EL AMOR QUE SALVÓ A LA HUMANIDAD

De repente abrí los ojos y me encontré ahí. Podía percibir una claridad
difusa en lo que parecía ser una habitación, un color blanquecino cubría todo
mi espacio de visión. Poco a poco, esa imagen fue volviéndose más nítida y
pude darme cuenta entonces, de que era el color de la vestimenta que
portaban unos seres con mascarillas transparentes.
Sentía una gran debilidad y cierta angustia al verme rodeado de todos
aquellos artilugios de plástico que me impedían salir de la superficie de
cristal. Sin embargo, un golpe de suerte vino a cambiarlo todo. Uno de
aquellos seres hizo un gesto extraño y se dejó caer, con él arrastró al
recipiente que me cubría. Noté entonces una sensación desconocida, aunque
lo cierto es que, en aquel momento, todo era nuevo para mí. No comprendía
como había podido llegar hasta allí. Conseguí ubicarme en lo que parecía ser
el rostro de aquel ser que permanecía aún tumbado en el suelo y entré por un
orificio. De pronto me sentí cómodo en aquella superficie mojada, me desplacé
hasta llegar a unos óvalos ramificados que se hinchaban y deshinchaban
de forma repetitiva y planté allí mi habitáculo. Desde este lugar notaba un
zumbido rítmico y pude oír algunas voces llegadas desde fuera.
— JL no sé que me ha podido suceder, he sentido cierto vértigo que me ha hecho perder
el equilibrio y he golpeado, sin pretenderlo, el tubo de ensayo haciéndolo volcar.
—¿Te refieres al tubo de ensayo del virus que estamos
manipulando?
— Sí, y no sé como voy a comunicárselo a nuestros superiores.
Hablaban de mí, estaba seguro, pero en ese momento no fui consciente
de la repercusión que mi nueva guarida tendría para mi hospedador y para la
humanidad.
A medida que permanecía en aquel cuerpo, me iba dando cuenta de que
de su boca salía una tos extraña y notaba como su temperatura se elevaba.
Pronto sus estornudos y sus esputos fueron en aumento. Empecé a sentir
cierto pánico. Si aquellos movimientos convulsos aumentaban, podrían
expulsarme fuera y no sabía que suerte correría. Decidí salir de esta zona y
para ello, solo tuve que esperar a que alguien se acercara lo suficiente para
dar ese salto. Ello no tardó mucho en suceder y pronto volví a
instalarme en otro cuerpo. Sin embargo, poco tiempo después, la situación se
repetía y yo volvía a sentir la misma angustia y la necesidad de abandonar
aquel otro nuevo cuerpo. Pasaron varios meses así. No soy capaz de recordar
el numero de individuos que visité pero todos acababan, en mayor o menor
grado, sudorosos, fatigados y padeciendo altas temperaturas.
Un día aquella rutina se vio interrumpida, llevaba varios días en un ser que
parecía no verse afectado, cuando de pronto advertí un olor
semejante al de aquel lugar en el que había aparecido de forma fortuita muchos
meses antes. Se escuchaban ruidos de tubos y cierta crispación en los
movimientos. Decidí desplazarme hasta la boca de aquel ser y fue
entonces cuando ocurrió, pude divisar la imagen de una forma bellamente
extraña y perfecta. Estaba adherida a un envase circular transparente y parecía
estar inmóvil. Un deseo irrefrenable de acércame a ella me invadió, y una
intranquilidad se apoderó de mí; quería asegurarme de que tenía vida.
Mientras pensaba en la forma de saltar; de nuevo, voces se esparcieron por
aquella sala, en tanto que el ser en el que me hallaba se alejaba del lugar.
—Es la definitiva, estoy seguro, ella será la vacuna que salve a la
humanidad de esta pandemia—señalo el ser en el que me encontraba.
—¿Por qué estás tan seguro?—respondió su interlocutor.
—Ha actuado eficazmente en el último ensayo con células contagiadas.
Ahora que sé que soy positivo, lo probaré en mí mismo—añadió mi invitante.
—De acuerdo, tomaremos las medidas de seguridad necesarias y te
inocularemos el antivirus.
Nuevamente me nombraban, aquel ente de bata blanca hablaba
de introducirse algo que llamó “ vacuna” en su cuerpo con el único objetivo de
acabar conmigo, de destruirme. Se llamaba “vacuna”, aquella adorable forma
tenía un nombre.
Permanecí bloqueado y durante muchas horas, mis pensamientos
solo giraron alrededor de aquella imagen extraordinaria que me había
cautivado. En mí solo tenía cabida un único deseo: poder volver a verla y estar
junto a ella.
A la mañana siguiente no hubo ningún intento de huida por mi parte,
esperé inmóvil a que aquel ser en el que vivía se la inyectara. Finalmente llegó
el momento, pude sentir como ella se acercaba, fue entonces cuando la vi, su
presencia me deslumbró.
Para ella, la llegada no resultó ser un recorrido demasiado largo; pero para mí, se convirtió en algo eterno.
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