Mundabot

Era una tarde de lluvia y estaba en primero de la ESO. Iba avanzada en todas las materias como había ido en primaria, pero la verdad es que este año era todo más complicado. Mi mejor amiga se había mudado de pueblo y en el instituto no encontraba mi lugar.
Estaba sola en casa, como de costumbre, mi madre hacía turnos en el hospital y si estaba en casa tenía que descansar o bien arreglar cosas del hogar. Los fines de semana libres eran fines de semana repletos de actividades. Ella siempre organizaba o encontraba toda clase de talleres científicos o culturales donde poder pasar buenos ratos juntas, pero además aprender y aprender…Ella siempre dice que la vida es un aprendizaje continuo. Se aprende de los aciertos y de los errores. Según ella la vida es ciencia, se hacen hipótesis y debes tratar de validarlas o bien renunciar a ellas, antes que la propia vida te demuestre que eran erróneas.
Ella era buena en todo, en asignaturas de letras y en ciencias, pero decidió que necesitaba ayudar y eligió el camino de la medicina y sigue aprendiendo de los errores y de los aciertos.
Como os decía, esa tarde de lluvia recordé todo lo aprendido en robótica y también en un taller del pasado fin de semana en el Museo de la Ciencia y me vinieron ganas de crear con la ciencia lo que la vida no me había dado al ser hija de una madre soltera muy ocupada: una amiga y además hermana, que no se tuviera que ir como había hecho Tina tras el divorcio de sus padres.
Me fui a mi habitación y empecé a abrir un regalo de hace tiempo para montar un robot hablador. Siempre esperaba que mi mamá tuviera tiempo para montarlo conmigo, pero con tanto trabajo y las actividades que buscaba para todos los fines de semana la caja seguía esperando su momento.
En las instrucciones ponía que debía buscarse un nombre antes de crearlo y así fue como se engendró mi amiga y hermana Mundabot, su principal cualidad tenía que ser la inteligencia para que siempre tuviera con ella temas a hablar y no me sintiera sola como mis nuevas compañeras de instituto, poco lectoras y solo pendientes de salir con chicos. Ahora necesitaba alguien que tuviera un parecido con mi amiga Tina y con quien pudiera conversar a todas horas.
Comencé a unir piezas, a crear circuitos y a ir diseñando y modificando lo que no me gustaba de las instrucciones. Estaba tan abducida en mi trabajo que no oí la llegada de mi madre ni respondí cuando me llamó. Había cesado de llover, pero mi mundo había dejado de girar y estaba demasiado ocupada. Mi madre abrió asustada la puerta de mi habitación y cuando me preguntó que hacía le dije que un trabajo de robótica. Ella se ofreció a ayudarme cuando dispusiera de tiempo libre. Ahora era la hora de preparar la cena y tenía que ir a descansar para su turno de mañana.
Cené con mi madre, pero no le conté mi secreto sobre el proceso de engendramiento de mi amiga y hermana Mundabot, de hecho esa noche no quería dormir y me propuse seguir con mi deseo. Eso me hacía feliz. Esa mañana cuando sonó el despertador hice caso omiso y seguí con mi proceso. Había oído una hora antes que mi madre se levantaba y me puse en la cama, pues sabía que ella vendría como cada mañana a darme un beso. Me hice la dormida y cuando oí la puerta de la calle me levanté. Estaba inmersa en mi proceso de creación y mi niña estaba a punto de nacer, me quedaba la parte de programación con la ayuda del ordenador .Pronto iba a oír sus primeras palabras.
No era consciente del problema que se avecinaba. Mi madre recibió un mensaje del instituto donde le decían que había faltado a las clases y ella se asustó mucho. Llamó para confirmar si aún no había aparecido y rápidamente se dirigió a casa con los ojos llorosos y el corazón roto por el miedo. Yo era muy responsable y no podía ser que voluntariamente no hubiera ido al instituto. Pensó en todo: un accidente, ladrones, muerte súbita…No sabía ni como dejar de llorar para ver las señales y los semáforos. Ese viaje que hacía cada día, le pareció eterno. Llegó a casa gritando y rápidamente se plantó en mi habitación y cuando abrió la puerta le respondió: “Hola soy Mundabot, la hermana y amiga de tu hija”
Las dos nos fundimos en un abrazo interminable y cuando la situación se calmó le expliqué que me sentía muy sola. Ese día mi mamá cogió vacaciones y fuimos a merendar con Tina y le presenté a Mundabot.

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