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Más de 7320 Maravillas bajo Nuestro Cuidado

Rojo, verde, amarillo, naranja… Todos los colores escondidos en un vasto y vivaz arrecife que podría desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.
***
¡Hola, soy Nacho, un estudiante de la prestigiosa universidad de Harvard! He decidido apuntarme en el programa de intercambio para ir a estudiar biología marina por unos meses en el noreste de Australia, y por supuesto, también para bucear y admirar la Gran Barrera de Coral. ¡Cuántas ganas!
Tras el largo vuelo hasta allí, me instalé en Costa Azul, el mayor instituto australiano de ciencias marítimas, y me presenté motivadamente a los compañeros con los que estaría trabajando durante las próximas semanas.
Estaremos encantados de trabajar contigo - anunció uno de mis compañeros-. Ven, te presentaremos el lugar.
Después del tour, me informaron sobre el programa que estaban elaborando en la Gran Barrera de Coral.
¿Te apetecería ir mañana a bucear allí? Tenemos que coger unas muestras, y de paso podemos nadar un poco y enseñarte lo que sabemos.
¿A la Gran Barrera de Coral? ¿El organismo más grande del planeta? - contesté atónito.
¡No me lo podía creer! ¿Era este el momento que siempre había estado esperando? Sin dudarlo, acepté, y no tardó en llegar el siguiente día.
Me preparé rápidamente, evitando llegar tarde, me puse el traje de buceo y partimos en barco. Era la primera vez que me bañaría en las aguas del Pacífico.
No podía evitar imaginarme qué maravillas vería: robustas tortugas, corales espontáneos y vivaces, rayas pastinacas, peces payaso… Sería un sueño con los ojos abiertos.
Tres, dos, uno… Me sumergí con mis amigos bajo el manto salado, y no me podía creer el ambiente que se encontraba a mi alrededor: arrecifes destruidos, escombros coralinos fallecidos… Semejaba un cementerio marino: zonas sin peces, sin colores, sin vida.
Miré a mis compañeros confundido: ¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba el ambiente tan… apagado? Corales blancos y aguas traslúcidas. Nuestras miradas lo decían todo: era horrible y no podíamos dejarlo así.
Nos fuimos del alicaído y mísero paisaje, volvimos a Costa Azul y discutimos sobre lo visto:
¿Qué ha pasado? -indagué-. No hay peces y todo está cubierto de escombros.
Los estudiantes se miraron los unos a los otros, como si ya hubieran tenido esta conversación antes.
Creíamos que ya estaba solucionado, pero por lo visto no es así… - explicaba uno-. La temperatura de los mares está subiendo, la cual blanquea los corales en todos los océanos del mundo. Como los corales constituyen el hábitat natural de millones de peces, moluscos y crustáceos, si los corales son destruidos, estos serán afectados también.
Los animales que se alimentan de estos seres vivos no tendrán qué comer -siguió-, y muchas especies se extinguirán a causa de esto.
Vaya… No sabía que era tan grave - admití, cabizbajo.
Durante los últimos treinta años ha desaparecido la mitad de las especies de coral en el mundo. Los corales son los pulmones del ecosistema marino, no podemos perderlo.
Entonces, si no se hace nada para enfriar los océanos, el resto del coral del planeta podría desaparecer en pocos años.
Exacto, aunque seamos nosotros, los humanos, los responsables de esto, también somos los únicos que podemos solucionarlo. Al fin y al cabo, somos nosotros los que producimos C02 y causamos el efecto invernadero, lo que nos ha llevado al calentamiento global.

Sus palabras resonaron en mi interior durante los siguientes días. Tal vez era hora de cambiar: no solo de prometer, sino también de actuar. Y eso es lo que hice yo.
Una semana más tarde, les ofrecí una idea magnífica a mis compañeros, y logramos hacerla real en meses: creamos CAPM (Comunidad Australiana de Protección Marina), una organización medioambiental nacional de Australia. Nos esforzamos por tener un mundo en el cual prosperen los corales, los mares, las personas y la vida marina, para que finalmente se convierta en un mundo mejor. Hoy en día, la organización está más desarrollada que nunca, y estoy muy orgulloso de lo que hicimos para cambiar el mundo en uno mejor.

«A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.» Teresa de Calcuta.
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