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EL TESORO

Alina, una mujer alta, pelirroja y de vivaces ojos azules, se había especializado en diamantes y rubíes en Basel, Suiza. Era nieta del marqués de Kalinova, dueño de la famosa mansión que inspiró la ópera conocida como "Straszny Dwór" (La Casa Embrujada, 1865), cuya historia sería objeto de una novela. Gracias a su excelente don de gentes, saber estar, aristocrática belleza, currículo y extraordinario dominio de cinco idiomas, Alina logró ingresar a una empresa suiza como tasadora y viajar a los principales yacimientos de gemas del mundo.
En una fría mañana de diciembre del año 650, el rey visigodo Recesvinto hizo su entrada triunfal en la basílica de Santa María de Sorbaces, acompañado de su corte, para agradecer al abad Samuel Tajón su ayuda en la organización del VIII Concilio de Toledo que iba a comenzar sus trabajos en la Iglesia de los Santos Apóstoles. Recesvinto había recorrido los 15 kilómetros que separaban la basílica de Toledo junto a 62 obispos, 10 abades, presbíteros, el arcipreste y el primicerio de la catedral de la ciudad. La iglesia y el monasterio eran una obra personal del rey, quien también valoraba las extraordinarias aguas curativas del monasterio, donde había tratado sus dolencias renales en compañía de Samuel, que además le había ayudado en la redacción de lo que iba a ser su obra cumbre, el Liber Iudiciorum (luego llamado de muchas maneras: Código de Recesvinto, Libro de los Jueces, Liber Iudicum, Liber Gothorum, Fori Iudicum, Forum Iudicum y Forum Iudiciorum), el compendio más importante de leyes que se había hecho nunca en su reino y que jubilaba, por fin, el derecho romano en su España visigótica.
Como agradecimiento, donó a la iglesia su corona de oro y piedras preciosas y la de su antecesor, Flavio Suintila, rey entre 621 y 631 depuesto por Sisenando, por sus leyes en favor de los pobres, que Recesvinto apreciaba. No pensaban asi ni Sisenando ni Isidoro de Sevilla, que en el IV Concilio de Toledo, le excomulgó, le quitó todos sus bienes y le desterró. Pero Suintila, primero bajo el mando del rey Sisebuto había expulsado a los bizantinos establecidos en la Península ibérica en el 620 y luego, ya como rey, había derrotado a los rebeldes vascones que se dedicaban a saquear la provincia Tarraconense, y no solo eso, sino que consiguió de ellos lo que entonces se denominaba (por herencia romana) una dedición, es decir una rendición incondicional, cosa que no se había logrado nunca. Para Recesvinto fue un gran rey, y su deposición sumió al pais en el caos. Hasta que llegó él al gobierno, en el 649, había habido 4 reyes en 18 años.
La donación incluía piezas de orfebrería toledana de la mejor calidad, como coronas y otros objetos de oro y piedras preciosas, la mayor parte objetos votivos que se utilizaban regularmente en el templo. También se encontraban otras donaciones de personajes destacados de la época.
Después de la derrota de don Rodrigo en Guadalete, las fuerzas del Califato Omeya, lideradas por Táriq ibn Ziyad, tenían vía libre hasta la capital del reino visigodo, Toledo (la Urbs Regio). Por esta razón, las joyas fueron enterradas en cofres en el cementerio del monasterio, cerca del sepulcro del presbítero Crispinus, fallecido en el año 693.
Las joyas habrían permanecido allí si no fuera por las fuertes lluvias que, en agosto de 1858, provocaron un derrumbe en el cementerio. Escolástica, hija de dos labradores que regresaban de Toledo, descubrió algo brillante mientras se aliviaba detrás de un muro. Resultó ser una parte del tesoro que fue extraído de los escombros de uno de los cofres de hormigón romano y llevado en burro. Otro residente de Guadamur, un pueblo a 11 kilómetros de Toledo, llamado Domingo vio su regreso por la noche y descubrió otro cofre, del cual sustrajo su contenido. A este conjunto de joyas se le conoció posteriormente como el Tesoro de Guarrazar, nombrado así por una fuente cercana al cementerio.
Como Alina había alcanzado una cierta relevancia en su mundillo, no le resultó extraño que la llamaran del Ministerio de Cultura español para que tasara las joyas que quedaron en España después del saqueo. Su investigación identificó 243 zafiros azules provenientes de la antigua Ceilán (hoy Sri Lanka), a más de 11,000 km de Toledo. También se encontraron 3 cordieritas azules (iolitas), 14 esmeraldas de las minas de Habachtal en Austria, 1 aguamarina, 2 adularias (piedras de luna), 21 cuarzos amatista, 9 cuarzos hialinos, 6 calcedonias azuladas, 169 perlas, 154 piezas de nácar, 56 vidrios artificiales verdes, 26 vidrios artificiales azules, 2 pardo-anaranjados, 26 de color indefinido, 1 rojo y numerosas piezas diminutas de granate piropo-almandino. Estas gemas reflejaban las asombrosas distancias que las joyas viajaban durante la época de los visigodos, probablemente gracias a la Ruta de la Seda.
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