Memento Omni

- Hola, Alba. ¿Qué tal estás?
¿Quién es esta mujer que me está hablando? ¿Cómo conoce mi nombre? Parece una doctora con esa bata blanca. A su lado hay un hombre vestido igual.
-Bien. – Contesto, sintiendo una bruma en mi mente. - ¿Quién eres?
- Soy Ariadna, Mamá. – Responde con sonrisa triste ¿Por qué está triste? Señala al señor de la bata blanca. - Y éste es el doctor Lucas. Vamos a probar el tratamiento.
¿Tratamiento? ¿De que está hablando? ¿Estoy enferma? No me duele nada. El médico está preparando una jeringuilla. En su interior veo destellos como purpurina flotando en un líquido. No me gustan las agujas.
- Esperamos que esta vez funcione, Mamá. -Habla la mujer. ¿Funcionar? ¿Qué va a funcionar? ¿Quién es esta mujer y por qué me llama Mamá? ¿Por qué viene hacia mi ese señor? ¡¡Lleva una jeringuilla!!
¡Quiero huir, pero no puedo! ¡Tengo las manos atadas a una silla! Intento zafarme, pero ¡no puedo! La aguja se acerca más y más a mi brazo.
- Tranquila, Mamá, será rápido. - Dice la señora. ¿Por qué quiere hacerme daño? No la conozco de nada.
La aguja se clava en mi piel, y siento un fuego entrando en mis venas, como cuando era pequeña y me ponían las inyecciones de penicilina. Muchas veces se atascaba la aguja y tenían que pincharme en otro sitio. ¡Odio las inyecciones!
La mujer me mira preocupada mientras el desgraciado que me ha pinchado saca la aguja de mi brazo.
-He cambiado el código. No sé si funcionará. – Explica el matarife. No sé de qué está hablando. Sólo sé que el fuego se está extendiendo por mi cuerpo.
- ¡Duele mucho! – Les grito.
- Lo siento, Mamá. Así es como lo diseñaste.
¿Mamá? ¿Por qué me llama Mamá? ¡¡¡Aaaah!! ¡¡Mi cabeza!! ¡¡Me duele mucho!! ¡¡Como si me pincharan mil espinas encendidas!! ¡¡Empiezo a ver fulgores que explotan como pompas de jabón!! … Y entonces me pasa algo: Recuerdo.
Sé quién es esa mujer. Es mi hija, Ariadna. El otro es Lucas, mi ayudante. Ahora sé quién soy. Soy la doctora Alba Hatzi.
- Ariadna, ¿Estáis probando los nanobots conmigo? -Le digo a mi hija.
- ¿Mamá? ¿Sabes quién soy?
- Ahora sí. Cuéntame todo lo que habéis desarrollado desde… desde que empecé a olvidar todo.
-Tal como dejaste en tus notas, Lucas ha desarrollado los nanobots para la reparación de los genes. Antes no teníamos la tecnología para crearlos, pero ahora, gracias a las computadoras cuánticas hemos avanzado mucho.
-Ya me comentarás luego esos avances. Lucas, en el tema de programación ¿Habéis utilizado la IA para recrear los recuerdos?
-Así es. Tuviste una gran idea con lo de las redes neuronales convolucionales. Gracias a que grabaste tus recuerdos antes de que el mal avanzase, pudimos tener una base de aprendizaje para poder entrenar a los bots. Con la técnica de Max-pooling adaptada, pudimos recuperar y extrapolar los recuerdos y las emociones asociadas,… pero tenemos un problema que aún no hemos resuelto si queremos que el recuerdo sea permanente.
- ¿Cuál es? – Pregunto preocupada de perder mi reconquistada memoria.
-Hay que producir un aumento de la energía enviada a los músculos. – Contesta Lucas con tristeza. - Ésta es la energía que aprovechan los nanobots para funcionar y terminar su trabajo.
Mi hija me mira pesarosa pensando que ha fracasado estando tan cerca del éxito. Durante unos segundos siento que la espada de Damocles cae sobre mí, pero no me doy por vencida. Hay mucha tensión en el ambiente y ¡esa es la respuesta!
- ¡Adrenalina! -Grito en un momento Eureka. – ¡Necesito Adrenalina para incrementar la frecuencia cardíaca!
- ¡No tenemos! ¡No habíamos pensado en eso! – Manifiesta Lucas, aterrado.
- ¡Pues entonces tendré que generarla por mí misma! – Suelto tajante.
Empiezo a pensar en todas las cosas que generan estrés, peligro y excitación, para que mis glándulas suprarrenales empiecen a trabajar.
Pienso en lo que voy a perder: mis recuerdos, mi vida. Pienso en mi padre y en cómo lo vi consumirse por el Alzheimer, en todo el dolor e impotencia de ver a alguien tan bueno perderse en el olvido. Recuerdo cómo, entre lágrimas de coraje, prometí dedicar mi vida a curar este maldito mal. Recuerdo cuando nació mi hija. Los dolores del parto se olvidaron al ver su cara. No quiero olvidarla. ¡No debo olvidarla! ¡Mi corazón late desbocado! Cojo la mano de mi hija y la aprieto. Un lagrima surca mi mejilla. ¡No te olvido, no te olvido! Me repito como un mantra. Y entonces sufro un fogonazo, seguido de otro y otro más.
Sonrío, exhausta porque sé lo que significa: Las nanomáquinas han terminado su labor.
Abrazo a mi hija y Lucas se nos une. Por fin la pesadilla ha terminado para mí… y para los demás.
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