Entendimiento humano

Alberto era un chico de 15 años apasionado de la tecnología y al que le encantaba participar en el taller de robótica de su instituto.Era un chico muy inteligente, trabajador y de buen corazón, pero casi no tenía amigos. Sus compañeros le consideraban raro y a menudo se metían con él o le hacían el vacío, por lo que se sentía muy solo y excluido.
Un día, al acabar el taller de robótica, el profesor le llamó:
-¡Alberto, ven un momento!
Alberto se acercó a él y el profesor le dijo:
-Mi primo se dedica a la robótica y está trabajando en algo increíble,¿Te gustaría acompañarme a ver su trabajo el sábado?
-¡Por supuesto!-Dijo Alberto muy contento.
El profesor cumplió su promesa, y llevó a Alberto al laboratorio de su primo.
-Espérame aquí-Le dijo-Voy a buscarle.
Mientras esperaba,Alberto vio a una chica muy guapa parada a su lado, cuyo rostro transmitía cercanía y amabilidad.
-Hola-Le dijo-Me llamó Alberto.
-Hola,Alberto-Respondió ella, sonriendo- Me llamó Elisa,¿Cómo estás?
-Muy contento, mi profesor de robótica me va a enseñar un proyecto especial
-¿Te gusta la robótica?-Preguntó Elisa
-¡Me encanta!-Respondió él
-¿Por qué te gusta tanto? Cuéntame, ¿Cómo empezó tu afición? ¿Qué es lo que más te gusta?
Muy contento,Alberto empezó a hablar de robótica, pues no muy a menudo tenía la oportunidad de compartir sus aficiones con alguien que pareciera mostrar interés, y Elisa no dejaba de sonreír y hacerle preguntas, queriendo saber más del tema y de él mismo. Alberto se sentía realmente a gusto en la conversación. Elisa parecía muy amable y simpática, y le dijo:
-Es agradable poder hablar de esto contigo, a la mayoría de la gente no le interesa, mis compañeros del instituto me consideran raro, me excluyen y se meten conmigo. Mis profesores me apoyan, sobre todo Carlos, mi profesor del taller de robótica, que me ha traído hoy aquí, pero casi no tengo amigos de mi edad, y puede llegar a ser muy duro sentirse tan solo y fuera de lugar.
Elisa dejó de sonreír y miró a Alberto con compasión.
-Lo siento, mucho, Alberto, sentirse excluido debe de ser muy duro.
-Muchas gracias, Elisa, la verdad es que hablar contigo me ha hecho sentir mejor, eres una chica muy agradable.
En aquel momento, apareció su profesor con su primo que, con una sonrisa, le dijo:
-¡Veo que ya has visto mi proyecto!
Le explicó que Elisa era una robot humanoide. Su piel estaba pintada con silicona y tenía un aspecto muy realista. Contenía unos actuadores que le permitían gesticular de una forma muy humana y un programa de ordenador que remedaba una conversación con un psiquiatra rogeniano, e ,incluso, le permitía responder con opiniones que parecían propias, aunque no siempre entendiese todo lo que decía, pero su programación ya le permitía cierto grado de espontaneidad, además de permitirle identificar las emociones de su interlocutor,reconociendo expresiones faciales y tonos de voz, y ajustar sus gestos y tono a la situación. También le habló de las mejoras que pensaba introducirle y de cómo, en el futuro, robots como Elisa podrían ser utilizados como acompañantes y cuidadores para personas dependientes, especialmente personas con Alzheimer o demencia, para proporcionarles los cuidados básicos necesarios y reducir su posible sensación de soledad, o para ayudar a aprender habilidades sociales a personas que lo necesitaran, como personas autistas o en riesgo de exclusión social. Y estos eran solo algunos de los usos que los robots humanoides podrían llegar a tener.
Alberto no podía creerlo, ¡Aquello era un prodigio de la técnica! El creía desarrollo de la Inteligencia Artificial podría traer numerosos beneficios a la sociedad, pero nunca pensó que llegaría a ver algo como aquello. Alberto estaba fascinado , pero también se sintió un poco triste, de que un robot pareciese haber mostrado más interés por él que muchos humanos.
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