Decisiones
Amarilis
Sala3B. Madrid, 17/02/2026
- La población ha caído un 90% en 50 años- dice la técnica, señalando una gráfica que cae en picado- La UICN la mantiene en peligro crítico. El ICES recomienda capturas cero. El Comité Científico lo reitera desde 2020: tenemos que categorizarla en peligro de extinción.
Un representante autonómico carraspea.
- Faltan datos. No podemos tomar una decisión tan drástica así como así.
- ¡Tenemos datos de sobra!- responde alguien del Ministerio.
- Cofradías enteras dependen de esto- añade otra voz- Además, no tiene sentido prohibir en España si Francia o Portugal continúan pescando.
I. Nací lejos. Tan lejos que el agua sabía a historia y no a tierra.
Dicen que nacemos en el Mar de los Sargazos. Ninguna lo recuerda con claridad. Recordamos la corriente, el viaje sin saber que era viaje. Tan pequeñas, tan vulnerables, al principio solo nos dejábamos arrastrar.
Cuando el océano dejó de ser abismo, crecimos, cambiamos. Alargadas y transparentes, finalmente podíamos nadar. Llegamos a una costa rica, viva. No sé muy bien qué nos llevó allí, tampoco qué nos motivó a remontar aquella desembocadura turbia, siempre hacia arriba. Esperábamos a la oscuridad más absoluta para avanzar, al empuje del agua. Formábamos nubes inmensas, impresionantes, resplandecientes.
Parecíamos imparables. Pero no lo éramos.
Empezaron las luces en la noche, pronto entendimos que no era la luna, venían acompañadas de redes, en nuestra busca. Los demás depredadores tampoco cedían, concienzudos. Más redes. El viaje parecía eterno.
Finalmente, el río; cálido, repleto de sabrosas larvas. Nos acunó en sus aguas y su laberinto de acequias y ramblas pronto se convirtió en nuestro nuevo hogar. Era generoso: insectos, rices, grietas donde escondernos. Éramos muchas. Salíamos a alimentarnos cuando la luz de la luna nos empujaba a movernos, evitando todo mal. Recuerdo crecer, perder la transparencia. Mi piel se volvió parda.
Sala3B.
- Los planes de gestión están funcionando- argumenta un consejero.
- No son suficientes.
La gráfica apuntaba, certera, hacia el suelo.
II. Con los años el agua cambió.
Primero más caliente. Después más salada. A veces cambiaba drásticamente: el olor, el sabor, hasta el tacto en la piel.
Nuestro laberinto también cambió. Algunos caminos se secaron. En otros ya no conseguíamos ver la luz de la luna, ni sentir el calor del sol. Como si hubiesen tapado el cielo. El agua corría rápida, recta, sin dar un descanso para que el barro se acumulase. Tampoco había raíces ni insectos. Las larvas empezaron a escasear. Aparecieron barreras donde antes no existían.
Cada año éramos menos, cada año llegaban menos hermanas.
Sala3B
- ¿Y si prohibimos la pesca y el tráfico ilegal aumenta?
- ¿Y si no la prohibimos y la especie desaparece?
III. Este invierno sentí la llamada.
Fue puro instinto. Mi piel se volvió plateada, centelleante. Mis ojos crecieron. Dejó de interesarme cazar, comer, reabsorbí mi intestino. Tenía un objetivo claro.
El río se convirtió en una yincana, no recordaba haber pasado tantos obstáculos cuando subí: azudes, turbinas, redes. Hasta que, por fin, agua salada. Nadé hacia lo oscuro, decidida, no tenía tiempo que perder.
Durante meses solo hubo corriente, profundidad. Esquivé redes, luces, predadores.
No sé cómo sabía el camino. Simplemente lo sabía. El océano siempre recuerda.
Sala3B
Procedemos a la votación.
Murcia: en contra.
Galicia: en contra.
Asturias, Cantabria, Comunidad Valenciana, Baleares: en contra.
Abstenciones. Cálculos.
Resultado: Mayoría insuficiente.
Suspiros cansados, también de alivio.
“Se constituirá un grupo de trabajo para analizar las causas del descenso poblacional y valorar medidas adicionales de conservación.”
Firma. Fecha. Sello.
IV. Final del viaje.
Cuando llegué, comprendí por fin: ninguna de nosotras vuelve del Mar de los Sargazos.
Dejé en el agua millones de posibilidades. Y dudas, muchas dudas.
Mis hijas, ¿podrán sobrevivir al viaje?,¿llegarán hasta el río? Y el río y sus acequias... ¿Todavía tendrán barro, raíces, larvas e insectos para comer? ¿Podrán ver la luz de la luna? ¿Estarán seguras? Si llegasen hoy, todavía podrían vivir en el mismo río donde viví yo. Si consiguen llegar. Sobrevivir. Y si lo consiguen…cuando sientan la llamada en veinte años, ¿encontrarán un río que las deje salir?
Hasta aquí llega mi viaje. Me voy feliz: he conseguido cerrar mi ciclo.
15/12/2026.
- Tenemos que pensar ya el menú de Navidad- dice la madre desde la cocina.-Podríamos cocinar angulas al ajillo, como hacía la abuela.
La hija levanta la vista.
- Mamá, pero eso está mal, ¿no? Están a punto de extinguirse.
- ¿Dónde has visto tú eso?- responde ella mientras revisa la lista de la compra- Bah, llevan años con la misma cantinela.
La hija insiste.
- Mamá, que no, de verdad creo que están fatal. Lo he visto en el insta.
La madre suspira.
- Pa ti la burra, igualmente están carísimas. - Se encoge de hombros- No entiendo por qué, todos los años igual. En fin…a ver a cuánto está el pulpo.
- La población ha caído un 90% en 50 años- dice la técnica, señalando una gráfica que cae en picado- La UICN la mantiene en peligro crítico. El ICES recomienda capturas cero. El Comité Científico lo reitera desde 2020: tenemos que categorizarla en peligro de extinción.
Un representante autonómico carraspea.
- Faltan datos. No podemos tomar una decisión tan drástica así como así.
- ¡Tenemos datos de sobra!- responde alguien del Ministerio.
- Cofradías enteras dependen de esto- añade otra voz- Además, no tiene sentido prohibir en España si Francia o Portugal continúan pescando.
I. Nací lejos. Tan lejos que el agua sabía a historia y no a tierra.
Dicen que nacemos en el Mar de los Sargazos. Ninguna lo recuerda con claridad. Recordamos la corriente, el viaje sin saber que era viaje. Tan pequeñas, tan vulnerables, al principio solo nos dejábamos arrastrar.
Cuando el océano dejó de ser abismo, crecimos, cambiamos. Alargadas y transparentes, finalmente podíamos nadar. Llegamos a una costa rica, viva. No sé muy bien qué nos llevó allí, tampoco qué nos motivó a remontar aquella desembocadura turbia, siempre hacia arriba. Esperábamos a la oscuridad más absoluta para avanzar, al empuje del agua. Formábamos nubes inmensas, impresionantes, resplandecientes.
Parecíamos imparables. Pero no lo éramos.
Empezaron las luces en la noche, pronto entendimos que no era la luna, venían acompañadas de redes, en nuestra busca. Los demás depredadores tampoco cedían, concienzudos. Más redes. El viaje parecía eterno.
Finalmente, el río; cálido, repleto de sabrosas larvas. Nos acunó en sus aguas y su laberinto de acequias y ramblas pronto se convirtió en nuestro nuevo hogar. Era generoso: insectos, rices, grietas donde escondernos. Éramos muchas. Salíamos a alimentarnos cuando la luz de la luna nos empujaba a movernos, evitando todo mal. Recuerdo crecer, perder la transparencia. Mi piel se volvió parda.
Sala3B.
- Los planes de gestión están funcionando- argumenta un consejero.
- No son suficientes.
La gráfica apuntaba, certera, hacia el suelo.
II. Con los años el agua cambió.
Primero más caliente. Después más salada. A veces cambiaba drásticamente: el olor, el sabor, hasta el tacto en la piel.
Nuestro laberinto también cambió. Algunos caminos se secaron. En otros ya no conseguíamos ver la luz de la luna, ni sentir el calor del sol. Como si hubiesen tapado el cielo. El agua corría rápida, recta, sin dar un descanso para que el barro se acumulase. Tampoco había raíces ni insectos. Las larvas empezaron a escasear. Aparecieron barreras donde antes no existían.
Cada año éramos menos, cada año llegaban menos hermanas.
Sala3B
- ¿Y si prohibimos la pesca y el tráfico ilegal aumenta?
- ¿Y si no la prohibimos y la especie desaparece?
III. Este invierno sentí la llamada.
Fue puro instinto. Mi piel se volvió plateada, centelleante. Mis ojos crecieron. Dejó de interesarme cazar, comer, reabsorbí mi intestino. Tenía un objetivo claro.
El río se convirtió en una yincana, no recordaba haber pasado tantos obstáculos cuando subí: azudes, turbinas, redes. Hasta que, por fin, agua salada. Nadé hacia lo oscuro, decidida, no tenía tiempo que perder.
Durante meses solo hubo corriente, profundidad. Esquivé redes, luces, predadores.
No sé cómo sabía el camino. Simplemente lo sabía. El océano siempre recuerda.
Sala3B
Procedemos a la votación.
Murcia: en contra.
Galicia: en contra.
Asturias, Cantabria, Comunidad Valenciana, Baleares: en contra.
Abstenciones. Cálculos.
Resultado: Mayoría insuficiente.
Suspiros cansados, también de alivio.
“Se constituirá un grupo de trabajo para analizar las causas del descenso poblacional y valorar medidas adicionales de conservación.”
Firma. Fecha. Sello.
IV. Final del viaje.
Cuando llegué, comprendí por fin: ninguna de nosotras vuelve del Mar de los Sargazos.
Dejé en el agua millones de posibilidades. Y dudas, muchas dudas.
Mis hijas, ¿podrán sobrevivir al viaje?,¿llegarán hasta el río? Y el río y sus acequias... ¿Todavía tendrán barro, raíces, larvas e insectos para comer? ¿Podrán ver la luz de la luna? ¿Estarán seguras? Si llegasen hoy, todavía podrían vivir en el mismo río donde viví yo. Si consiguen llegar. Sobrevivir. Y si lo consiguen…cuando sientan la llamada en veinte años, ¿encontrarán un río que las deje salir?
Hasta aquí llega mi viaje. Me voy feliz: he conseguido cerrar mi ciclo.
15/12/2026.
- Tenemos que pensar ya el menú de Navidad- dice la madre desde la cocina.-Podríamos cocinar angulas al ajillo, como hacía la abuela.
La hija levanta la vista.
- Mamá, pero eso está mal, ¿no? Están a punto de extinguirse.
- ¿Dónde has visto tú eso?- responde ella mientras revisa la lista de la compra- Bah, llevan años con la misma cantinela.
La hija insiste.
- Mamá, que no, de verdad creo que están fatal. Lo he visto en el insta.
La madre suspira.
- Pa ti la burra, igualmente están carísimas. - Se encoge de hombros- No entiendo por qué, todos los años igual. En fin…a ver a cuánto está el pulpo.