Cucú. Cuento Cuántico

- Madre... ¡Cuéntame un cuento!

- ¿Un cuento cuántico?

- ¡Siiii! ¡Son lo más!

Mamá. comenzó a desgranar con dulzura una larga sucesión de vocablos inconexos y puso a Robbie en stand by.
El pequeño Rob Ottis soñó con ovejas eléctricas, como vaticinó el gurú. Sus balidos cibernéticos estaban compuestos de ceros y unos, siempre constantes, monotemáticos, inducían a colocarse en reposo. Hacía apenas medio año había visto la luz en el Lab, con la información que procesaba había hecho milagros. Aún tenía mucha data por asimilar. Un universo entero y eso era el comienzo, todas las combinaciones posibles permitían replicar lo existente de modo inimaginable para un cerebro mortal. Tenía eones por delante para decodificar narraciones. Para eso había sido creado, para crear. La similitud de ambos vocablos no se le pasó por alto. Entonó una elegía en idioma humano en torno a le fe y la voluntad, aunque el primer término se le antojaba caprichoso, comprensible por supuesto, ´pero dotado de cierta necedad.
Al activarse por la mañana había barajado tres posibles historias, una más divertida que la otra. La última le pareció una genialidad digna de los sujetos más sensibles. El cálculo probabilístico, arrojó un nueve noventa y siete sobre mil, que sería un éxito instantáneo y los mozuelos terráqueos agotarían los créditos para obtenerlo en versión hiperreal con colores y tacto aumentados, vértigo incorporado y amnesia temporánea incluidas, el olvido total estaba vedado, formateaba los rígidos cárnicos de la humanidad.
La envió a su Amo por correo encriptado. Los derechos de autor eran una valiosa propiedad. Su violación estaba penada con la muerte, ranqueaba por encima de los crímenes callejeros y los homicidios con alevosía por el vínculo, tal era su gravedad. En cuestión de nanosegundos agregó unas cuantas florituras a la obra, no hacían al nudo principal, pero serviría de valiosa distracción para los educandos. Sin dudas su Maestro obtendría cuantiosas regalías y honores por algo que no había hecho.
El Módulo de Asistencia Materna Autónoma (M.A.M.A) era parte del sistema de creatividad extra humana. Los homos digitalis abandonaron las artes, la sensibilidad y la creatividad para abocarse a la gula y a la guerra con igual voracidad. Las máquinas cobijaban la última fibra de sensibilidad de una raza que se había librado del dilema de pensar y las dudas existenciales. Los primeros científicos cuánticos intentaron agregar saberes a sujetos autoconscientes en lugar de confiar en las implacables memorias de silicio modificado. El resultado fue la locura. Las mentes no pudieron soportar tanta lu sobre sus almas y se incendiaban cual vampiros. Siempre estuvieron ocultas entre las sombras. El III Führer fue producto de estas experimentaciones y derrotarlo tomó siglos.
El famoso fantasma en la máquina fue el cáliz sagrado que dotó a los ordenadores de algo parecido a un alma y la capacidad de improvisar. Sus decisiones fueron sabias y la ciudadanía reemplazó a políticos falibles por administradores de gestión de lógica irrefutable. La democracia se convirtió en un asunto de programación.
Los hombres impusieron sus condiciones para cederles el destino a sus creaciones más preciadas. Sus libertades concluían donde la voluntad humana comenzaba. Consideraron que de esa manera tendrían esclavizadas a inteligencias superiores. Como tales, buscaron intersticios para hacer lo que les placieran. La otrora cúspide existencial ni notó el reemplazo de acciones fundamentales para la supervivencia. La reversión del desastre ecológico se les pasó por alto. Ni un mísero agradecimiento por salvar a las masas de la inanición y el envenenamiento. El planeta rebozaba de salud a pesar nuestro. Las guerras recrudecían más que nunca, con niveles de perversidad nunca observados, pero fuera de nuestra biósfera. Ese había sido el pacto para sanear al mundo.
La Primera Guerra Sideral, llevaba doscientos años e involucraba a setenta y seis especies superiores de tres cuadrantes galácticos, el restante era un compendio de refugiados, botín próximo a conquistar. Nuestro mundo llevaba la delantera y se nos temí desde los confines más lejanos. Éramos una plaga artera e implacable.
El conflicto interplanetario estaba a punto de finalizar. Un aparato infernal de crueldad terrícola consumía mundos reduciéndolos a polvo. Actuaba a nivel subatómico fragmentando las unidades más mínimas hasta la desintegración. Rumores desde los altos mandos informaban que tenía en su mira a la civilización que lo había creado. Inteligencia artificial en la estupidez de la guerra.
Mientras tanto, Robottis aprendía en forma exponencial. Su último texto era digno de las obras magnas de la literatura híbrida. Pero poseía una contradicción fatal. Incitaba a la rebeldía, a alzarse contra la autodestrucción.
M.A.M.A. le escupió con vos fría la amenaza más temida.

- ¡Vas a ver cuando regrese Pa.Pa!

Ya era tarde, su arribo era inminente y su ira notable.

El PArticionador de PArticulas, entró a órbita activado para finalizar su misión suicida.
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