27

Juega con la copa que tiene en la mano, la mueve de un lado hacia otro, mientras trata que no se le derrame el vino dentro. Se pregunta qué hace ahí. Para nada encaja con tanta majestuosidad. Se contempla en el reflejo del agua y este le devuelve una imagen extraña. Ella es solo una máscara esta noche. Lleva un vestido excesivamente caro que le pica en la piel y una coleta muy ajustada; la cabeza se le quiere reventar. Pero ahí está como la mejor marioneta, mientras Charles hace alarde de la última zorra con el grupo de “los intocables”. Sigue contemplando el agua y su reflejo se hace cada vez más confuso. Una luz tenue en el lago le llama la atención, se siente cálida, se siente tan cercana, aunque esté lejos. Se quita los zapatos costosos, seguro Charles la reprendería, pero no le importa, hace tiempo que dejó de importarle todo. La luz se hace cada vez más perceptible, se acerca a velocidad y ella solo quiere llenarse de tanta maravilla. Deja los Jimmy Choo en el suelo y se dirige hacia el muelle flotante, corre, algo la atrae cada vez más. Grita mientras corre y se siente libre. Lejos de la enorme mansión con vistas a Central Park, lejos del lujo, lejos de Charles. Charles le da asco, soberbia, solo quiere alejarse. Ni siquiera se voltea para ver a su esposa huir, sigue ahí jactándose del gran macho que es con esos tipejos despreciables, que pretenden comprar el mundo. Pero nada de eso importa ya, mientras corre su corazón se acelera y algo se activa dentro de ella. Se detiene al borde del muelle, otra vez mira su reflejo, respira y sonríe; en este espacio de agua por primera vez se parece a ella y está llena de esa luz. Cierra los ojos y siente mucho más el calor de ese resplandor. Los abre y recorre con su mirada cada uno de los allí presente. Los intocables, siempre se reúnen en distintos lugares, paranoicos acaso, quizás, pero ya van 26 atentados. Son bestias detrás de una presa, pobres meseras con esos repulsivos al asecho. Cuánto mal han hecho, pero siempre se salen con la suya, sobre todo Charles. Le clava la mirada a Charles y un bip suena en su cabeza. Mientras todo estalla en mil pedazos, ella, al fin, está en paz.
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