Bastet, la ciudad soñada del millón de colores.

Íbamos por la carretera en un viejo coche que nos había prestado un vecino, habíamos salido de la capital hacía unas tres horas cuando llegamos a la primera aduana, nos bajamos y, conteniendo nuestra inquietud, nos acercamos al escáner de retina.

Era una máquina integrada en todas las paredes de los carriles de la aduana, desde hacía unos 10 años, el gobierno había iniciado el uso de estas máquinas, sustituyendolos por la guardia aduanera, con la llegada del Plan de Tecnologías Implementadas, mucha gente había perdido su trabajo, el gobierno alegaba que era por la seguridad y el bien de nuestro país -un discurso ciertamente autocrático puesto que era un plan de vigilancia y rastreo-, pero todo el mundo sabía que este plan se trataba de un programa de espionaje para vigilar a los ciudadanos.

Para esquivar este control llevábamos unos instrumentos de desactivación, alertarían de nuestra presencia a los 5 minutos pero no teníamos otra opción; los conectamos a la máquina y en segundos estaba frita, la barrera se desactivó y salimos lo más rápido que pudimos.

Huíamos mi hermano y yo, juntos habíamos desarrollado un colisionador, un mecanismo que colisionaba partículas como un acelerador, salvo que podía almacenar la energía de la colisión y ocupaba sólo el espacio de una maleta grande. Nos íbamos a hacer ricos con este invento, lo patentaríamos en el extranjero y nos haríamos de oro, porque todas las empresas y agencias gubernamentales nos lo comprarían, ¡era prácticamente energía ilimitada!

Sin embargo, el gobierno de nuestro país no tenía los mismos planes para nosotros, un día alguien entró en nuestra casa, creíamos que fue un suceso aislado, pero cuando al día siguiente nos llamaron a ir al ayuntamiento, y después de lo que nos contaron allí, supimos que no era tal.

Nos recibió un señor trajeado, que nos acompañó a una sala de juntas, y el primer error que hicimos fue que nos escanearan la retina allí, una vez dentro el señor puso un dispositivo encima de la mesa, nos explicó que sería este el que nos haría las preguntas, se trataba de una IA la cuál hacía el análisis de cuáles eran las preguntas más relevantes y nos las formulaba.
Nos preguntaron todo tipo de cosas sobre nuestro invento, y al final, cuando pensamos que sería nuestra primera venta, el señor trajeado nos indicó que nuestro invento sería embargado por el estado imperial y que entregasemos nuestros planos para que se iniciara una producción en masa de este, todo esto sin darnos ni un céntimo.

Cuando al día siguiente se dió cuenta de que habíamos huido, nuestros análisis de retina, voz y cara se publicaron en la lista de mayores buscados del país, convirtiéndonos en un objetivo a eliminar.

Pasamos el segundo control siguiendo el mismo procedimiento, pero con mucha más cautela porque si lo hacíamos mal, los servidores harían una predicción de nuestra hoja de ruta,avanzamos unos 200 km, cuando nos pararon en un control humano, parecían no haberse enterado de la alerta, con lo que tratamos de disimular, no parecían muy listos, con lo que, cuando les enseñamos el maletero y lo que había en las maletas, dijimos que era un trabajo escolar de nuestro hijo, y se lo creyeron. Cuando estábamos ya por salir, escuchamos brevemente que les habían dado el aviso, pero hicimos bien antes de salir afeitándonos y cortándonos el pelo, porque cuando nos miraron bien por segunda vez, no encontraron ningún parecido con nuestro antiguo rostro.

Después de unas 15 horas, llegamos a la frontera definitiva, en esta sí había gente, militares de los dos países comprobando los documentos de quien entrase y saliese, llegamos a nuestra última frontera. Era nuestra única esperanza, después de un rato, experimentaríamos la libertad...
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