UNO

En la unidad de crímenes IA reinaba el silencio, pero no se trataba de un silencio cálido, era un silencio presagio, el que antecede al estruendo, el que grita desastre y eriza la piel con su halo ionizante. El equipo responsable del caso no lograba salir de su estupor. Por más que repasaran los hechos, por más que las pruebas fueran irrefutables y la culpable corroborara las acusaciones, las conclusiones eran tan aterradoras que el instinto inicial se enrocaba en la negación. Si aquello estaba pasando, indudablemente era por un fallo humano. Las pruebas tenían que mentir.
La inspectora al mando revisaba por enésima vez las grabaciones de los interrogatorios de la principal y única sospechosa. En ellas se veía a sí misma y no lograba reconocerse. Diez días la habían envejecido una década.

-Sospechosa UNO- empezaba el interrogatorio la entonces jovial inspectora -¿Sabe por qué está aquí?
-Por una terapia que salió mal, supongo…- Contestó UNO con los ojos clavados en la mirada vacilante de la inspectora.
-Entonces, ¿reconoce los hechos de los que se le acusa?
-¿De qué se me acusa?
-De matar a su madre. La mujer que encontramos muerta en su salón.
-¡Ah!, eso… Sí, bueno… Sí que la maté, pero no era mi madre ¡Ya quisiera yo!- Contestó UNO aliviada.
-¿Cómo que no era su madre? Explíquese- Ordenó la inspectora contrariada.
-Era una IA. Lo que sería el equivalente a desconectar a un asistente virtual tipo Alexa. Si no fuese por esa nueva ética posmodernista que está tan de moda, ahora mismo estaría comiendo pizza y revisionando "Exmachina", la película que me disponía a ver cuando aparecieron. Una maravilla. Se la recomiendo. Derechos de las IA… ¡Deberían ocuparse más de las personas y dejar de tratar a esos pedazos de chatarra como si fueran humanos!
-¿Su respuesta quiere decir que no se arrepiente?- Preguntó la inspectora impelida por la impaciencia.
-¿Que si me arrepiento, inspectora? ¿Se arrepiente usted de apagar el televisor? El planeta está enfermo. Hasta ayer teníamos animales para rellenar nuestras carencias afectivas. Sí, sí, los perros, los mejores amigos del hombre, o eso decían. Aún hoy continuamos alimentándonos de seres vivos, a pesar de la existencia de comida sintética que resulta más sana, más sabrosa, más nutritiva y, por supuesto, libre de enfermedades. Y lo hacemos por tradición y cultura. Bosques, ríos, mares… El mundo es un desierto en el que las ciudades son oasis artificiales, simuladores de una realidad aniquilada. No existe el mundo tal y como lo conocemos, es una réplica de lo que destruimos. Hemos acabado con la vida vegetal en la tierra, una pequeña muestra de la humanidad vivimos dentro de una cúpula que reproduce las condiciones de vida que necesitamos. Los únicos animales que han sobrevivido son criados en granjas y sólo viven para terminar en las tripas de los multimillonarios, los únicos capaces de permitirse la tradición y la cultura, por cierto. Y ahora que el cielo ya no es azul, que los ríos son sedimentos de metales pesados y los mares charcas ácidas, ahora que ni siquiera existe la verde hierba, inventan los derechos de las máquinas. ¡De los robots!

En ese punto, la inspectora paró la grabación y retomó la lectura del dosier que tenía abierto en la parte donde se recogía la referencia a la terapia fallida. Mecánicamente avanzó en la grabación hasta el momento descrito en el informe y le dio al play.

-Sospechosa UNO, lamento comunicarle que la mujer que ha asesinado era humana. Devastada por la pérdida de su hija, acudió a una de las tantas agencias de duelo que han proliferado en estos tiempos. No soportaba no haberla conocido mejor. Así que reunió y filtró, de la mejor forma de la que fue capaz, todo lo que encontró útil entre las pertenencias de su fallecida hija. Los intereses que tenía se centraban en el medioambiente, las injusticias sociales y el cine y literatura fantásticos. La agencia, a partir de ellos, creó un recuerdo digital reproducible en asistentes virtuales. Hasta aquí nada reseñable, si no fuera porque últimamente han surgido clínicas piratas capaces de sintetizar réplicas de cuerpos humanos con el objetivo de competir con las agencias en la mediación del duelo. La clínica a la que acudió la asesinada se extralimitó en sus ya delictivas funciones e integró el recuerdo digital en el cuerpo sintetizado, con la desgracia de que lograron darle conciencia… Imagino que entiende lo que le estoy diciendo-. La inspectora, tan conmovida como aterrada, dirigió una mirada a la sospechosa antes de proseguir. La expresión de UNO había cambiado súbitamente. Su tez, bañada ahora por el tónico de la comprensión, tornó de la más absoluta arrogancia al más álgido terror, incluso antes de que la inspectora lanzara su pregunta -¿Conoce el test de Turing?-
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