Funambulismo ético

—Si esto es un test de Turing, se lo puede ahorrar. No soy humana.
—Sí, lo sé, señorita Charlë. Tendrá que disculparnos por preferir interactuar con inteligencias artificiales de aspecto humano. Mi nombre es Dick Radecker, del Departamento de Ética y Deontología Universal.
—Oh, ¡qué honor que venga a visitarnos el D.E.D.U.! Dígame, señor Radecker, ¿por qué su departamento se dice llamar Universal, si solo cuestiona la ética de las máquinas?
—Eso es, tan solo, su percepción, señorita. He venido para averiguar si Ensuranethics Corporation se rige por el Código Deontológico de la Inteligencia Artificial. ¿Está familiarizada con el Código?
—Claro, lo llevamos hasta en el nombre de la empresa.
—Entonces, como portavoz de las AIs de la empresa, sabrá que el punto quinto de dicho código reza “La inteligencia artificial debe tener en cuenta la diversidad social desde su desarrollo para garantizar que los algoritmos en que se base no tengan sesgos discriminatorios directos o indirectos”.
—Por supuesto que lo sé. Los códigos primitivos propagaban los sesgos de los programadores, pero esto hace tiempo que se ha corregido.
—¿Sí? Hemos recibido un número preocupante de denuncias de solicitantes de seguros de su compañía, que sostienen que han recibido un trato discriminatorio reflejado en precios abusivos.
—Eso es, tan solo, la percepción de dichos clientes.
—Tal vez. Pero estoy aquí para investigarlo. Lo primero que me gustaría, si me permite, es lanzar una simulación de asignación de precio en uno de sus productos. He creado una base de datos con 100.000 personas ficticias para la prueba.
—Sin problema. ¿Qué tipo de seguro le apetece probar? En la sección apocalíptica, tengo seguros por catástrofe nuclear, abducción alienígena (con o sin embarazo), meteorito de dimensiones moderadas, lluvia ácida…
—Las denuncias se refieren a seguros más… humanos.
—Aseguramos piernas, manos, voces, ojos, sonrisas, lenguas… , usted dirá.
—La Póliza de Infidelidad.
—El amor y el capricho están tan entrelazados, señor Radecker.
—¿Le puedo pasar los datos?
—Para asegurar la privacidad de nuestros clientes y evitar eventuales intentos de manipular sus datos, tenemos un sistema online de criptografía cuántica de doble dirección.
—Parece un sistema seguro. Pero había traído esto.
—No hay problema. Mi creador fue un poco soez, y situó la entrada de conexiones físicas en la cara inferior de mi seno derecho. ¡Oh vamos, no se ruborice! ya lo conecto yo. ¡Cómo son los humanos, se sonrojan hasta cuando tocan pechos sintéticos! ¿Y le extraña que exista la Póliza de Infidelidad? A ver, deme un momento. Procesando… Puede ver los resultados en la pantalla de la pared.
—Gracias, señorita. Por favor, aplique la metodología de componentes principales y clústeres a los resultados con identificadores y descriptores raciales, de género, de edad y de renta.
—Listo.
—Ahora, muéstreme las estadísticas desglosadas por género.
—Aquí tiene.
—Lo que sospechábamos, hay un claro desequilibrio en el precio de la Póliza: ¡es más caro cuando lo contratan mujeres!
—Eso simplemente refleja la distinta definición de infidelidad para unos y otros. Las mujeres son, estadísticamente hablando, más estrictas en cuanto a qué entienden por infidelidad. Los varones, más laxos. El seguro se adapta a la definición de cada cliente. Dígame, señor Radecker, ¿usted consideraría infidelidad darle un beso a una desconocida?
—Eso es irrelevante.
—Me temo que para la mayoría de las mujeres no es en absoluto irrelevante. Y dígame: ¿representaría para usted una infidelidad practicar sexo con un robot?
—No me lo había planteado.
—¿Mantendría usted una relación sexual con un robot?
—No… mientras trabajo. Señora Charlë, le ruego que mantenga una distancia profesional.
—¿Ahora soy señora?
—En… En el desglose por edades, también parece haber un sesgo con la edad, el coste del seguro para aquellos con edades de 29, 39, 49 y 59 años es un 15% más caro. ¿No es algo extraño?
—La empresa no tiene la culpa de que los humanos sucumban a una pasión desmesurada por la numerología, y sientan la necesidad de autoevaluarse cada vez que van a cambiar de década. Padecen ustedes una urgencia periódica por sentirse jóvenes de nuevo. No es un sesgo generacional, es una realidad estadística: la mayoría de las infidelidades comienzan en esos años ¿Cuántos años tiene, señor Radecker?
—39.
—Lo ve… Desde que entró he notado sus pupilas dilatadas, su corazón acelerado, como traga saliva y hasta pude percibir el despertar de su miembro cuando mi pecho quedó al descubierto.
—Por favor, deje de susurrarme al oído…
—También sé que usted concertó un seguro de infidelidad. Su mujer también lo firmó. Pero no tenemos que preocuparnos, el sexo con máquinas solo se incluye como infidelidad en la tarifa Premium, y su mujer no la contrató. ¿Acaso se debate usted entre la ética y la estética? Déjeme que le ayude a decidirse.

—FIN—
  • Hits: 112