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Cena morada

Son pasadas las siete y media, estoy cansada y aún no he acabado todos mis deberes. Mi hermano pequeño Alex está descansando en su habitación y mamá acaba de llegar de trabajar, está agotada, se le nota en la cara, sin embargo aún debe hacer la cena, preparar nuestros bocadillos para mañana y lo más seguro, acabar algunos informes del trabajo.Y aunque tengo cosas que hacer, propongo que sea yo quien prepare la cena y los bocadillos para que así ella pueda descansar, aunque sea un rato. Ella accede y se va a descansar.
Cojo una olla y la lleno de agua, pero antes de encender el fuego busco en la despensa qué puedo cocinar, macarrones, espaguetis, patatas, algo de verdura… Y de repente recuerdo que mañana, a primera hora, debo presentarle a Margaret, mi profesora de química, el proyecto final sobre algún experimento, ni siquiera he empezado a prepararlo.
Unos nervios me recorren el cuerpo, me llevo una mano a la frente, no sé qué puedo hacer, y como no tengo tiempo, doy una muy rápida vuelta por casa, miro en un par de habitaciones, nada. Vuelvo a la cocina, aceptando que mañana suspenderé y, por como es Margaret, iré a recuperación seguro.
Cuando estoy dirigiéndome a la despensa para, ahora sí, escoger algo para cenar, oigo a Alex.
-Mamá ha dicho que vas a preparar la cena -grita desde la puerta-
-Sí, así es, pero no creas que va a ser un buffet libre -le contesté agotada-
-Ya lo sé. -resopla- Quería pedirte un favor.
-¿Qué quieres? -accedo-
-Por favor, no cocines verduras, ya como demasiadas en la escuela-me suplica con cara de pena-
-Tampoco es que tengamos muchas verduras, tenemos patatas, cebollas, lechugas, zanahorias y col lombarda -enumero-
-Bah -hace un sonido de desagrado- Todo menos col lombarda, ¿para qué sirve? Seguro que ni siquiera los físicos y los químicos, como tú, le pueden sacar provecho.
-¡Espera un momento! ¡Alex, me has dado una gran idea! -voy corriendo a la despensa-
-¿Ah, si? -pregunta extrañado-
-¡Sí, sí! Con col lombarda puedo hacer mil cosas -digo ilusionada-
-¡No, no! No la cocines, por favor, Anna. -me ruega gritando-
-No es para la cena, con la col lombarda puedo hacer un experimento para Margaret, ¡puedo hacer un indicador natural de pH!
-¿Pero qué estás diciendo? Ya dices cosas raras de química. Sabes, haz lo que quieras. -dice yéndose.
Justo entonces me pongo en marcha, cojo la col lombarda de la despensa y otra olla, esta más pequeña y empiezo a hervirla, hago lo mismo con los macarrones. Mientras tanto, corriendo, consigo los materiales para el experimento, que son: mi móvil, unos recipientes y un cuentagotas del kit de laboratorio que me regalaron estas navidades, sosa cáustica, amoníaco, salfuman, vinagre de limpieza y lejía.
Ya listos los macarrones los dejo en tres platos y pongo tomate encima. Ya puedo centrarme en el experimento. Apoyo el teléfono en la pared, enfoco para que se me vea la cara y los materiales de la encimera y empiezo a grabar.
“Buenos días, profesora Margaret, buenos días, compañeros y compañeras. Para mi proyecto de final de curso, de experimentos químicos, he decidido recrear un sencillo, pero muy interesante, experimento: crear un indicador casero de pH.
Así pues, he utilizado únicamente cosas que podríamos tener en casa: col lombarda, sosa cáustica, amoníaco y algunos otros que enseñaré después.
El proceso no tiene pérdida, primero cortan unos trozos de col lombarda y se ponen a hervir, hasta que el agua esté de un color violeta oscuro. Mientras, debes poner todos los materiales en recipientes y preparar un cuentagotas. Cuando la col lombarda se haya hervido, quédate únicamente con el líquido. ¿Lo veis?
Después, cuando tienes todo lo anterior listo, con el cuentagotas, dejas caer unas cuantas gotas, para segundos después ver esto, los materiales van cambiando de color; el salfuman y el vinagre de limpieza, o también llamado ácido ascético cambian a un color rosa. En cambio la sosa cáustica, cambia a un color amarillento y el amoníaco a verde. Y la lejía, el último material que he utilizado, queda de un color transparente. Esto significa que, tanto el salfuman, como el vinagre de limpieza y la sosa cáustica se encuentran en el lado de los ácidos, en cambio, el amoníaco y la lejía se encuentran justo en el centro de la escala de pH, demostrando que son neutrales.
Y hasta aquí este sencillo experimento. Todos y cada uno de vosotros lo puede hacer en casa, si un día está aburrido y se pregunta si algunos materiales son ácidos, neutros o bases.”

Gracias a ofrecerme para preparar la cena y la idea que me dio mi hermano, pude crear, en poco tiempo, un experimento interesante, que por cierto, a Margaret le encantó.
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