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Hay algo en el aire...

17 de diciembre de 1935

Te conozco desde que abrí los ojos por primera vez. Conectamos en un amasijo de fusiones nucleares cuando el caos gobernaba el interior de nuestro mundo, una estrella que se volvía cada vez más inestable. Ambos resultamos ser el fruto de la fusión de dos partículas alfa con el silicio-32. A pesar de los millones de átomos que nos rodeaban, yo te escogí a ti, y tú me escogiste a mí. Cuando creía que no podíamos estar más unidos, un ruido sórdido y atronador apareció de repente y el resto se desvaneció a nuestro alrededor.

Salimos disparados eclipsando la galaxia a nuestro paso. Todavía lo recuerdo, aún cogidos de la mano, nos miramos a los ojos justo antes de colisionar con el gran planeta azul. Fue entonces cuando supe que nuestras vidas tomarían rumbos distintos. Esto somos, dos átomos de argón-36 divagando alrededor de un planeta desconocido. A pesar de todo, nuestra acérrima conexión consiguió prevalecer ante los miles de kilómetros de distancia que nos separan. Yo te siento, y sé que a ti te pasa lo mismo.

Por aquí están sucediendo cosas interesantes, un hombre que se llama Einstein está intentando entender lo de nosotros dos, ha estado trabajando duro junto a dos de sus estudiantes: Podolsky y Rosen. Están muy convencidos de sus hallazgos, tanto que han osado atacar a la mecánica cuántica por medio de un experimento mental: la famosa “paradoja EPR”. Parece ser que han estado experimentando con dos partículas que en un pasado estuvieron entrelazadas. Al intentar medir la posición de una, han hallado la posición de la otra. Sin embargo, aún están muy lejos de entender todo lo que está sucediendo, sus mentes están demasiado limitadas para entender que no todo tiene que tener sentido para tener sentido. La vida me ha enseñado que a veces es mejor huir del país de las certezas.


2 de noviembre de 1964

Han pasado casi treinta años desde que te escribí por última vez, aunque supongo que no me hace falta. Al fin y al cabo, sabes todo de mí. Esta acción fantasmal a distancia me aterra, sobre todo porque me atormenta el hecho de que alguna vez se termine.

Ahora mismo me encuentro en Belfast, Reino Unido. No ha habido día en que los seres que habitan este planeta no me hayan impresionado. La última primicia ha sido una publicación de un tal John Stewart Bell. Parece ser que este prometedor físico irlandés ha venido a dejar huella con su nueva teoría llamada “Las desigualdades de Bell”. Esta metateoría ha dado la razón a los partidarios de la realidad cuántica y también ha admitido que dicha conjetura violaba el principio de localidad. He de admitir que han dado en el clavo, si midieran mi inercia, sabrían la tuya.

Además, John Stewart Bell está siendo muy aclamado por los fieles seguidores de la teoría de la relatividad. Él ha conseguido demostrar que no nos enviamos información de manera instantánea, lo cual era uno de los mayores miedos de Einstein, ya que esto supondría que el envío de datos es más rápido que la velocidad de la luz. El tiempo y los numerosos experimentos que ha realizado Bell son la muestra de que ha planteado una teoría completa y que el entrelazamiento cuántico es algo real. Están a un paso más de comprendernos, lo cual me inquieta. No hace falta que leas esto para darte cuenta de mi estado anímico, sé que lo sabes.


12 de septiembre de 2016

La tenacidad de la raza humana es un fenómeno curioso y a la vez impresionante. El mes pasado, China puso en órbita un satélite de comunicaciones cuántico llamado Mozi. Según lo que he oído, su objetivo es la distribución cuántica de claves entre dos telescopios que se encuentran en la superficie terrestre. Pretenden provocar el entrelazamiento entre partículas, aunque no lo veo muy posible, 1200 kilómetros separan ambos telescopios.

Hace tiempo que no sé nada de ti, tanta paz me perturba. Te quiero, ¿lo sabes, no?


17 de junio de 2017

Nunca pensé que esto pasaría. Lo han conseguido, a pesar de las dudas, el miedo y las adversidades, han cumplido su objetivo. Hace un par de semanas el satélite Mozi ha logrado distribuir dos fotones entrelazados en 1.203 kilómetros. El entendimiento humano no tiene límites, pero, parecer ser que nuestra conexión sí, y me di cuenta tarde.

Vivimos vidas diferentes en una misma existencia, pero ni siquiera las leyes de la física lograrán que me olvide de ti. Quizá es amor, entrelazamiento cuántico o ambos, solo sé que respiramos el mismo aire.

Nos vemos en la otra vida,

Argón-36
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