Todo tiene consecuencias

Era una tarde otoñal, y un grupo de Sciurus Vulgaris (ardilla común) estaban recolectando bellotas y nueces para pasar el invierno. Vivían en un bosque mediterráneo, situado cerca del norte español, por lo que el biotopo era muy frío. Ellas tenían que tener cuidado, ya que en esa zona había bastantes tejones y halcones, con los cuales debían compartir el bosque, aparte de que debían esconderse de ellos para seguir con vida. Para ello, las ardillas se camuflaban tras las rojizas y amarillentas hojas de los encinos y nogales, de ese modo escapaban de los hábiles ojos de los halcones en el cielo y los tejones en la tierra. Aun así, algunas ardillas eran localizadas por los depredadores y devoradas. De ese modo, nunca había muchas ardillas en el bosque, por lo que el ecosistema se mantenía en equilibrio constante.

Llegó el invierno, y, junto con todas las bellotas y nueces recolectadas, las ardillas supervivientes se pusieron a hibernar. En este tiempo, un grupo de Homo Sapiens (seres humanos) decidieron que en ese bosque cada vez había menos ardillas, y se pusieron a exterminar a todos los tejones y halcones que normalmente se encargaban de regular el número de ardillas. Cuando acabaron con esta exterminación, los Homo Sapiens abandonaron el bosque, con la esperanza de que las ardillas pudieran vivir mejor sin depredadores. Qué equivocados estaban.

A inicios de la primavera, este grupo de Sciurus Vulgaris acabó su hibernación. Ya habían acabado con todos los alimentos que habían recolectado, por lo cual tenían que recolectar más. Al salir de su hogar, en el hueco de un nogal de 100 años, encontraron una extraña cerca muy larga que atravesaba su bello bosque natural. Era de madera, seguramente sacada de los nogales y encinas del propio bosque, y con una cuerda atravesando la valla. Un poco más adelante, encontraron unos grandes carteles, también de madera. En los carteles ponía:

Prohibido el paso, reserva natural de ardillas
No alimentar a las ardillas
Zona libre de depredadores

Obviamente, las Sciurus Vulgaris no sabían leer, por lo cual, solamente pensaron que algún Homo Sapiens habría colocado eso ahí por puro entretenimiento. Decidieron ignorar la cerca, pero no la atravesaron. Fueron de nuevo a su tarea principal: recolectar comida y huir de los depredadores.
Empezaron recolectando las nueces y bellotas encontradas en el suelo, ya que era la tarea más difícil. Se dirigieron hasta una zona en la que habitualmente había muchas nueces y empezaron a avanzar sigilosamente, camuflándose cuando se podía y evitando encontrarse con ningún depredador que les arrebatara su vida.

Pasadas unas 2 horas, aún no se habían encontrado ningún tejón ni ningún halcón decididos a atacarlas. De hecho, no se habían topado con ningún otro animal. Decidieron seguir camuflándose, pensando que a lo mejor se habían aliado de algún modo u otro para atacarlas en un momento concreto. Otras 2 horas después, y seguía sin haber ningún animal en el bosque. Ya tenían comida suficiente para 2 días, por lo que decidieron retirarse, pero esta vez no se camuflaron, avanzaron sin miedo por el bosque tan rápido como sus patas eran capaces. Al llegar a su árbol, explicaron a sus compañeras ardillas la repentina desaparición de depredadores en su bosque mediterráneo. Parecía que la biocenosis había cambiado a su favor, por lo cual estaban muy contentas. El biotopo se mantuvo igual, aunque eso a las ardillas no les importaba demasiado ahora.

Pasó el año, las ardillas no habían vuelto a ver un depredador, lo cual las permitió explorar el bosque en busca de más ardillas, se pudieron reproducir sin miedo a que las comieran y recolectaban montones de recursos sin el menos esfuerzo.

Al mismo tiempo que las ardillas aumentaban su población, los nogales y encinas empezaron a desaparecer, sin el suficiente dióxido de carbono para hacer la fotosíntesis, y sin suficiente agua y minerales necesarios para ello, ya que las ardillas la habían consumido toda. La biodiversidad del bosque ya era casi nula.

Las Sciurus Vulgaris se alarmaron. Ya casi no quedaba comida, por lo cual todas debían luchar contra sus iguales para sobrevivir, lo cual no salió tan bien como ellas pensaban. Los recursos acabaron, y las ardillas supervivientes evacuaron el bosque en busca de alimento y agua. Ya no las importaba encontrarse con depredadores, solo querían comer.

1 año después de todo esto, otro grupo de Homo Sapiens se aventuró a visitar ese bosque, para ellos nombrado “El bosque muerto” debido a que no había biocenosis, solo era un biotopo triste. El ecosistema había fallecido, y ni siquiera los Homo Sapiens podría salvarlo. Decidieron utilizar ese bosque para concienciar a los mas jóvenes de que el biotopo y la biocenosis debían estar en equilibro, o si no el ecosistema perecería.
  • Hits: 29

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN