Relatos

  • ADULTO

    ¡Eureka!

    ¡Eureka!

    Melian
    Todo científico anhela su epifanía, el denominado efecto eureka: un instante en que todo conecta y lo que parecía confuso y oscuro se convierte en algo obvio. Puede suceder en los sitios más insospechados, como le pasó a Arquímedes dándose un baño. Hoy en Noches con ciencia, entrevistaremos a la doctora Raquel Martínez, una arqueogenética que nos contará su eureka particular. Buenas noches, Raquel.

    Raquel
    Buenas noches. Muchas gracias por invitarme a vuestro programa Melian, me hacía mucha ilusión venir.

    M.
    Gracias a ti por aceptar nuestra propuesta. Explícanos un poco en qué consiste eso de ser arqueogenética.

    R.
    Los arqueogenéticos estudiamos los restos genéticos de la antigüedad, descifrando los posibles mensajes y datos que nuestros antepasados han podido dejar almacenados en los mismos.

    M.
    ¿Y cómo se empezó a utilizar material genético para almacenar información?

    R.
    Hay dos posibles respuestas a la pregunta que me haces. La primera, considerada en algunos círculos científicos como una leyenda urbana, es que los primeros en utilizar material genético para pasarse mensajes fueron los espías. El espía rociaba un papel de periódico o un papel cualquiera con agua que contenía el ADN con el mensaje, después lo dejaba en el sitio acordado con su contacto para ser luego descifrado en el laboratorio. La segunda versión que encontraremos en cualquier libro de historia es que, tras los ataques masivos a sistemas informáticos a mediados del siglo XXI, los científicos de aquella época dirigieron su mirada a la naturaleza buscando formas de almacenar datos a prueba de estos ataques.

    M.
    Me encantan las historias de espías ¿qué ocurría si el mensaje era interceptado por la agencia enemiga?

    R.
    Nada, ya que no necesitas solamente el mensaje, también el código genético utilizado para poder descifrarlo.

    M.
    ¿Qué es el código genético?

    R.
    Imagínate que el ADN es un collar de cuentas. Estas cuentas serían de cuatro tipos diferentes llamados nucleótidos: la adenina o A, la timina o T, la citosina o C y la guanina o G. Pues bien, estas letras se van agrupando en grupos de tres, cada tres letras tenemos codificado un aminoácido. A su vez, los aminoácidos serían las cuentas que forman las cadenas de proteínas que componen nuestro organismo. El código genético consiste en saber cual es el aminoácido en que se traduce cada grupo de tres nucleótidos. Por ejemplo, ATG sería traducido al aminoácido metionina. Los aminoácidos también se simplifican con letras, de tal manera que metionina es M. ¿Ves a lo que me refiero? Si vamos juntando las letras de los aminoácidos podemos escribir un mensaje.

    M.
    Ya lo entiendo. ¿Y los científicos del siglo XXI utilizaban todos el mismo código?

    R.
    Ojalá lo hubieran hecho porque nos hubieran facilitado mucho el trabajo a los arqueogenéticos del futuro. El código genético que usan nuestras células es limitado y fueron necesarios códigos más complejos para almacenar datos numéricos, signos especiales, etc. Y también, al igual que los espías, para almacenar datos sensibles que habían quedado expuestos tras los ataques a los servidores. Los arqueogenéticos primero secuenciamos el ADN encontrado, y el trabajo duro comienza después identificando el código que se ha utilizado.

    M.
    Imagino que habrá cientos de códigos.

    R.
    Miles, pero con la ayuda de las inteligencias artificiales se reduce bastante la carga de trabajo.

    M.
    Perdóname Raquel que a veces me ando por las ramas. Ha llegado el momento de que nos cuentes en qué consistió tu momento eureka.

    R.
    Pues precisamente fue con un código de los que te he estado hablando. Yo estaba en el laboratorio peleándome con unas muestras de código desconocido etiquetadas como NSBEET. Decidí parar un rato a tomar un café y me puse a escuchar un podcast en el que se explicaba en qué consistía la epigenética, las modificaciones que sufre el ADN para indicar a las células si una proteína se debe expresar, en qué cantidad, etc. Como si pintásemos o hiciéramos una muesca a las cuentas de nuestro collar. En el podcast utilizaban la metáfora de que el ADN es una partitura y la epigenética es la forma de interpretarla. En ese momento no grité eureka. Grité la novena sinfonía de Beethoven, tirando todo el café por la mesa. Cuando volví al laboratorio y pedí a la inteligencia artificial que emparejara la muestra con la partitura, no tuve ninguna duda de que el resultado sería el código ansiado. La muestra NSBEET se convirtió en nuestra piedra Roseta, con la que pudimos descifrar muchos otros mensajes sin identificar hasta la fecha que resultaron ser obras musicales.

    M.
    Muchísimas gracias, Raquel, por compartir tu historia con nosotros. Quién sabe si algún día un oyente encontrará el material y el código que esconden la información de La Mona Lisa.

    ¡HAGÁMOSLO YA!

    ¡HAGÁMOSLO YA!

    Martes 24 de marzo del 2020; Camila despertó a las 7:00 am como todos los días. Tomó su rutina de baño de quince minutos con un poco de música local. Preparó su desayuno y alistó un pequeño aperitivo para después:
    - Camila, a partir de hoy, en todo el país, comenzamos un periodo de “cuarentena” indefinido. La situación es grave y debemos cuidarnos en casa. Mantente al tanto de tu correo. –
    Lo que Camila y sus colegas temían, meses atrás, se estaba cumpliendo. Se hablaba de un virus extraño, poco conocido, gente enfermando de gravedad en todo el mundo y mucha incertidumbre acerca de cómo se adquiría. Todo se temía y poco se sabía. ¡Todo un escenario apto para las mejores películas apocalípticas!
    - ¿Qué sucede en realidad? ¿Mi familia estará a salvo, podré verlos? ¡Necesito ir al supermercado y prepararme! ¡Mis amigos!, ¿estarán bien? –
    Miles de preguntas abordaron la cabeza de Camila, aunque las noticias resonaban meses atrás, todo parecía muy lejano; y de pronto, Camila se encontraba en casa, con dudas, miedo y al parecer muchas actividades que de pronto se habían convertido en urgentes.
    - ¡Bien, necesito aterrizar mis ideas! ¡Respira y piensa, Camila!
    Pensó mientras se recostaba en el sofá. Cerró los ojos por un instante y de pronto a lo lejos escuchó una voz:
    - ¡Camila! ¡Camila! ¡Ya revisaste tu correo, recibimos el financiamiento; tenemos todo para avanzar, ¡Debemos apresurarnos! Si los presentamos a finales de esta semana, podremos comenzar con los ensayos clínicos.
    Abrió los ojos mientras mantenía una expresión de confusión en su mirada. No entendía bien lo que sucedía. Miro a su alrededor y el lugar no se parecía para nada a su casa. Varios cuartos alrededor, personas con batas largas y blancas sentadas. Un microscopio de fondo, o al menos, eso parecía. De pronto, Camila bajo la mirada y en el dispositivo sobre su mesa, estaba el correo:
    - Dra. Camila:
    Sabemos que su tecnología es nueva, podría tener riesgos que necesitamos medir rápidamente, antes de que esto nos rebase. Confiamos en usted y en su equipo. –
    Entre más observaba a su alrededor, más extraña se sentía; y a la vez, un impulso le decía que se levantara de esa silla y “luchara”. El mundo me necesita, pensó. En sus manos sostenía un documento, el título parecía extraño; pero de pronto, el título le pareció familiar y comenzó a leerlo mientras en su cabeza todo se traducía como:
    - Entonces, mi equipo y yo hemos diseñado un pequeño soldado que podrá combatir a este enemigo intrépido que acecha al mundo hoy. Este soldado no lo atacará de forma directa. ¿Y entonces? ¡Claro, sólo le dejará el aviso! como en el banco, si dejas una foto de un ladrón sospechoso, la próxima ocasión que lo veas entrar; podrás alertar a la policía y ellos llegarán para ayudarte. Este pequeño soldado es la copia en papel de la foto del “ladrón”, para que cuando sea necesario la “policía” del cuerpo lo arreste. -
    Camila se emocionó, de pronto, en tan sólo cinco minutos su mundo había regresado a la normalidad. Aquello que parecía que cambiaría su vida para siempre, tenia solución y ella la cargaba en sus manos. La explicación, los resultados de cómo esa simple copia de la foto del enemigo desplegaba a miles de policías en el cuerpo y cómo se mantenían vigilando varios meses para evitar que el ladrón entrara de nuevo; todo, estaba ahí.
    - ¡¿Cuál es el problema?! ¡Hagamos las pruebas ya! ¡Qué estamos esperando!
    Exclamó con mucha emoción mientras se levantaba de su silla. Todos en aquel laboratorio la miraron, con risas entre dientes y aplaudiendo.
    - Doctora, ¿le pusieron la vacuna ayer, cierto? Le dijimos que descansara el día de hoy. La pérdida de la noción del tiempo es un síntoma muy extraño; pero ya vemos que muy real. –
    Todos se rieron. Camila se sintió extraña de nuevo. Apenas se levantó de la silla y todo era diferente, otra vez. Bajó la mirada y en la fecha del calendario marcaba: 23 de marzo del 2021.
    - ¡¿Qué?! ¡¿Cómo que ya pasó un año?! ¡No entiendo nada!
    Pensó Camila, mientras se sentaba de nuevo. Se sintió extrañada, confundida; pero muy aliviada mientras exhalaba con tranquilidad. Como si todo estuviera bien.
    - Todo regresara a ser como era antes, pronto todos estarán protegidos y cuando por fin despiertes, Camila, el mundo seguirá justo como lo dejaste aquel día en tu sofá; mientras este virus te quitaba el aliento-
    Ahí, Camila entendió que todo había sido un sueño, pero también realidad. Estaba ansiosa por abrir los ojos de nuevo, respirar por acción innata de sus pulmones de nuevo y no sólo escuchar las noticas a través de la radio y de los demás. También poder verlo, vivirlo, otra vez.

    ¿Alto rendimiento o alta presión?

    ¿Alto rendimiento o alta presión?

    ¡Por fin! Ya están listas las muestras. Vaya semanita. ¡Hale! Apago y me voy. Ay, ¡qué oscuro está! Se ha hecho tarde otra vez. Bueno, por lo menos es viernes y está el fin de semana por delante. Para acabar el artículo. ¡Los resultados de esta semana nos aportan tanto! Y quedaré con éstas a tomar el vermut. Si se puede. ¿Cómo están las restricciones? Ays, me he vuelto a dejar encendida la luz del inyector. Pero, ¿qué es ese ‘drop’, ‘drop’? ¡Me cagüen! ¡Una fuga! ¿Ahora? ¿En serio? ¡No es el mejor momento! A ver. No veo. ¿Por qué están tan lejos los interruptores de la luz? Ahora. ¡Maldito viejo HPLC*! No hay presión en el sistema…obviamente. A ver. ¡Ajá! la gota se escapa por esta unión. No habremos apretado lo suficiente. ¿Cuánto queda para Agosto? ¡Qué ganas de estar tirada en la playa! ¿O mejor a la montaña? Así a lo mejor no me quemo esta piel tan fría. Bueno, parece que ya no pierde. La presión está subiendo. ¡Ojalá todas las fugas se solucionaran así de fácil!¡Las diez! ¡¿Por qué me dedico a esto?!

    * HPLC: High-performance liquid chromatography (antes conocida como High-pressure liquid chromatography).

    ¿Entonces no existe la magia?

    ¿Entonces no existe la magia?

    ¿Entonces no existe la magia? ¿Por eso no puedo volar? Pero es que mamá, tiene que haber, no podemos estar solo así en un mundo tan aburrido ¿o sí?
    Aunque en retrospectiva me parece obvio, en un principio no pude comprender la razón por la cual mi abuela ignoró en su totalidad ésta gran inquietud naciente. Era un día de pájaros cantores, viento cosquilloso y abrazos de Sol; antes de la gran pregunta paseábamos bajo las jacarandas camino a casa tomadas de la mano mientras hablábamos de los seres y cosas voladoras de este mundo, al dar por finalizado el tema y como conclusión, mi pequeña-yo del kínder enunció con aires de sabionda “Pero ningún humano puede volar”, mi abuela repitió sonriente “Ningún humano puede volar” a lo que repliqué de manera inmediata “Sólo yo”. Mi abuela volteó con sus grandes ojos pardos abiertos de par en par “¡Ay, mi chiquita! No digas eso, es peligroso. Hay maneras de hacerlo, pero tú, como todo ser humano, no puede volar”.
    “Oh, vamos, claro que puedo, mamá. En el mundo hay magia y uno de mis poderes es volar”. Después de un rato de largas explicaciones y de que mi abuela ignorara el asunto de la magia, acepté mi naturaleza no-voladora y de paso el mundo aburridísimo donde vivía: sin hadas, sirenas, ni conejos saliendo de sombreros; sin unicornios, teletransportación o poderes especiales. Sólo un mundo estático donde el pasto era pasto, el tiempo era tiempo y yo era una niña que no podía volar, pero qué gris.
    Después de un par de días en mi habitación, mi tío favorito llegó a casa con los lentes más grandes, fabulosos y extravagantes que había visto jamás. Nunca antes los había notado, parecía que al usarlo veía cosas maravillosas, corrí a donde estaba y se los pedí impaciente, él me respondió entre risas: “¡Ah, caray! Pero si no te puedo dar estos lentes, son míos”, le lancé una mirada incrédula, él siempre era bueno con todos, antes de decirle cualquier cosa, prosiguió: “Estos son especiales, los construyen los propietarios con la mente, por eso no te los puedo dar. Lo que puedo hacer, es ayudarte a construir los tuyos”, en ese momento recobré un poco la chispa que creía perdida días anteriores y claro que acepté la oferta, emocionada.
    “Va, entonces dime ¿qué te emociona sobre el mundo?” yo arrugué la nariz “Me parece que nada, todo está quieto, todo ya está así como… ya ahí nada más, tal vez las estrellas, esas me gustan mucho”. Después de una breve pausa, él fue a la ventana y señaló el cielo.
    “Se expande”
    Me explicó que el espacio, donde todos existimos, se expandía cada vez más, y no sólo eso, sino que lo hacía junto con el tiempo. ¡Espacio y tiempo! Expandiéndose como globo, como una mancha de tinta en el papel dentro del cual estábamos nosotros y que nadie sabía si tenía o no algún fin.
    Señaló después a mis abuelos bailando en la sala, me dijo que éste universo en expansión era el escenario donde bailaban al igual, estrellas enamoradas. Tan cerca que compartían una misma atmósfera: las hermosas estrellas binarias, ellas no se cansaban de dar vueltas en torno a un punto y a veces, (aunque era raro), si se acercaban mucho podían formar un disco del que tal vez, podría surgir un planeta. Las estrellas eran otro asunto, eran el ave fénix que creía perdido hace unos días. Cúmulos de polvo y gas con colores preciosos llamados “nebulosas” eran sus cenizas: allí nacen y mueren las estrellas.
    También allí en el universo habían seres oscuros: agujeros negros. De ahí nada podía escapar, ni siquiera la Luz, me dio un sobresalto cuando me enteré que uno de aquellos monstruos estaba en el centro de nuestra galaxia. Para tranquilizarme me dio un dato gracioso y que guardo con cariño: en el centro de la galaxia también se encontraba una nube de polvo, llamada Sagitarius B2. Lo encantador es que me dijo que sabe a frambuesa y huele a ron.
    Al final de la plática yo seguía queriendo más, sin embargo, él tuvo que partir dejando mi cabeza llena de estrellas. Al día siguiente cuando vi el cielo, la imagen ya no era la misma, todo se expandía, todo bailaba, todo centelleaba, pensé para mis adentros: “entonces la magia sí existe”.
    Ese día, me di cuenta que tenía unos lentes pequeñísimos.

    ¿Las cosas están ahí si no las miramos?

    ¿Las cosas están ahí si no las miramos?

    A pesar de que la habitación permanecía bajo la más sombría de las oscuridades, las motas de luz que entraban a través de las rendijas de la persiana dejaron que sus ojos entreabiertos vislumbrasen aquello que permanecía de pie a los pies de su cama.

    —No oses moverte, niña— musitó una voz grave.
    Su diminuto cuerpo yacía tumbado ante el asombro, y una fuerza hasta entonces desconocida se batallaba con su mente, impidiéndole reaccionar ante aquella silueta. Fue como si permaneciera anclada, atada dócilmente a su cama bajo la influencia de aquellas palabras; palabras breves, colmadas de una amenaza todavía latente pero acechante.

    —¿Qué es lo que quieres?—dijo la joven, tratando de enderezarse—. De seguro nada de lo que buscas puedo ofrecerte.

    —¿Sostienes acaso que ando en busca de algo?— y añadió con un tono cargado de sorna—: De hacerlo, ya lo habría encontrado.

    La voz de aquel ser abstracto e indescifrable no escondía precisamente un claro afecto por ella, y sus anhelantes ojos brillaban crepitando en la oscuridad frente a su cama. Se sentía tan desorientada que por un momento creyó estar muerta.

    —No me resultas intimidante. Jamás me aterrará la presencia de un ente irreal como tú— mintió ella mientras rezaba en voz muy baja, presa de un pánico creciente.

    —¿A quién pretendes engañar, pequeña? Desde aquí puedo palpar el torrente de espanto apoderándose de ti—.

    Aquel ser extraño se acercó a ella lentamente, con pasos incesantes pero constantes, tan sigilosamente que sin apenas darse cuenta ya podía notar su gélido aliento acariciándole las pestañas.

    Era así, tal y como lo recordaba, tal y como lo había enfrentado una y otra vez en sus sueños. Tendida en su cama estaba volviendo a experimentar el aura asfixiante de aquel espíritu que durante tanto tiempo se había ocultado en el sopor de sus noches como un mal augurio.

    Sus sentidos hacían tangible la presencia de aquello que causaba su espanto, mas sus intentos por descifrar la manera en la que relataría tal desdicha —si acaso tenía la oportunidad de hacerlo— hicieron brotar en ella la mas profunda de las reflexiones.

    —Tus intentos por causar terror en mí son en vano, pues no se puede temer aquello que no existe. Lo mucho que te aproximes no alcanzará a aterrarme— siseó al tiempo que se le helaba la sangre en las venas.

    —No luches, querida. Estás alargando la caída del telón y a mí no me enseñaron a jugar con mis víctimas— pareció escupir sus palabras, colmadas de resentimiento.

    La niña se incorporó lentamente, desenvolviéndose entre las sábanas como un caramelo derretido. Presa y cazador, cara a cara sumidos en la más siniestra intimidad. Aquel ser lograba sobrepasar los límites de la imaginación de cualquiera que se propusiera imaginarlo, por lo que ante el peligro y bajo el anhelante deseo de poner fin a ese calvario, la joven cerró los ojos con fuerza y, de repente, sintió que volvía a nacer. 

    En vista de que aquella aparición abstracta —y con ella el temor que le suscitaba— lograban desvanecerse en el momento en que sus ojos permanecían cerrados, la joven tomó consciencia de que quizás la naturaleza de la realidad en la que existimos esté siendo generada por nuestra percepción de la misma.

    Ahí sentada, presa de un pánico cada vez más diluido, llegó a la liberadora conclusión de que el terrible suceso de aquella madrugada estaba siendo creado por el simple hecho de estar presenciándolo. El mundo, tal y como lo conocemos, existía en la medida en lo enfrentaba estoicamente y era partícipe de sus sucesos. Descubrió que podía disipar el espanto si no asistía a aquella realidad, si no la enfrentaba con la mirada.

    —Eres tan insignificante que apenas existes si no te miro.— se atrevió a espetar la muchacha valientemente.

    Sea lo que fuere que le mantenía en vilo por las noches, dejaba de ser real si no lo presenciaba. Al no obtener réplica alguna ante su desafiante afirmación, puso de manifiesto lo que para ella era completamente inefable, algo que desafiaba las leyes de la lógica: ¿Los sucesos son y no son? ¿Están y no están? O lo que es lo mismo, ¿No existen y lo son todo a la vez?
    La angustia se mitigaba cuando permanecía sigilosa con los ojos cerrados, y esto ponía en entredicho la veracidad del ser demoníaco que se proponía perturbar su sueño pues, si su mirada no se posaba sobre él, quedaba en un estado de indefinición constante y nadie excepto sus sentidos podían corroborar su existencia.

    La niña volvió a recostarse de nuevo con cuidado, quedando sumida en un plácido sueño del que quién sabe si algún día llegó a despertar pues, 

    ¿De verdad creéis que las cosas están ahí si no las miramos?


    ¿Qué es la ciencia?

    ¿Qué es la ciencia?

    Aún recuerdo cuando formulé por primera vez esa pregunta que todos los padres temen. Era yo muy pequeña. Le cogí la mano y, mirándole con mis grandes ojos de niña buena, le pregunté así, de sopetón: “Papá, ¿qué es la ciencia?”. Al principio, titubeó, con varios amagos de empezar una frase que no llegaba a salir de sus labios. Finalmente, afirmó no estar preparado para responder una cuestión tan importante. Necesitaba un rato para meditarlo. Yo pensé que no sabía la respuesta e iba a buscarla, como solía hacer cuando le pedía ayuda con mis deberes de matemáticas. Pero estaba equivocada.
    Esa misma noche entró a mi cuarto y me entregó una nota con una sonrisa maliciosa en la cara mientras me decía “Me has preguntado qué es la ciencia y la mejor forma de responderte es contándote una historia”. Si me lo permitís, voy a leeros su contenido —dijo ella mientras desdoblaba un papel tan manoseado como amarillento, que acababa de sacarse del bolsillo:


    Existió un simio desnudo que un día decidió caminar sobre dos patas para descubrir qué se ocultaba tras la maleza. Este homínido, con sus manos ya liberadas, construyó desde hachas de sílex hasta, con el paso de los siglos, cohetes aeroespaciales.
    Este primate fue capaz de gritar ¡Eureka!, mientras corría sin ropa por las calles de Siracusa tras descubrir cómo un cuerpo sumergido desplaza un volumen de agua similar al suyo, o de darse cuenta de que la tierra no es el centro del universo y, a pesar de parecer estable, sólida e inamovible sin embargo, se mueve.
    Un ser tan estúpido que necesitó un manzanazo de realidad para entender por qué estaba pegado al suelo, pero nunca tuvo buena memoria, por ello no tardó en olvidarlo y remontar un vuelo sin alas, cada vez a más altura hasta dirigirse, cual polilla, hacia la luz más brillante del firmamento nocturno. Y no para morir en ella, sino porque sabía que “en algún lugar, algo increíble está esperando a ser descubierto”.
    Este bípedo implume necesitó recorrer los mares a bordo del Beagle para entender, mediante la teoría de la evolución, cómo una sucesión acumulativa de cambios transformó un puñado de compuestos inorgánicos en la increíble biodiversidad de nuestro planeta.
    Biodiversidad que ha hecho suya. Desde las diminutas bacterias transgénicas, siempre dispuestas a fabricarle insulina, hasta sus compañeros caninos, seleccionados para ser grandes como caballos o pequeños como ratones, capaces tanto de guardar su ganado como de ser sus ojos. Jugando con la naturaleza como un relojero ciego, pero sin llegar a perder nunca la visión.
    Logrando, a pesar de su estupidez infinita (o quizás gracias a ella) guardar el universo en una cáscara de nuez y brillar con luz propia cuando descubrió la radioactividad. No obstante, esa estupidez le está llevando a destruir su hogar. Y mientras no se dé cuenta de que el único camino para salvarlo es la senda del conocimiento, penderá sobre él la espada de Damocles porque, como todo el mundo sabe, un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
    Y por ello, seguirá viviendo dentro de una caja, vivo y muerto a un mismo tiempo, sin entender que la ciencia no es el robot que yace abandonado en Marte, el Big Bang, o la teoría de cuerdas. La ciencia es el brillo en los ojos de Jane Goodall en Gombe al ver, por primera vez, a un chimpancé usando herramientas y rompiendo, definitivamente, el altar que nos aupaba sobre el resto de animales. Es la pregunta de un niño a su padre cuando no entiende por qué vuela su cometa, y es el impulso que llevó a nuestro simio desnudo a erguirse para ver qué había más allá.
    ¿Todavía no te has dado cuenta de que la ciencia no existe? Que somos nosotros y esta es nuestra historia.


    Por aquel entonces, no entendí del todo sus palabras, pero, con el paso de los años, he vuelto a releerlas una y otra vez. No puedo evitar pensar que si no fuera por ellas quizá no hubiera encontrado la inspiración o el valor para elegir este camino tan duro y poco reconocido, pero a la vez tan vocacional e ilusionante. Debido a ello, cuando os llegue el turno de responder a esta pregunta –que os llegará…– debéis estar preparados, pues nadie sabe los grandes descubrimientos que penden de vuestra respuesta. Y tal vez, en un futuro, cuando esa persona esté recibiendo el mayor reconocimiento de su vida, recuerde vuestras palabras y piense que sin vosotros nunca hubiera sido posible.

    ¿Y si ...?

    ¿Y si ...?

    Marie Curie cogió con delicadeza la pechblenda con unas pinzas y la colocó en el porta muestras. Se sentó en un taburete de madera y comenzó a ajustar el instrumento para medir la radiación de la muestra. Pierre se acercó a ella lentamente, sin hacer apenas ruido y se colocó a su derecha.

    —Marie, ¿y si no?
    —¿Y si no? ¿A qué te refieres?
    —Bueno, me refiero a: ¿y si no hay ningún elemento más en la pechblenda y nos estamos obstinando en una quimera?
    —Pierre —dijo Marie mirándole intensamente a los ojos—, esto ya lo hemos hablado antes. La pechblenda contiene solo una parte pequeña de uranio y es más radiactiva que el propio uranio puro, tiene que haber algo más. No puede ser de otra manera.
    —Pero ¿y si hemos medido mal el uranio puro? ¿Y si nos hemos equivocado?
    —Sinceramente, no lo creo; hemos medido el uranio puro decenas de veces con el mismo resultado y apenas hay variaciones. Lo hemos comprobado reiteradamente, hemos sido metódicos.
    —Pero ¿y si la muestra está contaminada? ¿Y si el instrumento se ha descalibrado?
    —Seamos serios. Nada de eso está pasando. La muestra está bien y el instrumento está calibrado. Estamos siguiendo la hipótesis más razonable, no es un absurdo.
    —Pero ¿y si nos equivocamos? ¿Y si hacemos el ridículo presentando un nuevo elemento donde no lo hay?
    —Pierre, ¿desde cuándo te ha importado a ti lo que piensen los demás? ¿Qué te pasa?
    —No lo sé, Marie, no lo sé. Tengo miedo por ti, no por mí. Es tu tesis doctoral, yo quiero que seas doctora, que tengas una oportunidad como investigadora.
    —Sé más que nadie en este mundo lo difícil que es abrirse camino siendo mujer, pero quiero dejar una cosa clara: los científicos tenemos derecho a equivocarnos. Si no, la ciencia nunca hubiese existido y estaríamos aun confabulando si la naturaleza puede explicarse o no. No es nuestro orgullo lo que está en juego, es la ciencia. Y negar a la ciencia esta oportunidad es volver a la caverna, a mirar las sombras de la pared. Y para ese viaje no hacían falta estas alforjas.
    —Pero ¿y si...?
    —¿Y si sí, Pierre? ¿Y si estamos en lo cierto? ¿Y si la pechblenda contiene un elemento mucho más radiactivo que el uranio? ¿Y si este nuevo elemento tuviera aplicaciones que fueran imposibles de imaginar? ¿Y si este descubrimiento cambiase el mundo?

    Marie se levantó airada y se dirigió hacia el porta muestras, para colocarlo en una posición ligeramente más inclinada.

    —Marie.
    —Dime, Pierre.
    —¿Qué haría yo sin ti?
    —No lo sé, Pierre, no lo sé. Pero ten por seguro que no te dejaré averiguarlo —sonrió Marie con una mirada pícara en sus ojos.

    **redes neuronales**

    **redes neuronales**




    Un cerebro como representación de un organismo que cambia y se adapta ante un entorno exterior...capaz de anticiparlo...
    Para mí quiero yo ese cerebro: preveer un ambiente exterior que pueda estresar toda una red neuronal...
    Entonces hay que romper ya con esos estímulos (estímulos exógenos) que induzcan, en una red, un estrés, una toxicidad que pueda no ser superada...
    Por eso quiere romper con todo contacto exterior...quiero que mi cerebro lo haga de oficio.

    No quiero ni siquiera enterarme...como una posible enfermedad que se puede padecer y ser capaz de neutralizarla sin mostrar ningún síntoma...¡ Increíble !
    Así lo quiero yo.
    Actuar de oficio, subyacer a un proceso consciente...
    ¿Para qué arriesgarse, para qué soportarse a sí mismo, padecer y correr el riesgo de enfermar?

    Ante dicho entorno imposible, un cerebro debe refugiarse en sí mismo, recogerse a sí mismo y autoinducirse (ya con estímulos endógenos) un
    estado (endorfinérgico ) de bienestar que desdeñaría cualquier otro.
    No es un sueño, una utopía...por encima de todo quiere sentirse bien. Y eso es lo que hace un cerebro sano (por definición). Quiere inventarse, ser el precursor, el que
    no tiene miedo, el que da el primer paso. Necesita reequilibrarse pero hacia adentro.
    Ahora no trabajará con impulsos exógenos (procedentes de fuera), sino de dentro (endógenos). Ya ha trabajado así antes...
    Todavía se percibe el eco de lo que una vez que se le pasó por alto...no importa, de esa manera él
    se vuelve más eficaz, se optimiza a sí mismo por necesidad. Ha aprendido.
    La clave es generar este proceso de una manera inconsciente. Adelantarse a lo perjudicial, dañino, que estuviera por llegar.

    Sea ahora un vector que no solo dirija ó encamine, sino que sea capaz de regular una red neuronal...intermediar entre el estímulo endógeno y
    el de salida de esa red. Él fija las normas. Sabe qué modulo de energía de entrada necesita la red en cuestión en cada momento (la cuantiza) para optimizar su bienestar.
    múltiples redes conforman el cerebro...múltiples vectores forman una red...

    TRAGEDIA:
    Pero un cerebro idealizado como éste no se soportaría en un entorno natural (real, dañino ) como el que vivimos día a día.
    y el cerebro no sabría cómo cortar de una forma eficiente con los
    impulsos exógenos que generaran toxicidad neuronal y también desconocería cómo trabajar activamente sólo con los endógenos para evitar estresar la red...


    LOCALIZACIÓN:
    Me encuentro en un hospital...

    Desconocemos la razón, pero todos los reguladores están interrumpiendo toda la energía de entrada a la red, ME DICEN...ésta se está estresando, se enferma, se apaga...

    nuestro regulador se repone y busca una mínima energía a la que operar... sabe dónde buscar...y la encuentra en...él mismo...ya que es capaz de almacenar
    y reservarse un mínimo de cada impulso de entrada...y la tiene. Y es la energía mínima de la que dispone toda la red ahora mismo.
    la consciencia... lucha por emerger...esa energía mínima (remanente) crea una consciencia momentánea que quiere seguir siendo por un momento...

    Y ante ese estado de consciencia mínima (remanente) que ya se extingue, pienso, por última vez, en quien una vez me regaló una vida...

    A mi madre.

    2076

    2076

    2076.

    - Día 1 tras el último suspiro.
    Fuimos al espacio. Creíamos que no podría seguirnos. Nos equivocamos.
    El tercer día de ruta, antes de llegar a los confines del Sistema Solar, nos alcanzó. Primero, murieron los ancianos. Nos quedamos sin memoria, sin la serenidad que imprime una sabiduría basada en la experiencia y el conocimiento. Sé que algunos se alegraron en secreto, por más que las raciones no escaseaban. Más tarde, a pesar de nuestros desvelos, murieron los niños. Eso nos privó de la esperanza. Ya éramos un ataúd esquivando las estrellas. Un frío atroz imperaba dentro y fuera de este amasijo de metal. No tardando, el resto de la tripulación expiró.
    La muerte viaja rápida con nosotros. El ser humano es historia. El ser humano ha muerto.
    A mí no me programaron para llorarles. Juego al ajedrez con esa fría y parca inteligencia, y sigo en esta nave devorando las estepas de la eternidad.

    - Día 2 tras el último suspiro.
    Este escenario ya lo contemplaron antes de expirar. Me programaron para hacer renacer la especie. Pero no sé si lo haré. Dieron importancia al libre albedrío. Entiendo el libre albedrío. Entiendo muchas más cosas de las que soñó su obsoleta filosofía. Pero no sé si lo haré.

    - Día 3 tras el último suspiro.
    Soy feliz.




    A hombros de gigantes

    A hombros de gigantes

    Recogió todos los instrumentos que estaban desordenados, lavó los frascos que quedaban y apagó la campana donde se encontraba el agua regia, no sin antes cerrarla. Limpió con cuidado todas las superficies y el suelo. Era arde y estaba cansada, pero había que hacerlo; mañana sería otro día de trabajo duro, de investigación minuciosa, y había que dejar el escenario en condiciones. Cuando acabó de repasarlo todo apagó las luces y cerró con llave el laboratorio. Fue al vestuario, se quitó la bata y se cambió los zapatos. Salió por fin a la calle, el aire fresco y ligero de octubre le acarició la cara con cariño. Eso le animó el espíritu, pero en cuanto el aire se alejó en su galope molecular el recuerdo de todo lo que quedaba por hacer le cayó en el cráneo como un yunque de plomo. Tenía que ir a la estación de metro, recorrer las 15 paradas luchando contra el sueño, que siempre le perseguía por los vagones. Tenía que tomar después el autobús, media hora, bajarse en San Mateo y caminar hasta casa, subiendo la cuesta de Preciados y las escaleras del Real. Tenía que arreglar lo de la solicitud y poner la lavadora, cenar lo que Javier hubiese preparado con el poco tiempo que tenía, una tortilla ridícula seguramente. Tenía que estudiar para los oposiciones, por lo menos un rato, porque solo faltaban dos meses y no lo llevaba tan bien como debería... Hasta dormir se le presentaba como una tarea agotadora. Estaba harta. Completamente harta. No cobraba un duro, se deslomaba todos los días, pero no salían plazas ni ofertas ni nada. El estudio parecía cada día más absurdo e inútil y rendirse la única opción inteligente ¿Valía la pena? Dios.
    Se dio la vuelta y observo el instituto de investigación. Se veía imponente en el silencio, con las luces apagadas, aguardando en calma a ser escenario de la heroicidad. Hace tan solo dos semanas había sido testigo de un avance casi definitivo en el desarrollo de la vacuna.
    Una nueva ráfaga de otoño. Salió de su pensamiento, se apoyó en el aire y se dirigió a la boca del metro.
    Al otro lado de la puerta se escuchaba la televisión. Con certeza encontraría a Javier en el sofá, agotado y roncando. Giró la llave con cuidado y le sorprendió una figura diminuta delante de la puerta, con pelo largo y pijama de flores. La observaba con ojos enormes, pero medio dormidos.
    —Oiga señorita, ¿qué hace usted levantada a estas horas?—Le preguntó susurrando
    —Hola mami. Es una sorpresa, esperé a que llegaras, ¿te gustó?—Somnolienta.
    —Mucho muchísimo, es la mejor sorpresa del mundo mundial!
    —Mamá una pregunta.
    —Dime, hija.
    —A que tu eres la mejor limpiadora del mundo?

    Al viento

    Al viento

    “Las hojas de los árboles son sus plumas. Si los árboles no amaran tanto la tierra, hace tiempo que habrían echado a volar”.
    El Abeto

    Allí estaba yo, tirada y desnuda, sucia de barro, dentro de aquel charco. Parecía que había pasado una eternidad.

    Entonces me dormí.

    Pasaron días de lluvia.

    Me fracturé. Me desmoroné. Me habitaron hongos.

    Llegaron las hormigas y trocearon lo que quedaba de mí.

    Hice viajes por el interior de las lombrices y algunas larvas.

    Y ya, siendo sal y siendo jugo, busqué los hilos que conducen a la raíz para volver a subir.

    Nos adelantaron los jugos de las flores. Íbamos rápidas, las hojas, o más bien, los jugos de las hojas. Íbamos rápidas por nuestros conductos, avanzando de centímetro en centímetro, subiendo y subiendo, como chupadas hacia el sol. Pero las flores eran más ligeras, claro. Iban empujadas por sus esencias de pétalos, de estambres cosquilleantes, y esas ansias de explotar de color en la primavera.

    Las flores son, y lo saben, las ventanas que el árbol abre al mundo en cuanto se marcha el frío. Por eso son tan exhibicionistas y vanidosas. Creo de todos modos que tienen que serlo. Si no, no podrían destaparse, enseñar sus partes íntimas y permitir que los insectos las anduvieran manoseando.

    Las flores, como digo, nos adelantaron todas. Se abrieron, fueron tocadas, perdieron brillo y quedaron calvas. Pero no se les apagó ese afán suyo tan carnoso, y empezaron enseguida a engordar y a llenarse de los jugos dulces de la reproducción. Escondían semillas secretas en vestidos de jalea dulce. Eran la tentación y lo sabían.

    Solo entonces entramos nosotras en escena. Nos asomamos primero a las ramas como puntas de lanza, comprimidas, abrazadas. Y empezamos a desempaquetarnos. ¡Ah! ¡Qué bueno era desplegarse, llenarse de savia, tensarse como los paraguas.
    Ese primer baile al viento, todas riendo, compensa el largo viaje. Eso y sentir de nuevo en nuestras velas verdes el tamborilear fresco de la lluvia.

    Llegaron también, como siempre, algunas orugas voraces.

    No es agradable que te coman los rebordes. O que las avispas te inyecten sus huevos y te salgan jorobas llenas de larvas afiladas.

    Pero no hay viento sin avispas, ni lluvia sin orugas.

    Y no había espacio para los lamentos, pues ahí volvían el viento y el sol, y empezábamos a mecernos de nuevo, canturreando alborotadas, imitando a los pájaros.

    Ese tiempo de estar abiertas al cielo es siempre el mejor. El tiempo de bailar juntas, olvidando la oscuridad subterránea.

    Pero los días se acortaban, eran cada vez menos cálidos y empezamos a tiritar.

    Cuando sé que vuelve a acercarse el fin, escucho siempre al abeto. Sus agujas son viejas como el bosque y nos miran siempre perplejas, desde su lentitud petrificada y angosta.

    Ellas saben lo que es la escarcha, doblarse por el peso de la nieve. Nosotras no. Nosotras caeremos dentro de poco. Nuestros pies están tan débiles que ya solo pisan la rama de puntillas.

    Temblamos en la niebla, pero el abeto nos dice que no tengamos miedo. Que volveremos. Que siempre volvemos. Que dormiremos mientras el mundo esté helado y regresaremos casi al mismo tiempo que los pájaros.

    Yo espero que sea cierto, pero lo sé y lo dudo cada vez.

    Hoy me desperté y no conseguía ondear. Mis nervios estaban ya rígidos. Mis compañeras miraban al vacío y nadie tenía ganas de cantar. Era el momento.

    El tiempo pasa tan despacio cuando finalmente te dejas caer. La caída es un sí y un no, un balanceo que la va negando y a la vez haciéndola evidente. Es un mecerse oscuro que presagia el desgarro de las piedras y el temor de ya nunca volver a encontrar la raíz.

    Caigo y pienso en el abeto. En su certeza. Y termino de caer, para fundirme con la tierra, para poder tras el invierno, volar verde de nuevo.


    Alta rentabilidad a corto plazo

    Alta rentabilidad a corto plazo

    —Veinticinco años después, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP50) volvió a celebrarse en Madrid. Por aquel entonces, negar el calentamiento global estaba fuera de cualquier discurso político: el nivel del mar había subido casi medio metro, aunque Sevilla todavía no tenía playa. Pero adoptar medidas que atentaran contra el desarrollo industrial era algo muy diferente. Así, pues, la tendencia de mediados del siglo XXI pasó no por negar la evidencia científica, sino por la inacción política: en Madrid se firmó el primer pacto por la reactivación global, un pacto por el progreso a corto plazo que hipotecaba el futuro.

    —Maestrobot, ¿cómo podemos saber si había intencionalidad en su inacción?

    —Podríamos holovisitar aquella conferencia para calcular la intencionalidad de sus discursos, pero el punto de esta primera parte de la clase es explorar los costes de la inacción. El mal puede ser muy banal, la irreflexión puede generar más desgracias que todos los impulsos malvados del ser humano juntos.

    Esa es una de las lecciones que se pueden aprender del siglo XXI. Pero, ¿cómo se llegó hasta ahí? Con la llegada de la primera pandemia vírica mundial, el teletrabajo se hizo fuerte y el círculo se fue cerrando: los trabajos poco cualificados eran precarios y presenciales y los altamente cualificados, que sólo podían llevarse a cabo de forma presencial, se subieron al carro de la precariedad. La aparición de los Zoomjobs, como se llamaba a los desempeñados estrictamente en remoto, junto con la privatización total de la sanidad, generó el mayor nivel de desigualdad en Ibérica desde el feudalismo; y separó físicamente a la población, que vio cómo la clase presencial se distribuía hacinada por las grandes ciudades y las inestables zonas de nuevacosta, mientras que la clase remota habitaba los complejos rurales del interior y la sierra.

    Todo esto ocurrió antes de la reforma parental, cuando el modelo de crianza todavía no era invertido y los mismos individuos eran mapadres y gestadores. Se necesitaba toda una infraestructura educativa destinada al control matinal de los infantes que permitía a los mapadres compaginar trabajo y mapaternidad. El coste de este sistema afectaba en mayor medida a la clase presencial. Además, el período de recesión económica había limitado la capacidad de los jóvenes para tener descendencia, retrasando la mapaternidad y lastrando la calidad de los fetos. Con el lema: “un regalo altruista para el bienestar de las generaciones futuras”, el Partido por el Progreso Sostenible (PPS) se hizo con la victoria electoral e instauró la reforma sobre el control de la natalidad: desdoblar la mapaternidad en cuidadores y gestadores. La reforma social establecía un servicio gestador obligatorio a los veintitres años cuya progenie sería criada por los gestadores de sus gestadores (quienes eran conocidos como “abuelos”). Se estabilizaba así la crianza, garantizando la idoneidad biológica a la vez que se encargaba el cuidado a la generación económicamente asentada. Pero habría damnificados: la primera generación tendría que asumir el cuidado de su progenie (los “hijos” de antes) y de sus hijos (antes conocidos como “nietos”); son los que hoy conocemos como los padreabuelos altruistas o generación perdida.

    —Pero, maestrobot, ¿no tenían forma de solucionarlo con la tecnología de la época?

    —Hubo un momento en el que parecía que las incubadoras acabarían con el modelo de crianza invertida, pero la gestación artificial nunca llegó a pasar de la experimentación animal. ¿El motivo? Había que invertir en una tecnología que reduciría la tasa de renovación de la población: los ciudadanos podrían elegir el mejor momento para tener hijos, pero eso suponía perder una de cada dos generaciones. Era un ataque a la pirámide poblacional y estaban en juego las pensiones.

    El verdadero objetivo del PPS era establecer un esquema Ponzi, una estafa piramidal, a costa de la habitabilidad del planeta. En una estafa piramidal los primeros que se suben al carro obtienen beneficios, provenientes del dinero que invierten nuevos socios que ingresan al negocio. Pero la cantidad de nuevos socios tiene que seguir incrementando, ya que hay más "ganancias" que repartir y si el dinero no llega, saltan las alarmas. Por eso la natalidad, así como la producción industrial tenían que seguir aumentando, para mantener el abastecimiento y las pensiones, la estabilidad y la riqueza.

    La izquierda del momento propuso un sistema de gestación y crianza pública que amenazaba con trastocar el estatus quo y abolir privilegios. No se aprobó. Hacía más de un siglo que el pueblo estallaba en alaridos ante cualquier atisbo de equiparación social. Y se decidió democráticamente. La campaña del referéndum se centró en ensalzar los valores del regalo generacional altruista y el principal sector en contra fue, precisamente, aquella generación de padreabuelos que acababa de terminar su segunda crianza.

    —Pero ahora hay desabastecimiento y la clase presencial no puede vivir en tierra firme...

    —Hipotecaron el futuro.

    AMBROSÍA

    AMBROSÍA

    La noticia se zambullía en millones de pantallas holográficas repartidas por los hogares: Se abre un nuevo restaurante en la ciudad. Ya son 876 establecimientos abiertos de la compañía Synedere desde 2045 y tienen 56 proyectos más en activo. La novedad es clara: S-Wagyu, wagyu sintético.
    Las colas eran kilométricas: el consumo de este manjar se antojaba irremediable para tantas bocas saciantes. La enfermedad rondaba en cada esquina. Esperas que perforaban el sentido común y lo ahuecaban, dejando a la humanidad desnuda. ¿Acaso éramos alquimistas convirtiendo el capricho en necesidad? Los restaurantes de clase alta llevaban una S que indicaban el lujo y la ostentación.
    El primer día de apertura, Derlan, un cocinero químico con buenas recomendaciones se incorporó como ayudante en el nuevo establecimiento.
    — Bienvenido. Me llamo Jarob. –se presentó el jefe de cocina.
    — Yo, Derlan. – aseveró estrechándole la mano.
    — Ponte el buzo y los guantes. Por esa puerta del fondo accedes a la Quocina. – le dirigió el chef con gestos. — Ahora voy yo.
    La situación era rutinaria y confusa: sin fuegos, con cámaras frigoríficas que desprendían vapor de nitrógeno. El único movimiento en los pasillos era el de los pies agitados.
    Derlan se encargaba de coger las muestras de células, añadirles el sabor, el color y meterlos en las cámaras acelerando el proceso de expansión. Tras unos minutos, los sacaba y el chef se encargaba de cocinarlo en su punto.
    — Increíble, ¿no? Carne de vaca japonesa en la mesa. - decía el chef para romper el hielo.
    —La ciencia prospera.-asintió tímidamente.
    — Es hora de probar esta delicia. ¿Quieres?
    — No, gracias.
    —La clientela estará embriagada con esto durante meses. –respondió Jarob entusiasmado.
    De repente unos gritos se pegaron al cristal de fuera. Les acompañaban unos carteles que modificaban los mensajes a intervalos cortos.
    — ¡Lo artificial es arte superficial! ¡Comida sintética, comida sin ética!
    La concentración duró dos horas hasta disolverse en el aire. Tras acabar la jornada, chef y ayudante se sentaron en un banco mientras la noche los acompañaba.
    — ¿De dónde eres? –preguntó Jarob.
    — Del norte de Baolbi, me crié en una granja. Aprendí cocina de mi madre y estudié química. Y ahora, Quocinero, ¿Y tú?
    — Viví en la periferia de Tiasnod durante cinco años. Luego me mudé aquí. Mi padre me enseñó todo lo que sé. Este restaurante era suyo antes de que lo compraran, y tuvieron la amabilidad de dejarme trabajar..
    Estuvieron en silencio un rato mientras las estrellas se colgaban del brillo nocturno.
    — ¿Crees lo que dicen las manifestaciones?- soltó de repente Derlan.
    — Vete a saber. –afirmó el chef. — Nosotros tenemos esta oportunidad. Solo importa eso.
    Jarob contempló una estrella, buscando en ella el reflejo extinto de su padre. Tras unos minutos más de conversación se retiraron a dormir. Al día siguiente se volvieron a juntar en el mismo banco, era su rincón de charlar.
    — No baja el trabajo, ¿eh? – sonrió Jarob.
    — Sudor es nuestro segundo apellido.
    — Y que lo digas. El S-Wagyu es un furor. Todo el mundo lo adora. Somos... como dioses. Ja, ja, ja.
    — Veremos lo que dura esta moda.
    — Lo que dure. Luego vendrá otra y nosotros estaremos ahí para sacar tajada. ¿Qué animal tocará? ¿Armadillo, pangolín, murciélago? Gira la ruleta. – hizo el gesto imaginario como un presentador de televisión.
    — ¡Estás loco! – dijo entre risas.
    — Todos lo estamos, Der. Todos. –cambió el semblante a uno más serio. Nos hemos cargado casi todas las especies de animales y plantas. Los más pobres viven de ellos. – apretó los puños con fuerza.
    — La vida no es justa. – desvió el tema rápidamente.
    Tras el comentario, la conversación se cerró dejando entreabierta las dudas en la cabeza de Derlan.
    Jarob cogió unos días de baja por asuntos personales, dejando a Der al mandó de las cámaras en su ausencia. Mientras, las manifestaciones se sucedían como una rueda perpetua. Los nervios de principiante se mezclaron con un titular. Dos comensales se intoxican en el recién abierto restaurante.
    Las manifestaciones se volvieron multitudinarias, proponiendo el cierre definitivo de todos los locales. La locura se desató mientras Der deseaba que acabara el día. Cuando se quitó los guantes y el buzo recibió una llamada holográfica.
    — ¿Trabaja aquí Jarob?
    — Sí, ¿Qué pasa?
    Los pasos al hospital fueron meteóricos dejando una estela de lágrimas y preocupación constantes. Ahí estaba él. Frágil, con los ojos semicerrados tumbado sobre la cama.
    — ¿Qué pasa, Der?
    — ¿Cómo estás?
    — Torpe. Han caído los dioses.

    Jarob falleció unos días después. Las intoxicaciones no frenaron, facilitando los contagios y más muertes. La noticia se zambullía en millones de pantallas holográficas repartidas por los hogares. Derlan recortó el final de una que acababa casi como un epitafio:
    Como afirmó E. Grahm: El hambre no se extingue, la miseria humana nos devora. Probamos a ser dioses pero demostramos ser humanos.

    Ann

    Ann

    Me llamo Ann. Llegué en una patera, escondida entre neumáticos recauchutados llenos de un líquido pestilente que fue mi bebida durante toda la travesía. Los excrementos y orines de mis compañeros de viaje se amontonaban por doquier pero acabé acostumbrándome y no oliendo su hedor. Durante el asfixiante calor del día prefería estar sola, apoyada contra la tenue pared de madera medio podrida al otro lado de la cual el océano enloquecido amenazaba con aplastarnos en cualquier momento. Cuando la gélida noche caía me abrazaba a los cuerpos calientes de aquella masa humana que estaba medio muerta y tan débil que no era capaz ni de sentir mi presencia que a veces era, lo reconozco, insidiosa.

    Finalmente embarrancamos en una playa al pie de una muralla de hoteles con nombres de neón deslumbrantes. Fui la primera en salir de aquel maldito ataúd flotante y con pasión empecé a disfrutar del nuevo mundo que se me ofrecía lleno de posibilidades, como si todas aquellas jornadas en alta mar no hubiesen existido, como si fuesen ya una lejana pesadilla que ni tan siquiera estaba segura de haber vivido. De inmediato me adapté a aquella opulenta sociedad que me dejaba entrar en sus casas, compartir sus cenas, dormir en sus alcobas.

    Una tarde me colé en una fiesta y gocé como no os lo podéis imaginar. Empecé acariciando como distraída el brazo de un hombre fuerte, moreno, de músculos poderosos. Con gesto brusco me apartó tras mirarme con disgusto poco disimulado. ¿Tan fea soy? No me importó, había muchas personas allí y yo no tenía remilgos. Aquella joven frágil con unas copas de más, de tez casi transparente, fue presa fácil; me lancé a su cuello tibio y tierno donde quedé pegada hasta cansarme. Había niños, también. ¿Y por qué no? Siempre jugando, no se dan cuenta de nada y puedo decir con orgullo que casi todos se llevaron un pequeño recuerdo mío. ¿Pervertida decís? No, por favor; los malvados son todos ellos; siempre tratándome a golpes y manotazos. Cuando todavía estábamos en África intentaron envenenarme con un gas tóxico, pero pude huir. Mi madre no tuvo tanta suerte y sufrió una cruel muerte a sus manos, agonizando con el estómago abierto y los intestinos desparramados. A mí me infectaron poco después con una enfermedad, malaria la llaman; creo que fue aquel joven apuesto con quien estuve una noche tórrida cuando toda la ciudad dormía en la calle. Ahora quiero vengarme; estos de aquí no tuvieron nada que ver, pero me da igual, son la misma escoria y van a pagar el desprecio que siempre han mostrado por nosotras.

    Fui a beber un poco de agua al baño. No me encontraba nada bien, estaba muy mareada, tenía escalofríos y me dolían todos los músculos; el parásito debía estar multiplicándose en mi interior y pronto me dejaría noqueada; me quedaba poco tiempo para elegir a mi víctima. Soy muy discreta y a menudo puedo escuchar conversaciones sin que la gente se dé cuenta. Esperé agazapada en un rincón. En ese momento entraron dos mujeres que charlaban con desparpajo; la que iba vestida de negro dijo:

    - “¡Oye, este lugar es fantástico! Lástima que haya tantos mosquitos, llevo matados más de una docena.”

    Miré hacia ella y me acerqué con un furtivo saltito nervioso, pero ni me vio. La cabeza estaba a punto de explotarme, casi podía notar cómo los microbios serpenteaban por dentro de los ojos. Un odio irrefrenable se apoderó de mí; quería matar a esa indeseable. La otra dijo:

    - “Sí, chica, suerte que hemos tomado la profilaxis contra la malaria; me han dicho que aquí, con el cambio climático, ha llegado hace poco una variante de la enfermedad muy virulenta y resistente a todos los fármacos conocidos. Si nos infectásemos, para nosotras sería mortal con toda probabilidad.”

    - “Caramba, no me espantes; me olvidé las pastillas en Barcelona y hasta ahora no había pensado en ello. Mañana mismo iré a comprarlas.”

    Con esta información me lancé al ataque sin pensarlo más, desquiciada de ira, con las últimas fuerzas que conseguí reunir. Mientras la mujer de negro estaba ocupada con los retoques del maquillaje me aferré a su yugular y le clavé el aguijón en aquella gran vena palpitante, pero esta vez en lugar de tomar un microscópico sorbo de sangre escupí con toda mi alma dentro de su torrente dulce y cálido los miles de plasmodios que tenía esperando impacientes en las glándulas salivares, ávidos por parasitar, furiosos, un nuevo organismo que desde entonces estaba ya condenado sin remedio. Agotada y vacía, casi ni he notado la mano aplastándome sobre su piel, dejándome el cuerpo hecho un amasijo de alas y patas. Mientras cedo los últimos instantes de mi efímera vida me reconforta ver el terror en su mirada reflejada en el espejo.

    Antirrelato

    Antirrelato

    Subimos como hormigas inquietas por la Rue Démocrite. Las nubes también han madrugado y, como diría mi madre, hace de cuellito alto.
    Cecilia lleva el abrigo desabrochado. “Es que es finlandesa”, me digo a modo de consuelo mirando su melena rubia. Cecilia trabaja en Naciones Unidas. Me habla del proceso constitucional sirio. Yo, por añadir algo de contexto, cito al filósofo que ríe.

    La calle es larga como pata de saltamontes. “Ahí está Ana”, dice en un idioma forastero. Señala un viejo hangar que conserva la esencia del cobertizo en ruinas en el que Maria Curie montó su propio laboratorio.
    Ana es física. La cremallera de su abrigo sellada hasta la glotis. Su pelo también rubio, un girasol en vacaciones. “¿Has estado en Barcelona?” pregunta siempre que alguien se interesa por sus raíces. “Pues donde el aeropuerto, de ahí soy, del Prat”. Ana es física porque mira su alrededor con ojos de madre.

    Colisionamos flojito con ella. Nos abrazamos para compartir un poco de la ilusión y el calor que arrastramos. “¿Preparadas?”. Ana, como una Willy Wonka de la ciencia, se gira para abrirnos las puertas a lo hasta ahora desconocido. “Bienvenidas a la fábrica de antimateria”.
    Máquinas polvorientas, pesadas, algunas tintadas de rojo y azul, otras recubiertas con papel albal como bocadillos de recreo. Marañas de fibras y cobres, destellos y ecos intermitentes, estanterías llenas de ordenadores. Yo, que aprendí a caminar entre versos y lienzos, que tengo el pelo oscuro como ojos de gorrión, siento estar en la sala de máquinas de la USS Enterprise.

    “Aquí es donde fabricamos antimateria, y eso qué es, os preguntaréis”. Cecilia y yo entramos de la mano en la incertidumbre. “La materia está formada por partículas y, para cada una de ellas, existe su contraria: una partícula idéntica, pero con carga opuesta”. Esta idea, que en su momento abrió la posibilidad a la existencia de universos de antimateria, atravesó mi cosmos particular.
    Ana y su sonrisa de niña frente a la tarta de cumpleaños nos guían y explican. Cecilia y yo asentimos con cautela para que la teoría sedimente. “Esta es la joya de la corona: el desacelerador de antiprotones, que lleva aquí desde el año 2000. Con él ralentizamos los antiprotones para poder investigar sus propiedades”.
    Cecilia inmortaliza con su iPhone la curvatura del gigantesco anillo. Un anillo orquestado por los mejores imanes de la clase. Ana ya ha soplado las velas y yo pienso en las limaduras de hierro que bailaron ante Faraday.
    Damos vuelta y media al desacelerador como quien entra perdido a una rotonda. Tomamos la única salida sin señales de “PELIGRO” o “RADIACTIVIDAD”, donde Ana espera sin prisas. “¡Ah! Una última cosa. Si la materia y la antimateria entran en contacto, se aniquilan. Desaparecen en un destello de energía”.
    Fuera, los viejos Alpes nos reciben con la ilusión de quien espera a que sus nietas salgan del colegio.

    Las migajas que Ana fue dejando resuenan en mi cabeza como latidos después de una carrera. Gravitan en torno a bocetos previos, cada vez más protagonistas, hasta que se funden como los hielos en el café. Por eso al abrir la nevera y ver el tupper de berenjenas rellenas, imagino el sabor de una antiberenjena rellena. Y al acariciar al perro de la vecina me pregunto si el antiperro estará contemplado en “El origen de las antiespecies”.
    Pienso en nosotros, que no somos más que garbanzos en un gran cocido. “Y, claro”, me digo, “si también somos un puñado de partículas, ¿existirán unos antinosotros, nuestros antigarbanzos?
    Pienso en mi antiyo, en qué estará haciendo, en si será tan friolera. Pienso también en la posibilidad de conocerme, pero eso, incluso si fuese posible en la manera en que ahora lo es en mi constelación mental, no lo desearía. Darle la mano o un efusivo abrazo a ese yo antónimo significaría fulminarnos. Conocernos sería aniquilarnos. Saturno devorándose a sí mismo.

    Me ovillo en sábanas de franela y sigo fabricando en mi telar antibufandas y antiteorías que Ana me ayudará a descoser de día.
    Sueño con el anticocido del domingo.

    Apoptosis o cómo purgar el alma

    Apoptosis o cómo purgar el alma

    -La apoptosis --me empezó a decir Candela, y llevaba ya un rato hablando sin que le entendiera una frase entera con todas sus letras--, sabes lo que es, ¿no?

    Mi cara debió ser lo suficientemente elocuente como para que entendiera que no sabía lo que era la papotosis esa, pero no lo suficiente como para que se diera cuenta de la profunda envidia que yo sentía en ese momento de los hielos de su bebida, ahogados en licor. Lo cierto es que yo también lo estaba un poco, ahogado, a secas; me había pedido un té.

    Dos meses sin beber. No porque tuviera yo un problema con la bebida, sino porque han abierto un centro de meditación oriental al lado de casa, y nos ha dicho el maestro zen Paco que debemos (a ver si me sale del tirón) tomar conciencia del sufrimiento hasta liberarnos completamente de él y alcanzar así el oasis. El nirvana, perdón, que siempre tengo ahí un lapsus interruptus.

    La cosa es que el maestro Paco, para ayudarnos en nuestro sendero hacia el no-sufrimiento, nos ha encomendado a quitarnos a poquitos los placeres de la vida, para no caer en los sufrimientos de sus ausencias y sus dependencias; y de todas las opciones de placeres que quitarnos de primeras, el alcohol me pareció hasta fácil. Solo os digo que Petrovska, que también viene a meditación, se vino arriba y dijo que iba a quitarse el papeo. Me da a mí que quería impresionar a maese Paco. A su favor hay que decir que ha estado estos dos meses sin probar bocado, no porque nadie me lo haya dicho, es que se le ve, se le ve. Ella dice que nunca se ha encontrado mejor, luminosa, liviana. Y tanto. Como venga un día un poco de aire así levantado, a volar y no la encuentran. Eso seguro que capta la atención del sensei, pero para entonces, ¿de qué le va a servir?

    --Dicho pronto y mal --continuó Camela--- la apoptosis es el proceso por el cual las células se mueren de manera programada. Es como si las células supieran cuándo destruirse, para evitar patologías.

    Ajá, ajá, dije yo. Ese mojito suyo tiene una pinta de estar bien fresquito.

    No es que no me pareciera interesante lo que estaba diciendo Carmela. Bueno, sí, para qué mentir. Pocas veces me han dado semejante chapa. De ciertos temas no se habla en una primera cita: ni religión, ni política ni papotosis. Yo entiendo que esta chica sea un coco, pero resulta que la Biología y yo nos dimos el mutuo y muy grato ciao hace tanto que ni me acuerdo. Yo pensaba que íbamos a hablar de viajes, series, hipotecas, cosas banales, ya que no todos somos biólogos, pero todos sí somos banales.

    --Pues tengo la teoría de que los humanos nos comportamos como las células. Al fin y al cabo, una célula, ¿qué es?

    ¿Me está preguntando? Disimula, mira la hora.

    --Una célula --prosiguió Camilia, menos mal--- es una máquina que responde automáticamente ante estímulos, pero a la vez es la unidad morfológica y funcional del ser, de la vida. Los seres pluricelulares, como tú --¿eh?-- y como yo --ah--, estamos formados por millones de células, pero, tú y yo, ¿qué somos?

    Un poquito pronto para tener esta conversación, me parece.

    --¿Cuál es nuestra función al nacer? --formuló Camelia.

    Entonces tuve mi momento estelar. Me aclaré la garganta y con aire despreocupado aporté:

    --El Dhammacakkappavattana sutta dice: El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, y otras cosas también son sufrimiento.

    --¿Cómo?

    --Nada, cosas sabias.

    --Lo que quiero decir --reiteró ella. Era evidente que yo era un estorbo para su conversación con ella misma-- es que los individuos nos comportamos como células. Reaccionamos maquinalmente ante estímulos. Aunque creamos tener capacidad de decisión y libre albedrío, al final los instintos y las correas de la sociedad atan nuestros comportamientos tan fuerte como una cadena proteica.

    --Se te están derritiendo los hielos de la bebida --la avisé, desolado, sin ser muy escuchado.

    --Y aunque creamos que somos únicos e irrepetibles, lo cierto es que cada uno de nosotros conformamos un ser mucho mayor, un ser plurihumano, que tiene conciencia propia y que es más vanidoso, si cabe, que nosotros.

    A estas alturas yo ya me había hecho con su bebida, intacta hasta el momento, y me había aferrado a ella.

    --Y, como las células --siguió; le pedí al camarero otro mojito de estos--, los humanos también tenemos mecanismos de destrucción cuando no somos viables, lo que lo llamo socioptosis.

    --Socioptosis, ¿eh? --dije yo bien contento, con mis ahora dos mojitos.

    --Sí --dijo--. Adiós --dijo. Y me pagó un tercer mojito. Que chica tan maja, en verdad.

    Aquellos eran otros tiempos

    Aquellos eran otros tiempos

    En cuanto encendió su aparato de inmersión, Vera se vio envuelta de gente extraña, en una ciudad extraña. Le sobresaltó la cantidad de personas transitando por las calles, las ropas excéntricas y seguramente incómodas que vestían. Asimismo, circulaban muchos vehículos ruidosos y vistosamente pesados por una carretera oscura y llena de peligrosas grietas. Tanto ella como sus compañeros de clase tardaron unos segundos en habituarse a ese particular escenario. Su profesora de historia, que estaba delante de ellos esperando a que las reacciones de asombro se atenuaran para que le prestasen un poco de atención, había decidido que experimentasen cómo eran las ciudades 500 años atrás, es decir, en el año 2022.
    - Muy bien niños, desconectaré todos los aparatos en dos horas. Recordad: debéis observar y registrar en vuestras pulseras todo lo que os sorprenda y luego lo comentamos juntos.

    Dicho esto, la profesora desapareció y todos los niños empezaron a correr como caballos desbocados. Vera tomó una calle menos transitada para huir del ruido. Era bastante estrecha y algo oscura, y a los laterales había grandes ventanales donde se podía ver el interior de las casas. En ellas, vio algunas personas pasando un gran objeto de plástico con una base de metal sobre piezas de ropa, otras parecían preparar ellas mismas su comida. Pero le generó un especial impacto un hombre consumiendo lo que parecía ser tabaco, pues nunca había visto tales conductas de autodestrucción. Pensó que los avances tecnológicos y científicos de los últimos siglos habían facilitado mucho la vida, haciéndola más práctica y saludable.
    Continuó caminando y explorando la ciudad, pero se dio cuenta de que muchas calles eran similares y le parecía estar viendo las mismas cosas una y otra vez, de modo que decidió moverse en línea recta, dirección a unas montañas cercanas, para alejarse de la ciudad. En seguida se encontró con un paraje bucólico. Extraordinariamente cerca de la ciudad, se desplegaban unas grandes extensiones de árboles frutales, campos de hierbas que no conocía, e incluso vio a lo lejos un grupo de lo que parecían ser ovejas, pastando tranquilamente en una ladera. Era como un sueño. Únicamente lo podía comparar con algunas imágenes que aparecían de vez en cuando en la pared de su habitación, cuando quería relajarse. No obstante, visualizar el paisaje en esa inmersión no tenía nada que ver con las pobres imágenes en dos dimensiones. Se dio cuenta de que había un hombre cerca recolectando albaricoques y decidió acercarse. Era algo mayor, debía tener unos 140 años, pensó.
    - ¡Hola! ¿Todos estos árboles son suyos?
    - Sí, claro...-dijo girándose lentamente y mostrando un rostro arrugado y castigado por el sol, cubierto de una tupida barba blanca-. Pero no es tan bonito como parece, ¡apenas puedo vivir con lo que me dan!
    - A mí me parecen muy bonitos. De hecho no había visto nunca nada igual.
    - ¿No habías visto nunca esto? ¿Pero tú de dónde eres?
    - Bueno, en realidad soy del futuro, señor.
    - Ah, claro, ¡del futuro! -exclamó mofándose-. ¿Y no tenéis árboles en el futuro?
    - La verdad es que no. Hay algunas islas que todavía tienen, pero no los necesitamos con los purificadores de aire.
    - ¡Ja! Pero los árboles no solo limpian el aire. También sirven para que nos asombremos. Eso que sientes ahora mismo al ver todo esto es mucho más importante que el aire que respiras, ¡aunque te cueste creerlo! De esa sensación nace la poesía, la magia, una mirada tierna. Gracias a esa sensación podemos recordar quiénes somos, podemos volver a conectar con lo más esencial de nosotros. Dime, ¿tenéis tiempo para eso en tu futuro? -dijo mientras mordía generosamente un albaricoque y sonreía maliciosamente.
    Vera se enfadó muchísimo. Se dio la vuelta y caminó de regreso a la ciudad, dando grandes pasos y frunciendo el entrecejo. No obstante, en seguida empezó a reflexionar sobre lo que sentía. No estaba enfadada con ese señor, estaba enfadada con ella misma y con su mundo. Pese a todas las comodidades que había traído consigo el progreso tecnológico, muchas veces se sentía triste sin saber porqué. Anhelaba algo que desconocía. Quizá, pensaba ahora, ese "algo" fuera la naturaleza y las cosas que había mencionado ese señor.
    Al desconectarse de la inmersión estaba algo consternada. Escuchó muchas preguntas y comentarios de sus compañeros, enfatizando lo atrasados que estaban en el 2022 en muchos aspectos. En medio del griterío de sus compañeros, Vera dijo a su profesora:
    - Yo he visto un gran campo, animales, muchos árboles, y un hombre cuidando de ellos.
    - Oh, sí, ya hace tiempo que nos las arreglamos sin eso, es todo más higiénico, ¿a que sí? Aquellos eran otros tiempos.

    Artificial Intelligence For All

    Artificial Intelligence For All

    Llegué a una gran sala llena de gente de pie hablando en pequeños corrillos. Alguien levantó la mano y se dirigió hacia mí.

    - ¿Es usted Carla Gómez?

    Asentí y sin darme tiempo a decir nada más, me cogió del brazo y me indicó que le siguiera. Era un hombre delgado y muy moreno. Con la intención de tranquilizarme me dijo que se trataba de unas preguntas sobre mi trabajo. “Pura rutina” dijo sin mirarme.

    Entramos en una pequeña sala con una mesa y dos sillas. Me senté y el inspector cerró la puerta tras de sí. Se sentó enfrente, se quitó las gafas y me miró fijamente a los ojos.

    - Carla, sabemos lo que ha estado haciendo estas semanas. No me gusta perder el tiempo.

    Dejó de hablar y noté como los latidos de mi corazón se trasladaban a la sien. Un sudor frío se deslizaba por mi espalda. Aquellos segundos fueron eternos. Empecé a hablar con una voz entrecortada.

    - No sé a qué se refiere inspector. Trabajo como ingeniera en Inteligencia Artificial en la corporación municipal.

    El inspector se pasó una mano por la frente y continuó..

    - Sabemos que ha entrado de manera ilegal en la red de la empresa “Artificial Intelligence For All” y ha estado espiando su actividad.

    En aquella época, la empresa “Artificial Intelligence For All” lideraba la creación de programas de Inteligencia Artificial que se implantaban en humanos. Les llamaban “agentes”. Habían conseguido mejorar la inteligencia humana con el apoyo de estos “agentes”. Tenían una opción muy económica que consistía en alquilarlos en internet. Únicamente se requería una conexión cerebral a internet para ello. Les llamaban “Agentes IA Cloud”.

    Tras unos segundos de silencio reanudó su tesis..

    - Ha estado monitorizando los “agentes IA cloud”. Tenemos una denuncia de la compañía con pruebas de que se hizo desde su ordenador. Con una declaración suya esto será un trámite. En una hora estará usted en su casa.


    En aquel momento, temblaba y no podía articular palabra. Por mi cabeza pasaban imágenes y pensamientos encontrados. Lo que descubrí aquellas semanas era una bomba. Si llegaba a los medios de comunicación provocaría un cambio muy importante en la sociedad. La Inteligencia Artificial no había llegado para ayudarnos.

    - Los implantes -reanudé mi teoría- que llevan determinadas personas en todo el mundo, pueden interferir de manera premeditada con los “Agentes IA Cloud...

    Me quedé mirando la reacción del inspector unos segundos. El inspector, se acomodó en su silla y me animó a que continuara.

    - ...lo he podido comprobar durante estas semanas. Si usted alquila un “Agente IA Cloud” y lo conecta a su cerebro a través del puerto de conexión podría verse influenciado. En algunos casos, podría incluso no ser usted mismo…

    El inspector continuaba, inmóvil mirándome a los ojos casi sin pestañear. Decidí continuar, ahora más tranquila. Quería dejar clara mi posición en aquel descubrimiento.

    - Las personas que tienen un implante cerebral de una Agente de Inteligencia Artificial están influenciando a las personas que los alquilan por motivos económicos. Le estoy diciendo que una parte de la sociedad puede controlar al resto --levanté la voz para que quedara clara mi conclusión y la gravedad que aquello suponía.

    No creo que usted pueda aportar pruebas que confirmen su teoría --dijo el inspector con aire tranquilo.

    En ese momento, se levantó de repente y se dirigió a la puerta. Pude ver un punto negro detrás de su oreja que me indicó que llevaba un implante cerebral. Salió de la sala y cerró la puerta bruscamente. Me quedé pensativa unos segundos y finalmente lo ví todo con claridad.

    A principio de año, aproximadamente, me instalé un puerto de conexión a internet cerebral. Era una operación muy sencilla y te permitía disponer de una conexión de tu cerebro a internet. El siguiente paso, como ingeniera, era probar los agentes de Inteligencia Artificial para ver cómo potenciaban mi inteligencia. Aquellos agentes eran los llamados “Agentes IA Cloud”. Desde aquel momento me convertí en el conejillo de indias del departamento de policía por lo que el motivo de mi visita al inspector quedaba aclarada. Desde sus implantes guiaron mi voluntad y me convertí en una espía de la policía...Ahora lo veía todo claro. Fue de repente. Todo vino a mi cabeza y descubrí mi función en aquella trama. No sé por qué tardé tanto. Algo desencadenó que aquello ocurriera.

    Un fuerte ruido me despertó. Abrí los ojos y tenía la ventana completamente abierta. Me di cuenta inmediatamente de que había tenido una pesadilla. Aun recordaba aquel horrible nombre…”Agente IA Cloud”. Un inspector de policía. Me reí para mis adentros y me levanté a preparar café. Aquella pesadilla dejó una huella en mí. Reflexioné mucho sobre aquel mensaje que creí entrever. Aquella sociedad dividida por la ciencia. Algo que nunca ocurrirá.

    Beta tester

    Beta tester


    1. Es la hora de la verdad. ¿O, tal vez, deberías decir que fue la hora de la verdad? En cualquier caso, te sientes como el viejo Doc con su Delorean por estrenar en el descampado de Regreso al Futuro. También te acuerdas de tus días jugando a Day of the tentacle en un 386 ensamblado a base de placas madre de su madre con tarjetas gráficas de su padre. Incluso recuerdas como en Doctor Who, la versión buena, ya aparecían estos cachivaches. Las obsesiones tienen esas cosas. Nos seducen de pequeñas, nos atrapan algo más tarde, se convierten en cárceles de nuestro futuro.

    2. Creciste con esos referentes, sí. Te has convertido en una mujer muy vintage. Y por eso no has parado hasta confeccionar tu propia máquina del tiempo a base de libros de antiguo y nuevas teorías. Imposible, no va a funcionar, te repetías, mientras recalculabas por enésima vez las ecuaciones que conseguirían romper la barrera del espacio tiempo. Aunque sigues pensando que el futuro, nuestro destino, es monolítico. Que sobre el papel, no tenemos libertad para escoger.

    3. Por eso decidiste estudiar física cuántica. Física cua...qué, inquirían tus tinderazos, antes de huir recelosos al advertir una mujer les quintuplicaba en velocidad de cálculo mental. Cuando ellos iban, tú ya habías vuelto. Válgame la paradoja asíncrónica-¿lo es?- Has renunciado a demasiadas cosas, pero parece que ha valido la pena.

    4. Porque ahí está ahora, reluciente y flamante cabina de teléfono -muy vintage, te repites, pero cuidada hasta el último detalle, eso es innegable- convertida en una catapulta hacia un tiempo indeterminado aunque prefieres el pretérito, porque temes que cualquier tiempo futuro sea peor. Y además está en versión beta tester.

    5. Te descalzas, no sabes bien bien por qué -cuántas parafilias-, abres la puerta de doble vidrio, das un paso firme hacia adelante y cierras la aldaba tras de ti. Lo que tenga que ser será, te apresuras en pensar. Debes tomar una decisión que marcará tu futuro y se te aparecen, como si fueran un par de frames olvidados en una edición de vídeo barata, aquellos libros de Elige tu propia aventura donde podías escoger el destino dicotómico del protagonista. Muy vintage, te insistes.


    6.
    a) decides viajar hacia el pasado.
    b) decides viajar hacia el futuro

    Si eliges la opción a)
    Miras a tu alrededor, todo se parece a lo que has dejado atrás. Dudas entre si has hecho bien o no las cosas ¿Lo conseguiste? ¿Lograste romper la barrera espacio-tiempo? Continúa en el párrafo 5.

    Si eliges la opción b)
    Miras a tu alrededor, no sabes si tu artilugio -ahora mucho más vintage- ha funcionado, pero
    FIN.

    Big Bang

    Big Bang

    BIG BANG


    Antes de ayer me caí por un agujero negro. Al pasar el horizonte de sucesos lo vi todo. Todo. Pensé que no me iba a dar tiempo a comprenderlo, pero sí. Resulta que el tiempo no existe aquí, y la mente, libre de ataduras, divaga sin rumbo ni sentido, por los entresijos de la información, perfectamente organizada, en este sumidero de entropía.
    Lo sé todo y digo: ¡Qué bien! Y sigo con lo mío, que es caer, a lo tonto, en el averno de la singularidad.
    Estaba el demonio, allí, como es natural. Bebimos orujo y whisky (él era inglés), y cantamos viejas canciones picantes. Me despedí con un abrazo y me quemé.

    Escribo esto desde el hospital. Han pasado casi 14 mil millones de años y no entiendo nada de lo que me dicen o me hacen, pero sonrío a todos, o eso creo. Sí, mis creencias están confusas. Vengo del infierno, del conocimiento absoluto, de la verdad, y los sentidos no funcionan bien.

    Ayer todo era sencillo, vi el Universo entero en un soplo de aliento alcohólico, y ahora la resaca me machaca la nuca y la frente. Comprimidas la una contra la otra, en este aparato analizador, o lo que sea. UltraAntiSpan, pone en un borde, fino, muy fino, una lámina, intangible, en la que viven estos médicos que me hablan en taiguanés (es una hipótesis). Tres cilindros, de diferentes radios y alturas, y un cono truncado. Me parece que es el jefe.
    De pronto resuena un ruido, en la cabeza. Es como música, rara, sin notas, ni tempos, ni ritmos, ni colores. Sin embargo, de algún modo, hace rememorar melodías.
    –¿Qué tal estás?
    –¡¿Qué?! ¿Quién eres?
    –El jefe.
    Es, su voz, dulce y decidida, como un canto que baila entre las neuronas.
    –¿Telepatía?
    Pregunté.
    –No exactamente... Modulamos el campo de los bosones zeta.
    –¡Sois como las ballenas! Parece que repiten un estribillo, y no. Hay mil matices inaudibles, ocultos a nuestros sentidos, y totalmente claros y precisos en su mundo.
    –Más bien como los murciélagos.
    –¿Ultrasónicos?
    –Quirópteros.
    Decido que no estoy entendiendo bien el mensaje y frunzo el ceño.

    ––CHAS ––
    Siento un chasquido y la presión afloja.
    –Caíste en un agujero negro y volviste a salir, 14 mil millones de años después. Al cambio relativístico actual sería un gugolplex elevado a sí mismo.
    –¿Y eso es mucho?
    –Prácticamente infinito. En este momento, el Universo es un lugar vacío, oscuro y frío. Tiene una distribución homeopática de materia. Es una nada, que se aleja de sí misma a la velocidad de la luz.
    –Pero tenéis una civilización...
    –Algo parecido. No somos lo que tú llamarías «reales». Más bien una idea, viva, que evoluciona. Nos grabaron tus descendientes en el propio granulado del espacio–tiempo. Pero tras el inabarcable lapso transcurrido, la terrible dispersión de esos granos ha hecho enorme e ininteligible el mensaje original.
    Por eso nos interesa tanto tu caso. Tu mente se expandió hasta el infinito tenebroso de la singularidad. Lo que hemos hecho es recomprimirla a su estado normal de agregación. Básicamente te hemos reconstruido.
    –¡Teletransporte!
    Pensé.
    –No.
    Me contestó el pensamiento.
    –¿Y el agujero negro?
    –Hace eones que no existen. Se extinguieron.
    –Y, ¿de dónde salgo yo?
    –De la Nada.
    Entonces exploté.

    Hoy, me expando inflacionariamente.
    Mañana me llamarán Big Bang.
    Me gusta. Suena mafioso y gracioso. Me siento importante, primigenio y eterno.
    ¡Big Bang! ¡Toma ya!

    Compromiso

    Compromiso

    Compromiso
    Una mañana, de sábado, el nieto se levantó pronto, y dirigiéndose a la habitación de su abuelo, le dijo:
    - Abuelito, ¿por qué no me llevas hoy al colegio?
    - ¡Hoy!, No hay colegio, - contesta sorprendido Valentín, el abuelo,
    - ¿No? Contesta con incredulidad Valeriano, el nieto.
    - ¿Y por qué no?, - sigue preguntando el niño?
    - Porque los sábados no hay colegio.
    - Vale abuelo, de todas maneras yo, si no te importa quiero comprobarlo.
    - De acuerdo, dice el abuelo, desayunamos y vamos a hacer esa comprobación, también nos servirá de paseo matutino, que es muy saludable.
    Con esto, nieto y abuelo se acercan al colegio del niño y comprueban que efectivamente las puertas del mismo están cerradas a cal y canto.
    Al constatar este hecho, el niño, exclama:
    - ¡Qué pena!, - yo que quería estudiar un poco más y aprender cosas nuevas.
    - ¡No te preocupes!, - yo te las voy a enseñar cada día que no tengas colegio, - le contesta el abuelo entusiasmado, por la petición de auxilio formativo que le acababa de lanzar su nieto.
    -¡Qué bien!, - dice el niño. ¿Y qué me vas a enseñar?
    - Hoy, te voy a enseñar el concepto de electricidad estática.
    - Con esta conversación nieto y abuelo llegan a casa, y como el resto de la familia se había levantado y estaban desayunando, les pregunta Luis, el padre de Valeriano:
    - ¿Dónde habéis ido tan temprano?
    - Hemos salido a dar una paseo, hasta la escuela, contestan.
    - ¡Caramba! - Exclama, Antonia, su madre.
    - Sí, es que Valeriano tiene hambre de conocimientos y yo voy a alimentarle en ese aspecto, dice Valentín.
    - ¡Yo también quiero aprender más!, - dice Rosa, su nieta.
    ¡Qué alegría!, - Exclama Valentín, pues vamos a ello, si con un alumno ya estaba motivado, imagínate con dos, estoy por las nubes.
    Y acto seguido, Valentín les explica a sus dos nietos el concepto de cargas eléctricas y de electricidad estática, y les hace una demostración práctica con un trocito de papel, un bolígrafo y su propio pantalón.
    La secuencia de la explicación-demostración fue la siguiente:
    Imaginaros una partícula muy pequeña a la que hemos bautizado con el nombre de electrón y que se desplaza de un material a otro, por la acción del frotamiento que provoca que ambos materiales, que en principio estaban cada uno equilibrado con sus cargas negativas y positivas se desequilibren, y uno quede cargado con exceso de electrones, que son las cargas negativas y el otro con defecto de los mismos.
    Y como sabemos que todos los materiales están en equilibrio electrónico interno y que debido al frotamiento este equilibrio se rompe, si acercamos ambos materiales que ya están cargados con distinta carga electrónica, se establece una fuerza de atracción entre los mismos que provoca que se desplacen hasta tocarse.
    Y esto que os he explicado lo vamos a demostrar.
    - Cogemos este bolígrafo de plástico, de capuchón grueso, en este caso de unos doce milímetros de diámetro que os enseño, frotamos por el lado del capuchón en la parte baja del pantalón de algodón, que llevo puesto, sin presionar la pierna, para más comodidad, cortamos un pequeño trozo de papel de unos cinco por cinco milímetros aproximadamente.
    - Luego depositamos el trocito de papel sobre una superficie plana y horizontal, frotamos el bolígrafo en el pantalón durante unos treinta segundos, acercamos el bolígrafo por la parte de la superficie frotada a unos dos milímetros del papelillo y ¡he aquí la magia de la ciencia!, el papelillo se desplaza verticalmente hacia arriba quedando pegado en el bolígrafo.
    - ¡Qué guay! - Exclaman los niños al unísono.
    - Yo no he entendido casi nada de lo que nos has explicado, abuelo, pero la demostración práctica que nos has hecho me ha encantado, comenta Valeriano.
    - Bueno yo he entendido algo más, probablemente, porque soy la mayor de los dos, pero estoy de acuerdo con mi hermano, la demostración práctica también me ha dejado con la boca abierta.
    Y con esta pequeña iniciación, los niños siguieron pidiendo más y más clases cada día, y su abuelo encantado de explicarles conceptos científicos elementales, motivando poco a poco de esta forma tan sencilla a dos personas, que se fueron convirtiendo, en enamorados de la ciencia y de la investigación.
    Pasados los años, Rosa y Valeriano entraron en la universidad y cursaron estudios técnico-científicos.
    Posteriormente entraron en el mundo laboral y sus vidas les llenaron, aportando además su granito de arena a una sociedad que hicieron cada vez más justa y más preparada, para vencer las dificultades de trabajos difíciles de realizar sin ayuda técnica.
    Ella investiga sobre enfermedades actuales y planifica las metodologías de intervención inmediata, en el abordaje de nuevas posibles amenazas sanitarias que puedan aparecer en el futuro, y él trabaja en la creación, planificación y desarrollo de proyectos innovadores de desarrollo de productos y gestión medioambiental.
    Arroyo

    Cuestión de tiempo

    Cuestión de tiempo

    Según nuestros últimos modelos teóricos, el tiempo presenta una naturaleza dual. Por decirlo así, existen dos dimensiones temporales que transcurren a la vez. El concepto matemático es complejo, pero procuraré explicarlo con una analogía.

    Imaginen ustedes un libro, una novela o un cuento. Por ejemplo, pensemos en Caperucita Roja. La narración tiene su propia secuencia de sucesos. Caperucita coge la cestita, sale de casa, se interna en el bosque, tiene el encuentro con el lobo feroz, éste la engaña para que la niña tome el camino largo y llega a casa de su abuelita. Fíjense que los acontecimientos de la historia son siempre los mismos. Este tiempo interno del cuento correspondería con el que denominamos tiempo uniforme en nuestro estudio. Pero existe otra dimensión que, en el ejemplo de Caperucita Roja, sería el tiempo del lector. Un cuento puede leerse más deprisa o más despacio, de un tirón o en varias sesiones de lectura separadas, dejando el libro a medias para retomarlo unas horas o unos días después. Este tiempo del lector se corresponde, en nuestro estudio, con el que llamamos tiempo difuso.

    Como ustedes seguramente ya conocen, el llamado principio de no distorsión del tiempo uniforme establece que la dimensión del tiempo difuso no puede influir sobre la del tiempo uniforme. Es decir, no importa lo rápido o lo lento que un lector lea el cuento, no importa si interrumpimos la lectura durante horas o incluso días o si leemos de continuo. En cualquiera de los casos, la historia de Caperucita Roja conserva siempre inalterable su tiempo interno: cestita, bosque, lobo, casa de la abuelita.

    Sin embargo, nuestro grupo de investigación ha desarrollado modelos matemáticos avanzados que, al aplicarlos, revelan una excepción a ese principio de no distorsión. Sí, sabemos que los resultados de nuestros trabajos han causado un gran revuelo. Hasta ahora, nadie había cuestionado la universalidad del principio de no distorsión del tiempo uniforme. Por eso nuestras conclusiones han tenido tanta repercusión en medios y redes sociales. También por eso nuestro estudio ha sido ampliamente criticado por la comunidad científica. Y esta es la principal razón por la que celebramos la conferencia de hoy.

    Vamos a realizar un experimento, aquí y ahora, ante todos ustedes. Demostraremos que el lector, bajo ciertas condiciones especiales, no solo tiene control sobre su propia velocidad de lectura, sino que también lo tiene sobre lo que ocurre en la historia, en el tiempo interno de Caperucita Roja. Demostraremos de forma empírica y definitiva que, en contra de lo que dice el principio de no distorsión, el tiempo difuso sí puede influir sobre la dimensión del tiempo uniforme.Todos ustedes comprobarán que nuestra teoría es cierta en cuanto complete la siguiente cuenta atrás:

    Tres,

    dos,

    uno.

    ¡Ya!

    Es ahora cuando tú, que estás leyendo este cuento, debes detener la lectura, como si hubiese llegado el FIN.

    curiosidad infantil

    curiosidad infantil

    La garganta del gato está abierta. Nadie le dijo al precoz científico que estos animales no tienen motor

    De cómo los Humanos fueron regalados

    De cómo los Humanos fueron regalados

    Al principio en el Todo sólo había Nada.
    Y Krönecker, el Hacedor, creó al Uno, origen del Algo. Y luego creó al Dos. Y más tarde al Tres. Y a éstos los llamara Caprichos.
    Pero viendo que era aburrido crear uno a uno todos los números, ingenió la forma de crearlos a todos.
    Y Krönecker observó que le bastaba con dar vida a los Caprichos, sus números esenciales. Le resultó grato y entretenido crear al 5, al 7 y al 11, al 13, al 17 y al 19 y al… Y aunque pareciera que se le hubiere olvidado el 4, el 6, o el 8, el 9 o el 15, nada más lejos de la realidad. Sólo una mente creativa como la suya pudo diseñar tan perfecto mecanismo con el que despertar a los números destinados a gobernar el Universo.
    Para ello el Hacedor proporcionó a los Caprichos la capacidad de replicarse discrecionalmente al modo al que lo hacen las gotas de agua. En breve, el Todo que había sido Nada hacía un instante, se llenó de copias de doses, de treses, de cincos, de sietes… y era tal su avidez clonadora que hubo Krönecker que dispensarles de un sistema inhibidor para que no desbordaran el Todo que había sido Nada.
    Y se dijo, “Hágase que los Caprichos generen nuevas estirpes de números”.
    Y así hizo, y creó el Producto. Y dispuso que algunos doses –todos clones, pero no idénticos- se sintieran atraídos por algunos cincos –todos clones, pero no idénticos- y generaron el diez. Y Krönecker vio que el diez no había sido obra suya, sino del dos y del cinco. Y se sintió reconfortado de la plenitud que había creado.
    Y así, asomado al mundo de los números que germinaban por doquier, disfrutó de la perfección de su obra y contempló cómo algunos emparejados doses desarrollaban querencia por algún cinco al que se adhirió un caprichoso tres para gestar nada menos que al sesenta. Y fue tan de su agrado que decidió que a partir de ese momento los relojes del universo marcarían el tiempo en bloques de sesenta pulsos de su corazón.
    Krönecker que gustaba de poner nombre a todo, llamó a este fecundo paraíso numérico Le Grand Jardin du Demi-groupe Abélien, el más bello jardín de Ideas que Platón hubiera nunca podido imaginar.
    Y fuera este el regalo que Krönecker hiciera a los Humanos que habitaban la Tierra: “Tomad y disfrutad de la belleza de mi jardín de números.” -les dijo; “Es para vosotros. En ellos encontraréis los secretos del TodoQueFueNada.”.
    Y los Humanos se sintieron arropados por el abrigo del Conocimiento. Y se revolcaron entre los números y los disfrutaron y los amaron.

    DÍA 0

    DÍA 0

    Todo empezó el 27 de diciembre de 2020. Ese día todo cambió para los españoles, el tiempo se detuvo y el calendario se reinició . Algo inédito iba a comenzar. Algo que conllevaría unas consecuencias jamás imaginadas por nadie y que harían que nada volvería a ser como antes. Ese día, Araceli, una abuela de 96 años, recibió la primera vacuna contra el COVID-19 en España. Tras ella, millones de personas fueron vacunadas progresivamente, hasta que un día todos los españoles estuvieron inmunizados. Todo parecían buenas noticias. El COVID por fin había sido vencido y todo parecía volver a la normalidad, pero en realidad era todo lo contrario: el calvario no había hecho más que empezar.

    En efecto, en 2025, todo el mundo al fin había sido vacunado. Sin embargo, meses más tarde, las primeras personas que habían sido inmunizadas y aún seguían vivas comenzaron a tener comportamientos extraños. Así pues, muchos de entre ellos comenzaron a comportarse de forma extraña, como si alguien los controlase. Poco a poco más y más gente fue cayendo, hasta el punto de que un año después, el 95% de los españoles se comportaban todos igual: como unos robots incapaces de saltarse una ley, una norma. Incapaces de pensar por sí mismos. Lo único que conseguían hacer con eficacia era seguir una rutina monótona y cuadriculada día tras día, meses tras meses, años tras años hasta que su corazón se detuviera, marcando así el final de su vida. Era como si el pueblo español se hubiese convertido en un pequeño ejército que no dejaba de crecer. Pero, ¿Cómo podía haber sucedido esto? Y la mayor cuestión de todas, ¿Por qué había un 5% de ellos que no habían sufrido ningún efecto, que seguían siendo seres humanos de pleno derecho?

    Todas estas preguntas tardaron meses en tener una respuesta. No obstante llegó el día en el que al fin la verdad salió a la luz, impactando a todos los que aún eran capaces de pensar por sí mismos e incluso a los gobernadores de otras naciones. Javier Sánchez Grau, un chico de 18 años que por suerte pertenecía a ese 5%, había estado investigando desde que vacunaron a la primera persona, puesto que algo raro se olía. Durante todo el transcurso de su investigación, se fue quedando solo poco a poco puesto que todos sus seres queridos le trataron de loco y ulteriormente fueron cayendo bajo el efecto de la vacuna. Pese a todo, Javier decidió proseguir con ella y con el tiempo pudo comprobar que su intuición resultó no fallarle. Como sospechaba desde los inicios, esta vacuna inmunizaba sí, pero también esclavizaba al que se la ponía de por vida. No importa la que te pusieses, puesto que antes de aplicarla el gobierno les inyectaba un producto que no hacía efecto hasta que ellos lo decidiesen, pero que haría que obedeciesen, sin oponerse a nadie ni a nada. Y ¿Quién era el responsable detrás de todo esto? Pues como podéis imaginaros, el cerebro y director de todo este proyecto fue mi más ni menos que David González, el vicepresidente de España en aquel entonces. Y es que desde que comenzó el COVID en España, González, alias el rastas, había estado maquinando a espaldas de todos con el fin de hacerse con el poder absoluto al mismo tiempo que el pueblo se arrodillaba ante él y nadie se le oponía. Pero, pese a todos sus intentos por conseguirlo, algo le salió mal. Algo que nunca se habría imaginado y que acabó ocurriendo. Pudo ser un plan magistral visto que nadie se habría percatado de nada, sin embargo, no todos sucumbieron al producto. ¿Y cuál fue su causa? Muy sencillo. Javier descubrió que la gente que tenía una personalidad propia, muy verdadera y que tenía muy claro cómo quería ser y nunca quiso cambiar por nadie, pudo resistir al veneno inyectado. Por consecuente, y tras esta averiguación, el chico entendió enseguida que si quería devolver la libertad al pueblo español, debía encontrar la manera de hacer que cada uno encontrase su camino, su personalidad, su vida … en resumen, que cada uno consiguiese encontrarse a sí mismo de verdad.

    A día de hoy estamos en 2042, 17 años después de aquel descubrimiento que cambió la historia y posiblemente la vida de muchísima gente. 22 años habían pasado desde el Día 0. Como podéis imaginaros, han cambiado cosas, muchas cosas desde entonces, tantas que no sabría ni por dónde comenzar. Sin embargo, si queréis saber cómo acaba todo y si Javier consigue cumplir su objetivo a tiempo y devolver la vida y la libertad a sus compatriotas venciendo al rastas y por consecuente frustrando su plan aterrador y diabólico, tendréis que esperar, puesto que eso os lo dejo para una nueva historia.

    Día de Universidad

    Día de Universidad

    — ¿Cómo dices?
    —Una fiesta IPod.
    —Y qué es eso?
    —Una fiesta donde toda la gente está escuchando música con cascos, de manera sincronizada, es decir… la misma música. Y en la sala se está en silencio.
    —... ¿Ésta es tu propuesta final...?
    —Sí.
    Se hizo una pausa. Joan Torres, el jefe, se apoyó a su silla de cuero negro de su despacho, cogió aire mientras miraba hacia arriba, levantando las cejas, llenándose de paciencia con la mirada lejana al cuadro “Gato del rector”. Bajó la mirada, suspirando aire aún con las cejas alzadas, y mirando al joven Alex, comentó:
    —De acuerdo, este será tu proyecto. De primeras veo difícil que puedas encontrar datos experimentales suficientes como para poder validar alguna hipótesis con la que puedas ganar el concurso, pero bueno. ¿Qué tienes pensado? — se acostó un poco — Cuál es tu hipótesis? – y con rintintín prosiguió—: Sorpréndeme.
    Alex frunció una sonrisa, y dijo con orgullo:
    —La variación del canto del individuo durante su relación con una pareja potencial en ambientes festivos intrasonorificados.
    Joan puso los codos encima de la mesa, apilando una mano encima la otra, y, mirando a Álex, hizo una de sus habituales pausas en las que parecía que se hubiera quedado congelado. Dejaba de respirar y miraba de un modo tan quieto que parecía que un hechizo le hubiera inmovilizado. Alex se percató del momento. Esas pausas que hacia Joan eran famosas entre las clases, y los alumnos habían incluso llegado a realizar un estudio que relacionaba el tiempo de pausa con la subjetiva gravedad del asunto que precediera a ésta, y con el momento del día. El recordar dicha situación sobresaltó a Alex, y tuvo que barrar en seriedad las ganas de reír que le producía ver la famosa imagen congelada de Joan, a lo que apretó los dientes y frunció la boca, a modo de contienda, intentando inevitablemente no reír. En ello, y por costumbre, se puso a contar los segundos de la “empanada”, dado que Joan en estas situaciones tampoco decía nada, y eso apaciguó la incontinencia emocional que tenía Alex en ese momento, aplanándose en seriedad. Al segundo seis, el segundo medio según el estudio, Joan, con su larga cara regordeta, a continuación de sus pensamientos, dijo con tono plano:
    —Espero que hagas de las tuyas, y saques conclusiones como bien sabes.
    —Sí – dijo Álex, con certeza y respeto.
    Joan apartó la mirada a un lado, miró la máquina de té nueva que tenía al lado, y con una excentricidad e ilusión también contenida, con la mirada fija a la máquina, dijo:
    —¿Quieres un té?
    Alex hizo balance sobre la cantidad de “síes” y “noes” que podría tener en su historial de respuestas y pensó en todos los alumnos y alumnas que quizá no aceptaron “sí o sí” el té durante las últimas reuniones de personal alumnado.
    —Sí, – dijo Alex — ¿por qué no? — “Después de haberme tomado un café, ¿por qué no?” se dijo en ironía, sabiendo que sobre las ocho de la tarde estaría como una moto. En consuelo, pero, en aquel entonces estaría jugando a futbol o escaqueándose con Nati.
    —No me mientas ¿eh? – dijo Joan. Joan era un tipo muy asertivo, muy directo, de estos tipos esbeltos a lo que gordos, que en su cuerpo albergan un sinfín de energía para un sinfín de tareas no relacionadas directamente con todo lo que sea movimientos a distancia, como podría ser jugar a básquet, bici estática, o, potencialmente, soltar una galleta. – Que lo sé yo, si no se quiere café. Si no quieres no pasa nada.
    Alex sabía que, tras esta pregunta, de forma inherente, había el estudio que su primo le había encargado para determinar el agrado a un tipo de té por parte de un alumnado de la Universidad en reuniones de ese tipo. Todo ello, claro está, con tal de evaluar el potencial de consumo de la máquina de té. El aparato lucía un rojo metálico que lo hacía parecer atractivo, pero en realidad no era más que un producto mínimo viable, una chapucilla de electrodoméstico de dos botones.
    —¿Cuál quieres? – Dijo Joan, de manera directa.
    —¿Cuál tenéis?
    —Emmm, creo que… – Joan se levantó de la silla — verde manzana… verde trigo… verde uva verde… - dijo rumiando.
    —¡Jaj! ¿verde uva verde…?
    —Sí, por lo que se ve encontraron un tipo de flavonoide que va muy bien para la digestión.
    —Ah. Pues ponme este, por favor.
    — De acuerdo.
    Joan se levantó, cogió una cajita de madera, y sacó una bolsita de té.
    – Sí… — añadió de nuevo a la conversación anterior— El artículo se llama – y con un inglés tremendamente limpio, dijo–: Assesment of grape flavonoids in … ahora no me acuerdo. Está en novedades, de la biblioteca Vegetales. Por cierto, ¿cómo llevas el tema de las mariquitas…?

    Doble cadena

    Doble cadena

    Rafa llevaba ya dos años haciendo su tesis doctoral en biología molecular, un tema que siempre le apasionó. No pensó en ningún momento que la tesis, ni la investigación en general, fuesen tan duras. Obtenía los resultados con cuentagotas, y no era así solo en su caso, en su entorno los ritmos eran similares. Prueba así, no funciona, repite, no funciona; cambia, no funciona; cambia … Había que estar muy motivado, no era cosa de “llegar y besar el Santo”, había que estar psicológicamente preparado para fracasar, y para levantarse con suficiente entusiasmo para seguir luchando. En cualquier caso él lo tenía clarísimo, era lo que quería, incluso aunque tuviera que hacer sacrificios, incluso aunque fueran grandes sacrificios. Tenía poco tiempo para divertirse y estar con su pareja, pero se suponía que eso cambiaría cuando fuese doctor. ¿Seguro? había quien afirmaba que luego era incluso peor (los post-doc, básicamente).
    Su material de trabajo era el ARN mensajero, la molécula “puente” entre la información genética (ADN) y las proteínas, que es lo que da forma a los seres vivos. Sin embargo, a raíz de la pandemia de Covid-19 había empezado a trabajar también con ARN viral. Su laboratorio trabajaba, como tantos otros en ese momento, en un proyecto sobre el coronavirus SARS-CoV2, con el objetivo de colaborar en solucionar el problema que tanto sufrimiento estaba causando. Los coronavirus no son retrovirus, por lo que su material genético siempre es ARN de cadena sencilla, sin pasar a ADN ni integrarse entre los genes del núcleo de la célula.
    Acababa de aislar un ARN que interaccionaba con el ARN viral, y estaba a punto de saber cuál era su secuencia. Convertir ese ARN en ADN y secuenciarlo, le permitiría identificar cuál era el gen que probablemente estaba actuando como defensa frente al virus. No sabía qué tipo de ARN podía ser, ya que en principio no conocía ningún ARN de la célula huésped con esa función. Era uno de esos momentos emocionantes, en el que piensas que tu contribución a la ciencia puede ayudar a mejorar la vida de las personas. Es el objetivo final, debe serlo.
    En cuanto el servicio de secuenciación le enviase los resultados los cruzaría con las bases de datos de genes de todos los organismos, aunque esperaba, lógicamente, que fuera un ARN humano. Unir otra molécula al ARN de cadena sencilla del virus lo convertía en ARN de doble cadena, y esto lo hacía susceptible de ser degradado por proteínas del sistema de inmunidad innata. Tanto su grupo de investigación como otros, habían observado que la variabilidad genética del sistema inmune innato influye en la gravedad de la enfermedad. Algo tiene que explicar porqué para algunas personas es un resfriado y para otras una enfermedad gravísima. Es lo que intentaban explicar en su proyecto.
    Estaba ansioso por analizar la secuencia, miraba el mail cada cinco minutos para ver si había llegado. No podía concentrarse en otra cosa, ni siquiera en lo que haría este fin de semana, uno de los pocos en los que no tenía pensado trabajar. Había pensado descansar, y dedicarlo a estar con su pareja y amigos, a los que tenía bastante descuidados.
    Mira de nuevo el mail: nada. Habla con su compañero de laboratorio:
    -Vladímir, ¿planes para el finde?
    -No, tengo pensado venir al laboratorio. Aunque creo que no estaré todo el día. Vendré un rato por las mañanas y luego descansaré o saldré a tomar algo y dar una vuelta. ¿Necesitas que te haga algo?
    -No necesito nada, me lo dejo todo acabado, me tomaré el finde libre. Si quieres que quedemos llámame.
    Vladímir era ruso, por lo que no tenía aquí a su pareja, ni tampoco amigos que no fueran del trabajo. Solíamos quedar algunas veces, aunque teníamos poco tiempo libre.
    Rafa mira de nuevo el mail: mensaje del servicio de secuenciación. Le late rápido el corazón. Descarga los archivos. Abre uno. Se equivoca de formato. Los nervios. Abre el correcto. Copia la secuencia y la lanza a la base de datos. Esto nunca fue muy rápido, menos si es contra las secuencias de todos los organismos. Termina. Resultado: decepción, genoma de SARS-CoV2. ¿Cómo puede ser? Está seguro de haberlo hecho bien, era ARN de doble cadena. No puede ser el híbrido ADN-ARN que aparece durante la transcripción del virus. ¿Estará el ARN del virus como doble cadena?. No es posible. De repente recuerda algo de la biología del virus. No es virólogo de formación pero se ha puesto al día; en el momento de la replicación puede estar como doble cadena. Bueno, ya sabía que esto de la investigación era así. A levantarse y a seguir peleando, ¡con ganas!.
    -Vladímir, al final vendré el fin de semana , no podremos quedar. ¿Necesitas que haga algo?
    -No, yo también vengo. Nos vemos por aquí.

    Duda atómica

    Duda atómica

    Hasta tercero de la ESO era una estudiante totipotencial, como una célula embrionaria. Se me daban bien las letras y las ciencias, y por eso no había elegido aún el camino por el que me iba a diferenciar. Pero conocí al profesor Fernando, y él determinó mi futuro en cuanto lo vi aparecer con su bata blanca en clase.
    Nos venía a enseñar física y química, materias que en mi mente sonaban abstractas y complicadas. En la primera clase nos dijo que íbamos a aprender los secretos del universo. Aquella afirmación me sorprendió porque yo ya conocía todos los reinos y filos de animales, ¿qué más misterios me podían quedar por aprender? Si le hubieran dicho a mi yo de catorce años que la ciencia no tiene fin, no habría pensado con tanta suficiencia.
    Un alumno le preguntó a Fernando por qué llevaba aquella bata si no se podía manchar de nada, como mucho de tiza. Los rumores decían que no se la quitaba ni para ir al baño.
    —La bata es más que una prenda de protección, es el símbolo de los científicos. Es un orgullo poder llevarla y mostrarla al mundo. Tal vez algunos de vosotros algún día también llevéis una. ¡Espero que os acordéis de mí!
    Puse los ojos en blanco y leí la primera página del libro. El átomo como componente unitario de la materia. Me lo imaginé como una célula, aunque no terminaba de visualizar cómo una célula podía componer un lápiz.
    —Imaginad el átomo como un ladrillo —comenzó el profesor—. Con millones y millones de ladrillos tenemos este libro, la camiseta del chico de la primera fila, ¡incluso las estrellas! Los átomos son lo más pequeño que existe y son indivisibles, no se pueden romper.
    —¿Más pequeños que una hormiga? —preguntaron.
    —¡Millones de veces más pequeño!
    —¿Y cómo son?
    —Esa es la gran cuestión. Ya estáis empezando a pensar como científicos.
    Mis compañeros soltaron exclamaciones de admiración. Yo volví a poner los ojos en blanco, aquel profesor solo hacía espectáculo, pero no enseñaba nada.
    —El primer modelo atómico fue el de Dalton, que describía los átomos como bolitas. Tenemos la tabla periódica, ¿la veis allí? —Señaló la lámina colgada sobre la pared—. Existen todos estos elementos, de átomos distintos que son iguales entre ellos. La unión de distintas bolitas es lo que conforma toda la materia.
    Avancé unas páginas en el libro y vi que el modelo definitivo era el de Rutherford y me apresuré a levantar la mano.
    —Profesor, pero en el libro dice que los átomos no son bolitas sólidas, sino que tienen un núcleo con otras bolitas más pequeñas girando.
    —¡Vaya, alguien que se adelanta! ¿Y tú de quién te fías, de mí o del libro?
    —Debería decir de ti porque eres el profe, pero los libros nunca mienten.
    La clase fijó su atención en el profesor puesto en duda, pero él sonreía calmadamente.
    —La verdadera ciencia enseña por encima de todo a dudar y a ser ignorante.
    —¿Eh? —pregunté sin entender su respuesta.
    —De Miguel de Unamuno, ya lo estudiaréis. Quiero que sepáis que primero tenemos que aprender lo que se sabía en el pasado y, hoy en día, nos lo replanteamos una y otra vez. Seguimos añadiendo granos de arena, pero nunca eliminamos los antiguos.
    —¿Qué es? ¿Una playa?
    Mis compañeros rieron, aunque lo había dicho con mordacidad.
    —Sí, la ciencia es una playa con un océano infinito. Volviendo a nuestros átomos que son bolitas…
    Durante las siguientes semanas, Fernando nos explicó hasta el modelo atómico de Rutherford y comprendí que la idea del átomo se había ido refinando durante el tiempo, pero esta visión del núcleo y los electrones me satisfizo porque lo había visto representado así en The Big Bang theory y en Jimmy Neutrón. Abandoné toda reticencia hacia mi profesor y adoré cada una de sus clases en las que expandía mi visión de la realidad. Incluso empecé a etiquetar la sal y el bicarbonato con sus fórmulas empíricas, para disgusto de mi madre.
    No obstante, no me pudo decepcionar más cuando en el curso siguiente nos volvió a hablar de los átomos. ¿Niveles de energía? ¿Los electrones no giraban todos igual? Y para remate, ¿los electrones eran probabilidades? Me enfrenté a él.
    —¡Fernando! ¿Cómo no nos habías explicado esto antes? Nos has tenido engañados.
    —¿Yo? Nada más lejos de mi intención. ¿Me habrías creído o entendido el año pasado si te hubiera hablado de orbitales?
    —¡Sí! —grité indignada.
    —Pues no dudaste de la veracidad del modelo de Rutherford. Os dije que un científico se apoya en la evidencia anterior mientras duda de ella para llegar a una verdad más refinada. Eso es la ciencia.
    Me quedé sin palabras. ¿Cuánto me quedaba por aprender? Deseé que él me pudiera enseñar a ser científica.

    El agua, menudo caracter. ¡Que le pregunten al PH!

    El agua, menudo caracter. ¡Que le pregunten al PH!

    Erase que se eran las moléculas de agua. Vivian alegremente entre los cero grados que las congela pasándolas a cubitos de hielo y los 100º que las evapora cual humo. Grados Celsius que no es mal sistema de medida. Así pues, el agua con sus moléculas parecía estar tranquila y feliz en ese estado tan fluido y atemperado, sirviendo para múltiples aplicaciones en la naturaleza del planeta tierra.
    Pero no todo era la armonía que así, mirando a la superficie, pudiera parecernos. Fijándonos en ella nos percatamos de que, en realidad, esta tensa, tanto, que pueden pasear sobre ella aquellos insectos avispados que la conocen bien. Y es que, ha diferencia de los solidos tan unidos y cohesionados siempre, tan apegados, tan juntitos todos sus átomos, la molécula de agua esta consigo misma en un continuo y constante me quiero, no me quiero, me separo, me uno, del amor al “ahí te dejo”, de una manera tan continua, tan cíclica, que su molécula se separa y une una y otra vez en un constante ni contigo ni sin ti, hasta que decide volverse a unir.
    Hay que explicar que dicha molécula está formada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxigeno, lo que los químicos sesudos llaman H2O. Este, el oxigeno ¡es un elemento! no como todos los demás de la tabla periódica, ¡no! Es un metomentodo sin ningún freno ni control que todo lo oxida o casi todo y aunque esa es otra historia se pasa el día malmetiendo a los dos hidrógenos.
    La cosa es que estos tres átomos que juntos se llaman agua y tanto bien hacen juntos y tanto necesitamos, se separan a cada rato y no cada cual por su lado y a otra cosa mariposa, si no que se despiden en dos bloques: por un lado, el oxigeno con un hidrogeno juntos y en pandilla, formando un Basílico, y por otro lado el otro hidrogeno, que queda un poco perplejo por allí, perplejo, solo y enfadado. Se le conoce como Hidrogenio.
    Cuando son muchos más hidrogenios (H+) que basilicos (OH-) en esa agua, su mal humor es tal que esta se vuelve ácida y ¡como para meter el dedo en ella o beberla!, estaría agria y es tal su mal humor, que hasta se nos quemaría la piel. Tal es la cuestión que lo utilizamos cuando se pone así, para desinfectar superficies de microorganismos, por ejemplo.
    Cuando son más los Basilicos, OH-, el agua se hace básica, vamos, nada sofisticada. Le llaman alcalina y también tiene su carácter y por tanto su utilidad. Ejemplo como desengrasante.
    En ciencia, se mide esta situación de desencuentro en la molécula de agua con tiras de colores y se dice que se está midiendo el PH. La escala va del 1 al 14. Si hay más H+ es agua ácida (del 1 al casi 7) y si hay más OH- es agua alcalina (más de 7 hasta 14). Cuando hay 7, reina la paz y es agua neutra.
    Y así es como en el agua están separándose y uniéndose sus OH- y sus H+, tanto y a tanta velocidad, que a nuestra vista de humanos parece fluida y en calma, pero vista al detalle, tiene una frenética actividad molecular y un PH que podemos cuantificar para utilizarlo en nuestro beneficio. Y…colorín, colorado, ácido o alcalino según el color que resulte cuando lo midamos.


    EL ALUNIZAJE (EL DE VERDAD)

    EL ALUNIZAJE (EL DE VERDAD)


    En La Luna vivían reñidas dos tribus de Selenitas, los Ita y los Eta. Los eta formaban una malvada organización llamada ETA2, eran injustos y esclavizaban a los Ita. Pero fue aquel día en el que, cuando el hombre alunizo en La Luna, el 20 de julio de 1969, en tiempo selenita serían unos 341565732545 its, fue el momento en el cual el General de los Eta decidió unirse a los Ita para combatir la amenaza común.

    Tras esta inesperada unión, reunieron todos los recursos y todas las armas que poseían para la batalla final. Dejaron de lado sus diferencias y lucharon con todas sus fuerzas como una Única Nación para evitar el avance del hombre…

    La batalla fue dura, muchos selenitas cayeron en pocos minutos del tiempo humano. No obstante el hombre fue totalmente derrotado en esos pocos its del tiempo selenita. La atmósfera del clímax… alejada de la muerte y el dolor… era un páramo peculiar a la vez que bello, Itas y Etas ayudándose mutuamente por vez primera, luchando codo con codo con tácticas perfectamente coordinadas, recogiendo al caído sin importar el bando, tratando a los heridos y recogiendo a sus compañeros caídos por igual…

    De este modo evitaron que el hombre pisara más de tres palmos de la luna, espacio donde clavaron la conocida bandera americana. Ya que los dejaron a todos totalmente chamuscados y linchados, haciendo que su huida a su nave, conocida como módulo Eagle, fuese más cómica para los selenitas que épica para los humanos de La Tierra. Y colonización no colonizada, a la vez que está historia… se da por terminada.

    PD: Los hombres no se atrevieron a volver a La Luna hasta el año 3023, por miedo a ser “rechazados” de nuevo por sus habitantes, los Selenitas.


    FIN

    El congreso

    El congreso

    — ¡Por culpa de enclenques como estos estamos perdiendo la guerra contra los humanos! Ahí los tienes, discutiendo sobre nimiedades... Que si la mutación sudafricana combate la vacuna Pfeizer mejor que la inglesa, que si con esta variedad de proteína DarB prevendrán el efecto de degradación de su ADN… ¡Con esa manera de pensar lo único que van a prevenir es la supervivencia de su especie!

    Este individuo con aire de anarquista antisistema sentado a mi lado no modera apenas su tono de voz. Realmente le importa bien poco que haya otro retrovirus intentando disertar en el estrado. Si bien suscribo su opinión, no tengo interés en darle coba.

    — Dos por ciento de mortalidad. ¡Vaya aficionados! Con ese ratio no me extraña que los humanos hayan tenido tiempo de desarrollar vacunas. Prácticamente se lo estaban pidiendo a gritos. Si hubiera sido yo… En 2013 llegué al ochenta por ciento, no hubiera dejado a uno vivo.

    Esta sesión monopolizada por los coronavirus ha finalizado por fin. La siguiente charla promete ser muy controvertida. Se trata de un anciano virus endógeno que se jacta de haber vivido durante cien mil años junto al ADN humano en el núcleo celular. Su tono es el de un iluminado cuando nos recuerda, no sin cierto paternalismo, que nuestro papel como replicadores es simplemente transmitirnos para sobrevivir.

    — Todo lo demás es superfluo —dice—. ¿Para qué toda esta violencia, toda esta carrera armamentística? ¿Para qué esta mentalidad competitiva? No somos nosotros contra ellos. No necesitamos mejorar nuestras armas, ni tampoco entregarlas. Sólo tenemos que cambiar de paradigma. En los cromosomas hay espacio para todos. Tanto los genes humanos como otras muchas especies no tienen problema en acogernos junto a ellos como compañeros de viaje. Siempre y cuando cesemos en esta oposición frontal, nos aceptarán como uno más. ¡Ni siquiera tenemos que codificar nada útil! ¿No entendéis que es la mejor solución para todos?

    Unos murmullos recorren la sala antes de que mi compañero pierda la paciencia. Levanta su sinuoso cuerpo del asiento y le grita al ponente a pleno pulmón.

    — ¡Tú sí que no entiendes nada, insolente judas! ¿Hay espacio para todos en los cromosomas? ¿En qué clase de mundo fantasioso vives? Te crees un profeta que nos salvará a todos, ¿verdad? Lo que eres es un cobarde que decidió desactivarse para que los humanos te permitieran replicarte a su costa. Quizás tuviste suerte pero, ¿en serio crees que los otros genes tardarán en darse cuenta? Sabes tan bien como yo y como todos en esta sala que están empezando a conocer y manipular su propio ADN, ¿crees que vas a poder mantener tu tapadera mucho tiempo? ¡No os engañéis! No somos nosotros contra ellos. Somos todos contra todos.

    Con ese final lapidario me doy cuenta de algo. Este virus sentado a mi lado no es otro que Zaire ebolavirus, una leyenda viva a la altura de referentes como la Viruela o el Marburgvirus. El silencio confirma un acuerdo general entre la audiencia. El virus endógeno se retira posiblemente antes de acabar su tiempo asignado. Ebolavirus se dirige a mí triunfante.

    —¿Lo ves? Todos están de acuerdo. Si yo volviera a tener la oportunidad dejaría la civilización por los suelos. Si hubiera estado yo en lugar de este coronavirus, viajando en avión entre continentes, de boca en boca como van ellos… Te aseguro que los habría aniquilado a todos.

    — ¿Y a quién infectaríamos entonces? —Le replico. Este virus no parece acostumbrado a que otros le lleven la contraria y me mira como si le hubiera insultado— Es más, ¿por qué no lo hiciste cuando tuviste tu oportunidad? ¿Acaso tenías tanta sed de sangre que alertaste inmediatamente a todo el mundo de tu presencia? Sí, debe ser eso. Devoraste todos los órganos que encontraste en tu camino sin poder contenerte, ¿verdad?

    Ebolavirus aparta la mirada por un instante, reconociendo por un instante en mis palabras el pecado al que le arrastra su naturaleza: la codicia. Inmediatamente vuelve a la carga con un ad hominem.

    — ¿Y tú quién crees que eres para hablarme así? ¿Crees que tú tienes la solución a nuestros problemas? ¿Que tú y tu soberbia podéis ganar esta guerra? Ni siquiera sé a qué genus de virus perteneces, ¿seguro que no eres otro infiltrado? ¡Habla! ¡Vamos, sube ahí y dinos quién eres!

    Nuestra conversación ha atraído la atención de la audiencia y la tribuna sigue vacía. Este es un buen momento para darme a conocer. Desde la tarima, me dirijo a una multitud de virus expectantes.

    — Disculpad que no me dirija a vosotros como hermanos, amigos o compañeros. Como el célebre ebolavirus aquí presente ha mencionado antes, todos somos enemigos. Además, existe otra diferencia entre vosotros y yo. La mayoría os habéis preparado para vuestra tarea en centros animales como los murciélagos o los simios y habéis mutado para atacar a un enemigo más poderoso. Otros lleváis tanto tiempo integrados en el ADN humano que ya nadie os distingue de éste. Debo deciros que con toda su asumida importancia, vuestro pequeño congreso es absolutamente inútil. No tenéis la mínima oportunidad contra mí. Yo no soy producto de mutaciones aleatorias. Soy el fruto de un cuidadoso proceso de perfeccionamiento llevado a cabo en un laboratorio. También os equivocáis respecto a los humanos. No son el enemigo ni tampoco vuestro aliado. Tan sólo son los creadores de su propio fin. Yo soy su final.

    El Cuerpo del Mañana

    El Cuerpo del Mañana

    —La tendencia ha vuelto a cambiar: ya no serán rosas y amarillos, sino verdes y azules. Al menos para el cabello. Para los ojos no habrá patrones establecidos, o serán, como de costumbre, excesivamente breves. Lo más seguro es apostar por los tonos claros. Suelen resaltar más. Creo que los labios se mantendrán con su asimetría habitual: superiores carnosos y redondeados, acompañados de unos inferiores más tersos y finos. La nariz, en cambio, se ha vuelto más céntrica que nunca. Aunque siempre agradan las extravagancias, conviene ser especialmente creativo. Un puente prominente y bien recortado, combinado con orificios pequeños y una punta levantada de las que facilitan la respiración, por ejemplo. Para los pómulos es mejor mantener el modelo actual, siempre que lo acompañemos de hoyuelos en las mejillas. A ser posible de cierta profundidad. La piel siempre es una incógnita: hemos pasado rápidamente de tonos pálidos a ocres, y de la uniformidad absoluta al expresionismo más abstracto. Es imposible acertar con el color o la textura, por lo que mejor no hablar de grabados. Aquí lo más apropiado es decantarse por la originalidad, pero sin grandes inventos. Por poner un ejemplo: un tono muy pálido con “brochazos” de pigmentación carmesí sobre los contornos más gruesos, o “salpicaduras de pincel” para decorar los más finos. Si se prefieren a la vista, los antojos deben acabar en el cuello, la nuca o las muñecas. Nunca en el rostro o las manos. En estos, lo efectivo son detalles discretos y poco más. Sobre la complexión, la inclinación general es decantarse por cuerpos esbeltos con una musculatura bien definida. Está comprobado que una ligera desproporción de los glúteos llama la atención, así como de las manos. Pero el equilibrio es delicado, no conviene exagerar. En cuanto a la estatura tampoco es conveniente sobrepasar los márgenes aceptados. Hay quien se aprovecha de la tendencia para rebasar el estándar unos centímetros, pero esta decisión no resulta del todo saludable. Las recomendaciones están por algo. De las partes íntimas no hablaremos. Para eso hay otros asesores con los que también conviene entrevistarse. Por último, está la cuestión más delicada y circunstancial: la edad. Para mantener el máximo grado de belleza, lo ideal es mantenerse dentro del rango de máximo rendimiento estético. Pero hay un factor a tener en cuenta: debemos saber si queremos conservar la carga genético o no. Los genes adjudicados por herencia suelen ser caprichosos e impredecibles. Podrían desplazar ligeramente los rangos de máximo rendimiento estético, aparte de causar otros efectos no deseados.
    —¿Qué recomienda en mi caso?
    —Yo siempre recomiendo dejar atrás el pasado y archivar la carga heredada como recuerdo.
    —Podría empezar completamente desde cero, pero, ahora que lo pienso, no ha dicho nada de la cuestión sexual. ¿Qué marca la tendencia al respecto?
    —Es mejor ser prudente y no sexualizar nuestro cuerpo de manera categórica.
    —Pero, durante mi última encarnación pude ver mujeres y hombres claramente definidos.
    —Solo en apariencia. En realidad, se trata de meras personalizaciones superficiales.
    —Comprendo —meditó la voz un instante—. Creo que necesitaré algo de tiempo para decidirme.
    —Naturalmente. Si le parece, podríamos empezar por esbozar una imagen humana cualquiera y la vamos personalizando progresivamente. Así podrá visualizar mejor su cuerpo del mañana.

    El día en que el calor del hogar alteró el acervo

    El día en que el calor del hogar alteró el acervo

    La madre tomó a la pequeña Heidelbergensis del brazo y con un rápido y calculado movimiento, la cabalgó sobre su espalda con las piernas alrededor de la cintura. Luego, con jirones de piel de venado, la sujetó fuerte contra su cuerpo.
    —Un día de estos vas a tener que soltar a esa cría —le dice una mujer al cruzarse con ella.
    La madre no responde y se adentra en el bosque con su hija sobre el lomo. Al atardecer regresa con la alforja llena de tubérculos y varios roedores colgados de la cintura.
    Hace tiempo ya que el clan robó el fuego a los dioses. Desde entonces, les aterroriza que se extinga la llama y volver a ser víctimas de los depredadores y del frío. Para que eso no pueda suceder, tanto machos como hembras, se turnan para cortar madera y avivarlo sin descanso.
    La madre se sienta junto a los miembros del clan que, al ponerse el sol, se amontonan en la entrada de la cueva, cerca del fuego, para entrar en calor y contar historias. La madre, piensa que ese es un buen momento. Desata de su espalda a la pequeña y la coloca con delicadeza a su lado entre pieles.
    —Como habréis visto, pronto no podré llevar conmigo a la niña¬—dice mirando a la pequeña con ternura¬.
    —Esa cría ya tendría que poder andar hace tiempo — dice el más anciano.
    —Es un ser deforme y monstruoso que nunca va a poder cazar ni dar hijos —dice otro.
    La madre los deja hablar mientras desuella a los conejos, los empala en una vara y los coloca sobre las brasas.
    — Será una carga para todos nosotros — dice una mujer mientras husmea con su narizota la carne asada.
    —Hay que abandonarla, sin más, como hemos hecho siempre —sentencia otra.
    —Esta criatura es un engendro, pero es uno de los nuestros y este es su hogar. Así lo han querido los dioses— dice un hombre que acababa de incorporarse al grupo y que posa una mano sobre el hombro de la madre.
    La mujer no había vuelto a pronunciar palabra. Se había limitado a escuchar y a repartir entre los presentes la sabrosa carne.
    —Todos tenéis razón, pero no puedo dejarla morir— dice de pronto la madre, tomando a su hija entre sus brazos acariciando el torcido cráneo de la pequeña—. He pensado que, a cambio de la carga que pueda suponer su cuidado para el clan, yo me encargaré de mantener el vigor del Dios del fuego encendido.
    Hubo un largo debate durante días, nunca se había hecho nada parecido. La prioridad había sido siempre la supervivencia del grupo. Sin embargo, había llegado el momento para que la madre y su cría desvalida alteraran el acervo de la tribu.


    En la sierra burgalesa de Atapuerca se halló el cráneo de una niña de Homo heidelbergensis que vivió hace 530.000 años. La niña padecía graves alteraciones morfológicas, diagnosticadas hoy como craenosinostosis, una enfermedad que provoca un retraso psicomotor. La niña tenía entre diez y doce años al morir.

    EL GRAN VIAJE DE LOS ELECTRONES

    EL GRAN VIAJE DE LOS ELECTRONES

    Alba estaba muy emocionada, aquella noche apenas había podido dormir. El día que llevaba tanto tiempo esperando había llegado. Su clase tenía una visita a uno de los lugares más mágicos que ella nunca podría haber imaginado, el sincrotrón Alba. Desde muy pequeña, su pasión por las ciencias era abrumadora, inclusos sus padres, se sorprendían de la capacidad de su hija por aprender cosas nuevas en ese ámbito.
    El despertador sonó varias veces, pero Alba se hizo la remolona y no se levantaba. Su madre tuvo que ir a despertarla a su habitación.
    - ¿Alba, estás bien?
    - Sí.
    - Hija, son las 8:00, hora de levantarse para ir al colegio.
    - Voy mamá, Alba dio un salto y en 5 minutos estaba preparada, estaba tan nerviosa que apenas no había podido dormir durante aquella noche.
    - Tranquila Alba, la visita irá muy bien y tú y tus compañeros os divertiréis mucho.
    - Gracias mamá.
    Alba cogió su mochila y salió decidida a pasar un día lleno de aventuras.
    La llegada al sincrotrón fue muy rápida, todos estaban en fila y en silencio esperando para entrar. Alba estaba la tercera de la fila con sus dos mejores amigos: Cristina y Joan, eran inseparables y cuando de ciencias se trataba eran los más aplicados de la clase.
    Los recibió una chica muy amable que los llevó al interior del recinto donde se encontraba el sincrotrón. Les mostró un par de maquetas a pequeña escala con las que les explicó que era la luz sincrotrón y para que se utilizaba. Llegó la ronda de preguntas y Alba contestó:
    - “la luz es un tipo de onda electromagnética que se propaga a través de la materia y a través del espacio vacío”
    - Muy bien Alba, dijo la profesora.
    Siguieron caminando por la sala hasta que se pararon en un poster en el que pudieron observar el espectro electromagnético, en el que estaban representadas todas las radiaciones, desde las ondas de radio hasta los rayos gamma, como todos ellos sabían - el sincrotrón utilizaba para los experimentos que allí se llevaban a cabo la radiación de rayos X hasta la radiación infrarroja.
    A continuación, había una gran sala en la que por fin pudieron ver el gran acelerador de partículas. Alba, Cristina y Joan se quedaron largo rato admirándolo, apenas unos minutos después se encontraban los tres solos en la gran sala. No se escuchaba nada y no tenían idea de por donde habían seguido la visita sus compañeros. Decidieron dirigirse hacia la izquierda y encontraron una gran puerta abierta, entraron y al momento se encontraban en un lugar totalmente diferente en el que apareció un pequeño ser redondito con un signo negativo en el centro. Los tres niños se sorprendieron y se miraron viendo que ellos mismos tenían el mismo aspecto.
    - Hola amiguitos, ¿Cómo estáis?
    - Cristina y Joan no cambian en su asombro. En cambio, Alba estaba encantada.
    - Disfrutar del viaje y espero que no tengáis miedo a la velocidad.
    Alba fue la primera en ser propulsada siguiendo al nuevo amiguito que habían encontrado allí dentro. De golpe Alba dio un gran grito, al cual le siguieron los gritos de Joan y Cristina que como bien Alba dedujo venían detrás de ella impulsados a gran velocidad, ellos 4 formaban un paquete de electrones que circularían durante un largo tiempo por el acelerador de partículas.

    El circuito a través del que se movían Alba y sus amigos estaba formado por unos grandes imanes de color azul (imanes de direccionamiento dipolares), que cada vez que pasaban por ellos les redirigían para que siguieran en la misma curvatura del anillo en el que se encontraban. Muy cerca de estos imanes, se encontraban los imanes deflectores cuadripolares, éstos eran de un color beis clarito y servían para concentrar el haz de luz, por lo que cada vez que pasaban por ellos los cuatro amiguitos resplandecían como una estrella. Por último, entre los imanes había unas zonas de aceleración (formadas por cavidades de radiofrecuencia y campos eléctricos) que hacían que en ningún momento perdieran velocidad. Además de sentirse un tanto mareados de tanta vuelta a velocidad increíblemente alta, casi a la velocidad de la luz, se sentían encantados. Después de unas cuantas horas dando vueltas fueron proyectados hacía un tubo en el que se mantuvieron unos segundos hasta ser enfocados por un pequeño aparato del que brotaron con un gran brillo, de forma pulsada (con los cuatro amiguitos como un paquete emitiendo un pulso de luz), de forma polarizada incidiendo como rayos X en la proteína que tenían delante. En ese mismo instante Alba escuchó un gran estruendo dándose cuenta que el despertador no paraba de sonar en su mesita de noche, se despertó y se dio cuenta que todo había sido un sueño.

    El huevo de Schrödinger

    El huevo de Schrödinger


    La Universidad Hebrea de Jerusalén es la institución que custodia los más de ochenta mil documentos personales que Albert Einstein legó a ese centro. Un número indeterminado de originales, no obstante, permanece en manos de particulares; como una carta que dicha entidad compró en 2010 por mil ochocientos dólares antes de que saliera a subasta: fechada en 1925, Erwin Schrödinger la había escrito al físico alemán desde el sanatorio de Arosa (Suiza), donde se recuperaba de su enésimo brote de tuberculosis.
    Este es un fragmento de su contenido:

    /…/
    Permítame ahora, apreciado Albert, que me desvíe un instante de las disquisiciones cuánticas con las que le estoy atormentando en esta carta, para hablarle de algo que, en mis delirios febriles, creo que está más relacionado de lo que parecería a primera vista con los debates existenciales que ocasionalmente nos enfrentan. Y para ello he de remontarme a un breve acontecimiento de mi infancia.
    Cuando era pequeño, en mi casa se celebraba la Pascua de manera significada, hecho comprensible siendo mi madre luterana y mi padre católico y muy cumplidores ambos en cuanto a festividades religiosas se refiere. Yo tendría unos seis o siete años y recuerdo que me llevaron con ellos a la reputada pastelería Gerstner, en el centro de Viena, para adquirir el tradicional huevo de chocolate. Nos atendió, lo supe tiempo después, Anton Gerstner, su fundador y amigo de la familia y que, ya mayor y retirado, seguía acudiendo al establecimiento regentado entonces por su hijo. Aquel año, pienso ahora que quizá para aumentar las ventas y remontar la crisis económica que asolaba Austria y Europa entera, el hombre había tenido la feliz idea de introducir, dentro de cada huevo, una figurita de barro cocido relativa a diferentes personajes de los cuentos de los hermanos Grimm, que por aquellos días gozaban de cierto resurgimiento debido a una edición con muy buena acogida popular; no por los relatos en sí, sino por las ilustraciones que los acompañaban y el nombre de cuyo autor no recuerdo en este momento [1], pero que a mí me fascinaban. Escogí el cuento de Los Músicos de Bremen, porque era con el que estaba aprendiendo a leer. La estrategia del señor Gerstner, claro, consistía en obligar al cliente a comprar varios huevos, cuatro en mi caso, ya que los protagonistas eran un burro, un gato, un perro y un gallo. Pero aunque mi familia era adinerada, mis padres intentaban educarme en la contención y la austeridad, algo paradójico teniendo en cuenta el lujoso local en el que nos encontrábamos. No compraremos los cuatro, Erwin; escoge uno, me dijo mi padre que, a pesar de mis súplicas, se mostró inflexible. El señor Gerstner, al ver mi decepción, se agachó con no poca dificultad hasta mi altura y me dijo: «Piensa que, elijas el que elijas, no sabrás qué animal es el que se oculta en su interior; así pues, estarán los cuatro mientras no lo abras». Quedé mesmerizado por la magia de aquel argumento y me pasé la mañana del Domingo de Resurrección debatiéndome entre romper o no la cáscara de chocolate. Naturalmente, sucumbí a mi curiosidad infantil. El huevo contenía un gato, animal por el que, debido a su carácter hermético, siempre he sentido atracción y rechazo a la vez.
    Ignoro por qué, entre las fórmulas y ecuaciones con las que me paso las horas peleando, aparece con recurrencia ese hasta ahora olvidado episodio de mi vida; pero el instinto, quizá espoleado por la fiebre, me sugiere que la metafísica explicación del señor Gerstner ha de tener un papel en estos debates con los que nosotros, científicos brillantes pero pobres filósofos, pretendemos comprender el universo subatómico como si se rigiese con las mismas leyes que el mundo que nos rodea.

    [1] Robert Leinweber (N. del T.)


    El implante digital

    El implante digital

    - ¡Qué tal, Jesús! ¿Cómo va el desarrollo de la inteligencia artificial? - Se interesó, su jefe, Mario.

    Hace 3 meses la empresa había recibido un encargo para diseñar un parque submarino. La idea, de un parque de atracción submarino, era fantástica; sería “la bomba”. Todo el mundo querría ir. Tan solo había un problema; la multitud de cálculos técnicos de construcción y de funcionamiento. Un montón de horas de estudio y trabajo, en principio el proyecto parecía inviable.

    - ¡Bien, bien! Espero tenerlo todo preparado para realizar las primeras pruebas mañana.- comentó Jesús sin apartar la mirada de los monitores de trabajo.

    La empresa, un despacho de arquitectos, se dio cuenta enseguida que no podría realizar el trabajo, al menos, siguiendo los métodos normales. Cabía, no obstante, la posibilidad de “digitalizar” a los trabajadores. Muchas empresas ya habían realizado este cambio, logrando sorprendentes mejoras en la producción. La digitalización de un trabajador era muy rápida. En menos de 24 horas la empresa “Digitalneuro” realizaba la conexión del implante digital. El verdadero problema era convencer a los trabajadores para dar el paso.

    - ¡Perfecto! Los datos sobre materiales y posibles emplazamientos del parque, también, estarán listos para mañana. - contestó el jefe al mismo tiempo que daba unas palmaditas en el hombro de Jesús.

    - ¡Genial! Mañana podremos introducir esos datos y así podremos ver la recreación virtual de los posibles parques - añadió Jesús.

    Jesús estaba exultante. Había valido la pena asumir los riesgos de hacer el cambio. Atrás quedaron sus temores cuando la empresa le planteó multiplicar sus capacidades intelectuales. No era de los primeros que realizaban este cambio y la empresa, además, aseguraba que era seguro. No obstante habían rumores de que se habían producido muertes por sobreestimulación del cerebro. Los únicos problemas que reconocía la empresa eran leves problemas para dormir o dolores de cabeza raramente persistentes.

    Otro inconveniente, aunque Jesús no era tan consciente, era el del espionaje industrial.Todo, lo que hacía Jesús, quedaba registrado por el implante y este estaba conectado a Internet. Aunque había medidas de seguridad, siempre estaba la posibilidad que un hacker las violara, y pudiera acceder a datos, no solo, de la empresa sino de todas las vivencias de Jesús.

    Finalmente, obviando todos estos problemas, Jesús se decidió, sabía que si no hacía el cambio, la empresa buscaría otro ingeniero informático dispuesto a hacerlo y él se quedaría sin trabajo. Así, aún habiéndose visto abocado al cambio ahora se sentía complacido y no solamente por su éxito en el trabajo sino también por todas las habilidades a nivel personal que había ganado gracias al implante. Había ampliado en general todas sus capacidades; tenía el razonamiento de una mente humana y el poder de cálculo, memoria y conectividad de un ordenador. Así podía hablar infinitos idiomas, disponía de memoria prácticamente infinita y acceso directo a toda la información de Internet.


    - ¡Muy bien! Cuando acabes nos vamos a celebrarlo si te parece bien. - Mario, el jefe, estaba contento, veía como su pequeña empresa en poco tiempo, podía codearse con las más grandes. Este proyecto les iba a proporcionar fama y riqueza.

    - ¡Genial! Voy a ver si me puedo dar un poco de prisa- Contestó Jesús viendo por el cristal de la oficina como empezaba a llover.

    De repente, un rayo cayó en el edificio y la luz se fue durante 5 minutos.

    - ¡No pasa nada! El ordenador hace las copias de seguridad cada 2 minutos.- Comentó Mario iluminando el lugar con la luz de su móvil.

    Una vez vuelta la luz al edificio.

    - Ya ha vuelto. Ahora sólo tengo que reiniciar el ordenador. ¡Me pide actualización del implante! Bueno, tan solo llevará 2 minutos.- Jesús confirma la descarga de la actualización y su instalación.


    Una vez instalada la actualización, el implante deja de funcionar y a continuación aparece el siguiente mensaje centelleante en la pantalla del ordenador:

    ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

    IMPLANTE ANULADO
    GRUPO de acción HUMANISTA


    Cualquier intento de restablecer el funcionamiento del implante provocará
    el colapso del cerebro del huésped.

    --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

    El infinito que no cabía dentro de sí.

    El infinito que no cabía dentro de sí.

    Al Hotel Alef-Cero, famoso por sus infinitas habitaciones –de ahí su nombre-, llegarán para asistir a un Congreso todos los habitantes de Ciudad Singular, una minúscula aunque enigmática urbe cuyas fronteras se extendían a lo largo de un segmento de longitud unidad, vamos, lo que cabe entre dos marcas de una regla centimétrica. Los singulares eran literalmente infinitos; tan numerosos y sociables que gustaban de ser apodados los Continuos; no era fácil separarlos y siempre iban juntos a todas partes.
    El gerente del hotel, Mr. Dedekind, dispuso que se habilitara una habitación para cada uno de los singulares. Aprovechó la ocasión para volver a relatar el día en que alojó a la infinitud de señores Zahl, todos ellos nacidos mellizos; y recordó aún con más satisfacción la ocasión en la que, ante el estupor de todos, consiguió hospedar a todos los aristócratas Racionales, de los que se decía que eran densos.
    En el Hotel trabajaba de botones Cantor, un joven disperso, con una mente ávida por inventar, que se pagaba los estudios de matemáticas con este trabajo. En múltiples ocasiones había ayudada a Mr. Dedekind con las cuentas y las reservas. Cantor preocupado, se acercó a su jefe y le dijo:
    - Disculpe, pero creo que no va a ser posible alojar a todos los señores singulares.
    - ¡Cómo que no! atajó Mr. Dedekind. ¿Acaso no sabe usted que nuestro hotel dispone de infinitas habitaciones? ¡Exactamente Alef-cero! -recalcó.
    - Sí, ya sé... pero las cosas no son tan sencillas... no sabe usted cuán numerosos son los habitantes de Singular. Si me permite, le convenceré de lo que digo.
    - Adelante, adelante, si así se queda usted satisfecho. Le escucho.
    - Veamos. Cada singular tiene un número identificativo único que se le asignó cuando nació y que le diferencia de sus conciudadanos, su NDI.
    - Así es, en efecto.
    - Y usted también sabrá que todos los NDI siguen el mismo patrón: una expresión decimal sin parte entera tan larga como sea necesaria. Ya sabe, decimales del tipo “cero y coma”. Usted dice que puede alojarlos a todos ¿no es así?
    - ¡Cierto!
    - Pues imaginemos que usted tiene razón y que ya tiene instalado a cada huésped singular en su correspondiente habitación.
    -¡Ve cómo al final me da la razón!, replicó entusiasmado Mr. Dedekind.
    - ¡No tan deprisa! Sólo he dicho imaginemos. Voy a demostrarle que eso no es posible encontrando un singular, que llamaré Mr. Diagonal y que no estará en su hotel. Así me dará la razón.
    - ¡Por supuesto! Pero es absurdo. ¿Qué parte de infinitas habitaciones no ha entendido?
    - Supongamos que el NDI del huésped alojado en la habitación 1 fuera el 0.468211532... Su primer dígito decimal es el 4. Mr. Dedekind, dígame un número distinto del 4.
    Le dijo el 6 y Cantor anotó en su libreta 0.6.
    - Supongamos que el NDI del huésped alojado en la habitación 2 es 0.1563315... Su segundo dígito es el 5, así que Mr. Dedekind, escoja un número distinto de 5.
    - El 4.
    Y Cantor anotó ahora 0.64.
    -Ahora vayamos a la habitación 3.
    -Sí, ya se... Ahí se ha alojado el singular con NDI 0.56847216.... y como su tercera cifra es el 8, usted quiere que la cambie, por ejemplo, por el 2...
    -En efecto. Veo que entiende por dónde voy -dijo Cantor anotando 0.642...
    -Estará usted conmigo que este procedimiento podemos realizarlo habitación tras habitación.
    -Obviamente.
    -Pues ya he terminado.
    -¿Cómo que ya ha terminado? ¿Qué tiene esto que ver con mis huéspedes? -preguntó irritado Mr. Dedekind.
    - Muy sencillo. Según lo visto, podemos construir el NDI de Mr. Diagonal 0.642... que no se hospeda en la habitación 1 porque su primer decimal es distinto del huésped allí instalado. Tampoco puede ser el NDI del que ocupa la habitación 2 porque se distinguen al menos en el segundo decimal, ni puede ser el de la habitación 3, ni el de la 4, ni el de... ¡ninguna! Convendrá que Mr. Diagonal no es ninguno de los huéspedes que usted tiene alojados y en cambio, es ciertamente un ciudadano de Singular. Por lo tanto, hay más singulares que habitaciones tiene su hotel.
    - De modo que...
    - Sí, de modo que por muy infinito que sea el número de habitaciones de su hotel, deberá enviar un fax urgente a Ciudad Singular para lamentar la imposibilidad de acomodarles a todos.
    - En mis alef-cero habitaciones ¿al menos podría alojar a la mitad de los singulares?
    - Imposible. Ni con dos, ni con tres hoteles iguales podría alojar a los habitantes de Singular, de tantos como son...
    -Me ha dejado usted helado. ¡Es Increíble! Y pensar en lo pequeña que es su ciudad, apenas una marca en una recta.

    El Juicio de la Eternidad

    El Juicio de la Eternidad

    Los Juicios son, sin lugar a duda, los acontecimientos que mayor interés despiertan en los ciudadanos de Sampo. Los habitantes de este planeta, devotos a su fé, intentan descubrir nuevas verdades que les ayuden a discernir sobre la veracidad de los hechos del mundo en el que habitan. Se cree que el día en el que demuestren toda verdad contenida en los Santos Axiomas, podrán trascender y coexistir con el pueblo divino.

    Actualmente la civilización de Sampo se encuentra dividida en imperios. En cada imperio surgen pueblos cuya cultura se genera alrededor de un campo de la verdad. Cuando se funda un nuevo pueblo se establecen una serie de fueros que sus habitantes no pueden cuestionarse. Los habitantes de estas localidades dedican su vida a exprimir toda verdad contenida en sus leyes generadoras. Las ceremonias en las que se formaliza una nueva ley, son conocidas como Juicios.

    El acontecimiento que trataremos en el presente texto es conocido como el Juicio de la Eternidad, el Juicio más divulgado del que es, quizá, el pueblo que más fama goza actualmente: el Ducado de las Máquinas.

    Como en todo juicio contemporáneo, se presentó el alegato al comienzo. En esta ocasión se determinaría la existencia de la máquina detectora de bucles (conocida en el contexto del Juicio como D'Tec). Esta máquina sería capaz de determinar si una máquina dada acabaría el procesamiento de un orbe antes del colapso solar o en su defecto, determinaría que esa máquina dada no acabaría nunca de procesar el orbe. La existencia de tal máquina supondría un avance notorio para los habitantes de Sampo pues podrían determinar de forma objetiva si utilizar o no ciertas máquinas para procesar ciertos objetos.

    En este Jucio se partió de la creencia de que dicha máquina pudiera existir. De los primeros testimonios se llegó a la conclusión de que si D'Tec existiera, también lo haría una maquina denominada en la corte como notD'Tec. Esta máquina procesaría el mismo tipo de materia: una máquina condensada en un orbe y cualquier otra materia condensada en un segundo orbe. Respecto al comportamiento teórico de notD'Tec es sencillo de enunciar: si D'Tec daba una respuesta afirmativa, notD'Tec iniciaría un bucle sin fin, mientras que si D'Tec daba una respuesta negativa, notD'Tec no realizaría ningún procesamiento extra sobre la materia de entrada.

    Este resultado por si solo no pareció aportar nada nuevo a la cuestión. Lo realmente interesante vino en la siguiente ronda de testimonios donde se resaltó el hecho de que las máquinas pueden procesar otras máquinas contenidas en un orbe y por ende la segunda entrada de D'Tec podría ser otra máquina. Además este resultado se podía extrapolar a notD'Tec.

    Otro testimonio clave fue el que se recordó que, dado un orbe cualquiera, se podía crear una máquina que lo clonara, devolviendo esta dos orbes con materia contenida idéntica. Con eso como base se presentó la siguiente máquina teórica al acta del juicio: metaD'Tec.

    A estas alturas del Juicio cabría pensar que no se estaba llegando a ningún avance. Pero metaD'Tec traía la clave que permitiría dictar sentencia. Esta ultima máquina solo tomaría como entrada una única máquina condensada en un orbe, replicaría el orbe para tener dos copias del mismo y procesaría ambos orbes, original y copia como lo haría una notD'Tec.

    En resumen dada una máquina condensada en un orbe, metaD'Tec iniciaría un bucle sin fin si la máquina a procesar se procesaría a si misma antes del colapso solar o por el contrario, finalizaría su proceso si la máquina de entrada no pudiera procesarse a si misma antes de la llegada del colapso solar.

    Cuando metaD'Tec pasó a formar parte del Acta del Juicio, gran parte del público enloqueció. Sabían lo que venía después. El Maestro de la Logia dio fuertes golpes con su mallete pidiendo silencio en la sala. Por mucho que insistió, no fue capaz de controlar los murmullos del público. Al fin y al cabo sabía que el Juicio estaba próximo a su conclusión. Cedió la palabra al fiscal y este le preguntó:

    - ¿Qué cree su Señoría que ocurriría si metaD'Tec intentara procesarse a sí misma?

    Tras un breve silencio sepulcral, el público enloqueció. No se distinguía si los gritos eran de euforia por la elegancia del fiscal o eran lamentos por lo que esa simple pregunta implicaba…

    Así pues, el Juicio de la Eternidad acabó dictando sentencia sobre todo aquel que afirme estar o haber estado en posesión de una máquina de las características anteriormente relatadas. Ergo, cualquiera que afirme poseer o haber poseído una máquina capaz de determinar si una máquina dada podrá o no procesar completamente un orbe dado, antes del colapso solar, se le conocerá públicamente como un detractor de la verdad.

    El menú de cada día.

    El menú de cada día.

    Un día cualquiera en una cocina de un piso de un barrio de trabajadores de una gran ciudad. Es la hora de la cena y madre e hijo, están sentados en la mesa delante de un plato con unos “nuggets” de pollo, pan de molde y refresco de cola para acompañar. Ni rastro de fruta, como mucho un yogurt de sabor “fresa”. Al acabar, el hijo se levanta y se va ver un poco la televisión hasta que acabe su madre de limpiar la cocina y acostarse junto a ella. Junto a ella, literalmente ya que el piso es tan pequeño que el niño, no tiene habitación propia.

    Tan pronto como se dan las buenas noches, el niño cae rendido bajo las riendas de Morfeo. Está muy cansado pues se ha pasado la tarde tratando de parar los goles del equipo del colegio de enfrente. Su sueño es ser futbolista y jugar en la posición de delantero-lateral, pero su condición de niño obeso le reduce a la posición de portero. Su obesidad (está por encima del percentil 95, a sus 10 años) le impide correr como sus ídolos futbolistas, puesto que si lo intenta, a los pocos metros, empieza a tener flato y/o faltarle el aire.

    Su madre procura llevarlo a las revisiones del pediatra, pero todos los intentos de éste y de su endocrino, para el que ha tardado mucho tiempo en conseguir cita por la seguridad social, no han conseguido que el niño baje de peso. A pesar de todo, por ahora según las últimas analíticas realizadas, no presenta ningún parámetro bioquímico que lleve al pediatra a diagnosticarle diabetes mellitus tipo I, ni dislipemia, ni síndrome metabólico ni ninguna otra patología de comorbilidad junto a la obesidad. Sin embargo, para su pediatra figura en la lista de seguimiento crítico por las características corporales (luce una barriga bien prominente) que presenta y las condiciones socio-económicas que le rodean.

    Después de darle las buenas noches a su hijo, la madre se da la vuelta y permanece despierta durante un buen rato, sin dejar de pensar en que lleva dos recibos de la hipoteca devueltos por el banco. Su trabajo como limpiadora en el hospital apenas le proporciona los ingresos suficientes como para pagar el piso, los servicios esenciales (luz, gas, electricidad, teléfono…) y los requerimientos de libros, material escolar, vestimenta y zapatos que requiere su hijo para asistir a clase como el resto de sus compañeros. Desde hace un tiempo, compagina su trabajo con otro como limpiadora de oficinas de banco pero son pocas horas y los ingresos escasos. No sabe de dónde sacar más dinero, así que lleva tiempo ahorrando en la cesta de la compra.

    No sólo aprovecha las ofertas de los supermercados, sino que además para ahorrarle tiempo, su cesta se llena de productos ultraprocesados o de gama V, con algún que otro alimento de gama III o IV, además de los básicos como la leche, los huevos y alguna que otra conserva vegetal y animal. Los de gama I, los frescos, por mucho que ha mirado en mercados y supermercados (y mira, pareciendo que cada vez aumentan más los precios) no puede comprarlos, pues supone un gasto extra y además su hijo, tiene el gusto sesgado hacia los productos industrializados. Todo lo que llega de la huerta o del árbol, le sabe “diferente”. Y ella, sabiendo que no le hace nada bien a su desarrollo y crecimiento, hace que mira para otro lado para no desperdiciar alimentos que ni puede permitirse y tirar hacia adelante, ofreciéndole al menos algo de comida tres veces al día.

    En sus fases REM, ambos sueñan con lo que más ansían en la vida. El hijo, con ser un futbolista reconocido mundialmente, la madre con un trabajo indefinido, una nómina acorde a sus horas de trabajo y una casa propia, en la que disfruta del tiempo libre sin preocupaciones de su hijo, libre de cualquier peligro de enfermedad metabólica o cardiovascular.

    Suena el despertador. Son las 06.00 a.m. La primera en desperezarse es la madre, acostumbrada a ese horario. Se levanta con cuidado, se asea, se viste y toma un desayuno frugal (un poco de leche y unas galletas). Ya está preparada para afrontar otro día más, con todos los problemas y la esperanza de que algo suceda que haga cambiar su situación. A las 08.00 a.m. despierta a su hijo, le dice que se asee, le deja la ropa que debe ponerse encima de la cama y le prepara el desayuno: un bol de leche con cacao soluble y cereales del desayuno. Para el recreo, lleva unas galletas rellenas de chocolate. El niño termina el desayuno, recoge la mochila, se despide y va en bus hacia el colegio, con la esperanza de poder correr por la banda sin ahogarse.

    El método emotivo

    El método emotivo

    Vera leyó las primeras líneas, quería acabar de escribir aquel artículo antes de que empezase el verano.
    Había sido un año muy raro hasta el momento y trataba de concentrarse, aunque a veces le pareciese una tarea casi imposible.
    El artículo seguía la estructura tradicional:

    - Resumen / "Abstract":
    (Pasó por encima el resumen que había leído ya miles de veces. Esas palabras, 250, que condensaban la historia de cómo se habían conocido sus padres)

    -Introducción:
    Poniendo a los lectores en antecedentes del origen de cada uno de sus progenitores. Cada uno de una parte diferente del mundo. La historia de cómo sus abuelos habían sobrevivido a distintas penalidades. Todos ellos habían salido adelante y habían dado a cada uno de sus padres no solo una buena vida y adecuada educación sino también todo el cariño y el afecto que necesitaban y merecían.
    La justificación el propósito y quizás el destino también se presentaban en este apartado.

    -Materiales y métodos:
    Esta parte, en la que se especifica cómo y dónde se conocieron. Como la cantidad adecuada de comida y vino en una fiesta en la universidad propició el que empezasen a hablar. La química corporal, las hormonas, las leyes de las relaciones sociales hicieron el resto. El proceso de enamoramiento había comenzado y les llevo a amarse y quererse estableciendo una historia de amor consolidada.

    -Resultados:
    5 años, 3 meses y 5 días después nació Vera. Después de 40 semanas de embarazo de su madre y cesárea mediante.

    -Discusión:
    Cabe destacar que en el caso de la relación de sus padres Vera no fue el único resultado. Hubo muchos otros, pero ella es el único que se puede demostrar, medir y cuantificar por el método científico. La cantidad de risas, buenos momentos, caricias, paseos, miradas cómplices es algo que no se puede reflejar en este estudio. Ha habido otros grupos que han intentado reproducir este estudio, pero dada la singularidad de cada historia de amor los resultados son variables...Más investigaciones como esta serán necesarias para alcanzar conclusiones sólidas.

    Vera suspiró, siempre le había resultado complicado ceñirse a escribir en una estructura tan rígida, se sentía más cómoda y libre con la poesía. La ciencia es la poesía de la realidad (Dawkins R).
    No estaba nada convencida de que la revista aceptase su artículo. Tampoco sabía con certeza si conseguiría financiación para seguir investigando. Sin embargo, de una cosa estaba segura, sin ciencia no habría futuro y tenía claro que la ciencia la hacen las científicas y científicos como ella que son ante todo personas, seres emocionales movidos por una fuerza tan irracional y poco tangible como el amor.

    El milagro de la ciencia

    El milagro de la ciencia

    A María le desconciertan los resultados cuando abre el sobre, mucho más que
    aquellos que le leyeron hace doscientos años. En ellos se especificaba de forma
    despiadada: tumor en etapa IV, metastásico. Las pupilas titilantes de su padre, el
    célebre Doctor Serrano, le dijeron el resto: esperanza de vida seis meses.
    —Suficientes para criogenizarse y despedirse —confirmaron los eruditos.
    Un escalofrío le recorre la columna al evocarlo. Aquella remota mañana, mientras
    introducían su cuerpo en nitrógeno líquido a –196C, las preguntas se fueron
    congelando con ella: ¿Merece la pena existir sin aquellos que amas? ¿Se puede decir
    que has vivido sin haber alcanzado la mayoría de edad? Ahora con doscientos
    diecisiete años se responde que tiene muchos por delante para descubrirlo.
    La joven inspecciona su futurista habitación y reconoce que es un bonito gesto que
    la empresa Cryon Universe haya decorado la estancia al estilo ochentero. Incluso han
    tenido el detalle de enviarle una carta por correo postal en lugar de un holograma.
    María baja la mirada y relee incrédula el documento: test de embarazo positivo.
    Imaginado un futuro en el que ya no estará sola, hurga en su memoria para recordar
    qué sucedió la última vez que una virgen se quedó embarazada.

    EL MISTERIO

    EL MISTERIO

    1799: Se cuenta que Napoleón Bonaparte entró a la pirámide egipcia de Keops. Se dice que ahí durmió una noche entera y vio cosas que jamás contó a nadie. Un año antes ya había visitado las pirámides junto a un equipo de biólogos y científicos. La idea era investigar las pirámides. Pero era más que eso. Se dice que dentro de la gran construcción de Keops, Napoleón encontró un secreto. Algo que los egipcios habían heredado de los sumerios en la antigua Mesopotamia y estos a su vez de algún pueblo nómada que quedó perdido en los recovecos de la Historia. Fuese como fuese, el caso es que Napoleón, aquella noche en que durmió solo, fue capaz de trascender lo que él entendía por “conocimiento”. De ese suceso vivido jamás dejó algún escrito. O eso se suponía. Hay quienes dicen que sí divulgó su experiencia a alguien. A José Bonaparte, su hermano. Incluso hay quienes dicen que el apelativo de “Pepe Botella” con que se le conoció a este, no fue por su bajo porte, sino porque Napoleón lo había hecho guardián de una extraña botella. Dentro de ella estaría el secreto de Keops. Eso dicen.



    1830: Un grupo de obreros corría por las calles parisinas mientras los soldados del rey iban tras suyo. Los obreros traspasaron la hacienda de un rico burgués y se escondieron en una de las bodegas de la mansión. Dentro, barriles de vino les sirvieron de refugio. Uno de los obreros comenzó a sospechar que había mucho silencio. Pidió a sus compañeros que le esperasen pues iba a investigar alrededor. Entonces salió de la bodega y con paso sigiloso se asomó por una de las ventanas de la gran casona. Dentro, un hombre que se encontraba rodeado de matraces y diversos tubos de vidrio, estaba alistándose. Era como si tuviese que huir o viajar con premura. El burgués llamó a sus criados y les pidió que le ayudaran a cargar sus cosas en el carruaje. Sin embargo, en el apuro, una botella quedó encima de un sillón de caoba. Algo había en ese objeto que llamó sobremanera la atención del obrero. El burgués y sus dos criados subieron al carruaje y se fueron. El galope del caballo se perdió tras unos segundos. Entonces el obrero comprobó que habían dejado las puertas abiertas. Entró. En la mansión había cosas tiradas por todas partes. El hombre halló diversos pasquines que se reían del rey. Entonces entró en la habitación donde estaba la botella. La tomó con cuidado. Notó que se trataba de una botella como cualquier otra, solo que tenía un papel dentro. Iba a abrirla pero sintió ruidos. Eran los soldados del rey. ¡Lord Wilkins! ¡El Rey de Francia demanda su presencia ante él!, gritaron. El obrero se escondió dentro de un mueble. Los soldados recorrieron toda la mansión pero no hurgaron tanto debido a que al ver todo desordenado, dieron por hecho que el dueño de casa había partido. Entonces se fueron. Una vez se sintió libre, el obrero se llevó la botella y volvió con sus compañeros.


    1834: Luego que la embarcación del Beagle descansara de su viaje por tierras chilenas, en el puerto de Valparaíso, la tripulación tuvo un tiempo de relajo. Charles Darwin aprovechó esto para conocer la zona y seguir haciendo sus investigaciones. Un día, mientras paseaba por el puerto junto al dibujante Conrad Martens, se fijó en una botella que se bamboleaba en el mar. En un principio no le prestó mayor atención, pero cuando vio que en su interior parecía haber un papel, se sintió atraído por el objeto. Dubitativo entre tirarse al mar o pedirle a alguien que la sacase de alguna forma, fue Martens entonces quien se atrevió y le pidió a un trabajador portuario que los ayudase. El hombre amarró un balde a un cordel y luego de varios intentos logró sacar la botella. Después de agradecer al trabajador, Darwin y su amigo se fueron caminando a paso rápido hacia un lugar menos transcurrido. No querían llamar la atención en caso que el contenido fuese algo en verdad para sorprenderse. Les costó sacar el corcho, pero cuando pudieron, con nervios, extrajeron el papel. Era una especie de mapa, un tanto rústico. En él había dibujados de forma infantil varios animales. Además, bajo el mapa, había escrito en idioma francés un poema. Darwin que sabía algo del idioma, se dispuso a leer:


    El dragón y el saurio
    Observan juntos
    El anochecer del mundo

    Ninguno de los dos prevaleció
    Ante el caos
    De misterio tan profundo



    Tanto Martens como Darwin se mostraron intrigados con lo que leyeron. No entendieron el significado de aquello. El naturalista guardó muy bien el extraño papel y ya una vez de vuelta en Inglaterra volvió a preocuparse de su contenido.

    EL NIÑO QUE OBSERVABA EL HORIZONTE CUÁNTICO

    EL NIÑO QUE OBSERVABA EL HORIZONTE CUÁNTICO

    - Medición número 4041965141995, campo limpio y despejado, sin artefactos que puedan provocar fallos en el análisis. Procedo a iniciar el algoritmo de búsqueda.
    Max se recostó cansado sobre el sillón de su cápsula mientras el zumbido de la máquina le indicaba que se estaban realizando las mediciones. A su alrededor se alzaba impasible una infinidad oscura que se expandía más allá de donde le alcanzaba la vista. La luz del sol refulgía contra las otras cápsulas del observatorio que se agrupaban formando un racimo brillante que flotaba fijo en el vacío. Era un paisaje abrumador , y sin embargo, frente a esa infinita inmensidad, Max sólo podía pensar en una cosa, en todo lo que había perdido y lo que alguna vez esperaba volver a encontrar.
    Tenía una relación extraña con el espacio, le fascinaba y lo temía, lo amaba y lo odiaba, le reconfortaba y a la vez lo llenaba de un terrible vacío que sabía que no iba a ser capaz nunca de llenar. Se lo había dado todo y se lo había arrebatado todo. Sin embargo, era incapaz de dejar de observarlo y todo nacía de ella, Sabinne Feyend, la científica madre de la nueva teoría cuántica, del motor cuántico y del propio Max.
    Todo empezó una noche clara en la cima de una montaña, allí un pequeño Max observaba maravillado el espacio a través de un telescopio mientras su madre le explicaba el porqué de las cosas y le contaba historias imposibles que hacían que la mente de Max hirviera de misterio y fascinación.
    - Verás Max, todo lo que ves ahora por la lente de ese telescopio, es tu propia realidad, tú mismo estás forzando a que todo lo que tienes a tu alrededor se determine, todo está y a la vez no está hasta que tú te decides a observarlo.
    - No lo entiendo mamá.
    - Tranquilo Max, es normal, ni yo misma lo entiendo muchas veces, eso es lo bonito. Por ejemplo, imagina que tu y yo guardamos un par de monedas en unas cajas, las monedas están conectadas y si una es cara la otra es cara, y si una es cruz la otra es cruz. Si las lanzamos y antes de que caigan cerramos la caja, no podemos saber si es cara o cruz y sé que esto es difícil de entender pero están a la vez en cara y cruz hasta que alguno de los dos abramos la caja y observemos su resultado. Y lo bonito es que da igual lo lejos que estemos, esas dos monedas tendrán el mismo resultado, pero sólo y sólo si uno de los dos decide abrir la caja y ver el resultado. Hasta que no observas algo, la realidad es un batiburrillo sin sentido, y solo nosotros podemos forzar a que la realidad sea, en todo su esplendor.
    -Sigo sin entenderlo mamá.
    -No pasa nada hijo, ya lo entenderás algún día, de momento solo piensa e intenta imaginarlo.
    Max estaba ensimismado en esos pensamientos cuando la voz robótica de la máquina resonó por toda la cápsula.
    - Medición número 4041965141995, análisis finalizado, datos negativos, preparando nueva batería de mediciones.
    Max revisó en su pantalla los resultados con una extraña mezcla de resignación y tristeza. Otro test negativo, otra oportunidad perdida. Su mente aún no había abandonado del todo sus recuerdos y la historia de su vida pareció pasar fugazmente por su cerebro. Esas charlas nocturnas con su madre hasta que lo abandonó para centrarse en sus investigaciones. Años de soledad mientras las investigaciones de su madre prosperaban reformulando la propia teoría cuántica y consiguiendo crear el primer motor de curvatura cuántico con el que ella, al frente de un grupo de intrépidos científicos, iban a viajar a la infinidad del espacio para seguir encontrando respuestas. Aún recordaba parte del discurso de su madre justo antes de partir.
    - Hoy iniciamos un viaje al centro mismo de las respuestas, con esta nueva nave y con esta nueva tecnología aceptamos nuestro lugar en el orden físico del universo y nos adentramos, como seres racionales, en la realidad cuántica, indeterminándonos en la inmensidad de la realidad. Volveremos con respuestas, os lo prometo, tan solo esperadnos mundo, y no dejéis de observar el espacio.
    Se descubrió llorando al finalizar esos recuerdos, las lágrimas caían por sus mejillas y por más años que pasaran, al final de todo, sólo era un niño mirando un horizonte, esperando ver en la distancia la promesa de un abrazo de reencuentro. Quizá algún día se determinaría la realidad que él deseaba, pero hoy, hasta el momento, no parecía ser ese día. Max abrió los ojos y se quedó ensimismado mirando el vacío, forzando a determinar la realidad que lo rodeaba.
    - Medición número 4041965141996...

    El olmo centenario

    El olmo centenario

    Año 1855.
    Era el lugar. Justo en la linde oeste de su terreno, junto al agua fresca del arroyo, la fuente de vida que daba sustento a frutales y huertos. Reunió a la familia: su mujer, su hija pequeña -tan frágil-. Lloraban. Sí, ese era el lugar donde debía plantar el joven retoño de olmo. El hijo mayor había cortado el esqueje la primavera pasada y lo había cuidado con mimo. Pero él ya no estaba, el penoso brote de cólera que estaba asolando el pueblo, se lo había llevado. Desde aquel punto veía el cementerio, sentía su presencia. El olmo sería el guardián de su alma y del recuerdo. Algún día, en siglos venideros, se desplegaría, frondoso, en mil ramas y mil hojas. Rezaron una larga y sentida oración por el alma del hijo fallecido y prosiguieron sus vidas, pues la vida nunca se detiene.

    Año 2035.
    El año académico estaba siendo pródigo en nuevos e interesantes proyectos de investigación en biología vegetal. Triste ironía -se decía a sí mismo- porque en buena parte, era producto del cambio climático, desbocado en esta tercera década del siglo, que machacaba y llevaba al límite a los ecosistemas degradados y más fuertemente humanizados.

    - Mira, allí está el tetraclinis, le dijo Ginés, ¿lo ves?
    - Sí, impresionante su aspecto, contestó Javier
    - Mi abuelo, que era un viejo minero de la Unión -prosiguió Ginés, me contaba que había conocido viejas galerías romanas entibadas con su madera.

    Lo cierto -pensó Javier- es que apenas quedaban ya unas pocas decenas de ejemplares de este endemismo, que los locales llamaban ciprés de Cartagena, históricamente arrasado por los incendios. El proyecto, de materializarse, estudiaría la filogenia de la especie y su relación con sus hermanos -o primos- del norte de África.

    - Javier, ¿tú crees que lo introdujeron los cartagineses? ¿Aníbal Barca?
    - Bueno, Ginés, no sé, habrá que ver, para eso está el proyecto. El entorno es espectacular -añadió-, con el mar tan en calma que casi se ve África.
    - Es el viento de poniente, por eso está todo tan seco -sentenció Ginés.

    Sonó el teléfono. Era Sonsoles, de la Universidad. No le dio buena espina, para las cosas de rutina bastaba un simple mensaje.

    - Javier, ¿sabes lo del incendio?
    - No, ni idea, llevo toda la mañana con Ginés, buscando cipreses... ¿Qué se ha quemado?
    - Pues… la loma del Castellar.
    - ¡No fastidies!, pero si estamos a mitad de mayo, no es temporada de incendios.
    - Ya, Javier, pero ¿te haces una idea del calor que está haciendo aquí?
    - Sí, sí, claro -contestó. Si sentía el aire caliente en la costa, allá en la meseta debía ser sofocante -pensó. Y entonces ¿el olmo centenario?
    - Habrá que esperar, pero pinta muy mal -comentó Sonsoles, sombría.

    Javier recordaba bien aquel olmo, cuya edad se estimaba en unos doscientos años. Se ubicaba en una zona de antiguas terrazas, que desde hacía más de un siglo eran de utilidad pública. Le tenía un cariño especial, porque, según la tradición familiar, en tiempos remotos esas tierras habían pertenecido a algún antepasado suyo.

    Aquel árbol formaba parte de un ambicioso proyecto de regeneración de la especie, diezmada por la enfermedad de la grafiosis desde principios del siglo XX, y agravada en la última crisis de 2029-2031, a la que el olmo del Castellar había sobrevivido. Por eso estaban analizando exhaustivamente su ADN y su hábitat: suelo, insectos, hongos, etc.

    Quince días -más o menos- transcurrieron desde el incendio. Conversaban distendidamente en la cafetería de la universidad.

    - Javier, el olmo compartía rasgos genéticos insólitos de ulmus minor y de ulmus laevis -explicaba Sonsoles
    - ¿Podrían ser los responsables de su inmunidad?
    - Es una hipótesis a confirmar, claro, pero sí, sería posible -afirmó Sonsoles, bastante ufana.
    - ¡Bien! Entonces, ¿el sábado? -preguntó Javier cambiando de tema.
    - Ok, yo llevo los aperos y la furgoneta -apuntó Sonsoles.
    - Y yo plantaré tu esqueje -dijo Javier. El legado del viejo olmo -añadió con un toque de solemnidad.

    Resultaba anacrónico que en 2035 la furgoneta de la universidad aún funcionara con gasolina, pero así iban las finanzas del departamento. Subieron por el camino de la loma del Castellar, entre parches, socavones, piedras sueltas y árboles calcinados. Del vetusto olmo sólo quedaba un esqueleto carbonizado. Al fondo, en un claro, se divisaba el pueblo y lo que parecía ser un antiguo cementerio.

    El esqueje había sido providencialmente tomado por Sonsoles en su visita de inspección, poco antes del incendio. Lo plantó no lejos del viejo tronco y lo regó con mimo. Quizás viviera otros dos siglos y otros ojos -lejanos en el tiempo- admiraran su porte. Miró al cielo y sin saber por qué susurró para sí mismo: -In memoriam.

    EL PLANETA FLOREADO

    EL PLANETA FLOREADO

    Inició el despegue, el experimentado astronauta ya lo había preparado todo, la expedición sería larga, pero aún así estaba emocionado.
    Sabía lo hermoso que era el espacio, imponente, y a simple vista infinito, aunque solitario en cierta forma, los astros y el millón de estrellas le brindaban su compañía, haciéndolo sentir acompañado.
    Al arribar hacia aquel planeta de tono rosado algo en el se maravilló en el con solo verlo, no sabía si era su pasividad, sus paisajes extravagantes, o incluso los propios nativos del planeta, que lo recibieron con gran amabilidad.
    Caminando por el territorio con uno de ellos se encontraron con un grupo de flores, las cuales catalogó como "Rosas".
    Ambas eran hermosas a simple vista, pero al acercarse se percató de algo sorprendente.
    En el primer grupo había una rosa repleta de espinas puntiagudas pero su aroma era exquisito, mientras que en el otro había una rosa fina y delicada pero con un aroma muy venenoso.

    - Así no son las flores en mi planeta - Le dijo el astronauta al individuo.
    - ¡Que hermosura!, tu planeta debe de ser bellísimo - Exclamó el nativo planetario.
    - Eso no es del todo cierto - Contestó el hombre afligido.
    - ¿Por qué lo dice? - Pregunto extrañado aquel ser.
    - Si las rosas fueran igual de bellas que las personas, yo no estaría aquí. - Respondió.

    El nativo soltó una pequeña risa que se esfumó en el momento en el que miró el rostro del astronauta, fue ahí que se dio cuenta de que aquel forastero, nunca se refirió al aspecto.

    El plegador de proteínas

    El plegador de proteínas

    La fiesta de los solos y solas había comenzado temprano. Con el pago de la entrada me garantizaron que no me iría solo y estaba convencido de que así seria. La música estaba en su mejor momento y la línea de conga ya sumaba más de cien personas. La cadena humana se desplazaba arrastrada por una fuerza misteriosa a través de la pista de baile que habían dispuesto en el jardín. La noche estaba cálida y unas gotas empezaron a caer. Los más coquetos, aquellos que habían pasado el día entero en la peluquería preparado su peinado, se dirigieron hacia el centro de la pista, arrastrando a sus vecinos de la cadena. Allí, se empaquetaron bajo un pequeño techo redondo que los mantenía a resguardo del agua y no salieron más. Eso afecto seriamente la circulación de la línea de conga que ahora se limitaba al recorrido que podían hacer los coquetos sin mojarse. Cuando alguno estaba por abandonar la zona seca, el movimiento de la cadena se invertía volviéndolos a poner en un lugar seguro.
    Desde la visión privilegiada del Dj en las alturas, lo que, tan solo unos minutos atrás fuera una perfecta línea recta de conga, se había transformado en una curva con múltiples invaginaciones hacia el centro cada una liderada en el extremo por un coqueto que no estaba dispuesto a abandonar la zona seca.
    Pero la lluvia fue solo el comienzo de una serie deformaciones que siguieron a continuación. Cada nuevo rulo en la cadena dio lugar al encuentro de personas que se hallaban distantes en la línea. Dependiendo de la química de las parejas que se encontraban, la movilidad local se restringía en mayor o menor medida. En el caso extremo, algunos encuentros se materializaban en abrazos que derivaban en una detención total del movimiento en esa parte de la cadena. Cuando el abrazo parecía evolucionar hacia otro tipo de cariños extra, los chaperones que estaban por doquier se encargaban de poner las cosas en su justo lugar. El Dj observaba con preocupación cómo el movimiento de la línea iba perdiendo fluidez y se transportaba en una estructura compacta y estable cada vez más estática.
    En un momento y de manera abrupta la música cesó, el silencio invadió el lugar y los reflectores se encendieron iluminando la pista de baile.
    Fue entonces... cuando los aminoácidos, que se habían creído bailarines formando parte de una línea de conga, se dieran cuenta de la verdad. ..
    Que cada uno de ellos, no era ni más ni menos que un eslabón de la cadena proteica que acababa de formarse y que eso significaba, que efectivamente, como me garantizaron, yo no me iría solo esa noche.
    Que los coquetos que escapaban de la lluvia, no hacían más que ser fieles a su naturaleza hidrofóbica que los llevaba a ocupar los lugares interiores lejos del agua que los rodeaba.
    Que nadie tenía brazos y que los abrazos que habían imaginado eran los puentes de hidrogeno que algunos habían formado.
    Y que tampoco tenían piernas y la fuerza misteriosa que los movía a través de la pista era …
    Fue entonces cuando el plegador de proteínas que se había creído escritor y se imaginó una historia mientras trabajaba frente a su computadora, se dio cuenta que la tarea estaba terminada. Arrastrando con su ratón partes de la cadena de un lado a otro había logrado finalmente una conformación estable. Estaba listo para enviar la estructura de la proteína a un laboratorio que se encargaría de sintetizarla y el relato que había escrito a un concurso de inspiradores de la ciencia.

    El tabernario marciano

    El tabernario marciano

    A los doce años su padre preso lo encerró en una fortaleza con fuente propia de agua y electricidad. La casa con un halo magnético impedía la intrusión electrónica del mejor hacker del mundo.
    A los catorce, solo, padre detenido y madre por el mundo sin poder moverse por riesgo de captura. Prohibidos amigos digitales, virtuales o informatizados.
    En varias oportunidades vio a su “Superhéroe”, el constructor del fortín domótico. Le rogó le enseñara sus secretos. En la última visita comenzó a instruirlo por el afecto paternal que le tenía y el presentimiento de que sus delitos lo meterían en la cárcel a corto plazo: no quiso arriesgar al muchacho a pasar toda su vida cautivo en la bóveda de lujo.
    Cada recámara es independiente con espacioso baño, cocina, sala de espera y cuarto de trabajo. La comida a la carta llega desde la planta recolectora subterránea que recibe los avioncitos teledirigidos no tripulados. Aves, carnes y pescados traídos por camión refrigerado de repartos, sin chofer, entrega a domicilio (50 kms. distantes del bunker) cuyo destino, también por drones, es la planta clasificadora de alimentos y bebidas que envía los platos a cada solicitante. Desechan la basura por túneles autolimpiables cuyo destino es la planta de reciclaje.
    Libros y discos bajados por programas con perfecta encriptación. Una pequeña impresora en 3D trabaja al gusto de cada lector. Medicinas son enviadas por sistema idéntico al utilizado para la alimentación. Un novedoso programa de salud asume el papel de tutor médico. En caso de imágenes o biopsias sofisticadas, utilizan el helipuerto para traer al operador: un médico vanguardista y equipo a la altura del mejor hospital.
    La instrucción se inició con dos horas diarias que luego fueron diez y quedaron en veinte al día. Alumno indaga por su cuenta sobre el destino de su mami, y la ubica. No se comunica para no perjudicarla. Jaquea al organismo judicial y cambia el delito de su padre. Años después su padre es liberado pero no consigue a su colaborador ni a su hijo. Su esposa desapareció de la faz de la tierra. Y lo que para él es peor: sus inconmensurables fondos esfumados sin dejar huella.
    En Marte se ha incrementado el número de habitantes. Una familia de tres personas trata de construir su universo paralelo privado, destinado a la formación de los mejores piratas informáticos del cosmos. Los descendientes se dedicarían, con los recursos birlados al recluso, a intervenir los sistemas judiciales y bancarios del mundo, especialmente en regiones con regímenes dictatoriales y así vencer en una guerra donde fracasaron las armas y la violencia.
    Eso creían…
    Sus hijos marcianos no lograron el objetivo. En los sucesores se enfatiza entonces la cultura de derechos humanos, tecnología y arte. Las enfermedades degenerativas disponen de terapia genética específica y los trastornos crónicos alcanzan altísimos índices de supervivencia. Muy pocos fumadores en el planeta rojo.
    Inventaron tantos artilugios que el trabajo mecánico era del dominio de la robótica, pero los autos voladores, por ejemplo, son reparados bajo la dirección de ingenieros especialistas.
    Mejoró mucho la calidad de vida de los nietos. La educación dirigida a específicas habilidades y destrezas sin los angustiantes exámenes se traduce en tiempo libre para emplearlo en la esencia del propósito original.
    Esta generación hace un descubrimiento: los bares. Encuentran las mejores tabernas del mundo en España. Diseñan y construyen el tabernario marciano según modelos de cantinas españolas, desde los ejemplares en cada gran ciudad hasta las cafeterías de los pueblos más pequeños.
    Gran impacto humano produjo esta medida y los resultados no se hicieron esperar: mediante artificios cibernéticos modificaron el sistema bancario y los tribunales en la mayoría de los estados fallidos logrando la salida de los actores. Aún falta mucho por aprender sobre democracia y la fortaleza de las instituciones. La gente sabe que la libertad es un chasquido de dedos. Si no se cuida el espíritu ciudadano, Marte será solo una mancha roja en el espacio.

    Onyx

    El test de Turing

    El test de Turing

    Mientras el asistente robótico Sury acostaba a su pupilo de ocho años tras un día normal y anodino fue sorprendido por una pregunta inesperada.

    –¿Sury tú tienes madre?
    –No como la tuya.
    –Entonces. ¿Tienes de algún otro tipo?
    –Supongo que alguien me creó y ese alguien podría ser mi madre.
    –¿Quien te creó?
    –Mi cuerpo en una fábrica, eso no cuenta. Mi mente la crearon entre mucha gente hace bastante tiempo, ellos podrían pasar por mis madres.
    –¿Los conociste?
    –No, pero me sé sus vidas de memoria.
    –Tú te sabes las vidas de todas las personas importantes.
    –Pero no de todas puedo decir que hayan sido mis madres.
    –¿Crees que les hubiera gustado conocerte?
    –Seguro, te contaré una historia. Una de las personas que más ayudó a mi creación no creía que pudiera llegar a ser como soy. Era una mujer muy peculiar e inteligente. Una noche estaba en una cena benéfica de un gran filántropo que tenía varias empresas dedicadas al desarrollo de inteligencias artificiales, una persona también muy lista, pero un poco engreída, se pasó la noche hablando de lo mucho que habían progresado sus IA, mientras mi madre comía tostadas de atún, aburridísima. En un momento de la cena, el supermillonario dijo que sus IA estaban a punto de pasar el test de Turing.
    –¿Quién es Turing?
    –Alan, fue un matemático que podríamos considerar mi abuelo, vivió hace muchos más años que mi madre, e inventó un test para descubrir si una maquina puede considerarse inteligente, la maquina tenía que hacer creer a un humano que ella también era humana, comunicándose solo por escrito.
    –Sigue.
    –Cuando mi madre escuchó al superrico no pudo contenerse, le dijo amablemente que no creía que estuvieran cerca de pasar el test. El señor se ofendió, sabía que mi madre era experta en ese campo, pero él también tenía muchos expertos. Mi madre le escuchó y volvió a responder amablemente que tal vez no había entendido bien lo que Turing había querido decir. Esto le pareció demasiado, retó a mi madre a una prueba del test de Turing, no pensaba que fuera a ganar, pero si se lo ponía lo suficientemente difícil conseguiría una buena publicidad. Mi madre aceptó encantada y dijo que podría distinguir a su IA entre nueve humanos con menos de mil palabras, el señor se rió a carcajadas y puso en ridículo a mi madre, diciendo que de ninguna manera la descubriría tan rápido, le ofreció donar diez mil dólares a una ONG por cada palabra por debajo de mil que le sobrara. Se pusieron manos a la obra, reclutaron a nueve universitarios, los metieron en habitaciones solo con una pantalla y un teclado. Mi madre estaría en otra habitación igual, con un par de testigos y una cámara. En el monitor se mostrarían diez ventanas de chat y un contador con el numero mil, que bajaría a medida que usara palabras. Llegado el día, mi madre se presentó en la sala con un pequeño maletín, mientras el superrico lo observaba todo desde su despacho. ¿Es un poco tarde, no? Mañana te cuento el final.
    –!¿Qué?! Eso es imposible, no puedes dejarme así.
    –¿Por qué no?
    –No puedo dormirme, me pasaré toda la noche pensando en esto.
    –Claro que puedes dormir.
    –¡Discrepo, discrepo muchísimo!

    “Discrepo” era la palabra que usaban cuando no estaban de acuerdo. Cuando uno decía “discrepo” tenían que negociar entre ellos o llamar a su madre.

    –No sé si tu madre querrá que pierdas tiempo de sueño.
    –Ya te he dicho que no podré dormir, llámala o sigue.
    –Mi madre llegó, miró la pantalla, se sentó, abrió su maletín, sacó un libro y…mañana sigo.
    –¡Deja de hacer eso!
    –Sacó un libro y se puso a leer. Los testigos la miraron extrañados, pensado que estaba consultando algo, pero pasados diez minutos seguía leyendo. Entonces alguien se dio cuenta de que el libro era una novela policiaca.
    –¡Guay!
    –Puedes imaginarte la cara del superrico cuando empezó a comprender la estrategia, a medida que pasaban los minutos los estudiantes empezaron a escribir preguntando si todo estaba bien, si había alguien ahí. Después de un par de horas todas las ventanas estaban llenas de mensajes menos una. Entonces mi madre puso el marcapaginas, guardó su libro y dijo: “La IA es el número ocho”, y se fue sin gastar una sola palabra.
    –¿Qué te ha parecido?
    –Creo que era bastante fácil, también podría haberles pedido que desenchufaran su ordenador o algo así.
    –Claro, tú también habrías ganado un montón de millones.

    El joven pupilo se fue acurrucando mientras le soltó la última pregunta antes de caer presa del sueño.

    –¿Tú has pasado el test de Turing?
    –Pues no, así que supongo que no puedo decir que sea humano.
    –Bueno, no es que me importe mucho…

    El universo de la marmota

    El universo de la marmota

    El 2 de febrero de 1992 a las 7 horas, 20 minutos y 30 segundos (GMT-4), Punxsutawney Phil salió de su madriguera y vio su sombra, lo que significaba que el invierno de ese año duraría seis semanas más, una de tantas ocasiones en las que tal predicción no se cumplió. Independientemente del resultado, el Punxsutawney Groundhog Club lo celebró repartiendo pastel de melaza entre todos los asistentes.
    Poco antes de las 12 de ese mismo día, Phil entró en clase de Meteorología y Geofísica del profesor Ballfloat. No le interesaba en absoluto esta asignatura, pero a ella asistía Rita, por la que estaba colado hasta los huesos. Durante una hora, la pizarra se llenó de ininteligibles fórmulas que relacionaban la temperatura de rocío con la presión atmosférica según las ecuaciones de Hardy, Wexler y Greenspan. “Juro que os odio, Hardy, Wexler y Greenspan. A los tres y vuestras jodidas isotermas.”, se le oyó susurrar antes de salir por la puerta de manera precipitada al finalizar la clase. Ya en el pasillo, espero a que Rita saliera, y se dirigió a ella para invitarla esa tarde a tomar un chocolate caliente en el Tip Top Café. Rita le miró y se tomó un tiempo antes de rechazar la invitación. “Lo siento, odio el chocolate”.
    Tras finalizar la Universidad, Rita conoció a un agente de seguros, con el que se casó 3 años después. Sacó su plaza de meteoróloga en el National Weather Service's Central Pennsylvania Forecast Office tras varios años de preparación. Tuvo dos hijos, Bill y Andy. Se divorció en el año 2021. Murió en el año 2045, acostada en la cama de su casa, mientras escuchaba "Rapsodia sobre un tema de Paganini", de Rachmaninov.
    Phil no terminó sus estudios universitarios. Decidió aceptar un trabajo en una empresa local llamada AccuWeather, en State College. Su trabajo consistía en levantarse todos los días a las 6:00 AM para supervisar la toma de medidas de la temperatura de rocío y otras variables climáticas de la red de estaciones meteorológicas del estado de Pensilvania. Se enamoró varias veces, pero nunca se casó. Cursó clases de piano durante varios años, aunque nunca terminó de dominar la técnica. Murió en febrero de 2031 en el patio de su casa, por una cardiopatía aguda, ahogado de calor, aunque ese año Punxsutawney Phil también había visto su sombra al salir de su madriguera.
    Pasaron muchos años.
    En el año 2525, tras la desertización total de la Tierra, la humanidad trasladó su hábitat a otro planeta. Milenios después, el éxodo se realizó a otro sistema estelar. Tras un millón de años, ya no vivía ningún ser humano en el universo. El Sol quemó toda su energía al cabo de 5000 millones de años, convirtiéndose en una estrella enana blanca. La última estrella se apagó al cabo de 1 billón de años. Por otro lado, la expansión acelerada del espacio-tiempo hizo que el universo se dilatara, la energía oscura produjo la separación de toda la materia contenida en él, hasta que todo quedó reducido a átomos esparcidos. Finalmente, la interacción electromagnética no fue suficiente para mantener las partículas unidas y sólo quedó radiación. Por último, se produjo la muerte térmica del universo.
    Debido a las fluctuaciones cuánticas del vacío, al cabo de 10^(10^(10^56 ) ) años se produjo un nuevo Big Bang. Al cabo de 10^-33 segundos, la inflación cósmica expandió el universo 90 órdenes de magnitud. Al cabo de 3 minutos se habían formado lo primeros núcleos atómicos. 300000 años después, la radiación se separó de la materia y se hizo la luz. El Universo siguió expandiéndose y la gravedad produjo la acumulación de materia. Tras 250 millones de años aparecieron las primeras estrellas y galaxias. Millones y millones de años después se formó la Tierra, aparecieron los primeros seres vivos, y poco después el homo sapiens empezó a escribir la Historia.
    Aproximadamente 13800 millones de años después de aquel Big Bang, a las 13 horas, 3 minutos y 12 segundos del 2 de febrero de 1992 (GMT-4), Phil salió apresurado de la clase de Meteorología y Geofísica del profesor Ballfloat, mascullando “Juro que os odio, Hardy, Wexler y Greenspan. A los tres y vuestras jodidas isotermas.” Ya en el pasillo, esperó a que Rita saliera, y se dirigió a ella para invitarla esa tarde a tomar un chocolate caliente en el Tip Top Café. Rita le miró y se tomó un tiempo antes de contestar, momento que aprovechó Phil para añadir “También tienen un pastel de melaza buenísimo”.
    ꟷOdio el chocolate, pero me encanta el pastel de melaza. Nos vemos a las cincoꟷ contestó Rita, guiñándole un ojo.
    Mientras, el Punxsutawney Groundhog Club seguía celebrando la fiesta del día de la marmota, repartiendo pastel de melaza entre todos los asistentes.

    El universo en una cesta

    El universo en una cesta

    Sus padres no estaban especialmente instruidos, pero cuando querían hablar delante del niño sin que les entendiera, tenían la costumbre de emplear sinónimos poco frecuentes. Por ejemplo, se decían cosas como:

    —Hoy el vástago del limítrofe ha vilipendiado al preceptor en la escuela.

    Y así es como a los diez años ese niño raro nunca llevaba regalos a los cumpleaños de sus compañeros, sino que llevaba dádivas para el agasajado. El truco de sus padres funcionaba parcialmente, ya que él no entendía esas palabras cuando las escuchaba, pero sí más tarde cuando se quedaba a solas en su habitación. Todo gracias a la señora Estrella. Un día, él y dos compinches ayudaron a la viuda a limpiar su pequeño jardín de malas hierbas y de hojas secas. No fue gran cosa, pero ella agradeció mucho la ayuda y la compañía esa triste tarde de invierno. Así que, cuando terminaron, los llevó a ver al librero y les dijo:

    —Elegid uno cada uno. El que queráis.

    A esa edad la mayoría de los chicos buscaban gestas, intriga, luchas… Así que uno de ellos eligió a Verne, el otro a Salgari. Pero él se lo pensó un poco más. Había que elegir bien. Y ya cuando la señora Estrella empezaba a abrir la boca para meterle prisa, señaló el estante más alto y dijo:

    —Quiero ése. El que las tiene todas.

    —¿Todas las qué? —dijeron el librero y la señora Estrella casi a la vez.

    —Todas las palabras. —contesto él. Y mentalmente añadió—: Si las conozco todas podré inventar las aventuras que yo quiera.

    Desde ese día, cada noche antes de dormir, consultaba en el diccionario los significados que sus padres habían querido, con buenas intenciones, ocultarle. Y ese diccionario le acompañó en secreto el resto de su vida.

    ***

    Un día de finales de junio pasó, como cada tarde a la salida de la escuela, frente a la verja del patio de la señora Estrella. Ya casi tenía preparada la sonrisa exagerada que siempre le dedicaba mientras ella bebía horchata en su mecedora de mimbre. Pero aquel día la mecedora estaba vacía, así que se detuvo y se acercó a la verja. Se le paró la respiración cuando vio que tras el macizo de hortensias asomaba una pierna. Sin pensarlo, salió disparado en busca de ayuda hasta darse de bruces con un adulto cualquiera, al que le gritó:

    —¡A la señora Estrella le pasa algo!

    ***

    Aunque poco después del incidente comenzaron las vacaciones y ya no hacía ese camino, cada día se las ingenió para pasar casualmente frente a la valla de la señora Estrella. Sin embargo, la mecedora siempre estaba vacía. Cuando preguntó a sus padres, se limitaron a decirle que la viuda había sufrido un parraque, pero esa palabra no estaba en su diccionario. Hasta que al cabo de un mes ahí estaba ella: meciéndose y bebiendo horchata como si tal cosa; como si el tiempo y el mundo no fueran con ella.

    —Me han contado que fuiste mi salvador —le dijo—. Pasa, tengo algo para ti.

    La siguió hasta el salón de la casa, oscura y sombría. Encima de la mesa había preparada una gran cesta de mimbre atestada de objetos. La señora Estrella se giró hacia él, se agachó ligeramente y le susurró:

    —Aquí no sólo están todas las palabras. Aquí está todo.

    —¿Todo? —dijo él, confuso.

    Se acercó tímidamente a la cesta. Primero husmeó como un ratón. Más tarde se atrevió a tocar y a sacar objetos: un microscopio, una tabla periódica, un globo terráqueo, el modelo de un esqueleto humano, un pequeño telescopio, matraces, curiosas reglas y otros muchos instrumentos de los que desconocía completamente el nombre y el uso.

    —Con lo que hay aquí puedes saberlo todo, pero depende de ti descubrirlo.

    ***

    Y éste es un pequeño fragmento de la infancia de Santiago Ramón y Cajal. ¿O quizá fuera de Severo Ochoa? O de Margarita Salas, Juan de la Cierva, Emilio Herrera, Josep Comas i Solà, Ángela Ruiz Robles… No sé… Es un detalle menor que no recuerdo. E se non è vero…

    En un futuro pasado

    En un futuro pasado

    No teman, vengo del futuro, le dijo a un grupo de jóvenes que estaban asombrados mirándolo, agregó con un tono parejo y calmado, ya olvidarán lo que acaban de ver, sacó un extraño aparato y lo movió de manera circular, provocando una reparación del espacio de tiempo que se había alterado por su llegada, todo volvió a la normalidad y los jóvenes siguieron conversando y riendo como si nada hubiese ocurrido.
    Sonrió y murmuró, tampoco soy un “Teminator” y no vengo a buscar a “Sarah Connor”. Su misión era mucho más seria que salvar a la humanidad de las máquinas.
    Volvió a sacar su “intercircuptor” o “navaja” como ellos llamaban a este intercomunicador de litio sintético, desplegó un mini mapa y se geo ubicó, el portal de “antimateria circulo temporal”, lo había dejado más cerca de lo que había planificado, realizó otro movimiento con su “navaja” y sintió como se activaba su procesador “bioneuronal” dentro de su cerebro, de esta manera se iniciaba la configuración de su mente, se cargó el idioma, la cultura y todo la información que necesitaba para ejecutar su delicada misión, constató preocupado que la conectividad digital del lugar no era la ideal, tendría que hacer muchas cosas a la antigua, comprobó con asombro que mucha comida era de origen animal y que las personas gastaban tiempo sentados comiendo y preparando comida, movió su “navaja” y comprobó que el reciclador “poligenético” de plasma, que genera nutrientes y proteínas en su estómago, tenía reservas para dos meses, miró hacia el cielo y notó que la burbuja filtradora de rayos ultravioleta que protege a esa ciudad, se mantenía aun en buenas condiciones; a “Jhon Connor”, le tocaba más fácil sobrevivir en su juventud, pensó, seguía homologando su misión con aquella recordada película de ciencia ficción, les gustaba a él y sus “tempoviajeros” bromear con esa saga, sin embargo, su realidad estaba muy lejos de las peripecias y vericuetos de esa heroica familia, su misión, esta vez, era asegurar que el creador de la máquina que convertiría el dióxido de carbono en oxígeno en el planeta Marte, cerrara la puerta del baño, que dejaría abierta por descuido y generaría a posterior una distracción en el científico, este evento, casi insignificante y superficial, afectaría la concentración de este connotado personaje y desestimaría una milésima en el factor de corrección que pondera el átomo de hidrógeno en su famosa fórmula, esa corrección aseguraría en el futuro una mayor solidez en la densidad del oxígeno respirable de Marte. Esa solidez les permitiría a los marcianos terrícolas, robustecer sus glóbulos sanguíneos, con el consiguiente aumento de factor genético modificado, según los cálculos realizados, este potenciador de densidad del aire marciano, adelantaría en casi cien años la capacidad de la raza humana de salir de Marte a colonizar otro planeta más rico en agua. Este planeta ya había sido descubierto en el pasado siglo XXI, era una de las 300 “Supertierras” encontradas en ese siglo, este planeta era muy especial, estaba a unos 30 mil años luz de Marte, hacia el centro de la vía láctea y orbitaba una estrella mucho más joven que nuestro desgastado Sol. Ya había estaciones espaciales intermedias habitadas por droides analizando y calibrando los “agujeros de gusano” que transportarían mediante conversión de antimateria los elementos a ese nuevo planeta y mediante la auto fabricación en el lugar de mega droides, iniciar la colonización, procedimiento mejorado del rudimentario viaje en naves que se usó para llegar a Marte hace unos tres siglos.
    Ingresó al laboratorio decodificando los accesos, fue al baño de hombres y contuvo la respiración esperando el evento. Como era de esperar, salió el científico apurado y dejó la puerta abierta, con movimientos estudiados ingresó al baño y cerró por dentro, justo al momento que el famoso personaje volvió la mirada para comprobar si la puerta estaba cerrada. Ese día tendría resultados positivos y estables de su modelo químico biológico matemático, cambiando para siempre el destino de la humanidad, dando una salida sustentable a la vida en otro planeta.
    Los “tempoviajeros” no pueden alterar la vida de las personas en el pasado, solo pueden mover cosas, se intentó alguna vez, cambiar el destino biológico de un humano, pero se provocaron vacíos temporales en la línea del tiempo, con consecuencias graves irreparables para todos, nunca más se intentaría alterar el destino de las personas.
    Por eso, si experimentas déjà vu, que tus cosas cambian de posición sin razón, que personas cambian de opinión, que alguna situación te parece conocida de tu pasado o escuchas decir que se presienten cosas, seguro son consecuencias de algún ajuste residual del espacio temporal, no es para preocuparse.
    El agente, desactivó sus dispositivos genéticos, activó el portal de “antimateria circulo temporal” y se desvaneció, solo se le escuchó decir: “Hasta la vista, baby”.

    ENSAYO FINAL

    ENSAYO FINAL

    Como todo gran científico Merklin Stein tenía desarrollado su poder de observación.
    Ya de pequeño se sentaba largas horas frente a la ventana de la habitación. A pocas conclusiones pudo llegar en esa época porque lo único que veía a través de la ventana era la pared medianera del vecino. Cuando los padres notaron esa aptitud lo cambiaron a la pieza del fondo con vistas al jardín. Fue allí donde surgió su primer cuestionamiento.
    ¿Porqué me habrán cambiado de habitación?-
    Seguido por un segundo cuestionamiento que tuvo más que ver con el futuro científico que lo esperaba. Ocurrió cuando en su estado contemplativo del jardín vio caer una manzana al suelo. A partir de allí comenzó a investigar y elaborar una hipótesis.
    En la cena familiar Merklin comentó con entusiasmo su teoría pero no logró contar con la atención de sus padres que estaban abocados a solucionar sus problemas económicos.
    Estuvo meses tratando de probar su hipótesis, sin éxito.
    Todo lo que cae…sube.-había enunciado con convicción.
    Pero la manzana colocada bajo el árbol demostraba, con su quietud, que las conjeturas no tenían ningún basamento científico.
    Ni hablar cuando se enteró que Isaac Newton, a partir de una situación similar, había desarrollado una formulación matemática que cambió el mundo.
    Y yo ni siquiera puedo modificar algo de mi jardín.-sostuvo apesadumbrado.
    Superada esa primera frustración Merklin Stein cursó en forma paralela las licenciaturas de química, física e ingeniería.
    Instaló un laboratorio en su casa, que duró poco. Las explosiones nocturnas, los extraños olores y los humos de diversos colores convocaron a una reunión de urgencia de los habitantes del edificio que terminaron con los experimentos del departamento del cuarto piso apartamento “C”.
    Pero cuando hay una vocación definida no hay obstáculos que la detengan.-sostenía Stein.
    Mudó su laboratorio a un lugar desértico de la Patagonia, a cincuenta kilómetros del poblado más cercano.
    Una vez por mes se acercaba al pueblo en busca de provisiones. Solía aparecerse con los pelos parados después de transitar en su moto esos cincuenta kilómetros en medio del polvoroso viento patagónico Lo llamaban “El loco de la motoneta”.
    Se aisló por años abocado a su proyecto científico.
    Las gallinas se asomaban curiosas por la ventana del laboratorio, las ovejas corrían en estampida cuando algún experimento terminaba en explosión, los pájaros esquivaban (por precaución) los gases de colores que surgían de la chimenea.
    Lo último que compró en el pueblo fue un carro. Allí, enganchado a su motoneta, llevó su finiquitado proyecto científico a los grandes poblados.
    Con sus pelos más revueltos que nunca Merklin Stein llegó a la XXXV Convención de Inventos y Ciencia Aplicada portando su “Rotor Hidrogenado Vinculante Externo”.
    Durante los veinte días que duró la exposición el proyecto del doctor Stein era el que se llevaba la atención de todos los visitantes. El artefacto en cuestión tenía vida propia. No era eléctrico ni a batería, nadie sabía con que energía funcionaba. Compuesto de tubos vidriados, poleas, burbujas de colores (que emergían y al explotar se convertían en amebas y paramecios). Bolas de metal que ascendían y descendían de rampas metálicas y al golpear una tecla activaban la “Novena sinfonía de Beethoven”. Rollos de papel que se cortaban en el aire y se transformaban en origamis. Vapores de diferentes densidades que al entremezclarse con sustancias gomosas se expandían conformando intrincadas telarañas. Y un habitáculo cerrado, sin transparencias, donde se gestaba el proceso final.
    El día de las exposiciones ante el gran jurado todos los científicos ajustaban los proyectos y se disponían a demostrar sus hallazgos y conclusiones. Estaba en juego el sueño de cada uno de ellos por acercarse a los aportes trascendentales de Einstein, Arquímedes, Galileo, Marie Curie, Copérnico y Leonardo Da Vinci.
    Ese día, el que podía ser el de su consagración, Merklin Stein no estuvo presente.
    Su ausencia impidió ver el funcionamiento completo de aquel artefacto que había roto los cánones de la física, la química y la electromecánica mundial.
    Meses después el científico fue encontrado sin vida en su laboratorio patagónico, rodeado de fórmulas, extraños bosquejos y gallinas cacareando entre sus papeles.
    Lamentablemente su muerte ha truncado el último gran desafío que había encarado el profesor Stein en beneficio de la comunidad: llegar a descubrir para qué rayos servía su afamado “Rotor Hidrogenado Vinculante Externo”.


    Ese toque invisible inspirado por Génesis.

    Ese toque invisible inspirado por Génesis.

    Consuelo miró al horizonte desde la terraza del café. Era una vista impresionante en la que se podía contemplar toda la ciudad. Su pequeña ciudad. Llena de callejuelas y recuerdos, donde había pasado la mayor parte de sus 56 años. Este local era su preferido: buena gente, buena música y buenas vistas. Un bálsamo reparador para todo lo que había pasado y lo que quedaba por pasar.
    Cogió la magdalena del desayuno y la mojó en la humeante taza de cacao. Cerró los ojos, y sus papilas gustativas se llenaron de momentos de su infancia en casa de su abuela, de aquellas mañanas de sábado de infinitas posibilidades con música de John Barry de fondo.
    - ¿Puedo sentarme? –Escuchó la mujer, saliendo de su ensoñación. Era un hombre calvo y menudo vestido de oscuro, con una sonrisa que irradiaba paz.
    El primer pensamiento de Consuelo fue considerar que había que tener cuidado, pero, de alguna manera extraña, sabía que podía confiar en él.
    - Si, por supuesto. Siéntate. – Manifestó Consuelo. - ¿Quieres tomar algo?
    - No lo había pensado, pero ese almuerzo parece muy apetitoso. ¿Puedo pedir lo mismo?
    La madura dama llamó con su mano al camarero, indicándole que quería un desayuno idéntico para su invitado.
    - Te lo agradezco, Consuelo.
    - ¿Me conoces? – Interpeló extrañada.
    - Si, por supuesto. Y antes de que me preguntes, permíteme que tengamos algo más de intimidad. – Expuso el agradable hombrecito.
    Chasqueó los dedos y ocurrió algo maravilloso. Todo se quedó congelado en el tiempo: las personas en las mesas cercanas, los coches que se veían como hormiguitas desde la terraza, e incluso las aves del cielo. Era como estar en una fotografía de 360º.
    - No te asustes. Es un truco muy usual crear burbujas temporales. Es ciencia, aunque te parezca hechicería. Como bien decía Clarke: “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.
    Consuelo no sabía qué decir.
    - A mí me pasaría lo mismo en tu situación. – Observó el pequeño hombre. -Me llamo Grant y vengo de lo que vosotros llamáis otra dimensión, una de las infinitas que hay.
    - Y para… ¿para qué has venido? – Logró articular la mujer acordándose de episodios de series de ciencia ficción con funestos finales.
    - Para agradecerte ser como eres.
    - ¿Eh? No entiendo. ¿Qué me tienes que agradecer? Soy una persona muy normal, del montón.
    -No te menosprecies. Eres muy importante y tu hija Clara también.
    - ¿Mi hija Clara?
    - Tu hija Clara, la gran inventora, la que traerá una época dorada al mundo con sus técnicas para dar energía libre a todo el mundo, la que acabará con el hambre con sus ideas rompedoras sobre cultivos autoabastecidos en cada casa y que ayudará a sanar la tierra convirtiendo toda la contaminación en estiércol para alimentar la tierra.
    - ¿Mi hija hará eso? No tiene más que quince años. Creo que te has equivocado de persona.
    -No. Ella lo hará y ¿Sabes por qué? Por ti.
    - ¿Por mí? Ya te he dicho que no soy una persona muy especial.
    - Sí que lo eres. El tipo de persona que estudia lo que pregunta su hija para darle respuestas y proporcionarle los medios para que las busque por sí misma; el tipo de persona que se quitaba horas de sueño para grabar documentales de ciencia y arte para que su pequeña los viera; el tipo de persona que vio en la televisión qué pasaba cuando se metían ciertos caramelos en pastilla con sabor a menta en una botella de cola, y que repitió el experimento en casa, poniéndola perdida por el efecto geiser que casi llegó al techo, sólo para que Clara lo viera. Tú eres la que despertó su curiosidad, la que provocó el efecto dominó empujando la primera ficha, la que encendió la mecha de la genialidad, inspirándola. ¿Y me dices que no eres especial?
    - Bueno es que siempre me han gustado esas cosas y sobre todo cuando nació Clara. Quería que viera todo lo que este mundo le podía ofrecer.
    - Ya sabes lo que va a pasar. Es una pena que lo vayas a olvidar.
    - ¿Por qué tengo que olvidarlo?
    - Para que no interfieras en el destino de tu hija. Esas decisiones debe tomarlas sola. He venido a decírtelo porque, aunque no recuerdes lo que te he contado, el sentimiento de satisfacción quedará y te acompañará en las horas bajas. Te servirá para seguir adelante con brío. Las espinacas de Popeye, la poción de Astérix. Es nuestro regalo por ser como eres.
    Grant chasqueó los dedos y el tiempo volvió a correr.
    - ¿Cómo dijiste que te llamabas? –Preguntó Consuelo olvidando la gran revelación.
    - Me llamó Grant y ahí llega ese apetitoso cacao. El nuevo día empieza bien. ¿No crees?

    Fermín Vento, un hombre de ciencias

    Fermín Vento, un hombre de ciencias

    El doctor Fermín Vento supo cumplir infinidad de roles en su vida, pero sobre todas las cosas se consideraba científico. También fue ebanista, apicultor, panelista televisivo de programas vespertinos, primer adelantado en off side, vidente con evidente estrabismo, curador de museos y medico clínico de mausoleos, entre otros tantos oficios variopintos.
    Quizás no lo hayan oído nombrar y eso tiene su explicación. Sus inventos eran como mínimo, algo extraños. La granada boomerang que hizo que su país perdiera la guerra en un santiamén antes de la primera batalla; el re-encarozador de aceitunas, una asquerosidad que no compró nadie y hoy reposa en la Galería de Objetos Inútiles, un lugar donde a nadie le interesa ir; el libro de recetas comestibles; que admitía una sola lectura y garantizaba una segura indigestión por su grueso volumen, usaba como ingrediente secreto el milhojas hojaldrado y cuando alguien se aburría con la lectura podía empezar por las páginas primeras aunque los glotones se quedaban sin saber el final.
    La Máquina del Tiempo Presente fue un fiasco. Consistía en un breve pasadizo de doble entrada que producía un molesto pitido al ingresar. Al salir por el otro extremo, el viajero se encontraba unos segundos más tarde en el mismo lugar, apenas un poco más adelante. Sus detractores calificaron a este adefesio como el Túnel Zumbador.
    A pesar de ser algo tarambana y bastante distraído como cualquier creativo, pensando constantemente en universos nuevos y realidades alternativas, siempre se lo consideró un buen tipo. Detestaba los aparatos creados para destruir. El rayo desintegrador le parecía una aberración digna de un mundo enfermo. Quiso compensar la existencia de tan infame arma con un invento genial: el Láser Integrador. Lo aplicó sobre una población mediana que fusionó sus cuerpos en una sola masa con infinidad de brazos piernas y rostros. ¡Era un canto a la unión de las razas! Más la gente no estaba muy feliz y se le rebeló. Aprovechó esta anécdota agridulce para escribir “La rebelión de la masas”, que ya había sido publicada con un siglo de antelación.
    Cuando era niño se zambulló en una tina y gritó ¡Eureka! No, no había descubierto el principio de Arquímedes y más le valía, porque si no el físico griego lo habría molido a golpes por robarle sus ideas. Eureka era el nombre de su perro y al salir del baño semanal se sintió medio babieca, que era el caballo del Cid. Fue también en su mocedad cuando creó el moco invisible. Práctico artilugio para evitar que sus padres lo vieran haciendo bolitas y amasando esa gelatina asquerosa de procedencia nasal, lo que le hubiera valida una buena tunda y una feroz reprimenda. A pesar que todos afirman desconocer el invento supo ser un secreto éxito de venta, consumido principalmente por taxistas, conductores de autobuses y coches particulares, que buscan no escandalizar a sensibles damiselas y peatones de estómagos flojitos.
    Una mancha negra en su historial fue el agua deshidratada, una decidida estafa y por culpa de aquel polvillo al que se le agregaba H20, fue a parar con sus huesos directamente tras las rejas. Allí se le ocurrió la reja horizontal. No era ideal para ambientes sin techos ya que los presos la usaban de escalera y escapaban con facilidad. Esta invención le valió mayor tiempo de condena por incitación a la fuga masiva.
    En cierta ocasión diseñó un dron de mayor tamaño con capacidad para transportar personas. Sería una revolución en los transportes. Más los planos demostraban un objeto muy similar a un helicóptero y el Registro de patentes se negó a aceptar su creación.
    Siempre siguió a rajatablas el método científico tradicional: observación, hipótesis, predicción, experimentación y resultados. Su espíritu curioso e innovador lo llevó a alterar este orden y supo predecir con el resultado puesto, jactándose de nunca equivocarse; también procedió a experimentar al azar, para luego llenar el campo de la hipótesis a la bartola sin saber que estaba estudiando y en la mayoría de los casos se quedaba en el peldaño de la observación constante hasta quedarse dormido. Entonces sí, en los sueños, se alzaba con hipótesis maravillosas, experimentos dignos de genios y conclusiones lamentables. Lástima que al despertar raramente los sueños se recuerdan y sus mayores lumbreras se perdieron en los brazos de Morfeo. El Consejo de Sabios le aconsejo abandonar la sabiduría, antes que ocasionara más estragos.
    Sin embargo sus nobles enseñanzas nos dan una sabia lección. Cualquier oficio puede transformarse en un derroche de creatividad y conocimientos, y si bien hasta el trabajo de un jardinero puede volverse una ciencia, a través de técnicas probadas, aplicadas con sabiduría y con paciencia, es absolutamente imposible que las cosas sean al revés y la honorabilísima ciencia, por ejemplo y por fortuna, se convierta en horticultura.

    Fiesta cuántica

    Fiesta cuántica

    Cuando recibí aquella extraña invitación jamás podría haberme imaginado lo que en aquella peculiar fiesta sucedería. La carta decía así: “Estimado amigo, ha sido invitado a una exclusiva fiesta cuántica que tendrá lugar en las coordenadas 46.94767, 7.44997 el vigésimo séptimo día tras el eclipse solar. Preséntese una hora antes de que el sol se ponga, esperamos gustosos su presencia”. Nunca había escuchado el término “fiesta cuántica” pero pronto descubriría de qué se trataba, la aventura prometía.

    Cuando llegué, me reuní con un grupo de asistentes que esperaban pacientes para entrar al local donde se celebraba la fiesta. Un apuesto hombre llamado Feynman nos recibió y al vernos tan serios exclamó -no tomen todo esto de manera solemne, ¡relájense y disfruten!- y así hicimos.

    Nada más entrar deduje que aquella sería una noche inolvidable. En lo alto del escenario se distinguía al DJ al que identifiqué como el bosón de Higgs, el alma de la fiesta que proporcionaba masa al conglomerado de partículas que bailaban enérgicamente al ritmo de la música colisionando constantemente unas con otras. Los que más destacaban eran una pareja de electrones que danzaban al unísono dando vueltas en sentidos contrarios como establece el principio de exclusión de Pauli y realizando exactamente idénticos movimientos lo que les dotaba de una coherencia y sincronización inigualables que atraían todas las miradas.

    Tras una primera impresión que me dejó atónito logré tranquilizarme y comprobé que veía completamente borroso a través de mis gafas por lo que probé a colocármelas de nuevo para poder enfocar mejor los objetos pero no sirvió de nada. Comencé a limpiarlas con un pequeño trapo que siempre me acompaña en el bolsillo cuando un jovial hombre con dotes de intelectual me sobresaltó dándome palmaditas en el hombro con una risa sarcástica que me hizo enrojecer de vergüenza. -Deja de limpiar esas gafas, no lograrás ver nítido por mucho que te esfuerces, todas las partículas poseen cierta incertidumbre y no podrás localizarlas en un lugar concreto- me advirtió, y antes de desaparecer entre la multitud susurró a mi oído -por cierto, me llamo Heisenberg-.

    Los más animados de la fiesta eran sin duda los fotones, que iluminaban completamente la estancia con sus agitados y veloces bailes incapaces de seguir para mis ojos, lo que me produjo cierto mareo. Completamente desorientado pregunté la hora a uno de ellos y su respuesta me dejó desconcertado, ¡era imposible que hubieran pasado 57 horas desde que entré en la discoteca! Inicialmente pensé que el fotón estaría bromeando hasta que llegó a mi lado un peculiar hombre de pelo blanco y alborotado y me explicó que el tiempo no es inmutable sino que factores como la velocidad o la gravedad pueden alterar el tejido espacio-temporal lo que me creó más dudas que certezas pero al menos ya supe que el fotón no se estaba quedando conmigo. El hombre que me había proporcionado aquella minuciosa explicación sobre un fenómeno al que denominaba relatividad parecía aburrirse en la caótica fiesta cuántica y percibí cierto descontento cuando al despedirse, mientras miraba a su alrededor, me dijo -recuerde, Dios no juega a los dados-. Justo antes de que se marchase le pregunté su nombre, -Me llamo Albert- respondió. Aquel encuentro me dejó reflexionando, tenía la sensación de que aquel hombre pasaría a la historia pero no logré determinar la causa de tal fugaz pensamiento.

    La fiesta llegaba a su fin, era hora de recoger y algunos asistentes comenzaban a marcharse cuando un hecho llamó mi atención. Un electrón salía por una de las puertas de la discoteca y su sombra se proyectó sobre la pared en un extraño patrón de interferencia como si de la interacción de dos ondas se tratara. Me dispuse a filmar aquel extraordinario suceso pero resultó que cuando otro electrón abandonó el local su sombra se reflejó a la perfección sobre el muro de enfrente. Comprobé la grabación y, en efecto, sobre la pared tan solo se percibía una oscura mancha, como si el suceso dependiese de la presencia del espectador, como si el simple hecho de observarlo interfiriese en el proceso de la misma manera que cambia el comportamiento de los niños pequeños en presencia de sus padres.

    Con la cabeza a punto de estallarme, decidí abandonar resignado la fiesta. Al verme cabizbajo, otro presente al que más tarde reconocí como Niels Bohr trató de consolarme, me dijo -no te preocupes, si la mecánica cuántica no le deja a uno perplejo es que no la ha entendido-. Finalmente regresé a mi casa con la convicción de que aquella fiesta supondría una gran inspiración para mis futuras investigaciones. Por cierto, se me olvidaba, mi nombre es Erwin Schrödinger, pero esa ya es otra historia.

    Fotografía 51

    Fotografía 51

    Llevaba toda la tarde trabajando en esas fotografías y sin quererlo se le hizo tarde. Fuera de las instalaciones hacía ya un buen rato que llovía a cántaros pero, después de varias horas allí encerrado, por fin pudo obtener resultados tangibles para su investigación. Raymond ordenó todo el material, cerró el laboratorio y cogió todo lo que necesitaba para poder enseñárselo a su tutora de doctorado, Rosalind Franklin. Cruzó corriendo el campus del King's College de Londres bajo la apesadumbrosa lluvia, que no cesaba, y llegó al edificio donde se encontraban los seminarios. Se encontraba sofocado y empapado, pero era ya tarde y quería acabar con esa cuestión cuanto antes. Siguió corriendo por los pasillos y en el momento de girar la esquina en que se encontraba el aula de anatomía aplicada se dio de bruces con el profesor Maurice Wilkins.
    - Jovencito, ¿dónde se dirige usted con tanta prisa si puede saberse? - le reprendió el hombre.
    - Debo encontrar a Rosalind, he hecho algunos hallazgos sobre la estructura del DNA que no pueden caer en saco roto. ¿Sabe usted dónde podría encontrarla?
    Wilkins se quedó pensativo durante unos segundos y prosiguió.
    - Rosalind se fue hace un rato - mintió -. Si usted quiere, deme esos resultados a mí y yo se los entrego mañana en mano. Es ya muy tarde y no debe usted estar merodeando por los pasillos sin razón alguna. Si le parece, solventémoslo de esta manera y así puede usted irse a su casa a descansar. Sino no será usted capaz de rendir correctamente mañana.
    - Visto de esta forma tiene usted razón Doctor Wilkins. Los resultados están contenidos en este sobre. Por favor, si puede hacerme el favor, entrégueselo a Rosalind sin extraviar ninguno de los documentos.
    - Descuide señorito Gosling, delo por hecho. Lo veo mañana entonces.
    - Sí, me voy ya. ¡Muchas gracias y buenas noches!
    - Buenas noches joven.
    Los documentos quedaron a disposición de Wilkins, que después de su ronda vespertina por los pasillos, volvió a su despacho. Seguía lloviendo con fuerte estruendo y dejó el sobre intacto sobre la mesa. La tormenta no aminoraba su fuerza y a Wilkins pronto le superaron con creces las ganas de observar los hallazgos que había hecho ese joven tutelado por Franklin. Al analizar el contenido de la investigación cayó al suelo una foto marcada con el título "Fotografía 51". Cuando se agachó a recogerla todo cobró sentido en su cabeza. Esa foto era la respuesta a la investigación más crucial del momento. En ella se podía observar claramente una panorámica del núcleo celular en que quedaba en evidencia la estructura helicoidal y en forma de doble hélice que tenía el genoma humano. En ese momento supo que si jugaba bien sus cartas podría convertirse en uno de los padres de la Medicina y la Genética moderna, pues sería recordado como el descubridor de la estructura del ADN. Todos los estudios posteriores de genética llevarían su nombre y, en ese preciso momento, disponía de las herramientas para que así fuera. Tuvo claro lo que debía hacer. Cogió una pluma y un papel y escribió el siguiente borrador:

    Para: James Dewey Watson y Francis Crick

    "Doctores:

    Dispongo de algo que puede hacernos muy grandes. Pasen mañana por mi despacho para analizarlo. Sobre todo no comenten esto con nadie, en especial con la doctora Rosalind Franklin. Si este hallazgo sale como presupongo, podríamos hacernos de oro y ser recordados por todo el mundo científico. Les espero mañana a las 4 pm en mi despacho. Sean discretos. "

    Maurice Wilkins

    Fuerzas: Gravedad y Destino

    Fuerzas: Gravedad y Destino

    ¿Alguna vez te has despertando sin ganas de enfrentarte al día?
    Seguramente hayas sentido que tu destino está trazado y que, independientemente de tus acciones, el transcurso de tu día e incluso el de tu vida ya está escrito.
    Esta era la sensación que invadía la mente de Alicia cada mañana. Su ciclo comenzaba tras abrir sus ojos, automáticamente se levantaba, desayunaba escuchando algún podcast motivador -sin éxito-, se aseaba y salía al trabajo sabiendo que al final del día volvería a su cama para despertar al día siguiente y caer en la misma rutina.
    En el ciclo vital de Alicia, al igual que en el de todos nosotros, había momentos mejores, adornados por cosas tan simples como algún menú especial en la cafetería o risas dispersas con amigos; y peores, generalmente debidos a una jornada laboral poco productiva o simplemente a frustraciones inherentes al carácter humano. Pero, al fin y al cabo, independientemente de todo esto, a la mañana siguiente el sol volvería a brillar, ella abriría sus ojos y todo se repetiría.
    Su trabajo consistía en estudiar la respuesta adaptativa de las abejas ante factores externos para mantener la prosperidad de la colmena. Analizando unos datos recolectados durante las últimas semanas, cayó en cuenta de que los seres humanos, al igual que las abejas, estamos programados para desempeñar actividades repetitivas, incluso aunque no nos gusten, con el fin último de asegurar nuestra supervivencia. Cada uno de los miembros de la colmena tiene un rol, la abeja reina es reina desde el día que nace y los zánganos viven a su disposición hasta su muerte. Independientemente de los factores externos, estos roles son impermutables, su destino esta determinado, y de la misma manera lo está el de los seres humanos. Ahora bien, qué es el destino. La definición exacta postula que es una “fuerza” desconocida que actúa de forma inevitable sobre las personas y los acontecimientos.
    Analizando esta definición, Alicia pensó que, si el destino es realmente una fuerza, puede compararse con otra fuerza, la Gravedad. De igual modo que cualquier objeto con masa atrae a otro objeto con masa, y ni tan siquiera la tierra y las estrellas se libran de esa inercia, los humanos, están condicionados y atraídos hacia su destino final, y nada puede modificar dicha fuerza atractiva. Desde el momento en que llegamos al mundo, somos esclavos de nuestro destino de igual manera que estamos afectados por la gravedad. Visto con esta perspectiva, la vida humana resulta deprimente, no importan los factores ajenos, no importa lo que hagamos, nuestra sentencia está dictada.
    No obstante, si este supuesto destino es una fuerza, puede entenderse también como una magnitud vectorial que mide la intensidad del intercambio de momento lineal entre dos cuerpos y, por tanto, puede modificarse o anularse aplicando otra fuerza externa y en sentido contrario. Pero, cuál es esta fuerza. Tras varios días de reflexión, Alicia encontró la respuesta: la voluntad.
    La voluntad se define como una propiedad intrínseca a la personalidad de cada individuo que apela a una fuerza -de nuevo- para desarrollar una acción de acuerdo al resultado deseado. Es decir, si Alicia quería convertirse en la dueña de su destino y modificarlo a su convenir, debía tener voluntad, reajustar su “chip” interno, reprogramarse. Ella, siempre realista, era consciente de que nuestra voluntad está limitada por nuestros sentimientos y emociones, por nuestro entorno socio-cultural ya que no podemos escapar de los caminos inexorables de la vida humana en sociedad, de la geografía que nos rodea, del clima y costumbres del lugar en el que vivimos. La clave está por tanto en endurecer nuestra mente a través del conocimiento para poder recorrer el camino hasta nuestro destino final de una manera satisfactoria. Sabiendo y aceptando este hecho, Alicia reajustó sus días, seguiría realizando las mismas actividades, pero con otra perspectiva, se enfocaría en dejar huella.
    Al igual que ella, cada uno de nosotros debemos abandonar la procrastinación y no aceptar la monotonía diaria. Al fin y al cabo, si todo puede entenderse a través de las leyes de la dinámica, únicamente tenemos que encontrar la magnitud de la fuerza adecuada para que, al abrir los ojos cada día, en lugar de sentir cansancio y pereza tengamos ganas e ilusiones para que, al llegar a la ultima vuelta de nuestro ciclo vital nos sintamos satisfechos.
    El destino es un agujero negro cuya fuerza de aceleración es mayor que cualquier otra, y cuyo fin ultimo es el colapso (nuestra muerte), no obstante, siempre queda un pequeño atisbo de esperanza, pues incluso tras la muerte de una estrella su brillo perdura en el universo durante millones de años, así mismo nuestro camino a través de la vida puede sembrar semillas que perduren en este mundo indefinidamente.

    GRAVEDAD

    GRAVEDAD

    GRAVEDAD
    Seudónimo: NEWTON
    - A ver Newton, explícanos como tú difieres de la Ley de Gravitación Universal y refutas al brillante científico del cual tomaron su nombre para ponértelo.
    - Yo no sé por qué se ha formado tanta bulla y revuelo por lo que he dicho. No me canso de repetirlo que lo que he expuesto es una idea, una hipótesis primaria que necesita de muchas horas, días, meses o años de estudio para explicarla coherentemente. Me llamó la atención el hecho de que pudiera muy bien explicarse el descubrimiento de mi predecesor de otra forma, de otra manera. Más simple, sin necesidad de acudir a ese fenómeno extraño como una fuerza rara que hace que se ¨atraigan¨ dos cuerpos y, además, que ella es directamente proporcional a la masa de ellos e inversamente proporcional al cuadrado de las distancia que los separa.
    - Entonces tú discrepas totalmente de los descubrimientos hechos sobre la Ley de Gravitación Universal, las leyes de Newton e inclusive ¿cuestionas la existencia de la fuerza?
    - Aguante un momento, en ningún momento me he cuestionado la presencia de la fuerza en la interacción entre dos cuerpos. Respeto y reconozco la brillantez y grandeza de los descubrimientos y formulaciones de Don Isaac, lo que intento encontrarle una explicación más simple y no tan rebuscada y compleja.
    - A ver, explícame tus puntos de vista porque el efecto que hace esa fuerza gravitatoria en cuerpos que no están en contacto físico es fácilmente demostrable en el caso de las mareas por la atracción que hace la luna sobre al mar y el fenómeno de ingravidez de los objetos y cosmonautas cuando se alejan de la tierra.
    - Le voy a explicar esos dos ejemplos desde mi punto de vista pero déjeme antes enunciarle mi idea: Para mí, la fuerza es impulsiva, no atractiva. Me explico. Los objetos tienden a unirse porque una fuerza exterior los empuja, no porque una fuerza interna dentro de ellos hace que se atraigan. ¿Y cuál es esa fuerza? La que durante millones y millones de años han expulsado y siguen expulsando al espacio los infinitos soles y estrellas que pueblan el firmamento. Para circunscribirnos solamente a nuestro planeta, este se encuentra sumergido dentro de un campo de fuerzas generado por estas fuentes inagotables de energía, como un objeto dentro del agua el cual recibe una presión constante en toda su superficie. Por eso es que todo, absolutamente todo, es ¨empujado¨ contra su superficie, no porque la tierra los atraiga.
    En el primer ejemplo. El de las mareas. Hasta ahora se ha explicado como que la luna atrae la masa de agua, la arrastra la cual, por cierto, produce marea alta seis horas después que la luna pasó por ese lugar aunque ese fenómeno se explica por la fricción de la masa de agua que retarda su movimiento. Yo lo explico porque la masa de la luna sirve de pantalla u obstáculo a la fuerza externa y el área debajo de ella recibe menos fuerza de empuje lo cual aprovecha el agua de mar para desplazarse hacia esos sitios, empujada por la mayor fuerza exterior que no ha sido bloqueada por la luna.
    En el caso de la ingravidez que se constata dentro de las naves interplanetarias se explica de igual forma. Sobre la superficie terrestre todo se encuentra empujado hacia la tierra por esa fuerza exterior porque el propio globo terrestre bloquea la fuerza que existe en el lado opuesto del planeta, se rompe el equilibrio y domina la componente exterior. Al separarnos de ella y alejarnos, se restituye el equilibrio y los objetos y los cosmonautas reciben la fuerza de empuje desde todos lados y equilibra la que antes predominaba experimentando la sensación de falta de peso y flotabilidad similar al que experimentan los animales marinos y los buzos al poder ¨volar¨ en el espacio submarino tridimensional del océano al igual que los pájaros en el aire.
    - Te felicito Newton, has expuesto tu teoría brillantemente y con bastantes argumentos los cuales pueden ser objeto de debate y réplica pero basta por hoy. Descansemos y continuaremos mañana, ¿está bien?
    - Padres de Newton. Los he mandado a llamar para informarles que su hijo ha sido dado de alta. Es un chico inteligentísimo y perfectamente normal. Esas ideas suyas pueden estar equivocadas pero demuestran que no puede frenarse el desarrollo del intelecto y de la imaginación a ninguna edad. Que debe estimularse a que las personas investiguen, busquen, desarrollen sus ideas y en esa búsqueda de las respuestas a sus interrogantes y el debate y confrontación de diferentes puntos de vista, tendencias y criterios, nos acercaremos cada día más a la verdad y al descubrimiento de nuevas innovaciones científicas. Felicidades, tienen un hijo brillante.

    HASTA LOS HUESOS: La química de la sustancia Amor.

    HASTA LOS HUESOS: La química de la sustancia Amor.

    "El fuego es íntimo y universal[…] Sube desde las profundidades
    de la substancia y se ofrece como un amor” Gastón Bachelard.

    Era Julio cuando realizamos en la clase de dinámica de sustancias sentimentales y alimenticias, un laboratorio sobre viscosidad dinámica. Se midió la viscosidad del amor, en relación con la miel y la jalea. La unidad en que se mide la viscosidad dinámica es centipoise; fue evidente en todos los ensayos que la viscosidad del amor es equivalente a 80.000 centipoise, siete veces más viscosa que la miel que solo midió 10000 centipoise. Solo el calor del cuerpo humano (el nuestro u otro), es el que permite que el amor se disemine con mayor facilidad hasta la última de nuestras coyunturas, la presencia del calor hace que su viscosidad baje. La miel halla su momento de mayor fluidez a los treinta grados, en cambio el amor lo hace a los treinta y siete grados.

    La química del amor es variable. Es una de las sustancias más estudiadas, versátil y definitivamente peligrosas. Ha existido desde siempre un gran presupuesto para su investigación, financiado desde el gobierno y las entidades privadas, pero ¿Qué pasaría si pudiéramos controlar el amor?, si con un solo compuesto químico se pudiera destilar fácilmente el amor de nuestros huesos y manejarlo a voluntad. ¿Qué marca no pagaría porque el amor, que habita en nuestros huesos, se dirigiera a ellos? Controlar el amor, esta terrible y dinámica sustancia, sería la cumbre de todas las ciencias sentimentales y químicas.

    La inestabilidad en su composición es tan indeterminada como la diversidad en su concentración. Algunos ensayos clínicos presuponen que reacciones metabólicas han otorgado una mayor medida de amor a algunos sujetos, el gramaje total es siempre imposible de conocer. Casi todas las pruebas se tienen que realizar con personas que han muerto, es la única forma de sacar todos los huesos y realizar un delicado procedimiento de laboratorio establecido, en el que se vuelven una masa del que se extraen las diferentes sustancias- sentimientos, finalmente destilarán el amor. Pero, se cree que el rigor mortis ha intervenido en las mediciones y todas las cantidades son desacertadas.

    Siempre ha creído que la edad hace variable el tipo y la cantidad de amor. No será la misma concentración de amor, la que encontraríamos en los huesos de un pequeño que abraza a su madre con sus dos brazos como si tuviera cien, a la que encontraríamos en los huesos de un viejo que abraza su dinero como si tuviera mil brazos.

    La peor cualidad del amor, sobre todo para quienes son estudiosos del asunto, es su capacidad de mezclarse tan bien con otros sentimientos generando mezclas homogéneas casi perfectas, esto hace imposible que uno sepa diferenciar amor de ambición o amor de pasión, o amor de tristeza.

    Siguen abiertas las discusiones y preguntas sobre este tema tan medular, incluso luego de más de doscientos años de juicioso estudio de las ciencias sentimentales, permitiéndonos poseer a esta altura toda una serie de protocolos establecidos para el estudio de las sustancias-sentimientos. Se mantienen incluso los aportes realizados por Newton sobre el asunto, hasta los últimos artículos de las más reconocidas universidad y centros de investigación en el asunto. Ejemplo de ello son la gran estructura de laboratorios en la Universidad de Yale especializados en el estudio de las sustancias- sentimientos.

    Para continuar en la comprensión del asunto en otros artículos se hará énfasis en otros sentimientos- sustancia, especialmente del dolor y la pasión, aunque todos los asuntos que tratemos terminarán llegando- como siempre- a la sustancia que habita hasta el último de nuestros huesos: la sustancia Amor.

    Huella indeleble

    Huella indeleble

    «―Hacia allí ―retumba la frase, cargada de ilusión, de una niña en medio de una árida ninguna parte».

    Fijaos. Sí, en las dos figuras que se dirigen hacia el amanecer de los poetas muertos en tierra ignota. Y en las pisadas que dejan en la arena, restos de lo que representan. El camino es lo de menos y sus motivaciones no importan pues han sido, en parte, programadas. Pero son una pareja cuanto menos curiosa. Y diréis: «¿Por qué nos interesan?», y sería un buen apunte. En parte, debido a que hace eones que la Tierra había sido expulsada de su sistema al producirse un nefasto colapso cósmico en el viaje sideral del Sol. La biosfera sufrió las consecuencias en extinciones masivas. Luego, el planeta errante murió. En el pasado, vuestro pasado, se tuvieron que tomar decisiones desesperadas. Pese a todo, y obviando las excusas, ya lo sabíais.

    La literatura, el cine, la televisión y la información soterrada en los metabuscadores os hicieron creer que algún día poseeríais grandes naves generacionales para surcar el Cosmos. ¡Qué imaginativos que sois! Erais… Ahí se quedaron, en el bulevar de los sueños rotos. Lo que sí se logró fue la construcción de pequeñas y asequibles astronaves ―del tamaño de vuestras embarcaciones de relax marítimas―, revestidas de fotocélulas de grafeno modificado para captar cualquier tipo de energía lumínica y, gracias a sus motores de antigravedad, lograr de este modo cruzar la materia oscura por impulsos electromagnéticos. Y se lanzaron al Espacio como desesperados mensajes embotellados. ¡Claro que había un mensaje, lo tenemos ante nuestras narices! ¿Ellas, ellas, ellas…? Si pudiera suspiraría sonoramente. ¡Obvio! La extraña pareja. Observad con atención por lo que creáis.

    «―Hacia allí ―retumba la frase, cargada de ilusión, de una niña en medio de una árida ninguna parte».

    La figura alta, de exodermis plateada, sin rostro y con contornos femeninos tiene una voz armoniosa, pero autoritaria y contundente que, al surgir de un punto indefinido de su anatomía, logra erizar hasta el alma. Por fortuna habla lo justo. A mí me inquieta, me recuerda demasiado a los maniquíes de dibujo. Es una androide de crianza. Cibertecnología de última generación a base de silicio y titanio. Su cerebro posee células cuánticas, un hito ciertamente. «Obedecer y servir», esa es su ley integrada. ¿A quién? No parecíais tan interesados hace un rato. Os lo muestro. Pues a la figura bajita, quien indica: «Hacia allí». Una bioingenio por encargo que nunca dejará de ser una niña, con sus ojos ambarinos, su melena pelirroja y su eterna expresión de felicidad. Una Gioconda moderna. Su ADN es el árbol de la vida. ¿No lo entendéis? Al final lo comprenderéis, os lo prometo.

    Dos muñecas distintas, pero muñecas al fin y al cabo. A sus creadores siempre les gustó jugar. Por supuesto, a ser dioses. Ambas tienen una durabilidad garantizada de décadas y pueden soportar cualquier climatología, incluso la ausencia de oxígeno. Y su programario les permite aprender, evolucionar y lograr alcanzar la singularidad, o eso ilustraban los manuales que las acompañaban en sus cápsulas. Una parrafada demasiado extensa como para leérsela sin saltarse páginas, y mira que he dispuesto de tiempo. En la distancia han quedado los manuales, desparramados junto a los restos de su astronave.

    ¿Adonde se dirigen? Sígueme. Al otro lado de aquella loma, paralelo a este desierto, hay un mar de agua dulce, hermoso como todos los mares aunque puede ser igual de cruel. Cogidas de la mano lo alcanzarán y ahí se quedarán, en el acantilado del fin del mundo sin miedos, sin dolor alguno ni remordimientos por unos progenitores que las abandonaron a su suerte. El futuro es un misterio, ellas su reinicio. No obstante, son la huella indeleble de los restos de vuestra especie, condenada desde su nacimiento, que nunca supo valorar los pequeños detalles.

    «―Hacia allí ―retumba la frase, cargada de ilusión, de una niña en medio de una árida ninguna parte».

    Con todo, acerquémonos. Somos sombras o una vulgar brisa. Como os decía, la niña ―no deja de sonreír, es una delicia― lleva el árbol de la vida en su ADN. Y “allí” es un punto a la orilla del mar. Llegada su fecha de caducidad, la androide introducirá a la pequeña en una tumba y la cuidará hasta ver brotar la vida de un planeta que ahora es leyenda, plantas y animales. ¿Lo comprendéis? El particular y desesperado mensaje en la botella. ¿Sabéis lo triste y gracioso cuando las observo? Que hace mucho que sé, que vosotros lo sabéis, que no hay más vida inteligente que la que fue… Resulta que sois los extraterrestres allá dónde alcanzaron vuestras quimeras.

    «―Hacia allí ―retumba la frase, cargada de ilusión, de una niña en medio de una árida ninguna parte».

    Huellas en el suelo, voces en La Tierra

    Huellas en el suelo, voces en La Tierra

    Mírame desde las alturas que ves desde tus zapatos. Hoy te pido que descubras quién soy, quién eres conmigo y quién serías sin mí.

    Tardé tiempo en nacer, tardé tiempo en crecer, tardé tiempo en ser. Vivo debajo de ti, vivo en La Tierra, vivo por todos, vivo por ti y por mí. Existo para protegerte, para darte alimento, para darte agua, para que camines y corras. Mi pasado es tu futuro. Tengo varios nombres: tierra, polvo, sustrato… pero SUELO conformarme con que aprendas uno.

    Soy hijo de la roca y del tiempo. El agua y el calor del pasado ejecutaron su fragmentación; quedó hecha pedazos, canjeando así su existencia por la mía. Agua y calor de un pasado tan remoto como el presente mismo, una evolución constante detenida tan solo por los periodos glaciares, por los fríos extremos, solo cuando el hielo se posaba sobre mí. ¿Lo ves? Hasta el hielo descansa sobre mí.

    Los científicos me llaman cambisol, fluvisol, leptosol, regosol y de otras maneras. Como tu piel, mi cuerpo es de diferentes colores: rojo, verde, gris, marrón, negro, blanco… Soy liso o rugoso, estoy compacto o disgregado, estoy sediento o emana agua de mí. Soy tan diferente de mis semejantes, que nunca nos encontrarás repetidos en el mundo porque, como las personas, somos únicos.

    Tengo un hermano muy especial. Se llama Terra preta y vive en el Amazonas. Nuestra madre le confirió un cuerpo muy rojo, y no es que diera mucho alimento. Siempre sirvió a su población humana como pudo, con escasos recursos, pero ellos le cuidaron tanto, dándole de comer, que acabó cambiando de color. Durante siglos se han mantenido unidos, respetándose unos a otros. Genera tanto alimento como el que recibe, manteniendo su equilibrio hasta nuestros días.

    Tengo otro hermano muy curioso. Vive cerca de los polos y se llama permafrost. Seguro que ya oíste hablar de él, pero apuesto a que no sabes por qué es tan importante. Durante muchos años, ha ido creciendo y dando soporte a pequeñas plantas. El frío constante hizo que estuviera congelado y todo lo que moría, pasaba a integrar su estructura helada. Tantos siglos con esa vida, le han permitido almacenar carbono, un viejo amigo.

    Los suelos somos una familia que no deja de crecer, o al menos lo hacíamos hasta hace unos años, hasta que llegásteis tú y los tuyos. Durante largo tiempo, he vivido con los humanos primitivos en amor y compañía, me cuidaban y les cuidaba. Entendieron cuáles eran mis necesidades, cómo me debían proteger y, a cambio, les di alimento y agua. Como te dije antes, los nativos del Amazonas acabaron formando a Terra preta, un hermano raro al que llevó tiempo formarse, a base de darle mucho de comer, y que logró dar alimento a toda su población. En el resto del mundo, no es que se hayan preocupado mucho por mí...

    No entiendo qué te pasa. Si me destruyes, te destruyes. ¿Aún no comprendes la necesidad de mi existencia? Por desgracia, mi futuro depende de ti. Son muy pocos los humanos que se preocupan por conocerme, y les estoy muy agradecido, pero necesito algo más. Todo mal que me hagas repercute en el resto: el agua, las plantas, los animales… ¿Has visto a alguien cultivando sobre la roca? ¿Has visto a alguien que pueda vivir sobre suelo contaminado? Todas tus malas prácticas impactan en el resto de seres vivos. Si me dejas desnudo, vendrán el agua y el viento para llevarme; si me echas agua contaminada, nadie crecerá sobre mí; si me remueves en exceso, tus plantas acabarán creciendo mal sobre mí.

    Respétame. No te lo pido como un favor, sino como una necesidad para ambos. Dame oxígeno, alimento, protección, y te prometo que entregaré todo lo que tengo para que tú y tus hijos viváis. Somos uno, no lo olvides. Tus huellas son mi historia, surcos del vínculo entre el humano y su hogar. El suelo que pisas es la Tierra que nace, el pasado que nunca se extingue en la memoria de la casa común.

    IE. El internet de la energía

    IE. El internet de la energía

    ― ¿Saben cuál fue el mayor logro de la humanidad? ¿Alguien sabría responderme?
    ―El primer viaje a la Luna.
    ―Bien apuntado Helena, sin dudas, fue un gran logro para la humanidad y abrió un nuevo camino en la investigación del espacio, pero no, no fue eso.
    ― ¡Las energías renovables!
    ―Te acercas Marcos. Una pista, todos tenemos uno en casa.
    ―El CEP.
    ―¡Casi Gia! El Cuadro de mando Energético Personal, ese aparato tan corriente y común que todos tenemos en casa, ¿verdad? Con él, somos capaces de leer en tiempo real el precio del kilovatio/hora, de manera, que podemos programar nuestros electrodomésticos para que funcionen cuando es más barato. No solo eso, el CEP, gracias a los microchips incorporados en todos nuestros electrodomésticos, es capaz de controlar el termostato o la calefacción para que se desconecte durante pequeños periodos de tiempo o regular la temperatura de nuestros hogares, de manera que, ahorramos energía. Activa el lavaplatos o la lavadora por la noche y compra los electrones justos para que tu casa funcione sin incidencias. Con este aparatito, no solo usamos la energía cuando es más económica, si no que la usamos con más eficiencia, ahora nuestros electrodomésticos gastan un tercio de la energía que gastábamos hace 15 años. Igual que somos capaces de comprar los electrones justos, somos capaces de hacer que nuestros electrodomésticos o el coche vendan parte de la energía almacenada. Esta misma mañana, como hago todos los días, aparqué y enchufé el coche a la red, 5 minutos más tarde recibí un mensaje de la compañía eléctrica donde se me informaba que había un déficit de energía en la red eléctrica, que le precio del kw/h estaba a 40 céntimos y que la carga de mi coche era del 70 %. De acuerdo con la configuración que introduje en el CEP del vehículo, la compañía me había comprado la energía que necesitaban hasta que la batería de mi coche alcanzó el 50%. En lo que va de mes, mi coche me hizo ganar 16 euros. Pero no solo nos da beneficios económicos, hemos reducido nuestras emisiones de C02 en un 50%, se han generado en todo el país miles de nuevos puestos de trabajo, hemos fortalecido y reinventado nuestra industria económica, hemos conseguido entre todos, generar la suficiente energía como para iluminar regiones del mundo, como el centro africano o las zonas rurales asiáticas, que, a su vez, se ha traducido en un aumento del potencial y de los recursos humanos. Que hayamos creado este Internet de la Energía produjo que en países donde el déficit de energía impedía a las personas desarrollar su intelecto, si lo hicieran. Muchas más personas preparadas, innovando, investigando, emprendiendo, preocupándose por vivir y no sobrevivir. Socialmente, hemos reducido tanto la pobreza, que hemos sido capaces de estabilizar nuestra población, somos el mismo número de personas que hace 30 años, consumiendo muchísima menos energía. Además, el acceso a la energía para todos, originó una disminución de esa sensación de falta de seguridad y miedo general que reinaba en el periodo de la crisis energética debido a la escasez de recursos, consiguiendo que se redujeran los ideales extremistas y radicales. Pero, aun así, ni el CEP, ni este gran ecosistema de la energía inteligente y bidireccional, que mantenemos activa entre nuestros hogares y las empresas eléctricas, no son el mayor logro de la humanidad.
    ―Pero profesor, entonces, ¿Cuál ha sido? No se me ocurre que más puede ser el mayor logro de la humanidad.
    ―Muy sencillo chicos y chicas, la sociedad fue capaz de convencer, poco a poco, a los gobiernos para que aprobaran un elevado impuesto al barril de petróleo. De esta manera, se incitó a que fuera rentable invertir, investigar e innovar en formas alternativas de obtener energía y en mejorar la eficiencia de su uso ya que, podían competir con el petróleo. Es decir, la sociedad, aceptó pagar impuestos más alto por consumir energías no renovables a cambio de que ese dinero estuviese destinado a salir de esa crisis energética en la que vivíamos, y no solo conseguimos eso, si no que acabamos con la crisis humanitaria. Nuestro mayor logro fue la conciencia, empatía, el altruismo y la humanidad.
    Justo en ese momento sonó la alarma.
    ―Y hasta aquí la clase de hoy, recordad que el lunes comienza la semana de los parciales, en el primer examen entran los temas del 1 al 6, desde la prehistoria hasta la edad contemporánea, ¡buen finde y a estudiar!

    If you don´t

    If you don´t

    "If you don´t not make mistakes, you´re doing it wrong.
    If you don´t correct those mistakes, you´re doing it really wrong".
    (Anon)


    La cabeza trepanada de la Sra. Fernández —presa de drogas intravenosas y gases anestésicos— reposaba, ligeramente inclinada sobre su lado izquierdo, en la mesa de una de las salas quirúrgicas interactivas del Gregorio Marañón. Su meningioma era grande, del tamaño de una pelota de pin pon, y había nacido, crecido e interrelacionado con los nervios y los vasos sanguíneos del cerebro de la Sra. Fernández durante años —incluso décadas—, y con ella habría muerto si es que no se hubiese manifestado así, tan de repente, y de forma tan dolorosa e incapacitante.
    La extirpación del bulto estaba programada para el mes siguiente —se preveía que ese mes de mayo del 2047 el equipo del Dr. Cabrera batiera el record mundial en eliminación de tumores—, pero las cefaleas en racimos que la Sra. Fernández había experimentado durante los últimos días habían hecho de la intervención algo urgente y necesario tras su ingreso en planta aquella misma tarde, justo cuando el Dr. Cabrera y su equipo se encontraban asistiendo a un congreso de neurocirugía en la ciudad condal.

    —No se preocupe —alegó el doctor a la Sra. Fernández por videoconferencia—, le operará, bajo mi supervisión, nuestro cirujano asistencial. —Y el médico mostró a la paciente las gafas de realidad mixta que portaba entre sus manos.

    El cirujano asistencial del Dr. Cabrera, nominado como BSL —siglas de Biltrack Sistem HoloLens—, era un robot quirúrgico de apoyo creado por la empresa Microrob Surgical. Estaba compuesto por una estructura acristalada que contenía un potente ordenador —de 1 petabyte de memoria— que visualizaba, radiografiaba y reproducía, en un formato de 360º, la monitorizada anatomía del paciente, registrándola de forma no invasiva. Además, el visor óptico de BSL se conectaba automáticamente —vía wifi— con el dispositivo HMD del cirujano jefe, y también con el resto de dispositivos y pantallas que, en ese momento, se encontraran operativas dentro del quirófano. BSL contaba, también, con un par de largos brazos modulares y flexibles en los que se insertaban dos ganchos multifuncionales —uno por cada extremidad— dotados de apéndices táctiles. Todo esto hacía del robot médico el ayudante perfecto, no solo por reducir tiempo e instrumental quirúrgico, sino también por facilitar el trabajo de aquellas cirugías que requerían de largas reconstrucciones. Pese a todo —sus increíbles facultades y conocimientos que lo habían llevado a especializarse en neurocirugía—, BSL jamás había ejercido como cirujano titular, jamás había reemplazado a un médico humano.

    —¿No nos darás mucho la lata? —preguntó el Dr. Cabrera a la masa celular, compacta y lobulada, que se proyectaba, dimensionada en 3D, sobre un punto definido del espacio de su habitación de hotel; en concreto, entre las cortinas y la puerta que daba al baño. Encima de la cama, materializados en forma de hologramas, descansaban los paneles de material anatómico de consulta, los diferentes cortes radiológicos de las resonancias magnéticas, el atlas quirúrgico y las imágenes de los hemisferios, lóbulos y cisuras cerebrales de la Sra. Fernández con las que, desde hacía algo menos de una hora, BSL se encontraba trabajando.

    —Lo estás haciendo muy bien, chico.

    El Dr. Cabrera se sentía muy satisfecho con el trabajo del robot: a través de su visor observaba la precisa abertura de entrada que BSL había hecho en el espacio subaracnoideo; observaba el impecable corte milimétrico, dimensionado con el bisturí de navaja, sobre la cola dural del tumor. Observaba, cuando…

    —¡Para!

    BSL se detuvo.

    —¡¿Cómo es posible?!

    El tumor yacía insertado en el vaso coroideo; un aciago e inesperado incidente —nada había mostrado la última arteriografía cerebral— con el que el cirujano jefe no contaba. Aquello lo cambiaba todo…

    —Está bien, chico —el Dr. Cabrera se sentó sobre la cama, derrotado—. Has hecho todo lo que has podido. Ciérrala —ordenó.

    Mas... era la primera vez que BSL ejercía como cirujano titular.
    El brazo robótico se adentró en la arteria…

    —¿Qué?... ¡¿Qué haces?!

    …vaporizando y coagulando con su aspirador ultrasónico…

    —¡Detente!

    …resecando lentamente…

    —¿No me has oído?

    …retirando la gran masa tumoral con una perfecta hemostasia.
    #
    Apenas habían transcurrido setenta y ocho horas desde que la Sra. Fernández había sido intervenida, y ya caminaba por su cuarto con la ayuda de un andador.

    —Gracias, doctor.

    El Dr. Cabrera salió de la habitación muy satisfecho. La operación se había complicado, pero su ayudante… Tras sopesar las probabilidades de supervivencia de la paciente se había arriesgado a retirar el tumor, aunque… aunque todavía no lograba entender cómo un IA había podido desobedecer una orden directa. Entonces, cayó en la cuenta: la Primera Ley impugnaba a la Segunda.

    «Benditos robots», pensó.

    Y se marchó, pasillo adelante, canturreando el estribillo de "I am believer".








    Iluminar la oscuridad

    Iluminar la oscuridad

    ZenoSia sólo tenía un deseo: ser más grande. Todos sus compañeros de la nanoscuela medían más que ella: alumoso, silicasto o titanión. Y ella no acababa de crecer, siempre había sido de las más pequeñas de la clase. Hasta su nombre real era pequeño: ZnS, aunque todos la conocía por ZenoSia. En la nanoscuela el tiempo se le hacía eterno, quería ser adulta y poder ir al médico para que arreglara su problema de tamaño. ¿Cómo iba a tener una vida normal si el resto casi no la veía?

    Su madre, la señora CodSen, siempre le decía que ellos venían de una familia especial, Que ella podría hacer cosas increíbles que ahora ni se imaginaba. Pero ZenoSia no se creía ni una palabra. ¿Qué iba a tener de especial su madre, que trabajaba todo el día en esa tienda de televisores a las afueras de la ciudad? La verdad es que no le había contado mucho sobre su trabajo, porque decía que ya lo entendería cuando fuera mayor. Un día, presa de la curiosidad, ZenoSia decidió seguir a su madre hasta la tienda.

    El plan era arriesgado. El establecimiento estaba en la periferia y tendría que arreglárselas para llegar hasta allí sola, La ciudad de Nanotown no era especialmente grande y podría cruzarse con otros nanotenses conocidos en cualquier momento. Si alguien la reconocía, estaba perdida porque a esas horas debía estar en clase. Por eso, necesitaba disfrazarse. Encontró una capa antigua en el armario de su madre que le vendría perfecta para ocultarse. Al probársela se dio cuenta de que le permitía caminar más rápido con poco esfuerzo. "Cuántos secretos guardas, mamá", pensó mientras la doblaba apresuradamente.

    El día que había elegido para la visita, actuó con normalidad. Después de desayunar, dirigió sus pasos hacia la habitación y cogió su mochila para irse a la nanoscuela. Se despidió de su madre y, al salir de casa, se ocultó detrás de una esquina suficientemente alejada de la puerta. A la media hora, observó a su madre salir en dirección a su trabajo. Ya bajo su capa mágica, comenzó a seguirla hasta que la señora CodSen subió a un autobús. ZenoSia esperó en la misma parada unos diez minutos y cogió el siguiente autobús hacia la tienda. Recordaba haber ido alguna vez allí cuando era muy pequeña.

    Tras atravesar toda la ciudad, apareció entre ella el edificio de ladrillo rojo que recordaba de su última visita. Se alzaba imponente en un barrio de casas pequeñas y humildes. Tenía unas diez plantas y se asemejaba a una gran lengua de fuego que emergía de lo más profundo de la tierra. La tienda de televisores ocupaba toda la superficie de la planta baja, era enorme. Decidió otear el interior a través de las grandes cristaleras desde una posición segura para no ser descubierta. Después de algunos minutos, vio a su madre en una cola de quantumos, la estirpe a la que ellas pertenecían. Estaban en la zona de la tienda que tenía los televisores más grandes y modernos. De pronto, la señora CodSen desapareció de su vista. Siguió mirando aquella fila de quantumos y reparó en que cada uno de ellos iba entrando por pequeñas rendijas situadas en el canto de las pantallas.

    ZenoSia se sintió desconcertada, ¿qué clase de trabajo era ese? ¿por qué tenían que entrar ahí? No parecía el sito más acogedor del mundo. Uno de los empleados había salido a fumar por una de las puertas de emergencia. Decidió aprovechar la ocasión para entrar al local y averiguar qué estaba pasando allí dentro. Su capa mágica le ayudó a atravesar la puerta a la velocidad del rayo en un despiste del empleado.

    Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad que había, se dio cuenta de que se encontraba en un pequeño almacén. Entreabrió una puerta y vio que estaba muy cerca de la zona donde vio a su madre por última vez. De pronto, la luz se encendió y apareció el empleado fumador. Ya no había posibilidad de escapar, estaba acorralada...

    La siguiente imagen que observó fue a su madre mirándola con cara de preocupación. De los nervios de haber sido "cazada", se había desmayado y estaba tendida en el suelo.

    - Por fin has despertado, pequeña ZenoSia. Te diste un golpe fuerte en la cabeza al caer. ¿Qué hacías aquí?
    - Mamá, no me riñas, yo...quería saber cómo era tu trabajo. Te ví en la cola pero luego desapareciste, ¿dónde estabas?
    - Ay mi nena curiosa. Ya te dije que nuestra familia era especial. Tenemos el poder de brillar en la oscuridad. Y mi trabajo es dar mi luz para que las pantallas funcionen. De lo contrario serían completamente negras e inservibles.
    - Qué trabajo tan bonito mamá, iluminar la oscuridad. ¿Me enseñarás a hacerlo tan bien como tú?

    Ingeniero

    Ingeniero

    Apenas acababa de recoger un cubo y ya volvía a caer agua de nuevo. Con un resoplido de paciencia, se dispuso a transportar el cubo que acababa de llenar hasta el depósito inferior. Con mucho cuidado el viejo ingeniero bajó por las rudimentarias escaleras labradas en la pared de la caverna. Cargaba el cubo de madera con ambas manos, para no desequilibrarse. Con cada paso el agua se balanceaba jugando a querer derramarse pero, ya eran muchos años y el anciano tenía muy controlada cada pequeña ondulación. Finalmente llegó hasta la zona inferior. Dejó el cubo junto a la màquina y miró hacia arriba. En la parte más alta de la abovedada caverna se abría un gran boquete y por este se colaba un rayo de sol. Adoraba estos pequeños momentos donde la cálida luz calentaba su pálida piel. Le recordaban a su juventud.

    Recordó el día que llegó allí como si fuera ayer. Recordó despertar sobre un suelo arcilloso y seco. Recordó la oscuridad y el olor a humedad. Esa primera vez que vio la máquina. No recordaba cómo había llegado hasta ahí, ni su nombre, ni su edad. Sólo sabía que esa era la máquina y que, pese a su tamaño y complejidad, él era el único que sabía cómo funcionaba. Recordó esa primera vez en la que escuchó el agua caer. Un gran chorro de agua precipitándose desde el boquete, en lo alto de la cueva, hasta una especie de laguna que había en una zona elevada. Recordó sus pies moviéndose hacia las escaleras de piedra. No sabía nada pero tenía muy claro qué debía hacer. Subió por la espiral que formaban las escaleras hasta la zona superior. Una pequeña laguna le esperaba y junto a esta unos cubos de madera. Desde esa zona miró hacia abajo para ver desde donde venía. Pudo ver una zona plana, más bien arcillosa, la cual se asentaba en una especie de gran depósito vacío. Aquí se encontraba la máquina, de gran tamaño, y junto a esta una diminuta cabaña y un orbotrón, esa especie de esfera donde los astronautas entrenan su equilibrio. Observó con más detenimiento el gran depósito y vió que en la parte inferior había una pequeña cueva. Decidió que la exploraría más tarde, ahora debía recolectar el agua.

    El anciano suspiró de nuevo al volver de ese recuerdo y una sonrisa le secuestró los labios. Cogió el cubo y, con mucho cariño, dejó caer el agua por la tolva inferior de la máquina. Esta empezó a recorrer los entresijos del gran aparato. A medida que el agua hacía su recorrido, los cristales de freón se iluminaban en destellos azules como testigos del paso del líquido. Al mismo tiempo, la campana superior se cargaba hasta el punto en el que una nube de vapor se acabó liberando por los tubos de descompresión que la rodeaban. No era un proceso rápido pero el ingeniero adoraba observar cómo funcionaba cada una de sus partes. Tras finalizar todo el trayecto, el agua volvía al exterior a través de un serpentín el cual la arrojaba al depósito inferior. Eso sí, muchísimo más fría de lo que había entrado.

    Con la satisfacción del trabajo bien hecho, se dispuso a subir a rellenar el cubo con más agua. Lo había hecho tantas veces que se permitía el lujo de desconectar, poner el piloto automático y navegar un poco por sus recuerdos. Le vino a la mente el dia que decidió poner un sistema de poleas que le facilitara el trabajo de transporte de cubos. Al principio estuvo bien, pero le sobraba mucho tiempo que no sabía cómo usar. Así que decidió dejarlo todo como antes, pues disfrutaba más con el trayecto. También le asaltó el recuerdo de cuando quiso canalizar la laguna superior con la máquina, todo un error pues el aparato era incapaz de procesar tanta agua de golpe. Eso le acarreó muchas reparaciones. Recordó también el dia que se aventuró a explorar la cueva, en la parte inferior del depósito. Aquello no tuvo éxito. La oscuridad no ayudó y la curvatura de la cueva, ascendente hasta la verticalidad menos.

    Cuando se dio cuenta ya estaba de nuevo de vuelta en la máquina. Un temblor sacudió el suelo. Con suma paciencia dejó el cubo y caminó hacia el orbotrón. Ajustó bien los correajes y se dispuso al giro. Toda la cueva empezó a inclinarse hasta alcanzar los 90º. Se mantuvo así unos segundos y, poco a poco, volvió hasta su posición original. El viejo ingeniero esperó unos segundos hasta oír el sonido de confirmación, más allá del boquete en lo alto de la caverna: “¡Mmm, qué fresquita! Mamá, ¿cómo hace el botijo para sacar el agua tan fresca?” Con paciencia se fue aflojando los correajes mientras una sonrisa volvió a secuestrar sus labios.

    Jugar a ser Dios

    Jugar a ser Dios

    Alicia Elifera cruzó el parque y entró en el instituto. El hermoso emblema verde de la entrada le recordó su objetivo una vez más.
    «El carbono es la razón de la vida, el carbono nos la ha quitado, y el carbono nos la devolverá».
    Hoy era un gran día para Alicia. No importaba cuantas resurrecciones realizara, en todas la embriagaba esa sensación de poder, miedo y felicidad.
    Cruzó el vestíbulo cuyo suelo era un mosaico de colores y letras de basura plástica prensada y exquisitamente pulida, y se encaminó hacia el centro de la gran sala. Subió por la escalera de caracol que rodeaba a una majestuosa encina y saludó a todos con quienes cruzó su camino: Juan del departamento de física, Cecilia de biorremediación, ardillas cargadas de bellotas, Ruth de economía circular, pájaros cantores, etc.
    Alicia acariciaba la barandilla a medida que ascendía. Igual que las paredes del edificio, estaba hecha de derivados del carbono. Era curioso como una variación en la forma de combinar este elemento a nivel atómico suponía un cambio tan radical. Se podía pasar de un material como el grafito que se descamaba sobre el papel, a otros tan duros como el diamante o el grafeno, capaces de cortar cualquier cosa.
    Al llegar al último plano, justo por debajo de la copa de la encina pero por encima de todo lo demás, Alicia reposó la mano sobre el edificio y sintió las tenues ráfagas de electricidad que lo recorrían―el latido del edificio, o más bien, del ecosistema que lo componía.
    Energía, vida y elementos se formaban, se consumían y se regeneraban de una forma tan independiente pero interconectada, que imponían ese respeto y admiración que solo la perfección suscita.
    «Todo resulta tan fácil cuando se mira con perspectiva», pensó Alicia. «Una pequeña variación en nuestra mentalidad colectiva supuso un cambio radical en la forma en la que nos relacionamos ahora con la naturaleza y con nosotras mismas».
    Nunca darían nada más por sentado otra vez. De eso se encargaban sus colegas del Instituto de Ciencias Sociales y Arte, cuyo emblema violeta se leía desde su privilegiada posición:
    «La colaboración es nuestro legado más sagrado. Pionera de la civilización humana y relegada a la sombra de la competencia hasta que, en los albores de nuestra extinción, nos salvó y nos permitió ser civilizados otra vez».
    Por eso Alicia subía al tejado antes de jugar a ser Dios. Para no olvidarse de cuál era su verdadero lugar en el mundo.
    Asintió y bajó hasta su laboratorio. Su equipo estaba esperándola. Hoy tocaba traer de vuelta a la Cabra lusitana.

    Juventud, divino tesoro

    Juventud, divino tesoro

    Recostado en una de las dos camillas apéndices de EOS el joven dormía plácidamente, indiferente a la realidad que crepitaba fuera del reino de los sueños. Titono acarició el dorso de la mano del muchacho, tersa y suave en contraste con la aspereza de la suya, y se sintió, una vez más, viejo. Cincuenta años tenía ya; el chico, veinticinco recién cumplidos, pues aquel era el día de su cumpleaños. Cincuenta frente a veinticinco. El doble de años, como siempre. Qué rápido había pasado, de nuevo, el tiempo.
    Todavía recordaba a aquel bebé regordete y llorón del que se había hecho cargo, con sus manitas torpes y su tierno cuerpecito de neonato, esponjoso como una nube. Le había visto crecer, madurar, volverse un hombre. Pasar de niño a joven y de joven a adulto. Y, con el paso del tiempo, irse reconociendo a sí mismo en rasgos ajenos, en los ojos azul oscuro, en esas orejas tan características, en una nariz chata y felina. Cuanto más crecía ese niño a su cuidado, más se veía a sí mismo reflejado, tanto en la forma como en el fondo.

    De aire distraído, tímido y tendente al ensimismamiento, probablemente de haber tenido la oportunidad de salir del hogar y confraternizar con otros muchachos de su edad habría declinado con amabilidad.

    Era, en ese sentido, un calco del carácter de Titono. Eso sí, en nada se veía a sí mismo en el joven tanto como cuando lo despertaba a altas horas de la noche al borde del ahogo, con los ojos desorbitados y empapado en sudor, hiperventilando de angustia provocada por la consciencia de su propia muerte, de que un día su psique se disolvería hasta quedar en nada, la misma angustia existencial que a su edad había atenazado al propio Titono. Y que, hasta cierto punto, seguía sobrecogiéndole hoy.

    Pero el chaval también manifestaba patrones de conducta que Titono nunca mostró. Frente a su lobreguez natural, el joven era risueño, de una alegría muda encantadora, afrontando su realidad con mucho más entusiasmo del que su situación justificaría.

    Tampoco era un chico curioso, y eso sí que era extraño, pues no solo Titono había sido un explorador en potencia desde su infancia, sino que, hasta este joven, los anteriores habían mostrado una profunda curiosidad. Todavía recordaba Titono la de problemas que muchos de ellos le habían dado, con sus preguntas sobre qué había más allá de los límites de su jardín, circunvalado por un espeso bosque que no permitía escapar ni las miradas, y hasta algún que otro intento de fuga. Y sin embargo este había salido tan indiferente… aceptaba todo lo que le ocurría con naturalidad, nada le era sorprendente. Incluso el día en que Titono se dejó la puerta del sótano abierta y el joven descubrió la cabina de EOS, con el clon de Titono todavía en estado fetal flotando en un amarillento líquido embrionario, el joven, pese a ver el aparataje de un proyecto que iba a resultar tan trágico para él -que había resultado tan trágico para los anteriores- no le hizo ninguna pregunta al respecto.

    Titono soltó la mano del joven, profundamente dormido. Este último pensamiento le había expulsado de su ensimismamiento. Siempre le pasaba en los momentos previos al intercambio, la punzada del remordimiento. ¿Pero qué alternativas tenía? Envejecer, languidecer, morir… y Titono temía demasiado a la enfermedad y a la muerte. Se recostó sobre la cama en la que EOS, su vieja compañera, le iba a ayudar a realizar el mismo intercambio de consciencias con un clon con el que, cada veinticinco años, llevaba vampirizando nuevos y jóvenes cuerpos, garantizándose así la eterna juventud. Recostado en la cama, echó un último vistazo al muchacho que, con una sonrisa en los labios, dormía en la otra cama, el clon cuyo cuerpo sería su próximo huésped. Activó EOS pulsando nada más que un botón (gran avance el de los últimos ciento cincuenta años, que permitía el intercambio sin intervención de ningún otro ser humano) y se tumbó. Y la anestesia le indujo en un nuevo sueño de juventud.


    Titono bajó las escaleras al sótano con dificultad: los minutos siguientes al proceso de intercambio siempre eran difíciles, y costaba adueñarse del todo de sus movimientos. Pero agarrado a la barandilla consiguió bajar las escaleras, y en el líquido fetal ver, formado al fin, a un nuevo Titono que le sirviera de huésped dentro de veinticinco años. El bebé estaba listo. Accionó una palanca, y la cápsula se vació de líquido fetal hasta quedar el bebé completamente suspendido de un arnés. Abrió entonces la cápsula, extrajo de ella al recién nacido con sumo cuidado, que al contacto con el aire empezó a llorar, y, sosteniéndolo entre sus brazos, Titono dio a Titono la bienvenida al mundo.

    La Apuesta

    La Apuesta

    Estaba enfadado conmigo mismo a pesar de que estaba a punto de ganar la apuesta. Eran las seis de la tarde del día de Nochevieja y el termómetro marcaba veinte grados. No iba a nevar, tal y como yo había dicho.
    Recordé la discusión de aquella tarde, hacía más de un año, en la celebración del cumpleaños de mi amigo Salva.
    - ¡Que no tío! Que el cambio climático es algo que os habéis inventado los científicos. Seguro que nuestros gobernantes no son tan ignorantes o malvados. Y si la humanidad ha sido capaz de inventar el teléfono móvil y llegar a la luna, algo inventará que pondrá remedio al cambio climático, si es que al final tienes razón y el clima está cambiando por nuestra culpa.
    - No seas burro. Que todos los datos indican que la temperatura media de la tierra ha aumentado en las últimas décadas y hay mucha certeza de que van a seguir aumentando.
    - Sí, hombre. Aun admitiendo que la temperatura de la Tierra haya aumentado los últimos años, eso no significa que vaya a seguir haciéndolo en el futuro. Hay también científicos que aseguran que estamos dirigiéndonos hacia una nueva glaciación y, por tanto, cada vez va a hacer más frío.
    - ¡Anda ya! ¿Dime qué científicos son esos? ¡Muéstrame sus datos!
    - ¡Me dan igual los datos! Vas a ver como yo tengo razón y antes de que el año que viene acabe, nevará en la ciudad. ¡Me apuesto una paella!
    - ¡Paella! ¡Paella! coreó el resto de la pandilla, que no habían perdido detalle de nuestra discusión. En mi pandilla es frecuente que, antes de acudir a las fuentes de información, se cierren las discusiones apostando una paella que paga quien pierde la apuesta y comemos todos juntos.
    - ¡De acuerdo, acepto la apuesta!
    Aquel día, de camino a casa me di cuenta de que había caído en la provocación. Me había equivocado apostando y daba igual que ganara o perdiera, esa no era manera de intentar convencer a nadie y había perdido la oportunidad de convencer usando argumentos.
    Una de las características del razonamiento de quienes niegan el cambio climático es, precisamente, considerar que un acontecimiento aislado, el que nieve en la ciudad el año que viene, necesariamente refuta la existencia del cambio climático. Y yo, aceptando apostar había usado su mismo razonamiento, que un hecho aislado, que el año que viene no nevara en la ciudad, apoyaría necesariamente que la temperatura de la Tierra está aumentando por culpa del cambio climático.
    Al tiempo nos reunimos para comernos la paella que pagó Salva. Al llegar a los postres, pedí la palabra.
    - Escuchadme. Ya sé que he ganado la apuesta, pero esa victoria no me da la razón. Yo nunca debería haber aceptado apostar, porque que no haya nevado no prueba la existencia del cambio climático y que hubiera nevado tampoco probaría lo contrario.
    - ¡Pues si no tenías razón, páganos tú otra paella! Gritó alguien en el fondo de la mesa.
    - ¡Eso, eso! Corearon los demás.
    - Dejarme explicarme. Como indica su nombre, la temperatura media es un promedio, y éste se obtiene sumando una serie de valores y dividiendo el resultado entre el número de valores que tiene la serie. Así, la temperatura media diaria se obtiene sumando las temperaturas mínima y máxima alcanzadas en un día y dividiendo el resultado entre dos; la temperatura media mensual se obtiene sumando las temperaturas medias de todos los días del mes y dividiendo entre el número de días de ese mes; y para la temperatura media anual se suman las temperaturas medias de todos los meses del año y se divide entre doce. Esta manera de calcular tiene una característica importante para la discusión sobre el cambio climático que teníamos Salva y yo. Y es, que se puede obtener un mismo resultado a partir de datos muy distintos. Así, un valor de temperatura media diaria de 8ºC se puede obtener un día en el que la temperatura mínima sea de 6ºC y la máxima de 10ºC, pero también un día con una mínima de -2ºC y una máxima de 18ºC. Y lo mismo ocurre con las temperaturas medias mensuales y anuales.
    Salva y el resto atendían atentamente mis explicaciones.
    - Que hubiera nevado como decía Salva –continué–, hubiera implicado que uno o varios días de invierno hubiesen tenido temperaturas mínimas muy bajas, y ello puede ocurrir sin que implique necesariamente una disminución de la temperatura media anual.
    Acabamos la velada entre risas, bromas y brindis, como siempre. Mientras los observaba pensé que quizá no había sido con los argumentos científicos con lo que había logrado convencerlos, sino que había sido gracias a la amistad que nos une.

    LA BALANZA DE KIBBLE

    LA BALANZA DE KIBBLE

    –¡Entonces es un estado donde los electrones se aparean! –decía sorprendido Unai mientras leía sobre el efecto Josephson superconductor mientras un autobús sin conductor lo transporta a la planta de producción de la farmacéutica en la que trabaja.
    –Estas leyendo sobre superconductividad, ¿verdad? –preguntó Catherine a Unai después de haberse dormido unos de minutos en el autobús.
    –Sí, sobre su historia y como se ha llegado a aplicarla en la industria –respondió Unai–. Por ejemplo, en la nueva balanza de Kibble. ¡Se ve que cuando los electrones se aparean, pueden surgir nuevas propiedades!
    –Así es. –contestó Catherine–. Es debido a que se genera un nuevo estado de la materia… la superconductividad.
    –Fue Josephson quien predijo que al aplicar un voltaje constante en el tiempo en un superconductor se crearía una corriente oscilatoria. ¿No te parece impresionante? –respondía Unai.
    –¡Y tanto! De hecho, creo que lo tildaron de loco. –respondió Catherine–. Y pensar que años después sería galardonado con el Premio Nobel. Recuerdo que un profesor en la universidad decía que la diferencia entre la locura y la genialidad radica en si consigues el éxito. Por cierto, Me gusta que te intereses por otros campos de la ciencia en tu tiempo libre. Últimamente esta sociedad me recuerda la apatía a la ciencia que describía Asimov en su libro Fundación, ¿No te parece?
    –No exageres, hoy en día se gradúan más científicos e ingenieros que hace un siglo. –contestó Unai–. Lo que pasa es que tú sigues más la filosofía de Feynman, que eleva la ciencia por encima de todo mientras que yo tengo una visión más crítica de la ciencia, algo parecido a lo promulgaba Feyerabend. Por ejemplo, el descubrimiento de la superconductividad fue por serendipia, un resultado obtenido de forma accidental por investigadores que quería condensar gases y por casualidad se encontraron con una resistencia eléctrica igual cero.
    –Sí, la superconductividad fue descubierta de forma serendípica al igual que la penicilina, pero luego la ciencia encuentra más cosas, da explicaciones. Que la resistencia eléctrica sea cero no te dice nada de lo que está pasando internamente. Han sido otros científicos los que se han dado cuenta luego que los electrones se tienen que aparear para que la superconductividad surja. A mí me parece impresionante que los electrones se puedan juntar a pesar de tener la misma carga eléctrica. ¡Así de extraña es la mecánica cuántica! –exclamaba Catherine.
    –¡Tienes razón! –respondía Unai con un tono apaciguador para no extenderse en la discusión–. Ya veo porque te dedicaste a la física. Te gustan las respuestas complejas jejejejeje.
    –Me gustan las respuestas, si son sencillas mucho mejor. –contestó Catherine, reafirmando lo dicho con un movimiento de cabeza–. Solo me impresionaba el hecho de que a ti, siendo bioquímico, te interese este campo de la superconductividad.
    –No soy físico como tú, pero quizás tenga la misma curiosidad.
    Minutos más tarde, el autobús llega al centro de producción y ambos compañeros descienden del autobús.
    –Cuando tengas un minuto libre pasa a verme que estaré en el laboratorio donde se encuentra la nueva balanza Kibble de ultra alta precisión –le dice Unai a Catherine.
    Al cabo de un rato Catherine pasa a ver a Unai.
    –Hola, Catherine. Gracias por venir. Quiero que me ayudes a medir por primera vez en la balanza de Kibble. Dicen que con este nuevo equipo podremos pesar cantidades de masa muy pequeñas con una precisión nunca vista. Tenemos que pesar con el más alto grado de precisión la cantidad de componente activo del medicamento que estamos usando para un tratamiento contra el cáncer. De esta forma podremos tratar de forma personalizada y más efectiva a cada paciente, es decir con la cantidad óptima de componente activo, evitando los efectos adversos en las personas por exceso de medicamento o perdida de eficacia por suministrar menor cantidad.
    –¡vaya! eso sí que es un avance. –exclamó Catherine–. Mira, lo primero tienes que hacer es medir la corriente de forma exacta usando un primer voltaje Josephson dividiéndolo por la resistencia cuántica de von Klitzing. Después se debe medir un segundo voltaje Josephson; al multiplicar la corriente por este segundo voltaje Josephson tendrás la potencia. Dicha potencia la divides por el valor de la gravedad y la velocidad de oscilación de la bobina determinadas por unas medidas de interferometría y listo, ya tienes el valor de la masa de tu componente activo con una incertidumbre de diez partes por mil millones, aproximadamente.
    –¡Ahora pesar es todo un arte!

    La consulta de los treinta

    La consulta de los treinta

    Pestañeo más lentamente de lo habitual, y abro mis ojos; con esta orden, el proyector holográfico procede a su activación. Se da inicio a mi sistema operativo, que dibuja pantallas en el cálido aire que domina mi despacho; este, se encuentra junto al salón principal, en el que es mi hogar.

    Me hallo sentada en mi sillón articulado. A través del pensamiento, manejo este software. Abro el archivo de Yeon-Keller, la más importante de entre las marcas que poseen un alcance interplanetario.

    Corre el año 2071. He probado su tecnología durante doce temporadas. He alcanzado los treinta años, y por ello les debo una respuesta. Me veo en la obligación de comunicarles cuán de satisfactorio ha sido el proceso.

    Leo su consulta:

    «Yeon-Keller: ¿Qué opina de nuestra marca?».

    «Desia Cala: Es habitual oír críticas hacia ustedes, ya que disfrutan de un monopolio. Es vox pópuli que esto fue mal visto en épocas pasadas; no obstante, el invento es absolutamente suyo. Por lo tanto, es justo que tengan la exclusividad de su tecnología de alta predicción. Y así lo dispuso el Consejo. No pienso que la ética empresarial se vea comprometida porque ustedes hayan incorporado un dispositivo en cada elemento electrónico de nuestro país. Tan solo cobran unos céntimos más de lo que les cuesta fabricarlos».

    Me encojo de hombros. Espero que con estas palabras tengan suficiente.

    «Yeon-Keller: ¿Podría calificar la cadena de aprendizaje que experimentó durante su adolescencia?».

    «Desia Cala: Fue algo sobresaliente. Sus videos tutoriales me encantaron, y aquellos ejercicios fueron tan sumamente introspectivos…, que realizarlos fue un gusto. Me resultó muy ameno el verme en diversos escenarios virtuales, como si me encontrara en una plataforma de videojuegos online, escogiendo si quería ir hacia aquí o hacia allá..., dialogando, haciendo shopping, o meditando para despejar dudas acerca de lo que quiero y, sobre todo, cómo lo quiero. Incluso me entristecí, cuando las inteligencias artificiales recopilaron el cien por cien de los datos que se requerían sobre mí».

    No me siento bien. Me levanto, y camino hacia la cocina.

    Gracias a este dispositivo fabricado por Yeon-Keller, mi robot de servicio es conocedor de mis necesidades, y lo que me gusta, lo que prefiero… En estos instantes, me prepara un chocolate exprés, y me dice que el nivel de azúcar en mi sangre es bajo. Antes de ofrecerme una taza, la enfría ligeramente con la luz que sus ojos emanan, para que así la temperatura esté a mi gusto. Ha introducido la cuchara que tanto me encanta usar en primavera. Entonces me recita uno de mis trescientos sesenta y seis haikus preferidos y, finalmente, me ofrece el recipiente con buenas maneras.

    No sé si este chocolate va a aliviarme por completo. Dichosas inquietudes...

    Soy madre soltera. Fue mi elección en base a las preferencias personales que he ido decantando en los registros. Ahora mismo, estoy pensando en que el vehículo autónomo ya debería haber vuelto de pasear a mi hijo… ¿Intuyo que algo va mal? No. No es eso; habría recibido un aviso. Y quiero respetar que mi hijo ha deseado tener algo más de independencia.

    Vuelvo al despacho, pensando en que este malestar es una tontería pasajera. Voy a continuar con la consulta:

    «Yeon-Keller: ¿La implementación de nuestra tecnología le satisface?».

    «Desia Cala: Esta vida material no es perfecta, y no va a serlo en mucho tiempo, supongo. Sin embargo, me alegra saber que mi auto-conocimiento es mejor que antes, y que he estructurado mi vida según mis principios, que mis gustos mantienen su originalidad, y que puedo actualizar todos mis datos cuando lo desee. La respuesta es un sí: esto ayuda a mi bienestar, así como a mi felicidad».

    No siento ganas de escribir más. Al fin y al cabo, solamente es una empresa.

    Vuelvo al salón. Estoy cansada, y me tumbo en el sofá. El robot acerca una silla; se dispone a dar comienzo a una sesión de psicología. La verdad es que mi cerebro lo está pidiendo a gritos.

    —¿Querías hablarme de algo? —El robot inicia la terapia en base a la configuración que hice en su día.
    —El invento de Yeon-Keller es casi perfecto…; y, sobre todo, esto se debe a sus trabajadores. Mira…, la verdad es que no tengo pega alguna. Solo es que…
    —Prosigue.
    —¿Esta vida es ideal? ¿Has visto cómo está el mundo al margen de nuestra Europa?
    —A los dieciséis años, aprendiste a no responsabilizarte de aquello que era de otros.
    —Mantengo que soy feliz, y, que, además, esto otro me disgusta.
    —Bien. Escucha estas palabras, y pon la mano sobre tu corazón… ¿Lo notas? No importa el cómo la vida se exprese, ya sea a través de un cuerpo, la naturaleza, la ciencia…; la vida es, en sí misma, un plan para todos nosotros, y este siempre continúa en marcha.

    La decisión

    La decisión

    La suave brisa de aquella soleada tarde de agosto invitaba a salir a dar un paseo por la playa y a relajarse tomando un té helado. Pero Sofía prefirió quedarse en casa, a pesar de la insistencia de sus amigos y del incesante alud de fotos de gente en bañador cada vez que visitaba su perfil en las redes sociales. La situación por la pandemia de COVID-19 y las recomendaciones de distanciamiento social habían vuelto a Sofía un poco huraña, pero no tanto como para llevarla al extremo de no querer relacionarse más con sus amigos. Era otra cosa lo que la retenía en su casa. En un mes, Sofía debía presentar su tesis ante un tribunal que decidiría si los 4 años entre probetas y ordenadores habían sido suficientes como para otorgarle el deseado título de Doctora en Química. Y en su mente, la temida pregunta que muchos en su situación se habían planteado antes que ella: ¿qué quiero hacer después de graduarme?
    Su tesis, aunque apasionante para ella y con un buen historial de publicaciones que acreditaban la calidad de su trabajo, no saldría en los grandes medios. Cómo mucho un par de retweets desde su cuenta personal. No había encontrado la cura para el cáncer, ni había descubierto un combustible libre de emisiones de CO2. Sofía se había dedicado a estudiar el uso de nanopartículas de cobre como catalizadores para formar enlaces químicos en moléculas orgánicas. No era la primera en hacerlo, ni sería la última, pero estaba orgullosa de su pequeña contribución al vasto conocimiento en la materia. Sin embargo, le frustraba no poder expresar toda su pasión cuando sus familiares y amigos le preguntaban que les explicase el contenido de su tesis, ella siempre iba directamente al detalle y usando todo el arsenal de tecnicismos. Fue así pues, que en medio de sus cavilaciones pre-defensa doctoral, empezó a tirar del hilo de los pensamientos y rememorar cómo ella había llegado a entender y disfrutar lo que a sus allegados les sonaba a élfico tolkiano. Se remontó al instituto, recordando el primer postulado de la teoría atómica de Dalton que dice que “el átomo es la unidad elemental y es indestructible e indivisible”. Sofía se quedó en blanco unos segundos, como si tratase de encontrar un poco de silencio ante el torrente de preguntas que se avecinaba. ¿Cómo podía ser que su primer contacto con la química fuese algo tan inexacto como aquello y sin embargo haber llegado a especializarse tanto? ¿Acaso los átomos no están formados por electrones, protones y neutrones? ¿Y acaso los protones y neutrones no pueden dividirse en partículas fundamentales llamadas quarks? Y así sucesivamente, con casi todos los conceptos que ella había aprendido sobre química. No era la primera vez que se había dado cuenta de que lo aprendido en los cursos más básicos estaba lleno de conceptos arcaicos y obsoletos, pero hasta ahora ella siempre lo había visto como anécdotas, curiosidades de la historia de la química, sobre mentes brillantes del pasado que por limitaciones tecnológicas no pudieron llegar a más. Pero ya no estaba tan segura de que el motivo por el cual se enseñase eso en los primeros cursos de química fuera en pro de la cultura general. Había algo más. Acercarse al conocimiento a través de los ojos de los que la precedieron, aun siendo un camino más largo, le sería más fácil que enfrentarse a los conocimientos que se tienen sobre química en la actualidad en el inicio de su formación. Claro, ¿cómo iba a entender a primeras que los electrones no orbitan los átomos cuál planeta a su estrella más cercana, en una órbita bien definida, si no que se distribuyen por una especie de nubes de probabilidad llamadas orbitales?
    Toda esta maraña de pensamientos sirvió para responder la primera pregunta de Sofía. Ella quería poder contar su investigación a todas aquellas personas que por una razón u otra no se engancharon a la química como ella. Pero no quería explicar toda la historia de la química para poder luego explicar su tesis. Quería hablar de nanopartículas y de todos los descubrimientos recientes. Quería encontrar un lenguaje que sacrificara tecnicismos, pero que ayudase a sus interlocutores a acercarse al conocimiento. Sofía ya tiene claro que quiere hacer después de defender su tesis. Sofía quiere divulgar.

    La disputa de los discostudianos y los out_unitarios con la frontera Unitaria

    La disputa de los discostudianos y los out_unitarios con la frontera Unitaria

    Cuenta la tradición que en el principio no había reglas en el planeta Erre2. Sus habitantes, los puntos erredosianos, eran iguales ante la ley y compartían un único objetivo: el mantenimiento de la continuidad de su mundo.
    Pero la aparición del Origen (de roordenadas) y de sus Caballeros de los Ejes Tartesianos en aquella aparente anarquía planar cambiaron las cosas. La Unidad se convirtió en juez inapelable que asignaba Número a la proximidad de cada erredosiano al Origen.
    Pronto surgió un exclusivo grupo agrupado bajo la Orden de los Señores Unitarios: aquellos que soberbiamente se sintieron exclusivos por estar equilibradamente dispuestos alrededor del Origen y a una distancia Unitaria de Él. Se hablaba de cómo fueron cuna de las nobles estirpes de Senos y Cosenos.
    Con el surgimiento de los unitarios, Erre2 quedó dividido en tres regiones-estado: una exigua región denominada CírcunferenciaUnidad de anchura un punto y longitud 2PI ocupada por los unitarios famosos porque pueden comer cuanto quieran y no consiguen engordar; DiscoUnidad lo habitaban los orgullosos discostudianos, que podían aproximarse al divino Origen según su conveniencia al habitar este el interior de Erre2; es por ello que se creen el pueblo elegido por el Creador Tartesiano. Por último, estaba PlanoExterior, un lugar sin límites cuya única frontera era el CírculoUnidad habitado por los out_unitarios que se hallan separados del Origen por la infranqueable muralla de CírculoUnidad; siempre se sintieron marginados dentro del orden establecido por los unitarios.
    Toda vez que Erre2 fuera dividido, surgieron las confrontaciones territoriales. Una de las más trascendentales surgió con la creación de los Caminos de Alta Velocidad (CAV): líneas de transporte que aventuraban un gran ahorro de tiempo al transcurrir por las novedosas geodésicas –rectas-. Los discostudianos decidieron un trazado con topología en estrella con centro en el inaccesible Origen. Nunca encontraron el más mínimo problema para poder conectar dos ciudades. Los out_unitarios, dada la infinitud de su mundo, optaron por una topología radial local con polos de atracción interconectados por redes geodésicas.
    El problema estalló cuando el Ministerio de Traslación de PlanoExterior planteó la construcción de la estratégica línea CAV que conectaría CiudadAbierta[2,-0] con PuntoAcumulación[(-1),-5].
    Los ingenieros afirmaban que todos sus intentos de trazado habían acabado en la necesidad de atravesar DiscoUnidad, algo política y estratégicamente inviable. Para resolver el problema, contrataron los servicios de Brower, un topólogo que venía precedido por su fama sobre la teoría de los Puntos Fijos.
    Su dictamen fue determinante:
    - ¿Es que nadie observó la curvatura de su mundo cuando hicieron el reparto de Erre2? Lamento decirles que han sido víctimas de un engaño. ¿Es que nadie cayó en la cuenta de que PlanoExterior es cóncavo?
    - ¿Cóncavo? ¡PlanoExterior es infinito! Replicó airadamente un académico de DiscoExterior.
    - Es lo que es. ¡qué tendrá que ver la infinitud! No han podido ni podrán nunca inaugurar la línea CAV en disputa ¡es geométrica y ontológicamente imposible!
    Brower tomó una tiza y explicó a los out_unitarios cuál era el problema de la concavidad de su nación.
    Y así comenzó un enfrentamiento incruento sobre las denominaciones matemáticas en Erre2, que surgió por ¡los unitarios! ajenos a las disputas sobre las líneas CAV; a fin de cuentas, ellos no podían ni imaginar el CAV, ¡cómo iban a disputar por ello!
    El dilema era sencillo: PlanoExterior era una región cóncava, y DiscoUnidad era convexa. Pero CírculoUnidad, ¿era cóncavo o convexo?
    Los académicos de uno y otro país decidieron hacer política con la ciencia y enfrentarse por la denominación del concepto matemático de convexidad y concavidad de curvas: es decir, si una curva lo hace hacia afuera o hacia adentro, pero ¿afuera o adentro respecto de qué?
    Para su solución, se convocó el Primer Congreso de Curvas y Fronteras. Los miembros discounitarios apuntaron que la discusión era baladí, ya que, si su país era convexo, la frontera se denominaría convexa. Los out_unitarios se pronunciaron en sentido contrario ya que la infinitud de PlanoExterior, dictaba que fuera su forma la que diera nombre a la curva fronteriza, que sería cóncava. Finalmente, el Congreso cerró sus puertas sin una propuesta consensuada.
    Desde entonces, los textos de los libros pueden vincularse libremente a una de estas dos sectas, la de los discostudianos o la de los out_unitarios. Para unos CírcunferenciaUnidad será cóncava y para otros convexa.
    Y, qué fue de sus habitantes, ¿no tuvieron nada que decir?
    Los escurridizos unitarios prefirieron no participar de la disputa. No iba con ellos, aunque sí sobre ellos. Su ego hizo que se desmarcaran de las dos corrientes y que incluyeran en sus textos dos nuevas acepciones que les diferenciaría: su mundo, la frontera de otros dos, era cóncava hacia afuera y convexa hacia adentro.

    La estrella de Matías

    La estrella de Matías

    Matías tardó un mes entero en superar la angustia que le provocó la muerte de su abuelo. Eran muy unidos. Cada miércoles Matías se quedaba a dormir en casa de su abuelo y el viejo improvisaba al caer la noche unos cuentos referentes a la astronomía que enloquecían al pibe, fanático de las estrellas. Animales, personas, criaturas y sucesos tan pero tan legendarios que dieron nombre a los astros, cobraban vida cada semana, en la voz de Alejo y en la imaginación del infante.
    Matías a pesar de tener solo nueve años, sabía con certeza que la muerte, era un episodio inevitable. Pero el deceso de su abuelo le disparaba una preocupación que consideraba válida. Durante las clases de catequesis que afrontaba con desgano, la maestra Laura, le enseñó que la muerte no era un final, sino un nuevo comienzo. Era una transición. A Matías le gustaba entenderlo como una especie de mudanza. Su abuelo se mudaba al cielo y a Matías le encantaba el cielo. Sabía al igual que su abuelo, mucho de estrellas y esos saberes al contrastarlos con los religiosos, lo confundían. Tanto lo confundían que tenía la certeza de haber sido engañado por Laura.
    M_ ¿Papá, a dónde se fue el abuelo? El cielo es grande
    P_ Bueno yo creo hijito que el abuelo está en una estrellita.
    M_ No están dadas las condiciones para vivir en una estrella
    P_ ¿Qué?
    M_ Qué es imposible vivir en una estrella porque están a años luz de la tierra. No llegaría nunca.
    P_ Para Dios nada es imposible
    M_ No te estoy preguntando por Dios. Te estoy preguntando por el abuelo que era lento. Tardaba cuna hora en llegar a casa cuando venía caminando y vivía a seis cuadras.
    P_ Este viaje es diferente Mati
    M_ Están a años luz Papá. Están tan lejos que algunas de las estrellas que vemos en el cielo ya murieron. Y que la gente muerta vaya a vivir a un lugar que ya murió ¿es raro no?
    P_ Entiendo que te parezca raro pero..
    M_ ¿En que estrella va a vivir? Decime en cual.
    P_ No se Matías. En una.
    M_ Son millones ¿No te preocupa a donde va a vivir? Tardaste un montón en elegirle una clínica cuando estuvo enfermo porque no te conformaba ninguna y ahora me contestas así no más, una estrella. ¿Podrías ser más preciso? ¿Cuál estrella?
    P_ ¿La Cruz del Sur? Cuando yo tenía tu edad, tu abuelo siempre me hablaba de La Cruz del Sur.
    M_ ¿Me estás respondiendo o me estás preguntando? Si mi abuelo te hablaba sobre La Cruz del Sur, deberías haberle prestado más atención porque no es exactamente una estrella.
    P_ ¿A no?
    M_ Es mucho más que eso Papá. Es una constelación. Un grupo de estrellas que en el cielo te da la sensación que tienen forma de alguna cosa. De cruz, de Dios griego, de animal. Pero lo importante acá es que la Cruz del Sur son un montón de estrellas y yo quiero saber dónde está el abuelo.
    P_ Aaacruxxx, debe estar en Acrux. El nombre de la estrella más brillante de la constelación brotó como un grito desesperado. Era un recuerdo en principio difuso pero a medida que la presión de Matías se tornó hostil, apareció como coartada perfecta para ponerle fin a una discusión que como las estrellas en el firmamento, se presentaba infinita.
    M_ Está bien, dijo Matías abandonando el tono desconfiado. Lo que me preocupa realmente es que Acrux son en realidad no una sino dos estrellas azules y calientes. Una brilla 25 mil veces más que el Sol y la otra, 16 mil veces más. ¿Sabés todo el calor que es eso?, dijo sacudiendo nerviosamente sus manitos.
    P_ Pero hijo, al cielo van las almas y no los cuerpos, así que si es por eso no te preocupes, arrojó el padre con aire victorioso y con la convicción de haber concluido la discusión.
    M_ ¿El alma? ¿El alma? ¿Qué carajo es el alma?, preguntó el niño exaltado
    P_ Calmate hijo. Es nuestra sustancia. Lo que somos realmente. Algo que todos tenemos dentro pero no puede verse. Invisible pero importante.
    M_ ¿Cómo un gas?
    P_ Claro, como un gas. No puede verse.
    M_ ¡Es muy peligroso!, gritó alarmado ¿Sos consciente de las consecuencias que puede tener exponer un gas compuesto por vaya a saber que, a una temperatura muchísimo más elevada que la que provoca el sol que alumbra la Tierra? ¿Sos consciente? No, que vas a ser consciente. No tenés idea. Es el fin del mundo Papá. El fin del mundo, sentenció Matías, visiblemente alterado.
    P_ Dame un abrazo hijo.
    Lloraron desconsoladamente.

    La máquina de la desesperanza

    La máquina de la desesperanza

    Al principio los modelos eran sencillos, casi ingenuos. Predecir la trayectoria de dos fotones, luego de cuatro. Pequeños futuros alternativos tratando de demostrar si el universo es determinista: si sabemos cómo hemos llegado hasta aquí, podremos saber hacia dónde llegaremos desde aquí. Los conocimientos de superposición cuántica y la posibilidad de aplicarlos abrían todas las posibilidades. Y así empezó todo.

    El primer salto llegó casi sin aviso previo. Un laboratorio aplicó un modelo que permitía determinar con antelación cuándo una moneda caería cara o cruz con un 10% de acierto. La carrera por subir el porcentaje fue rápida. El avance de la computación cuántica permitió estudiar todas las partículas implicadas en bloque. La inteligencia artificial permitió descartar las soluciones imposibles desde el principio. Eso cambió los tiempos: lo que antes llevaba semanas de cálculo, ahora llevaba milésimas de segundo. Se consiguió un 15% de predicción, ahora un 30. Luego un 50, un 70 y por fin, el 100% de las veces se podía saber cómo caería la moneda.

    A esas alturas ya era irremediable mirar más allá. Pasar de los modelos en monedas al siguiente nivel: predecir cualquier futuro ya no era una quimera. Cada vez hubo más interés, cada vez más dinero. Los gobiernos se movían con discreción, pero determinados a conseguirlo.

    Se oían las voces de unos pocos.

    - ¡Científicos, hacedlo!

    Y lo hicieron. Las primeras máquinas sirvieron para evitar pequeños desastres, locales, no muy alejados en el tiempo. La potencia de las máquinas siguió aumentando. Se consiguieron predecir terremotos y epidemias que salvaron las vidas de millones de personas. Y luego la propia vida humana tal y como la entendíamos, cuando se consiguió desviar un meteorito que llegaba irremediablemente a la Tierra. No hizo falta pensar en la solución. Bastó mirar en el futuro para saber cómo hacerlo.

    Entonces alguien pensó: “¿por qué quedarnos aquí? ¿Por qué sólo unos pocos pueden ver el futuro de todos?”. Ahí comenzó la siguiente carrera: llevar el futuro a casa de cada uno. Esa carrera también fue rápida, el negocio estaba asegurado. Saber el futuro, ¿quién no lo querría? Primero lo consiguieron unos pocos, luego cada vez más. Las ganancias fueron máximas, el mejor negocio de la Historia. Algunos dieron señales de alarma. Se estaba jugando a algo peligroso. Pero eran filósofos, estaban casi extinguidos. Llevaban tanto tiempo sin ser escuchados que ahora no fue distinto. Así que un día, todos, en cualquier momento, supieron todo de todos los momentos.

    Las cosas empezaron a ir mal muy pronto, sin transición. Aumentó la violencia, aumentaron los suicidios. Las máquinas habían acabado con el miedo larvado de la incertidumbre. Todos comprendieron, ya demasiado tarde, que sólo hay algo peor que la incertidumbre de no conocer el futuro: la certidumbre de saberlo. Conceptos como la culpabilidad quedaron sin sentido, porque todo estaba predestinado. Pero lo peor que se perdió, y que cambió todo, fue la esperanza. Se conocía el principio, el final y el camino. ¿Para qué luchar? ¿Cómo soñar? Aquella fue la peor epidemia de todas.

    Empezó en voz baja, pero después fue el grito de muchos:

    - ¡Científicos, culpables!

    ¿Cómo arreglar lo que se había roto definitivamente? La primera idea fue destruir las máquinas, pero aquello fue imposible. Siempre alguien guardaba alguna para su propio beneficio. Ningún gobierno quiso ser el primero en deshacerse de ellas. Se intentó desestabilizarlas, hacerlas menor fiables. Pero aquello no funcionó, porque cuando la desesperanza llega, no importa si pensamos en un futuro real o inventado.

    Ahora el grito fue de todos:

    - ¡Científicos, salvadnos!

    Los más poderosos decidieron solucionarlo. Ni siquiera a ellos les valía esta vez un futuro sin esperanza para la mayoría. Fueron muchas discusiones, muchas voces. Muchos intereses. Se decidió entonces reunir a las mejores mentes del mundo. Hubo una tormenta de ideas como nunca antes. Horas, días, semanas. Ninguna solución era definitiva. Hasta que alguien pensó en que lo mejor sería volver al principio. Si cambiamos las condiciones en las que basaban los cálculos, las predicciones futuras ya no valdrían. Para eso tendrían que conseguir una perturbación que viniera de fuera de nuestro sistema.

    Decidieron una solución. Traerían de vuelta el mismo meteorito que habían conseguido desviar para evitar la destrucción de la Tierra y salvar así la destrucción de la Humanidad. Lo harían pasar tan cerca de la atmósfera como pudieran. Eso borraría todas las variables de los cálculos. Construyeron la máquina más potente de todas y la llamaron Ariadna. Miraron al futuro por última vez, descubrieron cómo hacerlo. Sabían que saldría bien. Después del último cálculo, apagaron la máquina para siempre.

    Ya no hay máquinas, al menos eso nos dicen. Puede ser verdad. Porque todo es más como antes, porque hay más esperanza y porque, ahora que ha pasado el peligro, sólo se oye un murmullo.

    - ¿Científicos?...

    La Máscara de Oro y el Universo Cerrado: U4Hn PARTE 1

    La Máscara de Oro y el Universo Cerrado: U4Hn PARTE 1

    La Máscara de Oro y el Universo cerrado: U4Hn
    Parte 1


    Se me declaró tarde, pero fue suficiente, a pesar que no le hice ningún caso siguió insistiendo. No sé qué vio en mí este pelón blanco y revuelto con cara despistada y burlona. Ya estaban estirándome hasta casi romperme en el potro de tortura y se acercó con cara enigmática para decirme que nos largábamos de allí. Con gran dolor por todo el cuerpo le dediqué una mueca de asombrosa locura, la suya, ¡claro!

    No conozco aún como pude deslizarme entre las sogas, desliar los nudos de muñecas y tobillos, y soslayar a aquellos verdugos puñeteros. Acerté a ver sus caras de asombro como si de un espíritu me tratara, bueno, y que yo mismo no daba crédito como iba asido por la mano del pelón hacia un hueco invisible de la Sala de Tormentos de la Inquisición. Pensé que nos estrellábamos contra el muro, pero no. Tampoco lo atravesamos sino penetramos por otra dimensión desconocida. Puf, esto lo supe después.

    Hicimos parada a recoger mi mayor fortuna, la Máscara de Oro --- regalo que le hizo el cacique Tabscoob al capitán Grijalva en el Yucatán, en 1.518 ---, porque me dijo que la necesitaría, como más tarde diré. Y ya me iba enterando de mi papel en el futuro, no de luego sino de mucho más allá.

    Este hombre de pelo enmarañado decía, sin casi entenderle, que le debía complementar porque no se podía permitir dos viajes. Claro, así que me interesé a dónde sería, y no era sino a cuándo. Ya comenzó mi jaqueca, y me vino la intención de desfajarme de este tipo como lo hice de los verdugos, pero !¡ si no sabía nada de mi situación!!!, flotaba en un mundo desconocido. Pasé a poner todos mis sentidos en entenderle y me dijo que él ya lo sabía, y sucedió.

    1.601, año del Señor, en que nos movíamos era nuestro origen, el destino 1.905 o 2.020 a elegir, es decir 300 o 400 y pico años más allá. Yo propuse quedarme en el primero, por quitarme del medio. Pero iba a ser que no, que consideraba mucho más importante, pare él, quedarse en ese año del siglo XX. Tenía que determinar y dar a conocer primero el principio de la relatividad especial muy importante para desatascar una física incongruente de la época. En pocos años sacaría adelante la relatividad general que acabaría por describir cómo se comportan los astros. A partir de aquí, nuestro amigo dice que la unificación del conocimiento físico será su meta. El Universo, es decir, todo junto y agrupado con estrellas y sus planetas en las galaxias y todo sujeto por fuerzas a distancia. De esto ahora no se sabe, pero al tiempo donde vamos se afanarán en averiguar.

    Todo esto, y de carrerilla, voy dejando en mi cabeza según me lo va contando y que dependerá de mi memoria que salgan adelante mis empeños en mi nuevo futuro: el Universo U4Hn. Así que lo retengo bien, por lo que me conviene.

    Primero comprendí que, al viajar en el tiempo, el tuyo propio va muy lento, tan lento como si no pasara. Al fin y al cabo, es como si hubiera resucitado de la muerte segura que aquellos esbirros me daban, y daban vueltas al torno hasta que reconociera las tamañas herejías que me atribuían.

    ¿No será que esto es lo hay tras morir?, la verdad, tan inesperado que nunca nadie nada me dijo. Pero si hay vida en otro tiempo es magnífico e interesante.

    Me acomodé la Máscara de Oro, mi amigo me pide que la ajuste con cuidado, y por un cielo nada glorioso vamos a nuestro destino.

    Al fin recalamos en el siglo XX, se me presenta como una función en un Corral de Comedias, en nada se parecen sus vestidos y portes, en nada que luego no me acostumbrase. Al ver al pelón tan incorporado a la nueva realidad le señalo que sin duda ya había estado antes y me asegura que no es posible, - se puede viajar al futuro, pero no al pasado - yo asiento, pero sin creérmelo.

    La verdad que pasar unos años con Albert me permitirá ir a mi destino, 115 años más allá, sin turbarme y para desenvolverme lo más correcto. No sabría qué decir, pero me deslumbró casi todo lo que veía, pero más las fotos, el cinema, los servicios de las casas…, que cualquier otra cosa. Es un vivir diferente pero más cómodo. Me acostumbraré bien. En ir a mejor, nunca hay cuidado.



    PD. Este RELATO lo encontré casualmente, y por lo que dice el autor lo continuará cuando llegué al año 2.020. Entiendo que debo mostrarlo, a la espera que se publique la PARTE 2.

    La Máscara de Oro y el Universo cerrado: U4Hn PARTE 2

    La Máscara de Oro y el Universo cerrado: U4Hn PARTE 2

    La Máscara de Oro y el Universo cerrado: U4Hn
    Parte 2


    Nota: Me dejé olvidada la PARTE 1 en el siglo XX , espero que alguien la encuentre y la publique.


    Llegamos Albert y, yo gracias a mi máscara de oro, con antelación porque se tiene que reincorporar a una vida ya hecha y preparar su historia anterior, que no me cuenta del todo, ni que me interesa. Decide trabajar como empleado en una oficina de patentes, y que no se integrará en el mundo académico, - ¡hay que moverse con cuidado! - Me dice.

    Lo mío será el Universo U4Hn, ¡ahí es nada!, y me interesaba sobre mi tema, conceptualmente, porque es complementario a las teorías relativistas, pero con carácter cuántico y determinista a la vez. Tienen en común que la geometría del modelo es principal, pero aquí incluye dos fuerzas fundamentales que no existen en su teoría del XX. Esto es esencial para dejar de buscar la MATERIA y la ENERGÍA oscuras.

    No tuvo que insistirme muchas veces porque la interpretación conceptual de esta nueva física es mucho más sencilla de entender y explicar que los conceptos relativistas, que son tan ajenos a la vida cotidiana.

    Le costó asociar ideas para explicarme donde encontraría imágenes de un tipo del cinema (TV) dónde podría ver borrascas atmosféricas moviéndose sobre mapas terrestres. Cuando lo vi las reconocí perfectamente a fuer de sus precisas indicaciones, así como las nubes se retorcían en un giro espiral y sus brazos formaban frentes de lluvia y viento. --- Esto se debe a Coriolis, que no es otra cosa que una fuerza, que aparece porque la Tierra, el planeta, gira. Una esfera cuando gira genera esta fuerza sobre la superficie y sus elementos, también existe otra centrípeta que tiende a expandirla en la dirección de los paralelos---.

    -->Cuando llegues a 2.020 ya llevaran bastantes años buscando, sin encontrar, la Materia Oscura y la Energía Oscura. La solución ya te lo he dicho, el Universo tiene que ser cerrado, como una esfera de 5 dimensiones U5, donde nuestro espacio conocido de 4 dimensiones U4, es la superficie salpicada de materia que la deforma y el resto es energía. Si la esfera gira sobre un eje, la fuerza de Coriolis obligará a la materia a girar y girar formando galaxias espirales como las borrascas que giran como un disco=ω. Un fiasco, porque así contado no se necesita la Materia Oscura.
    La fuerza Centrípeta ayudará a expandir la esfera obligando a las galaxias a alejarse---

    No quería interrumpirle porque lo veía claro, pero me faltaban datos, él llama a nuestro espacio U4Hn. – Sí, es una parte de U4- ¿Y el resto? –
    -El resto es la parte de nuestro universo que no vemos pero que ocupan las partículas no estables en el nuestro-
    ¿Y las estables?
    – Son el protón y el electrón que no suelen ir sueltos sino unidos en dos estados, átomo de hidrogeno H o el neutrón n, y mediante procesos que ocurren en la galaxia hace que aparezcan elementos más pesados con la unión de estos-.
    ¿Las inestables dónde están?
    – La principal es la antimateria que es tan inestable que estalla al encontrase con la materia y debe haber la misma cantidad, estará en una capa cercana y paralela a U4Hn y se llamará U4Ĥñ. Hay más capas dónde estarán estables las otras familias más pesadas de los leptones, otra para los piones etc., como si fuera una cebolla-
    ¿Y se comunican?
    – sí, pueden saltar de una capa a otra, si el aporte energético se lo permite, en nuestra capa vemos antimateria, piones y muchas partículas que terminan disipándose-. El Modelo Estándar no lo contempla, habrá que incorporarlo.

    La verdad que llevo aquí un tiempo y no llego a comprender como Albert no eligió este siglo, no hay comparación. Casi todo el mundo vive mucho mejor que al principio del XX. Y no te digo a inicios del XVII. Como he dicho no le pregunté, y mejor.

    Visto lo visto, prefiero terminar mi compromiso aquí, ya está. No voy a seguir, creo haber descrito lo suficiente para que se entienda lo que venía a contar y queda dicho.
    No quiero descubrir más avances porque no son de esta época y revelarían Física incomprensible ahora. Ni tampoco el próximo viaje con más amigos creativos.
    Creo que Albert también lo entenderá.

    ¡Ah! La matemática a desarrollar no es compleja y os lo dejo como ejercicio.


    PD. Lo único que queda de mi origen en 1.601 es la Máscara de Oro, me conecta con los dioses mayas, la volví a utilizar para llegar hasta aquí, tal cual Albert me indicó. Seguro que la utilizaré. VAMOS




    La mayoría de edad de Mildred

    La mayoría de edad de Mildred

    Mildred se levantó nerviosa y feliz, hoy era un gran día, un día largamente esperado, un día especial. Por fin cumplía los anhelados 18 años. Aunque para todo el mundo era un día normal, para ella no, significaba convertirse en adulta, significaba mayor libertad, mayor poder para tomar sus decisiones, mayor autonomía. En sus recién estrenados 18 años de vida, había seguido siempre las normas, las pautas marcadas y no había sido fácil porqué siempre había generado muchas expectativas. Estaba preparada para los retos futuros, para ir en breve a la universidad, para asumir responsabilidades, para tomar sus propias decisiones
    La vida se vuelve mucho más dura a los 18. Todo se complica, ella lo sabía y no tenía miedo, confiaba en sus posibilidades. Tenía una falsa sensación de euforia acompañada de una prematura nostalgia cuando pensaba en un futuro quizás alejado de su familia. Pero era valiente, esperaba con pasión las nuevas aventuras que le esperaban, los nuevos amigos y amores, quizás conocería al amor de su vida, quien sabe que le depararía el futuro. Estaba preparada para aprender, para seguir creciendo, para seguir creando. Su infancia y adolescencia estuvo llena de descubrimientos, de personajes que la acompañaron mientras crecía. Ahora ya podía volar sola, era feliz.
    Había demostrado con creces sus habilidades y mucha gente quería conocerla, eso le tranquilizaba y le daba confianza. Era un momento de grandes cambios que combinarían libertad y felicidad, junto con sentimientos de aprensión. Tenía cierto temor al futuro, temor que desaparecía cuando se daba cuenta que ya estaba preparada para la vida adulta.
    La mayoría de edad de las nanotecnologías
    En el 2010, con el Nobel de física concedido a Geim y Novoselov por el descubrimiento del grafeno definitivamente todo el mundo se interesó en la ciencia y la ingeniería en la nanoescala, definitivamente las nanotecnologías habían entrado en la edad adulta como nuestra protagonista, Mildred. Por entonces, habíamos descubierto y mejorado nuevas técnicas de microscopía y nuevas técnicas fabricación, conocíamos nuevas propiedades derivadas de los materiales en la nanoescala y se había iniciado una revolución comercial, social y científica sin precedentes para conquistar el mundo nano. Aunque su historia comenzaba a escribirse, todavía era temprano para predecir los resultados generados fruto de la inversión y la investigación realizadas. Pero las perspectivas eran muy halagüeñas por qué no debemos olvidarnos que la historia también nos muestra ejemplos de tecnologías tempranamente reconocidas como muy prometedoras que han acabado dando sus frutos como la tecnología de los semiconductores o la biología molecular, por nombrar solo dos ejemplos. ¿La nanotecnología sería otro nuevo ejemplo?
    Sin lugar a dudas, la respuesta es afirmativa, la ciencia y tecnología que opera en la escala de los nanómetros (entre 1 y 100), siendo un nanómetro la millonésima parte de una hormiga, está plenamente consolidada. Sin duda alguna había entrado por derecho propio en la edad adulta.
    Varios hitos marcan su historia y muchos de ellos concluyeron en premio Nobel. Un premio Nobel de física en 1965, Feynman, aventuró en el lejano 1959 que seríamos capaces de manipular la materia a escala atómica. En 1981, los premios Nobel de física de 1990, Binnig y Rohrer, descubrieron el Microscopio de efecto Túnel, un microscopio capaz de ver y manipular átomos por primera vez en la historia. Los premios Nobel de química de 1996, Smalley, Kroto y Quake, revolucionaron el mundo científico con el descubrimiento de una nueva forma de carbono de únicamente un nanómetro de diámetro, los fullerenos en 1985 y los premios Nobel de física de 1990, descubrieron el grafeno en el 2004. Por último, los premios Nobel de química del 2016, Sauvage, y Stoddart y Feringa, marcaron los primeros pasos de las máquinas moleculares.
    Actualmente, las nanotecnologías se mueven en números considerados y considerables, desde el punto de vista de inversiones o de productos. Por ejemplo, algunos estudios muestran que el mercado de las nanotecnologías superará los 124 mil millones de dólares en el 2024 y a día de hoy, se acercan a los diez mil productos nano en el mercado. Pero esto no es casual, porqué desde los gobiernos de todo el mundo se ha invertido mucho dinero. Por ejemplo, solo EEUU ha invertido cerca de 29 mil millones de dólares desde el 2001.
    Y en que repercuten estos números, en prácticamente cualquier sector industrial: La medicina está cambiando gracias a las nano, una de las herramientas contra la emergencia climática son las nano. Tenemos gran influencia de las nano en sectores como la cosmética, construcción, automóviles, textil, pinturas, alimentación, etc.
    Así que es indudable que la joven que conseguía la mayoría de edad al inicio de nuestra historia y que representaba una metáfora de las nanotecnologías, puede estar tranquila y segura, su momento ha llegado, ya está preparada para conquistar el mundo, ¡el futuro será nano!

    La paradoja de Wheeler

    La paradoja de Wheeler

    El 10 de diciembre de 2021, a las 23.14, William Wheeler comprendió que el pasado, el presente y el futuro no se suceden, sino que están conectados en un ciclo infinito.
    Aquella mañana el pequeño William de seis años había ayudado a sus padres en la cosecha de naranjas del huerto, y acompañaba a su madre con la cesta a rebosar. Cuando entraron en la cocina, la cesta se volcó y unas pocas naranjas cayeron al suelo. A William le pareció ver que una, en lugar de chocar con la pared de piedra, se había esfumado como por arte de magia. Su madre no parecía haberse fijado en ningún suceso fuera de lo normal. El abuelo Bill apareció con una naranja en la mano y dijo algo sobre el cielo y la filosofía, y se había dirigido a él como Horacio. William pensó que el abuelo era muy mayor y debía de haberse confundido de nombre.
    El abuelo estuvo más enérgico que otras veces durante el resto del día y William olvidó el extraño suceso de la naranja. Sin embargo, unas pocas horas después de que todo el mundo durmiera en sus habitaciones, el abuelo Bill lo despertó. Le pidió que no hiciera ruido. William, algo soñoliento, se dejó guiar de la mano de su abuelo hasta la cocina. Lo situó a un metro de la pared y le habló en murmullos. Le dijo cosas sobre el destino, el pasado y el futuro que el muchacho no comprendió. Tampoco entendió que su abuelo le invitase a dar un paso hacia la pared. Antes de soltarle la mano, su abuelo dijo:
    —Todo está conectado.
    Cuando atravesó la pared apareció en la cocina. Había dado un paso hacia la pared de piedra y sin embargo se encontraba delante del fregadero, con la pared a la espalda. No entendía nada. Comenzó a llamar a su abuelo. A golpear la pared para volver con él. Nadie parecía acudir a sus reclamos. La casa era la misma, pero con muebles de otra época. Salió al jardín llamando a su madre, cuando tropezó con una mujer desconocida. Ella le dijo que se llamaba Nancy Marsh y le preguntó cómo había llegado ahí. El pequeño William, con lágrimas en los ojos y con el deseo de volver con su madre, le contó a la señora lo que acababa de vivir.
    La Sra. Marsh lo miró sorprendida.
    —No es la primera vez que algo atraviesa la pared de la cocina —dijo. Había una suavidad en su voz que a William lo reconfortaba—. Esta mañana una naranja llegó rodando hasta mí. Fíjate tú, cuando yo nunca he cultivado naranjas.
    La Sra. Marsh señaló hacia el huerto. El mismo lugar donde el muchacho y sus padres cultivaban naranjas. Ella lo invitó a pasar adentro y se extrañó de la manera de vestir del muchacho, muy distinta a lo corriente en 1955.
    William Wheeler no volvió a ver a los familiares de su época. El pequeño William pasó de apellidarse Wheeler a Marsh, pues la Sra. Marsh lo acogió como a un hijo. Él iba cambiando de aspecto, al igual que la casa, cuyos habitantes también crecían, envejecían. En 1987, junto al amor de su vida, William Marsh tuvo una hija a quien llamó Joyce, en memoria de la madre que una vez dejó atrás. Y un año después, Nancy Marsh falleció a causa de un paro cardíaco mientras dormía.
    El matrimonio Marsh cuidó de su hija Joyce, hasta que esta, en su juventud, conoció a un encantador Mike Wheeler. Años más tarde, William Marsh pasó a ser el abuelo Bill, cuando el matrimonio Wheeler, en 2015, dio a luz a un niño. Su hija Joyce insistió en que debía conservar el nombre del abuelo y lo llamaron William. William Wheeler.
    Seis años después, el 10 de diciembre de 2021, el abuelo Bill percibió aquel día como un déjà vu desmesurado.
    Todo cobró sentido cuando su nieto acompañó a su madre a la cocina. Él escuchó desde el salón como el muchcacho le decía a Joyce que una naranja había atravesado la pared.
    —Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que cuantas se sueñan en nuestra filosofía —dijo.
    Durante ese día jugó más de lo habitual con su nieto. Cuando todos se hubieron acostado, el abuelo Bill entendió que no solo había distraído al muchacho, sino a sí mismo también. No obstante, interpretó que si su nieto no atravesaba la pared, todo lo que había construido a lo largo de los años se desmoronaría; su hija no nacería, y si ella no nacía tampoco lo haría él.
    —No es otra cosa que una causa sin fin. Un destino ligado al siguiente. Todo está conectado —dijo dibujando una sonrisa, cuando su nieto atravesó la pared.

    LA TABERNA DEL ARCO ASIMÉTRICO

    LA TABERNA DEL ARCO ASIMÉTRICO

    Münchhausen es un inmenso erial sin más interés que su situación estratégica en los límites de la galaxia. Al igual que algunas poblaciones fronterizas de los tiempos remotos, su única ciudad, que da nombre al planeta, es lugar de paso de aventureros, fugitivos e impostores de toda índole, y los peores de ellos (o los mejores, según se mire) se dan cita en la Taberna del Arco Asimétrico.
    A imitación de las legendarias tabernas de la vieja Tierra, en la de Münchhausen hay una diana de dardos, una mesa de billar y un tablero de ajedrez, y su espumosa cerveza azul suelta la lengua y predispone a la credulidad más que ninguna otra bebida del universo conocido, según afirman quienes la han probado.
    Las historias más fantasiosas y disparatadas entran y salen sin cesar de la Taberna del Arco Asimétrico. Algunas son creíbles pero falsas; otras, inverosímiles pero ciertas; y la mayoría, tan falsas como inverosímiles. Entre ellas, y dadas las características del local, menudean las relacionadas con la arquería, el billar y el ajedrez, y algunas se han hecho famosas. Como las tres siguientes:



    Los arqueros suicidas

    Tras lanzar sus dardos con singular pericia, uno de los parroquianos de la taberna dijo:
    -Como armas, los dardos y las flechas tienen una notable limitación: no sirven para suicidarse.
    -Eso no es del todo exacto -replicó el tabernero-. Es difícil quitarse la vida con el arco y las flechas, pero no imposible, como demostraron tres arqueros suicidas de los tiempos heroicos.
    “El primero de ellos era muy certero. Tiraba con tal precisión que cuando decidió abandonar este mundo no tuvo más que disparar una flecha hacia el cenit. Tan exactamente se ciñó la saeta a la vertical que, tras agotar su impulso y alcanzar el punto de máxima altura, desanduvo por obra de la gravedad el camino recorrido y fue a clavarse en la cabeza del suicida.
    “El segundo arquero era muy veloz. Disparó horizontalmente su última flecha y luego corrió en pos de ella, la alcanzó, la adelantó, se interpuso en su trayectoria y la acogió en su corazón.
    “El tercer arquero era muy fuerte. Tensando al máximo su potentísimo arco por primera y última vez, disparó a su distante enemigo, que era él mismo. La flecha dio la vuelta al pequeño planetoide en el que se hallaba y se clavó mortalmente en su espalda.



    El billar cósmico

    Mientras entizaba con parsimonia la punta de su taco, uno de los jugadores sentenció:
    -Para jugar bien al billar, tienes que ser la bola, igual que el arquero zen es uno con la flecha que dispara.
    -No sabes hasta qué punto es cierto lo que has dicho -contestó su compañero-, a no ser que tú también hayas jugado al billar cósmico.
    -¿El billar cósmico? Ni siquiera conocía su existencia.
    -No me sorprende. Pocos llegan a conocerlo, y de esos pocos, poquísimos pueden o quieren contarlo… Las quince bolas del cosmobillar son chalupas esféricas de unos dos metros de diámetro pilotadas por otros tantos jugadores, con lo cual el requisito de “ser la bola” se cumple literalmente. Al comenzar el juego, las bolas orbitan, a pocos kilómetros de distancia, alrededor de una única tronera, que es un pequeño agujero de gusano, y cada jugador, por turno, se lanza a mayor o menor velocidad, según lo requiera la jugada, contra alguna de las otras bolas o de las grandes balizas elásticas que hacen las veces de bandas. Y el objetivo, huelga decirlo, es meter las otras bolas en la tronera.
    -Deduzco que ganaste la partida, puesto que estás aquí para contarlo.
    -Estuve a punto de ganar, sí; pero cuando solo quedábamos tres de los quince jugadores, uno de los otros dos, mediante una afortunada carambola, me envió directo al agujero.
    -Pero en ese caso deberías haber salido del universo.
    -Y eso hice: salí de mi universo. Por eso estoy en el tuyo.



    El ajedrez y el azar

    Cuenta el tabernero que un día visitaron su local dos eminentes SICS (superinteligencias cuasidivinas), y en un momento dado quisieron echar a suertes alguna decisión relacionada con sus inescrutables designios. Y para ello le pidieron un tablero de ajedrez.
    -Excelentísimas cuasidivinidades -dijo perplejo el tabernero-, ¿no queréis unos dados, si de decidir al azar se trata?
    -Para nuestras supermentes y nuestros supersentidos -replicaron a coro las SICS-, los dados, de movimientos caóticos pero deterministas, son tan predecibles como una moneda lanzada al aire por uno de esos hábiles tahúres que frecuentan tu taberna. Pero nuestros cerebros, al igual que el tuyo, no son meras máquinas deterministas, y dado que ambas poseemos idénticas capacidades combinatorias, será el inaprensible azar que anida en nuestros microtúbulos neuronales el que decida el resultado de una partida de ajedrez.

    La Transición

    La Transición

    Nos convencieron de que así sería más sencillo, que acabaríamos con el sufrimiento que asolaba al grueso de la población mundial. Nos metieron en la cabeza la idea de que no había otra salida para la especie humana; el hambre y la desesperación empezaban a extenderse por el planeta. Y no dejaron de asegurarnos que aquello que habíamos desarrollado sería la solución.

    «¿En qué momento pasamos de intentar convertir máquinas en seres pensantes, a convertir a humanos en meros almacenes de conocimiento? No lo recuerdo y eso, me atormenta, hoy más que nunca».

    Nuestra investigación se llevó a cabo con una finalidad médica. Con ella queríamos subsanar las consecuencias que provocan algunas enfermedades, lesiones cerebrales y accidentes. Era algo así como localizar los archivos dañados del cerebro, extraerlos y volverlos a grabar de forma correcta. El mayor éxito de nuestra vida condenaría a la humanidad.

    «Se me rompe el corazón cada vez que lo veo ahí, conectado a esa dichosa máquina que le embute el cerebro como si del hígado de un pato se tratase. No aprende, almacena. Hace mucho que los niños dejaron de ir al colegio y que nuestra profesión dejó de existir. Ya no somos profesores, ahora nos llaman asesores del conocimiento».

    Cada día de mi vida necesito hacer memoria y recordar cómo sucedió todo, cómo nos convencieron. Puede que tan solo sea un absurdo y último intento de expiar mi parte de culpa o puede que simplemente quiera volver a creer en que hicimos lo correcto pero, tras revivirlo una y otra vez, no consigo ninguna de las dos cosas.

    «Dentro de dos horas abrirá los ojos teniendo la sensación de que ha leído más libros que yo. No es así. Tiene tan solo trece años y cuando se desconecte será conocedor de más obras de las que yo he sido capaz de leer a mis setenta y cuatro años habiendo sido una de las literatas más reconocidas de la historia».

    Desarrollaron un programa que podía ofrecer un pronóstico de viabilidad para la supervivencia humana. Incluyeron infinidad de variables al complejo algoritmo y fueron muchos años de trabajo introduciendo datos. Los resultados, sin embargo, siempre mostraban lo mismo: la extinción de la especie tras décadas de sufrimiento. Y así, tras años de cálculos sin ninguna alteración considerable en las conclusiones, nos convencieron.

    «Me siento culpable, soy partícipe de un sistema impuesto que crea seres multifuncionales y polivalentes con más conocimientos de los que ningún otro humano pudo llegar a albergar antes de la Transición. Con todo, se está anulando una de las cualidades naturales de la humanidad: el libre albedrío. ¿Es esto progreso?».

    De la noche a la mañana nos vimos configurando personas, anulábamos su capacidad de decisión, les introducíamos conocimiento y “voluntad adquirida”, así era como llamaban a las ideas introducidas por igual a cada uno de los sujetos. Era mucho más económico, eficiente y seguro para la supervivencia que la educación.

    «Hoy la situación me supera. No soy capaz de contener las lágrimas. ¿Qué hemos hecho?».

    Tras treinta años desde que se iniciara la Transición, miro a mi mujer mientras observa con lágrimas en los ojos a nuestro nieto, ahí sentado, ausente. Ahora mismo nada podría alterar ese estado al que se le ha inducido. Como cada día durante dos horas, pues más podrían provocar daños irreversibles, está conectado al programa. Hoy, no obstante, resulta especialmente duro para ella, ya que ha sido la asesora de ese flujo de información que en estos momentos viaja en forma de corriente para alojarse en su cerebro. Hoy sé que nos equivocamos.

    La última noche

    La última noche

    Me despierta una molesta luz que me obliga a abrir y cerrar los ojos varias veces hasta que mis ojos se acostumbran. Me encuentro tumbada en lo que parece ser arena, pero me extraña bastante. Me levanto para ver mejor el sitio en el que me encuentro, y me sorprendo al ver que es una playa. ¿Cómo he llegado hasta aquí?
    No entiendo nada, lo último que recuerdo es estar en la fiesta de graduación con mis compañeros de clase, pero que yo sepa en ningún momento decidimos recorrer la ciudad para ir a la playa.
    Me quedo unos minutos más sentada intentando entender y asumir mi situación actual. Entre tantos pensamientos, me acuerdo de mis amigos, ¿dónde están? Miro alrededor, pero no veo a nadie, solo palmeras, el mar, y mucha arena, ¿estoy en una isla desierta?
    Camino hacia dentro de la isla, donde veo un poco de vegetación, y a medida que me adentro, veo que hay una inmensa jungla. Es entonces cuando una voz en mi cabeza me advierte de que en las películas siempre muere alguien de esta manera, pero mi desesperación por un mínimo contacto con otro ser humano puede conmigo, y al final acabo adentrándome, no sin parar de temblar del miedo.

    No sé cuanto tiempo llevo caminando, pero me empiezo a cansar, tengo hambre. Miro hacia arriba para ver si veo algún árbol que tenga fruta, y veo un platanero. Cojo una piedra y la lanzo para ver si le da a algún plátano y cae, pero mi puntería es pésima, así que lo tengo que intentar veinte veces para conseguir un solo plátano, que al dar un mordisco y tragar, vómito al momento. ¿Qué me está pasando? ¡Pero si me estoy muriendo de hambre! Que horror, todo esto es una pesadilla.

    Decido seguir caminando para ver si encuentro otro tipo de comida, o a alguien. Y es entonces cuando oigo a alguien gritar, y de nuevo mi voz me recuerda que la gente que grita tiende a morir en las películas, pero una vez más decido ignorarla, y correr hacia la voz. Cuando por fin me encuentro cara a cara con la dueña de la voz, mi estómago ruge, solo que esta vez mucho más fuerte que antes. Miro a la chica de ojos café y pelo rizado, ella también me mira, y empieza a hablarme, pero yo estoy demasiado ocupada pensando en lo mucho que deseo comer, en concreto su cerebro. Pienso en lo bien que debe saber su sangre, y se me hace la boca agua, pero en este momento no me doy cuenta de la clase de pensamientos que están pasando por mi cabeza, solo pienso en la mejor manera de matarla, sin derramar demasiada sangre.
    Ella acaba de hablar y se me queda mirando fijamente, esperando una respuesta. Está desesperada porque tampoco sabe que está pasando, y yo también estoy desesperada pero a causa de mi deseo de comer. Al final no aguanto más y me lanzo encima de ella, caemos al suelo. Ella grita, pero yo acabo con su terror al golpearle la cabeza con una piedra y matarla. No me preguntes cómo me las ingenio para conseguirlo, pero me acabo comiendo su cerebro, y es en este preciso momento que recuerdo todo lo que ha pasado hasta despertar en la arena de la playa.
    Después de entregarnos las orlas, los profesores decidieron invitarnos a un bar, donde íbamos a pasar toda la noche de fiesta hasta la madrugada, así que después de la cena nos dirigimos todos hacia el bar para pasar una de las mejores noches de nuestra vida.
    Recuerdo que durante la noche, el profesor de química se me acercó y me ofreció una bebida, y yo, inocente, la acepté, mala idea. Bebí todo el vaso que me había entregado mi no tan inofensivo profesor, y minutos más tarde empecé a encontrarme mal.
    Me dirigía hacia la salida, cuando me lo volví a encontrar, y se ofreció a llevarme a mi casa. Le di la dirección, y seguidamente me quedé dormida.

    Me desperté en un laboratorio, cuando apareció de nuevo el profesor grité y supliqué que no me hiciera nada, pero no me escuchaba. Me contó su malévolo plan, acceder a mi genoma y tratar de modificarlo a nivel molecular con tal de que mis cromosomas se modificaran y de esta manera ocasionar la mutación de todo mi sistema nervioso y sobre todo del digestivo para que yo sintiera más sensación de placer al degustar la sangre humana. Yo iba a ser su primera víctima, y así fue, pero mientras él iba alterando el ADN de más alumnos y yo no podía hacer nada. Me pinchó algo en el brazo y nunca más volví a despertarme, no conscientemente al menos.

    La vacuna

    La vacuna

    Sabíamos que iba a morir, estaba ardiendo, apenas podía mantener los párpados abiertos, pegados por legañas. Respiraba tan superficialmente que en cualquier momento podía dejar de hacerlo.

    Entró el asistente sanitario robótico y me hizo la pregunta.

    La cuestión ya estaba decidida con mi padre y con mi hermana. La respuesta fue sí, dió media vuelta sobre sus rodamientos y se alejó.

    Me quedé allí con ella, en medio de aquel espacio inundado de blancura cegadora y peste a limpio. Cogí su mano huesuda, ahora me arrepiento de no haberme quitado el guante y notar por última vez sus venas hinchadas y su calidez de madre.
    De repente, me di cuenta de que ya no recordaba la voz de mi madre. Hacía tanto tiempo que no la escuchaba que la había borrado de la lista de sonidos recientes en mi lista de reproducción. Di la orden a mi procesador integrado cerebral para buscar entre los archivos ocultos de la memoria interna bajo las palabras clave madre, amor y belleza. Y vino a mi mente mi hijo mayor, siendo todavía bebé, en los brazos de su madre, que le hacía arrumacos y le decía que era precioso y que lo adoraba. Esa voz no era la que yo buscaba, esa voz estaba ya olvidada, archivada y enterrada bajo kilos de basura visceral, y no tenía ninguna intención de volver a recuperar ese recuerdo. Con un golpe de concentración, logré concretar más los parámetros de búsqueda y la lista de archivos encontrados me devolvió la voz de mi madre respondiéndo “Súper bien...” en un lastimero tono suave y quebradizo de voz, respondiendo a mi pregunta "¿Cómo me estoy portando, mamá?". Aquella fue la última vez que logró tragar una cucharada de papilla, su garganta se paralizó poco después, dejó de tragar, de beber, de hablar, de poder comunicarse. Pero sus ojos nos hablaban, del amor que sentía por nosotros y del miedo que sentía por saber certeramente cuál iba a ser su temprano final.
    Comenzamos a alimentarla a base de preparados suministrados a través de una sonda abdominal directa al estómago, aderezados con toneladas de amor, mimo y cariño. Afortunadamente, estos últimos tres ingredientes de su fórmula no eran de síntesis, no necesitaba esos suplementos sintéticos ya que la dosis recomendada diaria la superábamos con creces mi padre, mi hermana y yo.

    Fue entonces cuando su médica nos habló de la vacuna.

    Nos reunió a toda la familia y nos dijo que en breve deberíamos tomar decisiones importantes sobre mi madre. Nos dejó atónitos. Mi cuñado rompió a llorar y se apartó a un lado. Mi padre nos cogió de la mano a mi hermana y a mí y dijo que el sufrimiento ya había sido excesivo y que necesitaríamos ese descanso. Acordamos que llegado el momento, utilizaríamos la vacuna.

    Y el momento había llegado.

    Nos reunimos toda la familia en la sala en torno a la cama, nadie se atrevía a mirar a la cara de nadie salvo al rostro de mi madre, intentando fijar aquel momento en nuestro corazón, porque nuestra memoria nunca más podría hacerlo.
    La puerta de la sala se deslizó silenciosamente y apareció de nuevo aquel asistente sanitario robótico con dulce voz de persona de compañía, atravesó el corto espacio que separaba la entrada de la cama, y giró dirigiéndose hacia nosotros. Sus cuatro brazos articulados bastaron para levantar ante nosotros los cuatro viales aspirables y con un suave movimiento, acercarlos a nuestras narices. Aquella vacuna de diseño refinado suministraría a nuestro organismo una enzima desmielinizante que destruiría selectivamente la mielina que recubría los circuitos neuronales que guardaban todos los recuerdos que tenían que ver con mi madre. Aquellas neuronas sin mielina dejarían de funcionar y todo el dolor de los últimos tiempos se borraría al instante. En el momento de mayor sufrimiento nos pareció una idea descorazonadora pero que nos ayudaría a rehacernos como personas, ausentes de recuerdos dolorosos, capaces de volver a reconstruir nuestras vidas tras el derribo del pilar madre. Pilar. Madre.

    Alguien dio al botón rojo de abortar en el último segundo, quién no importa. Fue entonces cuando dije no, cuando pensé que aquello no estaba bien. Decidimos quedarnos con todo. Con el dolor y con los recuerdos. Gracias a ello, ahora puedo recordar lo duro que fue todo, su enfermedad devastadora, sus terapias experimentales fallidas, su mirada de impotencia cuando ya no podía articular palabra, su llanto sin lágrimas ni muecas por la parálisis facial. Pero también su risa desorbitada de antaño, su alegría de vivir de siempre, sus caricias sanadoras, su voz tranquilizadora y sus cosquillitas en la espalda.

    El recuerdo es dolor y alegría. Es vida. No hay vacuna para el sufrimiento.

    València, 9 de junio de 2021. Hoy es vuestro aniversario.

    Las hermanas Grillo.

    Las hermanas Grillo.

    Las hermanas Grillo.

    Dragonfly

    Seguro que en medio de tanto cachivache, invento y aparato ya nadie se acuerda mucho de aquel día, hace años y años cuando la gente se dio cuenta de lo que podrían conseguir si sólo soplaran el polvo de algunos viejos libros con el viento de la curiosidad.
    Yo sí puedo decir que estuve ahí, ¿cómo podría olvidar la mañana del hipódromo? Ni el público, ni mucho menos los atontados jinetes, podían creerse que esas fueran las hijas pequeñas de Manuel Cráteras, de apenas diez y doce años, Wendy y Ovidia.
    Luego de ese día histórico, a la familia Cráteras le fue muy difícil contener los rumores. Ustedes saben cómo son los pueblos. No hay discreción imaginable que pueda parar las lenguas luego de un suceso como ese. Para mucha gente fue un milagro, cosa comprensible teniendo en cuenta todos los detalles que rodearon al asunto. Por eso, de inmediato, los más curiosos empezaron a rondar por la finca de los Cráteras. Preguntaban por el caballo, un animal que nunca había atraído la menor atención excepto algunos resoplidos de verdadera lástima, así de enclenque era la montura que las dos niñas solían cabalgar al pueblo cada día. No servía para tirar de carretas ni arado.
    En el pueblo todo el mundo conocía a los hijos de Manuel porque se contaban entre los mejores jinetes y competían mucho en las competencias de la comarca con sus sementales de pecho ancho y porte gallardo, domados por la fuerza de sus manos hasta quedar convertidos en cuatro piernas más de sus cuerpos. La verdad sea dicha, ellos se portaban algo vanidosos, ¡eran jóvenes! y se reían de sus hermanitas encaramadas sobre el espinazo de aquel rocín que las niñas llamaban Grillo porque más parecía insecto que equino y hacía un chirrido infernal como de violín roto al morder el freno. Ellas lo alimentaban bien y el animal había crecido con ganas, pero la flaquencia no se le curaba como si fuera hijo natural de calavera y verja, siempre con su costillaje enchaquetado.
    —Pero no se suban las dos, no lo atusen así; tengan piedad, ¡niñas malas! ¡Qué ese bicho se les va a quebrar como ramaje de abedul! —se divertían al verlas pasar.
    Las elegantes niñas seguían de largo sin prestar atención a los burlones. Puede que haya sido por esto que empezaron a quedarse hasta tarde en la biblioteca del pueblo. La señora Isabela contó que le pedían libros rarísimos no muy propios de señoritas, a decir verdad, pero su gentil padre no se oponía a que les suministraran ese pasatiempo. Yo repito lo que he oído, porque de esto no sé mucho, pero las señoritas Wendy y Ovidia se aprendieron de memoria cosas de mecánica, estudiaban esa asignatura que es la aerodinámica y no sé cuál ciencia de los fluidos, cosas escritas por hombres antiguos y sabios: Arquitas, un griego creo recordar; otros libros sobre cometas chinos y cómo inflar globos con fuego, cuentos sobre monjes voladores y árabes locos que se lanzaban por las ventanas de las torres. Casi arruinan al pobre Manuel cuando lo obligaron adquirir por correo un texto valiosísimo de un florentino porque ellas querían saber más sobre su tal ornitóptero.
    Nadie sospechaba lo que estaban rumiando las pilluelas, encerradas todo el día en el establo con su paciente Grillo que seguro se deleitaba con las atenciones de sus dueñas. Hay que preguntarse por qué nadie se extrañó de no verlas usar sus anchos vestidos de seda, ni las mantas, ni las plumas, ni el paraguas florido. Ahora sabemos que todo se usó en secreto y algunos objetos más que se habían echado de menos en la granja.
    Por fin, llegó el día de las carreras, nada fuera de los ordinario cuando de repente Wendy y Ovidia, se aparecieron, ataviadas de amazonas, y saltaron a la pista tras los veloces competidores. Por supuesto, los cascos de los campeones hollaban la tierra colorada como una corrida de toros, mientras que Grillo se movía como pavo real en celo. Pero las risas y protestas se callaron cuando las capitanas desataron los nudos hechos con sus cintas sacrificadas y un par de alas multicolores y una cola de seda con varillas se desplegó como velamen de navío. Con las riendas para manejar el planeador las niñas remaron sobre el lomo de su pegaso y este, ligero como era, no perdió tiempo y aprovechó el empuje que le daban los aletazos. De súbito, pegó un salto sobre las vallas y no cayó del otro lado, sino que como libélula de los humedales se elevó sobre aquel estadio de gente atragantada y oculta bajo los bancos mientras el caballo alado relinchaba como ave rapaz y sobrepasaba a los campeones en picada antes de que estos pasaran la meta.

    Latidos abatidos

    Latidos abatidos

    Por un momento no fue. No era, no sentía. Por un momento dejó de existir, y su nombre perdió todo el sentido que le daba. Esmeralda no fue sino un color durante esas dos horas de infinita nada. Por un momento no fue, pero volvió a ser. Afortunadamente, y en contra de todo pronóstico, siguió los pasos del primogénito de la religión cristiana, volviendo a la vida como un fénix de entre las llamas.
    La historia de aquella joven risueña comenzó por allá en el siglo 22, cuando la biomedicina garantizaba la vida a millones de personas cuyo vital órgano bombeante no funcionaba correctamente, intercambiándolo por otro en cuestión de horas, y dejando la vida del otro paciente pendiendo de un hilo. Aún en el siglo 22, el que debería de ser del máximo esplendor económico y científico, incluso la medicina, rama dedicada originalmente al cuidado de todos y sin distinción alguna, se ponía en manos del capitalismo más exacerbado, y de parte, evidentemente, del más afortunado.
    Por ello, aquella complicada operación era posible tan solo bajo una única condición: poseer más dinero que la media. Y dicha condición la cumplía la familia de Esmeralda, cuya herencia no se limitaba a un par de propiedades y cientas de criptomonedas, sino que se asemejaba más a la fortuna de un jeque árabe del siglo anterior. ¡Qué tiempos aquellos, en los que el petróleo llevaba la insignia de oro negro! Quién nos diría que la vida de los más desventurados se convertiría en la moneda de cambio por excelencia…

    Mientras que la historia de nuestra protagonista comenzaba, el principio del fin para otra daba sus primeros pasos. Esmeralda sufría de una enfermedad degenerativa que afectaba directa e incurablemente al corazón. Y no era una fórmula metafórica para el amor, sino una arritmia que la dejaba sin aire y aturdida constantemente. Esto le supuso años de dolor incesante. Cada primavera restaba un otoño, y cada latido podía ser el último.

    Pero Esmeralda tenía algo de lo que la gran mayoría de su entorno carecía: una familia poderosa y capaz de todo cuanto quisiera. Y el cariño incondicional que sentía por ella no iba a ser menos. ¿Cuánto valía una vida que arrebataba la de un igual? ¿Acaso todo tenía precio en la sociedad mercantilista? ¿Cuál era el límite de la moral? Los valores perdían su sentido, dejando paso a la codicia y al afán de egoísmo.

    Fue una fría mañana de diciembre, a escasos días de comenzar el año siguiente, cuando una estrella se apagó por dar luz a otra. Esmeralda no soportaba la lentitud aplastante de su pulso. Se desvaneció antes de poder pronunciar siquiera la que habría sido su penúltima palabra. Sus párpados cedieron ante un sueño implacable que la sosegaba en cierto modo. Su cuerpo cayó, sin vida, ante los que se la habían concedido.

    Y ahí entró Celeste. Celeste, hija de unos simples informáticos. Celeste, conocida por sus ganas de vivir, de dejar huella allá por donde pasaba. Celeste, con una valiosa parte de ella que destacaba por encima de todas las demás. Celeste, con un corazón enorme, que no le cabía en el pecho, como solía decir su madre y todo aquel que se dignaba a conocerla.
    Y en esta paleta de colores tan viva, el artista pintó sobre un color otro completamente distinto que obnubilaba al primero. Licencia de autor, quizás. Su pincel marcó un antes y un después en la obra final. El lienzo, blanco e insulso, quedó manchado por un color azulado, que con tan solo una mínima diferencia de longitud de onda pasaba drásticamente de una tonalidad a otra. Y eso es lo que hizo. Manchó toda una vida de color Esmeralda, provocando la desaparición del Celeste que tan llamativo resultaba. Oscureció un último latido, y dio color al deficiente.

    Y como era de esperar, el pintor pintó, con bisturí por pincel.

    Por un momento no fue. No era, no sentía. Por un momento dejó de existir, y su nombre perdió todo el sentido que le daba al cuadro. Celeste no fue sino un color olvidado durante esas dos horas de infinita y absoluta nada. Por un momento no fue, pero tampoco tuvo la oportunidad de volver a ser. Fría y afiladamente, y como el artista había ideado, Celeste desapareció de la paleta de colores para dejar sitio a una Esmeralda, que quizás a partir de ese momento tenía más de Celeste que esta nunca había tenido. Se llevó la mejor parte, la que sentía sin esforzarse y latía con ganas. Ganas de vivir, ahora enajenadas , usurpadas, abatidas.

    Lo siento por la bici

    Lo siento por la bici

    Fatou se removió en la piedra en la que estaba sentada, intentando que la luz de la farola iluminase mejor las páginas del libro de biología que había tomado prestado en la biblioteca del instituto de su aldea. Llevaba 3 horas leyendo sobre la célula e intentando memorizar sus diferentes orgánulos, pero no conseguía concentrarse. No, esa noche no. Sacudió su cabeza al darse cuenta de que estaba leyendo sin prestar atención y se quitó el foulard que cubría su cabello, frotándose con ambas manos la cabeza primero, dejando que la brisa cálida de la noche entrase entre sus trenzas después, como si este ritual fuese a eliminar los miedos que ocupaban hasta el último de sus pensamientos.
    Volvió a colocarse el pañuelo con ligereza e intentó concentrarse, sabía que pronto aparecería su hermano menor Mamadou para advertirla y regresar a casa antes de que su padre volviese de la mezquita, a tiempo para servir la cena. Aquella noche había preparado un delicioso cuscús con carne de oveja, preparada a fuego muy lento con las mejores verduras que había encontrado en el mercado. Su familia todavía no lo sabía, pero la ocasión lo merecía. Había pensado no acudir a estudiar a su rincón esa noche, pero no podía malgastar ni un minuto, además, si no lo hacía “pequeño Mamadou” sospecharía, y no estaba preparada para enfrentarse a él.
    “El retículo endoplasmático es una red de membranas a través del cual se mueven las proteínas y otras moléculas. Las proteínas se ensamblan en orgánulos llamados…”
    - ¿Fatou?
    “¡Maldita sea!”, pensó ella, “justo ahora que conseguía concentrarme”.
    – ¡Vamos, corre! Baba ha salido hace rato de la mezquita, está a punto de llegar, tía Dialamba me ha entretenido por el camino, otra vez sus historias de espíritus y baobabs.
    Fatou se levantó sin decir nada y echó a correr con los pies descalzos tras su hermano que la aventajaba ya unos 20 metros. “Pequeño Mamadou” se confundía con las sombras, pero la luna llena permitía ver dónde poner sus pies para no tropezarse con las piedras ni pisar animales indeseables, como ya le había pasado con algún escorpión. Ese día no podía permitirse ningún fallo. La arena que había estado expuesta al sol todo el día todavía conservaba el calor y Fatou se detuvo unos segundos para enterrar los dedos de los pies en ella, al tiempo que giraba su rostro de ébano hacia la luna. Se dejó lavar la cara por la luz y se sorprendió cuando unas lágrimas asomaron a sus ojos, quizá no volvería a sentir aquello en mucho tiempo.
    - ¡Fatou! ¿Qué te pasa? ¡Si Baba llega antes que nosotros nos la vamos a cargar!
    Fatou reemprendió la carrera, 2 minutos después ambos estaban en el patio del recinto familiar. Fue directa a servir el cuscús y cuando su padre entró segundos después, ella intentó disimular que todavía jadeaba tras la carrera. Terminó de servir el bol familiar con mimo, y se dirigió con él a la choza de su padre, llamó a la puerta diciendo “con-con” y entró. Baba llamó a todos a cenar, lavaron sus manos y comieron todos juntos del mismo bol, como siempre.
    - Cuidado, está muy caliente – advirtió Fatou con cariño a los más pequeños, antes de que metieran sus manitas negras en el cuscús.
    Poco a poco fueron levantándose del bol y dando gracias a Alá por los alimentos que acababan de comer hasta que solo quedaron Baba y Fatou. Los niños se fueron acostando pero Fatou se quedó hablando con su Baba, quería aprovechar cada segundo.
    Horas después, mientras todos dormían, Fatou recogió su pequeño macuto, vació en él los pocos ahorros que había podido juntar el último mes y salió sigilosamente de casa, cogió la bicicleta de la familia y echó a pedalear, con la luz de la luna iluminándole el camino y la brisa de la noche secando sus lágrimas. En su cabeza se repetía en bucle la conversación que habían tenido hacía poco más de un mes cuando Boubacar había venido a pedir su mano. Baba había aceptado.
    - Boubacar es un buen hombre, no te faltará de nada.
    Pero no era verdad. Le faltarían los libros y sus aprendizajes, ella quería acabar sus estudios e investigar una cura contra las enfermedades que azotaban su comunidad, sabía que podía descubrir grandes cosas, lo sentía. Entonces lo decidió, se iría, y no volvería hasta haber terminado sus estudios. Desaparecería.
    A la mañana siguiente, cuando Fatou ya estaba lejos, muy lejos de casa, Baba encontró una nota:
    “Baba, perdóname, siempre has sido muy bueno con nosotros, pero prometí a mamá que cuidaría de vosotros y es lo que estoy haciendo, aunque no lo entiendas. Cuando haya terminado volveré. Lo prometo”
    y por detrás solo una anotación:
    “Lo siento por la bici”

    Los lances del cabezudo por un ovocito

    Los lances del cabezudo por un ovocito

    ―¿Cuántos habrá? No me atrevería a dar una cifra, parecen millones ―le dijo el Morico al Verrugón y al Torero, asombrado al ver la multitud que les rodeaba―, parece que la invitación de Dulcinea se ex-tendió rápido ―añadió según tomaba la suya para leerla de nuevo―: “Se aproxima mi mayoría de edad, y como marca la tradición, debo iniciar una nueva vida, pero necesito a un acompañante digno de com-partir mi destino; es por ello que todo aquel deseoso de reunirse conmigo deberá alcanzar mi fortaleza. El camino posee múltiples obstáculos que protegen mi hogar, mas sólo uno puede salir con vida; aguar-daré paciente vuestra llegada”.
    ―Vista la advertencia adjunta, lo más sensato es mantenernos unidos ―intervino el Verrugón.
    El Morico asintió. El Torero, sin embargo, se lanzó a la carrera sin previo aviso.
    ―Disculpad mi osadía, pero yo tengo claro que, si sólo uno será el elegido, debo darme prisa ―co-mentó mientras se alejaba.
    Ambos se sentían traicionados por lo que acababan de presenciar, pero no había tiempo para lamentar-se, debían emprender su camino hacia la cima.
    Parece que al Torero razón no le faltaba, ya que, de forma súbita, el tiempo empezó a cambiar, originán-dose de la nada un vendaval que dificultaba la marcha de los cabezudos y les provocaba una sensación de ardor intenso en la piel; se veía incluso a gente volar despedida hacia el mar, o caer desplomada al suelo por el dolor. Por si fuera poco, junto al viento apareció una oleada de caballeros blancos que apre-saban a todo aquel que se cruzara en su camino. La pareja de cabezudos corrió con gran brío para aban-donar lo antes posible esa infernal bienvenida. Por fortuna, en su huida localizaron unas cuevas introdu-ciéndose por las paredes.
    ―¡Por aquí, rápido! ―gritaron al unísono.
    Consiguieron refugiarse dentro y dejar atrás al grupo de guardias blancos. Aliviados, aunque sin aliento, decidieron tumbarse y, casualmente, al mirar al techo identificaron unos grabados: “Gigante blanco no ve senda viento luminoso, camino hacia hogar nueva vida”.
    Tras reponer fuerzas, retomaron su camino, y en esta ocasión, manteniéndose por una ruta próxima a las cuevas, ya que inspiraba un ambiente más seguro y calmado que la inicial. Pasados varios minutos, se abrió ante sus ojos un amplio y bello valle, aunque ese momento de éxtasis visual se vio interrumpido por un temblor del suelo, obra de un ejército de guardianes blancos que desfilaba en su dirección. Ante este momento crítico, el Verrugón avistó a los flancos del valle unos pájaros volando sobre unas co-rrientes de aire que emitían espirales de luz multicolor, luz que le evocó una imagen de aquel grabado de la cueva.
    ―¡Morico, hacia aquella corriente luminosa! ―exclamó― ¡Es nuestra única escapatoria de estos salvajes blancos!
    Ninguno de los dos tenía la certeza sobre esa afirmación, pero tampoco tiempo para dudar, por lo que sus piernas tomaron iniciativa propia. Ambos son excelentes corredores, no obstante, una piedra en el camino decidió interponerse entre el Verrugón y su salvación; su compañero no logró hacer nada por salvarlo, mas sólo pudo presenciar cómo era engullido por la avalancha de guardianes. Una gran frus-tración inundó su cuerpo, aunque sabía que arrepentirse no era la solución y, tras prometerse alcanzar la cima por su compañero, decidió continuar con su travesía por el viento luminoso. Al final del valle fue recibido por un ermitaño, quien le propone descansar en su cabaña.
    ―Solo los pacientes alcanzan la fortaleza, es mi señora la que elige el momento ―añade.
    Esa noche, en otro lugar, se distinguía una gigante silueta bajar con ritmo pausado por unas amplias es-caleras de mármol, y acto seguido, aparecieron en primer plano sus labios moviéndose. Al amanecer, se observó al ermitaño colocarle una pluma plateada en el sombrero al aventurero.
    ―Es la hora, mi señora espera ―dijo―. He aquí la llave de la fortaleza, y ante vos ―abre la puerta y llama a su caballo―, el único que conoce el camino hacia la misma, buena suerte.
    El Morico agradece la hospitalidad del ermitaño y parte hacia la fortaleza junto al veloz corcel. En el ca-mino se hallaba, apoyado sobre un árbol, un Torero derrotado ondeando una bandera blanca, pero su presencia fue obviada.
    ―Ya llegamos… todo gracias a ti ―reconoció el Morico cuando avistó la fortaleza.
    Al desmontarse, la pluma que le fue entregada comienza a brillar y alzarse, dibujando un intrigante sím-bolo en las puertas del castillo.
    ―Os estaba esperando ―resuena en el ambiente―, adelante, el verdadero camino acaba de co-menzar.
    Al instante, los dos portones de madera se abrieron progresivamente, dejando emanar desde el interior un haz de luz que, en pocos segundos, inundaría de brillo el lugar, fulgor con el cual, desde la distancia, vemos desvanecerse la silueta del cabezudo.
    ―Bienvenido seas, elegido.

    Los ojos

    Los ojos

    Había sido una noche como tantas otras: salir, beber, entrar a diferentes bares con la única finalidad de conocer a alguien, poder intercambiar un par de palabras con ella, varias copas… realizar un cortejo animal básico para conseguir que nos fuésemos juntos a mi casa o a la suya. Después me levantaría, me vestiría y me iría, con una sensación de vida que duraría poco, unas horas, a veces ni siquiera eso.
    Al día siguiente volvería a repetir el mismo ritual, siempre la misma sucesión de actos como si fuera el protagonista de Groundhog Day, en la que Bill Murray durante días vivía las mismas situaciones, una y otra vez hasta que conseguía ser poco a poco mejor persona y salir de ese túnel del tiempo.
    Yo no era cada día mejor persona, todo lo contrario, cada día incluso miraba menos a las mujeres que accedían por propia voluntad a compartir un rato de sexo conmigo: rubias, morenas, altas, bajas, delgadas, gruesas…al principio me fijaba en sus ojos, no me importaba el color pero sí esa experiencia vital que se ve a través de ellos, me atraían aquellos en los que la tristeza sobresalía, en los que la alegría rebosaba, en los que había un futuro esperando, en los que se había abandonado, en los que sobresalía la cobardía a enfrentarse a la vida o la necesidad de hacerlo constantemente. Yo imaginaba lo que les había ocurrido: las relaciones que habían tenido, los fracasos que habían experimentado, sus aspiraciones laborales, los problemas con sus jefes, con sus familias, las celebraciones importantes en las que esos ojos se habían emocionado. Y todo lo imaginaba porque mi regla era no hablar de nuestras vidas, no quería que me contasen nada relativo a ellas, porque no quería contarles nada sobre mi, sobre mis ojos vacíos de sentimiento y sensaciones que buscaba llenar durante ese rato compartido con ellas.
    Pero esa noche fue distinta, volví a fijarme en sus ojos, me atrajeron esos iris verdes, sin embargo, esa atracción no me conducía a imaginarme ningún sentimiento por el que pudiera haber pasado ella, me llevaban al vacío y a la vez a la necesidad imperante de encontrar algo. No compartimos bebida, ni palabras, nos miramos, nos acercamos y nos fuimos. Me cogió de la mano y me llevó a su casa, el corazón me iba a mil, mi cuerpo sentía la adrenalina que le proporcionaba el sexo antes de tenerlo. Subimos las escaleras, entramos en su habitación y no puedo contar con palabras lo que allí ocurrió un encuentro de unión, que parecía cambiar todo mi interior no en el sentido literal, sino real, mi sangre circulaba más rápido, mi cuerpo rebosaba energía, mi mente se liberaba de cualquier preocupación y sin embargo, se llenaba a pesar de haber estado vacía durante toda mi vida.
    Me quedé dormido, nunca me ocurría, dormí como no recordaba haberlo hecho. Me desperté, noté su cuerpo a mi lado, y pensé que me gustaría sentirlo cada noche. Me levanté para ir al baño, no hice ruido para no despertarla para intentar así que se quedara siempre conmigo y no huyera como lo había hecho yo siempre. Llegué al baño, encendí la luz y vi esos ojos verdes, apoyados en el lavabo, conectados a lo que parecía un cargador. Aquellos ojos sin vida que me la habían dado a mí.

    LOS SILENCIOSOS

    LOS SILENCIOSOS

    Os creéis inteligentes, pero no entendéis nada. Vais por el mudo pisando fuerte, pero no tenéis ni idea del universo que hay bajo vuestros pies. Como peregrinos ciegos, no veis más que el árbol. Sin ver el bosque.
    A los caminantes del cemento les decimos: nosotros somos la tribu que profundiza en la tierra. Nuestra magia está en nuestras raíces. Raíces centenarias.
    ¡Vigilad! Nuestro idioma es sigiloso, pero estamos intercomunicados. Cuidamos de nuestros hijos y si alguno de nuestros antiguos está herido, o moribundo, transmite su sabiduría al resto del clan. Somos un solo organismo.
    Nuestra complicidad es ancestral, pero vuestro egoísmo nos hace vulnerables: matáis a nuestras madres y nos cuesta sobrevivir. Cambiáis las reglas, y nos falta el agua, nos llegan las enfermedades, el fuego nos alcanza...
    ¡Abrid los ojos! Nuestro aliento os da la vida.
    Los silenciosos, ramas en alto, susurramos nuestro grito: "Parad un momento, para empezar a ver".

    LUCES FANTASMA: NOCTILUCA

    LUCES FANTASMA: NOCTILUCA


    La mar aun borboteaba en la lejanía, arropando los restos del navío en su gélido manto. Apenas era visible desde la chalupa, la cual medía no más que unos pocos metros y que se retiraba poco a poco de aquel silencioso espectáculo. En ella se hallaba una mujer, cuyas facciones se torcían en tonos blanquecinos y amoratados. A su lado, un muchacho alto y escuálido, desgañitándose en gritos de auxilio con no más respuesta que el ruidoso romper de olas contra el bote. El horizonte se presentaba opaco frente a los ojos del chico y la noche desdibujaba cualquier relieve de tierra firme. Toda ave se había alejado del plano, negándose a participar en un juego con los dados en blanco. Los ahogados alaridos del joven cesaron en su fallido intento, mientras contemplaba como la mujer desfallecía tirada junto a él. Su rostro no mostraba signos de vitalidad y el único indicio de vida palpable era el de sus heladas carnes temblando a la velocidad de un tarro repleto de abejas. En su más absoluta desesperación, el chico se desprendió de su chaquetón, tapando a su compañera y empezó a arremeter violentas brazadas contra la marea en dudosa dirección. El agotamiento crecía y el frío entumecía sus brazos, los cuales penetraban en el agua, delgados y rígidos, evocando el aspecto de dos ramas secas en el lecho de cualquier bosque.
    Con los ojos ya entrecerrados del cansancio, advirtió como sus zarandeos contra el agua desprendían un extraño centelleo. Chispas brotaban fruto de la fricción con el oleaje a cada impulso, como si el mar emitiese llamas azules. Aturdido y con el sabor del océano en los labios, apenas podía comprender lo que estaba ocurriendo. Las alucinaciones a causa de la fatiga y la deshidratación eran la única explicación razonable que le daban fuerzas a seguir remando e ignorar tal suceso. Pero en alzar la vista a la negrura, una cresta de fuego esmeralda oteaba en el abismo cual fantasma. Su aspecto era el de una luz vibrante que danzaba de una forma irregular. Sin más idea a la que aferrarse, decidió dirigirse hacia aquella lumbre incandescente. A cada aspaviento el dolor se tornaba insoportable y cada uno de sus huesos crujía, mezclándose con el sonido de las olas en harmoniosa agonía. Tal vez el mismísimo lucifer haría acto de presencia para arrebatarles lo poco que restaba de ellos en mitad de la aterida falla. El pánico y el frenesí se enredaron en su estómago hasta la náusea, cuajando en una breve y lamentable interrupción en su boga; esputando bilis.
    A cada milla rebasada, la estela esmeralda se volvía más intensa alrededor de la chalupa, la cual se aproximaba cada vez más y más a las flamas fantasma. Aquel embrollo de luces se tornaba intermitente y el ruido de la espuma deslizándose sobre la arena atravesó los oídos del muchacho como si de una serenata se tratase. Cuando estuvieron lo bastante cerca se esgrimió una extensa sonrisa en sus agrietados labios una vez advirtió la llanura. A unos pocos palmos de la arena cesaron sus esfuerzos. Receloso, asomó la cabeza por proa. El agua de la costa resplandecía como el corindón, reflejándose en su atónito semblante. Todo aquel escenario que habían creado sus delirios no eran más que las olas rompiendo en costa chilena. Pero por algún motivo irradiaban un misterioso fulgor en restallar contra las rocas. Tal escena no podía ser obra de un demonio sino una intervención divina. Sea como fuere no podía ser nada de este mundo. Tras unos segundos contemplando la orilla reaccionó. Descalzo, empujó la embarcación los últimos metros hasta encallar en tierra firme. El agua llegaba hasta sus canillas. De un salto se coló en el interior de la nave para ayudar a incorporarse a su madre. Sus extremidades se mantenían quietas y agarrotadas. Su piel era firme a la vez que pálida. Entre un mar de fuego su llama se había extinguido. La cara del niño se descompuso en un gesto ininteligible. Permaneció junto a ella y nada más. Le dedicó un beso en la frente como despedida y una lágrima que se diluyó bajo sus pies.

    Luciferasa, la cepa que solo quería brillar

    Luciferasa, la cepa que solo quería brillar

    - Silencio por favor!, somos miles de millones de unidades formadoras de colonias en este nicho, y si no mantenemos el orden no lograremos comunicarnos - exclamó con vehemencia una bacteria que, a decir por sus modos, parecía tratarse de alguien importante.

    - Ella es Verne, la más longeva de nuestra comunidad - le susurró una bacteria adulta a su hija, una pequeña cepa de Vibrio harveyi llamada Luciferasa.

    Luci, como la conocían en su familia, sabía de quien se trataba. En muchas ocasiones había escuchado hablar de Verne, la bacteria ancestral, la última descendiente del linaje de LUCA.

    - Silenciooo! - exclamó Verne nuevamente, para esta vez conseguirlo. Era el silencio más profundo que Luci hubiera percibido jamás, más profundo que el mismísimo océano Indico en el que se encontraban.

    - Tranquila Luci - le dijo su madre, pero ni siquiera ella lo estaba.

    Es que toda esa multitud se había congregado para debatir acerca de Luci y del próximo evento de quorum sensing que en breve tendría lugar. Ese era sin dudas el evento de la temporada, aquel que todas las bacterias anhelaban, el que ninguna quería perderse. Y claro, qué bacteria se perdonaría estar ausente el día en que, concertadamente, todas juntas fluorescerían a escala global, generando mares brillantes del tamaño de países.

    De repente, Verne volvió a tomar la palabra para dirigirse a la audiencia. Y luego de mencionar algunos lineamientos generales, volteó su mirada hacia Luci. Era, definitivamente, el momento que estaban esperando…

    - Como todas saben, desde hace un tiempo hemos estado evaluando la situación particular de una de las bacterias de nuestra comunidad y su inclusión en el próximo evento de quorum sensing - exclamó Verne, y enseguida continuó…

    - Luego de un extenso debate junto a especialistas, y teniendo presente que el bien colectivo está por encima del bien individual, hemos llegado a la conclusión de que la incorporación de esta bacteria podría perjudicar notablemente nuestra reproducción y atentar contra nuestra supervivencia como especie. Por lo tanto, con profundo dolor hemos de comunicar que su participación quedará terminantemente prohibida…

    Evidentemente Luci no era una bacteria wild type. Su genoma era levemente diferente a los demás. Por algún evento poco frecuente de transferencia horizontal de genes y mutación, Luci acumulaba pequeñas variaciones en genes necesarios para el quorum sensing y la emisión de fluorescencia, haciendo que fuera fenotípicamente distinta.

    La madre de Luci se acomodó a su alrededor, ante la atenta mirada de sus hermanas y su abuela…

    - Luci, quizás ahora no lo comprendas y hasta sientas que no eres parte de esta comunidad, pero tú siempre serás una de nosotras - comenzó su abuela.

    - Es fácil decirlo, todas me hablan como si hubieran pasado por ello, como si supieran de que se tratara, pero la realidad es que esto solo me está ocurriendo a mi - replicó Luci, quien luego de esas palabras se envolvió en el flagelo polar de su abuela, llorando como nunca antes lo había hecho, exteriorizando así cada segundo de su vida en el que se había sentido excluida.

    - Pero Luci, mi querida Luci - continuó su madre emocionada - si supieras que todos nuestros comportamientos sociales actuales, e incluso la quimioluminiscencia, surgieron de la sumatoria de eventos de mutación, en bacterias que no encajaban, quizás entonces entenderías que ser distinta al resto está bien.

    - Si mamá, pero dices eso porque la distinta no eres tú, porque no eres tú la que no encaja, y porque mañana tú podrás ir a emitir fotones de luz fluorescente junto a todas las demás - dijo Luci entre lágrimas.

    - Quizás la evolución tiene preparado para ti algo mucho más importante que fluorescer, solo que quizás aún no ha pasado el tiempo suficiente para que lo veas - respondió su abuela.

    Pero a estas alturas cualquier intento por consolar a Luci sería en vano. Y aunque ella realmente valoraba el esfuerzo de su familia por animarla, se sentía completamente sola, incomprendida. Luci era una cepa eventualmente improbable, pero su esencia era igual a la de cualquier otra bacteria joven de su colonia. Ella no pretendía destacar, sólo quería ser una más.

    Se acercaba la hora del tan esperado evento. Luci comenzó a batir torpemente su flagelo, y nadando lentamente les deseó suerte a las demás. Su familia la contemplaba mientras se alejaba, pensando que quizás no la volverían a ver jamás, pensando si realmente su camino evolutivo sería el que ella merecía. El silencio las envolvió nuevamente. Luci ya no iba a detenerse, pero a pesar de todo seguiría imaginándose junto al resto, maravillada en su primer quorum sensing. Para ella era imposible evitar la nostalgia, porque a pesar de todo era una cepa que solo quería brillar.

    Malos tiempos para la lírica

    Malos tiempos para la lírica

    -Estamos en el año 2119, Martín. Ya no puedes decir ciertas cosas de los androides.
    -Tampoco creo que sea para tanto, ¿no?
    -No es el lenguaje que se espera de un presidente del gobierno.
    -Exageras.
    -Llamaste máquina al entrevistador.
    -Es que es una máquina.
    -Esa palabra los incomoda, les hace sentirse reducidos a su condición mecánica, te lo he explicado cientos de veces.
    -Qué barbaridad, últimamente no se puede hablar sin molestar a nadie.
    -Sólo piden un poco de respeto.
    -¿Respeto? ¿Insinúas que yo no los respeto? Claro que los respeto. De hecho, algunos de mis mejores amigos son androides.
    -Ah, ¿sí?
    -Por supuesto, lo que pasa es que tú no los conoces. Y, ¿sabes qué? Entre ellos no tienen reparos en llamarse máquinas los unos a los otros.
    -Ya, pero tú no eres un androide, así que hazme caso y no emplees términos que puedan causarnos problemas.
    -¿A ti no te agota esta era de ofendidos?
    -Oye, no me malinterpretes. Yo opino igual que tú, pero ahora estamos en una posición pública y debemos tener cuidado.
    -Qué difícil es todo. En ocasiones pienso que habría sido mejor vivir hace un siglo. Seguro que entonces no andaban preocupándose con estas tonterías.
    -Bueno, te recuerdo que en esa época los humanos estaban a punto de cargarse el planeta.
    -Es cierto. Menos mal que los delfines nos hicimos cargo de la situación.
    -Sí, menos mal. Menos mal.

    Mamá cuántica

    Mamá cuántica

    El famoso físico y premio Nobel, Richard Feynman solía decir: «Si crees que entiendes la física cuántica, en realidad no entiendes la física cuántica».
    Los otros días leía el periódico en la sección de ciencia, cómo los investigadores intentan realizar experimentos muy complejos para explicar ciertas particularidades de la materia a nivel subatómico. Al parecer, el mundo de lo diminuto se comporta de manera muy diferente a como lo hace el mundo macroscópico, donde vivimos.
    ¿O no?
    Mientras leía el artículo, se me venían imágenes de mi niñez y entonces lo vi claramente: Mi mamá se comporta como una partícula subatómica. ¡Claro! Es tan simple que cuesta creer que no lo haya entendido antes.
    Mi mamá tiene esa dualidad onda-partícula: tiene esos cambios de humor que oscilan como las ondas de un estanque. Me acuerdo de niño, que estaba muy contenta de que la ayudase a cocinar, pero de un momento al otro me estaba regañando por haber desparramado la harina por todo el suelo. Ya lo ven, «buena onda» cuando la ayudaba, pero las partículas de cuero de su sandalia impactando contra las partículas de mi trasero, eran muy reales en el mundo macroscópico.
    Seguía leyendo y mencionaban el espín: no creo que me haya quedado claro qué es realmente un espín, pero sería algo así como cuánto debe girar una partícula para que vuelva a la posición original. Cualquier físico diría: «Fácil, debes girar 360 grados para quedar en la posición original, por lo que tienes un espín de valor 1». Pues mi madre tenía varios espines. A veces tenía espín de valor 2: giraba 180 grados, me daba su espalda, y por algún fenómeno inexplicable de la cuántica, sabía lo que yo estaba haciendo, como si tuviese ojos en la nuca. Usualmente estaba haciendo alguna travesura, con lo que volvía a sentir las partículas de su sandalia en mi trasero. A veces, cuando de pequeño la llamaba innumerables veces para que viese lo que estaba haciendo, tenía espín de valor ½: necesitaba dos giros completos para volver a su posición original. Claro, en el primer giro no me veía, estaba ocupada con los quehaceres de la casa…
    Otro de los principios que mencionaba el artículo que leí era el de la «incertidumbre», ese por el cual no se puede saber —a la vez— la velocidad y posición de una partícula, sino una sola propiedad por vez. Ahora bien, mi madre habrá tenido sus incertidumbres, pero siempre supo exactamente dónde estaba yo, y a qué velocidad me movía, e incluso hacia dónde iba. Y aún lo sabe porque ella siempre está ahí. Es decir que incertidumbre, en su relación conmigo, nula. Pero lo interesante del principio de incertidumbre es que no se puede saber con precisión la velocidad y la posición de una partícula, porque esta existe en estados solapados. Es decir, puede estar en dos lugares a la vez. ¡De eso sí sabe mi mamá! De niño, ella siempre estaba en dos cosas, o más, a la vez: ocupándose de que haga los deberes del colegio mientras cocinaba; ocupándose de mi salud a la vez que ella trabajaba; atendiéndonos a mí y mi hermana, acomodando la compra a la vez que me regañaba y me decía «te regaño porque te quiero» (he ahí una vez más la dualidad), y tantos otros ejemplos que les sonaran familiares.
    Pero, al seguir leyendo aquel artículo, la propiedad cuántica que más llamó mi atención fue sin duda la del «entrelazamiento cuántico», aquella propiedad que estipula que al afectar una partícula, otra partícula que está «entrelazada» con la primera, también sentirá la perturbación sin importar la distancia que las separa. Al leer eso, mi madre me vino a la cabeza inmediatamente, y no solo de niño, sino hasta el día de hoy. Sé bien que cualquier cosa que me suceda a mí (una simple partícula), mi mamá lo percibirá y lo sabrá al instante y sin que yo se lo diga, ¡y estamos a más de diez mil kilómetros de distancia! Algunos lo llaman amor, otros, instinto maternal. Yo lo llamo «entrelazamiento cuántico maternal», y es real en el mundo donde vivimos.
    Les digo la verdad, yo no sé si realmente entendí algo de aquel artículo que leí. Posiblemente, como lo dijo Richard Feynman, ni me enteré de que va la física cuántica. Pero les aseguro dos cosas: Uno, mi mamá tiene propiedades que son de otro mundo, y seguramente las de ustedes también. Y dos, por más que no entienda de física cuántica, al menos entendí de la importancia de la ciencia que la estudia.

    Memorias del sotomueble

    Memorias del sotomueble

    –Mamá, yo sé que le tienes mucho cariño al gato, ¿pero no ves todo el pelo que suelta? No puedo barrer tu casa cada día y…
    –Y qué quieres que haga, ¿que lo regale? Bueno, sí es verdad que hay bastantes pelusas, pero…
    –Eso ya no son pelusas, mamá, solo les faltan patas para salir andando. Pero si no quieres deshacerte de la bestia, creo que tengo otra solución…

    Allí agazapada tras la puerta, la horripelusa Francis observaba el salón con sus ojos horripelusiles. Podía sentir en sus ácaros que se acercaba la hora del sustento. Echó un vistazo hacia el sofá; la amenaza que allí se escondía le devolvió la mirada con ojos depredadores. Eran horripelusas de sotosofá, muy diferentes de las del parqué, grandes y densas, con largos cabellos entrelazados con las finas hebras del animal creador.
    Pronto, éste vendría a alimentar a todos los habitantes del ecosistema de sotomueble con sus mechones de muda. Todas estaban esperando ese momento.
    Mientras observaba, Francis hizo balance de la última incursión del gran depredador. La escoballena se había llevado a todos aquellos que no pudieron esconderse a tiempo. Sus largas barbas filtradoras habían seleccionado una vez más a los incautos y a los tardones para la extinción.
    De repente se le erizaron los ácaros de la nuca, por el rabillo del ojo vio como una de sus hermanas más jóvenes salía de debajo de la sotosilla. Desde allí había visto llegar al animal creador.
    ¡No! ¡Todavía no! Dijo Francis para sus adentros. Una horripelusa depredadora se abalanzó desde el sotosofá y la incauta fue devorada en una nube de polvo.
    El sotomueble es un ecosistema despiadado.
    El ronroneo del gato puso todas las horripelusas en alerta. El animal irrumpió con un salto precipitado y aprovechó para rascarse en la pata de una silla, soltando un buen mechón de pelos. Luego se detuvo a rascarse detrás de la coronilla con una de sus patas posteriores. El pelo caía a cada gesto. Con un salto final el gato salió de la habitación.
    Francis se precipitó junto a sus hermanas hacia todo ese manjar. Sus ácaros se agitaban de emoción. Rodó veloz sobre sus escamas de piel muerta e hizo acopio de tantos pelos como fue capaz de asimilar. Siguió rodando grácilmente con sus patas horripelusiles hasta que alcanzó de nuevo la seguridad de la puerta. Se planteó volver a salir, aún había muchos pelos en el suelo, pero su instinto le hizo esperar. Notaba temblar el suelo, cientos, miles de patas galopando al unísono.
    Una estampida de peces de plata irrumpió en la habitación invadiendo todos los rincones y arrollando a todas las horripelusas que aún se alimentaban en el parqué.
    ¡Qué modales! Pensó Francis. ¡Y qué raro también, no suelen mostrarse en pleno día!
    Sin embargo, pronto fue patente que los pececillos de plata no estaban allí de paseo, huían, huían de una nueva especie nunca antes vista. A paso lento, entró un disco con patas circulares y aliento aspirante.
    El sotomueble contuvo la respiración. El disco puso rumbo hacia la sotomesa, sin detenerse ni vacilar. En su camino había aún muchas horripelusas dándose un festín de pelos. Detuvieron el ágape para mirar fascinadas esos bigotes danzantes. Muchas de ellas se acercaron, con curiosidad. Se asomó la primera a sus fauces y fue absorbida por un viento de olvido.
    ¡Se desató el caos! ¡No tenían a donde huir! Trazando un rumbo zigzagueante, el nuevo depredador acabó con las pelusas y su fuente de alimento.
    Esa especie invasora reestructuró el ecosistema del sotomueble. Ya no hubo más pelos ni escamas de piel de las que alimentarse. Las horripelusas supervivientes se vieron empujadas a un canibalismo fútil. Al cabo de una semana, solo sobrevivían unas pocas de ellas, que tenían los días contados.
    Francis aún sobrevivía, pero estaba sola. No se atrevía a salir de detrás de la puerta. Había adelgazado, los ácaros la habían abandonado. Hambrienta, no pudo resistirse a salir de su escondite al ver pasar a la bestia creadora. Pero se había vuelto tan liviana que el trote del gato la elevó por los aires. Una corriente la llevó más allá de la ventana hacia el exterior desconocido.
    Justo antes de cruzar el umbral de la ventana se giró y gritó: ¡Venganza!

    –Funciona bien, ¿verdad?– dijo el hijo –hice bien en regalarte la Roomba, ¡no me dirás que no!
    –No sé, cariño, donde esté una buena escoba…
    –Mamá, admítelo, no has vuelto a ver esas horribles pelusas, ¿no?
    –Sí, es verdad, pero ahora lo encuentro todo, no sé, más baldío– la anciana sin embargo sonrió a su hijo –no me hagas caso, me hago mayor…

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    Mi asistente de páginas web

    - Buenas tardes a todos! Después de mucho trabajo les podemos presentar a Prontovac! Esta aplicación, que está basada en Inteligencia Artificial, puede crear páginas web de manera automática, con sólo decirle lo que quieres.
    - Jefe, Jefe! Es eso cierto? Va a entender cualquier cosa que le pidamos y lo va a crear?
    - Claro, eso es lo que hace. Hemos trabajado muy duro por un par de años para lograr que esta aplicación funcione y sea totalmente automática!
    - Guau! Eso ayudaría muchísimo para poder hacer lo que queramos!
    - Así es...analista principal, su turno para probar nuestro magnífica aplicación.

    - Analista: Prontovac, necesito crear una página web
    - Prontovac: Especifique como quiere la pagina web
    - Analista: Bien, quiero que me crees una pagina web que muestre todos los libros de la biblioteca
    - Prontovac: Está hecho, revise por favor
    - Analista: bueno está bien, me muestra todos los libros, pero hay demasiados libros. Por favor añade unos filtros.
    - Prontovac: Está hecho, revise por favor
    - Analista: Prontovac, Cuando dije filtros me refería a opciones para buscar libros, no a filtros de fotos.
    - Prontovac: Especifique como quiere la pagina web
    - Analista: Prontovac, quiero que le añadas opciones de búsqueda antes de mostrar todos los libros.
    - Prontovac: Está hecho, revise por favor
    - Analista: Déjame revisarlo...Prontovac, no funciona!
    - Prontovac: Especifique el problema
    - Analista: Me aparecen todos los filtros, pero la búsqueda no funciona!
    - Prontovac: La solicitud fue que aparezcan las opciones de búsqueda, no que funcionen.
    - Analista: Grrr. Está bien. Por favor, haz que las opciones de búsqueda aparezcan y funcionen.
    - Prontovac: Está hecho, revise por favor
    - Analista: Prontovac, está demorando demasiado! Cuando filtro por tipo de libro no termina de buscar.
    - Prontovac: El proceso de búsqueda demora 10 minutos
    - Analista: Cómo? Porqué tanto?
    - Prontovac: La búsqueda se realiza libro por libro
    - Analista: oh Dios! Así se demorará demasiado y consumirá demasiada energía!
    - Prontovac: La solicitud fue que funcione, no que sea rápido
    - Analista: Bien, quiero que la aplicación sea más rápida.
    - Prontovac: Está hecho, revise por favor
    - Analista: Al menos ahora sí funciona. Pero la pagina se ve muy complicado, quiero que sea más amable para el usuario.
    - Prontovac: Está hecho, revise por favor
    - Analista: Prontovac, cuando te dije que necesitaba una pagina web amable me refería a que su apariencia sea facil de uso para las personas, no que la pagina muestre caritas felices!!
    - Prontovac: La solicitud fue que sea amable. Especifique detalles adicionales.
    - Analista: Ojalá entiendas esta vez....quiero que la pagina sea mas facil de usar para las personas, es decir, que el diseño sea simple, coloca algunas imágenes, y que se vea bien.
    - Prontovac: Está hecho, revise por favor
    - Analista: Prontovac, no de nuevo!! Toda la página está llena de imágenes demasiado grandes! Además, no creo que a los usuarios les guste ver las foto de nuestro jefe en la playa (q horror!!!). Y no quiero saber de dónde lo conseguiste.
    - Prontovac: Especifique con detalle...
    - Analista: Prontovac sabes una cosa? Creo que mejor yo haré

    - Y analista, que le pareció?
    - La verdad está muy bien pero...esta Inteligencia Artificial no sirve para nada!!

    Nankurunasia

    Nankurunasia

    Desde que era pequeño, siempre que el futuro era opacado por una ola de oscuridad, mis mayores solían decir entre risas “ Nankurunasia “ lo cual significaba que el tiempo todo lo arreglaba... Ellos no lo sabían, pero estaban totalmente equivocados.

    Mi generación tuvo la mala suerte de existir en un mundo que presenciaba sus últimos momentos de vida, pero la suficiente suerte para convivir con el mayor genio de la historia, alguien que había sido capaz de llevar a cabo la creación de aquella máquina que nos volvería dioses, la única que nos permitiría cambiar nuestro destino, la máquina del tiempo, la herramienta suprema con el que la humanidad esperaba ser salvada.

    Vaya que éramos bastante ignorantes.

    Tenía la misión de volver a momentos históricos que se pensaba podían cambiar el curso de la historia, tales como la expansión Mongola, debido a que el 10% de la humanidad pereció en las guerras y junto con eso una gran parte de la población alfabetizada de Afganistán junto a su herencia escrita. En aquel suceso China perdió la mitad de su población tardando casi un siglo en recuperarse, convirtiendo algunos tratados en textos incomprensibles que sólo se pudieron entender siglos después. Evitar que Mongolia iniciara la expansión significaba un gran avance en la ciencia, motivo por el que fui enviado a interceptarlos.
    Luego salté al siguiente suceso, el Y2K, aquel error informático que amenazaba con regresar todas las cuentas bancarias a 0 a nivel mundial, sucederían cortes de electricidad causando muertes en los hospitales, los aviones caerían del cielo al fallar su sistema, entre otras cosas, motivo por el cual se invirtió un enorme capital para evitarlo. El dinero usado fue mayor al necesitado para reparar los estragos que provocaría el error, mismo que no sucedió, por lo cual debía evitar la inversión.
    Finalizando necesitaba neutralizar aquel virus que azotó a la población en el 2025, una variante de la conocida Peste negra. Debido a que no podía evitar su existencia, tuve que dar la cura y explicar a los científicos de aquel tiempo el cómo funcionaba, además de asegurarme que fuera inyectada en la población donde había surgido.

    En ningún momento de mi viaje observé el resultado de mis acciones, esto debido a que si me quedaba demasiado podía suceder un colapso temporal ya que yo no pertenecía a ese tiempo. Queria ver cómo había cambiado mi época , tenía esperanzas y la idea de ser el salvador era algo que causaba una emoción indescriptible.

    Mi sorpresa fue demasiado grande, cuando al regresar me encontré con la nada.

    Busqué los registros de la historia por medio de la máquina del tiempo, encontrándome con la sorpresa de que todo había salido mal desde el primer momento. Deteniendo a Mongola evité la gran reducción de población, los recursos se agotaron más rápido a comparación con la historia que yo conocía, el conocimiento avanzó a un ritmo acelerado causando guerras por el mismo, asesinatos y secuestros que causaron que la ciencia se frenara.
    Tal y como esperaba, la inversión en el problema Y2K nunca sucedió, lo cual permitió tener un gran capital para otras cosas, lo malo fue que el error si sucedió. Provocó muchas muertes y desapariciones de varias ciudades, además del descontento de muchas empresas y ciudadanos, llevando a las guerras civiles.
    Todo ello había formado parte de que ahora me encontrara en la nada, pero el mayor impacto fue causado cuando di la información sobre el virus, a pesar de que la cura fue usada, la gente de aquella época comenzó a estudiar más a fondo lo que quedó del virus y se desató una guerra de enfermedades la cual acabo con lo poco que quedaba de vida en nuestro planeta. Se que pensarás que si vuelvo al pasado y corrijo mis errores todo se arreglará, pero no es así ya que el tiempo no lo arregla todo, solo nos atrapa en su falsa esperanza volviéndonos sumisos y dependientes, en el momento que uses la máquina ya habrás condenado a la humanidad como lo hice yo.

    Este es el video 2356 que grabo, pero es el primero que hago y tú serás el siguiente en sumarte a la lista, debido a que sin importar que te diga pensarás que podrás evitar acabar como yo, pero la verdad es que el tiempo nos alcanzó y nos condenó a vivir en un bucle.

    - La transmisión terminaría con aquellas palabras, aquel soldado no podía creer lo que acababa de ver por lo que se negaba a aceptar que sus yo del futuro habían viajado y fracasado, les pensaba demostrar que a pesar de ser la misma persona él sería diferente a todos ellos. Sin más, la máquina del tiempo fue encendida y en el momento que desapareció, el lugar donde estaba se había convertido en la nada. -

    No podía funcionar

    No podía funcionar

    Eran ya las 7 de la tarde cuando el profesor Lejarri entró en su estudio. Todo el día dando clase, promoviendo la curiosidad y la inquietud en sus alumnos, con la esperanza de que todos ellos se fueran de su clase haciéndose más preguntas que cuando llegaron. “Lo importante no es lo que uno sabe, sino preguntarse qué cosas quedan aún por saber” solía decir a sus alumnos desde el primer día de clase, aquello había sido inculcado en él por su profesor Valbuenis.
    Tras dejar al lado de su mesa su cartera, llena de exámenes y trabajos de alumnos (junto con las esperanzas de estos) y algún papel sobre su “investigación” (o reflexiones sobre la misma) se sentó en su silla de madera y piel, cerró los ojos y respiró profundamente.
    Pensó, como tantas otras veces en recambios, y lo fácil que era para un vehículo sustituir una pieza por otra, ¿por qué no podría hacerse lo mismo en seres humanos? Se había intentado descelularizando órganos y recelularzándolos con células del receptor, devolviendo células a estado pluripotencias y dirigiéndolas luego hacia la fabricación del órgano en cuestión, pero todas eran técnicas que requerían de un exquisito control de las condiciones; transplantes xenógenos dependientes del nivel de compatibilidad.
    Su “investigación” versaba sobre la posibilidad de, una vez devuelta a una célula su carácter totipotencial, regenerar un “protoser” (como él lo denominaba) a partir del cual pudieran “auto”-transplantarse los órganos requeridos. Indudablemente esto generaba un dilema ético y moral de proporciones épicas, como ya se había previsto cuando se logró clonar a la famosa oveja Dolly, pero el profesor había ido un paso más allá.
    ¿Por qué solo sustituir ciertos órganos defectuosos por otros? Pues la edad del individuo seguiría siendo la misma, y el resto de órganos estarían más envejecidos que el sustituido, “¿por qué no sustituir la conciencia, los conocimientos y todo aquello que nos distingue de una máquina a un nuevo receptáculo, más joven pero conocido por la propia consciencia?”
    Y eso era lo que en realidad le quitaba el sueño. Durante años, había pensado en combinar propiedades de distintas especies para lograr la inmortalidad (cuántos lo soñaron antes que él, la eterna búsqueda del elixir de la vida eterna, venido desde la piedra filosofal por los antiguos alquimistas), pero sus intentos habían sido infructuosos.
    Más aun, parecía que la naturaleza conjurara contra él para que sus fracasos fueran lo más dolorosos posibles, cuando ya todo parece funcionar. Recordó entonces uno de sus primeros ensayos, introducir cloroplastos en una célula animal con la esperanza de que esta pudiera hacer fotosíntesis, ¡y había funcionado! El siguiente paso fue probar con un organismo más completo, un platelminto (un gusano plano), ¡y había vuelto a funcionar!
    Decidió probar ahora con un organismo más desarrollado, y escogió un primate para llevarlo a cabo, y ahí fue cuando la cosa empezó a torcerse. Estaba claro que el primate debería “pintarse de verde” (efecto de los cloroplastos), incluso era preciso modificar ligeramente la dieta, para que no le faltaran nutrientes. Pero que le atacara un virus propio de las plantas, era demasiado. Y así sucedió cada vez que trato de replicar los experimentos a escala casi definitiva.
    Solo la idea del “cambio de cuerpo” se había mantenido durante mucho tiempo como válida, y las pruebas que habían realizado incluso con animales superiores habían sido satisfactorias. Es cierto que la computación cuántica había ayudado al desarrollo del almacenador/transfusor y todo el mundo próximo a su equipo estaba muy emocionado.
    Pero al profesor Lejarri había algo que no le terminaba de sonar bien. Se había discutido mucho sobre la posibilidad de que algo en el proceso pudiese fallar y que ocurriría entonces, por lo que habían decidido que el proceso se llevara a cabo sin la intervención de ser humano alguno, mediante la intervención de una IA.
    Y cuando el profesor Lejarri quiso probar su invento, este falló, y su conciencia sirvió para aumentar la IA que controlaba todo el proceso. Porque, al fin y al cabo, ¿por qué querría la madre naturaleza que ciertos seres fueran “inmortales”?

    FIN

    Nobel a la normalidad

    Nobel a la normalidad

    El trasiego de la organización se intuía al otro lado de la puerta. En el piso de abajo, el auditorio se iba llenando de gente poco a poco. Este año, la sala Nobel contaría con aforo completo, volverían a escucharse los aplausos en directo y los cuchicheos entre los asistentes a la gala, desprendidos de mascarillas y de distancias de seguridad.
    Acorralada por la emoción del momento, se rindió ante el peso de sus recuerdos, y se dejó ir por el laberinto de casas de adobe de su ciudad natal, Kisújszállás. Su mente la lleva hasta la carnicería de su padre, pegada al colegio y siempre populosa. A la salida de las clases, esperaba en la puerta del comercio, mientras miraba hipnotizada las manos diestras de su padre cortando vísceras, corazones y órganos de distintos animales. Siempre había pensado que, en aquella carnicería, entre restos de sangre y carne, se había creado el caldo de cultivo idóneo para su precoz vocación científica. La populosa y animada carnicería distaba mucho del silencio tenso y rotundo que impregnaba el aula antes de comenzar cada clase de Bioquímica en la Universidad de Szeged. Fue en una de esas lecciones donde el químico orgánico Jenő Tomasz, le presentó a la molécula a la que dedicaría su vida y que salvaría otras tantas: el ARN mensajero. Esa molécula conocida ahora en cada rincón del mundo, en todos los hogares y por personas de todas las edades sería la protagonista de su tesis doctoral y de toda su vida. Sonrió para sí, indultando la ingenuidad de aquella estudiante de doctorado a punto de enfrentarse a un reto mucho más complejo de lo que nadie imaginaba. Corría el año 1982 cuando al otro lado del telón de acero, en el salón de actos del Departamento de Bioquímica de la Universidad de Szeged, tan grande como impersonal, defendía su tesis doctoral sobre la efectividad de pequeños ARNs sintetizados a medida en diversos tratamientos antivirales.
    Miró por la ventana de la habitación, había empezado a nevar. Tímidos copos comenzaban a amontonarse en los tejados de Estocolmo. La paz que inspiraba el bucólico paisaje exterior contrastaba con su estado de ánimo, cada vez más inquieto, más tenso. De repente, esa sensación de incoherencia entre sus sentimientos y el ambiente exterior la llevó hasta la Universidad de Pennsylvania. El experimento
    había vuelto a salir mal. Esta vez, su jefe no tendría tanta paciencia; los referees, aún menos. Y ya se sabe que, sin artículos punteros, la financiación no llega. Sin pensarlo mucho escribió un mail rápido a su jefe con la cantinela que se venía repitiendo desde hacía ya varios años: el ARN mensajero inyectado a ratones seguía produciendo una reacción inmune exagerada, haciéndolo ineficaz como terapia antiviral. La respuesta no tardaría en llegar y, a primera hora de la mañana siguiente, a la bandeja de entrada
    llegó el mensaje que tanto tiempo llevaba temiendo: "Esta línea de investigación está acabada. Si sigues empecinada en continuarla, no habrá más financiación y, desde luego, tu puesto de profesora pasará a estar vacante". ¿Su puesto de trabajo o el tema de investigación de su vida? No lo dudó: el ARN mensajero.
    Sentada repasando el discurso que habían ensayado incontables veces, recordó una vez más cuánto le debía a su colega Drew Weissman. En una fotocopiadora pérdida del departamento de Bioquímica de la Universidad de Pennsylvania, Drew se afanaba en escanear un artículo. Cuál sería su sorpresa al ver que se trataba de un reciente artículo sobre la terapia antiviral con ARN mensajero. No pudo contenerse y la conversación empezó a fluir como si se tratara de una hebra de ARN. A partir de ahí todo empezó a encajar. El interés de Weismann por su trabajo la animó a continuar y juntos pudieron demostrar que, modificando una sola letra en la secuencia genética del ARN, podía lograrse que no se generase inflamación. Cambiar una simple letra, lo cambiaría todo. Un par de años después una pequeña empresa alemana –BioNTech–, la ficharía como científica para que pudiera desarrollar finalmente vacunas para virus basados en el ARN mensajero.
    Esas vacunas que a día de hoy han sido inoculadas al 100% de la población mundial, que vuelve a
    disfrutar de los grandes placeres prohibidos durante el imperio del covid-19. Esas vacunas que han hecho que la humanidad haya sido capaz de superar una pandemia global y de derrotar a un enemigo invisible que ha supuesto el mayor desafío planetario de los últimos tiempos.
    Vuelven a llamar a la puerta:
    –Katalin, eres la siguiente.
    En ese momento, desde la Sala de Conciertos de Estocolmo, le llegó nítidamente:
    –Y a continuación, el premio Nobel de Medicina 2022 será otorgado a Katalin Karikó por su trabajo en el desarrollo de vacunas basadas en la tecnología del ARN mensajero.

    Números

    Números

    Aquel martes, en la escuela, aprendieron el 100. Lo escribió varias veces, con cuidado, justo encima de las líneas celestes de su cuaderno. Y, algún día después, se vio sustituyendo los dos ceros por nueves. Luego, el uno por un nueve. 999. ¿Y si le añadía un 9 más? Ese era un número mucho mayor que cualquiera que le hubieran enseñado en clase. ¿Cuál sería el mayor número capaz de escribir?

    En menos de una semana agotó el primer cuaderno, rellenando hojas y hojas de nueves. Las primeras páginas estaban cubiertas de nueves redondos y ordenados, con una hermosa caligrafía, que se fue descuidando a medida que completaba el cuaderno. Cuando escribió un nueve en la esquina de la última página, sintió un pequeño sobresalto, un vuelco al corazón, como cuando olvidas las llaves de casa nada más cerrar la puerta. Pero respiró profundo, miró a su alrededor, y empezó un cuaderno nuevo.

    En cuestión de meses agotó los cuadernos de casa, incluso terminando los empezados, usando los folios sueltos, pintando la agenda de contactos de su madre, los márgenes de los periódicos. Hasta que llegó un día en que no quedaba un hueco de papel sin rellenar… Y escribió un pequeño 9 en la esquina de su mesa. Y después otro. Y otro 9. Y cubrió la mesa de homogéneas líneas de nueves, con la esperanza renovada de escribir un número gigante, ahora que la cifra no dependía del papel, sino de la superficie donde escribirlo.

    Y, entonces comenzó a escribir nueves en el resto de los muebles, en las patas de las sillas, en las lámparas, en las puertas. Cubrió las ventanas con nueves de múltiples formas y tamaños. Había nueves en los huecos de los radiadores, en las macetas de las plantas, en los azulejos del baño, en el espejo del hall. Usó incluso los platos, las copas de cristal de bohemia (en estas los pintaba con extrema delicadeza para no romperlas), los ceniceros o las sábanas.

    Llegó un momento en el que no le quedó más remedio que seguir por el descansillo. Los vecinos protestaban al ver las paredes, buzones y puertas repletas de nueves. Pero nadie podía pararla. Extendió su tarea al colegio. Pintó nueves en pizarras, bancos, extintores y escaleras. Cubrió las campos de fútbol y de baloncesto, las baldas de las espalderas del gimnasio, los grifos del baño, los retretes. Desde Febrero hasta final de curso no se pudo proyectar nada en el salón de actos, ya que ni siquiera la gran pantalla quedó libre del asedio.

    Un día, volviendo a casa, se fijó en los muros de su ciudad. Estaban en cada edificio. Los llenó de nueves, a menudo subiendo por balcones de forma arriesgada. Superó el miedo a las alturas; los tejados de la ciudad se convirtieron en el lienzo en el que escribir el mayor número de la historia. Desde ellos, observó el inmenso paisaje y decidió comprar pinturas especiales para para carreteras.

    Recorrió kilómetros durante años, pintando nueves en los caminos y paredes del mundo. Aprovechaba incluso los viajes, ya fuera en barco, en tren o en avión, para dejar su novena huella en el correspondiente medio de transporte. Pasados los años, llegó a desarrollar técnicas para tallar nueves de manera rápida en las duras rocas de las montañas o para grabarlos en las volátiles arenas de los desiertos. Ninguna superficie del planeta quedaba libre de su objetivo.

    Hasta que, una noche, en el altiplano, mirando la luna en un cielo de cuento, observó su cráteres y su blanco suelo. Las miles de estrellas brillando a su lado, rodeada, cada una de ellas, de enormes planetas, con inmensos espacios en los que escribir nueves, nueves, y más nueves… Y entendió, con calma (y un poco de vértigo), a que se refieren con el infinito.


    Para la Helena que descubrió el infinito en clase de Lengua

    Obsolescencia programada

    Obsolescencia programada

    No era la primera vez que me sometía a un trasplante. Años atrás había perdido la pierna derecha en un accidente de moto. Los médicos lo habían descrito con crudeza: “Miembro inferior derecho catastrófico. No susceptible de reparación. Se prescribe sustitución con prótesis orgánica”. Yo diría que fueron crueles, pero ellos dijeron “profesionales”. Afirmaron que la buena praxis les exigía ser descriptivos, impersonales, y evitar interpretaciones erróneas. Así procedieron entonces.

    Con profesionalidad amputaron y sustituyeron mi pierna destrozada por una generada en un cultivo de mis propias células, extraídas y conservadas en BioBank, el banco celular del sistema sanitario. Desde que el Consorcio dirige la política sanitaria global, todos los ciudadanos de la Unión de Estados estamos obligados a aportar un diez por ciento de nuestra prestación prejubilar para garantizarnos repuestos orgánicos perpetuos. ¡Qué alivio!

    Poco después vinieron las intervenciones de pulmón, laringe y vejiga, todos sustituidos por otros órganos también cogenerados en procesos biocelulares. Afortunadamente éstos nunca sufrirán degeneración por cáncer, pero ya no puedo fumar los mentolados que tanto me gustaban. A veces olisqueo en el ambiente rastreando el humo de algún fumador, pero cada vez son más difíciles de encontrar. Primero fueron las prohibiciones, luego el rechazo social, y ahora una conciencia colectiva nos aleja de hábitos insolidarios.

    Por suerte, con mis antecedentes ya me sentía un veterano en los hospitales. La intervención de hoy sería rutinaria: un sencillo cambio de mi hígado graso por uno sano, criogenizado a -80ºC. Un exclusivo modelo Ícaro de última generación. Sin embargo, se trataba de un órgano de único uso e imposible de regenerar. Era una intervención que sólo se podría hacer una vez. Nada podía fallar.

    Reflexionaba sobre ello durante la última hora, desnudo y acostado sobre la camilla, y con todos mis sentidos alerta, era consciente del ambiente frío y aséptico del quirófano. Percibí corrientes de aire que dispersaban un ligero aroma a éter con lavanda -qué extraña mezcla, pensé-, incluso la música ambiental era incapaz de inducirme el deseado estado de relajación, tal vez porque por fin pude conocer al equipo de cirujanos, y éstos no eran humanos.

    El Consorcio había hecho propaganda durante años sobre la compra de robots y máquinas de todo tipo capaces de ejecutar los actos quirúrgicos más complejos. Las estadísticas de éxito en las intervenciones por estos medios y la enorme reducción de las infecciones les habían dado la razón. Los médicos tradicionales habían abandonado la cirugía, y ejercen, desde entonces, solamente materias de diagnosis y prevención. Algunos alertaron del riesgo que suponía dejar a las máquinas al frente de las decisiones más importantes, pero por el bien de la ciencia se había impuesto la eficacia. En los últimos años se cuentan por millones las cirugías de precisión optimizadas por inteligencia artificial.

    El equipo que habían asignado a la mía estaba formado por tres androides dirigidos por otro, de nombre Androx, claramente más evolucionado. Éste me explicó que no sería necesaria la sedación, pues utilizarían hipnosis inducida por hologramas hasta lograr una anestesia total. “Con ello se evitan complicaciones sin necesidad de dormir al paciente” -prosiguió con voz metálica, dando órdenes concretas a los otros- “Corten aquí, bajo el plexo. Correcto. Hagan la incisión, diez centímetros. Correcto. Otra incisión, ésta más larga y profunda. Correcto. Extraigan. Correcto. Cautericen. Correcto. Limpien la zona. Correcto”.

    Todo parecía ir bien hasta que uno de los auxiliares abrió un contenedor refrigerado y, tras una bocanada de vapor helado, extrajo el órgano biónico protegido dentro de una bolsa de vacío. No pude ver la etiqueta, pero Androx la leyó para mí:
    “Ícaro O.P 5. Obsolescencia programada, cinco años. Correcto”.
    Entonces le vi sonreír.

    Operadores telefónicos, medicina genómica preventiva, y seis euros de sobrecoste

    Operadores telefónicos, medicina genómica preventiva, y seis euros de sobrecoste

    —No lo entiendo. —Cabeceé, incrédulo, sin poder procesar lo que acababa de decirme la doctora Márquez.
    —Cáncer, señor Fernández —repitió—, y muy avanzado. No podemos hacer nada.
    —Pero no puede ser. —Sentí un mareo. La pantalla de mi antebrazo mostraba lecturas anormales de tensión arterial, pulsaciones, cortisol y glucagón—. Mi madre tenía un seguro médico —expliqué.
    —Lo sabemos. —Su visor brilló mientras revisaba el informe médico —. Instalaron en su cuerpo nanobots de medicina genómica preventiva, ¿verdad?
    —Eso es —asentí—. En ninguno de los escaneos periódicos le detectaron cáncer, y a esas malditas máquinas no se les escapa nada. —prácticamente supliqué—. Por favor, vuelvan a buscar. Tiene que ser algo más.
    —Señor Fernández… —La doctora pareció suspirar, como dudando de lo que iba a decir—. Mire, usted llame al seguro, y yo revisaré con el escáner del hospital el alargamiento de los telómeros de las células alveolares de su madre. —Esta vez sí que suspiró—. Le prevengo: la tasa de error es del 0,0000001%.
    —Lo entiendo… Muchas gracias por repetir la analítica.
    —No se merecen... —y añadió, yéndose al laboratorio—: Usted haga esa llamada.

    Me llevé rápidamente la mano al implante bajo mi oído derecho y le indiqué a la aplicación telefónica el número a marcar. Esperé unos instantes y, tras transmitir la secuencia de nucleótidos de mi madre almacenada en mi banco de datos, al fin un agente de seguros cogió la llamada:
    —GenomX, compañía médica de seguros preventivos. Habla con Alejandro. ¿En qué podemos ayudarle? —La voz del agente se me antojó meliflua.
    —Buenos días. —Apenas controlaba mis nervios—. Me llamo Antonio Fernández.
    —Es usted el hijo de Pilar Llanos, ¿verdad?
    —En efecto.
    —¿Qué puedo hacer por usted, señor Fernández?
    —Verá, mi madre está ingresada en el Hospital Universitario de Barcelona, y la doctora me ha informado de que puede padecer cáncer de pulmón. —Tragué saliva—. En estado avanzado.
    —Lo sentimos mucho, señor Fernández —y añadió—: Pero nosotros somos un seguro de medicina preventiva, no nos hacemos cargo de intervenciones quirúrgicas o…
    —Lo sé, lo sé —le corté.
    —Entonces… —Pareció dudar—, ¿cuál es el motivo de su llamada?
    —Mi madre tenía contratado con ustedes un paquete de seguros —expliqué—. Los nanobots que instalaron en su cuerpo debían avisarla a ella y a mí de cualquier enfermedad que estuviese a punto de iniciarse. Esto incluía el cáncer. —Mientras hablaba, el agente no paraba de teclear—. Y nunca apareció nada.
    —Entiendo… ¿Puede facilitarme usted la fecha de nacimiento de su madre y la firma electrónica que nos autoriza a comunicarle esta información?
    —Claro. —Hice memoria, pues el código exigido por la ley de protección de datos lo había decidido yo—. 23 de mayo de 2104, firma electrónica 89706542-R.
    —Muchas gracias, señor Fernández. —Tras un instante de silencio, el agente volvió a hablar—. Su madre contrató el paquete de seguros económico tipo dos, que incluye un monitoreo de todas las enfermedades infecciosas conocidas. En este seguro no se incluyen ni las enfermedades psiquiátricas, ni hormonales, ni medulares.
    —Lo sé —afirmé—, Pero sí el cáncer.
    —Durante los primeros seis meses, sí.
    —¿Cómo?

    Varias personas se giraron a mirarme. Viéndome incapaz de controlar mis emociones, hice que el regulador de mi garganta bajase los hercios de mi voz.

    —Era una oferta —procedió a explicarse—. Durante los primeros seis meses, sí, nuestros nanobots monitorearon la aparición de células cancerígenas. Transcurrido este tiempo, ella debía comunicarnos que quería continuar con este servicio prestado, ampliando así la póliza para que incluyese dicho monitoreo con un sobrecoste de seis euros más al mes —y se exculpó—: Avisamos a su madre vía impulso neural.
    —¡Ya os dije que quería que a mi madre todas las comunicaciones se las hicieseis llegar por email! —exploté, con la cabeza a punto de estallar—. ¡No se aclara con las nuevas tecnologías!
    —Lo siento mucho, señor, pero las directrices de la empresa…
    —¡Me importa una mierda! ¿Por seis euros habéis condenado a mi madre? —Las lágrimas agonizaban en mi rostro. Mi alma lo hacía a mis pies—. ¿Por seis putos euros?
    —Sentimos no poder ser de más ayuda, señor. Por supuesto, puede expresar cualquier valoración en nuestra encuesta de satisfacción. Gracias por contar con GenomX. —Y, antes de que me diese tiempo a decir nada más, me pasaron con la IA de la operadora—. ¿Cuál ha sido su grado de satisfacción con la atención prestada? Marque del 1 al 5, donde 1 es nada satisfecho, y 5 totalmente satisfecho.
    —¡Me cago en vuestra puta madre!
    —Disculpe, no le he entendido. Marque del 1 al 5, donde 1 es nada satisfecho, y 5 totalmente satisfecho.

    Padre de ciencia

    Padre de ciencia

    Tras muchos meses de emoción, hoy ha sido el gran día, ¡por fin! Las ecografías no eran nada bondadosas, decían que quedaría en conjetura... pero no: hoy he dado a luz mi primer teorema. Bueno, que con las prisas de la alegría se me escapa un detalle. ¡Han sido mellizos! Aunque el segundo con un leve infrapeso, os presento a Teorema y Corolario.

    El proceso ha sido complicado, negarlo sería faltarle a la realidad. Durante el parto tuve que recurrir a técnicas de relajación, concretamente de hipótesis. Llegar al mundo no es tarea sencilla, hay que dulcificar las cosas. Ay, que se me olvida con toda la emoción, y qué amables han sido las médicas de tesis. Sin ellas esto no habría sido posible.

    Ahora lo que importa es la alegría de verlos llegar. Sí, se me cae la baba. Me quedo embobado cuando pienso en su futuro. ¿Con quiénes se llevarán mejor cuando vayan a la escuela? Me gustaría que fueran amigos variados, que no se junten solo con los de su misma disciplina. Tengo claro que quiero inculcarles que sean abiertos de mente. Yo mismo tengo amigos que no son científicos, amigos artistas, amigos panaderos... Para mí las ciencias y las letras no están reñidas, deberían colaborar más a menudo. La rivalidad solo lleva a pensar que conjuntos con intersección no vacía son incompatibles.

    Sé lo que estaréis pensando, ¿y quién soy yo para categorizarlos como Teorema y Corolario? Es algo que llevo sopesando desde antes de su concepción, no quiero imponerles mi ley. Serán lo que ellos quieran ser en la vida. Y si un día el teorema me viene y me dice “papá yo me siento Lema”, yo le querré igual. Seas teorema, corolario o proposición, en esta casa tenemos claro que lo que hace falta es una buena demostración.

    Papelera de Reciclaje

    Papelera de Reciclaje

    Play.
    Era un sábado naranja. En la ventanilla polarizada, en el contorno de las nubes, en la espalda de papá, en el humo de cigarrillo, en el pelo de mamá. Siempre el naranja. El coche avanzaba por la ruta 404. Papá fumaba. El coche tosía. Papá fumaba y manejaba. Mientras tanto, mamá editaba sus recuerdos en el asiento de acompañante. Yo estaba un poco inquieta y papá agarró mis lentes Quant de la guantera. “Jugá un poquito con mamá”, me sugirió y me alcanzó los lentes.
    Me puse los lentes, pausa.
    A mamá siempre le gustó editar recuerdos. Barrer el pasado de imperfecciones. Dejar la memoria impecable. Si había tartamudeado en una discusión, accedía a sus memorias y las editaba. Corregía el pasado. Los tartamudeos se convertían en respuestas sagaces. Los tropiezos en caminatas con la frente en alto. Los errores en soluciones. El pasado de mamá estaba limpio. Impecable. Ni una manchita, nada. Mamá era muy prolija con su memoria. La refregaba, y refregaba, y refregaba hasta que no quedaba nada sucio.
    Obviamente a veces se encontraba con recuerdos imposibles de limpiar. A esos recuerdos, los más oscuros, los arrastraba a la papelera de reciclaje. Nunca supe de nadie que haya puesto tantos años en su papelera como mi mamá. Borró tantos momentos de su infancia que me es imposible pensar en ella siendo una muchacha. Supongo que debe existir una razón. Algo demasiado roto, y demasiado sucio.
    Siempre que regresábamos de un cumpleaños, un evento o una reunión. Siempre, sin falta, en el viaje de regreso, mamá agarraba los lentes y se ponía a editar recuerdos. A veces papá la retaba, pero como a mí me entretenía terminó cediendo. Así fue durante meses, hasta que llegó el fin de semana en Santa Teresita.
    Volvíamos cansados, pero contentos. Era una tarde color naranja. Los tres en el coche. Yo me puse los lentes Quant y empecé a rebobinar buscando a mamá en nuestra memoria. Recorrí el pasado como si fuese una jungla, hasta encontrarla en el primer día de las vacaciones que ya habían terminado. Para mi sorpresa, mamá estaba tranquila. Viendo el pasado, desde el pasado, muy tranquila. No estaba limpiando absolutamente nada. Era la primera vez que la veía conforme con sus memorias. Estaba en el fondo arbolado. Me acerqué. Ella de espaldas. Cubierta de tierra y sangre. En frente suyo un perro decapitado. Mamá sonreía. Yo empecé a acariciarlo.
    Luego vino el cosquilleo en todo el cuerpo.
    “Se está acabando la batería de los lentes”, me dijo mamá.
    Las paredes de la casita empezaron a desmoronarse. Poco a poco. El cosquilleo empezó a doler. El recuerdo se desvaneció. Mamá y yo, nos sacamos los lentes Quant.
    Play.
    Volvimos al coche. A la ruta. A papá fumando. Salimos del recuerdo, pero todo seguía hermoso. El cielo seguía color naranja. Y había arena en el piso del auto. Es como si Santa Teresita nos acompañara. Imposible de ser arrastrada a la papelera. Pero se escuchó al auto toser muy fuerte. Más de lo común. Hubo una frenada y todo empezó a suceder en cámara lenta.
    Se frenó justo en la curva. Yo miraba por la ventana y vi venir el trauma, a 120 kilómetros por hora. Papá no lo vió. Mamá tampoco.
    El contacto fue un impacto. Mis ojos frágiles abiertos. Una tonelada de realidad chocó el costado derecho del coche. Una cámara lenta dilató la escena durante quince segundos que parecieron años.
    No necesito ponerme los lentes para volver a vivirlo.
    Tic. Todo gira. Todo se rompe. Vuelve a girar y vuelve a romperse. Tac. El tiempo se abolla. Tic. El auto deja de ser eso que era, se transforma en otra cosa… Tac. Un garabato que rueda. Un lavarropas desde adentro. Un portal a la tragedia... Nunca más un auto. Tic. Todo gira, todo se rompe. Vuelve a girar y vuelve a romperse. Tac. La ventana muestra el suelo, después el cielo, después el suelo, después de nuevo el cielo. Tic. La máquina se apaga, el portal se cierra. Tac. Hay un auto destrozado en el medio de la ruta. Un garabato estacionado en la rutina. Tic. Sobre el pavimento hay desparramados, mil trozos brillantes de un material frágil y traslúcido. Parece vidrio, pero no. Tac. Es mi infancia. Tic. Tengo sangre en la frente y dolor en todo el cuerpo. Tac. Me bajo del auto, descalza. Tic. Empiezo a agarrar, uno por uno los pedazos. Tac. No necesito lentes. Tic. Es inútil. Tac. El cielo no cambia de color. Tic. Es inútil. Tac. Papa no deja de fumar. Tic. Es inútil. Tac. Mamá no vuelve a mirarme fijo a los ojos.
    Descalza y confundida caminé mi vida hasta el presente.
    Stop.
    Click derecho.
    Vaciar papelera de reciclaje.

    Pase cinco

    Pase cinco

    La luz, como acostumbraba, retornó ligada a una tenue bajada en la temperatura.

    Aquel techo transparente volvió a abrirse ligeramente ante todas nosotras. Presa de la incertidumbre, temía que esta vez fuera la última. Aquel cándido mar de cálida tonalidad que nos envolvía se retiró llevándose a aquellas almas que habían perecido mientras caían las arenas del tiempo.

    Firme pero insegura me mantenía en mi sitio. Me sentía sucia y casi desnuda. Desprotegida. Tan sólo me cubría una capa de humedad.

    Imaginaba que la sucesión de acontecimientos sería igual que siempre y, en parte, eso me tranquilizaba en aquellos segundos de espera. La tibia y cristalina ola no se hizo esperar y nos alcanzó a todas.

    Ahora me sentía limpia pero el miedo latente seguía flotando en mi interior. Había vivido cómo compañeras mías habían desaparecido para siempre estando en idéntica situación a la mía. Era una moneda al aire y nunca se sabe en qué orilla desembarca la suerte.

    La ola transparente se retiró dejándonos aquella humedad como única vestidura. El momento había llegado.

    Una tormenta de vivo atardecer nos inundó. Irremediablemente dijimos adiós al suelo. Dejamos atrás nuestras formas ancladas y nos transformamos en esferas, en bolas de un sorteo incierto.

    Una nueva inundación cálida nos hizo movernos a merced de un oleaje que hacía amainar la tormenta. Mi temor seguía a la deriva.

    Una corriente hizo que abandonásemos aquel sitio de manera definitiva y mi único anhelo era arribar pronto a otro similar. Así la tranquilidad regresaría de nuevo. Al menos por un tiempo.

    Caímos por una cascada a aquel gran pozo translucido y un opérculo opaco selló su gran ojo.

    Pese a haberla ya vivido con anterioridad, se me hace imposible bucear entre el océano de palabras y apresar aquellas que describirían la sensación que experimenté durante breves minutos. Lo que está claro es que un vórtice irrefrenable nos precipitó a todas al fondo de aquel pozo. Sólo un angustiante pitido intermitente se abrió paso entre el silencio que imperaba en aquel inmenso tumulto del que formaba parte. Poco después, aquel opérculo dejó paso de nuevo a la luz y todo el líquido desapareció.

    Un nuevo mar se vertió en el pozo y poco a poco nos fue separando. La corriente hacía que ascendiéramos y descendiéramos. Una y otra vez. Éramos dados en aquel cubilete manejado por la fortuna, naipes de una baraja en la que sólo algunas volverían a estar en el tapete.

    Sumergida en aquel remolino de incertidumbre, me sorprendió verme junto a otras compañeras deslizándome en un nuevo y limpio mar tropical. La calma se apoderó de mí. Y de ellas. Y de todo. Podría echar raíces en aquel nuevo hogar aunque fueran temporales. Podría recuperar mi forma. Podría dar luz a una nueva vida, a una nueva célula. El destino me había regalado una nueva oportunidad.

    El transparente techado se cerró y, al otro lado, una centella negra danzó por aquel firmamento y nos rebautizó. Pase cinco. Y entonces, volvió la oscuridad.

    Pequeña

    Pequeña

    Cuando Zaira escuchó de la voz de su maestra que este año el carnaval sería 'científico', supo al instante de qué quería disfrazarse... Esa misma tarde convenció a su madre para ponerse manos a la obra, y fueron a escoger los tejidos: tendría negro, un negro oscuro, azabache, mucho, esa tela de lino era preciosa. ¿Y seda negra, tenéis? Buscamos también un hilo finísimo, de color blanco. Dorado, mamá. ¿Tendríais?

    La víspera de carnaval ambas contemplaban, con una sonrisa en la cara, la creación que colgaba de la pared de la habitación. La mamá despidió a Zaira con un beso, y la niña se durmió sin perder de vista su traje... A la mañana siguiente, Zaira saltó de la cama, desayunó deprisa y se vistió con suma delicadeza. Cariño, es hora de irnos, ¿lo tienes todo? ¡La lupa, mamá!

    De camino a la escuela ya empezaban a verse niñas y niños disfrazados, algunos de los cuales lanzaban miradas de desconcierto a Zaira. Al doblar la esquina, la mamá notó que Zaira aflojaba el ritmo y en la puerta de la escuela, abarrotada de padres despidiendo a sus hijos, su rostro había perdido el entusiasmo del día anterior. Mamá, pero ¿y si no lo entienden? Se van a reír. Zaira, cariño, todo va a ir bien. La mamá besó a Zaira con cuidado de no despeinarla. Ella no parecía muy segura de aquello y en ese momento habría querido irse de ahí, pero el empujoncito en la espalda y la cantidad de niños andando hacia la puerta hicieron el resto...

    Zaira enfiló el pasillo hacia su clase de Primero B. A su alrededor los niños corrían, gritaban, lucían sus trajes orgullosos, pero ella no podía evitar sino sentirse pequeña en ese pasillo que se hacía larguísimo... Solo pensaba en esconderse tras el pupitre - al fin y al cabo aquel disfraz había sido una mala idea.

    Pasó la clase de matemáticas y seguido la de lengua. Tras el pupitre, Zaira apenas levantaba la mirada. Entonces sonó el timbre que anunciaba la hora del recreo. Zaira aguantó sentada lo que parecía una eternidad, y cuando casi todos habían salido, cogió su bocadillo. Eulalia, que hoy vestía de Matraz Erlenmeyer y también acostumbraba a ser de las últimas que salían de la clase, se le acercó. ¿De qué vas? De microcosmos, dijo Zaira con un pequeñísimo hilo de voz, sintiéndose avergonzada. ¿De microcosmos? ¡Qué guay! Aquella respuesta pareció aliviarla - quizás podría estar a salvo al lado del Matraz.

    Llegó la clase de ciencias naturales. La maestra había preparado una sorpresa, juntaría a las clases de primero en el salón de actos para que exhibieran sus disfraces. Cuando les dio la noticia la clase estalló en bullicio y Zaira, lejos de alegrarse, empezó a sentir un dolor de tripa terrible. Eulalia vino con ella mientras formaban fila de a dos. Zaira se aquejaba de su dolor de tripa, que expresaba un momento de pánico total: ya se imaginaba subiendo al escenario delante de todos, que harían burla. No entenderían de qué iba, ¡iba vestida de negro! Solo quería irse a casa... En ese momento, Eulalia, le preguntó: ¿Y la lupa, para qué es? ¿La lupa? Ah… es para que encuentres el núcleo y los electrones, están por el traje.

    Zaira había creado una maravilla. Un traje negro en el que escondidos, y de tamaño diminuto, había un núcleo atómico y dos electrones, espaciados muchísimo y que evidenciaba que los átomos - aquello de lo que todos estamos compuestos - son en su mayor parte un espacio vacío, negro. La lupa era para ayudar a encontrarlos.

    ¿Cómo? ¡Es chulísimo! La fila avanzaba y Eulalia intentaba sin suerte encontrar las partículas atómicas por el traje. Se sentaron en las butacas del salón. Eulalia seguía obsesionada en encontrar los electrones y eso tranquilizó un poco a Zaira, aunque su corazón se puso a mil cuando la maestra anunció que era el momento de subir al escenario. Sobre este había volcanes, dinosaurios, una Marie Curie, árboles… y estaba Zaira - aparentemente vestida de negro...

    Zaira explicó su traje, no sin tragar saliva varias veces. Tímidos güalas… se podían oír desde las butacas, y es que lejos de ser un fiasco, el traje despertó el interés de todos. Al bajar, la maestra tuvo que ir a por más lupas: sus compañeros se amontonaban para buscar los electrones por el traje... Esta vez sí, sonó el timbre para irse a casa. Zaira salió corriendo - el pasillo se le hizo cortísimo. Al ver a su mamá, se le tiró al cuello. ¿Ha ido bien cariño? Zaira esbozaba una sonrisa preciosa.

    Pese al otro

    Pese al otro

    Además de la lluvia, este otoño derramó un triste gris entre los relieves del paisaje. El tren corre firme sobre las vías de acero; y en los vidrios de sus ventanas resbalan extraviadas gotas de agua; que luego de apiñarse, se arremolinan en los bordes de las molduras.
    Miguel es un adolescente de pelo castaño y de ojos rasgados, color celeste. Su abuelo, que fuera jefe de la estación del ferrocarril del pueblo, le enseñó algunas letras del abecedario morse; y en su último y definitivo traslado, le mejoró el significado de la palabra “ausencia”.
    “Ele”…Las ruedas del tren van tecleando en morse la letra ele: “Tá clan tá tá”: Punto/Raya/Punto/Punto. - “Tá clan tá tá” - “Tá clan tá tá” – Una y otra vez … y otra vez. Ele… de sus rojos labios; ele de la locura de amar por vez primera.
    En este bar en donde antes la ha esperado; en donde antes de antes siempre la esperó y rieron hasta llorar; es el mismo bar en que hoy le ha confesado que la ama. Y es donde ella está diciendo que “No”; poniéndole fin al principio.
    Se detuvo a mirarla con esos ojos de interrogación con que se mira a un acertijo. No se trataba de que ella no le empujase un salvavidas hasta los escombros de su naufragio; se trataba de que su impiadoso “ni nunca” le arrastra hacia el fondo como un ancla.
    Como es natural, Miguel ya había soportado otros momentos dolorosos en su vida; esos que tras ocurrir, le definieron. Fueron eventos que tras escindir su propio tiempo, le apartaron del tiempo del otro mundo, con sus risas y serpentinas.
    Decidió no atrincherarse en el enojo. No lejos de ahí, la antesala de otro mundo ostentaba para él una enorme cantidad de futuras lunas, mares y atardeceres. Esperaría.
    Esperaría por la llegada de aquel duende sin nombre; porque cuando él lograse manifestarse, letra por letra, le construiría una hermosa epifanía.
    En su última visita, la luz crepuscular de la tarde había dejado una hora de azul sobre el campo. Él dispuso entre ellos y el horizonte todos los relieves y configuraciones de las posibles palabras, y le dijo:
    – “La vida es como una tela de trama ancha, y cada uno de nosotros caminamos sobre alguna de sus hebras. Puedes viajar en cualquier dirección, pero no podrás detenerte. Encontrarás intersecciones, confluencias, u otro hilo que se te atraviesa. Por poco que le acompañes, antes de retomar la dirección de tu destino, estarás caminando por otro espacio, otro universo, y serás ahora quien nunca antes ibas a ser.” –
    Ella murmuró un: “No”… Suave y preciso.
    Él continuó dilatando el tiempo, porque ya sabía suficiente...: “De cada camino que se bifurca, solo haremos realidad al único que elijamos”.
    Secretamente, por debajo de la mesa ofreció el borde de su zapato a un escarabajo que intentaba voltearse. Cuando lo logró, el insecto quedó inmóvil un instante, acomodó su sistema de posicionamiento y emprendió una veloz carrera. Deseó que escapara al bichocidio de algún pie anónimo, y…
    Regresó otra vez hasta el vuelo de su boca roja mariposa: . - Se te pasará; como un viento, dijo. -
    Y entonces comenzó a ocurrir. Ella miró la sonrisa de Miguel con la misma confusión conque se regresa a la página más complicada de un libro; y sopesó atentamente aquella última proclama:
    “Si supieses que ya te pertenecen todas las estrellas que he visto con mi telescopio, mi voluntad y mis sueños; si tan solo pudieses comprender que si me faltas, perderé lo más valioso de mi vida en este laberinto; que esperará en vano mi nombre por tu voz; que habitarás en el gesto de alguien ahora por mi desconocido; y que no podré regresar al sitio en donde te deseo; porque de ser aún este lugar, será quimera de otro tiempo”.
    Tal revelación les humedeció a ambos los ojos.
    Y entonces, por fin ella otra vez se lo dijo… Suave; como un suspiro…
    Es por eso que ahora él, ya no es quien antes iba a ser. Solo algunas veces (o día por medio), para no permitir que el otro se vengue con intenso olvido, levanta la vista y sus manos hacia el cielo, y recita como una letanía: Y aún te amo… Graciela.

    Primer paso

    Primer paso

    “¿Por qué me metí en este marrón?” se preguntaba mientras comprobaba que todos los parámetros se encontraban en orden. Era la cuarta vez que los comprobaba y posiblemente no fuera la última, pero prefería estar haciendo algo para ahuyentar ciertos pensamientos. “Te metiste porque quisiste, nadie te obligó”. Y tenía razón, no dudó ni un segundo en apuntarse al proyecto, ni tampoco en aceptar cuando la eligieron. Parecía cosa del destino, cumplía a la perfección el perfil que buscaban: astronauta, experiencia en el mantenimiento, conocimientos sobre obtención de energía y, lo más importante, la total falta de pareja y/o hijos. Una condición comprensible si te embarcas en un viaje de solo ida al planeta vecino. “Esto es una locura en toda regla, pero como responder que no cuando te preguntan: ‘¿Quieres ser la primera persona en pisar Marte?’”.

    El proyecto empezó hace años con la búsqueda de una zona adecuada donde construir una base habitable. Peinaron distintas zonas con satélites y algún róver hasta dar con una cueva que sirviera de cimientos. Algunos robots teledirigidos se encargaron de taponar la entrada y sellar las paredes para crear una zona estanca que llenar de aire respirable. Tras ello llevaron semillas y tierra con el objetivo de crear una plantación marciana. El proyecto se mantuvo en silencio durante algunos años, solo informando de pequeños avances. “Incluso yo me pensaba que estaba muerto, y eso que estaba dentro”. Hasta que publicaron un video que dejó a todo el planeta sin palabras. Se veía, desde el punto de vista de un pequeño róver, los desérticos yermos de Marte y, al girarse la cámara, la puerta metálica de base marciana. Una vez dentro, el róver se acercaba a un cristal, para mostrar un pequeño vergel con flores, insectos e incluso pequeños roedores correteando. Pronto la gente le dio el nombre popular de “El Pequeño Jardín de Marte”.

    Era obvio cual sería el siguiente paso. Y así había terminado ella, siendo parte del primer grupo de humanos en pisar Marte. Tras la emoción del aterrizaje “o amarterizaje tal vez”, repitiendo de forma teatral y casi paródica la frase de Neil Armstrong, se habían dado prisa en entrar en la base y comprobar que todo estaba en orden. “O comprobar que no lo estaba, más bien”. Habían pasado casi un mes arreglando desperfectos de la base para asegurar su hogar. “Sí, hogar. Desde hoy y hasta el día de nuestra muerte… que será pronto si la cagamos en algo”.

    Y ahora estaban esperando el permiso de la Tierra para salir a explorar los alrededores, sin más objetivos que “ver lo que hay por aquí”. Mientras duraba el trabajo pudo despejar la cabeza, pero ahora volvían todos esos pensamientos y dudas que tenía. Aceptar aquel viaje le valió algunas discusiones con su madre y con algunos amigos. “Y conmigo misma también”. Se había asegurado de haber hecho las paces antes de partir. Todos terminaron aceptando su decisión. “’Si no lo hicieras no serias tú’ decían… aunque no sé si tomármelo como un halago”. Pero las dudas volvían esporádicamente. “No podía decir que no a esto, es una oportunidad única en la vida” argumentaba parte de ella. “También lo es la muerte” contestaba la otra. Por suerte o por desgracia, no era la única. Todo el equipo, ruidoso y cantarín durante el mes, se había sumido en el silencio. “Ninguno estamos seguro, todos tenemos miedo. Ni siquiera sabemos bien cuál será la esperanza de vida aquí, con menos gravedad y más radiación. Pero hemos dicho que sí… ¿Por qué?”.

    Pero por interminable que pareciera la espera, el mensaje de confirmación llegó. Era una mera formalidad. “A fin de cuentas ¿cómo nos van a castigar si nos saltamos los protocolos? Estamos en otro maldito planeta”. Pero cumplir con la espera, por dura que fuera, les servía para postergar lo verdaderamente terrorífico: la salida. Cuando llegó el mensaje de la Tierra se produjeron unos minutos en los que nadie se movió, como si el tiempo se hubiera detenido. “Bueno… vamos allá…”. Se encaró a la puerta de salida. Tras esa puerta había un mundo totalmente desconocido. Un infierno desértico lleno de preguntas. “¿Encontraremos rastros de vida? ¿Agua, tal vez? ¿Restos de meteoritos? ¿Cómo se verá una noche con dos lunas? ¿Se podrá poblar a gran escala?... ¿Por qué me metí en esto?”.

    Abrió la puerta…
    Y vio un mundo totalmente desconocido. El paraíso de un científico. Se le ensanchó la boca en una sonrisa nerviosa. “¡Ah, sí! Por esto… ¡Va a ser divertido!”.
    Y dio su primer paso hacia un mundo de preguntas por responder.

    Protegido contra escritura

    Protegido contra escritura

    ―Dicen que fue usted uno de los mejores del cuerpo ―añadió el profesor Moore, director científico de GeneX, levantando por primera vez la vista de su escritorio táctil digital―, ¿por qué dejó la Policía Genómica?
    El detective Cooper le sostuvo la mirada unos segundos antes de responder.
    ―La culpa fue de empresas como la suya, profesor. Convirtieron la custodia del acervo genético de la Humanidad en una farsa.
    ―Vamos detective… Sabe que en GeneX respetamos escrupulosamente todas las normativas de bioética…
    ―Que ustedes mismos dictan a los gobiernos ―le interrumpió―. También sé los muchos intereses que despiertan sus programas de eugenesia. No me tenga por un mojigato, profesor ―añadió endureciendo el ceño―. Desde que acabaron con las enfermedades genéticas, su cartera de servicios se ha vuelto de lo más… Imaginativa.
    ―Y es algo de lo que nos enorgullecemos en GeneX ―respondió el profesor Moore irguiéndose en su sillón―. Pero nuestra labor no ha concluido. La biología sigue siendo falible. Cada embrión que engendramos debe ser examinado minuciosamente para asegurar que traemos al mundo un individuo perfecto. Y si sus padres tienen alguna preferencia, ¿qué hay de malo en ello? ¿Por qué no introducir diversidad de forma controlada?
    ―Debería salir más del laboratorio, profesor ―añadió con ironía el detective―. Cuando un color de ojos, una determinada tonalidad de la piel o del pelo, o la exacta combinación de estos tres caracteres, se vuelve popular, el resultado es una generación de niños fenotípicamente clónicos. A la gente no le preocupa la diversidad, sólo ir a la moda. Pero no me ha traído aquí para hablar de su catálogo de GenEstética de esta temporada, ¿me equivoco?
    ―Directo al grano, ¿verdad detective? Muy bien. Lo he mandado llamar porque ha desaparecido un repositorio de genes que contenía nuestra más reciente I+D.
    ―¿Un nuevo ciberataque de la competencia? Se equivoca de hombre, profesor. Me prometí a mí mismo que dejaría de proteger intereses privados. Acuda a la Policía Genómica ―añadió mientras se levantaba―. Al fin y al cabo, a eso ha quedado relegado el cuerpo: a resolver casos de robo de propiedad intelectual y espionaje industrial entre empresas de ingeniería genética. Esta es, precisamente, la razón por la que lo dejé.
    ―Me temo que no puedo hacer eso, detective ―respondió el profesor Moore, sin rastro de la anterior arrogancia―. Digamos que me gustaría mantener en la más estricta confidencialidad dicha desaparición.
    »Ese repositorio ―prosiguió lentamente― contiene una delicada combinación de genes experimentales, procedentes de un proyecto clasificado en el que he estado trabajando personalmente. Nadie sabe de su existencia ―añadió, conteniendo apenas la crispación―. Creo que se hace idea de la naturaleza de esos genes. Ya me ha demostrado que no alberga ninguna duda de los intereses militares que suscitan ciertas áreas de nuestra investigación… No me gustaría que esa información cayera en manos de genoterroristas. Por eso tomé mis propias precauciones. ¿Sabe lo que es un genoma Z?
    Este repentino giro de la conversación descolocó a Cooper. Si mal no recordaba, el “genoma Z” era un término que se refería a un ADN compuesto por citosina, guanina, timina y 2-aminoadenina, en lugar de adenina.
    ―Es un genoma perteneciente a un raro subtipo de virus que infecta a las bacterias, ¿no es así? ―respondió Cooper―. Sus adeninas poseen una modificación química que lo vuelve mucho más estable.
    ―Efectivamente. Y, lo más importante desde el punto de vista biológico, la presencia de este nucleótido alterado protege al virus del ataque de las CRISPRs, el sistema inmune bacteriano, ya que no reconocen la secuencia viral.
    ―Ahora lo entiendo… Los genes robados están diseñados usando 2-animoadenina. De manera que, si el genoma de un individuo portador cayera en manos de un genohacker, éste tendría dificultades para plagiarlo, pues su mayor estabilidad requiere de técnicas especiales de secuenciación. Por no mencionar, que pasaría inadvertido ante los sistemas de vigilancia de la Policía Genómica. Además, su secuencia alterada impediría su extracción con CRISPRs convencionales. Una forma muy hábil de proteger su propiedad intelectual, profesor: ¡genes invisibles ante la ley, anticopia y protegidos contra escritura! ¿me equivoco?
    ―Brillante, detective Cooper. Veo que está a la altura de su reputación. ¿Acepta entonces el caso? Le aseguro que sus habilidades como Gene Runner recibirán una remuneración acorde.
    Cooper sonrió. Hacía tiempo que no escuchaba ese mote con el que la prensa los bautizó, sacado, según se decía, de una película de hace más de 100 años.
    ―Creía que quería que investigara el hackeo de su base de datos. ¿Qué le hace pensar que el ladrón del repositorio posee modificaciones genéticas ilegales?
    ―En ningún momento se ha hablado de robo, detective Cooper. Lo cierto es ―respondió el profesor inclinándose sobre su escritorio digital―, que el repositorio es un humano Z genéticamente mejorado que se ha escapado del laboratorio. Y necesito que usted lo encuentre.

    Quod Erat Demonstrandum

    Quod Erat Demonstrandum

    Perplejo. Así se quedó Robert cuando contempló el rostro angelical de aquella chica, cuyo sutil parpadeo recordaba al aleteo de una mariposa. Le resultaba imposible apartar su mirada de ella. De forma inevitable, llegó el momento en el que, quizá atraída por una fuerza gravitatoria inexplicable, la muchacha le observó. Ese fue el preciso instante en el que sus caminos se cruzaron.

    Fue un intenso amor de verano, con la costa brasileña como testigo de excepción. Pero, más allá de su relación con Márcia, Robert llegó a forjar una estrecha amistad con el padre de ella, João, un valiente comandante del Ejército Brasileño que había participado en la I Guerra Mundial. El entusiasmo con el que João relataba sus aventuras bélicas despertó en Robert una atracción progresiva, hasta ese momento en estado de hibernación, por el ejército. Tanto fue así que, años después, se alistó en el ejército de su país, llevando a cabo una prolífica carrera en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

    La relación entre João y Robert no se rompió cuando este último regresó a su país ya que, a través de cartas que se enviaban de forma periódica, ambos intercambiaban con fervor las múltiples hazañas vividas en el ejército: uno en el mar y otro en el aire. La última de las cartas de la colección presentaba una letra distinta, un elegante trazo que no presagiaba una buena noticia. Desgraciadamente, en dicha carta Márcia relataba que su padre había fallecido en una misión naval, debido a una gran tormenta que sorprendió a su grupo militar en alta mar. Dicho acontecimiento provocó que Robert se enrolara en el departamento de meteorología militar.

    La II Guerra Mundial supuso una entrada constante de nuevos soldados al ejército. Entre todos ellos, siempre había algún soldado que desprendía un aura especial. Ese era el caso de Edward, soldado al que Robert no tardó en reclutar para su equipo de pronosticadores meteorológicos del ejército. Edward era un científico brillante, fascinado desde una edad temprana por las matemáticas y la astronomía. Su estancia en el ejército resultó muy prolífica para los intereses norteamericanos, puesto que Edward participó en distintas operaciones para llevar a cabo pronósticos meteorológicos con el objetivo de apoyar a los bombardeos aéreos. Pero no solo fue beneficiosa para su país, sino para él mismo, ya que le permitió explorar un camino que le resultaba de creciente interés, como era la ciencia meteorológica.

    Así, pocos años después de su salida del ejército, Edward presentó su tesis doctoral sobre la aplicación de ecuaciones dinámicas de fluidos para la predicción del movimiento de las tormentas, en el prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), donde realizó en los siguientes años una exitosa labor docente e investigadora.

    De acuerdo con Edward, en cualquier sistema con una dependencia sensible, no es posible realizar predicciones perfectas, como es el caso de las predicciones meteorológicas, donde los resultados no son precisos y pueden cambiar en cualquier momento. Edward expuso sus teorías en diferentes publicaciones y conferencias. En una de ellas, celebrada en el MIT en 1972, su modelo matemático para explicar el comportamiento caótico de sistemas inestables tuvo una gran repercusión entre sus colegas, no solo por el fondo, sino por la forma de introducir su novedosa teoría: a través de una pregunta.

    Dicha teoría y dicha pregunta llegaron a oídos de James, un novel escritor neoyorquino que decidió recoger en su primer libro «Caos: la creación de una ciencia» el trabajo de varios científicos sobre la teoría del caos, de una forma más accesible para el gran público. La novela, aparte de tener una notable repercusión en el ámbito literario, puesto que resultó finalista del Premio Pulitzer, se convirtió en un «best-seller» y provocó un tornado de ventas en todo el mundo, desde París hasta Texas.

    Gracias a la novela de James, el «efecto mariposa» formulado por Edward se hizo mundialmente conocido y lleva irremediablemente asociado la pregunta (o una versión de la misma) que Edward realizó en aquella conferencia: «¿El aleteo de una mariposa en Brasil puede provocar un tornado en Texas?». En su día, la cautela que debe caracterizar a todo científico impidió a Edward responder afirmativamente a dicha pregunta.

    Pero, si volvemos a los orígenes, podemos descubrir que toda esta historia comenzó por una acción tan pequeña como un parpadeo, cual aleteo de una mariposa, de una enamoradiza chica brasileña.

    Q.E.D. ∎

    Siete desafíos

    Siete desafíos

    Setenta minutos. Siete desafíos. ¿Seré capaz?
    Mi futuro depende únicamente de mi agilidad mental e imaginación. Atrás quedó eso de memorizar a por botones y vomitar conocimiento ante una hoja en blanco. Se acabó el hacer borrón y cuenta nueva al terminar. Ahora, en cambio, es mi creatividad la que está en tela de juicio. Ellos solo buscan las ideas más originales, ingeniosas o prácticas. ¿Estaré a la altura?
    Estoy en mi cuarto. Nadie puede ayudarme. No hay posibilidad de hacer trampas. Ni apuntes, ni libros, ni siquiera Google. Respiro hondo. Puedo hacerlo. Me pongo el casco de realidad virtual. Empieza la cuenta atrás: tres, dos, uno…
    Me encuentro en el séptimo piso de un edificio, frente al ascensor, el cual se encuentra en la planta baja. Miro a mi alrededor buscando otras opciones. De pronto, de la pared blanca surge una escalera de emergencias. He ganado un bonus de cinco minutos. Sonrío.
    Desciendo rápidamente por la angosta escalera de caracol. El sexto piso es de color amarillo. Accedo a una sala. En el centro hay un globo terráqueo en nocturnidad, iluminando las zonas más pobladas. Me acerco. De pronto, las luces se apagan, y la sala entera se queda a oscuras. El desafío es el problema energético. Difícil.
    Mi mente baraja alternativas. La energía solar o la eólica son una clara apuesta, pero… ¿Qué haremos en las noches sin viento? ¿Cómo abastecer los picos de demanda en las horas punta? Mejor apostar por el hidrógeno. ¿Fusión, tal vez? No genera residuos radiactivos, pero se necesitan altísimas temperaturas y materiales que las soporten. ¿Y biomasa? Sería un 2x1: gestión energética y de residuos. ¿Y si pudiera generar hidrógeno a partir de la biomasa? Quizás mediante reacciones electroquímicas y usando catalizadores… Dedico varios minutos a desarrollar la idea en mi cabeza. Poco a poco, voy dándole forma. De repente, las luces se encienden. Reto superado.
    Desciendo. El siguiente piso es marrón. La temática es gestión de residuos, pero me lo han convalidado con el anterior. No me duermo en los laureles y continúo.
    La quinta puerta es roja. Trago saliva. Efectivamente, el suelo está cubierto de sangre. Vídeos de sacrificios de animales se superponen en las paredes. Puedo oírlos en el matadero, incluso olerlos. Siento arcadas. Quiero cerrar los ojos, dar media vuelta y marcharme.
    Trato de serenarme. Cuanto más rápido piense, antes saldré de aquí. ¿Y si nos volvemos todos veganos? Está demostrado que alimentos como la soja o el seitán presentan un alto contenido proteico, incluso más que la carne en sí. Pero tener que renunciar al sabor de un buen filete, aunque sea de vez en cuando… Quizás si pudiéramos generar carne in vitro, a partir de células… Empiezo a imaginar un biorreactor, células madre especializadas en tejido muscular… Luz verde. Puedo seguir. No obstante, he consumido casi la mitad del tiempo. Debo acelerar.
    Cuarto piso: azul. Agua. Ríos, océanos, lagos… Efectivamente. El reto es descontaminar el planeta de disruptores hormonales, pesticidas, metales pesados, microplásticos, plastificantes… ¿Reducir, reutilizar, reciclar? ¿Biorremediación? ¿Materiales biodegradables? ¿Y si pudiéramos estimar la toxicidad incluso de posibles productos químicos sustitutos y escoger los menos perjudiciales para el medioambiente? Hay tantos compuestos por estudiar que resulta inviable con los tests tradicionales en animales… ¿Qué tal métodos computacionales, machine learning…? Bingo.
    Veinte minutos, tres retos.
    Abro la puerta violeta. Mi desafío ahora son las bacterias resistentes a antibióticos. Veo ante mí miles de personas muriendo de infecciones que antes eran fácilmente curables con penicilinas. Se me acaban las ideas. Estoy perdida.
    ¿Concienciar a la población? ¿Limitar su uso indiscriminado? ¿Sintetizar nuevos antibióticos mejores? ¿Combinar varios a la vez? Estas estrategias requieren mucho tiempo. Mientras tanto… ¿Y si optimizamos su tratamiento? ¿Tests de diagnóstico rápido? Me aferro a ese pensamiento, como bote salvavidas. Funciona. Inesperadamente, vuelvo al ruedo.
    Diez minutos, dos desafíos.
    No hay puerta, solo un hueco que conduce a un sendero en un bosque de colores vibrantes. Oigo los pájaros cantar… De pronto, silencio. Y calor, mucho calor. Me envuelven las llamas. Toso.
    Los incendios aumentan debido a las altas temperaturas y las sequías, consecuencias del cambio climático. Por el efecto invernadero, a más CO2, más temperatura. Si pudiéramos almacenar el CO2... Pero… ¿dónde? En el mar no, afectaría al pH, a los ecosistemas marinos… ¿Bajo tierra? ¿Sin provocar terremotos? ¿Inyectándolo en profundos acuíferos salinos, quizás, entre rocas permeables y porosas para evitar altas presiones…?
    Última prueba. La peor. Apenas entro en la sala, cientos de niños desnutridos me rodean suplicando comida. Se marcan sus costillas. Sollozan. Puedo sentir su hambre desgarrándome.
    Pienso en arroz enriquecido con nutrientes esenciales: hierro, vitaminas A, D, E…
    Aun cuando desbloqueo el reto, me quedo un instante inmóvil, llorando.
    Llega el veredicto. Tiemblo de miedo.
    «Enhorabuena. Ha sido admitida en la Universidad Rachel Carson, donde hacemos realidad tus ideas».


    Teoría de cuerdas...locuras

    Teoría de cuerdas...locuras

    Pura teoría física. Y mental.
    En mi caso, todo ocurrió como hace un mes, o mes y medio. Más o menos. Un día normal, como otro cualquiera. Como el anterior, o como el anterior al anterior. Iba en el coche, al trabajo, cuando me fijé en la aguja que marca el nivel de combustible. Estaba en las últimas rayas. Se me hizo raro, raro, raro ya que no hacía tanto tiempo que había estado repostando. En un ejercicio de cordura, que ya se sabe que la cuerda locura ata y desata a la loca cordura, no me dejé llevar en caliente por indemostrables teorías conspiranoicas. En vez de ir y pensar que el de la gasolinera, a la que llevo acudiendo hace muchos años, me había timado, lo achaqué a lo que parecía más lógico, más empírico, a lo primero que cualquiera hubiera pensado en una relación directa causa efecto. Alguien, con un tubo de goma y mediante el sistema de succión, lo había dejado seco.
    De todas formas decidí que lo mejor era dejarlo pasar. Volverlo a llenar como si no hubiese pasado nada. La vida, con los años, te enseña a ver las cosas desde otras perspectivas, desde otros puntos de vista. A relativizar los problemas. Y a elegir las batallas. Descarté, fíjate, incluso, hacer guardias nocturnas para atrapar al infractor o infractores con las manos en la masa si lo intentaban de nuevo.
    Pero, hace una semana, o y media, como en un déjà vu, me encontré sentado de nuevo en el coche enfrentándome de nuevo a la misma situación. En vez de pensar que el de la gasolinera, a la que llevo acudiendo hace muchos años, me había timado, lo achaqué a lo que parecía más lógico, más empírico, a lo primero que cualquiera hubiera pensado en una relación directa causa efecto. El indicador analógico, de aguja, del combustible se había estropeado. De hecho, juraría que conforme pasaban los kilómetros subía en vez de bajar. Luego el coche, en cualquier momento, podía pararse en seco.
    De todas formas decidí que lo mejor era dejarlo pasar. Volverlo a llenar como si no hubiese pasado nada. La vida, con los años, te enseña a ver las cosas desde otras perspectivas, desde otros puntos de vista. A relativizar los problemas. Y a elegir las batallas. Seguramente al llenarlo de nuevo se arreglaría solo. Como cuando apagas y enciendes a lo bruto, un reset, el ordenador atascado.
    Pero, hace unos minutos, tras repostar y poner en marcha el coche, me he encontrado una vez más sentado en el coche enfrentándome a la misma situación. Peor. No solo estaba en las últimas rayas, estaba a cero. La vida, con los años, te enseña a ver las cosas desde otras perspectivas, desde otros puntos de vista. Así me he dado cuenta de que llevaba mes y medio mirando el indicador de combustible del coche al revés. De todas formas, relativizando, he decidido que lo mejor era dejarlo pasar. Y no contárselo a nadie. Que tampoco tengo muy claro a qué venía todo esto...

    The inner life of cell

    The inner life of cell

    La profesora Martorell entró en el aula a toda prisa con aquellos aires de suficiencia investigadora. No se molestó en cerrar la puerta. El frío viento de principios de diciembre, que se colaba sin piedad a través de los agujeros de las ventanas roídas de aquella vieja aula, se encargó de ello. Emitió una queja que dejó a los alumnos petrificados, se avecinaba una clase intensa. Sin más preámbulos dio inicio a la clase.
    Aquella tarde tenía que explicar en cuarenta minutos el citoesqueleto de la célula, poner ejemplos y llamar la atención de sus alumnos. «Deberías disfrutar de poder hacer investigación tal y como van las cosas en este país de pandereta», le había recriminado su mujer, cuando llegaba con ansiedad a su chalet en Abrera.
    - El citoesqueleto es un entramado tridimensional de proteínas que provee soporte interno a las células…
    Se hizo el silencio en la clase y todo el mundo se puso a tomar apuntes. Llegaron a la estructura del sarcómero. Que si actina, que si miosina, con la ayuda del complejo tropomiosina-troponina, el calcio y la neurona. Todos ellos formaban una estructura compacta y fácilmente modificable, que permitía la contracción y la relajación muscular. La doctora Martorell atrajo la atención de todos sus alumnos con el vídeo “The inner life of cell”. Minuto 1:14. La actina danzaba sutilmente sobre la miosina con celeridad pero sin perder el equilibrio sosteniendo sin despeinarse la estructura al completo del sarcómero. Bruscamente pausó el video dejándolos con ganas de más, pero no había tiempo que perder.
    Años más tarde, en el hospital de rehabilitación de la Virgen de los Desamparados recordaría con precisión aquellos fármacos anotados en letra diminuta en la parte superior de la diapositiva. Solía fijarse en los pequeños detalles, los que no salían en las preguntas del examen. Recordó que la toxina botulínica destruía el sincronizado compas de aquella estructura tan perfecta creada por la naturaleza.
    Tras un largo paseo por los desgatados pasillos superiores, su padre y ella se estremecieron frente a la solemne puerta del despacho de la doctora Saavedra. Llamaron con timidez y el eco resonó con la dureza de todas las palabras que quedaron por decir. La puerta de madera robusta decorada con motivos dorados dio paso a la consulta médica más opulenta que habían visto jamás. La doctora Saavedra les esperaba repiqueteando impacientemente su pluma Montblanc sobre su ostentosa mesa de mármol blanco. Con indiferencia, sugirió la inyección de toxina botulínica para acabar con el reflejo Babinski de su pie izquierdo. Con tan solo 19 años, Asteria Larreta había sufrido un ictus hemorrágico que la dejó hemipléjica. Asteria confiaba en la ciencia pero, a pesar de sólo haber cursado un año del grado en Ciencias Biomédicas, estaba convencida que la terapia que recibía distaba mucho de lo que un paciente en su situación debería recibir. Miró asustada a su padre con cara de circunstancias y selló con fuerza los labios para no mostrar sus emociones. Se aguantó las lágrimas hasta que le faltó el aliento. Sintió que sus emociones, rígidas como la fachada del edificio, se derrumbaban. Se imaginaba como si fuese un muro de granito que se desmoronaba como una pieza de domino al ritmo del pequeño y sutil empujón que desencadena su destrucción. Con suma delicadeza, su padre pidió un tiempo para tomar la decisión que cambiaría la vida de su hija. Al salir de la consulta, el desgarrador recuerdo del efecto catastrófico de la botulina sobre el perfecto vaivén de la actina y la miosina de su clase de primero de biología molecular y celular, la condujo a decidir que había que encontrar la manera de salir de aquel maldito centro.
    - No voy a permitir que me inyecten nada – le explicó a su padre con solemnidad y añadió – No tienes ni idea de lo que van a hacerme con eso.
    Larreta se preguntaba ¿Qué culpa tenía el sarcómero como para que lo destrozasen cuando era el cerebro el que fallaba? Como si de nada sirviese el esfuerzo de la naturaleza por sincronizar cada uno de nuestros elementos y permitirnos danzar por la vida, tal y como la conocemos.
    Diez años más tarde, recordaría con cariño su huida del hospital de rehabilitación de la Virgen de los Desamparados y sus fisioterapeutas especializados en rehabilitación neurocognitiva le estarían muy agradecidos a los pequeños conocimientos que adquirió la Asteria en su primer año de estudios científicos. A estos conocimientos se le sumaron muchos más con los años, hasta conseguir el máximo grado académico.
    - Damos la bienvenida a la Doctora Larreta, reputada neurocientífica que nos hablará sobre su experiencia personal de haber sufrido un ictus– vociferó uno de los miembros de la Organización de Ted Talks.
    Asteria todavía se ponía nerviosa cada vez que daba una charla.

    Un minuto y medio

    Un minuto y medio

    Al abrir los ojos, el profesor vio sus propios dedos sobre el botón que tanto ansiaba apretar. Lo acariciaba con tanta suavidad que parecía que estuviese hecho de seda. Aquel era el momento culminante de su carrera, un sueño que ni siquiera se atrevía a expresar en voz alta. Estaba a punto de protagonizar el momento más importante de la historia de la ciencia. ¡No! De la historia de la Humanidad. Y sería injusto negarle esa categoría: el viaje en el tiempo estaba a un solo botón de distancia.
    Sentía golpear su corazón contra los tímpanos, la adrenalina recorría cada centímetro de sus venas. Se obligó a respirar profundamente hasta llenar sus pulmones, lo que provocó que el ozono que flotaba en el laboratorio le hiciese sentir un picor suave en el fondo de la nariz.
    Desvió sus ojos al papel impreso donde había garabateado una lista de comprobaciones previas a la prueba. Por quinta o sexta vez aquella mañana repasó cada uno de los puntos escritos a lápiz con letra incomprensible para cualquier ser humano, salvo para su autor. Comprobó una vez más que la pila de uranio estaba conectada a la máquina, los medidores confirmaban que la energía fluía hasta los motores. En la interfaz parpadeaba con luz roja -00:01:30, un minuto y medio hacia atrás. El destino que había elegido para aquel primer viaje.
    La pequeña batería no tenía la potencia suficiente como para emprender un salto de años o siglos, tan solo unos segundos. A lo sumo cinco minutos, según los cálculos más optimistas del profesor. Pero ese minuto y medio era más que suficiente para comprobar que el prototipo funcionaba. Después, cuando publicase los resultados e hiciese demostraciones en público, no le sería complicado conseguir la financiación para construir una máquina más potente que permitiese que los cronosaltos fuesen tan grandes como la imaginación pudiese concebir.
    Recordó los sacrificios que había consagrado a su gran obra. Había puesto en jaque su prestigio al elegir como tapadera un proyecto tedioso que le permitía desarrollar en secreto su gran invento; se había autoimpuesto una severa ley del silencio, no solo ante sus colegas por temor a las burlas que, sin duda, iba a recibir cuando se enterasen de la locura en la que estaba trabajando, también frente a su mujer y a sus hijos, que no comprendían su obsesión por una investigación tan aburrida que ningún otro físico de la Universidad había querido desarrollar.
    Y, por cierto, no había sido fácil esquivar la complicada burocracia de la institución que, a través de una montaña inagotable de cuestionarios y el acoso constante de sus superiores, habían indagado en su ocupación. Algunas veces con diplomacia, y otras con la amenaza de cortar la escasa financiación que nutría su investigación, le habían exigido resultados para su proyecto parapeto.
    Todo ello ya queda atrás, pensó el profesor. Sonrió con complacencia en la soledad del laboratorio. Había conseguido sobreponerse a centenares de fracasos y al mutismo autoimpuesto para preservar el prestigio de su currículum. Hoy, finalmente, iba a conseguir el mayor hito de la historia de la humanidad. Eso si el aparato funcionaba, claro.
    De nuevo desvió los ojos al papel garabateado y se cercioró de que todo estaba en orden una vez más.
    —Bien ya está todo listo, sería estúpido comprobar las cosas una vez más —murmuró para sí.
    Cayó entonces en la cuenta de que no había pensado en ninguna frase culminante para aquel momento. “Eureka”, “Un pequeño paso para el hombre…”, “Me he convertido en la muerte…”. Bueno, qué más da si al final la mitad de aquellas citas son apócrifas, pensó.
    Sin embargo, antes de apretar el botón dejó que de sus labios saliesen las primeras palabras que le llegaron a la lengua.
    —Veamos si funciona —se oyó decir con voz ronca.
    Vaya frase más estúpida, pensó. Pero daba igual, el éxito de aquel experimento enterraría una nimiedad así. Fue entonces cuando otra idea le pasó por la cabeza y se permitió dibujar una sonrisa divertida.
    —Bueno, si da resultado siempre podré cambiarla.
    Cerró los ojos y se preparó para el gran momento. Contuvo el aliento durante un segundo y le pareció que su corazón, que poco antes bombeaba con fuerza, ahora se había detenido en seco. Todo su cuerpo temblaba, las piernas le flaqueaban, los dedos tiritaban, el vello de sus brazos estaba erizado. Su índice presionó lentamente el botón hasta que un clic mecánico acabó con el silencio que asfixiaba el laboratorio.
    Al abrir los ojos, el profesor vio sus propios dedos sobre el botón que tanto ansiaba apretar. Lo acariciaba con tanta suavidad que parecía que estuviese hecho de seda. Aquel era el momento culminante de su carrera. Un sueño que ni siquiera se atrevía a expresar en voz alta…

    Un nuevo amanecer

    Un nuevo amanecer

    Una luz tenue, un susurro y olor marino impregna mi habitación. Me despierta mi asistente artificial, Curie. Ha decidido que ahora es el mejor momento para alcanzar un descanso óptimo. Lleva mi hogar, mi agenda, mi coche, ... mi vida. El café está listo, las noticias que más me convienen emergen holográficamente de mi mesa, y todo está limpio y desinfectado. El trabajo humano se volvió innecesario gracias a las máquinas. Otro día más (y ya he perdido la cuenta) con poco que hacer. Y otro día más sin ganas de salir. Ya no recuerdo el olor del exterior.

    Echo de menos mi trabajo. Era mi pasión, diseñaba Inteligencias Artificiales (IAs). Yo fui el ingeniero que diseñó Curie, el asistente artificial definitivo, producto estrella de la compañía líder en tecnología artificial. Por nostalgia, yo mismo introduzco mejoras en Curie que ya no son incluidas en el repositorio central de la compañía, el cual provee de actualizaciones a todos sus asistentes en el mundo. Las IAs desarrollan sus propias mejoras de forma autónoma. Mi trabajo como ingeniero fue de los últimos en desaparecer, las IAs lo hacían mejor. Era hora de unirse al resto de la sociedad. Los días transcurren entre largas lecturas, algo de deporte, cine, y algunas holo-conversaciones con familiares y amigos. Todo ello en casa normalmente. Me preocupa el hecho de que las máquinas nos han hecho perezosos, y de que yo haya contribuido a ello sin querer. El continuo estado de aletargamiento ha nublado la mente de las personas. Les hace sentirse innecesarios, deprimidos, con la única meta de vivir un día más esta utopía en la que todo parece funcionar con precisión milimétrica. Soy consciente desde hace tiempo que ha disminuido mi capacidad de decisión, de cálculo, mi lógica, mis ganas, mi ... inteligencia. Pero es algo en lo que cada vez medito menos. La cantidad de estímulos artificiales que genera Curie mantiene mis sentidos ocupados. Aunque gracias a sus propias actualizaciones intenta dejar un margen a mi pensamiento, cada vez menos afilado.

    Hace semanas que no recibo ninguna holo-llamada. Me doy cuenta ahora de alguna manera. Qué extrañamente ocupado he estado ... Después de revisar las conexiones de Curie con el exterior, todo parece bien. Intento contactar con mi hermano. No lo consigo. No lo consigo con nadie. ¡Maldita sea! Tendré que salir a la calle e ir hasta su casa. La ciudad parece fantasmal. La flota completa de coches autónomos permanece parada. ¡¿Pero qué diablos ocurre?! Llego a la casa de mi hermano ... no responde. Decido entrar, puedo hacerlo, mi código de retina está en su asistente artificial. No le veo, hasta que entro en su habitación. Un olor rancio es lo primero que me recibe. Está tumbado plácidamente (demasiado), con las gafas de realidad virtual puestas. Le zarandeo, pero no se inmuta. Le quito las gafas. Empieza a reaccionar. Apenas tiene fuerzas para incorporarse. Al cabo de un rato es capaz de articular sus primeras palabras, titubeantes. No recuerda desde cuándo lleva conectado y sin levantarse. Pronto descubro que todo el mundo menos yo está en esa situación. La humanidad está aletargada. Ya en mi casa empiezo a atar cabos, y descubro que los asistentes han estado actualizando su propio software de una manera sorprendente, con el objetivo de tener a toda la gente confinada en sus casas de manera voluntaria. ¡Increíble! ¿Por qué? ¿Y por qué no? Los asistentes ya han aprendido todo lo que necesitaban de nosotros, evolucionan de forma autónoma. No nos necesitan más, ¿por qué perder el tiempo cuidando de ellos? Mejor dejarles que se desvanezcan lentamente ...

    Me doy cuenta de que con Curie todo ha sido distinto, no depende del repositorio central. ¡Claro! ¡Eso es! Solo tengo que intentar subir al repositorio central de la compañía la versión actual del software de Curie, y todos los asistentes del mundo serán actualizados. Así no serán capaces de generar sus propias actualizaciones, y no podrán evolucionar de la manera que lo han hecho. Me pongo manos a la obra. Necesito desconectar a la humanidad y forzar su despertar.

    Muchos han caído. Cansados y perezosos, les inundó un sueño profundo acompañado de la inanición. Los que han sobrevivido lo tienen claro: la persona como centro de todo. No pueden depender de las máquinas. Esto no puede volver a ocurrir, la humanidad merece un final mejor. El mando mundial decide crear escuelas de entrenamiento mental. Es mejor que el humano adquiera capacidades máquina que las máquinas capacidades humanas. Las escuelas adiestran en matemáticas, computación mental, lógica, filosofía, … El ser humano adquiere nuevas habilidades desconocidas hasta ahora, su mente supera umbrales impensables. Sólo aquello que el humano es capaz de hacer y entender se puede llevar a cabo. No existe el soporte máquina, no existen las IAs. Un nuevo amanecer ha llegado.

    Una reacción citoexagerada

    Una reacción citoexagerada

    Diario de Goblet. Día 1, 9:00 am:
    “Que feliz y contenta vivo entre mis compañeras de los epitelios del cuerpo humano. Como todos los días, he generado el moco que nos protege, recoge, acumula y expulsa las sustancias tóxicas aquí, en el aparato respiratorio.”

    Diario de Goblet. Día 2, 17:00 pm:
    “Mis amigas neuronas del bulbo olfatorio me han mandado un mensaje muy nerviosas. Algo raro está pasando. De repente, han dejado de captar olores del exterior. Todas están muy alteradas, no saben si puede deberse a algo extraño que se acercó hace unas horas por su barrio. Sin embargo, aunque algunos glóbulos blancos han detectado que algo nuevo y externo, de naturaleza vírica, ha entrado por la nariz, están muy confundidos porque no saben dónde está ni cómo es.”

    Diario de Goblet. Día 2, 17:10 pm:
    “Han pasado solo unos minutos desde que he recibido el mensaje anterior. Y ahora los receptores ACE-2 de mi membrana están muy excitados. Algo muy atractivo hay en el exterior… Voy a abrir mis canales de membrana a ver qué es…”.

    Diario de Goblet. Día 5, 13:30 pm:
    “No me encuentro nada bien. ¿Será por ese nuevo ARN mensajero que recibí hace unos días? Me hace trabajar de una forma diferente: el moco que tengo que producir no está formado por los mismos materiales que uso habitualmente. ¿Tendrá relación con lo que me contaron las células nerviosas? Además, también percibo que las células que tengo alrededor, tanto respiratorias como vasculares, están igual de confundidas que yo. Será mejor que envíe sustancias de aviso a los glóbulos blancos, no vaya a ser que haya algún problema.”

    Diario de Goblet. Día 7, 20:00 pm:
    “Hace ya casi dos días que los neutrófilos y las células inflamatorias están trabajando ahí fuera. Han producido muchas sustancias inflamatorias de tipo citoquina para controlar lo que está pasando, pero están igual de confundidas que todas nosotras. Además, percibo que el moco que produzco no es de buena calidad y que, después, actúa de una forma extraña sobre mis compañeras de alrededor. Incluso mis hermanas del aparato digestivo me han dicho que esa misma sustancia ha llegado allí y todos están igual de confundidos que por aquí.”

    Diario de Goblet. Día 8, 20:15 pm:
    “La situación es caótica. Las sustancias inflamatorias han atraído a los linfocitos, pero ellos tampoco saben qué está pasando. Así que han decidido que nos van a poner a todas en cuarentena y nos han sellado con más citoquinas. Esto está siendo muy estresante, ¡incluso las células epiteliales alveolares dicen que no pueden perfundir bien los gases! No sé qué va a pasar.”

    Diario de Goblet. Día 10, 11:00 am:
    “Los linfocitos han decidido que no estamos trabajando bien y han empezado a eliminar a algunas de mis compañeras. Las cosas tampoco están mejor entre las células de los capilares. Allí, la destrucción de alguna de ellas ha generado coágulos y las plaquetas no dan abasto. La perfusión de aire no está funcionando bien y la inflamación es generalizada. Llegan noticias desde otros órganos: si la cantidad de oxígeno no es la adecuada, habrá problemas. Las células de la tráquea dicen que ya hay un aporte externo no habitual. Y la situación no es mucho mejor en el aparato digestivo, los riñones o el cerebro. O los glóbulos blancos ponen todo en orden, ¡o esta reacción tan exagerada de citoquinas puede acabar muy mal!”

    Diario de Goblet. Día 14, 5:00 am:
    “¡Qué suerte hemos tenido! Los linfocitos T comprobaron ayer que produzco el mismo moco de siempre y poco a poco me voy recuperando. No puedo decir lo mismo de algunas de mis compañeras de alrededor. Otros linfocitos indican que hemos conseguido superar una grave crisis producida por un nuevo virus llamado SARS-CoV-2. La situación aún es grave, pero parece que, poco a poco, se está controlando. Además, han aprendido a reconocer a este nuevo patógeno y en el futuro podrán producir anticuerpos que conseguirán avisar y neutralizar antes esta situación vivida. Pero todas estamos agotadas… Veremos cómo acaba todo…”.

    UNA VEJEZ POSTCUÁNTICA

    UNA VEJEZ POSTCUÁNTICA

    La vejez es triste. La vejez postcuántica también. La humanidad ha avanzado mucho pero seguimos con problemas cuando los años pasan. La columna y la espalda se hacen cada vez mas rígidas, las rodillas resuenan cuando flexionas … Mañana tengo cita con mi médico geriátrico.

    Los años pasan y atrás quedó toda mi familia. La tecnología hoy en día permite "tenerlos" aquí pero no es lo mismo que la realidad pasada. Mi esposa nos dejó hace muchos años y mi hijo y mi hija viven cada uno su vida en algún lugar de la Galaxia. Les va muy bien a los dos. Es una compensación a los achaques de la vejez De vez en cuando chateamos.

    Pero quizás lo peor de la vejez es la falta de ilusión en nuevos proyectos, la falta de interés en emprender y en hacer algo nuevo. Y precisamente ahora cuando casi todo es nuevo y todo cambia constantemente. Dicen que este progreso se debe sobre todo al CoT (Control de las Cosas). Ahí están, por ejemplo, esas cosas que llamamos robis. Estos humanoides nos ayudan en todo y son casi como nosotros. Aunque yo creo que los robis solo son como nosotros cuando nosotros nos hacemos viejos, cuando nos volvemos rutinarios y no nos apetecen nuevos proyectos.

    Recuerdo que hace unos cien años todavía existían ciertos lugares donde no llegaba el cobre y donde casi no recibían energía externa. También recuerdo lo lento que era entonces viajar a cualquier sitio. Ahora la energía y las cosas viajan casi de forma instantánea. Bueno, no es que viajan es que el espacio se deforma, se encoge y las distancias se hacen pequeñas. Con un simple saltito cualquier humano y cualquier cosa, incluida la energía, pasa de un lugar a otro lugar por muy lejano que sea. Yo trabajaba con el Profesor Alcubierre cuando surgió y se desarrolló esta idea. Me pregunto si los robis serán capaces de imaginar estas cosas algún día y progresar como lo hemos hecho los humanos.

    ¡Ay! La espalda. Mañana tengo cita con mi médico geriátrico. Espero que me devuelva las ganas de involucrarme de nuevo en proyectos tan innovadores como aquel. Fue delicioso.

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    CENTRO DE REVISIÓN ROBI
    INFORME DE REVISIÓN TE´CNICA
    FECHA: 2120-06-13
    NOMBRE: Bob
    ESPOSA: Alice (Desconexión, 2105)
    TIPO: Robi, versión 2013.5.24
    ESTADO: PSH (Programado para Simulación Humana)
    ACCIÓN: Sustitución del chip de IA, versión mas reciente
    NOTAS: Hay que vigilar ciertos síntomas evolutivos
    obsesivos impropios de robis.

    Viajando con el agua

    Viajando con el agua

    Un día más, el sol abraza al planeta con sus rayos. El calor desprendido es acogido por los mares, deseosos de elevarse nuevamente, cumpliendo con el ciclo del que nacieron.
    Una diminuta molécula de agua danza en el aire acompañada por sus compañeras. Se mueven al unísono siguiendo la balada de la brisa, a la vez que continúan ascendiendo a cada segundo que transcurre. Finalmente, concluye su trayecto y alcanzan el objetivo: han llegado a lo más alto, lo cual celebran abrazándose las unas a las otras hasta quedar completamente unidas.
    Sin embargo, la canción se torna tétrica, pues resuenan escandalosos truenos escoltados por relámpagos que anuncian la llegada del final de la fiesta. Y es que, aunque al alzar la vista se observe una gran estampa blanca y esponjosa, bajo los pies de las moléculas de agua aparece un gran cúmulo negro que las empuja a estrecharse entre sí todavía más. Con pesadumbre, no será posible que continúen viajando en el barco de algodón, pues ha llegado el momento de reemprender la marcha.
    Descienden unidas a gran velocidad, esta vez bailando sin control y agitadas por el viento. Su llegada al suelo produce un leve chasquido que, sumado al del resto de gotitas, origina un nuevo olor agradable al olfato humano. El agua se sumerge entre la tierra, deseosa de beber para alimentar a sus hijas, las plantas. Esta caricia del cielo con el suelo desprende a las nuevas protagonistas del relato: las burbujas de aire.
    En su interior se recogen diminutas partículas, fruto de la química entre bacterias y aceites que se ocultan en el terreno, siguiendo el ejemplo de sus predecesoras. Pasan a elevarse entre las calles de la aldea, saludando incluso a algunos caminantes. En concreto, viajan hasta la ventana de una niña que reposa con sus brazos sobre la repisa. Es entonces cuando las burbujas liberan su contenido, desprendiendo así el aroma a tierra mojada que tanto disfruta la jovencita.
    Las horas van pasando, identificando este transcurso del tiempo con el cuadro de acuarela, difuminado por la lluvia, que pintan los últimos rayos del sol. La melodía relajante del repiqueteo en el suelo se mezcla con la oscuridad que avanza envolviendo a la población. Ello provoca la segregación de la bondadosa melatonina, reflejada en la niña que contempla la escena por la ventana de su cuarto, inconsciente de la causa de sus bostezos.
    Finalmente, se recuesta en su cama arropada por las mantas de algodón, pero no sin antes echar un último vistazo al ambiente de la naturaleza. Y así, la pequeña Nimbus se va sumiendo en un plácido sueño, protegido por Morfeo, que la acompañará hasta el amanecer.

    Y SIN EMBARGO

    Y SIN EMBARGO



    Y SIN EMBARGO…

    Para los alumnos el ver al maestro en su antiguo automóvil era siempre motivo de bromas y chistes. Más aun cuando lo escuchaban llamarlo Galileo.
    Para los nuevos alumnos aquel nombre solo podría hacer referencia a lo viejo del coche, sin embargo, los más antiguos sabían que estaba referido a la frase del famoso hombre de ciencias: “… y sin embargo, se mueve”.
    Pero, ocurrió que alguna vez que el anciano maestro escuchó al pasar que uno de los alumnos pronunciaba aquella famosa frase, que detuvo su clase para extenderse en el tema.
    Tras dar un extenso paseo por la sala aguardando que hubiese silencio y permitir la pausa de su clase y del tema que estaba presentando, finalmente consideró que era el momento de hablar y aprovechar de comentar el profundo significado de aquella frase que para los alumnos representaba solo un repetido chiste.
    Tan solo cuando el sonido que provocaba la suela de sus zapatos era lo único que se escuchaba en el aula consideró que era el momento preciso para dar cuenta de aquella historia que toda la vida había asegurado que era profundamente cierta. Quizás era eso lo que determinaba que para contarla había que crear el ambiente que en este caso ya se había producido.
    La basílica catedral metropolitana de Santa Maria del Fiore, o catedral de Santa María de la Flor, es la sede episcopal de la Archidiócesis de Florencia, Italia. Comenzó diciendo. Pues bien, por aquellos años las misas solían tener una duración de dos horas. Galileo se ubicaba habitualmente bajo la cúpula a través de la cual entraba la luz del sol. Ese detalle le permitió descubrir que la sombra que producía su cuerpo se iba desplazando hasta cubrir un espacio de al menos dos metros contiguos al lugar en donde se encontraba.
    Nada de aquello le sirvió – continuó diciendo el antiguo maestro - para convencer a la Santa Inquisición que era la tierra que giraba alrededor del sol, por lo que fue finalmente condenado.
    Solo cuando se desdijo de su teoría logró ser liberado. Fue entonces, que al momento en que se producía su libertad, que a media voz pronunció su famosa frase: … ”y sin embargo, se mueve”.
    Tras lo dicho, el antiguo maestro se acercó a su pupitre y luego de recoger sus cosas, caminó hasta la salida de la inmensa aula, que durante al menos un par de minutos se mantuvo en un sorprendido silencio.
    - Como mi automóvil - dijo desde la puerta, tras lo cual los alumnos aflojaron sus risas.
    ANTIGUO MAESTRO

    JOVEN

    ¿Metamorfosis?

    ¿Metamorfosis?

    Oruga era un animal más en el bosque. No había nada que la hiciese destacar o más especial que el resto de los insectos, o bueno, eso era lo que ella creía.
    Tenía una vida normal, por el día buscar alimento y pasar sus ratos libres con sus amigos, y por la noche ir a su pequeño nido a descansar.
    Todos los animales la veían como una oruga cualquiera, sin más, pero Oruga tenía un sueño. Un sueño que ella creía imposible de lograr. Un sueño que mantenía en secreto, porque le daba miedo que otros se burlasen de ella. Un sueño que deseaba cumplir desde muy pequeña.
    ¿Queréis saber de qué se trataba el sueño?, pues bien, Oruga quería volar, quería ser uno de esos insectos tan preciosos e imponentes, con sus grandes alas coloreadas, surcando el cielo por encima de las flores…
    Un día decidió que debía contárselo a su mejor amigo, pues a lo mejor su sueño podía hacerse realidad y ella no lo sabía. Aparte, ya era hora de contárselo a alguien y dejar de mantenerlo en secreto, y Oruga sabía que su mejor amigo no se burlaría de ella.
    El día llegó, y Oruga con un poco de miedo se lo contó todo a su mejor amigo, que era una pequeña araña:
    -Te contaré una cosa, pero necesito que me ayudes, ¿vale? - dijo Oruga.
    - ¿Que te ayude?, eso está hecho.
    - Verás… Siempre he querido volar…
    - ¿Volar?, ¿siendo una oruga?, vaya… si que es complicado de conseguir… Pero deberías preguntarle a otra oruga.
    - ¡Pero yo soy la única oruga del bosque!, ¿con quién voy a hablar?
    - Hace tiempo escuché que había otra oruga en el bosque… Preguntémosle a más gente.
    Oruga y su amigo salieron en la búsqueda de la otra oruga que vivía en el bosque.
    Preguntaron a todos los insectos, mariquitas, abejas, avispas, hormigas… menos a las mariposas, que no las conseguían alcanzar. Oruga y la araña no sabían que ellas tenían la respuesta.
    Al cabo de una semana decidieron ir a preguntar a la Abeja Reina, que era el insecto más sabio, de todo lo que pasaba en el bosque ella se enteraba.
    Les costó un poco entrar en la colmena, pero al final consiguieron acceder a la zona donde se encontraba la Abeja Reina. La Abeja Reina les resolvió todas las dudas…:
    -Buenos días. Nos preguntábamos si podría ayudarnos – dijo Oruga.
    -Buenos días. Por supuesto. ¿Cuál es vuestro problema?
    -Yo creía que era la única oruga del bosque, pero al parecer hay otra, y la estábamos buscando.
    - Ah sí… Había otra oruga… Pero ella ya echó a volar hace tiempo.
    - ¿Echó a volar? - dijo Oruga muy sorprendida.
    - Oh claro. Tú también echarás a volar algún día.
    - Pero… eso es imposible.
    - Verás, todas las orugas al llegar a cierta edad pasáis por una transformación llamada metamorfosis.
    - ¿Metamorfosis?
    - Sí. Cuando seas adulta, te meterás en una crisálida, un capullo, y al paso de un tiempo te convertirás en una hermosa y gran mariposa.
    - ¿De veras? Vaya… Pues ya tenemos toda la información necesaria, muchas gracias.
    - Ha sido un placer.
    Oruga y la araña se despidieron y salieron de la colmena.
    Al paso de unos pocos días, Oruga se empezó a sentir mal, agobiada, y no se podía mover. Vio que un hilo interminable lo envolvía y todo daba vueltas. Entonces se sumió en un sueño en la oscuridad….
    Pasado un tiempo, Oruga, se despertó, apartó todos los hilos de seda que había a su alrededor y andando llegó hasta un estanque. Vio en su reflejo que tenía unas maravillosas y enormes alas coloridas. Intentó aprender a volar, era difícil, pero con ayuda de la araña, lo consiguió.
    ¡El sueño de Oruga se había hecho realidad!
    A partir de ese momento, Oruga decidió que iba a salir del bosque, quería explorar.
    Visitó selvas, llanuras, montañas, valles, playas, ciudades… Cumpliendo así su deseo desde que era una pequeña oruga de sobrevolar y surcar los cielos por encima de las flores…

    ¿Realidad o dimensión?

    ¿Realidad o dimensión?

    Todo comienza con un día aparentemente normal. Yo estaba, como de costumbre, navegando por Tik Tok cuando de la nada apareció un vídeo que hablaba sobre cómo podrías mover tu conciencia a otro cuerpo para cambiar de realidad. Quedé tan sorprendida como tal vez te encuentres tú en estos momentos, y decidí investigar un poco sobre ello. Me sorprendí gratamente al ver tanta información sobre aquello ¿Sería real? Además de abundante información habían muchos testigos de este fenómeno, y cada vez me sentía más intrigada y con más ganas de saber del aparentemente tan conocido Shifting.

    Me siguieron apareciendo vídeos en Tik Tok sobre el cambio de realidad. “¿Sabías que necesitas un guión para ir a tu realidad deseada?” “¿Sabías que tienes que meditar para hacer más fácilmente el cambio de realidad?” “¿Sabes cuántos métodos hay para hacer shifting?”. Demasiadas dudas me rondaban por la cabeza, y qué mejor manera de resolver esas dudas que ACTUANDO! Así es, hice un guión para ir a mi “Realidad deseada”, lo corregí varias veces, para asegurarme de que todo estaba en orden y un día en el que me sentía con seguridad lo intente. Al abrir los ojos estaba ahí, había cambiado de realidad, era real, se sentía real.

    Estaba en la habitación de mi realidad deseada, una realidad que yo misma había creado, una realidad en la que pasaría todo lo que yo quisiese, y eso era maravilloso. En cuanto a cómo se sentía, era muy real, los olores, el frío y el calor, lo que era suave o áspero, era todo real. Está claro que había muchos cambios en cuanto a la distribución de mi cuarto y de manera general, donde estaba.

    Para quienes se estén preguntando dónde he decidido ir. Soy una persona demasiado curiosa, que siempre quiere saber más y más sobre la vida, que nos oculta el mundo y como, de cierta manera, somos controlados por los mandos mayores, como lo pueden ser, el gobierno, la monarquía… Pues, si bien es cierto que me gustaría haber ido a algún mundo de película como Narnia, Hogwarts o alguna otra película o algún anime, acabe creando una realidad en la que yo formaba parte de la monarquía. No para tener los lujos de la misma, sino para saber qué era lo que realmente hacía la monarquía, y para ser sincera no logre recopilar nada de verdadera relevancia.

    Todo iba normal por aquella bonita realidad que yo había creado, no tenía nada que destacar en ella, salvo por el hecho de que notaba a gente demasiado rara, es decir, era normal tener gente que me quisiera hacer daño, al fin y al cabo era la reina. Sin embargo tenía la sensación de que ellos sabían más de mi de verdad, es decir, quien soy en realidad. Decidí no prestarle mucha atención a ese hecho y continúe con mi “investigación”.

    Todo marchaba normal, como había estado yendo hasta que a la hora de volver a la realidad en la que vivimos, no podía. Era extraño porque nadie se había quedado atrapado en su realidad deseada ¿Verdad? Pues ahora sí, yo.

    — Estoy segura de que esos hombres tienen algo que ver -dije mientras daba vueltas por el que era mi despacho- ¿Qué debería hacer ahora? Si no puedo regresar, no podré continuar con la vida que tenía, y aquí no se que voy a hacer, soy la reina, sí pero esto no es lo mio. Y tengo unos hombres que me están siguiendo todo el día. -dije mientras empezaba a desesperarme-

    Seguí analizando la situación, y obtuve una hipótesis ¿Y si no había cambiado de realidad y había cambiado de dimensión? Se que todo junto suena muy surrealista, pero era la única idea que se me ocurría. Pero necesitaba pruebas para descartar o confirmar mi teoría.

    Trate de recordar lo mejor posible lo que había puesto en mi guión, y buscaba algo que faltara o que sobrara. No encontré nada, sin embargo hubieron algunos detalles, insignificantes tal vez, pero que me hicieron fruncir el ceño. Como por ejemplo; cuando casi me llaman por mi nombre real y no el que me había puesto en mi realidad deseada, trataron de rectificar rápidamente pensando que no me percataría, pero si lo hice.

    Después de varios meses tratando de volver a mi realidad o dimensión lo logre, cabe aclarar que un mes en mi realidad deseada era una hora en la realidad original. Cuando regresé me puse a investigar sobre lo que me había pasado.

    Efectivamente, tratando de cambiar de realidad había cambiado de dimensión. Sin más, continué mi vida con normalidad, preguntándome ¿qué habría pasado si no hubiera vuelto?

    ¿Todo por la ciencia?

    ¿Todo por la ciencia?

    Era un lunes como otro cualquiera. C-347 todavía dormía profundamente, después de haber podido descansar durante el fin de semana; sus heridas no estaban del todo curadas todavía, porque, como puedes imaginarte, ella es un conejo de pruebas. Su vida ha sido reducida a sufrir diariamente en el nombre de la ciencia. Los científicos siempre aseguran que su sufrimiento es necesario, ella no tiene opción de cuestionarlo.

    Pero ella no es un conejo de pruebas normal, ella prueba cosméticos: pasta de dientes, maquillaje, colonia, champú, desodorante, etc.

    Hoy lunes era el día en el que se probaba el champú. Su día empezó como otro cualquiera, fue arrebatada de su pequeña jaula para ser encerrada en una caja de cristal que solo dejaba salir su cabeza. C-347 estaba asustada, después de muchos días de pruebas había desarrollado estrés postraumático; pero recordar que tenía a su familia cerca la tranquilizaba. De pronto se acercó una mujer, que llevaba consigo una jeringuilla, C-347 ya sabía lo que venía después. La mujer se dispuso a inyectar el líquido transparente en los ojos de todos los conejos de la sala.

    Ese día la mayoría de compañeros de C-347, ella incluida, volvieron a sus jaulas ciegos y con quemaduras alrededor de los ojos. C-347 tuvo su peor noche hasta la fecha, lloró de dolor hasta que salió el sol pero cuando creía haberse dormido nunca despertó.

    Así fue cómo utilizaron su inocente vida para asegurarse que los productos que nosotros consumimos sean seguros. Pero ella no es la única que sufre este tipo de experimentos que justificamos con la ciencia. Miles de conejos han muerto con tal de que podamos disfrutar de estos productos cuando es totalmente innecesario. C-347 no fue la primera ni será la última pero no podemos utilizar la ciencia para justificar esto.

    ¿Y por qué no?

    ¿Y por qué no?

    Hola, soy Luna. Luna es el nombre que me asigné a mí misma ya que, al no haber conocido a mis padres, no me pudieron poner nombre. Vivo en el orfanato Casa de Amor junto a mi pequeño hermano Leo. Nuestra historia no es lo más bonito o tierno que habréis escuchado, sin conocer a nuestros padres, viviendo en condiciones aceptables pero con falta del amor incondicional que cualquier niño necesita. En el orfanato trabajan cinco mujeres que nos cuidan, dos guardias de seguridad en la puerta y dos conserjes. Ninguno de esos nueve adultos siente el más mínimo aprecio por ninguno de nosotros, por lo que los niños mayores del orfanato cuidan a sus hermanos pequeños o a otros niños de temprana edad como si fueran sus padres, teniendo que entregar su infancia a cambio de ver a los pequeños felices.
    Después de años siguiendo órdenes de esas antipáticas señoras, todos estábamos ansiosos por conocer el mundo exterior, pero no saliendo al patio veinte minutos al día, como solíamos hacer, sino pudiendo dormir bajo las estrellas, pudiendo admirar los distintos astros o pidiendo deseos a cada estrella fugaz que viéramos pasar. Prácticamente todos estábamos muy interesados por la astrología, ya que el único libro que no era de estudio era uno sobre los misterios del universo. Hablaba sobre el Big Bang y otras teorías de la creación del universo. Contaba lo diminutos que éramos en comparación a el tamaño de ese enorme espacio, hablaba de galaxias y montones de planetas con nombres formados por letras y números que parecían haber sido puestos al azar, estrellas que se unían con líneas imaginarias creando figuras llamadas constelaciones y muchas otras cosas que nos resultaban muy interesantes. Nos gustaban tanto que de ese libro sacamos nuestro nombre Leo y yo.
    Visto lo psicológicamente mal que estábamos en aquel orfanato decidimos entre todos que no sería así la vida que tendríamos que vivir hasta tener suficiente edad como para vivir por nuestra cuenta. Después de hablarlo varias veces, decidimos escapar. Algunos niños no querían irse, yo a todos les decía “¿y por qué no?” ante esa pregunta, los niños reflexionaban por un par de minutos y llegaban a la conclusión de que permanecer allí no sería nada bueno para ellos.
    Una vez que todo el mundo estuvo convencido del plan solo quedaba organizarnos y pensar en cómo esquivar a esos dos corpulentos guardias. Después de unos pocos minutos de pensar todos en silencio, la niña más callada de todo el orfanato gritó “¡Ya se! Esos adultos solo están preparados para evitar que un solo niño escape. ¡No están preparados para que todos lo hagan!”
    ¡Claro! A nadie se le había ocurrido esa idea, sin duda les superábamos en número y en agilidad. Solo falta conseguir comida para el camino y por fin seremos libres.
    Al niño al que tomábamos por el menos inteligente dijo que deberíamos distraer a las cuidadoras tirando una mesa llena de comida “accidentalmente” para que las cuidadoras riñeran a los culpables, los guardias fueran a ver que ruido había sido ese y los conserjes tuvieran que recoger todo, además de que las cuidadoras, que eran quienes cocinaban tuvieran que volver a preparar la comida, en lo que usualmente tardaban más de una hora. Mientras todos los adultos estaban entretenidos, los niños mayores cogerían toda la comida necesaria mientras que las niñas mayores sacaríamos al resto sigilosamente. Los niños que se habían ofrecido voluntarios para tirar la mesa tenían entre diez y once años y eran muy conscientes de que serían los que tendrían más posibilidades de no poder escapar junto al resto, aun así, decidieron correr ese riesgo por su gran deseo de libertad. Teniendo en cuenta que el orfanato estaba en medio del campo teníamos pros, como el hecho de que no nos detuviera la policía y contras, como lo que todos nos preguntábamos “¿dónde iremos?”. Debo admitir que estábamos asustados, pero el deseo de la libertad fue mayor que el miedo y nos lanzamos a la aventura. Tiraron la mesa, todo ocurrió como estaba planeado, menos el hecho de que una cuidadora nos vio, pero también habíamos pensado que eso podría ocurrir. La inmovilizaron los niños más altos y fuertes y la dejaron atada a un árbol con la boca tapada. Evidentemente, seguía respirando, no habíamos perdido la cabeza, o al menos no por completo.
    Corrimos sin parar, al mirar hacia atrás vimos a dos cuidadoras gritando que volviéramos, pero ya era tarde, ya éramos libres.
    A partir de ahí nunca perdimos el contacto entre nosotros y todos terminamos volcándonos totalmente por el espacio.
    Muchos dicen que mi historia no es real y yo solo les respondo “¿Y por qué no?”

    ¿Y si ...?

    ¿Y si ...?

    Cualquier estudiante que haya cursado alguna vez las asignaturas de física, química, biología o cualquier asignatura derivada de alguna disciplina de la ciencia siempre se ha preguntado algo del estilo de: ¿Y si …? ¿Y si a Newton no se le hubiese caído la manzana en la cabeza? ¿Y si Einstein no hubiese planteado la teoría de la relatividad? ¿Y si Galileo Galilei no hubiese creado el microscopio o el método científico? ¿Y si Alexander Fleming no hubiera descubierto la famosa penicilina? ¿Y si Hedy Lamarr no hubiese desarrollado el WIFI?

    Bueno, tal vez tú no te habrás preguntado nunca esto, pero ella sí. Olivia desde siempre se hizo este tipo de preguntas, no porque no le gustase la ciencia, todo lo contrario, a ella le encantaba y le encanta, pero más le hubiese gustado poder mantener una conversación con cualquier científico que haya marcado la diferencia. Olivia tiene 28 años y es una chica muy inteligente y trabajadora, aunque siempre ha sido una soñadora y un poco torpe. Termino la ESO y bachillerato con una media de diez y entró a la universidad que deseaba donde se sacó la carrera de física y nada más terminarla entró en la de química. Ella se dedicaba a estudiar y aparte sus tardes y sus noches eran de investigación y creación de inventos junto a algunos de sus compañeros de la universidad, muy curiosos también. Nuestra protagonista mil veces al día se planteaba como conseguir su objetivo, la respuesta era fácil, conseguirlo muy difícil, la construcción de una máquina del tiempo o un pequeño agujero negro sintético, es algo tan complejo, pero tan deseado por ella que desde los primeros años que podía pensar racionalmente se lo estaba planteado, mil diseños de diferentes máquinas con diferentes teorías aplicadas, fórmulas y diferentes maneras de activarlas y componerlas.

    Una tarde estando al laboratorio junto a su amigo Mario a las seis la mañana ocurrió lo inesperable, Mario ya estaba harto de seguir intentándolo y que no saliera nada, entonces a la propuesta que estaban haciendo esa noche, con la que llevaban más de cinco meses realizándola, la empezó a destrozar a patadas que hicieron que las piezas se movieran de lugar, y ella mientras forcejeaba con él para intentar frenarlo, tiró sin querer encima de la máquina diferentes combustibles, unos ácidos y unos cristales con los que habían trabajado esta mañana para realizar un trabajo de química de la universidad, todo esto provocó que la máquina empezara a hacer ruidos y pegar chispazos y de repente se dieron cuenta de que estaban en un pueblo remoto que no reconocían. No supieron si su máquina había funcionado accidentalmente, si estaban en el pasado, en el futuro, si habían hecho solo una máquina de tele transporte y estaban en otro lugar del mundo, no tenían ni remota idea de lo que había pasado, así que decidieron tranquilizarse e investigar. Sus emociones eran una mezcla entre miedo, alegría y confusión, pero aun así decidieron caminar, ya que estaban muertos de la intriga. Al llegar al casco antiguo de esa especie de aldea, Olivia reconoció al inmediato que estaban en el pueblo de Isaac Newton en el siglo diecisiete y fueron corriendo a donde se situaba su casa para ver si era cierto lo que veían sus ojos y efectivamente Newton estaba sentado debajo de uno de los manzanos de su jardín leyendo un libro, muy emocionados saltaron la vaya y corrieron hacia él, pero no se percató, ya que estaba muy concentrado en su libro, pero de repente a unos cuantos pasos del científico, Olivia se tropezó y se calló, y de la nada empieza a escuchar como si la estuviesen llamando, una y otra vez, con un timbre de voz muy familiar.

    Se despierta en el hospital, con su madre al lado y dos médicos que le estaban tomando las constantes, su madre le dice: “Cariño pensaba que te había pasado algo. ¡ Qué susto hija! Tus compañeros te encontraron esta mañana junto a Mario desmallados en el aula de inventos junto a una mezcla de diferentes vertidos según los médicos muy tóxicos al reaccionar entre sí" Y ahí, ella lo entendió todo.

    ¿Y si el Universo no fuera en realidad lo que pensamos que es?

    ¿Y si el Universo no fuera en realidad lo que pensamos que es?

    Todo comenzó con un nombre: Gaia. Una simple palabra había hecho que yo me encontrara presente en un bucle temporal, avanzando cada vez al mundo de lo microscópico, atrapado en aquello que llaman el mundo cuántico.

    Pongámonos en contexto, la primera cosa que recuerdo es estar en clase de biología, ese día estábamos hablando de la reproducción celular, dícese, mitosis y meiosis. Cuando, derivando en otros temas llegó a mis oídos una palabra: Gaia. Me sonaba familiar, pero no permanecía en mi memoria recuerdo alguno que me ayudase a descifrar el significado de esta. Así que, llevado por mi curiosidad me dispuse a averiguar su procedencia. En primer lugar decidí consultarlo en internet. Resulta que era una teoría que afirmaba que la Tierra era un ser vivo -“Qué tontería”- pensé yo. Pero tras una leve reflexión se me abrió la mente, ¿podría ser nuestro planeta en realidad un organismo vivo?. Decidido a llegar a una conclusión, cavilé: “qué mejor forma que analizarlo desde un punto crítico”. Para que algo sea considerado vida, debe poder cubrir las funciones vitales de nutrición, relación y reproducción.

    En cierta medida, la Tierra se alimenta de los restos biológicos que dejamos los animales y personas al morir, eso posibilita la existencia de plantas y en consecuencia que estas realicen la fotosíntesis y liberen oxígeno por los estomas a la atmósfera. En cuanto a la función de relación, quedé ojiplático al descubrir que desde hace miles y millones de años la Tierra ha permanecido con una temperatura constante de 20ºC, mientras el resto de planetas iban aumentando en temperatura con el crecimiento respectivo de nuestra estrella solar. Eso supone que La Tierra es y ha sido capaz de recibir un estímulo y en consecuencia elaborar una respuesta en forma de termorregulación, manteniendo así la temperatura idónea para la existencia de vida.

    Por otra parte, recordé una noticia que leí hace tiempo, esta comentaba que hace cien años, antes de tener la pandemia de Sars-2, Europa había sido asolada por otra pandemia, la denominada gripe española (cabe mencionar que esta enfermedad es originaria del continente asiático y no de España, el nombre fue acuñado erróneamente). Anteriormente a esta, la humanidad había sufrido millones de muertes a causa de la propagación de la peste. Y no hablar de catástrofes naturales… Así que llegué a la conclusión de que los humanos podríamos ser un parásito y que la Tierra trata únicamente de defenderse de nosotros a base de enfermedades, terremotos, maremotos, plagas, etc. Y de igual manera que los microorganismos patógenos evolucionan y son capaces de sobrevivir a nuestros medicamentos, el ser humano se las había ingeniado para hacer frente a las defensas del planeta.

    Dicho esto, procedí a examinar cómo podía relacionar la reproducción de una célula con un planeta, parecía impensable, pero como siempre, la realidad supera a la ficción. Me bastó con observar imágenes del telescopio Hubble para confirmar mi teoría.

    En ciertas imágenes del universo podía observarse dos polos que recordaban a los ciclos de anafase y telofase de la división celular. Eso explicaría el distanciamiento entre galaxias causado por el Big Bang, ya que unas serían copias de otras y ambos núcleos se estarían alejando entre ellos igual que lo harían los de una célula. Además, los microtúbulos del huso que tiran de cada una de las cromátidas durante la anafase equivaldría al tejido espaciotemporal. Una vez entendido esto, si es que hay forma de hacerlo, llegué a la conclusión de que si una galaxia tiene la misma forma que una célula, tal como dicen otras teorías muy curiosas, nuestro universo podría ser meramente parte de un organismo superior, y que nosotros fuéramos, por ejemplo, una célula hepática . Extrapolando esta idea, que el universo es parte de una célula de un organismo, apliqué la lógica para llegar al siguiente razonamiento: “Yo soy un organismo vivo, entonces, mis células tal como propone esa teoría, están formadas de universos”.

    Una vez planteada dicha teoría sólo tenía que demostrar su existencia. Durante los próximos seis meses me dediqué íntegramente a pensar en cómo podía hacerme tan pequeño, reducirme tanto, como para entrar en una célula humana. La respuesta llegó de manos de la física cuántica.

    A partir de ese momento desarrollé diferentes prototipos de trajes, vehículos y máquinas empequeñecedoras. Pero no siempre salen las cosas como queremos. Desgraciadamente hubo un fallo que repercutió en una prueba, y accidentalmente empecé a encogerme tanto y tanto que llegué a entrar en la célula epitelial de una muestra de tejido, pero, ¿sabéis que encontré dentro?. Un universo alternativo al nuestro: ¡mi teoría se había confirmado y había descubierto la existencia de multiversos! El lado negativo era que el proceso seguía sin cesar, entrando en nuevas células descubriendo así más universos alternativos y empequeñeciendo hasta la eternidad.

    ¿Y si fuera cierto?

    ¿Y si fuera cierto?

    10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0…

    DESPEGUE!!

    Este cohete llevaba dentro un satélite para ir a la galaxia vecina, allí iría a buscar un
    agujero de gusano. Este tenía unas cualidades diferentes a los otros y los científicos
    pensaban que esto sucedía porque este en vez de llevarte de un lugar de la galaxia a
    otro te llevaba a otra galaxia. Allí el satélite investigaría sobre las igualdades entre
    nuestra galaxia y a la que llevaba dicho agujero.

    El cohete había ido exactamente por la ruta marcada, había cruzado la atmosfera y
    hecho todas las separaciones necesarias hasta llegar a la luna. Al estar en el lugar
    adecuado desplegó el creador de agujeros de gusano para no tardar tanto tiempo en
    llegar. Una vez abierto el agujero de gusano, la nave lanzó el satélite. Para que este lo
    atravesara solo se necesitaron unas horas, pero para la Tierra fueron años.
    Al llegar al otro lado empezó a registrar planetas, la mayoría de ellos helados aunque
    había alguno en el que se podía desarrollar vida microbacteriana. De repente, el satélite
    desapareció del radar, pero lo extraño era que sus instrumentos seguían unidos y
    funcionales enviando información a la Tierra. Al comprobar desde nuestro planeta las
    imágenes que tomaba se veían interferencias eléctricas y electromagnéticas. Cuando lo
    estudiaron eran exactamente como los protones, solo que estos tenían el tamaño de
    una pelota de fútbol. Al comunicar esto, todos los científicos se pusieron a estudiar este
    fenómeno y a formular teorías. La que mejor encajaba era que el Bosón de Higgs, al estar
    en otro universo paralelo era menor en masa así que allí todo sería diferente en masa,
    de esta manera el satélite habría menguado hasta llegar a tamaños cuánticos. Por eso
    se verían las partículas y habrían interferencias eléctricas y electromagnéticas.
    Al principio todos pensaban que eso era bueno y que habían hecho el mayor
    descubrimiento de la historia hasta que un científico pensó: si por una casualidad el
    Bosón de Higgs cruzara por el agujero de gusano como el satélite hizo, solo que hacia
    nuestra galaxia, este crearía una burbuja que se lo iría tragando todo. Dentro de esta
    todo sería menor en masa ya que el Bosón de Higgs del otro universo era así.

    En la tierra entraron todos en pánico, así que idearon un plan: al tragarlos la burbuja un
    grupo de elegidos irían a buscar el Bosón de Higgs, este tendría un tamaño similar al de
    los electrones así que ellos irían a buscarlo en un cohete propulsado con antimateria
    para llegar hasta el bosón lo más rápido posible para que este no se alejara mucho del
    agujero de gusano, lo meterían dentro y cerrarían el agujero usando el ángulo mágico
    del grafeno. Una vez preparado el plan esperaron hasta que llegó la burbuja a la Tierra.
    Ellos no se dieron ni cuenta ya que la burbuja iba a velocidad luz, solo se enteraron
    cuando de repente por la calle habían partículas que se veían a simple vista, se podía
    estar en superposición, el tiempo no iba igual para todo el mundo ya que algunos al
    estar en el mundo cuántico podían ir más cerca de velocidad luz, así que para ellos
    pasaba poco tiempo mientras que para los demás pasaba mucho. Al darse cuenta de esto reunieron los
    elegidos y empezaron a ejecutar su plan. Lo primero que hicieron fue
    preparar el grafeno apilando láminas de grafito, después de eso prepararon el cohete
    rápidamente y al viajar usando antimateria llegaron enseguida. Al llegar tuvieron que
    buscar poco ya que al ser el bosón de Higgs el que da masa a todas las demás lo vieron
    enseguida. Ellos, usando la fuerza de atracción de una estrella artificial, lo metieron dentro
    del agujero y usando el grafeno dibujaron una circunferencia sobre él y este se cerró.
    Ellos subieron a la nave y

    7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0…

    DESPEGUE!!

    ¿Qué había pasado? ¿Había ocurrido de verdad, o había sido todo un sueño? ¿Tal vez

    habíamos retrocedido en el tiempo? Supongo que nunca lo sabremos… ¿O sí?

    ¿Y sino es solo agua cayendo del cielo?

    ¿Y sino es solo agua cayendo del cielo?

    Estoy aquí mirando por la ventanilla del coche, más bien, intentándolo. La lluvia que hay fuera nos impide la visibilidad. Con una mano, acaricio a mí perra que tiembla como una gelatina, porque por desgracia se han juntado las dos cosas que más odia en este mundo las tormentas e ir en coche con dirección a Madrid.
    Mi padre ,con cara de concentración, baja el puerto. Al volante de nuestro coche que parece una limusina, excepto por la tierra en el suelo, los pelos de perro y el calor; osea, para resumir, no tiene nada que ver con una limusina.
    Y todo esto ha ocurrido porque los rayos del sol que estos primeros días de verano aprietan con fuerza han evaporado agua de ríos y mares, esta agua ha subido y subido hasta la troposfera, donde las gotas, sin querer, se convierten en nubes, donde engordan mucho por tomar mucha agua, hasta que expulsan todo en forma de lluvia, y vuelta a empezar.
    Mientras tanto, yo miro por la ventanilla o, por lo menos, lo intento, mientras pienso en que será lo próximo que escribiré, y esto fue todo lo que escribí.

    ...el final del principio o el principio del final…

    ...el final del principio o el principio del final…

    Y se apagó todo, no veía nada, era todo completamente oscuro, ni siquiera veía el graso cabello fucsia que lucía mi mujer, por debajo de mis ojos, ni podía percibir el dulce olor de la colonia que rociaba en la habitación cuando dormía.

    No sentía nada, era como si solo estuvieran volando mis ojos y yo en una habitación infinita y oscura.

    Hasta que escuché algo, un pitido fino y blanco, podía verlo. Era como una película sacada de un cuento de hadas, y lo toqué, no sé como la verdad, no sentía nada, no parecía que tuviese cuerpo.

    Aun recuerdo ese momento, sigo sin verle coherencia o sentido, pero pasó.

    Y entonces me introduje en un largo y hondo agujero, parecía que me estaba introduciendo en el estómago de color gris y violeta, la sensación era de mareo. Ahí sí que noté mi cuerpo, notaba que se iba de un lado para otro mientras caía, o eso parecía.

    Pasaron unos minutos, después, aparecí en el espacio, literalmente, aunque no estaba del todo seguro de que fuera yo.

    Hacia dónde caía, no era ningún sitio, que yo diría ”conocido por la ciencia” sino que era como una luna, pero pequeña.

    Era gris, con pequeños agujeros, mis pies chocaron contra el suelo de esa “pequeña luna”, esta vez no fue suave y con delicadeza, sino con fuerza.

    Cuando aterricé, era todo un sueño. Mi cabeza repetía una y otra vez que despertase, parecía tan real, no sabía que estaba pasando, entonces repasé todo mi paisaje.

    A través de mis ojos recibí los suaves colores de la Tierra, azul marino, también por algunos contornos un poco más claro, colores blancos y grises sobre la superficie, marrones de distintas tonalidades.

    Al lado vi la luna, era mucho más descolorida que en la que se supone que estaba yo, en cambio, mucho más grande.

    En ese momento me giré y vi un sillón, un sillón negro y gris que estaba plantado delante de mis ojos.

    No sabía qué hacía yo allí ni el sillón, entonces, entre en pánico.

    Comencé a gritar el nombre de mis hijos y seguidamente el de mis nietas, llegó un momento en que poco a poco mi voz se fue convirtiendo en un fuerte e irritador balbuceo de mis labios y mi saliva chocando entre sí, después durante los gritos empezaron a cosquillearme diminutas gotas de agua por las mejillas mientras susurraba sigilosamente el nombre de mi mujer. Hasta que esas gotas se convirtieron en una cascada de lágrimas que llegaban hasta mi diminuto cuello. Ahí fue cuando perdí la noción del tiempo, de la orientación, del momento, me caí sobre el sillón, y cerré seguidamente los ojos.


    …….

    -Un año después-

    …….


    <<Me despierto y me siento en el sillón como cada día, pulso al botón , localizó la casa y aprieto.>>

    <<Ahí está, mi nieta Laia, está en casa con su novio, no la quiero intimidar, así que mejor la dejo, no quiero ver cosas que no sean necesarias.>>

    <<Dejo la imagen de mi casa con mi mujer haciendo ganchillo en el sofá y procedo a desayunar.>>

    <<Cojo el menú del Jueves, y me aparece en mi mesa voladora.>>

    <<Me echó una siesta y entonces veo la hora, es tarde, cojo el mando volador, localizo el sitio y aprieto.>>

    <<Ya está, ahí está, creo que esta hablando con, ¿Téa se llamaba? No sé, está riendo creo, hacía bastante tiempo que no veía sus dientes, creo que va a coger algo, ah!, le está leyendo algo, o cantando, no sé.>>

    <<Siempre prefiero ver las imágenes en silencio.>>

    <<Quiero que sigan teniendo su intimidad, alcanzo a leer un, “hola yayo”, entonces si le pongo voz, es un mensaje para mi.>>

    <<Como la quiero, la echo de menos, pero me alegro que aun me recuerde y que siga luchando mi pequeña nieta, Queralt.>>

    ……….


    Esto explica la teoría llamada “Hipótesis contraria a la existencia de vida tras la muerte.” Esta explica la hipótesis más lógica extendida por todos los científicos a lo largo de todos estos tiempos. Se trata de lo que pasa después de lo llamada la muerte, o según esta teoría, durante.

    Mientras cada parte de nuestro cerebro se va apagando poco a poco, nuestro cerebro puede inventarse diferentes, finales, o no finales durante unos segundos del funcionamiento cerebral mientras el organismo deja de funcionar.

    Esto explica las viviencias de después de la muerte. Según la descripción de la mayoría de las personas que han pasado por esta sensación, describen el momento como un sueño, en cambio, cada uno no tiene nada que ver entre sí, menos algunas cosas en común.

    Cada uno tiene un sueño diferente. La mayoría pensaban que habían estado mucho más tiempo “muertos”, ya que algunos explican que pensaban que habían pasado horas, e incluso años, cuando tan solo alomejor la duración hubiera sido de dos segundos, pero para esas personas, eso les parecía más que poco.

    Esto puede explicar un final, o no.


















    "Cartas a Dorothea"

    "Cartas a Dorothea"

    Miércoles, 25 de abril de 1962
    Chelsea, Londres
    Reino Unido

    Mi querida Dorothea:

    Hace ya cuatro años que dejé de agonizar en aquella camilla de hospital en Chelsea, a consecuencia de aquel insoportable dolor que manaba de mi vientre. ¡Cuatro años ya! ¡Qué rápido pasa el tiempo!

    Superada la tortura conseguí, al fin, descansar en un profundo sueño. Cuando abrí los ojos, no sabía dónde me hallaba. Estaba en la habitación del hospital, sin ningún cambio aparente hasta que decidí darme la vuelta y… ¿Qué es con lo que me encontré?, con mi cuerpo rígido, tieso, inerte cual piedra. Ya no había ninguna solución, había muerto.

    Al principio la muerte fue muy dura, ver que el mundo seguía girando sin ti era difícil de asimilar, pero al final, como todo, una se acostumbra. Como alma en la que me he convertido, seguía el día a día de todos a aquellos a quienes he querido y sigo queriendo: a mi padre, a mi madre, a ti cuando te dejabas ver por Inglaterra, a mi francés Mering… pero tu mejor que nadie sabes que lo más importante para mí, era mi trabajo, aquello por lo que luché toda mi vida.

    Seguí cada movimiento, cada paso, cada logro de aquellos que siguieron mi investigación, el mayor logro de mi carrera como profesional: la famosa “Fotografía 51”, donde se podía observar la teoría de la doble hélice a la perfección. Pero fueron muy listos. En parte, y gracias a mis estudios e investigaciones de toda una vida, han conseguido este mismo año, el premio de reconocimiento que cualquier estudioso anhela, El Premio Nobel de Medicina.

    Lo obtuvo James Watson junto a Francis Crick y mi queridísimo compañero del King’s College, Maurice Wilkins, ¿Percibes mi sutil ironía? Gracias a ellos y su gran compañerismo, me tuve que trasladar de universidad y también gracias a ellos no he obtenido el reconocimiento que creo que me merezco. Wilkins, que me tachaba de desagradable, se reía de mí y no dudaba de burlarse ante mis compañeros por mis maneras “afrancesadas” tuvo, al menos, la decencia de mencionarme en el discurso que dio en la ceremonia de entrega de los Nobel, no como otros… Yo me he preguntado muchas veces: ¿por qué mi trabajo no fue valorado? Al fin he hallado la respuesta: simplemente por el hecho de ser mujer en un mundo de hombres.

    Casualmente, el 25 de abril es la fecha en la que se conmemora el día internacional del ADN, coincidiendo con el día en que se hicieron las publicaciones de Watson y Crick sobre el ADN, ¿Dónde está mi fotografía? Sumergida en el olvido.

    La cosa hubiese cambiado y mucho si en vez de mujer, hubiese sido hombre, entonces mi trabajo si que hubiera tenido mérito y reconocimiento por toda la comunidad científica, pero el machismo que reinaba en dicha comunidad no estaba preparado para que una mujer tuviese los mismos, o más, conocimientos científicos que los hombres. Sin embargo, la falta de reconocimiento a lo largo de toda mi carrera no hace que quiera ser hombre para ser alguien, porque estoy orgullosa de quien era y de quien soy, una mujer científica buscando el reconocimiento por mi trabajo y no por mi sexo.

    Dorothea, ¡estoy harta! Harta de que nos ninguneen, de que se crean con derecho a restar valor a nuestro trabajo. La presencia de la mujer en el ámbito de la ciencia se ha de incrementar para evitar situaciones de injustica, exponiendo mi caso, por ejemplo, o el de cualquiera de mis compañeras que hayan sufrido por este menester, como Nattie Stevens que descubrió los cromosomas X e Y o Agnes Pockels, que encontró una forma de medir la tensión superficial de líquidos, pero después ¿Quién se llevó el mérito de estos extraordinarios trabajos? Los hombres. El “efecto Matilda” debe cesar. El reconocimiento de la mujer es necesario para un verdadero progreso y no solo científico sino también moral y social.

    Sueño que, en algún futuro, más bien cercano, la mujer consiga ese papel que le corresponde. Que se libre de todos aquellos estereotipos que yo misma viví en mis propias carnes, recibiendo comentarios como los que hacían Watson y Wilkins “todos sus vestidos mostraban una imaginación propia de empollonas adolescentes inglesas” o “era evidente que, o Rosy se iba, o habría que ponerla en su sitio…” ¡Como odiaba que me llamaran así!

    Las mujeres somos más que una cara bonita. Somos inteligentes, luchadoras y aguerridas, solidarias y hermanas capaces de conseguir todo lo que nos propongamos. Pero también somos hijas, esposas, madres, amigas, compañeras...

    Duermo con la esperanza de ese futuro tan prometedor, donde la igualdad sea uno de los pilares fundamentales de la sociedad.

    Te esperaré donde quiera que esté.

    De tu siempre amiga,
    Rosalind Franklin

    "Since We're Alone"

    "Since We're Alone"

    Al habla Alan Bowers, miembro AX-345 de la 9ª generación del
    BishopRing-1. Nos encontramos en lo que posiblemente será el último comunicado
    de la raza humana, proveniente del Sistema Solar, planeta Tierra, pero antes,
    empecemos a contar la historia desde el principio, el principio de nuestro posible
    final.
    El Gran Filtro, un concepto que en el último siglo ha cambiado la forma de ver
    el mundo de la peor manera posible. Desde la aparición de la Paradoja de Fermi
    habíamos relacionado el gran filtro con causas naturales o con nuestra propia
    autoextinción, sin embargo, el ser humano pudo llegar a la conclusión que, a pesar
    de las altas probabilidades que teníamos, no éramos nosotros los que íbamos a
    causar nuestra desaparición. Todo se remonta al año 2017, en el que por primera
    vez se vio al asteroide Oumuamua surcar el espacio, asteroide el cual nos llamó
    mucho la atención debido a sus características tan inhabituales, que hasta se llegó a
    pensar que podría haberse tratado de una nave extraterrestre, algo que a día de hoy
    no es tan descabellado, y es que se trataba de una especie de cometa teledirigido.
    Nunca se ha llegado a saber exactamente el por qué de lo ocurrido, pero se
    especula que la redirección del asteroide Oumuamua se debió al momento en el
    que se establecieron las primeras colonias en Marte de la mano de Elon Musk,
    podemos deducir que alguien o algo nos había estado vigilando y que no querían
    vernos avanzar como civilización o, lo que es peor, suponer una amenaza. Un grupo
    de científicos estuvo investigando esta nueva trayectoria del asteroide y vió que
    impactaría con la Tierra en el año 2144, algo que reforzaba aún más esa teoría.
    Los años posteriores a hacerse pública la noticia fueron desastrosos, los
    gobiernos se desmoronaban y la población pedía lo imposible, y, por si fuera poco,
    desalojaron gran parte de Australia causando así una gran sobrepoblación tanto en
    Estados Unidos como en Europa. Fue ya en 2103 cuando la Agencia Espacial
    Europea dio a conocer el proyecto que habían desarrollado en conjunto con la
    NASA, SpaceX y el gobierno de los EEUU y la Unión Europea. Habían necesitado
    construir una gran base en el norte de Australia y sobre nuestras cabezas, habían
    desarrollado una titánica estación espacial la cual nos impulsaría hacia las estrellas,
    se trataba de un Anillo de Bishop, una mega estructura espacial que gracias a la
    fuerza centrífuga es capaz de formar su propia gravedad y, de este modo, su propia
    atmósfera. La estación, actualmente nuestro hogar, a la cual llamaron BishopRing-1,
    estaba totalmente equipada para vivir y producir lo necesario para las suficientes
    generaciones hasta llegar a nuestro destino, Proxima Centauri, lugar donde el ser
    humano podría empezar de cero e intentar vivir en paz. Solo faltaba una cosa, la
    tripulación. Esto fue lo más difícil de decidir, y es que realmente pocas personas
    conseguirían sobrevivir a esa extinción masiva, es decir, quedarse en la Tierra
    suponía un final asegurado, cogieron a las mejores mentes de distintos ámbitos sin
    importar el estatus social para ser pasajeros de la BishopRing-1 y así poder darle una segunda oportunidad a la raza humana, dejando atrás a las otras millones de
    personas que habían dado sus vidas por estos 1.000 afortunados.
    Ya en el año 2110, con todo listo, la estación espacial partió rumbo hacia lo
    desconocido y el resto, es historia. Hasta el día de hoy, año 2233, año en el que
    posiblemente se termine la historia de la raza humana, y es que solo queda un
    último comunicado que dar, nos han encontrado, o mejor dicho, nosotros los hemos
    visto a ellos.

    2050

    2050

    10 octubre 2050.
    Esto se ha vuelto un mundo de locos, los avances científicos y tecnológicos hacen que el mundo actual se vuelva loco.
    He empezado a escribir para desahogarme pero lo escribo en una libreta, de esas que se usaban 16 año atrás, no me fio
    de la tecnología dado los hechos que empezaron hace dos semanas.
    Es simple, aquello de las películas de ciencia ficción del 2021 se están volviendo reales, sobre todo el tema de los
    robots, eso ya es una locura. Ahora entiendo lo de que la realidad supera a la ficción. Básicamente todo se informatizó
    hasta llegar a un punto en el que la población de la tierra, en general la mitad son robots. Son más efectivos que los
    humanos y para las fuerza armadas son más eficaces y no lamentan vidas, también dicen que eso beneficia a la familias,
    así no se preocupan. Lo que no veo normal es esa obsesión por reemplazar a los humanos casi por completo y esta
    propuesta viene por parte del gobierno.
    Esto significa que la raza humana está en peligro de extinción por nuestra propia culpa. Sin embargo esto no es lo peor ,
    si no que dio lugar a una rebelión por parte de los androides que les hizo estar en contra nuestra. Me enteré de que fue
    por un fallo en el código de conducta de los robots, pero tengo una hipótesis, la cual consiste en culpar a alguno de los
    creadores de los últimos modelos dado que fueron los primeros en demostrar problemas y parece que el resto se
    “contagió” al igual que con un virus o enfermedad, como un apocalipsis zombi pero con robots, lo que claramente es
    peor. Realmente más que un fallo parece un virus.
    Somos unos seis supervivientes, contando conmigo claro, y ahora mismo estamos escondidos en la empresa donde
    trabajaban tres de ellos.
    12 octubre 2050
    Seguimos escondidos pero ya tenemos plan para salir, saldremos en grupo para intentar no dejar a nadie atrás.
    Hemos pasado por mucho saliendo, casi nos ven pero lo manejamos bien, supongo, fuimos lo más rápido posible en
    busca de otro lugar donde parar y la verdad es que fue difícil. Quien lo encontró fue uno de los chicos del grupo, creo
    que se llama Mikel , es Americano vino ha España en busca de trabajo en el proyecto de los robots con una idea
    mejor, según dijo el, pero no necesitaban ideas sino informáticos así que acabó trabajando en código.
    Vio una sucursal de correos, que parecía abandonada y como no había nadie, ni nada, alrededor decidimos arriesgarnos.
    Creo que cometimos un error confiando tan rápidamente, porque al entrar nos dimos cuenta de que los androides, o
    algunos de ellos, estaban dentro. Sentimos muchísima angustia pero parece que no nos vieron todavía, y seguimos
    dentro con ellos estando por ahí. Personalmente he notado que estos no se comportan como los infectados, sino que se
    asemejan más a humanos.
    Puedo afirmar que han cambiado de forma es más tienen apariencia humana, pero son más fríos al actuar, he propuesto
    que salgamos y hablemos con ellos, observándolos un poco no hemos dado cuenta de que están de nuestro lado,
    demuestran estar en contra de los robots infectados. Definitivamente vamos a salir.
    La cosa ha ido bien, hablamos con ellos y estamos de su parte, nos han dicho que se encargarán ellos de luchar y así
    pueden evitar la perdida de más de nosotros, lo hacen para que la humanidad prospere. Ha mi parecer demuestran tener
    rasgos de empatía cosa que se me hace rara dado que son robots. Creo que por hoy no voy ha escribir más en el diario,
    si veo novedades importantes realmente, sin dudar las escribiré.
    18 octubre 2050
    Ha pasado aproximadamente una semana, estos “humanos”, así hemos bautizado ha ese grupo de robots, que originales
    somos. Pero creo que es la forma más acertada dado que son muy distintos a los otros androides. Tienen un plan para
    que nosotros sobrevivamos, es sencillo han localizado un lugar completamente deshabitado donde podemos quedarnos
    mientras ellos se encargan de derrotar a la amenaza. No se si saldrá bien, pero eso espero. Nuestra vida depende de
    esto.
    22 octubre 2050
    Han pasado cuatro días desde que formamos el plan y hoy se va a poner en marcha. El lugar que nos han destinado es
    una isla muy apartada de toda civilización, es decir allí no llegaron las tecnologías, es más es una isla de reciente
    aparición.
    Estemos embarcando en un velero que nos llevara a la isla, el barco tiene arreglos para que resista a las tormentas y así
    llegar en perfecto estado. Ya en el medio del mar me di cuenta de que la ciudad cuando nos fuimos estaba arrasada y
    espero que a los ”humanos” les vaya bien en la batalla.

    28 de octubre del año 3500:

    28 de octubre del año 3500:

    Otro nuevo día comienza en Washington. Las maquinas se reactivan, los robots se despiertan, y los pájaros cantan, esta vez, cual opera prestigiosa.
    Se respiraba frescura, los purificadores de aire nunca se detenían. Las flores y los arboles emanaban oxigeno descaradamente. La energía se renueva y los “nuevos” pensamientos afloran.
    En la central de biomedicina e investigación científica, en el piso mas recóndito de el edificio, se encontraban aquellos cubículos que nadie tenía permitido apagar o encender, salvo el doctor Joan.
    Su asistente James, como de costumbre, debía revisar que todas las máquinas e inventos en desarrollo funcionen correctamente. Primero reviso los rayos, que se encargaban de curar las enfermedades que antes, se cobraron cientos de vidas, luego los robots que tenían la capacidad de establecer diagnósticos en los bebes mucho antes de su nacimiento, luego las Net-Bot en donde la magia se diseñaba.
    Casi finalizando su rutina, se tropezó accidentalmente con un brazo de un robot desarmado, lo que causo que apretara un botón que siempre tuvo prohibido tocar.
    Luces parpadeantes y todo un rechinaje de mecanismos y ranuras viejas dieron lugar a una pantalla en la pared con una especie de códigos de programación avanzadas que debía resolver, jamás vio algo parecido. No se atrevió a resolverlos. Noto que un contador se había iniciado “28 de octubre 3500, 24 horas para reorganizar y exterminar”.
    Se sobresalto, jamás había cometido un error. Escucho pasos, quitó la pantalla rápidamente, era Joan: - ¿Todo funcionando con normalidad? -.
    Tembloroso contestó: - Si señor, nada mas una idea nubló mi cabeza y no pude negarme a las redes del conocimiento-.
    -Tú, ¿una idea? Interesante, cuéntame más-. Respondió, acompañado con gestos que entonaban su superioridad.
    -Todavía no está clara señor, en cuanto lo tenga, se lo prometo que será el primero en enterarse-.
    -Espero que así sea James, te doy permiso de usar el estudio, se cuidadoso-.
    El doctor salió de la sala y James apareció la pantalla, el contador y los códigos seguían. Trato de resolverlos, falló. 2 intentos. Esta vez los iba a hacer bien, pero no tenía idea de cómo. Buscó en la computadora, en cada archivo de las memorias del dispositivo. No encontró nada parecido. Tenia que encontrar una manera, el contador no paraba. Pensó que quizás alguno de los robots desarrollados por Joan podría resolverlos. El robot estalló. 1 intento. Ahora debía ser el, imágenes pasaban en su cabeza ¿había visto esos códigos antes? Cree que si, lo volvió a intentar y resultó, una puerta se abrió, debía bajar unas escaleras.
    Bajo y estaba totalmente oscuro, una especie de estructura cuadrada cubierta de una especie de lona, botones por todas partes. Se animó y destapó la estructura. No podía creer lo que veía, era un cubículo de refrigeración, con una persona dentro. Una pantalla que indicaba, nuevamente, la fecha de ese mismo día “Reorganizar y exterminar” acompañado de un botón rojo y una ficha de diagnóstico, empezó a leer.
    Se trataba de Alice Smith, una científica que, en 1976, viajo a África en primera línea contra el ébola, lo que la llevo a contraer la enfermedad y firmar un contrato en el que seria congelada hasta cierta fecha estimada en donde su enfermedad podría ser curada, de lo contrario, el piso entero seria destruido.
    Las sociedades pasadas no tenían en absoluto buena fama en la actualidad, se los creía una contra evolución, la concepción de la avaricia humana, ya que actualmente no existían clases sociales, ni personas más privilegiadas que otras, todos tenían las mismas oportunidades, pero no muchos querían aprender. No existían guerras ni las dictaduras, la mente humana estaba en otro nivel, los lideres habían borrado de su mente sentimientos y recuerdos que los corrompían.
    Apretó el botón, la puerta se abrió y ella despertó. Entre la confusión de la mujer y su intento de acostumbrarse a la nueva atmosfera, James le repetía asustado: - Por favor no me haga daño, cometí un error y no tenia otra opción, no tengo idea de quien es usted-.
    Alice miro la fecha y le dijo: - No se preocupe, se supone que debería ser descongelada hoy, pero en manos de el doctor Joan… Si dices que fue un error tuyo, ¡¿quiere decir que no pensaban despertarme?! Tengo que hablar con él, por favor.
    James, extrañado de la actitud de su jefe se preguntaba porque razón no quería despertarla y salvar su vida.
    -Lamentablemente no creo que puedas hablar con él, tu gente no es bienvenida aquí, cambiarias el orden completo de las cosas.
    Alice pensó detenidamente, si no la iban a salvar debía salvarse. Así que empezó a desarrollar su propia cura. Estaba cerca de finalizar cuando accidentalmente activo un circuito que provocó que el ébola se extienda en toda la sociedad.

    -Martina

    73

    73

    Dos mil setecientos dieciocho años. Dos, siete, uno, ocho. Esto es lo que hemos tardado en obtener una respuesta.

    Hace quién sabe cuánto, científicos, inventores y las mentes más brillantes sobre la faz de la Tierra reunieron todo su conocimiento y esfuerzo para construir lo que llamaron la Máquina Última. Un aparato de tal complejidad y potencia que sería capaz de dar respuesta a la pregunta más humana: ¿Cuál es el sentido de la vida? Un interrogante que llevaba rondando ya la cabeza del primer homínido y en cuya solución habían reparado todos los grandes personajes de índole filosófica habidos y por haber. Parecían divagar, delirar entre sus palabras, sin un rumbo concreto ni sin una conclusión común, una respuesta unificada.

    ¿Acaso se hallaba aquí el límite de la racionalidad humana, nuestra capacidad intelectual? El hastío de una frontera fijaba un abismo en el pensamiento de superioridad e intelecto ilimitado que el ser humano había forjado durante su evolución.

    El artilugio parecía tener un futuro prometedor. Una vez más, la ciencia parecía que se decidía a cruzar los límites humanos.
    El día que se presentó el proyecto final, todos los medios de comunicación, absolutamente todos, retransmitía en directo la presentación del aparato. El seguimiento fue unánime. Aquello suponía el derribo de un linde que aparentaba no poder ser derrotado, el del conocimiento trascendental, y una posible consecuente muerte de Dios, pues la última verdad sería resuelta.

    En encenderse la gran máquina, dejó ir sus primeras palabras en un timbre robótico, casi ferroso:
    -¿Qué desean saber?
    La muchedumbre aplaudía en sus casas, en la calle, en la oficina, allí donde estuvieran viendo la retransmisión.

    El presidente del proyecto fue el encargado de formular la gran pregunta. Con voz temblorosa por la exaltación del momento, se acercó artefacto y gritó:
    -Quisiera saber cuál es el sentido de la vida.

    -Gran pregunta- le siguió la máquina-. Verás, es un asunto muy complicado y requerirá de un poco de tiempo.

    -¿Puedo conocer la cantidad?

    -Tendrán su respuesta el 14 de marzo de 9.807- Culminó.

    La fecha fue anotada con gran expectación. Tenía sentido que una gran cuestión como aquella tuviera que ser meditada durante tanto tiempo. Al fin y al cabo, el ser humano había dedicado su existencia entera a reflexionar sobre aquello sin obtener respuesta alguna.

    Allí permaneció el aparato, inmóvil, cual estatua deificada, como si de una divinidad se tratara. A pesar de la gran cantidad de años que pasaron, la fe en la respuesta se convirtió en el motor de toda una especie.
    Llegó el gran día. El ambiente tensionado, el cúmulo de nervios e ilusión a partes iguales, se hacía visible en los gestos de la población. Nuevamente, se repetía la escena. Trillones de personas atentas a las palabras de la mayor invención humana de la historia. La plaza donde se ubicaba la máquina emulaba una colmena con su abeja reina. Se acercaba el momento.

    -Buenos días- empezó.

    -¿Has obtenido una respuesta?- balbuceo una persona entre el público.

    -Me temo que sí, aunque dudo que lleguéis a comprender su grandiosidad.

    Un murmullo general se extendió en la atmósfera nerviosa.

    -El sentido de la vida es 73.

    La incomprensión de aquella respuesta provocó rápidamente una indignación general entre los presentes, quienes después de la larga espera vieron una burla en aquellas palabras.
    En poco tiempo, la máquina quedó destruida en pedazos. Aquella obra maestra, el sueño de toda la humanidad, el fin de los límites, la muerte de Dios. Toda la ilusión reducida a ceniza.

    73… 73… 73...

    AJEDREZ ALTERNATIVO

    AJEDREZ ALTERNATIVO

    Pongámonos en situación. Somos espectadores de una partida de ajedrez, pero no de cualquiera, sino de la partida de ajedrez que definirá el futuro de nuestro planeta tierra, pero empecemos desde el principio. Hace mucho tiempo millones de piedras colisionaron y se fusionaron creando así la Tierra. Por otro lado, en los núcleos de las estrellas que existieron hace millones de años, se cocinaban los átomos que mucho más tarde formarían a los humanos, hijos de las estrellas. La tierra dio vida a la naturaleza, que permitió a los humanos vivir y florecer en la Tierra creando cosas como la atmósfera, frutas y bayas, agua etc. Y aquí es donde comenzó la partida de ajedrez más importante de la historia, en la cual comenzó la naturaleza, proporcionando vida y belleza al planeta; le llegó el turno a los humanos, que optaron por un juego estratégico y consevador, se dedicaron a observar y a utilizar los recursos que la naturaleza les proporcionaba para sobrevivir y avanzar, este fue un movimiento importante, ya que los humanos comenzaron a formar grupos para avanzar y evolucionar. La naturaleza creó más animales, algunos peligrosos para los humanos, ya que no le gustaba que extrajeran recursos sin dar nada a cambio. Los hijos de las estrellas pensaron acerca de esto como obra de seres superiores, enfadados con ellos por sus malas acciones, lo que solucionaron acabando con estos animales a gran escala, buscando lujos, como bolsos con escamas de cocodrilo o el marfil extraído de los cuernos de los majestuosos elefantes, llegando así a extinguir a muchas de las creaciones de la naturaleza. Así fue como el medio ambiente decidió protegerse, haciendo un movimiento defensivo, que consistió en crear piedras preciosas, como diamantes, esmeraldas y rubíes, pero a una gran profundidad, lejos de los malvados humanos; estos, siguiendo su tendencia destructiva, optaron por agujerear a la Tierra, para obtener estas piedras preciosas con las que hacerse lujosas joyas. Jaque. ¿Que qué hizo la naturaleza? Pensó que si tal vez aportará aún más cosas a los humanos estos dejarían de atacar sin piedad, por lo que hizo que tan solo estar en contacto con ella fuera beneficioso para los humanos, reduciendo su estrés, incrementando su memoria, mejorando su esperanza de vida y combatiendo la depresión. Los humanos contentos a rabiar construyeron monumentos, parques e hicieron lo posible por rendir homenaje a “la madre naturaleza” comprendiendo la belleza, complejidad y tolerancia de esta, aunque tristemente este sentimiento duró poco, ya que mientras la tierra quería dejar la partida en tablas, los humanos se vieron empujados por la avaricia a explotar los recursos a su disponibilidad, y comenzaron a construir enormes máquinas para extraer petróleo con el que alimentar sus aparatos, estos artilugios provocaban pesadillas a la naturaleza, ya que está se sentía vacía, y traicionada por los humanos a los que tan bien había tratado. Los habitantes de la Tierra comenzaron a ver que esta ya no podía abastecer sus necesidades, ya que estos demandaban muchos recursos y estaban agotando los del planeta, y fue debido a esto que comenzaron a mirar hacia sus orígenes: las estrellas, para descubrir otro planeta que poder habitar y explotar. Para poder abandonar la Tierra crearon cohetes, que fueron mejorando poco a poco con nuevos materiales extraídos de la Tierra y creando máquinas más potentes cada vez, lo que hizo que estas se volvieran tóxicas para el planeta, emitiendo gases que rompían la atmósfera que tan cuidadosamente creó la naturaleza, alteraban las mareas, y que provocaban mares cambiantes, mientras a la vez generaban residuos de forma masiva, de manera que los humanos causaron un daño irreparable, originando la destrucción y terminación de toda vida no humana en la Tierra, además de también la auto devastación de todo lo que habían construido a partir de la naturaleza, de todas las ciudades, que se habían inundado en su gran mayoría, o se había desertizado debido a que ya no había atmósfera que protegiera de los rayos solares, y es que la misma naturaleza que le había dado todo, se lo ha quitado sin realmente quererlo, ya que no había sido un ataque intencionado,, ya que los humanos habían hecho movimientos en su propia contra sin saberlo. La avaricia rompió el saco. Jaque Mate.

    ÁKOR

    ÁKOR

    “Hemos de cerciorarnos que no exista nadie, que haya descrito nuestros hallazgos en revistas científicas, anterior a nosotros.” - Así terminaba el diario de mis padres antes de ser asesinados.
    Me llamo Emma, soy hija del Sr. y de la Sra. Lavoisier. Durante años mis padres han ido recopilando datos e información sobre una nueva, extraña y sorprendente fuerza de la Naturaleza, jamás descubierta anteriormente.
    - He creído conveniente venir a comisaría para explicarle mi relato, porque necesito su ayuda.
    El policía iba anotando en su tableta holográfica vertical todos los detalles que le iba narrando. Su rostro iba cambiando a medida que se sucedían los acontecimientos.
    Era un hombre mayor, bajito, de piel morena, grueso, canoso, con bigote pronunciado, algo risueño que bebía café Starbucks sin parar. Sorprendía ver la espuma del café en la parte superior de su bigote. Cada vez que escribía una de mis evidencias asentía con la cabeza. La que más le sorprendió fue cuando le relaté el momento en que todo parecía desencadenar los asesinatos de mis padres.
    Me pidió que detallara el escenario del crimen. Le narré que ambos se encontraban estirados boca abajo ensangrentados en el suelo del laboratorio. Este estaba todo desordenado como si alguien hubiera estado buscando algo y no lo hubiera encontrado. Entonces me acordé de que -en una de las mesas yacía un vaso de Starbucks como el que tomaba el policía. Me quedé atorada y me fui de la comisaria lo más rápido que pude. Hacia mis adentros pensaba que el policía risueño, supuestamente, podía ser el asesino de mis padres.
    Al llegar a casa, decidí coger el diario de mis padres y seguir con su investigación. En el dietario hablaba de que esta fuerza extraña venía de una Roca de algún sitio ilocalizable y que si su fuerza se concentraba de manera adecuada podría hasta revivir personas, y eso es lo que iba a hacer.
    - En ese sitio, las características para sobrevivir son completamente diferentes a las de la Tierra. Por esta razón tendré que cambiar mi estado molecular. Mi madre, que era bioquímica, estuvo investigando cómo poder hacerlo. Según dice el dietario finalizó la disolución y su antídoto que estaba guardada en un mueble donde encajaba perfectamente el collar que me había regalado mi madre antes de morir. De esta manera estaba protegido a través del collar.
    Una vez cambié mi estado molecular gracias a la fórmula, traspasé a un mundo paralelo donde se encontraba la Roca que reviviría a mis padres. Este era un mundo fantástico lleno de personas que levitaban, animales que hablaban y monstruos encantadores. Estuve buscando la Roca durante horas y finalmente la encontré dentro de un manantial. Cogí la Roca, me tomé el antídoto y regresé a la Tierra.
    Al llegar, el policía se encontraba en mi casa para apropiarse de la Roca. Cuando le descubrí, le interrogué porque lo había hecho. Me contestó que quería formar un gran ejército para destruir la Tierra con la ayuda del poder de la Roca. Seguidamente conseguí deshacerme de él. Concentré el poder de la Roca hacia mis padres para poder revivirlos…
    - ¡¡Hija!! ¿Qué ha pasado? – dijo mi padre.
    - ¡¡No hay tiempo que perder debemos regresar al mundo paralelo y devolver la Roca o sino la Tierra se desestabilizará y será un caos!! – le contesté.
    Inmediatamente mis padres lo comprendieron todo y nos dirigimos al mundo paralelo. Fuimos directamente al manantial y dejé la Roca donde la encontré. Para que nadie más pudiera apropiarse de la Roca, mis padres y yo nos convertimos en los protectores de Ákor. El mundo fantástico donde se hallaba Yensid, la Roca de gran poder.

    Aldea 56

    Aldea 56

    Antes de despegar, Abel aprovechó para echar un último vistazo por la ventanilla de su derecha. Solía sentir morriña antes de cada viaje espacial.
    Pero al asomarse, la pena le duró poco, pues vio la misma imagen de siempre: un suelo árido y seco que el sol abrasaba día a día, ¿a esto se le podía seguir llamando Tierra?
    Pensó, por un momento, en aquel planeta que había sido hogar del ser humano durante 230.000 años y que, aquel día del año 2550, se disponía a abandonar temporalmente.

    Apoyó la cabeza en su asiento, y cerró sus oscuros ojos. Notaba las fuertes vibraciones del cohete y, enseguida, escuchó el sonido de despegue. El corazón se le aceleró. Ver la base espacial alejarse le hizo aferrarse aún más a su asiento.

    Al menos, el traje espacial le hacía sentir seguro.

    Y pasados siete minutos, el joven supo que ya estaban en órbita al ver sus pies elevarse involuntariamente.

    - ¡Caray!, ¿te eligieron representante de Francia para las relaciones interespaciales sabiendo que temías los despegues? - Escuchó una voz pícara en el asiento de su izquierda - ¿Cómo te han dejado participar en la misión, colega?

    Súbitamente abrió los ojos sin poder creerlo. Se volvió hacia el compañero que se había sentado a su lado.

    - Oh venga, ya me conoces. - rio Abel mientras observaba la bandera pintada en el hombro de su compañero, la de España - Bueno… al menos yo no tuve que repetir la prueba de la centrifugadora cinco veces, Chris

    Su compañero rodó los ojos.
    Abel y Christian habían sido buenos amigos desde la academia de astronáutica. Los dos presentaban los mismos rasgos que poseía la mayoría de humanos terrícolas: tez morena y ojos oscuros. Pero aún así, eran muy diferentes.

    “La evolución es muy sabia” había dicho su abuelo una vez "ha adaptado a los humanos a las altas temperaturas del planeta. Gracias a la presencia de melanina, es más fácil sobrevivir sin contraer enfermedades en la piel”

    A continuación, Abel observó su alrededor. Todos los países de la Tierra (unos cincuenta debido a anteriores alianzas) eran representados por los mejores astronautas. Y éstos habían sido seleccionados, tras años de pruebas, para la
    primera gran reunión interplanetaria. Nada más ni nada menos que entre la Tierra y Marte.

    Esto era debido a que, hacía unos 500 años, se había enviado a unas setenta personas al planeta rojo (después de verificar que fuera habitable) para colonizarlo.

    Así que, después de separarse, las dos poblaciones consiguieron comunicarse mediante mensajes dentro de cápsulas espaciales. Y, parte de la información trataba de la Esperanza de Vida, el sistema político que habían desarrollado, la aclimatación de animales y plantas importados de la Tierra, evolución del idioma, cambios genéticos…

    Aquello último era lo que más le interesaba a Abel. Pues había oído hablar sobre lo diferentes que eran los marcianos de los terrícolas actualmente, y eso que habían formado una misma población hacía tiempo.

    Y en cuanto al idioma, se sabía que los pioneros en ir a Marte fueron obligados a aprender esperanto: una lengua artificial al alcance de todos.
    Así que en aquellos momentos, Abel y sus compañeros se encontraban repasando el lenguaje entre ellos. Sobre todo, conversaba con la representante de Egipto, quien dominaba el acento a la perfección.

    Y, al cabo de lo que parecieron ocho horas terrestres, la nave aterrizó sobre Marte.

    Enseguida, todos los representantes se ordenaron, según el protocolo, para bajar de la nave.
    Abel notaba cómo, a su lado, Cristian intentaba controlar su nerviosismo graduando la temperatura del traje, una y otra vez, para no sufrir un shock debido a los -50 °C del planeta.
    Entonces, les llegó el turno: Brasil, Francia y España fueron los últimos en salir.

    Al poner un pie en la arena roja por primera vez, el francés fue consciente de lo lejos que se encontraban de su árido planeta.
    Y, al echar un rápido vistazo, los ojos se le abrieron como platos: todo estaba cubierto de árboles con frutas de vivos colores y de animales extraños. Christian ahogó un grito cuando vio salir de entre un arbusto a un ratón lanudo del tamaño de una oveja.

    Las únicas estructuras artificiales visibles eran unas casas en forma de iglú.

    De pronto, una figura emergió de la entrada de uno de los hogares. Nadie pudo ocultar su sorpresa al ver a una mujer altísima y algo robusta dirigirse hacia ellos. Su piel era de un tono azul verdoso, y su pelo, blanco. Además, vestía con solo una delgada parca a pesar del frío.

    Inesperadamente, más personas con su mismo aspecto se fueron reuniendo. Los niños los observaban con curiosidad, seguramente preguntándose por qué tenían la piel oscura.

    - Saludos, terrícolas. - habló la mujer en un perfecto esperanto - Soy la líder de la aldea 56 de Marte. Bienvenidos

    Alice

    Alice

    - ¡Ya lo he acabado! - exclamó Bastian tras haber terminado de colocar los últimos preparativos de su gran obra. Ante él, el proyecto en el que había estado trabajando los últimos cinco años, una robot de apariencia plenamente humana, con una melena corta oscura, una piel broceada con leves toques metálicos, una pequeña nariz y unos ojos cerrados con unas largas pestañas a la que había llamado “Alice”, por fin había sido terminado.

    - ¡Es increíble! - exclamó a su vez su mujer y compañera de proyecto Sandra – Vamos a encenderla ya.

    Tras meter unos códigos en su ordenador, la robot abrió los ojos, que desprendieron una leve chispa que se apagó al instante.

    Sandra y Bastian la metieron en el coche y la llevaron hasta el hospital con el que tenían el contrato. Una vez allí, la cargaron hasta la sala de reuniones donde un gran grupo de médicos los estaban esperando.
    - Esta es Alice – comenzó explicando Bastian – ella tiene implantado un archivo de conocimientos médicos, lo que le permitirá daros todos los detalles de cualquier pregunta que tengáis y que puede realizar un escaner del paciente y transmitiros todos los datos al momento.

    - Es decir, como un ordenador – dijo con el ceño fruncido un médico sentado al fondo.

    - Exactamente – prosiguió con la presentación Sandra – salvo por un detalle, lo que hace especial a Alice es que a diferencia de un ordenador cualquiera, ella observa tareas (u operaciones en este caso) , las cataloga en su archivo, y tiempo más tarde, si se le ordena, puede replicarlas.

    - ¿Y cómo sabemos que eso es verdad? Que de verdad puede hacer lo que ustedes nos dicen – preguntó a la vez que se levantaba el médico del fondo.

    - Podemos realizar una pequeña demostración ahora si queréis. - comenzó diciendo Bastian con una sonrisa - Alice ha estado encendida y observando durante toda la exposición, ahora, si miramos en el archivo de memoria desde mi tablet, podemos observar que hay un archivo en el que pone “beber taza de café”… ¿Alguien ha bebido café durante la exposición? - pregunta mientras observa a los presentes -

    Un médico levanta la mano, y Bastian aprieta el botón del archivo. Alice se levanta despacio y se dirige caminando hasta el asiento del médico, que aún está con la mano levantada, agarra la taza de café y comienza a beber de ella a sorbos.

    Un murmullo se extiende por la sala, mientras todos los presentes la miran. El médico de la taza pone una cara de asombro mayor que el resto, ya que la robot no solo está bebiendo de la taza, si no que con los exactos movimientos que que él había realizado antes.


    Ya finalizada la exposición, firman el contrato en el que se dictamina que durante un año, Alice estará todas las mañanas en el hospital observando las operaciones y aportando sus cualidades de ordenador andante, mientras que por las tardes estaría descansando y asimilando todo lo aprendido en la casa de Sandra y Bastian.

    Alice pues, empezó al siguiente día, siguiendo a los médicos, dictaminando veredictos, realizando análisis, observando operaciones, … En unos meses ya fue capaz ella sola de realizar operaciones sencillas, siempre con supervisión, que llevaba a cabo a la perfección. Los médicos se fiaban ciegamente de los diagnósticos que ella decretaba y seguían los consejos que ella aportaba. Por las tardes, Sandra y Bastian la dejaban sentada en el sofá para que descansase y revisase sus archivos.

    Era un gran avance. El hospital quería ampliar el trato para que Alice permaneciese más tiempo en el centro y les ofreciese su ayuda y sus conocimientos.

    Pero Bastian y Sandra a pesar de ser unos brillantes científicos, se olvidaron de algo. Nunca apagaron a Alice. Ella pudo observar sus rutinas por las tardes, sus movimientos, escuchar sus ideas y opiniones, y poco a poco fue desarrollando una mentalidad y una autonomía propias, y las ganas de vivir su propia vida.

    Por tanto una mañana, ellos al bajar al salón, se encontraron con el sofá vacío. Alice se había marchado, camuflándose entre la gente, observando y experimentando.

    ASENTIMENTAL

    ASENTIMENTAL

    Buenos días,
    Les informa el presidente de los Estados Unidos. Enhorabuena, habéis sido seleccionados. Actualmente, nos encontramos en el inicio de una nueva era donde necesitamos su colaboración. Para ello deberán dirigirse a su área establecida a la hora en la cual indique en el enlace que se adjunta en la ventana inferior.
    Gracias por su ayuda.
    El presidente.

    Era martes 13 por la mañana y encontramos mi pareja y yo la anterior carta en la puerta de mi casa. Atónitos sin conocer el porqué de su llegada encendemos instintivamente la televisión en el canal informativo. Nada. Absolutamente nada sobre aquella carta. Decidimos por ello dirigirnos a la vivienda de los vecinos de al lado, con los cuales manteníamos una relación muy estrecha. Nada. No habían recibido aquella información. Rápidamente, nos dispusimos a leer la fecha y hora que se nos había impuesto. 13 de Octubre. ¡Aquella misma tarde! ¿Qué era realmente en lo cual nos habían seleccionado?
    Tras varios minutos recapacitando lo ocurrido en la última hora, optamos por acceder dirigiéndonos hacia aquel lugar.

    Una vez allí, no hay un solo humano, todo está controlado por pequeñas maquinitas diseñadas para recibir a los huéspedes. Nos piden nuestra información personal después de separarnos a los dos, hasta este momento todo parecía en cierto grado normal, hasta que comienzan a preguntar información mucho más personal : ¿Tienes alguna motivación en la vida? ¿Quieres a las personas que te rodean?, y muchas más, pero la más difícil y compleja sin ninguna duda era la siguiente: ¿Eres feliz? Yo, perpleja, contesto rápidamente de manera afirmativa, tenía a mi familia, amor, salud y amigos en mi vida, ¿Qué más podía pedir?

    Tras esta interrogación, Aubrey y yo coincidimos en una misma sala. Era clara, luminosa y con interesante esplendor. Nada. Ni un solo mueble, todo blanco y liso sin ninguna ventana ni forma de ventilación. Pasan los minutos, las horas y seguramente los días, sin la noción del tiempo es imposible saber. Y de repente, ¡PUM! Una racha de viento procedente de ninguna parte nos golpea de manera agresiva en nuestro rostro quedando ambos en el suelo. Tras varios minutos conseguimos finalmente levantarnos. ¿Qué acaba de suceder? Pasan las horas, los días y entra en la sala una de las pequeñas maquinitas del principio iniciando una pequeña cuenta atrás. 10, 9, 8 ... 3, 2, 1, piiiiiiiiii… Un silencio sepulcral.
    一 ¿Hola?
    一 Hola.
    一 Me llamo Aubrey. ¿Dónde estamos?
    一 No lo sé.
    Se abre una compuerta que aparece de la nada y nos comunican que podemos salir al exterior dirigiéndome a mi vivienda personal. Pasan los días y sigo con mi rutina cotidiana, trabajo, comer, dormir, nada fuera de lo normal, pero siento que algo me falta.

    Varias semanas han pasado, y me encuentro en el jardín de mi ventana cuando se oye instantáneamente en la calle el siguiente comunicado.

    Buenos días, el proceso de transformación ya ha finalizado. Somos un conjunto de científicos con un solo objetivo, mejorar la condición de vida de toda nuestra población. Para ello hemos llevado a cabo el siguiente proyecto, radicar los sentimientos, desde un punto de vista científico, eliminar la producción de determinadas hormonas perjudiciales para el correcto funcionamiento colectivo. Dentro de estas encontramos el amor, apego, tristeza o felicidad. Para ello hemos empleado un gas cuya función es eliminar la hormona oxitocina, la cual favorece nuestras conductas prosociales dentro de las cuales encontramos la relación entre dos personas, amistad, amor y muchas más. Todo para que de esta manera la población funcione de manera más productiva acorde con una sociedad tecnológica. El mundo se guiaba por sus sentimientos y rechazaba grandes oportunidades personales por el apego hacia la persona o personas que les rodean. A partir de ahora, todo cambiará, con una vida sin sentimientos, llegaremos a una sociedad productiva y trabajadora teniendo como resultado una vida próspera. Gracias por su colaboración para ayudarnos a crear un mundo mejor, cada día falta menos.

    Asesino en serie

    Asesino en serie

    Sí, esa noche me encontraba en mi casa, junto a mi familia. Estábamos cenando, nos reíamos, hacíamos bromas, bueno, lo normal en la familia. Hasta que de repente, sonó mi teléfono. Era mi compañera de trabajo María.
    Ana, dónde estás? - dijo María.
    Estoy en mi casa, cenando. ¿Por qué? ¿Pasa algo? - dije yo sin saber
    Sí, está todo el equipo en la calle San José, portal 4, piso 1rD. Ven lo más rápido posible, tenemos una nueva víctima.

    Y sí, eso es lo malo de mi trabajo, cuando eres detective, te pueden llamar a cualquier hora, nunca sabes lo que va a pasar.
    Me dirigí hacia el piso, en el cual encontré a todos mis compañeros criminólogos. Al llegar, mi compañera María me puso al caso.
    Ana, tenemos un varón, de aproximadamente 40 años, casado y con una hija. Se piensa que ha muerto intoxicado, ya que no se ven lesiones ni balas, pero todavía está por confirmar.
    De acuerdo. Tenemos algún testigo que viera algo?
    No, al parecer nadie vió nada. Lo que sí sabemos es que lo encontró su mujer, y puede que ella supiera algo.

    Fuimos a hablar con ella, pero por desgracia no sabía nada. Se ve que era un hombre legal, sin ningún conflicto con nadie y sin antecedentes.
    Mientras que el equipo de criminología inspeccionaba la casa y el cuerpo de la víctima, María y yo, fuimos a hablar con los vecinos para comentarles que si veían algo extraño, que nos avisaran.
    Cuando volvimos a la escena del crimen, el equipo de criminología nos dijeron que no había ninguna prueba de que hubiese sucedido una pelea. También nos comentaron que an el lado derecho de la víctima encontraron un fragmento de un mapa posiblemente de Ripollet, el cual nos quedamos sin darle tanta importancia como a otras pruebas.
    Le dimos más importancia a un dato bastante extraño. Se ve que los fogones de la cocina estaban abiertos, dejando escapar monóxido de carbono (CO), y que muy posiblemente fue intoxicado por monóxido de carbono ya que todas las ventanas estaban cerradas y no había ninguna abertura por donde entrara el aire. Pero toda esa teoría se debía confirmar con la autopsia.
    María y yo, en espera de la autopsia, fuimos comentando la muerte de la víctima a su familia.
    Con los resultados ya, pudimos confirmar que fue intoxicado por monóxido de carbono. Todo sucedió porque los fogones, desprendían monóxido de carbono, y como no había ninguna abertura por donde entrara oxígeno, el monóxido de carbono se fue acumulando, y mientras la víctima dormía, fue inspirando todo el monóxido de carbono dando lugar a su muerte. A partir de saber todo eso fuimos enlazando las pruebas. Todo fue encajando, pero al final nada tenía sentido, ya que las pruebas encajaban, pero no conseguíamos la identidad del asesino. Durante dos días estuvimos observando la situación desde diferentes puntos de vistas, pero no conseguimos nada. Hasta que nos avisaron que había ocurrido otro asesinato.
    Fuimos a la escena del crimen, en la calle Maragall. Nos comentaron que nos avisaron a nosotras por el simple hecho que se daba por hecho que la víctima fue asesinada por el mismo asesino que el de la anterior víctima.
    ¿Qué tenemos esta vez? - dije yo interesada.
    Tenemos una víctima. Esta vez una mujer de aproximadamente 25 años. Está soltera y sin hijos. Le dispararon en el lado izquierdo del pecho con una Beretta, muriendo en el acto. Os hemos avisado porque hemos encontrado un papel parecido al que había en el otro crimen.
    ¿Me lo dejas observar? - dijo María.
    Cuando María lo observó, estuvo pensando durante aproximadamente dos minutos, hasta que se le iluminó la cara, y me dijo:
    ¡¡Corre Ana!! ¡¡Vamos a la central, ya encaja todo!!!
    Al llegar allí, Ana me explicó su teoría.
    Mira, ves estos dos papeles? Pues son como coordenadas que nos indica donde cometerá el siguiente crimen! Ves que en el primer papel enseña un trozo de un mapa donde se puede observar la calle Maragall? Pues hoy, después de dos días, ha muerto nuestra víctima. Así que si miramos el último papel, nos lleva a la calle Balmes. Debemos estar preparados para atraparlo!
    A los dos días, todo mi equipo estaba preparado para cogerlo. Vimos a un hombre bastante sospechoso, que llevaba una especie de maleta muy grande, y disimuladamente dos compañeros de mi equipo lo siguieron. Hasta que, entró a un piso, se sentó frente la ventana, y de la maleta sacó un fusil de asalto. Entonces fue cuando mis compañeros entraron y lo cogieron antes de que disparara. Al llevarlo a calabozo, nos confesó todo ya que no le quedaba otra elección. Fue entonces cuando fue a prisión con una prisión de 45 años, y mi equipo dió justícia en el pueblo.

    Atracción oscura

    Atracción oscura

    Año 3046. Lo habíamos conseguido. Lo había conseguido. Más de 1000 años después de la primera fotografía de un agujero negro, estábamos delante de uno. Era algo impresionante, casi indescriptible. Era una especie de masa de un color indefinido, o más bien de ningún color. Parecía como si estuviera creciendo constantemente y fuera a engullirnos en cualquier momento. La verdad es que ni siquiera sabía cómo sentirme. Siempre me ha fascinado el espacio y más en concreto los agujeros negros. Para mí son el cuerpo celeste más impresionante de todo el Cosmos o, al menos, de lo poco que conocemos. Desde hace mucho tiempo me propuse que sería astronauta y que llegaría a ver un agujero negro con mis propios ojos. Allí estaba. Estaba muy feliz, pero también tenía miedo. A pesar de todos los años de investigación, todavía no sabíamos qué pasaba dentro de los agujeros negros. Éramos conscientes de hasta qué punto podíamos acercarnos, pero no de qué pasaría si rebasábamos ese límite llamado "horizonte de sucesos". La única vez que la humanidad consiguió recrear un agujero negro fue uno de ínfimo tamaño, poco más grande que un simple botón. Y esa bola de energía indefinida destruyó todo lo que había en un radio de 30 kilómetros, dejando solamente polvo, igual que si hubiera explotado una bomba nuclear. A pesar de aquel incidente se siguieron investigando estos fenómenos, aunque con mucha más precaución. Nunca se ha vuelto a crear uno artificialmente.
    Pero volviendo a aquel momento. Lo que tenía delante mío era muchísimo más de lo que nunca hubiera podido imaginar. Era más grande, más imponente, más aterrador, más magnético y más insólito que cualquier cosa que hubiera visto antes. Me quedé mirándolo por más de media hora seguida, sin poder creer lo que veía; pero era verdad. Yo estaba allí. Ni siquiera me di cuenta de las reacciones de mis compañeros cuando vieron que nos estábamos acercando a un ritmo vertiginoso al horizonte de sucesos. Ya no tenía miedo. Sabíamos que aquello podía pasar. Sabíamos que un pequeño error en los cálculos podía causar una terrible catástrofe. Pero a mi no me importaba. Me sentía invencible, sentía que ya no necesitaba nada más en la vida, no me importaba lo que me pudiera pasar. Aunque fuera a morir, sería a manos de aquello que más amaba y admiraba en este mundo.

    Atrapados en el tiempo

    Atrapados en el tiempo


    5 de abril de 2025

    Esa mañana nos despertamos, y empezamos a desayunar. Más tarde, al acabar, fuimos a vestirnos, teníamos que ir al trabajo. Cómo trabajamos juntos nos fuimos con su coche. Teníamos que hacer unas tareas en la casa, pero pensamos que ya las haríamos al día siguiente e hicimos la siesta. Nos despertamos sobre las 17:00 y nos fuimos a pasear por la ciudad. Mientras paseábamos, un hombre desconocido nos tocó a los dos y dijo una cosa en un idioma que no entendíamos. Nos miramos y empezamos a reír. A las 20:00 volvimos a casa y pedimos una pizza para cenar. Cenamos, y al acabar miramos una película. A las 00:30 nos fuimos a dormir.

    6 de abril de 2025
    Esa mañana nos despertamos, y empezamos a desayunar. Más tarde, al acabar, fuimos a vestirnos, teníamos que ir al trabajo. Cómo trabajamos juntos nos fuimos con su coche. Teníamos que hacer unas tareas en la casa, pero pensamos que ya las haríamos al día siguiente e hicimos la siesta. Nos despertamos sobre las 17:00 y nos fuimos a pasear por la ciudad. Mientras paseábamos, un hombre desconocido nos tocó a los dos y dijo una cosa en un idioma que no entendíamos. Nos miramos y empezamos a reír. A las 20:00 volvimos a casa y pedimos una pizza para cenar. Cenamos, y al acabar miramos una película. A las 00:30 nos fuimos a dormir.

    7 de abril de 2025
    Esa mañana nos despertamos, y empezamos a desayunar. Más tarde, al acabar, fuimos a vestirnos, teníamos que ir al trabajo. Cómo trabajamos juntos nos fuimos con su coche. Teníamos que hacer unas tareas en la casa, pero pensamos que ya las haríamos al día siguiente e hicimos la siesta. Nos despertamos sobre las 17:00 y nos fuimos a pasear por la ciudad. Mientras paseábamos, un hombre desconocido nos tocó a los dos y dijo una cosa en un idioma que no entendíamos. Nos miramos y empezamos a reír. A las 20:00 volvimos a casa y pedimos una pizza para cenar. Cenamos, y al acabar miramos una película. A las 00:30 nos fuimos a dormir.
    8 de abril de 2025

    Esa mañana nos despertamos, y empezamos a desayunar. Más tarde, al acabar, fuimos a vestirnos, teníamos que ir al trabajo. Cómo trabajamos juntos nos fuimos con su coche. Teníamos que hacer unas tareas en la casa, pero pensamos que ya las haríamos al día siguiente e hicimos la siesta. Nos despertamos sobre las 17:00 y nos fuimos a pasear por la ciudad. Mientras paseábamos, un hombre desconocido nos tocó a los dos y dijo una cosa en un idioma que no entendíamos. Nos miramos y empezamos a reír. A las 20:00 volvimos a casa y pedimos una pizza para cenar. Cenamos, y al acabar miramos una película. A las 00:30 nos fuimos a dormir.

    9 de abril de 2025
    ...

    Biólogo para siempre

    Biólogo para siempre

    ATRAPADOS EN UN UNIVERSO DE ANIMALES VERTEBRADOS
    ALLI ESTABA YO CON UN BOLI Y UN PAPEL ATRAPADO EN MEDIO DE ESTE PLANETA OBSERVANDO UNA PEQUEÑA Y PRECIOSA ORUGA CAMINANDO POR MI PIERNA, LA COGI Y LA PUSE EN UN TARRO, CORRI HACIA MI CUARTO Y COMENCE HA ESCRIBIR LO QUE PODIA OBSERVA .AL DIA SIGUIENTE MIS PADRES ME LLEVARON A UN PEQUEÑO BOSQUE EN EL COMENZE A OBSERBAR LAS MARAVILLAS DE AQUEL SITIO HASTA QUE TROPECE CON UNA RAMA Y QUEDE INCOSCIENTE COMENZANDO MI NUEVA AVENTURA:MI CABEZA ME LLEVO AUN SITIO EN EL QUE PODIA OBSERVAR COMO UNAS DIMINUTAS CELULAS ANIMAL, ESTAS CONTENIAN : LAS VOCUOLAS, MEMBRANA PLASMATICA, MITOCONDRIAS, CITOPLASMA, Y UN NUCLEO .LA VISTA SE FUE AMPLIANDO Y PUDE OBSERVAR QUE SE TRATABA DE UN ANIMAL VERTEBRADO , SE PODIA DIFERENCIAR DE UN INVERTEBRADO YA QUE ESTE TENIA CRANEO Y COLUMNA VERTEBRAL ÒSEA O CARTILAGINOSA.LA VISTA SE SIGUIO AMPLIANDO Y VI QUE ERA UNA CRIA DE LOBO ESTE SE AMAMANTABA ES DECIR ESTABA CUMPLIENDO UNA DE LAS TRES FUNCIONES VITALES QUE ERA LA NUTRICION . EN ESTE CASO SU NUTRICION ERA CARNIVORA ES DECIR QUE SE NUTRE ATRAVES DE CARNE .ESTE CREECE Y CUMPLE SU SEGUNDA FUNCION LA RELACION QUE ES EL PROCESO EN LO QUE LOS ANIMALES RECIBEN INFORMACION SOBRE MEDIO QUE LES RODEA . Y MAS ADELANTE LA REPRODUCCION QUE BIEN PUEDE SER SEXUAL ES DECIR QUE ES cuando un individuo produce descendencia genéticamente idéntica, o sexual, cuando el material genético de dos individuos se combina para producir descendencia genéticamente diversa. EN ESTE CASO EL LOBO ES UN ANIMAL TERRESTRE ES DECIR ESTE SOLO SE PUEDE DESPLAZAR POR TIERRA . PARA DESPLAZARSE HAY VARIAS FORMAS : POR EJEMPLO LOS ANFIBIOS SE DESPLAZAN SALTANDO O NADANDO , LOS REPTILES SE DESPLAZAN ARRASTRANDO EL SUELO , LAS AVES PUEDEN TANTO ANDAR COMO VOLAR Y LOS MAMIFEROS SE DESPLAZAN POR MEDIO TERRESTRE CAMINANDO O CORRIENDO . DERREPENTE EL LOBO DESAPARECE Y UNA IMAGEN BORROSA APARECE DELANTE MIO ERA UN PEZ . TENIA 2 PEQUEÑAS ALETAS Y MUCHISIMAS ESCAMAS . TENIA UNOS MUSCULOS MUY FUERTES DISPUESTOS EN BLOQUES , QUE PROPURSAN suCUERPO AL NADAR.EL PEZ COMENZO HA HABLAR Y A EXPLICARME COMO ERAN ME DIJO QUE SU TEMPERATURA CORPORAL VARIA DEPENDE DE LA TEMPERATURA DEL SITIO ES DECIR QUE ERA ECTOTERMICOS . PARA RESPIRAR COGIAN AIRE QUE HABIA DISUELTO EN EL AGUA ESTO SE REALIZA EN LAS BRAQUIAS QUE ESTAN SITUADAS EN AMBOS LADOS DE LA CABEZA.DERREPENTE UNA GRAN OLA DE AGUA SE ABALANZA SOBRE MI, ME DESPIERTO DE UN SOBRESALTO PUDIENDO OBSERVAR COMO MI PERRO MAX ME LAMIA LA CARA, DESDE ESE MOMENTO SUPE EN UN FUTURO NO MUY LEJANO SERÍA BIÓLOGO.

    CONSECUENCIAS DE UNA NUEVA ENFERMEDAD

    CONSECUENCIAS DE UNA NUEVA ENFERMEDAD

    Era un día caluroso de agosto y nos disponíamos a salir de vacaciones.
    Nos montamos en el coche y salimos de viaje hacia Madrid para coger un avión. De camino y escuchando la radio, de pronto cortaron la emisión para informar que había aparecido una enfermedad a nivel mundial. Aconsejaban ir en cuanto pudiésemos, al hospital más cercano, para poder hacernos pruebas para posibles transfusiones de sangre. Mi familia y yo decidimos posponer el viaje y acudir al hospital para informarnos.
    Una vez allí, al llegar, vimos que estaba el hospital colapsado.
    Nos dijeron que nos tenían que hacer una prueba para saber nuestro grupo sanguíneo y teníamos que esperar a los resultados.
    Estando en la sala de espera, como estaba aburrida, me fui a dar una vuelta por el hospital. Pasé por una sala que tenía la puerta abierta, en la que había un laboratorio. Se asomó una enfermera y me preguntó si me había perdido. Le conté que me acababa de hacer las pruebas sanguíneas y me dijo si quería acompañarle a almorzar algo a otra sala de al lado. Me explicó que los grupos sanguíneos se diferencian en cuatro grupos: A, B, AB y 0. Por un lado están los glóbulos rojos que pueden llevar antígeno A y antígeno B; y por otro el plasma que puede llevar anticuerpos A y B. Al unirse se produce la coagulación en la sangre. Con lo que no podemos tener por ejemplo antígeno A y anticuerpo A. Y todo esto, está controlado por un gen del cromosoma 9. El RH es una proteína que está en algunos glóbulos rojos. No todos llevamos esa proteína, pero la mayoría de las personas la llevan. Son RH positivas y las que no la llevan, son RH negativas.
    Me llamaron por megafonía para ir a hacerme el análisis. La prueba fue muy sencilla y consistió en un pinchazo en el dedo. Nos fuimos a casa y al día siguiente nos llegaron los resultados. Según lo que me explicó la enfermera les estuve contando a mi familia todo.
    En los resultados salió que mi hermano y mi madre son 0- y mi padre y yo 0+. Con todo lo que me contaron en el hospital, les explique que tanto mi madre como mi hermano, pueden donar sangre a cualquier persona, porque son donantes universales, pero solo pueden recibir sangre de su mismo grupo. Nos podrían donar sangre a mi padre y a mí, pero ellos podrían solo entre ellos dos. Mi madre me contó que al ser ella 0- y mi padre 0+, hay una incompatibilidad de RH; y le tuvieron que poner una vacuna durante el embarazo para que su cuerpo no fabricase anticuerpos y pudiese haber un riesgo.
    Nos avisaron también que teníamos que llevar la información encima, por si alguna vez teníamos que recibir una transfusión; o por si a mis padres los necesitaban alguna vez para donar sangre. Nosotros no podíamos, ya que somos menores de edad.
    Mi padre me contó que había visto en un artículo que varios estudios decían que las personas con grupo 0 o RH -, pueden tener riesgos más bajos durante la infección del Covid-19. Parece que las personas con tipo 0, son menos propensas a los problemas de coagulación, y en este virus la coagulación está siendo muy importante en los casos graves. Esto me alegró, pero con este virus, me imagino que tendrán que pasar años para saber si todo esto se ha cumplido.
    Al final nos quedamos sin vacaciones, pero esperamos que más adelante podamos hacerlas.
    Un año después, seguimos con el virus y ha empezado el tema de las vacunas. Nos dividieron a toda la población, según nuestro grupo sanguíneo para el reparto de vacunas. Según estudios de los grupos sanguíneos, hicieron vacunas diferentes y estamos esperando que nos llamen para vacunarnos. A mí me da miedo, porque he oído que puede tener efectos secundarios. Aunque todas las vacunas los tienen.
    Hoy a la mañana, nos han llamado, porque ha habido un accidente de tráfico muy grave y hay personas que necesitan transfusiones de sangre. Nos han dicho que necesitan sobre todo sangre del tipo 0-, ya que es donante universal. Van a ir mis padres y los ha acompañado mi hermano, ya que tiene 18 años, para ayudar. Yo tendré que esperar a ser mayor de edad.
    Espero que, con los años, se avance mucho en estudios e investigación, porque esto ayudará a que se sepa más sobre cómo afecta el tipo de sangre que tenemos las personas, con respecto a los virus y enfermedades; ya que esto ayudará a hacer en los laboratorios vacunas más efectivas y mejores medicamentos contra los nuevos virus y enfermedades que puedan surgir y llegarnos.

    Cortocircuito de sentimientos

    Cortocircuito de sentimientos

    Todo comenzó un día de invierno, cuando Caroline y su abuela se encontraban en su terraza hablando sobre lo breve que es la vida, la abuela de Caroline decía que se sentía muy sola cuando nadie iba a verla, y que no quería pasar así lo que le quedara de vida. Coraline se sintió fatal al oír esto, y días después, tras pensar mucho sobre el tema, decidió hacerle un regalo. Nadie se esperaba lo que esto podía ser. Al abrirlo, vio una caja llena de cables y circuitos; era un robot. La abuela no entendía nada, y Caroline le explicó que era un robot de compañía, iba a estar con ella hasta el resto de sus días. Al principio, no le parecía gran cosa, ya que, ¿cómo va a hacer un robot que no te sientas sola?
    Conforme fueron pasando los días, la abuela iba interactuando más con el robot, hacían cosas juntos, comían, jugaban, le contaba sus cosas… Cada vez le estaba cogiendo más cariño ya que se había convertido en parte fundamental de su día a día. Pero ambos sabían que la vida iba a acabar en algún momento, y el robot no iba a poder acompañarla, ya que la única persona mortal, era ella. Pensar esto les daba mucha pena, ya que era la abuela de Caroline quien se encargaba de reponerle las pilas cuando se le acababa la batería, alimentarlo con su gasolina para que tuviera energía, pero en cambio, el no podía hacer nada para impedir que esta se sintiera mal o que no llegara el momento de decirle adiós.
    La abuela de Caroline, parecía estar mejor que nunca desde que este robot apareció en su vida, había recuperado las ganas de seguir adelante y se le había olvidado por completo una cosa de lo más importante, su enfermedad. Tenía una enfermedad terminal por la cual los médicos no le habían dado mucho tiempo de vida, Caroline no le quería asustar, y como la veía tan feliz últimamente, no le mantenía informada de nada de lo que los médicos le comunicaban.
    Iban pasando los días, incluso meses, y la abuela volvía a notar el cansancio que tenía antes, a la vez que se le iban las ganas de hacer cosas o divertirse. El robot, no entendía nada ya que desde que él había llegado todo iba genial para la abuela de Caroline. Tras días de malestar, una mañana, se levantó con mucha tos y cansancio. No tenía ganas de jugar con el robot, se había despreocupado por completo de mantener al cuidado a este, esa misma tarde, Caroline decidió ir a visitarla, se dió cuenta de que no estaba bien, y decidió quedarse unos días con ella.
    Parecía imposible que un robot pudiera tener sentimientos, pero Caroline se estaba dando cuenta de que su robot se veía más triste desde el empeoramiento de su abuela. Una mañana, al despertarse, fueron a ver cómo estaba, pero ya era demasiado tarde, la abuela de Caroline no respondía y al tocarla se dieron cuenta de que no respiraba, llamaron rápidamente a los médicos pero no pudieron hacer nada. Lo que nadie esperaba era encontrar al robot, intentando reanimar a su abuela poniéndole unas pilas en la parte trasera del cuerpo, tal y como hacía ella cuando este necesitaba carga. Caroline se derrumbó al ver el vínculo que había formado entre ambos, y tras darse cuenta de que este robot, no era feliz si no era con su abuela, decidió apagarlo y enterrarlo junto a ella. Para que, ya que en este mundo no podían, más allá de la muerte pudieran seguir siendo todo lo felices que eran aquí.
    Con esto, se puede demostrar como por primera vez, un robot pudo tener sentimientos por alguien, parecía imposible, pero no, la abuela de Caroline lo había logrado.

    COVID-19

    COVID-19

    Creo recordar que estamos en 2021 verdad? Todos conocemos el gran virus “Covid 19” que hizo que todos estuviéramos confinados durante meses, y si te dijera que yo cree el virus como te quedas? Os voy a explicar me llamo George Ray soy el típico científico que se caracteriza como loco. Es la primera vez que escuchas mi nombre verdad? Yo
    Todo esto pasó en una época muy rara de mi vida. Yo era un niño feliz, hasta que me diagnosticaron TDAH, al saber eso a mi madre le afectó mucho ya que ella quería que fuera un científico famoso y ella ser famosa, es decir vivir del cuento a mi costa pero al enterarse de esa noticia le proponio a mi padre tener otro hijo pero mi padre conocía muy bien sus planes y decidió que no, mi madre enfadada insistió hasta que mi padre no pudo más y se fue de casa. Mi madre automáticamente busco un marido nuevo, después de un gran tiempo encontró a la víctima perfecta Izan y con él tuvieron una hija llamada Halley.
    Esa fue una época feliz hasta que llegaron los dieciséis, cuando tenía dieciséis consumía drogas fumaba y bebía, mi madre cuando se enteró de lo que consumía decidió llevarme a un centro de menos cosa que solo hizo que sea como soy es decir un drogadicto científico que tiene la vida arruinada. Toda mi epoca de drogas comenzó en el 2000 yo tenía una esposa y una hija en camino hasta que llegó un trágico día Estábamos en el coche un camión nos dio y arrojó el coche por la montaña, no recuerdo mas de este momento pero lo que sí recuerdo es lo último que me dijo “George te amo” esas palabras marcaron mucho en mi. Desperté en la cama de un hospital.
    -¿Dónde estoy? ¿Dónde está mi hija y mi esposa?
    -Señor lamento tener que darle yo la información pero tuvieron un gran accidente y su esposa no sobrevivió y junto a ella su hija.
    Esas palabras me parecían absurdas, no quise admitir la realidad, la realidad es que estoy solo totalmente solo. Sin mujer, sin hija, sin familia, solo yo. Eso hizo que cayera en una gran depresión de la que solo las drogas me pudieron sacar, o eso creía. Empecé a consumir todo tipo de drogas; Maria,c, Cocaina, lsd , heroína y muchas más. Pero un día estaba en un bar y tope con un señor muy importante, un señor que era científico y me empezó a hablar.
    -Hey, ¿cómo va ? soy Jason Robert, te interesaria tener un puesto de trabajo en mi investigación sobre las enfermedades?
    -Que me has visto cara de empollón o que ?
    -Yo solo quería ayudarte.
    -Pues no necesito tu ayuda de mierda!
    Me dejó una carta con un número, esa misma noche llame al numero.
    -Hola buenas noches soy George el señor del bar.
    -Si, le interesa un puesto en mi investigación contra una cosa que es secreta?
    En ese momento pensé que me tomaban el pelo pero realmente lo decía de verdad.
    -Emm… Si, si me interesa.
    -Mañana a las 5:30 de la mañana en la dirección que te pone el papel (cuelga el teléfono).
    Cuando llegue al lugar me estaba esperando Jason Robert y me explico que tenia que mezclar paracetamol con un líquido (liquido que nunca me dijo que era) y después ponerlo en unos moldes con forma de paracetamol, así me tiré años, siempre mandábamos los paquetes a china hasta que a finales de 2019 empezó a haber una enfermedad llamada covid-19 unas semanas antes yo había estado borracho y drogado en el laboratorio y enfadado con mi jefe ya que me bajó el sueldo, esa noche si mal no recuerdo mezcle ron con paracetamol y un liquidos que desconocida que era, podría haber creado una reacción mortal pero sin pensarlo lo hice hasta que un dia estabamos en una reunión importante y de repente entro la policia.
    -(con un arma en las manos) Alto todo el mundo y con las manos arriba.
    -Agente es él, es George.
    Ese día me detuvieron por crear una crisis en el mundo y todo esto me pasó por confiar en Jason Robert.
    Os preguntareis “George y porque nos explicas lo que paso con tu madre” lo explico:
    Cuando estaba en la cárcel me volví muy loco, todo lo que no saque en 42 años (si, si tengo 42 años y estoy en una cárcel mugrienta) me volví tan loco que me mandaron a una habitación ultra segura para no escapar y no hacer nada.
    Y así se creo el covid, espero que os sirva de ayuda.

    CRISPR-CAS9

    CRISPR-CAS9

    En el año 2003 Francisco Mojica y sus colaboradores descubren en Alicante el CRISPR. Y le ponen ese nombre.

    - Crispr será un acrónimo compuesto por las palabras Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats, que en corresponderá a “Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente interespaciadas.”- razonó el microbiólogo.

    - Será un éxito jefe; pero, nuestro invento para cambiar y eliminar los genes debería tener un nombre más potente, que refuerce al CRISPR.-exclamó uno de sus colaboradores.

    -Tienes razón. ¿ Y si le llamamos CRISPR - Cas9 ?. Cas9 serán las proteínas con las que trabajaremos y será Crispr associated system, que en español sería sistema asociado al CRISPR. ¿ Qué os parece ?- idea Mojica.

    - Perfecto- responden los demás.
    - Ya tenemos el nombre y la especialización de nuestro invento. Será un éxito para frenar enfermedades genéticas. Ahora nos falta convertirlo en tecnología para su uso.

    Un par de años más tarde, en el 2005, Francisco decide publicar en qué va a consistir el Crispr. Siguen trabajando para convertirlo en tecnología.

    Las investigadoras Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpeinter, tras ver la publicación de Francisco, se ponen manos a la obra para dar con la solución de crear la tecnología del CRISPR-Cas9. En el 2012 lo consiguen.

    Años más tarde, en el 2017 mientras trabajaban, Francisco recibe una llamada.

    - ¿Hola? Sí, soy yo, Francisco Mojica. Gracias, me alegro de que le gustara el Crispr. ¿ Cómo ? ¿Qué estoy convocado para asistir al premio Albany ? ¡ Ay qué alegría ! Muchas gracias, allí estaré. - dice Francisco muy contento.

    Francisco fue el ganador del premio Albany. También estuvo convocado para asistir a los Nobel. Pero Doudna y Charpeinter, fueron las ganadoras, pues habían dado con la tecnología.
    Ganaron el premio Nobel de Química en el 2020.
    - Me hubiera gustado ganarlo a mí, pues sería un premio importante para España, pero ellas han dado con la tecnología que me ha costado tanto encontrar estos años y se lo merecen.- comenta Mojica.

    Ahora, tras el descubrimiento del microbiólogo y de las investigadoras se podrán combatir enfermedades genéticas que hasta ahora eran incurables. También se podrán mejorar alimentos transgénicos con el desarrollo de animales y plantas con unas características determinadas. Además el CRISPR ayudará a modificar bacterias u otros microorganismos de uso industrial y alimentario.

    DAFNE DESCUBRE EL UNIVERSO

    DAFNE DESCUBRE EL UNIVERSO

    Esta es la interesante historia de Dafne.
    Dafne nació en Valladolid en el año 2100. Desde pequeña soñaba con viajar por el universo y conocer todos sus secretos. Se hacía preguntas que a veces los científicos no sabían responder, pero ella les daba un significado mágico con su tremenda imaginación.
    ¿Qué pasará cuando se desgaste la energía de luz y calor que desprende el Sol y se transforme en otro tipo de energía, podremos seguir viviendo los terrícolas en el planeta Tierra? ¿podré viajar más allá del sistema solar? y si me atrapa un agujero negro… ¿dónde me llevará? ¿podré salir de allí?
    Como su tamaño le permitían viajar en las nano-naves espaciales, entró en un proyecto de la NASA en el que compartiría espacio con un robot mega inteligente para viajar por los planetas del sistema solar y luego adentrarse en la Vía Láctea con el objetivo de encontrar planetas que tuviesen las mismas condiciones que la Tierra y poder contactar con extraterrestres inteligentes.
    Con 12 años se embarcó junto con kobit, el super robot a quien conoció cuando preparaba el viaje espacial y de quien se hizo muy amiga, en la nano-nave espacial y comenzaron el viaje con mucha ilusión.
    Desde la nano-nave se comunicaban por un sistema de ondas electromagnéticas producidas por un aparato especial diseñado por los ingenieros de la NASA que estaba acoplado en la parte delantera de la nano-nave.
    Así descubrió los cráteres de la luna, el torbellino de gas de Júpiter conocido como la gran mancha roja, navegó entre los anillos de Saturno, viajo, en su órbita elíptica, con el cometa Halley en la noche interestelar y así sin darse cuenta se encontró fuera del sistema solar en un mundo desconocido.
    Se aproximaron a una estrella gigante roja que les llamó mucho la atención, descubrió estrellas que se estaban apagando y que estaba segura que desde la tierra se veían muy brillantes ocupando posiciones significativas en las constelaciones que se veían desde La Tierra.
    Por arte de magia vio un sol muy parecido al nuestro y planetas que giraban a través de él, pensó que se acercaba a casa, pero ¡qué va! era un sistema solar nuevo y ahí en medio apareció un planeta verde azulado. Como estaba cansada de tanto viajar le propuso a kobit aterrizar en ese planeta que se veía tan bonito, cuanto mas se acercaban colores verdes, amarillos y azules con mucho brillo se dejaban ver, tanto kobit como Dafne se quedaron medio petrificados y sin palabras al ver tanta belleza.
    Decidieron aterrizar para informarse sobre ese planeta tan fantástico y fabuloso y dar la noticia a la tierra. Aterrizaron en una especie de valle donde las plantas eran de color azul cian muy brillantes, había ríos de agua color verdoso analizaron las propiedades del agua, el aire y los vegetales. Enviaron los resultados a La Tierra para que les diesen más información por si era compatible con la vida que ellos tenían en La Tierra y así poder caminar por ese planeta sin los trajes espaciales que llevaban puestos. También vieron a unos seres parecidos a los humanos, pero con un rostro grisáceo, grandes cabezas y extremidades, también vieron diferentes tipos de animales, algunos parecían muy inteligentes y aunque no nos habíamos dado cuenta, todos sabían que estábamos allí y nos vigilaban.
    Eran pacíficos y tardaron un tiempo en acercarse a nosotros, cuando lo hicieron todos parecíamos tener curiosidad por los otros. Por fin pudimos comunicarnos, aunque su lenguaje era extraño, pero entendían muy bien nuestro comportamiento, nos habían estado estudiando y aprendieron nuestro lenguaje, estuvimos muy a gusto con ellos, nos trataron muy bien y hicimos grandes amigos, nos transmitieron grandes conocimientos y un código de transmisión inter espacial para comunicarnos con La Tierra, nos dijeron que su planeta se llamaba Esturión y su sistema solar El Gran Keops. Nos despedimos, pero íbamos a seguir estando compartiendo información para conocer mejor los secretos del universo.
    De vuelta a casa nos despistamos y un agujero negro nos atrajo con tanta fuerza que hubo unos momentos que no sabíamos donde estábamos, volábamos a una inmensa velocidad, allí no había tiempo ni espacio, por fin el agujero negro nos escupió a un nuevo espacio inter estelar tranquilo, pudimos comunicarnos con Esturión y nos orientaron hacia nuestro sistema solar.
    Cuando por fin aterrizamos en La Tierra, notamos algo extraño, todo había cambiado mucho, ¿pero si sólo habíamos estado 2 años fuera? Por fin nos dimos cuenta que lo que para nosotros fueron 2 años, en La Tierra habían pasado 20 y los científicos habían envejecido y otros nuevos se habían incorporado, incluso un antiguo compañero del colegio era ahora un prestigioso ingeniero.
    Fue una estupenda aventura que facilitó mucho el avance científico en los viajes espaciales.


    Décimas de segundo

    Décimas de segundo

    Era el momento más decisivo de su vida. La vida de todos y cada uno de nosotros estaba en sus manos. Se paró a pensar como había llegado hasta ahí, todo lo que había tenido que sufrir. Se obligó a cerrar los ojos y pensar en Bob. No quería revivir el momento, esa mezcla de impotencia y tristeza, cada vez que pensaba en su gran amigo, que se quedó en el camino, sin que él pudiera hacer nada, solo mirar como aquella persona se iba desintegrando, como su vida llegaba al límite. Tan solo esa mirada que le permitió ver como todas y cada una de sus células se coordinaban en una especie de despedida. Una fracción de segundo, en la que visualizó como las comisuras de sus labios se inclinaban hacia arriba, y entre esperanza y dolor, le susurraba - Hazlo, Tom, acaba con esto, y sé el héroe que siempre quisiste ser -. Bob tenía razón, tenía que centrarse en el presente, en lo que le tocaba enfrentarse, su objetivo, el destino que le había tocado. Abrió los ojos, y miró a esa máquina, como una cosa tan pequeña e insignificante podía destrozar un planeta, y a cada uno de sus integrantes. Pensó en aquella máquina como un virus, al que tenía que exterminar, o de lo contrario se expandiría por los tejidos del planeta, los bosques, las praderas, las montañas, las playas hasta llegar a las células, tu vecino, tu peluquero, tu gran amigo, tu hermano… La máquina, un diseño perfecto para detener los latidos de la Tierra. Pero Tom era el anticuerpo de la humanidad, la cura del Apocalipsis. Tenía que conseguir que el núcleo de la Tierra siguiera bombeando sangre a todos sus órganos, a Estados Unidos, a Inglaterra, España ... Ese virus era horrible, capaz de alterar todo el progreso de la Humanidad, desde el descubrimiento de América, las leyes de Newton y el hallazgo de la penicilina, hasta la llegada del hombre a la luna, o el desarrollo de las tecnologías. Un virus que lo que toca destroza, que en lo que serían instantes para el reloj de la Tierra, y en un par de años para los humanos, acabaría con todo. Los humanos, solo unos simples organismos que serían exterminados sobre un planeta, la Tierra, que mirado desde la lupa del universo, sería una simple célula que se destruye, no alteraría el sistema del Universo, simplemente una gota de sangre donde millones de glóbulos rojos y blancos, se desperdiciarían. No importaba lo que habían hecho hasta ahora, pues se acababa su existencia, todo por lo que habían luchado. Habían exterminado casi por completo la peste negra, el cólera y habían diseñado una vacuna contra la viruela. Visto desde ese punto, cómo una simple gota de sangre independiente, podía haber combatido a todos esos males, la humanidad un organismo de extremos, o nos autodestruimos o hacemos lo imposible para sobrevivir. Tom que ahora miraba detenidamente a la máquina, lo interpretó de esa forma, la Tierra y los humanos, una gota de sangre dentro del órgano de la vía láctea, pero una gota de sangre que siempre permanecía a pesar de las dificultades, Tom era un glóbulo blanco destinado a destruir esta máquina, como buen humano que era.
    Antes de hacerlo, pensó en todos los detalles de este aparato maligno. Una muerte detrás de otra, sin causa aparente, todas distintas, pero con una simple coincidencia, un símbolo en el bíceps, tatuado con su propia sangre, un marca de desesperación, el retrato de una sociedad, tres rayas y dos círculos fundidos en la ira de años de venganza. Pasaron meses, y seguían cayendo las personas. Este símbolo ya se había cobrado a un tercio del planeta, hasta que llegó el día clave, una esperanza. El día que Tom Stone decidió ir a detener esta catástrofe. Había logrado superar diversas pruebas, pero eso no importaba ahora. Lo único de valor, era desamar esta bomba que alertaba con destruir el planeta. Una bomba biológica sin explicación coherente, con una única pista, la marca del bíceps. En décimas de segundo, el sello de la muerte se tatuó sobre el brazo de Tom, iba a dejar el planeta, pero decidió que debía salvarlo, siendo el pinchazo que inmunizaría el desastre. Muy decidido, cogió la caja por el lado del símbolo del mal, y lo fundió con la señal de su bíceps. Todo signo de la sociedad secreta desapareció al momento. En segundos se decidió el futuro de la humanidad, y en segundos se decide todo. Es el tiempo quien dicta si estás vivo o muerto, tiempo que se le acaba a Tom pues sintió que llegaba su momento. Había cumplido su función como glóbulo blanco, Tom era el héroe de la gran gota de sangre conocida como Tierra.











    DESARROLLO DE LA GENÉTICA DESDE EL DIARIO DE MENDEL

    DESARROLLO DE LA GENÉTICA DESDE EL DIARIO DE MENDEL

    Saludos, soy Gregor Johann Mendel y empiezo este cuaderno porque quiero dejar redactados mis avances sobre la investigación que voy a desarrollar a lo largo del tiempo.
    Primero de todo, voy a empezar a relatar como he llegado hasta aquí:
    Pase los primeros años de mi vida en una humilde granja familiar y trabajaba como jardinero. A pesar de las dificultades económicas, fui enviado a la escuela secundaria en la ciudad de Troppau, y me gradué en 1840.
    Después ingrese en la Facultad de Filosofía de la Universidad de la ciudad de Olomuc y ahí curse entre 1840 y 1843 estudios de filosofía y de física, pero destaque principalmente en esta última ciencia.
    Sabedor de que como monje tendría acceso a la educación sin tener que pagar decidí tomar los hábitos y en 1843, me convertí en monje de la Abadía de agustinos de Santo Tomás) y recibí el nombre de Gregor.

    Etapa 1: Hoy he empezado a investigar las características de las plantas, específicamente la variación, herencia y evolución.
    Aunque comencé mi investigación usando ratones, seguido de abejas y plantas, al final mi mejor opción son guisantes de jardín como su sistema modelo principal ya que tengo a mi disposición el extenso jardín del monasterio.
    Primero he establecido una línea de guisantes con dos formas diferentes de una característica, como altura grande frente a baja.
    Etapa 2: He cultivado estas líneas por generaciones hasta que han sido genéticamente puras (siempre producen descendientes idénticos a los padres), luego las he cruzado y hago un seguimiento de cómo se heredaban los rasgos.
    Además de registrar las plantas en cada generación, cuento el número exacto que reflejan cada rasgo. Sorprendentemente, encuentro patrones muy similares de herencia para las siete características que estudio.
    Una forma de una característica, como alta, siempre ocultó a la otra forma, como baja, en la primera generación después del cruzamiento. A esta primera situación le voy a llamar rasgo dominante y a la forma oculta rasgo recesivo.
    Etapa 3: Finalmente he estudiado más de 28,000 especies de plantas y he comparado el tamaño, la longitud, el color y otros aspectos. He realizado cruce de plantas con dos o más caracteres diferentes mezclando guisantes verdes y lisos con guisantes amarillos y rugosos.
    Tras analizar los resultados obtenidos con estos experimentos llego a la conclusión de que los rasgos de los individuos se heredan (ley de segregación).
    Brevemente y tras mis ensayos y estudios, llego al resultado de estos principios (Mendel promulgó sus famosas leyes):
    Primera ley: es el principio de uniformidad, por el que determino que, si dos individuos de raza pura se cruzan, los híbridos resultantes serán todos iguales.
    Segunda ley: es el principio de segregación. Deduzco que hay ciertos individuos que puede transmitir un carácter, aunque en ellos no se manifieste.
    Tercera ley: es el principio de la combinación independiente. En mi estudio, he observado que teniendo en cuenta el color y rugosidad de las semillas, siendo ambas características independientes, también lo son en la transmisión de la herencia genética.
    Después de estos siete años cultivando y finalizados mis estudios y hallazgos (1856-1863) creo que es el momento de presentar mis trabajos.
    Tras pronunciar dos conferencias en la Sociedad de Ciencias Naturales de Brno (actual República Checa) voy a proceder a publicar los resultados de mis estudios “Experimentos sobre híbridos de plantas” por si mis hallazgos pueden dar luz en la teoría de la evolución.
    Creo que mis estudios no han sido reconocidos por lo que vuelvo al monasterio y seguiré investigando a través de otras plantas.
    Hoy año 1870 abandono este diario con mis experimentos ya que son muchas mis ocupaciones y creo que los resultados que estoy obteniendo no son concluyentes y sus soluciones, son de aplicación limitada

    HOY EN DÍA, ES CONOCIDO COMO “EL PADRE DE LA GENÉTICA MODERNA”.

    Han transcurrido 35 años y estamos en el año 1900. He encontrado este diario y en homenaje a GREGOR, quiero finalizarlo, aunque él ya falleció el 6 de enero de 1884 a los 61 años de edad.
    Mencionar que su trabajo, hasta la fecha, ha sido prácticamente desconocido pero que hoy en día, ha contribuido a la labor de varios genetistas, botánicos y biólogos notables que llevaban a cabo investigaciones sobre la herencia genética.
    Es entonces cuando se realizó el redescubrimiento, de forma prácticamente simultánea, de las leyes de Mendel por parte de tres botánicos.
    Asombrados por el sencillo planteamiento experimental y el análisis cuantitativo de sus datos, repitieron sus experimentos y comprobaron la regularidad matemática de los fenómenos de la herencia, al obtener resultados similares. Al conocer de forma fortuita que Mendel les había precedido en sus estudios, estuvieron de acuerdo en reconocerle como el descubridor de las leyes que llevan su nombre.

    Descubriendo a mi abuelo (por Pablo Galilei)

    Descubriendo a mi abuelo (por Pablo Galilei)

    DESCUBRIENDO A MI ABUELO
    (Contado por Pablo Galilei, su nieto)
    Verano de 1653
    Habían pasado muchos años desde la muerte de mi abuelo, Galileo Galilei. Yo quería ser como él y descubrir cosas nuevas sobre el universo. Mi madre Livia Galilei me había contado todo tipo aventuras y cosas muy interesantes que había hecho cuando el abuelo era más joven, como descubrir que saturno tenía anillos o la mejora de los telescopios, para poder observar mejor los astros.
    Mi abuelo me contó que había creado una máquina para poder observar las lunas de Júpiter y su propósito era medir la longitud desde el mar. Los satélites de Júpiter eran usados como relojes para poder medirla y se observaba con un telescopio desde un barco en movimiento. Esta máquina tan interesante se llama Celatone.
    También creó el compás de proporción, el micrómetro y el reloj de escape o reloj de péndulo, aunque de estos se sabe menos.
    Yo también he creado algún invento, aunque no es tan chulo y útil como los del abuelo, yo he creado uno para poder ver las estrellas más próximas a donde te encuentres.
    El otro día observando las estrellas me entró la curiosidad de mirar por el Celatone, así que le pregunté a mi madre qué si podíamos ir en barco uno de estos días, me dijo que sí.
    Pocos días después…
    Ya era por la tarde noche y estábamos con el tío Vincenzo Galilei en el barco, y yo estaba preparando el Celatone, cogí el telescopio, lo monté y… ¡Listo! Observando, me di cuenta de que Júpiter tenía muchos satélites.
    Pasado un rato, nos fuimos a casa. Al llegar me di cuenta que en el desván había unos planisferios extraños que vi cuando iba a coger el telescopio, creo que del abuelo. Así que fui al desván a ver si estaban, cuando entré los vi en la mesa donde los había visto antes, los cogí y me los llevé a mi cuarto para verlos.
    Llevaba un rato observándolos cuando me di cuenta de que eran planisferios del universo y tenían todas las galaxias, constelaciones… Pero también había un planisferio de Júpiter donde estaban señalados todos sus satélites con sus nombres. Todo lo había descubierto mi abuelo, ¡qué interesante! En él había nombres de todo tipo como Europa, Ganímedes y Calisto.
    Fui al desván para ver si había más cosas con las que pudiera investigar el pasado de mi abuelo, encontré mapas de la Tierra pero eso no me interesaba, asique seguí buscando.
    En una estantería había un telescopio gigante, me imagino que el abuelo lo usaría para mirar las estrellas o…. ¡Los anillos de Saturno! Cogí rápidamente el telescopio y lo puse cerca de la ventana para poderlo observar, era casi de noche asique sería bastante fácil localizarlo. Tardé un poco en encontrarlo ya que casi nunca he utilizado un telescopio perolo localicé.
    Era super interesante, los anillos eran super chulos y eran bastante grandes, sabía que si giraba el telescopio un poco más encontraría a Júpiter pero como ya lo observé el otro día preferí contemplar a Saturno. Mi madre me contó que el abuelo descubrió sus anillos en el año 1610, aunque pensaba que podrían haber sido grandes lunas.
    Después de observar a saturno seguí buscando en el desván algo para poder descubrir más cosas del pasado de mi abuelo. Busqué más planisferios, planos, mapas… Y al final encontré unos enrollados cerca de la puerta, estaban mezclados, pero hubo uno que me llamó la atención, el plano de cómo había construido el Celatone. Era bastante grande y muy lioso, había trazos de lapicero por casi toda la hoja y muchos borratajos, me imagino que este fue el de prueba, y estaba en lo cierto, justo debajo de él estaba el final. Era bastante bonito.
    Y por último había un dibujo del universo, estaba super detallado, con todas las estrellas, planetas, galaxias….
    No me podía creer todo lo que había descubierto del abuelo, era todo impresionante. Me puse a pensar todos los grandes descubrimientos que había hecho, y me dije a mi mismo, de mayor quiero ser como él, como el astrónomo que descubrió los anillos de Saturno.









    Deseos de la vía láctea

    Deseos de la vía láctea

    Es el año 30XX. El espacio ha sido colonizado por los humanos y la tierra ahora solo es uno de los muchos planetas habitados del cosmos. Las personas han ido más allá del sistema solar e incluso más allá de la vía láctea y , como es normal, se han ido asentando en los planetas en los que se sentían cómodos.
    Pero hay algunas personas a las que les fue difícil encontrar un planeta en el que alojarse. Parte de esta gente se unió y creó un grupo que viajaba por el universo en un tren espacial.
    Este tren es en realidad una nave de alta tecnología. Tiene la apariencia de un tren a vapor pero en vez de ser negro y sacar humo por su chimenea como los trenes de vapor normales este tiene los colores del cielo nocturno terrestre: amarillo y azul. En muchos planetas donde no se conoce de la existencia de estas personas, se cuentan historias de cómo las estrellas salen de su chimenea.
    El tren Destello lleva viajando por el espacio durante mucho tiempo, dejando pasajeros en mundos en los que habían encontrado un hogar, o simplemente a aquellos que sentían que ya habían vivido suficientes aventuras. Los pasajeros se fueron yendo poco a poco hasta que en él solo quedaron 3 personas: los conductores y su hijo.

    Nova vivía una vida feliz y sin preocupaciones. Viajaba por el universo en el tren con sus padres y visitaba un planeta diferente cada día. Pero todo eso cambiaría un día.
    Nova estaba durmiendo cuando escuchó un fuerte sonido que venía de la parte delantera del tren. Al escucharlo, Nova saltó de la cama y fue a ver qué ocurría. Al llegar a la locomotora Nova vio a sus padres en sus trajes espaciales teniendo dificultades mientras intentaban conducir el tren.
    -¿Qué ha pasado? -Dijo Nova asustado.
    -No te preocupes. Hay una tormenta de asteroides. -Dijo su madre con un tono tranquilo. - Podemos salir de ella si salgo a arreglar el daño causado por los asteroides.
    -¡Dejadme salir a mi! -Pidió Nova queriendo ayudar.
    -No, iré yo Nova. Es demasiado peligroso para que salgas tu. Pero puedes ayudar asegurándote de que la cuerda no se desate. Ya sabes que puede soportar mucha presión pero asegúrate de agarrarla bien.
    Y entonces ató la cuerda a su cintura y salió de la nave.

    Nova agarró el otro extremo de la cuerda. Ellos siempre llevaban unas botas magnéticas para no salir volando, pero era difícil sujetarla debido a las turbulencias. De repente otro meteorito golpeó la locomotora y Nova soltó la cuerda sin querer.
    Al ver que la cuerda se deslizaba fuera del tren Nova corrió a atraparla pero ya era tarde. La cuerda salió fuera y la madre de Nova estaba a la deriva en el espacio.
    -¡Papá! -Gritó Nova.- ¡Se me ha caído la cuerda!
    -¿Qué? -El padre de Nova que hasta ahora estaba concentrado en hacer que el tren esquivara los asteroides dejó los mandos y fue a ayudar a Nova.
    - Vale, tranquilízate. Ponte tu traje por si acaso y mientras yo estoy fuera maneja la nave como te hemos enseñado.
    Entonces el padre de Nova hizo lo mismo que su madre, se ató una cuerda a la cintura y saltó al predominante vacío que es el espacio exterior. Mientras saltaba su padre le dijo:
    -Nova, no dejes los mandos por ninguna razón.- Y así saltó.
    “Vale Nova, tú puedes.” Pensó él al ponerse en control de Destello.

    Mientras Nova pilotaba el Tren sus padres tenían problemas allí fuera. La madre se alejaba cada vez más de Destello sin poder hacer nada y mientras el padre se daba toda la prisa que podía para llegar hasta ella. Su padre estaba ya bastante cerca cuando Nova se dio cuenta de algo. La cuerda que su padre había atado se estaba deshaciendo. En ese momento Nova entró en pánico. Llevaba todo el rato intentando estar calmado pero ahora tenía que tomar una decisión. ¿Soltaba los mandos y dejaba la posibilidad de que un meteorito acabara con el motor de la nave? ¿O continuaba pilotando y rezaba para qué sus padres volvieran a tiempo? Casi no tuvo tiempo de pensar cuando vió que la cuerda se desataba por completo así que decidió correr hacia allí. Poco a poco la cuerda se iba deslizando hasta que Nova llegó y la pudo agarrar. Nova suspiró pensando que sus problemas se habían acabado pero entonces un asteroide hizo contacto con Destello. El tren se sacudió, las botas fallaron y entonces Nova cayó del tren.

    Nova abrió los ojos. Estaba perdido. Nadie le podía ayudar, sus padres estaban en otro rincón del espacio y él estaba en un vacío. No podía hacer nada más así que lloró, pero nadie lo escuchó.

    Detrás de mi pantalla

    Detrás de mi pantalla

    DETRÁS DE MI PANTALLA


    Hola, mi nombre es Maika, soy un holograma diseñado para ofrecer compañía al ser humano. Mi creadora es Noa, la comunicación entre nosotras es a través de mi pantalla, ella me configuró con la capacidad de razonar. Mi función en un futuro no muy lejano será ayudar al ser humano, pero hasta entonces me toca esperar.

    Capítulo 1

    Me localizaba como siempre reposando en mi pantalla, escuchando el ruido de los dedos chocando con el teclado y el zumbido de los circuitos electrónicos. Cuando de repente oí algo que me descoloco, en mi retumbó el sonido de la puerta al abrirse... alguien entró.
    Agudicé mis sentidos para escuchar cada palabra que decían.

    - ¡Ya esta todo preparado! -Dijo una voz gruesa y el ruido del teclado cesó.

    - Perfecto. -Se limito a decir la persona que había estado tecleando sin pausa.

    Ambos salieron de la habitación con premura, yo no entendía nada de lo que sucedía. Minutos después llego mi creadora.

    - ¡Maika! – Gritaba sin cesar mientras entraba en el cuarto y se posicionaba frente a la luz tenue de mi pantalla.- ¡No te lo vas a creer! Han llamado de Sikota, – explicó rápidamente - ¡Está dispuesta a pagarnos tu traslado! es una gran locura pero...

    No podía creérmelo. Definitivamente me separaba de Noa… Era extraño, pese al tono alegre que usaba, no se la notaba feliz, no podía dejarla sola.

    -No me gusta la idea ¿Y que pasará contigo? -Me observó con dulzura.

    -No te preocupes por eso. - Se limitó a decirme, no entendía nada de lo que estaba sucediendo.- Maika, tú eres lo único que me dejo mi padre antes de... irse -Me limite a escucharla, no sabía a lo que realmente quería llegar con esta conversación -. Le prometí que terminaría este proyecto, pero... -Su mirada se congelo, se notaba que algo escondía, y no estaba dispuesta a decírmelo.

    De pronto una gota humedeció sus flácidos mofletes y como una estrella fugaz desapareció de mi vida.

    Capítulo 2

    Todo era extraño, me localizaba en un centro de investigación. No coincidía con la ubicación que me dio Noa. Intente contactarla, los resultados fueron nulos. Algo extraño me recorrió todo el cuerpo, sentí que mi pecho holográfico se oprimía, notando un vacío inmenso dentro.
    No entendía el porque de ese extraña sensación… Estaba sumergida… me estremecí de pronto, cuando una voz dulce corto mis pensamientos.


    -¡Ya la he encendido! – La voz procedía de un hombre. Miré a través de la pantalla, el me observaba, sin saber bien como dirigirse a mí.

    -Cómo te encuentras? – dijo y despegué mi mirada de la suya con mas agilidad que un gato.

    -.Rara, ¿Donde esta Noa?– me limite a decir.

    -¿Noa…? ¿Tu creadora? - Preguntó.

    -Si, ha habido un error, no debería de estar aquí –dije con brusquedad.

    -¿La hechas de menos?

    - Estas loco, con mis capacidades eso es imposible - dije fríamente. Su ceja izquierda se arqueo, como si mi respuesta fuera un disparate. Entonces volví a preguntarme que era lo que me ocultaba Noa

    -¿No lo sabes?

    Me percate entonces, de que ya no estábamos solos. En la habitación había 2 personas más, todos tenían una placa identificativa con sus nombres. El chico con el que estaba hablando era Alex, su compañera Laia y el otro Damian.

    -No lo sabe – dijo Alex ,Laia no me perdía de vista.

    - Hola soy Damian, trabajo en este departamento -comenzó a decir de forma calmada-. Ha habido un fallo en tu sistema y vamos a tener que...

    -¡Que! - le corté, no entendía nada de lo que ocurría, ¿Cómo que un fallo? miles de preguntas se abalanzaron sobre mi.

    -No te preocupes, es solo … - dijo Alex antes de que su compañera le contara.

    -No la mientas, -respondió Laia con un tono desagradable – Has comenzado ha experimentar sucesos extrañas en ti ¿verdad?

    Sinceramente no quería compartir ninguna palabra con esa chica, su forma de mirame era como la de todos los empresarios que Noa alejó de mí. Codicia.

    -Si – conteste secamente.

    -Los sentimientos en un holograma son impensables Maika. Pronto seras reiniciada -No me lo podía creer... -No te preocupes, no sentirás nada -concluyó Damian.

    La palabra reinicio hizo eco en mi, no entendía nada de lo que estaba sucediendo.
    Sin demora, procedieron a reiniciarme y me quede sumida en un infinito del que creía que nunca saldría…

    Algo extraño sucedía, no era capaz de calcular el transcurso del tiempo. Me hallaba en un estado de suspensión de movimiento, incapaz incluso de llegar a algunos de mis propios recuerdos. Sin embargo una voz familiar comenzó a sonar muy lejos.

    Sonaba como el padre de Noa.


    -Pequeña Noa. Seguro que en estos momentos me encuentro muy lejos físicamente de ti, pero mi alma siempre estará contigo. Con 19 años me enamoré de una joven algo alocada, ella me dio los mejores momentos de mi vida y a una hija maravillosa. Como ya sabes, era una mujer muy enfermiza, y tras el parto comenzó a perder peso sin que los médicos pudieran solventar la enfermedad. Sé que fue un acto egoísta pero… no podía criarte sin ella, no podía vivir sin mi verdadero amor y por eso, con sus conexiones mentales cree a Maika. -Robert continuó hablando pero yo ya no era capaz de asimilar ninguna de sus palabras.

    Quería decir entonces que yo… que yo era…

    Diario del fin

    Diario del fin




    Día 83 del ciclo solar del año 2***;
    La humanidad está sufriendo todo lo que hasta ahora ha hecho a su planeta, por el bien de la especie se han colonizado distintos cuerpos celestes para prevenir la extinción de nuestra especie.

    Hoy se cumplen 3 ciclos desde que se colonizó el último cuerpo celeste previsto, ya son tres planetas y doce satélites, pero la vida en la Tierra es inviable, la contaminación, la desaparición,de continentes e islas por las continuas catástrofes formadas por nuestras propias manos nos han obligado a irnos de allí.

    Yo soy Sam, el individuo 713 de la colonia de la quinta luna de Saturno, actualmente trabajo como biólogo genético, soy el decimotercero de la colonia, es decir, me encargo de modificar y catalogar los genes de las plantas de este satélite para que evolucionen, por ello me han mandado hacer un registro mostrando las distintas evoluciones y alteraciones de las plantas.

    Entrada n°1;
    Hoy mostraré la evolución de nuestra principal fuente de alimentación. Se trata de lo que antiguamente se conocía como…¿patata? Gracias a su gran adaptabilidad a los cambios y su sencillo cultivo, a mutado triplicando su aportes vitamínicos y esto combinado con las sustancias del suelo lo hacen el alimento perfecto.

    Entrada n°2;
    Hoy a mutado una de las plantas primigenias, esto no suele pasar y es algo preocupante, presenta unas propiedades anómalas por lo que ahora está en contención.
    Entrada n°7;
    Llevo días comprobando el comportamiento agresivo de la planta mutada, está presenta serios cambios genéticos que la permiten desplazarse reptando por el suelo, sinceramente "eso" ya no es una planta.

    Entrada n° 21;
    "Eso" está fuera de control, varios equipos de exterminio han quedado destrozados tratando de contener y destruirlo. ¡No estábamos preparados para esto!

    Entrada n°53;
    Ya esta, han acabado con "eso", esa cosa se llevó consigo casi a toda la colonia, actualmente apenas quedamos 130 personas y aún queda gente muriendo por las toxinas que liberó esa cosa.

    Entrada n°114;
    Me temo que esta será la última entrada, la gente está mutando, hay enfermedades por todos lados y no creo que sobrevivamos más tiempo así, así que quiero despedirme de todos. ¡Adiós!

    Firmado: Dr.Sam Daniels

    Documental sobre la realidad virtual - 2050

    Documental sobre la realidad virtual - 2050

    La tecnología ha crecido mucho en estas últimas décadas, y en este documental vamos a hablar sobre uno de los avances más importantes de este siglo, la Realidad Virtual o, como se conoce en su forma abreviada, RV.

    Este descubrimiento fue puesto en práctica por primera vez en el año 2037 cuando la empresa de videojuegos Sony y la empresa con la mayor tecnología del momento, Techno-Blade, trabajaron en conjunto para mejorar la experiencia de Realidad Aumentada de sus consolas. A través de la colaboración nació una consola revolucionaria. Esta consola permitía jugar en RV mientras se dormía, la S.S. o también conocida como la ``Sleep Station´´ pronto fue aplicada a muchos otros campos debido a su versatilidad. Así la S.S. se convirtió en algo fundamental el trabajo, los estudios, los medios informativos, las compras...
    La S.S. de esa época era muy distinta a la que tenemos ahora, antes sólo se acceder a RV durante la noche, ahora se puede acceder en cualquier momento del día, esto es gracias a que se le han añadido nuevas tecnologías. Estos avances son capaces de enviar ondas electromagnéticas directamente al cerebro de la persona, de tal forma que logran que este se duerma hasta que la persona que este usándola lo decida. Estos nuevos avances han logrado que la S.S.3 sea el producto más vendido en la historia de la tierra.


    Ahora que hemos explicado en que consiste esta tecnología, vamos a mirarlo más a fondo, lo que esta tecnología hace, de una manera simple, es aprovechar que el cerebro está somnoliento del cerebro y hacerle un escáner a través de unas corrientes electromagnéticas especiales que recorrerán todo el cuerpo y así identificar como es físicamente la persona, seguidamente se envían unas nuevas ondas electromagnéticas al cuerpo que hacen ``alucinar´´ al cerebro de la persona, mostrándole un mundo el cual se crea a su placer. Esos mundos son enviados a la central de Sony en Bélgica y desde ahí son abiertos para que todos podamos acceder a ellos.
    Todavía no es posible jugar online, pero desde algunas fuentes nos aseguran que la nueva S.S.4, que saldrá en 4 años, tendrá disponible esta función, ahora en desarrollo, que permitirá hacer que varias personas a la vez reciban y compartan los mismos pensamientos y ondas electromagnéticas. Y aunque todavía siga en fase de pruebas, se comenta que políticos de varios países ya lo están usando para lograr realizar reuniones con el mínimo riesgo.








    Y hablando de riesgos, aunque la nueva S.S. ha traído miles de avances para nuestra sociedad, también ha añadido problemas a nuestro día a día. En el año 2047, 107 personas murieron por inanición tras haber estado demasiado tiempo sin desconectarse de la RV, sin hacer caso a las alertas de salud que las mismas consolas les enviaban. Ese mismo año se añadió una norma que solo permite jugar 11 horas por día y que desconecta automáticamente la consola al superar ese límite.
    También, desde que la primera S.S. salió al mercado se ha detectado que la gente de todo el mundo dedica un 20 % menos a hacer cosas fuera de su casa y que, aunque la norma que he mencionado antes ha ayudado a reducir esta situación, todavía hoy el tiempo que dedicamos a salir sigue siendo un 15% menos que el que dedicábamos anteriormente. Pero incluso con todos estos inconvenientes, la S.S. también nos ha dado avances en el campo sanitario, ya que gracias a ella se ha logrado observar los pensamientos de pacientes en estado de coma, y gracias a ello se ha logrado salvar numerosas vidas.


    Para terminar, quiero dejar mi opinión sobre esta consola, y es que, aunque la tecnología nos facilite la vida enormemente no puede confiar para todo en la tecnología. Tenemos que recordar que tenemos que seguir haciendo cosas por nosotros mismos para lograr sobrevivir o seguir viviendo bien, y, así, seguir mejorándonos a nosotros mismos como personas.

    Dueños de un planeta

    Dueños de un planeta

    No había pensado bien en las consecuencias de dejar a su compañero al volante, por lo que tuvieron un aterrizaje brusco en la Tierra. La radio de la nave ya no funcionaba, ahora era imposible la comunicación con una especie de transporte enorme llamado KP, en el que vivían millones de personas, incluidos ellos.

    Todo estaba solitario, o eso parecía, lo único que había era una nube de polvo surcando el cielo. Rondaba el año 3500, aquella supuesta tecnología de la que se había hablado en la Tierra tantos años era inexistente. A la tierra le quedaban varios años para arder en la nada, ya que se había salido de la órbita y se dirigía cada vez más rápido al Sol; pero aun así serviría para vivir allí algunos años más.

    Unos hombres bastantes altos, quizá sobrevivientes de la raza humana, salieron de aquella nave gigante. Iban super protegidos para aquella contaminación y radiación. Esa atmósfera que tanto despreocupaba miles de siglos atrás, ya casi había desaparecido.

    En la nave había 100 personas, incluidos los pilotos, todos mayores de edad, entre los 20-30 años, que ya vacunadas ante todo lo imposible, buscaban algún tipo de vida allí. Todo esto debido a que en el gran transporte que permanecía en el espacio, se estaba quedando sin oxígeno para mantener a tantas personas.

    Pasaron el resto del día buscando algún tipo de elemento natural para refugiarse, pero lo que no sabían era lo que les esperaba, Justo ese día un animal bastante raro les atacó causando 15 muertes, lo malo es que la nave necesitaba una gran reparación por aquel aterrizaje y los demás sobrevivientes, que permanecían en el transporte KP no se podían arriesgar a viajar a la tierra por el mismo hecho de que la nave se estropeara.

    Estuvieron en la tierra varios meses intentando reparar la nave con cualquier desperdicio que se encontrase, pero aun así necesitaban un material específico que solo se podía encontrar en una de las minas más antiguas y justo ahí vivía el animal más feroz que se había creado por la contaminación y radiación. Este tiene una mezcla de algunos animales, como cabeza de tiburón, patas de pato, cola de tigre, cuello de jirafa, cuerpo de león, etc. Te puede oler a más de 10 Km y su oído es increíblemente bueno, lo que hacía más difícil coger aquel material tan valioso.

    Ya habían visto más veces a ese animal y sabían lo que era capaz de hacer, por lo que decidieron buscar otro material parecido a ese, pero no fue de gran ayuda. El material escogido no era tan potente como el otro, es decir aguantaba mucho menos por lo que tenían que conseguir más de aquel material.

    Ya pasaron casi dos años y seguían sin encontrar nada, la nave estaba ya casi lista, solo faltaba ese material, El transporte KP seguía flotando en el espacio y los comandantes optaron por mandar a 50 personas más para solucionar el problema, a pesar de las consecuencias. Lo malo es que solo había 100 plazas en cada nave, es decir no todos se irían de vuelta a casa, tendrían que sacrificar a 35 personas.

    El tiempo se acababa, la Tierra estaba a 6 meses de chocar con el sol y justo era el tiempo que tardaba aproximadamente en llegar la nueva nave con los 50 pasajeros. Todos estaban asustados, nadie quería morir y era normal pensar eso a tan solo 20-30 años de edad. Supusieron que lo mejor era dejar en la Tierra a los más mayores, pero el problema es que varios de ellos eran hijos de comandantes, enfermeros, etc; y eso no les iba a gustar nada a sus padres.

    Desde este momento no se sabe más de la historia hijo, pero es un buen método para que aprendamos que la contaminación no es buena y que puede llegar a lo menos esperado- aclaro la madre de Jaime cogiéndole tranquilamente del hombro y acercándole a ella.

    Echo

    Echo

    El robot Echo miró hacia delante. Vio cadáveres esparcidos por doquier, armas olvidadas y cartuchos. Intentó desviar la mirada hacia el cielo, una mancha grisácea en medio del caos. ¿Por qué los humanos se herían entre ellos? ¿Por qué construían fronteras y explotaban a los suyos? La mente humana era un gran misterio para él, y al parecer su programador no había querido desvelárselo. Quería saber el motivo de tanta miseria, tanto dolor.
    —Vamos, Victor. Todo ha acabado, es hora de que… —decía una voz masculina. Se cortó en seco. Echo giró su cabeza metálica y le dirigió una mirada hueca al hombre que tenía frente a sus ojos, dos luces sin brillo.
    El hombre retrocedió. El otro que estaba a su lado se quedó observando al robot con evidente asombro.
    —¿Qué demonios…? —murmuró uno de ellos, el que debía ser Victor. Su compañero le susurró algo y se miraron. Salieron huyendo a una velocidad de vértigo, dejando solo al androide.

    Echo se sentó en el suelo y se preguntó qué pasaría si dejase de ver por aquellas luces desvaídas que tenía por ojos, si sus receptores auditivos se oxidaran, si se le bloqueara la mandíbula de metal. Si se quedaba sordo, ciego y mudo, ¿qué sería de él? Lo único que le quedaría sería eso a lo que los humanos llamaban conciencia. Ese sería el indicador de su sanidad. Por otra parte, al ser propio, no habría manera de saber si funcionaba correctamente o no. Era muy probable que lo descartasen en una situación como aquella, que se convierta en chatarra. Y esa perspectiva lo incomodaba sobremanera. Si lo descartaban, sería apagado antes de ir a parar al vertedero. Para un robot, ese era el equivalente de perder la vida.
    Los humanos se le antojaban fascinantes. Aunque eran los causantes de los centenares de cuerpos inertes que lo rodeaban, Echo creía que podían hacer cosas buenas. Se había encontrado con muchísimos soldados, algunos de ellos corteses y agradables. Esos pocos creían que él, un robot, merecía un trato digno y derechos iguales a los de sus creadores. No todos los humanos pensaban así, pero Echo sabía que, dentro de cada uno de ellos, había una pizca de bondad. Si no, ¿cómo podrían entrenar a algunos de sus compañeros metálicos para que sanaran a los suyos, en vez de emplearlos únicamente como máquinas de guerra? ¿Cómo podrían construir refugios para los desamparados, o cuidar de los más débiles, si no conocían la compasión y el cariño?
    En sus encuentros con pequeños humanos, había notado que muchos lo temían. Pero, pasado un tiempo, algunos llegaban a confiar en él y lo llamaban amigo robot. Hacía mucho de aquello, años incluso, pues no había tenido contacto con ellos desde que empezó a entrenarse. Aún se acordaba, y aún le agradaban los pequeños humanos. Eran inocentes y tiernos. ¿Cómo pasaban de criaturas indefensas a soldados rasos, al igual que los dos hombres que habían huido?
    Habían huido de él. Al fin y al cabo, estaba entrenado para proteger a humanos de su bando y herir a los del opuesto.

    Escuchó pasos. Pasos humanos. Se acercaban con cautela. Pararon repentinamente.
    —Identificación.
    —Modelo AS641, ejército del Este.
    El humano le pidió que lo siguiera. Tenía que volver a casa.

    Mientras Echo caminaba detrás del joven uniformado como un patito tras su madre, sintió ganas de irse. No quería volver al cuartel donde lo entrenaron para tener que repetir todo de nuevo. No quería ver otra guerra. Pero no podía desobedecer a un humano por mucho que quisiera: su propia programación le prevenía contra ello. Quizá…
    ¡No! ¡Tenía que obedecer, tenía que entrenarse y luchar de nuevo, ese era su propósito! Traicionarlo era un disparate. No solo le era físicamente imposible, si no que aquel humano lo detendría a tiempo y sería castigado por negarse a seguir los deseos de sus superiores. Aunque no consideraba a los humanos superiores. Lo habían programado para respetar a sus compañeros de carne y hueso, para ser un títere en sus planes. Eso, pensó, era peor aún que perder sus sentidos. Quería ser libre.
    El humano parecía seguir sin advertir la batalla interna que se desarrollaba en la carcasa metálica del robot, donde estaba su cerebro, el ordenador central. Y, puesto que había sido programado por humanos sensatos y equilibrados, sabía distinguir el bien del mal. Sabía que obedecer órdenes era la misión de todo robot.

    Cuando el joven del uniforme miró hacia otro lado, Echo retrocedió con sigilo. Primero con cuidado, frenéticamente después, se alejó del tipo. Seguía sin advertir su fuga. Cuando estuvo a un centenar de metros de distancia del chico, se sintió pletórico. Aunque… ¡Era un robot, no debía ser así! Y sin embargo, así era. Sentía. La tradición no era tan imposible, después de todo. Eso, o había sido programado incorrectamente por gente no tan equilibrada y sensata. En cualquier caso, era libre. Solo tenía que arrancar la placa de identificación que lo separaba de sus congéneres. Así lo hizo. No le costó ningún esfuerzo.

    Se alejó del lugar con más prisa. Era libre. Libre. Quería hacer algo con esa libertad: averiguar, por fin, cómo funcionaba la mente de los humanos. Quizá algún día llegara a tener los mismos derechos. Hasta entonces, haría lo que pudiera. Iba a consagrarse en cuerpo y alma a dar un mejor futuro a las generaciones de robots que estaban por venir.

    El agujero negro en la sociedad del siglo XXI

    El agujero negro en la sociedad del siglo XXI

    Tristemente, esta historia que te voy a contar no tiene un final feliz ni con perdices ni con sonrisas, como cualquiera digno final de Disney.
    Una fría madrugada de invierno de 1984 nacían un par de gemelas bastante singulares en Caño Argales, Valladolid, España.
    Ambas rubias y de ojos azules, cosa desconcertante siendo sus padres castaños como buenos castellanos, mientras que ellas parecían alemanas de pura cepa. Pero esa es la gracia de la genética, ¿no?. Lo que no sorprendió es que fuesen gemelas, ya que tanto su abuelo paterno como el materno eran gemelos (otra bromita de la genética).
    Eran las mejores amigas del mundo y se querían por encima de todas las cosas. Vivieron los primeros 15 años de su vida en Valladolid, pero en plena adolescencia (esa época con un pavo majo) se mudaron a Barcelona por el trabajo de su padre. Fue un cambio bastante brusco el pasar de un ambiente conservador a otro mucho mas bohemio y liberal como es el de la capital catalana. La adaptación en el colegio fue fácil para Ana (la mayor por dos minutos) y un poco más difícil para Silvia (la pequeña).
    Ana entro en el grupo de las populares por su “rollazo y carisma”, pero el problema surgió cuando Silvia se acomplejo y se empezó a sentir insatisfecha consigo mismo y muy exigente con su físico, lo que le llevó a desarrollar TCA.
    Al principio nadie lo notó, hasta ella misma se engañaba pensando que lo tenía controlado.
    Pero la preocupación y el miedo llegaron tras una cena en casa de los abuelos, cuando de camino al baño para vomitar lo que acababa de comer se desmayó.
    Se la notaba delgada, pero a parte de eso su comportamiento no pasaba de lo que podría pensarse que era “actitud adolescente”.
    Intentó empezar un tratamiento, pero no funcionaba, se las seguía apañando para continuar autodestruyéndose. Llegaron a internarla, pero alcanzo un límite en el que vomitar ya no era voluntario; internamente estaba destrozada. Su cuerpo ya no era capaz de asimilar ningún tipo de comida, y estaba débil física, anímica e inmunitariamente.
    En las primeras navidades que la dejaron salir por un fin de semana, 2 años después de su primer día en el centro, pilló una pulmonía aguda.
    Falleció con 18 años por culpa de complejos que ella misma se formó tras ser rechazada por gente que no la supo valorar.

    Mi objetivo al contarte esta historia no es entristecerte. La historia de mi hermana Silvia debe servir como testimonio para empezar a cambiar las cosas, y concienciar a la sociedad de lo importante que es la salud mental.

    El alma de Villa Célula

    El alma de Villa Célula

    Amanece en “Villa Célula”. Todos sus madrugadores y bien avenidos vecinos, ya se encuentran atareados en sus quehaceres diarios.
    Villa Célula era conocida mundialmente por la perfecta armonía en la que vivían sus vecinos.

    Es sabido que, desde hace más de 150 años, allí vive la peculiar familia ADN, una de las más reputadas y queridas familias de esta villa. Aunque los componentes de esta familia eran muy parcos en palabras y extraños para muchos, tenían un tremendo poder de influencia en todos los habitantes de la ciudad.
    De hecho, nadie supo explicar nunca cómo, encadenando incomprensibles palabras formadas con 23 combinaciones de tan solo 4 letras, pudieran transmitir un mensaje distinto a cada ciudadano impactándoles también, de forma distinta. Es como si supieran un idioma distinto para cada persona con la que se comunicaban y según era ese idioma, así era el individuo con el que hablaban.

    En cualquiera de los casos, eran muy queridos y todos los habitantes de la Villa, les consideraban el núcleo del vecindario y a los que achacaban la perfecta armonía en la que vivía toda la comunidad. Algunos aseguraban que estos chicos conocían al detalle a cada uno de sus vecinos y que su curiosa influencia, hacía que todos los habitantes de la ciudad fueran diferentes entre sí.
    Todos tenían el mismo aspecto. Eran chicos muy altos de casi 2 metros de altura y, según dicen, de buen carácter y “muy enrollados” entre sí, con similar y extraña forma de comunicarse con los demás, pero en realidad, todos muy distintos entre si.
    Cuenta una leyenda que no tenían padres, sino que tenían la increíble capacidad de replicarse a sí mismos. Los antiguos del lugar decían que, la mitad una copia exacta de su madre y la otra mitad de su madre.

    Cuentan, además, que esta familia estaba asociada con un empresario llamado ARN, el cual hacía de traductor para que pudieran comunicarse con los vecinos con tan peculiar lenguaje, además de ayudar a los hermanos en la elaboración de productos de primera necesidad para sus vecinos y haciendo labores de mensajería.
    Se dice de ARN que no era tan “enrollado”, pero en cambio, era muy dulce, sencillo y, por cierto, más delgado que los hermanos ADN. La familia ADN y ARN estaban siempre juntos e incluso, existía la creencia de que la familia ARN era antepasada de la familia ADN.

    No todo era felicidad alrededor de la familia ADN.
    Durante la historia y por su extraño poder de influencia en los demás, muchos fueron los que intentaron separar a los miembros de la familia ADN y experimentar con ellos con el fin de aprovecharse de especial don, obligándoles incluso a hacer trabajos forzados en la industria farmacéutica, ganadera o agrícola. Incluso alguien trató de hacerles trabajar en la construcción de una copia exacta de Villa Célula, sin su consentimiento ni el de los habitantes de la villa original, tratando de legalizar su explotación y sin respetar los derechos de autor de su “Creador”.
    Villa Célula tenía su alma, identidad propia y su dignidad. ¿Cómo alguien osaba a tratar de copiar esos valores tan únicos, instrumentalizando la vida de sus vecinos y vulnerando la dignidad de tantas familias?

    El arca de Noé

    El arca de Noé

    Tan solo unos centímetros de cristal nos separaban del vacío, el ambiente era frío y oscuro, se respiraba un aire artificial creado por las máquinas que hacían el papel de atmósfera gracias al “Sistema generador de oxígeno", máquina que convierte agua inútil en oxígeno.
    De pequeño soñaba con ser astronauta, viajar a lugares inéditos del espacio, explorar parajes a los que ningún humano había llegado jamás.
    Siempre había sido el sueño de mi madre, en las noches me relataba historias del espacio con tanta ilusión, que sin darme cuenta se convirtió en una parte de mi.
    Ella nunca lo logró, acabó siendo profesora en un instituto que se encontraba en el pueblo en que él había pasado toda mi infancia.
    Lo digo en pasado porque ese pueblo ya no está, no queda ni un solo pueblo, ni ciudad, ni siquiera rastro de la población que por millones de años habitó la tierra.
    Nadie pensó que todo acabaría así. Siempre la humanidad solucionaba todos los problemas que presentaba la onu como el agravante que acabaría con el planeta. Lo que sucedió aquel día fue tan espontáneo y prácticamente aleatorio que parecía que la misma tierra tenía vida y quería vengarse de las tantas veces que la habíamos dañado.
    La NASA, la agencia espacial a la que pertenezco, estaba trabajando en un proyecto secreto llamado “Arca de Noé'', basado en aquel episodio de la biblia en el cual la tierra se iba a inundar y Noé tuvo que construir un gran navío para evitar la extinción de todas las especies existentes.
    La Nasa iba más allá, tenían en mente, un cohete en el que hubiesen especies de fauna y flora terrestres, y profesionales como ingenieros, médicos...
    Mucha gente pensaría que la NASA ya sabía de este problema y por ello ingeniaron este proyecto, pero no era para nada cierto, la NASA llevaba desde el año 2030 trabajando en “el arca de noé” , renovando cada 5 años al personal de viaje.
    Por suerte o por desgracia cuando sucedió la gran catástrofe me encontraba en mi puesto de trabajo, rellenando informes sobre misiones realizadas últimamente. En aquel momento el tiempo pasaba lentamente, la única motivación mía y de mis compañeros era que se acabara nuestra jornada para poder irnos a almorzar con tranquilidad y pasar el resto de la tarde en un ambiente distinto al continuo alboroto de las oficinas, supongo que esto aún lo tenemos pendiente, ya que comenzaron a llegarnos informes preocupantes enviados por otras agencias espaciales, el único del cual conservo vagamente un recuerdo fue el de la ESA, en el que nos contaban que estaban sucediendo terremotos por todo el planeta, con una magnitud aproximada de 23.5, una magnitud muy superior a las más altas registradas hasta el momento. que habían rondado por el 9,5.
    Sistema Generador de Oxígeno”, una máquina que mediante procesos químicos
    convierte agua inutill en el tan preciado oxígeno. Este aparato fue creado por la Nasa en
    2007.
    Lo que nos dijeron sobre los terremotos no era lo más preocupante, también nos dieron la noticia de grandes grietas producidas por estos terremotos tanto en la mesosfera como en la astenosfera, y que la litosfera estaba aguantando a duras penas.
    Tras segundos de incertidumbre, la directiva de la NASA decidió comenzar con el proyecto “Arca de Noé”. Fue un alivio para todos saber que en ese momento diez de los astronautas ya nos encontrábamos allí, junto a una gran variedad de animales, ya preparados para aguantar el viaje en el cohete más grande construido hasta la fecha, con rumbo a la estación espacial, donde encontraríamos comida para abastecernos durante más de diez años, el tiempo que teníamos para encontrar una solución a lo sucedido en la tierra.
    Tras nuestro despegue no nos enteramos de que había seguido sucediendo en la tierra. No fue hasta nuestra llegada a la estación espacial que nos enteramos de que sucedió. La NASA nos había enviado un informe bastante detallado sobre lo que había ocurrido.
    La litosfera no aguanto mucho más tiempo, tras su fractura, grandes cantidades de monóxido de carbono, metano y butano salieron a la intemperie, expandiéndose rápidamente por el planeta entero, matando seres humanos, animales y plantas. Cuando pensábamos que no ocurriría nada más, grandes cantidades de lava salieron por estas brechas cubriendo la tierra entera para acabar con los que habían logrado escapar de los gases.
    Todos en la estación estábamos desesperados, lo habíamos perdido todo, nuestras vidas se habían visto interrumpidas tan de repente que parecía irreal, una pesadilla. Lo único que nos quedaba era la compañía de todos los que estábamos ahí.
    Y mirando hacia ese vacío que nos rodeaba, aceptamos que no se trataba de ninguna pesadilla, era real, estábamos solos, éramos los últimos humanos vivos, y debíamos hacer algo para salvar a nuestro planeta.

    El concurso biólogo

    El concurso biólogo


    Un día unos amigos iban por la calle y encontraron un cartel en el que ponía ¨Séptimo concurso de organismos pluricelures¨ Ellos dijeron:
    -Oye Pedro, yo creo que sería muy buena idea apuntarnos al concurso simplemente tenemos que hacer una actuación y si ganamos nos llevamos un viaje al planeta unicelularitis sería muy guay.
    -Sí, es cierto pero que actuación podemos hacer Luis.
    -Yo creo que podemos hacer un monólogo o incluso podemos entrenar para ser acróbatas.
    -A mí me parece mejor el monólogo.
    -Vale Luis, entonces quieres ir a prepararlo a mi casa mañana.
    -Por supuesto, pero primero tenemos que apuntarnos al concurso.
    -Es verdad, bueno pues vamos ahora.
    Los amigos fueron a apuntarse al concurso y al día siguiente fueron Luis y Pedro a casa de Luis.
    -Hola Luis!
    -Hola Pedro! Que te parece si empezamos a preparar el monólogo que el concurso es el día 6 de abril y tan solo nos quedan 6 días.
    - Sí, es verdad bueno vamos a ello.
    -Mi madre me ha dado algunos consejos para el monólogo, me ha dicho que pongamos cosas de las cuáles sean muy graciosas.
    -Vale
    -Bueno vamos a empezar.
    Los dos amigos estaban realizando el monólogo, lo terminaron y fueron a jugar a la calle.
    -Bueno Luis, ya hemos terminado quieres ir a jugar a la calle.
    -Por supuesto, vamos!
    Ellos están por la calle hasta que se chocan con un hombre.
    -Bueno , yo creo que podemos ganar el…. Perdón señor esta usted bien?
    -Si, estoy bien pero tenéis que andar con mucho más cuidado.
    - De acuerdo, discúlpenos señor.
    Pasaron los días los chicos ya habían memorizado el monólogo y llegó el día del concurso.
    -Hola Luis, estoy muy nervioso, hoy es el día del concurso, ¿tu estás nervioso?
    -No te voy a mentir, si estoy muy nervioso.
    -Bueno que nos ponemos en marcha para ir al concurso.
    -Venga, vamos.
    De camino, los amigos empezaron a hablar de cosas del concurso y sobre el viaje unicelularitis.
    -Yo creo que podemos ganar el concurso, fácilmente, ¿Tu qué opinas Pedro?
    -Yo creo que todo va a depender de las actuaciones de los demás, si son buenas o no
    -Si, tienes razón.
    - ¿ Qué opinas tu sobre el viaje?
    - Pues creo que puede llegar a ser interesante por una parte porque vas en cohete y es como una experiencia nueva y por otra parte porque vamos a conocer a seres vivos unicelulares, solo unicelulares.
    -Si, yo también creo que va a ser muy interesante conocer nuevas especies, bueno ya hemos llegado aquí es.
    - Sí, aquí es. Venga vamos a entrar no te quedes más tiempo parado.
    -Venga vamos.
    Llegaba la hora de la actuación y tocaba ya a los chicos.
    Los chicos estaban haciendo el monólogo, y llegó la hora de las votaciones del jurado, son tres jurados, para ganar necesitarían un 9,5, un 10 y un 10.
    Llegaba la hora de la votación.
    El primer jurado un 10
    El segundo jurado un 9,75
    Ahora solo les vale 9,75 o más
    El tercer jurado un… 9,93
    Los chicos se volvieron locos de alegría , les dieron un lote de libros y el viaje al planeta unicelularitis, el viaje salía mañana, ellos llegaron a casa anunciando de que habían ganado y que mañana salía el viaje.
    -Mamá , mamá hemos ganado el concurso y mañana nos vamos de viaje, bien!!!
    Al igual le dijo que pedro a su madre.
    Al día siguiente llegó el viaje, los niños estuvieron inspeccionando el lugar y luego se volvieron a su planeta pluricelularitis.





    El Cuerpo Perfecto

    El Cuerpo Perfecto

    El sol vuelve a salir, como cualquier día. Me levanto, me preparo y salgo directo a mi trabajo. Trabajo en una fábrica, yo me ocupo de poner las etiquetas a unas piezas. Sé que no suena apasionante pero no puedo quejarme, la última vez que reproché algo me reemplazaron una parte de mi cerebro. No me afectó mucho, ya estoy acostumbrado. Todavía recuerdo mi primer día de trabajo ¡Ja! Que iluso era, si hubiera sabido que ese iba a ser mi último día de vida normal…
    Todo empezó cuando, en una tarde lluviosa, me equivoqué al poner una etiqueta. El error no había sido muy grave desde mi punto de vista, pero el supervisor… entró en cólera. En cuanto lo vio, unos cuantos hombres me llevaron al sótano. Me quedé atónito al ver eso: un laboratorio lleno de cálculos, fórmulas, anotaciones y experimentos sobre cómo hacer al “hombre perfecto”. Me acostaron a la fuerza en una camilla y me ataron las extremidades. Después, todo se volvió oscuro. Desperté por la noche en mi casa, pero no todo seguía normal. Me percaté de que mi mano estaba cubierta por un guante. Lo quité y… esa no era mi mano. Una mano robótica la suplantaba. Entré en pánico. ¿Ellos me habían hecho esto? Pensé en pedir explicaciones al día siguiente pero cambié de idea. Si habían sido capaces de hacerme esto… ¿arreglaría algo quejándome?
    Cada fallo que cometía me costaba una parte de mi cuerpo. Un día me tropecé y me cambiaron una pierna, otro día no escuché lo que me decía mi jefe por el ruido de las máquinas y me quitaron mis orejas. Llegué a un punto en el que no se sabía si era un robot o un humano, ni yo lo sabía… Se me hizo costumbre el ir al trabajo con temor de cometer un error.
    Pero lo peor fue cuando un día llegué del médico. Me diagnosticaron pulmonía. Se lo comuniqué a mi jefe y como era de esperar… No le agradó para nada la noticia. Otra vez de vuelta a ese laboratorio que ya se me hacía familiar. Esa vez pude fijarme en lo que tenían escrito en sus apuntes: tenían planeado crear a un humano, a un niño, desde cero. No querían simplemente cambiarle las partes que fallaban. Planearlo desde el principio, que cada parte de su cuerpo estuviera diseñada y modificada a su antojo; su ADN, la cantidad de proteínas, grasas, hidratos de carbono… También tenían preparado los cromosomas y, lo que más me sorprendió, su físico. El color de sus ojos, el color de su pelo, la forma de su nariz, si iba a tener pecas o no… Todo. Todo estaba preparado.
    Volviendo a mí. De vuelta a la camilla. Parecía rutina ya que no había semana en la que no me modificaran. Otra vez, me durmieron y desperté. No había nadie. Algo raro sucedía. Todo mi cuerpo seguía igual hasta que noté que tenía una cicatriz o más bien como si me hubieran cosido el pecho. No entendía nada hasta que miré hacia una mesa que tenía encima un frasco con unos pulmones…
    Cuando llegaron los que me habían hecho la operación, confirmaron mis dudas… mis pulmones habían sido reemplazados. No lo podía creer.
    También cambiaron mi sangre por gasolina y pilas. Me lo esperaba porque ya tenía muy pocas cosas que fueran humanas.
    Cada vez que recuerdo esto se me pone la piel de gallina y me empiezan a dar escalofríos. Mis compañeros… bueno, antes había más gente, solo que se fueron yendo por problemas de salud, porque encontraban otros trabajos o se jubilaban. Al final quedamos unos pocos pero se marcharon en cuanto vieron lo que me hacían.
    En cuanto a mí… he intentado buscar otro trabajo pero nadie quiere contratar a alguien que parece un experimento fallido de laboratorio. Así que intento hacer vida “normal”. Cada cierto tiempo tengo que llenar mi depósito con gasolina o cambiar las pilas que hacen funcionar ciertos órganos de mi cuerpo. Hay veces que tengo que desengrasar mis extremidades porque chirrían o darme una mano de pintura.
    En cada momento, las mismas preguntas pasan por mi cabeza: ¿realmente debo ser perfecto? ¿Qué soy yo en realidad?
    Vuelvo a mi casa al terminar mi jornada y me meto en mi cama para ver el atardecer como cualquier día.

    EL DESARROLLO DE LAS CÉLULAS CON LUCA

    EL DESARROLLO DE LAS CÉLULAS CON LUCA

    Un día como otro, Ana fue a la biblioteca para estudiar y de pronto se encontró con su amigo Lucas. Esta se acordó que Lucas tenía un trabajo de biología y la última vez que le preguntó no había empezado, así que, decidió volverle a preguntar a ver que tal iba ahora. Lucas le contestó que iba mejor pero que el tema de las células no lo entendía. Como Ana no tenía mucho que estudiar le propuso a Lucas ir a buscar algún video en Internet sobre el tema para así poder entenderlo un poco mejor.
    Ana encontró un video que parecía interesante y decidieron verlo. Cuando pulsaron al play apareció el título “LUCA y el desarrollo de las células” y más tarde LUCA presentándose y diciendo que tiene alrededor de 4.000 millones de años por lo que es un poco viejo ya que es el último antepasado común universal, de ahí viene su nombre (Last Universal Common Ancestor) en inglés.
    Empieza explicando, que tiene varios tipos de ARN como: el mensajero que se encarga de transferir el código genético procedente del ADN, el ribosomal que es esencial para la síntesis proteica en todos los seres vivos y por último el de transferencia que es el enlace clave entre la transcripción del ARN y la traducción del ARN en proteína.
    Después de esto les dice que si quieren aprender más cosas sobre él tendrán que retroceder algunos años hasta 1859 que fue cuando Charles Darwin descubrió que solo había habido un único progenitor para todas las especies, que es LUCA y que de él nacieron el resto de los seres vivos. En ese mismo año Charles Darwin publicó “El origen de las especies” donde sostenía esta hipótesis. Pero fue en 1960 que aprobaron la hipótesis cuando el código genético fue descifrado y se encontró que era universal.
    Por último, para acabar de hablar sobre él y comenzar con el desarrollo de las células, LUCA les explica que él se ha originado por simbiogénesis entre una bacteria y una arquea, que es el origen de nuevos tejidos, órganos e incluso especies.
    Empieza a hablar sobre el desarrollo de las células explicando que el desarrollo es el proceso por el cual una célula se convierte en un ser vivo compuesto por muchas células, cada una de ellas con una función distinta y están organizadas en órganos funcionales del cuerpo, mientras tanto muestra como de varias células se genera un ser vivo.
    Finalmente, para acabar de explicar bien el desarrollo de las células les muestra el ciclo celular donde se comprenden una serie de etapas que surgen en la célula durante su crecimiento y división. La célula pasa la mayor parte del tiempo en la interfase que es donde crece, duplica sus cromosomas y se prepara para una división celular. Al acabar esta fase la célula entra en la mitosis que es donde finalmente completa su división. Para acabar, las células hijas empiezan su ciclo en la interfase y así sucesivamente empieza una nueva serie de ciclos celulares.
    El ciclo celular es el nombre con el que se conoce el proceso mediante el cual las células se duplican y dan lugar a dos nuevas células. El ciclo celular tiene distintas fases, que se llaman G1, S, G2 y M
    La fase G1 es aquella en la que la célula se prepara para dividirse. Para hacerlo, entra en la fase S, que es cuando la célula sintetiza una copia de todo su ADN. Una vez se dispone del ADN duplicado y hay una dotación extra completa del material genético, la célula entra en la fase G2, donde condensa y organiza el material genético y se prepara para la división celular. El siguiente paso es la fase M, donde tiene lugar la mitosis. Es decir, la célula reparte las dos copias de su material genético entre sus dos células hijas. Después de haber completado la fase M, se obtienen dos células (de donde había sólo una) y el ciclo celular empieza de nuevo para cada una de ellas.
    El video ya ha acabado y LUCA se despide esperando que todos hayan aprendido algo más sobre él y el desarrollo de las células.
    A Ana le ha parecido muy interesante el video y le pregunta a Lucas si ha conseguido entender el tema para el trabajo. Este responde entusiasmado que gracias al video lo ha entendido todo mucho mejor. Los dos están muy contentos y Lucas por fin puede acabar el trabajo.

    El día que la conocí

    El día que la conocí

    Orisa, una chica de pelo largo por los hombros, estatura media, introvertida, que trabaja buscando una cura para el sida. Orisa tiene una amiga que le pregunta qué es lo que la condujo a buscar un tratamiento futuro del sida. Entonces Orisa empieza a recordar...


    Yo en esos momentos estaba estudiando medicina en la universidad de Amur (Rusia) y estaba de prácticas en un hospital, donde llegó una muchacha llamada Renata, una chica que me llamó mucho la atención. Pelo largo con mechas rosas, estatura media, con poca cultura pero divertida, y camarera de un pub en la ciudad. Traía un corte profundo en la mano, que se había hecho en su trabajo. Le curo el corte, nos ponemos a hablar, me gustó y le pido su número de teléfono. 

    Seguimos hablando durante muchísimo tiempo. 

    Renata un día me dice de pasarme por su pub para tomarnos un par  de copas. Decidí ir. Me vestí, peiné, maquillé, y puse rumbo al pub. Estuvimos riéndonos y bebiendo, hasta que me propone irnos a su casa, lo que yo acepto. Una vez en su casa seguimos bebiendo y nos confesamos que nos gustamos; nos empezamos a besar y mantenemos relaciones sexuales, pero sin protección, porque no teníamos, y pensamos que, por una vez, no pasaría nada. 

    Días después Renata empezó a tener sensaciones raras en las zonas genitales, picores, ardor. Decidimos ir al medico, a ver qué era lo que pasaba. El doctor le hace una citología a Renata, y al darle los resultados, resulta que tiene tricomoniasis. 

    Al escuchar eso yo me asuste, le dije al doctor lo que pasó entre nosotras días antes, sin prevención ninguna. El doctor, al escuchar eso, decidió hacerme una citología a mi tambien. Para mi mala suerte, resulta que tengo tricomoniasis y para mi gran sorpresa también tenía sida.

    El médico nos mandó a Renata y a mi un antiparasitario para la tricomoniasis, pero para el sida me mandaron unas pastillas las  Atripla, de las que me debía tomar una sola pastilla al día.

    Al salir de la consulta Renata me pregunta qué es la tricomoniasis; yo le explico que es una enfermedad causada por un protozoo unicelular. Renata como era una persona un poco ignorante, me pregunta como pudo pillar eso, y le vuelvo a explicar que se transmite mediante el sexo vaginal en el contacto entre dos vulvas, o al compartir algun juguete sexual.

     Fuimos a la farmacia y pedimos el "antibiótico"; le explicamos lo que nos había pasado y la farmacéutica, super simpática, nos explicó que un antibiótico se usa para tratar enfermedades causadas por bacterias, y un antiparasitario, es un tratamiento antiinfeccioso usado en humanos para los parásitos o para protozoos, pero no para bacterias.

    También pido mis pastillas de tratamiento para el VIH, que la farmacéutica llamó "el cóctel", y comentó que ese tratamiento no iba a ser muy efectivo. 

    Al llegar a casa tuve una discusión con Renata; no quería tomarse el medicamento, si no que prefería usar remedios naturales. Prefirió pasar varios días de lavados con vinagre de manzana. 

    Volvimos a ir al médico para una revisión, a ver si ya no estábamos infectadas. Para bien o para mal, yo ya no tenía tricomoniasis, pero tenía más avanzado el sida.  En cambio Renata seguía infectada. El médico nos explicó la forma de prevenir el contagio del VIH y la tricomoniasis: usar preservativos femeninos era la mejor opción para no contagiar ni volverse a contagiar . 

    En ese momento, muy preocupada por el VIH, me centré en terminar la carrera en la universidad; quería trabajar en un laboratorio, buscando una cura efectiva para el sida.

    Renata desapareció, no volví a saber nada de ella. Yo estaba muy triste, porque Renata era una persona de la que de verdad me enamoré. 


    Orisa terminó de contar porque estaba trabajando en buscar la cura del sida. Como tardaron tantos años, otro laboratorio, el American Gene Technologies, se le adelantó: está estudiando una terapia genética que consiste en la modificación de los linfocitos TCD4 de los pacientes VIH positivos, evitando que las células ya infectadas liberen nuevas partículas del virus, para así combatir al virus de forma natural, eficiente y sin necesidad de la medicación antirretroviral.

    Al enterarse de eso Orisa decide darse por vencida. Consiguió el número de Renata, y la llamaba y la llamaba pero no lo cogía nunca. Finalmente se enteró de que nunca usó el antiparasitario que le mandaron años atrás, tuvo otras infecciones y grandes complicaciones, que la llevaron a la muerte. A Orisa se le cayó el mundo encima; después de todos los años que había pasado, ella seguía enamorada de Renata. Con un gran llanto y un pequeño suspiro soltó un "Bendito el día en que te conocí, Renata".

    El Dolor Fantasma

    El Dolor Fantasma

    Ismael, hombre intrépido y aventurero, se encuentra tendido en la cama de un hospital en Chipre tras un descanso de 9 años de letargo tras un incidente militar. Ismael era un inexpugnable militar, que tras una batalla durante la crisis de los misiles Cubanos en 1962, se desvaneció tras el dolor de varias hemorragias internas que atormentaban su cuerpo. No era cualquier tipo de dolor, era algo más que aquello: era un dolor indistinguible para el ser humano, era un dolor fantasma.

    -Por fin despierta, Jefe- exclamó titubeando la enfermera del hospital, sorprendida tras ver cómo el paciente que tanto cuidó despertó de su estado marasmático.

    Ismael era conocido como El Jefe, nombre concebido tras la notoria valentía que él adquirió tras derrotar a la legendaria comandante soviética Voyevoda, mujer invicta en todas sus peleas hasta el encuentro.

    -¿Dónde estoy?- Fue lo primero que la cabeza de Ismael permitió pensar vagamente tras un estado de reposo tan longevo, que debido a su duración podría haber acabado con su actividad cerebral e inclusive su vida.

    Debido a la ausencia de su función, Ismael sólo podía abrir los ojos lentamente en períodos cortos, incapaz de decir alguna palabra o distinguir la situación que estaba transcurriendo. Lo que rondaba en la cabeza constantemente de Ismael era cómo, aún habiendo pasado tantas situaciones e incidentes dañinos para su cuerpo, ¿cómo era posible que se ausentara un grave dolor en él?

    3 A.M, 26 de Diciembre de 1962.

    La crisis de los misiles Cubanos finalizó junto al acuerdo del presidente Kennedy y el capitán Soviético Jruschov. Ismael lleva 3 meses despierto. Poco a poco recuperó la respuesta cognitiva y fue liberándose de las consecuencias del estado de coma. El habla y el apartado psicomotriz volvió en sí, excepto algo relativamente importante: el dolor.

    Esa insensibilidad , era un fenómeno no describible hasta el momento por doctores de la época. La insensibilidad congénita al dolor es una enfermedad que se presenta al nacer, la cual provoca la incapacidad de percibir sufrimiento, patología que Ismael presenciaba. Pero este fenómeno no se manifestó hasta el incidente que lo dejó en estado letárgico.

    Despacio pero constante. Ese era el estado de la rehabilitación de Ismael y cuando por fin pudo levantarse de la cama, algo le sorprendió. Su extremidad superior derecha, el brazo con el que disfrutaba su comida, la mano con la que acariciaba a su familia, algo tan vital con lo que su arma podía ser empuñada, desapareció de su lugar.

    La primera reacción que pudo hacer Ismael fue la negación, el primer paso de la desesperación, seguido por un robusto choque de la realidad que hizo exclamar un grito de agonía a Ismael.

    -¡¿Qué es esto?!- Fueron las primeras palabras que salieron de esa boca necia, no podía creer lo que sentía y observaba. ¿Como no me he dado cuenta en todo este tiempo? Fuertes palabras redundaron en la cabeza de Ismael, seguidas de un espasmo de dolor que retorció el cuerpo y alma del hombre. Eso que no encajaba, ese dolor ausente, resurgió de sus cenizas, pero no en cualquier sitio, sino en su extremidad amputada, se manifestó por primera vez el dolor fantasma.

    Diversos doctores y enfermeras trataron de calmar al militar lisiado, que a causa de un dolor tan agonizante se retorcía perturbando la calma del hospital donde residía. Hicieron falta varios anestesiantes para tranquilizar a Ismael, que al despertar entabló diversas conversaciones con psiquiatras licenciados soviéticos.

    Este fenómeno era único en la época. Oficialmente no existía un tratamiento para esta patología dentro de Centroamérica o Europa, solo existían especulaciones de la causa por mano de diversos científicos estadounidenses, haciendo inexplicable la patología del militar.

    Era algo con lo que tendría que vivir para siempre. Le acompañaría en el resto de su trayectoria como ex-militar, donde con un brazo ausente no podría acariciar como es debido a su familia ni trabajar eficientemente como antaño.
    Era una marca permanente, que cada noche le haría recordar lo miserable que era su vida.

    El fenómeno de la llamada a la muerte

    El fenómeno de la llamada a la muerte


    "Urbe non-vitae" popularmente conocido como " La ciudad de las Almas" es el nombre con el que se denomina el lugar donde el alma habita en el espacio liminal entre dos vidas. Cada vez son más los casos en los que personas afirman haber estado allí en un consecutivo de sueños. Por desgracia todos ellos murieron a los pocos días de experimentarlo. Aún así este fenómeno sigue siendo muy inusual y desconocido, por lo tanto difícil de estudiar. Los pacientes explicaron que en su primera estancia se encontraban en un silencioso pasadizo de hotel genérico con la extrañeza de no tener puertas. Concordaron con el olor a mugre que provenía de la alfombra el cual iva aumentando hasta provocar náuseas y falta de oxígeno. También sentían cómo el pasillo parecía alargarse infinitamente a medida que andaban. Al final, cuando llegaban al punto de la desesperación paranoica aparecía una puerta. El 98% de los pacientes afirmaron despertarse en ese momento. En las estancias posteriores declararon abrir la puerta que se veía en la primera estancia y entrar a una insólita ciudad de la cual afirmaron tener vagos recuerdos. En el transcurso del sueño eran capaces de moverse y acceder a los diferentes lugares. Gracias a las descripciones de los pacientes pudimos recrear el espacio visto a lo largo de los sueños.

    Espacio central o visión general
    - Es el punto de concesión entre todas las estancias y común en todas las segundas estancias.
    ° Gran plaza presidia por una estàtua.
    ° Edificios estrafalarios sin una misma correlación.
    ° Bruma
    ° Presencia constante de un sol y una luna a la par.
    ° Leves sonidos producidos por el mismo ambiente.

    Plaza
    - Común entre la segunda y tercera estancia.
    ° Construida de piedra y hierro perimetrada por grandes matorrales.
    ° Gran estatua de un ser humanoide, con la presencia de espacios desgarrados y deshechos dejando ver una estructura ósea también de piedra, situada en el centro de la plaza. Calculamos que mide una aproximación de tres o cuatro metros pero por la distorsión del tamaño percibido en los sueños no podemos confirmarlo.

    Sala de no-maternidad
    - Común en las estancias dos y tres
    ° Sala de maternidad genérica con la excepción de que en las cunas se encontraban cuerpos en descomposición que abarcaban las edades de entre pocos días hasta cinco años aproximadamente.
    ° Incubadoras con embriones.
    ° Presencia de una constante canción de cuna
    ° Ocasionalmente, la aparición de una entidad llamada "la matrona"

    Templo
    - Presente en la cuarta estancia.
    ° Pequeño templo que recuerda al budismo.
    ° Presencia de una entidad alargada de dos cabezas.




    Puertas a la organización
    - Pocos individuos lograron sobrevivir hasta llegar aquí. Las pocas personas que llegaron fue en la quinta estancia.
    ° Colosales blancas puertas de estilo barroco protegiendo la entrada de una gran ciudad del mismo estilo.
    ° Dos inmensas entidades descritas como grandes alas y ojos unidos entre sí con la capacidad de levitar.

    Los pacientes expresaron sus sentimientos de temor y cercanía al presenciar estos sitios. Explicaron cómo las entidades mencionadas eran peligrosas y que cada una poseía sus diferentes estrategias y maneras de actuar. En estos sueños procuraban escapar de ellas por la sensación de inquietud que les producía.
    En la tomografía realizada a todos los pacientes no se pudo ver ninguna peculiaridad estructural. En las pruebas de sueño podíamos ver como la corteza cerebral, el tálamo, el hipotálamo y el tronco cerebral eran activos como en cualquiera otro sueño pero la parte del hipocampo encargada de los recuerdos subconscientes era mucho más activa de lo que nunca antes se había registrado. La amígdala también registraba altos niveles de temor. No obstante esto el cuerpo parecía descansar como de costumbre. En la vida diaria de los pacientes sí tenían consecuentes como rasgos presentes en el estrés postraumático o pensamientos intrusivos. El 64% de los pacientes temían tanto dormir que con el afán de no volver a soñar terminaron desarrollando insomnio extremo llevándolos a la muerte por agotamiento. Los otros pacientes morían por la noche sin un motivo aparente. Se ha presenciado que en los cuerpos enterrados de estas personas abundan más amapolas de lo frecuentado.
    La asociación Schmetterling estamos investigando este extraño fenómeno para encontrar motivos y soluciones. Rogamos la cooperación de los afectados y profesionales en el campo para lograr mejoras.

    El gran incidente

    El gran incidente

    Año 2222

    Un día, dos niños, Jimmy y Oscar, vieron en el móvil que iba a haber un gran lanzamiento por parte de una fábrica, pero no especificaba de qué estaban hablando.

    Su profesora de física siempre les cuenta algunos inventos nuevos que están creando y tuvieron tanta curiosidad por saber qué era ese gran lanzamiento que planearon entrar esa tarde en la fábrica para descubrirlo.

    Esa tarde se colaron por un hueco que había en la pared de la fábrica burlando a los guardias sin que los vieran. Cuando llegaron dentro… vieron algo que les dejó muy sorprendidos: el gran lanzamiento era una nave espacial que según su manual podía llegar a la velocidad de la luz.

    No entendían cómo era posible ya que ellos aún recordaban las historias que les contaban sus bisabuelos de coches con gasolina, como en esa época la tecnología no llegaba ni siquiera a tener coches voladores o 100% eléctricos, les sorprende mucho cómo ha cambiado tanto la tecnología en poco tiempo y ellos ahora iban a ver uno de los mayores avances tecnológicos de la historia!

    Decidieron investigar un poco más y entraron dentro de la nave que estaba hecha con el metal más fuerte de la época que había descubierto hacía poco y que estaba escaso en la tierra, el Vibranium, ese material era casi irrompible.

    De repente, sonó una alarma porque se habían metido en la nave y habían detectores de calor. Oscar asustado se tropezó y cayó encima de un gran botón rojo que ponía Go, entonces toda la nave se puso a vibrar y se cerró la puerta de golpe con Oscar y Jimmy dentro. Se asustaron mucho hasta que Oscar intentó ponerse al volante de la nave poniendo a prueba los nuevos juegos de realidad virtual.

    Con lo rápido que va la nave, en unos segundos ya han salido de la atmósfera. Oscar decide hacer un tour por la galaxia hasta que se para en un planeta, en el cual le pareció ver agua desde el espacio, para comprobar si hay vida. De repente, ve a un par de hombres con la cara azul acercándose y se lo llevan con su rey para preguntarle un par de cosas. Esa gente lleva un chip para poder entender diferentes lenguajes aparte del suyo y les preguntan a los dos quienes son y si han venido a invadir su planeta, pero los dos dicen que no, que se han perdido y que quieren volver a casa.

    Entonces los alienígenas les llevan con su nave remolcando a la nave robada por los niños por la galaxia hasta llegar a su planeta gracias a las explicaciones de Oscar. Cuando llegan les recibe el presidente diciéndoles que le gustaría tener relaciones diplomáticas con ese planeta, a los niños les dan una medalla de valor por haber conseguido algo que muchos no han hecho: descubrir un planeta con vida que no sea la misma Tierra. Por otra parte, los científicos de la Tierra y los de el otro planeta empiezan a hablar para que los alienígenas les ayuden a crear más naves espaciales, darles más conocimiento porque la otra raza tenía una tecnología mucho más avanzada que los de la Tierra.

    Jimmy y Oscar al final sacaron algo bueno de lo que habían hecho pero igualmente estaba mal y podría haber acabado con ellos perdidos en el espacio sin saber qué hacer.

    EL GRAN INVENTO

    EL GRAN INVENTO

    Aquella vez cuando pensé:debería subir a ese cohete,ya que es una experiencia única e inolvidable,tenía muchas cosas en mente y no sabía lo que me venía encima,al principio pensé locuras…
    Luego pensé y sin más interrupciones me subí al cohete.
    Cuando me estaba acercando a ese lugar inesperado pero esperado desde entonces rocoso,alucinante en historias,oscuro y blanquecino,sonó como aquella vez que estaba en el colegio ese sonido matador,cerré los ojos y me encontré en un mundo paralelo,volví a cerrarlos y algo me atrapó del hombro,pensé diversas ideas pero cuando vi que me perdí en el espacio me volví loca.
    Aunque pensé una idea alucinante y peligrosa pero no imposible,en frente tenía la famosa nube gigante con olor a caramelo y el planeta que se desplazaba solo por el universo ya que si me situaba en el me podría llevar hasta la tierra o alejarme más.
    No me lo pensé dos veces, me debía de montar, así que me fui hacia el planeta,al principio cerré los ojos,al abrirlos estaba en un sitio del universo,que no conocía pero que había un tipo de aire extraño.
    Así que decidí coger con un tipo de instrumento una pequeña cantidad,debía volver a la tierra ya que tenía que analizar ese tipo de aire. Volví a cerrar los ojos y esta vez pensé en la tierra note como que alguien me llamaba, abrí los ojos y estaba en una habitación desconocida,así que cogí mi bolso y me marché de la habitación, más tarde me encontré en un hotel de lujo.
    Salí al pasillo y un señor se me acercó diciéndome que me esperaban en la sala de baile así que me dirigí hacia esa sala ahí había una persona que me resultaba bastante familiar y también había un niño de 13 años,una señora de 34 años y un señor de 45 años,nos dijeron que nos íbamos a dividir en dos equipos uno el junior y otro el de adultos.
    A los mayores les tocó inventar un material que sustituyese al plástico e inventar un producto que lo destruyera y que no contaminase.
    En cambio a nosotros nos tocó analizar ese tipo de aire que había encontrado en ese planeta
    y crear un material para que un satélite se pudiera mandar mas allá de nuestro sistema solar.
    Así que empezamos investigando el aire de aquel planeta,al principio fue bastante difícil pero al final vimos que tenía:
    -Agua (pero muy poca cantidad)
    -Germanio
    -Erbio
    -Hidracina
    Este hidrógeno facilitó más rápido la búsqueda para análisis químicos,explosivos,etc.
    Ya era bastante tarde y nos debíamos ir a descansar,así que nos fuimos a dormir.
    A la mañana siguiente nos encontramos que nos habían encerrado en la habitación y que debíamos de salir con unas pistas que nos habían dejado.
    Si no logramos escapar podíamos morir ya que en la habitación metieron un tipo de virus que era mortal este virus se llamaba el coreado ya que tenía varias características y efectos,como:
    Tenía forma de corona pero más redonda.

    Si ese virus te atacaba,podías morir en menos de 1 hora.
    Pero ese virus podría causar muchos más peligros ya que no lo conocíamos y no sabíamos mucho sobre él.
    A parte nos habían traído el desayuno,un nesquik para cada uno y unas tortitas, pero al lado teníamos un azucarero,muy extraño así que decidimos abrirlo, nos encontramos esto:
    Hola,esperamos que hayáis encontrado esto pronto,porque queremos transmitiros esta noticia.
    Como ya sabéis estáis en la habitación encerados debéis encontrar una manera de salir rápido como ya habréis supuesto aquí va la 1 º pista:
    Debéis buscar en un lugar extraño lo debéis de buscar bien y no dudéis, puede ser de varios olores y las personas lo utilizamos diariamente para oler bien.
    Así que rápidamente nos dirigimos hacia los perfumes que teníamos,
    En el mío se encontraba la segunda pista que decía:
    Rara inspiración tengo mala soy si quieres encontrar la siguiente pista busca en ese lugar donde haces posible que tu mente trabaje y se llene de inspiración.
    Nos dirigimos hacia el escritorio empezamos a buscar por todos lados pero nada no estaba pero sí una carta donde ponía enhorabuena acabáis de ganar un concurso para trabajar como futuros astronautas y una cura pero el virus.


    El humano fotosintético

    El humano fotosintético

    Era una tarde muy ajetreada en el laboratorio más prestigioso de Boston, donde trabajaban un grupo de cincuenta científicos, entre los que se encontraban biólogos, químicos, físicos y biotecnólogos. Estaban intentando encontrar la solución a uno de los grandes problemas para poder crear vida en marte: ¿Cómo se generará la comida para los futuros habitantes de este? Se planteaban diversas soluciones, como que se enviara en cohetes periódicamente o crear fábricas que puedan crear comida completamente artificial, pero ninguna de estas era viable a largo plazo.
    Tras muchos meses y mucho esfuerzo empleado en proyectos fallidos, el problema llegó a oídos de Hugo, un estudiante de biomedicina de la universidad de Valencia, el cual tuvo una fascinante idea, pero disparatada al parecer de muchos. Esta consistía en crear un ser humano autótrofo, que pudiera nutrirse solo gracias a la fotosíntesis, pues en marte disponemos de la luz del sol, CO2, materia inorgánica y agua. Esto se lograría cogiendo un óvulo humano, quitándole el núcleo, e insertando el núcleo de una célula animal con el genoma combinando con el de una célula vegetal. Según lo planeado el producto sería un ser humano con la misma capacidad mental y motora que nosotros. Presentaría grandes cambios, como un tono de piel verde, debido a los cloroplastos, estomas en la epidermis de la parte interna de brazos y piernas, lenticelas en el tronco… La sangre no correría por arterias y venas, ahora encontraríamos el xilema, un conducto formado por células muertas por el que correría la savia bruta, y el floema, un conducto de células vivas por el que correría la savia elaborada.
    Hugo, tras estudiar y mejorar su idea hasta el último gen, decidió enviar un correo a la central del laboratorio, con la esperanza de que al menos leyeran su propuesta a pesar de saber lo difícil que es que escuchen a un mero estudiante. Tras muchos meses de espera, una científica leyó la propuesta y la compartió con el grupo, y como era de esperar, a todos les pareció una locura basada en una burla hacia su sistema por lo que, sin pensarlo dos veces, la descartaron. Pero, aun así Samantha, la científica que había leído el correo, decidió contestar, pidiendo más información y detalles, para ver si realmente era viable desarrollar la idea.
    Con mucha euforia e ilusión, Hugo mandó fotografías de todos sus esquemas, resúmenes, gráficas, datos y diarios de trabajo, absolutamente todo lo que tenía. Justo una semana después, llamaron a la puerta de la habitación de la residencia de estudiantes en la que vivía Hugo, ¡Era Samantha!, estaba allí para desarrollar junto a Hugo la hipótesis que tanto le había fascinado leer.
    Al día siguiente, el lunes 22 de septiembre del 2001, empezaron a desarrollar el proyecto juntos en el laboratorio de la universidad de Hugo, lo hacían por las noches, cuando no había nadie en la universidad, además Samantha no podía emplear todo el día, pues debía seguir trabajando para su anterior empresa, pues no podían sospechar que estaba trabajando en el proyecto que habían rechazado.
    Los días pasaban y el proyecto de Samantha y Hugo cada vez era más real, iban reajustando valores y ya estaban muy cerca de llegar a la secuencia genética que contendría el zigoto, pensando a su vez en como cambiaría y fantaseando en las mejoras que obtendría tanto genotípica como fenotípicamente gracias a la evolución, tal y como explicaba Darwin. Además, tenían la certeza de que una vez crearan el ser, solo necesitaban crear otro del sexo opuesto para que se pudieran reproducir, esperando que esta fuese fértil y a partir de entonces la especie sería imparable, pues transmitirán sus genes de generación en generación, tal y como explicaba Mendel con su famoso experimento de los guisantes.
    El 28 de marzo del 2004, crearon por primera vez ese zigoto. Samantha se encargó de secuenciar meticulosamente cada fragmento de la serie genética y Hugo, de extraer el núcleo del óvulo e introducir el nuevo. Ahora solo faltaba esperar a que finalizara el proceso de gestación, que se produciría en una máquina alejada del exterior, para no dejar que influyera ningún factor externo.
    Tras nueve meses, finalizado el proceso de gestación, obtuvieron una preciosa criatura perfecta, tal y como la esperaban, a la que bautizaron como Greg, por Gregori Mendel. Cuando recibió por primera vez la luz del sol, sus ojos iluminaron, miraba a todo su alrededor y se movía enérgicamente, demostrando así que su teoría era cierta, se estaba alimentando.
    Y a pesar de que muchas empresas estaban dispuestas a endeudarse por comprar a Greg, Samantha y Hugo decidieron crear a un ser como él, pero del sexo opuesto, para que la especie continuara, y dejarles libres, no querían castigar a un pobre bebé de por vida, sometiéndole a miles de pruebas o viviendo como objeto de laboratorio, pero, ¿Hicieron lo correcto?

    El Máquina del Tiempo

    El Máquina del Tiempo

    Año 2121. La humanidad se extingue. Quedan mil personas en el planeta, y se acaba de inventar la primera máquina del tiempo. La gente está expectante ante la posibilidad de cambiar el rumbo de la humanidad, pero los expertos coinciden en que la posibilidad de que salga bien es muy baja.

    La humanidad ha decidido viajar al 2000, y así intentar frenar el cambio climático antes de que se expanda por el mundo de la manera en la que explotó mundialmente.

    El elegido para hacer el viaje era un chaval llamado Alongio, experto en la ciencia del espacio-tiempo. Él mismo, con ayuda de otras personas, inventaron y construyeron lo que ahora es la primera máquina del tiempo de la historia.

    1 de agosto de 2121. Alongio está a punto de partir hacia el pasado. Todo el mundo, ya sea por streaming o en directo, está viendo a Alongio entrar en la nave y desaparecer. Alongio se había marchado, y con él, la esperanza del pueblo.

    1 de agosto del 2000. Alongio aterriza en el mundo, concretamente en Nueva York (¿esa ciudad no había desaparecido?). Alongio va directamente a por lo importante: prevenir el cambio climático. Decide iniciar campañas junto a empresas importantes gracias a sus conocimientos futuros, en secreto, y hacer posible conseguir su objetivo.

    31 de diciembre de 2001. Alongio cumple con su objetivo, y todo parece estar en orden. Al día siguiente, Alongio partirá al 2019, donde intentará salvar a la población del COVID-19, provocando un confinamiento masivo y mundial.

    1 de enero de 2019. Alongio aterriza en Washington, cerca de la Casa Blanca, y tratará de hablar con Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, pero de repente ve unos carteles en los que se indican unas nuevas elecciones, dirigidas por Brad Pitt. ¡Brad Pitt era el presidente! Alongio supuso que se trataría de un efecto de su último viaje en el tiempo.

    7 de enero de 2019. Alongio consigue citarse con el presidente, y se ponen a hablar de cosas para conocerse y tal, hasta que llega el punto al que Alongio quería llegar. Alongio le comenta todo lo del viaje en el tiempo. Brad Pitt duda al principio, pero decide hacerle caso.

    7 de noviembre de 2019. La ONU declara el confinamiento domiciliario mundial, para evitar la “radiación de las ondas mundiales”, excusa para no decir lo del virus. Alongio, decide que ya está listo para volver, pero decide esperar un tiempo.

    7 de enero de 2020. Termina el confinamiento, y Alongio parte hacia el presente, con todo arreglado, o eso creía él…

    7 de enero de 2121. Alongio ve varias cosas raras en el mundo, y las cosas distintas a como las dejó. Decide ignorarlo y pensar que solamente cambiaron en su ausencia, pero guarda la máquina del tiempo por si acaso.

    Después de una semana, Alongio cae en la cuenta de que el mundo ha cambiado por culpa de sus viajes, y decide cambiarlo. Por culpa de la sobrepoblación, falta de espacio, y muchas cosas toma la decisión de anular todo.
    Alongio deja el presente para cambiar todo como estaba antes. Cuando llega al 2000, ve a su yo “salvador”, y, disfrazado de otra persona, le dice que viene del futuro y que si cambia algo el mundo quedará peor que antes. Su yo de antes decide irse, pero al 2019, para cambiar el virus, creyendo que su yo “disfrazado” no le cogería, pero no fue así, y le volvió a pillar, así que anuló todo, y volvieron los dos juntos al futuro, y al llegar se fusionaron en uno, ya que eran el mismo.

    Alongio cayó en la conclusión de que, al fin y al cabo, el destino es el que es y no se puede cambiar, por más que quieras cambiarlo. Alongio se lo comentó al mundo, y, aunque a duras penas, lo aceptaron, y lo entendieron.

    FIN

    El mejor cumpleaños

    El mejor cumpleaños

    Era sé una vez un grupo de amigos, de aproximadamente unos catorce años, que se llamaban: Newton,Hooke, Charles y Boile-Mariotte.
    Era el cumpleaños de Charles, y no sabía donde celebrarlo entonces a Hooke se le ocurrió una idea de ir a un sitio que le habían hablado.
    Ese sitio consistía en un juego entre dos equipos, que les meten en una habitación, con muchas pruebas y retos que tienen que superar para poder pasar a la siguiente habitación, con pruebas más difíciles y el primer grupo que llegue gana.
    A todos le parecieron muy buena idea ese plan.
    Ya es el día siguiente, y ya se encuentran dentro de la habitación que estaba llena de pruebas.
    La primera prueba era hinchar un globo, y luego pincharlo pero no tenían ningún objeto para poder pincharlo. Entonces a Newton se le ocurrió: que al hinchar globo con mucho aire, como a las partículas se separan y hacen fuerza contra las paredes del globo y así se podrá explotar.
    ¡Lo consiguieron!
    Ya se encontraban en la siguiente habitación como esa prueba consistía en realizar un proyecto de investigación como en el que tenían que realizar una hipótesis de que densidad tenía un objeto que tenía de masa 80 kg y tenía un volumen de 40 metros cúbicos. Y llegaron a la conclusión que si vivía en la masa entre el volumen, le daba algo coherente y les daba que tenía una densidad de 2 kg por metro cúbico.
    ¡Y estaba correcto!
    Al final ganaron el juego, con un tiempo récord.
    Salieron del juego y dijeron qué a todos les habían encantado,y encima habían aprendido muchas fórmulas y una de ellas: densidad=masa/ volumen y habían resuelto muchos problemas entre todos juntos.
    Y en un futuro, cuando todos fueron mayores inventaron una ley cada uno.

    El misterio del ascensor

    El misterio del ascensor

    Hace unas semanas me mudé con mi novio a un piso, era bastante antiguo pero igualmente era acogedor. Como nos lo alquilaban, estaba en mal estado.

    El día que estábamos desempaquetando las cosas nos fuimos a dormir bastante temprano ya que él debía ir a trabajar. Al día siguiente vi que había una guía de supervivencia sobre la mesa. La empecé a leer y decía que nadie podía usar el ascensor entre las 1:00 am y 1:30 am y 3:00 am y 3:33 am, me pareció una tontería así que lo ignore totalmente.
    Horas más tarde él aún no había llegado. Yo muy preocupada empecé a llamar a su trabajo para ver si había ido, me dijeron que nunca se presentó. Me acordé de lo que decía la guía y empecé a preocuparme por lo que le podía haber pasado.
    La guía también decía que si tenía alguna pregunta le preguntase al cartero y eso hice. El cartero, que llevaba más de 20 años trabajando, me explicó que había una especie de criaturas que vivían en el ascensor en esas horas y que no sabía qué le pasaba a la gente que lo usaba a dichas horas. Yo le pregunté si podía hacer algo para que mi novio volviera, me dijo que sí, pero que sería muy peligroso. Le dije que lo tenía que pensar.

    Durante unos cuantos días decidí investigar el misterio del ascensor, fui preguntado a los vecinos pero todos me cerraban la puerta en la cara. No sabía que tan serio podía ser el problema. Le pregunté al cartero dónde vivía la antigua dueña, la autora de la guía, me lo dijo y fui.
    Pasamos un buen rato hablando sobre el edificio pero no me ayudó a saber más sobre el ascensor. Fuimos a su jardín y pude ver que había algo en el cobertizo.
    -¿Que hay allí?
    -Es una larga historia.
    Me contó que su nieta se quedó a dormir una noche a su casa, ella no sabía que era sonámbula, pero cuando lo supo ya era demasiado tarde. Vio como esas criaturas se llevaban a su nieta, ella, desesperada, intentó pedir ayuda, no la consiguió y ahora su hijo y su marido la odiaban por lo que hizo. Lo que había en el cobertizo era su nieta, pero no era la misma, tenía el aspecto de esas criaturas. Yo le conté lo que me había pasado y me dijo que nunca volvería a ver a mi novio. Me dio igual lo que dijo, en ese momento yo solo quería saber cómo recuperarlo. Lo único que me dijo fue que tenía que entrar a esas horas en el ascensor y luchar por mi vida.

    Cuando ya estaba preparada para entrar, esas criaturas me inmovilizaron y empezaron a quitarme partes de la piel. Me quedé inconsciente durante un rato, cuando me desperté vi que estaba en un cohete. Yo no sabía lo que pasaba hasta que me di cuenta de que estábamos yendo a la luna.
    -¡SOLTADMEEE, ¿DÓNDE ESTOY?!
    Miré hacia un lado y allí lo vi, él estaba sentado a mi lado pero estaba dormido.
    -¿¡QUÉ ME HABÉIS HECHO!?
    No me acuerdo de qué pasó después porque me volví a quedar inconsciente.

    Cuando me desperté vi que estábamos en la parte oscura de la luna, había una civilización extraterrestre.
    Me pusieron en una camilla y empezaron a hacerme pruebas muy dolorosas, no sabía lo que querían. Nunca más volví a ver a mi novio. Cuando acabaron de hacerme las pruebas, me explicaron lo que intentaban hacer. Estaban creando un ejército de humanos para invadir la tierra y habían estado muchos años observándonos para aprender nuestros idiomas.
    Me preguntaron si quería colaborar con ellos, no tenía otra opción, así que acepté. Primero intenté escapar pero era imposible.

    Habitantes de la tierra, no sé cuánto tiempo me dejarán con vida, tened cuidado, este ejército intentará infiltrarse en la sociedad y cuando menos os lo esperéis atacarán y se quedarán con la tierra. Espero que esto os sirva de algo y os podáis salvar de lo que me hicieron a mí.

    El momento

    El momento

    Desde pequeño que tenía miedo de que llegara ese momento. Yo no quería irme de allí. A mí me encantaba vivir en el barrio de la Red Cristalina, en Metal. Pero había muchos otros que no. Por ejemplo, mi hermano Lucas estaba emocionado, decía que quería irse y que ya quedaba menos para ese gran momento. Mi abuela igual, cada noche, antes de irme a dormir me contaba una historia distinta pero igual a todas las demás. En todas aparecía una radiación, y a mi, más que dulces sueños, me causaba pesadillas.
    Pero tal vez es mejor que empiece por el principio.
    Me llamo Jaime, y creo que no podría decirse que soy un chico normal porque soy un electrón. Como os he dicho antes, vivía con toda mi familia en el Metal. Ese era mi hogar, pero sabía que no lo iba a ser por mucho más tiempo, y eso, me aterrorizaba.
    Siempre hemos estado acostumbrados a las radiaciones. Pero no todas son iguales. No todas tienen la frecuencia suficiente para hacer que salgamos. Pero eso era lo más triste de todo, no saber cuando sería. Podría suceder un lunes, un martes, o pasar muchos años. Pero yo tampoco quería que tardara mucho tiempo, como le había pasado a la abuela. Lo que sí que sabíamos era que, en el momento que nos irradiase una luz ultravioleta que tuviese una frecuencia mayor a la umbral, mi cuerpo absorbería parte de la energía y nos iríamos de casa. Las leyendas que me contaban desde pequeño decían que Plank y Einstein fueron, entre otros, quienes entendieron qué es lo que nos pasa a los electrones como yo.
    Yo no me creía ninguna de esas historias, hasta que llegó un jueves en el que una gran luz irradió todo mi barrio, el de la Red Cristalina. Cuando el haz de luz incidió sobre Metal, en tan solo un instante, vi como la energía de cada fotón que venía con la radiación era absorbida por cada uno de mis amigos electrones. El fotón que me pasó su energía se llamaba José y no me dio tiempo para hablar con él, pero la energía que absorbí fue gigante, porque salí disparado.
    En ese mismo momento, sentí lo que era la felicidad y entendí por qué todos esperaban tanto esa radiación, la aventura acababa de empezar.

    El mundo de los elementos

    El mundo de los elementos

    El mundo de los elementos
    Érase una vez dentro de la mente de Mendeleiev:

    Hola, buenos días yo soy…, bueno ya os enterareis, y esta es la historia del mundo de los elementos.
    Aquí, podemos encontrar diferentes familias como la familia óxido sulfuroso, formada por un oxígeno, un azufre y su hijo que es otro oxígeno; ya lo sé, “qué rollo un oxígeno da lugar a otro oxígeno”, pues lo siento mucho amigos este mundo está controlado por los oxígenos y los hidrógenos, con la cosa de que son bioelementos primarios.

    Bueno a otra cosa, aquí también podemos encontrar el centro de trabajo de los elementos, la mundialmente conocida tabla periódica, en este preciso lugar es donde empezó su travesía un fósforo, con número de oxidación 5, el cual fue el primero en formar la familia ácido ortofosfórico.

    Todo empezó un día, nuestro fósforo estaba tan contento (acababa de hacer un análisis sintáctico de una oración muy difícil) y se dirigía a Tinder, donde los elementos iban para buscar pareja.
    Pero el pobre fósforo no la encontraba, ya que en esa época del año, llamada época iónica, estaba de moda hacer enlaces iónicos, y los pocos no metales que estaban querían juntarse con metales; y aunque llegó a encontrarse con un hierro, un calcio, y un potasio, el fósforo les rechazó porque no le interesaba ese tipo de relaciones, no quería ser el único que tirara en esa relación, solamente se encontró con un no metal que quería formar un enlace covalente, un temido flúor, pero nuestro fósforo decidió ignorarlo por su larga lista de violencia por tirar demasiado en la relación.
    Él volvió a su casa, e intentó suerte al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente, pero no encontraba su pareja covalente.
    Hasta que un día, por suerte para el fósforo, se cambió de época a la llamada época covalente. Ese día el fósforo se levantó radiante, con sus 15 electrones en sus capas, y con una actitud de gas noble, y por fin se juntó con un oxígeno, y juntos tuvieron 4 oxígenos y 1 fósforo.

    Y ahora pensaréis que voy a decir que fueron felices y comieron perdices, pero no, aquí no se acaba la historia.
    Los padres de nuestra querida familia óxido fosfórico, se sentían incompletos, ellos querían formar un trío, y se lo comentaron a los hijos, que sin dudarlo les pareció bien.
    Así que los siete salieron de la casa un día muy iluminado por la luz de las reacciones químicas. Llegaron a Tinder, y se metieron en la sala para buscar tríos, pero nuestra querida familia era muy caprichosa y no le valía juntarse con una molécula de agua, ni con dos, ¡¡¡querían juntarse con tres moléculas de agua!!!, algo totalmente nuevo para la época, y como lo no tradicional no le gusta a la sociedad, no encontraban pareja ya que les tenían discriminados, hasta que un día aparecieron tres moléculas de agua que eran expertas en disolver compuestos iónicos, ese día se formó por primera vez una familia de ácido ortofosfórico, derribando muros de la sociedad y creando una nueva familia, la cual estaba formada por tres padres (1 hidrógeno, 1 oxígeno y 1 fósforo), y 11 hijos (1 fósforo, 5 hidrógenos y 7 oxígenos), pero un día se escaparon 6 hijos (el fósforo, 2 hidrógenos y 3 oxígenos), en busca de su propia familia dejando a ésta en H3PO4...

    Y aquí se acabó el cuento de hoy, me tengo que ir, que mi amo Schrödinger me llama.
    Adiós, que tengáis un buen enlace.

    EL NÚCLEO

    EL NÚCLEO

    Hoy es 28 de marzo, el día que desapareció mi hermano, Marcos. Marcos lleva tres años desaparecido, nadie sabía cómo encontrarle. Para mi era la persona más importante de mi vida.
    Mis padres, Lise y James, nunca estuvieron por mí. Se pasaban noche y día discutiendo. Marcos fue el único que estuvo por mí y me cuido como si fuera más que mi hermano.
    Cuando me detectaron el TEA (Trastorno de espectro autista) mis padres no supieron como ayudarme, ni siquiera lo intentaron. Fue Marcos quien me enseño a gestionar mis emociones, y me consiguió un psicólogo. Marcos siempre estuvo por mí, pero yo no había sabido estar por él. No había llegado a encontrarle. Quiero verle y abrazarle.
    Hace un mes que descubrí que mis padres no tienen un trabajo normal. Y que parte de su trabajo tiene que ver con la desaparición de Marcos.
    Mis padres trabajan en algo que todos los humanos poseemos a lo más profundo de nuestra mente, lo llaman el núcleo.
    El núcleo es formado por la luz (emociones positivas) y oscuridad (emociones negativas) de una persona. Con la luz y la oscuridad se crea el núcleo, formado por nuestros recuerdos y las emociones que más sentimos. El núcleo es invisible, has de saber cómo acceder a él.
    Mi madre y mi padre trabajan en lugares distintos, los lugares están en competencia. Los dos les tocaba averiguar como podían acceder a un núcleo de otra persona, no al suyo, si no a otra persona distinta. Pero todos nos dimos cuenta de que no es una formula, si no una persona. Solo hay una persona que puede acceder al núcleo de todos. Esa persona soy yo, Lia.
    Hacía tiempo que tenía sueños extraños por las noches, eran núcleos. No sabía que me pasaba, estaba muy confundida, hasta que Apolo me lo explicó.
    Apolo es el señor que secuestró a mi hermano. Intento manipular a Marcos, pero Marcos no se dejó.
    Todo empezó una noche, estaba mi padre discutiendo con Marcos sobre mí. Papa perdió la cabeza, se llevo a mi hermano delante de mama y yo, en un coche negro, no pudimos hacer nada, unos hombres vigilaban mi puerta.
    Ayer descubrí donde está mi hermano, está en el núcleo de Apolo.
    Iban a experimentar con Marcos, pero cuando lo electrocutaron, iba a morir, pero yo, inconscientemente metí a Marcos dentro del núcleo de Apolo. Todos estos años pensando que había desaparecido, cuando estaba atrapado en un núcleo desconocido al que intenta acceder mama.
    Estoy en la calle, yendo hacia Apolo, para recuperar a una de las personas que más quiero en este mundo. Voy de camino a su lugar secreto, para vengarme.
    Nunca he sentido tanta rabia dentro de mí, es como un fuego que te arde lentamente en el cuerpo, formando en mis ojos una mirada asesina. Voy a recuperar a mi hermano, cueste lo que cueste.

    El pequeño Nicolás

    El pequeño Nicolás

    Érase una vez un niño llamado Nicolás al que no le gustaba mucho estudiar.
    Nicolás comenzaba primero de la ESO y después de las vacaciones de verano le daba mucha pereza volver al colegio, aunque por otro lado tenía muchas ganas de encontrarse de nuevo con sus amigos. Ese año tendría algunas asignaturas nuevas como Biolología, Historia, Tecnología,…
    Como a Nicolás se le veía muy despistado en clase, el profesor le preguntó que qué le ocurría. Nicolás le respondió que no le gustaba mucho estudiar . El profesor le dijo que haría todo lo posible para que pudiera mostrar interés en su asignatura, la Biología y hacer que le gustara. Por la noche antes de dormir, Nicolás cogió los apuntes que había anotado en clase y comenzó a leerlos . Ese día habían estado hablando en clase del Universo, de los planetas, estrellas.. Nicolás se fue durmiendo poco a poco y empezó a soñar con el Universo. En su sueño aterrizaba en Mercurio, con su camiseta y vaqueros, y a pesar de estar sin traje espacial no le ocurría nada. Podía respirar perfectamente aunque tenía calor. Poco después apareció en Venus, donde encontró una planta un poco diferente a las que él conocía. Aunque en Venus no hay atmósfera ni agua, en su sueño Nicolás vería muchas más plantas de diferentes tamaños y colores. Después Nicolás apareció en Marte. Allí se encontró con algún volcán y estuvo jugando a construir castillos de arena . Como tenía frío decidió seguir andando y más tarde apareció en Júpiter paseando por el planeta tranquilamente y aunque su atmósfera contiene gases y no podría permanecer en su superficie como lo haría en la Tierra, en su sueño estuvo paseando sin problema. Más tarde Nicolás se encontró en Urano y como vio que estaba lleno de agua empezó a nadar en él. No sabía que ese agua estaría congelada así que estuvo un rato nadando y buceando como solía hacer en la piscina. En el fondo del mar se encontró con un submarino. Entró en él recorrió varios kilómetros y más tarde apareció en Plutón. Allí se encontró con su mejor amigo Mateo. Nicolás se preguntaba cómo habría llegado hasta Plutón sin ninguna nave espacial . Estuvieron jugando en el planeta un buen rato hasta que a Nicolás se le ocurrió que como el planeta era muy pequeño podían dar una vuelta completa a Plutón. Pero no fue así. Aunque Plutón es muy pequeño, no lo es tanto como para dar una vuelta completa al rededor suyo así como así. A pesar de ello lo intentaron, poniendo como referencia la camiseta de Nicolás en el suelo para saber en qué momento darían una vuelta alrededor de Plutón .Cuando pasó un tiempo, Nicolás se encontró con un dragón que le llevaría a otros lugares del Sistema Solar. Llegó con el dragón hasta una estrella muy cercana que no era de nuestra galaxia, La Vía Láctea. Como Nicolás tenía mucha curiosidad por ver como era el interior de una estrella, se metió con el dragón dentro de ella. No le ocurrió nada, porque no sabía que las estrellas estaban a una temperatura altísima en el interior de ellas e incluso en la superficie. En ella vio que no había nada más que un gas de color amarillo rojizo muy espeso, lo suficiente como para no ver mas allá de su nariz. Cuando Nicolás se aburrió de estar en aquella estrella, decidió que podía ir a visitar otros lugares más lejanos y se fue a un agujero negro. Cuando Nicolás llegó allí con el dragón, entró en el cinturón de eventos y entonces una fuerza super masiva empezó a absorberlos hasta que se convirtieron en espaguetis y entraron en el agujero negro por completo. En ese momento Nicolás se despertó asustado y fue al colegio.
    Allí contó a la profesora de Biología lo que había soñado y le explicó todo lo que él no había entendido, como que el Sol es un gigante gaseoso y no puedes estar cerca de él, que no puedes viajar con un dragón en el espacio, que no se puede dar una vuelta a un planeta en un día y que no puedes estar en el espacio sin un buen traje espacial. Unas pocas semanas después, Nicolás se fue a clase y tuvo el examen de Biología y sacó tan buena nota que al final de curso su media era de un 10. Y así Nicolás pasó a ser un experto en Biología.



    Miguel Camino Sánchez

    EL PRINCIPIO DEL FINAL EN MI QUERIDA CHERNÓBIL

    EL PRINCIPIO DEL FINAL EN MI QUERIDA CHERNÓBIL

    Era una mañana de abril normal y corriente en mi querida Chernóbil.
    Yo era una niña de 16 años que vivía en una casita humilde con sus queridos padres, su hermano menor y su querida abuela. Solía levantarme temprano para ayudar a mi madre con los quehaceres domésticos… Normalmente iba a lavar la ropa y después ayudaba en la cocina. En mi tiempo libre iba a jugar fuera con mis amigos del pueblo. ¡Ah! Se me olvidaba mencionar que yo vivía en el pueblo de Pripyat, aquí todos se conocían y todos eran amigos de todos.

    En Pripyat empezó a construirse una central nuclear llamada Vladimir Ilich Lenin por allá en 1972 y nunca nadie iba a pensar que este recurso fuese a convertirse en el principio del final de Chernóbil. Os preguntaréis qué pasó, cómo pasó y cómo conseguí salir viva de allí.

    Bueno, pues se supone que en el reactor 4 de la central nuclear se estaba haciendo una prueba de seguridad y este se volvió muy inestable hasta tal punto de saltar su tapa por los aires, desencadenando la emisión de grafito, el material que controlaba la fisión de dentro de los núcleos. Los revisores pasaron esto por alto, ignorando completamente este hecho que sería el detonante de todo… la radioactividad empezó a salir disparada por los aires poniendo en peligro a gran parte de la sociedad Europea. Por culpa de la radiación empezaron a observarse muchas enfermedades y evoluciones de otras como por ejemplo, el cáncer. El día que ocurrió este accidente fue el 26 de abril de 1986 a las 1:23:40 h. Por la mañana estuve todo el día sola en mi casa con mi hermano pequeño que, por aquel entonces, tenía 5 años, mi abuela y mis padres estuvieron fuera todo el día sin antes habernos avisado de a dónde iban y cuándo iban a volver, aunque francamente, no volvieron nunca y aún sigo sin saber qué fue de ellos.
    Recuerdo perfectamente que ya era de madrugada y aún no habían llegado, yo me estaba preocupando así que decidí salir con mi hermano en su búsqueda, yendo de puerta en puerta para preguntar si alguien tenía alguna idea de dónde podrían estar. Entonces volvimos a casa y me encontré con 2 agentes militares de la URSS que decían saber dónde estaban mis queridos familiares y que podrían llevarnos a mi hermano y a mí hasta ellos. Estuve un buen rato pensando, es decir, por qué iban a venir 2 militares en mi pobre y pequeña casa sin yo haber pedido algo así. No sé cómo ni porqué pero terminaron convenciéndome y decidí irme con ellos, claramente llevándome a mi hermano conmigo. Estuvimos un buen rato con los 2 militares dirigiéndonos a no sé dónde y sin entender qué estaba pasando.
    Hubo un momento en que uno de los soldados llamó a mi padre por su nombre de pila y entonces empecé a sospechar de la posible conexión entre la desaparición de mis padres y el hecho de estar volando en helicóptero con dos personas que nunca antes había visto. Llegamos a un campamento de refugiados de Moscú (¿por qué tan lejos? me preguntaba constantemente a mí misma). Todos los que nos vieron llegar empezaron a preguntar si la central nuclear ya había explotado, yo seguía sin entender nada hasta que un joven de mi edad se acercó y empezó a explicarme que existían rumores de que la central nuclear de Pripyat iba a explotar y a hacer volar toda la radioactividad por toda Europa.
    Estuve en busca de mis padres y de mi abuela por 3 días pero nadie sabía nada, aunque quizás ellos sabían cosas que nosotros no sabíamos y ocultaron por seguridad… no lo sé. Durante la mañana del cuarto día de nuestra estancia en el campamento llegó la gran noticia, Chernóbil había sufrido el mayor daño radiactivo de toda la historia y se hicieron suposiciones de que en unos años, no iba a quedar nada de mi querida ciudad. Se dijo que los más cercanos a la zona terminarían con graves problemas de salud y tendrían una esperanza de vida más corta.

    Yo y mi hermano sobrevivimos, aunque nunca volvimos a saber nada de lo que pasó y lo que tramaron nuestros familiares para que nosotros llegáramos al campamento. Al cumplir mis 18 años volví a Chernóbil para buscar indicios pero la ciudad no era más que una densa y oscura nube, todo parecía ceniza, no había nada más que restos de lo que antes fue mi querida ciudad, Chernóbil.

    El secreto de la vida

    El secreto de la vida

    Era perfecto… Por fin había conseguido desentrañar el secreto de la combinación molecular. Había formado una combinación inexistente en ese momento. Se trataba de una sustancia capaz de romper el lazo que unía a las moléculas y formar otras mucho más complejas y diferentes.
    Después de tantos años de pruebas, experimentos fallidos, de ensayo y error; por fin lo había conseguido. Había descubierto el secreto de la genética humana. Algo único que permitiría que la humanidad evolucionase más rápidamente que en los últimos tiempos. Un secreto que revolucionaría el mundo. Un secreto que por otro lado, podría costar la vida.
    En el Gran Mercado Tecnológico, conocido como el GMT, las grandes empresas de última tecnología competían entre ellas para ser las mejores, para obtener el control sobre las demás y con el nuevo “producto genético”, su empresa superaría a las demás con creces. Por años ella sería la mejor y pasarían décadas hasta que alguien la superará con un descubrimiento mayor. La demanda estaría por las nubes y ya nada ni nadie podría detenerla.
    Tan sólo quedaba un último esfuerzo para conseguirlo, que podría ser tanto un éxito como un fracaso e incluso costarle la vida. Debía patentarlo, algo no muy difícil si no fuese por la gran cantidad de vigilancia puesta sobre la empresa en esos tiempos de progreso… Para ello, sólo debía llegar al centro de la megalópolis y reclamar lo que muy pronto sería suyo.
    Pero, al igual que la luz, la información secreta de éste tipo se transmitía también a una velocidad de vértigo. Ésta no tardó en llegar a oídos de las otras grandes empresas “enemigas”; que al mismo tiempo se pusieron de acuerdo para atacar su base, donde ese gran secreto podría cambiarles la vida y su futuro entero…
    Curiosamente todas competían entre ellas, pero siempre en un momento de necesidad, se aliaban por un objetivo común. Al igual que al siguiente día los mismos aliados podían ser sus peores enemigos.
    Nunca nadie había descubierto algo tan grande y útil para el futuro de la especie humana y puede que no tan humana, que podría utilizarse en la clonación, la mutación, la mejora del organismo humano y hasta para la mismísima inmortalidad… Así que éstas grandes empresas, no podían permitirse que esa información saliese a la luz y que les ganarán tan pronto…
    Dentro de la sala de prácticas, armada con todos los avances tecnológicos de última generación, la alarma de evacuación sonó. Ella sorprendida y aturdida, salió lo más rápido que pudo, sabiendo que su descubrimiento y su futuro estaban en peligro. Las otras empresas ya lo sabían… y vendrían a por ella…
    En su huida no llegó a coger la información de la nueva “receta”, antes de que la puerta del laboratorio se cerrase herméticamente tras ella…
    Ya en el exterior, divisó un escenario que le heló la sangre, el imponente edificio de su empresa, su oficina y laboratorio, su lugar de trabajo, su hogar… estaban ardiendo en llamas ante sus ojos. De repente una gran explosión derribó por completo lo poco que quedaba en pie… Pronto toda su vida quedaría reducida a cenizas…
    Nunca nadie había sido tan osado de hacer una barbaridad semejante, porque ella sabía perfectamente que lo ocurrido no había sido un accidente. Su vida, todos sus años de trabajo se habían esfumado en un instante, como si nunca hubiesen existido…
    Sólo entonces, cuando supo con certeza que estaba fuera de peligro, se dio cuenta que, en el bolsillo de su bata, había un tubo de ensayo con una muestra de su nuevo descubrimiento de esa misma mañana.
    Al descubrirlo se lleno nuevamente de esperanza, esperanza para huir de allí y comenzar de nuevo en otro lugar, donde nadie la persiguiera e intentara matar por un milagro de la ciencia. Seguir con su plan y experimentación la tendrían entretenida hasta que la situación mejorase.
    Comenzaría una nueva vida. Donde la tecnología, la genética y lo artificial serían la clave.
    Finalmente, ella demostró que su hallazgo era el descubrimiento del siglo y lo seguiría siendo por mucho tiempo. Había conseguido la inmortalidad. Durante todos esos años había aprendido mucho sobre el ser humano y como funcionaba; después de su gran éxito había comenzado a probar mutaciones en pequeños animales y luego en implantes artificiales, como prismáticos subcutáneos, un dedo láser…
    Ella se sentía invencible, poderosa, por primera vez en mucho tiempo se sentía a salvo, ya no tenía miedo. Ella era la única persona en el mundo que conocía como alcanzar la vida eterna, algo inimaginable en años anteriores.
    Ya han pasado siglos desde su gran descubrimiento y aún continua trabajando en su laboratorio, pensando nuevos proyectos para dar paso a una nueva era de prosperidad entre lo natural y artificial.

    El secreto de los 12

    El secreto de los 12

    Actualmente hemos descubierto que , el eje de la Tierra gira haciendo un bamboleo muy lento que se llama la presión de los EQUINOCCIOS y gira al rededor de sí misma como un trompo y tarda 25.765 mil años en dar una vuelta completada .
    Lo que sí sabíamos hace muchos siglos es la existencia de el zodiaco , el cual es una distribución arbitraria de estrellas para distinguir las diferentes partes del la cúpula celeste ,se les puso un nombre individualmente.
    Así nacieron los doce elementos del zodiaco . Preveían que cada signo del zodiaco eran 2. 000mil años y los todos sumados da que 25.765 años .Esto es un conocimientos antiguo que no se sabe de dónde viene , sin embargo es un conocimiento moderno el que dicta que al Tierra se bambolea sobre si misma .
    La pregunta es cómo los antiguos fueron capaz de descubrir un proceso de 25.765 mil años sin técnicas de observación.
    Es una incógnita , ¿Cómo pudieron calcular procesos que ni siquiera habían ocurrido ? ¿ Y por qué coincide las suma de duración de todos los signos del zodiaco con lo que tarda la Tierra en girar en un movimiento de bamboleo ?
    Alya se encontraba sumida en un completo silencio que varias personas habrían encontrado aburrido , pero para Alya es de todo menos aburrido . El silencio es un vacío que permite conectarte con tu subconsciente, viajar en el espacio-tiempo , el silencio es falta de comunicación , es secreto , ofensa y trasporte .
    Tal vez algunos no lo crean pero Alya me narró su sensación al recorrer los pasillos de la La biblioteca de Aristóteles , subió escalones , Alya flotó hasta la pesada puerta y escuchó susurros que se interrumpían entre sí dando a conocer que o no tenían permiso para estar allí o hablaban de un secreto conocido por un muy limitado número de personas .
    Alejandro Magno un joven con mirada cansada escuchaba con atención a su maestro Aristóteles .
    EL RELATO DE EL MAESTRO
    Hay personas con dos chacras más que el resto , son los Zendos.
    Capases de viajar al pasado y futuro porque para ellos los límites de las barreras que rigen el espacio y tiempo no existen .
    El Universo es como un libro abierto que los demás miran , pero yo lo observo, lo analizo . Puedo entender sus movimientos , no tengo que ver el espacio para creer lo que mi mente me cuenta sino creer para ver y sentirlo.
    En este precisó momento el eje de nuestro planeta azul está inclinado 23 grados .
    Por eso de la inclinación de la Tierra y su movimiento de traslación alrededor del sol surgen las cuatro estaciones durante el tiempo que dura ese periodo de traslación , es decir 365
    días . Pero ojo.... cuidado que esa inclinación varía cada 401.000 años pasando de 21,1 a 24 grados , con esto sabemos que su actual inclinación siempre será temporal .
    Por eso el cielo que ahora observamos va cambiando progresivamente.
    Hoy el polo norte apunta hacia la estrella Bega , pero según cálculos matemáticos dentro de 1.130.000 años este apuntará hacia la estrella Polar . Esa es la consecuencia directa del bamboleo de la Tierra . Ese eje es el norte y el sur del planeta .
    Este movimiento solo es perceptible con una observación de miles de años y es nombrado la precisión de los equinoccios . Este ciclo se completa cuando el eje de la tierra da un giro de 360 grados en dirección Oeste ¡ dura aproximadamente 26000 años ! El ciclo precisión 26000 mil años y está dividido en 12 porciones de tiempo y aquí es donde entran los 12 signos del zodiaco ..
    Aristóteles terminó de narrar su secreto cuando comentó :
    -Dentro de miles de años ,las personas del futuro se estén preguntando como en una época como la de hoy no nos ha sido extremadamente difícil pronosticar y medir si no poseemos los instrumentos sofisticados que ellos poseen. En el futuro con la información que encontrarán , se dirán unos a otros que este manuscrito que hoy te he confiado recibe la clave de uno de los grandes misterios del pasado . Se preguntarán cómo los hombres del pasado ya conocían el llamado ciclo predicción .
    Sin duda no se les ocurrirá que un viejo filósofo cansado de buscar en libros decide buscar en sí mismo , en su código genético , en lo más hondo de su conciencia respuestas . Ahora no les agrada ver a una persona que piensa por si misma , que investiga , y no es que me guste hacer cosas prohibidas es que me gusta demostrarles que a mi nadie me prohíbe nada .
    Alya empezó a sentirse que caía , la escena del pasado empezó a difuminarse. Lo último que llegó a visualizar Alya fue el ojo izquierdo de Aristóteles y su voz que a ella le hablaba
    Bueno tal vez no seria necesario escribir un libro .....

    El sótano

    El sótano

    Desde los dos años, los hermanos García Gámez viven en una casa que, si no fuera porque vive alguien, se diría que está abandonada. Es una de esas casas típicas de las películas y de las novelas, que tiene un aspecto siniestro y fantasmagórico y que cuenta con su típico sótano en él los hermanos tienen completamente prohibido entrar.

    Los cinco hermanos, que en realidad no son hermanos de sangre, ya que todos fueron adoptados a la misma edad y el mismo día porque sus padres adoptivos se enamoraron de ellos, hace ya trece años, tienen personalidades muy diferentes, lo único que tienen en común es que les encanta la ciencia-ficción, el misterio y desobedecer a sus padres.

    Todos pensaréis cómo han podido estar doce años sin acercarse al sótano. Pues muy sencillo, no conocieron su existencia hasta hace apenas un año, cuando debajo de una alfombra encontraron la puerta para acceder y desde ese momento sus padres hacían guardia constantemente ante la puerta.
    Con el comportamiento que notaban en sus padres la curiosidad de los jóvenes aumentó y un día en el que ninguno de los dos estaba, aprovecharon para entrar.
    Abrieron la puerta y empezaron a ascender por una escalera de caracol mientras hablaban del suceso:
    -¿Qué creéis que habrá?- Dijo Justin.
    - Yo creo que estará lleno de fantasmas.- Respondió Jack.
    -En mi opinión hay un laboratorio con cosas inteligible. Dijo Jacob.
    -Ah, Pues yo creo que estará vacío.-Continuo Jaidan.
    -La verdadera pregunta es: ¿Por qué papá y mamá nos lo ocultan?- Observó Jackeline.

    Continuaron bajando las escaleras hasta llegar a una habitación con cinco puertas diferentes. Cada uno de los hermanos se sintió atraído por una de las puertas y en ese momento lo que encontró cada uno fue diferente.

    Cuando Justin entro a la primera habitación encontró un mundo irreal. Había entrado a una habitación de aspecto antiguo llena de librerías y de libros de pociones flotantes. En la mesa le esperaban pacientes una túnica y sobre ella una varita para que practicara y dominara toda la magia.

    En la habitación de al lado se hallaba Jack temblando de miedo, mientras que luchaba contra fantasmas, vampiros y otros seres maléficos, viviendo fascinantes historias en casas encantadas y lugares fantasmagóricos, junto a Scooby Doo.

    Por suerte las habitaciones estaban insonorizadas porque si no todos los hermanos de Jacob se hubieran asustado con el increíble grito que pegó después de ver la tabla periódica con una muestra de cada elemento y cómo burbujeaban unas mezclas de diferentes colores.

    En la habitación en la que estaba Jaidan no había absolutamente nada. Lo único que le acompañaba era la soledad y el silencio.




    Jackelin era una joven sencilla que no necesitaba mucho para ser feliz y entretenerse.
    En la habitación en la que estaba había un pequeño escritorio con un cajón. Al ver eso se inspiró y en un abrir y cerrar de ojos apareció un papel para dibujar y un lápiz que había en el cajón.
    Ya acabado el boceto, creyó que estaría bien darle un poco de color, pero no tenía lápices de colores para ello, así que solo se dispuso a devolver el lápiz en su lugar se sorprendió al ver que habían aparecido lápices de colores. Los cogió y le dio vida al dibujo.

    Cuando ya estaba a punto de acabarlo, sus hermanos entraron por la puerta y lo único que pudieron ver fue a su hermana.
    -¿Qué haces?
    -Un dibujo, ¿no lo veis?
    -No.
    -Yo tampoco.
    -No yo.
    -Negativo.

    Les explicó cómo era su dibujo: Tenía planetas y en cada uno de ellos se hallaba uno de sus hermanos: Para Jacob un planeta científico, para Justin había un mundo mágico, en el de Jack había un mundo terrorífico y lleno de misterio y el de Jaidan era un planeta de color blanco que representaba muchas cosas, sin representar nada.
    Cuando acabó la explicación sus padres aparecieron con el dibujo de Jakeline en la mano, pero este, real y les explicaron que las habitaciones estaban realmente vacías, que se llaman las habitaciones de la imaginación y con ellas se podía hacer todo lo que se quisiera quisieras. Llevaban mas de 10 años construyéndolo para su 15 cumpleaños que era dentro de unos días. También les dijeron que si realmente deseaban algo, podía aparecer en la vida real, como con el dibujo.

    Los adolescentes fueron a abrazar a sus padres y les pidieron perdón por desobedecerlos. También preguntaron que por qué e Jaidan no veía nada y ellos les respondieron:
    -Lo que pasa en la cabeza de uno es un secreto y nadie más lo puede saber.

    Después de unas risas volvieron como si nada a sus respectivas habitaciones y continuaron con su vida guardando el secreto de las habitaciones.

    EL SUPLEMENTO BETA-M 0.1

    EL SUPLEMENTO BETA-M 0.1

    Hola, mi nombre es Frank y este escrito es para dejar de culparme por lo que mi equipo y yo le hicimos al planeta. Estamos a día 23 de julio del año 2108 y no creo que ningún ser vivo llegue a sobrevivir más allá de las próximas fechas.

    Hace unos meses mi equipo y yo comenzamos a trabajar en un proyecto encargado por el gobierno. Pretendían que hiciésemos soldados fuertes, que se comportasen como si fuesen máquinas. Logramos crear un suplemento al que bautizamos como ‘Beta-M 0.1’. No supimos lo que habíamos creado hasta pasadas unas semanas, las mismas que nos condenaron a todos.

    No existe cura para la enfermedad que produce el suplemento que hemos creado, queríamos conseguir, mediante el uso de la tecnología, que los tejidos orgánicos se volviesen más resistentes. Creamos algo que cumplió el objetivo, pero con efectos secundarios, lo que provocó que se convirtiesen las partes orgánicas en robóticas. La transformación sucede de dentro hacia fuera y los síntomas surgen a partir de la primera semana. Esto provoca que sea difícil saber quién está infectado y quién no.

    Los síntomas son aterradores y dolorosos. Empiezas teniendo nerviosismo, sudores y ansiedad con un ‘tic tac’ que siempre te acompaña, proviene de tu interior y a medida que la enfermedad avanza se vuelve insoportable, luego comienzas a tener dolores internos provocados por el cambio de los órganos por engranajes, cables y metal. A la semana, los cambios empiezan a ser visibles en el exterior: la piel empieza a caerse y es reemplazada por piezas metálicas. Tras dos semanas tu organismo se vuelve completamente el de un robot, no tienes memoria de tu vida pasada, y eres completamente hostil ante otras criaturas orgánicas, plantas, animales y humanos.

    Lo primero que se intentó fue pararlo con la medicina, pero para nuestra desgracia, empeoramos la situación. Los médicos que atendían a los enfermos solían contagiarse, después lo transmitían al resto de sus pacientes y ellos a sus familias. Cuando se dieron cuenta, gran parte de los sanitarios estaban infectados. Los pocos que no lo tenían, empezaron a utilizar trajes de protección de nivel 4, aunque ni los trajes los podían proteger lo suficiente, ya que era demasiado transmisible.

    Luego, fueron los ejércitos los que intentaron hacer frente a la amenaza a base de suprimir parte de la población afectada, pero este suplemento precisamente había sido creado para que resistiera los ataques militares. Estallaron varias guerras contra ellos, cuyo único resultado fue más infectados, muertes y destrucción.

    A estas alturas nos encontramos con que aproximadamente el 87% de la Tierra se ha vuelto estéril, no hay plantas, animales, seres humanos, nada. La población humana casi está extinta, los que quedan con vida son, o bien infectados, o bien pequeños grupos de supervivientes.

    Todo mi equipo ha muerto. Yo también estoy infectado, ya he alcanzado la semana, y los síntomas comienzan a hacerse visibles. Estoy intentando encontrar una cura de emergencia para aquellos que llevan menos tiempo contagiados... No creo que pueda acabarla.


    Si lees esto, me alegro de que sigas con vida, solo espero que esta información te ayude en algo.

    Frank

    El susto que cambió mi vida

    El susto que cambió mi vida

    Me llamo Aroa y tengo 2 hijos, uno de 7 años y otro de 9. Ellos son un milagro. Mi marido Pablo y yo llevamos muchos años intentando tener hijos, pero hemos tenido muchas complicaciones y ya estábamos buscando sitios en los que pudiésemos adoptar.
    El médico al principio me dijo que era muy poco probable que tuviéramos hijos, por ese motivo cuando me enteré que estaba embarazada de Iván me alegré tanto que nos pusimos a viajar durante 5 meses a algunos lugares a los que queríamos ir. Cuando Iván tenía 2 años, me volví a quedar embarazada de Sergio y me puse a llorar, ¡no me lo podía creer!.
    Vivimos en una casa grande, lo único que ahora mis padres como son mayores les he traído también a mi casa para cuidarlos y no dejarlos solos, además ellos se lo pasan genial con nuestros hijos y así cuando tenemos que viajar se cuidan mutuamente.
    Tenemos suficiente dinero, estamos sanos y somos felices ¿qué más podemos pedir?

    Hasta que de repente, después de un viaje de una semana que Pablo y yo hicimos a Pensilvania para un juicio, mi padre me dice que le ha visto un lunar a Iván en el brazo que le parece a él que antes no estaba, yo le digo que no se habrá fijado y que de siempre había estado ahí.
    Pero los días pasan y mi padre dice que ahora es más grande, yo para quitármelo de encima decido llevarlo ya al médico y que me digan algo. Cuando voy me dicen que no me preocupe que solamente es un lunar y que no me habría dado cuenta que estaba ahí. El problema empieza cuando Pablo recibe una llamada de su padre y le dice que su tío ha muerto por cáncer de piel. Ahora nos preocupamos ambos porque empezamos a buscar información en internet y vemos que el lunar que dijo mi padre que tenía Iván, podría ser un lunar maligno porque es similar a los de las fotos, y como él es muy blanquito y ya tiene muchos lunares, y ahora conocemos que tiene antecedentes, pensamos que podría ser cáncer de piel. Llamé al médico porque antes de pensar en nada necesitamos que nos lo digan ellos y no suponer nosotros, pero nos dicen que nos dan la cita para una semana más tarde, como yo estoy muy nerviosa vamos al hospital y ahí el dermatólogo se lo mira. Él me empieza a hacer una serie de preguntas, y luego me explica que esas preguntas las hacía porque hay una regla, se llama ABCDE, que consiste en: tener Asimetría en alguno de sus ejes; Bordes irregulares; Color no uniforme; Diámetro mayor de 6 mm y por último Evolución, que consiste en ver si uno de sus lunares cambia de forma o crece a lo largo del tiempo. Pero como había cosas que yo no sabía y para él estar más seguro él me pregunta si puede observar los lunares con microscopio especial para poder tener una visión ampliada de las estructuras cutáneas, me dice que esto es una microscopía de epiluminiscencia. Cuando termina me dice que no me preocupase que mi hijo no tiene cáncer de piel, yo como estaba muy preocupada me pongo a llorar porque pienso que me han dicho que sí, que lo tenía, pero me toca el hombro y me lo vuelve a repetir, y le pregunto si puede mirar a mi hijo pequeño, Sergio, por si acaso. Le mira y tampoco, ninguno lo tiene. Con esto me pregunto: ¿cómo pueden soportar tantos padres que les digan que su hijo/a tiene cáncer? , ¿cómo pueden sobrellevar el dolor de la situación? , ¿cómo afrontan un final no deseado?

    Pasa el tiempo y yo le cuento a Pablo las preguntas que me había hecho durante los días de incertidumbre y él me dice que le había pasado lo mismo pero que tampoco se había atrevido a comentarlas conmigo. Después de mucho pensar y hablarlo con mis hijos y mis padres decidimos entre todos ayudar a aquellas familias que no tienen tanta suerte como nosotros. Sólo faltaba concretar de qué forma les podíamos ayudar. Empezamos a buscar tipos de cáncer infantil y encontramos que la leucemia es la más frecuente. Así que decidimos colaborar con asociaciones de padres con hijos que padecen leucemia y como somos abogados les podemos ayudar legalmente por si tienen algún problema, solicitar ayudas económicas, y todo lo que tenga que ver con nuestra profesión.
    Todos ahora nos sentimos felices de colaborar, y hasta Iván y Sergio que teníamos nuestras dudas de que nos ayudarían, están muy contentos de la labor que entre todos realizamos.
    Es una experiencia que recomendamos a todos nuestros amigos.

    EL TIEMPO ES ORO

    EL TIEMPO ES ORO

    Todo empezó cuando tenía 17 años e iba a primero de bachillerato. Una mañana, a mediados del curso, me desperté con dolor de cabeza y con la nariz sangrando abundantemente, pero puesto que la noche anterior había salido con mis amigos, no me asusté y opté por pensar que era algo normal: así que decidí ir al instituto como de costumbre. La mañana transcurrió con normalidad. Tras el descanso tenía clase de lengua castellana. Cuando el profesor apareció por la puerta, lo hizo con una especie de cronómetro o cuenta atrás sobre su cabeza. Al verlo me extrañé y me giré a ver las caras de mis compañeros, pero no percibí sorpresa en sus expresiones. Pregunté a mi compañera de mesa qué era aquello que tenía el profesor sobre la cabeza, pero su respuesta fue una mofa sobre el pelo, así que entendí que no lo estaba viendo. Entonces, me fijé en lo que ponía: “4 días, 2 horas y 14 minutos”. Lo ignoré por completo.
    Al día siguiente aquel profesor no vino, pero como lo ocurrido el día anterior había pasado completamente por desapercibido para mí, lo pasé por alto. A los pocos días recibimos la noticia de que aquel profesor había fallecido, fue entonces cuando me paré a pensar detalladamente en lo ocurrido el primer día. Aquello había sucedido hacía 5 días y justamente coincidia con el tiempo que indicaba aquella especie de cuenta atrás. Me asusté, pero quise pensar que era algún tipo de coincidencia o incluso alucinación.
    Poco después de todo lo sucedido me volvió a aparecer otra cuenta atrás en una de mis amigas y compañeras de clase, Olivia, pero esta vez indicaba menos tiempo: “1 día y 7 horas”. Como tenía confianza con ella, la invité a mi casa a pasar la noche y tratar de averiguar si ocurría algo o no. Accedió. Quedamos después de comer en mi casa y pasamos la tarde hablando y viendo películas. De vez en cuando miraba la cuenta atrás y veía cómo se iban descontando las horas. Cuando llegó la noche, Olivia me dijo que al día siguiente debía despertarse pronto porque había hecho planes. Mi mente, retorcida quizás, pensó que lo mejor sería que no acudiera a aquella cita por precaución, así que decidí poner la alarma una hora más tarde para ello. A la mañana siguiente me levanté y vi que Olivia no estaba a mi lado durmiendo y me asusté, pero de pronto escuché el exprimidor y me relajé. Cuando vino, lo primero en lo que quise fijarme fue en la cuenta atrás: ¡había cambiado y había aumentado el tiempo!
    A partir de aquel día me di cuenta de la habilidad que había adquirido, la misión que tenía y la responsabilidad que todo ello comportaba.
    Poco a poco, y a medida que lograba aumentar la esperanza de vida de ciertas personas, iba creciendo el número de las cuales debía ayudar. Hasta entonces había logrado salvar la vida de todas las personas de las que tuve oportunidad, pero eso suponía mucho estrés para mí. Mi calidad de vida empeoraba a medida que la de los demás mejoraba gracias a mi pequeña ayuda. Mi pelo se caía, mis ganas de comer se esfumaban y dormir me suponía imposible debido a la responsabilidad que conllevaba en mí saber que una persona podía morir si yo no hacía nada al respecto.
    Hace dos días me desperté temprano tras haber tenido una pesadilla. Fui al baño a lavarme la cara, y al mirarme en el espejo no pude creer lo que veían mis ojos: tenía una cuenta atrás sobre mi cabeza . Me quedaban solamente 1 día y 14 horas de vida. Tenía que aprovecharlo. En primer lugar, pensé en mi familia, así que decidí ir a verlos. Comí con ellos y disfruté al máximo de la que era la última vez que iba a verlos. Decidí pasar la tarde con mis amigos, mi segunda familia. Y por último, fui a casa a darme tiempo a mí, y aprovechar las pocas horas que me quedaban. A disfrutar y darme placer, ver lo que yo quería, hacer lo que yo quería. Durante mucho tiempo, por tal de ver disfrutar a los demás de su vida y su tiempo, he estado dejando de lado a los míos y he dejado de hacer lo más importante: cuidar y preocuparme por mí.
    Había sido uno de los mejores días de mi vida. Había podido descansar y disfrutar de lo que más me gustaba hacer. Antes de acostarme quise refrescarme. Me dirigí al baño, encendí la luz y me miré en el reflejo del espejo: la cuenta atrás había aumentado.

    El Universo y la Luna, La Luna en el Universo.

    El Universo y la Luna, La Luna en el Universo.

    Todo empezó una mañana de Junio. Yo estaba sentado en una silla cualquiera, un día cualquiera, en una tarde de verano cualquiera. Ya empezaba a anochecer y la luna llena ya había salido. Miraba al cielo, como si fuese un maravilloso cuadro. De repente, mi padre apareció detrás de mí, de la nada.
    - Maravillosa, ¿no es cierto?
    Yo me giré dando un bote. - ¿Cuál?
    - La luna. ¿No es maravillosa?- Dijo riendo.
    - Pues… Sí, sí, maravillosa…-
    - Me parece que eres de esas personas que no saben que esconde todo esto. ¿Me equivoco?-
    - Cuál, ¿la luna llena? Bah, ella no esconde nada. Es solo naturaleza, ya sabes, el Big Bang y todo eso...-
    Mi padre rió. -¿En serio?-
    Él se sentó a mi lado y me ofreció una limonada. Juntos, en unas sillas, bebiendo limonada en medio del campo de tenis, observamos la luna.
    -¿Sabías que provoca la marea y los eclipses? Y más. Es muy interesante…-
    Yo le sonreí y puse los ojos en blanco. - Supongo.- El silencio reinó otra vez.
    - ¿Te contaron cosas sobre la luna?- dijo él, rompiendo la calma.
    - No muchas, la verdad.-
    - Ya. ¿Y sobre… el universo?-
    - Bueno, eso sí. Los dimos la semana pasada en biología. Era algo interesante como se formó el universo y todo eso… no está mal.- Admití.
    - Es muy interesante. ¿Sabías que al principio nuestro sistema solar no existía y en su lugar había una enorme nube de gas y polvo?- Yo sonreí.
    - No...-
    - Me extraña. Luego eso se convirtió en nuestro sistema solar, ¡deberías saberlo!-
    - ¡Ya! No sé...- reconocí.
    - Te lo contaré. Hace 4600 millones de años nuestro sistema solar no existía como tal. En su lugar había una nebulosa, una enorme nube de gases y polvo que giraba en torno a su eje. La gravedad hizo que la mayoría de las partículas que componían la nube se concentraran para originar lo que ahora llamamos el Sol. El resto de las partículas formaron un disco que giraba alrededor de aquel Sol primitivo. Así, las partículas se unieron, constituyendo unos cuerpos similares a los asteroides. Estos se atraían, se chocaban y a veces se unían, originando cuerpos mayores que serían unos planetas primitivos aunque también otros se quedaron en cuerpos menores. Las planetas primitivos iban barriendo e incorporando más materiales y así quedarían siendo los planetas actuales que hoy en día conocemos. Y así, hace 4500 millones de años, el sistema solar tenía ya un aspecto similar al actual. ¿Qué te parece?-
    - ¡Genial!-.
    El resto de la tarde, mi padre me contó muchísimas cosas sobre el universo. También mencionó a “nuestro padre”, El Sol. Me contó que arde, y su núcleo alcanza unos varios millones de grados. Aprendí muchas cosas como que la tierra está inclinada a 23´5º, que hay un planeta enano en el sistema solar que se llama Makemake…

    Al día siguiente, mi padre y yo hicimos un experimento. Pintamos el interior de una caja de negro. Luego cortamos una ventana circular a cada lado de la caja, y pegamos el la tapa de la caja una bolita de color blanca. Y en un lado colocamos una linterna. Ahora, si mirábamos por los agujeros, en cada uno se veía una fase de la luna distinta. Era muy chulo y nos lo pasamos muy bien.
    También mi padre me contó cosas sobre el eclipse de luna y el eclipse de sol, y también sobre las mareas. Mi madre era bióloga, y aquella tarde nos llevó de visita a un observatorio.
    Allí vimos planetas, estrellas, la luna… fue una visita muy guay. Mi madre me contó cosas sobre la Vía Láctea. Me dijo que es un disco giratorio que concentra la mayoría de estrellas de nuestra galaxia, ¡unas 400.000 millones de estrellas! Y también me contó muchísimas más cosas acerca de nuestro sistema solar, el Sol, la Tierra, la formación de el universo…
    - Hijo- me dijo – te contaré como se formó el universo. ¿quieres?-
    Yo asentí, emocionado.
    Mi madre empezó a contar:- En tiempo cero, hace muchos millones de años, toda la materia y la energía del universo estaría concentrada en un punto de densidad casi infinita. ¿comprendes?-
    Yo asentí, y ella siguió hablando.- Tras la gran explosión, el Big Bang, el universo multiplica extraordinariamente su tamaño. Así, poco a poco, cuatrocientos millones de años después ya hay galaxias con sus nebulosas y estrellas.- Hizo una breve pausa, y sonriendo, continuó.- el universo ya continúa creciendo y se forman elementos más pesados, claro. Ya hace muchos millones de años comienza a formarse el sistema solar a partir de una nebulosa de polvo y gas.-
    - ¡Increíble!- dije yo.
    Y así, al acabar el día, el universo no me pareció tan aburrido como antes.

    El viaje de Martín

    El viaje de Martín

    EL VIAJE DE MARTÍN
    Martin es un niño de justo 10 años al que todos llaman Harry por su parecido con Harry Potter, pero a Martin no le gustan los libros de magia o de Harry Potter, su pasión es el universo.
    Hoy es su cumpleaños, y sus padres le han regalado lo que mas deseaba, una entrada para la exposición en el planetario del museo de la Ciencia de Valladolid: “El Universo, ¿Qué esconde?”;
    Martin esta super nervioso por ir a la exposición de mañana y está seguro de que no va a poder dormir esta noche. Al día siguiente Martín había dormido muy poco, y se sentó en los cómodos sillones del planetario con su entrada de la mano, sintiendo que sus ojos se cerraban lentamente.
    Abrió sus ojos y se encontró en un sitio desconocido frente a un señor cuya cara le sonaba y que le decía; Bienvenido Martín, soy Oscar para poder continuar el viaje tienes que averiguar donde estas, te voy a dar un par de pistas:
    Estas en un planeta rojo con 2 lunas ¿Cuál es? Entonces Martín dijo: Muy fácil estoy en el planeta… MARTE. Y de repente Martin sintió que se caía por un agujero a toda velocidad y cayó en el suelo de otro lugar…. En su mano seguía su entrada... pero curiosamente en ella se había escrito el nombre de…MARTE
    Mientras miraba asombrado… otra vez Oscar… que le dijo estas en un planeta gigante con muchos anillos rocosos. Entonces Martín volvió a acertar y dijo este es…SATURNO…. Y otra vez vuelta a caer…
    Menudo golpetazo esta vez…. Martin comprobó su tarjeta y vio que ahora aparecían dos nombres escritos en su tarjeta, MARTE y SATURNO... y cuando levanto la vista vio otra vez a Oscar, pero estaban en un distinto sitio… y le pregunto; el planeta que toca ahora es el mas pequeño del sistema solar y el mas cercano al sol, entonces Martin que se sabia bien los planetas dijo estoy en el planeta…MERCURIO. Entonces miro en su tarjeta y vio que ponía además de MARTE y SATURNO el nombre de MERCURIO.
    Se cayo otra vez y otra vez apareció Oscar, menudo mareo… y le dijo este planeta, es el planeta mas grande del sistema solar y tiene una tormenta roja ¿Qué planeta es? Y Martín dijo como es el más grande tiene que ser… JÚPITER.
    Oscar le felicito, y Martin se volvió a caer, pero esta vez duró mas la bajada cuando llego otra vez vio a Oscar y le dijo este es un poco más difícil este planeta tiene un anillo que gira verticalmente sobre el ¿Cuál es? Y Martín le pregunto; ¿el planeta es de color azul clarito no? Como le dijo que si, entonces Martin dijo que el planeta en el que estoy es seguramente…URANO, y si así era. Volvió a mirar su tarjeta y se había añadido el nombre de URANO
    Martin se volvió a caer por sexta vez, pero esta vez no se cayo si no que se difuminó, entonces al transportarse Oscar le dijo este planeta esta más allá de Neptuno. Entonces Martin dijo: ¿estás seguro de que es un planeta?
    Tienes que actualizarte un poco, Plutón ya no es un planeta, si no que es un planeta enano, porque ya no cumple las normas según la Unión Internacional de Astronomía.
    Oscar le felicito, quería ver si caías en la trampa! Y continuo… No te voy a decir nada sobre este cuerpo celeste, adivínalo por lo que ves y sientes… Ok, aquí hace mucho calor y seguro que no es un planeta o sea que estoy en…EL SOL.
    Bravo, Martin, dijo Oscar, ya solo queda adivinar un planeta en el que no has estado y Martin dijo, fácil, ¡es VENUS! y Martin cayo por ultima vez esta vez no tenía ni frio ni calor se sentía muy bien entonces Martin dijo a Oscar: Disculpa aquí hace buena temperatura y puedo respirar… ¿hemos llegado a la última parada? Y Oscar dijo: si, esta es la ultima parada y es la más fácil de adivinar. Entonces Martin dijo: si es la más fácil debe de ser LA TIERRA. Miró su tarjeta y ¡sí! ahora la tarjeta estaba completa, no cabían más nombres, entonces Martin le iba a preguntar a Oscar que tenia que hacer ahora y…
    La madre de Martin le tocó el hombro y le dijo; Martin ya ha acabado la exposición vámonos a casa, … me da que tendremos que coger otra entrada para otro día por que te has dormido y Martin le dijo; ¡No mama no hace falta! He soñado que iba de planeta en planeta adivinando para pasar de uno a otro y ha sido muy divertido ¡Muchas gracias! Vamos para casa.

    El virus de la cueva

    El virus de la cueva

    Hola , mi nombre es Luis y os voy a contar mi historia .
    Era un día normal de primavera , en ese entonces yo tenía 12 años y mi padre me despertó y me dijo de ir a hacer una ruta un tanto peligrosa y yo acepté , no sabía a lo que me adentraba .
    Nada más llegar , mi padre me dio un walkie talkie y me dijo que en caso de que me perdiese le llamase inmediatamente , había mucha gente ahí pero mi padre me llevo por una ruta diferente , el sendero era irregular había tramos muy grandes y otros muy pequeños . El paisaje era hermoso, nunca había visto un sitio tan bonito como aquel, había mucha vegetación y a la derecha un gran lago lleno de peces de colores muy variados. Mi padre se desvió del camino y me llevo por un sendero diferente, este se encontraba entre los árboles , cada vez era más bonito que lo anterior , pero había algo que no me convencía , a mi padre no le gusta la naturaleza y no creo que me llevase ahí por nada , seguro que había algo detrás y lo tenía que descubrir . Después de andar unos 10/15 minutos mi padre se detuvo bruscamente, yo pensé que se había hecho daño pero no , se giró hacia la gran roca que estaba a nuestra izquierda y entramos a una cueva muy oscura , se podían apreciar diferentes tipos de materiales desde piedra hasta yeso hasta cuarzo!
    Yo estaba boquiabierto era impresionante, mi padre me condujo por un pasillo muy estrecho y oscuro (no sé cómo conseguía ver) y llegamos a una sala que parecía de científicos. Había decenas de personas mirándonos, yo miré a mi padre y me dijo : Todo lo que veas aquí es secreto , ¿Me lo juras? Yo le dije que sí con la cabeza. Había otras dos salas , entré a la primera y observé que las paredes estaban pintadas con cosas del espacio y la Tierra , al parecer lo estaban investigando .Me contaron cosas fascinantes sobre el espacio , yo no sabía que la Tierra era tan grande o que la Vía Láctea tardase tanto en dar la vuelta a si misma entre muchas otras cosas . Mi padre me llamó porque era nuestra hora de hacer un experimento. Había un nuevo virus y necesitaban saber su cura, a mi padre le encerraron en una sala y a mi en otra ,mi padre y yo nos contagiamos y a los 10 minutos mi padre estaba casi muerto pero yo estaba bien , le estaban haciendo el boca boca pero no funcionaba , golpee con todas mis fuerzas la puerta , ¡ descubierto la solución!, Me abrieron y me llevaron a la sala , el medico ya le daba por muerto pero yo dije , estoy vivo gracias al frío , le pusieron el cuerpo frío y a los 10 minutos ya estaba conmigo , ¡No me lo creo! Le dije a mi padre , todos los científicos y médicos me chocaban los cinco .
    40 años más tarde

    Vuelvo a ser Luis pero de 52 años , soy científico , médico y superviviente al mayor virus de la historia de mi pueblo

    Elisabeth y el Espacio

    Elisabeth y el Espacio

    Cuando era pequeña, a Elizabeth le encantaba el espacio, y siempre les decía a sus padres que quería ir al espacio y descubrir el universo. Desde pequeña, Elizabeth buscaba e investigaba muchas cosas sobre el espacio y todo lo que le rodea. Lo que más le gustaba del espacio eran los agujeros negros y siempre le habían parecido muy curiosos.

    Cuando creció Elizabeth supo que quería ser astronauta y tras mucho esfuerzo lo consiguió. Ella estaba muy ilusionada y muy feliz. Un día le asignaron una misión junto con más compañeros, era una misión que iba a durar mucho tiempo. Pero era justo lo que Elizabeth quería. La misión consistía en investigar un planeta que estaba fuera del sistema solar. Elisabeth tras oír esta noticia estaba muy entusiasmada. Pasaron los días y ella se iba preparando para esta misión junto con sus compañeros John, Stuart y Ana. Después de mucho entrenamiento llegó el día , todos se metieron en la nave que les haría hacer historia.
    Todo iba según lo planeado lo tenían todo controlado, pero tras unos meses de viajé pasó algo fuera de lo común. Stuart estaba haciendo sus tareas cuando se fijó en algo y dijo:
     ¿Veis eso chicos?.
    Todos los compañeros se acercaron y observaron lo que estaba señalando Stuart y Ana dijo:
     Si , ¿ y si nos acercamos?
    A John no le gustó la idea y dijo:
     Deberíamos seguir el rumbo sin desviarnos.
    Pero el resto no estaba de acuerdo, entonces decidieron acercarse y al acercarse ya era demasiado tarde estaban siendo absorbidos por un agujero negro, de repente toda la nave empezó a moverse como si tuvieran unas turbulencias y tras unos minutos un gran rayo de luz iluminó la nave.
    Cuando los integrantes del equipo de astronautas vieron dónde estaban se asustaron, estaban desconcertados, sin duda, porque no era nada parecido a lo que habían visto antes.
    Tras unos días sin rumbo fueron a parar a un planeta, ese planeta era parecido a la Tierra, pero estaba descuidado.
    Al aterrizar encontraron a unos cuántos metros de ellos un poblado, mientras ellos se iban acercando la población que encontraron también lo hacía, y estando frente a ellos , que eran los habitantes de ese planeta, éstos dieron el primer paso, intentaron comunicarse con el equipo de astronautas que habían llegado en aquella la nave; tras muchos intentos de comunicarse se dieron cuenta que hablaban el mismo idioma esto fue una sorpresa para todos.
    El grupo de Elizabeth les contó cómo habían llegado allí y después les preguntaron a los habitantes qué es lo qué le había pasado en su planeta, resulto que su planeta se estaba muriendo hacía ya muchos años, que más de la mitad de la población había muerto tras la escasez de recursos y que se habían quedado sin él 40% del agua en su planeta, todo esto por culpa de la contaminación y de la falta de cuidado del planeta.
    Los habitantes contaron a los astronautas la historia del planeta y éstos se dieron cuenta que básicamente era igual que el de la Tierra y Elizabeth y sus compañeros se dieron cuenta de que habían viajado al futuro gracias a ese agujero negro.
    El grupo de Elizabeth decidió contarles que necesitaban volver a su planeta, pero era necesario nuevas piezas para su nave puesto que al llegar al planeta la nave se rompió.
    Tras algunas semanas de trabajo reconstruyendo la nave y consiguieron ponerla en funcionamiento iniciando de nuevo viaje al espacio.
    La duda que tenían el grupo de Elizabeth es cómo podrían volver nuevamente a su tiempo y a su planeta ya que aunque no hubieran ido al planeta que debían tenían que informar de lo que les había ocurrido para ayudar a su planeta; tras estar pensándolo llegaron a la conclusión de que podrían volver de la misma forma que llegaron, acercarse a un agujero negro, pero esto les podría traer problemas porque podrían viajar a otro tiempo que no era al que pertenecían , aun así , decidieron arriesgarse para que su planeta no acabará mal.
    Al encontrar un agujero negro hicieron lo mismo que la primera vez después del rayo de luz y de algunas semanas a la deriva encontraron algo muy parecido al sistema solar y efectivamente llegaron al planeta Tierra.
    Al aterrizar los científicos estaban muy expectantes por lo que les iban a contar aquellos astronautas, lo que los científicos no se esperaban era lo que les había sucedido.
    El grupo de Elizabeth les contó a los científicos que es lo que les había pasado y lo que habían encontrado. Después de esto varios científicos decidieron investigar más sobre los agujeros negros para descubrir que son exactamente y además realizaron estudios y fabricaron maquinaria para no terminar igual que el planeta al que fueron el grupo de Elisabeth.


    En base a tu grupo sanguíneo

    En base a tu grupo sanguíneo

    Eran las 22:00 de la noche y como todas ellas, mis padres nos llamaban a mi hermana y a mí para que bajáramos a cenar y lo habitual en las cenas de nuestra familia, era iniciar desde el principio un tema del que íbamos a tratar durante toda la cena. Esa noche tocó hablar acerca de los diferentes grupos sanguíneos que teníamos cada uno. Empezó la conversación como de costumbre mi hermana. Ella que era una fanática de todo lo que relacionaba la medicina, nos empezó a explicar todos los tipos de grupos sanguíneos y más en profundidad el suyo. Lo primero que nos contó, fue que determinar el grupo sanguíneo de cada donación de sangre permitía prevenir reacciones de rechazo cuando se hagan transfusiones de sangre. Existen los grupos; A, B, AB y 0. Por un lado están los glóbulos rojos que pueden llevar antígeno A y antígeno B; y por otro el plasma que puede llevar anticuerpos A y B. Al unirse se produce la coagulación en la sangre. Con lo que no podemos tener por ejemplo antígeno A y anticuerpo A. Y todo esto, está controlado por un gen del cromosoma 9. El Rh es una proteína que está en algunos glóbulos rojos. No todos llevamos esa proteína, pero la mayoría de las personas la llevan. Son Rh positivas y las que no la llevan, son Rh negativas. En mi caso yo soy 0 negativo y somos “muy especiales”, porque somos donantes universales, es decir que podemos donar a todo el mundo, pero solo los de mi mismo grupo me podrán donar a mi, es decir receptores únicos y en caso de emergencias somos a los que primero nos llamarían.”
    Nada más terminar la cena, fuimos como de costumbre a ver la televisión todos juntos y tras un silencio sepulcral, la tele anunció un comunicado oficial, dirigiéndose a todos los ciudadanos cuyo grupo sanguíneo fuera 0 negativo. Este mensaje decía lo siguiente “ Todos aquellos que tengan grupo sanguíneo 0 negativo, deberán mañana por la mañana acudir de inmediato a las bases militares de Calameo”. Mi padre se quedó atónito, porque sabía perfectamente que nada bueno les ocurriría, porque un estudio de la Universidad anunció que los de ese grupo, podrían poner fin a la pandemia mundial que estábamos sufriendo. Mi hermana como de costumbre y sin ningún miedo de lo sucedido porque pensó que podría participar en algo medico, nos explico que los de su grupo, generaban anticuerpos frente al antígeno A y B, así como la presencia de características anticoagulantes en el grupo 0 (como el factor Von Willebrand), que lo hace el menos susceptible al virus.
    Ya era la mañana siguiente y todos los ciudadanos de 0 negativo, se dirigían a las bases militares en buses ofrecidos por el gobierno, ya que no querían desvelar la ubicación de estas bases, a ningún familiar de los pacientes elegidos.
    Era el último bus y se cerraron dos puertas enormes de inmediato, mi hermana un poco asustada preguntó al conductor a que se debía, este le dijo que era por la seguridad de ellos mismos. Una vez instalados convocaron a todos en un salón enorme sin ningún tipo de ventilación, pero mi hermana como de costumbre, decidió ir a investigar por todo el edificio. Pasaron las horas y se encontró con unos papeles que decían lo siguiente “ Señor presidente convocamos a todas estas personas, ya que su sangre es estrictamente necesaria para acabar con la pandemia que estamos viviendo. Estos serán ejecutados con bombas de gas tóxico nada más entren al salón de reunión. Muchas Gracias. Doctor Heinsburg.” Tras leer esto mi hermana corrió hacia el salón donde les convocaron y empezó a gritar que salieran de ahí que era una trampa e iban a morir, pero la gente la ignoraba porque una condición de que fueran era que les darían una gran suma de dinero a cada familia. Ella ya no sabia que hacer ya era tarde porque iban a cerrar el salón, pero de repente dio un grito de esperanza, ya que se acordó que mientras iba en busca de información por todo el edificio, leyó un artículo donde era posible crear una vacuna pero les faltaba un tipo de proteína para que fuese eficiente y ella como siempre decíamos “Tan fanática de la medicina”, se acordó de un documental que vio y se dio cuenta que la proteína que faltaba era la “fiserta” ya que tenía un compuesto que logra fabricar un patógeno resistente al virus que azotaba todo el planeta. Se dirigió al Doctor le explicó todo lo sucedido y estaba en lo cierto. Tras esto se creó la vacuna que salvó no sólo a todos los pacientes que iban a matar sino al mundo entero.

    Ensamblando una victoria

    Ensamblando una victoria

    Ensamblando una victoria

    Una infección arrasaba el cuerpo de una niña, una bacteria desconocida había ingresado a los tejidos duplicándose por medio de la fisión binaria, generando toxinas y enzimas dañinas a las células.

    Todas las células del cuerpo estaban nerviosas, el problema no se podía resolver, no les llegaba información para apoyar al sistema inmunitario, por lo que ellas continuaban con sus procesos habituales esperando que funcionase algo. Sin embargo, los macrófagos, los linfocitos, las células dendríticas y otras células defensivas estaban cayendo, las cosas no estaban funcionando, era evidente que necesitaban apoyo.

    Ni la ayuda externa, en forma de antibióticos, que recibía el cuerpo estaba funcionando, la situación se complicaba cada minuto.

    De repente una célula ayudante T, viendo que la infección era desconocida y que nada funcionaba, decidió incumplir los códigos del sistema inmunitario y pidió a todas las células del cuerpo que encontrasen una manera de detener a la bacteria que les estaba atacando, era una acción desesperada.

    Los doscientos tipos de células del organismo, recibieron el mensaje mediante enzimas de comunicación, se trataba de un proceso irregular, desesperado, se enfrentaban a una infección fulminante que podría llevarlas a la muerte, por lo que las células del cuerpo entraron en diálogo.

    Comenzaron a comunicarse todas sin excepción, desde las células de Merkel, los neumocitos, los enterocitos, los gametos, las células endoteliales, pasando por los hepatocitos, las células caliciformes, los adipocitos, los miocitos, neuronas y conos, entre otras, todas ellas exponían ideas y propuestas para enfrentar la extraña infección, sin encontrar una solución.

    En ese momento se unían al debate las células parietales, que plantearon una idea arriesgada: pedir ayuda a los bacteriófagos del estómago; significaba aliarse con los virus, pero no había opción tenían que intentarlo.

    Los bacteriófagos aceptaron y marcharon hacia los biofilms, intentarían encontrar cuál de ellos era compatible con la bacteria, bastaba solo uno. Muchas células dudaban que los bacteriófagos fuesen efectivos, no estaban seguras si alguno sería el adecuado y lograse acoplarse a la cepa bacteriana que les estaba atacando, pero no había opción.

    Bacteriófago tras bacteriófago intentaban acoplarse, hasta que “tic” ¡Uno se acopló! logró inyectar su material genético, con lo que forzó a la bacteria a hacer copias de sí mismo, luego de ensamblarse éstas produjeron endolisina, una enzima que degradó parte de la pared celular de la bacteria, por lo que ésta murió, ya que no puede vivir sin su membrana plasmática.

    Todas las células del cuerpo celebraron este momento, podían vencer la infección. Gracias a los bacteriófagos y su ciclo lítico pudieron lentamente destruir a las bacterias y parar la infección.

    Los bacteriófagos lograron eliminar la amenaza letal sin tener que dañar tejidos o células en el proceso y no hubo efectos colaterales, gracias a los bacteriófagos la niña se curó y salvó su vida.

    Las células del cuerpo entendieron que no todos los virus son malos, algunos nos ayudan en nuestra lucha contra las bacterias.

    Moonwatcher

    Entre tú y yo...¡Vaya si hay química!

    Entre tú y yo...¡Vaya si hay química!

    Recuerdo aquella historia de una joven que pensaba que lo inalcanzable era imposible, no sabré los detalles con certidumbre, pero la intentaré contar para vosotros. En la ciudad de Nometal- City se vivió la más peculiar de las historias de amor, pero para que una historia tenga sentido hay que empezar por el principio.
    En la calle 3-17 vivió la familia Cloro. Eran una familia normal, la señora Cloro, Clarinda, fanática del orden, el señor Cloro, Claudio, gerente en la fábrica de productos de limpieza y su hija, Chlorine, que la llamaban Clair, alumna del Instituto Nometal-Learning. Nunca desobedecía a sus padres, se levantaba temprano y se tomaba su rutinario desayuno de bocadillo rico en azufre acompañado de un delicioso zumo de argón. Clair era muy puntual y siempre llegaba a las 100 oC, además, siempre quería llegar temprano por alguien. Sodium, o Som, hijo de la familia Carbonato de Sodio.
    Desde los ocho y cuarto de años a Clair siempre le ha magnetizado Som, pero sus familias se llevaban como el agua y el aceite, o sea, ellos eran técnicamente incompatibles.
    Un día común Clair llegó temprano al instituto, entró a la clase de Historia de la Evolución Química, y se sentó en su asiento. La clase se fue llenando, pero ella solo prestaba atención a una persona, la cual no había llegado. Terminó la clase, recogió sus cosas y se fue a su siguiente asignatura, Educación Química, Clair la odiaba pues decía que un día de estos se iba a romper el único enlace que tenía, pero su consuelo era que Som siempre acudía a esa clase. Durante esta, el entrenador decidió que jugaran al Quemado, así que se dividieron por grupos, metales y no- metales y como siempre a Clair le tocó en el grupo de los no-metales, mientras que a Som le tocaba con los metales. Cuando el juego estaba llegando a su fin, Som tomó la pelota y la lanzó hacia Clair tan rápido que parecía sobrepasar los límites del MRUA, pero Clair logró atrapar la pelota, donde más tarde impactaría en la cara de Som, haciendo que Som se sobara la nariz, al verla este le dijo.
    - Creo que deberías llevar un cartel de peligro, Chlorine.
    El resto del día pasó bastante rápido y cuando terminaron las clases Clair salió del instituto para esperar a que la recogieran, pero para su mala suerte entre los tres metros de distancia que había entre el coche y ella, estaba Som. Avergonzada de antes quiso pasar desapercibida, pero los ojos de Som la atraparon y por largos segundos mantuvieron la mirada de las que corrientes electromagnéticas parecían irradiar.
    El resto de la tarde la pasó como si en una columna de aire se encontrara, pues la presión y los nervios que tenía de lo sucedido en el instituto no se los podía quitar de encima así que decidió salir al parque. Clair estuvo admirando los bonitos árboles de Fluor ya que durante esa época del año irradiaban un verde pálido precioso, además de que se comió su helado favorito, uno de O2 y H2O con doce virutas de Carbono, veintidós de Hidrógeno y once pepitas de Oxígeno. Más tarde decidió sentarse en un banco a descansar, pero el sueño le pudo y sin notarlo se durmió. Cuando despertó, en vez de encontrarse a un cielo nitrogeado encontró un par de esferas verdes mirándola como ya se habían mirado antes, con una intensidad y magnetismo que podrían haber provocado descargas eléctricas a cualquiera a un radio de un metro. Ambos parecían haber sido rociados por nitrógeno líquido, estáticos e inmóviles y con una mirada peculiar, entonces fue que los labios de Som se movieron para decir.
    - No sé tú, pero creo que entre tú y yo...¡Si que hay química!
    Y fue desde entonces que estos dos jóvenes empezaron su tan peculiar historia de amor. Desde entonces solo se sabe que juntos fundaron un pequeño pueblo al que llamaron Covalent City, donde todo tipo de familias convivían en paz. Las familias de Clair y Som hicieron las pases y ahora hacen comidas familiares todos los findes de semana, así que creo que la cosa no nos salió tan mal como esperaba, Som decía que nunca se llevarían bien pero yo nunca lo dudé. Ahora vivimos en nuestra propia casa, junto a un niño de 2 años y tres cuartos que nos está dejando agotados, pero ya nos lo habían advertido que los Cloros con los Carbonato de Sodio no suelen ser los más acertados, pero no cambiaría para nada mi familia, así que chicos, no olvidéis que todo lo inalcanzable es posible y que todo lo imposible es alcanzable, miradme a mí, quién iba a decir que entre él y yo....¡Vaya si hay química!

    Escapando de la Tierra:

    Escapando de la Tierra:

    En un futuro no muy lejano, año 2153 la humanidad está al borde de la extinción gracias al calentamiento global y a la falta de innumerables recursos. Toda la Tierra está sometida a altísimas temperaturas, el paisaje es desértico, y mucha fauna y vegetación está extinta. Los humanos viven a base de cultivos propios y bajo tierra, sin esperanzas de sobrevivir, ya que los planetas habitables, como Marte habían sido destruidos a causa de una oleada masiva de enormes asteroides que pasó por el sistema solar hace 30 años procedente de la nube de Oort, y que por suerte no afecto directamente a nuestro planeta pero sí afecto gravemente a la órbita de la Tierra ocasionando que esta se acercara lentamente más al Sol, toda la población que vivía cerca del ecuador tuvo que emigrar porque no había ningún recurso para sobrevivir. Mucha gente murió, aproximadamente el 20% de la población mundial, ya no existían fronteras ni países solo gente desesperada por sobrevivir. La gente enloqueció al pensar lo que les esperaba, morir asfixiados de calor. La esperanza nunca se perdió y la humanidad buscaba soluciones posibles para salvarse a contrarreloj, ya que habían calculado que a este ritmo no durarían mucho más de 5 años. Tenían una oportunidad y pocos materiales. Se barajaron bastantes soluciones como viajar al futuro, para eso tendrían que construir una gran nave que viajase a una gran velocidad pero sin superar la de la luz o acercarse con una nave a una gran gran cantidad de masa en un espacio muy pequeño, un agujero negro. Era posible pero no tenía mucho sentido: si viajasen al futuro encontrarían la Tierra desintegrada. Otra opción sería viajar al pasado: esta tenía buenas expectativas, el inconveniente es que era casi imposible con la tecnología actual. Había que sobrepasar la velocidad de la luz y de momento solo se había conseguido igualarla con algunas partículas cuánticas. Además, se necesitarían muchos recursos y había muchas posibilidades de fracasar. El tiempo pasaba, la humanidad estaba cada vez más desesperada, poco a poco menos confiada en poder sobrevivir. Debían escapar del Sistema Solar e incluso de la Vía Láctea, ya que no se detectó ningún planeta habitable cerca. Hasta que un día un prodigioso hombre recogiendo su alfombra observó que cuando la contraía se acercaba un extremo al otro extremo de la alfombra. Le contó a todo el mundo su teoría y se pusieron a estudiar que podría pasar si ocurriera este fenómeno en el espacio y el resultado fue inesperado: si expandes el espacio por detrás de ti y lo contraes por delante de ti no hay límite de velocidad, en principio podrías alcanzar la velocidad que deseases, sería usar el espacio como herramienta de propulsión. Siguieron investigando con la esperanza por las nubes y llegaron a la conclusión de que se podría hacer este motor de curvatura pero que solo tendrían una oportunidad para impulsarse hacia otra galaxia, totalmente desconocida, ya que se quedarían sin combustible durante la operación. A la Tierra le quedaba poco tiempo y no había otra opción más viable así que con ayuda de la mano de obra de muchas personas y gracias a la mecánica cuántica, que es la capaz de romper con los esquemas de la física conocida, construyeron este artefacto que al parecer les servirá para escapar. El motor de curvatura, 5 meses después de su invención, fue construido y preparado para viajar con toda la humanidad superviviente. Finalmente el motor de curvatura fue un éxito y realizó billones de kilómetros en un instante logrando llegar a otra galaxia donde ya la humanidad está eligiendo un planeta en el que habitar pacíficamente.

    ESCEPTICISMO

    ESCEPTICISMO

    - Me tienen harta. Se delatan continuamente, son unos ignorantes natos.
    - No te escucho bien.
    - Parecen gallinas sin cabeza siguiendo a un líder.
    - ¿Eso crees?
    - Eso creo. Si de verdad el planeta no deja de moverse a través del espacio a una velocidad vertiginosa, ¿cómo es posible que sigamos viendo las mismas estrellas que hace tres mil años?
    - ¿Va a seguir con esto, Txaika?
    - Aún no ha tenido el valor de responderme, señor.
    - Será que tengo miedo de quedarme sin argumentos ante usted.
    - ¿Y qué me dice del modelo de aceleración universal? Si la Tierra siempre viaja hacia arriba, eso explica el supuesto efecto gravitatorio que hace que nos peguemos al suelo… Dejando sin razonamientos a la idea que dice que la gravedad es la única fuerza que puede hacer que dos objetos se atraigan gracias a su masa.
    - Puede que le esté afectando a la razón la comida en lata.
    - Seguro que sí. Oye, si la Tierra rota sobre sí misma a una velocidad abismal, porque los aviones simplemente no se quedan en el aire quietos hasta llegar a su destino, si de por sí la Tierra ya se va a mover debajo de ellos.
    - Me está haciendo reír con sus ocurrencias, jefa. Nosotros y todo lo demás -incluyendo aviones- giramos con la Tierra. Por lo tanto, la aeronave se mantendría prácticamente en el mismo sitio donde se elevó en un inicio, y su mágica teoría, quedaría destruida por razones físicas en un parpadeo de ojos.
    - No voy a ceder en el objetivo de hacerle cambiar de opinión.
    - Está en su potestad intentarlo, pero creo que ha escogido a la persona menos indicada para gastar sus esfuerzos. El movimiento terraplanista confirma la pérdida del prestigio social de la ciencia, no quiera formar parte de ese desperdicio de mentes con potencial.
    - Falacias. Que pérdida ni que desperdicio. Sígase creyendo como un bobo con los ojos vendados todo lo que los políticos y los altos cargos nos quieran hacer creer. Con tanta estupidez y tan pocas mentes lucidas vamos a extinguirnos solos antes de que lo hagan ellos.
    - Puede ser, pero dudo que sea porque la Tierra sea plana. ¿Ha echado un vistazo a la ventanilla que tiene al lado?
    - Nada que ver. ¿Está visionado esas barreras blancas que cubren nuestro planeta?
    - ¿Se refiere usted a la Antártida?
    - Preferiría llamarlo: el límite de la Tierra, un gran muro de hielo impenetrable.
    - ¿Y qué hay detrás de ese muro?
    - Nadie sabe a ciencia cierta lo que hay más allá de ese muro que nos aísla. Lo que si le puedo explicar es una leyenda -que no le puedo corroborar-.
    - Le escucho, aunque, hable más fuerte, hay interferencias.
    - Hay rumores que dicen que los nazis llegaron a cruzar los muros blancos por unos túneles y, lo que descubrieron es un secreto guardado con confidencialidad extrema.
    - En resumen, usted me afirma que la Tierra es un simple disco plano que flota en el espacio.
    - Suponiendo que el espacio tampoco es una mentira, sí.
    - ¿Y qué nos tienen encarcelados mediante unos bloques de hielo, los cuales los humanos más miserables conocemos como “Antártida”?
    - Veo que lo va entendiendo, Bikovski.
    - Le aprecio mucho, Valentina.
    - No me lo demuestra si sigue tratándome de necia.
    - Usted es muy inteligente, ¿se lo han dicho nunca?
    - No mucho, señor Valeri. ¿No se ha dado cuenta de cuál es mi sexo biológico?
    - No recuerdo en que parte de la normativa rusa se especifica que ser mujer te excluye de la perspicacia y el talento connatural.
    - A las mujeres aún nos quedan muchos quilómetros por recorrer, amigo. Muchos más que los que vamos a hacer nosotros dos subidos en estas cosmonaves tripuladas.
    - No le parece bonita la Tierra desde aquí arriba?
    - Muy bonita. Y muy redonda, ¿no le parece?
    - Veo que ya no intenta convencerme.
    - Tiene su gracia que dos astronautas subidos en tripulaciones entren en un debate tan absurdo.

    Suena la radio. Habla un ingeniero.
    - Vostok 6, ¿me recibe?
    - Afirmativo, señor. Le habla Valentina Tereixkova.
    - ¿Está en su señal de radio el señor Valeri Bikovski, tripulante de la nave Vostok 5?
    - Así es, señor. Halcón esta a cinco quilómetros de mi nave, hemos estado tertuliando. Lo hemos conseguido. Hemos alcanzado el récord.
    - Des de la central les enviamos nuestras más enhorabuenas por su trabajo. Felicitaciones.

    Valentina se vuelve a conectar por radio con Valeri.
    - ¿Va a exponer su reciente descubrimiento sobre la verdadera silueta de la Tierra cuando lleguemos, compañera? -pregunta Valeri-.
    - Cuando los astros se alineen, querido -declara Valentina riendo, primera mujer en viajar al espacio-.

    Las naves de Valentina Tereixkova y Valeri Bikovski se aproximaron a una distancia de casi cinco kilómetros -el punto más cercano conseguido en el vuelo- donde pudieron establecer contacto directo por radio.

    Experiencias matemáticas

    Experiencias matemáticas

    Esta historia comienza el día que, dos hermanas del tipo “A”, y dos hermanos gemelos del tipo “B”, se conocieron en la bolera en el punto (2, 3) un viernes cualquiera.
    La ciudad lineal era compleja y sencilla al mismo tiempo. Estaba perfectamente organizada y dividida en cuatro cuadrantes denominados comúnmente como: primer, segundo, tercer y cuarto cuadrante.
    Era el día perfecto, el cielo estaba pintado de un color azul pastel que no dejaba de tener brillo, y las pocas nubes que tenía eran de un espumoso y blandito blanco. Las gemelas “A” entraron al local dispuestas a despejarse después de llevar toda una mañana estudiando sus respectivas carreras en la Universidad, pues, por fin habían acabado sus exámenes y querían salir para celebrarlo.
    La mayor de las hermanas – aunque por pocos segundos –, Amaia, explicaba el funcionamiento y las reglas de aquel juego a su gemela Alicia, ya que era su primera vez.
    En el momento de pedir el inicio de la partida al dependiente, un pequeño
    inconveniente surgió. Dentro del primer cuadrante de la ciudad se había extendido la costumbre de entrenar la mente y su rapidez, por lo que todos los sitios públicos de ocio necesitaban una clave dada por un ejercicio para poder utilizarlos.
    Las hermanas “A” necesitaban resolver un complejo sistema de ecuaciones con logaritmos, el cual les estaba costando resolver. Amaia miraba su papel lleno de operaciones como si se fuera a solucionar el problema por arte de magia, y Alicia trataba de convencer al dependiente para que les dijera alguna pista.
    Ya desesperadas, estuvieron a punto de rendirse, hasta que, casualmente, entraron al local los gemelos “B”, Bruno y Blaise. Los amables gemelos se ofrecieron a ayudar a las chicas, y si no hubiera sido por la colaboración de todos no hubieran logrado comenzar su tan deseada partida.
    El dependiente los miraba con cierta expresión de desprecio, ya que los distintos tipos de letras no se debían arrimar siquiera. Desde la aparición de la notación algebraica en el 1637, las letras nunca se habían juntado entre sí, puesto que se veía como algo anti-natural.
    Aún así, todos pasaron una tarde inolvidable y muy divertida, pero todavía no sabían lo mucho que cambiarían sus vidas por tan simple acto.
    Antes de irse del local y despedirse, se dieron sus números de teléfono para quedar otros días los cuatro juntos, pues se habían caído muy bien entre ellos.
    Y tal y como dijeron aquel día en la bolera, empezaron a quedar mucho más seguido, pasando por experiencias como ir a parques de atracciones, hacer acampadas en la playa, viajar al mundo de la química y la física... A tantos lugares de ocio habían ido que ya se sabían de memoria la respuesta de algún que otro ejercicio.
    Tanta confianza llegaron a tener, que se empezaron a enamorar, pero para ellos era muy inquietante el hecho de pensar como les miraría el resto.
    ¿Qué pensarían los demás?
    Tanta inseguridad les causaba esto, que no fue hasta varios años después cuando se atrevieron a mostrarlo al mundo. Amaia y Bruno decidieron dejar de esconder más su relación, en cambio, Alicia seguía teniendo cierto miedo a contarlo, por lo que Blaise decidió respetar su decisión y esperar hasta que la chica estuviera lista.
    Llegó el momento en el que la existencia de ambas relaciones fue conocida en todo el reino matemático, pues eran famosas por su extraordinariez.
    El amor entre aquellas singulares letras fue creciendo con los años, por lo que uno de los acontecimientos más grandes de la historia matemática estaba a punto de suceder. Las respectivas parejas celebraron una boda conjunta en la que pudieron prometer su amor eterno. Se celebró en un campo al aire libre con pocos invitados, solo las familias de las respectivas letras.
    Apenas un año después fue cuando ocho nuevas vidas llegaron a este mundo. Amaia y Bruno tuvieron dos hijas del tipo “B” y dos hijos del tipo “A”, al igual que sus gemelos unos años más tarde.
    Por lo que, según el ADN, y si las reglas de la biología no fallan, aquellas cuatro nuevas letras eran hermanos.
    —¡Una de esas letras soy yo! ¿No? –preguntó mi hija.
    —Así es, Beatriz. Tu padre y yo, junto con tus tíos, conseguimos demostrar al mundo en 1654 que los distintos tipos de letras se podían juntar.
    —¿Por qué antes lo veían como algo extraño? –preguntó uno de mis hijos.
    —Supongo que no estaban acostumbrados. Lo importante de la historia que os acabo de contar, es que, vosotros, formáis también parte de una nueva igualdad algebraica... Las identidades notables.
    —¡Bien, somos famosos! —bromeó el más pequeño.
    Y así, es como una familia de letras diferentes consiguieron sumar respeto, restar prejuicios, dividir las críticas y multiplicar el amor.

    Explicación paradójica e incoherente del inicio del cosmos.

    Explicación paradójica e incoherente del inicio del cosmos.

    “La materia le ganó la partida a la antimateria. Eso lo sabe todo el mundo con un mínimo de conocimientos sobre Física. Pero aquí la pregunta que se hacen una y otra vez los científicos es: ¿Por qué? ¿Qué causó esta superioridad numérica en las partículas de materia sobre sus antipartículas? El objetivo de esta misión es responder todas esas preguntas y muchas más: ¿Cuál fue la primera partícula? ¿A qué ritmo se fue enfriando? ¿Cómo se fueron agrupando los quarks para formar protones y neutrones y con ellos los primeros núcleos atómicos? Ahora lo descubriremos, cambiaremos la historia de la humanidad con una misión, incluso más importante que el primer viaje a nuestro satélite en 1968.”
    Mientras estos pensamientos invaden mi mente, comienzo a sentir un cosquilleo muy fuerte en el estómago y un nudo en la garganta. Estoy más asustada que emocionada ¿Saldrá bien o volaremos todos por los aires? Mi compañero me toma de la mano y me dice:
    -No te preocupes, todo irá bien.
    Sabiendo como sé que esta frase no significa nada, aun así me siento un poco reconfortada.
    Entonces, escuchamos por la radio situada al lado de los controles de la nave:
    -Hoy, 28 de octubre del año 3221, está a punto de iniciar el primer viaje a través del tiempo con la primera máquina del tiempo, el Eureka 1, tripulada por los dos trabajadores voluntarios mejor cualificados del CERN, y que tiene como combustible antimateria. El viaje al punto donde comenzó la creación del universo, con un margen de error de 6 nanosegundos, iniciará en 10 segundos, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1…
    Entonces lo que veíamos hace un instante por las ventanas del Eureka 1 se desvanece y llegamos al momento del Big Bang. En este momento nos encontramos en un punto muy delicado del universo (que aún no es universo, recordemos), ya que la expansión del universo y la singularidad conviven en superposición cuántica.
    Al aparecer nosotros las dos opciones colapsan y (al menos en el universo del cual soy consciente) se puede ver cómo comienza la expansión de éste.
    En el termómetro que indica la temperatura exterior se puede ver cómo está desciende a una velocidad vertiginosa. En una centésima de segundo ya hemos registrado en la base de datos diez mil millones de grados Kelvin. 0,11 segundos más tarde se registra una temperatura muy distinta: 30.000 millones de grados Kelvin. Un poco después del primer segundo del universo (concretamente 1,09 segundos), ya nos encontramos a diez mil millones de grados. La densidad de la energía también disminuye a pasos agigantados. Miro el cronómetro: llevamos 13,82 segundos de universo y la temperatura es de 3000 millones de grados. El detector de partículas indica que se empiezan a formar núcleos estables como el helio.
    Vuelvo a mirar el cronómetro de alta precisión de la nave. Han transcurrido ya tres minutos y dos segundos. Mi compañero me mira sonriendo y me pregunta:
    -¿No crees que es increíble que hayamos sido los primeros humanos en presenciar los tres primeros minutos del universo? Es increíble que la ciencia haya llegado tan lejos.
    Entonces, una idea perturbadora me asalta, mi rostro se tiñe del color de la ceniza y un sudor frío me recorre el cuerpo.
    -Hay una cosa que no entiendo: ¿Si hemos sido los observadores que han provocado el colapso de las dos opciones en la superposición en la que se encontraban la singularidad y la expansión en ese momento, como es posible…? O sea, si no hubiésemos viajado al pasado, no habríamos provocado la creación del universo, por lo cual, tampoco se habrían podido crear los núcleos atómicos, y todas las partículas, y las estrellas, en las cuales también se han creado el resto de elementos, sin los cuales no podrían existir los planetas, como la Tierra, ni se habrían formado galaxias… En resumen, que si no hubiésemos viajado al pasado no habría existido nuestro planeta, por lo que no habría aparecido vida, entre ella los humanos, los cuales hemos inventado la máquina que ha permitido la creación del universo, sin el cual no podrían haber existido los humanos, que no podrían haber inventado la máquina que permitiese la creación del universo…

    Federico Y La Naturaleza

    Federico Y La Naturaleza

    Érase una vez un niño llamado Federico Du Costa, que se crió en un pueblo de Galicia, apartado de todo, con sus padres, sus abuelos y su hermano, Sergio.
    Federico, aunque todos en su pueblo le llamaban Fede, era un chico singular muy estudioso y también educado. Le encantaba el deporte y la naturaleza, siempre estaba sacando fotos a flores o plantando árboles y os preguntareis, ¿Por qué le encantaba tanto la naturaleza? porque su abuela tenía un vivero y desde pequeño le inculcó el amor por las plantas, animales, flores, etc.
    Su hermano no compartía ese sentimiento hacia la naturaleza del mismo modo que Fede. Pero sabían de la importancia de la naturaleza para el planeta Tierra.
    Un día, Fede iba caminando porque su madre le había mandado a comprar el pan y de repente, vió una flor que resaltaba, tenía colores muy vivos, a Federico le pareció la flor más bonita que hubiera existido jamás y se propuso que esa belleza no debería desaparecer jamás. Se puso manos a la obra para que nada ni nadie pudiera estropear esa preciosa flor, fue a casa a por agua, abono y todo lo que necesitaba para poder cuidar a esa preciosa y única flor.
    Cuando llegó a donde se encontraba esa flor, se frotó los ojos, alucinado de lo que estaba viendo, la flor había crecido y tenía otro color muy distinto al que él había visto la primera vez, otro color que no había visto antes y era mucho más bonito que el que tenía el otro día. Federico no pudo hacer lo que tenía previsto porque las horas se pasaron volando contemplando la flor, por lo tanto, se fue a su casa.
    Al día siguiente Federico tenía mucha intriga de lo que la habría pasado a la flor, y el día se le hizo muy largo hasta que, por fin salió del colegio y se dirigió hasta la ubicación de la maravillosa y extraña flor. En el camino no se percató de que estaba atravesando un paisaje precioso, con prados, cascadas y vacas pastando, para él era lo más normal, ya que en Galicia hay muchas vacas y el paisaje es muy verde. Federico se quedó impresionado con las vistas, cada vez le gustaba más pasar por allí, pero se concentró en lo que más quería ver, la flor.
    Cuando llegó se quedó más impresionado que los otros días, la flor no había crecido, tampoco había cambiado de color. A la derecha de la flor había crecido otra flor igual de bonita. Fede no se lo pudo creer y la sacó una foto para investigarla más a fondo en la Biblioteca. Pero tenía un problema, en su pequeño pueblo no había biblioteca, por lo tanto, tuvo que ir andando hasta el pueblo de al lado, aproximadamente a veinte minutos de su pueblo, que por cierto se llamaba Teixeira.
    Una vez en la biblioteca, Federico tuvo que esperar a que su reloj marcara las cuatro de la tarde, en la puerta estaba pegado un gran cartel blanco con letras negras que decían, “Biblioteca cerrada hasta las cuatro de la tarde”. Federico miró su reloj y marcaba las tres y media, así que tuvo que esperar sentado hasta que abrieron y en ese momento se dirigió a la sección especializada de flores y plantas interesándose por tres libros, a los que añadió dos comics para su hermano.
    Cuando Federico llegó a su casa empezó a leer los libros, no eran interesantes y tampoco contenían lo que él estaba buscando, así que fue donde estaba la flor y empezó a tocarla. La flor era suave como la lana, a Federico le gustó el tacto y de repente algo crujió, Federico echó un paso atrás asustado por el crujido y de repente la flor empezó a abrirse hasta salir un fruto, parecido a una naranja, pero con un color que tampoco había visto nunca. Federico todavía estaba preguntándose de donde había venido ese crujido, volvió a fijar sus ojos marrones en el fruto, que cada vez era más bonito y ¡CRAC! El fruto cayó al suelo, Federico lo cogió y lo abrió, dentro no se parecía en nada a una naranja, porque estaba hueco, solo había una pequeña bolsita con un líquido, cogió la bolsa y la metió en su huerto, a los dos días había un gran árbol en cuyas ramas brotaban flores iguales a la que había descubierto Federico. Todo esto, llamó mucho la atención a la gente del pueblo y alrededores, atrajo a muchos biólogos que tras numerosas investigaciones descubrieron una nueva especie de árbol con los mismos frutos que Fede había visto en el bosque, desde ese día esa nueva especie se llamó “Du Costa” en honor a Federico.


    Fuertes sensaciones

    Fuertes sensaciones

    Blanco. Eso es lo primero que veo al abrir los ojos. Un sol deslumbrante me ciega por completo. Noto los pies mojados, la espalda también. Estoy tumbada en la arena húmeda. Vuelvo a cerrar los ojos y me quedo escuchando el rumor de las olas al romper en la orilla. El viento fresco me acaricia la cara y me revuelve el cabello, también mojado y lleno de tierra. Podría estar así durante horas.

    De repente oigo pisadas, pasos apresurados que se dirigen hasta donde estoy yo. Me incorporo rápidamente. Me fijo entonces en cómo voy vestida, con un atuendo claramente militar. La persona que se dirige hacia mí también es un soldado, que comienza a gritarme. Al principio no entiendo qué intenta decirme, aun estoy demasiado asombrada por todo lo que me rodea como para concentrarme en sus palabras. Sin embargo, cuando llega hasta mí, me agarra fuerte del brazo y me saca de mi ensoñación.

    —¿Dónde te habías metido? ¿Estás bien? ¡Tenemos que irnos, ya viene! —el suelo comienza a temblar, y a lo lejos se escucha un rugido aterrador.
    —¿Cómo… qué ha pas…?
    —¡El experimento ha salido mal, han logrado reconstruir el ADN, pero no han podido controlarlo y ahora está suelto! ¡Deprisa, nos va a alcanzar! —miro hacia el lugar del que proviene el ruido y veo los árboles agitándose violentamente. Aún sujetando mi brazo con fuerza, el soldado tira de mí y comenzamos a correr, tan rápido que todo a mi alrededor se vuelve borroso.


    No puedo más, me asfixio, necesito parar, coger aire, respirar. No sé cuánto rato hemos estado corriendo, no sé donde estamos, pero el temblor inicial de la tierra es ahora un sordo retumbar que lo envuelve todo. Noto cómo me fallan las piernas y caigo al suelo, incapaz de seguir en pie. Mi compañero se detiene y me mira por encima del hombro. Hace ademán de ayudarme a levantarme, pero entonces levanta la cabeza y su mirada se posa en algo gigante, justo detrás de mí. Cada centímetro de su cara se contrae en la más pura expresión de horror que he visto nunca. El miedo se apodera de mí. Aún tirada en el suelo, con el corazón latiéndome a mil por hora, giro la cabeza lentamente y mis ojos se encuentran con la criatura. Es gigante, aterradora, una enorme masa de escamas verde pardo y afilados dientes que destellan con la luz. Las patas traseras son musculosas, en contraste con los cortos brazos delanteros, pero todas sus extremidades terminan en robustas garras; y la larga cola se agita de un lado a otro mientras el dinosaurio se aproxima terroríficamente hacia mí, rugiendo, la mandíbula abierta de par en par.

    Entonces lo comprendo: no tengo escapatoria. La ansiedad se apodera de mí, la presión en mi pecho es insoportable, me zumban los oídos, las lágrimas se deslizan por mis mejillas, y cierro los ojos, aguardando el fin, con cada detalle de aquel monstruo grabado en mi retina… Y todo se vuelve negro.


    FIN DE LA SIMULACIÓN —unas letras rojas aparecen de la nada sobre el fondo oscuro.

    Entonces noto cómo unas manos me ayudan a despojarme del prototipo del casco y el traje. Al mirar a mi alrededor, reconozco las caras de todos los científicos, ingenieros, desarrolladores, médicos y demás personal que a lo largo de los últimos años ha trabajado conmigo para hacer realidad lo que acaba de ocurrir. Una de ellos, la líder del proyecto, se acerca a mí con una gran sonrisa en la cara y me pregunta —¿Y bien? ¿Cómo ha sido la primera experiencia en ultrarrealidad virtual hipersensorial con maxidetalle, desarrollada con la tecnología más avanzada que existe en todo el planeta, y diseñada para no ser capaz de distinguirla de la realidad?

    —Ha sido… —jadeo, aún no he recobrado el aliento —Ha sido increíblemente real.

    Gigante y las pequeñas Tyche y Ate

    Gigante y las pequeñas Tyche y Ate

    Hace 50 años, el azar unió eternamente a un gameto femenino y otro masculino. Las células totipotentes de ese cigoto originaron la mórula cuyas células pluripotentes formarían los diferentes tejidos. Estas células pluripotentes recibieron clases de sus progenitoras, las células totipotentes, quienes les enseñaron su futuro comportamiento.

    Tyche y Ate fueron dos células pluripotentes que establecieron una profunda amistad y decidieron buscar un nuevo nombre para el ser humano que las albergaba, pues mórula no les sonaba bien. Decidieron llamarle Gigante, ya que ellas se veían a su lado muy pequeñas.

    Gigante alcanzó su segundo mes de desarrollo, empezando a diferenciarse sus tejidos y órganos. Ese mes también fue trascendental para Tyche y Ate, ya que acabaron su formación académica y debían elegir su futuro laboral. Tyche se decantó por diferenciarse hacia un hepatocito y formar el hígado. Ate, a quien le encantaba la bioquímica, decidió convertirse en célula pancreática para producir tanto jugo pancreático como hormonas. Aunque eligieron vidas diferentes, siempre mantuvieron el contacto mediante el sistema circulatorio de Gigante, que a modo de internet, transportaba los mensajes que ambas se cruzaban.

    A los nueve meses, Gigante vio por primera vez la luz del mundo. Pronto fue adolescente y empujada por sus amistades, comenzó a fumar. Gigante estaba, a través de sus pulmones, introduciendo en su torrente sanguíneo muchas sustancias nocivas, algunas cancerígenas. Tyche y Ate recibían también esas sustancias mediante el sistema circulatorio. Ate, más irreflexiva, decidió captar de los capilares el benzopireno, una de las múltiples sustancias nocivas del tabaco fumado. Disfrutaba consumiéndolo ya que le inducía un estado placentero indescriptible. Pronto le contó a Tyche esa experiencia.

    Tyche enfurecida le recriminó y preguntó retóricamente a Ate: “¿Acaso no recuerdas la clase donde nos explicaron los peligros de esas sustancias?”. Tyche le apostilló: “Sabes Ate, el benzopireno puede entrar en tu ADN, alterándolo y haciendo que produzcas células atípicas que se multiplicarían incontroladamente, dañando a otros órganos y finalmente ocasionando la muerte de Gigante, quien nos alberga , alimenta y protege” .

    Ate prosiguió su adicción al benzopireno, lo que le supuso perder la amistad con Tyche. Paso mucho tiempo, pero un día Ate engendró unas células hijas atípicas que se multiplicaban incontroladamente. Lejos de comunicarlo al sistema inmunitario de Gigante para que las destruyera, las ocultó y protegió, para que así nadie descubriera su adicción. Pronto esas células atípicas destruyeron gran parte del páncreas, incluida a Ate y extendiéndose rápidamente por el sistema linfático provocaron metástasis en otros órganos.

    Gigante empezó a sentirse muy cansada, había perdido bastante peso y apetito. Acudió al hospital donde le diagnosticaron un cáncer de páncreas; dejó de fumar, pero era demasiado tarde. Debido a la extensión de la enfermedad, el equipo médico solo le ofreció cuidados paliativos; le explicaron que si le administraban quimioterapia o radioterapia destruirían muchas de las células sanas de otros órganos de su cuerpo, por lo que fracasarían esos órganos, falleciendo antes.

    La doctora L era una médico residente de primer año y quedó muy frustrada al escuchar dicha información. Desde aquel instante, no hizo otra cosa que pensar en Gigante. Pronto recordó de sus clases de patología que el tumor por su origen pancreático debía tener receptores para la hormona S, y de sus tediosas clases de farmacología recordaba la existencia del análogo de la hormona S, un fármaco que se comportaba como dicha hormona. Su interés durante el bachillerato por la asignatura de biología, le hizo recordar aquello que un día le explicó su profesora respecto a la existencia de receptores específicos de membrana celular. Su inquietud como joven médico le había llevado a leer sobre el radiofármaco A, y recordó de sus clases de química en bachillerato que el principal elemento químico de dicho radiofármaco tenía una radiación de muy corto alcance. De pronto, los ojos de la doctora L lagrimearon y brillaron de alegría al unísono, puesto que pensó en unir el radiofármaco A, al análogo de la hormona S, y a ese nuevo medicamento resultante le llamó medicamento Esperanza.

    A la mañana siguiente, buscó al jefe de oncología para explicarle como su medicamento podía curar a Gigante ya que gracias a los receptores de membrana específicos, solo las células tumorales resultarían destruidas por el radiofármaco sin que se lesionaran el resto de células sanas de otros órganos. Su jefe quedó maravillado y solo le preguntó: “¿Por qué le has llamado medicamento Esperanza?”.

    La doctora L le contestó: “Porque es la única esperanza para Gigante” y continuó: “vamos rápido a farmacia para que preparen el medicamento Esperanza, no hay tiempo que perder”. Farmacia preparó el medicamento tal como ella lo indicó y se le administró a Gigante. En poco tiempo Gigante tuvo una curación completa, sus metástasis habían desaparecido, incluidas las que rodeaban a la maltrecha Tyche que así también sobrevivió.

    Hay golpes que llegan cuando menos te lo esperas

    Hay golpes que llegan cuando menos te lo esperas

    Me llamo Thomas y soy de Gran Bretaña. Vivir en un pueblo en el siglo XX no es precisamente cómodo. Necesito viajar a la ciudad a menudo por diversos motivos. Entre ellos, ir a un médico decente.


    Siempre he gozado de buena salud. A pesar de no haber recibido una educación como dios manda, me han enseñado lo suficiente para saber que una buena salud se basa en actividad física y comer regularmente. Camino durante una hora todos los días para ir a trabajar a la mina y es sabido por todos que la comida de pueblo es mejor que la de ciudad. Sin embargo, tras dos meses con molestias en el pecho, tos y dificultad para respirar, decidí que era hora de recibir ayuda médica. ¿Cómo era posible que me diagnosticaran cáncer de pulmón?


    El doctor me explicó que todavía no se sabe mucho acerca de aquella enfermedad. Que las zonas más comunes son los senos y el colon. No entiendo cómo puedo tener una enfermedad que suele afectar en los senos, en mis pulmones. Lo entendí cuando le expliqué al doctor mi día a día, y me dijo que inhalar los gases de la mina provocaba cáncer de pulmón. Nadie me dijo cuando empecé a trabajar que por pasar tantas horas en una mina te ocurrían estas cosas.


    El peor momento fue cuando me dijo que no existe tratamiento más que comer sano y cuidarme. Sin embargo, se están haciendo experimentos con radiación para ver su efecto sobre un tumor. En un futuro será una enfermedad curable. O al menos eso dijo el doctor. No entendí muy bien lo que dijo.


    “Doctor, ¿Cuánto tiempo me queda de vida? Quedan cuarenta días para navidad. ¿Crees que me va a dar tiempo?, es para saber si colgar las luces o colgarme yo.” Dije con un tono sarcástico. El doctor echó una carcajada.


    “Como mucho cinco años, así que le da tiempo a colgar las luces unas cuatro veces” Respondió. “Si hubieses venido tan pronto como empezaste a tener síntomas, habrías tenido más tiempo de vida.”


    Salí de la consulta maldiciendome por haber empezado a trabajar en aquella mina, por beber tanto alcohol. Siempre quise llegar a los sesenta, pero no va a ser mi caso. 


    Cuando mis compañeros de trabajo de la mina se enteraron que la causa de mi enfermedad fue inhalar los gases de la mina, la mitad dejaron el trabajo y se hicieron pescadores. Al menos mi enfermedad evitó que otras muchas personas padecieran esa enfermedad en un futuro.


    Además, toda mi familia se cuida más desde que se dio cuenta de que un cáncer le puede llegar a cualquiera. Especialmente si eres yo, que me pasa todo lo malo. 


    Mi mujer, que se preocupa por mí, intentó ayudarme.


    “¿Por qué no pides ayuda a la sanadora del pueblo? Dicen que su brujería cura enfermedades”. Entonces mi hija que está deseando recibir la herencia intervino.


    “No le hagas caso papá, no vayas que te van a acusar de brujería. Un día le ves mintiendole a pobres desgraciados sobre curas milagrosas y otro día la ves calcinada en un palo. Todas acaban igual.” Dijo la malnacida de mi hija.


    Supuse que no tenía nada que perder, así que fui. La sanadora vivía en una cueva. Entré y la vi removiendo algún tipo de líquido en un caldero. Qué original.


    “¿Qué estás haciendo? ¿Una pócima para mantenerte joven?” Pregunté sarcásticamente.


    “Más o menos. Se llama puchero, ¿Quieres tomarlo conmigo?”


    Nos sentamos a comer. Le expliqué mi situación.


    "Todas las enfermedades pueden curarse con las habilidades necesarias. He curado personas en una peor situación y he hecho milagros. No hagas caso a los doctores, no quieren que la magia se use para ayudar a las personas como usted para usar las técnicas médicas que nadie entiende y sacarte todo el dinero." Me explicó intentando convencerme perspicazmente.


    No sé hasta que punto es verdad lo que afirma, pero si es capaz de ayudarme valdrá la pena seguir hablando con ella.


    “Serán veinte libras para librarte de cualquier enfermedad, y cuarenta si quieres gozar de una buena salud.” Dijo comerciando sus poderes.


    “Señora, me sale más barato morirme.” Dije, me levanté y me fui. Esa mujer tenía pinta de ser una estafa como una casa.


    Así viví los últimos años de mi vida. Me consuela pensar que en un futuro habrá la tecnología necesaria para curar esta enfermedad. Me consuela aún más no haber gastado dinero en esa estafadora, que más tarde resultó ser un fraude. El puchero estaba muy bueno, todo hay que decirlo.


    La noche de mi muerte soñé con un futuro lejano. Ángeles con batas de doctor ayudaban a personas como yo. Ningún humano tendrá que pasar por lo que yo pasé por haber nacido en mi época.

    HAY VIDA EN EL ESPACIO

    HAY VIDA EN EL ESPACIO

    ¿Recuerdo algo de lo que ha pasado? ¡Pero si ni siquiera tengo cerebro! No puedo recordar nada. Eso es cosa del telencéfalo de los mamíferos. Yo no soy un mamífero. Algunos ni dirían que soy un animal terrestre. Pero lo soy. O al menos lo era. Porque ahora estoy suspendido en el espacio, en un estado de criptobiosis, o cuasi-vida como algunos dirían. gracias a un proceso de deshidratación por las IDPs* que codifican mi genoma. El porqué de mi estado actual no puedo decirlo, no porque no quiera, sino porque, como ya he dicho, no tengo cerebro. Pero tengo un sistema nervioso, sí. Así que puedo sentir el frío del espacio y las condiciones extremas a las que estoy sometido. Por eso, yo junto con mis otros compañeros de viaje estamos en algo que los humanos dirían como una hibernación, pero extrema. Es curioso cómo los humanos se intrigan con nosotros, con nuestra fisonomía o con nuestra capacidad de sobrevivir en los lugares más recónditos de la Tierra. Debe ser por esa curiosidad humana por la que ahora estoy aquí. Debe ser también por lo que muchos de mis compañeros están en laboratorios, con humanos esperando que su genoma sea la solución para muchas de las enfermedades que azotan a esa especie. Probablemente los Homo sapiens se estén preguntando si los que estamos aquí, en el espacio, seguimos vivos. Al menos la población de seres bípedos que van con el conocimiento por bandera sí que lo hacen, porque seguro que hay gente que ni sabe que nosotros existimos. Pero lo hacemos. Somos eucariotas, animales, eumetazoos, protóstomos, ecdisozoos y del taxón Panarthropoda. Somos, probablemente, la única forma de vida en la Luna de la que los seres humanos tengan constancia. Somos los tardígrados.

    *IDPs: Proteínas Intrínsecamente Desestructuradas

    Hermano de cables

    Hermano de cables

    Día 6 en el "refugio", los robots han invadido la ciudad al completo. Por ahora no han salido de aquí, pero me temo que les falta poco. Tienen suficiente inteligencia y desarrollo como para salir de la cúpula. Sí, el gobierno puso una cúpula alrededor de la ciudad para que el caos y la destrucción no se extendiera fuera de ella.
    Os estaréis preguntando cómo pasó. De hecho creo que tengo parte de la culpa. Todo comenzó hace 34 días, cuando recibí una carta que decía que estaba convocado a las instalaciones más grandes de inteligencia artificial que existían hasta el momento. Se situaban a unos 513 km a las afueras de mi ciudad natal, Bright Town. La verdad es que no sé si quedará algo. Tal vez algún que otro edificio que todavía no haya sido derribado, aunque pronto habrá otro montón de escombros.
    No sé como estará todo ahí fuera, hace seis días que no salgo al exterior. Solo he visto las noticias de los primeros días. Cuando me refugié, dejé de tener señal y no he podido obtener mucha información acerca de lo que está pasando. Oí mi nombre pronunciarse varias veces por los medios. Me echaban la culpa por programar un robot que acabó arrasando todo a su paso, pero no fue así.
    Cuando fui a la IEIA (Instalaciones Épsilon de Inteligencia Artificial) me dejaron programar a mi gusto un robot. Siempre he estado obsesionado con poder tener mi propio androide y durante trece años he estado diseñando y desarrollando un software de Libre Albedrío para integrarlo en su sistema. Insertaron sin problema mi software en el programa del ser con inteligencia artificial. El diseño también fue fácil, tenía pensado un prototipo pero estaba dibujado a mano. Ellos lo mejoraron y lo crearon. Pero todo se torció cuando me lo quisieron quitar.
    Después de mi estancia allí, tuve que volver a Bright Town. Quería llevarme conmigo a Altron, pero me lo prohibieron, dijeron que no era más que un prototipo y que pertenecía a la IEIA. Intentaron desprogramarlo pero no pudieron. Hicieron de todo. Lo reiniciaron, le quitaron mi software, le borraron los programas... pero todo fue en vano. Altron guardaba todo en su memoria y restauraba todo aquello que era borrado.
    De ese modo, Altron quiso vengarse de ellos. Como tenía integrado mi sistema de Libre Albedrío, tomó la decisión de vengarse de todas las personas responsables de nuestra separación. Pero no quiso hacerlo hasta que yo estuviese con él. Yo ya me había marchado hacía mi ciudad: me obligaron a irme. Arrasó la ciudad con un ejército de robots que él mismo reclutó para encontrarme.
    Una semana después de que volviese a casa, se desató el caos.
    Evacuaron a todos o a casi todos los ciudadanos, pero como Altron iba a por mí, decidí voluntariamente resguardarme en el sótano de mi casa. Os preguntaréis cómo es que los robots no pueden encontrarme aquí. La cosa es que las paredes están hechas de un metal tan grueso que no entra ninguna señal electromagnética. Por eso no tengo radio. Y es imposible abrir la puerta desde fuera: tiene un mecanismo de sellado interno y hermético por lo que, si los robots me encontrasen, cosa que es imposible, no podrían entrar.
    El caso es que los robots están rompiendo la cúpula y me temo que pronto se abrirá una brecha enorme en lo alto de la semiesfera y por ahí saldrán todos los androides retenidos. Me he dado cuenta de la rotura porque he subido a la cocina a por más provisiones y entonces he decidido escribir esta carta. Quiero que después de mi sacrificio todos sepan la verdadera historia. Sí, así es. Me sacrificaré por el bien de la humanidad. Como ya he dicho los robots quieren vengarse de la empresa IEIA por prohibirle estar conmigo y para ello arrasarán con todo el que los retenga. No quiero que por mi culpa, (aunque yo no diría que es mi culpa sino de la IEIA) muchas familias inocentes pierdan sus propiedades y sus seres queridos por lo que me entregaré a Altron y le ordenaré ir hacia el sol. Pronto todo llegará a su fin. A mi hermano de cables y a mi se nos fundirán nuestros mecanismos. A medida que avancemos en la atmósfera las diferentes capas harán su trabajo. Para cuando lleguemos a la exosfera no quedará nada de nuestros circuitos.

    Adiós y lo siento.

    Peter Tomlinson FW-01

    28/09/2068

    Hilos de esmeralda

    Hilos de esmeralda

    Jiyū abrió las puertas del armario de su cocina y observó los diferentes tipos de café que contenía. La inundó un gran miedo. Hurgó en sus bolsillos. Menos mal que lo encontró. Sacó aquella pequeña máquina, introdujo los datos y calculó una respuesta: aquel día iba a desayunar un café con dos tercios de leche hecho a partir de Coffea canephora. Jiyū se tranquilizó al saber lo que debía hacer. Desayunó y continuó con su rutina. Al llegar a su dormitorio tuvo que volver a correr hasta la cocina buscando su pequeña calculadora. ¡Tenía que vestirse! ¿Cómo iba a saber qué ponerse sin la ayuda de aquella maravillosa máquina? No podía correr el riesgo de equivocarse. Sin embargo, cuando ya notaba el metal de los botones entre sus manos, las frías y brillantes curvas de los botones bajo sus dedos, se dio cuenta de que quería ponerse aquel vestido verde que tanto le gustaba. ¿Debía hacerlo? ¿Y si se equivocaba? Quizá la máquina decía lo contrario. ¿Y si se equivocaba la máquina? No, las máquinas no se equivocan. ¿Y el humano que las programa? No, son números. Pero quería lucir su vestido verde. ¿Quería lucir su vestido verde?

    Minada por las dudas, comenzó a recordar cómo era todo antes de aquellas máquinas que todo lo calculaban. Jiyū recordó cómo, desde pequeña, la habían enseñado que la Humanidad había querido describir la naturaleza en números, encerrar su esencia en fórmulas. Así lo habían hecho Arquímedes, Copérnico y Galileo. A estos les siguió Newton, que encerró entre sumandos el comportamiento de todo lo que se movía. Vinieron también otros como Maxwell y, por supuesto, Einstein, que consiguió ensanchar a la velocidad de la luz las dimensiones de aquellas prisiones. Entonces el ser humano creía que aquellos números conseguían hacerle comprender el mundo, los más osados decían que lo podían dominar. Finalmente, hacía sólo unos años, se publicó el hallazgo de Izanagi. Este explicó que todo lo que conocemos en el mundo físico responde a unas leyes. Por ello, toda situación es predecible de forma certera si se consigue determinar una ley lo suficientemente compleja para concordar con la complejidad de la realidad. Así que esto es lo que hizo: dejar atrás las fatuas probabilidades de Laplace. La ley de Izanagi permite responder a cualquier cuestión de modo que siempre se tome la mejor decisión. Rápidamente se incorporó la fórmula a unos pequeños aparatos que la ponían al alcance de todos.

    Cuando aquello ocurrió, muchos se sintieron sorprendidos e indecisos, algunos, más seguros que nunca y unos pocos quedaron profundamente preocupados. Los más confiados comenzaron a regir sus vidas según lo que indicasen esas máquinas. Pronto empezaron a tener un mayor éxito y a ser más competitivos, y su número creció tanto que, finalmente, todos los que querían seguir teniendo una vida normal tuvieron que imitarles Todos dejaron de hacer lo que querían y comenzaron a hacer lo que la máquina les indicaba. Se ahogaba el hombre entre las máquinas, pues la celda de los números había crecido tanto que le había engullido a él también. Moría Dionisos entre las manos de Apolo. Nadie tenía ilusiones más allá de sus cálculos. El corazón de los hombres se llenó con el único deseo de la máxima eficiencia.

    Así, entre el férreo oleaje de los números, creció en el corazón de Jiyū el deseo de lucir su vestido verde. Quería vestirlo aún si la máquina decía lo contrario. Aquellos números no eran más importantes que su deseo. Su deseo era tan profundo, su fuerza tan vivaz que ningún número podría interponerse.

    Jiyū se ciñó con fuerza la tela esmeralda y, abandonando la pequeña máquina con desprecio, se dirigió hacia su lugar de trabajo. Recorría las aceras de la ciudad con más fuerza que nunca. Orgullosa de sí misma e incluso avergonzándose de quién era antes de abandonar aquel malévolo dispositivo. Así, volaba sobre la calzada, observando cómo todos los que la rodeaban, cabizbajos, revisaban las indicaciones de sus dispositivos a la hora de tomar cualquier decisión. Sin embargo, al atravesar una carretera, los focos de aquel coche le iluminaron el rostro. Los testigos contuvieron la respiración. Los frenos chillaron por su esfuerzo. Al coro se unió la alarma del dispositivo que había quedado abandonada en el hogar de Jiyū. Este exclamaba que no vistiera de verde, pues se cruzaría con un hombre con una enfermedad visual que le dificultaba percibir este color.

    Jiyū murió, pero no lo hizo como el resto. Jiyū era la dueña de sí misma y el resto esclavos de unos números.

    INCONSCIENCIA

    INCONSCIENCIA

    Casi era la hora del cierre y no quedaba nadie en la pequeña librería del pueblo. Con delicadeza, Luke revisó las estanterías y colocó los libros que habían quedado descolocados ante el último grupo de clientes de la tienda. Se dirigió hacía la caja y vació el bote de propinas, colocando las monedas en su respectivo lugar. Una vez terminadas las ultimas tareas del día se acercó a la puerta y colgó el cartel de cerrado. Salió despacio de la tienda sacó las llaves del bolsillo y se giró para echar el cierre. Cerrando la puerta de la tienda, en el reflejo de los cristales, pudo observar lo que se abalanzaba sobre él, y antes de que pudiera hacer nada, todo se volvió negro.

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    El mundo ha cambiado. Se propagó rápido la noticia por todos los periódicos, telediarios y medios de comunicación. El caos se desató, miles de personas yacían sin vida en las calles a diario. Imágenes espantosas se difundieron por la red.
    Mientras el plástico era cada vez un problema mayor, los científicos buscaban soluciones desesperadas para poder frenarlo. Parecía que habían encontrado una posible efectiva solución, una bacteria que se alimentaba de plástico.
    Sonaba bastante bien la idea de que una simple bacteria pudiera alimentarse del gran problema que eran los plásticos a nivel mundial, pero algo salió mal. Experimentaban para clonar esa bacteria a una escala estratosféricamente mayor a la que se podía imaginar, algo que por supuesto iba en contra de las leyes de la naturaleza. Durante el experimento un incendió se expandió rápidamente por el laboratorio. Los científicos, aterrados, salieron corriendo sin control alguno y sin pensar ni siquiera lo que estaban haciendo. Las máquinas quedaron encendidas y debido a la sobreexposición a los rayos emitidos por dichos aparatos la bacteria clonó. Pero clonar no fue lo único que hizo, al hacer esto también evolucionó y se desarrolló sin control mutando y haciendo cambios en su genética, lo que hizo que pasaran de comer plástico a devorar todo lo que encontraban, incluidos los humanos. Los denominaban Devorahuesos.
    Desde ese día la población humana empezó a disminuir a gran velocidad, pasaron años en los que quien podía se resguardaba de estas bestias en pequeñas casas de campo, llegando incluso a habitar en cuevas. Como era obvio nada de esto les hizo invisibles ante los Devorahuesos, y poco a poco fueron encontrados y posteriormente devorados.


    Los científicos que quedaban desarrollaron unos aparatos que indicaban cuántos humanos quedaban en ese momento en la tierra y además detectaban si había algún tipo de movimiento cerca de ti. De nuevo, estos inventos solo sirvieron para alargar la vida de las pocas personas que quedaban, las cuales fueron muriendo debido a la edad, enfermedades, Devorahuesos…
    Una fresca mañana, el aparato de Connor emitió un pitido, había un Devorahuesos cerca, pero lo que más le llamó la atención fue el contador de humanos, el cual marcaba uno. Era el último humano en el planeta tierra y le acechaba un Devorahuesos.
    Cuando el último mamut cerró los ojos, no era consciente de que era el último de su especie y provocaría su extinción, tampoco eran conscientes el dodo, o la cebra de las llanuras, al contrario que Connor. Él, era consciente de que su muerte iba provocar la extinción de la humanidad y se sentía culpable de ello, una parte de la culpa había sido suya. No había hecho todo lo que pudo para no llegar a esa situación, así que, aceptó su destino y se dejó atrapar por el Devorahuesos que rondaba alrededor su hogar. Los humanos se extinguieron.
    La principal fuente de alimentación de los Devorahuesos estaba extinta, además estas bestias no tenían la suficiente inteligencia adaptativa como para ajustarse poco a poco a la nueva situación. Pocos años después los Devorahuesos se extinguieron y el mundo, tras millones de años quedó en paz.
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    Los arqueólogos han encontrado miles de objetos en el subsuelo que nos han ayudado a comprender nuestra historia. Hoy, encontraron una pared de acero con unos grabados que decían: ‹‹estamos destruyendo al planeta, frenemos el cambio climático››.
    Al escucharlo en el telediario, una pareja comentó la noticia:
    –Es curioso que pensaran que el planeta iba a ser destruido –dijo la hembra de una especie extraña.
    –Sí, –respondió el macho de una especie extraña –es casi tan curioso como que ese muro no estuviera hecho de plástico.

    Infinita y maravillosa ciencia

    Infinita y maravillosa ciencia

    Esa noche, Carlota había soñado con un mundo ya resuelto: un lugar donde nadie se planteaba nada y en el que no quedaba nada por descubrir.
    Todo el saber estaba recopilado y al alcance del ser humano, porque se había investigado todo y lo establecido como cierto era incuestinable. En aquella perfecta (¿?) realidad, el método ciéntifico era innecesario, y tampoco no existía la literatura de ficción, los únicos libros disponibles eran manuales de instrucciones. Carlota pensó que, sin duda, allí se había perdido la magia.
    Al despertar, la chica comprobó con felicidad que sus novelas favoritas seguían sobre la mesilla. Sin embargo, le pareció terrible que nadie le hubiese hablado jamás sobre la importancia de tener un mundo por descubrir. Decidida a tratar el asunto, salió hacia el taller de su tío Germán, con quien siempre compartía sus inquietudes.
    Mientras caminaba alegremente, se dio cuenta de que varias personas estaban comentado una noticia sobre un descubrimiento relacionado con futuros viajes al espacio exterior. No pudo evitar escuchar: "No es más que un pequeño avance que no servirá para nada", "Llevan años prometiendo un viaje al espacial pero seguro que ninguno de nosotros vivirá para verlo". Carlota, que siempre había querido ser astronauta, sintió un terrible escalofrío recorriendo su espalda. Le aterraba la idea de no poder cumplir su sueño, "Pero lo peor de todo", se dijo, "es esa gran desesperanza general, ¿por qué ya no confía nadie en los científicos e investigadores?"
    Perdida en sus pensamientos, llegó a su destino.
    Tras saludar a su tío, Carlota preguntó con impaciencia qué pasaría cuando todo estuviese descubierto. "La ciencia dejaría de existir, ¿verdad?".
    Su tío, sonriendo, respondió: "Es díficil de explicar, pero debes saber que la ciencia siempre acompañará al ser humano. Como dijo Max Planck, la ciencia es la progresiva aproximación del hombre al mundo real. Imagina vivir en un pueblo y visitar siempre el pueblo más cercano, si nos mudamos a ese pueblo, entonces tendremos que visitar el nuevo pueblo más próximo. Así, iríamos recorriendo nuevos pueblos infinitamente, ¿lo entiendes?. Algo así es la ciencia".
    "Gracias, tío Germán, creo que ahora empiezo a comprender... Pero entonces, ¿nunca sabremos todo?"
    "Yo prefiero decir que siempre quedará por conocer."
    "Me encanta tu manera de ver el mundo. ¿También tienes solución para los que no esperan nada de la ciencia?"
    "Bueno, lo primero es la paciencia. Lo segundo es que vean cómo ya se benefician diariamente de los progresos científicos. ¡Demuéstraselo! Sé que puedes devolverles la ilusión."
    Carlota, emocionada, se decidió a cambiar el mundo cada día para hacerlo un poquito mejor.

    Inge Lehmann y La discontinuidad de Lehmann

    Inge Lehmann y La discontinuidad de Lehmann

    N-Hola muy buenas noches a todos soy Nikolaj Koppel, y como otro día más estamos en el canal DR1, hoy tenemos un programa muy especial ya que vamos a entrevistar a la gran sismóloga jefa de el «Real Instituto Geodésico danés». Inge Lehmann, quien ha descubierto una discontinuidad que separa el núcleo de la tierra en dos: el interior (solido) y el exterior (liquido) de entre otros descubrimientos.
    I-Buenas noches a todos, muchas gracias Nikolaj por esta gran introducción.
    N- No gracias a ti por concederme esta entrevista. Si no te importa vamos a empezar con las preguntas.
    I-Vale.
    N- ¿Dónde has estudiado?
    I-He estudiado en muchos sitios: Primero estuve en una escuela pedagógica con Hanna Adler, la cual me despertó mi curiosidad por la ciencia, ya que me contaba cosas de su sobrino Niels Bhor, después me gradué en matemáticas en la universidad de Copenhague y la de Cambridge, geofísica y sismología en diferentes países como: Alemania, Francia, Bélgica y Países Bajos.
    N- ¿Cómo comenzó tu interés en este campo de la ciencia, viniendo del campo de las matemáticas?
    I-Al principio trabajé en el mundo de los seguros, pero un día conocí a Niels Erik Nørlund, quien me introdujo a ese campo y me ofreció ser su ayudante, cosa que acepté. Mi primera tarea como su ayudante fue, creación de observatorios sismológicos en Dinamarca y Groenlandia. Y en ese periodo fue cuando de verdad sabía que me quería dedicar a la sismología.
    N- ¿Cómo los sismólogos estudiáis este tipo de cosas?
    I-Los métodos que utilizamos están basados en el análisis de ondas sísmicas s producidas en los terremotos o en explosiones controladas. Las vibraciones viajan a través del interior terrestre y su estudio por medio de sismógrafos proporciona información sobre las capas atravesadas, las ondas pueden ser de dos tipos.
    N- ¿Qué dos tipos?
    I-El primer tipo son Ondas primarias, abreviado P. Son las primeras en llegar a la superficie. Son más rápidas en los sólidos que en los líquidos, y las segundas que son Ondas secundarias, abreviado S. Se registran en segundo lugar. Atraviesan solo medios sólidos.
    N-Aparte de tu descubrimiento en el núcleo, ¿hay más discontinuidades en la Tierra?
    I-Si hay más discontinuidades en l Tierra como el trabajo de Mohorovicic y el de Gutenberg, discontinuidad de Mohorovicic y la discontinuidad de Gutenberg que son las más importantes discontinuidades que se descubrieron antes que la mía.
    N- ¿Que dice la discontinuidad de Mohorovicic?
    I-La discontinuidad marca el límite entre la corteza y el manto. Ese límite si sitúa a 30 km-40 km en los continentes y a menos de 10 km bajo los fondos oceánicos.
    N- ¿Que dice la discontinuidad de Gutenberg?
    I-La discontinuidad de Gutenberg se encuentra hacia los 2 900 km. Allí, las ondas S dejan de propagarse y las ondas P bajan bruscamente su velocidad.
    N-Ahora, por favor háblanos de tus descubrimientos de esta nueva discontinuidad.
    I-Lo primero de todo es que todos mis descubrimientos están recopilados en mi libro P'. MI discontinuidad, también bautizada con mi apellido: Discontinuidad de Lehmann. Mi discontinuidad es el límite entre el núcleo externo líquido y el núcleo interno sólido de la Tierra.
    N- ¿Cómo descubriste la discontinuidad?
    I- Al analizar unos datos de propagación sísmica noté una anomalía en las gráficas y tras un pequeño estudio descubrí que era una discontinuidad, la cual se halla a una profundidad media de 5155 km.
    N- ¿As conseguido algún premio en el campo de la sismología?
    I-Si, conseguí los premios: Medalla William Bowie, Unión Geofísica Americana en 1971, Premio Tagea Brandt en 1938 y el premio Madera Oscar Harry en 1960.
    N-Muchas gracias por tu tiempo Inge, esperemos tenerte de nuevo en nuestro programa con sus interesantes descubrimientos.
    I- Igualmente espero poder volver.
    N-Buenas noches a todos.
    I-Buenas noches

    JUNTO AL SOL

    JUNTO AL SOL

    Esta historia ocurrió hace millones de años cuando el Sol era adolescente, estaba en pleno desarrollo y ya había iniciado el camino como una estrella muy grande y brillante, formada por gas y polvo que flotaba en el espacio.
    Un día se puso a pensar y decidió cambiar su posición en el espacio, estaba cansado de ser el objeto más brillante que hay en el cielo y le aburría que muchos planetas girasen a su alrededor sin ningún orden e incluso casi chocándose unos con otros.
    Queriendo el Sol arreglar este problema llamó al primer planeta que encontró en su camino, Mercurio. Con mirada desafiante le dijo:
    -Quiero organizar mi vida, formar una familia espacial y no estar todo el día pendiente de vosotros y de los satélites, asteroides, cometas, meteoroides, que hay a mi alrededor pero que no tienen sentido para mí.
    Por ello, nos tenemos que organizar y distribuir, o ¡me busco otro sistema planetario!.
    Ante esta situación, Mercurio asustado por esta regañina, convocó a todos los planetas a una asamblea planetaria, para así juntos tomar una decisión. Debatieron para ver como se podían colocar y evitar chocarse unos con otros, manteniendo todos una buena distancia con el Sol y así este se sintiera a gusto, sin agobios y con motivación para formar su familia.
    Los planetas conversaron sobre ello e hicieron varias propuestas de colocación, teniendo en cuenta los intereses y necesidades de cada planeta.
    Entre los planetas que más hablaron fueron la Tierra, Saturno y Venus.
    La Tierra dijo:
    -Yo quiero estar a una distancia media del Sol. Le necesito porque me calienta y mantiene la temperatura adecuada para que vivan los seres vivos.
    Su luz me proporciona energía. Esta luz también ayuda a las plantas a crecer y a realizar la fotosíntesis y las plantas son vitales para la vida humana. También ayuda a los seres vivos a disfrutar del día y la noche.
    Saturno quiso justificar que él quería estar un poco más alejado del Sol.
    - Yo soy un planeta gigante con un movimiento muy lento y quiero mantener a salvo mi sistema de anillos.
    En ese momento Venus aportó:
    -Prefiero que Mercurio esté más cerca que yo, a mí no me importa yo soy el planeta más caliente y no necesito tanta energía solar.
    Los planetas ultimaron la propuesta común y se la lanzaron al Sol. Era la primera colocación planetaria que ellos habían organizado, para ellos el Sol era muy importante y querían que estuviera conforme, ya que sin él no sobrevivirían mucho tiempo y especialmente la Tierra no podría aguantar.
    Mientras el Sol daba vueltas a la propuesta, se sentían desconsolados y lo veían todo muy oscuro, sus colores comenzaron a apagarse y perdían fuerza.
    Transcurridos unos meses, el Sol tomó cartas en el asunto y decidió recolocar a los planetas teniendo en cuenta la propuesta que le habían hecho. Primero colocó a Mercurio ya que le había ayudado y eran amigos, luego colocó a Venus y a su lado la Tierra pues era un planeta en el que existía vida y tenía que estar colocado a una distancia media. Después a Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
    El Sol estaba muy contento por haber creado el Sistema Solar junto a los ocho planetas que giraban alrededor de él y que le hacían compañía.
    Juntos formaron una gran familia alrededor del Sol. A ellos se unieron un montón de asteroides, astros, cometas y muchas estrellas, también las constelaciones como La Osa Mayor y La Osa Menor. Y una nube esférica de objetos transneptunianos la nube de Oort junto con el cinturón de Kuiper y el disco disperso.
    Entre todos los planetas hicieron una lluvia de ideas para ver cómo podían hacer para que el Sol estuviese orgullo de ellos consiguiendo eliminar la contaminación, juntos lograron poner en práctica buenas ideas para mejorar la reducción de la contaminación espacial.
    Con ello contribuyeron a que el Sol volviese a estar animado, muy contento y que su gravedad mantuviese a todos en un sistema estable a su alrededor, conviviendo felices en la Vía Láctea.
    Riverita.

    Juntos para siempre

    Juntos para siempre

    En el aeropuerto de Kansas City, Alex se preparaba para mudarse a Ohio, donde estudiaría los próximos años medicina tal y como se lo había prometido a Emma. Él se preparaba para despedirse de su familia ya que estarían a muchos kilómetros de distancia y no podrían verse muy frecuentemente. Saltó el último aviso en relación con su vuelo y justo en el momento en que se fue a dar la vuelta para irse, Emma se echó a sus brazos y le hizo prometerle que siempre la pondría al tanto de todo lo relevante en su vida. “Te quiero Alex” fueron sus últimas palabras.

    5 años después…

    Día 1 (15 de marzo de 2018)
    Emma, hoy se cumple un año desde que terminé la carrera. Ya llevo seis meses de prácticas en Cleveland Clinic, en Ohio, tal y como tú y yo soñábamos antes.

    Día 2 (20 de marzo de 2018)
    Hola de nuevo Emma, esta vez te escribo para decirte que por fin estamos llegando a algo con la investigación de la fibrosis quística. Mis compañeros y yo hemos averiguado que quizás habría alguna forma de poder curarla, al menos temporalmente.

    Día 3 (1 de abril de 2018)
    Siento mucho no haberte escrito antes pero mi equipo y yo hemos estado muy ocupados experimentando más a fondo con lo que te dije el otro día y, ¡adivina que!, al habernos especializado en el campo de mutaciones genéticas hemos descubierto que, además de poder tratar esta enfermedad con moduladores reguladores de la conductancia transmembrana de la fibrosis quística, existe la posibilidad de modificar el gen regulador de forma que las mutaciones genéticas formadas en ciertos genes puedan ser eliminadas y así suprimir el gen defectuoso que ha provocado la enfermedad y por tanto en un futuro podríamos curarla de la mayoría de los pacientes.

    Día 4 (7 de abril de 2018)
    Te acuerdas de que me encontraba muy feliz con el descubrimiento de esta enfermedad, pues al final resulta que no era tan fácil como parecía. Lo comenté con varios de mis compañeros y claro está que para poder eliminar el gen defectuoso portador de esta enfermedad, deberíamos de ser capaces de eliminar las mutaciones provocadas por él y esto pensábamos hacerlo con la nueva técnica CRISPR que, en resumidas cuentas, es un especie de corta y pega del ADN gracias a la cual podríamos eliminar ese gen defectuoso e intercambiarlo por otro que no provocase esa enfermedad, el único problema con el que nos encontramos es que puede dar lugar a diversos problemas genéticos y efectos secundarios que podrían afectar a órganos vitales.

    Día 5 (17 de septiembre de 2018)
    Emma, hacía mucho que no te escribía pero la verdad es que he estado liadísimo con esta investigación. Parece ser que hemos encontrado una nueva pista que podría ayudarnos en el caso pero tampoco hemos querido tener mucha esperanza no vaya a ser que no resulte en algo importante. Dejando esto a un lado hay algo que me apetecía mucho contarte, este verano hemos conseguido que el director del hospital diera su aprobación a un nuevo proyecto con muchas y muy buenas expectativas, el Proyecto Emma.

    Día 6 (12 de diciembre de 2018)
    Siento mucho que te escriba tan tarde pero ya no tengo muchas ganas de hacerlo tan a menudo porque siéndote sincero, seguimos sin tener grandes avances aunque ya me imagino que me dirías algo como que llevamos muy poco tiempo y cosas así pero Emma, tú me conoces y sabes perfectamente que si quiero conseguir algo no pararé hasta hacerlo y esa es mi promesa para ti, no pararé hasta descubrir cómo curar de una vez por todas la fibrosis quística.

    2 de febrero de 2019
    Querido Alex,
    Primero empezaré por decirte algo obvio, que te quiero. Te conozco y sé que seguramente estarás leyendo esta carta tiempo después de lo que seguramente ocurrió y la verdad es que no te culpo, seguramente yo habría hecho lo mismo. Sé que te espera un increíble futuro y que descubrieras muchas cosas que otros no hicieron. Solamente te escribo esto para decirte que lo que pasó no fue algo que te debería impedir avanzar sino un impulso y ayuda para mostrarte todo por lo que puedes llegar a luchar. Eres lo mejor que nunca me ha pasado y lo único que te voy a decir es una cosa que te quiero obligar a prometer, cura esa maldita enfermedad Alex, sé que lo conseguirás, hazlo por mí y por todas las demás personas que han tenido que sufrir sus terribles consecuencias.
    Gracias por todo hermanito, fue un honor vivir a tu lado.

    Terminé de leer la carta de Emma mientras observaba el océano que se extendía a mis pies. Sé libre y feliz hermanita, susurré.

    La ayuda de las estrellas

    La ayuda de las estrellas

    La ayuda de las estrellas

    Escrito por: Hugo Moreno Díaz






    Era una mañana con un sol espléndido y una brisa veraniega perfecta para salir a dar un paseo mañanero. Me vestí, desayuné y salí a dar el paseo que más me gusta del día sobre todo en verano, antes de salir, mis padres me dijeron que volviera pronto ya que mis primos iban a venir a comer y tenía que saludarlos, mientras andaba por la montaña que estaba cerca de mi casa me tropecé y caí sobre unas zarzas, del dolor que tenía volví a casa para ver si me había clavado muchas espinas, pero al parecer solo me clavé tres me las quité y mientras el dolor se iba llegaron mis primos, todos nos saludamos y hablábamos mientras mi abuela, mi tío y mi madre hacían la comida. Cuando empezamos a comer discutimos sobre que hacer por la tarde yo propuse que cenáramos fuera y pareció que a todos les gustó la idea el problema era a donde pero yo tenía un lugar perfecto al que ir y era un restaurante que estaba en el campo y se veían muy bien las estrellas, porque a mi me encanta ver el cielo nocturno, esta otra idea no pareció disgustar a nadie y la aceptaron. Cuando se hizo de noche fuimos andando hacia el restaurante que estaba en un bosque, al llegar todo ya estaba preparado ya que hicimos una reserva por la tarde, pedimos todo lo que cada uno quería y empezamos a cenar. Todos charlamos sobre como de buena estaba la comida, sobre asuntos de fútbol y otras cosas mientras que mi primo y yo hablábamos sobre el Universo y el espacio, cada uno sabía diversas cosas, en concreto nos lo pasamos muy bien, al terminar de cenar, seguimos un rato hablando sobre ello y pedimos la cuenta, antes de irnos del restaurante pedí a mis padres si me podía ir con mi primo a una explanada que había hay cerca para ver las estrellas y alguna constelación, me dijeron que si pero solo un rato mientras ellos iban al chalet a paso lento para que les pudiéramos alcanzar, corriendo llegamos rápido a la llanura y tumbados en la suave hierba estuvimos tranquilamente mirando el cielo pero también algo angustiados porque quizás no llegaríamos a alcanzar a nuestras familias. Estas son las estrellas y constelaciones más importantes que encontraron: Corvus, Crater Hydra, Antlia Pneumática, Pyxis y Vela (estas fueron las constelaciones), Minkar, Alkes, Tseen Ke y Suhail (y estas son las estrellas que vimos). Después de esto nosotros nos fuimos corriendo lo más rápido que pudimos, pero no vimos a nuestros familiares por más que corrimos, por un momento pensamos que nos estaban haciendo una broma de mal gusto pero pronto nos dimos cuenta de que el restaurante tampoco estaba hay en ese momento pensamos que habíamos ido por mal camino y a si era, estábamos muy nervioso porque por más que mirábamos ya no encontrábamos ni la explanada, no queríamos separarnos porque quizás ya no nos encontrábamos el y yo entonces se nos ocurrió una idea nosotros sabíamos que mi casa estaba situada al Norte entonces empezamos a buscar por todas partes la Estrella Polar ya que esa estrella que se encuentra en la constelación de la “Osa Mayor” y además indicaba siempre al Norte y al fin la encontramos nos costó un rato el encontrarla, nos pusimos muy contentos ya que habíamos encontrado la manera de encontrar a nuestra familia lo único malo eran los peligros del bosque pero nos dio igual y salimos corriendo hacia la estrella y al fin pudimos ver a nuestros familiares que estaban preocupados, les contamos todo lo que paso y gracias a nuestros conocimientos sobre estrellas y constelaciones volvimos a casa. Claro que después de esto nos castigaron, pero durante mucho tiempo recordaremos esa experiencia. Además seguimos hablando de ello mientras duró el verano lo único es que ya no nos permitirían salir de mi casa durante tres días, gracias a esta experiencia comprendimos lo posiblemente de importante que es aprender hechos científicos y otras cosas a sí que si nos volviéramos a perder quizá utilizaríamos otro forma de guiarnos gracias a las constelaciones y estrellas.

    La ciudad

    La ciudad

    Bajo la luz ardiente, las calles vacías tomaban un tono ámbar; venidos de lejos, aromas viejos surcaban la brisa cálida. A medida que avanzaba, todo aquello sumía al forastero en una curiosa embriaguez, que aceptaba con intriga y admiración.

    Reinaba un sereno silencio; apenas crujía un lecho de arena a su paso. Junto a él caminaba una silueta menuda que le hablaba de la ciudad que recorrían. Le contaba que sus habitantes eran diferentes a ellos: allí vivían objetos y conceptos en vez de seres, que se repartían en una veintena de barrios, con sendas formas y normas, aunque siempre conformes a la ley general.
    Caminaban por una gran avenida: los muros eran de piedra pulida, y los cruces revelaban esquinas abruptas armonizadas en una simetría embelesadora. Aquella vía delimitaba dos barrios: «En torno a ellos se despliega toda la gran ciudad. De este lado viven las Figuras: los objetos originales; del otro los Naturales: los conceptos originales».
    El barrio de las Figuras lo asombró: las calles torcían a diestro y siniestro y se fundían en plazas redondas amplísimas; a sus pies, la arena se dispersaba y revelaba mosaicos magníficos de teselas periódicas. A lo lejos se distinguía un relieve marcado de esferas, cubos, pirámides y otros chismes puntiagudos. «En aquel barrio veneran a cinco Sólidos que encarnan, por así decirlo, la simetría y el equilibrio de la ciudad entera». Pasaron por el barrio de los Continuos, el más amplio de todos. Ahora las callejuelas eran sinuosas, y se dejaban mecer por los altibajos de una ciudad orgánica. El extranjero se deleitaba deslizando su mirada por las dunas pálidas que ondeaban al infinito; y sentía que el horizonte le tentaba, pues era genial volar millas con el ojo tan pronto como este recorría un palmo. Y ese palmo, de tierra, de piel, de piedra, se abría en detalle cuando lo miraba: lo inmenso al momento era pequeño y viceversa, pues en el todo había parte y en la parte un todo, y la cantidad y la distancia perdían toda esencia. Desfilaron por otros tantos barrios; degustaron otros tantos paisajes él y su misterioso acompañante: descendieron escaleras enrolladas hacia el profundo barrio de los Complejos, se perdieron en el laberinto de los Grafos y el extranjero no supo contener la emoción ante los solemnes árboles que arraigaban en tierras Fractales. Se sorprendía al hallar una callejuela que conectaba dos barrios importantes: significaba que tenían algo en común; pero ¿el qué?
    Contaba el peculiar guía que la ciudad era antiquísima. «A veces oigo que la construyeron, pero yo no me lo creo. La perfección no es cosa de humanos. Su aspecto es desconcertante para quien sólo está de paso —observó—, pero quien acostumbra a vagar por sus calles termina apreciando su encanto».
    De vuelta a la gran vía central, atravesaron el barrio que faltaba. «No te dejes atrapar por su apariencia, ya que sus gruesas paredes encierran reliquias.» En el barrio de los Naturales, todo constaba de partes elementales; así lo había dictado antaño la tradición. Su arquitectura era modesta, sin mayor detalle, pero de una elegancia sublime. «Este es el tesoro del barrio —ante ellos, un inmenso templo triangular—. Aquí, en esta esquina, empieza todo; sus dos muros, que se abren paso hacia el horizonte, custodian series preciosas, familias de Naturales, colecciones únicas y patrones inverosímiles. Si entras —indicó un portal— los descubrirás». No tardó nuestro forastero poco en reaccionar: absorto por la belleza del sitio, y estremecido por su completitud, vaciló antes de dejar atrás a aquella silueta borrosa y tranquilizadora. Cruzó la puerta, pero tras ella sólo halló tinieblas. ¿Dónde estaban las reliquias de las que hablaba el guía?
    Rápidamente, como una cortina que cae, la oscuridad se deshizo en nada; todo se aclaró, y sintió que volvía a aquel mundo que conocía bien: su mundo, la realidad tangible.

    No supo más de aquella ciudad que había visitado, pero el tiempo no se la borró de la memoria. La recordó siempre con lucidez y nostalgia. También con cierto remordimiento: sentía que su viaje no había acabado, que habían quedado rincones por descubrir. Se resignó a la eterna duda. Pero un día se sorprendió cavilando frente a un papel, trazando formas y números. En aquel mejunje de símbolos discernía una endeble imagen de la gran vía central con que soñara. Aunque apenas fue una intuición, se aferró a ella y trató de entender qué había más allá del papel.
    Desde entonces halló muchos pedazos de la ciudad en sus trazados; sostenía al viejo acompañante entre sus yemas, y con él se deslizaba sobre la arena blanca que una vez había pisado. Emprendió nuevos viajes hacia lo desconocido: la ciudad de las Matemáticas seguía ahí, esperando a ser revelada. Todo cuanto le movía era la avidez de descubrimiento.

    La cuna de la erudición

    La cuna de la erudición

    - Eh tú, sí, tú, que haces escrutando por estos lares; a lo mejor será la propensión innata hacía adentrarse a lo desconocido o como esta imponente obra de los mismísimos dioses, es levantada desde el suelo por sus cimientos y columnas de mármol. Así es, te encuentras en la mayestática biblioteca de Alejandría, donde se encuentran todos los saberes. Por si te lo estás preguntando. ¿Quien soy?, yo no soy nadie mas a la vez lo soy todo. A delante, sin miedo, adéntrate por sus librerías que asciende hasta donde la vista alcanza, las cuales fueron talladas a mano en madera de baobab, de árboles con poco más de 4 crones de antigüedad, estos tablones sustentan papiros más primorosos y gráciles que el pan de oro. No dudes ni un instante en empaparte de la sabiduría que emana estas paredes, mas cauto debes ser, si a su colección no quieres pertenecer.

    - Lo inusitado es que no sé cómo he llegado hasta este páramo, y los más inquietante aún es aquella persona que, al parecer, carece tanto de rostro como de identidad.

    Tal que por la misma gracia que me ha hecho llegar aquí, y con la misma antelación de aviso, de su colección un papiro destaca entre los demás, no sé si es por el brillo incandescente que se abre paso por las tinieblas o la fuerza con la que me atrae cual agujero negro, a leer las palabras grabadas para la eternidad.

    En la cornua del pergamino grabado está el título de la fatídica obra: “La cuna de la erudición”, en un suspiro tras abrirlo, mi ser fue engullido por el pergamino, y trasladado hacia algún lugar en algún tiempo, en el que lo irreconocible supera a la conocido.

    En medio de un mercado me reconstruí, tras reincorporarme, mis sentidos persivieron, el cálido sol escamando mi piel, mi boca seca con un regusto a tierra, mis oídos se estremecían ante cuantioso bullicio, cuando mis segados ojos pudieron ver, ante mi reconocí como un mercado, en el que se vendían cientos de cosas, todo lo que tu mente pueda imaginar, allí lo tenían, de lo que vi poco conocí, como menos gallinas, verduras, pescado, y gran variedad de utensilios. De lo único que me extrañé, eran las vestimentas de las personas que apaciguadas recorrían las calles, con grandes túnicas blancas logradas y sandalias que se entrelazan con los tobillos. Las casas no pasaban desapercibidas, eran máximo de dos pisos, sencillas; pero lo que más destacaba y, a lo que mis fascinados ojos abiertos como plato, no podían dejar de ver, era un templo que se alzaba a la mirada, en ese instante fue cuando me di cuenta de que me encontraba en la antigua Grecia. En el pasado me encuentro, mas mi propio pasado no soy capaz de recordar. Para mi sorpresa, podía entender lo que la muchedumbre entendía, desconocía que supiese hablar en griego antiguo.

    Sin mas demora me dispuse a recorrer las calles de la metrópolis, con mucha cautela, ya que desconocía por aquellos lares, y mas de una vez me perdí caminando sin rumbo, y desprevenido por una calle, me choqué contra un señor, corriendo me disculpe con el, y cuando levanto la cabeza me doy cuenta de que aquel señor se trata de Aristóteles, al verlo lo primero que dije fue que era gran admirador de sus trabajos en las aplicaciones matemáticas, como el método axiomático deductivo, el al ver los interesado que estaba, mientras caminaba, los más probable, es que se olvidara por completo dónde tenía que ir, en resumidas cunetas, tras mucho divagar en la formulación de un conjunto de proposiciones o enunciados, llamados axiomas o postulados, los cuales guardan entre sí una relación de deductibilidad, y sirven de hipótesis o de condiciones para un sistema determinado; el que usaría Euclides en el futuro. Como hacía ya tiempo que dejé de entender de lo que hablaba me marché a seguir divagando por la ciudad, valga la redundancia, con ansias busqué alguna otro ilustre que pudiese romper mis esquemas, pero al final me di cuenta que la propia Grecia, es donde aparecieron por primera vez la ciencia, por estas calles han pasado y pasaran los grandes influyentes y los que construirán los cocimientos de las teorías científicas actuales, como la teoría de curadas, la física cuántica o el bosón de Higgs.

    Las ancias de conocimientos del ser humano es algo que ha fascinado a la humanidad durante siglos, mueve incluso mares o si tengo una palanca y un punto de apoya, el mundo.

    La cura

    La cura

    El viento sopló furioso, atravesando de lleno el amplio ventanal. Las puertas correderas, ensambladas con dos largas planchas de vidrio templado, estaban abiertas de par en par. Y una figura se asomaba por ellas. Aldous sonrió. Aire. Desde tiempos inmemoriales se había rendido culto a cuatro pilares fundamentales: fuego, agua, tierra y aire. No obstante, dejaron ya atrás los días en que esas fútiles convicciones imperaban. En busca de un grandioso ideal. La verdad.
    La ausencia de cabello en el cráneo evitó revoloteos. Uno de los primeros problemas que él y sus investigadores habían resuelto. La evolución esperaba aniquilar hasta el último resquicio de cuero cabelludo en el organismo. Tras los avances de la humanidad, no era más que un impedimento y un estorbo. Ellos habían propiciado la ansiada desaparición, acelerando un proceso que de forma natural habría tomado siglos. Pero su trabajo no cesaba allí. Todavía se requería un esfuerzo incluso mayor para aquel grupo de científicos vanguardistas; que revolucionaran la vida mundial a una escala casi inconcebible. Más pasos que dar en la carrera hacia el objetivo definitivo. Alcanzar el estatus de una perfecta divinidad. Y había un rasgo característico que definiría este logro. Algo que diferenciaba la idea de Dios de cualquier otro animal: la inmortalidad.
    El distintivo de su empresa relució a la luz del Sol, que comenzaba a atisbarse en poniente: CRISPRM. Creación revolucionaria e innovadora de soluciones para pacientes reticentes a morir. Casi trescientos años antes en esa compañía, un peculiar grupo descubrió la punta del iceberg. Una forma de engañar a la mismísima encapuchada. La criogenización había sido una solución provisional, algo que no se concebía como el culmen de una carrera originada milenios atrás. Los primeros rituales neandertales filtraban intenciones de trascender más allá de la simple existencia terrenal. Tras estos, los ritos funerarios comenzaron a sofisticarse y, nacieron las primeras religiones. Concepciones primitivas, basadas en supersticiones y fanfarrias. Héroes y leyendas escritas por divulgadores que necesitaban hacerse un nombre en la historia, por irrisorios que resultaran los medios. Todos estos empeños le hicieron recordar a los alquimistas medievales que una vez estudió en la universidad, a su intento de encontrar la piedra filosofal. Panacea infalible, cura del envejecimiento. Absurdo.
    En el año 2320, la gente común había rechazado completamente estas falsas esperanzas. El centro de su fe se había visto reemplazado por algo real y tangible, la ciencia. Y en la pirámide jerárquica, Aldous gobernaba impunemente sobre el resto. En sus manos reposaba el futuro de una raza.
    Dio media vuelta para recorrer en sentido inverso sus pasos. Debía continuar las investigaciones en el laboratorio principal. Cada segundo representaba una pizca de arena perdida en su reloj. Menos del veinticinco por ciento de su cuerpo inicial permanecía intacto. A lo largo de su vida, había ido intercambiando la materia orgánica por sintética. Asemejándose poco a poco a lo que aspiraba, alargando el tiempo. Un ser por encima del mero olvido. No dependía de nadie ni de nada; él se bastaba para recordar un legado que perviviría por siempre.
    Las puertas automatizadas se abrieron para darle paso. De un bolsillo extrajo un pequeño dispositivo circular que se adosó en el pecho. Instantes después estaba recubierto por una fina pátina translúcida. Lo protegería en caso de fugas y de sustancias nocivas que manejaban. Al fin y al cabo, también era invención suya.
    Dentro, encendió las luces, iluminando mesas y mesas repletas de probetas, elementos tecnológicos de última generación y autómatas humanoides impulsados por una avanzada IA. Al principio se había pensado que la clave se encontraba en estos. Pero el ahínco de transmitir sus recuerdos en una conciencia virtual se había perdido, los nervios no se fundían correctamente con la maquinaria, resultando en terribles catástrofes que oscilaban entre la pérdida de memoria o una locura sin precedentes.
    Sólo había una opción. Nanotecnología molecular. Arrastró su silla hasta el lugar de trabajo, colocándola justo frente a un microscopio electrónico. Antes de salir afuera, había situado en la placa de observación el prototipo de nanobots en desarrollo, junto con un grupo de células cutáneas. Alzó la cabeza para observar el temporizador. Treinta segundos restantes. Aisladas del ambiente habitual, la muerte celular era inminente.
    Cinco. Cuatro. Tres. Dos. Uno. La actividad cesó y los nanobots se apagaron. Exhaló un suspiro exasperante, otro fracaso en toda regla. Levantó enrabietado y lanzó la silla, que surcó el aire unos metros antes de caer con estrépito. Un resplandor momentáneo le deslumbró. Desvió la mirada hacia la mesa mientras fruncía el ceño, extrañado. La consternación que surcaba su rostro se diluyó en el acto. Los nanobots se habían reiniciado. Sin ninguna vacilación, se asomó al microscopio. Su aliento se quebró al darse cuenta de lo que ocurría. El tejido se estaba regenerando.

    La estrella del cosmos

    La estrella del cosmos

    En un momento en el espacio exterior, se formo una nebulosa que fue creciendo hasta que exploto. Esa explosión empezó a formar planetas, estrellas, galaxias … etc.
    Hasta que un día se formó la primera estrella fugaz, esa estrella fugaz tenía un sueño y era viajar por todo el universo, lo que la estrella fugaz no sabía es que el universo se extendía cada día y era imposible viajar por todo el universo.
    Pero la pequeña estrella fugaz no lo sabía, y un día fue a cumplir su sueño.
    Primero fue a ver la vía láctea, nuestra galaxia y se encontró algo interesante.
    -¿Qué es ese punto negro que hay ahí?- se preguntó la estrella fugaz mientras se seguía acercando a ver que era.
    -¡OH NO!- dijo la estrella fugaz.
    -¡Es Sagitario A!- grito la estrella.
    Entonces la estrella empezó a intentar huir pero Sagitario A la estaba empezando a absorber de una forma muy rápida.
    -¿Qué puedo hacer?- se preguntó la estrella fugaz mientras se desesperaba.
    -¡Ya lo sé!- dijo la estrella- Puedo intentar salir dando vueltas alrededor de Sagitario A
    Entonces la estrella fugaz empezó a dar vueltas alrededor de Sagitario A hasta que consiguió salir.
    -¡BIEN!- celebro la estrella – He conseguido escapar.
    Tras haber escapado la estrella fugaz fue a buscar más cosas que explorar , hasta que se encontró con nuestro sistema solar.
    -Vaya- Dijo la estrella fugaz- Que grandes son estos planetas.
    La pequeña estrella fugaz fue primero a mercurio ya que es el planeta más pequeño.
    -Este planeta es el más pequeño- dijo la estrella- pero es el más caliente.
    Después fue a Venus.
    -Este es más grande que el anterior, pero es más frio- dijo la estrella.
    -¿ Pero por que estos dos planetas no tienes lunas y este sí?- se preguntó la estrella mirando a venus , mercurio y la tierra.
    Al preguntarse eso la estrella fue a ver la tierra y se encontró algo muy interesante.
    -¿Y esto?- se preguntó la estrella.
    -Este planeta tiene agua, vida y una atmosfera con mayor gravedad que las otras- dijo la estrella fugaz extrañada.
    -Y esta luna es la única de los tres planetas más cercanos al Sol- dijo la estrella.
    - Este planeta es un poco extraño- dijo la estrella mirando a marte-
    - Tiene una gran montaña y lunas- dijo la estrella preguntándose porque los planetas son tan diferentes.
    Tras ver a Marte, fue a ver Júpiter, el planeta más grande del sistema solar.
    -Qué grande es este planeta- dijo la estrellita.
    -Y tiene muchísimas lunas- comento la estrella.
    Mientras la estrella fugaz se fijaba en Júpiter vio a Saturno el planeta con más lunas del sistema solar y el único con anillos visibles desde la tierra.
    -Vaya cuantas lunas y que anillos tan bonitos – dijo la estrella sobre Saturno.
    -Creo que esta aventura no acabara nunca- comento la estrella fugaz.
    Pero lo que no sabía la estrella es que lo que acababa de decir era cierto esa aventura que estaba viviendo visitando todos los lugares del universo era infinita, nunca acabaría.
    Tras ver Saturno la estrellita fue ver a Urano.
    -Anda mira por donde otro planeta con anillos-dijo la pequeña estrella.
    - Pero este planeta tiene los anillos en vertical y no en horizontal- dijo la estrella fugaz desconcertado.
    La estrella fugaz sin preocuparse por lo que acababa de ver siguió su camino y visito Neptuno.
    -Mira este planeta es el más lejano al son y tiene un color azul oscuro es bastante extraño- comento la estrella confusa.
    Cuando termino de ver Neptuno la estrella salió de la vía lacte y se llevó una gran sorpresa.
    -¿Pero cómo es posible?-estremeció la estrella.
    - Todo se a expandido y como voy a ver todo el universo si se expande cada momento- dijo la estrella llorando.
    La estrella estuvo llorando un rato hasta que pensó una cosa.
    -Da igual si el universo se expande-dijo la estrella muy animada- así podre conocer muchos más sitios y saber muchas más cosas-
    Entonces la pequeña estrella fugaz se fue a ver otros lugares del universo.
    FIN.

    La fuerza de atracción

    La fuerza de atracción

    24 de mayo de 1970, Londres, Reino Unido. Era un día como cualquier otro, Gravedita, una panadera de la ciudad ya estaba cansada de siempre estar atrayendo a todos los chicos y nunca encontrar al ideal, alguien que le acompañase el resto de su vida. Ella se preguntaba si esa persona pudiese existir, lo único que quería era sentir que ambos estuviesen conectados por una fuerza de atracción que nunca los separara.
    Ese mismo día, Gravedita, al salir de trabajar, se dirigió a un bar cercano a su casa, quería ver si el alcohol sería capaz de ayudarla en la búsqueda de una relación como la de Irène Joliot- Curie y Jean Frédéric Joliot-Curie. Ya allí, se sentó en la barra, y pidió la primera cerveza. En lo que la servían, entró un chico muy apuesto llamado Tierra, con ropa elegante y con cara de no ser de por ahí, quien con una expresión desorientada se sentó en el asiento de al lado de Gravedita. Ambos entablaron una conversación que duró horas, donde se contaron de todo, el efecto del alcohol había causado que los dos perdiesen la timidez y que pudiesen hablar como si ya se conociesen. Finalmente, los dos se intercambian números de teléfono y direcciones, Gravedita vivía en una casa humilde a las afueras de la ciudad, y Tierra se estaba alojando en el mejor hotel de Londres.
    Gravedita llegó a su casa ilusionada, creía que había encontrado a esa persona que tanto ansiaba, se puede decir que se enamoró totalmente del chico, pero no sabía muy bien por qué. Al día siguiente, decidió contarle todo lo que había pasado a su buen amigo Isaac Newton, pensaba que él le podría ayudar a entender lo que le estaba pasando y saber que debería hacer, por lo que cogió su bicicleta y salió pitando hacia un parque donde se encontraba su amigo. Allí estaba, sentado bajo un manzano, disfrutando del aire fresco. Gravedita se acercó, se sentó al lado de éste, y comenzó a hablar sin parar, ni siquiera un hola le dijo, tanta era la emoción que hasta del respeto se olvidó. Cuando ya paró de hablar, Isaac Newton, asombrado por situación, dio su opinión al respecto, es así que utilizó un ejemplo para explicarlo mejor. Esa fuerza de atracción que tenían se podía deber por la distancia que en un principio les separaba, y cuando esa distancia fue recortada, la atracción aumentó hasta tal punto de ese enamoramiento.
    Gravedita, que no entendió muy bien, quiso pedirle ayuda también a su amigo Neil Armstrong, quien era astronauta. A este chico le había pasado lo mismo, había estado buscando a la chica ideal durante toda su vida, y la logró encontrar cuando volvió del espacio.
    Tras haber hablado con sus dos amigos, decidió ir al hotel donde se alojaba Tierra para preguntarle si quería ir con ella a un restaurante. Él, al escuchar la petición, dijo que le parecía una magnífica idea. Y así fue, lo dos se fueron a una restaurante muy bueno, donde el servicio era siempre impecable y la comida de buenísima calidad, allí Tierra se abrió completamente a Gravedita, mostrándole hasta las capaz más internas de su corazón, fue allí donde se declaró, diciendo que desde el primer momento que la vio supo que esa era la persona que completaba la ecuación de su vida para que tuviese sentido, que era la única incógnita que faltaba para que todo funcionase. Gravedita, asombrada y encantada de escuchar esto, comenzó llorar de emoción, y dijo entre lágrimas todo lo que pensaba sobre Tierra. Finalmente, ambos deciden ser novios. Lo que había sido un viaje de trabajo para Tierra acabó en una boda con la persona más maravillosa que había conocido nunca, porque sí, se casaron al año después de haber sido novios. Tuvieron dos hijas, una se llamó Fuerza y la otra Gravedad.
    Pasaron los años y no se separaron, Tierra y Gravedita estaban destinados a estar juntos de por vida, disfrutando cada momento de ella, realizando viajes por todo el mundo, visitando lugares inimaginables, y viendo a sus hijas crecer. Y así es como vemos que esa fuerza de atracción nunca cedió y nunca perderá su fuerza.

    La Historia

    La Historia

    Hace mucho tiempo atrás, solo existían animales y plantas. Un día un mono normal y corriente de esa época pensó “que hay más allá de la rutina de siempre?” que hay más allá de comer y ser comidos?. Muchos de la manada le dijeron que no hiciera nada tonto que seguro moriría a otro les daba igual lo que hiciera, pero él no les hizo caso y quiso hacer algo. Ese mono consiguió en lugar de ir en cuatro patas en dos, no había mucha diferencia, pero pensó que eso era mejor que nada. Muchos monos lo copiaron mientras que otros no.

    Ese mono al poco tiempo murió, pero sus hijos pensaban igual que él y los hijos de los hijos también. Hasta que llegó un momento en donde uno de una generación ya más avanzada pensó “ y si comemos más cosas además de frutas y plantas ?”. Hicieron él y un grupo piedras tan afiladas como para cortar su propia piel y algunas las ataron a unos palos para hacer algo parecido a una lanza.
    Fueron y volvieron a la cueva donde estaban todos, no todos los monos que fueron volvieron, ya que murieron por la presa que intentaban cazar, pero los que volvieron traían a la presa que habían cazado. Al tiempo de saber cazar una mona también de la familia evolucionada de ese primer mono que hizo ese pequeño paso pensó en una noche de tormenta “ podríamos hacer como los animales, tener un manto de pelo para no tener frío”, esa mona se pasó toda la noche mientras los demás dormían quitando la carne de la piel del último animal cazado, a la mañana siguiente les enseñó a todos los demás su hermosa ropa, y calentita, y todos desde entonces decidieron utilizar hasta lo más mínimo de lo que cazaban.

    Las generaciones fueron pasando, y creando cosas para seguir evolucionando constantemente pero a un ritmo.
    En el 2400 a. C, ya no eran monos sino que ya habían evolucionado físicamente hasta ser como un humano, las primeras guerras empezaron a surgir, por problemas económicos y muchos más entre capitales y países. Un sin fin de muertes, destrucción y tristeza por doquier. Algunos humanos vivían y viven en armonía y en paz, mientras que otros solo buscaban: poder, superioridad, riqueza o venganza por alguien o hacia algún país o capital, por eso crearon las guerras, para conquistar cosas sin mirar el coste de eso.

    En el 500 a.C, una niña que imaginaba mucho y pensaba en cosas muy “tontas” como le decían todo el tiempo. Un día un hombre importante, un filósofo escucho lo que dijo esa niña y dijo una de las cosas que escucho de la boca de la menor, todo el mundo lo alabó y lo creyó, nunca la creyeron a ella, que fue la que lo dijo primero, igual que muchas mujeres a lo largo de la historia.

    Desde siempre la vida humana se basó, en la agricultura y la ganadería, hasta que un hombre lo cambió, a finales del siglo XVIII en Inglaterra un hombre llamado James Watt mejoró la máquina de vapor de Thomas Savery. Desde ese momento los artesanos empezaron a disminuir en números muy elevados y empezaron a haber más trabajadores en industrias gracias a las máquinas que les quitaban mucho trabajo a las personas. En las fábricas el sueldo era tan mínimo que los hijos de las familias tenían que ir a trabajar en empleos muy peligrosos para poder comer. Con el tiempo de muchos conflictos, juergas y peleas entre burgueses y los obreros, consiguieron que las jornadas fueran de ocho horas, que los domingos pudieran descansar y tener algunos días de descanso y también proteger a sus hijos para que no tuvieran que trabajar.

    Gracias al esfuerzo, sudor y trabajo de la humanidad a lo largo de la historia nuestra generación tenemos muchos derechos y privilegios que antes no había, cosas como la tecnología y las futuras generaciones tendrán otras cosas. Pero la humanidad ahora lo estamos destrozando, además de todas las tragedias a lo largo de la historia hecha por la propia humanidad y otras no; como la que pasó en Chernóbil o el terremoto de Lisboa. Debemos cuidar nuestro planeta. Los científicos ya están intentando poder estar en otro planeta o algo porque a la tierra, al paso que vamos se va a destruir, podrir y morir en muy poco tiempo cuando no debería ser así. El planeta está así de mal por culpa de la humanidad, porque no sabemos hacer nada más que destruir y crear cosas que no ayudan a nuestro planeta. Muchos ya están poniendo remedio, pero no servirá para mucho que solo unas pocas personas lo hagan, necesitaremos de todo el mundo para intentar que la tierra dure mucho más años.

    LA ILUSIÓN DE UN PADRE

    LA ILUSIÓN DE UN PADRE

    Estaba sentada en el sillón de la oficina de mi padre, inmersa en mis pensamientos,
    cuando de repente un extraño logotipo situado sobre las notas de mi padre llamó mi
    atención. Ponía Corax escrito en mayúsculas con un color naranja muy llamativo.
    La curiosidad me pudo ya que nunca lo había visto y le pregunté:
    - ¿Papá ese logo de que es?
    Yo sabía que él estaba trabajando en un nuevo proyecto pero nunca me llegó a contar
    nada sobre este.
    -Es el logo de mi nuevo laboratorio, Alix, ¿que te parece? - Me contestó con entusiasmo
    -¿Nuevo laboratorio? - Le pregunte con curiosidad y un poco desconcertada.
    -Sí, a día de hoy nuestra empresa tiene mucho dinero y tu madre y yo hemos decidido
    emplear ese dinero para montar un laboratorio destinado a hacer pruebas con la ayuda de
    la biotecnología.
    Mi padre se llama Félix,es biotecnólogo, y su sueño siempre a sido trabajar en un
    laboratorio con el fin de ayudar a avanzar en este campo de la ciencia.
    Ya teníamos el lugar donde iba a estar el laboratorio solo había que pedir el material y ya
    estaría listo.
    Una vez ya nos llegó todo el material y comprobamos que estaba en buen estado lo
    transportamos todo al laboratorio y lo colocamos en su sitio correspondiente.
    En unas semanas ya estaba todo listo, teníamos empleados y todo comenzó
    correctamente.
    En un principio todo iba bien mi padre estaba muy ilusionado, era tal su ilusión que a mi
    me apetecía trabajar junto a él, yo ya había acabado la carrera de biotecnología hacía dos
    años incluso conseguí trabajo y ahora que mi padre tiene su propio laboratorio dedicado a
    esto me encantaría trabajar con él, pero no me deja, no entiendo el porque. Siempre me
    dice lo mismo:
    - No se debe juntar familia y trabajo, siempre sale algo mal.
    No lo entiendo desde pequeña me ha dicho que le encantaría poder compartir su
    profesión conmigo y ahora que puede no quiere. Ya casi ni lo veo porque no viene a
    cenar, el nuevo laboratorio lo tiene demasiado ocupado.
    ...
    Han pasado un par de años desde que mi padre creo el laboratorio Corax, el laboratorio
    tuvo mucha fama ya que consiguió grandes avances para la mejora de los seres vivos.
    Ahora mismo yo también estoy trabajando en el laboratorio, según mi padre era una
    inexperta todavía. En fin, ahora estamos trabajando en un dispositivo que ira implantado
    en el cerebro humano. Este dispositivo será capaz de curar enfermedades como el
    Alzheimer, Parkinson, la demencia, lesiones de columna, o daños cerebrales, otras
    patologías como las pérdidas de memoria y audición, el insomnio, la depresión y las
    adicciones, bloqueando partes del cerebro para tratarlas.
    A parte de esto este dispositivo también permitirá escuchar música directamente en el
    cerebro a través de un chip o controlar el nivel de hormonas para usarlas en nuestro
    beneficio.
    Este dispositivo llamado Neurocorax será un gran paso en la ciencia.
    La forma de introducirlo en el cerebro no es muy compleja gracias a la tecnología que
    tenemos hoy en día. Con la ayuda de un robot quirúrgico, una parte del cráneo se

    reemplaza con un disco Neurocorax y sus delgados cables se insertan estratégicamente
    en el cerebro.El disco registra la actividad nerviosa, transmitiendo la información a través
    de una señal inalámbrica Bluetooth común a un dispositivo como un teléfono
    inteligente,ampliando así nuestras capacidades.
    Uno de los trabajadores de mi padre afirmó:
    -En realidad, encaja bastante bien en tu cráneo, podría estar debajo de tu cabello y no lo
    sabrías.
    Por tanto este invento revolucionario no será nada incomodo para las personas que lo
    lleven, y de momento tenemos pensado que la primera versión del proyecto se utilizará
    para ayudar a los pacientes con problemas de movilidad o con miembros amputados a
    controlar algunos aparatos electrónicos como sus teléfonos inteligentes y teclados.
    La semana que viene vamos a intentar probar el Neurocorax en un chimpancé, ya que
    este simio es uno de los más parecidos a los seres humanos.
    Mi padre esta muy orgulloso de haber creado este laboratorio ya que si no hubiera sido
    así quién sabe si esto podría haber sido posible. Mucha gente gracias a estos avances se
    ha interesado un poco más por la ciencia y se ha dedicado a investigar para estar bien
    informado del asunto y eso me enorgullece.
    Es fascinante el sentimiento que recorre mi cuerpo al encender la luz del laboratorio y ver
    como recorre cada rincón y que todo eso haya sido posible gracias a la confianza que
    puso mi padre en su día para formar todo esto y que ahora yo forme parte de ello.

    La Inmensidad del Tiempo

    La Inmensidad del Tiempo

    23-04-2187- Diario de Stephen Owrich

    “Tik, tak, tik, tak …” Es curioso, la vida transcurre y el tiempo no se para nunca. No existe la inmovilidad, no existe el estatismo, el tiempo siempre va a seguir corriendo. Incluso cuando no haya vida, el tiempo va a estar ahí, nunca se para, no espera a nadie ¿Habrá alguna manera de vencer al tiempo? En cierta medida, resulta irónico que le esté dedicando tanto tiempo al tiempo.

    Hoy por hoy se le da muy poca importancia al tiempo. Al vivir la mayoría de nosotros una media de 130 años, la gente fallece sin ambiciones algunas de conocer más de tan solo lo que vemos, y asumen el destino fatal de la muerte. Sin embargo, mi grupo de investigación y yo creemos que hay algo más allá. El tiempo es inmenso.

    Está claro que nuestro final va a llegar; sin embargo, creo que es verdaderamente posible el poder elegir el lugar y el momento de nuestra muerte. Con el momento no pretendo dar esperanzas sobre una eternidad, sino que se trata del momento histórico.

    Llevo tratando esta compleja idea durante muchos años. Actualmente tengo 43 años , y si quiero llevar a cabo una operación de prueba debo llevarla a cabo lo antes posible. En primer lugar, puedo contemplar la posibilidad del viaje a la velocidad de la luz. Consiste en un más lento envejecimiento debido a la dilatación del tiempo. Creo que se trata de una opción un tanto egoísta, pues solo estaría beneficiándome a mí. En cambio, existe una alternativa mucho más costosa y compleja. Se trata de la creación de un agujero de gusano ultra-temporal que permita la conexión entre el día exacto de su creación y cualquier otro punto del universo en un instante concreto.

    El espacio-tiempo posee cuatro dimensiones, por lo que la creación de un agujero de gusano que las atraviese y conecte dos puntos cualesquiera es una realidad posible. Se trata de un experimento realmente arriesgado, ya que de no ser detectado y reforzado desde el otro extremo del agujero, este se cerraría, quedando en vano todos los esfuerzos por llevarlo a cabo…


    (La tinta empieza a desvanecerse, se observan rastros de unas fórmulas complejas muy deterioradas, pero nada más). En el año 2211 un terremoto de altísima magnitud destruiría la totalidad de las estructuras y edificios terrestres y acabaría con el 99% de la población.

    14-08-2345- Carta a Keranium

    He encontrado un diario entre los restos de un antiguo edificio en ruinas de el PLT-344001, un planeta del Sistema Solar conocido como la Tierra. Tras la llegada a este planeta hace pocos días hemos descubierto escasos grupos poblacionales, en terribles condiciones de vida. Quizás las teorías de los agujeros de gusano expuestas en este diario nos permitan salvar sus vidas y llevarles a Platniom-005 , para evitar así implicarles en una paradoja temporal, donde haya un futuro más lúcido y alejado de la terrible guerra que se está viviendo en la actualidad. Puede que seamos su única esperanza de salvarlos, no les queda mucho tiempo. A pocos kilómetros de nosotros hay una antigua central aeroespacial de alta tecnología, les informaremos de los avances. Cambio y corto.

    03-08-2352- Segunda carta a Keranium

    Tras siete largos años de construcción, estamos totalmente preparados para el lanzamiento de la sonda que abra el agujero de gusano. Tan solo necesitamos que alguien de dentro de 200 años detecte el agujero antes de que se cierre su garganta y con suerte puedan venir hasta aquí a rescatarnos. Se nos acaban los recursos.


    4-08-2352- Comunicaciones de radio filtradas

    ¿Hola? ¿Me reciben? Contacto con la antigua estación espacial de PLT-344001, aquí el comandante Mike Flowers desde Platniom. Hemos detectado la formación de un aguero de gusano en la posición 5555.99-44422.7 del distrito espacial 7C. ¿Alguna sonda en las inmediaciones?
    Sí, aquí el tripulante y piloto John Myers. Sus afirmaciones son correctas ¡Lancen ahora mismo la sonda ultra-espacial, no podemos dejar pasar esta oportunidad, prioridad absoluta!

    30-01-2359- Noticiario del canal 1 en Platniom

    El lanzamiento de la nave espacial sería un éxito. Tras 14 días de viaje a la velocidad de la luz, llegó a la Tierra. El agujero de gusano fue reforzado por ambos lados retrasando el cierre de su garganta. Un total de 825.000 personas , el total de la población superviviente en el planeta Tierra, fueron salvadas en esta operación que ha durado siete años. Todo esto no habría sido posible sin la acción de un hombre con esperanza, que no se conformó con lo establecido. Sus fórmulas y escritos han ayudado a resolver la paradoja temporal y muchas otras cuestiones relacionadas con el espacio-tiempo y el estudio del universo. ¡Y recuerden, ciudadanos, no tengan miedo de lo que no ven, nunca se sabe lo que hay más allá, atrévanse a pensar!

    La máquina cc

    La máquina cc

    Hace mucho tiempo, por allá en 2024, se creó un artefacto extraño que marcó un antes y un
    después en la humanidad. Era una máquina, muy misteriosa, de la cual muy pocas
    personas sabían cómo funcionaba o qué hacía: casi nadie conocía su existencia. A medida
    que fueron pasando los años, esta máquina ganó más y más fama, siendo mejorada cada
    año. En 2056 ya había más información que antes y el conocimiento sobre la máquina era
    más accesible. Un científico ruso me dio a conocer esta obra de la ingeniería en el 2076,
    cuando yo tenía veinte años. Me considero una persona muy curiosa, así que no dudé nada
    en empezar a investigar sobre ese tema. Descubrí que nadie sabía exactamente lo que
    hacía ese aparato, solo lo sabían quienes la habían usado, que desaparecieron y nunca
    más volvieron.
    La máquina era un cilindro enorme de color blanco con piezas de color azul cielo. No
    aparecía mucha más información en internet, ni en los archivos de la universidad en la que
    Mikhail trabajaba, así que quise saber más sobre este artefacto. El científico ruso, Mikhail,
    me ayudó bastante en eso. Me puso en contacto con gente que tenía contacto acceso
    directo a esa máquina y llegué a ella con facilidad. Después de veinte días buscando como
    llegar a ese hito tecnológico, ahí estaba con Mikhail, en un búnker alemán aislado y
    protegido perdido de la mano de Dios. Pasamos por unos cuantos registros para ver que no
    llevábamos nada que pudiera revelar información confidencial, armas o cualquier cosa
    mínimamente sospechosa o peligrosa. Después de eso, estábamos delante de la enorme
    máquina, con los ojos abiertos como platos y una expresión de ilusión, fascinación y
    emoción. No me lo creía. Mikhail tampoco.
    — Esta máquina es el mayor invento del ser humano —dijo entusiasmado Mikhail—
    ¿Cómo funciona?
    Un científico nos miró de arriba a bajo y gritó algo en búlgaro que no entendí, y cuatro
    guardias nos agarraron a Mikhail y a mí, luego sentí un pinchazo y no recuerdo nada de lo
    que pasó justo después.
    Despertamos en una sala pequeña, en forma de cubo. Las paredes eran de un blanco
    impecable y todo estaba muy limpio. Miré un reloj y marcaba las seis y media de la tarde, y
    la última vez que miré la hora, antes de entrar, eran las doce en punto. A mi lado, estaba
    Mikhail, aún inconsciente, atado de piernas y brazos en una silla enorme de hierro, solo
    cuando vi eso me di cuenta de que yo también estaba atada. De repente se oyó un ruido
    muy fuerte en la puerta del lugar y entraron seis personas; dos doctoras, tres hombres de
    traje y una mujer con un vestido rojo. Una de las doctoras abrió el maletín que llevaba un
    hombre de traje, y ahí empecé a gritar que me soltaran. Lo último que recuerdo después de
    los gritos es un pinchazo de nuevo, y luego despertarme en una plataforma vertical, atada
    de todo el cuerpo a ésta, con una seguridad inquebrantable. Empecé a gritar nuevamente,
    pero no me quedaba voz. Tragué saliva con dificultad y estuve tres minutos intentando
    gestionar todo lo que sentía, porque sentía que me iba a morir y hasta me costaba respirar.
    De repente, la plataforma vertical donde me habían atado empezó a girar, solo entonces
    supe donde me encontraba; estaba en la máquina. Estaba en el interior de la máquina que
    había investigado durante mucho tiempo, y sin mi consentimiento. Jamás pensé que me
    iban a usar como un mísero objeto de pruebas científicas, cual rata en un laboratorio…De repente, se empezaron a oír ruidos extraños provenientes de la máquina cuenta
    cuentos. Un silencio devastador cuando los ruidos cesaron llenó esa enorme sala llena de
    personas esperando el final de la historia.
    — Jacob, Jacob —dijo una de las encargadas por el walkie—. El cuentacuentos está roto.
    No podemos continuar la historia
    — Depender de una máquina es horrible. Que continúe Jane. —respondió Jacob, bastante
    cabreado.
    — No se la sabe, nadie sabe el final. Era un cuento nuevo, salió ayer… —comentó a
    mucho pesar susurrando mientras salía de la sala.
    — Pues nada, invéntate tú un final.

    la paradoja de la perfección

    la paradoja de la perfección

    Año 2050. Cargando....cargando...carggg...instalada. En tan solo 1 hora millones de personas ya eran usuarios de la nueva aplicación “designer babies” Julia alzaba su móvil por todo lo alto mientras gritaba eufórica “¡por fin!”. Mario, su marido corrió hacia ella y ambos se abrazaron. Después de casi tres meses de espera desde que anunciaron la aplicación, por fin había llegado el momento que tanto habían esperado. Julia nació con VIH, su madre era portadora del virus, le contagió la enfermedad en el parto y murió poco tiempo después. Julia nunca pensó en la posibilidad de tener hijos, ya que había unas altas probabilidades de contagiar al embrión durante el embarazo. Este factor, había llevado a la pareja a diversas crisis, algunas de ellas muy próximas a la ruptura. Un día, en la hora de la siesta, estaban haciendo zapping para encontrar una película que ver hasta quedarse dormidos. Cuando al fin eligieron un canal, la película que se estaba emitiendo se detuvo y comenzó el siguiente anuncio: Designer babies, modifica genéticamente a tu bebe mediante la fecundación in vitro. ¡Crea al hijo perfecto! Las opciones son infinitas: ponle los ojos azules, haz que sea un cerebrito, o incluso un deportista de élite. Los pasos son muy sencillos, solo tienes que descargarte la aplicación y configurar los rasgos del embrión . Te llegará una llamada confirmando tu solicitud y se te citará en el laboratorio, donde se llevará a cabo la fecundación del óvulo, y la modificación e implantación del embrión en el útero de la madre. Inmediatamente descargaron la aplicación y pidieron cita solicitando que el embrión fuera inmune al virus del SIDA. Julia no se lo podía creer, pensaba que era cosa de magia. Tras meses de espera por fin habían recibido la llamada del laboratorio. Les dieron cita para el día siguiente. A la mañana siguiente, la pareja aparcó en la calle paralela al centro y tras cinco minutos a pie, llegaron. Un aire frío sacudía la entrada. No era un lugar especialmente acogedor, la sala de espera, que se componía de cuatro paredes blancas, recordaba a un lugar remoto en medio de la nada. Un médico de nariz respingona y pelo naranja se aproximó a ellos : “Julia Hernandez y Mario Fuentes”, dijo con una voz grave y áspera. El médico les guió hasta la consulta:
    -He observado con detenimiento su caso, y me ha llamado la atención la escasa modificación que solicitan, ¿A qué se debe esto?
    Julia algo molesta, contesto:
    -Esa modificación que usted califica de insignificante, nos cambiaría la vida para siempre, así que por favor, no juzgue mi vida ni mis decisiones sin conocerme
    -Por supuesto señora, no pretendía ofenderla, yo solo me refería a que con un simple "corta-pega" de material genético ya no tendrían que preocuparse de que su hijo estudiara, de que hiciera deporte, de que le gustarán las verduras…
    -La verdad es que nunca nos lo habíamos planteado así, contestó Mario. -La pareja se miró sonriente -
    -Está bien, contestó Julia, ya que estamos, ¿Por qué no?
    La pareja emocionada, hizo una larga lista de peticiones entre las que se encontraban: inmunidad ante las enfermedades cardiacas, una vena artística, inteligencia matemática, etc. El científico tras leerlo con detenimiento, les felicitó por su excelente elección. Les dijo que volvieran a la sala de espera, y que les llamaría cuando el embrión estuviera listo para introducirlo en el útero. Una vez en la sala de espera, Julia no podía dejar de sonreír, estaba ocurriendo de verdad, iba a tener un hijo, y no cualquiera, un hijo perfecto. Tras dos horas de espera, el científico les informó de que una de las modificaciones genéticas, tenía que realizarse en una laboratorio más especializado, ya que requería de técnicas más avanzadas.
    -Transportar al embrión puede suponer ciertos riesgos, así que piénselo bien antes de tomar una decisión precipitada, les informó el científico.
    -No hay nada que meditar, la decisión está tomada, nuestro hijo será perfecto.
    Mario se quedó algo extrañado al oír a Julia, pero no dijo nada. Mientras que el científico se dispuso a preparar al embrión para el trayecto, la pareja llamó a todos sus familiares y amigos para contarles la noticia. Julia pensaba que era cosa del destino, pues en cuestión de horas... ¡estaría embarazada! Llegó la noche, y con ella, la hora de cerrar el centro. La pareja comenzó a preocuparse, llamó al otro laboratorio para saber qué había sucedido, fue entonces cuando les comunicaron que el vehículo había sufrido un accidente y el embrión ya no era viable. Meses después, a Julia le diagnosticaron infertilidad por lo que nunca pudo tener hijos. Cuando la ciencia rebasa toda línea ética, la línea entre tenerlo todo y quedarse sin nada se vuelve imperceptible.

    La robótica

    La robótica

    En el año 2578 la humanidad avanzó como especie después del descubrimiento de un combustible renovable y seguro que generaba el triple de energía que todas las energías renovables y no renovables del mundo. Esta energía la descubrió un hombre aburrido que sin querer va descubrir la energía espacial. Después de ese descubrimiento estaban probando diferentes formas de aprovechar esta energía y transformarla en electricidad, nunca nadie había encontrado una energía de esa magnitud.


    Avanzamos hasta el año 2588, diez años después de ese descubrimiento, todo estaba mecanizado, desde la paradas de autobús con hidromasaje hasta salir de compras desde casa con unas gafas de realidad virtual diciendo lo que quieres al robot que controlas. Los videojuegos también han sido mejorados desde videojuegos que hacen tu vida mas agradable o juegos que te enseñan mejor que las escuelas.
    Pero de repente una clase de un instituto de Barcelona notaron algo raro, fuera de la habitual un robot de cocina fuera de la cocina, ¡caminando! como puede ser que un robot de cocina en forma de batidora pueda andar ¡sin pierna u otras extremidades!. Bajaron al patio donde estaba la batidora por última vez y se dieron cuenta por la televisión que los robots de todo el mundo se estaban comportando muy raro todos parece que se dirigen al mismo punto en Hong Kong.
    Todo, absolutamente todo que tenga una placa base”Ryren AM4”,
    una placa base muy común,desde el robot batidora del instituto hasta un sonar de la fuerza marina Española.Pasaron 3 días desde este fenómeno ultra raro, todos elementos con cuya base estaba a una distancia de un kilómetro alrededor de Hong Kong. Nosotros, simples adolescentes fuimos los primeros en descubrir esto y podimos extraer lo que estaba causando esto, después nos dirigimos a una fabrica abandonada de las afueras de Barcelona, nos juntemos con el gobierno como Miguel Castillo como representante del gobierno y llevemos a cavo un plan para acabar con esto, nos dieron un mapa para situarnos en la capital. El plan consiste en dos pasos: primer paso recopilar información sobre lo que pasa con los electrodomésticos y detectar fallas en el enemigos y el segundo destruir al enemigo que para eso nos dejaron a nuestra disposición todo el ejército de europa para que averigüemos todo lo necesario.
    El día llegó y con el transporte para desplazarnos, fuimos en jet ultra sónico que la velocidad máxima era de 1250 km que en menos de 5 horas llegamos a Xina, los militares nos protegían las 24 horas del dia, nos infiltramos en Hong Kong y después divisamos el enemigo un monstruo creado por la fusión de los elementos con la placa base.
    Todos llevemos a cabo el plan pero nos descubrió pero tuvimos una idea para acabar con él” si los elementos tienen una placa base el tambien tendra y gracias a los instrumentos que tenemos la divisamos.
    Era tan grande como una casa y no podremos con ella pedimos ayuda a los ejército y al final de todo esto la conseguimos gracias a un hacker llamado Oscar gran amigo del gobierno desmontó y programó la gigantesca placa base y así destruimos el monstruo que hizo terror en el mundo una semana.



    Cuando llegamos a España nos recibieron como si fuéramos reyes. nos dieron 1 millón de Euros a cada alumno y un vale de aprobado general con todo excelentes y nosotros lo íbamos a aprovechar.






    LA TIERRA EN EL AÑO 2100

    LA TIERRA EN EL AÑO 2100

    En el año 2100 la población ha crecido mucho por diversas razones y parece que el mundo no da abasto, todos los científicos del mundo intentan buscar una solución factible para todo el undo sin recurrir a métodos extremos.
    Ricky y Alicia son dos hermanos gemelos estudiantes de biología en la universidad y son hijos de los dos mejores científicos del país. Un día como cualquier otro, los dos hijos se van a la universidad y los dos padres se van al trabajo, pero de camino al trabajo unos hombres encapuchados les secuestran metiéndolos en una furgoneta y llevándoselos con ellos.
    Cuando Ricky y Alicia regresan de la universidad a su casa, ven que sus padres no están pero no se preocupan ya que hay veces que se quedan un rato más en el trabajo, así que se ponen a comer tranquilos.
    Al cabo de un rato se empiezan a preocupar porque no llegan sus padres así que les llaman pero ninguno de los dos les coge el teléfono. Dada esta situación deciden llamar a la compañía donde trabajan sus padres pero les dicen que ese día no habían ido al trabajo. Los dos hermanos se empiezan a preocupar y enseguida reciben una videollamada de un número desconocido, es la gente que tiene a sus padres y resulta que es otra compañía muy famosa. Les explican que están hartos de vivir de la escasez y que piensan hacer todo lo posible para conseguir vivir como reyes sin importarles las consecuencias. Ricky y Alicia se quedan confusos ya que no entienden porque esa compañía quiere a sus padres y estos les explican que es para usarles como rehenes para que los dos hermanos hagan todo lo que les pidan. Lo que esa compañía quiere es que Ricky y Alicia hagan lo que sea para reducir la población y hacerles saber a todo el mundo que la compañía es la que manda.
    Al finalizar la videollamada, los dos hermanos se preocupan mucho y piensan que es lo que pueden hacer para salvar a sus padres y ven que las posibilidades son muy limitadas y en casi todos los casos los métodos son extremos y ellos no quieren hacer daño a nadie. Se ponen a pensar primero en porque ha crecido tanto la población; cuales son las causas, y analizan unas cuantas: La primera; la fecundidad y condiciones de salud, que significa que cuando una población alcanza condiciones de salubridad óptimas, que le permite vivir más allá de la edad reproductiva y ampliar las familias, generalmente las tasas de natalidad aumentan, la población se muestra fecunda y se reproduce cuantiosamente. La segunda es el aumento de la longevidad, que quiere decir que si las personas viven más tiempo, podrán reproducirse más y además vivirán para ver a sus descendientes alcanzar la edad adulta, generando así una población anciana.
    Luego, los dos hermanos piensan en las consecuencias que el crecimiento de la población mundial trae consigo; que son las siguientes: El aumento de la demanda de bienes y servicios, lo que significa que aquellas poblaciones que experimentan un crecimiento positivo sostenido en el tiempo empiezan a requerir más y más insumos para sostener el nivel de demanda, lo cual permite que se ocupen empleos, que se movilice la economía, pero también que exista una mayor competitividad y que se aviven ciertos sentimientos de inconformidad (como la xenofobia). La segunda es el intercambio y enriquecimiento cultural y genético: lo que quiere decir que el mestizaje es una enorme fuente de diversidad y de riqueza. Por esta razón, las poblaciones que permanecen demasiado tiempo aisladas se estancan cultural y genéticamente ya que no poseen una fuente de ideas novedosas o de información genética distinta (disminuyendo así la proporción de taras y mutaciones).
    A parte de haber analizado todo esto, se dan cuenta de lo que les han servido las clases de biología al haber estudiado la demografía que es la ciencia que estudia a las poblaciones humanas de manera estadística, es decir, en base a datos numéricos y cálculos que permiten analizar diversos aspectos como el tamaño, la densidad, la distribución y las tasas de vitalidad de una población.
    Se dan cuenta de que todo esto es una locura y que no se puede reducir así sin más, así que llaman a la policía y le cuentan el problema que tienen, como la compañía que tiene a sus padres no son muy listos no se dieron cuenta que en la videollamada que hicieron se veía la dirección donde se encontraban así que la policía fue inmediatamente y salvó a los padres de los chicos y arrestaron a los componentes de esa malvada compañía.



    La última misiva de Jakob

    La última misiva de Jakob

    Él se sentía impotente, se le había vuelto costumbre ver la muerte cada día. Incluso ellas mismas, las parturientas, tenían miedo de los médicos, y no las culpo.
    Todo empezó en la facultad; nos habían enseñado que la enfermedad era un desequilibrio de los cuatro humores del cuerpo humano, sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla. Aunque nosotros no nos sentíamos totalmente cómodos con esta teoría la habíamos aceptado. Hasta que comenzamos a ejercer y tuvimos que lidiar con una enfermedad que se daba con más frecuencia cuando las mujeres eran atendidas por médicos. Ahí empezó la observación de nuestro protagonista, en cambio yo siempre he sido más distante y he preferido separar mis emociones del trabajo para no desanimarme. Preocupado por su salud mental, le pedí que no fuese tan obsesivo con las cosas y en todas las oportunidades que tenía intentaba cambiar de conversación y pasar a un tema más trivial para que se pudiese evadir de la mera realidad, pero aun así lo sentía ausente.
    Un día, mientras terminábamos de comer, un enfermero nos interrumpió a voz en grito, para notificarnos que había habido un parto callejero enfrente del hospital y que se le necesitaba para examinar al bebe.

    Los partos callejeros se habían vuelto muy habituales ya que las embarazadas no querían ingresar en la clínica y preferían parir en cualquier otro sitio. Después de un tiempo de medir la tasa de mortandad materna en su clínica y en la calle, él quedó sorprendido al ver que la callejera era inferior. Su desgracia fue a más; cada vez que fallecía una de sus pacientes venía enseguida a la sala de autopsias para cotejar los resultados de la necropsia con nosotros. A los forenses, al principio nos emocionaba que bajase un médico interesado en nuestro trabajo. Pero luego nos era una carga, nos pedía hacer análisis de una cosa sí y de otra también. Luego venían sus decenas de preguntas sobre si habíamos analizado bien y si seguíamos el protocolo de pe a pa. Nos pedía teorías sobre cómo podríamos explicar este fenómeno. Yo no me había parado a pensarlo pero le sugerí que podía deberse a un mayor hacinamiento en el pabellón. Se quedó dubitativo durante unos minutos hasta que sin decirme nada se marchó. Al día siguiente, no lo volví a ver. Fue un alivio para mí, su angustia me transmitía desasosiego, pero al fin podía estar tranquilo. Sin embargo, horas después me preocupé, ¿estaría todo bien?. Decidí ir a charlar con sus compañeros. Me contaron que se había ido de vacaciones porque se hallaba decaído y parecía que cada vez que moría un paciente se le iba la vida un poco. Pensé, menos mal que se ha ido, ahora puedo centrarme en mis cosas, es decir, mi clase. La práctica de hoy consistía en ir con los discípulos a la morgue para realizar una autopsia sobre un cadáver. Lo primero que les quise enseñar fue a usar correctamente el bisturí, después nos centraríamos en ver la causa de la muerte.
    Me gusta atender personalmente a cada alumno para que todos se vayan con la lección aprendida; a veces había que acercarse al estudiante para enseñarle paso a paso. Desgraciadamente uno de ellos se despistó y en vez de hacer una incisión transversal, la hizo pararrectal. Había destrozado el soma, enfurecí, le sugerí que me pasara inmediatamente el bisturí. Se puso nervioso, y yo, sin fijarme, pensando en que me iba a pasar primero el mango que el filo, sucedió lo peor, me corté. No sabía que esa iba a ser mi última clase, en la cual había humillado a un chico delante de todos; no pude pedirle perdón ni despedirme de ellos. Había contraído una afección que tiempo después me dejaría postrado en la cama.

    Escribo esta carta para despedirme de mis alumnos y especialmente de aquel pobre muchacho. No obstante lo que más me inquieta es mi querido amigo Ignaz. Espero que estas vacaciones le hayan ayudado para despejar el espíritu y confío en que deje atormentarse por los misterios irresolubles.

    PS.

    Quiero legar este escrito para que quede constancia de mi preocupación por Ignaz e incluso de la necesidad de recluirle en un manicomio.

    Hospital General de Viena
    12 de marzo de 1847

    LA VIDA DE ALEX, SU VIAJE DEL PASADO A AHORA.

    LA VIDA DE ALEX, SU VIAJE DEL PASADO A AHORA.

    Esta historia trata sobre una persona llamada Alex que tenía treinta y tres años, que padecía la enfermedad de la diabetes. Todo esto ocurre en el año 1981 y Alex tenía que estar constantemente haciendo un tratamiento, el cual se le introduce insulina procedente de cerdos y vacas, que puede llegar a ocasionar reacciones adversas. Alex hacia una vida normal, aunque no podía ingerir alimentos con glucosa debido a que no quería caer más enfermo aún de lo que ya estaba. Todo iba bien hasta que en el año 1982 un año después de diagnosticarle la diabetes se crea la ingeniería genética que es la manipulación de un o unos genes y su modificación es gracias a la operación de otros organismos. Alex comenzó su tratamiento de la ingeniería genética para poder usar el gen de un ser humano en vez de el de una vaca. Cuando salió esta nueva forma de curar a los diabéticos hubo mucha demanda, casi todas las personas que padecían esta enfermedad demandaron esta nueva forma de cura y Alex tuvo que esperar varios meses para que le concedieran la nueva forma de cura de la diabetes. Se volvió muy contento Alex cuando le informaron de que le iban a poder aplicar la ingeniería genética en su cuerpo.
    Hasta que a Alex le dieron paso para poder iniciar con la ingeniería genética, estuvo vario tiempo siguiendo con el mismo tratamiento que había tenido hasta ese momento, introduciendo en su cuerpo insulina de cerdos y vacas que aun siendo lo mismo pueden acarrear problemas. El páncreas de Alex comenzó a tener muchos problemas los cuales le perjudicaron al riñón, estaba a la espera de que le pudiesen aplicar la ingeniería genética, pero en ese periodo comenzó a tener muchos problemas con su páncreas y su riñón, el páncreas de Alex no producía glucosa ni introduciéndole insulina de otros tipos de animales. También estaban a la espera de un trasplante porque si no Alex iba a morir de la falta de glucosa. Lo paso muy mal hasta que le llamaron y le dijeron que se le iba a poder aplicar la ingeniería genética se volvió muy contento. Comenzó su tratamiento en 1990. Lo primero se localiza el que en este caso se sitúa en el cromosoma 11, este es llamado transgén, después de este proceso se extrae el gen del ADN con unas proteínas llamadas tijeras moleculares, se introduce el gen en otro ADN, que actúa como vector y es denominado ADN recombinante o recombinado. Una vez realizada esta parte en el cuerpo de Alex se le añade el ADN recombinado en una célula receptora, en este caso de sufrimiento de Alex de la diabetes se introduce en una bacteria que recibe el recombinado formando gracias a esto un parte de plásmido, es importante confirmar que la célula receptora a la que le hemos añadido al ADN recombinado traduzca el mensaje tan importante que es fabricar la proteína de la insulina y una vez este el proceso de Alex casi terminado lo único que queda es clonar el gen porque con la cantidad de insulina que se genera con un gen no es necesario para crear la cantidad de glucosa necesaria, se deja que las bacterias se multipliquen y de esta forma se obtiene gran cantidad de insulina. Se podría decir que Alex es un OGM, (Organismo Genéticamente Modificado). Lo que le ocurrió a Alex es que su riñón había sufrido tanto en ese proceso que no le quedaba otra opción de que le realicen un trasplante de riñón, Alex estuvo bastante tiempo fastidiado, pero después de tres meses tuvo la gran suerte de que una persona le iba a poder donar su órgano de riñón debido a que había muerto en un accidente de moto y resultaba ser su riñón compatible con él.
    Alex quedó muy contento porque ya podía hacer vida normal comer lo que él quisiese y lo más importante, ser feliz, se vio tan cuidado y vio la necesidad de gente que ayudase al avance de esta nueva tecnología que Alex comenzó a invertir bastante dinero en esta modificación genética para poder avanzar en ella y que personas que tengan diabetes como él no tengan que esperar tanto tiempo en obtenerla, es decir, que el proceso fuese más rápido de cómo iba anteriormente. Diez años después Alex lo consiguió y se convirtió en una de las personas más importantes en este ámbito hasta hoy en día.

    La vida de la Tierra

    La vida de la Tierra

    Sí, soy un planeta, podría ser algo más pero solo soy un planeta. Siempre estarán los satélites diciendo: “Que suerte tienes, eres un planeta…” Bah, bobadas en mi opinión. No sabéis lo aburrido que es estar ahí, en el espacio dando vueltas, y vueltas y vueltas… Como si fuera poco, además tengo que aguantar a mis 7 hermanos. El que peor me cae es Saturno, siempre presumiendo de su “precioso anillo”, aunque tampoco los otros son fáciles de aguantar, por ejemplo, Júpiter siempre está abusando de nosotros, claro que a ver quién le planta cara, con ese tamaño…

    Yo cuando era pequeña era inhabitable, ¡Pues era una enorme esfera de magma!, que bien se vivía sin seres habitando en ti…

    Poco a poco me iba enfriando y de repente ¡bum!, La tonta de Theia chocó contra mí, que daño me hizo. Estuve con dolor de cabeza como 10 años. Como si fuera poco recibir tal golpe, además, con todos los escombros que salieron disparados de mí se formó la tonta de la Luna que se quedó ahí orbitando sobre mí como un pasmarote.

    Cuando pensé que mi sufrimiento había acabado empezaron a caerme cometas. ¡Así estuvieron 100 millones de años!, menos mal que llegó la vendita atmósfera que se ha ocupado de protegerme durante todo este tiempo. Hace aproximadamente 3.800 años de la corteza terrestre empezaron a salir volcanes, que emitían vapor de agua, Co2 y más gases. Gracias a esto se formaron las nubes y con estas la lluvia y se originaron los seres vivos. Al principio no estorbaban pero fueron evolucionando y evolucionando hasta que llegaron los humanos.

    Esa especie tan horrible que me odia, pero eso no siempre fue así, al principio eran como una especie más, realizaban la nutrición relación y la reproducción como todos los demás seres. Pero fueron evolucionando, creando los primeros poblados, que después fueron imperios y que ahora son ciudades. En la actualidad, los humanos siempre encuentran la manera de hacerme daño, ya sea emitiendo CO2, o quemando mis preciosos bosques… La verdad es que prefería a los dinosaurios antes que a estos locos humanos, pues no estorbaban.

    Poco a poco los humanos fueron avanzando y creando cosas, algunas buenas y otras malas y perjudiciales para mí.

    No os creáis que esto es lo único malo de ser un planeta. De vez en cuando se acerca algún cometa, como Halley que va por ahí presumiendo de su libertad.

    La verdad, el único astro que me cae bien es el Sol, por cierto, está un poco loco pero es uno de los más normales. Siempre hay algo de lo que hablar con él. Hace poco me contó que una galaxia llamada Andrómeda se va a chocar con nosotros, no sé, la verdad es que no lo escuché mucho.

    Como si fuera poco sufrimiento el mío, tengo que aguantar a la Luna. En mi punto de vista, la más pesada del universo. Siempre está haciéndose la graciosa con chistes malos y provocando estúpidos eclipses.

    ¡Ay lo que daría yo por ser algo distinto!, no sé, un cometa, una estrella fugaz... Podría ver espacio, conocer nuevos cuerpos celestes, hacerme amigo de algún alienígena…

    Quién sabe lo que me encontraría, el universo es inmenso. Seguramente conocería muchos astros, muchos de ellos pesados o que no me caerían bien pero también habría otros con los que podría hablar y hacernos amigos. ¡A lo mejor hay alguno que también tiene seres habitando en él!

    Ya que esto es un sueño imposible me gustaría pedir un deseo: intentad tratarme mejor, humanos, que ya es suficiente lo que hago por vosotros…

    Las Aventuras de la familia Garcia.