LA HISTORIA DE TU VIDA

Naces. Y no sabes muy bien para qué. Y eres. Podrías haber sido otro, u otra. Pero eres tú. Una milésima de segundo, más o menos, pudo ser la diferencia. De miles de millones de posibilidades, solo una eres tú. Esa combinación que te hace ser único, diferente a los demás. Y así eres porque está escrito en tus moléculas más grandes. Esas que heredas de padre y madre. Un solo cambio en ellas, un intercambio distinto, un reparto diferente….podrías no haber sido tú. Lo llaman genética.
Y así serás por el mismo motivo. Solo tú puedes darle el tono. Más que tú, el cómo tú. Tu entorno, tus decisiones, quizás las de los otros, matizarán, cambiarán, harán. Lo llaman epigenética.
Gritas, respiras, es tu primera vez. No sabes muy bien cómo, porque aún ni sabes que sabes, pero lo haces . Y luego lloras, buscas y miras. Aún no ves ,pero empiezan a formarse tus primeras imágenes, aquellas que, no obstante, no serás nunca capaz de recordar.
La hueles, puede ser que cerca hayan más como ella, pero es ella, la persona a la cual te sentirás unida por el resto de tu vida. Lo harás por unos lazos que no se ven, que no se tocan, pero que de alguna manera deben existir. Y tanto que existen. Algo tan pequeño como para no poder verlo, pero tan grande para que dure una vida entera. Lo llaman amor.
Y creces, el tamaño si importa, incluso el de tus células, que se dividen para multiplicarse. Son más, pero no mucho más grandes. Es una cuestión de superficie y volumen. Cada una distinta, con una forma que depende de su función. Y con una función que depende de una expresión. Todas son como un mismo libro, sin embargo, son distintos los capítulos que se leen en ellas. Lo llaman especialización.
Y observas, te cuestionas, quieres saber. Y pruebas. En ocasiones aciertas, otras muchas te equivocas y vuelves a probar. Así, hasta que encuentra una respuesta. Y aprendes. Algunas cosas, otras ya las sabías aunque no lo sabías, ni te habías planteado que las sabías. Lo llaman el método científico.
Y miras, hueles, tocas,percibes. Respondes, sin saber muy bien como, a eso que te hace reaccionar. Y eso te permite sobrevivir y seguir. Todo a través de contactos, algo físico o algo químico, a veces todo a la vez. No eres consciente, pero ese algo te permite avanzar. Conoces, percibes, sientes con otros como tú. A veces bueno, a veces indiferente, otras incluso malo. Algunos los llaman química.
Y desconectas, todos los días. Descanso merecido a la vez que desconocido. No sabes que pasa mientras lo haces, pero a veces es como si vivieras de nuevo. Otras veces vives lo que te gustaría haber vivido o lo que nunca has pasado o pasarás. Lo necesitas, si no lo haces , enfermas, te abstraes o te enfadas. Lo llaman sueño.
Y sigues creciendo, ya no tanto en tamaño, sí en conceptos. Y vuelves a experimentar, a probar. A veces incluso pruebas lo mismo, sabes que no funcionará pero algo te impulsa a hacerlo, y realmente no sabes el qué. Cada vez sabes más cosas, algunas las cantas y se quedan para toda la vida, otras no eres capaz de recordar por mucho que te empeñas. Conexiones caprichosas, o no, que dan forma a tus recuerdos. Esos que no sabes muy bien si son reales o si son como tu quieres que sean. Lo llaman memoria.
Ganas y pierdes. Nuevos de los tuyos llegan a tu vida para llenarla. Nuevos lazos invisibles que jamás pensabas que iban a ser tan fuertes, tanto como para dejar de priorizar lo tuyo frente a lo suyo. Tú ya no eres tú solo. Y algunos de los tuyos se van. Y sientes un inmenso vacío, un dolor que no se puede medir, no sabes si es físico o químico. Lo que sí sabes es que ya nunca volverás a ser igual. Lo llaman familia.
Y sigues aprendiendo,cambiando, por fuera y por dentro. Lo que antes disfrutabas, ahora te es indiferente. Lo que antes te aburría, ahora te reconforta. Lo que antes era importante, ahora ya no lo parece. Y viceversa. Tus gustos, preferencias, inquietudes van cambiando como tú. De la euforia a la calma. De las prisas al sosiego. Lo llaman madurez.
Tus moléculas marcan un ritmo cada vez más lentas. La máquina, casi perfecta se va desengrasando, las piezas se van deteriorando. Lo llaman envejecer. Y te haces mayor , pero es como si te volvieras niño. Dejas de caminar solo. De nuevo necesitas a alguien que te cuide, que te lleve de la mano. Hasta que un día respiras, tu última vez. La máquina se apaga. Mueres. Y no sabes muy bien por qué.

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