Informe para el Congreso
Francisco Paz
Informe para el Congreso
La primera vez que alguien los vio fue el pasado invierno, nadie recuerda qué día. Dicen que el cielo estaba nublado y caía una ligera llovizna. Una mancha entre las nubes, con forma de pájaro, se desplazaba en un suave planeo. La mancha fue haciéndose más nítida a medida que descendía. Los primeros que repararon en ella pensaron que se trataría de una gaviota, pero en seguida se dieron cuenta de que era demasiado grande. Conforme se destacaba entre las nubes, eran ya decenas las personas que, detenidas en la calle, levantaban la vista al cielo. La silueta dejaba ver una larga cola, alas amplias y, lo que resultaba más llamativo, una gruesa cabeza dotada de un pico alargado y robusto.
El animal siguió descendiendo. Se encontraba ya rozando lo alto de los edificios. Tenía un color oscuro y no parecía que tuviese plumas. Había ya mucha gente que lo observaba. Formaban corros y comentaban entre sí. También por las ventanas asomaban algunos, intentando localizar el extraño pájaro.
De pronto el animal giró bruscamente y desapareció sobre un edificio. Al cabo de unos segundos, volvió a vérsele alejándose hacia el Oeste. Llevaba algo entre sus garras. En la terraza del edificio se oyeron unos gritos e inmediatamente todos se horrorizaron. Había raptado a un niño de unos meses.
En los siguientes días, la ciudad vivió sometida al terror que venía del cielo. Aparecieron más aves. Surgían planeando lentamente y en ocasiones se posaban sobre los edificios. Quien los veía de cerca no sabía como describirlos. Sus alas les recordaban las de los murciélagos, desnudas y membranosas. El cuerpo parecía revestido como de escamas y la boca poseía afilados dientes.
Los profanos no sabían qué estaban viendo, pero los científicos pronto supimos que la ciudad sufría la invasión de unos reptiles voladores extinguidos hace 65 millones de años.
Los mecanismos de seguridad tardaron unos días en movilizarse. Había confusión, no sabían cómo hacer frente a estas apariciones súbitas. Y mientras, hubo más víctimas de esos animales. Cada vez eran más atrevidos en sus ataques.
Nunca descendieron al suelo, pero en una ocasión uno de ellos se aproximó a una ventana e hizo presa en un hombre que en ese momento miraba distraído el bullir de la gente a sus pies. Se vio súbitamente arrancado de su sitio e izado por los aires.
El reptil intentó levantar el vuelo, pero el peso de su víctima era superior al que podía transportar y la soltó. El hombre cayó en el vacío y se estrelló contra el asfalto. Los veinte metros que lo separaban del suelo acabaron con su vida.
Se apostaron policías en los tejados de las casas. Esto mantuvo a raya a los depredadores, que llegaron a desaparecer en una semana. Se abatieron 15 ejemplares, los cuales fueron enviados al museo paleontológico del Estado para su estudio.
Bajo la dirección del profesor Rossenthal, procedimos a la determinación y minuciosa disección del material.
Esta aportación tenía un enorme valor para la ciencia. Podíamos estudiar casi “in vivo” a seres de los que hasta ese momento solo disponíamos de sus esqueletos fosilizados.
Hubiéramos deseado algún animal vivo, pero los pocos días que se vieron y el pánico que causaron en la población no nos permitieron conseguir tal favor de las autoridades.
Por los estudios anatómicos pudimos confirmar las teorías sobre el proceso evolutivo de las aves. Los cuerpos correspondían a 6 especies diferentes, de las cuales sólo una había sido ya catalogada a partir de restos fósiles.
Pero, ¿cuál es la razón de la aparición de estos animales? Jamás se encontraron indicios de que esas especies hubiesen mantenido su existencia hasta la actualidad. Además, los estudios nos indicaron que la estructura anatómica y la composición bioquímica se hallaban en un estado evolutivo millones de años atrás. Todas las proteínas estudiadas mostraban una composición distinta a sus equivalentes actuales, y es más, podían ser las precursoras de muchos tipos distintos que se encuentran hoy entre las aves.
La conclusión del Dr. Rossenthal es que estos animales debieron atravesar un túnel del tiempo en el planeta. Seguramente, para ellos no transcurrieron más que unos segundos desde su vida en el Jurásico hasta la aparición en la Era actual. Este túnel en el tiempo debió permanecer abierto varios días, de ahí que las aves aparecieran de pronto en el cielo, ya que se materializaban en el aire mismo.
He de informar también, señores del Congreso, que en aquellos días desapareció un avión particular en el que viajaban 4 personas. La última vez que se tuvo contacto con él, sobrevolaba la ciudad. Nunca se hallaron restos de un posible accidente.
La primera vez que alguien los vio fue el pasado invierno, nadie recuerda qué día. Dicen que el cielo estaba nublado y caía una ligera llovizna. Una mancha entre las nubes, con forma de pájaro, se desplazaba en un suave planeo. La mancha fue haciéndose más nítida a medida que descendía. Los primeros que repararon en ella pensaron que se trataría de una gaviota, pero en seguida se dieron cuenta de que era demasiado grande. Conforme se destacaba entre las nubes, eran ya decenas las personas que, detenidas en la calle, levantaban la vista al cielo. La silueta dejaba ver una larga cola, alas amplias y, lo que resultaba más llamativo, una gruesa cabeza dotada de un pico alargado y robusto.
El animal siguió descendiendo. Se encontraba ya rozando lo alto de los edificios. Tenía un color oscuro y no parecía que tuviese plumas. Había ya mucha gente que lo observaba. Formaban corros y comentaban entre sí. También por las ventanas asomaban algunos, intentando localizar el extraño pájaro.
De pronto el animal giró bruscamente y desapareció sobre un edificio. Al cabo de unos segundos, volvió a vérsele alejándose hacia el Oeste. Llevaba algo entre sus garras. En la terraza del edificio se oyeron unos gritos e inmediatamente todos se horrorizaron. Había raptado a un niño de unos meses.
En los siguientes días, la ciudad vivió sometida al terror que venía del cielo. Aparecieron más aves. Surgían planeando lentamente y en ocasiones se posaban sobre los edificios. Quien los veía de cerca no sabía como describirlos. Sus alas les recordaban las de los murciélagos, desnudas y membranosas. El cuerpo parecía revestido como de escamas y la boca poseía afilados dientes.
Los profanos no sabían qué estaban viendo, pero los científicos pronto supimos que la ciudad sufría la invasión de unos reptiles voladores extinguidos hace 65 millones de años.
Los mecanismos de seguridad tardaron unos días en movilizarse. Había confusión, no sabían cómo hacer frente a estas apariciones súbitas. Y mientras, hubo más víctimas de esos animales. Cada vez eran más atrevidos en sus ataques.
Nunca descendieron al suelo, pero en una ocasión uno de ellos se aproximó a una ventana e hizo presa en un hombre que en ese momento miraba distraído el bullir de la gente a sus pies. Se vio súbitamente arrancado de su sitio e izado por los aires.
El reptil intentó levantar el vuelo, pero el peso de su víctima era superior al que podía transportar y la soltó. El hombre cayó en el vacío y se estrelló contra el asfalto. Los veinte metros que lo separaban del suelo acabaron con su vida.
Se apostaron policías en los tejados de las casas. Esto mantuvo a raya a los depredadores, que llegaron a desaparecer en una semana. Se abatieron 15 ejemplares, los cuales fueron enviados al museo paleontológico del Estado para su estudio.
Bajo la dirección del profesor Rossenthal, procedimos a la determinación y minuciosa disección del material.
Esta aportación tenía un enorme valor para la ciencia. Podíamos estudiar casi “in vivo” a seres de los que hasta ese momento solo disponíamos de sus esqueletos fosilizados.
Hubiéramos deseado algún animal vivo, pero los pocos días que se vieron y el pánico que causaron en la población no nos permitieron conseguir tal favor de las autoridades.
Por los estudios anatómicos pudimos confirmar las teorías sobre el proceso evolutivo de las aves. Los cuerpos correspondían a 6 especies diferentes, de las cuales sólo una había sido ya catalogada a partir de restos fósiles.
Pero, ¿cuál es la razón de la aparición de estos animales? Jamás se encontraron indicios de que esas especies hubiesen mantenido su existencia hasta la actualidad. Además, los estudios nos indicaron que la estructura anatómica y la composición bioquímica se hallaban en un estado evolutivo millones de años atrás. Todas las proteínas estudiadas mostraban una composición distinta a sus equivalentes actuales, y es más, podían ser las precursoras de muchos tipos distintos que se encuentran hoy entre las aves.
La conclusión del Dr. Rossenthal es que estos animales debieron atravesar un túnel del tiempo en el planeta. Seguramente, para ellos no transcurrieron más que unos segundos desde su vida en el Jurásico hasta la aparición en la Era actual. Este túnel en el tiempo debió permanecer abierto varios días, de ahí que las aves aparecieran de pronto en el cielo, ya que se materializaban en el aire mismo.
He de informar también, señores del Congreso, que en aquellos días desapareció un avión particular en el que viajaban 4 personas. La última vez que se tuvo contacto con él, sobrevolaba la ciudad. Nunca se hallaron restos de un posible accidente.