Y NEWTON RIÓ, PERO DESPUES...

─ ¿Maestro, para qué sirve la geometría? –
Os aseguro que esa pregunta no salió de mis labios. Nunca me hubiera atrevido a hacerla conociendo como conocía a Sir Isaac Newton, a quien, por cierto, iba dirigida.
En ese instante creí que el becario Sr. Whiston, protagonista del momento, había cavado su propia tumba.
La pregunta resonó en una clase vacía. Cuando Newton impartía sus conferencias eran tan pocos los que íbamos a escucharle, y menos aun los que le entendían que, a menudo, a falta de oyentes, hablaba para las paredes.
Preguntarle a Newton sobre el uso que podría proporcionar el estudio de la Geometría era realmente arriesgado, dado el carácter que tenía. Pero después de pensarlo mucho me pareció una pregunta valiente.
En aquel momento Newton era el intelectual más famoso de Inglaterra y, sin embargo, era el profesor menos carismático que hubiera pasado por Cambridge.
Aunque supuse que el becario que había hecho la pregunta, habría valorado la reacción del profesor, hice un gesto preparándome para la tormenta de insultos que iban a venir.
Sin embargo y a pesar de todo, la reacción que tuvo nos dejó sorprendidos a los dos únicos asistentes a la conferencia, el que preguntaba y yo.
Por unos segundos el Sr. Newton buscó con su mirada al discípulo que había hecho la pregunta y si como de un fantasma se tratara clavó sus pupilas en él para, a continuación, soltar una estruendosa carcajada.
El Sr. Whiston y yo nos miramos atónitos. De todas las respuestas posibles, esa era la única que jamás hubiéramos podido esperar.
Estuvo más de un minuto riendo. No acertamos a averiguar qué le podía hacer tanta gracia. Una vez que se calmó, se puso de nuevo serio y dijo:
─Pasando a responder a su pregunta, le podría contestar que yo descubrí la Geometría a través de Descartes y que en mis primeras investigaciones me ceñí únicamente a los problemas geométricos, como encontrar tangentes, curvaturas y áreas…
─Sr. Newton, con todo respeto, eso ya lo sé – le interrumpió el Sr. Whiston.
─Pues no. No es eso lo que voy a responderle. Yo descubrí la geometría cuando era un niño que gateaba y trataba de coger un objeto. La geometría solo tiene una definición y es “observación de la naturaleza”. Descubrí que los objetos, sea el que sea, tienen…
─ ¿Qué quiere decirme con eso? – volvió a interrumpirle.
─Pues que la geometría realmente es observación puesto que todo elemento es un cuerpo real, la geometría es la que lo considera desde el punto de vista de su extensión espacial. Una figura puede tener muchas formas al representar cortes del espacio.
─Si eso es como dice, permítame Sr. Newton, alegar que entonces la geometría choca frontalmente con la alquimia.
¡Vaya!, el becario tenía escondida una carta en la manga. Ya decía yo que la pregunta era demasiado simple. Se acabaron totalmente las sonrisas y las buenas maneras.
─Pero los temas esotéricos como la transmutación de los elementos, la piedra filosofal y el elixir de la vida nada tienen que ver con el mundo de la geometría, el mundo físico y tangible y además están prohibidos– continuó argumentando el becario, pero ya en un susurro.
─ ¿Sr. Whiston me está diciendo que hago algo ilegal? ¿es que me está censurando o trata de cuestionar mi trabajo? -
Efectivamente, fue como el acto de encender una mecha. El Sr. Newton ya no pudo más y estalló. Nunca permitía que se le intimidara. Tenía una convicción inquebrantable de que siempre estaba en lo correcto.
─ Señor, usted solo habla y parlotea de sus hallazgos y descubrimientos, pero no cuenta nunca en que se basa o que métodos utiliza. Describe sus experimentos de una manera complicada. Lógico es que pensemos que utiliza la alquimia-
─ ¡Vulgar ignorante!, la alquimia es una disciplina tan digna como la física. ¿Me está diciendo usted que Aristóteles estaba equivocado?
-O sea, que no niega que haga estudios esotéricos – soltó el becario ya sin argumentos.
─ ¡Zopenco! Cuando los idiotas como usted siguen creyendo en las fuerzas ocultas de la magia yo he demostrado que la gravedad es una fuerza universal. Por medio de las matemáticas he tomado la antigua noción de lo oculto sobre la existencia de fuerzas invisibles universales y he probado que son muy reales. – Newton tomó fuerzas para continuar.
─ ¡Necio, estúpido! La ignorancia de gente como usted es la que dá alas a las creencias en la magia supersticiosa. ¡Fuera, salga de mi vista!
Pero en lugar de salir, Whiston sabiendo muy bien lo que hacía, y llenándose de valor, se aproximó despacito a Sir Isaac Newton y le espetó:
─Señor, yo quiero aprender de usted. Por favor admítame como profesor adjunto.
Newton no volvió a reír nunca jamás, pero con el paso del tiempo lo aceptó como colaborador.
  • Visto: 40