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Coral, sirena científica

Carmen Redruello

-¡Coral, vas a llegar tarde! - gritó la señora Waters por el hueco de la escalera.
Coral era una astuta e inteligente adolescente de catorce años, qué había pasado por el mayor cambio de su vida hacía poco tiempo. La familia Waters había estado viviendo en un arrecife de coral durante los últimos catorce años. Ahora qué se habían mudado a Los Ángeles, tenían qué acostumbrarse a su nueva forma de vivir. Las últimas semanas, Coral y sus hermanas habían estado practicando su manera de moverse, comer y relacionarse con más gente.
-¡Ya voy, mamá! - respondió Coral.
El instituto Trop Bay High era un edificio enorme: infinitas clases, múltiples patios y un polideportivo gigante. Coral estaba asombrada, puesto qué nunca había visto nada así. Estaba ilusionada por comenzar su nueva vida, aunque en el fondo tenía miedo de no hacer ninguna amiga. Pasó el primer día y Coral estaba muy contenta. Se había unido a un grupo de niñas muy agradables. Llegó a la conclusión de qué también necesitaba un hobby, así qué empezó a nadar competitivamente.

Al principio, ella ganaba TODO, dominaba cada competición en la qué participaba. Subía y subía el nivel de las competiciones, hasta qué apenas podía seguir el ritmo de sus contrincantes. Ya no ganaba tanto como antes y le costaba más entrenar. Probó miles de maneras para aumentar su rendimiento, pero ninguna parecía dar resultado. Decidió recurrir a la ayuda de sus padres:
-Papá, mamá, necesito vuestra ayuda. Quiero mejorar mi rendimiento en natación, pero no sé cómo. ¿Me ayudaríais? - preguntó la joven.
-Claro hija, primero tendremos qué ir a la piscina para mejorar tu técnica. Creo qué ya sé cuál es tu punto de mejora. -
Así pues, bajaron los tres a la piscina y comenzó su recién mejorado entrenamiento. Primero, Coral calentó un poco y empezó la sesión. Rápidamente, consiguieron encontrar el punto débil de Coral.
Cora, tienes qué ver qué ángulo de salida funciona mejor para tí. ¿Te parece si experimentamos? - preguntó el señor Waters.
Primero, probaron con 70º. Coral tardó 16 segundos en nadar 50 m, un largo de la piscina de competición. Con 60º, tardó 15 segundos. Con 50º, 14 segundos. Por último, con 40º tardó 13 segundos. El siguiente paso era calcular la velocidad media para ver cuántos metros recorría Coral en un segundo. Usando la fórmula Δx/Δt, obtuvieron los siguientes resultados:
-70º → Coral recorrió 3.13 metros por segundo.
-60º → Coral recorrió 3.33 metros por segundo.
-50º → Coral recorrió 3.57 metros por segundo.
-40º → Coral recorrió 3.84 metros por segundo.
Cómo Coral creía qué cuanto mayor fuese el ángulo menos sería su tiempo, se sorprendió al ver los resultados, qué acabaron siendo todo lo contrario. Descubrieron qué al salir con el ángulo más pequeño, había recorrido más distancia por segundo.
-Muy bien, hija. ¡Ya hemos mejorado tu rendimiento! - dijo la madre.
-Sí, ¡qué bien! Estoy muy contenta. - exclamó Coral.

Ahora, Coral tenía qué entrenar más a menudo para perfeccionar su técnica a un ángulo de 40º, pero cuándo volvió a competir sus esfuerzos tuvieron la recompensa adecuada. Así, volvió a ganar una y otra vez y todo el mundo celebraba su éxito. No lo sabía aún, pero en unos años acabaría compitiendo en las olimpiadas.
La joven sirena acabó encajando en su nueva sociedad, sin dificultad alguna. Tenía muchas amigas y disfrutaba mucho de su tiempo en el colegio.

Y esta es la historia de superación y trabajo duro de una adolescente sirena qué se tenía qué adaptar a un mundo y una forma de vida completamente nuevos, Coral Waters.

-FIN-