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Oxígeno, agua y vida

Querido amigo, te descubrí sin querer ese día en que mi madre me trajo al mundo y comencé a respirarte en ese aire limpio que inundaba el paritorio. A los que nos han contado cosas sobre ti, sabemos que eres un elemento químico más de todos los que estáis tabulados en la tabla periódica de Meyer y Mendeleiv. Y al igual que los otros, tú también eres diferente. De ahí que ocupes un lugar único en esa tabla.
«Sin ti, oxígeno, la vida en el planeta Tierra no sería posible» —esa frase la leía yo en una redacción que hice al cursar Química en tercero de la ESO—, pero ese tiempo pasó como si de un soplo se tratara y un mundo jamás imaginado es el que nos está tocando vivir ahora.
Cada día, para salir de casa debemos vestirnos con un traje y un casco que incorpora un pequeño depósito de oxígeno. Mis padres, más madrugadores que yo, son científicos que trabajan del modo que lo harían los súper héroes. En un futuro no muy lejano, seremos los jóvenes los que tendremos que realizar ese trabajo. Todo sea por y para la supervivencia de la especie humana en nuestro planeta.
De vuelta de mi instituto, hoy camino a paso acelerado. Esta mañana no traje la bicicleta. Ese vehículo que normalmente usamos los habitantes de las pocas poblaciones que quedaron indemnes después de que ocurriera la gran catástrofe.
En el planeta Tierra no ha llovido desde hace más de cinco años y el dióxido de carbono y el de nitrógeno imperan en toda su extensión. La atmósfera es totalmente irrespirable. Ya no existen parques ni espacios naturales para pasear y disfrutar de la naturaleza, aunque se sobrevive gracias al agua que se embalsó y que, poco a poco, se va dosificando a la población.
Tras el primer año de sequía, las múltiples manifestaciones de científicos en contra de la mala gestión del gobierno resultaron cruciales. No se podía perder tiempo y se debía pasar rápidamente a la acción. Y es que, además, se estaba produciendo una merma de la cantidad de oxígeno presente en nuestro planeta. Por este motivo, el personal científico tomó las riendas y el agua fue convenientemente embalsada.
Ahora ya no hay gobierno. Los científicos trabajan de forma coordinada para ir dando soluciones a las situaciones diarias sobrevenidas. Como el sol tampoco se puede tomar, todos ingerimos la vitamina D en forma de pastillas, al igual que se hace con el resto de comida.
Los que hemos sobrevivido lo hacemos en casas que disponen de amplios sótanos. Allá, existen depósitos donde se almacena el agua, H2O. Un cierto volumen de ese líquido se utiliza para cubrir las necesidades de las familias, pero otra parte es sometida a procesos de electrolisis. En todos los sótanos se dispone de esos mini laboratorios que permiten la obtención de oxígeno (O2) e hidrógeno (H2) en compartimentos separados. El oxígeno que así se genera se emplea para hacer respirables edificios cerrados: viviendas, laboratorios de investigación, parques sintéticos etc.
También el hidrógeno originado en la reacción de la electrolisis del agua se ha vuelto a utilizar. Los transbordadores espaciales, de nuevo, se han rediseñado para el transporte de personas. Y es que tampoco queda helio, gas noble inerte, nada reactivo, que sustituyó al hidrógeno que se empleaba como combustible en los llamados Zepelines. Sí, esas naves ovaladas que se utilizaron durante la primera guerra mundial. Y, al igual que sucedió por entonces, algún que otro accidente se ha vuelto a producir por la reacción de una simple chispa eléctrica con ese H2 combustible y el oxígeno presente en las salas purificadas de esos transbordadores en los que se viaja.
Los científicos investigan, además, de manera acelerada para erradicar todo tipo de enfermedades. En este tiempo, las mutaciones de los virus se han ralentizado, pero las células envejecen mucho más rápido y enferman. Nuevas nanoarquitecturas magnético-fluorescentes están siendo utilizadas para actuar sobre células tumorales y eliminarlas en su totalidad del torrente sanguíneo. En esto sí que se ha avanzado mucho.
Entre tanto, mis colegas y yo, además de estudiar y estudiar, frecuentemente clamamos al cielo para que un día llueva. Y es que somos conscientes de que nuestros padres pasarán a la reserva en breve. Hay un acuerdo entre los científicos. Tras cumplir los sesenta, no queda otra cosa que entrar en esa dimensión paralela en la que ya la materia no existe. El sacrificio implica dar paso a los jóvenes.
Estoy llegando a casa. De pronto, noto que en mi traje impacta algo que levanta un cierto halo de humo ¿Cómo? ¡No me lo puedo creer! ¡Por fin está lloviendo y ahora con mucha intensidad! Menos mal que mi traje aguanta todo porque se trata de agua ácida... Seguro que sabremos cómo tratarla.
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