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“¿Y por qué quiere usted ser arqueóloga?”

“¿Y por qué quiere usted ser arqueóloga?”

Era 20 de agosto de 2023 en Toronto, hacía mucho bochorno fuera, pero no más que en Sevilla. Y por mi cabeza pasaban miles de cosas menos las respuestas a las preguntas que el examinador de The Archaeology Centre me realizaba.
Hasta donde recuerdo siempre soñé con estudiar arqueología en Toronto, a pesar de que en España podría haber ido también a una buena universidad. Todas las respuestas del examinador se resumían a mi vida entera.

Mi primer recuerdo es de cuando tenía 7 años. Mi abuelo, a pesar de tener ya 60 años, volvía de dirigir una excavación arqueológica. Yo estaba en casa cenando, su trabajo era duro y más para la edad que tenía, pero necesitábamos dinero en casa. Papá se había ido sin dejarnos ni un duro y mamá no daba abasto con 4 niños de entre 9 y 3 años. Mamá me había tenido con 20 años y no terminó la carrera, pero se casó con papá, que tenía una empresa familiar de túnicas de nazareno, lo cual era muy típico en Sevilla. Papá un día se cansó y lo último que le dijo a mi madre antes de cerrar la puerta fue: “No me condenarás a una vida de pobreza, Ana”. Crecimos y nuestra madre se derrumbaba cada día más, no era estable y no nos cuidaba.

Cuando cumplí los 6 entendí que mamá no nos ayudaría más y desperté a mi hermano Miguel, que era el mayor. Vestimos a Carmen y Leo, los pequeños, les dimos de desayunar y nos fuimos al colegio en silencio, mientras nuestra madre no había ni llegado a casa de la noche anterior. De camino al colegio nos cruzamos con mi abuelo que en ese momento ya no trabajaba, pero aun así siempre iba con una sonrisa. Al vernos solos me miró y me sonrió con tristeza, nos acompañó hasta el colegio, pero a mí me llevó con él en vez de dejarme en mi clase.

Anduvimos más o menos una hora hasta llegar al patio de banderas del Real Alcázar, a una excavación arqueológica que tenía lugar donde habían encontrado el más antiguo vestigio de ocupación humana de la ciudad, un fondo de cabaña con restos de lo que podía ser una cocina utilizada durante la primera mitad del siglo VIII antes de Cristo. Mi abuelo me explicó que “la arqueología es la ciencia que estudia, describe e interpreta una sociedad pasada a partir de sus restos materiales”, y me contó que había habido ya 4 excavaciones precedentes para este proyecto. En este caso se desarrolló sobre una superficie de 180 metros cuadrados a seis metros de profundidad buscando todo rastro material del pasado de una ciudad entera. Mientras me contaba los roles de cada persona que trabajaba allí y para qué serviría la excavación lo veía feliz. Probablemente él era la única persona cercana a mí que conocía a quien le gustaba vivir el día a día, él me inundaba de felicidad.

Crecí y el abuelo se mudó con nosotros para ayudarnos. Como dije, a mis 7 años empezó a trabajar de nuevo para ayudar a su hija, siempre que podía me llevaba a trabajar con él, y me sentía como en casa, para mí esto me permitía conectar con el pasado. No me gustaba el presente y el futuro me creaba dolor de cabeza. Pero el pasado…, el pasado era el que me aseguraba avanzar y evolucionar aprendiendo de este mismo. También yo quería ser alguien y ser recordada, quería perdurar en el tiempo y que algo de mi ser o de mi vida marcara y fuera recordado en el futuro, pero no en un solo sitio, quería moverme y poder dejar una marca algún día a través del océano.

Entonces volví al 2023, a esa silla enfrente de quien podría cambiar mi vida, y por la sonrisa de mi abuelo, por su lucha y la mía, y por un mundo de recuerdos dije:

-”Quiero ser arqueóloga, ser feliz y no esfumarme nunca.”
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