomba nuclear”. Una fortaleza tan buena y mala a la vez.
Los dinosaurios no tuvieron ninguna culpa de su extinción. Sería totalmente penoso, que el humano sí fuera responsable de la suya. El hazmerreír del universo. Una especie que tiene la oportunidad de pensar, lo haga para destruirse y además sabiéndolo. Ahora me hago yo una pregunta, ¿sería capaz la ciencia de explicar este fenómeno?
Sabemos perfectamente que la curiosidad mató al gato. La excesiva inquietud es muy perjudicial decían. Pues hoy, yo espero, que la curiosidad no mate a la humanidad.
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