EL MÁGICO TELESCOPIO
Paula Hernández Navas
Alejandra, era una niña de diez años que disfrutaba todas las noches junto a su padre y a su madre del cielo lleno de estrellas. Juntos se tiraban horas y horas observándolas a lo lejos, mientras a su vez imaginaban distintas historias posibles en ellas e iban comentando todos los sentimientos que les transmitían.
─Mamá, ¿qué crees que habrá más allá de las estrellas? ─preguntaba la niña con mucho entusiasmo e intriga sobre el universo, con la posibilidad de pensar en algo irreal tras ello.
Mientras todo parecía normal, su vida cambió de repente. Alejandra perdió a sus padres en un accidente de coche. Este suceso generó un inmenso vacío y silencio en la vida de la niña y la entristeció por completo hasta el punto de dejar de observar las estrellas, ya que cada una de ellas le recordaba una y otra vez a sus padres y a esos momentos que vivieron juntos.
Tiempo después, mientras paseaba por el campo de su pueblo, se encontró con un telescopio tirado en el suelo, parecía viejo y antiguo y estaba completamente desgastado, pero su pasión por las estrellas y el cielo le animaron a darle una segunda oportunidad. Miró a través él y todo parecía normal, cuando en un instante pudo alcanzar a ver algo extraño: entre la multitud de estrellas podían distinguirse una especie de pequeños planetas que nunca antes había visto. Parecían como dos mundos ocultos en el espacio.
Durante años, siguió observándolos día tras día, tratando de buscar alguna respuesta sobre su existencia. Con el paso del tiempo, fue encontrando la naturaleza que había en ellos, podía ver además paisajes que nunca antes había vislumbrado, y grandes mares que ocupaban la mayor parte del planeta. Estaba segura de que había encontrado un mundo totalmente distinto al suyo.
Sin embargo, su percepción sobre este descubrimiento cambió por completo cuando vio a través del telescopio a dos personas caminando. Miraba y miraba pensando que podría ser una ilusión que su propia imaginación había creado, pero cuanto más se acercaba más veía y su cuerpo temblaba aún más de los nervios.
Esas dos personas que veía, eran su padre y su madre.
Los veía caminar por ese pequeño planeta mientras no podía evitar parar de llorar de la emoción que estaba sintiendo. Ellos giraron para mirar al telescopio y sonrieron. Y fue ahí, en ese preciso instante, cuando Alejandra vivió ese reencuentro que tanto estaba esperando y que nunca pensó que sería posible.
Comenzó entonces a darse cuenta de que ese telescopio no era uno cualquiera. Era uno mágico y único que permitía conectar esos dos mundos: el real y el mundo más allá de la muerte.
Desde ese día, ella se pasaba horas y horas usándolo y observando el cielo con él. Le permitía sentirse cerca de sus padres y sentía que estaban a su lado a pesar de no poder abrazarles. Alejandra agradecía todos los días por haberse cruzado en su camino con ese mágico telescopio.
─Mamá, ¿qué crees que habrá más allá de las estrellas? ─preguntaba la niña con mucho entusiasmo e intriga sobre el universo, con la posibilidad de pensar en algo irreal tras ello.
Mientras todo parecía normal, su vida cambió de repente. Alejandra perdió a sus padres en un accidente de coche. Este suceso generó un inmenso vacío y silencio en la vida de la niña y la entristeció por completo hasta el punto de dejar de observar las estrellas, ya que cada una de ellas le recordaba una y otra vez a sus padres y a esos momentos que vivieron juntos.
Tiempo después, mientras paseaba por el campo de su pueblo, se encontró con un telescopio tirado en el suelo, parecía viejo y antiguo y estaba completamente desgastado, pero su pasión por las estrellas y el cielo le animaron a darle una segunda oportunidad. Miró a través él y todo parecía normal, cuando en un instante pudo alcanzar a ver algo extraño: entre la multitud de estrellas podían distinguirse una especie de pequeños planetas que nunca antes había visto. Parecían como dos mundos ocultos en el espacio.
Durante años, siguió observándolos día tras día, tratando de buscar alguna respuesta sobre su existencia. Con el paso del tiempo, fue encontrando la naturaleza que había en ellos, podía ver además paisajes que nunca antes había vislumbrado, y grandes mares que ocupaban la mayor parte del planeta. Estaba segura de que había encontrado un mundo totalmente distinto al suyo.
Sin embargo, su percepción sobre este descubrimiento cambió por completo cuando vio a través del telescopio a dos personas caminando. Miraba y miraba pensando que podría ser una ilusión que su propia imaginación había creado, pero cuanto más se acercaba más veía y su cuerpo temblaba aún más de los nervios.
Esas dos personas que veía, eran su padre y su madre.
Los veía caminar por ese pequeño planeta mientras no podía evitar parar de llorar de la emoción que estaba sintiendo. Ellos giraron para mirar al telescopio y sonrieron. Y fue ahí, en ese preciso instante, cuando Alejandra vivió ese reencuentro que tanto estaba esperando y que nunca pensó que sería posible.
Comenzó entonces a darse cuenta de que ese telescopio no era uno cualquiera. Era uno mágico y único que permitía conectar esos dos mundos: el real y el mundo más allá de la muerte.
Desde ese día, ella se pasaba horas y horas usándolo y observando el cielo con él. Le permitía sentirse cerca de sus padres y sentía que estaban a su lado a pesar de no poder abrazarles. Alejandra agradecía todos los días por haberse cruzado en su camino con ese mágico telescopio.