CUIDADOS Y VIGILADOS

Amanece, que no es poco, en una aldea del suroccidente asturiano. Es una mañana soleada de un frío día de noviembre. Hoy hace 60 años que están casados Carmen y Antonio. Han pasado juntos muchos momentos y no todos agradables, pero los han ido sorteando mal que bien. Tienen dos hijos: Jimena, que es ingeniera informática, y Juan, que es biotecnólogo.
Ahora, ya no son tan jóvenes y les cuesta mucho desenvolverse en la vida diaria. Carmen ha sufrido un ictus y necesita ayuda para realizar todas las actividades de la vida diaria. Antonio, desde hace años, está en silla de ruedas. Necesitan ayuda, pero sus hijos están lejos.
Una mañana, Jimena lee, en un artículo publicado en el Diario Nacional, cómo se hacen eco del uso que las empresas hacen de los robots para la contratación del personal. Esto hace que Jimena se comience a interesar por el tema y empiece a investigar sobre los usos que en la vida cotidiana podría suponer estos avances. Rápidamente, se informa del uso de la inteligencia artificial para el diagnóstico de cánceres como el de colon, en el reciclaje de residuos… Entonces piensa: ¿Por qué no utilizarla para solucionar el problema del cuidado de sus padres y crear algo?
Jimena llama a su hermano Juan y le cuenta su idea:
— ¿Cómo dices Jimena? ¡Tú flipas! ¿Sabes lo que me estás planteando? Eso va a ser un curro de la leche y, seguro, que al final para nada. Pero nada, tú mandas hermanita, por algo eres la mayor. Eso sí, luego no me llores ni digas que estás agobiada, que no te da tiempo a nada, que todo lo estás haciendo tú, que si yo me lo tomo con mucho relax….
— No exageres, que tampoco es para tanto. Entre todo lo que sabemos los dos, seguro que algo podremos conseguir y si no, no pasa nada, no tenemos nada que perder.

A la semana siguiente, ya estaban diseñando un prototipo de robot que cumpliera las expectativas que se habían marcado. El robot debía tener habilidades culinarias, de cuidado personal, agilidad y gran capacidad de movimiento, y tendría que poder cargar pesos de hasta 100 kg. Esto era debido a que sería necesario que cogiera a Antonio en brazos de la silla de ruedas y lo metiera en la cama. Igualmente, podría ser necesario en caso de que alguno de los dos cayera al suelo. Además de esto, tendría que ser capaz de mantener una conversación respecto a temas cotidianos del día a día, para hablar con Carmen, pero también debería tener información sobre Historia y Filosofía, ya que eran temas que, desde siempre, habían entusiasmado a Antonio, junto con la política, pero era preferible evitar este tema para no dar lugar a posibles discusiones (Antonio siempre quería tener la razón).
Lo primero que diseñaron fue un apósito con un sensor, que quedaría adherido a la superficie de la piel. A través de él, el robot detectaría los cambios en el estado de ánimo, déficit nutricionales, deshidratación, cifras elevadas de tensión arterial, disminución de los niveles de oxígeno en sangre, temperatura corporal elevada… Todo eso indicaría que algo podría estar yendo mal. Todos estos datos se redirigirían del robot a una aplicación que tendrían Jimena y Juan en sus móviles. De este modo, estarían informados en todo momento de los cambios que se iban produciendo.Al mismo tiempo, una cámara instalada en los ojos del robot permitiría ver y oír, en tiempo real, todo lo que estaba pasando en la casa.
El robot sería capaz de detectar la expresión facial, el tono de voz, los gestos, los movimientos de Carmen y Antonio y, gracias a un algoritmo introducido en la memoria del robot, este sabría qué hacer.
El sensor colocado en la superficie corporal de Carmen y Antonio iba a ser capaz de medir las alteraciones en el ritmo cardíaco y el aumento o disminución de sudoración. No solamente eso, sino que también estaría preparado para medir los niveles de dos hormonas: el cortisol y la oxitocina.
Podría, en cierta manera, controlar sus emociones y gestionar sus situaciones de estrés. Los niveles de cortisol elevados indicarían que algo les preocupaba, les producía miedo o inseguridad, y así evitarlo. Por el contrario, los niveles bajos de oxitocina indicarían necesidad de abrazos, risas…
Con esto, Jimena y Juan, estaban tratando de proteger a sus padres de uno de los principales males que la sociedad puede tener cuando se envejece: “la soledad”. Ellos, con la mejor de sus intenciones, querían que sus padres estuvieran acompañados y, al mismo tiempo, bien cuidados, garantizando que todas sus primeras necesidades estuvieran cubiertas, pero se olvidaban de algo indispensable: el cariño que las personas podemos dar a quien nos rodea y que, por mucho que la ciencia evolucione, difícilmente podrá conseguir.
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