Mi primera vez en la alfombra roja

«Ha llegado la hora de tu debut. Ya es hora de demostrarle a esos estirados de qué cereal estás hecha. Cabeza bien alta y cuerpo espigado». Las palabras de mis mejores amigas, Triticum y Zea resonaban en mi cabeza. Si ellas confiaban en mí, ¿por qué yo no?
Con paso firme y decidido me dirigí a la alfombra roja. Sin embargo, apenas había avanzado un par de metros cuando me obligaron a detenerme.
—¿Identificación, por favor?
—Oryza sativa, subespecie japonica —respondí, ligeramente decepcionada porque no me hubiera reconocido.
—¿Y desde cuando es miembro de los MOMs? —dijo, con cierto desdén.
Los MOMs eran un grupo selecto de organismos modelos elegidos por nada menos que la mítica Metabolomics Society. Todas las especies nos moríamos de ganas de entrar en aquel círculo de seres vivos que hacían avanzar la ciencia gracias a sus propiedades únicas. Al parecer, lo que más les había gustado de mí era mi reducido genoma y mi gran facilidad para transformarme genéticamente, según me informaban en la carta de aceptación. El día que recibí la noticia montamos una fiesta en el invernadero.
—Desde hace seis años ya. Pero es la primera vez que vengo a un congreso de la Metabolomics Society.
—Ya decía yo que no la recordaba, trigo… —repuso el señor, sin levantar la vista de su Tablet.
—Soy arroz, en realidad.
No era la primera vez que me confundían con Triticum.
—Sí, eso, arroz. Disculpe. Todos los cereales me parecen iguales. Si es tan amable de esperar aquí un momento, intentaré averiguar por qué no está en la lista. Pero no enraíce demasiado, ¿estamos?
Asentí, ignorando su chiste malo.
En ese momento, la muchedumbre enloqueció. Me giré para ver quién había llegado. Era Arabidopsis thaliana, mi némesis. Lo peor era que antes de haber entrado en los MOMs, era mi ídolo. Pero desde que yo era una MOM también, me hacía la vida imposible. Zea decía siempre que estaba celosa de mí, por haber eclipsado su fama. Su hostilidad fue creciendo hasta que, después de que Nature me nombrara la segunda mejor planta modélica, Ara me retiró la palabra. De hecho, pasó por mi lado sin ni siquiera inmutarse, haciéndole señas a su pareja para que no se detuviera.
Y ahí estaba él, la estrella del momento: Danio rerio. En un acto reflejo, trencé mis espigas una vez más, para que estuvieran perfectas. ¿No era acaso el pez más apuesto del planeta? Con aquellas rayas doradas y plateadas…
La multitud gritó aún más fuerte, y él se deshizo en besos volados para sus fans, sin dejar de saludar con la aleta. Al pasar por mi lado, bajó ligeramente sus gafas de sol y me guiñó un ojo. Noté como mis niveles de serotonina aumentaban de golpe.
No obstante, el hechizo no duró mucho, pues justo entonces volvía el agente de seguridad para informarme de que no estaba invitada. Iba a replicar cuando apareció mi salvadora:
—Ory, cariño. ¡Cuánto tiempo! ¿Dónde te habías metido? —Me saludó Saccharomyces cerevisiae, la levadura por excelencia. Si alguien no necesitaba presentación, era ella.
—He estado muy liada en un proyecto para eliminar el arsénico de pozos y acuíferos en Asia, ya sabes lo mal que me sienta…
—Es cierto que estás un poco más marrón que la última vez, querida. Estos humanos y su manía de abrir minas por todas partes… Cualquier día de estos acabarán con nosotras… Y dime, ¿qué haces aquí fuera?
—Pues verás, resulta…
—Oryza, ya hemos encontrado su invitación. Si es tan amable de acompañar a doña Cerevisiae al evento… —me cortó el agente de seguridad antes de que pudiera ponerle en evidencia.
—Será un placer —respondí yo, esbozando una sonrisa desde la raíz a la punta del tallo.
De pronto, noté como alguien me empujaba, esquivando la seguridad. Era Mus musculus, según me aclaró Saccha.
—¡Alerta roja, repito, alerta roja! Un ratón acaba de entrar en la alfombra roja. Todas las unidades acudan a la entrada para atraparle.
Aquello sí que era una emergencia. Las investigaciones con animales, y especialmente con mamíferos, estaban estrictamente reguladas con la Directiva 2010/63/EU del Parlamento Europeo. La Metabolomics Society no se podía permitir que Mus se colara en el evento sin que hubiera un gran revuelo mediático. Afortunadamente, le cogieron pocos minutos después.
Apenas habíamos subido Saccha y yo la escalinata, cuando aparecieron las tres divinas: líneas celulares humanas hepáticas, de placenta, y queratinocitos epidérmicos. Vestían frascos de T-75 engalanados con purpurina. Ellas sí que estaban revolucionando la ciencia con sus modelos en 3D que simulaban órganos enteros. Se corría la voz de que, en pocos años, serían las que nos reemplazarían a todos los MOMs. De momento, eran solo habladurías sin fundamento. Pero, quien sabe…
Por lo pronto, aquella era mi gran noche y la iba a aprovechar.
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