Ciencia y arte

Desde la creación de nuestro planeta, la Tierra, los seres humanos hemos sido los primeros en entender el funcionamiento del mundo que nos rodea, desarrollando un sistema de aprendizaje tan extenso que es imposible que una sola persona conozca en su totalidad. Este sistema, separado en diferentes áreas, es lo que conocemos como ciencias, las cuales pueden centrarse tanto en la naturaleza en sí como en el funcionamiento de ésta. Pero hay dos ciencias que son más especiales que las demás, porque ¿de que sirve comprender el mundo que nos rodea si no sabemos nada de nosotros mismos?. Estas ciencias tan particulares son por un lado la psicología, ya que a pesar de que la biología sea capaz de explicar los procesos que ocurren en nuestro cuerpo, lo que le falta al cerebro o lo que le sobra, no puede explicar por qué ocurren estos cambios de un modo más eso, humano.
Por otro lado tenemos la filosofía, la cual podríamos decir que le da sentido a todas las demás ciencias, ya que trata de explicar el por qué somos como somos, los motivos de esta búsqueda interminable de conocimiento y, de paso, nuestro lugar en el universo.
Todo esto está muy bien, conocemos el mundo que nos rodea y de forma ambigua sabemos que hacemos en él, pero esto no es suficiente. Conocer está muy bien, nos facilita mucho la vida, pero si nosotros mismos no aportásemos nada nuevo a este enorme engranaje conocido como la realidad, nuestra existencia realmente carecería de sentido. Me refiero a algo propio, algo único que solo nosotros somos capaces de crear, ya que se basa en lo más profundo que nos caracteriza como humanos, las emociones. La manera en la que expresamos nuestros sentimientos y los transmitimos al mundo solo tiene un nombre, y ese es "Arte".

El arte es algo que creamos las personas, para personas, con la única finalidad de causar emociones en otras personas. Realmente el arte es lo único que podemos considerar completamente nuestro, ya que, al margen de la forma en que se manifieste, su esencia más pura es el concepto que transmite. La grandeza de una obra se puede basar en la capacidad de su autor para expresar lo que quiere expresar, que al presenciarla puedas decir o no como se sentía en ese momento, su alegría, sus miedos, sus inquietudes; pero en el extremo completamente opuesto también encontramos la ausencia de significado bastante atractiva, ya que la interpretación depende de cada uno, lo cual nos implica directamente a los espectadores, hace que seamos nosotros los que completemos la obra.

Los colores primarios y secundarios son algo conocido, los movimientos de las articulaciones también, incluso somos conscientes de algo inmaterial como que el sonido está compuesto por ondas, pero todo esto carece de significado. Es cuando hacemos estos medios nuestros, cuando les aportamos eso que solo nosotros podemos aportar, cuando los colores se convierten en pintura, los movimientos en danza y el sonido en música. Porque las cosas que existen sin más no tienen alma, no están tristes, contentas o enfadadas, es en el momento en el que reflejamos la nuestra en ellas cuando cobran sentido, les damos una razón de ser, y así pasan a ser algo completamente distinto.

Si no expresásemos nuestras emociones, la psicología no tendría ninguna base para estudiar el comportamiento, no seriamos capaces de ser quienes somos y las cuestiones existenciales que trata la filosofía acabarían consumiéndonos. No tendríamos un lugar claro en el mundo, y si por algún casual lo encontrásemos por otro camino que no sea el del arte, este seria muy aburrido.
Es por eso que gracias a los conocimientos que nos da la ciencia tenemos una gran variedad de métodos para entender quienes somos y hacia donde vamos, para expresarlo por medio del arte, y así de esta forma podernos considerar humanos.
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