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Luz de luna

Ankh

La luna solo refleja luz, se nos dijo durante la infancia, un pensamiento lindo que nos hizo imaginar dicho astro como si fuese un espejo gigante en el cielo. Soñábamos con ver nuestro reflejo algún día, incluso algunos pidieron un telescopio a sus padres para conocer la superficie de esta. La fascinación llegó al grado en que el ser humano llegó a la luna, aunque nunca se repitió el viaje, fue una hazaña que todos anhelábamos repetir.
En la universidad formé parte de muchos comités de ciencia, donde tuvimos la invasión de personas convencidas de que el alunizaje fue una mentira, un teatro bien planteado, con un montón de cámaras y efectos prácticos. Creo que muchos han escuchado esa versión, he visto como tantos más, los montajes caseros que hacen para convencer al mundo. Incluso han surgido científicos que se postulan contra esto considerando que nadie podría sobrevivir el viaje.
Hace pocos años, me gradué de la universidad de ciencias, como un gran atleta, miembro de varios clubes deportivos con excelentes calificaciones. Un alumno de honor, con beca para maestrías, no por talento natural he de admitir, sino por esfuerzo. Entrenando durante noches, enlistándome al ejercito cuando fue el momento e incluso haciendo exploraciones a zonas volcánicas. El riesgo no era el alimento de mis incursiones, sino la meta, el cielo.
Fui piloto de combate, piloto de pruebas e incluso me enlistaron para las pruebas G. Cuanto más me acercaba a mi deseo, tanto se tornaban extrañas las cosas. ¿Por qué no me dejaban ver los registros científicos de la misión a la luna? ¿Por qué me bloquearon la entrada al centro de comando del primer alunizaje? ¿Por qué evitaban el tema? Sonaba demasiado extraño, no quería pensar mal, aunque al principio supuse que eran documentos secretos los cuales temían que otras agencias gubernamentales dedujeran. Siendo un latino en suelo americano, era casi seguro que me veían como el enemigo disfrazado entre sus filas. Me lo tomé con calma al principio.
Cuando logré entrar al área de pruebas, que fue la zona escondida del centro de comando original, me sentí asqueado. Me encontré con dos verdades que me movieron por dentro hasta la última gota de consciencia: la primera fue sobre el nivel de tecnología en aquella sala que resultó ser enorme y conectar con otra parte del edificio que creí desocupada. La segunda, fue sobre algo que, a día de hoy, me sigue causando ruido, pesadillas e incluso inseguridad. Comprendí al ver las computadoras cubiertas de polvo con simulaciones numéricas, controles similares a mandos de videojuegos, que los teóricos de la conspiración tuvieron razón: nunca llegamos a la luna.
En contra del buen juicio, no corrí ni regresé sobre mis pasos. Comencé a recorrer el lugar. No parecía pequeño. Aunque luego de unos cuantos minutos, me percaté que descendía desde el nivel del suelo. El centro de investigaciones por sí mismo se encontraba unos cien metros debajo, siendo que me adentraba más, posiblemente llegaría a los quinientos o incluso un kilómetro. Fui descendiendo de forma vertiginosa, al comienzo por la emoción de encontrar en condiciones de abandono por décadas equipos que ahora consideramos modernos: comunicaciones wifi, teléfonos con cámara, sensores médicos portátiles, una mochila propulsora, entre otras extrañezas.
Mi emoción creció desmedida cuando comencé a ver capsulas criogénicas donde conservan los cuerpos de criaturas humanoides deformes. Me quedé un rato observándolas, preguntando para mí mismo como fue posible que lo escondieran por tanto tiempo sin levantar sospechas. Algo así debería haber causado incertidumbre, aunque considerando el escenario de antes, bien podrían haberlo ocultado.
El impacto emocional fue desgarrador cuando leí las inscripciones en la base de cada cápsula. Eran nombres. No códigos clave ni nomenclaturas extrañas: nombres de personas, la primera misión a la luna. Fue el miedo profundo, la sensación de abandono, de traición, de confusión. Me sentí desconectado de mi cuerpo cuando comprendí.
Me explicaron antes de sacarme del proyecto.
La superficie lunar tiene luz propia porque el núcleo está en desintegración atómica. Tienen un núcleo radiactivo como el terrestre, aunque debido a la falta de material rocoso, no hay nada que se caliente y genere un campo magnético ni tampoco una atmosfera. La radiación se expulsa como luz hacia la tierra. Ahí se encuentra todo el material radiante que deberíamos tener en el planeta, por eso la misión fue escenificada.
No fue una fachada porque no pudiésemos llegar. Sino que llegamos y en nuestra ignorancia como humanidad, condenamos a unos valientes astronautas a morir lentamente mientras sus cuerpos mutaban. La luna no es de queso. Es una central nuclear abandonada.