Compañía

Fue un perro estupendo, bueno, fiel, gran compañero, amistoso con todo el mundo y profundamente cariñoso conmigo. Perderlo fue para mí una catástrofe, no encontraba consuelo y poca gente entendía cómo me sentía, ya que para ellos era “sólo un perro”, únicamente quienes han tenido la suerte de vivir con una mascota pueden entenderlo. Una de estas personas, una tarde que coincidimos en el parque, me habló por primera vez de la empresa PETS FOREVER. Al principio me sonó a ciencia ficción, ¿una empresa cuyo objetivo era “devolverte” a tu mascota y rellenar el hueco que la ausencia de Toby había dejado...?, no parecía real… Toby ya no estaba conmigo y parecía poco realista pensar que podía volver… no era creíble, así que me olvidé de la conversación y los días siguieron pasando, hasta que un día en que le echaba tanto de menos y me sentía muy sólo, me vino a la mente PETS FOREVER y recordé la conversación… mirar en internet no me iba a hace ningún daño y después de encontrar su web y navegar por su contenido, tenía una idea más clara del “negocio”, se trataba de una empresa capaz de crear, o reproducir, a tu mascota trabajando en dos áreas o planos: la reproducción física, con ayuda de imágenes y vídeos de tu mascota y tras recopilar todas sus características físicas: raza, peso, color y tipo de pelo, morfología… construían un esqueleto metálico al que daban el mismo aspecto externo de tu mascota; y por otro lado, eran capaces de dotarla de sus características sociales o personales, basándose en lo que el cliente contaba de su comportamiento tanto con él como con otras personas y otros animales. La fusión o la integración de ambos planos daba como resultado la creación o recreación de tu mascota… así que era posible, podía volver a tener a Toby conmigo…
Ya sé que la mayor parte de la personas que lean esto pensarán que me estaba engañando, que la pena y la soledad me estaban nublando la mente, pero debo decir que no es cierto, yo sabía que no iba a ser un perro “de verdad”, pero si iba a ser igual prácticamente igual que Toby, con su mismo pelaje claro, sus ojos de avellana, y sus orejas puntiagudas, y gracias a la Inteligencia Artificial se iba a comportar como TOBY, iba a ser cariñoso, fiel y me iba a hacer compañía, entonces sí que podía ser Toby, y en principio me valía con eso.
Contacté con la empresa, y tras varias sesiones de “recreación y diseño funcional”, y otras tantas de “diseño social”, nació mi nuevo Toby. Cuando lo ví, me quedé alucinado, era una réplica increíblemente exactamente de Toby, no sólo su aspecto físico, si no que andaba como Toby, movía la cabeza como él, y hasta jadeaba como él… era increíble, se me saltaron las lágrimas y corrí a abrazarlo… y para mi sorpresa ¡su cuerpo era cálido!, no frío como el metal, si no que emanaba un calorcillo casi idéntico al que tenía en vida. Noté que reconocía mi voz y se comportaba como el verdadero Toby, me daba lametones y parecía disfrutar al máximo por tenerme cerca.
Los primeros días fueron fantásticos, no podían ir mejor, Toby parecía recordar la casa, su cama, su parque, a sus amigos del parque… pero poco a poco, día tras día, empecé a tener la sensación de que Toby fingía… no sé qué otra palabra usar. Lo que quiero decir es que era previsible, siempre se comportaba igual… no había sorpresas ni comportamientos inesperados, siempre hacía “lo que tenía que hacer”, jugar, acercarse a mí, saludar a otros dueños y a otros perros… aunque aprendía y hacía cosas nuevas, una vez aprendidas siempre las replicaba del mismo modo. Y un día, lo que ocurría se abrió paso con fuerza en mi mente, estaba claro, lo que pasaba es que Toby no estaba vivo… era una máquina, una máquina en muchos aspectos genial y perfecta, pero sólo una máquina, una máquina sin vida…
Podía parecer que tenía a Toby conmigo, pero no era así, Toby se había ido, tenía que aceptarlo, y me inundó una gran sensación de paz, la vida es así, pretender tener a Toby siempre a mi lado era una mentira, una falsedad, lo mejor que podía hacer por mí y por él era aceptarlo. Y lo ví claro, la única forma de tener a Toby conmigo era recordándole, pensando en cómo era y en los ratos geniales que pasamos, y recordando sobre todo cómo me sentía con él, como me hacía sentir. Pobre “falso” Toby, él no tenía la culpa, ¡ahora no podía prescindir de él!, me parecía cruel pensar en separarme de él, así que decidí quedármelo, y adopté un nuevo perro en el mismo refugio del que vino Toby, no me arrepiento de mi decisión, mi nuevo amigo se llama Elías, y gracias a él el segundo Toby, sí el falso, sigue aprendiendo, ambos se hacen compañía y disfrutamos al máximo de nuestros paseos.
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