Entre la oscuridad y la locura

Cuando tenía unos, el mundo no era tal y como lo conocemos hoy en día, a causa de una pandemia que llamábamos coronavirus. En el periodo de tiempo en que estuvimos en casa confinados incrementó el uso de las tecnologías. Lo que no sabíamos en ese momento bien, es lo que iba a suceder diez años más tarde. Estamos muy preocupados por una amenaza inminente de una tormenta solar. Ya se sabía que el sol estaba teniendo interacciones extrañas, recibíamos información a través de nuestras gafas virtuales, de marca Zerstein. Con ellas podíamos intercambiar información, ver contenido y conversar con la gente.

La preocupación ya comenzaba a ser desesperante, las noticias estaban a toda hora, la gente corriendo loca por las aceras y los coches a grandes velocidades, se veía perfectamente el nerviosismo. Yo mientras tanto ya sabía que iba a suceder algo así. Por eso mismo, ya había ido al supermercado y había comprado las suficientes raciones de comida en polvo. Mientras tanto, en casa disfrutaba acariciando a mis dos gatas, Luna y Nieve, que me daban la compañía que necesitaba y hacía que me sintiera mejor. Pero ya era tarde, así que me fui a dormir.

Esa noche la pasé fatal, con angustia y pesadillas a todas horas, pero en fin, ya era de día, entonces lo primero que hice fue revisar las noticias, pero nada nuevo. Desayuné, fregué los platos, me lavé los dientes e hice la cama. Cuando acabé la rutina salí de mi casa a dar una vuelta por mi vecindario. De pronto me paré en frente de un coche color granate y comencé a ver un extraño suceso en el cielo, eran unas ondas extrañas. Pensé que este fenómeno era espectacular a nivel visual. No sabría muy bien describirlo, pero era precioso. Era como una aurora boreal.

Poco a poco, en cada pantalla, en los bares, en los comercios y en las casas se fueron apagando las luces. De repente todo era oscuridad. Intenté usar mis gafas virtuales, pero no funcionaron. Había empezado el momento que llevábamos varias semanas esperando. A medida que nos íbamos quedando sin luz, la preocupación aumentaba. Esta vez había impactado la radiación electromagnética contra la superficie terrestre con toda su fuerza. Después de ver este extraño suceso decidí volver a casa, allí encendí unas velas para alumbrar. Ya había electricidad, esto era terrible, porque casi todos los aparatos la empleaban. Y así pasaron los días a oscuras. Mi comida iba agotándose, entonces decidí salir a comprar. Fui hacia el supermercado, pero cuando llegué estaba cerrado, entonces di media vuelta y volví a casa. Mientras tanto me preguntaba “¿la gente estará bien?. Y la respuesta era que no.
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