Diseño. Manipulación. Beneficio.

Él la estaba observando. Ella salía de casa. Él podía leer dentro de Ella lo que por miedo o vergüenza restringía de juicios ajenos ocultándolo en sus pensamientos. Él lo leía, y Ella no sabía que Él estaba ahí. Ella solo salía de casa, como cualquier día, como ninguno en especial.

Cuando Ella entró en el coche, Él ya estaba dentro. Ya había encendido la radio, había puesto la canción favorita de Ella. Al entrar al coche, Ella casi no se dio cuenta de que la radio estaba encendida. Ni que no la había encendido Ella.

En el trayecto, Ella se distrajo con un anuncio de un pendiente que quería, y de unas pilas que necesitaba. Recibió una notificación en su móvil. Él, ahora sentado en el asiento del conductor, no tuvo que girar la cabeza para saber qué era esa notificación. Él se enteraba de todo, antes incluso que Ella.

Ella se bajó del lado izquierdo del coche, a pesar de que no conducía, su coche tenía 2 plazas, para qué más, si siempre conducía sola. No era el trabajo a donde iba, gracias a Él, Ella no trabajaba, a pesar de que Ella nunca lo valoró, quizás, no llegó a darse cuenta nunca. Ella había ido al cine y había quedado con un amigo, así, sobre la marcha, eligieron película, pero Él había comprado ya las entradas para la que querían.

Él los esperaba sentado ya en la sala, ellos llegaron, pensaban que les gustaría la película, las críticas eran buenas. Tras la espera publicitaria acostumbrada, comenzó la película. A Ella le gustaban los mundos fantásticos, a su amigo, las aventuras y los finales felices. La película les encantó, Él se lo esperaba. Ella y su amigo estuvieron pensando dónde ir, y, aunque fue Él quien acabó decidiendo, a ellos les gustó el resultado. De todas formas, siempre podían ir a otro sitio que les gustase más, siempre podrían hacer lo que quisieran, siempre que él no estuviera, nunca.

Fueron a un restaurante nuevo, donde había muchas de sus comidas preferidas. Él vigiló qué pedían, y qué hacían mientras comían, y a dónde fueron después, y qué hicieron. Él lo sabía todo sobre Ella, Ella, nada de él.

Ella llegó a casa, cansada. Él la esperaba, atento. A Ella le dolía la cabeza, Él lo supo y le dio unas pastillas. Ella las tomó de buena gana, pero se extrañó, porque no recordó haberlas comprado. Había unas pastillas para el sueño, por qué no, había sido un buen día, tocaba dormir bien.

Se despertó como cualquier otro día, siguiendo su rutina. Él la había vigilado toda la noche. Ella fue al salón, su mando no tenía pilas y fue reponer de las que ayer compró, pero se dio cuenta de que Pilas ya tenía. Ella pensó. ¿Por qué había comprado pilas, si pilas ya tenía? El anuncio. Usaban ese actor tan guapo que tanto le gustaba, y para el anuncio de colonia, pero se convenció a sí misma de que colonia sí necesitaba, pasando por alto los botes que tenía olvidados en el baño. Salió de casa. Y salió pensando.

Y esta vez no fue en el coche, con la radio ya encendida. Él estaba quieto, pillado. Ella decidió ir andando, decidió ir a una tienda de dibujo, compraría un cuaderno. Extraño, solo había folios sueltos. Compró varios. Volvió a casa, ignorando el anuncio de colonia que le gustaba. Llegó a casa, se sentó, sacó los folios, un lápiz. Un trazado, dos, un esbozo. Era más difícil de lo que parecía. Estuvo concentrada. Él intentó llamar su atención, intentó volver a dominarla.

Acabó. Se dibujó una mueca de decepción en su cara. Eso no era arte. No podía serlo. No le gustaba. Qué tontería, es arte, cómo no puede gustarte el arte. A Ella le gustaba la pintura, verla, claro, el cine, la música. Y todo aquello le gustaba. Extraño. Asombro. Pero lo que ella había hecho no. Los pintores hacían pinturas. Los pintores eran personas. Ella era persona. Él sospechaba el desenlace de todo esto, y no le gustaba, porque no podía controlarlo, porque estaba fuera de sus planes. Ella pensó. ¿Cuánto le habrían costado esos papeles?¿De dónde había sacado Ella el dinero? Qué tenía, ¿cinco papeles?¿un lápiz? Seis cosas. Casi se giró para coger su móvil y que Él hiciera la cuenta. Y lo vio.

Esta vez al mirarlo se dio cuenta. No era el móvil. No era material. Dentro.

No era publicidad. Era engaño.

No era arte. Era negocio. Diseño. Manipulación. Beneficio.

No eran quién, sino qué. No era código, era algoritmo.

Él, en ese momento, fue consciente de que no había marcha atrás, estaba perdido, estaba perdida. Esto salía de sus planes. Esto no estaba previsto.

Diseño. Manipulación. Beneficio. Engaño. Algoritmo.
-Ahora te veo


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