¿Para que iba a querer nada más?

8 de abril. Hoy hace 1 año desde que murió. Mi madre me dijo que se había ido al cielo, mi padre que en realidad se había suicidado. Yo no les creí a ninguno. Mi abuela no era la célula más alegre del mundo, pero era feliz, y aunque fuera ya muy mayor no podía haberse ido sin despedirse de mí. Busqué en Internet y me costó un tiempo aceptar que al final mi padre tenía razón. Sin embargo, al contrario de lo que yo creía, que las células se suiciden es algo normal en organismos pluricelulares como en el que estoy (por muy raro que suene) y se le llama apoptosis. Se tuvo que ir, pero no porque ella quisiera, sino porque era innecesaria en este cuerpo en el que vivo. Nuevas células habían de generarse para asegurarnos de que funcionara bien. Además, leí que cada muerte estaba programada, por eso creo que no se despidió.

Pienso mucho en ella, pero hoy más. No paro de acordarme de las miles de tardes que pasábamos juntas, en las que me contaba cientos de historias. Como cuando me habló sobre su única y mejor amiga (Lily), que era sexual (no como nosotras, que somos somáticas) y, aunque no tenía ni idea de qué significaba ser sexual, lo que más me sorprendió fue que solo hubiera tenido una amiga en toda su vida. Al fin y al cabo, yo era todavía pequeña y pensaba que todos mis compañeros de clase iban a ser mis amigos para siempre.

Aún así, tenía curiosidad y le pregunté sobre su amiga, sobre las células sexuales.

-En el fondo no son tan diferentes a nosotras, me dijo. Cuando nacen, empieza su interfase, crecen, duplican su ADN y se convierten en adultas. En la mitosis (lo que ellas llaman meiosis) su ADN se divide, y su citoplasma se separa para formar células hijas.

-Entonces, ¿por qué no se llaman como nosotras? ¿Y qué es la mitosis? ¿Y por qué solo tenías una amiga?

Me acuerdo de que se rió y me dijo que le hacía demasiadas preguntas, pero yo sé que en el fondo le gustaba que me interesara tanto por ella.

-Tú todavía eres pequeña Mel –me dijo- Estás en la interfase, creciendo y duplicando tu ADN. Pero cuando seas mayor y comiences tu mitosis pasarás por 4 etapas muy importantes. En la profase, tu material genético se condensará para formar cromosomas, tus centriolos se desplazarán hacia los extremos y tu membrana nuclear se desintegrará. En la metafase, los cromosomas se colocarán en el centro y se formará el huso acromático, uniéndolos con los centriolos. En la anafase se romperán, y cada cromátida se desplazará hacia un lado de la célula y, finalmente, en la telofase, los cromosomas se descondensarán, se volverá a formar la membrana nuclear y el citoplasma se dividirá. Cuando todo esto acabe, acabarás teniendo 2 hijas con la misma cantidad de material genético que tú.

-Madre mía, no he entendido casi nada- le dije.

-Es normal, eres muy pequeña todavía.

-Pero abuela, todavía no me has dicho por qué tu amiga era diferente, ni por qué no tuviste más.

-No tuve más porque no lo necesitaba, Mel. Ella estaba siempre para mí cuando me sentía sola, y yo para ella, y nos hacíamos reír muchísimo. ¿Para qué iba a querer nada más? Además, era diferente porque las células sexuales en su meiosis tienen 2 fases. En la primera, en la metafase se produce un sobrecruzamiento y en la anafase, en vez de las cromátidas, se separan los cromosomas homólogos. En la segunda, en la anafase sus cromátidas se separan y a partir de ahí es igual que una mitosis nuestra. Pero lo que más les diferencia es que en vez de 2 hijas, tienen 4, y cada una con la mitad de material genético.

Yo no entendía nada de lo que me estaba diciendo, esos procesos tan raros me parecieron demasiado difíciles para una célula tan pequeña. Pero me quedé con la primera parte, en la que me habló de su amistad con Lily. Aprendí muchas cosas ese día, como que lo más importante de tener una amiga es hacerse reír, pero también estar cuando se necesita llorar. O también decidí que no quería tener hijos si iba a tener que pasar por tantas cosas, y aunque ahora estamos dando algo de lo que me explicaba en clase y me parece un poco más fácil, ya veré.

Mi abuela no paraba de enseñarme cosas nuevas, que en ese entonces no comprendía bien, pero que tantas veces me ayudan ahora. Le echo mucho de menos, pero hoy más. Otro día seguiré escribiendo, he quedado con mis amigas, que no son muchas, pero me divierto mucho con ellas.

¿Para qué iba a querer nada más?
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