Control

En mi casa, en mi salón, hay un HAH (Help At Home). A ver, yo creo que hoy en día mucha gente tiene asistente virtual en casa, pero el mío me da un poco de miedo.

Un día llegue a casa y allí estaba, en el mueble del salón justo al lado de la televisión. Mi abuela lo había visto en el telediario de Telecinco y como hablaban muy mal de él, pues lo compró. Ella siempre está acumulando. Es un poco compradora compulsiva y no solo compra para ella, cada vez que ve algo en oferta lo compra y cuando llega a casa y ve que ya tiene cinco, se lo da a alguien. Si en verdad es muy generosa.

Bueno, esta era su peor compra. Yo no lo entiendo porque un amigo tiene uno igual, y el suyo no les insulta.

Hemos llamado (bueno he casi obligado a mi abuela a llamar, porque dice que a ella no le molesta) a todo tipo de personas para que vengan a arreglarlo, pero a nadie parece conseguir ni siquiera ver el problema, el aparato disimula muy bien. Así que así seguimos, tiene el control de la casa.

Y para adentrarnos un poco en la situación que hay hoy por hoy en mi casa, digo que allá donde mires ahí está el HAH. Hasta en el lavabo, cuando me lavo los dientes. No sé cómo ni cuándo pero ese cacharro se ha apoderado hasta de la campana extractora.

El día que mi abuela lo trajo a casa lo traía en la bolsa de las verduras y yo creo que algo le afectó. Cuando entre estaba ahí pasmada, intentando programarlo, y sí que es verdad que ofrecía un “servicio completo” y a mi abuela le pareció una gran idea y dijo “aceptar” antes de que yo pudiera frenarla, o por lo menos analizar la situación. Y desde entonces ya nada funciona como debería. Entonces empezó a controlarlo todo, pero, no como debería.

El peor día fue cuando empecé a relatar sobre lo que pasaba con nuestro HAH en el ordenador de mi casa (este relato que ahora estás leyendo tú, pero ahora algo editado y escrito obviamente, en otro ordenador). Tenía el propósito de contactar con alguien que entendiera sobre este aparato, que alguien supiera lo que nos está pasando y nos ayudara. Pero está claro que no le gustó que escribiera sobre él. Al día siguiente fui a encender el ordenador y noté que la torre del ordenador estaba muy caliente. En cuanto pulse el botón de encendido sonó una pequeña explosión dentro de la torre y acto seguido el humo empezó a salir.
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