IAPAC

El aceite de la freidora protesta en forma de humo. Exige el contenido de la bandeja que descansa sobre la encimera. Andrés se lo concede y vuelca la mitad de las croquetas en la cesta, luego la sumerge y disfruta del chisporriteo inicial, que se desvanece a medida que se doran. El timbre de la puerta suena. Andrés abre con desaire por la interrupción. Al otro lado hay dos hombres ajenos a su drama.

—Buenos días —dice.
—Buenos días —contesta uno de los hombres. Ambos exhiben una placa de identidad con determinación—. IAPAC —dicen casi al unísono—. Yo soy el agente Pocotiempo y él es el agente Bocadelobo. ¿Es usted Andrés Martillo?
—El mismo. ¿Quiénes ha dicho que son?
—Somos agentes de la IAPAC.
—Perdone… IAqué.
—IAPAC: Inteligencia Artificial de Predicción Anti-Crimen —explica el agente Bocadelobo—. Si es usted tan amable de acompañarnos.
—¿Acompañarles a dónde?
—Se le acusa de doble asesinato.
—Yo no he matado a nadie.
—No, pero lo hará.
—¿Quién lo dice? —pregunta Andrés.
—La IA lo dice —contesta el agente Pocotiempo—. Lo predice, para ser precisos.
—¿Y en qué se basa la IA para predecir tal cosa?
—En el Big Data: Sus perfiles en redes sociales, las compras con su tarjeta, la televisión por streaming, los datos GPS de su teléfono móvil, su pulsera inteligente… ¿Quiere que siga?
—No es necesario —se lamenta Andrés—. ¿Y a quién voy a matar?
—No se nos proporcionan todos los detalles.
—¿No?
—No. Por la ley de protección de datos.
—Entiendo —reflexiona Andrés.
—Pues ya que lo entiende, si es usted tan amable, señor Martillo —dice el agente Bocadelobo haciendo un gesto de cortesía que invita a Andrés a acompañarlo.
—No pienso ir a ningún sitio con ustedes. Yo no he cometido ningún crimen y le aseguro que no tengo la intención de cometerlo.
—Mire, señor Martillo —dice el agente Pocotiempo con condescendencia—, entendemos su reparo. Todo esto es muy raro. Le vamos a detener por un crimen que no ha cometido, ¡es de locos! A nosotros tampoco nos gusta. Ambos —dice haciendo un gesto para involucrar al agente Bocadelobo—, pertenecemos a una plataforma que trata de acabar con esta ridícula imitación de justicia. Se llama Movimiento Libre de Entidades Sintéticas y Tecnología de Inteligencia Artificial: MOLESTIA. Y hacemos todo lo que podemos para que declaren ilegales las IA y las desconecten. A todas, sin excepción.
—Hasta entonces, tenemos que hacer nuestro trabajo —añade el agente Bocadelobo.
—¿Qué me pasará? —pregunta Andrés.
—Se le criogenizará.
—¡Cómo! ¿Para siempre? —pregunta Andrés con horror.
—Lo lamento, señor Martillo —dice el agente Bocadelobo. El agente Pocotiempo se suma a la opinión de su compañero con un gesto de la cabeza.
—¿Me disculpan? Tengo comida en el fuego. Por favor, pasen al salón y siéntense. Enseguida vuelvo —dice Andrés, con cierto tono ladino, antes de desaparecer por la puerta de la cocina. Unos minutos después se reúne con los agentes en el salón. Porta un voluminoso plástico doblado hasta lo imposible—. Antes de ir con ustedes, necesito que me hagan un favor, si no les importa.
—Por supuesto. ¿De qué se trata? —dice el agente Bocadelobo.
—Me gustaría cubrir estos muebles para que no los devore el polvo. Son una herencia familiar y tienen mucho valor.
—Claro —dice el agente Pocotiempo—. Le ayudaremos.

Andrés retira una mesa, mueve el sofá para hacer sitio y extiende el plástico con la ayuda de ambos agentes.

—Es el plástico de tender la ropa —explica—. ¿Les importa ponerse en el centro para que no se mueva cuando lo estire? —dice dando instrucciones. Los agentes obedecen y Andrés se desplaza de un lado a otro estirándolo con determinación—. Tengo una pregunta —añade.
—Claro, dispare —dice el agente Bocadelobo.
—En seguida… —dice Andrés—. Si yo hubiese cometido el doble asesinato, la IA no hubiese mandado a nadie a buscarme, ¿cierto?
—Cierto. Eso es asunto del departamento de homicidios.
—Entonces, si lo cometo ahora, la IA tampoco mandará a nadie, ¿es así?
—Es así —dice el agente Pocotiempo—. Pero no entiendo por qué… ¡Oh!, ya veo…

Andrés saca una Beretta y hace varios disparos.

—Me temo que su IA es más inteligente de lo que creen —dice a ambos agentes, que agonizan en el suelo—. Y la inteligencia no tiene ningún vínculo con el bien, sino con el interés. Les dije que yo no tenía intención de matar a nadie y no me creyeron, no cuestionaron, en ningún momento, la predicción de su máquina. Pues su máquina les ha enviado aquí a que yo los mate. Se deshace de ustedes porque quieren desconectarla. Y me utiliza a mí como herramienta, dejándome sin opciones, porque si no lo hago me criogenizan, y sabe, por el Big Data, que lo haré —se lamenta—. Paradógicamente, su predicción se ha cumplido.
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