Desconocido

Un olor a pureza y una pizca de lejía mezclado con otros productos químicos se sentían con fuerza. Mis ojos pesaban y el poder abrirlos se estaba convirtiendo en una ardua tarea. Notaba que mi cuerpo estaba tumbado sobre una superficie no muy cómoda pero tampoco dura en exceso. Poco a poco mis sentidos se volvían más agudos, empezaba a notar el tacto de la tela que había debajo mía, el sonido de líquidos fluyendo y burbujeando por algún lugar de la sala, el sabor de mi propia boca con un extraño regusto a metal, los olores intensificándose e incluso conseguir la capacidad de empezar a abrir los ojos. Mis párpados se levantaron ligeramente, solo podía ver un pequeño espacio pero este estaba siendo completamente bloqueado por una gran luz que se encontraba justo encima mía. Decidí esperar, quizás obtendría la capacidad de poder ver con claridad y de moverme con un poco de tiempo. Mientras opté por pensar en la situación en la que me encontraba, no recordé mucho, solo datos básicos: soy Christopher Otter, tengo 23 y nací en Oslo, Noruega. Esto me hizo darme cuenta de la baja temperatura que había en ese lugar, mi cuerpo reaccionó al frío, eso es un avance. Podía notar mi cuerpo más despierto a la vez que mi cerebro eso me llevó a preguntar: ¿Dónde me encuentro?
Minutos o quizás horas pasaron, puede que me quedara dormido durante ese tiempo, no lo sé, no se siente mucha diferencia entre estar dormido y despierto, pero después de todo ese tiempo lo conseguí, mi cuerpo se empezaba a mover y podía a empezar a observar todo con más claridad. No dudé un segundo. Me levanté despacio, pues aún me costaba trabajo y comencé a analizar donde me encontraba. Una sala bastante grande con paredes y techos blancos, estaba lleno de estanterías aquello parecía una mezcla de un laboratorio y una sala de hospital, una gran colección de vasos de precipitados con diferentes sustancias decoraban la habitación junto a tarros con etiquetas donde ponía el nombre de aquello que contenía. Pero había algo que llamaba mi atención, algo de lo que no me había dado cuenta y era de real importancia, estaba conectado a una sonda, como esas que te colocan cuando te ingresan en un hospital aparte de que estaban midiendo mis pulsaciones como si fuera un enfermo. Yo me sentía sano y sin ningún malestar, no tenía sentido, no recordaba nada relacionado, aunque en verdad no recordaba nada. Silencio, no en la habitación sino en mi mente, ya no sabía qué pensar. Ese silencio no duró mucho pues se escuchó un gran estruendo proveniente de fuera. Era un sonido parecido al de un humano chocando con un objeto metálico. Ví enfrente mío una puerta parecida a las de los quirófanos, grande y azul grisácea. Está se abrió rápido y con fuerza. Alguien se encontraba al otro lado. Parecía una persona de edad adulta con una bata blanca, este levantó la cabeza con las manos aún sujetando la puerta para que se mantuviera abierta y pronunció las palabras que hicieron que mi mente explotara en millones de recuerdos y datos.
"¡Lo hemos conseguido! ¡El sujeto ha revivido!"
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