CALIFORNIO Y PLUTONIO

Me desperté y parecía un día cualquiera. Eran las siete de la mañana y llegaba tarde a la cita con mi novio, solíamos quedar a las siete y media en la cafetería de la esquina para pasar un rato juntos. Le avisé de que llegaría más tarde. Me iba a dar una ducha como todas las mañanas, para despejarme, pero nada más entrar noté como mi brazo, que se alargaba para coger el exfoliante, se quemaba. Noté ardor, que tenía fuego, que ardía. Decidí ir a la cafetería rápidamente para contarle lo sucedido. Cuando estábamos ya juntos le conté lo que me había pasado esa mañana. Él sugirió que podría tener alergia al agua, así que cogimos el coche y nos fuimos al médico. Me mandaron la alergología y me mojaron la mano para que dijera lo que notaba exactamente. Como dije antes, notaba ardor, que se quemaba. Intentaron extraerme sangre pero no encontraron venas en ninguna parte de mi cuerpo. Me llevaron a un laboratorio y nos sobornaron con faltas justificadas a cambio de que no contáramos nada de lo que me hicieran o viéramos. Me tumbaron en una camilla atada de manos y piernas y me hicieron algunas pruebas. Probaron cosas como mojarme clavarme agujas y muchas otras pruebas. Decidieron hacerme una cirugía, una rápida, para saber que había dentro de mí. Antes de hacerme la cirugía me preguntaron que qué había pasado el día anterior. Les dije que hice lo normal, ir al instituto y pasar la tarde con mi tía en el laboratorio. Les conté que me manché un poco con un líquido parecido a la lejía pero que contenía californio y plutonio, ellos asintieron y lo apuntaron. Después me intentaron poner anestesia pero mi cuerpo solo la asimilaba en los lugares en los que me la habían puesto. Comprobaron si mi corazón funcionaba, pero éste no latía, tampoco respiraba y ellos pensaron que algo me había matado, yo solo podía percibir el tacto, era de lo poco que parecía funcionar porque ni el gusto ni el olfato me proporcionaba información sobre mí alrededor. Tampoco era capaz de ingerir comida. Decidieron no hacerme cirugía ya que no salía rentable tanta anestesia, también probaron con rayos X. Después, me pasaron a una sala pequeña que tenía muchas máquinas y me pusieron una en el pecho. Cuando activaron la máquina, me caí. Me desmayé pero podía escuchar lo que decían. Había muerto. No sentía nada, ellos intentaron reanimarme pero no conseguían que reaccionase, definitivamente, estaba muerta. Mi cadáver pasó la noche en una habitación del hospital. Pasaron unos días y nadie reclamó mi cuerpo. Pusieron fecha para mi autopsia, estaba intrigada por saber que me estaba pasando y ya no tenía miedo, seguía escuchando absolutamente todo. Llegó el día, estaba muy nerviosa. Cuando, supongo que, abrieron el cuerpo los presentes gritaron. Algunos parecían horrorizados y otros asombrados. Yo no supe nada hasta que un hombre lo exclamó, dijo que yo era un robot. Me quedé impactada. DE algún modo, estaba viva pero no sabía cómo reaccionar. Después de todo esto, escuché otra conversación. Esta vez entre dos voces, una que conocía y otra que no me resultaba tan familiar, se trataba de mi novio y, suponía, de mi médico. Mi novio decía que no se deshicieran de mi cuerpo, que él estudiaría informática y robótica para que pudiera vivir, pero el médico negaba constantemente. Lo último que escuché fue a mi novio gritar y el sonido del agua. Eso es todo, esta es la historia de cómo me convertí en un robot.
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